Te encuentras en la páginas de Blogsperu, los resultados son los ultimos contenidos del blog. Este es un archivo temporal y puede no representar el contenido actual del mismo.

Comparte esta página:


Fecha Publicación: 2022-03-27T10:15:00.003-05:00

Me examino los tobillos, se han tostado luego de la larga caminata. Era lo único de piel visible y siento que el sol se ha quedado allí dándome el moreno perfecto en una franja oscura y caliente que delata mis dos horas de caminata bajo el sol del verano. 

Me detengo en esa franja ahora sensible de mi piel, recuerdo una noche hace ya mucho tiempo en que cubierta con un traje de neopreno de los pies a la cabeza, la única parte sensible también fueron mis tobillos, presa de los zancudos de aquel extraño y pantanoso lugar. Sé que en algún momento olvidaré la precisión geográfica de aquel pantano, como los hechos que me llevaron allí a mitad de de la noche. Sé que mi memoria irá acomodando los recuerdos, como cajas pesadas llenas con objetos que fueron importantes en su momento pero a los cuales nadie mas reclamará. Los estantes vacíos de mi cerebro se van llenando con esas cajas frágiles de inicio, de recuerdos que en el primer momento uno misma quisiera una y otra vez volver a acariciar y sentir vida palpitante y fresca en ellos. Quizá si me tardo un poco mas, pienso, quizá si deje pasar el tiempo suficiente, la próxima vez que abra esas cajas, saldrá intacto el olor a lodo que levantaban mis pies, la noche esmaltada de negro macizo que dejaba ver millones de estrellas de las que quería aprender todos los nombres. Quizá la distancia haga que vuelvan a mi las sensaciones vividas, el tacto  áspero de las hojas en mi rostro, el sonido del neopreno al rozar mis muslos, las ramas nudosas que debía apartar con mis manos, lo torpe de mis pasos tratando de seguir el camino de arena, el dolor punzante de las cientos de picadas de zancudos de aquella noche en esos pobres tobillos.


La caminata de hoy ha sido larga, como una especie de castigo a los descalabros alimenticios del dia previo. Amo caminar, me pregunto ¿cómo alguien me criticaría por eso,? Que sería acusada solo por salir a caminar diario siendo yo mujer en este pais de acosadores Parece una broma, pero he sido juzgada y he tenido que sustentar mi postura, como si caminar por la calle libre fuera un derecho que me quieren quitar al volverme pareja de alguien. Cada vez que he amado ha habido cierto dolor en eso, cierta coacción de libertades, cierta crítica agazapada, juzgamientos y culpas. Parece que los hombres que he elegido amar siempre intentaran hacerme daño de una forma u otra o al menos hicieran que siempre este a la defensiva. ¿En qué momento me herirán con una o dos palabras? Es ineludible en mis parejas hacerlo, al fin y al cabo siempre ocurre.


Ato y desato la bolsa de almendras tostadas que llevo junto a mí para olvidar el hambre del mediodía. Podría comer esas semillas todo el dia, como modo de calmar mi angustia y la velocidad de mis pensamientos. Así que ato bien la bolsa para no volver a pecar sacando una semilla más, pero incumplo la promesa de no seguir comiendo y desato el nudo, prometiendo que esta vez si será la ultima. Que llegaré a casa con el hambre suficiente como para sentarme a la mesa y almorzar como el resto de la gente. Sin embargo, parece que nunca hago nada como el resto de la gente y eso que anteriormente era un halago para mi yo único y egocéntrico ahora resulta casi como una frase de rechazo que me hace permanecer siempre afuera del círculo en donde suceden todas las cosas corrientes de este mundo.


¿Qué es la normalidad, al fin y al cabo, mas que un deseo de algo que no se puede tener ni mantener por mucho tiempo? Camino y el sol me da en la cara y en los tobillos descubiertos, bajo la apretada malla de gimnasia que me cubre el cuerpo entero. No siento ese sol, como no siento ese calor de verano, mi transpiración es fría y de otro mundo. Llego a casa sin ganas de meterme a la ducha, solo con ganas de ocultarme bajo una manta tibia que me provea de sueños tranquilos y sin recuerdos. Mi mente viaja distraída de aquí para alla como un pez que no pudiera salir ni sobrevivir fuera de su estrecha pecera. Cargo sueños y recuerdos, pero poco a poco se van difuminando como sombras en la pared cristalina que deforma el mundo de afuera a su antojo. Soy un pez pequeño ahora, un pez hecho de recuerdos que se oculta entre el musgo de una pecera olvidada y prehistórica, un pez que alguien ha olvidado allí para que sueñe que la vida es real y son reales todas sus memorias, pero ya no estoy tan segura.

Me toco los tobillos, hay una franja oscura allí,  una franja morena que me indica que el resto de mi piel está intacta, que fue adecuadamente protegida por el traje, mis pies siguen pálidos, mis piernas siguen con el color habitual. Nadie podrá decir que el sol me ha herido, que he salido a caminar y mi piel ha sido tocada. Por fuera y a simple vista sigo intacta, este dolor de quemadura solar también pasará como aquellas picaduras de zancudo que me mantuvieron toda la noche despierta mientras me entregaba a hacer el amor bajo suaves sábanas blancas. ¿De dónde vendrá ese recuerdo? De otro mundo seguramente, un mundo  externo deformado por mi sensibilidad y nostalgia. Sigo viajando contra corriente, aunque mi trazo siempre sea en círculos.

Etiquetas: [amor]  [Lima]  [Peru]  
Fecha Publicación: 2022-02-13T14:42:00.004-05:00
 Junio decía que mi habilidad para estar en relaciones amorosas en donde buscaba curar al hombre tenia algo que ver con el hecho que yo fuera médico . “ Siempre buscas sanar al tipo que este a tu lado”  Junio, se miraba a si mismo como alguien roto en ese tiempo. Supongo que como muchos de los  que conocí luego, el ya andaba en esa edad a mitad de camino entre la depresión y la ausencia.


Lima era una ciudad sucia y gris que Junio me mostraba solo en las noches en que podíamos coincidir para algún encuentro casual. Yo había venido voluntariamente a Lima buscando el brillo de las grandes ciudades y la cercanía a un aeropuerto, los primeros meses habían sido bellos meses de verano, viviendo en Miraflores y corriendo junto al mar que en esos meses adoptaba un fantasioso color a esmeralda, pero a medida que la vida se iba cristalizando en lo que vendría a ser los años siguientes, iba descubriendo poco a poco a esa Lima sucia y de cara magullada de la que Junio escribía permanentemente con cierta sátira y encanto oscuro.


Eran los tiempos de juventud en que yo me sentía atraída solo por los tipos que escribían, no importaba si bonito, pero que escribían y que me llevaban a otro plano con eso. Porqué no decirlo, también, tipos que me hacían creer que amaban lo que yo escribía.  Yo había pasado de ser alguien detrás de las letras a un personaje a veces dulce y otras veces fiero a quien ellos deseaban proteger, o de alguna manera tener aunque sea por un rato. Yo era Laura, el personaje y estaba buscando apasionadamente ser leída y comprendida. Junio lo sabia y tenia esa ventaja por encima de mis otros lectores y futuros amantes.


Yo por mi parte les mostraba mi alegría de juguete roto, mis colores vivos de a quien no le importa nada decir lo que piensa, una sensualidad agazapada de mis días de adolescente queriendo parecer salvaje a destiempo. Ya tenia 25 años, debía ser madura entonces pero mostraba toda una faz de cinismo que solo yo me creía. Para los hombres mayores con quienes yo quería estar era apenas una niña sin experiencia de vida. ¿ Qué sabe de la vida alguien que se la ha pasado detrás de un guardapolvo blanco y unos lentes toda el tiempo estudiando ? Toda la adolescencia leyendo aventuras de grandes héroes que conquistaban continentes salvajes o que abandonaban cómodas vidas en busca de  historias de amor que jamás eran mías. 


Acababa de llegar a Lima la ciudad gris y se veía tanto que me habían roto el corazón hace poco y que buscaba en esas aventuras sentimentales con los otros la  promesa de un amor seguro que me devolviera a la idea de una raíz y de una casa, donde quiera que fuera.


La ciudad era horrible, lo recuerdo.  A medida que te acercabas a su centro sentías el desorden, el ruido y el caos. En el dia jamás salía el sol, estabas perdido y preguntando la hora todo el tiempo como en una sala de espera al infierno.  Lima tenia nombre de fruta pero  olía mal,   A veces a incienso mezclado con humedad, podredumbre y olvido.  Toda la estética feliz que me había imaginado propia de una gran ciudad llena de luces se perdía en los ropajes grises que vestía la gente que se movía rumbo al trabajo. Presentía que su ropa hablaba en un lenguaje que no podían transmitir sus caras, esa absoluta indiferencia por algún grado de belleza o esmero en conseguirla. ¡Qué snob me había vuelto después de los viajes de ese año sabático! Lima no era Buenos Aires ni Nueva York, Lima solo era Lima, húmeda y sin sol con su arquitectura colonial y su olor asfixiante a desván sin abrir, inmóvil con cara de digna amargura tratando de subsistir en medio de bocinazos y gritos de loco calado. Lima no tenia nada para mi, excepto un aeropuerto gigante esperando a que me fuera.


La verdad es que también sentía miedo, miedo de volverme como todos, de desaparecer entre la masa de gente que reía o maldecía mientras comía de pie. Indiferente a la fealdad de Lima. De vestir como obrero, no importaba la marca cara que fuera, vestir como obrero  y trabajar para alguien, dependiendo de los horarios de alguien y que ese alguien eligiera por mi las temporadas de mi vida. Como cuando podía o no irme de vacaciones, cuando tenia tiempo para tener una pareja o cuando podía comprarme lo que yo quisiera y si ese gasto era útil o no para la vida que debía llevar un obrero. La vida adulta había empezado para mi  en Lima y no antes. Porque era aquí en donde yo empezaba a pagar las cuentas de la luz y el agua, de saber cuanto valor tenia todo y el valor de esas cosas ordinarias, incluida la comida que me llevaba a la boca, acaso era el valor de mi propia vida y mi propio tiempo en este mundo.


El invierno llegó a mi en Junio como muchos inviernos mas de allí en adelante, para darme la noticia que esa vida de mierda seria para siempre mi vida. Trabajar todo el dia, no ver el sol jamás, pasármela en pasillos de hospital y por la noche  morir de soledad en mi cama y luego de esa  cama de húmedas sabanas apestosas, moverme a la clínica  privada, a ensayar mi amabilidad fingida para evitar enfrentamientos con la gente que sufriría mas que yo, como si solo eso fuera la vida. Marcar horarios, tener jefes odiosos y compañeros pasajeros. ¿Seguía pensando en curar a la gente? No sé si apenas lo lograba, mi sonrisa se había ido apagando y en su lugar había aparecido una nueva, una sonrisa de gente adulta que se reía de los chistes inútiles y de la vida diaria como si hubiera perdido la conciencia que el tiempo se me escapaba entre los dedos. Esa era la vida adulta, no había mas que eso. Intentar curar de sus miedos a mi pareja de turno, sin embargo, era algo que me ennoblecía y me quitaba el  peso de obrero asalariado de los hombros. Nadie me pagaría nada por eso, quería salvar al otro en un acto de genuina dedicación. Aunque fuera solo un hombre entre un millón, yo me dedicaría a curarlo el resto de la vida. Así de ingenua era.


Si, Junio pueda ser que no se hubiera equivocado al juzgarme en torno a mis relaciones, porque yo siempre andaba queriendo reparar las heridas de los otros, limpiando lágrimas de rostros ajenos como si fueran las mías, intentando acercarme a su dolor como si fuera el mío. Mi defecto era esa excesiva empatía por el malestar de los otros. Quería preguntar  a mi pareja ¿Qué sientes ? ¿ Qué piensas ? Como si eso fuera una anamnesis del caso clínico que yo tenía que resolver. Pero lo extraño es que pocos  de esos hombres preguntaban sinceramente por mi.  Por como yo me sentía en todo esto de llevar un trabajo sin dormir y una relación amorosa, asumían que era difícil lo que hacía , asumían que tenia que ser fuerte para ser médico,  valiente para trabajar en el área que trabajaba,  que podría aceptar bien una ruptura si se daba. No parecía ser de las mujeres que sueñen con criar un hijo. Yo era funcional. Se me veía muy profesional y lógica como para sobrellevar esos tropiezos del mal de amor. Porque eso es lo que hacia yo, componer cosas, componerme. No había tiempo para estar llorando, había que componerse sobre la marcha y seguir trabajando, seguir cumpliendo horarios, plazos límites de trabajo, había que mantener el rostro sereno para darle noticias malas a los demás y que no se descompongan ellos delante tuyo. Los hombres rompían la relación y se iban a por una cerveza, yo rompía y debía volver a mi unidad a reanimar gente  muerta o a dar las malas noticias a familias que habían perdido a alguien. Yo siempre debía seguir siendo la fuerte. Ese parecía ser el papel que habían decidido para mí.


Pero Lima no iba a ser ninguna cárcel de barrotes mohosos en mi vida, había un mar inmenso y un aeropuerto, me iría cada vez que quisiera, porque no me ataba el dinero ni la lealtad a nadie. ¿Un matrimonio?  ¿Una casa? ¡ Que bienes tan pobres me ofrecían en comparación a mis sueños!  Que indigno ofrecerme una hipoteca juntos y estrías en la panza por engendrar a críos que apenas vería. Yo había sacrificado mis sueños por seguir una carrera formal que salvaría vidas ¿por que debía también sacrificar mi vida por una relación que lo fuera? 


Tenia empatía con esos hombres rotos pero no la suficiente como para abandonar mi vida. Había visto dar puñetazos en la pared a Junio cuando le dije que amaba a otro y  también había aguantado sin llorar rompiéndome por dentro el dia que me dijeron que no se podían enamorar de mi. Amé y amé con gran pasión a las personas que pasaron por mi vida, pensando en cada uno de esos momentos si alguna de esas personas  a las que amaba tendría el valor de sacarme de esta vida. Tendría el valor que yo no había tenido de soltar las amarras y acercarme un poco a esa orilla que solo podía vislumbrar a veces en la niebla. Dejarlo todo y empezar de cero en otra parte, en donde valiera la pena arriesgarse por ser feliz. ¿Acaso no lo mereces cuando decides amar a alguien?

Los hombres de mi vida me decían: Te admiro, eres valiente, haces un trabajo excelente, pero me dejaban allí, en la orilla en donde todo era negro, oscuro y mohoso. Una pandemia. Gente muriendo, incertidumbre, pasillos de hospital, miedo. ¡Sálvalos, sálvalos a todos! Decían, pero quédate allí, ya no hay espacio para ti entre nosotros.


Etiquetas: [amor]  [Lima]  [lunes]  [Miraflores]  [poliamor]  
Fecha Publicación: 2022-02-02T21:39:00.002-05:00


Miraflores era una cuna de sueños vacíos esa noche de Lunes, en un invierno que era húmedo y pegajoso como todos los días desde que me mudara a esta ciudad. No tendriamos ninguna cita esa  noche,  Tengo reunión con los jefes, me habia dicho W. Y yo había entendido. Sin embargo caminaba arreglada por alli enfundada en un abrigo oscuro y unas botas de tacón alto, buscando el lugar de moda para terminar cenando sola. Los Lunes que era mi dia libre solía sentir la ciudad mas grande y solitaria, fue cuando mire el móvil y vi el mensaje de Da. Habían pensando semanas desde nuestra cita frustrada, si no fuera por eso jamás  hubiera coincidido con W. Estas libre para un café? Le habia  puesto yo al terminar de cenar,  sabiendo que esta vez tampoco nos veríamos. El milagro fue que la celeridad de enviarme su ubicación. Estaba a pocas cuadras de allí. “Será un placer tomar un café contigo”


Da tiene los cabellos y la barba negra, ojos de muñeca repletos de grandes pestañas y una voz acogedora de un español casi perfecto que camufla bien su francés nativo y una vida de viajero por Mexico. Lo veo y pienso que me sigue gustando a pesar de ser todo lo opuesto a W. Pero esa noche me siento segura con el, se que mi cuerpo ya ama la figura clara y los cabellos rubios de W. No hay nadie mas guapo que W en todo Tinder y aplicaciones varias. Estoy protegida de los encantos del buen Da, de sus historias graciosas, de las canciones que me muestra desde su computador abierto. Yo soy toda una doctora con ropa seria y una cartera carísima que acomodo en la silla contigua. El me cuenta de sus tiempos de okupa, de las canciones de protesta y de los países que ha conocido. Yo lo veo desde mi posición privilegiada con cierta ternura, represento todo lo convencional de lo que huye siempre. El abrigo se abre y cruzo la pierna confiada, bajo el vestido corto con las plantys oscuras. Se que a Da no le gusto, no cumplo los requisitos de ser joven, fresca y de mente abierta para las relaciones , el frío en Lima se va intensificando con la noche y el aroma tenue de Da flota en el aire recordándome la única vez que hicimos el amor hace semanas. El tipo del café nos echa de su terraza, porque según dice es demasiado tarde. Las miradas se han vuelto largas y el cabello ha sido desatado de su lugar habitual. Es mejor que me vaya, hueles demasiado bien Da. Te haz vuelto un francesito convencional de chaqueta seria y bufanda aunque no lo quieras aceptar. 


Me voy, le digo. El me detiene con suavidad, sigue siendo mas alto que yo a pesar de los tacones.

-Antes vamos por el cafe que haz venido a buscar. 


Yo lo sigo con cierta duda, de frio los pies entumecidos en las botas puntudas, pero no digo nada . No quería el cafe, quería alguien que aplaque esta soledad de Lunes, pienso. Así que echamos a caminar y la conversación fluye entre sus historias y las mías, el me supera ampliamente en su narración de lugares y personas. Siento que yo he vivido tan poco y que hay tan pocos cafes en Lima que parece que la gente te obligara a cenar sin hambre o a ir a un  hotel antes que a tener conversaciones interesantes.


Terminamos en una banca de la calle Diagonal congelándonos en esa humedad de Lunes, viendo como la gente hace cola por un poco de comida rapida. Nosotros no queremos comer, deseamos seguir hablando y hablamos como si no fuera Lunes y mas de las 11 de la noche. Como si su departamento no estuviera cerca y no fuéramos dos heterosexuales libres amantes del buen sexo. ¿Qué nos detiene? No serán la falta de ganas del uno por el otro. Al esperar el  café  de pie  en la cola, nos hemos dado un beso tierno y largo y he pensado si debería explicarle a W. Mañana que significa ese beso y  quien es Da y porque vale doble mi lealtad al resistirme a besarlo mas, porque  vale  mas el sacrificio de no permanecer mas tiempo pegada a su cuerpo cálido. 


Da tiene cara de intelectual con espejuelos que se empañan con el café  y el cuerpo tatuado de una planta espinosa que va desde la mano hasta el pie contrario, es geek, toca el saxofon, ha viajado desde chico y cree fervorosamente en el poliamor  Yo diría que he fantaseado con alguien como el desde que era niña. Y ahora esta alli tan fácil y al alcance de mi mano que disfruto resistirme a coquetearle con el descaro que quisiera.



La banca es fría, la noche es triste, su cabeza se apoya en mi hombro como lo haría un niño con sueño. Ha sido un Lunes de locos, me dice.  Ven aquí, le suelto yo y dejo que se acueste con naturalidad en mi regazo. Ahora somos dos adultos en una esquina  acurrucucados como niños enamorados. Hay una intimidad que surge entre nosotros y no llega a ser sexual ni romántica, me acerco a repetirle las palabras que no entiende  mientras reímos y alejo mis cabellos para que no le cubran los ojos. Adoro eso que haces, dice. ¿El que ? Eso de cuando te acercas y susurras la palabra correcta, porque  tus pechos ahogan mi cara y el perfume de tu cabello se queda conmigo. No es intencional, me disculpo entre risas. Lo se, pero es hermoso. Y su  barba negrísima  brilla con las luces mortecinas de la medianoche. Sus ojos de muñeca se cierran y esperan que me acerque de nuevo. Lo hago, mis senos palpitan muy cerca de sus mejillas. Comienza a llover bajito y suave como llueve en las madrugadas en Lima y yo acaricio su cabeza pensando que podría hacer eso siempre que el me lo pidiera. 


Entonces pienso que a eso debe referirse el  cuando habla que no puede ser monógamo porque el amor es imposible que sea solo para una persona. Porque esa noche yo tambien entiendo que es querer profundamente y a la vez a dos personas que son tan distintas una de otra. Esa noche quisiera decirle que acepto su propuesta del poliamor de la otra noche, que podría compartirlo con niñitas descocadas si me ofrece conversaciones como las de hoy. Quisiera decirle que ya me estoy enamorando del lejano W. Pero que no abandonaría por nada del mundo esas charlas bajo la lluvia con el o su calor en mi regazo. ¿Que nos detiene para hacer el amor esa noche? Demasiados motivos y ninguno. La lealtad, quizá. No imagino hacerle eso a W. Ni a nadie por muchos Da sensuales que existan en el mundo. Y es tan delicioso, frenar el deseo. Besarse y dejarlo ahi.  Esa noche creo en el poliamor, sin embargo no es hasta la siguiente vez que veo a W. Que me doy cuenta que es un disparate querer decirle lo de Da ¿Como amar a alguien que te da tan poco de si? Que te deja ir hasta que le vuelvas a resultar interesante por una u otra cosa del momento. ¿Soy una experiencia de viaje, una anécdota de salon, alguien que debe reinventarse para merecer siempre la atención del otro? ¿Acaso no soy única incluso en mis ratos malos y tristes?  W. Esta abriendo el corazón conmigo y puedo sentirlo, quien soy yo para preferir a mi vecino Da solo por la comodidad de una pasión geograficamente mas cercana?


Con W. Conoceré los siguientes meses la pasión, la entrega, la risa. Es una relación exclusiva en donde no hay necesidad de mostrarse extraordinarios todo el tiempo. Amo a W. En su regularidad y en sus defectos. No necesito ser interesante siempre, solo necesito ser yo y W. siempre pregunta algo mas de mi. “No me canso de saber de ti”, suele decirme y eso es tan hermoso! He dejado de ser un parque de diversiones para alguien, ahora soy la tierra extensa abriéndose delante de el. 

Los siguientes meses son hermosos. Existieron tantas dudas del presente y el futuro pero jamás dude que el amor de W. Fuera cierto. Lo dimos todo y eso está bien para mi.


Nadie que no te necesite te merece realmente. 


Etiquetas: [amor]  [fantasías]  [followers]  [Love]  [poliamor]  
Fecha Publicación: 2022-01-26T05:57:00.004-05:00

 Le tengo tanto miedo a la pagina en blanco como al espejo en las mañanas, pero a los dos les hago frente con algún desparpajo. Hay que seguir con el teatro de la vida, me digo. Y entonces me empiezo a ver y a tomar fotos y a ver de nuevo. Es cierto, soy insegura, pero a veces no lo parece y con eso a mi favor voy sacando lo mejor de mi. Que si a alguien le gustan mis piernas o mi sonrisa? Mis pechos o mi frescura ? Que tierna suena tu voz o que honesta tu mirada. Son mensajes que suelo recibir y agradezco desde dentro. Que tan poco me conocen que dicen quererme para si, solo para si. 

Y por ratos agradezco también eso, la lealtad del fan, del seguidor desbocado, del que espera un emoji o un hola de respuesta. Me parece tierno, porque los que me tienen a su lado no esperan mucho o no hacen preguntas que no sepa responder. Caen en los viejos tópicos de si escribo todavía o cual es mi color favorito. A los que me tienen cerca les tengo sin cuidado, porque ya sabes lo que dicen, por cada mujer guapa hay un hombre cansado de tirar con ella.


He dicho tirar? Que palabra mas ruin. Se la enseñe a W. Cuando hablar de follar entre nosotros sonaba demasiado lejano y extranjero. Echo de menos a W. Cuando quiero hablar largamente con alguien, o que alguien se ría de mis ocurrencias y payasadas. “ Voce esta brincando todo o tempo“, se oye su voz entre risas y me parece la cosa mas dulce del mundo que alguien pueda soportar 5 horas de aburrido viaje en auto conmigo sin perder la paciencia, haciéndome dormir en su regazo en los largos tramos donde nos quedamos parados en la carretera. Se esperaría de nosotros algo mas sexual y desbocado, pero no había ganas de ser asi a pesar de todas nuestras fantasías de hacer el amor en miradores solitarios. El conduce y yo voy con los pies puestos al frente filmando el camino y a veces su cara, que va triste y pensativa. He tenido que alejarme mucho de W. Para descubrir que era una persona triste a pesar de su belleza. Cualquiera diría que el mundo podia rendirse a sus pies, su porte, su mirada, la decisión al caminar, pero en las fotografías están los ojos con esa expresión algo triste que no supe leer a tiempo.


Dirán que he empezado a glorificar a W. Pero quizá es solo que me contuve de escribir de el ocupada como estaba en olvidarlo.Un trabajo feroz y consistente que necesitaba todo mi aplomo, Brasil me recordaba a el. Y a veces me convencía que era mi amor por Brasil y sus particularidades culturales lo que me hacia amarlo. He comparado lo que sentíamos con lo que sentí por otros, un ejercicio vano que hacemos las mujeres cuando se acaba una relación. Cualquier terapeuta lo rechazaría, pero yo mentalmente voy haciendo cuadros comparativos de cuanto cuota de amor había en cada vez juntos. 


Y entonces como hace algún tiempo me preguntas que es para ti el amor. Y eso, mi querido amigo, es un concepto que va variando con el tiempo. No dejo de ser adicta al shot de dopamina de las primeras citas, flirteos y miradas que van sucediendo entre dos personas que apenas se conocen. pero con el tiempo tiene casi tanto efecto el desarrollo de lo cotidiano, las labores ordinarias en casa, los silencios aburridos en medio de un dia sin aventuras de viajes. Las colas en el supermercado, los roces de manos, la misma pesadez de los atascos de caminos y los viajes largos. Una comienza por extrañar y amar esas partes intersticiales de un todo mucho mas grande que nosotros mismos. Que seria del amor sin eso? Sin insomnios por ronquidos o peleas por una esquina de la colcha en la madrugada?


Me llamas romántica por siquiera mencionarlo, pero te recuerdo que es la edad. La edad que traiciona y te hace extrañar al compañero, al cómplice, al que te pelea y se reconcilia, al que se calla y bromea, al que para no pelear mas te hace el amor incluso con rabia. Eso éramos nosotros, un par de desesperadas personas, como nos calificaría su ex, en la búsqueda de algo único. Por eso no nos dejábamos, había un bienestar allí en donde decidíamos estar juntos. Habían esas risa y ese sentirse apreciado, escuchado y por un momento con el total interés sobre ti de otra persona en el mundo.


Puede que este idealizando la parte linda de esa relación, pero cuando compare con las veces que no tuve eso, sentí que quizá habíamos perdido demasiado por ser tan débiles. Nada garantiza el amor en el brazo de los otros. Vamos envejeciendo y al gente se vuelve insegura y protectora de su vulnerabilidad, el narcisismo es un valor en boga y nadie puede hacernos valer por encima de sus propios intereses. Esperar el amor que no se quiere dar a fluir libremente es la espera más estéril y dolorosa del mundo. 


Algunos me decían, “Pero no puedes comparar a los hombres con W. Ese tipo era tu flaca! Nadie se interesa tanto, ni llama tanto, ni espera tanto. Los hombres somos más prácticos en eso”. Y que tal si yo amaba su lado femenino y apasionado? ¿Si yo quería que el fuera mi flaca en el dia y mi hombre en la cama? ¿Que hay de malo en sentir que una sola persona te puede dar los dos lados del mundo en un solo cuerpo y dejar de pensar que para amar necesitas varias personas a la vez para construirte un amante Frankenstein con muchas piezas de cuerpos fríos pero ningún corazón ?

Le tengo miedo al espejo de quien soy, pero quizá ya no.

Etiquetas: [amor]  [autoestima]  [claro]  [coraza]  [dolor]  [heridas]  [oscuro]  [Sentimientos]  [valor]  
Fecha Publicación: 2022-01-24T00:49:00.000-05:00

 Después de todo no es tan difícil volver a sentir. Me refiero a, que una vez gastada la cuota de cinismo necesaria para la sobrevivencia de cualquier mortal  dentro de un mundo que en su movimiento se obstina en volvernos presos de lazos y relaciones con personas sumamente distintas a nosotros mismos, convivir con aquellos seres tan  despreciables y carentes de sustancia y de afecto en muchos sentidos, podría suceder que lo que sigue como segundo paso dentro de ese camino de aprendizaje sea retirarse la coraza impenetrable, el disfraz del personaje trabajado con tanto esfuerzo a traves de los dias y volver a sentir verdaderamente.


 Hablo no de cualquier cosa sino de una coraza hecha con la paciencia y la obsesión del mejor artesano a traves de años y años de recolectar los frutos de episodios dolorosos y de coleccionar esas imágenes de exposición de la propia fragilidad mas descarnada…Hablo entonces, de quitarse esa coraza como si fuera, acaso un abrigo demasiado pesado llegado el verano. Como si eso significara quitarse una protección innecesaria que ahora solo resultaria en un bulto inútil una vez hallado el camino cierto. Parece cosa practica a la cual uno debería ponerse a la obra apenas se diera cuenta, sin oponer ninguna resistencia puesto que la conclusión obvia sería que aquella coraza no le sirve ya para nada, pero lamentablemente el proceso no es tan fácil como lo podrias imaginar. La coraza después de todo, estuvo hecha con maniaco tesón durante los dias mas frios del invierno pasado y de todos los inviernos antes que ese. No solo esta hecha de fuertes trozos de la madera mas dura del bosque, sino también de pequeños filamentos ligados a las partes mas sensibles y mas ocultas de nuestra propia vulnerabilidad. Raíces débiles que aun no saben si sobrevivirán al ser arrancadas. Debajo de esa coraza acaso esté apenas floreciendo un delicado jardín donde habitan los sueños mas caros y que moriria al primer soplo de duda de quien lo contemple con ojos de miedo.

¿Acaso no sea quitarse esa coraza el ejercicio más difícil y al que esta alguien mas reacio a hacer en esta vida ? Porque… Y después de todo,  ¿que es más difícil que exponerse voluntariamente a un dolor nuevo? A tener que enfrentarse a un dolor que es  un viejo conocido pero de diferente rostro cada vez,  un enemigo tenaz que se ríe desde la oscuridad  y en contra quien ya se ha perdido muchas veces antes. ¿ Quién seria tan valiente como para retirarse esa coraza de un tajo, sin dejar los bordes anfractuosos y sangrantes de algo que será por algún tiempo irrecuperable: La propia seguridad. La autoestima. Soportar el tiempo de quedarse en carne viva, mostrarse. Exponerse al otro solo por un pequeño momento de felicidad antes del mas terebrante dolor, la posibilidad del rechazo. Que tontería el hacerlo. Exponerse al otro solo para gozar de un pequeño momento de luz al descubrirse frágil y vuelto a nacer.


Mayo, 2021

Etiquetas: [blog]  [Domingo]  [solteros]  
Fecha Publicación: 2021-11-07T21:27:00.004-05:00

 Me pregunto porque sigo queriendo escribir. Por qué hay unos días que prefiero apagarlo todo, dejar las redes sociales, dejar el drama de mi vida, incluso dejar de tocarme y volver a escribir. ¿Será que aun después de cuatro décadas no me he acostumbrado a estar sola? ¿Que la adolescente con amigos imaginarios aun sigue haciendo lazos con las cosas, con las palabras de otros desconocidos? ¿Que sigo esperando escribir y que me escriban?


Con la llegada del WhatsApp y las mil redes de comunicación todo pensamiento fue fácil volatilizarlo, hacerlo corto, llenarlo de iconos fáciles, vestirlo de gracia. Menos palabras y menos sentimientos. Hay días en que veo en línea a gente que aun amo de formas no definidas, gente a la que quisiera hablarle, lanzar un salvavidas o un anzuelo para poder volver a acercarnos. Pero no lo hago, el cursor titila y me rindo en la duda ¿Estarán esta tarde de Domingo tan angustiados en el porvenir o atormentados con recuerdos del pasado como yo? ¿Habrán salido a dar una vuelta con el perro, a un paseo en bicicleta o a tomar un café con los amigos y se les habrá ocurrido que en medio de todo ese ruido que hace olvidar los problemas aun sigue existiendo dentro de nosotros una habitación silenciosa esperando a que se queden en calma y den rienda suelta a sus propios pensamientos?


Nadie nos deja callar. Somos una verborrea de temas fútiles y comunes. Ya lo decían en una película antigua, el éxito en las relaciones no es por el primer flechazo físico, sino en cuantos temas en común reúnen los susodichos. Yo, por lo general no quiero coincidir con nadie, me siento, como muchos de mi generación, especial en exceso. Esos que han crecido con un toque rebelde y nunca dejaron ese toque misterioso al iniciar sus relaciones con los otros. Reniego de los temas en común. Nada de convencionalismos, nada de respetar mucho la regla. Yo debería hablar a esta edad de hijos y de escuelas pero ese mundo no es el mío. Muchos de mis amigos siguen siendo solteros o viajeros o ambos. Como si casi a propósito no hubiesen querido encajar en lo que la sociedad esperaba de nosotros. Quizá también porque en el fondo no pudimos.


Cuantas historias de rechazo y drama de telenovela he oído en las historias de amor de mis congéneres. Y es que en cada historia de éxito profesional, superación y demás boludez siempre esta la impronta del amor allí clavada. Gente que eligió su profesión en lugar de la pareja de turno. Gente que emigró por amor y aquellos que no pudieron emigrar precisamente por lazos sentimentales. Aquellos a los que dejamos y los que nos dejaron. Siempre la historia de esa persona que nos dejó casi al borde de la invalidez emocional, deprimidos en cama, apenas levantándonos porque teníamos que cumplir con el deber. Siempre el deber.


Quizá ahora ya todos mis amigos sean solo médicos, los de las profesiones libres y las cíen ciencias sociales se fueron decantando en amigos similares. En intereses similares y en el fondo de mi copa quedaron solo los que comulgaban con mis neuras, compartiendo algunos temas en común, esperando ser escuchados. Pero de eso no hablamos cuando compartimos el café o unas copas, en donde por lo general reímos y hacemos gala de la felicidad de estar juntos. Hacemos ruido y hablamos de todo y nada, porque hay tanta televisión, series y libros de los cuales hablar, tanta música, lugares, comidas de las cuales comentar. Tanta vida en común y sin embargo… Esa habitación silenciosa donde habitan nuestros secretos y nuestros pesares siguen sin mostrársele a nadie

¿Para eso son las parejas? ¿Para vomitarles nuestros secretos íntimos y nuestros miedos ?¿ O es una idealización que tenemos las personas solitarias? Si al fin y al cabo nadie se conoce realmente y las parejas mejor formadas apenas se confiesan que han dejado de amarse.


Escribo un blog desde hace algunos años. Es un diario catártico de mi soledad y mis neuras. A veces quisiera compartirlo con los que amo y a veces quemarlo. Pienso cuanta gente ha pasado por mi vereda, cuanta gente me importó realmente o a quienes les llegué a generar un sentimiento de empatía. Estoy envejeciendo. Falta un mes para mi cumpleaños, me preocupo por mí cabello mis uñas y mi peso. Por si debo depilarme aquí o ponerme pestañas por allá: Todo tan frívolo y pasajero como planear un viaje que solo durará cuatro días porque cinco es un exceso en un mundo veloz como este. Todo para olvidar que cargo un año mas y sigo esperando que exista una persona por la que pueda dejar de escribir en un blog y contarle en directo mis pesares, o que al menos exista esa persona por quien seguir escribiendo en búsqueda de real cercanía.

Etiquetas: [2020]  [despertar]  [pandemia]  
Fecha Publicación: 2021-10-24T21:04:00.003-05:00

 Tal vez sea que pasada esta situación agobiante de ver partir a tanta gente nos hicimos un poco mas permeables y mas agradecidos. Tal vez solo nos dimos cuenta de lo solos que nos sentíamos, pero tengo la ligera sospecha que en estos últimos meses conocí el tipo de gente entrañable que se queda en tu corazón por el resto de la vida.


Será que los demás humanos me comenzaron a resultar mezquinos? Que me aburrió de pronto tener que poner tanto esfuerzo en gente que no valía la pena? Conservando amistades que no duraran y lazos que se formaron esperando ser rotos? Han pasado meses duros en que he temido por mi espacio en este mundo, en que he dudado de mi propio valor para existir. Si estos eran mis últimos meses sobre la faz de la tierra, entonces que había hecho para intentar ser feliz? Durante los primeros seis meses de este desastre solo estuve en una continua introspección, podía ser que me relacionara con las otras personas, que me mostrara físicamente allí, pero en realidad la vida fluía en mi cabeza pensando en que momento pase a equivocarme tanto? Había vuelto al mismo lugar en donde no me imaginaba terminar mis días, atrapada de cierto modo con gente que había crecido en direcciones opuestas y que quería diferentes cosas a mi. Todo el tiempo había tratado de huir de ese lugar, de crecer hacia afuera como una rama salvaje que rompe los limites del jardín seguro, pero aquí estaba de nuevo atrapada por mis raíces. Quizá era mi destino morir en este encierro, como una broma de la vida ante mis deseos de huida. Una broma que me decía que nunca había tenido el valor. 

Mi pasaje a Asia sin vuelo de retorno se podría en algun lugar de la red. Mis sueños de recorrer el mundo, de dejar atrás todo lo que era. De atreverme con alguien y de atreverme incluso, si ese alguien me dejaba a mitad de los planes. 

Los primeros seis meses de este infierno, estaba enfrascada en mi tormenta personal de sentimientos encontrados. En una enfermedad que no sabia lo que era y que me debilitaba y no me daba tregua,  en la vulnerabilidad de estar en el lugar menos adecuado para sobrevivir a algo como lo que estábamos pasando.

Debía ser fuerte? Ser noble? Cuando nadie fuera de tu sangre te ama, no debía acaso devolver con lealtad ese amor y quedarme junto a ellos. Con miedo. Con frustración, con ternura y con cólera. Físicamente estaba sanando, pero era momento de aceptar que ya no podría irme. Si estaba sana era una señal de que quizá estaba en el lugar correcto. 


Un día de aquellos había tomado la decisión de por fin irme y dejarlo todo, pero el mundo se encargaba de decirme que no había lugar a donde ir. Estábamos varados todos  en este pequeño monton de tierra y había que enfrentarse cada cual a su forma a sus propios demonios.

Entonces comencé a pensar en W. Obsesiva y cruelmente. Sentía que no sanaría hasta que lo dejara ir de mi cabeza. Que toda forma de dolencia física era solo la traducción de alguien a quien no dejaba ir, mi compañero de sueños no lo era mas. Había que despedirse y pensar en 

las formas en podia dejarlo ir sin resentimientos. Mis noches se llenaban de el, de mis sueños sin cumplir,  de imágenes de otras personas que me habían dejado ir antes. Comencé a soltar poco a poco en un proceso difícil en donde no había tiempo para llorar a mis propios muertos. Había que seguir siendo fuerte porque había un problema real allá a afuera no sabíamos cuanto más duraría todo esto y a quien perderíamos físicamente en el camino.

Y entonces volví a trabajar. Fue grato devolver el favor, saber que tantos años de estudio tenían recompensa. Podía ayudar y sin embargo, también fue insuficiente. Esa es una parte de mi vida que me tomara años procesar, como una especie de estrés postraumático. Dia a día era una guerra en donde decidías por la vida de cientas de personas  tratando de ser justa y pensabas si llegado el momento alguien decidiría por la vida de tu propia familia y si lo haria o no con dureza.


Hasta que la velocidad vorágine de esta pesadilla comenzó a menguar y pude pensar nuevamente en mi y en lo que quería no me di cuenta que seguía viva y que debía volver a hacer planes. Como quien saca la cabeza después de una noche de pasar un huracán por tu casa, por fin me atrevía a ver los vidrios rotos, a separar aquello inservible y a valorar  que quedaba realmente por recuperar.


Ya no estaba sola. Éramos cientos los que habíamos despertado con ese sentimiento de orfandad. Qué pasó con nuestra vida pasada? Quien se la llevo y a donde ? Un año entero en blanco. Había gente que se había quedado, que había  aparecido de cualquier lugar y de pronto se volvía indispensable para seguir adelante. Gente que sabia escuchar, que sabia estar a tu lado, que vibraba en los momentos tristes de la forma en que yo lo hacia y no tenia miedo de mostrar esa vulnerabilidad, se había necesitado una pesadilla cómo esta para por fin conocerlos realmente? Darse cuenta que necesitas de los otros mas de lo que quieres admitir?


En medio de la desgracia de este ultimo tiempo, con cientos de perdidas por todas partes mi preocupación principal seguía siendo el amor, si era digna de eso. Si alguna vez lo tendría en reciprocidad, si había que ser menos ambiciosa y conformarse con los momentos en que pudiera aparecer. Habíamos sobrevivido a algo grande y a duras penas. No era el momento perfecto para arriesgarse y ser por fin lo que siempre soñamos? Atreverse a decir la verdad, a hacer maletas e ir detrás de lo que queríamos ? No era peor morir en un lugar en que no esperábamos quedarnos?


Amaba lo soñador que era W. Me hacia sentir que podíamos ir a cualquier lado que deseáramos ir, pero nunca lo hicimos. Le desee felicidad, dicha, todo lo que pudiera hacerlo pleno aunque no fuera conmigo. Como culpar a alguien por soñar y luego detenerse por tener miedo? Acaso no lo habia hecho yo toda mi vida? 


Una nueva era habia empezado y yo y ya no era la joven soñadora de los primeros escritos, me sentía una anciana que salía de entre las piedras  de un mundo destruido y necesitaba manos que la empujaran a caminar, porque ya no confiaba ni en sus propios pies. La gente, toda la gente había cambiado. Tenían sueños nuevos que habían madurado en medio de la noche en que estuvimos ocultos. A los que conocí en ese camino de salida de regreso a la luz les entregue mi honestidad. Tenia miedo de sentir, eso era cierto. Pero había que volver a sentir para ganarse el derecho a estar viva.


Etiquetas: [cuento]  [Hombre finito]  [Laura]  [Manolo]  [marchesi]  [muerte]  
Fecha Publicación: 2021-07-05T00:58:00.004-05:00

https://yanohaymasruido.blogspot.com/2012/09/el-hombre-finito-3-laura-el-vasco-y-los.html 




Laura desapareció sin dejar rastro una mañana de Junio en que el calor del verano ya estaba en todas partes. Mi cubículo/habitación quedo entonces vacío y con el hedor a humedad y moho fluyendo desde todos los rincones. Aunque busque no halle ningún rastro de su ropa o de algún objeto personal conocido al cual aferrarme. Hasta esa mañana no me di cuenta que ademas del sexo ella y yo no habíamos compartido casi nada intimo o sustancial en los tres años que habíamos pasado juntos, mas allá de historias de ex amantes y deseos de libertad y viajes por el mundo, disueltos en historias azucaradas que podían ser suyas o robadas de alguien mas. El día que desapareció yo ya no la amaba o quizá ya no la amaba como antes, por eso no corrí a la puerta a buscarla ni llame a nadie a preguntar su paradero. Había temido que se fuera tantas veces que cuando lo hizo me sentí repentinamente cansado y viejo. Me senté en la cama a oír como el reloj hacia con sus agujas un eco metálico en la habitación vacía, mientras una cucaracha cruzo el cuarto sin ningún pudor, al saber que tampoco iría por ella. Mi cuerpo lo sentía pesado con un núcleo de concreto que debía estar imantado al mismo centro de la tierra y se extendía hacia afuera con extremidades ampulosas difíciles de levantar del piso. Era yo un organismo inerte y sin fuerzas abandonado en aquella habitación de paredes con filtraciones de agua, en donde el sonido de los ratones rasgaba desde adentro.  Cuanta miseria pensé, al irse Laura la magia de ese palacio inventado se había marchado con ella y solo quedaban migajas de la vida miserable que tenia por delante. Me pregunte si así era la muerte. Si esa sensación de abandono y de sentirse absurdo dentro de una realidad a la que ya somos ajenos, seria la misma que me ocurriría el día que muriera, si me costaria tanto levantarme del piso y solo me abandonaría a que apaleen tierra sobre mi rostro, hasta enceguecerme.  Eso, a decir verdad, ya no importaba tanto. O importaba muchísimo. Porque una vez terminado el amor importan con más materialidad aquellas cosas que jamás se dijeron, esas deudas de valor y esos silencios se cargan con un peso intrinseco ligado al propio dolor, tornándose también mas tarde en un dolor físico. Todo lo reprimido empieza a brotar  entonces, con millones de porqués. No había llegado a confesarle mi miedo a vivir ni mi miedo a morir. Ella se había ido sin saber quien era yo, quien era ese amasijo de miedos y pesares y yo desconocería para siempre todo de ella. No había hecho las preguntas correctas, quizá no había prestado la suficiente atención. Habíamos sido dos seres ficticios viviendo una mentira. Era una situación triste esa, más allá del abandono. El saber que habíamos perdido la oportunidad de conocernos de una manera real y humana.


-“Es que la historia del amor es la historia de las grandes conversaciones”- había dicho el Comandante una de las madrugadas que vigilábamos la casa de Haniel Suarez. Eran madrugadas largas en que hacíamos de vigias desde su terraza, a veces bebiendo café o fumando. Madrugadas largas en que lo conocí mas a fondo, mientras me enseñaba como limpiar un arma, o como ubicarse sin brújula en el mar solo por el rastro de las estrellas. Teníamos casi la misma edad, el me llevaba ocho o diez años apenas pero su apariencia era la de un viejo corsario con heridas de batallas de otro tiempo. El estaba lleno de cosas interesantes para enseñar y yo estaba ávido por aprender todo, pero hasta ese momento el tema del amor no había salido a flote. 

-No creí que fuera un romántico Comandante. Hasta de asesino le he visto pinta pero de romancero, nunca- le dije encendiéndole cigarro mientras le guiñaba un ojo por el humo.

El se rio de buena gana con una risa enfisematosa que hizo eco en los vacíos de la noche. Para vivir haciendo esto de querer cambiar al mundo, hay que ser un poco romántico, no crees Marchessi?


Estábamos embarcados en ese proyecto desde hacia varios meses, apenas lo conocí y supo de mi condición de muerto andante, hizo de todo para que me uniera a su causa y como yo no tenia nada que perder me fui con el. Empezó explicándome porque era necesario cambiar el mundo y a cuales responsables había que dedicarnos a eliminar en ese proceso, tunantes, escoria de la sociedad que debía ser apartada silenciosamente sin levantar barullo, políticos de medio pelo y recaderos de otros políticos aun mas oscuros. Nosotros seriamos los encargados de ir rompiendo los hilos intermedios, los puentes que se podían tender entre una y otra mafia. Y vaya que las había! Según lo que me explicaba las corrientes subterráneas eran tales, que existía una mafia desde el sector de la construcción hasta el de los panaderos. Así es como se movía el dinero y así es como se realizaban o no las obras. Yo ignoraba todo eso, porque nunca me había importado saber como era el mecanismo detrás de todas las cosas, de donde me veía el dinero que ganaba en los trabajos eventuales, o como es que incluso trabajando todos los días de mi vida, mi situación de pobre y obrero del sistema jamás cambiaria. El comandante me lo comenzó a explicar de a pocos y como si fuera un niño idiota. Tenia mucha paciencia. Me dio los libros, las armas, la teoría. Me hizo razonar y contradecirme una y otra vez en busca de la verdad. Le puso un objetivo a mi vida que hasta ese momento no había tenido otro que no fuera revolcarme por sexo, mientras esperaba la muerte. 

Éramos vigilantes de ese submundo y estábamos atentos al mas pequeño cambio dando avisos a los ejecutores del plan general cuando era necesario, pero también- y eso me lo había remarcado con mirada de acero mientras limpiabamos las armas- podíamos  en cualquier momento, pasar a ser la parte ejecutiva y claro, yo era su hombre clave. El arma secreta si todo eso fallaba. El chico que tenia la bomba en la cabeza y no temía morir.

-Mira Marchessi lo que a ti te ha faltado en la vida es amar a una mujer de a de veras, me dijo cuando me mude a su casa, que no era sino una buhardilla repleta de libros hasta el techo. Porque Mal de amores los tiene cualquiera que se arreche con el sentimiento. Pero el día que amas te dan ganas de vivir no de morirse. Y tu no haz dejado de morirte ni con ella ni sin ella.


Lo decía mientras me cargaba con la cara ensangrentada y la nariz rota de los golpes que me habían dado en la discoteca por andármela dando besos borracho a la chica de uno de los gorilas de allí. Esas peleas después de Laura habían sido frecuentes. Yo solo me iba a beber y hasta que no me sacaban a golpes la fiesta no terminaba. Fue de una de esas golpizas que me había rescatado el Comandante apartando a todos con su bastón de roble y me había llevado a rastras a su casa para curarme las heridas de la cara y un poco las del alma. Me vendo el brazo roto y la cabeza, me dio de comer, me ofreció su piso y sus libros y por sobre todo, permitió que no me quedara en silencio mientras el hablaba. Me iba sacando pequeñas cosas de mi infancia en las que no había reparado, sutiles traumas de personas y tiempos que habían sido hábilmente enterrados. Le hable de Laura no una sino quinientas mil veces, pero el no se conmovía con el tema. Decia que lo mío con Laura no era una causa sino mas bien una consecuencia de todo lo que me había pasado antes, de todas mis carencias y también las de ella y hasta que no solucionara eso, vendrían mil Lauras mas y de todos los colores.

-Pero a ella no la conozco así que ya está, que se vaya a freír espárragos que  al único que podemos curar por lo pronto, es a ti que estás aquí y hay tiempo,  decia.


Curar de que o para que? Me preguntaba a solas en medio del insomnio acompasado por sus ronquidos a mitad de la noche. Acaso no sabia que me iba a morir igual? Que no había nada que curar ni mas sentido que dar, porque ya estaba escrito como un papel oscuro lo que me deparaba el destino? Habían sido tres años en que Laura y yo habíamos compartido el piso, la cama y las desventuras. Sentía que conocía su cuerpo palmo a palmo pero la verdad  es que los seres humanos nunca nos terminábamos de conocer del todo. ¿Quien era ella? ¿A donde iba? ¿Que buscaba de mi? El comandante me repetía que no había sido amor sino arrechura, pero cuando yo pensaba una y otra vez en su melena despeinada o en sus pies tatuados no era el deseo lo que se movía en mi sino mas bien un sentimiento esponjoso que me reblandecía por dentro. Era difícil explicárselo, si lo que un hombre debe sentir por una mujer no sea acaso algo mas encaminado a la dureza y a lo falico,  sin embargo pensar en sus labios o en sus ojos al abrirse por la mañana me generaban más sentimientos tiernos que de deseo. Mirar a Laura le daba a mi corazón la textura de una galleta y ella se tornaba en el tazón de leche tibia en donde quería desmoronarme para siempre.


-Son tonterías de niñato, me dijo el Comandante. Eso no es amor. El amor ya te lo dije es la historia de las grandes conversaciones 

-Entonces usted y yo de tanto hablar vamos a acabar enamorándonos-solté yo con sorna .

-No digas estupideces, Manolo. No me haz hablado de una sola frase de valor que te haya dejado ella, una sola charla que haya sido memorable como para quedar exhaustos hablando ¿Es que nunca te haz topado con una mujer con la que te importe mas pasarte la noche hablando que pensar en como te toca el pito?

-Pues …-cavile unos instantes pensando en las manos y en la boca de Laura- Pues creo que siempre me ha ganado el deseo.

El comandante se movió cansado y rengueante por la habitación hasta llegar a un libro gordo forrado en cuero rojo, mugroso y desgastado por las orillas.


-Léelo, quizá te cambie la vida como a mi - y me soltó el libro sobre la mesa, mientras encendía el mechero que ilumino por un breve instante su cara llena de cicatrices. 

Al abrirlo, una mezcla de aroma de neftalina y lavanda ascendió hasta mi nariz. La dedicatoria iba firmada con una letra azul firme y decidida. 


Que lo que hablamos hoy no se quede en sueños.

Tuya por siempre. Clara H.


Esa noche el Comandante me hablo por primera vez de Clara Hernández alias Lola. Su mujer, su amante, el motivo que lo había hecho creer que el mundo podía cambiarse. Esa noche me dormí pensando si existía en el mundo una Clara para mi y si tendría el tiempo de encontrarla.


………….


Viene de: El Hombre Finito

Fecha Publicación: 2021-05-16T12:05:00.001-05:00

 De todas las veces que inicie una carta par alguien termine siendo yo misma el destinatario. No hay buen lector si no te intuye y a veces los que te intuyen ya no están mas. El tiempo se lo ha llevado todo con vulgar tiranía, sabes? Personas, sueños, objetos que enmohecen oscuros en sus esquinas, recuerdos de un pasado mejor. Quedan los lugares a donde huir cuando haga falta recordar de que estamos hechos y de cuando en cuando, esos lugares y casas también van cambiando, a pesar de cuanto intentemos no mover objeto alguno. 
Muevo mi dedo en el mapa intentando fijar la nueva ubicación de mi deseo. Cuan lejos puede estar una persona de ti! Cuantos tentáculos invisibles habrá que tender para acercarla un poco a nosotros. Y el espacio cercano se va poblando de esas futuras conversaciones, de alguna broma privada de la cual solo los dos conozcan el significado; de alguna añoranza a un lugar geográfico común, de acentos extraños que van  acostumbrando tu oído a ese nuevo universo de palabras y expresiones a medio camino entre su idioma natal y el tuyo.

He empezado esa carta y me he preguntado cuantas veces antes estuve en la misma situación, si  al recoger mis pasos de vuelta al pasado no serán estas las que tracen el sendero a quien fui realmente en esta vida. O aun mas importante: Quien creí ser.

Porque como debes haber intuido, no somos lo que refleja el espejo sino quienes creemos ser en esta vida. Con esa imagen nos acostamos un dia en el seno de la tierra para no volver mas. Pero vamos, esta es la visión solo de alguien solitaria, probablemente argumentes que somos lo que se ve reflejado en los ojos de quienes nos aman. Que hermosa alegoría! Podríamos debatir sobre el ser y el estar durante horas sin estar de acuerdo y eso lo hace grandioso. Que puedas hablar sobre eso en una carta y no se vuelvan la vida -y las cartas- solo un largo listado de lo que se hizo y lo que no se hizo.

Mis dedos se mueven en el teclado ahora, ágiles y expertos, recuerdo la primera vez que pude escribir algo que fuera solo mío. Que poder daba el teclado a mi melodía interna ! poco a poco fueron saliendo relatos, cuentos y poemas. No tenían porque ser buenos, lo importante es que fueran míos. De vez en cuando alguien leía y me animaba a seguir. Entonces yo hacía flotar los dedos encima del teclado, olvidando las tildes y las comas. Fluía mi boca a través de las letras, volviendo las ideas concretas a través de las palabras. Lejano había quedado el dia en que aprendí a mecanografiar. Llevar la pesada maquina de escribir de la abuela, una vez por semana a clases de mecanografía, en donde un profesor de dientes podridos, arrancaba las hojas del rodillo y las rompía en tu cara a la menor falta. Que ruido hacia entonces el escribir cualquier idea! Que ruido en todo la casa!

Ahora en cambio hay silencio. Un dia mi boca comenzó a hablar solo para si misma, dejándose ver mi alma solo a través de unas pocas cartas. Mis dedos no escribieron mas relatos, sino recetas y casos médicos. Pensé que había muerto y no me pareció mal el hacerlo. Había tenido mucho miedo de salir a la luz, durante diez años había cargado un nombre falso para escribir lo que me diera en gana y un dia ya no hubo mas que escribir, excepto cartas para mi misma, que me recordaran que pensaba o como pensaba. Mi extraña legión de seguidores también desapareció, todos habíamos crecido y nos habíamos hecho viejos y llenos de responsabilidades . Yo no tenia una familia propia y seguía escribiendo. Aunque sonara repetitiva y triste, escribiría esas cartas porque fijaban momentos de mi existencia en donde solo estuve yo y mis millones de dudas. Se habían acabado los cuentos, los relatos, los poemas. No era esta une generación de lectura, sino de imágenes, de recuentos rápidos de sucesos, las letras tenían que ser vestidas de música y fanfarria. Me vino a la cabeza todo el ruido de maquinas machacando textos sin sentido en esas clases de mecanografía. Éramos ahora eso? Solo ruido, rápido y sin sentido? Donde habían quedado las cartas con destinatario y destino? 

Hubo un sueño una vez en mi,  pero me resulta más difícil cada vez, adivinar cual era.

Etiquetas: [amor]  [Dark]  [fotos]  [parejas]  
Fecha Publicación: 2021-04-25T13:16:00.002-05:00

 Veo la onda que hace su cabello castaño oscuro junto a su cara, la luz de la ventana se filtra hacia su expresión tan cercana a lo que es el. A veces una duda y otras la dulce resignación a la certeza. Lo miro con detenimiento, la fotografía es reciente y la examino de hito en hito, lleva una camisa gris y la cara a 3/4 junto a una ventana, mirando a la cámara. Me gusta que sus pupilas se mantengan simétricas en el objetivo. Veo su mirada clara, sus ojos del color marrón  que he tratado de descifrar cuando nuestros rostros están cerca. Ese color que es mas oscuro que el te. En algún dialecto deben tener el nombre exacto de ese tono de marrón, así como en algún lugar debe haber una palabra que defina con más precisión el lazo que tenemos. 

Veo su nariz, su boca, sus cejas en perfecta simetría  de donde deberían estar y eso parece suficiente para pensar que es un hombre lindo. Cuantas mujeres dirán: El es un hombre que me llevaría a la cama. Pero yo se un secreto que ellas aun no saben, que es aun mas lindo cuando abre la boca y descubres que la hilera de los dientes tiene un defecto, que me encanta y le da la expresión de niño travieso que muestra cuando es feliz por algo. Amo ese defecto, es mi secreto. Esa sonrisa no esta hoy pero la foto es todo el. Suficiente para que cualquier mujer piense que es atractivo. Se me escapa un elogio y el lo esquiva culpando al peluquero que no ve hace meses desde empezada esta situación. Yo agradezco mentalmente que quizá esta enfermedad haya desaparecido al peluquero para siempre y no vuelva a cortar ese cabello que en estos momentos desearía acariciar. Es la culpa del peluquero que nunca lo haya visto como lo vea hoy, en que esa onda de cabello rodea su cara. Que no lo haya visto antes con estas ganas irresistibles de tocar su melena con ternura, acariciar su barba y tener junto a mi su mirada? 

Que lo hace hoy tan diferente? Que podría amarlo lentamente el resto del dia?


Su barba es mitad gris y me pregunto cuando paso eso? Cuanto tiempo ha pasado desde nuestro primer encuentro? El ya podría ser el padre amado en una familia numerosa. Yo ya podría estar en mi segundo divorcio. Pero quien hubiera vivido entonces los fines de semana de gritos apagados contra la almohada, de sudor y de anhelo? Quien ese escape sin planear a un lugar en Costa Rica? Quien tendría estos recuerdos de primera cita en un restaurante tranquilo, su abrigo rojo al final de la mesa, las luces tenues y su voz cambiando de entonacion para demostrarme las diferencias en el significado correcto de las palabras en chino mandarin según el sonido usado. 


Otra vez las palabras...en que tono de hechizo debió decirme que estaba feliz de verme para que yo le creyera y me fuera con el sin dudarlo?

No fue su tono, quizá esa noche no hubo ningún elogio para mi de su parte. Indescifrable desde el inicio. Si esa noche estaba bella o no, no me lo diría nunca. Me deseaba? Yo, no entendía la insistencia de tres semanas por esa cita. Pero al verlo me arrepentí de haber dudado tanto tiempo para vernos. El trayecto que me separaba de él me pareció tan largo, pero ahí estaba el y su sonrisa, sus manos, su barba. Que tenia el que atrapaba mi curiosidad? Hablamos de experiencias, de libros, de los míos y de los suyos, de viajes, de Asia y de Turquía, yo estaba a solo a unas semanas de irme para allá. Luego hubo un beso, creo. Al volver del baño me pregunto si dormiríamos juntos. Yo acababa de pedir otra bebida y sentí que me atoraba. Por que arruinar una hermosa conversación con el sexo?! Como es posible! Reaccione de mala gana. No sabia si pararme e irme. Estaba mareada entre lo que sentía y lo que quería hacer. No me iría estaba escrito. 


A mitad de las escaleras, con la falda corta y los zapatos taco aguja, me detuve a decirle algo ofendida que ni siquiera me había dicho algo amable,  que si quería dormir conmigo dijera que es lo mas  sensual que había hallado en mi. Contesto sin pestañear que le parecía sexy que hubiera tenido la paciencia de leer a Pamuk hasta el final. 

Me beso, lo bese, había un ardor entre nosotros. Las pantimedias se mojaron cuando el me abrazo la cintura. No era broma yo lo deseaba desde que lo vi. Antes incluso de todas las palabras.

Y ahora ya habían pasado algunos años  de conversaciones, de deseos ocultos y de deseos explícitos, algún viaje juntos en que nos conoceríamos en mas profundidad aprendiendo a equilibrar el fuego y la ternura en proporciones no catastróficas, incluso casi habíamos tenido un amago del fin del mundo y aquí estábamos, sin desconectarnos. Las parejas y los corazones rotos habían pasado en nuestras vidas y nosotros seguíamos allí. Lejos y cerca, perfectos. Acariciando el fuego sensual que nos unía  con las manos y las palabras, amansandolo, sin que llegue a apagarse ni a encenderse tanto que incendie la pradera hasta perdernos.

Ambos huíamos de la desesperación de los sentimientos que consumen demasiado rápido. Y se nos dio el tiempo para conocernos de a pocos, en escasos momentos que parecieron eternos. 


Yo se qué hay asimetría en el sentimiento, que nada es eterno. Que la ansiedad que siento hoy por tenerlo otra vez entre mis brazos y mis piernas se apagara al entender por fin que no es mutuo ese deseo irresistible de lanzarse al amor y al dolor que este genera siempre. Porque quien quiere amar debe ser consciente que sufrirá y hay cierto valor en querer arrojarse a experimentar ese viaje entre la delicia de tenerlo todo y el dolor de perderlo. Que vanidad la mía, esperar que alguien sienta como yo en el momento en que yo lo siento. Por eso dejo pasar el tiempo, que pase y se lleve esta ansiedad, este deseo, estas ganas. Envejecer y hacerse sabio.


Quizá un día dentro de muchísimos años en la rutina de la madurez, el haga una pausa a su lectura, cruce la estancia para coger una taza de te de la mesa y le atraviese de pronto mas aguda que una lanza, la certeza de que hubo alguien alguna vez en algún tiempo que pudo haber disfrutado esa taza con el y ese té quizá hubiera sido incluso mas dulce que a como es ahora. En ese momento quizá  le sobrecojan un sinfín de imágenes y recuerdos que no formaron juntos, una caminata en el mar, un domingo en la tina, una pelea tonta por el gato, una lagrima, un portazo una reconciliación en el sofá, unas velas, una imagen a contra luz de los dos amándose lento, centímetro a centímetro, recuerdos de otra realidad, toda una vida que nunca existió. Quizá en en ese momento le coja el mismo sentimiento irresistible que tuve yo al ver su foto, esas ganas de coger el teléfono, correr a verlo, recuperar el aliento al estar frente a su mirada. Recordar lo perfecto que es cuando nos besamos. Quiza pase de verdad y le duren 5 segundos esa mezcla de dolor dulzón y anhelo a lo imposible. Tal vez suspirara como yo con ese dolor. Yo hacia el tiempo que vendrá  sin el. Y el hacia el tiempo pasado sin mi. Serán 5 segundos de completa simetría para el sentimiento, en que el tiempo se detendrá y será perfecto para ambos. Lleno de posibilidades, lleno de valor, de intenciones. Luego, volverán los relojes a acomodarse y la asincronía de este sentimiento seguirá su curso. Seguiremos caminando a espaldas uno del otro, lejos, dirigiéndonos a vivir la vida perfecta tal como la hemos diseñado, pensándonos, unos mirando al pasado y otros mirando al futuro. Sin culpas, tranquilos en la ignorancia de lo que pudo haber sido.


Etiquetas: [2021]  [amor]  [canelayes]  [covid]  [ghosting]  [Lima]  [madrid]  [newyear]  [pandemia]  [Peru]  [relaciones]  [sex]  [sexo casual]  [stories]  
Fecha Publicación: 2021-01-16T17:55:00.004-05:00

 

Él me dice: ¿Te dije que me encantan tus piernas?

Así es como empezamos a flirtear de nuevo, o así es que me doy cuenta que no quiere que seamos solo amigos virtuales de cuarentena. Al parecer ya tiene la vacuna, se siente seguro como para conocer a alguien de nuevo. Varias semanas de coqueteo y charlas después, termina buscándome a la hora del almuerzo y paso varias horas de la tarde con él. Recuerdo que estoy de mal humor, pero con un traje rojo impecable. Me escapo de la guardia que es un mero simbolismo, porque hoy apenas tengo pacientes. Llevo esas dos bolsas de comida delivery en la mano y me molesta caminar en tacones hasta la esquina donde ha estacionado el auto. ¿Quién sabe cómo es su auto? La verdad es que me decepciono al verlo, a su auto digo, cuando me decía: “Es el gris, el gris, estas casi cerca...” Estamos en el hilo telefónico y él tiene la ventaja de haberme visto primero. A mí, con las piernas cubiertas por el traje rojo, para no incitar al sexo, a mí, con la voz malhumorada de quien odia caminar hacia alguien.

Ahí está él, pelo enmarañado y ojos del color de las hojas del te, ocultos bajo una gorra de beisbolista que ha diseñado el mismo, como su máscara que le cubre la barba candado,  o como todas las cosas que ha hecho en su vida de hombre creativo antes de conocerme. Más adelante me doy cuenta que el lo crea casi todo, palabras, historias, jardines verticales, anécdotas divertidas en países lejanos, guiones de película y de teatro... Es una caja de sorpresas, que se luce ante mi brillante y nueva mientras habla con voz sensual y acogedora, bajo la cobertura de chico homie.

Me acerco. Los tacones hacen que me de cuenta que no es muy alto. Y amo a los hombres altos, de los que te puedas colgar al cuello mientras bailas lento, o que te dan el brazo cuando vas con un taco nueve por pisos resbalosos. El parece casi un hombre ordinario, de los que ves en la fila del mercado y luego olvidas, mas no lo es. Nos conocemos poco aun, hablamos días enteros, nos damos cariño e intimidad y luego en algún momento de mi película, desaparece. Si, desaparece.

Me dice:” Te llamare cuando llegue a casa para que sepas que no morí” Yo bromeo diciendo que él es más trágico que yo, pues él me suele decir que yo soy La Trágica. No me hace gracia como me ve el, quisiera que me vea graciosa y feliz como podría verme un hombre cualquiera. Pero el tipo no se ríe de mis bromas, no me pregunta por mi trabajo, no indaga más sobre mis viajes. Habla y habla y habla y durante ese sábado, el ultimo que pasaremos juntos, siento que quisiera parecerle tan interesante como el me lo parece a mí.

A mitad del amor, en esos descansos que hacen permanecer a las personas abrazadas sin mirarse a la cara, me va preguntando cosas vagas que yo respondo adormecida y sin ganas, debido a las 24 horas de turno previo en el hospital. Luego lanza el zarpazo: ¿Qué esperas en una relación? Me suena a chino. ¿Cómo responder a eso? Tendré que responder yo misma, nada de frases ensayadas y manipuladoras sobre que es lo que una mujer DEBE esperar de una relación, sin sonar desesperada. Primera regla: No mostrar vulnerabilidad. Pero fallo.

-Espero que alguien quiera volver a verme con el mismo deseo que yo siento por él.

Me sale de cuajo, como un coagulo que ha estado largamente tapando una herida que no cierra y que necesita ser escarbada, limpiada, drenada para siempre. La herida de un corazón roto, probablemente. La respuesta es rápida y sin pensarla, como quien blande una espada, como quien se quita la ropa con la luz encendida. Como quien dice su edad. Algo que dice en el fondo, este es mi es secreto, si no te gusta lárgate.

Y se ha ido.

No ese mismo instante, horas después, con muchas conversaciones de intermedio. En las que termina diciendo ¿quién te volvió tan pesimista?

¿No sé, las relaciones?  – replico yo. El tiempo, la gente. ¿La ilusión que se desvanece y nunca es? –Le respondo así y él se pone de pie y se va vistiendo a medias solo para mirar que sigo acostada y con la cabeza despeinada, revueltos mis cabellos y mis piernas perdidas entre las sabanas, que son de seda y de un rojo intenso como la sangre, porque mi cama después del sexo es una herida también, o un beso de adiós, rojo intenso, rojo como el vino de consagrar o del que ayuda en el olvido.

¿En qué momento el diálogo se vuelve trágico? Él es director de drama, pero no le gusta el que yo pongo cuando digo las cosas, mientras entierro la cabeza bajo la almohada. ¡Estoy tan cansada! ¡Oh, querido, te dije esa mañana que estaría tan cansada y necia y cínica, que estaría vuelta yo misma en mi peor papel y aun así quisiste venir a verme! Eso quisiera decirle, pero no le digo nada. Excepto,

-Hablaras de ti mismo las 24 horas del día?

Quiero su curiosidad por mi vida y mis pequeñas tragedias, pero intuyo que no le interesa eso. Como a mí no me interesa ser madre, de hijos, de perros ni plantas. Y el habla de eso todo el tiempo. Lo he notado, por eso me asusta. ¿Porque alguien quiere tanto ser padre? ¡Es verdad, sería el mejor padre del mundo! ¡Me recuerda de hecho al mío, tan creativo, tan resuelto, tan lleno de gracia al contar las anécdotas más locas!

No todos los hombres te recuerdan a tu padre, pero el sí, tiene ese don, por eso al desaparecer me hace sentir tan descolocada, que, durante unos días, pienso si escribirle o no.  Preguntarle ¿Te paso algo? ¿Moriste en el camino? Luego pienso, que es mejor dejar ir, dejarlo hacer su ghosteo como le dicen los adolescentes. No estoy para volverme dramática por un tipo que no está interesado en mi historia, en ser testigo de mi historia.

Reciprocidad, me corrige L. cuando se lo cuento. Lo que buscas es reciprocidad. 

Me avergüenzo un poco, porque por un tiempo espere lo mismo de L. y sabía que no podría dármelo. Sin embargo, L. se ha quedado para oír todas mis historias, sobre todas mis relaciones o amago de ellas. Se queda siempre, aunque no esté cerca.

Qué extraña es la vida, pienso ¿cómo se puede llegar a amar en tan poco tiempo que parecen solo dos días?

Pero esta vez en quien pienso es en L. En esos dos días, nuestros dos días…Mas eso pertenece a otra historia.

 

 

x