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Etiquetas: [CURIOSIDADES]  [LOS 26 MÁRTIRES CRISTIANOS DE NAGASAKI]  
Fecha Publicación: 2022-03-08T00:28:00.001-08:00

El 5 de febrero de 1597, 26 cristianos (jesuitas, franciscanos y conversos japoneses), fueron crucificados en la colina de Nagasaki (Japón) por una orden imperial en base a una mentira, según la cual, estos sacerdotes católicos serían en realidad, la avanzadilla de un ejército conquistador español.

Crucifixión de los mártires

El 15 de agosto de 1549, los sacerdotes jesuitas Francisco Javier, Cosme de Torres y Juan Fernández llegaron a Kagoshima desde España con las esperanzas de llevar el catolicismo a Japón. El 29 de septiembre de aquel año, Javier visitó a Shimazu Takahisa, el daimyō de Kagoshima, pidiéndole permiso para construir la primera misión católica en Japón. El daimyō consintió con la esperanza de poder tener una relación comercial con Europa. 

Esta actitud tolerante hacia los misioneros de la Compañía de Jesús concluyó con el asesinato de Oda Nobunaga en el incidente de Honno-ji y posterior ascenso al poder de uno de sus principales vasallos, Toyotomi Hideyoshi. Hideyoshi, de actitudes más conservadoras hacia las influencias extranjeras, subvirtió la política de su antecesor y promulgó en 1587 el primer edicto de prohibición del cristianismo en Japón y expulsión de los misioneros jesuitas.

Este edicto fue el primer paso de una larga represión que tuvo su momento álgido, después del incidente del San Felipe, con la condena a muerte de 26 cristianos 4 misioneros franciscanos europeos, un franciscano novohispano (San Felipe de Jesús), un indio (San Gonzalo García), 3 jesuitas japoneses y 17 laicos japoneses, incluidos 3 menores de edad, los cuales salieron de Kioto escoltados por soldados y fueron ejecutados en la colina Nishizaka, en las afueras de Nagasaki.​ Los individuos fueron alzados en cruces y lanceados ante la multitud.

Ilustración de la crucifixión

Según el jesuita Diego R. Yuki, los portugueses, españoles y los cristianos japoneses que contemplaron la escena, rompieron el cordón de los soldados, corrieron hacia las cruces y empaparon de sangre trozos de paño y se llevaban pedazos de los hábitos y kimonos de los ajusticiados. Los soldados los arrancaron de allí a golpes. Al restaurarse el orden, Terazawa Hanzaburo (hermano del Gobernador de Nagasaki y que crucificó a los 26 mártires) colocó centinelas con severas órdenes para que nadie se acercase. Después, la colina comenzó a llenarse de oraciones de varias gentes. Se tuvo que cubrir los cuerpos. 


En los días siguientes Terazawa hizo cercar el lugar con cañas de bambú y reforzó la guardia. Sin embargo, de día los cristianos simulaban negocios que los obligaban a pasar por el camino de la colina deteniéndose en ella, hasta que los centinelas los forzaban a seguir. De noche pequeñas barquillas abordaban sigilosamente el acantilado. Los habitantes de Nagasaki vivían pendientes de la colina Nishizaka. Al año siguiente en 1598, un legado de Filipinas había recogido, previa autorización de Toyotomi Hideyoshi, los últimos restos de las víctimas y sus cruces; quedaron únicamente los hoyos que poco a poco iban cegándose. En los años posteriores la persecución continuó esporádicamente, explotando otra vez entre 1613 y 1637, tiempo durante el cual el catolicismo estuvo oficialmente prohibido. La Iglesia católica en Japón permaneció sin clero y la enseñanza teológica se desintegró hasta la llegada de los misioneros del Oeste en el siglo XIX.

Dos siglos y medio después de la ejecución, cuando los misioneros cristianos regresaron a Japón, encontraron una comunidad de cristianos japoneses que había sobrevivido escondiéndose. Así como hubo bastantes otros mártires (sobre todo en Nagasaki), los primeros fueron especialmente reverenciados, el más celebrado de los cuales fue San Pablo Miki, de la Compañía de Jesús. De los 26 mártires de Japón, 23 de ellos fueron beatificados el 15 de septiembre de 1627, y los 3 jesuitas en 1629. En la canonización también hubo diferencias, pero los 26 fueron canonizados el 10 de junio de 1862 por el papa Pío IX.

Monumento a los 26 mártires de Nagasaki

Esta es la lista y el perfil de cada uno de los 26 cristianos crucificados:

San Francisco, el carpintero de Kioto
Porfiado, fiel, que siguió a los otros hasta conseguir ser agregado a ellos. «Adaucto» lo llaman algunas de las crónicas, recordando un hecho parecido de la historia de la iglesia primitiva.

San Cosme Takeya
El forjador de espadas, natural de Owari, bautizado por los jesuitas y catequista de los franciscanos con quienes trabajaba en Osaka.

San Pedro Sukejiro
El joven de Kioto, enviado por el Padre Organtino para que socorriese a los Mártires durante su peregrinación. Su servicio abnegado le valió el ser añadido al grupo.

San Miguel Kozaki
De cuarenta y seis años, fabricante de arcos y flechas, natural de la provincia de Ise. Era ya cristiano cuando llegaron los frailes y puso a su servicio sus conocimientos de carpintero, ayudándoles a construir las iglesias de Kioto y Osaka. Y les dio algo que valía más aún: su hijo Tomás.

San Diego Kisai
El hermano Coadjutor devoto de la Pasión del Señor, con sus sesenta y cuatro años, su vida trabajada y su alma serena. Era natural de Okayama, y tenía a su cargo el atender a los huéspedes en la casa de los jesuitas de Osaka.

San Pablo Miki
Del reino de Tsunokuni, hijo del valiente capitán Handayu Miki. Educado desde niño en el Seminario de Azuchi y Takatsuki, había seguido en su vida de jesuita todas las vicisitudes de la Iglesia japonesa. Amó con pasión su vida apostólica. Estaba ya muy cerca de su sacerdocio. Era el mejor predicador que había en Japón; solo enmudeció cuando las lanzas rompieron su corazón de treinta y tres años.

San Pablo Ibaraki
De Owari. Fue samurái en su juventud. Bautizado por los jesuitas conoció la lucha de la tentación contra la fe y también la paz del alma, que alcanzó en sus últimos años a la sombra del convento de Nuestra Señora de los Ángeles, de Kioto. Vivía pobremente con su familia de las ganancias de la fabricación del vino de arroz, y ayudaba a otros más pobres que él. Y también predicaba a Cristo.

San Juan de Gotoo
Con sus diecinueve años inmaculados y alegres, con su corta vida bien llena en el servicio de Dios. Natural de las islas de Gotoo, hijo de padres cristianos, se educó con los jesuitas en Nagasaki y luego en el colegio que éstos pusieron en Shiki (Amakusa) para sus catequistas músicos y pintores. De allí fue a Osaka donde trabajó con el Padre Morejón hasta que Dios le ofreció la corona.

San Luis Ibaraki
El benjamín de los Mártires, doce años, de Owari, sobrino de los Mártires Pablo Ibaraki y León Karasumaro. El niño que reía y cantaba cuando le cortaban la oreja y en el camino y en lo alto de la cruz; que rechazaba con energía varonil las insinuantes invitaciones a la apostasía.

«Aquí va Luisillo, con tanto ánimo y esfuerzo que pone admiración a todos», había escrito la víspera de su muerte San Francisco Blanco.

San Antonio Deynan
De Nagasaki, cándido corazón de trece años, hijo de padre chino y de madre japonesa, educado primero en el colegio de los jesuitas de Nagasaki y luego en el convento franciscano de Kioto.

Vence al pie de la cruz la mayor tentación, las lágrimas de su madre. Luego muere cantando.

San Pedro Bautista
Embajador de España, comisario de los franciscanos, padre de los pobres leprosos, capitán de Mártires. Desde San Esteban del Valle (Ávila) hasta la colina Nishizaka su vida de cuarenta y ocho años tiene demasiadas páginas de trabajo y santidad para poder resumirla aquí.

San Martín de la Ascensión
De Guipúzcoa, treinta años. Dicen que su pureza era muy grande, tal vez por eso cantaba tanto. A pie se fue hasta Sevilla cuando recibió la orden de partir para Filipinas, y en el viejo convento de la plaza de San Francisco se repartía con un compañero las horas de la noche para llenarlas de oración.

Su apostolado en Japón, en Osaka, fue breve, su muerte espléndida.

San Felipe de Jesús, o de las Casas
Veinticuatro años, de México. Plata buena cincelada por Dios. Su vida joven fue una encrucijada de caminos, un choque de voluntades. Luchan brazo a brazo Cristo y Felipe.

Conquistado en esa lucha, Felipe siente el apremio de rescatar el tiempo perdido, es el primero en morir.

San Gonzalo García
Cuarenta años, nacido en el lejano ‘dom’ Bazain, (Vasei) de padre portugués y madre india. Catequista de los jesuitas, mercader en Macao, lego franciscano. El brazo derecho de San Pedro Bautista. Tartamudea al hablar portugués y se enfrenta en fluido japonés con el señor de Japón. Es el patrono de la diócesis de Bombay, India.

San Francisco Blanco
El gallego de Monterrey (Orense), compañero de San Martín de la Ascensión y semejante a él hasta en el irse andando a Sevilla. Hombre pacífico, silencioso, de clara inteligencia.

San Francisco de San Miguel
Cincuenta y tres años, de La Parrilla (Valladolid). Yo quisiera decir muchas cosas de él, ya que fue tan callado en su vida. «Viendo su buen espíritu y fuerzas corporales y poca malicia, le dieron hábito para fraile lego.» ¡Qué cosas dicen las viejas crónicas! También las decía él: Aquella su típica frase: «Mañana tañerán a comer», cuando querían hacerlo desistir de sus ayunos; aquel gustarle aspirar «los vientos japónicos», cuando estaba en Manila, Filipinas. Y luego su noche oscura en la misión, cuando se imagina que es inútil allí y le vienen deseos de volverse a Filipinas. Su muerte, como su vida, silenciosa.

San Matías
No sabemos su edad, ni su ciudad natal, ni la fecha de su bautismo. Solo sabemos el nombre y el rasgo con que alcanzó el martirio. Buscaban los soldados a otro Matías; éste se ofreció en su lugar, los soldados lo aceptaron; Dios también.

San León Karasumaru
De Owari, hermano menor de San Pablo Ibaraki. Fue bonzo budista en su juventud. Ganado para Cristo por un jesuita japonés, su vida fue siempre modelo de fervor. Cuando llegaron los franciscanos, él fue su principal apoyo. En la construcción de las iglesias, la adquisición de los terrenos o la dirección de los hospitales, siempre podían contar con León. Catequista celoso, hombre de oración, figura en la historia del martirio como la cabeza del grupo de mártires seglares.

San Ventura
Su vida joven lleva el sello de los caminos misteriosos de Dios. Bautizado muy niño, pierde a su madre a los pocos años; viene una madrastra pagana y Ventura es confiado a un monasterio de bonzos. Un día descubre que está bautizado, busca y en el convento franciscano de Kioto, su ciudad natal, encuentra la paz del alma. Pidiendo por la perseverancia de su padre y la conversión de su madrastra, camina hacia la cruz.

Santo Tomás Kozaki
Bajo apariencias un tanto rudas, su corazón de catorce años es bello como las perlas de Ise, su patria. Ya cristiano entra con su padre en el círculo franciscano. Con los frailes se queda a vivir en el convento de Osaka. Carácter recto, decidido, realiza su entrega con una sinceridad sin sombra. La carta de despedida que escribe a su madre desde el castillo de Mihara, es una de las joyas que esmaltan la ruta de los veintiséis Mártires.

San Joaquín Sakakibara
Cuarenta años, de Osaka. Bautizado por un catequista cuando se hallaba gravemente enfermo, muestra luego su agradecimiento por el don del bautismo ayudando a construir el convento franciscano de Osaka, donde trabaja después como cocinero. Su carácter colérico se suaviza, se hace humilde, servicial. Y de su cocina lo saca Dios para llevarlo a los altares.

San Francisco, el médico apóstol
Natural de Kioto, de cuarenta y ocho años. Todavía pagano llevó durante cuatro años un rosario que había pertenecido a Francisco Otomo, el daimyō de Bungo. Tocado de la gracia, llega al convento de los franciscanos. Una vez bautizado y después de convertir a su mujer, pasa la vida al lado del convento curando gratis a los pobres, llevando la luz a las almas.

Santo Tomás Dangui
El farmacéutico de carácter terrible, trocado por la gracia en bondadoso catequista. Cristiano antiguo de Kioto, trasladó su tiendecilla al lado del convento de Nuestra Señora de los Ángeles. Vivía de la venta de sus medicinas y enseñaba a otros el camino del cielo.

San Juan Kinuya
Veintiocho años, de Kioto. Fabricaba y vendía tejidos de seda. Bautizado hacía poco por los misioneros franciscanos, se fue a vivir cerca de ellos. En sus tejidos suaves, de vivos colores, iban entreveradas muchas oraciones y mucho amor. Y a Dios le agradó aquella vida de oración y trabajo.

San Gabriel
Natural de Ise. Otra vida joven, diecinueve años, alegremente inmolada. Deja el servicio de un alto oficial de Kioto por el de la casa de Dios. Convertido por Fray Gonzalo, supo caminar rápido, sorteando los obstáculos que se oponían a su paso. Era catequista.

San Pablo Suzuki
Cuarenta y nueve años, de Owari. Al horde mismo de la colina, para que su palabra ardiente, apostólica, pueda volar con libertad. Habían pasado trece años desde que recibió el bautismo. La fogosidad de su carácter, atestiguada por cicatrices en su cuerpo, se transformó en celo, y fue de los mejores catequistas de los franciscanos, el encargado del hospital de San José, de Kioto.




Etiquetas: [CURIOSIDADES]  [LA HUMILLANTE MUERTE DE LOS INFAMES CORSARIOS INGLESES DRAKE Y HAWKINS]  
Fecha Publicación: 2022-01-07T15:13:00.003-08:00

 Los infames corsarios ingleses Francis Drake y John Hawkins bajo órdenes de Isabel I de Inglaterra, son derrotados y humillados por un  contingente español muy inferior.

Batalla en un barco pirata

¿Quiénes son los protagonistas de nuestra historia de hoy? pues dos personajes de la peor calaña, piratas de unos mares y de una época en la que el más fuerte se cobraba la vida del vencido en alta mar. Contratados por la corona británica y tratados como héroes, acabaron sometidos y ridiculizados por una defensa española en inferioridad numérica.

Francis Drake (1540-1596) fue un corsario, explorador, comerciante de esclavos, político y vicealmirante inglés. Dirigió numerosas expediciones de la Marina Real inglesa en la propia España y en las Indias. En una época en la que Inglaterra y España estaban enfrentadas militarmente, fue considerado como un pirata por las autoridades españolas, mientras en Inglaterra se lo valoró como corsario, se le honró como héroe y fue nombrado caballero por la reina Isabel I.

John Hawkins (1532-1595) fue un navegante, mercader, corsario y comerciante de esclavos inglés. Hawkins ideó el bloqueo naval para interceptar la Armada Invencible y fue uno de los marineros ingleses más importantes del siglo XVI, siendo el arquitecto jefe de la Armada Isabelina.

Jhon Hawkins y Francis Drake en un retrato conjunto

Tras los fulgurantes éxitos iniciales de Inglaterra en las primeras etapas de la Guerra anglo-española (1585-1604), en 1590 la escuadra española al mando de don Alonso de Bazán había derrotado a otra inglesa en la isla de Flores, en las Azores, y el desempeño de la contienda había llegado a un punto de inflexión, marcado por la derrota de la Invencible Inglesa de 1589 tras la que la evolución de la guerra comenzaba a decantarse por el lado español. Después de las magníficas expectativas iniciales, lo cierto es que a pesar de los constantes intentos no se había conseguido apresar ninguna de las flotas de Indias españolas ni arrebatar un palmo de terreno a las posesiones de Felipe II de España. 

Hay que recordar que Drake ya tenia en su curriculum el tremendo fracaso de la Invencible Inglesa en la primavera de 1589, la cual dirigía. La intención de esta fuerza de invasión era aprovechar la ventaja estratégica obtenida sobre España tras el fracaso de la Grande y Felicísima Armada enviada por Felipe II contra Inglaterra el año anterior. La operación acabó en una total derrota, sin precedentes para los ingleses, y constituyó un rotundo fracaso de dimensiones comparables a las de la Armada española. A raíz de este desastre, el que había sido hasta entonces héroe popular en Inglaterra, Francis Drake, cayó en desgracia.

Mapa de las fracasadas campañas de la Invencible Inglesa

El iluminado Drake, propuso entonces a la reina Isabel enviar una expedición al Caribe con el objetivo principal de establecer una base inglesa permanente en Panamá desde la que se pondría en peligro el dominio español de América. La reina accedió a la proposición del famoso corsario, pero desconfiando de su anterior desempeño en la expedición de la Invencible Inglesa puso como condición que el mando fuese compartido con el reputado marino John Hawkins. 

Así, se organizó una flota cuyo núcleo estaba formado por seis galeones reales, el Garland, el Defiance, el Bonaventure, el Hope, el Foresight y el Adventure. Además de estos buques, unas 20 embarcaciones de diversos tamaños y un gran número de barcazas se dispusieron para la expedición. El contingente lo componían unos 1500 marinos y 3000 soldados. Si bien el tamaño de la flota era modesto comparado con las que solían operar en Europa, era la mayor flota enviada contra las posesiones españolas de ultramar hasta ese momento. El 7 de septiembre de 1595 la escuadra inglesa partía de Plymouth.

Al poco de partir de Inglaterra, la flota inglesa comenzó a sufrir la carestía de víveres y agua potable. Ante la imposibilidad de llegar a América en esas condiciones, se produjo una discusión en la que se debatía si era conveniente, aun a costa de perder el factor sorpresa, atacar las islas Canarias, en el África occidental. Thomas Baskerville (general de las tropas) aseguró que sus tropas podrían tomar Las Palmas en menos de 4 horas,​ lo que supondría, además de la solución al problema del abastecimiento, una inyección de moral a sus soldados en lo que se preveía como una fácil victoria. 

Al avistamiento de los barcos, el gobernador Alonso de Alvarado logro reunir a 1500 hombres para defender la isla de Gran Canaria. Tras hora y media de combates, los ingleses se retiraron habiendo perdido unos cuarenta hombres y cuatro barcazas, y habiendo sufrido los buques que atacaron fuertes daños de diversa consideración. Por su parte los españoles apenas sufrieron algunas bajas.

La flota inglesa no había podido solucionar sus acuciantes problemas de aprovisionamiento, por lo que continuaron navegando pegados a la costa en busca de una zona propicia para abastecerse. Por su parte, las autoridades españolas ordenaron a varias patrullas a caballo seguir por los caminos costeros a la flota enemiga. Al llegar a la despoblada bahía de Arguineguín, los ingleses enviaron un bote a la costa para conseguir agua potable, pero la dotación del bote fue sorprendida en la playa por una patrulla española que la atacó, matando a ocho y tomando dos prisioneros. Los prisioneros fueron inmediatamente interrogados, descubriéndose el plan inglés, lo que resultaría decisivo, pues el gobernador Alvarado envió inmediatamente aviso a las Indias y a España.​ El resto de la flota prosiguió hasta llegar a la isla de La Gomera, donde se acercó a una zona despoblada para abastecerse de agua y leña, hecho lo cual, puso rumbo a América el 6 de octubre.

Alonso de Alvarado, fue un explorador y conquistador español (1500-1556)

La escuadra inglesa llegó al mar Caribe en noviembre de 1595. Allí Drake fue informado de que un galeón español, el Nuestra Señora de Begoña, que había partido a principios de marzo de La Habana con las flotas de Tierra Firme y de Nueva España, se había visto obligado a separarse de su convoy tras un fuerte temporal en el que había sufrido graves daños su arboladura. El barco, comandado por don Sancho Pardo Osorio había conseguido arribar a duras penas a San Juan, transportando un gran tesoro valorado en 3 millones de pesos de plata. Sin demora Drake ordenó poner rumbo a Puerto Rico. Don Sancho había enviado aviso a España de su comprometida situación en una carta fechada el 23 de mayo.

El galeón Nuestra Señora de Begoña

Tras tenerse noticia en la corte española del incidente, rápidamente se dispuso para el rescate una flotilla de guerra, al mando de don Pedro Téllez de Guzmán, formada por cinco fragatas. Dada la rapidez de estos nuevos barcos, y el gran conocimiento que los marinos españoles tenían de las corrientes y vientos dominantes en el Océano Atlántico, la flotilla de Téllez de Guzmán, navegando a contrarreloj, llegó al Caribe al mismo tiempo que la flota inglesa, tropezando con la retaguardia de Drake en las proximidades de la isla Guadalupe. El capitán español ordenó sin pérdida de tiempo arremeter contra el grupo de nueve buques ingleses​ que tenían frente a ellos, trabándose un rápido combate en el que resultaron muertos 45 ingleses y 25 fueron hechos prisioneros, capturándose el buque Francis.​ 

Tras el interrogatorio del capitán enemigo, Téllez supo de los planes ingleses, y siendo consciente del peligro que corrían San Juan y el Nuestra Señora de Begoña partió inmediatamente hacia Puerto Rico, tomando la delantera al grueso de la escuadra de Drake y arribando a la isla el 13 de noviembre. La escasa guarnición de la ciudad, compuesta por unos 400 hombres, se vio reforzada por los 300 hombres de la dotación del Nuestra Señora de Begoña y por 500 más de la flotilla de Téllez de Guzmán. Los oficiales españoles para preparar la defensa, se echaron a pique varios buques viejos en la bocana del puerto, para dificultar la entrada de los ingleses, se organizaron diversas posiciones artilleras en lugares estratégicos, y se dispusieron las cinco fragatas de modo que cubrían con su artillería la entrada a la bahía, a la espera de la llegada de Drake.

Fuerte San Felipe del Morro en San Juan, Puerto Rico

Ya el 22 de noviembre se veía desde costa a la flota inglesa. En una penosa estrategia, Drake viendo la disposición de las fuerzas españolas decidió no entrar en el puerto de San Juan por el momento, y ordenó a sus buques echar las anclas para disponerse a pasar la noche frente a la bahía. Desgraciadamente para ellos, no se percataron de que fondeaban al alcance de un grupo de baterías que se habían adelantado desde el Fuerte de San Felipe del Morro. 

Con los buques ingleses inmovilizados, y cuando Drake se disponía a cenar junto a sus oficiales, los artilleros españoles abrieron fuego contra la escuadra inglesa. Una bala penetró en la estancia del almirante inglés, muriendo en el acto los capitanes Clifford y Brown, aunque Drake salió ileso. John Hawkins perdió la vida durante esta acción artillera, aunque las fuentes inglesas contradicen esta versión alegando que murió enfermo durante la travesía a Puerto Rico. Rápidamente los ingleses, bajo el fuego de los cañones españoles, levaron anclas y se alejaron a una distancia prudente de la entrada al puerto, habiendo perdido a varios hombres. Drake decidió fijar el ataque definitivo para la noche del día 23.

Cañón original del fuerte San Felipe del Morro en San Juan, Puerto Rico

El plan inglés consistía en, amparándose en la oscuridad, enviar a varios cientos de hombres en barcazas, quienes se acercarían sigilosamente a las fragatas de Téllez de Guzmán y las quemarían utilizando bombas incendiarias. Una vez fuera de combate los buques españoles, los barcos ingleses se adentrarían en el puerto y atacarían los fuertes, mientras los hombres enviados previamente desembarcarían en la ciudad y la tomarían. 

Ya de madrugada, se enviaron 30 barcazas con 50 hombres cada una, varias de las cuales se acercaron en total silencio a las fragatas españolas. Al llegar a ellas, los ingleses hicieron uso de sus artefactos incendiarios, prendiendo fuego a tres de los buques antes de que los españoles pudiesen percatarse de lo que sucedía. Las tripulaciones de dos de las fragatas consiguieron extinguir las llamas, pero la Magdalena se incendió pereciendo abrasados cuarenta de sus tripulantes y salvándose el resto lanzándose al agua. Pero pronto se evidenció el garrafal error táctico que había cometido Drake. De la Magdalena brotaron unas inmensas llamas que iluminaron todo el escenario en varios cientos de metros a la redonda, quedando las indefensas barcazas inglesas al descubierto. Los artilleros españoles de las cuatro fragatas restantes pudieron apuntar tranquilamente antes de abrir fuego. Con unas pocas salvas la flota de barcazas enemiga quedó destrozada, mientras las dotaciones acribillaban incesantemente con sus mosquetes a los náufragos. Los ingleses perdieron unos 400 hombres y el ataque quedó desbaratado.

Tras esta nueva derrota, el "héroe ingles" Drake, resistiéndose a darse por vencido intentó nuevos desembarcos pero las fuerzas inglesas ya fueron rechazadas sin grandes dificultades. Finalmente, el corsario inglés ordenó la retirada y el 25 de noviembre partió de Puerto Rico. 

Téllez de Guzmán, tras una prudencial espera para asegurarse de que los ingleses no volvían, embarcó el tesoro de 3 millones de pesos y levó anclas el 20 de diciembre llegando a España y dando parte a las autoridades de la situación en el Caribe, tras poner a salvo el tesoro. España organizó una flota al mando de don Bernardino de Avellaneda y don Juan Gutiérrez de Garibay, compuesta por 8 galeones y 15 embarcaciones con un total de 3000 hombres a bordo. La escuadra zarpó de Lisboa el 2 de enero de 1596 con la misión de localizar lo antes posible a los ingleses y expulsarlos de los dominios españoles.

Carta de navegación de Teixeira fechada en 1573

Los ingleses pusieron rumbo a Panamá con el objetivo de establecer una colonia permanente desde la que amenazar las posesiones españolas en América. Desesperados por la falta de víveres, desembarcaban en cada población española que veían, pero la noticia de su presencia ya se había difundido por todo el Caribe, por lo que los colonos españoles habían abandonado las villas indefensas, llevándose con ellos todas las provisiones, y formando partidas guerrilleras en el interior de las inhóspitas junglas centroamericanas. Drake, impotente y furioso, ordenaba quemar todos los asentamientos abandonados con los que se iba encontrando.

Drake continuo hasta Cartagena de Indias, pero sabiendo que la ciudad ya estaba fortificada, decidió continuar hasta Panamá. 
El 6 de Enero de 1596 los ingleses llegaron a Nombre de Dios, pero el asentamiento había sido también abandonado por sus pobladores. Drake ordenó el desembarco de unos 1.000 hombres al mando de Baskerville que avanzarían por tierra, tras lo que se dispuso a remontar con una flota de barcazas el río Chagres. La intención era formar una tenaza y tomar Panamá. Así pues, tras dos días de marcha, las tropas de Baskerville llegaron al fuerte de San Pablo, defendido por los setenta hombres del capitán Enríquez, unos 70 hombres.

Al amanecer del día 8 de enero los ingleses se lanzaron al asalto del fuerte español, pero los hombres de Enríquez, bien parapetados y manteniendo una estricta disciplina de fuego, consiguieron resistir hasta que a mediodía, el capitán Hernando de Liermo Agüero llegó con un minúsculo refuerzo de cincuenta hombres. Agüero, tras estudiar la situación y comprobar la abrumadora superioridad enemiga, ideó una estratagema que resultaría exitosa: ordenó a sus cincuenta hombres formar en una zona de alta vegetación próxima al lugar de los combates, y repartió entre sus soldados todos los tambores y clarines con los que contaba su reducida fuerza. Tras esto, ordenó el avance a través de la maleza haciendo el mayor ruido posible, de modo que diese la impresión de que el refuerzo español era mucho más numeroso de lo que en realidad era. Los ingleses, desalentados por los frustrados ataques al pequeño fuerte y golpeados por las enfermedades tropicales, cayeron en la trampa y Baskerville ordenó la retirada inmediata.

Tambor de un tercio

Durante los tres días que llevó a Baskerville regresar a sus buques, los ingleses fueron sufriendo un goteo interminable de bajas debidas a los ataques de las guerrillas españolas, las enfermedades, e incluso los ataques de indios hostiles.​ Al llegar de nuevo a Nombre de Dios, las tropas inglesas habían sufrido 400 bajas entre muertos, heridos, desaparecidos y enfermos graves. Tras tener noticia Drake del descalabro de Baskerville y regresar al lugar donde la flota inglesa estaba anclada, comprobando la magnitud de la nueva derrota ordenó zarpar, tras incendiar Nombre de Dios, el 15 de enero, enfermo y desmoralizado.

Poco después, mientras trataban de recoger agua potable, una partida formada por vecinos de la pequeña villa de Santiago del Príncipe sorprendió a los ingleses, matando a 37 de ellos.​ Tras nuevos intentos de aprovisionarse y nuevas bajas debidas a las guerrillas españolas y a las enfermedades, el legendario corsario y pirata inglés, fallecía el 28 de enero de 1596, víctima de la disentería, contraída por el consumo del agua en mal estado que los ingleses se vieron forzados a beber. 

El cadáver de Drake, fue arrojado al mar en un ataúd lastrado, en las proximidades de la costa panameña. El mando de la escuadra inglesa recayó entonces en sir Thomas Baskerville. El general inglés era plenamente consciente de que la misión había fracasado. Además de los dos almirantes, Drake y Hawkins, habían perdido la vida quince comandantes y capitanes y otros veintidós oficiales. Los buques estaban escasos de dotaciones, y las enfermedades tropicales diezmaban día a día a los poco aclimatados expedicionarios ingleses. Por ello, Baskerville decidió poner rumbo a la isla de Pinos para acometer reparaciones y prepararse para el regreso a Inglaterra.

Lanzamiento del cuerpo de Drake al mar

El 2 de marzo, mientras los españoles se encontraban en Cartagena, recibieron noticias de la presencia de la flota inglesa en la isla de Pinos, próxima a Cuba, por lo que el almirante Garibay decidió partir inmediatamente al mando de 3 buques en busca de la flota enemiga, pese a no haber tenido tiempo de limpiar la quilla de los barcos. Así, el día 11 de marzo, Garibay sorprendía a la flota inglesa anclada frente a la costa de Pinos y con varios botes aún en tierra que ultimaban la recogida de víveres antes de regresar a Inglaterra. Inmediatamente y a pesar de contar con tan sólo tres galeones, pero contando con la ventaja del factor sorpresa, Garibay ordenó acometer a los dieciocho buques ingleses, trabándose un combate en el que fue apresado un galeón inglés con 300 hombres a bordo, y una pinaza con veinticinco.​ Además, las dotaciones de los botes que se encontraban en tierra fueron también hechas prisioneras. El resto de la flota inglesa, cortó las amarras de las anclas y se dio a la fuga. Poco después llegaba el almirante Avellaneda que se lanzó a la persecución de la flota inglesa, perdiéndola a la altura del canal de Bahama, donde los ingleses decidieron jugarse el todo por el todo arrojando su artillería por la borda y mojando las velas para ganar velocidad.

Finalmente, tras una penosa travesía en la que los brotes epidémicos diezmaron a las tropas inglesas, ocho de los veintiocho buques que habían partido en 1595 de Plymouth consiguieron regresar a Inglaterra. Al poco tiempo, llegaba al puerto español de Sanlúcar de Barrameda la flota de Indias, llevando un cargamento de 20 millones de pesos. 

Recorrido aproximado de la expedición de Francis Drake y de John Hawkins de 1595-1596

La aplastante derrota sufrida por la expedición de Drake y Hawkins de 1595-1596 supuso la victoria decisiva española en el escenario americano de la guerra anglo-española de finales del siglo XVI. Tras la victoria decisiva en el escenario europeo frente a la Invencible Inglesa de 1589, la guerra se decantaría definitivamente hacia el lado español. Los españoles demostraron su capacidad para mantener intactos sus dominios de ultramar, disponiendo de una eficaz Armada, la mejor de su tiempo. 

Tras conocerse la muerte de Drake en España, el ilustre dramaturgo don Félix Lope de Vega, veterano de la infantería de marina española que había participado en la conquista de la Isla Terceira en 1582 y en el desastre de la Armada Invencible de 1588, compuso un poema épico, titulado La Dragontea en el que se narra la derrota de Drake a manos de los españoles en la que sería su última expedición. 
En la dedicatoria al futuro rey Felipe III, Lope de Vega declaró: Dos cosas me han obligado a escribir este libro, y las mismas a dirigirme a Vuestra Alteza: la primera que no cubriese el olvido tan importante victoria, y la segunda que descubriese el desengaño lo que ignoraba el vulgo; que tuvo a Francisco Draque en tal predicamento, siendo la verdad que no tomó grano de oro que no costase mucha sangre.

Etiquetas: [BATALLAS]  [1503 BATALLA DE CERIÑOLA]  
Fecha Publicación: 2021-10-31T02:41:00.004-07:00

 Ceriñola marca el inicio de la hegemonía que España impuso en los campos de batalla europeos hasta la derrota de Rocroi en 1643. El Gran Capitán se destaca como genio militar, sembrando la muerte entre los franceses y cambiando el rumbo del mundo.

El Gran Capitán contemplando el cadáver del Duque de Nemours, comandante del ejército francés en la batalla de Ceriñola.

Las guerras italianas, también conocidas como "las grandes guerras italianas" y "las guerras de Italia", fueron una serie de conflictos sucedidos entre 1494 y 1559 que implicaron, en distintas ocasiones, a los principales Estados de la Europa Occidental: Francia, España, Sacro Imperio Romano Germánico, Inglaterra, la República de Venecia, los Estados Pontificios y la mayoría de las ciudades-estado italianas, así como el Imperio Otomano.

Inicialmente se trató de una disputa dinástica acerca de los derechos hereditarios de Francia sobre el Ducado de Milán y el Reino de Sicilia Citerior, pero las guerras se convirtieron rápidamente en luchas territoriales y de poder entre los distintos participantes, que estuvieron marcadas por juegos de alianzas, contra-alianzas y frecuentes traiciones.

Tras la inesperada ruptura por parte de los franceses del Tratado de Granada, por el que el Reino de Nápoles quedaba repartido entre España y Francia, el duque de Nemours forzó a las huestes del Gran Capitán a batirse en retirada y refugiarse en la ciudad de Barletta, en 1502. A la espera de refuerzos, las tropas españolas se dedicaron a practicar salidas nocturnas y emboscadas contra los franceses, táctica heredada de la guerra de Granada y que exasperaba a los franceses que no estaban acostumbrados a ese tipo de enfrentamientos. Durante aquella espera, llegaron a organizarse duelos singulares entre caballeros españoles y franceses. El más famoso tuvo lugar el 21 de septiembre de 1502, y en él se batieron durante más de 6 horas once caballeros franceses contra once españoles (Desafío de Barletta). El resultado fue muy favorable a los españoles, resultando un caballero muerto, otro rendido y 9 heridos por parte francesa, y un caballero rendido y dos heridos por parte española.

Provincias del antiguo reino de Nápoles

Finalmente, tras la victoria de la escuadra española del almirante Juan de Lezcano sobre la francesa del almirante Prijan en la batalla de Otranto, el Gran Capitán pudo reforzarse con lansquenetes alemanes, con los cuales se lanzó a la ofensiva en la primavera de 1503. Para avanzar con la mayor rapidez posible, el general español ordenó que cada caballero transportase en las grupas de su caballo a un infante, lo que dado el sentido del honor de la época, provocó un aluvión de protestas por parte de los soldados. El Gran Capitán acalló inmediatamente las quejas dando ejemplo él mismo.6​ Gracias a esta acción, inaudita para aquella época, el ejército español logró alcanzar la pequeña villa de Ceriñola con tiempo suficiente para preparar cuidadosamente la defensa ante el inminente ataque francés. Rápidamente el general español ordenó cavar un foso y con la tierra extraída levantar un parapeto sobre el que se afianzaron afiladas estacas. Cuando finalmente las tropas del duque de Nemours se aproximaron a Ceriñola, el Gran Capitán ya había preparado la defensa y definido una estrategia.

Ceriñola se halla situada sobre un monte, en cuyo declive había muchas viñas y al final de ellas, un barranco. El Gran Capitán estableció su campamento en este sitio; ordenó agrandar el barranco y levantar su borde formando una trinchera guarnecida con estacas y garfios de hierro para inutilizar la caballería enemiga.

Las fuerzas españolas estaban formadas mayoritariamente por infantería, compuesta por arcabuceros, ballesteros, coseletes, y piqueros. En cuanto a la caballería, ésta era llamativamente escasa en comparación con otros ejércitos, y estaba formada por caballería ligera y caballería pesada. La artillería disponible constaba de unas 13 piezas dispuestas en una pequeña colina que se elevaba tras el foso y el talud (formado a su vez por la tierra extraída al cavar el foso) que protegían Ceriñola.

Los arcabuceros, en primera línea, estaban dispuestos en dos grupos de unos 500 hombres cada uno tras el talud que seguía al foso excavado y en varias trincheras situadas delante del foso. Tras ellos, y en el centro se agrupaban unos 2500 piqueros alemanes. A ambos lados de los piqueros se habían situado sendos grupos de unos 2.000 coseletes y ballesteros cada uno. Tras los coseletes y hacia los flancos, se colocaron los dos grupos de unos 400 hombres de caballería pesada, mandados por Próspero Colonna y Pedro de Mendoza.

Finalmente, en la colina en la que se encontraba la artillería, se situó un grupo de 850 hombres de la caballería ligera, dirigidos por Fabrizio Colonna y Pedro de Pas, ambos bajo mando inmediato del Gran Capitán, que tenía desde allí una visión completa del campo de batalla. La misión de la caballería ligera era evitar que las tropas francesas copasen a la infantería española en caso de conseguir romper las defensas y atravesar el talud.

Por lo tanto, aunque Gonzalo Fernández de Córdoba se enfrentaba a fuerzas superiores, había conseguido muchas ventajas estratégicas gracias a su cuidadosa preparación de la batalla, pues había ocupado las alturas de Ceriñola, y atrincherado sus soldados con empalizadas, fosos y estacas. Además, también su artillería estaba mejor situada que la francesa.

Tercio español formado un escuadrón

Las fuerzas francesas seguían manteniendo un concepto de batalla casi feudal, con preponderancia de las cargas de caballería pesada, y con un alto número de mercenarios (en este caso suizos), pero, al mismo tiempo, contaban con más artillería que los españoles. Esta paradoja sería constante en la primera mitad del siglo XVI en todos los ejércitos franceses.

En el caso de Ceriñola, las tropas francesas, mandadas por el duque de Nemours, se agrupaban en cuatro grandes bloques. En vanguardia, estaba la caballería pesada, separada en dos grupos de unos 1000 jinetes cada uno. En ella, al mando inmediato, se encontraba el propio duque de Nemours. Tras ellos se situaron 3000 piqueros mercenarios suizos, mandados por Chadieu. Inmediatamente después, en otro gran grupo de 3000 hombres, se situó la infantería gascona. Al frente de la infantería se situaron las 26 piezas de artillería de las que disponían. Finalmente, la caballería ligera, mandada por Yves d'Allegre, aguardaba tras todos ellos orientada hacia el flanco izquierdo en el sentido de avance de las tropas.

Cuando el ejército francés llegó a las proximidades de Ceriñola, viendo el Gran Capitán la enorme ventaja que tenían las fuerzas francesas, le comentó a García de Paredes que en ese día serían vencedores o quedarían muertos en el campo como buenos soldados, "que un buen morir honra la vida", a lo que el Sansón  extremeño contestó: "Ellos morirán y nosotros venceremos".

El duque de Nemours había concebido la batalla como un choque brutal de sus pesados cuadros de caballeros e infantes, seguro de que con esas fuerzas barrería literalmente las posiciones españolas. El Gran Capitán, por el contrario, había dispuesto un planteamiento táctico diferente, dando especial importancia a la utilización del terreno y al uso de los arcabuceros.

Diego García de Paredes aplastando tropas francesas en el puente del río Garellano

Una de las características más sorprendentes de la batalla, fue la extrema rapidez con la que se desarrolló. Desde la primera carga francesa hasta la rendición, apenas transcurrió una hora.

El Gran Capitán, conocedor del entusiasmo de los franceses por las cargas de caballería, ideó una estratagema que consistía en provocar una carga y atraer la caballería francesa hasta el alcance de la artillería y los arcabuceros españoles, para infligir desde el primer momento el mayor daño posible al enemigo con el mínimo coste. De este modo, cuando la tarde empezaba a caer, la caballería española salió a campo abierto y simuló una carga contra los franceses.

Tras una breve escaramuza, los españoles fingieron la retirada, perseguidos por la caballería pesada francesa, que antes de llegar al foso y el talud, se encontró inesperadamente con las trincheras de vanguardia en las que se agazapaba parte de los arcabuceros, que inmediatamente abrieron fuego, al igual que hizo la artillería. Esto provocó un retroceso momentáneo de la caballería francesa, que se lanzó entonces en paralelo al talud y hacia la izquierda, tratando de buscar una vía de entrada a los parapetos del flanco derecho español. Durante este recorrido, la caballería francesa fue destrozada por el fuego de los arcabuceros españoles, muriendo en ese momento el duque de Nemours, que fue alcanzado por tres disparos.

Todo el Ejército francés se lanzó entonces a la batalla, emplazando su artillería en vanguardia de la infantería, y disponiéndose los tres grandes bloques restantes en posición diagonal con respecto al foso y al talud que protegían a las tropas españolas.

En plena batalla, la artillería española quedó inutilizada al explotar accidentalmente toda la pólvora. El Gran Capitán, testigo del desastre de su artillería arengó inmediatamente a sus tropas diciendo «¡Ánimo! ¡Estas son las luminarias de la victoria!¡En campo fortificado no necesitamos cañones!»

La infantería francesa entabló combate entonces con las tropas españolas, pero fueron diezmados por el fuego incesante de los arcabuceros. El jefe de los piqueros suizos, Chadieu, cayó también muerto. Cuando la proximidad de la infantería francesa fue demasiado peligrosa para los arcabuceros, el general español les ordenó retirarse a la vez que ordenaba avanzar a los piqueros alemanes, que se enfrentaron en combate cerrado a los suizos y gascones, rechazándolos finalmente.

Por último, y ante el desastre francés, el Gran Capitán ordenó a todas sus tropas abandonar las posiciones defensivas y lanzarse al ataque. La infantería francesa fue rodeada entonces por los ballesteros, arcabuceros, coseletes y por la caballería pesada española, sufriendo un gran número de bajas. La caballería ligera española se lanzó a su vez contra la caballería ligera francesa, al mando de Yves d'Allegre, que se vio obligado a huir. Ante esta circunstancia, la caballería ligera española también cargó contra la infantería francesa. Las tropas francesas, ante el tremendo castigo que estaban sufriendo, acabaron por rendirse.

Durante la batalla, los arcabuceros españoles efectuaron un total de unos 4000 disparos.

Tercios españoles en plena batalla

La derrota francesa en Ceriñola, junto con la batalla de Seminara ocurrida la semana anterior, en la que las tropas españolas de Fernando de Andrade y Hugo de Cardona vencieron al Ejército francés de D'Aubigny en Calabria, supuso un giro a la situación de la guerra en Nápoles: a partir de este momento serían las fuerzas españolas quienes tomaran la iniciativa en el transcurso de la guerra, haciendo retroceder a los franceses hacia el norte.

Desde el punto de vista militar supuso una revolución en las tácticas de batalla, y sembraría algunas de las bases de la guerra moderna. Por primera vez en la historia, una infantería provista de arcabuces logró derrotar a la caballería en campo abierto. El general español aplicó un sistema de contención-contraataque, fundado en la utilización de las armas de fuego con finalidad fijante y de perturbación de la carga de caballería francesa, añadiendo además una acertada elección de la ocasión y el terreno (incluyendo su preparación) donde presentar batalla.​ Además, el Gran Capitán demostró una vez más que un ejército formado por unidades más pequeñas e independientes proporcionaba una movilidad que suponía una ventaja determinante en batalla con respecto a ejércitos agrupados en bloques más numerosos, como el mandado en aquella ocasión por el duque de Nemours. A pesar de que hasta entonces los ejércitos españoles, al igual que los de otras potencias europeas, estaban basados en el uso masivo de la caballería, herencia de las guerras de la Reconquista, esta nueva infantería estaba estructurada en unidades creadas por el Gran Capitán y llamadas coronelías, las cuales, una vez probada su gran eficacia en batalla, serían la semilla de los célebres tercios españoles durante las décadas siguientes.

Ceriñola marca el inicio de la era de la infantería, que se mantendría como la fuerza preponderante en cualquier ejército de Europa durante más de cuatro siglos, hasta bien entrada la Primera Guerra Mundial.

Fecha28 de abril de 1503
LugarCeriñola (Apulia), Italia
Coordenadas41°16′00″N 15°54′00″E
ResultadoVictoria española
Beligerantes
Pavillon royal de la France.png Reino de FranciaPendón heráldico de los Reyes Catolicos de 1492-1504.svg Monarquía Hispánica
Comandantes
Luis de Armagnac  
Chadieu  
Yves d'Alègre
El Gran Capitán
Próspero Colonna
Diego de Mendoza
Fabrizio Colonna
Fuerzas en combate
Infantería ligera: 3000
Piqueros: 3000
Caballería ligera: 1500
Caballería pesada: 2000
Artillería: 26 piezas
Total: 9500 hombres y 26 piezas de artillería
Infantería ligera: 2000
Ballesteros: 2000
Piqueros: 2500
Caballería ligera: 850
Caballería pesada: 800
Arcabuceros: 1000
Artillería: 13 piezas
Total: 9150 hombres y 13 piezas de artillería
Bajas
3000​-4000100​-1000


Etiquetas: [CURIOSIDADES]  [LA UNIDAD EZQUERRA BERLIN VIDA O MUERTE]  
Fecha Publicación: 2021-08-16T00:24:00.002-07:00

 Durante la última batalla de la Segunda Guerra Mundial en Europa, un grupo de unos 300 españoles defendió en Berlín el búnker de Hitler ante el avance de los aliados. Miguel Ezquerra, el líder de la unidad, afirmó que el mismísimo Hitler le recibió en su búnker para concederle la Cruz de Caballero...

Batalla de Berlín

Historia increíble como pocas y no muy conocida. La creación y marcha de la División Azul a la URSS para combatir el comunismo es un hecho conocido a nivel popular. Gestas bélicas como la de Krasny Bor o el cruce del lago Ilmen, demostraron la resistencia y eficacia de los soldados españoles en batalla. Cuando el gobierno español dio la orden a aquellos voluntarios de volver de nuevo a España, hubo un hombre que atravesó solo la frontera con Francia, se unió a las SS y recibió el encargo por parte de los nazis de crear una unidad de combatientes hispanos. Aquel peculiar personaje era Miguel Ezquerra.

Miguel Ezquerra

Todo comienza unos años antes. En 1940, tras la caída de Francia, Ezquerra trabaja como profesor de español contratado por el Ministerio de Asuntos Exteriores en una escuela de Bayona. Su trabajo finalizó cuando los alemanes ocuparon el país y se formó el gobierno de la Francia de Vichy. El 22 de junio de 1941 Adolf Hitler le declaró la guerra a la URSS, iniciando la Operación Barbarroja. Ese mismo día Ramón Serrano Súñer, entonces ministro español de Asuntos Exteriores, declaró la famosa frase: «Rusia es culpable». Miles de españoles partieron como voluntarios en la División Azul, pero Ezquerra no fue seleccionado.

Durante todo el año 1941 Ezquerra, apelando a su experiencia en combate, presionó a la embajada alemana en Madrid para que le escogieran. Entonces, con los relevos de finales de 1942, fue destinado con el grado de teniente a una unidad antitanque. Desde Logroño partió hacia Alemania y después al Grupo de Ejércitos Norte del Frente Oriental, que se encontraba inmerso en el Sitio de Leningrado. Allí combatió en la Batalla de Krasny Bor. El 7 de octubre de 1943 Francisco Franco dio la orden de regresar a España a la División Azul. 

Voluntarios de la Division Azul

A su vuelta a España a finales de 1943, Miguel Ezquerra se trasladó a Sevilla con su esposa y dos hijas para trabajar como maestro de colegio a la espera de que las circunstancias cambiasen en Europa debido a que el Gobierno Español había prohibido a todos los ciudadanos tomar partido por ningún bando en la contienda mundial. La situación le fue favorable en 1944 cuando tuvo noticia que de que secretamente Alemania estaba reclutando españoles para servir en las Waffen-SS. 


Fue entonces cuando el 2 de Abril dejó atrás Sevilla y se presentó en la frontera de Irún junto a viejos compañeros de la División Azul y del Frente de Juventudes de la Falange con la esperanza de cruzar la frontera con Francia. Una vez en territorio galo, las tropas alemanas arrestaron a Ezquerra y al resto de falangistas para conducirles hasta un cuartel de la Gestapo, donde fueron interrogados e inmediatamente puestos en libertad tras relatarles las verdaderas intenciones de su viaje. Una vez admitidos por la autoridades alemanas en Francia y tras autorizarse su incorporación a las SS, Ezquerra y sus amigos fueron enviados a Burdeos, luego París y por último a Versalles, antes de ser trasladados a la propia Alemania.

Su nuevo destino sería Prusia Oriental, donde fue integrado como oficial en un regimiento de 400 efectivos, de los cuales la mayoría eran también españoles. Durante esta etapa ayuda a cruzar la frontera a los voluntarios que deseaban, de manera ilegal, reincorporarse o incorporarse por primera vez a las filas alemanas. Mientras llevaba a cabo esta tarea, los Aliados rompieron el Frente Occidental a mediados del verano de 1944, siendo entonces Ezquerra adscrito como observador a las 1ª y 2ª Divisiones SS Panzer “Leibstandarte Adolf Hitler” y “Das Reich” con las que viajó 300 kilómetros hasta Normandía, contemplando en persona la cruenta lucha que costó un 65% de bajas a los alemanes y la vuelta de las fuerzas del Eje a París.

Desembarco de Normandía

Al producirse el Levantamiento de París por parte de la Resistencia Francesa contra el Ejército Alemán el 24 de Agosto de 1944, Ezquerra y otros españoles de la Falange contribuyeron a evacuar la capital. Justo en los momentos antes de abandonar definitivamente París, Ezquerra pudo contemplar como los tanques de los Aliados irrumpían en la capital, curiosamente estando en vanguardia la 9ª Compañía de Infantería Española “La Nueve” compuesta por viejos enemigos republicanos de la Guerra Civil.

A finales de 1944 las Waffen-SS crearon la Unidad SS Española “Ezquerra” bautizada con ese nombre en honor a su comandante Miguel Ezquerra. Compuesta por 37 españoles que según el rango variaban en un oficial, dos sargentos, cinco cabos y veintinueve soldados, la formación fue integrada en la 28ª División SS de Granaderos Belga Valona “Wallonie” al mando del general León Degrelle y caracterizada por un símbolo identificativo que incluía la Cruz de Borgoña en honor a los Tercios de los siglos XVI y XVII, así como un escudo con los colores rojo y oro de la bandera española.

28º SS Division Wallonien

La Batalla de las Ardenas comenzada el 16 de Diciembre de 1944 cuando el Ejército Alemán desencadenó una ofensiva sorpresa contra el Ejército Estadounidense situado entre la frontera de Bélgica y Luxemburgo, fue la primera campaña de grandes dimensiones en la que participó Miguel Ezquerra. Al mando de la propia Unidad SS Española “Ezquerra”, los hispanos atacaron un campamento norteamericano con baterías de artillería que se situaba en la orilla opuesta del Río Mosa, donde tras infiltrarse y volar un depósito de municiones, acribillaron con sus fusiles y ametralladoras a todos los enemigos. 

Ezquerra enfermó por congelación de pie como consecuencia de una bota mal atada, por lo que fue enviado a Wiesbaden en Alemania y tratado por médicos que le amputaron dos falanges en tres dedos, por suerte suficiente para caminar y proseguir con la lucha en la contienda.

Batalla de las Ardenas

La Unidad SS Española “Ezquerra” fue enviada a finales de 1945 a combatir en la Batalla de Berlín con poco más de un centenar de españoles dirigidos por Miguel Ezquerra que mayoritariamente procedían de la Falange, la División Azul, la Organización “Todt”, la Guardia Civil o simplemente eran residentes en Alemania, así como algunos extranjeros que se adhirieron a los hispanos entre los que hubo diecisiete franceses, cuatro belgas valones y un suboficial letón.

Oficialmente el primer bautismo de fuego tuvo lugar recuperando la Plaza Mortiz con sus armas anticarro Panzerfaust, destruyendo cuatro tanques soviéticos T-34. 
A la mañana siguiente la Unidad SS Española “Ezquerra” al completo se movió hasta la cercana Plaza de Postdam, donde después de ocultarse tras los montones de escombros, dejaron pasar de largo a una columna de blindados enemigos, justo antes de que Ezquerra se levantara y con un Panzerfaust volase por los aire al primer carro que iba en cabeza. Inmediatamente el resto de españoles salió de sus escondites y aniquiló a toda la formación enemiga, destruyendo un total de quince tanques T-34 soviéticos.

Soldados rusos sobre un tanque en la batalla de Berlín

Gracias a la increíble victoria táctica de Miguel Ezquerra en la Plaza de Postdam contra el Ejército Rojo, él mismo Adolf Hitler le ordenó desplazarse hacia el búnker situado bajo la Cancillería para condecorarle con la Cruz de Caballero. Según la conversación que mantuvieron ambos, el Führer le expresó: “Enterado del bravo comportamiento de su unidad, le he concedido a usted la Cruz de Caballero, y además la nacionalidad alemana”. Sorprendentemente, la respuesta de Miguel Ezquerra respecto a lo de la concesión de la nacionalidad germana fue: “Continuaré siendo español mientras viva”.

El 30 de Abril de 1945 la Unidad SS Española “Ezquerra” protagonizó un asalto sobre la Plaza Wiilhelmplatz que terminó en fracaso porque las tropas soviéticas atrincheradas en la estación contigua abatieron a dos españoles y al suboficial letón, aunque durante la retirada hacia la Calle Friedrischsstrasse y el metro, Ezquerra cubrió la maniobra subido a un balcón desde el que mató con un subfusil a tres soldados rusos. Inmediatamente después de esconderse en la casa de un teniente coronel alemán con el que se dispuso a tomar la cena, un grupo de soviéticos irrumpió desde la planta baja, lo que obligó a Ezquerra a empuñar nuevamente su metralleta y acabar con varios de ellos. 

Una vez despejado el camino, Ezquerra montó en un sidecar para escapar hasta que justo antes de arrancar el motor, el conductor germano fue alcanzado por una bala, lo que le obligó a huir calle abajo junto a otro español que también resultó muerto de un disparo. Fue entonces cuando Ezquerra se refugió en la Cancillería y descendió hasta el búnker, donde se enteró que Hitler se había suicidado y además se cruzó con el Secretario General del Partido Nacionalsocialista, Martin Bormann, vestido de paisano para intentar sortear las patrullas rusas que vigilaban la capital (posteriormente fallecería en el intento). Así fue como sólo y sin saber a dónde ir, Ezquerra permaneció bebiendo licor en la Cancillería hasta que las tropas del Ejército Rojo entraron en el edificio y le hicieron prisionero.

Aliados investigando el búnker de Hitler en Berlín

Cautivo del Ejército Rojo en los primeros días de Mayo de 1945, Ezquerra tomó la determinación de que intentaría escapar hacia España o bien moriría en el intento. Así pues, desde su inicio como prisionero, Ezquerra se dedicó a buscar la forma de evadirse durante su marcha sobre Alemania Oriental.  Los pocos españoles que sobrevivieron pasaron 9 años en campos de prisioneros de la URSS. Ezquerra fue apresado y se ordenó su deportación a la Unión Soviética, pero logró escapar cuando se encontraba en Polonia.

La fuga sobre Polonia fue de las fases más complicadas para Ezquerra y sus amigos porque las patrullas del Ejército Rojo vigilaban todos los pasos y caminos. Fortuitamente el grupo de Ezquerra se encontró con un judío superviviente del Holocausto que sin saber que eran SS les proporcionó comida e incluso les acompañó un tramo del camino porque también intentaba alcanzar la seguridad de Europa Occidental. 

Milagrosamente pudieron abandonar Polonia y volver a Berlín. De nuevo en la capital de Alemania,  sería la embajada de Argentina a través de un refugiado de la antigua Unidad SS Española “Ezquerra” la que proporcionó documentación falsa a Ezquerra y los demás hispanos que finalmente dejaron atrás Berlín.

A mediados de Mayo de 1945, Ezquerra y los otros españoles que le acompañaban a bordo de un camión cruzaron la frontera del “Telón de Acero” a la altura de Magdeburgo. De hecho el que su nombre circulara en boca de numerosos soldados enemigos en Magdeburgo, llevó a Ezquerra a separarse de sus compañeros (ahora cada uno tomaría su propio destino) y a viajar hasta Bélgica.  Ezquerra abandonó Bélgica para viajar a Francia. 

Miguel Ezquerra años antes de su muerte

La llegada de Miguel Ezquerra a Burdeos constituyó una fatal sorpresa para él porque en Francia sabían de su presencia y su foto había sido colgada en todos los carteles, estando en la primera lista de personas a capturar. Afortunadamente un sacerdote católico le ayudó ofreciéndole un granero para dormir, aunque a la mañana siguiente Ezquerra tomó la determinación de marcharse de Burdeos y marchar a España directamente a pie.

Sufriendo molestas lluvias torrenciales a lo largo del trayecto y tras dormir incontables veces bajo árboles, consiguió atravesar una considerable cantidad de hectáreas de los Pirineos hasta que un buen día robó una bicicleta a un campesino y pedaleó todo lo deprisa que pudo en dirección Hendaya. A pesar de que tropas coloniales procedentes de Senegal salieron a buscarle, Ezquerra despistó a sus oponentes escalando y descendiendo montañas hasta que de pronto se encontró con una caseta y una línea divisoria custodiada por unos hombres con tricornios sobre la cabeza. Se trataba de Guardias Civiles, quienes nada más divisar a Ezquerra, acudieron a socorrerle y le introdujeron dentro del territorio español, dando por finalizada su increíble aventura.

Las hazañas arriba descritas Ezquerra se encuentran en el libro que el mismo escribió "Berlín: a vida o muerte", en el que narra sus experiencias durante la Batalla de Berlín. Se saben pocos datos sobre él respecto a su vida privada fuera de los campos de batalla. Ezquerra refirió siempre que recibió varios reconocimientos por su acción en batalla, así mismo sostiene que obtuvo la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro y la nacionalidad alemana otorgada personalmente por Adolf Hitler. No obstante, no se han encontrado registros que consten estas condecoraciones.

Falleció en Madrid en 1984, a los 71 años de edad, y fue incinerado. Desde 1995 sus restos reposan junto a los del resto de divisionarios en el Panteón de la División Azul del Cementerio de la Almudena, en Madrid.


Panteón de la División Azul

Algunos historiadores, como Kenneth W. Estes, cuestionan las afirmaciones hechas por el propio Ezquerra, ya que nunca se ha encontrado evidencia alguna que corrobore sus afirmaciones sobre el papel que desempeñó. Si bien nadie niega que estuvo presente en Alemania y que hubo una unidad de algún tipo que llevara su nombre, su rango real y participación en algunos eventos pueden ser cuestionados.

El historiador militar español Carlos Caballero Jurado especialista en la historia de la División Azul, ha calificado sus afirmaciones como «una desbordante fantasía», aunque reconoce como posible su participación en la Batalla de Berlín, añade que el encuentro con Hitler en el búnker donde unos días más tarde se suicidaría es básicamente mentira. «Puestos a inventar mentiras, mejor que estas sean muy grandes, pues las personas normales no pueden imaginar que nadie tenga tal desparpajo», añade el historiador español.

Así mismo, es muy cuestionable su participación en la Batalla de las Ardenas, por cuanto la División Wallonien, en cuyas filas supuestamente estaba integrada la llamada «Unidad Ezquerra», no participó en dicha batalla, además y teniendo en cuenta la gran bibliografía que existe actualmente sobre esta batalla, algún historiador habría escrito sobre su participación, especialmente si, como él dice, su unidad le hubiera causado más de 300 bajas al ejército norteamericano.

Finalmente, el historiador Antony Beevor, ha negado la participación de voluntarios españoles en la Batalla de Berlín calificándolo de simple mito, a este respecto Beevor comentó, en una entrevista a un diario españolː «En todos los papeles que he visto no hay ninguna mención a españoles de las SS. Tampoco había españoles en los contingentes de la SS Nordland». Así mismo negó que hubiera voluntarios españoles integrados en la División Carlomagno «No, esos soldados de las SS pertenecían a la División Carlomagno y eran todos franceses, no había ningún español. Entrevisté a su comandante, Henri Fenet».

Revista Interviu 1982

Miguel Ezquerra era un desconocido en la sociedad española hasta que en el año 1982, la revista Interviu lo entrevisto dándole una mayor fama nacional. Como si de una película de acción bélica se tratase, esta increíble historia es digna de ser contada. Mucha valentía o imaginación, saquen cada uno sus conclusiones...

Etiquetas: [BIOGRAFÍAS]  [1879 1954 JOSÉ MILLÁNASTRAY]  
Fecha Publicación: 2021-06-27T00:02:00.001-07:00

 Pocas figuras de la España reciente han creado tanta controversia como la de Millán-Astray. ¿Fue un fanático militar demonizado por la opinión pública o fue un acérrimo defensor de los intereses de España? Su historia es realmente increíble.

Millán-Astray

Nacido en La Coruña el 5 de julio de 1879 dentro del seno de una familia de clase media acomodada y culta. Su padre, aunque quiso ser militar, fue abogado, articulista, autor de libretos de zarzuela y, como funcionario del Estado, ejerció distintos cargos en varios ministerios. Tuvo una hermana mayor, Pilar Millán Astray (¿1879?-1949), que fue una escritora y comediógrafa muy popular de su época, con obras como La tonta del bote, y dirigió el Teatro Muñoz Seca, y además trabajó espiando para los servicios secretos alemanes en Barcelona.

A la edad de 15 años, el 30 de agosto de 1894, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo, donde siguió el programa de estudios abreviado dispuesto por el Gobierno para atender las necesidades de oficiales de los conflictos de Ultramar (Cuba y Filipinas), graduándose con apenas diecisiete años como teniente segundo y sirviendo después en el regimiento de infantería Asturias nº 31 Madrid. El 1 de septiembre de 1896 ingresó en la Escuela Superior de Guerra, en la que interrumpió sus estudios para incorporarse como voluntario a un batallón expedicionario que zarpa para Filipinas. Durante su estancia en las islas se distingue por su valor, especialmente por su actuación en la defensa, con 17 años, de la población de San Rafael con treinta hombres contra un número muy superior de rebeldes tagalos. 

Soldados españoles durante la revolución filipina

Por su participación en los combates recibió dos Cruces de 1.ª Clase de María Cristina, máxima condecoración al valor en aquellos tiempos, y otras dos del Mérito Militar. En julio, fue destinado de nuevo a la Escuela Superior. Durante el largo viaje de regreso, según cuenta, empezó a germinar en él la idea de constituir unidades encuadradas por soldados profesionales.

En 1905 ascendió a capitán en Madrid, donde conoció y se casó con Elvira Gutiérrez de la Torre, hija del general Gutiérrez Cámara; no tuvieron hijos. Al año siguiente, obsesionado con el Estado Mayor, pidió reingresar de nuevo.

Por tercera vez volvió a la Escuela, terminó los estudios, hizo dos años de prácticas, entre las que cabe destacar su trabajo en la comisión topográfica hispanofrancesa para trazar la frontera y obtuvo el diploma de Estado Mayor. En 1911 adoptó una decisión que marcó su carrera, nombrado profesor de la Academia de Infantería, renunció a pertenecer al Cuerpo de Estado Mayor para continuar en su Arma de procedencia. Un año después estaba en Melilla destinado.

En 1913, ante el ataque general de los hombres del Raisuni en la Yebala, le trasladaron al Tabor de Regulares de Arcila, en la Comandancia de Larache mandada, entonces, por el coronel Fernández Silvestre. En la campaña destacó a plena satisfacción ascendiendo por méritos de guerra a comandante. Tenía 35 años.


Terminadas las operaciones, volvió a Madrid, en 1917, al Regimiento de Saboya n.º 6. Allí desarrolló una incansable actividad profesional e intelectual. La experiencia de mandar en combate a soldados conscriptos y sin apenas instrucción hacía que elevado número de profesionales desearan que España siguiera el ejemplo francés con la Legión Extranjera y unidades de indígenas. El Ejército ya tenía Policía indígena y Regulares, pero hacía faltaba una fuerza de choque. Los políticos, ante la presión social, estaban predispuestos a admitir las iniciativas, que ahorrasen enviar soldados de quinta a África. Millán Astray, viendo la oportunidad, se convirtió en activo propagador mediante cartas, charlas y artículos, de la necesidad una fuerza mercenaria.

Millan-Astray aun sin sus heridas de guerra.

En el año 1918 fue modelando el proyecto, que difundió no sólo entre compañeros sino a superiores como Berenguer y Fernández Silvestre, entonces ayudante de campo de Su Majestad. Había acuerdo general con matices. Silvestre, por ejemplo, quería voluntarios pero sólo españoles. En el curso de tiro para jefes, realizado en la Escuela Central de Tiro de Valdemoro, divulgó sus ideas. El comandante Francisco Franco, también concurrente, se comprometió con él para el futuro cuerpo de voluntarios.

No paró hasta conseguir entrevistarse con el ministro de la Guerra, general Tovar, al que convenció. Durante el mes de octubre de 1919 estuvo en Tremecen y Sidi-Bel-Abbes (Argelia) conviviendo como un oficial más entre los legionarios franceses. El 28 de enero de 1920 el Rey firmó la Real Decreto que creaba el Tercio de Extranjeros, pero por una crisis el Gobierno cesó, y el nuevo ministro, general Villalba, lo archivó; hubo otra crisis y el sustituto, vizconde de Eza, tras escuchar en el Casino Militar una vibrante conferencia sobre el Tercio del recién ascendido Millán Astray, decidió poner en marcha el proyecto que, con algunas variantes, hoy perdura con el nombre de Legión Española.

Tercio de extranjeros

El código de la nueva unidad fue el Credo legionario, basado según su propio creador, en el Bushido, el código moral de los samuráis.

Millán Astray quería crear una unidad bien preparada para el combate. El Tercio no entró en combate hasta después de más de seis meses de instrucción.

Las Banderas del Tercio con esa magnífica preparación, fueron la baza fundamental de Berenguer que evitaron (1921) la caída de Melilla en manos de Abd el Krim y luego la punta de lanza con que hizo retroceder a los rifeños. La fama de su jefe, que recibió la Medalla Militar individual, se propagó dentro y fuera de España.

El 17 de septiembre,  recibió una bala en el pecho, el Rey le felicitó y nombró gentilhombre de Cámara en enero, el día 10, la segunda, esta vez en una pierna.

Las juntas de defensa determinaron su destitución como jefe del Tercio dejándole disponible en Madrid. Millán-Astray reaccionó con un manifiesto publicado en El Liberal contra las juntas y amenazó con pedir la baja del Ejército. No pasó nada gracias a la mediación del Rey.

Indudablemente, la destitución tuvo más trascendencia que un simple cambio de mando. El nombramiento del teniente coronel Valenzuela, provocó la inmediata petición de destino y marcha del comandante Franco, jefe de la 1.ª Bandera del Tercio, defraudado por considerarse como el lógico sucesor al estar propuesto para el ascenso. Valenzuela murió a los pocos meses en los durísimos combates del Tercio en Tizzi Azza y le sustituyó Franco recién ascendido. La historia seguramente hubiera sido distinta si hubiera estado en su lugar o si Millán hubiera seguido mandando el Tercio.

Un joven Francisco Franco dirigiendo tropas en la guerra de Africa

Primo de Rivera, al llegar al poder le rehabilitó colocándolo a sus órdenes directas en África, ascendiéndolo a coronel por méritos de guerra. En la primera operación en que participó, el 26 de octubre de 1924, cayó herido. Dos días después, ante la presencia de síntomas de gangrena hubo que amputarle el brazo izquierdo.

El 1 de febrero de 1926 se le concedió la vuelta al servicio activo concediéndosele el mando del Tercio que, ironías del destino, se lo entregó su antiguo subordinado, el recién ascendido a general de brigada Francisco Franco Bahamonde.

Todavía no llevaba un mes en África, cuando el 4 de marzo le dieron mando de una de las columnas organizadas en la operación sobre Bu-Zeitung, monte cercano a Tetuán, desde donde persistentemente un cañón disparaba sobre la ciudad. Nada más iniciarse el combate recibió un balazo en pleno rostro que le destrozó el ojo derecho. Lejos de encontrar la muerte, un año después le ascendieron a general por méritos, nombrándole coronel honorífico del Tercio.


Millán Astray con sus visibles heridas de guerra

Su vida militar tenía ya pocos horizontes, mutilado y lacerado por tantas heridas, aun así, le nombraron jefe de la Circunscripción de Ceuta-Tetuán, después de un transitorio paso por el ministerio como jefe de la 2.ª sección de Reclutamiento y Doctrina. En estos años se prodigó como conferenciante no sólo en España, sino también en Francia, Italia y América.

Con la llegada de la República, por Decreto de 10 de agosto de 1932, pasó forzoso a la situación de segunda reserva. La presencia entre los asesores del ministro de la Guerra, Manuel Azaña, de antiguos miembros de las extinguidas Juntas de Defensa es una de las causas, la otra parece ser que conocía la conspiración de Sanjurjo del 10 de agosto.

En 1934 el primer ministro, Alejandro Lerroux, que había sido amigo del padre de Millán, le nombró secretario del Consejo Supremo del Ministerio de la Guerra, cargo burocrático y poco importante, pero prestigioso.

Tras la elección del Frente Popular, a petición propia por Decreto de 11 de mayo de 1936, se le concedió el ingreso en el Cuerpo de Inválidos Militares. Al producirse el levantamiento militar del 18 de julio, Millán Astray se encontraba dando conferencias en Buenos Aires, Argentina.

Al estallar la Guerra Civil, Millán Astray, en cuanto pudo, se trasladó a España poniéndose incondicionalmente a disposición de Franco. Con su cuerpo destrozado físicamente, ya no valía para mandar fuerzas militares en el campo, pero realizó una activa labor de propaganda, tanto del régimen como para elevar la moral de las tropas en los frentes. Con su personalidad e impronta realizó perfectamente estos cometidos.

Millán Astray y Franco durante la guerra civil

Por deseo expreso de Franco formó el Cuerpo de Mutilados por la Patria; cumplió el encargo dando pruebas de su sentido práctico y capacidad organizativa.

Terminada la guerra, Franco premió su lealtad nombrándolo procurador en Cortes (1943) pero paulatinamente sus actividades fueron languideciendo. Aun así, siguió siendo un personaje muy conocido y popular, protagonizando anécdotas como su participación como padrino en la boda de la cantante Celia Gámez: ante las dificultades provocadas por la masiva afluencia de público gritó su famosa arenga «¡A mí la Legión!» para permitir el acceso de la novia al altar.

Fallece a los setenta y cuatro años de edad, a las diez de la noche del 1 de enero de 1954, en su domicilio de Madrid,​ debido a una enfermedad coronaria, siendo director general del "Cuerpo de Caballeros Mutilados de Guerra por la Patria". Su médico, Mauro José Rodríguez Rey, amigo personal y pupilo de Millán-Astray en la Legión, se encargó de comunicárselo al mismo Franco. Fue enterrado en el cementerio de la Almudena.

Entierro de Millán Astray

Heridas de Guerra, "el enemigo de la muerte"

Durante la guerra de Marruecos sufrió cuatro graves heridas:

-La primera se produjo el 17 de septiembre de 1921 en el barranco de Amadí, donde es herido en el pecho cuando estaba dando órdenes para la toma de Nador.
-La segunda el 10 de enero de 1922 después del combate de Draa-el Asef, donde se estableció el "bloqueo Gómez Arteche". Al ser relevado por el teniente coronel González Tablas fue herido en una pierna mientras se retiraba.
-La tercera sucedió el 26 de octubre de 1924 cuando, ascendido a coronel y camino del Fondak de Ain Yedida para tomar el mando de la "columna R´gaiga", encontró la carretera cortada por el fuego enemigo. Cuando se aproximó a primera línea para arengar a los soldados del Batallón de Burgos recibió un disparo que le destrozó el brazo izquierdo. Dicho brazo le fue posteriormente amputado al habérsele diagnosticado gangrena.
-La cuarta herida la sufrió el 4 de marzo de 1926 cuando se encontraba al mando de una columna, entabló combate con el enemigo y consiguió tomar "Loma Redonda", dando orden de fortificarla. Mientras examinaba los primeros puestos recibió un disparo en el rostro que le destrozó el ojo derecho y le produjo desgarros en el maxilar y en la mejilla izquierda. A causa de esta herida perdió dicho ojo y sufriría de vértigo durante el resto de su vida cada vez que giraba la cabeza.

"Venceréis, pero no convenceréis"

Es una famosa cita atribuida a Miguel de Unamuno, escritor y filósofo de la generación del 98, el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, durante una ceremonia de la por entonces llamada Fiesta de la Raza, aniversario del descubrimiento de América. Asistió al acto la esposa de Franco, Carmen Polo de Franco, el general africanista Millán-Astray, el obispo de la diócesis Enrique Plá y Deniel, José María Pemán, el gobernador militar de la plaza y el resto de fuerzas vivas de la ciudad.​ El evento fue abierto por Unamuno y fue retrasmitido en la radio local.

Las críticas y amenazas proferidas a todos los que no compartían los ideales de la sublevación, condenados como la antiespaña, entre otros puntos, fueron las que suscitaron el rechazo de Miguel de Unamuno que pronuncio un discurso criticando la actitud sobre la guerra civil y el papel de catalanes y vascos respecto a España.

Millán-Astray, ubicado en un extremo de la presidencia, golpeó la mesa con su única mano y, levantándose, interrumpió al rector —«¿Puedo hablar?, ¿puedo hablar?»—.​ Su escolta presentó armas y alguien del público gritó: «¡Viva la muerte!». La historiografía no consigue determinar si entonces el militar intervino y si fue ese el momento en que pronunció sus gritos de: ¡Mueran los intelectuales!​ ¡Viva la muerte!. Tras las proclamas de: ¡una, grande libre! , Unamuno continuo su discurso cargando directamente contra Millán Astray: "Este es el templo del intelecto y yo soy su supremo sacerdote. Vosotros estáis profanando su recinto sagrado. Diga lo que diga el proverbio, yo siempre he sido profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España"

Tras su discurso, varios oficiales echaron mano de sus pistolas,​ mientras Unamuno salió del paraninfo protegido por Carmen Polo de Franco, que le ofreció el brazo, y por otras personalidades, mientras era increpado con insultos y abucheos, para montarse en un automóvil que lo dejaría en su residencia de la calle de Bordadores salmantina.

Unamuno huyendo del recinto en coche

Este acto le costaría Unamuno pasar sus últimos meses de vida, desde octubre hasta diciembre del 36, bajo arresto domiciliario en su casa.

Recreación del suceso.





Etiquetas: [BATALLAS]  [1937 BOMBARDEO DE ALMERÍA]  
Fecha Publicación: 2021-02-02T15:26:00.008-08:00

 La Alemania Nazi bombardea a placer y sin piedad la ciudad de Almería en plena guerra civil. Más de 200 obuses la destrozaron y aterraron a la población.


Durante la guerra civil española la ciudad de Almería quedó enmarcada territorialmente en la retaguardia republicana. Y así permanecería prácticamente hasta el final de la contienda.  

Todo empieza con el incidente del Deutschland. El gobierno de la República había notificado a Italia y Alemania que el puerto de Palma de Mallorca no estaba abierto para visitas de buques extranjeros que pudiesen emplearlo para descargar material de guerra. El 24 de mayo de 1937 el buque italiano "Barletta", amarrado en Palma de Mallorca, fue atacado por aviones republicanos, sufriendo 6 bajas. El 26 el patrullero alemán Albatross también fue atacado.​ Los alemanes protestaron por este ataque y amenazaron con represalias si se repetían ataques similares. 

El 29 de mayo de 1937, una escuadrilla de bombarderos republicanos Tupolev SB-2 (Katiuskas) despegan para perseguir una flotilla de la armada rebelde que estaba operando en el Mediterráneo, entre los que se encontraba el crucero Canarias. Poco después volvieron dos aviones y la tripulación rusa de uno de ellos dijo que habían bombardeado al Canarias. Al parecer las tripulaciones vieron al buque fondeado cerca de Ibiza y disparándoles con su artillería antiaérea. El primer avión lanzó sus bombas, que fallaron; El segundo dio una primera pasada y en una segunda lanzó sus bombas, una de las cuales impactó cerca de la chimenea y la otra cerca de la proa. Pero el buque que recibió los impactos no era el crucero Canarias, sino el crucero alemán Deutschland. El buque sufrió graves daños materiales y hubo 31 muertos y 74 heridos. A pesar de la larga polémica en torno a este ataque, el buque alemán incumplía la normativa del Comité de No Intervención de permanecer a un mínimo de diez millas de la costa española.

El Deutschland en 1936

Indalecio Prieto intentó justificar el bombardeo diciendo que los Katiuskas eran aviones de reconocimiento y que fueron atacados antes por el acorazado alemán. Al ser informado sobre el suceso y la muerte de tantos alemanes Hitler montó en cólera, y el ministro alemán de Asuntos Exteriores necesitó seis horas para tratar de calmarle.​ Debido a la excitación, Hitler ordenó el bombardeo de Valencia (sede del gobierno) como contrapartida por este ataque, así como de Cartagena. Sin embargo, tras ser aconsejado por sus asesores militares, especialmente Erich Raeder,​ decidió el bombardeo de Almería, al ser esta una ciudad sin defensas militares de importancia y para evitar un gran eco internacional. Por otro lado, Almería se encontraba dentro de la zona de control marítimo alemán.


En la madrugada del 31 de mayo los alemanes se tomaron la venganza. El acorazado de bolsillo Admiral Scheer apareció junto a cuatro destructores alemanes, el Albatros, Leopard, Seeadler y Lluchs, que seguían un rumbo que levantaría pocas sospechas, como queriendo continuar por la costa hacia el estrecho de Gibraltar; pero, de repente, hicieron un brusco viraje hacia el norte. A las 5:30 horas de la  los cinco barcos que se vieron aparecer en el horizonte por levante y que, una vez superado el Cabo de Gata, atravesaron la bahía, viraron frente a Roquetas y se acercaron a la ciudad. Superado el castillo de San Telmo, a unas siete millas de la costa (doce kilómetros), se abrieron en abanico a formación de combate. A esas alturas, se distinguía ya perfectamente la bandera de los cinco barcos, la alemana con la cruz gamada.

A las 7:29 de la mañana abrieron fuego contra las instalaciones portuarias y cualquier barco que se encontrase en el puerto, incluyendo un pequeño submarino, aunque su principal objetivo era el Jaime I, que había partido hacia Cartagena para unas reparaciones. Posteriormente, las baterías de costa delataron su posición al intentar repeler sin éxito el ataque, por lo que pasaron a ser un nuevo blanco. Las naves dispararon con toda tranquilidad en medio del terror de los almerienses. Los obuses fueron peinando la ciudad de oeste a este y de sur a norte, en abanico con disparos por parábola. 

Edificio del Banco de España

Se vivieron escenas dramáticas. En la calle Almanzor algunos vecinos vieron con incredulidad cómo un guardia municipal, Pío Rodríguez Monroy, daba tres pasos sin cabeza antes de caer al suelo. Un obús le había segado el cuerpo a la altura del cuello. En el Puerto, un carabinero herido que era trasladado sobre un carro hacia la Casa de Socorro recibió el impacto de una bomba caída al lado mismo de la camilla improvisada. Desaparecieron no menos de tres cuerpos, el de dos guardias de asalto en la Estación y el de un obrero de fortificaciones. Las bombas les cayeron justo encima.

La escuadra alemana realizó en total más de 200 disparos antes de retirarse ante la creciente actividad de las baterías antiaéreas costeras republicanas. Finalmente, el ataque se saldó con 31 muertos, 55 heridos y 35 edificios destruidos. Al revés de lo sucedido semanas antes en Guernica con los aviones de la Legión Cóndor, los buques alemanes en ningún momento ocultaron su nacionalidad, ni pretendieron actuar como apoyo subordinado al bando sublevado, sino como fuerza naval que ejecutaba órdenes directas del III Reich.

Mapa del bombardeo del 31 de Mayo

Almería estaba sumida en el caos mientras, a las 6:50 horas, los barcos alemanes dejaron de disparar, viraron y se retiraron por Cabo de Gata.  El bombardeo duró casi una hora y los 275 disparos que se efectuaron, 94 de ellos con cañones de 280 mílimetros, cayeron sobre la ciudad, sin que las baterías de costa pudieran hacer nada porque sus cañones no tenían alcance suficiente para llegar hasta donde se encontraba la flotilla alemana.  

Las bajas civiles podrían haber sido bastantes más si el bombardeo se hubiera producido a las horas de trabajo, porque eran muchos los almerienses que, precisamente por evitar las consecuencias de los últimamente frecuentes ataques a la ciudad, dormían en los cortijos de alrededor, fundamentalmente en la zona del río.
El consejo de ministros de la República se reunió en Valencia, donde Prieto (Ministro de Defensa Nacional) propuso que la República bombardeara a la flota alemana en el Mediterráneo.​ Sin duda, aquello podía provocar una guerra mundial, reconoció, pero el riesgo valía la pena.​ Negrín respondió, cautelosamente, que habría que consultar con el Presidente de la República, Azaña, consultando también los ministros comunistas con Moscú. En este sentido, los dirigentes soviéticos se mostraron totalmente contrarios a un conflicto con Alemania,​ de la misma manera que se mostró Azaña: "Hemos de evitar que el Deutschland se convierta en nuestro Maine..."

Al final se impuso la postura de Juan Negrín en contra de tornar la contienda española en germen de una guerra europea, sospechando que Gran Bretaña y Francia podrían inclusive mantener su política de apaciguamiento hacia Hitler hasta extremos de negar apoyo a la República Española.

Milicianos almerienses sujetando una bomba que no exploto

Las protestas del gobierno de la República por el bombardeo de Almería solo se cursaron por vía diplomática. Pero eso "no cambió en nada la postura de las potencias democráticas: Francia e Inglaterra eran partidarias de la moderación para que el conflicto español no se extendiese. Dieron por zanjado el incidente. Por su parte el Gobierno franquista, tanto en su cuartel general de Salamanca como desde la junta técnica de Burgos o las distintas representaciones diplomáticas en el extranjero, guardó absoluto silencio. 

Aunque el ataque a Almería desencadenó numerosas condenas entre la opinión pública internacional, ninguna acción seria se tomó por parte de los gobiernos de las democracias occidentales (Gran Bretaña, Francia y EE. UU.). Gran Bretaña, a través de su embajador en Berlín (sir Neville Henderson), trató de apaciguar a los alemanes de que no hicieran el favor a los rojos de convertir la situación internacional española en una guerra mundial.

Antes del bombardeo alemán la ciudad de Almería ya había sufrido algunos bombardeos, pero ninguno de tanta intensidad. Por ello, en 1937 fueron construidas para refugio de la población unas galerías subterráneas, diseñadas por el arquitecto Guillermo Langle. Utilizando inusitadas técnicas de minería, Langle construyó cuatro kilómetros y medio de túneles que podían dar protección al 90% de una población de unos 45.000 habitantes. Lo infrecuente de la iniciativa y la eficacia y magnitud de la obra han hecho que se reconsidere la importancia cultural e histórica de estos refugios, que hoy día pueden visitarse en la capital almeriense.

Refugios de Almería

Fecha31 de mayo de 1937
LugarAlmería, (España)
Coordenadas36°50′00″N 2°27′00″OCoordenadas36°50′00″N 2°27′00″O (mapa)
ResultadoGraves daños en la ciudad.
Beligerantes
Flag of Spain (1931–1939).svg República EspañolaBandera de Alemania Alemania nazi
Comandantes
-Bandera de Alemania Adolf Hitler
Fuerzas en combate
-Kriegsmarine
• 1 Acorazado de Bolsillo
• 4 Destructores
Bajas
31 muertos
150 heridos
200 edificios destruidos
-

Etiquetas: [CURIOSIDADES]  [SALVAR AL SOLDADO GARCÍANOBLEJAS]  
Fecha Publicación: 2021-01-24T01:24:00.000-08:00

 Como en la famosa película de Spielberg, hubo una familia española que vivió un caso similar. Tras la muerte del 4º hijo, el mando militar ordenó el regreso del último de los hermanos que quedaba con vida que combatía en la División Azul.

Calle Madrileña de los hermanos García Noblejas

El 17 de julio de 1936 estalla la guerra civil española. La realidad es que, en casi todas las familias, hubo miembros que lucharon para los dos bandos y que, en la mayoría de los casos, el bando no obedecía a una elección personal, sino a una imposición geográfica. 

Salvador García-Noblejas Quesada, natural de Madrid, se casó con la guipuzcoana Laura Enedina Brunet Goitia. Eran una familia rica y tuvieron siete hijos: Jesús, Ramón, José, Javier, Salvador, Laura y María Josefa. Eran un claro ejemplo de familia burguesa acomodada. La tragedia llego al producirse el alzamiento. 

El padre de familia, ferviente admirador de Don Miguel Primo de Rivera, fue militante de Falange al inicio de la Guerra Civil. Es detenido por la República en una checa y trasladado a Paracuellos. Finalmente allí seria asesinado el 4 de diciembre de 1936 cuando tenía 59 años.

La madre de los protagonistas fue la primera de la familia que intervino en política. El 15 de marzo de 1931 interviene en un acto en homenaje a la muerte de Don Miguel organizado por la Unión Patriótica Nacional con la cual colaboraba "José Antonio Primo de Rivera". Es la primera oradora junto con Ramiro de Maeztu y José María Pemán. Posteriormente inició su militancia en el PNE del Doctor Albiñana, ostentando el cargo de Vicepresidenta de la Junta Cultural. A partir de 1933 obviamente todos sus esfuerzos y simpatías se vuelcan en la Falange.

Acto del 15 de marzo de 1931 por el aniversario de la muerte de Miguel Primo de Rivera. A la izquierda Rafael Benjumea, conde de Guadalhorce, en el centro Laura Brunet y a la derecha Ramiro de Maeztu.

El hermano José fue militante de la Primera Línea de la Falange madrileña, en julio de 1936 sustituye en la lugartenencia Nacional de la milicia a Gerardo González Sampedro y organiza la entrada en el Cuartel de la Montaña de los falangistas sublevados en Madrid, antes había sido el Jefe de la sexta Centuria de la Primera Línea.


Era oficial de complemento y al entrar en el Cuartel le acompaña su hermano Jesús, después de luchar bravamente y ante la rendición del General Fanjul logra escapar quitándose la camisa azul, llevando a sus espaldas al camarada herido Pablo Arredondo, al que logra dejar en un puesto médico. Logra escapar de la matanza y esconderse, por lo que es totalmente erróneo que murió el 20 de julio en el Cuartel de la Montaña, no se sabe dónde ni cómo murió, pero parece que algún camarada le vio camuflado con un grupo de la CNT, en días posteriores. Es posible que fuera detenido y asesinado. Tenía 28 años.

José García-Noblejas Brunet

El hermano Jesús fue militante de la primera línea de la Falange madrileña. Logra entrar a combatir con su hermano Pepe en el Cuartel de la Montaña. Escapa del Cuartel y logra esconderse en una embajada de la que posteriormente salió para incorporarse al Ejército Nacional, en el mes de julio de 1937 es herido en la batalla de Brunete y trasladado al Hospital de San Sebastián.

El 1 de agosto fallece de forma extraña en el hospital, pues parece que fue envenenado. Había mostrado sus simpatías por Manuel Hedilla y rotunda y públicamente mostró su rechazo al "Decreto de Unificación" del General Franco.

Jesús García-Noblejas Brunet

El Hermano Salvador al igual que sus hermanos, era militante de la Primera Línea de la Falange Madrileña, no pudo entrar en el Cuartel de la Montaña pues el alzamiento le sorprendió en su casa de Villaviciosa de Odón, dónde se escondió, a pesar de lo cual fue detenido y asesinado el 11 de septiembre de 1936, era el hermano menor y murió con 23 años.

Al ser detenido fue interrogado y torturado en una checa pues los milicianos intentaron sonsacarle la localización de un depósito de armas de la familia. Se escapo de la checa pero en su huida le vuelven a capturar y le asesinan.

Salvador García-Noblejas Brunet

El hermano Javier es quizás el mas famosos de los hermanos. Antes de la fundación de Falange , Javier participa en la "Sanjurjada" y posteriormente es uno de los camaradas que reparte el efímero periódico" El fascio". Se afilia a Falange junto con sus hermanos prácticamente desde el momento de su Fundación. Fue uno de los estudiantes que fundó el SEU y miembro muy activo de la milicia madrileña.

José Antonio le concedió personalmente la "Palma de Plata" de la Falange como reconocimiento a su valentía e intervención en distintos hechos heroicos de la Primera Línea Madrileña. Fue el Jefe de la Sexta Centuria de la milicia madrileña, sustituyendo en el mando a su hermano Pepe.

El 17 de julio de 1936 fue detenido en la Gran Vía madrileña cuando iba a incorporarse al Cuartel de la Montaña. Le trasladan detenido a la "Cárcel Modelo" a la segunda galería donde logra escapar a la matanza del 22 de agosto, junto con sus camaradas Gerardo González Sampedro y Laguna.

Le confinan después en la checa de Porlier. En enero de 1937 se le abre sumario por desafección a la República, pero gracias a una certificación falsa que se presenta de la FUE y a un escrito del PNV ( dónde se le considera afecto a la causa antifascista) logra salvar su vida y es absuelto en sentencia de 7 de abril de 1937. Es puesto en libertad, pero no sabemos qué hizo hasta el final de la guerra, aunque se supone que pasó ese tiempo escondido.

Es de los primeros que se alista para combatir al comunismo en la División Azul, donde lucha como Sargento de Milicias en el primer batallón del regimiento 262. Siempre fue de los primeros en todo, hasta para morir, por eso su cuerpo queda destrozado el 16 de octubre de 1941, cuando se encontraba con el Capitán Navarro reunido en su búnker a consecuencia del impacto de un obús ruso.

Toda la División le llora y desde Madrid se pide que traigan su cadáver a España, el General Muñoz Grandes se niega, no quería ningún tipo de favoritismo, pero acepta que su hermano Ramón, también voluntario en la División pueda ser repatriado, demasiados hermanos muertos.

Javier García-Noblejas Brunet

El último hermano era Ramón. Junto con su hermano Javier participa en la Sanjurjada del 10 de agosto de 1932, es detenido en septiembre de 1933 hasta el mes de marzo en que la causa es sobreseída. Se desconoce totalmente que hizo durante el tiempo que duró la Guerra Civil, aunque suponemos que la paso escondido. Junto con su hermano Javier se alista como voluntario a la División Azul.

Tras la muerte de su hermano Javier en Rusia, El General Muñoz Grandes, al igual que en la película “Salvar al soldado Ryan”, fue a repatriar a Ramón para que al menos uno de los hermanos sobreviviese y pudiera regresar junto a su madre Laura Brunet y sus dos hermanas. 

Pero esta historia tuvo un final más trágico que el de la película ya que Ramón murió el 10 de agosto de 1942, en un accidente de coche en la carretera de Villaviciosa de Odón a Madrid, un día antes de un acto convocado en Madrid para rendir homenaje a su familia y en la que se descubriría una lápida conmemorativa.

A la izquierda Ramón García-Noblejas Brunet durante el funeral de su hermano Javier en Rusia

A pesar de su controvertida y cuestionable trayectoria, la historia de los hermanos García-Noblejas merece ser conocida como parte de un apasionante y la vez terrible periodo de nuestro pasado reciente, para que tengamos presente las tremendas consecuencias que se pueden ocasionar cuando la violencia y el enfrentamiento se desatan sin freno en el seno de una sociedad. 

Etiquetas: [711 BATALLA DE GUADALETE]  [BATALLAS]  
Fecha Publicación: 2021-01-09T00:32:00.002-08:00

 Traicionado y abandonado por los suyos, el rey Rodrigo pierde el control de la península ante un poderoso ejército venido del norte de África. El dominio musulmán se prolongaría mas de siete siglos.

El rey Don Rodrigo arengando a sus tropas en la batalla de Guadalete,

Según la historiografía tradicionalmente admitida, basada en crónicas árabes de los siglos X y XI, tuvo lugar en la península ibérica una batalla entre el 19 y el 26 de julio del año 711 cerca del río Guadalete (Bética) y cuyas consecuencias fueron decisivas para el futuro de la península.

En la España peninsular y Ceuta reinaba el imperio visigodo que abarcaba además Portugal parte de la costa mediterránea de Francia hasta Marsella conocida como Septimania.  La Hispania visigoda se hallaba inmersa en una disputa por el trono, del que quería apoderarse Rodrigo que contaba con el apoyo de la mayoría de élite de la aristocracia seglar y eclesiástica arrebatándoselo a Agila II,  hijo del Witiza el anterior rey, quien posiblemente habría sido derrocado y muy probablemente asesinado. Al proclamarse rey visigodo Rodrigo se creó una escisión en el imperio, los partidarios de Agila no les pareció bien la proclamación de Rodrigo.

Los miembros del bando witizano, a pesar de su oposición al nombramiento de don Rodrigo, se atrevieron a jurar fidelidad al nuevo monarca mientras a sus espaldas se conjuraban para eliminarlo, algo que les dejaría libre el camino al trono. Así las cosas, el paso principal que deciden dar los hijos de Witiza para acabar con el reinado de don Rodrigo es entrevistarse con los musulmanes, que se encontraban en plena expansión, y a quienes los witizanos ofrecieron la apertura de las puertas de la Península a cambio de su ayuda.

Portada de La crónica del rey don Rodrigo, que recoge las tradiciones sobre el último rey visigodo y la pérdida de España.

Hacia el año 710 los árabes, dirigidos por Musa ibn Nusayr, se apoderaron de Septem (Ceuta), una ciudad bajo control del Imperio, gobernada por un personaje llamado Julián, que cobraría gran protagonismo en la conquista y la leyenda posterior. El puerto y los barcos del litoral africano permitirán una operación militar en la Península. Se trataba de una operación de gran envergadura, en tanto que los contingentes que cruzan el Estrecho son considerables, pero no fundamental, en cuanto que Musa se queda en África y delega el mando en un subordinado suyo llamado Tariq ibn Ziyad. Los witizanos facilitan el cruce del estrecho de Gibraltar en la noche del 27 al 28 de abril de 711.

 Los conjurados pensaban utilizar a los musulmanes para que les hicieran el trabajo sangriento: eliminar en el campo de batalla a don Rodrigo y a sus seguidores, lo cual una vez alcanzado podrían aprovechar para llegar al trono. Sin embargo, estos no contaban con que los musulmanes tenían sus propias intenciones y no se dieron cuenta de que en lugar de ser ellos quienes estaban utilizando a los musulmanes para lograr sus objetivos, eran ellos los utilizados por los omeyas para proseguir con su expansión.

Es muy probable que el general omeya Táriq desembarcase en Tarifa unos 7000 soldados de a pie bereberes, tomando Carteia y posteriormente Algeciras, donde rechazó el ataque de Bancho o Sancho, sobrino de Rodrigo que había salido a su encuentro. Poco después recibía 5000 refuerzos enviados por el califato. Sumaban 10000 bereberes y 2000 árabes. Con la llegada de los musulmanes a la Península, el plan de los witizanos comenzaba a tomar forma.


Mientras todo esto acontecía, el rey visigodo se encontraba en el norte de la península ibérica combatiendo a los vascones en Pamplona. La noticia le tarda en llegar dos o tres semanas. La crisis que padecía el reino visigodo en aquellos fatídicos momentos, con continuas confabulaciones y guerras fratricidas entre la nobleza para hacerse con el trono, limitaron considerablemente el margen de maniobra de Rodrigo a la hora de reclutar un ejército con el que hacer frente a la invasión, viéndose obligado a aceptar la interesada ayuda de los witizanos, cuya traición desconocía. Tal como fuere, pudo organizar precipitadamente en Córdoba un ejército de 40000 hombres y partir al encuentro de Táriq.​ Estimaciones modernas dicen que solo 2000 musulmanes y 2500 visigodos participaron en la batalla.

El objetivo principal de don Rodrigo era buscar el enfrentamiento directo con Tariq a través de una batalla decisiva que le hiciera retroceder al continente africano. Batalla en la que compareció toda la flor de la nobleza visigoda. Don Rodrigo y sus tropas avistaron el campamento musulmán un 19 de julio del 711, localizado sobre una colina al lado del río Guadalete y fortificado por una empalizada. La superioridad de tropas visigodas sobre los musulmanes no ayudo en una mala estrategia de batalla y en una traición por parte de los witizanos.

El día del avistamiento del campamento (19 de julio) don Rodrigo decidió lanzar su ataque. Este consistió en una carga de caballería cuesta arriba dirigida contra el campamento enemigo, pero desbaratada por el estrechamiento de la colina. Siendo las oleadas de flechas musulmanas las encargadas de masacrar a los visigodos en esta primera acción. Las tres cargas de caballería fracasaron en lograr penetrar el campamento de Tariq.

Pintura de la batalla de Guadalete

Al día siguiente los combates continuaron tras una larga noche derrotista en el campamento visigodo. Donde los witizanos se dedicaron a desmoralizar a las tropas, esgrimiendo que los invasores sólo buscaban botín y que una vez llenaran sus bolsillos regresarían a sus tierras, con lo que propusieron a sus seguidores abandonar a don Rodrigo en plena lucha para que los musulmanes acabaran con él y sus hombres. 

En plena batalla a muerte los hijos de Witiza, que comandaban los flancos, se separaron del ejército visigodo, dejando a Rodrigo en inferioridad numérica y técnica contra los musulmanes.​ Al parecer, los bereberes, con su caballería ligera y sus ataques rápidos y letales, diezmaron a las rodeadas fuerzas leales al monarca godo tras un duro combate. El ataque de Tariq fue devastador, ya que destrozó casi por completo a las huestes visigodas, haciéndose con la victoria y sumiendo en el desastre al mundo visigodo.

Desarrollo de la batalla

En la batalla el rey Rodrigo fue derrotado y probablemente perdió la vida a manos de las fuerzas del Califato Omeya. El caballo del rey fue encontrado cubierto de flechas a orillas del río Guadalete, algunos creyeron que el rey podría haber escapado pero seguramente su cuerpo fuera arrastrado por la corriente; la cuestión es que nunca se volvió a saber de él. 

La derrota visigoda dejó via libre a Táriq para llegar hasta Toledo que se encontraba desprotegida al haberse llevado consigo el rey Rodrigo gran parte de las armas de defensa de la guardia real de la ciudad. Toledo no opuso resistencia, a finales del mismo año 711 era tomada. La derrota fue tan completa que supuso el final del estado visigodo en la península ibérica.

Avance musulmán en la península ibérica

Lejos podían suponer los conjurados que su petición de ayuda para recuperar el trono a cambio de tributos les iba a costar tan caro y cuáles eran las verdaderas intenciones de conquista de los árabes. Musa, receloso de los éxitos de Tariq, decidió intervenir personalmente en el 712, al mando de un ejército de 18000 hombres, en su mayoría árabe.​ Su objetivo era restablecer la legítima autoridad que solo le competía a él en su calidad de gobernador de Ifriquiya-Magreb. La expedición, que tenía como meta Toledo, arranca en Algeciras y continúa por Carmona, Sevilla y Mérida hasta que, en la comarca toledana, Tariq y Musa unen sus fuerzas y continúan la ocupación del valle del Ebro, Asturias y Galicia sin encontrar apenas resistencia. 

La derrota en Guadalete supuso la pérdida de casi la totalidad del territorio peninsular a favor de los musulmanes, quedando como únicos focos de resistencia cristiana las regiones montañosas del norte peninsular, desde donde se extendió la futura Reconquista, la cual costó en torno a siete siglos concluir.
 
FechaAlgún día entre el 19 y el 26 de julio de 711 (fecha tradicional)
LugarDiscutido (Cádiz)
Coordenadas36°36′00″N 6°13′00″OCoordenadas36°36′00″N 6°13′00″O (mapa)
ResultadoDecisiva victoria del Califato Omeya
Beligerantes
Reino visigodoUmayyad Flag.svg Califato Omeya
Comandantes
Rodrigo  Ṭáriq ibn Ziyād
Fuerzas en combate
Estimación medieval: 40 000-100 000
Estimación de Lewis: 33 000

Estimación de Collins: –2500
Estimación medieval: 187 000
Estimación de Lewis: 10 000-15 000
(posiblemente 12 000)
Estimación de Collins: –1900