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Fecha Publicación: 2022-02-12T20:56:00.003-05:00

Puede descargarse el libro aquï: https://bit.ly/3uQa0Cb

La Municipalidad de Lima, en el marco de su objetivo de promover la lectura en la ciudad, ha publicado en versión digital "Niños del Altiplano" de José Portugal Catacora, al conmemorase el 13 de febrero el 111 aniversario del nacimiento del maestro, escritor, folclorista y pionero de la literatura infantil José Portugal Catacora.

El libro contiene 31 cuentos cortos dedicados a difundir con entrañable afecto las vicisitudes y realidad de los niños aymaras y quechuas del altiplano en su edad más temprana. En el prólogo del libro dice la doctora Alfonsina Barrionuevo:

"José Portugal Catacora no sólo toma la pluma del escritor para narrar el deslumbrante mundo del altiplanense, sino que penetra su realidad a la manera didáctica del que sabe darla en lecciones, la va descubriendo sin cambiar nada ni para suavizarla ni para exaltarla. Por eso en las páginas de este libro que hemos leído como una primicia, se siente la presencia de los hombres del gran sur, y asistimos como un milagro de su nacimiento, a su primer grito de vida, a sus primeros pasos dentro de su comunidad qué bien o mal lo protege, a su integración como miembro útil de las distintas actividades de la región, a su búsqueda del amor para realizarse, a su lucha infatigable por la justicia, la equidad y por un mejor sentido para su vida y la de los suyos".

Dice también la gran escritora cusqueña:
"José Portugal Catacora es absolutamente veraz en todos sus relatos. Sabe ser ameno también. Y otra cosa, pinta de tal manera el ambiente puna que nos encontramos de pronto en él, asomándonos a la vida del poblador andino de la gran meseta. Creo que su libro servirá de mucho a nuestras juventudes de la ciudad. Les servirá para integrarse al resto del país, para volver a los ojos de la tierra, para derribar muchos mitos sobre el campo y sus habitantes, para comprender mejor la problemática del Perú y entender la importancia de los alcances de los cambios económicos y sociales" (Alfonsina Barrionuevo).

José Portugal Catacora nació en Acora (Puno) y ha sido considerado por la Comisión del Bicentenario uno de los 21 intelectuales peruanos del bicentenario, y declarado por la Municipalidad Provincial de Puno uno de los 200 puneños del bicentenario. Descendiente de una familia aymara formó parte de la generación de maestros indigenistas del altiplano, promotor de la educación en lenguas originarias e innovador de la enseñanza desde el Instituto Experimental de Educación de Puno. Publicó más de 30 libros sobre educación, literatura y folklore, siendo uno de los precursores de la literatura infantil en el Perú, encarando la modernidad desde la cultura andina. "El niño y el indio han sido los motivos de toda mi vida de maestro", escribió en su autobiografía.

Fecha Publicación: 2021-03-05T19:02:00.001-05:00


POR:. JOSE VADILLO.

 En nombre del Kollao. Era el mismo país, pero más rural y desigual. Y el educador que escribiría 29 libros tuvo que repetir tres veces el segundo de primaria porque en su pueblo, Acora, departamento de Puno, no había más grados qué estudiar.

Luego, a los 19 años, tras graduarse como preceptor en la Normal anexa al colegio San Carlos de Puno, empezó su labor como maestro de la Escuela de Varones de Ayaviri. El resto lo sabremos.

Instituto experimental

Se llamaba José Portugal Catacora (1911-1988) y es considerado ‘el Arguedas del Altiplano’. La institución educativa N° 70001, en el barrio de Huajsapata, en la ciudad del lago, lleva su nombre. Porque sus cimientos son el Instituto Experimental de Educación de Puno que José Portugal Catacora (JPC) fundó en 1947 gracias al apoyo del político y educador José Antonio Encinas.

La institución fue adelantada a su tiempo. En ella no existía el concepto de repetir de año. Medía la “madurez del aprendizaje” . Amén de las capacidades de aprendizaje, observaba la maduración emocional y física de los educandos. Los cursos se impartían en “clínicas” de cálculo y lectura, contaba con departamentos de psicopedagogía y arte, y un taller de carpintería.

La necesidad de crear una institución educativa inclusiva tenía raíces en la propia historia de JPC. Hasta los 9 años, se comunicaba en aimara. A esa edad, aprendió el castellano.

Y solo pudo seguir la escuela hasta el tercero de secundaria. Con ese grado, pudo postular a la Normal de San Carlos para prepararse como maestro rural. Para ingresar, le valió su habilidad en las matemáticas, que había desarrollado ayudando en la contabilidad de las haciendas. Si no se convertía en maestro, su otra opción era ser sastre.

Si Encinas decidió apoyar a su joven paisano en este proyecto educativo fue porque vio talento: en 1937, JPC empezó a publicar libros y tenía un conocimiento del campo; había promovido en 1933 la creación del Sindicato de Maestros y, en 1945, participó de la creación peruano-boliviana de los Núcleos Rurales Campesinos y su propuesta de reorganizar la educación rural bajo el título de la Escuela Andina Porvenir.

El proyecto fue una simbiosis de las inquietudes educativas de Portugal con la psicopedagogía, campo en el cual Encinas estuvo trabajando en Cuba.

La escuela experimental motivó el interés nacional. Los periodistas escribieron sobre él y el propio JPC escribió columnas periodísticas. Fue cuando el historiador Jorge Basadre, entonces ministro de Educación, lo llamó a Lima para trabajar en el desarrollo de directivas pedagógicas.

Portugal laboró desde 1957 hasta 1968 en diversos puestos del ministerio, entre ellos, como director de la Segunda Región de Educación (Lima) y fue tres veces becado en el extranjero.

De bajo perfil

JPC fue hombre de perfil bajo. No gustaba de los homenajes. No libaba licor y no era religioso, pero participaba de las festividades altiplánicas. Integró el colectivo que fundó el Instituto Americano de Arte de Puno, el cual permitió el desarrollo del concurso de danzas folclóricas en honor a la Virgen de la Candelaria.

Estuvo muy conectado con la tradición aimara y respetaba a los apus (dioses tutelares del mundo andino). Luego, se convertiría al catolicismo.

Uno de sus cuatro hijos, el economista Carlos Portugal, recuerda que su padre interiorizó varias frases de José A. Encinas, como aquella sobre la necesidad de conocer al niño antes de educarlo.

En el ámbito doméstico, este hombre tenía “temperamento aimara”: “sus chistes los decía serio”. En Lima, vivió en Santa Beatriz y, posteriormente, en Lince. Después de dejar el Minedu, escribió con disciplina férrea, de nueve de la mañana a cuatro de la tarde. “Él venía de educarse en el campo, no había terminado la secundaria, entonces se propuso ser siempre disciplinado”, cuenta el hijo.

Relación con Arguedas

Más allá de nacer el mismo año que José María Arguedas (JMA), y haber perdido también tempranamente a su madre, ambos personajes compartían una preocupación visceral por la cultura andina y la educación indígena.

A diferencia del autor de Los ríos profundos, quien tuvo una relación traumática con su madrastra y encontró refugio en el universo indígena, para Portugal la relación con la cultura aimara fue natural: en casa, en Acora, se practicaban sus costumbres.

Fue en el verano de 1950 cuando conoció personalmente en Lima a JMA. Los presentó Francisco Izquierdo Ríos, quien luego prologaría el libro de JPC Puno, tierra de leyenda (1952).

Cuando Arguedas estuvo al frente de la Casa de la Cultura realizó la Mesa redonda sobre el monolingüismo quechua y aymara’ (1966), libro que se puede encontrar en internet. Uno de los ponentes fue Portugal. Era un momento difícil, cuando la educación bilingüe encaraba muchos prejuicios.

En 1958, José Portugal, hijo de JPC, se convertiría en alumno de Antropología en San Marcos. Arguedas lo consideró el más destacado alumno del curso de Etnología. Portugal hijo es mencionado en algunas misivas entre Arguedas con John Murra.

Literatura infantil

El dominio del idioma aimara y la cercanía a su cosmovisión permitieron a Portugal conocer historias. Para él lo importante es que la educación tenía que relacionarse con la identidad y, por ello, se enfocaba en los niños.

Portugal siguió en ello el trabajo de otros como Julián Palacios Ríos –su maestro en la Normal y después integrante de la plana del instituto experimental–, quien había desarrollado el “alfabeto syentifiqo keshwa-aymara”.

En el plano literario, a JPC se le considera entre los pioneros de la literatura infantil en el Perú con el libro Niños del Kollao (1937), basado en 16 historias reales de Ayaviri. El volumen llevó el prólogo de Emilio Vásquez, del grupo Orkopata, y Luis E. Valcárcel consideró a su autor entre los nuevos maestros del país.

Otra idea poderosa que trabajó JPC fue la de la educación en comunidad. Sostenía que todos los pueblos andinos ofrecían educación de manera informal que se veía reproducida en los cuentos y las leyendas: la sociedad y las comunidades educaban por obligación a los niños en algunas actividades, decía Portugal. Es una idea que compartían por esos años diversos autores y permitió el desarrollo, a mediados del XX, del desarrollo de la escuela experimental bilingüe en las zonas rurales.

Manco Cápac educador

Sobre la educación indígena colectiva escribió que sus fundadores fueron Manco Cápac y Mama Ocllo, quienes enseñaron a los hombres a cultivar la tierra y criar animales, y a las mujeres a cocinar y criar a los hijos, entre otros oficios.

Escribió: “Esto de enseñar conlleva práctica pedagógica, y, en esencia, mecanismo educativo. Por tanto, Manco Cápac y Mama Ocllo fueron los más grandes educadores de América de aquellos tiempos, los creadores de un sistema social masivo de educación, en la que la vida social era una vasta escuela y todos, en la medida de su condición, eran educadores”.

Su labor como recopilador de mitos y leyendas altiplánicas, narrador y pedagogo interesado en la educación rural continuó hasta su muerte, en 1988.

(DIARIO EL PERUANO VIERNES 5 DE MARZO DEL 2021)

Datos:

De la obra de José Portugal Catacora, la Universidad Nacional del Altiplano ha publicado Historias de la educación en Puno (inédito).

Ha reeditado su libro Puno, tierra de leyenda, sobre las historias de la creación prehispánica de los principales pueblos de la región.

El cuento puneño, libro pionero, pues es la primera antología de narradores altiplánicos que elaboró JPC en la primera mitad del siglo XX.

La familia Portugal espera que se puedan publicar los otros seis libros que el autor dejó inéditos.

La vida de Portugal Catacora integra la muestra ‘21 intelectualesperuanos del siglo XX’ en la web: https://bicentenario.gob.pe/


Fecha Publicación: 2021-02-26T22:50:00.001-05:00

Niños del Kollao de José Portugal Catacora contiene 13 relatos sobre las visicitudes de la infancia del altiplano, inspirados en la experiencia del autor con los niños de la Escuela de Varones de Ayaviri, donde inició su carrera docente. Emilio Vásquez, miembro del Grupo Orkopata, escribió el prologó el libro y seleccionó los cuentos que lo conforman.  Contiene grabados de artistas puneños como Joaquín Chávez, Víctor Enríquez (Mateo Jaika, del Grupo Orkopata), Fernando Manrique, Florentino Sosa, Roberto Valencia, Luis Berríos y Francisco Camacho [1].   

El libro "Niños del Kollao"
En su momento el libro no pasó desapercibido. Luis E. Valcarcel escribió en 1940 un elogioso comentario sobre el texto y su joven autor quien por entonces tenía 26 años. Dijo allí Valcarcel:

"Niños del Kollao, viene a ser una obra ejemplarísima que abre derroteros a la literatura infantil. Humildes maestros perdidos en la inmensidad del altiplano o en el laberinto de la serranía, mantienen viva la llama de su apostolado pedagógico: son los verdaderos maestros, los creadores del Perú esencial, consagrados, con místico ardimento, a cumplir la más alta obra humana. Saludemos en José Portugal Catacora la floración de esos maestros nuevos". [2] 

En los siguientes años, cuentos de "Niños del Kollao" fueron recogidos en algunas antologías importantes, como la del recordado Sebastián Salazar Bondy [3]. Por su parte, José Portugal Catacora, siguió en su empeño por escribir textos para los niños y niñas del altiplano, como la serie de folletos "Lectura para Niños" (1940) ilustrada con grabados, "Puno Tierra de Leyenda" (1952) y "Mi Tirallo" (1952), éste último uno de los primeros libros de lectura escolar escritos con técnica moderna en el país, editado por el Instituto Experimental de Educación de Puno que dirigió Portugal Catacora entre 1947 y 1957.


El modesto tiraje de su primera y única edición y el largo tiempo transcurrido, llevaron al olvido de "Niños del Kollao", texto icono de los primeros esfuerzos por hacer literatura infantil en el altiplano y en el Perú. Gracias a la exposición "Mi Casa es Linda" de la Casa de la Literatura realizada el , con la Curadoría de Daniel Contreras, el libro cobró nueva actualidad y pudo ser conocido por un amplio público. 

Por si esto fuera poco, la exposición ha incluido fotos de las aulas y murales, pintados por Felipe Valencia Melgar, del Instituto Experimental de Educación de Puno, hoy prestigiado IEP José Portugal Catacora 70001, permitiendo así un atisbo a esa temprana y singular y pionera experiencia de innovación educativa en el Perú. 

EL LIBRO PUEDE SER DESCARGADO DE ESTE LINK:
http://bit.ly/3svCj4j

NOTAS
[1] "Niños del Kollao". José Portugal Catacora. Tipografía L. Camacho. Puno, 1937. 
[2] "Niños del Kollao", artículo de Luis E. Valcarcel en "EXCELSIOR". Revista Mensual Peruana. Año V. N° 84. Febrero de 1940.
[3] "Cuentos Infantiles Peruanos. Antología". Sebastian Salazar Bondy. Editor Juan Mejía Baca. Lima, 1958.

Fecha Publicación: 2021-02-17T23:25:00.002-05:00

 


José Portugal Catacora es uno de los grandes pedagogos que tuvo Perú. Después de la renovación que significó la Pedagogía peruana con José Antonio Encinas. El paisaje de su tierra natal Acora y el amor por los niños y niñas de los andes, lo motivaron a incursionar en la Educación para transformarla, repensarla y hacer de ella el valor más importante que puede hacer un maestro para mejorar la sociedad. Durante todos los años de mi formación de educador mantuve un cordial e ininterrumpido dialogo con sus libros más importantes legados a la pedagogía, muchos de ellos desperdigados y difíciles de ubicar. Lo hacía con el sentimiento coterráneo casi religioso de estar compartiendo las más inquietantes preocupaciones de la pedagogía general y particular. Porque como a él lo animó la grandeza de los aimaras a mi me anima el mismo sentimiento de dignidad de la cultura aimara.

Si bien José Antonio Encinas señalaba que el niño andino era el ser más incomprendido por la historia. José Portugal Catacora compartía esa misma preocupación. Por eso se atrevió a escribir más de cuarenta libros de pedagogía, y muchos de ellos inéditos. En cada uno de sus textos uno encuentra una búsqueda de la pertinencia cultural, la relevancia social en la didáctica. Por eso sus planteamientos de una educación por niveles de madurez no sólo son un atisbo o epifenómeno de las pedagogías o teorías de la educación que se discutían en esos tiempos, son en realidad las indagaciones más lúcidas que hasta ahora no han sido superadas por las investigaciones pedagógicas ni experimentales. Además, sus escritos son legítimamente actuales. Alguna vez cuando daba una charla sobre la pertinencia cultural de Jean Piaget en los andes, en la Universidad de San Marcos, un catedrático sanmarquino, me hizo muchas preguntas sobre José Portugal y terminamos hablando de uno de sus libros mayores como es “Psicopedagogía del lenguaje”. Allí señala sobre la función social del lenguaje que “si bien el origen causal del lenguaje radica en bases psicológicas individuales de condición inmanente, su objetivación, como efecto, es esencialmente trascendente. De ahí su carácter social por excelencia y su papel de vehículo de la cultura humana por antonomasia. Pues, posee virtud de eslabonar individuos, sociedades y naciones, así como poner en contacto el pasado con el presente y proyectar el presente hacia el porvenir en una acción permanente de transmisión oral y escrita, de valores que se heredan, de generación en generación, en forma sistematizada, en centros educativos, y en forma espontánea, en la labor informal de las élites sobre las masas. Pero ese carácter del lenguaje suele revestirse de ciertas peculiaridades en determinadas circunstancias condicionales, según las clases sociales que lo hablan o la objetivación cultural a cuyo servicio se le emplea”. Estos planteamientos no contradecían ni a Piaget ni a Vigotsky al contrario confirmaban las teorías existentes.

Cuando uno revisa sus planteamientos sobre el lenguaje y la madurez mental para el aprendizaje, José Portugal Catacora nos explica usando las ideas de Gesell que existen dos tipos de madurez: la madurez vital y la madurez del aprendizaje verbal. Si bien las facetas fundamentales que la conducta presenta son la conducta psicomotriz, la conducta adaptativa, la conducta verbal o de lenguaje y la conducta social. Estas cuatro facetas se desenvuelven dentro de una unidad evolutiva indivisible. La integralidad de la comprensión de la madurez aun no tiene motivación en los investigadores contemporáneos, lo que existe en realidad son estudios atomistas y parciales de la compleja evolución y desarrollo de los seres humanos. Otra faceta de su vida, lo relaciona con la fundación de los núcleos educativos campesinos, una propuesta puneñista y andina que vinculaba los sistemas productivos con la educación. Al respecto señalaba: “A partir de Marzo de 1945 mi labor profesional se intensificó con muchas y variadas actividades, ya en mi cargo de Jefe de la Brigada de Alfabetización. En primer lugar, hice una visita relámpago a la mayor parte de las provincias y constaté que la Campaña de Alfabetización había terminado en diciembre del año anterior; solamente las maestras de Lampa y dos esposos en Ayaviri seguían alfabetizando. En aquellas visitas observe que en la provincias de Puno, San Roman, Chucuito y Huancané, los adventistas tenían organizadas sus escuelas, como después se organizaron los Núcleos Escolares Campesinos; pues tenían la estación misionera como escuela central y varias escuelas dependientes como escuelas seccionales. Aproveche esta observación para escribir un proyecto de Nueva Organización de las Escuelas Rurales que se publicó con la opinión favorable del maestro Encinas y otros maestros con el nombre de «La Escuela Andina del Porvenir».

La preocupación por la educación rural fue uno de sus anhelos, sentía la emoción por mejorarlo, porque hasta ahora el poco interés mostrado por mejorar la educación rural hace que a los niños y niñas aimaras y quechuas se les niegue el acceso a muchas habilidades básicas que requieren para su desarrollo como personas y por eso no se les brinda los saberes o capacidades necesarios para superar la pobreza. En su celebrado libro, “organización de la nueva escuela rural” José Portugal Catacora expresaba el valor de la responsabilidad de los educadores: “Maestros Rurales: Cuando pienso en vuestras responsabilidades profesionales, mi imaginación se proyecta decenas de años en el porvenir i entonces veo nuestros campos, no ya poblados de chozas grises, solitarias i destartaladas, sino casitas blancas, con tejados rojos, rodeados de jardines, huertos y chacrales florecientes; aún más veo cruzar las pampas i las punas, las quebradas i los valles, un sin número de vehículos, llevando hombres y mujeres, plenos de vitalidad i rebozantes de optimismo; i, en la vera de los caminos, niños alegres, sanos i fuertes, que juegan a plenos pulmones, bajo soles de eterna primavera.

En la vida de aquellos seres idealizados, siento palpitar vuestra obra, perennizándose a través de los tiempos, en un porvenir sin límites».

Finalmente quiero destacar su constante interés por animar la lectura en los niños y niñas, escribió “Mi tirallo” con un conjunto de cuentos y relatos dedicados a mejorar la lectura infantil. El libro “cuento puneño” tuvo el mismo interés de fomentar la lectura. El maestro Portugal dedicó muchas páginas en diarios y revistas al aprendizaje de la lectura, ese interés tiene que ver con un genuino interés por la conciencia generalizada en todas las sociedades de la necesidad de conocer las bondades de la ciencia y la tecnología, las artes y las humanidades. Y los niños y niñas andinas no podían estar excluidos de ese derecho fundamental que consagra la misma declaración universal de los derechos humanos. Al no saber leer, sencillamente no disfrutamos todo el bagaje cultural que la humanidad nos ha legado como patrimonio.

José Portugal Catacora, fundó en enero de 1947 la IEP 70001 como Instituto Experimental de Educación de Puno. Al respecto en su memorable memoria cuenta: “José Antonio Encinas, por entonces Senador de la República, elegido tras volver al Perú luego de 15 años de destierro, recibió la visita de un joven profesor paisano suyo, José Portugal Catacora, quien venía a solicitar su apoyo y consejo para la creación de una escuela en Puno donde se pudiera ensayar científicamente la manera de mejorar la educación de los niños del altiplano.

El maestro Encinas me recibió en la sala de la Dirección del Colegio Dalton, que había fundado en Lima con sus hermanas. Ya me conocía por las cartas que intercambiamos a raíz de mi libro «La Escuela Andina del Porvenir» . Le hablé de la Escuela experimental y me escucho con mucha atención. Luego me dijo con verdadera emoción: ¡Ahora vamos a hacer una señora escuela experimental en Puno!. Desde aquel día quede conectado con el maestro Encinas, lo visitaba a diario. Bajo su dirección hicimos un nuevo plan de experimentación mejorando el proyecto que presente y que había elaborada con el apoyo de Astete Maraví. Nos proponíamos ensayar un sistema de organización escolar basado en los resultados de la aplicación de pruebas de diagnóstico de madurez integral de los niños y no en los consabidos exámenes de conocimientos repetitivos. Durante su estadía en Cuba, el maestro Encinas había trabajado en el Liceo Aguayo en el departamento psicopedagógico, de modo que conocía bien el tema.

Con su apoyo, el Senado como lo había hecho la Cámara de Diputados, aprobó en el Presupuesto de la República la creación del Instituto Experimental de Educación de Puno. El maestro Encinas se encargó de hacer aprobar el Plan, luego gestiono el presupuesto y el nombramiento del personal, todo lo cual demandó una preocupación de seis meses, hasta Junio de 1947.

En todo ese tiempo pasamos los días útiles acompañándolo. Unas veces en el Colegio Dalton, otras veces en el Ministerio de Educación y hasta recorriendo las calles de Lima, a pie o en automóvil, no cesaba de hablarme sobre lo que debía ser una escuela experimental. Entonces pudimos comprender el amor entrañable que el Maestro encinas tenía por el niño, su profunda sabiduría sobre la educación, su interés por la conquista de los derechos del maestro, en fin, sus ecuménicos conceptos pedagógicos y educativos como problema esencial para alcanzar un verdadero cambio cultural y social.

Nos sentimos completamente identificados con él y un cambio radical se produjo en nuestro espíritu de maestro bajo su influencia. Hasta entonces nuestros estudios sobre las ciencias pedagógicas solamente tenían carácter de ilustración que utilizábamos para dictar conferencias y cursos, pero no existía relación directa entre nuestras ideas y nuestra labor práctica; con su influencia comprendimos cabalmente que el maestro debe ser un permanente investigador en el aula y en la escuela para mejorar constantemente no la «enseñanza» sino el aprendizaje y el desarrollo del niño. El Instituto sería un verdadero laboratorio para ensayar científicamente las mejores ideas al servicio de la infancia.

Con esta nueva personalidad, cargada de emociones y conceptos nuevos, volcados en el nuevo plan pedagógico del Instituto formulado con el maestro encinas, volvimos en los primeros días del mes de junio del año 1947. Nunca sentimos tan intensa alegría de llevar a nuestro pueblo, a sus niños, un presente como la creación de un plantel que los educara mejor”

La institución 70001 de Huajsapata como reconocimiento a su labor educadora debe llevar el nombre de este insigne maestro, sé que así será.

Publicado el 2011 en la revista virtual Aula Intercultural


Fecha Publicación: 2021-02-16T16:49:00.000-05:00

 

José Portugal Catacora, dicen sus biógrafos que era de familia aymara del pueblo de Acora, Puno. Fue un maestro que egresó con las primeras promociones de la Escuela Normal de Puno, que desarrolló junto con sus compañeros maestros una notable actividad cultural, educativa e institucional para Puno. Supo interpretar las demandas por la educación de las movilizaciones campesinas, para que se crearan escuelas en el campo. Pensó con sus compañeros maestros que la educación era el principal instrumento de reivindicación del indio. La historia nos dice que ese proceso fue rico en experiencias bajo la influencia de la Escuela Nueva promovida por otro maestro puneño, José Antonio Encinas.


El maestro Portugal Catacora se inició como docente en Ayaviri. Creó la revista “El Educador Andino”(1932) y fue promotor del sindicato de maestros (1933).

El año 1945 elaboró una propuesta para reorganizar la educación rural, la misma que fue presentada al sector Educación. La propuesta fue publicada por el autor y la Asociación Provincial de Maestros Primarios de Puno con el nombre de “La Escuela Andina del Porvenir”. El libro desarrolla algunas ideas que luego fueron consideradas en el diseño de los núcleos rurales campesinos establecidos por los gobiernos de Perú y Bolivia. Participó en la creación de los Núcleos Rurales Campesinos, experiencia educativa peruano boliviana establecida en la Conferencia de Huarisata (1945), a la que asistió como parte de la delegación peruana encargándose luego de la capacitación de maestros de ambos países. Hasta el día de hoy los docentes de El Alto y La Paz recuerdan esta experiencia y lo mucho que aportó a las comunidades campesinas.

Contando con la amistad y el apoyo de José Antonio Encinas diseñó, desarrolló y dirigió el Instituto Experimental de Educación de Puno, hoy conocido como CEP 70001 de Huajsapata. La experiencia consistió en la formación y evaluación de los aspectos emocionales, socio-morales, físicos y cognitivos de los estudiantes. Dejó de lado los exámenes tradicionales, constatándose que los niños avanzaban en el sistema escolar de acuerdo al nivel de madurez que iban desarrollando y alcanzando.

Por ello Portugal Catacora señalaba que los niños “Nacen con el ser todas las potencialidades del sujeto en estado latente. La acción educativa debe contribuir al desarrollo de estas potencialidades, de acuerdo con los estados evolutivos del sujeto, en su medio social y natural. Esta concepción descarta toda posibilidad de transmitir al niño conocimientos y directivas de comportamiento; supone más bien descubrir las potencialidades específicas de cada ser, lograr que éstas se revelen a través de la conducta y procurar su mayor desarrollo posible, en forma autónoma y libre, en función de su medio social y natural y los cambios deseables que se aspiren alcanzar en él”. Decía que con esta experiencia “En síntesis iniciamos la creación de una pedagogía científica peruana, libre de presiones e imitaciones.”

José Antonio Encinas decía de esta experiencia que “La Escuela Experimental de Puno va a cambiar radicalmente la dirección pedagógica colocándola en el plano científico en donde la mente del niño entra en actividad bajo la hábil dirección del maestro. Aquella Escuela va a cambiar “el proceso de enseñar” por el “proceso de aprender. Invoco el espíritu de los maestros de Puno para que presten apoyo a la Escuela experimental, puesto que será el laboratorio de la pedagogía de donde habrán de salir experiencia de trascendencia para los intereses permanentes del país”. (José Antonio Encinas, 1956)

Nos dice José Luis Ayala que “el pensamiento pedagógico de Portugal se enmarca dentro de los principios de la Escuela Nueva y los modernos postulados de la educación, las ciencias sociales y la sicología social. Recogió la experiencia de la educación intuitiva que proviene de la cultura aymara y quechua. Los niños en esas culturas no son tratados de acuerdo a la edad cronológica sino en virtud al desarrollo sicológico que experimentan. Desde los cinco años trabajan ayudando a sus padres, luego aprenden los usos y costumbres. La educación, cultura y responsabilidades que tienen está en relación a la madurez que adquieren, es una acción educativa que no ha cambiado mucho.” (LOS ANDES. Puno, 27.02.11).

Sin embargo Portugal fue esparciendo su pensamiento y propuesta pedagógica hasta en los informes que remitía al Ministerio de Educación, como aquel del 15 de abril de 1956, donde plantea conceptos en torno al Plan Pedagógico que desarrollaba en el instituto Experimental de Educación Primaria en Puno. Se puede decir de manera resumida que debe; Reivindicar el quechua y el aymara como instrumento educativo y afianzamiento de la identidad cultural. Educar en función a la madurez sicológica y habilidad de los alumnos. Formar hábitos de trabajo en referencia a la realidad socio-cultural. Ampliar el rol de la escuela social preconizada por Encinas. Aplicar las modernas y nuevas conquistas de las ciencias sociales, sicología y pedagogía del siglo XX. Alentar la vocación de los niños para que desarrollen aptitudes en relación a la creación artística.(José Luis Ayala. Los Andes,Puno, 27.02.11)

¿Qué pasó con esta experiencia? ¿Qué con las ideas pedagógicas desarrolladas? ¿Qué de los aportes de Portugal Catacora? ¿Por qué no fueron valorados, difundidos, mejorados?¿Por qué no reconocer que desde el interior del país podrían venir las ideas y experiencias educativas para nuestra propia problemática? Deberíamos releer a Valcárcel y su obra para revalorar los aportes del pensamiento andino escrito por personajes ilustrados de entonces. Pero deberíamos de leerlos desde una perspectiva pedagógica, pensando en la educación del poblador de los andes; quién es; qué hace; dónde vive; cuál es su economía; cuál su visión del mundo; cuál su historia y tradiciones. Marzal recoge algunas citas de Valcárcel quien nos dice que “La cultura bajará otra vez de los andes. … De la humana nebulosa, casi antropopiteca, surgió el Inkario, otro luminar que duró cinco siglos…[…] De ese rescoldo cultural todavía viven diez millones de indios, caídos en las penumbras de las culturas muertas. De las tumbas saldrán los gérmenes de la Nueva Edad”.(Manuel Marzal. Historia de la antropología indigenista: México y Perú. Anthropos. Editorial del Hombre. Barcelona, 1993).

Por considerarla de importancia transcribo algunas de las propuestas planteadas por Portugal Catacora que se encuentran en el texto de 50 págs, impreso por la editorial Laikakota “La Escuela Andina del Porvenir: Esquema de un Plan de Organización de Escuelas Rurales”, Asociación Provincial de Maestro Primarios de Puno. Puno 1945. Sin duda algunas ideas podrían tener vigencia y ser tomadas en consideración si se quiere intervenir en la formulación de una política para la educación rural hoy.


“No existen Escuelas Rurales propiamente dichas

La denominación de escuela rural en el Perú con respecto de las escuelas actuales solamente podría aceptarse desde el punto de vista de la ubicación de ellas en medios campesinos; pero por su organización, la trascendencia de su influencia en el medio comunal i por sus fines están muy lejos de llamarse tales.
Su organización carece de una modalidad propia o menor dicho, la escuela actual llamada rural no tiene la organización que la diferencia de la escuela de tipo distrital o provincial.
Su acción es simple i restringidamente sobre los pocos niños que concurren a la escuela, sin ninguna influencia sobre el medio social. I luego esa acción reducida es puramente intelectualizante a base de la enseñanza de lectura, escritura i algunos conocimientos de carácter teórico.

La Escuela Rural debe encarar la solución de todos los aspectos de la vida campesina

La Escuela Nueva peruana ha de orientarse de acuerdo con las modalidades propias de nuestra nacionalidad i organizarse sobre bases fundamentales lejos de todo formulismo político. Con este criterio consideramos que la Escuela Rural en el Perú debe abarcar todos los aspectos de la vida campesina. Su acción debe encarar problemas de orden económico, educacional, sanitario, social e incluso religioso.
Dentro de su acción económica, y teniendo en cuenta que la tierra es la razón fundamental de la vida rural, debe contribuir a colectivizar la producción agropecuaria, tecnificar los sistemas de explotación de la misma, fomentar el desarrollo de la pequeña industria, mediante procedimientos modernos e intensificar todo sistema de producción, organizando ferias i exposiciones.

En el orden educacional debe adaptar los fines de la esencia a las necesidades concretas del medio, formando buenos agricultores, buenos ganaderos i buenos pequeños industriales. Dentro del problema sanitario, debe mejorar la alimentación, los vestidos, la vivienda higienizar los servicios públicos, prevenir i combatir las enfermedades epidémicas i endémicas.

En el orden social, debe propender a la formación de entidades de producción i consumo, de beneficencia, de colaboración con la escuela, i en general toda índole de instituciones culturales, artísticas, deportivas i sociales.

En lo que respecta a la moral, debe adoptar todos los métodos requeridos para extirpar los vicios morales i materiales; principalmente aquellos que como el robo, la mentira i la pereza, tienen origen en la desconfianza históricamente arraigada que el indio siente con respecto al mestizo i el blanco.

I en general, en todo orden de cosas, debe tratar de acrecentar las virtudes sociales campesinas, que constituyen la heredad cultural de su magnífico pasado histórico.

La Escuela Rural debe ser orientada por la acción coordinada de diversos ministerios

La Escuela Rural que propugnamos encara la solución del problema indígena en toda su amplitud i dentro de él resolver el problema del analfabetismo. La Educación Rural en el Perú debe demandar no solamente la contribución del Ministerio de Educación Pública, sino también la de otros ministerios.

Organización Escolar
Dentro de la nueva organización, las Escuelas Rurales se distribuirán i se agruparán teniendo en cuenta las condiciones geográficas i demográficas del medio rural, en determinadas áreas llamadas Zonas Escolares. Dichas Zonas podrían designarse con el nombre genérico de Aillos Escolares, para darles nominación genuinamente americana. Toda zona escolar tendrá una cabezera de zona, designada por su ubicación central i otra razones como un centro directriz e actividades de la zona.
Las escuelas se organizarán con la siguientes secciones: Preescolar, Escolar, Técnica, Post escolar de culturización y Para Escolar de alfabetización.

Planes y Programas adaptados a cada región natural y a cada provincia

De un modo general los programas serán sintéticos, debiendo analizarse para su aplicabilidad en cada provincia i aún en cada zona escolar, tomando en consideración las necesidades i exigencias especiales i propias de las zonas que comprendan las provincias.
En cada escuela funcionará un Refectorio Escolar al servicio de los niños. Otro aspecto a encarar es la formación del hábito de higiene en viviendas saludables higiénicas i dotadas del confort indispensable. Con este objeto cada escuela contará con dormitorios permanentes para niños menores de 10 años, para quienes entraña un esfuerzo físico que sobrepasa a sus contingencias físicas trasladarse”

El libro concluye proponiendo Leyes especiales como el Servicio Magisterial Obligatorio, el aporte presupuestal a la educación rural por parte de varios Ministerios y la creación de la Dirección de Educación Rural. Incluye comentarios favorables como una carta de Encinas y notas de Julián Palacios y otros intelectuales y autoridades de Puno.

¿Qué podemos añadir a esta propuesta? ¿Acaso no encontramos vasos comunicantes desde lo pedagógico con aquello que llaman la nueva ruralidad educativa? Hoy se nos dice que la calidad de la educación rural debe ser evaluada desde el interior de la escuela y el aula, para intentar develar las dificultades y limitaciones de la praxis pedagógica rural, que atañen tanto al niño en términos de su aprendizaje, como al docente en su formación y desempeño, y las circunstancias que revelan una particular cultura de la escuela que condiciona la práctica educativa (Mendoza, Quintero y Colmenares, 2003 Informe Técnico al Convenio Andrés Bello acerca del proyecto “la escuela que aprende: hacia la transformación de la cultura escolar”. Rubio, Venezuela: CAB.) ¿Qué nos dijeron Portugal y Encinas hace “taitantos” años? ¿Por qué no se les escuchó? ¿Los Núcleos Escolares Campesinos de la Reforma de los 70 fueron creados en ese espíritu y sentido? ¿Qué sucedió con ellos? ¿No será que la estandarización los fue extinguiendo para imponer un modelo que no respetaba su identidad y raíces culturales?

Al igual que los tiempos de Portugal Catacora y Encinas hoy debemos tener el derecho a hablar de una educación rural, con rasgos claramente diferentes de la educación que se desarrolla en contextos urbanos, que reivindican la identidad de lo rural, aún en los nuevos tiempos.

Lo escrito por Portugal Catacora sigue teniendo validez pues evidencia una realidad que ha permanecido estática. Si visitamos escuelitas perdidas entre páramos, donde llega el docente después de caminar 10 horas desde la carretera, es patente la emergencia en que se vive. Esto denota cómo el Estado, la sociedad, la clase política y la política educativa han sido incapaces de diseñar y desarrollar mecanismos que permitan reconfigurar una oferta educativa rural que se fundamente en lo que se ha elaborado e irla mejorando.

En un Seminario Interamericano sobre problemas de la educación en el medio rural (OEA 1971) ya se nos informaba sobre la problemática educativa rural de América Latina. Se señalaban como aspectos a tener en cuenta: la inequidad; el déficit de rendimiento escolar ocasionado por el retardo pedagógico, repitencia, ausentismo, deserción; la baja cobertura de la oferta educativa; la centralización de la toma de decisiones en materia curricular y de gestión; escasa pertinencia curricular, pues los programas no son expresión de los sectores económicos y socioculturales que definen la dinámica de los sectores rurales en las respectivas regiones del país; desvinculación entre la escuela y la comunidad, reflejada en la pérdida progresiva de protagonismo de la escuela como espacio de encuentro, entre las políticas del Estado y la sociedad campesina en general; poca variabilidad de métodos y procedimientos de enseñanza; material didáctico deficitario, en especial, fallas en la preparación y distribución de materiales visuales y audiovisuales; carencia de supervisión escolar rural; inadecuada evaluación del rendimiento escolar; débil identificación del docente con la comunidad, en especial, los docentes que no residen en las comunidades donde trabajan, Insatisfacción del docente por las condiciones de vida y trabajo en el medio rural; pobreza de los programas de asistencia al escolar y baja capacidad de las escuelas y las organizaciones comunitarias para gestionar la prestación de
servicios asistenciales. La no atención a los problemas de salud de los escolares; inadecuada infraestructura escolar que ponen en riesgo al niño y al maestro. El eco de esos problemas sigue resonando, pero nadie sabe interpretarlos.

Si vemos en retrospectiva, en nuestro país no hubo una decisión política de abordar el tema de la educación rural. Por eso la carencia de una direccionalidad estratégica que apoyen la realización de cambios profundos de acuerdo al proyecto de país que queremos. El PEN plantea el marco general que permitirá acoger una propuesta educativa para los más excluidos del país. Es bueno que nos movilicemos teniendo presente que requerimos un nuevo horizonte. Lo planteado en el PEN debería afinarse en función de una problemática que día a día cambia y que en demanda respuestas técnico pedagógicas, acompañadas de decisiones políticas a desarrollar.

José Portugal Catacora, nos ha demostrado que sí es posible desarrollar una alternativa educativa para las zonas rurales del país. Es necesario poner en evidencia la solidaridad, el compromiso profesional y la voluntad política, en aras de que la equidad no sea un discurso sin un correlato. Por el contrario, la equidad se puede construir cuando aceptemos la diversidad y el respeto por el otro. (20.08.11)

Fecha Publicación: 2021-02-13T10:46:00.002-05:00

 CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA

Construcción y forja de la utopía andina



LA GRAN ESTIRPE DE MAESTROS DEL MUNDO ANDINO
DANILO SANCHEZ LIHON
1. Adalides de cambios
Si aún viviera el maestro puneño José Portugal Catacora, hoy día 13 de febrero cumpliría 100 (110) años de vida.
En esta oportunidad lo recordamos fervorosos por su pertenencia a una estirpe de maestros que hicieron de la educación una profesión de fe, porque antepusieron cualquier tentación la de ser maestros de valores con el ejemplo de sus vidas y de consagración al Perú y a su identidad andina.
Lo recordamos por su desvelo por el niño en situación de riesgo y amenaza, por situar el cimiento de su quehacer en la realidad que se tenía que comprender y transformar, por su devoción a las culturas nativas y el ahínco puesto en forjar una patria y un mundo mejor.
Es de aquella estirpe de maestros que desde la situación más humilde se elevaron a las posiciones más expectantes del quehacer intelectual y del acontecer pedagógico nacional; quienes desde una vida en donde todo parecía adverso se encumbraron hasta ser adalides de cambios y transformaciones de fábula.
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2. Maestro de grandes visiones
Es de aquel contingente de amautas quienes desde las provincias se erigieron para conquistar la capital del Perú aristocrática, señorial y refinada. Y desde allí impusieron una concepción más coherente y fiel con el Perú profundo.
Y todo ello para irradiar como hombres de letras, académicos y autores de obras literarias, didácticas o de reflexión, o ya sea como gestores sociales o funcionarios, un magisterio que a la luz de la inteligencia agregaban valores fundamentales para ser coherentes con el Perú sufrido.
¿Cuáles son ellos? La honestidad, en primer lugar, como conducta, la fe en el Perú como esencia y el coraje para defender el mundo andino, como la clave de nuestro ser, por ser este un mundo de fervor, de mística y por la capacidad de resistencia para afrontar embates y desafíos.
José Portugal Catacora superó una vida condenada a la marginalidad y a la inopia, al ostracismo y a lo disoluto; quizá incluso a la trasgresión y hasta al delito; para ser un maestro de grandes visiones, trascendentales decisiones a su cargo y enormes responsabilidades bajo su tutela.
3. Aunque cueste defenderlo
Es de aquella estirpe de maestros que unieron pedagogía a literatura, la ciencia y el arte, la realidad y la utopía, lo profesional a la lucha y al activismo social. Es un abanderado de la defensa del niño y sus derechos.
Principalmente del mundo de su imaginación; de su dimensión mágica donde es posible encontrar nuestra esquiva y turbada identidad, de alejar más las teorías e informaciones y de vincularnos más, adultos y niños, en la dimensión del afecto y del corazón.
Tuvo un cariño y apego muy grande hacia la infancia y su destino, hecho que se grafica en los múltiples libros dedicados a su aprecio y valoración. Y así como a él a las tradiciones, a las leyendas, al folclore de los pueblos, a las poblaciones indígenas sojuzgadas y desfavorecidas; a todo lo que fuera defensa del débil y desprotegido, ligándose con devoción a las culturas de los pueblos y a sus reivindicaciones sociales.
De estas realizaciones no nos olvidemos. En el ca
so de él lo importante es que permanece en sus libros, en sus obras como huellas, testimonios y vestigios de sus reflexiones y enseñanzas, las mismas que nos enaltecen por mostrar siempre lo que edifica y es valioso aunque cueste defenderlo.
4. Pero ¿quién fue?
Ese era José Portugal, quien tuvo el mérito de elevarse desde lo abrupto, lo escarnecido y condenado a no rendir frutos, para luego tenerlos exquisitos y prodigarlos libremente.
Es de la estirpe de los grandes maestros andinos como: Germán Caro Ríos, Telésforo Catacora, José Antonio Encinas, César Guardia Mayorga, Antenor Orrego, Julián Palacios, Emilio Romero, Carlos Uceda Meza, Luis E. Valcárcel. O como lo es el propio César Vallejo. Y también José María Arguedas, con quien eran entrañables amigos, quienes se visitaban frecuentemente en sus respectivas casas.
Representó al Perú en importantes certámenes internacionales y tuvo una actuación destacada en países como Puerto Rico y México.
Fue coordinador Pedagógico de las Direcciones Regionales de Educación, entre los años 1963 y 1964 y coordinador de la Dirección General de Educación, de 1965 hasta su jubilación en el año 1967.
Pero ¿quién fue? ¿Cómo nació? ¿Qué valor tiene?

5. El cielo se ha roto
Para graficar estos hechos de resiliencia en su vida, que es felizmente el ejemplo más constante y glorioso del Perú doliente, contaré algunas circunstancias de su vida que le tocó enfrentar y él supo vencer.
Para elevarse hasta el nivel en el cual se desempeñó e irradiar la luz que su antorcha expande, tuvo que superar dificultades y adversidades muy duras, siendo su nacimiento el que de alguna manera lo grafica.
Acerca de cómo nació es simbólico y representativo en su vida, hecho que ocurrió justamente un día como hoy, hace 101 años. Y aconteció del siguiente modo:
En febrero en el altiplano llueve de tal modo que pareciera que el río que pasa por el cielo se ha roto. Y cae todo el caudal de ese río sobre el techo de nuestras casas o sobre nuestras cabezas, si vamos por los caminos.
Sin embargo es el mes en que se barbecha la tierra para cultivar la papa.
Su madre encinta de nueve meses y pese a que había mal tiempo tuvo que ir necesariamente a ver el trabajo en su aynoga.
6. Del charco de lluvia
Nadie más había en casa que pudiera cumplir esta labor. Montó en su yegua negra utilizando una sillonera de montar que le facilitaba de algún modo ir en la acémila en la situación en que estaba.
Regresaba con un fuerte temporal de lluvia, viento y relámpagos. Traspuso la puerta de entrada y entró al patio de la casa, bajo la lluvia y la tempestad que azotaba.
Entró y al descender de la acémila resbala y cae, pero felizmente en cuclillas. Sin embargo, por la brusquedad del golpe y estando el niño ya acomodado para nacer, éste cayó en el suelo, en el agua helada de la lluvia altiplánica, en la tierra mojada y hecha barro. Y que en esos momentos era sacudida por una descarga de relámpagos y truenos.
Mientras la mayoría vienen al mundo, aunque pobres, entre gasas y algodones, entre suaves franelas, sedas y tejidos de lana abrigadora, él cayó al barro.
– ¡Dios mío! ¡Mi hijo! –Gritó su madre.
Manoteó y de allí, del barro, fue recogido, del charco de lluvia adonde había caído.
7. Y eso es muy grave
En esa precariedad de la naturaleza nació, felizmente amparado y protegido de inmediato por lo mejor que tenemos en la vida: la madre.
Pero ella también lo abandonó muy pronto, cuando aún no había cumplido ocho años, al morir de tifus exantemático, dejándolo huérfano en la vida.
Este nacimiento y su infancia truncada, ilustra su vida en donde tuvo que afrontar adversidades, debiendo trabajar desde muy pequeño. Cuando su progenitor le dice un día: que a su edad también murió su padre, defendiendo al Perú en la guerra con Chile, que él de niño tuvo que mantener incluso a su abuela. Y terminó diciéndole, confiesa él:
“Que me fuera de casa en busca de mi sostenimiento. Aquella actitud de mi padre me hirió profundamente. Esa mañana deambulé por las calles atormentado y sumido en el desconcierto”.
Y no encontró apoyo ni estímulo ni en Acora, donde nació, ni en Puno, adonde huyó. Y eso es muy grave, porque se puede caer en el barro y la lluvia y levantarse.

8. Ante la expectativa general
Tuvo que trabajar desde niño y recibir el maltrato y discriminación por ser hijo del pueblo, cobrizo, con los pómulos salientes y los labios abultados, sin hogar ni padres que siquiera con su voz te defiendan, porque no están contigo.
Él por eso es producto de su empeño, de su esfuerzo y de su anhelo de superación. Quizá lo grafique así el siguiente pasaje de su vida:
Luego que ingresara a la Escuela Normal de Puno en 1928, con la nota mínima de once, y después de muchos avatares, se festejó el Día del Árbol y salió sorteado para hacer la composición alusiva y leerla en el acto público.
Escribe el texto que revisa y aprueba su profesor Julián Palacios. Lo repasa una y otra vez y ensaya esmeradamente para decirlo en el escenario, en la actuación de aquel día.
Ante la expectativa general del público, no pudo articular palabra alguna. Lo intentó una y otra vez. Los nervios lo traicionaban. Y terminó bajando la escalinata, sintiendo vergüenza y humillación, entre silbatinas y abucheos del público en general.
Este hecho para la Escuela Normal fue un momento deshonroso y una afrenta. Sus propios compañeros no terminaban de pifiarlo y hacer escarnio de su ineptitud.
9. Por efecto de la ventisca
Se acercó uno de los profesores y sin cuidar que los demás lo oyeran, le dijo:
– No sirves para maestro. Un maestro tiene que hablar en público. Tendrás que retírate de la Escuela Normal.
A partir de entonces no podía conciliar el sueño. Se levantó a media noche, en plena oscuridad, frío y silencio. Y fue al sitio donde habían ocurrido los sucesos.
Era un amanecer lóbrego. El viento silbaba y todo le parecía amargo y atroz. Pero en esa desolación y vastedad, en esa situación despiadada y horrenda encontró al arbolito que habían plantado con motivo de la ceremonia de festejo y en homenaje por el Día del Árbol.
El viento en esos momentos lo sacudía feroz e inclemente. Le pareció una infamia que se lo hubiera plantado en ese lugar frío y desolado. Y pensó que la plantita en cualquier momento iba a ser arrancada de cuajo y morir antes que la luz del alba se pintara en el horizonte por efecto de la ventisca y de la helada.
10. ¡Sin nada ni nadie!
No fue así. La siguiente noche que se levantó a deambular por ese sitio el arbolito estaba en pie, luchando por sobrevivir y hacerse un lugar en el mundo, no importando que él fuera un paraje desolado.
Y cada noche se levantaba pensando que esa débil planta en la cual él había puesto su temblor y su pulso al dejarla puesta en tierra, de repente había fenecido entre tanta desolación, bramido y vendaval.
Pensaba y temía en cada ventarrón frígido que su arbolito ya estaría tumbado a un lado y si es posible no habría rastro de que hubiera existido. Y no podía estarse tranquilo ni dormir, hasta levantarse, verlo y estar a su lado. Era apenas un tallo y unas cuantas hojas mustias y renegridas.
Le parecía increíble que estuviera y siguiera en pie, que hubiera sobrevivido a la primera noche y a las siguientes, entre tanto cierzo y helada.
Era menos que cualquier desecho mínimo y raquítico, afrontando tremendo frío, oscuridad y abandono.
Sin ninguna otra planta cerca que lo cobije, sin madre que lo apoye igual que él en el mundo, solo. ¡Sin nada ni nadie! Sin embargo y en gran medida él era responsable de que esa plantita estuviera allí. ¡Y ella luchaba!
11. Parecía atenderlo
Acercó su mano, lo acarició y abrazó diciéndole que por él juraba, a partir de ese instante, superar su miedo de hablar en público; y le prometía hacerse un orador de multitudes.
Y esbozó estas palabras que apenas las susurró en el viento frío:
– ¡Niños! ¡Niños! El Perú es un país hermoso, que debemos descubrir, rescatar y amar con toda nuestra alma.
Pero luego las mismas palabras las pronunció de pie, aplomado como nunca, pero en plena oscuridad.
Sintió que su voz era cálida, que resonaba bien en esa oscuridad, en esa soledad y en ese vacío.
Y todas las noches empezó a salir y ensayar a hablar en público. Se figuraba que allí estaba íntegro el auditorio de aquella vez en la cual terminó humillado.
Se levantaba a medianoche y en el inmenso patio, teniendo como referente, tribuna y cómplice, la plantita que parecía atenderlo aquietando sus hojas, practicó a decir su palabra en público. Aprendió a elevar su voz, a dejar que sus ideas fluyeran libres.
12. Un silencio absoluto
Y todos sus ensayos terminaban diciendo:
– ¡Niños! ¡Niños! El Perú es un país hermoso, que debemos descubrir, rescatar y amar con toda nuestra alma.
Y cada noche que salía a practicar oratoria en ese campo eriazo al lado del arbusto que cada día cobraba mayor robustez, le sorprendía que el árbol cada día estuviera más fuerte y hasta más alto.
Y tuviera más hojas. Y esto lo alentaba a ensayar y a ejercitarse en el arte de la oratoria.
Para el Día de Aniversario de la Escuela Normal, el animador de la ceremonia, matizando el programa oficial, preguntó si alguien quería expresar algún saludo o decir algunas palabras alusivas a la fecha.
Él se puso de pie, con el asombro de sus compañeros y profesores, presentes en la anterior vez. Y salió al escenario. Se produjo un silencio absoluto. No creían en lo que veían y escuchaban.
13. Un público fervoroso
Un aplomo, una voz resonante, expresiones precisas y cabales. Y una estructura de ideas extraordinariamente bien proclamadas por aquel joven que había sido abucheado semanas antes, siendo aquella vez objeto de burlas, insultos y mofas.
En cambio esta vez era ovacionado con entusiasmo y su profesor Julián Palacios y algunos de sus compañeros, aplaudiendo efusivos, se ponían de pie.
Miles de discursos se sucedieron después. Por el modo de impactar con su oratoria de multitudes fue calificado como el Víctor Raúl Haya de la Torre del Sur del Perú.
Y en el auditorio del Instituto Pedagógico de México después de la sustentación de su conferencia fue aplaudido durante 180 segundos, tres minutos, por un público fervoroso.
El prestigio que había ganado irradió tanto que cuando el gran historiador Jorge Basadre asumió la cartera de educación lo hizo llamar para que, viniendo desde su provincia, en 1958, se hiciera cargo de la dirección técnica de la Educación Primaria, a nivel nacional.
14. Se estrellaban en los vidrios
Siendo así tuvo que hacerse cargo del siempre amargo y enojoso proceso de evaluación de maestros en un concurso público para ocupar plazas de nombramiento.
Se presentaron 4000 maestros para apenas 100 plazas. Muchos aprobaron pero no pudieron hacerse acreedores a ningún puesto de trabajo.
Cuando regresaba a su oficina después de almorzar había una manifestación frente al local que él dirigía, acto de protesta en el cual los lemas eran improperios lesivos y ofensivos hacia su persona:
José Portugal
aquí te arrojamos un real.
Y tiraban esa clase de monedas a las ventanas de su oficina, las mismas que se estrellaban en los vidrios y rebotaban a los pies de los mismos manifestantes, quienes las recogían y volvían a arrojarlas.
15. Los había arengado
Él se sumó a la masa de los que protestaban, y a la gritería general. Y cada vez se fue animando más en la manifestación, hasta que en un determinado momento era el que más vociferaba en contra suya.
Resultó siendo el centro, alrededor del cual la gente se unía para hacer más enfático su reclamo. Hasta que en un momento incluso se puso adelante y alentaba a gritar:
José Portugal Catacora
con nuestra plata tu garganta se atora
Y expresiones como: “Director incapaz”, “Servil del gobierno”. “¡Afuera ineficaz!
Finalmente, después de desahogarse un rato hizo señas de que ya regresaba.
Y se escabulló para dar la vuelta y pasar a su oficina.
Se sintió relajado y contento de la tensión en que lo sumían hechos como este.
16. Ingresa la comisión
Pero pronto los profesores, golpeando puertas y ventanas, exigieron hablar con el director, buscando desesperadamente y por todos lados, y hasta el último minuto, a ese profesor alto y cenceño que los había arengado.
Con él se sentían bien representados y en quien reconocían una natural pasta de líder.
¡Caramba! Pero, ¿dónde está?, ¿dónde se ha metido? No aparecía por ningún lado, pero tampoco podían esperar más.
– El director ya los espera. Pasen. –Dijo la secretaria. Y pasaron. Pero aún en ese tramo mirando afuera, para ver si llegaba aquel colega que tanto los había alentado.
Ingresa la comisión y cual no sería su asombro y sorpresa al reconocer y encontrar en el director al líder que hacía un momento los había estado incitando y arengado.
Y le preguntaron boquiabiertos:
17. Criterios desde adentro
– Disculpe, señor, ¿no es usted el mismo que ha estado afuera en la manifestación arengándonos?
– Sí, claro. Soy yo. El mismo.
– Y si usted es el director, contra quien nosotros estamos protestando, ¿por qué usted nos alentaba tanto allá afuera?
– En primer lugar no lo hacía por burlarme, sino porque ustedes tienen razón. Porque creo en que todo lo que ustedes están reclamando, y en el motivo de su protesta.
– ¿Entonces?
– Lo hacía de todo corazón y con la plenitud de mi conciencia, con respeto y honestidad de que lo que piden está bien.
– ¿Cómo entender esto?
– Sí afuera gritaba y tenía razón, ahora quiero que escuchen y se percatarse de cuáles son los criterios desde aquí adentro.
– ¿Sí?
18. Así de noble es ser maestro
– Desde afuera los apoyo, así como quisiera que ustedes, por lo menos, me comprendan, conociendo los problemas desde dentro. Porque hay dos fundamentos: Hay una verdad desde afuera y hay otra verdad desde adentro.
– ¿Usted es el maestro autor de Los niños del altiplano? –Dijo uno, asombrado.
– Sí, yo soy él. Como les estaba diciendo hay dos maneras de mirar la realidad: Hay axiomas desde afuera y hay postulados desde adentro. En los criterios de afuera como maestro los apoyo. Ahora quiero que ustedes me escuchen, me comprendan y ojalá me apoyen en la otra versión, cual es la visión desde adentro.
Y les explicó la verdad de las cosas desde las limitaciones del presupuesto, desde las directivas y normas, y desde lo que es ser gobierno.
Los profesores entendieron el problema, aceptaron las explicaciones y salieron tranquilos, explicaron a sus compañeros. Y días después el profesor José Portugal Catacora fue invitado a un agasajo de desagravio y de reconocimiento a su labor. Así de noble es el maestro en el Perú. Y así es de contradictoria nuestra realidad.

19. Intuir aquella esperanza
En el año 1992 tuve el honor de ser vocero y portador del homenaje en vida que un grupo de especialistas en literatura infantil, interpretando el sentir del magisterio peruano, rendimos al maestro.
Decidimos homenajear al profesor José Portugal Catacora otorgándole una medalla y Diploma al Mérito de reconocimiento a su labor promotora de la creación literaria de los niños del Perú.
Este fue un acto público muy concurrido realizado en el amplio auditorio del Club Ancash, actividad que estuvo a cargo del Instituto del Libro y la Lectura del Perú y en el marco del Proyecto Internacional “Te regalo un sueño”, PIALI, con sede en México. En aquella oportunidad en su discurso de agradecimiento expresó:
“Alguien ha dicho con sutil y profunda ironía que el niño es la verdad con la cara sucia, la sabiduría con el pelo desgreñado y la esperanza del futuro con una rana en el bolsillo. ¿Sabemos algo de esa verdad? ¿Poseemos algo de esa sabiduría? ¿Somos capaces de intuir aquella esperanza?
20. Beber de su manantial
Y continuó diciendo:
“Cuando alguien escribe la historia del niño, podremos ver cuan injusto ha sido el hombre con el niño de todos los tiempos y de todos los pueblos del mundo. Y entonces, y solo entonces, podremos comprender el origen de los tremendos males que aquejan a la humanidad de nuestro tiempo”.
Hablaba indudablemente de sí mismo, porque ¡cuán injusto fue el mundo contra él cuando fue niño!
Pero él mismo es el ejemplo del Ave Fénix que revierte lo adverso en propicio.
Y se levanta en un impulso supremo. Y se eleva por los aires en vuelo infinito, cuando se está tocado por un designio grandioso qué cumplir.
Como él lo cumplió para bien de nuestra educación y del maestro a partir de cuya existencia y desempeño tienen a un referente al cual acercarse y beber de su manantial.
Y hasta quizá esté en el alma prístina de un verdadero maestro como lo fue y lo es José Portugal Catacora, la esencia y la fortaleza de lo que significa ser un niño.

Fecha Publicación: 2021-01-31T12:26:00.000-05:00
 DIARIO EL PERUANO 27/01/2021 José Antonio Vadillo Vila

Exposición virtual documental del Proyecto Especial Bicentenario presenta el aporte de 21 hombres y mujeres de la cultura y las ideas, que surgieron en las décadas del veinte y treinta del siglo pasado.

1. Amauta, la revista que en 1926 fundó José Carlos Mariátegui, fue nuestro buque insignia de las ideas y de las artes en el siglo XX.  

Un gran número de sus portadas fueron elaboradas por José Sabogal. Mas el trabajo del pintor cajabambino tiende a dejar de lado el legado de su esposa, María Wiesse (1894-1964), quien cultivó casi todos los géneros literarios, el cine y la música.

Si bien Sabogal fue figura principal de la corriente indigenista en la plástica nacional, otro nombre no menos importante en esta corriente es el de Julia Codesido (1883-1979), que integró el primer grupo de mujeres que llegó a estudiar a la Escuela Nacional de Bellas Artes. Dora Mayer (1868-1959) es considerada la precursora del indigenismo junto con Pedro Zulen.

***

Hace un siglo –y quizá un poco menos– ser “hija de”, “esposa de”, “alumna de” ensombrecía el trabajo intelectual y artístico de ellas. Por ello, existen muchos casos de mujeres que se quedaron solteras para poder mantener su independencia a fin de actuar u opinar y no estar subyugadas a un marido.

Se ha encumbrado la imagen de Julio C. Tello, padre de la Arqueología peruana, pero se dejó en las sombras para el gran público el trabajo de su discípula, Rebeca Carrión Cachot (1906-1960), estudiosa de las culturas Paracas y Chavín.

Ahora, con el viento en popa de la literatura infantil, se habla de la primera escritora de este género, Cota Carvallo (1909-1980), polifacética artista, poeta, compositora; ella fue la esposa del crítico literario y escritor Estuardo Núñez.

2. Anita Tavera y Carlos Maza, por encargo del Proyecto Especial Bicentenario (PEB), tuvieron la curaduría de la exposición virtual “21 intelectuales peruanos del siglo XX”.

Su reto fue presentar un abanico de 21 personalidades del Perú contemporáneo y, como un gesto de pluralidad, desafiarse y presentar una muestra con paridad de género: el legado de 11 mujeres y 10 hombres. “Fue necesario porque algunas de ellas sembraron decididamente la equidad”, explican.

De esta manera, la muestra no se queda en los nombres de siempre. Presenta a mujeres intelectuales que, en ese contexto, fueron pioneras en las luchas femeninas, con una gran actividad política en el Perú y el extranjero.

Es el caso de Angélica Palma (1878-1935), periodista, poeta, editora de la obra de su padre, Ricardo Palma. Se trató de una de las primeras feministas más populares de su tiempo.

Se acaban de reeditar dos de las novelas de Rosa Arciniega (1909-1999), fémina de izquierda, muy activa del ambiente cultural en Madrid, escritora de narrativa fantástica. Las investigaciones señalan que también fue de las primeras aviadoras y la primera peruana acreditada como agregada cultural ante un gobierno extranjero.

Una de las más activas en la política y las letras fue la poeta vanguardista Magda Portal (1900-1989). Luego de fundar el APRA, junto con Víctor Raúl Haya de la Torre, se aleja por cuestiones ideológicas y se convertiría en voz principal del feminismo militante en el país. En el plano editorial, Portal será fundadora del Fondo de Cultura Económica filial Perú. La doctora en Ciencias Laura Meneses del Carpio (1894-1973) desarrollaría un papel importante en la política cubana.

***

Cuando se le pregunta sobre la presencia de intelectuales de provincias de esos años, el curador Carlos Maza recuerda que a inicios del XX, “Lima era el epicentro vida intelectual, de una manera casi absoluta”. Sin embargo, se ha tratado de representar en la exposición a autores de distintas partes del país. La mayoría son autores nacidos en la costa, un porcentaje menor en la sierra y solo un representante de la Amazonía: la abogada, sindicalista y feminista moyobambina Miguelina Acosta Cárdenas (1887-1933).

La intención original de los curadores fue plantear una exposición virtual que cubriera el período entre las dos guerras mundiales, cuando se dio una efervescencia de las vanguardias en el mundo, la República de Weimar, el Gobierno mexicano moderno que surge en los veinte y las reformas educativas en Argentina, que impactan en el país. Además, presentar el papel relevante que tuvieron las 21 personalidades para instituciones académicas como Bellas Artes o la Universidad de San Marcos.

Carlos Maza recuerda que algunos de estos intelectuales morirán muy jóvenes, caso de Vallejo o Mariátegui, y no podrán ser testigos de las transformaciones del Perú y el mundo, mientras que otros, como Arciniega, Meneses, Portal o Codesido, serán longevos y testigos de esos cambios que se iniciaron en los años veinte y treinta.

En el caso de los autores andinos, con Arguedas hay otra figura que desarrolló su actividad entre la literatura y la pedagogía, el puneño José Portugal Catacora (1911-1998), una figura vital a la hora de hablar de la educación rural en el país. Tanto Arguedas como Portugal se formaron bajo la influencia de Mariátegui.

Trabajo de investigación

La curadora Anita Tavera cuenta que la investigación en tiempos de pandemia fue complicada. Sin embargo, la reapertura de la Sala de Investigadores de la Biblioteca Nacional del Perú fue vital para esta empresa. Se apoyaron también en imágenes del Museo de Arte de Lima, fuentes documentales del Archivo José Carlos Mariátegui y el Instituto Riva Agüero, entre otros, ayudaron al trabajo curatorial. También investigaciones previas de la Casa de la Literatura Peruana. Algunas familias, como las de José Sabogal y Cota Carvallo, facilitaron material.



Fecha Publicación: 2021-01-26T00:00:00.001-05:00

BREVE BIOGRAFIA

 Aquí el breve texto biográfico de la página web Los 21 intelectuales del Bicentenario. Pueden ver información completa en el siguiente enlace:

https://contenidoweb3.com/joseportugalcatacora/#video

"Bajo la influencia transformadora de la vanguardia puneña del Boletín Titikaka, y con las herramientas de la formación normalista impulsada por el educador José Antonio Encinas, José Portugal Catacora, maestro rural, emprendió una de las experiencias educativas más exitosas en la historia de la educación en el Perú; una experiencia de vinculación entre la formación y la producción, inspirada por la dignidad, el respeto y la conservación de las tradiciones locales, y la confianza en la educación para la solución de los problemas de la sociedad.

Nació en Ácora, Puno, a orillas del Titicaca, y estudió la educación básica en Puno. Se formó como maestro en la Normal anexa al Glorioso Colegio San Carlos de Puno, que fue fundado por decreto de Bolívar en 1825. Hacia 1945 sus estudios habían llegado al nombramiento de Normalista de Primera Categoría. Carlos Escalante informa que “participó en la conferencia de Educación Rural de Perú y Bolivia, en Huarizata, Bolivia… donde se firmó el convenio para la Organización de los Núcleos Escolares Campesinos, en cuya implementación colaboró decididamente”. En 1947 fue nombrado director del Instituto Experimental de Educación de Puno, donde permaneció hasta 1958 y donde emprendió su sorprendente proyecto de educación de vanguardia. Utilizaba el “Sistema de Organización Escolar por Niveles de Madurez del Aprendizaje” acuñado por Encinas, que buscaba la formación integral de los educandos. En 1957, casi al finalizar su gestión en el Instituto, presentó la experiencia en Lima, en la Escuela Normal Superior de La Cantuta, hoy Universidad Nacional de Educación.

Culminada la experiencia en el Instituto, Portugal Catacora siguió su carrera en otras áreas del sistema educativo, dedicado a tareas de planeación y representación. Viajó a distintos países llevando la experiencia peruana, y trayendo de regreso un diálogo con otros países que alimentó el proyecto educativo nacional. Fue un embajador del diálogo, un constructor de relaciones, un articulador de mundos. Alcanzó su jubilación en 1967 pero siguió cerca de sus colegios y sus alumnos durante muchos años más, hasta su fallecimiento 30 años después en 1998.

Pero no sólo dedicó su energía a la docencia y la gestión: editó revistas de divulgación pedagógica como El educador andino, Puno pedagógico y Repertorio pedagógico, y escribió una serie considerable de publicaciones especializadas en educación y pedagogía, así como una obra literaria consistente en relatos, leyendas y tradiciones en los que plasmaba para sus estudiantes la visión del hombre y la mujer andinos que deseaba promover. Colaboró con Arguedas, de quien aprendió la tarea de registro y conservación de las manifestaciones culturales tradicionales y populares. En el prólogo de su Niños del Kollao (1937), Emilio Vásquez reseña: “Lo que pretende José Portugal es esto, precisamente: educar al niño de hoi en tales condiciones que mañana sea el verdadero artífice de su obra, el piloto de su destino, el Pigmalión de sus roquedales y el Proteo multíplice de su alma”.