Te encuentras en la páginas de Blogsperu, los resultados son los ultimos contenidos del blog. Este es un archivo temporal y puede no representar el contenido actual del mismo.
Visite barrunto

Comparte esta página:


Fecha Publicación: 2022-04-22T07:07:00.000-07:00

Fecha Publicación: 2022-04-19T20:23:00.000-07:00

Fecha Publicación: 2022-04-08T19:54:00.001-07:00

Fecha Publicación: 2022-03-23T08:41:00.000-07:00

Fecha Publicación: 2022-03-16T07:38:00.001-07:00

Fecha Publicación: 2022-03-13T19:35:00.001-07:00

Fecha Publicación: 2022-03-10T16:15:00.001-08:00

Fecha Publicación: 2022-02-24T17:09:00.001-08:00

Fecha Publicación: 2022-02-21T16:59:00.002-08:00


Yo nunca estuve presente. En conversaciones sociales me suelo retraer, olvido por completo a la gente y mi cabeza piensa otras cosas, pierdo la cordura y termino por ausentarme. Pido permiso para ir al baño y me voy. Es mi sello personal. Mi marca social. En el estadio me pasa lo mismo desde que voy. Mi papá es fundador de Matute, el estadio de Alianza en La Victoria. Había un canchón y un proyecto. Compró su abono y hasta el día de hoy su asiento está debajo del palco oficial, exactamente al medio de la tribuna occidente que da a la mitad del campo, la visión perfecta de un partido. Cuando era niño íbamos con mi hermano y mi papá a ver a los potrillos, era año 84. Jugaban los campeonatos juveniles y los seguíamos a todos lados, al Rimac, a Huacho, Huaral, al AELU, al Lolo de Breña. Los potrillos eran electrizantes. Eran nuestros ídolos secretos porque muy poco o nada salía en la televisión de ellos, pero mi papá era el más hincha, el más blanquiazul y por eso íbamos a todos lados a verlos jugar y ganar. Nunca perdieron. Hasta nos llevó al coliseo Amauta a ver unos partidos de futsal. Con tal que sea Alianza, ahí estábamos. 
Y cuando llegaron a primera entrando al estadio que tenía la figura gigante de Manguera Villanueva, una vez nos encontramos al Potrillo Escobar, con buzo gris, enorme y mi papá le dijo suerte zambo, gracias tío. Metió gol de chalaca es día. La alegría que te generaba un gol así no tenía precio. Pachito Bustamante, Caíco, Pechito Farfán, Susoni. Otra vez, en vez de salir por los camarines pusieron un tablón que cruzaba el fondo oscuro de varios metros que bordea la cancha de Alianza, y salieron por la tribuna cada uno y entraron la cancha de sorpresa. Y el Potrillo Escobar llevaba sus tobilleras blancas sobre las medias azules. Yo para ese entonces me retraía, el color, el humo, la canchita que te regalaba un tío que lo vi envejecer vendiendo con un costal en la espalda y hace poco murió en pandemia. Igual disfrutaba aunque casi siempre mi distracción me hizo perderme los goles. Igual aprendí a verlos en televisión una y otra vez. 
El 87 mi mamá se fue a Europa con mi hermana Maisy, extrañaba mucho a mi hermano mayor que se había ido a vivir con sus padrinos a Holanda. Se fueron los últimos tres meses del año y nos quedamos mi papá, mi hermano Rafo y yo. En ese tiempo, como no teníamos quién nos cocine el almuerzo, se negocio con mi tía Elisa y mi tío Guille que nos darían pensión diaria. Entonces salíamos del colegio y mi tío nos recogía, nos llevaba a su casa y comíamos con nuestros primos Guille y Mayra. Luego nos dejaban en la casa y nos quedábamos solos toda la tarde, mi papá volvía muy de noche.
Por eso cuando se cayó el avión que llevaba al Alianza, el golpe fue más duro porque a la pérdida de nuestros héroes, mi mamá no estaba para calmar el dolor. 
Antes que acabe el año, Alianza pudo armar un equipo con retazos, Cubillas había dejado el fútbol pero tuvo que volver. volvió Cueto y los hermanos La Rosa, Velásquez, pero no había forma de engranar una jugada. La tristeza era enorme. Había jugado antes, Colo Colo contra la U. Eran otros tiempos, había una banderola que se proclamaban hermandad de compadres. Luego entró Alianza contra Independiente de Argentina. Colo Colo había cedido cuatro jugadores. Pacho Huerta, Leterier, Parko Quiroz y el arquero. La memoria es frágil. Ya de noche en Matute, apenas comenzado el partido por los parlantes iban nombrando a los jugadores que habían muerto. José Caíco González Ganoza. Presente. Ignacio Garretón. Presente. Era una mezcla de pasión y religión. Alianza estaba muerto, no podían jugar peor. En unos minutos el Independiente de Bochini, Marangoni y Franco Navarro, hizo dos goles. Entonces comenzaron a tocarla nomás en señal de piedad. El estadio estaba lleno de gente, los cánticos, los bombos y las banderas explotaban pero no había alegría. Los potrillos se habían ido.
Esa mañana de lunes, siempre escuchando Radio Miraflores mi papá se quedó perplejo por la noticia. Se murieron los negros hijo, me dijo. No lo podía entender y anduve meditamundo por días en el colegio y en la casa de mi tía Elisa donde comíamos mientras ella trataba de reemplazar a mi mamá. El vacío era demasiado grande. 
Alianza es así, tiene una cuota de tragedia y dolor. Pasó luego en el 99 con Sandro Baylón y en el 2011 con Oyarce. Son los muertos que carga el equipo cuando juega. Y el compromiso de llevar la camiseta adonde sea, sea futbolista, calichín o barrista, es cosa mayor. 
Para el segundo tiempo, el Alianza logró articular un par de pases y marcó el dos uno. La tribuna se vino abajo. Aún así no hubo algarabía en ese abrazo de gol. 
Antes de la pandemia, la última vez que fui al estadio fue a un estadio vacío, el San Carlos de Apoquindo, en Santiago. Yo más estaba preocupado en estar en la marcha de las protestas sociales, quería conocer el tema, por eso cuando me enteré que debía ir a Chile, planifiqué todo para conocer al mostro adentro. En medio de las marchas con olor a marihuana apareció un barra brava, a saber que habían matado los policías a un barrista en un partido de Colo Colo la noche anterior. La protesta venía fuerte y había mucha presencia de barra bravas. Pero uno del Colo Colo se había amarrado en la cabeza una camiseta blanquiazul. Y le grité a lo lejos Arriba Alianza, se acercó y me abrazó. Me dijo en chileno que Alianza y Colo Colo éramos hermanos. A la semana siguiente se prohibieron los abrazos porque comenzó la pandemia, o quién sabe y cuando estuve ahí ya el virus flotaba como también los gases lacrimógenos. 
Pero de ahí no volví a un estadio y pasaron dos años cuando tuve que ir a Matute a un lanzamiento de prensa. Apoyando a mi gran amigo aliancista Roberto, porque el aliancismo además de darme alegría y dolor, también me ha dado la oportunidad de trabajar en lo que más me gusta que es trabajar Alianza Lima con orgullo y corazón. El gerente del club invitó a Roberto a ver el trofeo nacional que acababa de ganar el primer equipo y yo seguí la comitiva. Acabamos en el hall principal y nos tomamos fotos cargando el pesado símbolo del triunfo total. El campeonato nacional. Cuando la cargué me acordé de mi viejita que padece un mal que nos tiene luchando. Si algo que he aprendido de ella es a dar batalla, a soportar el dolor con la frente en alto. Y me acordé de Maradona cuando le preguntaron qué sintió cuando cargó la copa del mundo, qué dijo. Quédate conmigo toda la vida para siempre. Mi papá cuando salía todas las mañanas de casa a trabajar salía cabalgando haciendo ruido con sus zapatos. Siempre he sentido que mi papá es mi Maradona. Que cuando salía raudo a trabajar era el Diego llevándose a los ingleses y metiendo el gol. Incluso después, cuando envejeció el Diego y le molestaban las rodillas. Mi papá dejó de ir al estadio porque las gradas le producían un dolor intenso en las rodillas y ya no iba a soportar una operación más. Con mi papá y con mi hermano Rafo fuimos al seis tres en el año 95 y también fuimos al cuatro uno contra Estudiantes ya con mi hermano menos y mi sobrino. Antes, en el 93 con los nuevos potrillos, fuimos con Rafo a un clásico en Matute donde perdimos uno cero con gol de Baroni. También perdimos el carro porque estábamos tan borrachos que olvidamos dónde lo habíamos dejado estacionado. La última vez que mi papá fue al estadio casi nos agarramos a golpes con unos chibolos. Mi papá quiso prender un cigarrillo y una chica comenzó a toser, su novio pidió que apague su cigarro el viejo y mi papá lo mandó a la mierda. El chibolo se paró y yo me paré también, nosotros éramos cuatro y lo flanquamos a mi padre. Pero ellos eran como doce y se armó un tumulto que tuvo que parar la policía. Recibimos manazos por todo lado. Lo peor fue que cuando todo se calmó mi papá quiso prender de nuevo el cigarrillo y la gente se nos vino encima. Ganó Alianza el clásico con gol de Yordi, pero no volvió más mi papá. Pero aún tiene su entrada como socio vitalicio que usualmente la recibe mi hermano Rafo. A veces no hay tiempo para ir y la vendemos por ahí. Igual hay que ir y estar un rato donde la tía Pochita que nos vende cerveza hace más de veinte años. Está Lenin su hijo que iba a ser futbolista pero le ganó el barrio. Buen chico y nos resguarda para cualquier ocurrencia violenta. Vienen a Mendocita los hermanos Martínez, Carlos y Gustavo. El mayor llevaba a su hermano desde que tenía cinco años. En micro los dos niños iban solos. Van también a Matute los hermanos Coelo, Jorge y Luchito. Jorge viene de Trujillo cada vez que puede, que es casi siempre porque ser de Alianza es así, seguir a todas partes. Por ahí te encuentras a don Roberto, el profesor, con quien hay que armar un sueño invaluable. Y así uno va encontrándose con la gente que ya te conoce de tantos años, cada partido, cada triunfo o derrota igual uno celebra la vida. Porque el fútbol es vida. 
Cuando me tocó cargar el trofeo del campeonato nacional solo me acordé de mi mamá, besé la copa y le dije no te vayas nunca, quédate conmigo toda la vida mamita linda. 
Tengo que cuidar a mi mamá, sobre todo los domingos que no viene la empleada que la atiende. Cuando está mal mi mamá necesita que la atiendan con docilidad, por eso vino mi tía Elisa y mi tío Guille para alegrarle la vida y cocinarle, porque mi tía lleva la cocina a un nivel de arte mayor, entonces mi mami se pone contenta.
Habían anunciado que Alianza volvía con aforo. Mi hermano Rafo se quedó con mi viejita porque estaba en los peores días posquimioterapia y el dolor la pone de muy mal ánimo. Aproveché mi domingo y la entrada de mi papá. Desde temprano estuve y me puse a tomar solo, como me he acostumbrado últimamente para emborracharme mientras escribo. Antes de entrar me paró la policía, me hicieron pasar tufómetro y me atarantaron. Usted no pasa, está en estado etílico señor, está con los ojos rojos, detenido. Pero se activó en mí la pendejada, no me podía quedar afuera como me he quedado otras veces. Alianza volvía con su gente y yo necesitaba estar ahí, por mi viejita, por mi papá. Jefe, vengo de lejos mi viejita está enferma. Por favor déjeme pasar. 
Para variar, los goles nunca los vi sino hasta el noticiero de la noche. Pero queda impregnado un enorme cargamento emotivo que persiste en el corazón.


Fecha Publicación: 2022-02-12T20:27:00.004-08:00

Escribe: Juan José Sandoval (CC)

Lo decía el escritor argentino Hernán Casciari en un cuento de su experiencia en Lima. Lo habían invitado a un evento literario como uno de los estelares de la actividad peruana. Entonces le pidió muy escuetamente a uno de los organizadores, el afamado Chino Chang, celebridad del periodismo latino, que dirigía una prestigiosa revista en cuyas fiestas abundaba la etiqueta negra. 
El pedido era muy simple, que a su llegada pudiera disponer de algunos cogollos de canabis local, sabiendo que llegaba a un lugar donde el buen gusto por el humo zen de la marihuana era conocido. 
El Chino Chang, según cuenta el cuentista, fiel cumplidor de los requerimientos de sus invitados, le entregó un presente prensado en un zipblock. 
El escritor argentino mantuvo el obsequio a buen recaudo en la habitación del hotel. Y dio gusto a su olfato marigüano durante los días de estancia limeña. 
El evento literario transcurrió sin mayor ocurrencia. Hubiese pasado sin pena ni gloria si no hubiese sido por lo que le tocó vivir a Casciari y escribió. 
Después de una gran semana donde cada velada nocturna terminaba con unas buenas caladas de porro antes de dormir. Y al levantarse, nada mejor que iniciar el día con una buena combustión hilarante. 
Al volver a Barcelona, en el aeropuerto el escritor quedo detenido por cuatro horas, puesto que los canes antidrogas anunciaban que la maleta que venía de Lima llevaba algo ilegal.
Casciari, que le había puesto mayor cuidado a botar todos los residuos del cogollo, no entendía por qué los perros sindicaban su maleta como sospechosa. Igual mantenía la tranquilidad de quien no la debe no la teme. 
Pero con el pasar de las horas, donde no se podía comprender cómo era que los perros ponían tanto énfasis en la maleta del escritor. 
La policía tampoco comprendía por qué sus canes actuaban así. Casciari decía que no tenía nada ilegal, pero no lo podían dejar ir si no resolvían la inquietud de los animales. 
Agotadas todas las vías se procedió a liberar al escritor, determinando que no llevaba nada ilegal, sin embargo quedaba constancia que toda su ropa, que equivalía a un cúmulo de prendas de los últimos siete días tenía un potente olor a droga. Por lo que se procedió según los cánones de la innovación policial, a cortar las prendas y verificar si dentro de la tela no llevaba un cargamento de insumos.
Superado el impase, al escritor a pesar de haber pasado lindos momentos gastronómicos en Lima, pocas ganas le quedaron de volver al Perú.

Parecida situación le pasó al chato Elvis cuando se volvió el afamado escritor de los buses. Un video casero que lo registraba vendiendo su libro 'cuentos escritos con chaveta' en el transporte público lo hizo viral frente al pedido de apoyo para cumplir su sueño: participar en el mundial de la literatura al cual había sido invitado en Europa.
'Si Perú ha llegado al mundial, por que yo no puedo ir a mi mundial?', exigía en los buses el chato Elvis, era 2018 y la selección peruana era sensación con su clasificación a Rusia.
El video que grabó junto con su compinche del oficio periodístico, ambos productores urracos de Magaly Medina, superó el millón de vistas en menos de 24 horas.
Entonces al chato Elvis se le dejó de ver, a pesar de que formaba parte de la banda los viejitos de barrón, tuvo que atender al pedido del pueblo y entregarse de lleno a él. 
Pero tamaño sacrificio se vio recompensado y logró juntar el dinero para viajar a Europa, al dichoso mundial de la literatura, que no hizo sino hacer de un muchacho humilde en un disforzado personaje del mundo del espectáculo. 
Al llegar al aeropuerto de Amsterdam, la maleta de Elvis pasó sin apuros. Nada ilegal llevaba a su gran cita con la literatura universal. Pero igual los perros holandeses pusieron su sabueza intriga en su persona. Entonces creyeron que iba de burrier y lo obligaron a desvestirse. 
Si bien no había nada, ni a simple vista desnutrido y con algunos vestigios de hipotermia lo obligaban a frotar su propio cuerpo con las manos.
Los perros seguían ladrando, y no era señal de que avanzaban.
El Chato Elvis se reafirmaba en su condición de inocente. Ratificaba frente a los perros antidrogas que nada llevaba ilegal pues era su única oportnidad de salir del país y no la iba a desperdiciar. Pero los perros se lanzaban encima de él frente a la policía. No había forma, algo tenía.
Hasta que el chato Elvis tuvo que confesar que sí, de pronto su canguro, esa cartera  que se ajusta en la cintura y que suele llevar billetera, monedas, documentos, lapiceros y algo más, habría llevado en su país, Perú, ciertos residuos de marihuana. En Holanda la cosa de la canabis no es tan estrambótica como en sudamérica, que podría ser causal de una portada de diario por solo medio gramo encima. Lo vieron al chato, entendieron que su canguro estaba cargado de nada sino de olor a cáñamo. Puesto que además de escritor, periodista y creador de virales, solía llevar unos cuantos pacos para costear la vida de sus hijos ya crecidos.
Esa fue entonces, la explicación que movía a los perros antidrogas, que no era sino, una impregnación de ese saltante olor a ilegalidad tipo Manu Chao.
Horas más tarde, el escritor de los buses pasaría la frontera y llegaría a presentar su libro frente a una audiencia intelectual que poco podría suponer que en frente había un microcomercializador de barrio.

Yo hubiese querido pasar piola en mis historias, pero mi pasado y mi presente me condenan. Me acusaron cuando joven cuando me expulsaron de fiestas por prender marihuana. Me invitaron a salir del salón de clases en la universidad cuando vieron que mis ojos rojos y mi lentitud por responder eran notoriedad de infracción. Me cerraron tantas puertas por llegar con olor a malicia, que tuve que aprender a resistir la crítica, y eso me fue haciendo más fuerte.
Por eso cuando me invitaron a mí al mundial de la literatura, diez años antes de que le pasara la invitación al menudo escritor del pueblo, no dudé en llevar un poco de mi terruño en mi maleta.
Bien prensada, envuelta en miles de bolsas, siempre que había viajado a cualquier lugar, había llevado un poco de mi peruanidad bien encaletada. Pero la vez que tuve que pasar el aeropuerto de Amsterdam, pasaron siete horas y no me daban respuesta. Peor que ni sabía hablar nada, ni inglés, ni holandés ni alemán y menos el lenguaje de las señas. Tuve que esperar mi maleta junto con un grupo de raperos haitianos que giraban por europa todos los años, y todos los años le hacían el mismo rigor en las maletas. Para mí era la primera vez y realmente estaba asustado. Pero pasé y logré consagrarme como burrier de micronegocios.

Ya alejado de los escándalos, con mi madre requiriendo apoyo en su  vida cotidiana y yo con responsabilidades de supervivencia, tuvimos que contratar una empleada para que se haga cargo de mi madre. Entonces mi cuñada que es la esposa de mi hermano mayor. A saber yo tengo dos hermanos mayores, uno el que tiene plata y el otro el millonario. Bueno el millonario es quien usualmente da la pauta a seguir porque mal que bien él es que paga las cuentas serias.. Y se optó por contratar una doméstica referida de una amiga de su entorno. La amiga era una millonaria como él y su proveedora de domésticas era otra amiga millonaria que tenía una agencia de empleos para clientes top. Nos mandaron a una empleada top que todo le apestaba. No le gustaba la comida que comíamos ni el lugar donde trabajaba porque estaba acostumbrada a trabajar en casas de alta alcurnia, y nosotros de pronto éramos de la clase media profunda. 
Pasado un mes, la chica presentó su renuncia irrevocable. Sin consultar con nosotros fue directo donde la dueña de la agencia y le dijo que no solo recibía tormentos de parte de la madre, sino que el hijo andaba drogado dia y noche, lo cual generaba un ambiente inrespirable que ella tenía que soportar, sobre todo en el baño que compartía conmigo, donde supuestamente yo emprendía sesiones mañaneras de baños turcos de marihuana. No solo eso, que dejaba mis estragos de aliento entre las paredes que le impedían a ella, oh víctima de un violador, trabajar como ella quería. 
La dueña tomó parte de la denuncia y fuimos vetados de la agencia de empleos. Al margen de que nosotros ya la hayamos vetado por ser inalcanzables para nuestro bolsillo. Se nos puso una cruz que más parecía una hoja de cinco puntas.
Pudimos conseguir una empleada más humilde, acorde a nuestro alcance monetario, sin embargo, he tenido que invertir unas monedas de más para tener ambientadores a la mano y hacer de mi espacio, que es mi cuarto y mi baño, un lugar donde el olor a pecado esta lejano, que ahí vive un ser impoluto y celestial, que vive alucinado sin dañar el ecosistema de nadie.

Fecha Publicación: 2022-02-12T18:08:00.000-08:00

septiembre, 2021. Iquitos. Ministro Juan Silva arriba a la estación de pasajeros de Enapu. 

Fecha Publicación: 2022-01-29T04:52:00.002-08:00


Mi sobrino Diego en su viaje a México me trajo un cuaderno. Y yo apenas recibo páginas en blanco me pongo a escribir, entonces hice este poemita para la santa muerte y se lo dedico a él, que hoy cumple años y está lejos.

Un muerto es según quien lo mire
un abogado diría que es un occiso.
Los feligreses dirán que es un alma que va al cielo.
Al infierno si se portó mal, dirán los fundamentalistas católicos.
Los defensores de los derechos humanos dirán que el muerto es una víctima.
Vístima!!! Dirán en la selva peruana, que se tiene que investigar y llevar a 'ficio' al agresor.
Para los trabajadores de obra, el muerto es un compañero caído.
Para los contadores de una empresa, un muerto es una obligación por pagar.
Si el muerto llegó a la muerte por accidente, entonces es un derecho por cobrar, una indemnización por reclamar. El muerto se hace codiciado.
Para los maestros del ande, el muerto es una mala palabra. 
Una ofensa decirla en una mesa familiar, evocando a quien se acaba de ir.
Para los hinchas barras bravas del fútbol, un muerto es una excusa para seguir formando muertos.
Para los periodistas chicha un muerto es un frío.
Para los gobernadores un muerto es una terrible pérdida.
Para el instituto de estadística un muerto es una cifra.
Para el presidente un muerto es un patriota caído.
Para las familias ricas, un muerto es un ángel que los cuida desde arriba.
Para las familas de clase media, un muerto es una carga menos en el ajustado presupuesto.
Para las familias pobres, es una confusión porque en realidad nadie sabe quién está muerto y quién no.
Para los científicos un muerto es un objeto de estudio.
Para los estudiantes de medicina, un muerto es un bien negociable clandestinamente, para sus prácticas pre profesionales. 
Para los historiadores, un muerto es una anécdota.
Para los psicólogos, un hecho traumático.
Para las aseguradoras, un muerto es un potencial cliente.
Para las funerarias, un muerto es un servicio.
Para la Policía, un muerto es un cadáver que debe ser investigado por el forense.

Finalmente, para el muerto un muerto es un amigo, como lo es el poeta que deambula por la muerte.

Entonces el poeta dice que un muerto es un verso. 

Pero el poema entero se levanta y enfrenta al poeta 
y le dirá harto y desesperado
desesperadamente harto
que en realidad 
el muerto es él.

Fecha Publicación: 2022-01-21T17:01:00.001-08:00

Fecha Publicación: 2022-01-19T15:04:00.001-08:00

Fecha Publicación: 2021-11-27T18:14:00.002-08:00


Ha salido un libro mío y la verdad que lo único bello y maravilloso es que solo he recibido llanto / cada persona que me habla y que realmente ha leído mi libro llora / no pueden, lo logran concluir la idea que quieren expresar de su lectura y se echan a llorar / lo comprendo / me choca a mí también / quisiera llorar con ellos pero eso sería quebrar el estado emocional que hemos logrado con tanto esfuerzo de años con mi psiquiatra / trato de mantener la distancia / agradezco las palabras maravillosas / quisiera cargar con toda esa energía / si esa energía fuera dinero ya tendría harta plata / pero solo es eso / llanto / ni siquiera es energía / solo llanto.

El papá de Roberto me llamó un domingo y se quebró dos veces / lo había mencionado en el libro / me dijo que era una persona especial / que agradecía tanto mis palabras / y se volvía a poner a llorar / me llena tanto que desbordo de emoción en mí y entonces debo recurrir a la oscuridad para esconderme / para tratar de liberarme de toda esa locura agresiva que me sacude cuando me dicen que hago cosas geniales / que soy una leyenda / que soy un artista de culto / que soy un referente / me apago totalmente, siento que la camiseta me queda grande /  . / 

Me llama mi prima Carla y me cuenta que semanas antes de morir, a mi primo Foño (Toño) lo único que lo hacía sonreir era escuchar mi voz a través de unas entrevistas que mi prima le descargaba y le mostraba / es tu primo Juan, el escritor / pero para mi primo Foño yo no era solo un escritor, era su primo de la infancia, su pata que lo vio en el centro comercial Arenales, que lo encontraba en movidas de anime, de manga, de comic / Entonces sonreía Foño tratando de olvidar el dolor del cáncer al cerebro que se lo estaba comiendo vivo / fueron sus últimos momentos de relajo, escuchar a su primo artista las tonteras graciosas que decía durante sus entrevistas / . / 

Cada capítulo de mi libro El emprendedor de las mil caras tiene un personaje a quien ataco, y lo vuelvo vulnerable. A veces les gusta, muchas veces no. Pero me respetan la decisión de ponerles el reflector. Luego no me hablan, me olvidan. Intentan seguir la vida sin que yo existiera. Lo siento así, lo siento, pero así es el fútbol. Se gana se pierde o se empata. Yo no empato, o gano o pierdo. Y cuando pierdes, y pierdes y sigues perdiendo, cuando ganas, ese momento se vuelve único. Es lo que he aprendido en estos años de tropiezos y alegrías. Me quedo con las lágrimas y mis graffitis. 

Ahora que tengo a mi madre enferma y de pronto me he vuelto un experto en geriatría, en enfermería e incluso técnico en asistencia médica, cada vez que a mi mamá le pinchan el brazo, le clavan la mano o le revientan las pocas venas sanas que tienen, cada vez que siento pena por ella me acuerdo de mi abuela Chabela. Tan vapuleada, tan discriminada por nosotros mismos. Y justo fue que me llamó mi primo Toto a contarme que había leído mi libro y me agradecía a rabiar lo que había escrito, que lo había llevado a momentos tan intensos que le daban ganas de llorar / sobre todo lo que había escrito de nuestra abuela Chabela, porque era charapa y no solo charapa sino la primera charapa en Lima. Por eso antes de morir recibió un premio como madre precursora de la cultura loretana en Lima. En la película de Chema Salcedo "Amazónico Soy", el cantante autor de la plañidera menciona que el primer vínculo de la selva en Lima fue por la Bodeguita Loretana. La tienda de mi abuela Chabela, en sociedad con mi tía Mirza y la mamá Tanita que terminó suicidándose en Parinacochas. Todo eso carga mi abuela, y cuando Toto me llamó, me contó que su hija también había leído el libro y llorando se disculpaba con él por haber tratado a mi tía Lupe (su abuela, nuestra tía, hija de mi grama Chabela, hermana de Carlos y Fernando), porque era como era. Y era como era mi grama Chabela. Colorida, bullanguera, alegre. Pero culta porque a los 12 años a mi abuela, que ya la choteaban de lugares por su comida, dijo algo que nunca olvidé: gente de mierda que no sabe de cultura culinaria. Todo porque no querían aceptar su tacacho con cecina, su juane, sus inguiris. Todo se lo rechazaban con vergüenza y hoy gracias al grupo Bareto todos se creen selváticos. 

La cantante que me hace recordar a mi abuela y a mi mamá se llama Totó La Momposina. Y tiene una canción que se llama Adiós Fulana que clama un cántico que me hace llorar. Cada vez que paso un momento duro y triste, esa tonada de la Momposina me quiebra. Necesito oírla para darme fuerza que la muerte aún está lejos. Que debemos cantar, bailar y tratar de aparentar, aunque sea enemigo de las malditas apariencias, de que todo va a estar bien.

La hija de Toto le dijo que vivía con una carga grande por haber despreciado a su abuelita Lupe. Mi tía era extravagante para vestirse, exageraba en colores y pieles cuando se trataba de ir a alguna ocasión especial, fue a mis presentaciones de poesía, de mis libros y siempre haciéndose notar. Eso le molestaba a mi sobrina Jose, la hija de Toto. Y siempbre vivió con esa verguenza, así como la viví yo cuando andaba con mi abuela Chabela y me arochaban sus colores, sus olores, su forma de hablar, su forma de expresarse. Tanto al punto de odiarla y negarla. 

Pero uno aprende con los golpes de la vida. Esos son los fracasos que uno asume en el camino para querer tener éxito. Y qué si lo que hago es escribir y escribir es morir con palabras !?

Fecha Publicación: 2021-09-13T18:41:00.002-07:00

En Chota donde nació el presidente del Perú, hice mi debut como funcionario público en los medios de comunicación. Escena precisa donde impongo el físico como barrera para que los periodistas, Stephanie Medina de Cuarto Poder, y Jorge Det de Punto Final, aborden al Ministro de Estado. 
Me tocó estar del otro lado, después de pasar años metiendo micrófono a personajes de la política y el espectáculo, ahora apoyo una gestión política. Debo manifestar que el actual líder del sector transportes y comunicaciones es una persona humilde y extremadamente trabajadora. Hasta donde pueda apoyarlo, pondré el pecho (hombro y espalda) para soportar los ataques de la prensa. La historia fue que estábamos en Chota en una comitiva presidencial y la reportera le hizo una pregunta a quemarropa sobre la muerte de Abimael Guzmán. Nosotros ya habíamos publicado en redes sociales un manifiesto tajante contra el terrorismo. Pero ante la pregunta nuestro ministro esbozó una respuesta esquiva, lo que fue aprovechado por la periodista para echar a andar una novela televisiva. 
La segunda pregunta no se la logró hacer porque llegué a empujones rompiendo el protocolo. Saqué el Barrunto que llevo dentro e impuse (falta de) respeto. Pero logré sacarlo y llevarlo hacia su auto.


Fecha Publicación: 2021-07-31T19:44:00.002-07:00

Se cumplen diez años que se murió mi abuela. Qué mi abuela, mi vieja. Qué mi vieja, mi viejo. Qué viejo, mi mejor amigo. Mi abuela. Arsenia. Se murió hace diez años y hace unas noches la encontré. Estaba en una morgue acostada. Me levantaron el telón para reconocer el cadáver. Ahí estaba. Mi Abuela, mi alma. Sí, era ella. Les dije quebrado. Dónde firmo. 

Pero hace unos días soñé con ella y estaba en la morgue. Me abrían el cuerpo y le decía te amo. Como nunca se lo dije. Como se lo dije a mi vieja cuando se desvanecía hacia la muerte. Pero volvió porque le dije perdón. Perdón por cualquier cosa o por todo, perdon. Pero reaccionó y sobrevive. Mi abuela, como la vez que se desvaneció igual que mi madre, me abrazó fuerte. Así fuerte como no te podría abrazar una novia. Ninguna más que tu madre, y tu abuela.

Estaba en la morgue, en mi sueño y me mostraban a mi abuela. Tal como ocurrió cuando murió. Pero me lo volvían a mostrar con el teatro del telón. Entonces le dije te amo y mi abuela despertó y comenzó a respirar. Así como respira el Vato ahora que cumple 15 años y pienso que no va a pasar el invierno. 

Mi abuelita despertó cuando le dije te amo.

Me dejó pensando los siguientes días porque yo creo en que la vida te da mensajes.



Fecha Publicación: 2021-07-20T19:17:00.005-07:00

I

Mauricio había vuelto al Perú después de 15 años en Madrid. Entonces le agarró la pandemia y no pudo volver. Ya no estaba en Miraflores sino en Barranco, en un piso donde vivió hasta la muerte el poeta José Watanabe, a media cuadra del malecón. Conocí de su proyecto, la película peruana 'Samichay', años atrás en su casa de España, y me involucré como periodista. Una historia en blanco y negro, en quechua y donde el personaje no era precisamente un actor sino una vaca. En los andes, a las alturas de las montañas donde te cruzas con los ángeles, rodaron una de las películas más importantes del cine peruano. Me he sentido orgulloso de formar parte del equipo, coordinando las entrevistas para los productores, y aunque la película se estrenó en pandemia de manera virtual, ya obtuvo grandes premios en el Perú y recientemente ganó la Biznaga de Plata en el Festival de Málaga, como mejor director. La premiación, que sí fue presencial, estuvo a la altura de las grandes ceremonias del séptimo arte. El premio lo recibió uno de los productores y dedicó el trofeo al papá de Mauricio que acababa de fallecer de covid. El mismo día de la consagración artística de Mauricio debía enterrar a su padre. Qué difícil situación para cualquiera. Si es que cabe la posibilidad si quiera de sonreir en medio del dolor. 


II

A mi amigo el Waro lo llamaron una tarde. Tu papá está mal, anda a verlo. Ya había superado el covid pero el virus no se quiso ir de sus pulmones. Dejó a su hijo Warolfo y a su pareja y fue en busca de su padre, que durante dos semanas se mantuvo con millonarios balones de oxígeno que se conseguían como si fuera merca ilegal. Luego se puso peor y lo tuvo (los tuvieron que llevar, porque pidió ayuda a dos venezolanes que fumaban en la calle) que llevar al hospital militar, donde una rapiña vestida de blanco con mandil le dijo que para subirlo a piso necesitaba diez mil soles. El Waro llamó a toda su familia desesperada y en cuestión de horas consiguieron el dinero, como si tuvieran que pagar un secuestro. Pero cuando el Waro confirmó que tenía en su cuenta la plata y fue directo a la oficina del 'doctor', el pata le dijo que el pago era en efectivo. Y se tuvo que ir ya en toque de queda y con militares en las calles en la avenida Brasil, a buscar un cajero, o mejor dicho tres cajeros porque todos tenía límite de retiro. En plena madrugada, su familia lejos. Era él y su papá moribundo en el hospital Militar. Cuando llegó el doctor se había ido, pero ya habían autorizado su ingreso al piso, como hospitalizado. Entonces el Waro regresó al departamento de su papá a limpiar todo, preparar todo para cuando volviera. A la mañana, antes de ir a buscar a su papá a la habitación fue donde el doctor, para entregarle el dinero, era una situación complicada tener ese dinero en el bolsillo. Pero el doctor le dijo que ya no era necesario porque acababa de fallecer. 
Luego de cremado su padre, el Waro tuvo que esperar dos semanas más en cuarentena y descartar el virus para poder recibir un abrazo de su familia. En esos días, volviendo a su vida de intelectual, autor de un libro de investigación sobre equidad de género, tuvo que presentar el libro por Facebook poniendo la mejor cara. En medio del duelo, el Waro presentó su libro y reivindicó su oficio guerrero.

III

A Carlita la conocí en un concurso de emprendimientos en la PUCP, ambos fuimos invitados como jurado. Luego intercambiamos tarjetas y la invité a mi programa. En ese entonces ella era directora de una ONG mundial y nos cruzamos en otros canales. Por eso cuando me enteré que había emprendido con una consultora propia, no dudé en brindarle mi apoyo. Mi apoyo y mi libro Barrunto. Uno de esos domingos de pandemia que no se podía salir más que a correr, salí por el Pentagonito y le toqué la puerta, por al final me di cuenta que éramos vecinos. Carlita se disculpó por no invitarme a pasar pero me confesó que su madre padecía de una enfermedad oncológica y debía atenderla en ese momento. 
Y a partir de ahí comenzamos a hacer buenos negocios en un entorno de amistad. Me contó entonces que su hijo era medio artistas y amaba los comics, por lo que enganchó con el Barrunto. Comenzamos a llevarle las relaciones públicas a su consultora y comunicamos sus avances. 
En eso fue que volvimos a hacer nuestro programa al estudio de grabación y la comprometí, aún sabiendo que tenía mucho temor al contagio, hicimos la transmisión sin mascarilla y nos la jugamos cada uno por su emprendimiento. 
Un día, meses después y cuando ya habíamos vuelto a la cuarentena, y con eso se desmanteló el estudio de grabaciones, le pedí a Carlita entrevistarla en Tecnología & Negocios y nunca me confirmó, pasaron dos tres días y llegó el día y no pude hacer el programa. Al cuarto día huzmeando (sus) redes sociales vi que había puesto una foto de su mamita. Le puse su like y ya no le seguí insistiendo por la entrevista. A los días me llamó y se disculpó, pidió comprensión por su ausencia, pero el duelo la tenía sumida en una profunda tristeza. Aún así, Carlita me pidió seguir trabajando y que podía participar en la transmisión la siguiente edición. Se presentó por videollamada y habló de su startup, de sus planes de expansión. No se le notó triste. Me hizo recordar a Gianmarco, cuando yo era joven el pelado llenaba la Estación de Barranco todos los martes. No lo seguía pero lo veía por tele, odiaba su música pero en una entrevista contó que el día que murió su papá fue un martes y tuvo que ir a cantar, y cantó. Tal vez cantó sacando fuerzas de lo más adentro. Eso me impactó y pienso que es una forma de rendirle el mejor tributo. Igual Carlita, a pesar de estar en duelo por su madre, a quien veía en cada sitio de su casa pero ya no estaba, me contó cuando hablé con ella para coordinar una entrevista. También me dijo que en medio de toda su tristeza había recibido una buena noticia, que había quedado finalista en un importante premio internacional. Yo le dije que mi amigo Mauricio, el cineasta, había recibido hacía unos días la mejor noticia de su carrera artística, que lo consagraba como uno de los mejores cineastas del mundo, pero que su viejo había muerto el mismo día. Así que igual le iba a pasar a ella. Igual creo que mis palabras de aliento no le ayudaron en nada. Pero agarró sus maletas y se fue con su familia hacia un viaje trascendental, a Cajamarca, a visitar la casa donde vivió su madre. Cosas de la vida que en pleno viaje recibió la grata noticia que su consultora Wempo es una de las mejores startups de América Latina. Una señal, una luz en medio de la sombra oscura. Siempre hay esperanza de que mañana podemos sonreir. 


Fecha Publicación: 2021-06-03T11:43:00.001-07:00


A Keiko le ha venido su primera regla. Desde hacía días que se lamía la cosita. Recién tiene unos meses, nació el día del periodista. Por eso creo que es la hija que me ha dado la vida. El 1 de octubre en plena pandemia. Luego tuve que ir a recogerla enmascarado adonde Sarita de los Milagros. Ella tenía una perrita peruana sin pelo y con las orejas en punta. Pero la Keiko tenía pelo y las orejas caídas. Es más, tiene una cola grande, larga y de pelo trinchudo. Más que perra, parecía una zorra agringada. 
Pero me la llevé con mucho cariño, la acepté así como se aceptan los hijos feítos como yo. Lo mismo habrá sentido mi mamá cuando me vio la primera vez, pensé. 
Desde la primera noche durmió en mi almohada sobre mi cabeza. Al comienzo se aferraba a mi cabeza pero con los días se fue soltando. Mi idea era tenerla hasta que pueda ir a la casa de playa de mi hermano mayor. Yo tengo dos hermanos mayores, uno es el que tiene plata y el otro es el millonario. Esta casa de playa es del que tiene plata, tiene grandes jardines y hartos montículos para correr, además de la playa mitad piedra mitad arena. Siento que desde que la he llevado a la playa ha sido eternamente feliz. Corre, grita, encuentra huesos o cabezas de algún animal, a la basura no le hace mucho caso en la playa. Siempre hay basura que viene del río y desemboca en el mar. Nosotros somos el mar. 
El día que le vino la regla fue por la noche, porque amanecí con la almohada manchada de sangre. 

Pensé que era yo pero Keiko me miraba con cara de culpa. Entonces la llevé donde el veterinario, el doctor Figari. El doctor y yo hemos crecido en el mismo barrio, en Villa Coca, límite de Surco con Surquillo. Él vivía más cerca de la casa de Abimael que de El Padrino. Aunque más cerca vivía a la casa de un fiscal, que en esa época se le llamaba 'jueces sin rostro', que atentaron de madrugada los terroristas de Sendero Luminoso. La casa del doctor Figari, que en ese entonces era niño y su papá tenía ahí la veterinaria, quedó con las ventanas quebradas. Además del miedo que ocasiona que exploten kilos de dinamita a unos metros de tu inmueble. 
Yo vivía más allá pero también se rompieron las ventanas. Y había apagones donde solo quedaba escuchar una radio a pilas, Radio Programas o Radio Panamericana. Todos juntos caballero, no había mayor entretenimiento en la oscuridad. A veces volvía la luz casi a medianoche y solo podías ver la movida de Verónica Castro o a Jaime Bayly que salía durazo hablando locuras. 

En aquella época en el barrio de Villa Coca, a un perrito pequinés se le salió un ojo. Caminaba tardíamente en su casa, cuando la puerta de la cocina se cerro cuando él pasaba y le apretó la carita, que de pronto se puso como si se le hubiera incrustado una bola de billar. 

Así estuvo por horas, en el jardín de la calle asustado, mientras los chicos del barrio mirábamos agonizar al perrito que se le había salido el ojo.  El veterinario era el doctor Figari padre, vino inmediatamente y sugirió dos caminos: uno era sacrificarlo y otro era hacerle una cirugía complicada y costosa. Hubo niños y niñas que se unieron a la causa y propusieron pagarle una operación. Todos queríamos salvar la vida del perrito pequinés. Pero la decisión más razonable para los papás fue sacrificarlo. Así, el doctor Figari sacó del maletín una jeringa y le puso una inyección al perrito que minutos después comenzó a convulsionar en el jardín de la calle, frente a todo el barrio de Villa Coca. Y estiró la pata. 
No fue un final feliz para los niños y niñas que presenciamos el desenlace. Pero eran tiempos en que en el país no había mucha felicidad. 

El doctor Figari hijo tiene dos locales veterinarios, lo he entrevistado en mi programa empresarial varias veces y siempre ha dado la talla, siempre un mensaje positivo y de esperanza para los emprendedores como él. 
Me dice que a la Keiko hay que esterilizarla. Y me da un precio especial, de amigo. Estoy juntando mis monedas para poder cumplirle. Lo que más hace falta en estos días es dinero, ahora que salgo a la calle a comprar a Wong y veo la cola de ingreso de una cuadra, me hace recordar cuando fuimos a pedir Visa a la embajada de EEUU, en Miraflores. Una cola muy parecida. A dios gracias aún se ven los anaqueles llenos de productos, pero por ejemplo la comida para la Keiko que le compro ha subido ya unos buenos soles. Entonces tener una perrita ya requiere un presupuesto que no había pensado cuando llegó, porque pensé que se iba a la playa y ya está. Pero en la playa hace un frío de los infiernos en agosto. 

El único que está contento con todo esto es Vato, mi otro perrito pug que ya tiene quince años. Al parecer morirá intentando amar a la Keiko. Mi mamá ya se encariñó con la Keiko, todas las mañanas después de hacer caca, que por cierto come todo tipo de alambres, plásticos y algodón que luego aparecen en el jardín del edificio dentro de sus mojones. Apenas entra corre hacia ella y le lame la cara. Luego le muestra los dientas y le mueve su cola trinchuda. Lo malo que ladra mucho y ya los vecinos detectaron que tengo una intrusa. 
Aún no me hacen chongo, pero la Keiko tiene sus días contados aquí. Durante el día se pone sobre la ventana y mira hacia la calle, y le ladra a todos los que pasan por ahí: vendedores, vecinos con sus perros, cantantes de todo género, desde balada, folclor y música de la selva que son los más bulleros e innovadores, incluso traen a un o una para que baile, pero una vez pasaron con el bailarin pintado de azul, como si fuera el personaje de la jungla maravillosa de una película de esas que pasan en los buses de Soyuz cuando voy a la playa. Algunos les lanzan plata en una bolsa y así van juntando de cuadra en cuadra los músicos. 

El futuro de la keiko es cuidar de la casa de playa, aún le falta una vacuna más y que la esterilicen porque allá, en la playa, hay bandas de perros. Perros de todos los tipos, pitbuls cruzados con chitzús, o mutaciones ya con otros animales. Todos salvajes, todos quieren procear. Mi perrito Vato también quiere procrear. Como yo, aún cree que puede encontrar el amor. Pero la Keiko la va a tener difícil en la playa. Por eso es importante que la esterilicen. Obviamente, no le han consultado a ella si quiere ser esterilizada y dejar de tener la opción de procrear en el futuro. Me lo consultaron a mí y yo tuve que hacer números. Entre la vacuna y su esterilizada, me dijeron que mejor la lleve a la facultad de veterinaria de la San Marcos, en Salamanca. Que ahí los alumnos pagaban por practicar con tu mascota.

Mientras iba en el taxi el taxista me preguntó por quién iba a votar.
Por qué, maestro. Le respondí. Por si acaso soy periodista maestrito. Mientras acariciaba a la Keiko y de paso iba limpiando las manchas de sangre que iba dejando en el carro. 
Porque de lo que he preguntado el día de hoy usted es el 31. Y como 25 van a votar por Castillo. 
La cosa está bien jodida profe. Intenté matizar su experimento.
Me dan ganas de pegarles. Chibolos huevones, me da ganas de bajarlos de mi carro. Me dijo ofuzcado. Parece que no han vivido el terrorismo estos chibolos. Tamadre, on. 
Así es maestrito, hay descontento. 
Yo voy a votar por Keiko señor. Porque no quiero que los venecos me caguen la plaza.
Pienso igual amigo. Yo también creo en Keiko. Mientras Keiko me lamía la mano y luego se lamía la cosa. 

Fecha Publicación: 2021-04-09T20:55:00.001-07:00
Casa de 'Villa Coca' en la actualidad adquirida por una familia emprendedora circense. Nótese los colores de la fachada. 


Yo crecí en el barrio de Villa Coca. 
Al lado derecho vivía 'El Padrino' Reynaldo Rodríguez López. Cuya casa explotó resultando ser un laboratorio de drogas. Nosotros jugábamos partido en la  pista, en ese entonces no había mucho tráfico de autos y por la explosión salió volando disparado un hombre en llamas, cayó al suelo, nos vio y se fue corriendo. Al rato llegó la policía y el resto está en internet. 
Al lado izquierdo vivía Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso, y cuando lo encontraron en la casa vecina y lo presentaron en televisión con su pijama de rayas comenzaron a tirar bombas por el barrio.
Nosotros ya estábamos acostumbrados entonces a las explosiones, por cualquier lado de donde viniera. 

Mi papá era un profesional independiente en crecimiento. Le iba muy bien en los negocios y sus planes de expansión incluyeron nuevos rumbos fuera de casa. 

Entonces nosotros, sus hijos, nos convertimos en parlamentarios de oposición. Cual bancada fujimorista, íbamos con mi papá a comer a algún restaurante y pedíamos lo más caro. Y para joder más: pedíamos adicional para llevarle a mi mamá.

La convicción política a un nivel doméstico se instauró en el drama familiar, si ibas con la pareja de mi padre, entonces eras un traidor. Y en ese juego, mi papá seguía creciendo como profesional. Hasta que un colega le propuso postular al Colegio de Contadores, como vicedecano.

Yo estudiaba Contabilidad en una universidad particular y mi papá me había comprado un auto del año por ingresar en buen puesto. Pero ya cuando comenzaron  los cursos de verdad, mi rendimiendo se fue en picada. 

Me frustraba mucho no poder rendir en los números mientras mi padre se convertía en una eminencia. Sus dictámenes de auditoría se comenzaban a publicar como libros, y se presentaban en hoteles a donde íbamos como sus hijos, futuros profesionales como él. 

También comenzó a escribir una columna en la revista Gente, que en ese entonces era una de las más leídas del Perú y donde él era gerente. Se titulaba BUFETE TRIBUTARIO y escribía de temas contables. Entonces el dueño de la revista, el señor Escardó, le dijo que su columna se había convertido en la más leída de la revista.
Pero no era que la leían muchos lectores, sino que el mismo lector tenía que leerlo varias veces para entenderlo.

En ese contexto fue que mi papá decide postular al vicedecanato por medio de elecciones. Las listas eran varias y las propuestas diversas. Pero su oficina de San Isidro se convirtió, de un estudio contable que revisaba todo el día libros diario, libro mayor o planillas, pasó a ser un local de campaña desde donde se realizaban llamadas para invitar a los colegiados, del colegio de contadores públicos de Lima, a votar el día sábado, y de paso votar por la dupla Virgilio-Sandoval.

Virgilio era, como mi padre, un profesional independiente pero con mucho más relaciones que mi papá. Y había sido ya dos veces decano del colegio profesional y su empresa crecía a buen ritmo. 

Pero nosotros, el equipo de campaña, que éramos los practicantes del estudio contable: la secretaria, yo, una prima, Magaly, y dos más. Y todo el día nos dedicábamos a llamar por teléfono a los colegiados a que vayan a votar. Habrá que resaltar que en ese entonces, a principios de los noventas, llamar por teléfono era una señal de estatus.

El mes de campaña fue intenso y mi padre entregó toda su energía, tanto así que acaba exhausto cada noche, después de una jornada electoral donde siempre había mucho alcohol, gente y sueños de opio. Pero sobre todo: un gritón.

La campaña la acompañaba un personaje de voz extremadamente ronca pero potente, como si fuera un parlante esterofónico de pollada bailable, el gritón se convirtió en pieza clave de aquella energía que  necesita una comunidad enardecida por las ganas de cambio. Y como mi papá era quien le pagaba al gritón, por sobre Virgilio, primaba la arenga: Sandoval!!! Sandoval!!! Sandoval!!! Como si fuera una barra brava, Sandoval!!! Sandoval!!!

Entonces Sandoval se volvió una ola libertaria. Un grito que venía de las entrañas y que emergía del cambio. Sandoval. Vamos Sandoval Vicedecano. Sandoval, vamos Sandoval !!!

Ya para el día de las elecciones, habíamos preparado unos volantes fotocopiados en blanco y negro, insistiendo en marcar la V de Victoria, pero que también era de Virgilio que también era de SANDOVAL !!!

Y desde temprano, el comando activo de calle de campaña comenzó en la votación, y commenzaron a llegar los votantes cada vez más desanimados por el acto cívico profesional. 

¿Sandoval? ¿Quién es Sandoval? Fuira de acá chibolo. Me dijeron varias veces. Otras ya no tan agresivos, pero amablemente me invitaban a alejarme de ellos, que no querían saber más de políticos. 

Nos pasamos el día volanteando hasta el final de la contienda, donde comenzaron los votos y mi papá, desde un local de campaña cercano, rodeado de ayayeros y botellas de cerveza y el gritón, esperaba los resultados. 

Eran más de 30 mesas, y las primeras que llegaban Sandoval no aparecía por ningún lado. Como a la décima mesa apareció un personero: Virgilio gana la mesa. Y volvieron las arengas: ¡¡¡Sandoval, Sandoval!!!

Pero no volvieron más buenas noticias. Habremos ganado en cinco mesas más, pero en el conteo final quedamos cuartos, o quintos. Ni siquiera estuvimos en la foto. Y mi padre aceptaba la derrota estoicamente tomándose un vaso lleno de chela. Hasta que llegó Virgilio y rodeado de más gritones y más ayayeros juró por el Perú que no iba a parar hasta cambiar la política del colegio de contadores. Y se fue, y nos fuimos quedando solos.

Lo fuimos a dejar a mi papá y nos fuimos con mi hermano Rafo y nos fuimos en uno de los carros, sacamos una caja de cerveza y nos fuimos a La Herradura. 

De ahí dejé la facultad de contabilidad y entré a comunicaciones. Y al primer semestre que acabé, me fui a practicar a la revista Gente, adonde mi padre era una leyenda. 
Hice mis prácticas la universidad me parecía un poco fácil porque venía de una facultad de números, y claro este espacio era de ideas, de figuras, de colores, imágenes. 

En tercer ciclo gracias a un compañero de aula, el poeta Rafael García Godos que era fanático del rock y tenía buenas notas como yo, entramos al tercio estudiantil que era como una cúpula de estudiantes que veíamos cosas por el bienestar de los alumnos de la facultad. 

Pero los alumnos de la facultad nos odiaban, cada vez que entrábamos aula por aula a pedir alguna cosa, como recordarles que tenían que asistir a la vacunación anual de la gripe, nos remataban a dardos de bolas de papel. Era un trabajo duro y sabíamos desde el comienzo que éramos los alumnos más impopulares. 

Entonces un día, en la oficina del tercio estudiantil, porque éramos los más odiados pero teníamos oficina propia para discutir nuestro trabajo como si fuera un reality show actual. Abriendo el cajón de la directiva anterior, encontramos, Rafael y Yo, ambos poetas y por eso mismo sin escrúpulos, un file de cartas donde la anterior directiva pedía fondos para viajar a distintos sitios del mundo. 

Que porque había el festival de estudiantes de comunicación de Bogotá, representación de la universidad. Que porque había el congreso de estudiosos de la comunicación en Guatemala, representación de la universidad. Que porque había una reunión de dirigentes en Buenos Aires, representación de la universidad. 

Nos dimos cuenta rápido que había un patrón que nosotros estábamos dispuestos a seguir: viajar con todo pagado en nombre de la unión latinoamericana de la federación de estudiantes de comunicación. 

Y cuando se dio la siguiente reunión con el decano, que era un cura infranqueable, después que todo el equipo de representación estudiantil presentó sus actividades, presentamos la carta para ir a Bogotá, al congreso de estudiantes de la región bolivariana. 
El cura vio la carta y la firmó sin dudar. Se alegró que le hayamos hablado de la federación. 

Nos fuimos a Bogotá y participé por primera vez de una asamblea bolivariana de estudiantes, con representantes de otros países hermanos, y asentimos varias cosas que ni entendíamos pero ahí estábamos disfrutanto de un tiempo de intercambio estudiantil pero también de viaje y política.

Desde tercer semestre de diez, hasta que terminé y un semestre más, me dedique ya no a estudiar sino a viajar. 
Tenía una agenda que vinculaba reuniones, participaciones en asambleas y gestiones diversas que nos llevaban a viajar por todo el continente financiado por la universidad. Era una maravilla ser estudiante. 

Tanto así que mi papá, que siempre pagó la universidad, comenzó a cuestionar esos viajes, que al final de la carrera se hicieron 15 viajes al extranjero y 26 al interior del país. A todos los lugares iba con viáticos que luego me sobraban unos meses, íbamos a buenos restaurantes y pedía a la carta como pedía cuando salía con mi papá de chico: lo más caro y para llevar. 

Sobre todo el último viaje, hacia la Habana, adonde íbamos para una reunión sin sentido  pero que para nosotros era importante asistir. Mi padre pensaba que este viaje era la consumasión de guerrilleros en lucha. Claro, éramos devotos de Hugo Chávez en ese entonces, fuimos al Foro Mundial Social, y éramos gente de lucha y palabra. Entonces ir a Cuba para nosotros era el camino natural. Pero mi padre estaba muy desconfiado de los viajes, de los fondos que recibíamos para -básicamente- vivir bien mientras terminábamos  la carrera. En Cuba vimos que Fidel siendo estudiante se tiró al monte y se hizo presidente, y creíamos que ese era el camino. Entonces yo pensaba que no necesitaba terminar la universidad para ser presidente de mi país. 

Para el último semestre, teníamos tantos viajes al extranjero que parecíamos empresarios. Bogotá, Buenos Aires, Panamá, La Paz, Santiago, Montevideo. Infinidad de historias para registrar mientras éramos estudiantes.

Para ese viaje a Cuba, al parecer ya los compañeros de aula se habían dado cuenta: había un par de sinvergüenzas que no iba a clases, pero que tenían las mejores notas y que alardeaban de sus viajes al extranjero 'sin pagar un mango'.

Y un compañero de aula, el chato 'Josh' me encaró antes de comenzar una clase:
-Qué, osea tú viajas con nuestra plata... Eres un mantenido de la política!!!

Yo no aguanté, sobre todo porque tenía unas ínfulas de ganador que me hicieron explotar. Y caí en la tentación de golpear a un correligionaio crítico. 

Terminé en problemas en la coordinación, pero en mi cabeza solo iba la idea de ir a Cuba y armar la revolución. Y fuimos a la Habana y recibimos el adoctrinamiento de Fidel. Éramos jóvenes y el futuro se veía solamente por medio del cambio radical.

Así, fuimos chavistas y luego evistas, luego humalistas y hasta que me di cuenta que había terminado la universidad, mi padre ya no estaba contento con esa circunstancia de ser estudiante habiendo culminado los estudios, y seguir viajando y seguir hablando de un futuro mejor pero sin haber entrado al camino profesional, sin haber vivido nada, solo viajes que pensábamos que eran de placer pero eran  subvencionados por la universidad que daba recursos para fortalecer los lazos estudiantiles a nivel regional. Entonces quise hacer un curriculum vitae para insertarme al mundo profesional pero vi que solo tenía recuerdos en mi cabeza. Y el único camino que me quedaba era seguir en la universidad, tal vez ya no como estudiante, como profesor podía armar mi revolución. 

Fecha Publicación: 2021-04-02T06:41:00.001-07:00

Fecha Publicación: 2021-04-02T05:17:00.003-07:00

Fecha Publicación: 2021-03-07T16:29:00.002-08:00

Fecha Publicación: 2021-03-07T16:14:00.003-08:00


Fecha Publicación: 2021-01-26T09:18:00.000-08:00
Cusco, 27 de enero de 2000.


Mañana cumplo 45. 
Me hubiese gustado estar como el año pasado en un lugar donde nadie me conozca y no tenga que recibir saludos. Pero apenas llegué a Santiago me fue a recoger un viejo amigo de la época universitaria al aeropuerto. Yo no sabía que él sabía que estaba de cumpleaños. Pero vio que mi reacción no fue gentil cuando me dijo feliz día. Entonces no volvió a mencionarlo.

Pero cuando uno ve los cientos de mensajes que te ponen en el Facebook, se te hincha el ego. Te sientes estrella. O influencer con miles de seguidores. Aunque siempre esperas que esa persona que quieres que te salude, nunca lo hace.


Por eso cada cierto tiempo cierro mi Facebook o bloqueo a la mitad de mis contactos.
Los primeros días vivo bien, liberado. Pero al tiempo necesito volver. No solo para publicar fotos de lo que cómo, dónde como. Si me encuentro con una amiga me tomo una selfie con ella para que mi papá crea que todavía cacho. Pero es pura finta como todo lo que existe en redes sociales.


Veo gente que hizo de sus vidas miserables una narrativa fabulosa, una vida genial, casi de famosos. Entonces todos somos estrellas, así quieras hacer notar que tienes una cadenita de oro que no vale ni lo que gana un ratero al día, pero crees que la gente te ve como si fueras rico y famoso, a pesar que al fondo de la foto que publican, el paisaje es digno de una descripción limeña de Ribeyro. Azoteas asquerosas meadas de perros sarnosos, paredes sin tarrajear, pobreza notoria pero que uno piensa que porque te pones una cadenita de fantasía tus contactos pensarán que tienes plata.


A eso hemos llegado: si tu vida está en Facebook, entonces tu alma es algoritmo deprimido.


Por ejemplo mi perfil no tiene nada que sea yo. Osea una persona miserable.


Solo tengo fotos del programa en vivo que conduzco y que entrevisto desde hace tres años. Por el set del canal pasan los gerentes más serios del país y yo los recibo con la cara dura, con un saco y corbata que mi papá estaba botando a la basura y yo los recogí porque como buen actor que soy sabía que me iba a servir.


Aunque el saco me queda grande, experto en utilería teatral, lo ajusté a mi con imperdibles y ganchos de pelo.
Usualmente los ejecutivos que entrevisto se van encantados de mi programa. Supongo que desconocen que no les entendí un pincho de lo que hablaron porque más anduve pensando en si el sonido entraba bien durante la transmisión o si el asistento tuvo un rapto de inteligencia y cumplió con la parte técnica. O pensando si mi chacal ha traído un paco más para seguirla después de la transmisión. Pero lo que digan los invitados poco o nada. Igual tengo toda la semana para repasar la información y ver qué podemos hacer para ganarme la vida.


Igual la plata que gano queda insuficiente y hago pequeños trabajos que algunos inútiles no pueden hacer, ya sea porque tienen altos cargos gerenciales y no hay tiempo para cumplir con las tareas de sus oficinas, en maestrías, sus MBAs, sus cursos de posgrado con lo que buscan duplicar sus sueldos en grandes organizaciones.


Por ejemplo, a un empresario amigo de mi hermano el negro, su socio a quien cariñosamente le llama 'su sucio', le hice hace poco un ensayo de dos páginas sobre tecnología e innovación para su MBA en Esan. Me pagó una mierda pero igual le tuve que agradecer porque por más miserable que sea él y por más miserable que sea yo, soy una persona agradecida con todo lo que cae del cielo. El negro se molestó conmigo porque le cobro muy poco por los trabajos que le hago, porque además de ese ensayo también le hago su Facebook corporativo, con noticias del sector y algunos podcast que me animo a producir cuando la abstinencia me ataca y necesito dinero al toque nomás. Entonces lo llamo al sucio y le cobro, y él saca de su bolsillo un par de soles y me los avienta por el celular. 'Tú sabes cuánto gana ese huevón?', me saca en cara mi hermano. 'Gana más de 15 mil soles'. Yo más calmado, porque ya me compré la droga que necesitaba para seguir pensando 'zen', que su socio/sucio no podría ganar lo que dice, porque simplemente si tuviese esa cantidad mensual ya se habría hecho hace tiempo un tratamiento contra la sudoración y el mal olor.


Igual con el mismo afán de conseguir monedas le hago las tareas que le dejan a un pata mío que estudia una maestría en gestión deportiva en España. Y me manda unos euros. Igual una amiga viceministra que entre tantas obligaciones que tiene me pide que haga llamadas a gente que ni conozco pero que debo aparentar ser un funcionario del ministerio, y además dicta cursos en la escuela de administración pública, por lo que he redactado el silabus y hasta podría decir que estoy apto para ser docente ahí. Aplicaría la misma metodología que uso en mis programas de televisión online: actuar.


Hace poco me llamó otro amigo para que lo ayude a terminar un servicio para el Estado. Había que llamar a 36 instancias sobre la violencia contra la mujer. 36 informes desgarradores de cómo le sacan la mierda a las mujeres a nivel nacional. Pude haber terminado abatido pero ya hace tanto tiempo que estoy acostumbrado a leer basura.


Desde aquella vez en Cusco en el 2000, foto que ilustra este escrito, adonde fui gracias a la familia de mi novia cusqueña y me quedé 45 días en que terminé de escribir Barrunto en una máquina de escribir que me pusieron en una habitación. Todititito para mí, el cuarto con baño y una máquina de escribir, más nada. Pero también aproveché para entrar al diario La República de Cusco, El Gran Sur se llamaba y me mandaron a hacer policiales, entonces todos los lunes iba a la comisaría de la séptima región y me ponía a revisar el cuaderno de ocurrencias. Usualmente el fin de semana estaba cargado ese cuaderno, donde se escribía a mano y se describía cómo violaban a niñas de 5 años, cómo le cortaban la cara a mujeres jóvenes o simplemente aparecía muerta alguna en al ribera de un río, mientras el esposo confesaba aún borracho que la había matado por celos.


Pensé que esos 36 informes del ministerio serían cosa fácil, pude quedar aturdido y hasta deprimido. Pero ya me acostumbré a aplicar la metodología Sandoval: arroparme de drogas que anestecien la realidad y yo pueda seguir sonriendo para las fotos del Facebook. Porque ahí en el Facebook sí que uno puede tener una vida extraordinaria.


He conocido a varios que el Facebook les ha cambiado el carácter. Viven eufóricos por cada like que le dan a sus fotos ordinarias. Pero cuando alguien los trolea o se burlan de sus reales falencias, se ponen como locos y comienzan a insultar a ciegas. Entonces te das cuenta que la ilusión de querer ser una celebridad por redes sociales se queda en una mera patraña. Gente que publica fotos con libros que supuestamente leen, pero a saber de lo que postean denotan que se han olvidado hasta del coquito de la primaria.


Evidentemente es una construcción que se forma de imágenes y pensamientos que ya no son pensamientos sino memes, y que la filosofía de sus vidas (y la mía también) se empodera en la frivolidad y un glamour triste.


Yo entendí eso en el 2009 cuando me invitaron a Europa. Meses antes cuando me llegó la invitación me pidieron una foto. Yo estaba desnudo en mi cama con Capulí, que luego de estar con su novio venía a mi casa y tirábamos unas cuantas veces. Al menos tenía la decencia de bañarse antes de bucear entre mis sábanas. Yo no, entraba al ruedo sucio y enredado. Ella era fotógrafa y aprovechamos en que me tome unas fotos y para sentirme más pendejo me puse un cigarrillo a medio avanzar entre los labios. Luego me tomó otra con el condón (usado) en la mano. Y las mandé a Europa, donde usaron la del cigarrillo.


Tiempo después, cuando volví de ese viaje entré a trabajar como profesor de una universidad que más parecía el Arca de Noé por la cantidad de animales que había. Y el Facebook y el Google comenzaban a invadir las vidas de todos y todas. Entonces aparecieron las dos fotos y comenzaron a circular entre mis alumnos. No solo evidenciaban que era un consumador fumador de canabis sino también un enfermo sexual.


Y los siguientes trabajos que tuve ambas fotos fueron mi carta de presentación. De tanto rechazo preferí dejar de buscar laburo y dedicarme a escribir. Igual esas dos fotos me siguieron por mucho tiempo hasta que comencé a postear muchas fotos, ahora con saco y corbata, para 'chancar' mi pasado.


Intenté superar mi propia imagen, pero adonde iba me siguieron esas dos fotos. Más bien la que dejó de seguirme fue Capulí, que se terminó casándose con su novio.


El otro día me llamó y la atendí con la falsa gentileza que es mi coraza para atender a mis clientes y amigos. Siempre atiendo favores por teléfono y a pesar que la retribución es ingrata cumplo con mi oficio de servidor público sin sueldo fijo.


Siempre me piden orientación en temas empresariales, por lo que brindo lo que sé que es lo que dicen mis invitados al programa. Algo capto y lo comparto. Pero Capulí me pidió orientación sobre un tema no empresarial y que según ella yo conocía. 'Mi primo se ha intentado suicidar y no sabemos qué hacer'.


Como experto en el tema le di el teléfono de mi siquiatra, y le dije que él era el indicado porque había sido director de siquiatría del hospital militar, que había visto casos de gente mutilada durante el terrorismo, así que mis intentos de morir y mi depresión simplemente les parecía puras mariconadas mías.


Tomó nota del doctor pero luego me que si conocía alguna posta porque no tenía recursos. Justamente, le dije que habían inaugurado una posta de salud mental con el nombre de mi doctor, pero no sabía en qué cerro estaba ubicado.


Capulí me pidió algunas sugerencias, aunque sin dinero iba a estar difícil solucionar la situación. A su primo lo tenían encerrado en su cuarto esperando que se le pase el sueño por todas las pastillas que se había tomado. Yo le detallé que lo mismo me pasó a mí, pero al despertarme me di cuenta que había fracasado en mi objetivo y que seguía ahí como una cucaracha o como un elefante, seguía ahí. Y eso me puso furioso y comencé a romper todo incluída las ventanas, mi laptop, la cara de mi madre y el tabique de mi hermano. Hasta que llegaron unos grandulones en bata blanca y me amarraron con correas. Me llevaron un hospital de nombre Noguchi y cuando iba a pasar al Valdizán, adonde ingresaría por el servicio del Estado oficialmente como un loco esquizofrénico. Entonces mi familia me internó en una clínica privada con una habitación propia, televisor con cable y baño. Había estado dos semanas encerrado en una habitación sin ventanas y me pasaban la comida por una puertita que cerraban de inmediato. Por lo que la clínica fue como el paraíso. Pero cuando hubo la oportunidad de ver a mi familia mi madre tenía un parche en la ceja, mi hermano la nariz enyesada y mi hermano mayor estaba ahí aunque vivía en EEUU.


Pedí perdón por todo y agradecí por haber pagado la cuenta de mis platos rotos. Pero igual dejaron internado un tiempo más.


Todo eso le conté a Capulí quien mientras más le contaba más lloraba por teléfono. Y el problema era que su primo no tenía recursos. Entonces le recomendé que lo mantengan encerrado y le pasen la comida por debajo de la puerta. Pero que si la cosa se ponía brava que le dieran una bolsa de veneno para ratas. Y que él decida.