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Fecha Publicación: 2022-04-10T21:37:00.001-07:00

 Una breve nota a propósito de la publicación de la obra poética del escritor puneño José Luis Ayala. Viene originalmente en la revista venezolana Letralia y esta silla celebra publicandola también. 

José Luis Ayala


Poesía cósmica de José Luis Ayala

Por: Alfredo Herrera Flores

 UNO

Bajo el título de Poesía Cósmica, el poeta José Luis Ayala (Huancané, Perú, 1942) ha reunido gran parte de su producción poética. Los seis tomos que se han publicado durante el 2021 en los sellos editoriales Sideral y Cruz del Sur, abarcan más de sesenta años de trabajo literario, lo que convierte a su autor no solo en uno de los más prolíficos escritores del Perú, sino en un referente obligado de la poesía actual.

Ayala es un escritor muy conocido en el ámbito literario peruano. Desde muy joven, siendo aún estudiante escolar, publicó poemas en revistas y diarios locales, y, además, manifestó un espíritu crítico que habría de caracterizar su obra analítica, que es tan amplia como su poesía. Por esos años inaugurales, promovió y participó en grupos literarios, junto a otros jóvenes que también destacarían en el ámbito literario nacional con el correr de los años.

Miembro de la nutrida generación del sesenta, fue activo impulsor de personajes que, pasada la primera mitad del siglo veinte, no habían tenido ni el reconocimiento ni la difusión de su obra literaria, como Carlos Oquendo de Amat y Gamaliel Churata; y, en el campo histórico, reivindicó gestas sociales como las luchas indígenas que surgieron en diferentes pueblos del altiplano sur peruano, donde la nación aymara tiene importante protagonismo en la vida social y política del país.

Aunque su obra abarca todos los géneros, incluso con propuestas híbridas como la cronivela, los graemas, poemallages o kipuemas, Ayala es reconocido por su obra poética, que tempranamente se publicó en castellano y aymara, su lengua natal. Los seis tomos publicados con su obra poética contienen también una serie de artículos y ensayos que otros autores han dedicado para analizarla y estudiarla, lo que contribuye a tener una mirada más amplia de los alcances de las propuestas estéticas del autor puneño, que, largamente, ha superado los cien libros publicados.

 

DOS

La poesía temprana de José Luis Ayala se caracteriza por la herencia vallejiana y un indigenismo que estaba en pleno proceso de transformación, pasando de la reivindicación de los derechos del indio a la revalorización de su presencia y entorno en ámbitos sociales y culturales más amplios. El lenguaje juvenil le añadía un tono sentimental y nostálgico a una obra que recuperaba el paisaje, la historia familiar y las costumbres de una zona geográfica importante para la formación de la identidad peruana, pues una de las principales leyendas que intentan explicar el nacimiento de la cultura andina se refiere, precisamente, a que del lago Titicaca emergieron quienes fundarían las bases del Tahuantinsuyo, el estado inca que recibió el impacto de la presencia española hace quinientos años.

Un ejemplo de la cercanía vallejiana en la obra de Ayala se puede notar en el poema Viento que regresa: “Madre mía, estoy pensando en ti/ y en nuestra casa./ Soy el viento que regresa/ con la brisa fresca de la mañana.// Los pesados maderos de la vida/ que con dolor llevo/ cada día me pesan mucho más.// ¿Qué ha sido del horno/ en el que hacías pan/ para las doce personas de la familia?// ¿Por qué de pronto los verbos empobrecen/ y las palabras no nombran// lo que quiere decir mi poesía?// Pero volveré, madre mía,/ para enterrar con mi muerte/ todo lo que has sufrido.// La tarde que llueva sobre el altiplano,/ en el antiguo horno, en Huancané/ y enciendas el fogón para quemar/ tu andina y cósmica tristeza.”

Hay una estrecha relación con el poema LXV de Trilce, en el que Vallejo recuerda también a la madre que ha quedado en el pueblo de la infancia y, atormentado por la nostalgia, entiende que no hay más remedio que encontrar la muerte al regresar. Recordemos que el poema vallejiano inicia así: “Madre, me voy mañana a Santiago,/ a mojarme en tu bendición y en tu llanto./ Acomodando estoy mis desengaños y el rosado/ de llaga de mis falsos trajines…” Y, hacia el final, dice Vallejo: “…Así, muerta inmortal./ Entre la columnata de tus huesos/ que no puede caer ni a lloros,/ y a cuyo lado ni el Destino puede entrometer/ ni un solo dedo suyo.// Así, muerta inmortal./ Así.”

Pero esta relación es benigna, es decir, no hay en Ayala intención de reproducir el lenguaje vallejiano ni mucho menos sobreponer su emoción a la del autor de Los heraldos negros, sino más bien hay una lectura intensa y una influencia que refleja, la atención que el joven Ayala le ponía a la poesía peruana, que, hacia la década del sesenta, ya había superado los rezagos del modernismo y las aventuras vanguardistas. Es inevitable que la poesía andina venga cargada de nostalgia, soledad o alegría reprimida, la danza y la música también tienen esa carga que, sin embargo, es revitalizadora, porque viene acompañada de una fuerza telúrica y una identidad que, incluso históricamente, se ha fortalecido a pesar de los intentos de invisibilidad y exclusión.

Ayala recurre al aymara, el ancestral idioma de los pueblos de alrededor del lago, para expresar el otro lado de sus emociones, el amor juvenil y los deseos de superación, las ilusiones. Tampoco es un lenguaje impostado, usa el aymara de manera natural y así fluye su poesía, con el complemento de la fuerza vital de sus antepasados, en un momento histórico en que se empezaba a revalorar las lenguas nativas que han resistido a la imposición del castellano y, luego, a las modas culturales por parte de los medios de comunicación.

Uno de sus poemas más conocidos es Juanita Panqara. En este texto, desde el título, se combinan las dos lenguas poéticas de Ayala, el castellano con un nombre hispano en diminutivo, y el aymara con una palabra que significa flor. El poema transcurre como un ruego, una declaración amorosa juvenil, en el que la emoción se convierte en un juego de palabras que terminan diciendo una sentencia muy sencilla, pero que, en el fondo, encierra un espíritu mestizo que busca ser visibilizado y reconocido. Leamos los versos principales: “Juanita panqara Juanita panqara/ Panqara Juanita/ …/ suma panqara Juanita/…/ Panqara Juanita panqarita Juanita/ Constelación de sanqayos rojos/…/ Ay, Juanita panqara panqarita/ quise escribir un poema/ y solo he dicho tu nombre.”

Ayala va a publicar libros de poesía en los que hace visible la búsqueda de un lenguaje personal. Libros en castellano, en aymara, o bilingües; libros de corte vanguardista en los que rompe la tradicional forma del poema en verso, acercándose a los caligramas y el collage, combinando verso y prosa poética, ensayando libros objeto en los que se pueden combinar versos y palabras, dándole al lector la oportunidad de organizar su propio poema. De esta manera la obra de Ayala se va a extender y madurar asumiendo también una temática comprometida con su propia cultura, los derechos humanos o las poblaciones vulnerables. América, como un todo compacto, será también motivo de su poesía, asumiendo de esta manera una concepción amplia y, cómo él llama a su poesía, sideral.

 

TRES

Otro de los rasgos particulares de José Luis Ayala es su identidad cultural, su ascendencia aymara, la que, además de sostener como forma de expresarse, la mantiene como forma de vida, practicando ritos, costumbres y manifestaciones tradicionales. Él mismo se ha formado como yatiri, que en el mundo aymara es un vidente, sabio o maestro que, como un sacerdote, está preparado para oficiar rituales y momentos de encuentro entre el hombre y la naturaleza. El mundo andino tiene una cosmovisión particular, Ayala ha estudiado, oficiado y difundido esta mirada particular del cosmos, de la naturaleza, donde el hombre es un elemento más y no es dueño ni poseedor de nada. El hombre andino considera a su entorno como un ser vivo, y todo lo vivo tiene una relación equilibrada con el hombre. De esa manera el poeta también se interna en la filosofía andina y asume una posición que, en buena cuenta, es un intento de lograr un equilibrio personal, en una época histórica en la que es necesario seguir resistiendo culturalmente.

De este aprendizaje, Ayala ha publicado varios libros también. Artículos, ensayos y crónicas periodísticas en los que sustenta la vigencia de la cultura andina y su relación con los hechos históricos contemporáneos. Es interesante la manera cómo un escritor que asume el lenguaje poético en sus idiomas nativos, que se desenvuelve en un espacio urbano, actúe también con una profunda vocación de respeto y conservación de su cultura. Este acto ejemplar, es, sin embargo, un soporte importante en la obra de Ayala, ya que todo su mensaje personal, su visión particular del mundo, la carga de nostalgia que se percibe en su trabajo poético, va a discurrir de una manera fluida y sincera, lo que no sucede cuando un autor intenta añadir elementos culturales a su obra sin sentirlos como parte de su propia identidad.

La obra de Ayala se complementa con otros temas que van enriqueciendo el panorama cultural y literario nacional. Sus estudios sobre los escritores César Vallejo y Carlos Oquendo de Amat son un aporte interesante, pues además de acercarse a su biografía o a la valoración de su obra, ha extendido sus indagaciones a quienes han logrado conocerlos o compartir alguna experiencia con ellos. Vallejo, por ejemplo, tuvo entre sus amigos más cercanos en París a los hermanos puneños More; o, en el caso de Oquendo de Amat, ha logrado obtener testimonios y fotografías de familiares y amigos, que aún viven en Huancané o la ciudad de Moho.

La obra de Ayala viene a constituirse en un amplio y diverso corpus temático que, como ya se ha dicho, va de la poesía a la novela, de la crónica al ensayo, pasando por una serie de propuestas transgresoras y contestatarias que invitan al lector a ser partícipe de un proceso creativo que tampoco debe estar ajeno a las vicisitudes sociales, culturales y políticas de nuestras sociedades y de nuestra época. Hay que reconocer en Ayala a un escritor comprometido con su identidad y su función creativa, no ha renunciado a su espíritu de poeta como tampoco a su identidad, ha trabajado su poesía con la misma intensidad con que vive su condición de individuo mestizo. La lectura de su obra poética nos ayudará, además de disfrutar la transparencia de su poesía, a cuestionar y consolidar un proceso en el que la identidad cultural debe ser la columna vertebral del desarrollo de nuestras sociedades.



Fecha Publicación: 2022-04-03T10:58:00.001-07:00

El libro de Úrsula Allvarado, "Canto a la hoja que cae", es un notable de ejemplo de delicadeza y acercamiento a la naturaleza que cotidianamente nos acompaña. Esta silla se presta al disfrute de este buen libro, invitando con este artículo y un poema. Vale.

Alvarado y la portada de su libro (Vallejo & Co.)

Delicada naturaleza en poesía de Úrsula Alvarado

Por: Alfredo Herrera Flores

 

El desarrollo de la tecnología de las comunicaciones y la violencia con que se ha instalado en el lenguaje cotidiano, ha afectado rápidamente el contenido de los mensajes, tanto de las relaciones interpersonales, directas y sin filtros, como en las expresiones artísticas. Diariamente y, tal vez, a cada instante, podemos encontrar un ejemplo de lo que acabamos de afirmar. Sin embargo, pareciera que, a nivel de nuestras conversaciones habituales, no nos terminamos de dar cuenta de este fenómeno y terminamos por naturalizarlo, por hacerlo normal.

La literatura en particular, es una de las artes que más ha sufrido un impacto negativo de esa desnaturalización de lenguaje, al punto de que hemos terminado comprendiéndonos entre personas a pesar de la mala construcción de frases y oraciones o la mala ortografía. Si bien este problema puede ser tema mucho más amplio, que debe tocar extremos como las funciones del Ministerio de Educación y la atención de padres de familia, pasando por el fomento a la lectura y buena escritura, por ahora lo mencionamos para destacar, como quien encuentra un pez que nada contracorriente, la buena literatura que se publica y difunde en el ámbito cultural peruano.

El libro de poemas “Canto a la hoja que cae” (Hanan Harawi editores, 2021), de Úrsula Alvarado Noblecilla, por ejemplo, es una muy buena muestra de que, en medio de todo este desbarajuste del lenguaje, se puede conservar la delicadeza del buen escribir y de la manera de expresarse como persona respecto al mundo que nos rodea. En este caso en particular, el mundo que expresa Alvarado está referido a la naturaleza, mas no como paisaje o como una imagen idílica, sino como todo aquello que está a su real alcance, como un jardín, o un parque.

En el primer poema del conjunto, “Visita médica”, la poeta da cuenta, sutilmente, de un problema de salud y en su descripción usa dos metáforas harto conocidas, pero de una manera delicada, fina: “Como río discreto una lágrima se libera/ y en la desembocadura perfecta de mis orejas/ un supuesto sosiego encuentra.” Y el poema concluye diciendo: “Soy un gran roble aferrándose/ a esta cama milagrosa.”

Las referencias a los elementos de la naturaleza van a ser una constante a lo largo del libro, en el que los sentimientos, afectos, emociones y angustias de la poeta discurren de manera sencilla, delicada. Desde el bonito título, “Canto a la hoja que cae”, la lectura nos permite internarnos en un espacio poético donde la naturaleza cercana, esa que está al alcance de la mano en medio de la ciudad, es un objeto que emociona y tranquiliza. El poema que da título al libro inicia así: “Una recargada nube retiene la lluvia/ y en vaporosa distancia observa/ el viaje inevitable de la hoja que cae.”.

Las dos partes en que Úrsula Alvarado ha dispuesto su libro titulan “Hoja al vacío” y “Voz de bosque”, dos invitaciones a internarse en los espacios de la naturaleza desde una perspectiva personal e íntima. Es también, por supuesto, una invitación a establecer un diálogo con la poesía, que deja la banalidad y violencia propias de las redes sociales y los medios de comunicación para mantenerse en la discreción de la soledad y el uso de la palabra: “Mi sonrisa macabra de cuerpo yacente/ no ahuyenta mi sed de mar/ ni de amar.”

Delicada naturaleza la que la escritora Úrsula Alvarado nos presenta en este su segundo libro de poemas, pero, sobre todo, nos muestra una manera de acercamiento entre ser humano y espacio que lo rodea. Es un discurso en el que no necesita exaltar árboles, ríos o montañas, sino simplemente acercarse con la mirada que da la tranquilidad de ser una persona que supera problemas aferrándose a la simpleza de una hoja, de una nube, de una palabra de aliento.

 

CANTO A LA HOJA QUE CAE

 

Una recargada nube retiene la lluvia

y en vaporosa distancia observa

el viaje inevitable de la hoja que cae.

 

¡Cuánto tiempo he buscado la magia!

 

La causalidad es un viejo niño que frente a mis ojos

se descascara,

me ofrece el poder de adivinar el camino

y detener en seco el curso de mi lágrima.

 

Un impulso primero determina el resto.

 

Basta que el ave malinterprete la caricia del viento

para condenar a su bandada al desvío.

Un pequeño giro en la esquina incorrecta,

una fracción de segundo,

un bostezo a destiempo desincroniza el paraíso.

 

Ya sabes

el aleteo incesante de la mariposa.

 

Si desde ahora decido caminar de manos

¿caerán como manzanas las llaves?

¿se abrirán como flores las respuestas?

 

Algún día he de ser la hoja que cae.

Antes seré fruto, savia, alimento;

pero esta tarde soy nube y llevo cerrados los ojos

porque los he tenido abiertos

y no he visto nada.



Fecha Publicación: 2022-03-13T16:07:00.001-07:00

Un breve texto a raíz de la lectura de "Poesía joven ultimísima, 21 poetas peruanas" (Pléyades ediciones, 2020), libro en el que la poeta y editora Karina Medina ha reunido escritoras muy jóvenes que empiezan a ocupar un sitio preferente en el panorama de la literatura peruana conteporánea. La nota aparece originalmente en la edición de hoy, domingo 13 de marzo, de El Diario de Cusco, y esta silla le da su espacio para celebrar.

Portada de la antología preparada por Karina Medina

21 poetas peruanas muy jóvenes

Por: Alfredo Herrera Flores

Los procesos de renovación creativa en el arte son permanentes y cíclicos, se dan en medio de todas las circunstancias históricas y en todos los espacios sociales, pero no siempre son reconocidos en su oportunidad. Cuando una nueva generación de artistas irrumpe en el escenario cultural, generalmente es vista por quienes ejercen la opinión pública sobre consideraciones estéticas como propuestas pasajeras, juveniles o intrascendentes. Si bien la calidad de las obras de los jóvenes puede ser discutible, entendiéndose que están en proceso de maduración, lo importante es reconocer y visibilizar la producción artística de los más jóvenes.

No siempre es así. La historia del arte ha demostrado con bastantes hechos y ejemplos que los genios artísticos no siempre han sido reconocidos en su oportunidad o por sus contemporáneos, y, en otro tanto de casos, no ha sido sino después de la muerte que su obra ha terminado por reconocerse, trascender e influir en las nuevas generaciones. En Cusco, por ejemplo, a pesar de ser una ciudad cuyo principal valor es la cultura, se han dado casos en los que, quienes ejercen la autoridad política y la obligación de promover el arte, han terminado por negar apoyo debidamente ganado a una joven escritora por el solo hecho de ser joven.

Por eso es importante destacar la publicación “Poesía joven ultimísima, 21 poetas peruanas” (Pléyades ediciones, 2020), una recopilación de escritoras cuyas edades varían entre los veinte y treinta y seis años, realizada por Karina Medina. El rango de edad determinado por Medina es, precisamente, aquel en el que las autoras inician sus carreras literarias con la publicación de sus primeros libros, lo que, además, significa que han tomado la seria decisión de internarse en el nunca seguro mundo de la literatura.

En el conjunto hay escritoras de todo el país, algunas de ellas, como Katherine Medina, Mariana Espezúa o Lily Sánchez, ya han logrado posicionarse en el ámbito literario nacional gracias a la calidad de su trabajo poético, mientras otras, muy jóvenes, como Estrella Falconí o Sofía Bolaños, sorprenden por la seguridad con la que proponen temas y lenguaje poético. Otras autoras provienen de regiones históricamente relegadas por el centralismo y la miope y prejuiciosa crítica literaria, como Navale Quiroz y Karuraqmi Puririnay, que han nacido en Apurímac y Junín, respectivamente.

Otro dato interesante en este libro, que contribuye a visibilizar la poesía joven escrita en el país, es que todas las autoras seleccionadas son también profesionales. Las hay médicas como arquitectas, maestras como comunicadoras sociales, abogadas, sicólogas y enfermeras. Karina Medina explica en la parte introductoria el libro, además de destacar el trabajo de las escritoras jóvenes, se trata de un asunto reivindicativo, que busca justicia cultural y respeto a la mujer, y eso es algo positivo en una sociedad que no ha terminado de asimilar conceptos de igualdad y equidad.

Además de las autoras ya mencionadas, integran el conjunto Lucía Contreras, Antuanet Farfán, Claudia Guerra, Arumy Cabrera, Yesebell Sechar, Camila Varela, Mirilia Navarro, Luz Huayta, Katherine Carbajal, Andrea Castillo, Fiorella Llerena, Marie Linares y María del Pilar Carreño. Es cierto que hay nombres de jóvenes que podrían faltar, pero también es cierto que quienes están representan el aporte de una generación poética en un contexto social muy difícil, donde la influencia de los medios y la tecnología de la comunicación, han llegado a banalizar la literatura, algo en la que ninguna de las seleccionadas ha caído.

Será importante ver y apoyar el proceso creativo de las escogidas esta vez por Karina Medina, inteligente editora y autora de un fino volumen de poesía, “Eterna estación” (Pléyades ediciones, 2021), pues, así como tendrán que asumir la responsabilidad de una tarea literaria de largo aliento, también se cierne sobre ellas, como sobre cualquier alma susceptible, la dramática sombra del tedio, el desánimo o el olvido.



Fecha Publicación: 2022-03-10T08:06:00.002-08:00

El periodista arequipeño Enrique Zavala ha indagado sobre la interesante historia de "Juanita", la niña inca ofrendada en los andes peruanos para aplacar la ira de los apus andinos. El resultado es un reportaje que, además, nos cuestiona sobre nuestro presente. Una nota a raíz de la lectura de este libro, "La niña de los 500 años", se publica en la revista digital Letralia. Invitados a leer.

Portada del libro de Enrique Zavala

Lecciones de una niña de 500 años

Por: Alfredo Herrera Flores

 

Nuestro continente es una inagotable fuente de riqueza cultural. El legado de las civilizaciones precolombinas y la resistencia cultural que sus descendientes han manifestado a lo largo de más de 500 años, han permitido recrear, mantener y fortalecer una identidad que cada día hay que alimentar. El actual territorio del Perú, por ejemplo, está cubierto por vestigios de antiguas civilizaciones y se mantienen prácticas y conocimientos ancestrales de un extremo a otro, en los pueblos de la costa, de los valles interandinos o de la selva inaccesible, y cada habitante de estos espacios tiene clara conciencia de que cotidianamente pone en práctica estas manifestaciones.

Según mitos y leyendas, recogidos por los cronistas españoles y alimentados por la rica literatura oral o los registros en la cerámica y textilería, la civilización sudamericana habría nacido de las aguas sagradas del lago Titicaca, en el altiplano andino. Mejor dicho, alrededor del lago, llamada por los antiguos peruanos como la gran pakarina, o lugar donde todo nace, se habrían gestado las primeras culturas y, desde este centro de irradiación, se habrían extendido a lo largo del sub continente, asentándose en lugares estratégicos y creando nuevos centros de poder cultural, religioso o político, como Cusco, Cajamarca, Quito, Tucumán.

Producida la invasión europea, muchas de aquellas prácticas culturales, ritos, técnicas de transmisión de conocimientos o producción económica, han cambiado, se han reconfigurado, sincretizado o desaparecido. Ha sido el tiempo el que se ha encargado de recuperar, a través de la ciencia o la casualidad, muchas de estas manifestaciones. Hoy, sigue siendo, felizmente, una práctica cotidiana el esfuerzo por recuperar, conservar, mantener y difundir nuestra cultura, sin dejar de sorprendernos. Así, podemos comprobar lo que la teoría ha ido elucubrando, que la cultura andina se ha expandido desde los Andes hasta los lugares menos sospechados.

Hace ya más de 25 años, en 1995, un grupo de investigadores del proyecto Santuarios Andinos de la Universidad Particular Católica de Santa María de Arequipa, al sur del Perú, dirigidos por el explorador Johan Reinhard y el arqueólogo arequipeño José Antonio Chávez, encontraron el cuerpo congelado de una niña en el cráter del Ampato, una montaña nevada cerca del volcán Sabancaya, que estaba en proceso de erupción lanzando cenizas y gases al aire y calentando el entorno. El cuerpo estaba, por decirlo menos, perfectamente conservado, al punto de que la piel expuesta mantenía la tersura propia de un cuerpo juvenil.

El hallazgo se convirtió en noticia mundial, la atención del mundo científico se centró en “Juanita”, como la bautizaron, en honor a uno de sus descubridores, Johan Reihard, y también pensando en la sencillez y cotidianidad de un nombre cercano al imaginario local. La historia del hallazgo, y la recreación de la historia de Juanita, acaba de aparecer en un libro titulado “La niña de los 500 años”, en formato de reportaje, como si la curiosidad del periodista Enrique Zavala, el autor, alcanzara a indagar en lo que aquella niña inca tenía como designio: aplacar la ira de los apus y promover un nuevo orden.

Zavala es un periodista que ha ido especializándose en abordar los temas de actualidad con una amplitud de análisis, sin caer en la ceguera de la falsa imparcialidad, por eso no me sorprende que haya asumido a Juanita como un personaje de una ciudad para, no solo conocerla más, sino desnudar las virtudes y pobrezas de su entorno, de una Arequipa que se interna al siglo veintiuno tratando de no hacerse ganar por el vertiginoso crecimiento poblacional y la falta de capacidad para resolver los problemas propios de una metrópoli.

Hay que leer este libro con ojos de cirujano, es decir, tratando de ver qué hay realmente debajo de la piel de sillar y cielo azul. Quienes se sumerjan a redescubrir la historia de Juanita, la de sus descubridores, van a ver que hay otras historias detrás, la historia de una cultura que resiste por más de 500 años el embate de la dominación, la de una ciudad que también va descubriendo sus riquezas, y las historias de algunos hombres contemporáneos que parecen más propios de una película de acción que de la vida real.

Y una de las historias que hay en el libro es la influencia de la cultura del altiplano en el territorio arequipeño. Ha sido práctica ancestral que los pobladores de las culturas que se levantaron alrededor del lago Titicaca se movilizaran hasta ocupar lo que hoy es territorio arequipeño, moqueguano y tacneño, llegando incluso hasta Lima, para comerciar e intercambiar productos, generando una dinámica comercial y de influencia cultura que se mantiene hasta hoy, a pesar de que muchos ciudadanos contemporáneos no quieran aceparlo o lo cuestionen, al punto de trasladar las responsabilidades del subdesarrollo a los pobladores migrantes.

El libro, la historia que ha recreado en este reportaje Enrique Zavala, también nos cuestiona y pone a prueba nuestras emociones. Es muy emotivo el pasaje en el que se cuenta el viaje de Juanita a los Estados Unidos; en el libro se dice que va a ser estudiada y lo que yo leo, y creo, es que va a decirle al mundo que nuestra cultura está intacta, que ella somos nosotros. Juanita no es una momia porque no ha recibido un tratamiento de momificación de un cadáver, han sido las condiciones climáticas las que la han conservado. No es una sacrificada o una ofrenda, es una mensajera, y está cumpliendo con ese designio. Ha sido enviada por los hombres a los dioses, y los dioses la han renviado para que nos hable de nuestra propia cultura, de nuestra fe. Ella va a los Estados Unidos, o al Japón, no solo para ser estudiada, sino para que nos cuente, como una viajera del tiempo, lo que hemos sido, y con ese conocimiento poder entender nuestro presente. Juanita ha pasado a ser una enviada de los hombres a ser una enviada de los dioses.

Enrique Zavala es uno de los que ha escuchado ese mensaje y ha escrito este libro para preservar la memoria. Me detengo brevemente en este asunto. Los ciudadanos debemos pensar siempre en aportar a nuestra sociedad con algo útil, no solo con nuestro trabajo, sino con nuestro conocimiento, y me parece que este libro es el aporte de Enrique Zavala a su ciudad. No solo está aportando un libro, además está contribuyendo al análisis y el cuestionamiento de nuestra realidad. No hay mejor manera de afianzar y fortalecer nuestra identidad cultural o nuestra fe si no es cuestionándola. No hacerlo nos pone al borde del dogmatismo y el fundamentalismo, dos de los mayores males de la historia.

El libro, como hemos dicho, nos presenta en modo de reportaje la historia no contada del proceso de hallazgo de Juanita, conocida con el erróneo apelativo de “La momia Juanita”, la de sus descubridores, Johan Reihard y José Antonio Chávez, y recrea lo que debió ser la capacocha ordenada por el Inca para pedirle a los apus, los dioses de la montaña, que cesen las desgracias generadas por la erupción del volcán Sabancaya, que hace 500 años, como ahora, estaba en proceso de erupción.

La historia comprueba la influencia de la cultura altiplánica en los lares arequipeños. Se cuenta que en una de las crestas del volcán Pichu Pichu se llegó a fotografiar un monolito pukara, de las mismas características de los que hay en el actual distrito lampeño. Se comprueba la toponimia aymara de valles, volcanes, montañas, de la misma manera como la influencia quechua en todo el territorio que abarca desde los Andes hasta las costas arequipeñas. Si bien existen varios estudios que abordan esta presencia altiplánica en territorio arequipeño, es el legado de Juanita, su vestimenta, los ritos que hay a su alrededor, las crónicas que lo sustentan, y las manifestaciones culturales actuales, que la recrean, confirman la presencia andina, y en particular altiplánica, en todo el ámbito de la costa surperuana.

Vale la pena leer el libro “La niña de los 500 años” de Enrique Zavala, está pulcramente editado por la empresa EY Perú y se puede también acceder al libro en formato digital de manera gratuita. Su lectura nos va a permitir reflexionar, además de repasar uno de los momentos más intensos de nuestra historia, sobre el proceso de construcción de nuestra identidad como ciudadanos peruanos. Las culturas precolombinas han logrado un importante desarrollo social, político, cultural y tecnológico; la invasión española ha influido poderosamente en la transformación de las condiciones sociales, culturales, políticas, económicas y religiosas de los pueblos federados a la nación Inca. La colonia nos transformó, pero no logró desaparecer los más importantes vestigios de aquella cultura andina, sus idiomas y prácticas y conocimientos ancestrales.

Las poblaciones que circundan el lago Titicaca, considerado sagrado hasta nuestros días, ejercieron una gran influencia cultural en la consolidación del estado inca, sin dejar avasallarse si acceder a su dominación. Es por ello que se entiende su presencia física y cultural en todo el ámbito del sur. Aun hoy, ya entrado el siglo veintiuno, rituales y prácticas culturales de aquellos años se mantienen vigentes, aun en la vida cotidiana. En el libro de Enrique Zavala podemos comprobar cómo aquella actitud de la época inca, tan cargada de religiosidad y respeto a la naturaleza a través de ceremonias y rituales en honor a los apus, está ahora vigente, pero en muchos casos invisibilizada, es decir, oculta a propósito, con el fin de sobreponer prácticas y manifestaciones culturales impuestas por los medios de comunicación.

Juanita está ya más de 25 años entre nosotros, develando los secretos de la época inca y de las culturas que se han desarrollado a su alrededor. Llama la atención, por ejemplo, las características de la vestimenta de la niña, con diseños y colores que hasta hoy se mantienen en los pueblos tradicionales, donde ninguna manifestación cultural es producto del azar, sino que todo tiene una explicación lógica, basada en la cosmovisión andina. Los colores rojo y blanco de la manta que envuelve a Juanita, con la distribución propia de la bandera nacional peruana, por ejemplo, explica y comprueba teorías como la concepción de la dualidad andina, los colores considerados masculinos y femeninos o los conceptos de belleza en referencia a lo sagrado y no como criterio artístico.

Si hiciéramos adecuadamente el ejercicio de lectura de la textilería o cerámica anida, podríamos entender mucho mejor el pensamiento del hombre andino, no con un criterio arqueológico, es decir de interpretación del pasado, sino como una mirada antropológica, que permita entender las condiciones sociales, culturales o políticas del ciudadano de hoy. El libro de Enrique Zavala, sin dejar de lado los criterios científicos, nos acerca de manera amigable a entender nuestra condición andina y fortalecer nuestra identidad andina.

El lago Titicaca es, en efecto, el lugar de donde se ha iniciado la cultura andina, la cultura peruana. Hay que leer con ojos contemporáneos nuestras manifestaciones culturales, en todo sentido. No hay que dejar en los casilleros del pasado lo que permanece vivo en nuestra vida cotidiana, tampoco hay que dejar que la influencia foránea cambie nuestros conceptos, el sentido de nuestras fiestas ni se tergiverse nuestra fe. Así como podemos santiguarnos frente a la Virgen de la Candelaria nos arrodillamos y ofrecemos a la tierra un tinku de coca. Este sincretismo, esta dualidad de nuestra cultura nos hace mejores, superiores.

La lectura de un libro como “La niña de los 500” años me ha permitido reflexionar en torno a nuestra cultura, la importancia de mantener vivas nuestras tradiciones y conocimientos ancestrales, fortaleciendo día a día nuestra identidad, no como un mensaje poético o ideal, sino como algo concreto y vigente, algo que nos permite ser lo que somos, ciudadanos del mundo y de la historia, sin olvidar la amplitud de nuestra aldea o la memoria ancestral.


El libro se puede leer haciendo click en el siguiente enlace: La niña de los 500 años


Fecha Publicación: 2022-03-07T18:23:00.001-08:00

En la página 7 de la edición del domingo 6 de marzo de El Diario de Cusco, aparece mi artículo "Intensidad de las formas, en un libro de Yeny Tejada", a raíz de la lectura de su libro "Besando la inmortalidad". Esta silla siempre dispuesta a la buena lectura.


Intensidad de las formas, en un libro de Yeny Tejada

Por: Alfredo Herrera Flores

En las palabras de presentación de su libro “Besando la inmortalidad” (Gaviota azul editores, 2018), la escritora arequipeña Yeny Tejada cuenta al lector que, luego de una etapa juvenil de creación literaria, dedicó su quehacer artístico a la pintura y fotografía, además de cumplir las exigencias académicas propias de su profesión, pero luego, pasado el tiempo, retomó el ejercicio literario. “Rompí mi silencio”, dice, y, renovada, se propuso no solo recuperar un supuesto tiempo perdido, sino ejercer su vocación literaria con la seriedad y madurez que se requiere.

Esta confesión solo explica circunstancias temporales, pues, como ya es sabido y muy repetido, es el poema, o la obra literaria, la que se valora en su esencia, sin que el lector requiera de influencias externas que lo ayuden a prejuzgar la lectura que va a emprender. Es, al momento de un análisis exhaustivo del texto, cuando se indaga por mayor información para terminar de interpretar adecuadamente la obra leída y disfrutada.

“Besando la inmortalidad” se convierte, luego de esa nueva etapa creativa en la vida de la escritora arequipeña, en su primer libro, y se trata de un conjunto de poemas en el que salta a la vista una de sus principales cualidades, que es la de experimentar en la construcción y formalidad de los poemas. No hay una unidad respecto a la presentación de cada texto, los poemas “no se ven” uniformes, y esto constituye una riqueza que hay que valorar, pues cuando se trata de romper esquemas, se debe saber y dominar los criterios generales de las reglas de la literatura.

Así, la lectura de los poemas de este libro nos va llevando de sorpresa en sorpresa. Así como hay textos ordenados en versos y estrofas, hay otros que ocupan el espacio visual sin un orden aparente, muy cercano a las propuestas vanguardistas, lo que termina dando al conjunto una intensidad visual propia de los textos experimentales. Yeny Tejada maneja el verso libre con una fluidez notable, con una autonomía propia de la poesía de búsqueda, que es como debe desarrollarse la indagación creativa en cualquier arte.

Respecto a la temática del libro, se abre un abanico de propuestas que van desde la poesía amorosa y erótica, hasta la reflexiva, la que busca explicaciones en los actos cotidianos. Hay poemas que guardan relación entre sí al seguir la pista de las dedicatorias; en ellos, la poeta despliega con serenidad sus sentimientos y afectos, sin sobreponerse a un yo poético ya definido en todo el conjunto.

Si bien hay una fuerte carga romántica, o amorosa, en el conjunto, llama la atención aquellos poemas donde la reflexión se centra en la palabra, como objeto inspirador y de reflexión. Dice, por ejemplo, en uno de sus poemas: “La palabra/ mi arma más afilada/ destrozo mi corazón y el ajeno/ el amor dicho de tantas maneras”. Y dice en otro: “Escudriño las palabras detrás de las palabras/ rompiendo el silencio del raciocinio las desmenuzo”.

“Besando la inmortalidad” es un primer libro de Yeny Tejada intenso, tanto en su forma como en su temática, que es oportuno valorar. Luego de esta primera publicación, la autora arequipeña ha publicado un interesante volumen de haykus, “Hechizos de diosa” (Amantes del país ediciones, 2019, y Gaviota azul editores, 2019), con el que confirma su dominio de las formas en la construcción de los poemas, en una propuesta tan difícil como es el modelo oriental.



Fecha Publicación: 2022-02-27T07:55:00.004-08:00

En la edición de hoy de El diario de Cusco, página 6, se publica una breve nota sobre el libro de la poeta Eldi Toro. Esta silla se alegra con la buena poesía de los amigos. Ahí va. 

Foto: El Peruano

Sobre el libro “Lud & Ka”, de Eldi Toro

Por: Alfredo Herrera Flores

Nacida en Lima, pero con amplia trayectoria laboral y cultural en el norte del país, la poeta Eldi Toro es una de las voces que ha mantenido una frescura poética ajena a las circunstancias impuestas por los medios de comunicación o por la banalización en la que ha derivado la literatura por influencia de las redes sociales.

Cronológicamente perteneciente a la generación peruana del setenta, su producción poética aparece en una serie de revistas, antologías, cuadernos colectivos y páginas electrónicas, desde donde se le ha prestado una atenta mirada y valorado la calidad de su poesía. Es, ahora, una reconocida voz de la poesía peruana contemporánea.

El año 2019 de publica un breve poemario suyo bajo el título de “Lud & Ka” (Ángeles de papel, editores) que podría muy bien sintetizar las características y alcances estéticos de su propuesta poética. Se trata de poemas breves, algunos fechados desde el año 2000, lo que prefigura un trabajo sostenido y paciente de la palabra para derivar en su publicación. Este gesto nos presenta, desde ya, a una autora que asume el ejercicio literario con una seriedad y madurez que nos permite leerla con suficiente confianza.

El título nos anuncia el juego, el acertijo literario con que irá desarrollando su discurso, y que nos induce a una múltiple lectura de sus versos, lo que, consecuentemente, nos puede llevar a una múltiple interpretación de sus mensajes. Pero este proceso de adivinanza, de supuesto rompecabezas, va proponiendo temas y situaciones que configuran la perspectiva de la poeta respecto a asuntos cotidianos como el amor, la soledad o el tiempo.

La intensidad de poemas como “Sándalo & orquídea”, nos refleja el espíritu de una mujer que, así como se entrega a la pasión, busca la estabilidad de su espacio, de su mundo, que es, finalmente, el mundo en el que se desenvuelven quienes están a su alrededor: Leamos: “Inicio el doméstico ritual/ Toallas húmedas / Cama revuelta/ Ropas dispersas/ Aguardan/ Intento el orden/ (…) Sudores / sabores / acuosos humores confundidos/ Abrazo perfecto/ Casi muerte/ Una vez y otra/ Intento el orden.”

Como un hilo conductor de los poemas, aunque evidentemente independientes y autónomos, la voz de Eldi Toro se irá desenvolviendo en un constante juego de palabras, ideas, conceptos y formas verbales y visuales, sin desviarse por la sencillez, la trivialidad o la banalidad: “A u r o r a/ Alza vuelo Colibrí/ En fronda de verdes sauces/ lirios orlados   Azabache   Lisura en piel/ Miel perlas / Corales   Son risas”.

A lo largo del conjunto poético, Eldi Toro asume la responsabilidad de indagar por distintas formas de expresión poética, y construye de manera fragmentaria, como si se tratara de un ejercicio lúdico, un discurso que fluye conforme aborda otros temas como la nostalgia, la feminidad o la crítica social. Esos ensayos le permiten evitar signos de puntuación o añadir otros para darle ritmo y armonía al poema, que, al trasladarse a la lectura, ayuda a conformar su mensaje final.

Merece una lectura particular, aunque pareciera que sale del esquema o el orden temático que propone Eldi Toro en este libro, el poema titulado “Latido Ayotzinapa”, en el que recuerda la desaparición forzada de 43 estudiantes mexicanos en Iguala, Guerrero. La propuesta no es precisamente una manifestación social, para encasillarla en la parte social de la poesía, sino más bien es un acto de reclamo y solidaridad desde la sensación maternal: “Te grito desde mi maternidad adolorida/ Te invoca mi costado desangrado/ Sostengo tu quebranto en la falta de mis hijos concebidos/ con coraje   esperanza    y amor.”

Merece la poesía de Eldi Toro la lectura atenta su poesía, de sus relatos y propuestas culturales, que también se han publicado y difundido a través de diferentes medios, y, al mismo tiempo, por sus actividades de promoción cultural.

 



Fecha Publicación: 2022-02-24T05:49:00.004-08:00

En la revista venezolana Letralia se publica este texto, a raíz de la lectura del libro premiado de James Quiroz (Trujillo, 1984), "En los bosques de infinita música" (Ediciones Copé, 2021), donde la brevedad de los poemas es una de las más resaltantes características. Ahí va.


El barco ebrio

Intimidad y brevedad en un libro de James Quiroz

Por: Alfredo Herrera Flores

 

En un verso de su poema “Estética”, el poeta James Quiroz desliza una interesante confesión. Dice: “Los poetas audaces llaman más mi atención…”. Inmediatamente después el lector se pregunta quiénes son los poetas audaces y qué características tiene su obra. Quiroz menciona solo a dos: Cummings y Rimbaud, en ese orden. Dice de ellos que son “música total”, que “se vuelcan a vivir” y que le gustaría ser como ellos.

Las características comunes de sus obras, entre el vanguardista norteamericano y el simbolista francés, se pueden rastrear e, identificar, fácilmente, porque ambos trasgreden los formalismos y, especialmente el francés, imponen el verso libre en la escritura de sus poemas. Hay otro dato que los acerca: de la muerte de Rimbaud (1891) al nacimiento de Cummings (1894), hay un breve trecho, que podría significar, si esa fuera una de las intenciones de Quiroz, una continuidad temporal que los une. Hay, entre ellos, sin embargo, muchas diferencias, como la corta vida y obra de Rimbaud y la larga y prolífica de Cummings.

Las biografías y obras de e. e. cummings (como firmaba) y de Arthur Rimbaud son harto conocidas y estudiadas, por lo que no viene al caso detenerse en ellas en esta ocasión, pues lo interesante del poema de James Quiroz radica en la manera como se acerca a estos dos poetas, que de hecho lee y admira, en medio de una propuesta poética que no es precisamente tan transgresora como la de ellos.

El poema “Estética” conforma el volumen “En los bosques de infinita música” (Ediciones Copé, 2021), con el que el trujillano Quiroz obtuvo el premio Copé de Plata de la XIX Bienal de Poesía que convoca la empresa peruana Petroperú. La principal característica del libro premiado es la brevedad de los poemas, que, en tiempos en que la poesía se despabila y desborda hasta la banalización, sería una muestra de trasgresión formal.

El poema más “extenso” del libro no supera los veintidós versos, la mayoría tienen cinco o seis versos, y algunos alcanzan un promedio de diez. Este dato, más que un repaso matemático de dimensiones, tiene que ver con la difícil tarea literaria de elaborar mensajes complejos con pocas palabras. No se trata, como podría confundirse, con una influencia oriental, de haikus o tankas, pues, a diferencia de estos, que se refieren a la naturaleza, el paisaje o la reflexión vital, los poemas de Quiroz se refieren a temas más abiertos, como el exilio, la vejez o la cultura de su región de origen.

El intimismo que asume Quiroz a lo largo del libro se refleja desde el primer verso: “A los nueve años comprendí que iba a morir./ Sentado entre los mayores, mis ojos despertaron/ dentro  de los ojos ebrios de mi padre.”  El siguiente poema es también muy personal y tiene un inicio intenso: “Mi cuerpo, hermoso cadáver/ consagrado a ritos y placeres.” De esta manera, se traza el derrotero del libro, la intimidad del poeta que conlleva a una meditación de los alcances de su propia experiencia: “No sé por qué ni para qué escribo esto”, dirá en un poema sobre el perdón.

De las cuatro secciones que conforman el libro, dos son interesantes por la forma y temáticas propuestos. La segunda parte, titulada “El fuego en la lengua”, contiene poemas de cinco versos, en los que el poeta despliega una voz abstraída en busca de explicaciones. El poema “Exilio”, por ejemplo, dice: “Y un día me buscarás/ En los cementerios marinos/ En las chacras fumigadas/ Sitios inadvertidos/ En donde nunca te atreviste a buscar”.

La tercera parte del libro, “Bonzos”, contiene poemas igual de breves, dedicados a personajes del arte que, seguramente, son quienes han motivado mucho de la experiencia literaria de James Quiroz. Es interesante el poema titulado “Eielson”, notable poeta y artista plástico de la generación peruana del cincuenta, cuya fina e irónica poesía lo llevó a ubicarse entre los principales autores latinoamericanos y sus pinturas e instalaciones con cuerdas, telas y nudos llamó la atención de la crítica especializada. Dice el poema “Eielson”: “Roma nos/ acoge con asombro nos/ hace un nudo/ en/ la garganta”.

Acertada la decisión del jurado de turno de un premio tan prestigioso como el que otorga la Bienal de Poesía, que ininterrumpidamente convoca Petroperú desde hace más de cuarenta años, al celebrar una producción que va rompiendo los moldes que la velocidad de las comunicaciones virtuales va imponiendo. A pesar de la brevedad de los mensajes virtuales, la literatura que muchos poetas jóvenes proponen más bien va por los textos de largo aliento; sin embargo, la temática se ha trivializado, enfrenta la condición humana superficialmente. La poesía de James Quiroz parece proponer una estética contraria, reducir el texto sin afectar la profundidad temática. No se descuidan los temas importantes de la poesía, que son los del ser humano, pero tampoco la brevedad le quita profundidad ni intensidad. Quiroz nació en Trujillo, norte del Perú, es abogado de profesión y ha escrito sobre esa especialidad, al mismo tiempo ha publicado los libros de poesía “La noche que no has de hablar” (2010), “Rock and roll” (2015) y “El libro de los fuegos infinitos” (2018).



Fecha Publicación: 2022-02-07T06:24:00.005-08:00

En la página 8 de El Diario del Cusco, del domingo 6 de febrero, se publica esta breve nota sobre el libro "Manantiales", del poeta Willy Gómez Migliaro. Invitados a la lectura.


Una lectura de “Manantiales”, de Willy Gómez Migliaro

Por: Alfredo Herrera Flores

 

El nombre de Willy Gómez Migliaro es conocido y familiar en el ámbito de la poesía peruana contemporánea. Miembro tardío de la generación del ochenta, denominación hasta ahora muy general para referirse a aquella etapa tan difícil política y culturalmente para el país y al mismo tiempo tan productiva para la literatura peruana, nacido en Lima en 1968, ha reunido en las dos últimas décadas varios libros de poesía con una calidad uniforme y definida.

La lectura de su último libro, “Manantiales” (ícata, 2021), me trajo el recuerdo de algunas palabras del poeta arequipeño Alberto Vega, notable vate de la década del sesenta, que decía que los primeros versos de un libro eran fundamentales, porque definían tanto el curso de los poemas como al autor.

Cito los primeros versos de Manantiales, en el poema “La llegada”: “En un pueblo se une mi torre de pájaros./ Si lo entiendes mejoraría esa escritura/ que felizmente no dice nada.” En estas tres primeras ideas, o imágenes, podríamos ya establecer una relación directa con la propuesta estética de este poemario: la indagación del yo poético, la dependencia con el lector inexplorado y la esencia de la naturaleza de la poesía.

Este va a ser el hilo conductor del libro. El conjunto tiene una densidad léxica que genera en el lector inmediata interacción, debido a que el poeta se refiere a situaciones cotidianas de un espacio geográfico muy atractivo y definido, ya sea por la nostalgia o las imágenes de un paisaje vivo, y, luego, propone una reflexión respecto a su propia experiencia.

Willy Gómez Migliario ha establecido su residencia transitoria en Cusco, en Paucartambo y Urubamba, ejerciendo labores de docencia, y se ha integrado tanto a la sociedad local como al movimiento cultural de Cusco. Esta experiencia es también tema central de su libro: “Durante mi estadía me enteraba de la muerte y el juego,/ entonces salía por las noches y volcaba mi cuerpo/ entre pequeños abismos, y ahí estaba el día siguiente/ a orillas del río Mapacho…”, dice, por ejemplo, en su poema “La clásica perspectiva aérea”.

Esta temática también se va a desarrollar de manera sostenida a lo largo del libro, y van a aparecer personajes, paisajes y circunstancias que, a su vez, van a generar sorpresa, extrañeza y simpatía en el poeta. Pero, sobre todo, van a generar un lenguaje que Willy Gómez ha ido indagando en libros anteriores, como en “Construcción civil” (Paracaídas, 2013) o “Pintura roja” (Paracaídas, 2016), donde la temática social, el ámbito urbano, los conflictos culturales o las manifestaciones culturales marginales ocupan el espacio de las expresiones poéticas.

La responsabilidad de los escritores para con su entorno, ya sea en acento lírico o en tono panfletario, no es un asunto que se pueda dejar de lado tan fácilmente. Al margen de los extenuantes debates teóricos y políticos sobre estos temas, en la poesía de Willy Gómez Migliaro se presenta de manera equilibrada esta dualidad, sin que necesariamente deba ubicarse en los extremos, o en uno de ellos: “Ayer jalaron los cables y las primeras pisadas sobre los adobes/ asombraron telas de arañas abajo. Espacio/ de las sensaciones./ Al otro lado hay esfuerzo de cosecha.”.

Se hace muy interesante la propuesta temática de Willy Gómez en este volumen uniforme; esta idea de recoger la cotidianeidad de un espacio que era visto como un paisaje, bucólico o romántico, y que no alcanzamos a reconocer como un universo tan o más intenso que los espacios urbanos, donde el hombre se enfrenta cada día a sus íntimas y profundas batallas. No hay ya personajes a quienes reivindicar culturalmente, sino personajes a los que hay que celebrar, tanto como a la lluvia, la cosecha o el milagro de los días que no se detienen.

Vale anotar el entusiasmo que el poeta Willy Gómez demuestra tanto para el ejercicio de su profesión en el campo de la educación como para su vocación de escritor, al promover encuentros poéticos, festivales y reuniones y enlaces virtuales para difundir actividades culturales y literatura desde Cusco.





Fecha Publicación: 2022-02-06T11:11:00.001-08:00

 En la revista venezolana Letralia se publica un artículo sobre los últimos libros del escritor y profesor universitario Miguel Ángel Huamán Villavicencio, un interesante aporte al análisis no solo de la literatura contemporánea sino al estudio de aquellos fenómenos comunicacionales del nuevo siglo. Invitados a la lectura.


Tres libros sobre crítica literaria de Miguel Ángel Huamán

Escribe: Alfredo Herrera Flores

Con o sin razón, el ejercicio de la crítica literaria en el Perú, y al parecer en América Latina, no es lo suficientemente difundido, valorado y entendido. Por el contrario, autores, editores y lectores manifiestan una queja común: que los críticos literarios no alcanzan a analizar gran parte de la producción literaria contemporánea, sus métodos de investigación son obsoletos o no han asimilado los cambios de las manifestaciones culturales, sus aportes no han ayudado mucho a la renovación de la literatura, especialmente en los jóvenes escritores.

Hay, por supuesto, otros aspectos que los críticos literarios no alcanzan a satisfacer respecto a las expectativas de los escritores, quienes, desde hace muchas décadas, han decidido dejar de lado las opiniones de los estudiosos para no encasillarse en sus teorías o ser víctimas de sus omisiones, olvidos o descuidos. Sin embargo, el oficio de la crítica está más activo que nunca, y hay muchos autores que dedican lecturas y análisis a las obras literarias contemporáneas no sólo con el objetivo de entenderlas, sino de comprender el mundo que reflejan y cómo contribuyen a mejorarlo.

Efectivamente, tal parece ser el punto central de la crítica literaria, que no debe ir en un camino paralelo al de la creación literaria, sino de buscar los puntos de confluencia e intersección para aprehender la realidad contemporánea y, a través de un nuevo ejercicio creativo, proponer mecanismos de renovación de la sociedad, de las realidades que la afectan y de las maneras en que debe enfrentarlas.

Huamán Villavicencio ha reunido en tres volúmenes, publicados sucesivamente en abril, mayo y junio de 2021, varios artículos y ensayos sobre temas contemporáneos.

La preocupación por entender el mundo contemporáneo, asediado por la globalización de la economía y la violencia de las tecnologías de la comunicación, ha motivado que Miguel Ángel Huamán Villavicencio, profesor principal de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, dedicara varios libros, artículos y ensayos para analizar tanto la producción literaria contemporánea en el Perú como los alcances del ejercicio de la crítica literaria.

El año 2021, tan dramático en el mundo como producto de la incidencia de la emergencia sanitaria provocada por la presencia del Covid-19, ha sido, también, muy productivo en el campo de la reflexión sobre la condición humana, los cambios sociales de la humanidad y las perspectivas de asuntos como la creación y el consumo del arte, la educación y la política global. Huamán Villavicencio ha reunido en tres volúmenes, publicados sucesivamente en abril, mayo y junio de 2021, varios artículos y ensayos sobre temas contemporáneos, como la tecnología de las comunicaciones, la solidaridad humana o las perspectivas de las poéticas, en el campo de la literatura.

Humanidades digitales, una experiencia; Una poética del mañana, teoría literaria del siglo XXI, y Palabras que debo decir, ensayo sobre las imágenes de nuestra identidad nacional(Dedo Crítico, UNMSM y Apóstrofe, 2021), de Miguel Ángel Huamán. jgomez

En efecto, los títulos Humanidades digitales, una experienciaUna poética del mañana, teoría literaria del siglo XXI, y Palabras que debo decir, ensayo sobre las imágenes de nuestra identidad nacional (Dedo Crítico, UNMSM y Apóstrofe), condensan el pensamiento y la propuesta de Miguel Ángel Huamán sobre el papel de la crítica literaria, las teorías del discurso, la influencia de los medios de comunicación en el devenir de la sociedad, el análisis de la identidad nacional, el problema de la estética en un ambiente dominado por el espectáculo, la ecología como nueva manera de entender y enfrentar la crisis de las humanidades o cómo afecta a la sociedad el nuevo rumbo de la educación a través de la tecnología.

Si la lectura de la literatura y la crítica literaria fueran de la mano, la formación ciudadana sería más dúctil y dócil.

La lucidez y oportunidad con que se asumen los problemas contemporáneos a través de la crítica literaria, sin que se confunda con la filosofía, el análisis sociológico o la opinión pasajera del periodismo, es una de las características del pensamiento de Huamán, que a través de estos tres últimos libros se ordena y consolida, en un ambiente donde hay que impulsar y promover mucho más la lectura crítica por parte de los estudiantes universitarios, los jóvenes escritores, los lectores impenitentes y los propios críticos literarios que no suelen salir de los pasillos universitarios para poder entender mejor el mundo.

La vasta mirada analítica que despliega el profesor Miguel Ángel Huamán a través de los tres libros publicados el año 2021, puede ayudarnos a enfrentar los nuevos escenarios que se configuran en el mundo, donde los seres humanos hemos sentido el golpe de la falta de solidaridad, la incomunicación, la inseguridad, las crisis de la salud pública y la corrupción. Si la lectura de la literatura y la crítica literaria fueran de la mano, la formación ciudadana sería más dúctil y dócil, no tendríamos que asustarnos del ejercicio del pensamiento, como suelen asustarse los niños por las matemáticas y las fórmulas químicas.

Promover la lectura y el pensamiento crítico en un mundo donde las comunicaciones virtuales se han hecho cotidianas, equivale, coincidiendo con Huamán Villavicencio, a la formación de ciudadanos sensibles, críticos, proactivos y creativos. La crisis de nuestro tiempo se concentra en la incapacidad de entender al otro, de nuestra falta de solidaridad y la ausencia del sentido de la ética al momento de tomar decisiones. La propuesta del profesor sanmarquino apunta a este objetivo, tanto desde el ámbito universitario como de la comunidad en general.


Fecha Publicación: 2022-01-31T10:43:00.003-08:00

Es importante destacar el reconocimiento que ha obtenido la poeta Carolina O. Fernández al obtener una mención honrosa en el Premio Casa de las Américas de Poesía, en La Habana, Cuba, por su libro "Bordando quilkas", es una buena y alentadora noticia para la literatura peruana. Aquí una breve nota de celebración y repaso de sus últimos libros, que aparece en la edición del domingo 30 de enero de El diario de Cusco.


Poeta Carolina O. Fernández premiada en Cuba

Por: Alfredo Herrera Flores

 

Los premios literarios son de aquellos momentos en los que se congrega la atención de ganadores y perdedores con una misma predisposición: aceptar los resultados. Pero resulta que, a diferencia de otros eventos de competencia, todos los participantes consideran que los resultados son una extraordinaria oportunidad de aprendizaje y de renovación con el compromiso artístico.

El solo hecho de participar en un premio literario, que cada vez más convoca a un alto número de escritores en busca de dar un nuevo paso en su camino a la gloria, ya es un ejemplo de que cada uno de ellos está seguro de que está escribiendo bien, que está satisfecho con su obra. Y los premios, así como las organizaciones que lo convocan o la ciudad que los acoge, se prestigian y valoran.

Uno de estos casos es el premio literario Casa de las Américas, que se convoca en La Habana, Cuba, desde hace más de 60 años. Al margen de las cuestiones y posiciones políticas, que deben ponerse por debajo de las consideraciones artísticas, el premio sigue teniendo una vigencia importante y una influencia en el panorama de la literatura hispanoamericana. En la versión 2022 que acaba de concluir en la capital cubana, una compatriota nuestra ha logrado una de las menciones honrosas en el premio de poesía.

Se trata de la escritora limeña Carolina O. Fernández, que, con su libro “Bordando quilkas”, ha alcanzado esta distinción. Es oportuno mencionar a Carolina O. Fernández porque precisamente el año 2021 ha publicado un interesante libro de poemas titulado “Rumikuna del mar”, y que debe estar emparentado en lenguaje y temática con el que acaba de ser premiado.

“Rumikuna del mar” (Hanan harawi editores, 2021) es un libro que conjuga un lenguaje que recrea una de las características de nuestra identidad, el uso del idioma español con presencia de vocablos y elementos lingüísticos provenientes del quechua. Este ensayo da como resultado una poesía accesible al lector, pues el buen uso de las palabras y sus significantes, provoca una lectura liviana y muy comprensible, sin que esto afecte el mensaje o la calidad de la expresión.

En su poema “Iscay” (Dos) dice, por ejemplo: “Mi wawa y yo vimos barcos fantasmas”. No dice “mi bebé” o “mi niño”, sino usa una palabra común en español pero que proviene del quechua y no es en absoluto ajena al contexto de nuestra cotidianeidad. A lo largo del libro, cuyos poemas se irán numerando en quechua, en números arábigos y luego en números romanos, se van a ir encontrando vocablos, personajes, lugares y expresiones quechuas y andinas, que enriquecen el mensaje de los poemas.

En su libro anterior, “No queremos cazar la noche” (Hipocampo editores, 2019), Carolina O. Fernández aborda a través de la poesía la realidad social, aquella que guarda en sus espacios oscuros la injusticia, el hambre, la violencia doméstica y la marginación. Es firme y extrema en su lenguaje, adecuado para la temática a la que se refiere y denuncia. Dice, por ejemplo, en uno de sus poemas: “La niña de los ojos rotos/ mi hermana ultrajada en nombre de Dios”, y es solo una parte de todo un mensaje cultural que denota denuncia.

Los poemas de Carolina O. Fernández cuestionan, a través de la belleza del lenguaje, las enormes brechas sociales y culturales de nuestra sociedad, lo que la identifica como una poeta de la conciencia, social y humana, sin que se ubique en el extremo social o panfletario. La obra de la autora peruana, ya premiada en eventos y certámenes literarios en el Perú, da un nuevo paso firme en la madurez de su propuesta estética con el reconocimiento del premio Casa de las Américas, lo que celebramos. Carolina O. Fernández es también docente de la Universidad Nacional de San Marcos y doctora en ciencias sociales, ha publicado varios libros de poesía y estudios críticos sobre literatura peruana.


De: El diario del Cusco, edición del 30 de febrero de 2022.


Fecha Publicación: 2022-01-24T14:53:00.000-08:00

El festival de poesía Enero en la palabra vuelve este 2022, luego de un año de haberse suspendido debido a la emergencia sanitaria. Hay que celebrarlo. La nora se publica en el Diario del Cusco, el domingo 23. El festival se inaugura el 27 en Cusco. 

En enero la poesía se queda en Cusco

Por: Alfredo Herrera Flores

 Luego de que se suspendiera por un año, debido a la crisis sanitaria que todos conocemos y sufrimos, vuelve el festival de poesía sur andino “Enero en la palabra”, que se desarrollará del 27 al 29 de este mes y que, durante los últimos 26 años ha hecho de Cusco el centro de atención de la literatura peruana. Es, por supuesto, una buena noticia que se debería difundir y valorar mucho más.

Para los círculos literarios locales, la historia es ya conocida: hace 26 años, un grupo de jóvenes poetas cusqueños, agrupados en diferentes colectivos culturales, se unieron para realizar un festival de poesía, con el objetivo de compartir y difundir su creación literaria. Ese primer acto se recrearía cada año, en el que se fueron incorporando poetas nacionales y extranjeros, hasta convertirse en uno de los principales festivales de poesía del país.

Varios de aquellos jóvenes de entonces, han ido consolidando su trabajo literario publicando libros e incorporándose al siempre injusto panorama de la literatura nacional; si embargo, otros, como es natural, han dejado de publicar sus libros o de participar en este tipo de eventos, abriendo una brecha entre la expectativa de la producción poética en nuestra ciudad y la consolidación de por lo menos dos generaciones poéticas.

Pero al mismo tiempo, durante la vigencia del festival, se han ido incorporando jóvenes escritores y escritoras que, asumiendo responsabilidades en la organización anual del evento, han renovado el proceso de creación poética en una ciudad como Cusco, con tanta y tan fuerte tradición literaria a nivel nacional e internacional.

Para los círculos nacionales, el festival “Enero en la palabra” se ha convertido en uno de los certámenes literarios más importantes y atractivos, lo que ha motivado, a su vez, el interés de participar y de coincidir con escritores consagrados. La lista de estos autores consagrados es larga y, por su puesto, es una de las columnas en las que se sostiene ahora el festival y uno de los motivos por el que hay que apoyarlo, difundirlo y promoverlo.

Hay que reiterar que quien más se beneficia de este festival es la ciudad del Cusco. Y justamente parecieran ser las autoridades y las instituciones culturales las que no logran ver este beneficio. Cusco es, también hay que reiterar, la ciudad más importante del Perú respecto a la difusión de la cultura, y si bien el festival “Enero en la palabra” es una iniciativa particular, sin interés comercial ni de lucro, en cada edición atrae la atención de miles (y la cifra no es exagerada) de interesados en todo el mundo.

La difusión del evento a través de las redes sociales debería ir de valores agregados que son responsabilidad de las autoridades. Sin embargo, en lugar de aporta a las iniciativas exitosas de nuestra ciudad y nuestros artistas, se elige apoyar propuestas extranjeras que no alcanzan ni la calidad y relevancia que tienen los artistas que acceden a “Enero en la palabra”. Se ha llegado, lamentablemente, a negar, por ejemplo, la publicación por parte de la Municipalidad Provincial de Cusco de los libros ganadores de un concurso literario internacional, con la excusa de que la ganadora del certamen de poesía “es muy joven para publicar”, y de paso a eliminar un proyecto de festival internacional que ya habría puesto a Cusco en la atención de la literatura y las artes de América Latina.

 El festival “Enero en la palabra”, que este año celebra sus 25 ediciones (con una edición suspendida), es, más que un encuentro de escritores y un espacio para difundir la nueva poesía peruana, una propuesta cultural que debería estar estrechamente unida a los planes de promoción y difusión cultural de nuestras instituciones, que generarían, incluso, el desarrollo efectivo de la cadena de las industrias culturales, y eso sólo será posible si tenemos conciencia de la necesidad de contar con políticas culturales adecuadas, modernas, incluyentes y con proyección al futuro.



Fecha Publicación: 2022-01-21T15:33:00.002-08:00

 Este breve conjunto de poemas se publicó esta semana en la revista Crear en Salamanca, que dirije José Amador Martín Sánchez. La nota sale gracias a la gestión del poeta Alfredo Pérez Alencart. Esta silla comparte agradecimientos, honores y poesía.


SIETE POEMAS DEL PERUANO ALFREDO HERRERA FLORES

 

El poeta peruano Alfredo Herrera

 

Crear en Salamanca tiene la satisfacción de publicar siete poemas Alfredo Herrera Flores (Puno, Perú, 1965), estudió literatura y periodismo y tiene estudios de maestría en literatura latinoamericana, mención estudios culturales, y de comunicación para el desarrollo. Ha obtenido el Premio Copé de Oro de la VII Bienal de Poesía, en 1995, en 2016 fue finalista del premio internacional de poesía “Pilar Fernández Labrador”, de Sevilla, España. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía “Elogio de la nostalgia” (prólogo de Pablo Guevara, Lluvia editores, 1995), “Montaña de jade” (ediciones Copé, 1996; Hijos de la lluvia, 2021), “Mares” (Lago sagrado editores, 2002), “El laberinto” (2008), “Coca” (2009), “Mare nostrum” (Universidad Nacional del Altiplano, 2013), “Mar de la intensidad” (Cascahuesos editores, 2014), “Falsedad bellísima” (Cascahuesos – cartonera editores, 2015), “Causas naturales” (prólogo de Marco Martos, La Travesía editores, 2019), “Acerca de la palabra imán” (Hijos de la lluvia, 2020). Ajeno a los circuitos comerciales de la literatura, es, sin embargo, uno de los autores contemporáneos más interesantes e influyentes de la literatura peruana.

 

 

 

De: “Montaña de jade” (Ediciones Copé, 1996)

 

OCTUBRE

 

Se desnuda la calandria,

cierra los ojos,

se desnuda,

se cubre la idea, feliz,

el espacio de su existencia

y el recuerdo en su pico,

flor y campos azules,

y acusada de intención

la calandria desnuda

emprende vuelo

sobre la verde

Montaña Yangming.

Nadie pregunta.

 

 

INMÓVIL FRENTE AL MAR

 

…y se enfrentó, imperturbable,

al destino severo de sus días y

contempla, hasta hoy, desde la extraña aurora

cómo nace un silencio que por la tarde

muere como un recuerdo

—miradas, despedidas— y renace más tarde en medio

de una canción, no espera que sea su propia sombra,

la que pronuncie las últimas

palabras a las que ha sido condenada

con esta partida…

 

 

De: “Causas naturales” (La Travesía, 2019)

 

LA CASA

 

Somos la mañana con su tarde

            y su inevitable noche.

 

Somos el día que nos da

en esta casa o en la otra.

Somos las cuatro o cinco paredes

que nos acogen esta noche,

            ojalá mañana.

 

La casa que nos cobija somos

con sus clavos y sus sorprendidos

huecos en las paredes

            ¡y hasta la vereda de enfrente nos pertenece!

 

Somos la casa y la ciudad

aunque no tengamos ciudad ni casa,

no sepamos a dónde ir ni

a dónde volver: si a la ciudad o a la casa.

 

En esta casa somos más que nosotros tres:

somos la casa y su mesa y la leche

y el gatopardo en el jardín,

somos los tres tomados de la mano

acomodando un jarrón y

mirando por la ventana.

 

 

UNA ESTRELLA

 

Una estrella de terciopelo habita mi corazón,

arde, desborda melancolía,

reina y guerrea todo el tiempo,

a media luz y a sol tendido,

durante la oscuridad y en el silencio,

susurra en sueños canciones y viejas historias,

recuerda fantasmas y demonios, ángeles y oscuros caballeros.

 

Estrella celeste de pandereta y sombrero

que convive en armonía con la tarde,

vuelve aunque no se vaya,

adivina el rostro de quien

se acerca a mi corazón como el agua

que todo lo refleja en la calma.

 

Una estrella enterrada

en mi corazón no deja de latir,

a pesar de haber sobrevivido

al más crudo de los inviernos y a la más

clara de las primaveras.

 

 

 

De: “Acerca de la palabra imán” (Hijos de la lluvia, 2020)

 

ACERCA DE LA PALABRA IMÁN

 

Uso muchas veces las palabras soledad, nostalgia,

noche, mar, serenidad; las repito

y dibujo en cada línea que mi corazón me dicta

cuando la soledad me sumerge en la nostalgia.

 

Diría alguien que soy un hombre triste,

sombrío, inmerso en una rara serenidad,

como si todo el tiempo mirara al mar,

y tendría razón.

Otro alguien diría que soy un hombre feliz,

que disfruto esta calma que me da el tiempo y

los recuerdos de los que vivo, y tendría razón.

 

Pero nadie sabe que, digo en silencio, como una letanía,

la palabra imán, que la repito en un tono sin sentido,

que la uso todo el tiempo

para alejar aquellas otras que me hacen

un hombre triste y feliz.

 

 

PARA DEVORAR A LA VÍCTIMA

 

No es extraño que mi bostezo alimente

las flores de terciopelo que cada mañana brotan

de tu espalda.

Cada vez que el sol toca el agua estancada

            en mi jardín se produce un temblor de tierra

            y tú abres los ojos.

Solamente espero un cielo abierto,

            azul al extremo, de manera que pueda

            observar el paso de caballitos de mar,

            entonces tocaré tus manos con la confianza de un ciego.

Imito muchas veces al día

            el canto de ciertas aves que llegan a tu puerta.

            Aunque sigas dormida a mi lado,

            las aves despistadas no saben que cada noche

            dejas tu ventana en un macetero azul

            para que libremente pueda besar tus hombros de humo.

Diversas formas ensayo para no abandonar tu presencia,

            me aferro a tu sombra, tu aroma de mujer solitaria,

            al color de tus ojos, y solo he conseguido

            que mi cuerpo mude de color cada madrugada.

Abiertas las ventanas para dejar salir la oscuridad, abiertas las puertas

para que las flores asomen, todo dispuesto para devorar a la víctima,

            la chimenea adornada, aunque no sepamos para qué sirve.

 

 

 

De: “Mare Nostrum” (Universidad del Altiplano, 2013)

 

ORACIÓN

 

A solas, con la puntualidad de un relámpago, hablo,

digo estrella cuando veo una estrella y digo blanco cuando

me rodea el silencio y digo tu nombre cuando la noche cae.

Miedo a vivir, de pronto, en este inoportuno momento en que

tengo el privilegio de escribir con dirección inútil. Feliz.

Y miro, con mirada ciega, las escalas que van de tarde a noche,

colores con que se despide el día, instante en que la vida

aparece en la distancia, contemplada desde la otra orilla.

Espacio deshabitado, jornada inservible, pedazo de tiempo y

vida que desolado permanece, que advierte un tiempo nuevo,

más lejos aún que la mirada. Estirar, entonces, la mano,

como quien intenta coger el caramelo escondido,

y tocar el espacio furioso de un aire que nos embruja, nos maldice.

La calma de la música. La fatiga del llanto. El delirante rumor

de la noche. Nuestros insignificantes cuerpos extenuados en la orilla.

Nuestros ojos desvalidos. Fatigados. Nadie puede contra la distancia, 

es solo el pavor, el pánico, la fuerza insólita que todo lo destruye,

la calma de la música, la fatiga del llanto. Un delirante rumor.

A solas, sobreviviente, digo estrella cuando la noche cae

y digo blanco cuando me rodea una estrella

y digo tu nombre cuando veo el silencio. Puntual como un relámpago.

 

Los poetas Alfredo Herrera y Alfredo Pérez Alencart


Fecha Publicación: 2022-01-17T09:45:00.000-08:00

 La joven poeta cusqueña Sharon Rodríguez ha publicado su primer libro de poemas, un conjunto que llama la atención por la seguridad del verso. Esta silla aplaude y guarda la esperanza de la renovación de la poesía cusqueña.

Hacia una renovación de la poesía cusqueña

Por: Alfredo Herrera Flores

He recibido con agrado, y me ha llamado gratamente la atención, el primer libro de poesía de la escritora cusqueña Sharon Rodríguez: “Iridis” (Ícata, 2021). Desde inicios de este siglo, se ha puesto interés en las nuevas generaciones de escritores, ya sea narradores o poetas, provenientes de la región Cusco, con el afán de identificar a quienes podrían renovar la literatura de esta parte del país, luego de que las últimas décadas del siglo pasado dejarán más dudas que proyectos.

Si bien los poetas que hacia los años ochenta y noventa del siglo veinte promovieron festivales, encuentros y revistas, fue la narrativa cusqueña, la que se consolidó y marcó una importante presencia en el ámbito de la literatura nacional, quedando la poesía, con una deuda que esperamos se pueda equilibrar en estos años.

Importante es, para que se pueda tomar en cuenta la presencia literaria de un autor y para que esa presencia sea objeto de atención, publicar en libro su obra literaria. Este es el caso de la joven escritora Sharon Rodríguez, que con su primer título se pone a la vanguardia de varios grupos de jóvenes, poetas y narradores, principalmente, que, a pesar de ser activos participantes de festivales, lecturas, tertulias y torneos literarios, no van a figurar en los registros de la literatura peruana mientras no publiquen un libro.

Sharon Rodríguez estudió Arquitectura en la Universidad San Antonio Abad del Cusco, una carrera que no está reñida con la creación y el disfrute de manifestaciones artísticas. Su primer poemario reúne 43 poemas de verso menor (es decir, versos cortos) pero que van configurando ideas intensas conforme se suceden. Hay uniformidad en el conjunto, debido a una temática intimista, que no parece indagar más allá de la propia realidad de la autora.

Breves ejemplos de versos iniciales para ilustrar la intensidad de los poemas de Rodríguez: “Es suficiente/ mirarse a los ojos/ sentir el presente/ escapar ligero/ como un personaje/ vestido de olvido…” “Desaparecer en el ejercicio/ de ver casi siempre lo mismo/ y crear de a poco lo que debe existir…”.

Se puede notar el trabajo delicado y sutil para construir el poema, y se advierte, también la propuesta de romper el formato de la formalidad, al eliminar signos de puntuación y títulos, recursos que se deben trabajar mejor. Con este libro y la presencia de Sharon Rodríguez en el panorama literario de Cusco, y la de varios jóvenes, se espera que la renovación de la poesía cusqueña sea una realidad para el nuevo siglo.



Fecha Publicación: 2022-01-08T18:17:00.003-08:00

El escritor Fernando Chuquipiunta ha trabajado esta entrevista al narrador Feliciano Padilla, que acaba de fallecer, y se publica en esta acongojada silla como un homenaje a su persona y su obra.


Nació en Lima el 17 de agosto de 1944. Vivió la infancia y adolescencia en Abancay. Murió en Puno el 07 de enero del 2022, motivo por el cual esta entrevista, que fue concedida meses atrás, ahora es propicio publicarla como un homenaje póstumo. 

EL NOTABLE NARRADOR PUNEÑO-ABANQUINO FELICIANO PADILLA CHALCO Y SU INFINITO AMOR POR EL MUNDO MÁGICO DE LAS LETRAS

 Escribe: Fernando Chuquipiunta Machaca

Feliciano Padilla Chalco, es un notable narrador puneño-abanquino (1944). Murió en la ciudad lacustre de Puno el viernes 07 de enero del 2022. Ha sido profesor Principal de la Universidad Nacional del Altiplano, cesado por límite de edad el 19 de febrero del 2019. Ha publicado los siguientes libros: La estepa calcinada, Réquiem, Surcando el Titikaka, Dos narradores en busca del tiempo perdido, La huella de sus sueños sobre los siglos, Alay Arusa, Polifonía de la piedra, Calicanto, Amarillito amarilleando, Antología comentada de la Literatura Puneña, Pescador de luceros, La bahía, Cuentos de otoño, Ezequiel el profeta que incendió la pradera, Aquí están los Montesinos, Diez cuentos de un verano inolvidable, El morral escarlata y muchos más.

¿En qué medida las vivencias de su infancia han influido en su obra?

Influyeron bastante. Siempre es así. Oswaldo Reynoso decía: Si no has vivido de qué diablos vas a hablar.

¿Si tuvieras que elegir un escritor puneño con el que charlar un rato, a quién elegiría?

A Omar Aramayo.

¿Existe alguna novela conocida que le hubiera gustado escribir?

Estoy contento con lo que escribí, unos 24 libros. Acabo de concluir con la última revisión una novela.

Su trayectoria literaria es muy prestigiosa y relevante ¿cómo describiría el proceso de su obra, desde que empezó y de lo que viene siendo ahora?

Como un proceso. Todo lo que el hombre piensa o hace es susceptible de perfeccionamiento. Parece que llegué a mi madurez. Ahora me intrigan otra clase de temas más cotidianos.

En el 2021 conmemoraremos el Bicentenario del Perú ¿cuáles serían los grandes retos del escritor peruano? 

Nos organizaremos a nivel nacional y no participaremos en las celebraciones oficiales donde se rinda homenaje a San Martín y Bolívar. Vamos a poner en el primer plano a José Gabriel Condorcanqui y Micaela Bastidas, así como a todos nuestros héroes originarios de aquella revolución continental. 

¿Qué conmemoraremos: 200 años de libertad, 200 años de independencia, 200 años de República? 

Según Luis Alberto Sánchez cumpliremos 200 años de republiqueta achorada que ha expoliado y explotado sin piedad a los peruanos de Selva, Sierra y Costa.  Recusaremos la corrupción sistemática de 40 años de Alberto y Keiko Fujimori, el Cholo Toledo, Alan García, Ollanta Humala y PPK que robaron tanto en lugar de construir más hospitales bien equipados, con respiratorios, con suficientes médicos, enfermeras y técnicos y una educación de calidad. Actualmente la educación es un sistema de embrutecimiento y enajenación. 

Para Luis Alberto Sánchez el Perú era el retrato de un país adolescente, mientras el historiador Jorge Basadre afirmaba que el Perú era un problema y una posibilidad. ¿Cómo define usted a nuestro país en la actualidad?

Un país destruido, en crisis estructural, que hace agua por todos sus poros. No tenemos salvación si el pueblo no se pone de pie.

Bien, alguna anécdota curiosa que haya ocurrido en su trayectoria literaria

No volvía a mi tierra más de 40 años sin ver a ningún familiar ni amigos. Mis abuelos, mis tíos, mis hermanos creían que había muerto en algún sitio. Entonces empezaron a rezar por mí para que les haga algún favor, luego, me prendieron velitas y me convirtieron en un santo varón que hacía muchos milagros. Era Chanito, santo varón resuelve este problema y lo resolvía. Cuando me encontraron se terminó la magia de esta historia. Ahora nos vemos con ellos en   Apurímac, Cusco, Arequipa y Lima.

Si le pidieran hacer un comentario sobre la literatura peruana

Que existe un canon oficial perteneciente a las transnacionales que impone paradigmas o modelos de hacer literatura. El mercado se ocupa de que esta literatura sea la única reconocida y prestigiada. Pero yo le digo que, en este momento, hay escritores que han superado dichos modelos y aunque no han entrado al mercado, está comprobado que escriben igual o mejor que muchos limeños. Te cito a Pérez Huarancca, Zein Zorrilla, Crónwell Jara, Sócrates Zuzunaga, Rosina Valcárcel, Winston Orrillo, Andrés Cloud, Mario Malpartida, Rocío Silva Santisteban, Enrique Rosas Paravicino, Mario Guevara, Luis Nieto Degregori, Jóspani, Irma del Águila, Omar Aramayo, José Luis Ayala, Gloria Mendoza, Boris Espezúa, Jorge Florez-Áybar, Vladimir Herrera, Jovín Valdez, Alfredo Herrera, Karina Pacheco, Leoncio Luque Ccota, Darwin Bedoya, Christian Reynoso, Javier Núñez, Bethoven Medina  y muchos más que en este momento no vienen a mi memoria. Yo pertenezco al Gremio de Escritores del Perú que está dirigido por Armando Arteaga y Jorge Luis Roncal que, también, son buenos poetas.

¿Qué elementos o alguna situación, en particular, decidió que fuera escritor?

Construía poesía en mi niñez y juventud. Cuando ingresé a la universidad se los mostré a Luis Nieto Miranda, poeta prestigioso y profesor mío. Me devolvió en un café de la universidad y analizó mi poesía y dijo ¿dónde está la poesía? Dime ¿dónde está la poesía?  No hay poesía. Tu poesía es palabras sin sentido, muchos adjetivos y nada más. No te dediques a la poesía. Donde noto que puedes progresar es en la narrativa. Tienes materia bruta; tu lenguaje corre como un río desbocado, controla ese lenguaje, que no se te escape. Lee mucho y serás un gran narrador. Rompí toda la frondosa poesía que había construido en la universidad y me dediqué a la narrativa con vida, alma y corazón.

¿Hay un horario para escribir o lo pude hacer en cualquier momento?

Antes, cuando trabajaba escribía todas las noches. Ahora que soy profesor universitario cesante escribo en las mañanas y en las tardes.

¿Cómo quisiera que le recuerden?

Como un buen narrador y, gran maestro, en tanto mi profesión es de profesor, aunque tenga grados de Magister y de Doctor en Ciencias de la Educación. Soy profesor. Si volviera a nacer sería nuevamente profesor.

Finalmente, algún mensaje para los jóvenes que se quieran dedicar a la literatura

Que lean bastante y vivan la vida. No se puede ser escritor sin ser lector.



Fecha Publicación: 2021-12-18T11:34:00.000-08:00

 Ha sido un agradable descubrimiento la poesía de la escritora y cantora costarricense Natalia Esquivel Benítez. Su libro "Andamios de lluvia" (Poiesis, 2021) transmite una conjunto de sensaciones y sentimientos que terminan por cuestionar la manera como enfrentamos la realidad. Aquí una breve aproximación a este buen libro.


Breve aproximación a “Andamios de lluvia”, de Natalia Esquivel

Por: Alfredo Herrera Flores

Quienes han intentado definir la poesía, más allá de la formalidad, la hermenéutica y la academia, coinciden en que es un género de límites y que hace que afloren, a través de las palabras, lo mejor y lo peor de la condición humana. Los límites hay que sobrepasarlos, sin remordimiento, y para ello la palabra es el objeto adecuado, mientras que la tarea de sacar a flote la belleza o la oscuridad del ser humano es una cualidad que no se hace palpable sin la complicidad del lector.

Tal vez por eso sea difícil la lectura de poesía, cuando ésta carga con las emociones de un autor que ha dejado de lado la banalidad de los temas de moda y se ha introducido en su propia intimidad para buscar, o intentar buscar, la esencia de su propia naturaleza. La tranquilidad de espíritu o las percepciones que cada quien tiene del amor, la desolación, la nostalgia o el abandono, están en los resquicios de la memoria, de la experiencia, de cada quien. La poesía va a introducirse en esas oquedades y va a emerger en forma de palabras, de belleza.

Es, al final de cuentas, como dice Emilio Adolfo Westphalen en su “Poema inútil”, un acto imposible: “Empeño manco este esforzarse en juntar palabras/ Que no se parecen ni a la cascada ni al remanso/ Que menos transmiten el ajetreo de vivir.” Y es, precisamente, este ajetreo de vivir, el ejercicio de nuestra vida cotidiana, lo que parece difícil de comunicar al otro a través de la poesía.

La vida cotidiana está hecha de sinsabores, y es lo primero que refleja el libro “Andamios de lluvia” (Poiesis editores, San José de Costa Rica, 2021) de Natalia Esquivel Benítez. Llama la atención el significado del título, que alude a una estructura que sirve para apoyarse en trabajos de altura, sostenerse con la lluvia, parece una contradicción; la lluvia sugiere nostalgia, inseguridad, llanto, pero al mismo tiempo cambio, alivio, renovación, limpieza; por lo tanto, la supuesta contradicción se supera con la idea de sobreponerse a la tristeza, o construir sobre el cambio.

La primera parte del libro es un extenso poema dividido en catorce partes, en el que la autora recorre la dura experiencia de una pérdida, que en momentos se lee como un abandono y en otros como un escape, pero a lo largo del discurso, en el que se van sobreponiendo el rencor, la resignación y la esperanza, hay una clara y firme manifestación de fortaleza.

En “Coda del desamor”, el poema aludido, dice Esquivel: “Hoy vivo en una caracola/ y el sonido de mi pecho,/ ancestral como las olas,/ me golpea.” Claramente reconoce su condición, el estado al que le ha llevado la circunstancia, pero más adelante se cuestiona, hace un alto, y reflexiona respecto al futuro: “¿Qué hago con los caminos y los puentes?/ Sigo en el laberinto buscando una salida,/ atrapada en mis propias asfixias/ y batallas perdidas.” Es notable el transcurso del proceso de renovación personal en el poema: “Algo camina lento desde adentro/ y no es el tráfico,/ ni las miradas benevolentes,/ ni la caída de los aleros infinitos.”. Eso que camina lento debe ser la esperanza.

La poesía hace su propio trabajo a través de las palabras, y es virtud del poeta usarlas adecuadamente para que el lector comparta sus emociones. Natalia Esquivel ha logrado en este poema este objetivo. Los límites están siendo sobrepasados, porque la belleza, que suponemos es el ingrediente principal del arte, ha dejado su lugar al sentimiento, a la profundidad de la esencia humana. Sabiendo que no se va a alcanzar estas profundidades, se escribe el poema y se grita, aunque como Westphalen diga, sea inútil lograrlo, y como Borges concluiría: “Y no has escrito el poema”.

Completan el libro tres secciones (“Las paredes del día”, “Cantos de cigarra” y “Codetta”), donde la poesía breve encierra paisaje y reflexión, nostalgia y sensatez: “Corres hacia mí/ con la intrepidez de los astros/ y un diente de león entre los dedos/ que recién estrenas/ en ese acto de recolectar estrellas.” O este otro bello ejemplo: “Arriba en la montaña,/ escuchamos la voz del universo./ El tiempo ya no existe./ Las sombras del alma se difuminan./ La muerte es solo el viento que roza y desaparece./ La vida es tan pequeña como una hoja/ mecida por claroscuros./ Soy una piedra más/ erguida entre el hielo y la respiración nocturna.”

Poesía de la intimidad, con el ritmo y musicalidad propios de quien domina la cadencia y el sonido (la autora es también cantora y compositora de canciones infantiles), es lo que destila el libro “Andamios de lluvia” y nos convoca a repasar aquellas sensaciones y emociones que solemos callar. Natalia Esquivel se suma de esta manera, con su verso limpio y cargado de sinceridad, a la tradición poética de Costa Rica y trasciende al tono latinoamericano, lo que celebramos.



Fecha Publicación: 2021-12-10T19:53:00.002-08:00

El poeta y crítico literario, y mejor amigo, José Gabriel Valdivia dedica una interesante lectura a mi libro "Acerca de la palabra imán" (Hijos de la lluvia, 2020), que se publica en el número 9 de Espinela, revista de literatura de la Escuela de Posgrado de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Desde esta silla se agradece al amigo y poeta, y también al editor de la revista, Christian Reynoso. Aquí va el texto para compartir su lectura. Vale.


Intuición en acerca de la palabra imán

Escribe: José Gabriel Valdivia*

La poesía de Alfredo Herrera Flores (Puno, 1965) tuvo un oportuno reconocimiento en la década del noventa del pasado siglo XX, con la obtención de dos premios nacionales: Copé-Lima (1996) y Paucarpata-Arequipa (1996). Los inicios de su escritura poética nos remiten al año 1986 en el que aparece su primer libro Etapas del viento y de las mieses. Desde aquellos años ha publicado una docena de poemarios que han configurado una obra poética digna de ser leída y bien ubicada en el vasto panorama de la poesía peruana de fines del siglo XX y comienzos del XXI.

Esta larga trayectoria poética parece, por el estilo de su escritura, no decir mucho. Pero nos equivocamos, es una poesía densa en su ironía y varia en su temática. De apariencia sencilla, diríase prosaica, pero compleja en su modo de concebir la realidad que aborda. Su forma se perfeccionó con el tiempo y se puso a tono con los paradigmas poéticos transvanguardistas: direcciones múltiples, variedad temática inasible, juego no verbal, pensamiento irónico, intensidad, desaliño, desideologizada a veces, pero sensible y tensa casi siempre. Su técnica se hizo deudora del prosaísmo y el tonito anglosajón, hasta alcanzar su madurez y esplendor expresivos, en ese bello y trascendente poemario Mares (2002), texto de extraordinarios dotes poéticos y muy superior a los anteriormente premiados.

Acerca de la palabra imán es su último poemario y está conformado por tres partes aparentemente aisladas la una de la otra, aunque conectadas por el problema sin salida de la expresión poética humana. Sin embargo, son tres momentos de escritura distintos y anunciados por epígrafes sin relación alguna entre ellos.

La primera, la más extensa y que nos lleva al título: desde el poema arrebatado al viento y desvanecido en su intento de alejar y no atraer -como un extraño imán- el inevitable e inefable dolor del hombre. La segunda, la más breve y sentida, que nos remonta al pasado-presente social -cultural del mundo andino y la tercera, la más general y reflexiva sobre la vida, la existencia o la propia poesía.

El texto Poética nos permite descifrar la intencionalidad del autor cuando dice:“El poema no tiene origen, no nace, /está, simplemente, /entre lo que digo y lo que es real, /entre lo que es y lo que perdura, /está dentro de mi corazón, /creciendo como una montaña de luz/ y desgarrándome por dentro.”

Según esta visión, la relación entre el mundo y la poesía está mediada por palabras, por poemas. Nada parece justificar esta mediación para el poeta. El mundo exterior es un enemigo y el interior, cuando asoma, no sabe con cual palabra cubrirse o descubrirse. He ahí el principal conflicto que nos evidencia el poemario de Alfredo Herrera. En cualquier momento lo invade el mundo y lo sorprende, como en cualquier instante se vuelca su interioridad y lo descontrola, mientras el poema quiere existir sin que el poeta lo perciba o se dé cuenta. He aquí también el drama de la existencia poética que nos plantea de una forma irónica y simbolizada en esa extraña palabra bautizada como imán.  Insensible a la madera y los plásticos, pero deseosa de los metales, los minerales. Y es que el lenguaje en la madurez del poeta es así: una palabra frente al hombre y el mundo, en su campo magnético electrizado por la pasión del poeta o porque el “corazón es un imán absoluto”.

La cotidianeidad personal es otro leitmotiv del libro porque hay que inventar una historia verdadera “para ganarme el pan de cada día y el descanso nocturno” o “pasar tranquilo la tarde, el feriado y el luto”.  Y de la mano de su imaginería, compañera leal que auxilia al poeta, recorre el periplo de su escritura hasta que sus manos se hundan.   

En otras ocasiones, son los recuerdos que afloran inesperados y se desparraman en la hoja en blanco sin olvido, impresiones que toman por asalto la mano y la conducen por rutas que el sano juicio no sabe ni puede sostener en su regazo, pero en una meditación repentina se solaza.

Finalmente, hay un poema de virtudes alegóricas que llama mi atención por el personaje-objeto que se poetiza: un cenicero. Para el que fuma está vivo y para quien ya no fuma es un adorno muerto. Pero el cenicero no se resigna a su nuevo estado de soledad y pugna por su ser, por esa vida efímera acostumbrada a la ceniza, a la tibieza, al humo. De esta manera, ese ser material cobra vida, gracias a la angustia y desesperación que alguna vez soportó cuando sus antiguos amos fumadores los necesitaban. He aquí una bella sensación de la nostalgia.   

No he leído Causas naturales (2019) para completar mi visión de la poética de Alfredo Herrera. Pero el poemario reseñado confirma que su poesía es sumamente intuitiva como toda poesía creativa que dice, pero no demuestra. Es poesía que narra y en su narratividad convoca al suspenso hasta develarlo en el lector y suspenderlo o dejarlo atrapado en ese altísimo trapecio kafkiano. Está fuertemente inscrita en la plural problemática del hombre contemporáneo que ha arruinado no solo la esperanza sino la más simple posibilidad de su redención. Los embates y combates de su palabra poética han asistido permanentemente a la preocupación social y cultural, con el único afán de sobrevivir a esta irremediable pérdida de la belleza en medio de las atrocidades del mundo civilizado, postmoderno y global. Estamos ante una de las voces más sorprendentes de la poesía peruana contemporánea. Su lectura se hace imprescindible y espera, aunque escasa en nuestro país, la atención de la crítica.

 

*Catedrático de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa

 



Fecha Publicación: 2021-12-07T12:13:00.001-08:00

El número 50 de la revista Sieteculebras coincide con el 30 aniversario de su fundación. Es toda una vida dedicada a la difusión de la cultura, gracias al esfuerzo y perseverancia de Mario Guevara Paredes. A él agradezco haber incluido en este número especial un artículo de Miguel Ánguel Huamán Villavicencio, dedicado a mi libro "Acerca de la palabra imán" (Hijos de la lluvia, 2020), a quien también agradezco su tiempo y atención. Esta silla se emociona y los invita a leer.

Portada y contenido de Sieteculebras

Acerca de la palabra imán. Alfredo Herrera Flores. Juliaca, Perú: Hijos de la Lluvia, 2020.

 Escribe: Miguel Ángel Huamán Villavicencio*

Sin duda, la revolución informática y digital en curso, gracias a la nanotecnología y la inteligencia artificial, ha puesto al alcance de cualquier computadora y celular las destrezas de la creación verbal y artística. Antes, para dominarlas, se requería de esfuerzo y tiempo para conocerlas y dominarlas. Si bien esta ampliación de la producción poética y literaria puede interpretarse como una democratización de la práctica artística, que antes estaba restringida a los iniciados, este fenómeno social de crecimiento no implica necesariamente que atravesemos un periodo de auge y esplendor de la escritura con intencionalidad poética.

La automatización y la tecnología digital han impulsado una nueva etapa en el modo de producción capitalista que conduce al consumo frenético, al despilfarro y la polución. Ahora el capital se orienta hacia la producción de bienes intangibles o culturales, cuya demanda aumenta sin límite alguno por no restringirse a necesidades fisiológicas naturales, lo que posibilita acelerar y exacerbar el aumento de la producción de mercancías. Lo cultural ha adquirido dimensión mundial gracias a los medios de comunicación en la globalización económica, que convierten toda actividad en espectáculo en función del incremento de las ventas y el comercio. Este crecimiento artificial que refuerza la evasión y el entretenimiento no significa un desarrollo sostenible ni una mayor cooperación y solidaridad para la humanidad, sino un individualismo egoísta que impone erróneamente la lucha despiadada del reino salvaje y la sobrevivencia del más fuerte.

Dentro de este marco debemos evaluar los cambios actuales en la producción del discurso poético. Asistimos a un activismo intenso que difunde pluralidad de poemas en diversos formatos (libros impresos y virtuales, redes sociales como Facebook, Twiter, Youtube, Instagram, etc.) y recitales, encuentros, conversatorios, seminarios en plataformas virtuales de internet orientados a satisfacer el gusto de consumidores heterogéneos. Esta vasta producción literaria, que compite por la fama y notoriedad del mercado y las ventas, proviene de nativos digitales calificados por la crítica tradicionalista como prosumidores (productores y consumidores), como evidencia de la concesión a criterios mercantiles.

Como ha señalado Rafael Echeverría, toda actividad sin interpretación ni visión crítica se vuelve transparente y automática sumida en la rutina adormecedora. Solo la poesía auténtica genera quiebres y disidencia necesaria para imaginar lo que podría ser. Por esto Boris Groys ha afirmado que la literatura contemporánea debe ser analizada no en términos estéticos, sino en términos de poética. No desde la perspectiva del consumidor, sino desde la del escritor y su arte poética.

En la mayor parte de la producción discursiva de este activismo apreciamos la profusa reiteración de expresiones retóricas trilladas de sentimientos epidérmicos orientados al contacto, la descripción catártica y temáticas que priorizan contenidos de sentido común. Una superficialidad sin proyección dialógica ni densidad existencial, menos fenoménica. Pero, toda poesía es prioritariamente mediación formal, uso del lenguaje con intencionalidad poética y no solo emoción psicológica. Su práctica exige una visión o arte que trascienda hacia la paradoja, la sugerencia, lo implícito como correlato ambiguo frente al régimen semántico y normativo. El discurso lírico es palabra que interpela desde una voz interior como música inaudible y obsesiva.

Donde se explicita esta orfebrería maestra es en el poema que da título al libro "Acerca de la palabra imán", genuina arte poética de Alfredo Herrera:

Uso muchas veces las palabras soledad, nostalgia, / noche, mar, serenidad; las repito/ y dibujo en cada línea lo que mi corazón me dicta/ cuando la soledad me sumerge en la nostalgia. // Diría alguien que soy un hombre triste,/ sombrío, inmerso en una rara serenidad,/ como si todo el tiempo mirara al mar,/ y tendría razón./ Otro alguien diría que soy un hombre feliz,/ que disfruto esta calma que me da el tiempo y/ los recuerdos de los que vivo, y tendría razón.// Pero nadie sabe qué digo en silencio como una letanía/ la palabra imán, que la repito en un tono sin sentido,/ que la uso todo el tiempo/ para alejar aquellas otras que me hacen& un hombre triste y feliz.

El vocablo "imán" entendido como adjetivo, no como sustantivo, constituye el secreto del acontecimiento del registro intensamente lírico del poeta. La clave de su densidad simbólica no radica en su corazón ni sentimiento, tampoco en temas o sucesos descritos, sino en el lenguaje. Las palabras de una poética son usos verbales que atraen a los hombres, que logran un efecto y marcan una vivencia que como acontecimiento estético generan un efecto disidente frente al modo de vida dominante y propician imaginar un mundo que podría ser al lector triste o feliz. El “yo poético” en los versos de Alfredo Herrera es un prójimo disuelto en los demás con palabras imán que acercan con sinceridad sueños que cobijan sin pedir nada a cambio.

Por supuesto, que esta poética -cualquier poética- no surge de improviso y de inmediato es un largo recorrido que se inició con Etapas del viento y de las mieses(1986), hasta llegar a Causas naturales (La Travesía editores, 2019). Precisamente de este penúltimo libro el poema “La casa” pone en evidencia la densidad esencial de un registro poético que ha logrado un notorio nivel de calidad en nuestra tradición poética, al mismo nivel que Mario Montalbetti y Oswaldo Chanove:

Somos la mañana con su tarde y su inevitable noche// Somos el día que nos da/ en esta casa o en la otra. / Somos las cuatro o cinco paredes/ que nos acogen esta noche, / ojalá mañana. // La casa que nos cobija somos/ con sus clavos y sus sorprendidos/ huecos en las paredes/ ¡y hasta la vereda de enfrente nos pertenece! //Somos la casa y la ciudad/ aunque no tengamos ciudad ni casa, / no sepamos a dónde ir ni/ a dónde volver: si a la ciudad o a la casa. // En esta casa somos más que nosotros tres:/ somos la casa y su mesa y la leche/ y el gatopardo en el jardín, / somos los tres tomados de la mano/ acomodando un jarrón y/ mirando por la ventana.

Celebramos la aparición, en el año de la pandemia, de Acerca de la palabra imán (2020) de Alfredo Herrera, notable poemario que ratifica la vigencia de una de las voces más importantes de la poesía peruana.

* Dr. en Letras, catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos



Fecha Publicación: 2021-11-30T16:10:00.001-08:00

El peruanista francés Roland Forgues (1944) se interna en la lectura del último libro del poeta Bethoven Medina (Trujillo, 1960), "Éter/Etersí" (Bitácora de vuelos, 2021). Producto de esa atenta lectura es el siguiente artículo en el que analiza los alcances de este singular libro. Esta silla, que está atenta a estas emociones, se presta para publicarla y compartir con sus lectores. Allá vamos.

De izquierda a derecha, los poetas Alfredo Herrera Flores, Houdini Guerrero y Bethoven Medina, representantes de la generación 80 de la poesía peruana


ÉTER/ETERSÍ de BETHOVEN MEDINA

La búsqueda poética de la piedra filosofal*

Por Roland Forgues

 

1-Orientaciones  de lectura

En la contra carátula de Éter/Etersí  del poeta trujillano Bethoven Medina se presenta el poemario con estas sugerentes y ambivalentes palabras que, desde un comienzo, ponen el acento en su dificultad de lectura.

“Éter/Etersí es un texto hermético venido de Hermes Trismegisto, de la filosofía esotérica primera, aquella que las logias secretas desarrollan muy bien.”

 Digo sugerentes y ambivalentes palabras por el significado que ha venido a cobrar el calificativo “hermético” en el lenguaje común y corriente al desvincularse su uso con el paso del tiempo de su original sentido “relativo a la alquimia” y convertirse en la actualidad casi exclusivamente en sinónimo de “impenetrable”, “incomprensible”.

Esta definición, dada por el editor -o  se supone por el mismo autor-,  haciendo referencia al filósofo místico y alquimista  griego Hermes Trismegisto y  a los rituales de las sociedades secretas, -probablemente las logias masónicas- nos orienta de inmediato hacia una triple lectura del libro: filosófica-metafísica, científica-esotérica, realista-utópica, como expresión sincrética de armonía del ser humano con el cosmos y la naturaleza hasta el punto que en los versos de Bethoven Medina el ser humano es naturaleza y la naturaleza es ser humano.

Hombre, te encuentras en ti mismo,

en tu sentido corazón de tierra y agua en arcilla.

Eres parte del fuego inaugural

y el aire te impulsa con aliento forastero.  (p.8)

 

La trasmutación de los objetos propia de la alquimia en la búsqueda de la piedra filosofal se da también en el campo de lo natural y de lo humano:

La vida, es elemento sutil,

inalterable infinito a los ojos formados de paisajes,

 ante la sorpresa del cielo y los astros.

Cosmología aristotélica, mueves el alma universal

 y para todas las generaciones, eres matriz del universo. (p.12)

 

Esta triple lectura abre una serie de reflexiones e interrogantes sobre las ideas de esencia y de existencia, de predestinación y azar, de destino y libre albedrío.

Éter, “eres esencia del infinito y de mi vida”, dice significativamente el poeta en “QUINTAESENCIA”. Y en “PIEDRA FILOSOFAL” completa la imagen del Éter en tanto que quintaesencia, fusión del ser y del cosmos, del Uno y del Todo:

Piedra

símbolo místico y alquímico,

perfección iluminada, expresión de mis cantares;

concentra el aroma de las rosas no nacidas.

Obra del Gran Alfarero

en auroral descubrimiento.

Felicidad celestial, mi amanecer filosófico.

Éter,

energía múltiple total en la naturaleza.

Yo te celebro quintaesencia del alba,

en la semilla que germina, en el origen del río,

en la extensión del universo

más allá de la terrestre esfera.

Éter. (p.5)

 

La interrogación sobre los misterios de la creación, la reflexión sobre las nociones de esencia y de existencia no son temas nuevos en la filosofía y la literatura.  No han dejado de preocupar al ser humano desde los orígenes; desde que, nacido a pesar suyo, el hombre se vio condenado a vivir en la realidad como Sísifo en el mito griego del mismo nombre rodando eternamente su roca hasta la cumbre de la montaña. Ello no quiere decir, como demostrará el filósofo existencialista francés Albert Camus en su original interpretación del mito, que se deba imaginar al hombre infeliz:

En energía astral viajé por la galaxia.

Volé y fue extraordinario lo que sentí.

Levanté la frente buscando más éter, y aterricé de pie.

Enseguida volví a subir a la duna. (p.22)

 

Lo novedoso en  la recuperación del tema es la manera de tratarlo poéticamente en una época en que no han desaparecido los interrogantes, a pesar del  vertiginoso avance de los conocimientos y del progreso científico que han marcado la humanidad, con un estilo propio y original, un lenguaje demostrativo, a veces confesional pero sin exageradas efusiones líricas, con palabras sencillas  y precisas provenientes tanto de los registros de la ciencias exactas como de las ciencias humanas: filosofía, psicología y psicoanálisis, de las ciencias naturales y experimentales como de las ciencias ocultas, alquímicas y esotéricas. Vistas siempre todas ellas en relación con el cosmos, la naturaleza física, los vegetales, los animales y los seres humanos en permanente interacción y diálogo.

2- Título y epígrafes

El título “Éter/Etersí” en oposición por la barrita que separa una palabra que remite a la esencia “Éter” de un neologismo “Etersí” que remite a la existencia en su voluntad de afirmación, y los epígrafes con dos citas de Friedrich Hölderlin y de Lope de Vega que encabezan las dos partes del libro nos confortan en dicha orientación.

Especialmente el epígrafe sacado del poema “Al Éter” de Hölderlin, el poeta romántico alemán considerado como el representante más notable del idealismo germánico con Hegel y Schelling y que terminaría en la locura.  Un epígrafe que pone el acento en una serie de elementos en relación con el Padre, Dios y el Hombre… analizados y magistralmente interpretados por el psicoanalista francés Jean Laplanche en su trabajo Hölderlin y la cuestión del Padre [1]:

¡Oh, Éter, padre! Nunca hombre o Dios alguno

 fue conmigo tan cariñoso y fiel como tú.

Aún antes que mi madre me tomara en sus brazos

 y bebiera en sus senos, me abrazabas tiernamente,

y vertiste en mi naciente pecho,

con el soplo sagrado, tu elixir celestial.[2]

 

La oposición está reforzada por la rigurosa  estructura dual del poemario que consta de ocho poemas en cada una de las partes. En la primera parte (Éter) predominan los elementos que competen a la esencia, y en la segunda (Eterno/ Etersí) los elementos que corresponden a la existencia y a la conciencia humana con el positivo “sí”, última sílaba del neologismo, en oposición al “no”, última sílaba de la palabra existente “Eterno”.

Esta estructura dual, aunque rigurosamente equilibrada en su forma física, concede sin embargo un sitio importante a la reflexión sobre la existencia, pues la existencia garantiza la libertad negada por la esencia, emblematizada en la dicotomía “no/ sí”. Lo cual convierte de algún modo, en la línea de Hölderlin, la poesía en filosofía de la historia, al mismo tiempo que preserva su carácter sagrado en relación con la historia mítica griega y el cristianismo como anunciado por el epígrafe sacado del soneto XXVII del poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, Lope de Vega, cuya escritura impregnada de honda religiosidad oscila a menudo entre lirismo y epopeya.

Cómo puede, Señor, justificarse

con Vos el hombre, habiéndonos ofendido,

parecer limpio de mujer nacido,

ni el polvo al que es eterno compararse? [3]

 

3- El Éter en su dimensión sagrada y profana

Ambos epígrafes ponen de relieve la noción de Éter en la dimensión sagrada del Padre genitor, encarnación de la esencia, y en la dimensión profana de la Madre que da a luz la criatura y la nutre. La madre por consiguiente es el elemento que representa la Vida y viene a ser pura encarnación de la existencia.

El Éter es el Uno y el Todo del viejo e inacabable debate filosófico, el cosmos en su unicidad y su multiplicidad: el cielo y la tierra, la esencia, la existencia y la trascendencia. Es la materia y el espíritu reunidos, la ciencia y la magia, la plenitud y elevación del ser:

En la criatura viviente y en sus ojos fijos al sol

se instala el estruendo espiritual en su corazón.

Es el hombre que bajo el cielo frota sus manos

y siente la energía unificadora en sus arterias,

y los girasoles se abren en amarillo solar.

Ansía ser mejor especie pensante del orbe

y reencuentra la estructura de cuatro elementos:

 

tierra, agua, aire y fuego;

componentes del hábitat en la tierra.

Sobre éstos, su espíritu en vuelo supera al cuerpo,

es el éter que evade en espiral de luz, abriendo el firmamento (p.4)

 

Bien lo ilustra además gráficamente el título del poemario cuyos acentos tónicos en la primera sílaba y en la última de las palabras que lo constituyen describen un círculo perfecto. Y lo confirman los versos que clausuran el libro y reanudan con el título:

Mi corazón, determina mediatriz

de mi vida, su inicio y fin,

 de la existencia circular de la nada, a la nada.

Del éter

al eterno. (p.23)

 

La poesía de Bethoven Medina no es una poesía intuitiva ni contemplativa, sino reflexiva, filosófica, metafísica y científica a la vez. Una poesía en la que la tradicional y reiterada imagen de la luz que une lo material y lo espiritual, lo celestial y lo terrenal, el mundo de arriba y el mundo de abajo, desempeña un papel esencial como encarnación y revelación -material e inmaterial a la vez- de la dicotomía finitud-infinitud del tiempo y del espacio tal como la percibe la conciencia humana:

El movimiento de la luz da inicio al eterno día

abre más la mente del hombre hasta su profundidad

 En armónica meditación el espíritu se eleva,

y nace a la eternidad ante el asombro infinito. (p.8)

 

La segunda parte del libro completa las nociones de espacio tiempo evocadas en la primera parte, especialmente en los poemas “TEORÍA ONDULATORIA” “ÉTER Y GRAVITACIÓN” “ÉTER CÓSMICO” partiendo de la cosmología de Aristóteles hasta la teoría de la relatividad de Einstein. “A través del espacio vacío, descubro el infinito », dice el poeta en « HOMBRE LUMINÍFERO”.

La visión del Éter cobra una dimensión científicamente más amplia en esa parte en el marco del sistema solar y del cosmos con sus repercusiones humanas y utópicas, según expresa de manera cabal el poema “POSIBILIDAD DE VOLAR”:

El éter supera lo biológico y genético, equivale a superar la especie humana.

El volador no necesita traje aéreo, es humano,

y carece de alas, pero puede volar abriendo su mente al firmamento.

Escuchó que “el cielo es el límite”,

 y, desde entonces, se empeña en alzar vuelo (p.20)

 

La presencia de la dimensión científica se puede observar en especial en la noción de hipótesis, de teoría, vale decir algo que puede ser permanentemente cuestionado, puesto en tela de juicio y reformulado.  

Así “Se inaugura la idea de posibilidad” y se opone a la noción originaria, trascendental, estática e inmutable de creación divina, de fe y creencia de la primera parte:

El otoño en la física arrasa su hojarasca

y sustituye la representación del campo en espacio y tiempo,

y me asisten intenciones de volar todo pájaro desde el pino.

El éter siempre es irreductible en el sistema solar.

Las constelaciones de estrellas

se vuelven figuras ante la imaginación humana,

y en su constitución del ámbito infinito conservan el núcleo racional

 ético – filosófico

 de la hipótesis concerniente al éter.

Se inaugura la idea de la posibilidad

en el espacio absolutamente vacío,

 y crece la certeza de que lo espacial, es inseparable de la materia. (p.15)

 

La formulación científica de hipótesis conlleva la noción de oposición entre realidad y utopía, bien ilustrada en poemas como “DÉDALO E ÍCARO” y “ETERNO DESEO DEL HOMBRE” porque, según afirma et poeta en este último:

 

Al final, los humanos tienen el deber de ser más humanos

y reflexionar la complejidad filosófica y etérea del vuelo,

 permitir que los pájaros, vuelen pájaros;

y los ángeles terrenales, sean ángeles celestiales (p.19)

 

4- Tabla de Esmeralda y piedra filosofal

El poemario de Bethoven Medina perpetúa la tradición de la alquimia como tentativa de formulación de una  filosofía de la naturaleza, en que se reúnen lo mineral, lo vegetal y lo animal, todos los elementos del cosmos, el hombre haciéndose naturaleza y la naturaleza hombre, como ya señalé.

Asistimos, en realidad, en el poemario del escritor trujillano a la fusión sincrética del hombre y de la naturaleza como componente esencial del cosmos. Fusión ya sugerida, de alguna manera, por el mismo subtítulo “Cuadernos de literatura y naturaleza” que figura en la carátula.

Así se reanuda con la filosofía concebida por el antiguo sabio Hermes Trismegisto, y trasmitida en su famosa Tabla de Esmeralda inspirando a algunos de los más connotados poetas modernos y contemporáneos, como nuestro Charles Baudelaire, por ejemplo, quien, en su poema prologal de Las flores del mal nos ofrece estos bellos y sugerentes versos:

En la almohada del Mal, es Satanás Trismegisto

Quien mece largamente nuestro espíritu encantado,

Y el rico metal de nuestra voluntad

es vaporizado todo por ese sabio químico.[4]

 

Efectivamente la misteriosa sombra de Hermes Trismegisto, Tres veces más grande, por su Inteligencia, su Ciencia y su Sabiduría, filósofo de la naturaleza y del alma humana, encarnadas en la alquimia y la facultad de trasmutación de los cuerpos los unos en los otros, de fundir la materia y el espíritu como realización suprema del ser humano, recorre los versos de Bethoven Medina, como memoria del pasado, historia del presente y utopía del futuro.

La búsqueda poética de la piedra filosofal resulta ser, al fin y al cabo, la búsqueda de la armonía y de la felicidad humanas que fue siempre el deseo oculto de los alquimistas, y también de los grandes poetas como Vallejo para tan sólo citar al ilustre compatriota de Bethoven Medina.

Éter/Etersí, es de alguna manera la famosa Tabla de Esmeralda, de Hermes Trismegisto, que Bethoven Medina nos invita a redescubrir en estos momentos en que se busca la tan ansiada piedra filosofal médica capaz de transformar la “bestia diabólica” del coronavirus en “divino cordero” con su transmutación en vacuna salvadora. Esto es, por lo menos, lo que me sugieren en el presente intemporal de la poesía estos versos de “TEORÍA ONDULATORIA”

En ese momento, cuando amenaza la tormenta

 pienso en la luz que viaja a través del vacío,

y el sonido a través del aire rompe mis tímpanos

sacude mis ojos cuando miro en lontananza. (p.10)

 

En conclusión, recordaré simplemente estas palabras de presentación del poeta y crítico Jesús Cabel que resumen bastante bien el constante esfuerzo poético de Bethoven Medina hasta llegar a la publicación de este nuevo libro, punto culminante de su búsqueda poética:

“Ser poeta en el Perú no es una tarea fácil ni sencilla, como seguramente ocurre en los diferentes países de nuestra América. Bethoven Medina pertenece a la promoción del 80. El privilegio de su obra, desde Necesario Silencio para que las hojas conversen (1980), Quebradas las alas(1983), Volumen de vida (1992), Expediente para nuevo juicio(1998) hasta Éxodo a las siete estaciones (2016), es que designa y sugiere versos, casi indetenibles, con aliento narrativo, a veces poblado de imágenes difusas, en un discurso dirigido a otro o a él mismo, como ocurre con el libro que hoy presentamos. Ese aliento introspectivo que a veces mantiene un diálogo consigo mismo, es casi una constante que denota la singularidad de una obra plena de madurez.”

Efectivamente, ser poeta no es tarea fácil ni sencilla en cualquier parte de nuestro mundo “ancho y ajeno”, y menos aún ser “poeta-filósofo”, en la tradición hölderliniana que hace de la poesía un avatar de la locura que bien podría ser, en última estancia, el escalón más alto de la “razón pura”  Kantiana y de la suprema sabiduría humana.

[ Couyou, mayo de 2021]

 

 



* Bethoven Medina. Éter/Etersí. Cuadernos de literatura y naturaleza. Bitácora de Vuelos Ediciones. Primera edición electrónica, febrero 2021.

[1] Jean Laplanche. Hölderlin et la question du Père. PUF, Paris 1884

 

[2] Para tener una idea más precisa de la influencia que ha podido tener el poeta alemán en el acercamiento de Bethoven Medina a la noción de éter, reproduzco aquí el poema completo que forma parte de Diótima (1795-1798) en la traducción de Federico Gorbea:

¡Oh, Éter, padre! Nunca hombre o dios alguno
fue conmigo tan cariñoso y fiel como tú.
Aún antes que mi madre me tomara en sus brazos
y bebiera en sus senos, me abrazabas tiernamente,
y vertiste en mi naciente pecho,
con el soplo sagrado, tu elixir celestial.
A los seres no les basta para crecer el alimento
terreno. Pero tú los nutres a todos con tu néctar, oh Padre.
Y el aire vivificante que surge de tu eterna plenitud,
corre a raudales por todos los vasos de la vida.
Y así, todos los seres te quieren, te buscan,
y, durante su feliz crecimiento,
se esfuerzan sin cesar por llegar hasta ti.
¡Divino! ¿No te busca con sus ojos la planta?
¿No te tiende sus tímidos brazos la maleza?
Para unírsete, la semilla cautiva rompe su vaina.
Para bañarse en tus vivificantes ondas
el bosque sacude su manto de nieve,
como si fuera un ropaje inoportuno.
Hasta los peces saltan a la superficie del agua
y brincan, ávidos, fuera del espejo centelleante
del río, como si también ellos quisieran
dejar su cuna para ascender a ti.
Y los nobles animales terrestres cobran alas
cuando el potente impulso de su secreto amor por ti
los domina y los solivianta.
El soberbio corcel desdeña el suelo y tiende,
como un arco de acero, su pescuezo en el aíre,
mientras su casco apenas va tocando el suelo.
La pezuña del ciervo sólo como jugando roza
la brizna de hierba, y leve como céfiro
atraviesa de un salto el espumoso arroyo
que se despeña, y mientras salta de una orilla a otra,
apenas se le ve entre los matorrales.
En cambio, los pájaros, favoritos del Éter,
habitan y juegan alegres en el palacio eterno
de su Padre. Hay allí lugar para todos,
la senda de ninguno está trazada. Y libres,
grandes y pequeños revolotean en la morada.
Oigo sobre mi cabeza su gozoso clamoreo,
y mi corazón, presa de un extraño anhelo,
se siente atraído por ellos. Pareciera
que un dulce país me llamara desde lo alto.
Querría trepar a las cumbres de los Alpes
y allí suplicar al águila veloz, que antaño
puso en brazos de Zeus al niño bienamado,
que me arranque de mi cautiverio
y me transporte al palacio del Éter.
Nosotros, insensatos, damos vueltas en vano
por la tierra. Y como la vid, cuando se ha roto
la estaca que al cielo guiaba sus sarmientos,
también nosotros vagamos por los caminos,
con el deseo incesante de entrar en tus jardines.
Nos arrojamos sobre las olas de los mares,
tratando de saciarnos en espacios más abiertos,
y el oleaje infinito juguetea con nuestra nave
y el corazón se regocija ante las fuerzas
del dios del mar. Sin embargo, nada nos satisface.
Un piélago más hondo nos llama con ondas
más sutiles. ¡Oh, quién pudiera llevar nuestro errante barco
a esas riberas de oro, allá en lo alto!
Pero mientras yo sueño con vagas lejanías
donde con tu onda azulada enlazas ignoradas orillas,
tú mismo, ¡Éter!, desciendes susurrante
de las cimas florecidas del huerto. Y así revivo,
dichoso como antes, con las flores de la tierra.

 

 

[3] Como en el caso del poema de Hölderlin, reproduzco aquí el soneto completo y sus preciosas indicaciones:

 ¿Cómo puede, Señor, justificarse

con Vos el hombre, habiéndoos ofendido,

parecer limpio de mujer nacido,

ni el polvo al que es eterno compararse?

   ¿Cómo puede la nada levantarse,

pues el más estimado y preferido

se ve en tan breve término caído,

que puede hasta la envidia lastimarse?

   El bálsamo en los huesos no compone

segunda vez del hombre la armonía,

por más oro que el túmulo corone.

   Si no es limpio con Vos el sol, el día,

¿qué será el hombre vil, que a Dios se opone,

resuelto en polvo y en ceniza fría?

 

[4]  Sur l'oreiller du mal c'est Satan Trismégiste

Qui berce longuement notre esprit enchanté,

Et le riche métal de notre volonté

Est tout vaporisé par ce savant chimiste. 

 



Fecha Publicación: 2021-11-16T09:12:00.001-08:00

 A propósito de la publicación de una nueva novela del premio Nobel africano en España, aparecen notas y entrevistas en diferentes medios de comunicación. En esta conversación Soyinka dice lo que sabemos, que vivimos en una sociedad oscura. La nota viene en el diario El Mundo.


El Nobel nigeriano presenta novela después de 50 años sin publicar narrativa. Alfaguara publica 'Crónicas desde el país de la gente más feliz de la Tierra'


ÁNGEL NAVARRETE

Este hombre, Akinwande Oluwole Soyinka, Wole Soyinka para el mundo, de la tribu Yoruba, tiene 87 años y fue el primer escritor africano de raza negra en conseguir el Premio Nobel de Literatura. Ocurrió en 1986. Para entonces había escrito varias obras de teatro sulfurosas, numerosos ensayos y un puñado de poemas fijados en cualquier superficie bajo la agonía que ofrece una celda de aislamiento en la ciudad de Lagos. Estudió en la Universidad de Leeds (Gran Bretaña). Ha vivido durante décadas una mitad del año en Abeokuta (su pueblo de origen) y la otra en Los Ángeles (EEUU). Conoce los mejores escenarios de Europa (donde ha estrenado) y la peor cárcel de Nigeria. Le han intentado acelerar la muerte unas cuantas veces por denunciar en voz alta la tiranía y la corrupción de varias familias de sátrapas africanos. Ha tenido que escapar varias veces de su casa, una de ellas de paquete en una motocicleta durante 10 horas por caminos terribles. Y aquí sigue.

Cuando no lo esperaba, Soyinka se echó a escribir novela otra vez Hacía medio siglo que no publicaba narrativa. En dos años, entre Senegal, Ghana y su país escribió Crónicas desde el país de la gente más feliz de la Tierra (Alfaguara), una historia detectivesca donde arma un atlas de la Nigeria actual a través de un animado equipo de personajes que van desde la calle a la universidad, de la corrupción a la política seria, de la religión desatada de los predicadores al tráfico de órganos... El de Soyinka en estas páginas (619) es un territorio fingido, pero febrilmente real. Y lo cuenta con una ironía casi festiva, con una sátira de cierta amargura.

- 50 años para esta novela, ¿la estaba esperando?

- No, no, apareció. Han sido dos años de escritura. Yo sabía que iba a escribir ficción, pero necesitaba apartarme del entorno que impulsó todo el contenido. Un amigo me prestó su casa en un pueblo cerca de Dakar y ahí me aislé durante unos 8 días. Ahí fue donde comencé el relato. Hubo una pausa y un poco después el ex presidente de Ghana me ofreció allí otra casa para mi reclusión literaria. Luego llegó el confinamiento, todo se detuvo y me encontré en mi casa de Abeokuta, en medio del bosque, rodeado de los personajes de Crónicas.... Y rematé esta historia.

- ¿Había dado por cerrada su obra narrativa?

- Sí, sin duda. Con la novela anterior, y de eso hace demasiado. Lo que continué escribiendo durante décadas es teatro, poesía y ensayo. Los personajes de las novelas te juegan malas pasadas. Me siento más cómodo en el teatro, donde puedo controlar mejor lo que sucede.

- La obra coincide con el 60º aniversario de la independencia de Nigeria. ¿Cuánto hay de simbólico?

- Mucho, pero también la hice coincidir conscientemente. Mientras escribía me di cuenta de que uno de los temas del libro, como parte de la tradición nigeriana, es la celebración. Celebrar es uno de los fundamentos de la cultura africana. Y como no estábamos lejos de ese aniversario hice que esta novela fuese un regalo de cumpleaños a mi país.

Wole Soyinka habla bajo una nube de pelo que crece hacia arriba como un hongo atómico. Lleva chaleco de trompetista escapado de algún tugurio de Nueva Orleans. Camisa celeste con cuello mao. Perilla de arponero. Tiene algo de baobab contestatario, maneras de árbol lento que hace sonar su desencanto con un martillo de ideas contrarias.

Este libro es un mapa de la Nigeria actual, con todo el pasado asomando. Y resulta posible entender algo que decía hace poco sobre Nigeria: había descarrilado. ¿En qué sentido? "En el sentido más profundo. Mi país se ha salido de los raíles humanos. Los valores con los crecí, todo aquello que me conformó como lo que soy, se ha desintegrado. Yo conocí un país de alegría, de bondad, de filosofía comunitaria... inexistente ahora". ¿Qué sucedió? "El boom del petróleo, el dinero fácil y el asedio los pequeños agricultores y las aldeas... Todo por conseguir riqueza inmediata. Eso trajo la corrupción y después se sumó irrupción del fanatismo religioso destruyendo el sistema educativo y las infraestructuras. Y una terrible caza de brujas contra quienes no formaban parte de los extremos".

Le ha dado varias veces la vuelta al planeta arriesgando opiniones para denunciar la farsa de Occidente frente a África. Es un activista, aunque sobre todo es un escritor que a los 12 años, en su pueblo, veía a su padre escribir sin descanso y aquello le fascinaba. No se cansa mover las mandíbulas contando su historia, la de su pueblo. Soyinka se mantiene en el sofá de la entrevista con la desgana cordial de quien lleva demasiados años intentando acabar con tantas estulticias y contándolo desde el altavoz de la escritura. Su ideario mítico se confeccionó alrededor de un fuego con leños donde los viejos del lugar cantaban historias de la cultura yoruba. Esa arcilla primera halló su horma cuando saltó a la Universidad de Leeds, donde descubrió el teatro occidental, al que injertó los brotes extraordinarios del imaginario africano. Ahí empezó todo. En 2016 renunció a su tarjeta de residencia en EEUU, cuando los primeros arreones de Donald Trump.

Con todo, escribe con más contundencia que ira: "No elegí nacer en esta sociedad oscura pero me he encontrado en ella, así que tengo que aceptarlo y saber vivir con ello, intentar aprovecharlo. Es un desafío", dice. Atento a todo lo que sucede alrededor y capaz de sintetizar en 40 minutos la historia reciente de Nigeria con una clarividencia desarmante, sólo lanza una queja cuando la conversación se estira hasta la realidad de tantos millones de mujeres y hombres que dan cuerpo a lo que se denomina crisis migratoria: "La mía es una nación que acumula un extraordinario talento, pero eso parece importar cada vez menos. Vivimos en un momento muy xenófobo, cada vez con más sospechas contra el otro. Estamos perdiendo generaciones enteras para nada. Entre los millones de mujeres y hombres exiliados vienen los próximos pensadores africanos, los científicos, los poetas de mañana, no sólo mano de obra. Es muy frustrante".

Algunos de esos jóvenes en los que cree Soyinka pertenecen a la nueva generación de escritoras africanas (Chimamanda Ngozi Adichie, NoViolet Bulawayo, Aminatta Forna, Kopano Matlwa...). En ellas aprende. Y con ellas coincide en una relectura del colonialismo: "Los escritores que están contando África, ellas y ellos, están más preocupados por el colonialismo interno de hoy. El externo ya ha sido identificado como enemigo y están alerta. En este sentido, la amenaza es el asentamiento cada vez mayor de China en toda África y la agresión cultural que sufre el continente. Pero cuando hablo de un problema mayor, el colonialismo interno, me refiero al que ejercen las dictaduras militares en este momento. Y el de los controles territoriales donde no debía haber ese control. Eso es lo que también frena nuestra tierra".

Pero si Soyinka tuviese que quedarse en algún lugar de su escritura el tiempo que le quede, tiene claro que sería en la poesía. "La extraigo de cualquier lugar. Me conecta con mi juventud, me conecta con un mundo que ya no está. Y me permite entender mejor dónde estoy".



Fecha Publicación: 2021-11-15T14:57:00.000-08:00

 En el diario Los Andes aparece esta breve entrevista del escritor Fernando Chuquipiunta, a quien hay que agradecer su apertura y permanente difusión de la literatura peruana. Esta silla también celebra.


Fue finalista del Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador”, en España.

“LA POESÍA ES LA ÚNICA FORMA DE DESCUBRIR, LA VERDADERA DIMENSIÓN DEL DOLOR”

Escribe: Fernando Chuquipiunta

Alfredo Herrera Flores (Lampa, 1965), ha obtenido el Premio Copé de Oro de Poesía, en 1995, por su libro “Montaña de Jade” (Ediciones Copé 1996) y ha sido finalista del Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador” de España por su libro “Causas naturales” (La Travesía, 2019). Ha publicado doce libros de poesía, cuentos y artículos de opinión en diarios y revistas del Perú y el extranjero. Ejerce la docencia universitaria y ha ocupado diferentes cargos en la administración pública. Se le ubica por ahora en Cusco.

 ¿Cómo fueron sus comienzos en la literatura?

El comienzo de la literatura es siempre la lectura, como un círculo vicioso: no puedes empezar a escribir si no has leído, no puedes seguir escribiendo si no estás leyendo, cuando dejes de leer dejarás de escribir. Aún si alguien es talentoso y puede fluir el lenguaje de manera natural, si no hay lectura esa escritura será vacía, débil, pasajera. Mis primeras lecturas motivaron que escribiera y luego me impulsaron a armarme de valor para publicar, y desde entonces no he dejado de leer, escribir y publicar; en otras palabras, de vivir.

¿Cómo puede definir la poesía?

La poesía no es solo un género literario que permite expresar emociones y reflejar el mundo, o la realidad, es sobre todo un modo de vida, de vivir el mundo que a uno lo rodea, en la más absoluta soledad. La poesía es la única forma de descubrir, en esa soledad, la verdadera dimensión del dolor, la angustia, la frustración y la esperanza, que es de lo que estamos hechos los humanos.

¿Cómo surgió la idea de participar en el Concurso Internacional de Poesía que convoca PETROPERÚ?

Fue parte de aquella necesidad de ser leído, comprendido. Necesité de la misma cuota de valor para publicar mis primeros textos y decidí enviarlo al Premio Copé. Antes había obtenido mención honrosa en el Premio Poeta Joven del Perú y ganado el Premio Nacional de Poesía que convocó por entonces la Municipalidad de Paucarpata, fue parte de esa cuota de valor.

¿Si tuvieras que elegir un escritor puneño con el que charlar un rato, a quién elegiría?

Elegiría a un joven o una muchacha que estén por publicar sus primeros libros, ellos tienen muchas cosas qué decir, en ellos hay muchas cosas que aprender porque ven el mundo con ojos futuristas, tienen una forma cándida de enfrentar el mundo, aún no están del todo contaminados. Los escritores del pasado nos han dejado sus libros para que aprendamos de ellos, no creo que nos puedan decir nada nuevo, ellos son los viejos amigos a los que hay que visitar de cuando en cuando para reconfortar la nostalgia, no para componer el mundo.

¿Existe algún poema conocido que le hubiera gustado componer?

No. Yo compuse los poemas que he querido leer. No he querido, ni quiero, hacer lo que otros ya han hecho. Cada quien dice lo que tiene que decir. Lo que yo veo en mi mundo no lo ve nadie más. Nadie puede sentir el dolor como yo lo siento (creo que algo así también dice Vallejo), porque de otro modo nos repetiríamos a nosotros mismos, y la poesía nos hace únicos, irrepetibles.

Alguna anécdota curiosa que haya ocurrido en su trayectoria literaria

Un día se me acercó un señor en un restaurante y me preguntó: ¿Es usted Alfredo Herrera Flores? Sí, le dije. Yo también, me contestó y me tendió la mano. Luego me explicó que como su nombre aparece en la guía telefónica le llegaban a su casa invitaciones, saludos, felicitaciones y solicitudes de entrevistas. Eso explicaba por qué era yo un desconocido, aislado y que no respondía las comunicaciones que “me llegaban”.

Por otro lado, ¿Qué conmemoraremos: 200 años de libertad, 200 años de independencia, 200 años de República?

Bueno, póngale la etiqueta que quieran, lo que habría que celebrar es que estamos vivos y hemos resistido a casi todo. Claro que haremos flamear nuestra bandera, es la manera de identificarnos con aquello que sentimos formar parte, pero la mirada y la reflexión debe penetrar más allá de la simple celebración y sacar lecciones, de lo contrario será una borrachera más, de la que nos levantaremos con dolor de cabeza y nauseas.

¿Cómo define usted a nuestro país en la actualidad?

Nuestro país siempre va a ser joven. Nuestra historia está marcada por interrupciones y fracasos constantes, y por ello estamos empezando siempre de nuevo, levantándonos, esperanzados, creyendo que vamos a cambiar y mejorar en todo. Los jóvenes de hoy son hijos de la corrupción, nietos de la violencia y bisnietos de la migración, y confiamos en ellos, pero nadie los está formando para gobernar.

Finalmente, ¿Qué le diría a la gente que se quiera dedicar a la literatura?

Si alguien “quiere” dedicarse a la literatura que no lo haga, porque no es un asunto de querer o no querer hacerlo, y todo lo que se hace a la fuerza sale mal. La literatura es una necesidad, es un llamado íntimo, desgarrador, al que no se puede renunciar, y se lleva como una condena por el resto de tus días.

 


Fecha Publicación: 2021-11-10T08:26:00.001-08:00

 El arqueólogo peruano, descubridor del Señor de Sipan, vuelve a narrar la emoción de aquel momento en que fue acercándose a ese magnífico personaje que parecía salir tímidamente de su antigua tumba. Anuncia también que deben haber aun otros personajes similares por descubrir. La nota viene en ABC, de España.


Walter Alva: «Quedan tumbas de otros señores como el de Sipán por descubrir»

Jubilado del Museo de las Tumbas Reales que él mismo fundó, el famoso arqueólogo peruano escribe un libro para el gran público sobre la cultura mochica

Escribe: Mónica Arizabalaga

Pocas personas en la Historia han experimentado esa emoción que embargó a Howard Carter cuando se asomó a la tumba de Tutankamón. Es famosa su respuesta al ser preguntado sobre qué veía al otro lado de la puerta: « cosas maravillosas». El arqueólogo peruano Walter Alva vivió un momento similar en 1987, cuando al levantar una capa de barro tuvo la sensación de que alguien le miraba, como si estuviera aún vivo. Acababa de encontrar uno de los ornamentos de oro de la tumba del Señor de Sipán que representaba al mismo gobernante en miniatura. Alva lo recuerda como un encuentro. «Fue como un instante eterno», afirma. El hallazgo de la primera tumba intacta de un gobernante de la sociedad mochica de hace 1.700 años saltó a los periódicos y las revistas de todo el mundo y marcó el inicio de la «mochicología».

Desde entonces se han escrito más de 2.000 publicaciones sobre esta cultura que habitó en Perú antes que los incas.

Sus ojos aún relampaguean sobre la obligada mascarilla al recordar el descubrimiento que ha marcado su vida y que el pasado jueves le trajo hasta Madrid para recoger el premio que le ha concedido la Sociedad Geográfica Española por su trabajo en favor de la divulgación geográfica y del entendimiento entre las diversas culturas a través del viaje y la investigación.

-Es la primera vez que la SGE premia en la categoría internacional a un arqueólogo.

Estoy sorprendido y gratamente emocionado por esta distinción honrosa. Creo que parte de la geografía es el hábitat humano. Las culturas ocuparon escenarios geográficos que supieron cambiar, desarrollando tecnologías para convertir esas tierras naturales en territorios habitables. La cultura que yo investigo, la de los mochicas, logró la proeza de dominar el desierto para convertirlo en un territorio altamente productivo, que fue la base de su desarrollo.

-¿Fue el descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán tan importante como la de Tutankamón, como tantas veces se ha dicho?

Creo que la comparación de la tumba del Señor de Sipán con la de Tutankamón es periodística. Cada una tiene su propio contexto. Comparten el clima desértico o el esplendor de sus soberanos… en Sipán se pudo comprobar eso, que un gobernante en el antiguo Perú tenía un esplendor extraordinario con sus ornamentos, sus joyas, sus símbolos de poder. Y también fue sepultado pensando en la eternidad, con sus acompañantes, con todos sus bienes terrenales que según sus creencias deberían seguir usándose en el mundo de los muertos. Pero bueno, cada cosa en su contexto histórico, en su tiempo y en su espacio.

-El descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán fue la comprobación de que los mochicas eran más que una leyenda.

Se hablaba de caciques y gobernantes, pero sin conocer ni uno hasta el descubrimiento. Finalmente logramos salvarlo. Fue un trabajo de salvataje porque iba a ser saqueado totalmente como han sido saqueadas decenas de tumbas. Probablemente tumbas más ricas fueron saqueadas ya.

-Tuvieron que intervenir al ser avisados de que allí estaban actuando los huaqueros.

En 1987 se vivía una época de crisis en el Perú muy seria, con pérdida de autoridad, Sendero Luminoso actuando en el campo, una crisis económica galopante… era el campo propicio para que los traficantes promovieran el saqueo y los campesinos pobres pensaban que buscar tumbas era una forma de sobrevivir. Había un saqueo intensivo. En ese tiempo, además, no existían muchos arqueólogos en el país. En el lugar donde yo trabajaba, en la región de Lambayeque, era el único para una extensión bastante grande. Nos enteramos de que estaban saqueando aquel sitio porque la gente no tuvo ningún reparo en robar en monumentos que estaban incluso cerca de la población. Decidimos intervenir sin ningún tipo de recursos, pero era la única manera. Era eso o dejar que las cosas pasaran y al cabo de algunos años nos enteraríamos de que había joyas en el mercado de antigüedades maravillosas y nadie sabría cómo fueron encontradas. Ha pasado en los últimos 80 años en el Perú. A veces nos enteramos de lugares arqueológicos que han sido saqueados porque salen objetos incluso en museos del extranjero. El mercado negro actúa de una manera muy rápida.

-Llegasteis a dormir sobre el yacimiento para que no lo asaltaran.

Claro. Tuvimos que instalar un campamento sobre el monumento para evitar saqueos. Primero hubo que retirar a los pobladores que estaban posicionados en el monumento. Fue un momento muy dramático porque no querían irse, pensaban que tenían todo el derecho de buscar objetos para venderlos y poder sobrevivir. Decían que los arqueólogos y la Policía les queríamos quitar la posibilidad de tener algún dinero. Hubo una tensión fuerte, con disparos al aire, pero logramos finalmente que se fueran.

-El expolio y destrucción de yacimientos arqueológicos ¿es ahora un problema mayor de lo que era cuando descubrió la tumba del Señor de Sipán?

Creo que al contrario, ha cesado un poco porque ahora no hay demanda de bienes y porque las leyes y convenios internacionales están siendo más drásticos y cada vez más países se comprometen a proteger el patrimonio cultural común de la Humanidad. Además, coleccionar objetos antiguos ha dejado de ser una moda de prestigio. Muchos coleccionistas viejos han fallecido y las familias no tienen interés en seguir coleccionando. Y por otro lado, en el mundo hemos desarrollado una lucha muy intensa contra el tráfico de este tipo de bienes. Todo eso ha contribuido a que haya una toma de conciencia de que coleccionar objetos antiguos es propiciar el saqueo. Todo objeto viene de un saqueo. Es arte antiguo, pero antes que eso es un documento histórico que cuando es extraído del contexto pierde todo su valor informativo.

-Cada vez es más común que países latinoamericanos como Perú levanten la voz ante subastas de arte precolombino de dudosa procedencia. ¿Cree que ese es el camino?

Sí, eso tiene mucho rédito. Además, sale en la prensa y la gente teme mucho el escándalo. Se va viendo un cambio de actitud, aunque lento todavía. Es un poco como lo que pasó con los animales, que antes era de lujo vestirse con la piel de un visón y ahora ya nadie quiere hacerlo. Ha habido un proceso de educación, pero queda camino por recorrer.

La tumba del Señor de Sipán
La tumba del Señor de Sipán - ABC

-De la tumba del Señor de Sipán, ¿quedan piezas por recuperar?

Sí. Antes de que nosotros interviniéramos se saqueó una tumba y todavía hay algunos objetos que están en manos privadas, más o menos localizados. Y después hubo otros saqueos, cuyas piezas se van recuperando progresivamente. Es difícil decir cuántas son. De algunas piezas no sabes de su existencia hasta que un día sale en una publicación. Hay coleccionistas que ni siquiera permiten que se fotografíen.

-¿Algún objeto de Sipán puede estar en España?

No creo. En España se requisaron unas piezas hace unos años y nos devolvieron una parte al Perú y otra parte se las llevó el propietario a Alemania. Allí había cosas de Sipán. El coleccionista ha fallecido y parece que los descendientes las tienen y sé que están en operaciones de venta. Estamos con la Interpol tratando de que regresen. La restitución de piezas es un proceso complicado y hay países que no se acogen a los convenios de la Unesco, como Alemania, Francia o Suiza.

-Al descubrir la tumba de Tutankamón Howard Carter dijo aquella famosa frase de que había visto “cosas maravillosas”. ¿También le pasó a usted? ¿Cómo fue el momento del hallazgo?

Estábamos limpiando la tierra una tarde a finales de julio de 1987. Era bien tarde. Se veía que había un fardo lleno de tierra cubierto. Comenzamos a limpiar con pinceles y uno de mis asistentes me dijo: «Mire, acá se ve algo interesante». Y le contesté: «Como está muy oscuro, me vas a alumbrar para verlo y mañana ya seguimos el trabajo». Levantamos una concreción de barro y de repente tuve la sensación de que no solamente yo estaba mirando. Alguien me estaba mirando a mí. Era el rostro en miniatura de uno de los ornamentos que representa al mismo Señor de Sipán, pero en oro. Fue una sensación como de un encuentro. Era una cara, un rostro humano que me miraba. Siempre digo que fue como un instante eterno. Pasó tan rápido, pero se vivió eterno. El momento de encuentro con un personaje, con algo como que estaba vivo todavía. Inolvidable. Uno piensa en la suerte, la decisión... todo fueron una suerte de coincidencias. Pudo haber terminado mal, pude no haber tomado la decisión correcta, nadie me había mandado a mí intervenir, no había recursos. En ese tiempo estábamos tres, Susana, que era mi primera esposa y madre de mis dos hijos, que era también arqueóloga, Luis Chero, que aún era un estudiante y yo. Tres personas y dos policías y un sargento que vigilaban el lugar. Ya cuando se descubrió la tumba vino toda la gente del campo, unos con la idea de que repartiéramos el oro. Tuve que explicarles que era una tumba de nuestros antepasados, que era patrimonio de todos los peruanos, pero ellos decían que les pertenecía, que era su tierra, que les entregáramos el oro o una recompensa. Había algunos agitadores. Dijeron que querían ver el lugar, conocerlo. Sabía que podía pasar cualquier cosa, que podían hacer un asalto. Al final, dejé pasar a mil personas. Les dije que hicieran una cola y les dejé pasar en grupos de diez. El peregrinaje de toda la gente que venía a ver duró casi 10 días. Ahora se enorgullecen del museo.

-¿Quién fue el Señor de Sipán?

Un gobernante de la cultura mochica que se desarrolla en el norte del Perú entre los siglos I y VII de nuestra era. Era el gobernante de uno de los diez valles que forma el espacio de esta cultura, una típica cultura de oasis, que vivía de la irrigación artificial del desierto. Como era el gobernante de un valle le hemos llamado Señor, porque solo manejaba uno de estos señoríos. En cada valle debía de haber un gobernante. Por eso pensamos que seguramente se pueden encontrar muchas tumbas de esta cultura. Después ya vino el imperio Chimú, que fue mucho más extenso, y posteriormente los incas. Las tumbas de los incas y de los emperadores Chimú, como eran más reconocibles, fueron saqueadas en la época de la colonia en busca de oro. Hay documentos de la época colonial donde se puede ver como se organizaba la extracción del oro, eran casi como empresas mineras. Se les concedía un permiso real y a cambio tenían que pagar la quinta parte de lo que encontraran. Por eso había pocas esperanzas de que hubiera tumbas aún intactas, pero como las de los mochicas estaban ocultas, probablemente hay otras. Por fuera se veía un monumento, y muchos de ellos fueron excavados, pero las tumbas estaban abajo y en un lado, escondidas.

-Se ocultaron como las tumbas egipcias. Entonces, todavía quedan señores como el de Sipán por descubrir?

Otros señores, de otros valles.

-¿Y tienes localizado alguno de estos posibles enterramientos?

Creo que puede haber sorpresas, con toda seguridad. Después de Sipán se ha encontrado la tumba de la señora de Cao, que es una mujer de la nobleza que tuvo también poder, aunque no podemos decir que fuera una gobernanta. Y de otras culturas, se han encontrado los restos de una mujer en la misma región donde trabajo que se le llama la Dama de Chornancap, que también tenía ornamentos y un ajuar funerario suntuoso.

-¿La mujer tenía peso en el Antiguo Perú?

Sí, eso fue toda una sorpresa porque siempre pensábamos que éstas eran unas sociedades patriarcales y ahora vemos que las mujeres también tuvieron poder.

-El descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán supuso un antes y un después. ¿Cómo está ahora la situación de la arqueología en Perú?

La virtud del descubrimiento de Sipán es que tuvo un impacto inmediato en todos los niveles. Se reactivó el interés por investigar la cultura mochica. Después de Sipán creo que ha habido 2.000 publicaciones sobre la cultura mochica, se ha vuelto una especialidad. Así como existe la egiptología, allí hay la mochicología. Suscita más interés que los incas. Es una eclosión. Y también mucha gente joven se interesó por la arqueología. Hoy tenemos un grupo bastante numeroso de arqueólogos. En los últimos 35 años ha cambiado radicalmente, a mejor. Otra virtud de Sipán es que llegó hasta los gobernantes. Antes la arqueología no les interesaba para nada, pero como Sipán tuvo repercusión internacional, los políticos también comenzaron a tomar en cuenta lo que es nuestra herencia cultural.

-Y puso Chiclayo y Lambayeque en el mapa.

El Museo de las Tumbas Reales de Sipán es uno de los más visitados del país, que trabaja en colaboración con otros museos y donde las investigaciones siguen. Creo que fue un momento importante.

Un objeto de oro hallado en la tumba
Un objeto de oro hallado en la tumba - ABC

-Hace apenas unos meses que ha sido apartado del mismo, tras haber cumplido 70 años el pasado junio por límite de edad. ¿Ha sido difícil abandonar el museo que usted mismo levantó?

Yo lo creé, lo fundé, lo construí prácticamente pidiendo apoyos, incluso viví en él y mi primera esposa y madre de mis dos hijos está allí enterrada, pero las leyes laborales son implacables. Tienes 70 años y te toca la jubilación. Creo que tengo toda la autoridad moral para seguir velando por este museo porque es casi como mi hijo. Pero mi trabajo no puede detenerse. Voy a seguir investigando, tengo mucho por escribir sobre todo lo que se ha hecho. Estoy preparando un libro sobre los mochicas para el gran público junto a mi segunda esposa que también es arqueóloga y periodista. Es una empresa que me parece importante. Se va a llamar ‘Los mochicas, vencedores del desierto’. En esta cultura hay muchos temas guerreros, pero la verdadera victoria de los mochicas fue sobre el desierto, vencer al desierto para convertir esas tierras áridas en territorio altamente productivo de papa, frijol, maíz...

-¿Qué tienen que agradecer los peruanos a la cultura mochica, que les ha dejado?

En una entrevista me preguntaron: "¿Qué va a pasar cuando usted se muera y se encuentre con el Señor de Sipán? ¿qué le va a decir?" Le diré que he cumplido mi misión de salvarlo de la destrucción. No había otra manera. Si no lo hubiera hecho, sus huesos estarían despedazados y sus bienes en manos de 20 o 30 coleccionistas. La tumba del Señor de Sipán se hubiera reducido a 80 piezas de oro y nada más. Y no conoceríamos el pensamiento religioso de los mochicas, sus conceptos, el nivel de desarrollo que habían alcanzado, porque fue una tumba reflejo de su tiempo.

-¿Hay costumbres mochicas que han sobrevivido?

Las embarcaciones de pesca que son los caballitos de totora aparecen en las cerámicas mochicas, también algunas comidas, las técnicas de irrigación... Los canales de riego de los mochicas son los mismos que se usan ahora. Fueron tan bien hechos que todavía seguimos usándolos.

-¿Y qué piensa de esas reivindicaciones que llegan desde América Latina sobre que España debe pedir perdón por la conquista y colonización?

Son gestos políticos. Los peruanos somos una mezcla. Hay muy pocos pueblos que puedan decir que son nativos puros. Hay que respetar la identidad de esas comunidades nativas de la selva, que son parte del país, pero el gran porcentaje de los peruanos somos mestizos. Un pensador peruano dijo: no podemos ser ni antihispanistas, ni indigenistas, somos peruanos, peruanistas. Perú es una mezcla de razas. Tenemos el componente afro también y el asiático. Esa preocupación no es muy fuerte en Perú. Creo que debe haber un perdón, pero tampoco exagerar hasta el punto de que eso sea una política de Estado. No es eso lo más importante. El mundo antiguo está hecho de conquistas. Ahora el coloniaje es el económico.


Fecha Publicación: 2021-10-28T13:57:00.003-07:00

 Tiene razón el novelista Sergio Ramírez al decir que la "literatura es un oficio peligroso", él mismo es un ejemplo. Y es que la literatura debe ser el arte que más se introduce en la realidad y la realidad, muchas veces, reacciona. Aquí sus declaraciones luego de recibir un nuevo premio, esta vez por su defensa a las libertades. La nota viene en Letralia.


El escritor nicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, 1942) recibió el lunes 25 de octubre en Madrid la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes (CBA) por “el compromiso y la valentía” del autor, “tanto en su literatura como en su lucha por la libertad de pensamiento y expresión en Nicaragua”.

El presidente del CBA, Juan Miguel Hernández, hizo la entrega del máximo reconocimiento de esta institución al autor centroamericano, quien vive su segundo exilio forzado en España, tras la persecución que inició el 7 de septiembre el gobierno nicaragüense desde la Fiscalía, como informamos en Letralia 373.

“En su reciente novela Tongolele no sabía bailar indaga los abusos de poder en Nicaragua y en los acontecimientos de protestas y represión acaecidos en 2018”, dijo Hernández durante la ceremonia.

“Esta novela lleva semanas retenida y prohibida en Nicaragua y ha puesto el detonante de un exilio forzado para un escritor que hace uso de la palabra, de la creación libre y de la libertad de expresión para dibujar una realidad dolorosa que responde a la agresividad propia de un régimen represivo y autoritario”, agregó el presidente del CBA.

“Hoy Sergio Ramírez recibe la Medalla de Oro del CBA por su calidad literaria humana, por su compromiso con la justicia, la democracia y las libertades sociales, por la lucha a través de las libertades literaria y creadora, por acogerse a la parresía en que el hablante usa su libertad y elige la franqueza en vez de la persuasión, la verdad en vez de la falsedad o el silencio, el riesgo de muerte en vez de la vida y la seguridad, la crítica en vez de la adulación y el deber moral, en vez del interés y la apatía moral. Por todo ello el CBA quiere premiarle con su más alta distinción, su Medalla de Oro”, concluyó Hernández.

Tras recibir el máximo reconocimiento del CBA, Ramírez expresó como primera reflexión que “la literatura es un oficio peligroso cuando se enfrenta a las desmesuras del poder de la tiranía que nunca dejan de sentirse amenazadas por las palabras”. También destacó que era un honor en su carrera como escritor recibir esta distinción.

“Hablo delante de ustedes como un escritor forzado al exilio y bajo una orden de prisión arbitraria, la misma que ha caído sobre la cabeza de más de ciento cincuenta de mis compatriotas presos por pensar diferente, por disentir, por hacer valer su derecho de opinar, por creer en la democracia y por defenderla”, expresó.

“A mí, además de todo eso se me ha enjuiciado por mis palabras, por el hecho de escribir, por mostrar la realidad de un país sometido a la violencia de la tiranía y por imaginar, por crear; la invención también tiene un precio porque a los ojos del poder absoluto la novela se vuelve subversiva”, agregó.

El 8 de septiembre, el régimen de Daniel Ortega, a través del Ministerio Público, acusó a Ramírez de “realizar actos que fomentan e incitan al odio y la violencia”. También es señalado por la fiscalía de haber recibido, a través de la Fundación Luisa Mercado, dinero de la extinta Fundación Violeta Barrios de Chamorro (FVBCH). La Fiscalía solicitó al judicial orden de detención y allanamiento en su contra y la Dirección General de Aduana (DGA) retuvo ejemplares de Tongolele no sabía bailar.

Fuente: La Prensa

Fecha Publicación: 2021-10-03T14:12:00.000-07:00

 El escritor trujillano Bethoven Medina publica en el diario Correo una reseña de mi libro "Acerca de la palabra imán", lo que agradezco profundamente poniendo esta silla a disposición de su análisis. No dejamos de celebrar.

Alfredo Herrera en su estudio

LA PALABRA IMÁN DE ALFREDO HERRERA

Escribe: Bethoven Medina

El poeta Alfredo Herrera Flores (Lampa, Puno,1965) inició su carrera literaria en 1986, a los 21 años, al publicar el libro “Etapas del viento y de las mieses”. Muy pronto, con su segundo libro “Recital de poesía” obtuvo Mención Honrosa en el concurso “Poeta joven del Perú” y luego, en 1995, ganó el Premio Copé de Oro de Poesía y el Premio Nacional de Poesía que convocó la Municipalidad de Paucarpata. El año 2017 fue finalista en el premio internacional de poesía “Pilar Fernández Labrador”, España, por su libro “Causas naturales”. Ha publicado más de diez libros de poesía, bien recibidos por la crítica nacional. Es un destacado poeta de la generación del ochenta en la poesía peruana desde el sur andino.

Actualmente difunde el libro “Acerca de la Palabra Imán” (2020). Poemario de tres partes: Variaciones de la vanidad, Memoria de la Cordillera y Cuerpo ajeno. El título conecta a la palabra imán relacionada con la gravedad (variación, cordillera y cuerpo), es la fuerza de atracción de su poesía con los objetos o elementos que se encuentran en el espacio que lo circunda.

Variaciones de la vanidad

Plinio, contemporáneo de Julio César y Cicerón, usó el cuento del pastor para introducir los efectos magnéticos. Narró que Magnes, sintió que misteriosas piedras negras atraían los clavos de sus botas y los cencerros de hierro de las ovejas.  Ese imán, es ahora poetizado por Alfredo Herrera.  En la primera parte, los poemas “Laberinto y naturaleza” y “Variaciones de la vanidad” abarca las contemplaciones que entran y se quedan en los ojos.  En este apartado está el poema que da título al libro “Acerca de la palabra Imán” en donde está el hombre y los elementos de la naturaleza de la noche y el mar, la soledad, la nostalgia, la serenidad de un hombre triste y feliz. Nos recuerda a Tito Lucrecio Caro en su poema De Rerum Natura (La Naturaleza de las Cosas) que ha visto un trozo de piedra imán, poniendo de manifiesto que las propiedades magnéticas atraviesan los materiales magnéticos.  Leamos “Guarecido de la lluvia”: Cielo andino azul plomo/descansa sin riesgo alguno/sobre filuda cresta de cordillera gigante, /mientras sorbo café/o mastico coca/guarecido de la lluvia/pero iluminado por ligero rayo/extraviado de sol (p.21).

 

Memoria de la cordillera

En esta estancia se ubica el poema del mismo título: “…Memoria de la cordillera emergida del mar/durante infancia en desamparo, pero feliz;/traicioneras historias invaden sin remedio la conversa/entre iguales, hermanos venidos de ultramar y ultratierra, /ultramonte y ultrasierra, ultracasa y ultrapena,/ultrajados, ultranza y ultratumba./Tinieblas parieron pájaros que recordamos con miedo/cada vez que intentamos dormir, o despertar…”(p.43). Aquí constatamos que el imán temático en su poesía, es la cordillera. Así como Lucrecio, al ver que los trozos de hierro se unían y se le dio por construir imanes, Alfredo Herrera une palabras para hacer cordilleras que son magnetismo telúrico. El poeta es consciente de “este reino” y el continuo “retorno”, admite el “destino” del mediodía y se interroga ante la “ciencia” como un cementerio impío, abierto y cerrado, lleno y vacío. De pronto el vate comprendió que los fenómenos eléctricos y magnéticos pueden resultar interesantes para los científicos, pero carecen de trascendencia porque el hombre sigue con sus necesidades.

Cuerpo ajeno

En este tercer apartado, nos trae a la memoria la síntesis de Maxwell sobre la electricidad, el magnetismo y la luz; siendo un logro de la física, pues no solamente integró los fenómenos eléctricos y magnéticos, sino que desarrolló toda la teoría de las ondas electromagnéticas. Aquí cabe y repercute el hombre. Por ello, en el universo toda la materia se mueve a causa de ésta y otras fuerzas.  Así aparecen los poemas “Reflexión final”, “El tiempo”, “Cuerpo ajeno” en el cual nos habla de su cuerpo con sentido ajeno, hasta que en una tarde íntima pudo saber lo que se siente, gracias a las palabras encontradas al azar en canciones antiguas. Cuerpo ajeno es la materia consolidada de energía. Entonces es la vida y sus movimientos, complejos, afirmaciones y esperanzas. Es decir, somos dependiente de las fuentes antiguas. En el poema “Nocturno de la palabra Imán” cierra el tema: “Una palabra para reemplazar la palabra noche: imán, por ejemplo. Imán de Luz, imán de abril, o de lunes; imán de agua, de afán, imán de lluvia o viento, de llanto y ansia por ti, imán de hijo, imán de noche para este recuerdo nocturno” (p.68).    

Imán de lectura

El libro es circular en contenido, en la primera parte está el poema “Acerca de la palabra Imán” y en la tercera, “Nocturno de la palabra Imán”. Hay planificación y ejecución poética.  En las características formales denota, además del verso libre, haikú y soneto, evidenciando destreza formal. En sus últimos libros: Causas Naturales y Acerca de la palabra Imán, se mantienen temas de serranía: montañas, cordilleras, soledad y defensa de la andinidad. Su obra se expone en importantes antologías de poesía sureña y nacional, como “Poesía peruana del siglo XX” de Ricardo Gonzales Vigil. Vale. Alfredo Herrera consolida la generación poética de los ochenta en la poesía peruana.

 



Fecha Publicación: 2021-09-27T10:14:00.000-07:00

 Juan Gabriel Vásquez se lleva todos los premios, esta vez recibe el premio de la IV Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Vale, sus últimas novelas están a la altura de la buena narrativa contemporánea. A leer se ha dicho, y esta silla se acomoda para la nueva aventura y la respectiva celebración. La nota viene en El País, de España.


El colombiano Juan Gabriel Vásquez gana la Bienal de novela Mario Vargas Llosa

El libro ‘Volver la vista atrás’ reconstruye la infancia y adolescencia del director de cine Sergio Cabrera en la que pasó de guardia rojo en China a la guerrilla en Colombia

Escribe: Camila Osorio

Guadalajara (México) 

Juan Gabriel Vásquez es el nuevo ganador en la IV Bienal de novela Mario Vargas Llosa, un premio dotado de 100.000 dólares que se otorga a la mejor novela de los últimos dos años (2019 y 2020), y que solo se ha concedido en tres ocasiones desde el 2014. La novela que fue premiada este año fue Volver la vista Atrás sobre el director de cine Sergio Cabrera, cuya infancia y adolescencia estuvo marcada por la militancia de su padre en el maoísmo y en una de las guerrillas colombianas.

“Esta novela está escrita desde la misma obsesión que ha animado mis libros anteriores”, dijo Vásquez al ganar el premio. “Esa obsesión por contar el espacio donde las vidas íntimas chocan con las fuerzas de la historia y de la política”.

“Con enorme habilidad narrativa y una prosa extraordinaria, esta obra trabaja con materiales de la realidad enhebrando el presente con los avatares del convulso siglo XX”, dijo la cronista argentina Leila Guerriero, directora del jurado en el que también votaron la mexicana Rosa Beltrán, la estadounidense Raquel Chang-Rodríguez, el peruano Efraín Kristal, y el español Fernando Rodríguez Lafuente. El jurado también celebró el trabajo de investigación de Velásquez con Sergio Cabrera y su familia, que tomó casi siete años antes de publicar la novela. El libro, añadió el jurado, es como “un mural de los enfrentamientos políticos e ideológicos más relevantes del siglo que pasó y un relato emotivo y perturbador, por momentos trágico, acerca de padres e hijos, legados y culpas, identidad y convicciones”.

Volver la vista Atrás es una novela histórica que reconstruye la infancia y adolescencia del director de cine colombiano Sergio Cabrera, trastocada por los ideales de su abuelo (un coronel republicano que tuvo que abandonar España en medio de la Guerra Civil) pero sobre todo de su padre, un devoto maoísta que abandonó a Sergio y a su hermana en la China de Mao Zedong para que fueran guardias rojos y luego les incorporó a la una guerrilla colombiana. “Fue difícil para mí escribirlo, pero fue sobre todo difícil para ellos recordarlo”, dijo Vásquez sobre los siete años de conversaciones con Sergio Cabrera y su hermana recordando el modo de comportarse de sus padres, sus ideologías y las heridas emocionales que este pasado dejó en los dos.

Aunque el libro no inventa ningún hecho, Vásquez ha insistido que se trata de una novela y no de una biografía porque modela solo una parte de la historia real de Cabrera para enfocarse sobre el impacto del fanatismo en las vidas personales. “He encontrado que la ficción también quiere decir no solo contar de la nada, sino interpretar la realidad que nos dan otros”, dijo al presentar su novela en la Bienal.

Al hablar de cómo su novela se relaciona con el actual proceso de paz en Colombia, Vásquez contó que empezó a escribirla cuando comenzaron los acuerdos de paz en La Habana, y ahora el libro puede aportar una visión distinta, más personal, a los esfuerzos en distintas instituciones por entender qué ocurrió en 50 años de guerra. “Hay una parte de ese pasado que, si no contáramos con la novela, con la ficción, quedaría a oscuras: cómo se sentía un hombre en las guerras”, dijo en la Bienal. Hace unos meses, en entrevista con El PAÍS, se extendió en este mismo punto: “El novelista, decía Joseph Conrad, es un historiador de las emociones. Sin las emociones no hay historia completa, porque los hechos no cuentan todo. Los hechos no nos cuentan todo sobre las guerras napoleónicas. Hay que ir a Guerra y paz de Tolstói para tener el cuadro completo”.

A diferencia de la bienal del 2019, cuando el evento fue fuertemente criticado por la falta de mujeres, en esta ocasión la distribución de género fue más igualitaria y las discusiones giraron alrededor de otras preocupaciones políticas: los ataques del gobierno de Daniel Ortega contra el autor nicaragüense Sergio Ramírez, y la censura de su novela Tongolele no sabía bailar; y las protestas de escritores peruanos después de que el gobierno de Pedro Castillo retirara arbitrariamente a seis autores de la lista oficial para viajar a la FIL de Guadalajara en noviembre, donde el país andino será el invitado de honor.

El tema general de esta bienal era “la literatura: último refugio de la libertad”, por lo que los ataques o arbitrariedades de distintos gobiernos contra los novelistas fue mencionado en las mesas de discusión. “En los países verdaderamente libres, la literatura no parece tener una función política, se entiende como entretenimiento”, dijo Vargas Llosa en el evento de inauguración. Pero, añadió, “basta que en un país se recorten las libertades, que se reduzca ese margen para criticar a los gobiernos, para criticar a distintas instituciones, para que la literatura se vaya cargando de una cierta vivacidad crítica. Los libros se empiezan a leer de otra manera que en las sociedades libres”.

 



Fecha Publicación: 2021-09-17T07:35:00.000-07:00

 Breve diálogo que aparece en el diario El País, de España, donde el novelista centroamericano Eduardo Lago habla con el escritor Paul Auster, a propósito de su última novela. En la conversación Auster dice cosas interesantes, como que los genios precoces no existen en la literatura. Vale, Esta silla se presta para el disfrute.


Escribe: EDUARDO LAGO

Nueva York 

Poeta, guionista de cine (SmokeBlue in the FaceLulu on the Bridge); traductor del francés (Mallarmé, Maurice Blanchot, Jacques Dupin); ensayista, autor de absorbentes libros de memorias personales (La invención de la soledadEl cuaderno rojoDiario de inviernoInforme del interior); impulsor de proyectos como la edición de las obras completas de Samuel Beckett; partícipe de un lúcido intercambio epistolar con J. M. Coetzee (Aquí y ahora); Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, 74 años) es por encima de todo narrador. Autor de un corpus novelístico que comprende más de 15 títulos entre los que se cuentan fábulas inolvidables como La trilogía de Nueva YorkLeviatánEl palacio de la LunaEl país de las últimas cosasLa música del azarEl libro de las ilusiones, La noche del oráculo y 4 3 2 1, su última novela, en la que ofrece cuatro versiones alternativas de la vida de su protagonista, Ferguson, la obra de Auster se ha traducido a una cuarentena de idiomas.

Su prosa está impregnada de una magia contagiosa igualmente perceptible en sus obras de ficción y no ficción, como demuestra su libro más reciente, La llama inmortal de Stephen Crane, originalísimo acercamiento a la vida y obra de este polifacético escritor (1871-1900), que según Auster cambió el curso de la literatura en su país antes de morir víctima de la tuberculosis con tan solo 28 años. La entrevista tuvo lugar el pasado miércoles en el brownstone (casa de piedra rojiza) de Park Slope donde Auster vive con su esposa, la escritora Siri Hustvedt, en las inmediaciones de Prospect Park, en Brooklyn (Nueva York). Es la sexta conversación que el escritor mantiene con quien escribe esto, la primera tuvo lugar hace casi 30 años, con motivo de la publicación de Leviatán (1992).

En varios momentos de este diálogo intermitente, puntuado por la aparición de nuevas obras suyas, el escritor dio la impresión de estar a punto de dejar de escribir ficción, como en el caso de Viajes por el scriptorium, narración poblada por personajes de obras anteriores de Paul Auster, y de manera particular, de la monumental 4 3 2 1, novela con la que pareció dar a entender que se cerraba el impresionante círculo de su obra narrativa. Al final de su anterior conversación con este periódico, el escritor aludió off the record, a un proyecto en ciernes: el acercamiento en profundidad a la figura de Stephen Crane, autor de dos novelas fundamentales, Maggie, una chica de la calle (1893) y La roja insignia del valor (1895). Lo que entonces no era más que una posibilidad acaba de cristalizar con la publicación de La llama inmortal de Stephen Crane, absorbente volumen de casi 800 páginas tocadas por la gracia de su inconfundible estilo.

Pregunta. ¿Por qué Crane?

Respuesta. Lo leí siendo muy joven y me gustó mucho, pero no había vuelto a él en muchos años. Cuando terminé 4 3 2 1 estaba completamente agotado. Tras un periodo muy largo de absoluta dedicación a la escritura, siete días a la semana, era consciente de que me resultaría completamente imposible escribir nada en mucho tiempo, así que me dediqué a leer libros que me habían interesado siempre, pero a los que por un motivo u otro nunca me pude acercar, como Middlemarch, de George Eliot, o Al faro, de Virginia Woolf. Stephen Crane estaba en la lista. Tenía una antología de 500 páginas. La abrí al azar y lo primero con lo que me tropecé fue El monstruo, un relato de 60 páginas del que jamás había oído hablar. Su lectura me dejó anonadado. Devoré el resto de la antología y me interesó tanto que me hice con una edición de 1.400 páginas de sus obras escogidas. Me parecieron tan fascinantes que me leí de principio a fin los 10 volúmenes de sus obras completas: ficción, periodismo, poesía, piezas breves, todo. Entusiasmado, me puse a investigar acerca de su vida, que está llena de episodios apasionantes. Decidí escribir un libro sobre él, de unas 200 páginas, pensé cuando empecé, pero al final han salido 800.

P. ¿Se siente satisfecho?

R. Muchísimo. Lo curioso es que no sé por qué me metí en eso. Mientras lo hacía me preguntaba: ¿Pero por qué estoy escribiendo un libro así? Nunca había hecho nada semejante en toda mi vida. Y lo único que se me ocurría era que, de manera un tanto extraña, Crane era la continuación de mi última novela, 4 3 2 1, la versión número cinco de la vida del protagonista, Ferguson.

P. La llama inmortal de Stephen Crane es un libro difícil de clasificar. No es ficción, pero se lee como si fuera una novela más de Paul Auster.

R. La energía emocional e intelectual que volqué en él es la misma que pongo cuando escribo una novela. No es una biografía, ni mucho menos una obra de crítica literaria, algo que detesto. Crane es una figura enigmática. Su personalidad tiene facetas muy contradictorias, todas fascinantes. Me di cuenta de que si quería comprenderlo, necesitaba filtrarlo por el tamiz de la imaginación. Fue un proceso muy parecido al que llevo a cabo cuando creo un personaje de novela muy complejo. A medida que profundizo en él, se vuelve cada vez más accesible.

Paul Auster, durante la entrevista de su casa de Brooklyn (New York).PASCAL PERICH

P. ¿Qué le interesó de Crane como escritor?

R. Cambió las reglas del juego. Elevó el arte de narrar a otro plano. Liberó a la novela norteamericana de las convenciones que la tenían aprisionada desde hacía 150 años. La roja insignia del valor, por ejemplo. Es una novela de guerra, pero está escrita de un modo que no se había hecho nunca, transmitiendo las sensaciones de un chico de 16 o 17 años que se ve envuelto en una situación que no comprende. Crane logra traducir sus percepciones a un lenguaje crudo pero lleno de vida. Y el retrato de la pobreza que lleva a cabo en Maggie, una chica de la calle, resulta asombroso teniendo en cuenta que cuando escribió esa novela tenía poco más de 20 años.

P. Su libro empieza hablando de genios precoces, como MozartGlenn GouldBobby Fischer… En el caso de Crane hay que añadir el detalle de que murió muy joven.

R. Solo que en literatura no hay genios precoces, no es posible. Se pueden dar en música, en artes plásticas, en ajedrez, en matemáticas, pero en literatura no porque para dominar el lenguaje hace falta que pase mucho tiempo.

P. Lo que asombra de Crane es que a pesar de que murió a los 28 años gozó de la admiración de gigantes como Joseph Conrad o Henry James.

R. James era un genio que comprendió inmediatamente que Crane era el futuro de la literatura. Y su amistad con Conrad fue muy profunda. Crane tuvo una enorme influencia en él. Hace poco leí un artículo muy brillante en el que se rastrea el impacto de Crane sobre Lord Jim, la obra maestra de Joseph Conrad. Según el artículo, el personaje de Lord Jim se inspira en parte en la figura de Crane.

P. En su libro dice que la inmensa estatura literaria que según usted tiene Stephen Crane se sustenta sobre media docena de obras por lo demás muy breves.

R. Su reputación descansa sobre La roja insignia del valor y Maggie, una chica de la calle, las dos novelas por las que es más conocido. Son obras maestras, pero a mí lo que más me llama la atención son los textos cortos, en especial dos relatos de unas 30 páginas cada uno, El bote a la deriva y El hotel azul.

P. ¿Puede hablar brevemente de ellos?

R. El bote a la deriva está basado en una experiencia real de Crane, que sobrevivió a un naufragio frente a las costas de Florida cuando se dirigía a Cuba como periodista. Es la crónica del día y medio que pasó en alta mar con el capitán y dos tripulantes, intentando alcanzar la orilla. Aquella experiencia cambió su visión de las cosas. La solidaridad entre los cuatro hombres que iban en el bote le hace ver que en el mundo impera el sinsentido. No hay un dios que lo controle todo, no hay más fuerza que la de la naturaleza, que es completamente indiferente hacia la suerte que pueda correr la humanidad. En ese contexto, lo único que da sentido a la existencia es la solidaridad.

P. ¿Y El hotel azul?

R. Lo escribió un año después y va incluso más lejos. Es una historia enigmática, un relato escalofriante en el que en ningún momento se sabe exactamente qué sucede ni por qué. Tiene lugar en un paisaje onírico y solitario de Nebraska. En mitad de una pradera se alza un hotel pintado de azul en el que se encuentran atrapados unos hombres que esperan a que amaine un temporal de viento y nieve jugando al póquer. Al final tiene lugar un asesinato en circunstancias inexplicables. Matan al protagonista, el sueco, que está medio loco. Uno de los personajes, contrafigura de Crane, trata de entender lo sucedido hablando con otro de los jugadores, un cowboy. Crane se asoma a los resortes más oscuros de la conducta humana con solo 26 años.

P. ¿Qué cabe esperar de Paul Auster después de este libro?

R. He decidido volver a la ficción. Estoy escribiendo cuentos.

P. Eso es algo que nunca había hecho. ¿Es muy diferente de escribir novelas?

R. Pregúntemelo dentro de un año.