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Fecha Publicación: 2023-01-22T16:35:00.000-08:00

 

Agradezco a la Hna. Irma Edquén, vicepostuladora de la Causa de Monseñor Alfonso María Sardinas el envío de la interesante pastoral que les comparto y que fue publicada por la Hna. Bertha Flores Palomino( Hna. Hortensia de Jesús) Vida y Obra de Monseñor Alfonso María de la Cruz Sardinas Zavala, Educador y Mensajero de Paz, (Lima, 2014) pp. 233-245.

Su original se ha tomado de  la Biblioteca Nacional, Lima, Perú. C252.6   S2

Todo un ejemplo de cómo los pastores peruanos como quien fue segundo obispo de Huánuco se han identificado con la problemática de la realidad y la han iluminado desde la palabra revelada en la Biblia, el magisterio de la Iglesia y su propio celo pastoral.

 

SEGUNDA CARTA PASTORAL 1895 (Diócesis de Huánuco) con motivo de la PACIFICACIÓN DE LA REPÚBLICA

 

"Nos Fr. Alfonso María Sardinas por la gracia de Dios y de la Santa Sede, Obispo de Huánuco, al Venerable Clero y fieles de nues­tra Diócesis, paz y gracia en Nuestro Señor Jesucristo:

 

Es notorio que sucesos ajenos de mi voluntad, mis muy amados hijos, me obligaron a separarme de vosotros, a pesar mío, prolongándose mi ausencia al extremo de hacérseme ya pesada, por el deseo que siempre he tenido de regresar­ a vuestro seno. Puedo aseguraros, sin embargo, que aun cuando he estado ausente con el cuerpo, me he hallado continuamente presen­te con el espíritu, atendiendo en lo que me ha sido posible a vuestras necesidades espirituales, cumplien­do de este modo el deber impuesto por Nuestro Señor Jesucristo, de vigilar por la grey que el Espí­ritu Santo ha confiado a mi cuida­do, lamentando empero que mis esfuerzos no siempre han sido se­cundados.

 

LA PAZ COMO LA DA JESÚS

Hallándome ya en medio de vos­otros, no puedo dirigiros palabra mejor que la salida de los labios de Jesús rodeado de sus caros apóstoles y discípulos, algunos días des­pués de su gloriosa resurrección y poco antes de subir al cielo: Os dejo la paz, os doy mi paz, pero no como la da el mundo. Esta paz es la que ha bajado del cielo y la que los ángeles anunciaron a los hom­bres de buena voluntad, cuando nació el Redentor del mundo. Esta paz es la que se comunica por ministerio de la Iglesia a todos aquellos que quieren recibirla, y ella es, la única verdadera, fuera de la cual es imposible hallar felicidad.

 

Después de las perturbaciones po­líticas que todos hemos lamentado, y tranquilizado felizmente el país según las aspiraciones de todos, conviene, queridos hijos míos, que la paz celestial mencionada se arraigue entre todos nosotros, de suerte que los individuos, lo mismo que cada familia, así como también cada pueblo goce de este bien inestimable de la paz a fin de que ella sea el principio de una nueva era y mediante su eficacia el País se vaya regenerando.

 

Los obstáculos que se oponen al establecimiento y consolidación de esta paz son bien conocidos, después que el Espíritu Santo se ha dignado consignarlos en las Sagradas Letras: placeres sensuales, co­dicia de bienes terrenos y soberbia del corazón, he aquí los tres obstá­culos de la expresada paz; ellos son tres elementos mortíferos que aca­ban con la vida moral y bienestar de los individuos y de los pueblos, y aún a veces con la misma vida física, como sucede en las guerras, las cuales no tienen otro origen, a lo menos en uno de los combatien­tes. Así nos lo avisa el mismo Dios; en la Sagrada Escritura: ¿De dón­de nacen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales hacen la gue­rra en vuestros miembros, sirvién­dose de ellos como de armas contra el espíritu? (1 Santiago 4), si la justicia pre­sidiese los consejos de los hombres, las guerras serían imposibles.

 

COMBATIR LA SENSUALIDAD, LA CODICIA Y LA SOBERBIA

Combatir estos tres elementos deletéreos, es el deber de todo hombre que quiere vivir, no sólo cris­tiana sino también racionalmente. A medida que estas tres malas pasiones sean refrenadas y sujetas al imperio de la ley de Dios, la paz celestial, la justicia y el bienestar, tanto privados como públicos, serán mayores, y el Perú se irá regenerando.

 

Verdad es que, dado el estado de decaimiento en que se encuentra el hombre es cosa ardua y en cierto modo heroico refrenar sus malas pasiones; pero la Santa Iglesia tiene medios suaves que facilitan poderosamente lo que a la naturaleza mal inclinada repugna, y esos medios se encuentran a disposición de todos. Estos son los santos Sacramentos, en los cuales hay una virtud divina dirigida a amorti­guar los concupiscencias y a vigo­rizar el espíritu; ellos extinguen el letargo espiritual en que yacen por desgracia, de ordinario, los cristia­nos, a causa de lo cual no se preo­cupan sino de lo temporal y terre­no, que debe desaparecer con la muerte, y no se cuidan de la vida futura y eterna de la cual nadie puede sustraerse: ella debe ser feliz o desgraciada, sin que sea dado a hombre alguno poder eludirlo que, Dios tiene irrevocablemente establecido.

 

No se condena el cuidado prudente y razonable, acerca de los bienes de este mundo y de la feli­cidad temporal, antes bien es un deber que no puede descuidar el que ha de atender a otro. Lo que se condena es la solicitud excesiva y el buscar exclusivamente lo temporal, con detrimento de lo eterno; así como el preocuparse úni­camente de la presente vida, sin pensar en el cumplimiento de los deberes que tenemos, para con Dios.

 

Por tanto, queridos hijos míos, esforzaos en vivir según el santo temor de Dios, valiéndonos de los medios indicados de los Santos Sa­cramentos, a los cuales debéis añadir la oración cotidiana al Padre de las misericordias, a fin de que haga descender sobre el Perú ben­diciones celestiales que lo levan­ten de su postración, y así entre en las vías del progreso.

 

LA REGENERACIÓN DE LOS HOMBRES Y LAS NACIONES

Debemos todos estar persuadi­dos, queridos hijos míos, que la re­generación de los individuos lo mismo que de las naciones, no es obra únicamente de los hombres, por grandes que sean sus esfuer­zos, pues todo esto no es suficien­te, si el auxilio divino no viene a nuestro socorro. Si el Señor no edificase la casa, trabajan en vano los que la levantan. Si el Señor no guardare la ciudad es inútil la vigilancia de los que la custodian (Sal. 126). Palabras son estas de eterna verdad que se han cumplido y seguirán cumpliéndose, hasta el fin de los siglos, por esto debemos emplear la oración salida de un corazón puro si queremos ver al Perú regenerado.

 

Laudables son las reformas en la legislación y en los diversos ramos de administración pública que las necesitan; pero si los hombres no son justos ni se rigen por los dic­támenes de la conciencia; si viven hechos el juguete de sus concupis­cencias o a merced de sus malas pasiones, el País no quedará reformado, aun cuando las Cámaras Legislativas hayan hecho grandes esfuerzos para mejorar su suerte. Nada vale tener buenos Códigos, si no son observados y los hombres son malos.

 

Conviene por tanto, queridos hi­jos míos, que cada cual ponga su contingente en la labor común de la regeneración del País, procuran­do consolidar la paz en vuestro propio corazón, en el seno de vues­tra respectiva familia y, en las relaciones de verdadera fraternidad que debe existir entre los pueblos.

 

Es de necesidad imperiosa que ca­da cual, sea individuo o pueblo, ol­vide injurias recibidas y perdone ofensas inferidas, no recordando sino que todos somos peruanos, lla­mados a vivir como hermanos y dejando lo pasado sepultado en el olvido, para estrecharnos mutuamente con el lazo de una fraterni­dad castiza. El recuerdo de los ma­les pasados no haría más que amargar inútilmente vuestra existencia, y el pensar en venganzas por los males sufridos empeoraría atrozmente vuestra situación, porque pondría a los que sepultáis enemi­gos en la necesidad de armar su brazo para defenderse en caso ne­cesario. Se comprende que tal situación sería del todo angustiosa y nada a propósito para conseguir la felicidad y la regeneración del país.

 

PERDÓN, CARIDAD Y TRABAJO

Si el que ha recibido agravios no se resuelve a perdonarnos, ¿Cómo podrá esperar que Dios le perdone sus faltas cometidas? Perdonad y seréis perdonados, ha dicho el Salvador del mundo en su Santo Evangelio, y por esto no puede esperar perdón ni salvación aquel que conserva odio contra su prójimo.

 

La venganza es no solamente pasión vil y detestable sino que también es con frecuencia causa de la ruina del vengativo: Este no se justifica invocando la razón que cree esta de su parte, ni con la justicia por mucho que esté en su favor, porque la razón y la justicia no autorizan a los particu­lares para que se tomen satisfac­ción por sí mismos, ni que inflijan las penas merecidas a los culpables, por cuanto esto es atribución del Poder público, la cual no pueden arrogarse los particulares, sin ha­cerse reos de grave crimen e intro­ducir la anarquía en la sociedad.

 

Por mucha que sea la razón y la justicia, queridos hijos míos, hay algo que, en los momentos actua­les, es mucho más recomendable, en todo lo que no repugna a la im­punidad, esto es, la caridad cris­tiana, la cual debe extender su do­minio sobre todo el Perú y brillar como el Sol de mediodía, ahuyentando así los nubarrones de las malas pasiones y de los resentimientos mutuos, a fin de que la paz se consolide y sea duradera.

 

Lo que interesa, por tanto, a todos y también a la Nación, es que sobre la base de la paz pública y privada nos consagremos a nues­tras respectivas labores; y que aquellos individuos que se encuentran dotados de aptitudes presenten con buena voluntad su concurso a la reconstitución del País, dejando a un lado intereses de partido y otras miras mezquinas, y teniendo sólo presente, que son peruanos y que la Patria reclama sus servicios.

 

AYUDAR A LA IGLESIA EN SUS NECESIDADES

No, concluiré, queridos hijos míos, sin exhortaros a que permanezcáis fieles a las enseñanzas del mismo Dios que se ha dignado a darnos por medio de su Santa Iglesia y que a Nos incumbe el deber de conservar intactas, para lo cual debéis todos cuidar de no dejaros fascinar por las malas doctrinas, que por desgracia hoy tanto circulan, si la verdad es la vida de la inteli­gencia; el error es su muerte; y es­ta muerte es eterna, cuando el error admitido es contrario a una verdad revelada. La Iglesia encargada de la enseñanza de esta ver­dad, es una madre tierna siempre solícita de que el engaño, sea cual fuere la forma en que se presente, no invada jamás la inteligencia de sus hijos aunque no verse sobre el dogma, sino sólo sea disciplinar.

 

Como Padre y Pastor de vuestras almas, debo en la situación presen­te hacer oír mi voz, para precave­ros de un error que he sabido ha circulado entre vosotros, el cual consiste en asegurar que en lo sucesivo no tendréis que pagar pri­micias. Si este error puede halagar a los menos instruidos o poco te­merosos de Dios, no puede excusar de un grave reato de conciencia ni de la responsabilidad ante Dios y su Iglesia. El pago de las primicias fue establecido por el mismo Dios en la antigua ley de Moisés, y la Iglesia al promulgarse el Evangelio ha conservado esta ley como obligatoria a los cristianos. Mien­tras la Iglesia no derogue esta ley, ningún poder humano podrá válidamente destruirla; pero si preva­liéndose de la fuerza se puede lle­gar a impedir el cumplimiento de la ley, no se logrará por esto des­truir esta ley ni extinguir la obli­gación del pago mencionado, y en este caso permanecerá siempre el pecado y la responsabilidad, tanto del que debe cumplirla, cuanto del que se prevale de la fuerza.

 

Cuando los altos Poderes del Es­tado o sea el soberano Congreso se ocupó en otro tiempo de los diez­mos, preparó oportunamente la respectiva indemnización, obligándose a satisfacer lo que se juzgó equi­valente a los diezmos, porque así lo exigía la justicia. Esto no obstante, la Iglesia no ha sancionado hasta ahora la ley sobre supresión de diezmos, y sólo la ha tolerado, razón de circunstancias. Tratándose ahora de la supresión de primicias, es evidente que se perpetraría una violación flagrante, de la justicia y un ataque a la ley de la Iglesia si cualquiera particular, o aunque fuese una autoridad subalterna, se arrogase la facultad de suprimirlas.

 

Se ha observado por muchas per­sonas sensatas y en diferentes lu­gares de la República, que desde que se ha negado a la Iglesia el pa­go de las primicias, la tierra es menos productiva de lo que lo era antes; observación que se ha efectuado también en otras naciones.

 

Parece que Dios ha querido manifestar, de un modo patente, que no impunemente se le niega parte de lo que Él generosamente concede a los hombres.

 

Es justo y conforme al derecho natural, que los Ministros de la Religión por lo mismo que están dedicados al servicio de Dios e im­posibilitados de atender a los negocios temporales, sean sustentados, por los fieles, remunerándoles los servicios religiosos y espirituales que de ellos reciben, y así está es­tablecido por el Evangelio, pues quien sirve al altar, es justo viva del altar. Si los empleados del Estado viven de las contribuciones del pueblo al cual sirven, del mis­mo modo el Clero debe ser sustentado por los fieles, porque éstos no pueden vivir sin Religión, la cual es administrada por el Clero. Esta es una verdad de sentido común, y su desconocimiento pronto haría sentir sus fatales consecuencias.

 

Si en todo tiempo esta verdad debe ser respetada, lo ha de ser más aho­ra en que se trata de regenerar el País, debiendo los pueblos comprender que es preciso comenzar por respetar los derechos de la Iglesia y no por la violación de los mismos o creíais por esto, queridos hijos míos, que lo temporal que podéis erogar sea lo que más nos preocupe, pues vuestras almas o tienen un valor incomparablemente más precioso que todo eso, por cuya ranzón os hemos hablado antes de lo que afecte vuestros intereses espirituales.

 

Reducidos a una vida parca y contentándonos con lo absolu­tamente necesario, empleamos to­do lo demás en beneficios de esta amada Diócesis construyendo el Seminario y otros edificios para la formación del Clero y la instruc­ción de la juventud; sustentando con nuestros ahorros un buen número de estudiantes, como a todos os consta. Al recomendaros, pues el puntual pago de las primicias es con el objeto de que no gravéis vuestras conciencias, engañados con falsas doctrinas, las cuales conducen a la postre al aumento de pobreza, como insinué antes, porque Dios, se encarga de castigar, por sí mismo a los hombres que le defraudan lo que le está consagrado. Manteneos pues, queridos hijos míos, en la práctica de la justicia, procurad la paz por los medios an­tes indicados, formad todos una familia, sin distinción de partidos ni diversidad de pueblos, reine la caridad cristiana en vuestros corazones, trabajad todos por la santi­ficación de vuestra alma, para que de este modo el Padre de las mise­ricordias nos colme ahora de ben­diciones celestiales y después nos conceda el goce de su felicidad eterna. A este fin y para que el Señor se digne iluminar a la actual Excma. Junta de Gobierno, orde­namos a todos los Venerables Sa­cerdotes de esta nuestra Diócesis, recen en todas las misas la colecta et famulos, etc. siempre que el rito lo permita, reiterando lo antes dispuesto; y además exhortamos a todos los fieles hagan las oraciones que su devoción les inspire.

 

Dado en nuestra accidental resi­dencia de Tarma, a 17 de Abril de 1895.

 

FR. ALFONSO MARÍA

Obispo de Huánuco

Por mandato de S. S. l.

JUAN H. GARAY,

Secretario

 


Fecha Publicación: 2023-01-17T04:44:00.000-08:00

La magnífica información de PARES sobre Santo Toribio. Basta con ingresar "Toribio Mogrovejo" para encontrar 100 acápites con cientos de documentos en los archivos españoles, fundamentalmente en el Archivo General de Indias, todo escaneado y servido en nuestro propio domicilio.

https://pares.culturaydeporte.gob.es/inicio.html

http://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/find?nm=&texto=Toribio+Mogrovejo

Y, si queremos concretar un asunto como el de la CANONIZACIÓN, muestra 38 entradas.

Muestro uno como el de los milagros en COPACABANA

 

A disfrutarlo y compartirlo

Cordialmente

José Antonio Benito

 

Mostrando del1 al25 de38

Archivo General de Indias, dentro de Canonización de Santo Toribio Alfonso Mogrovejo

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 TÍTULO

 SIGNATURA

 FECHA CREACIÓN

 FECHA FORMACIÓN

 DIG.

Cabildo eclesiástico y Audiencia de Lima:aprobación sínodos

PATRONATO,248,R.16

1587  

 

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Diezmos del arzobispado de Lima : Toribio Alfonso Mogrovejo

PATRONATO,248,R.1

1573  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Francisco de Quiñones,corregidor de Lima:representación

PATRONATO,248,R.15

1587  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Herencia de Toribio Alfonso Morgrobejo,arzobispo de Lima

PATRONATO,248,R.2

1580  

 

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Muerte de Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo de Lima

PATRONATO,248,R.38

1604  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Prelados concilio Lima: visita a San Pedro y San Pablo,Roma

PATRONATO,248,R.4

1583  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Prelados del concilio de Lima:estado de las iglesias de Perú

PATRONATO,248,R.8

1583  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrevejo : concilio de Lima, etc

PATRONATO,248,R.6

1583  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrevejo : visita diócesis de Lima, etc

PATRONATO,248,R.5

1583  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrevejo y otros: concilio de Lima,etc

PATRONATO,248,R.3

1583  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrevejo,arzobispo de Lima:doctrinas,etc

PATRONATO,248,R.7

1583  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo : concilio de Lima, etc

PATRONATO,248,R.10

1584  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo : concilio provincial de Lima

PATRONATO,248,R.23

1592  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo : contribución arbitrios

PATRONATO,248,R.25

1593  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo : milagros Virgen Copacabana: Lima

PATRONATO,248,R.24

1592  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo : visita diócesis de Lima, etc

PATRONATO,248,R.11

1585  

 

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Toribio Alfonso Mogrovejo: constituciones sinodales: Lima

PATRONATO,248,R.14

1586  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo de Lima:corregidores

PATRONATO,248,R.13

1568  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo de Lima:resultas visita

PATRONATO,248,R.17

1588  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo de Lima:varios asuntos

PATRONATO,248,R.31

1600  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo de Lima:varios asuntos

PATRONATO,248,R.22

1592  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo de Lima:varios asuntos

PATRONATO,248,R.33

1602  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo de Lima:varios asuntos

PATRONATO,248,R.21

1591  

 

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Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo de Lima:varios asuntos

PATRONATO,248,R.32

1601  

 

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Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo de Lima:varios asuntos

PATRONATO,248,R.37

1604  

 

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Archivo General de Indias, dentro de Canonización de Santo Toribio Alfonso Mogrovejo

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 TÍTULO

 SIGNATURA

 FECHA CREACIÓN

 FECHA FORMACIÓN

 DIG.

Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo de Lima:varios asuntos

PATRONATO,248,R.26

1593  

 

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Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo de Lima:varios asuntos

PATRONATO,248,R.20

1590  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo de Lima:varios asuntos

PATRONATO,248,R.19

1588  

 

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Toribio Alfonso Mogrovejo.arzobispo de Lima:varios asuntos

PATRONATO,248,R.30

1599  

 

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Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo Lima : recomendaciones

PATRONATO,248,R.35

1604  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo Lima: provisión cargos

PATRONATO,248,R.36

1604  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo Lima: solicitud noveno

PATRONATO,248,R.12

1586  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo Lima: varios asuntos

PATRONATO,248,R.34

1603  

 

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Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo Lima:doctrina de indios

PATRONATO,248,R.18

1588  

 

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Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo Lima:erección seminarios

PATRONATO,248,R.9

1590  

 

este documento dispone de imágenes digitalizadas

Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo Lima:gobierno diócesis

PATRONATO,248,R.28

1595  

 

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Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo Lima:restitución honor

PATRONATO,248,R.27

1594  

 

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Toribio Alfonso Mogrovejo,arzobispo Lima:seminario conciliar

PATRONATO,248,R.29

1596  

 

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Fecha Publicación: 2023-01-14T10:42:00.001-08:00

Amigos: Les comparto el siempre genial, ilustrado, creativo y divertido artículo del Dr. Carlos Díaz que ha tenido la gentileza de enviármelo por correo en el día de hoy, 14 de enero del 2023

El laurel posmoderno tiene dos destinos: la cabeza del héroe o el
estofado

Los amigos de la meditación trascendental y otras mandangas
intususpectivas se creen Estados soberanos que, de la piel para adentro,
mandan con exclusiva jurisdicción, según la cual elijen si deben o no cruzar
esa frontera. Su ego es el mundo y el mundo su ego: qué apañaditos. Y,
como su egotismo no tiene límites, y además no han leído a los clásicos
porque para clásicos ellos, se suelen citar a sí mismos y empiezan sus
engorrosos parlamentos con la expresión: "como yo suelo decir…", cual si
dijera Gracián. Aquel no paraba de hablar de Stendhal y, a la pregunta
"¿pero ha leído usted a Stendhal?", respondía tan tranquilo: bueno,
personalmente, no, pero… Y peores son todavía aquellos a quienes no les
hace la menor gracia Gracián, y a la pregunta "¿ha leído usted a Gracián?"
replican molestos, ¡No, para qué voi a leerlo si no me gusta!".
A los mediocres se le detecta por su permanente megalomanía. Les
gusta todo cuanto más embrollado mejor: lo centelleante, lo atronador. Lo
discreto les aburre, la rutina les desespera. De sí mismos no esperan nada
que suene a común y corriente, pues no saben ver lo grande en lo pequeño,
ni lo pequeño en lo grande. Llevan golas y alzacuellos, porque desean
igualar o superar a las jirafas. Y luego, nada; como los cines de barrio,
primero te hacen entrar y después te cambian el programa.
Para esas gentes el éxito ajeno, si es que existe fuera del suyo, es un
insulto al suyo propio. Su ideal es ser nieto de un gran ladrón, borrar el
recuerdo del difunto y quedarse con sus dineros. Ganarse la vida en el
sentido de honrarla, de estar a la altura del regalo, no como una conquista
del ego, no lo comprenden. Tales egos no se ganan la vida, al contrario: la
matan.
En la novela policiaca perfecta solo los escritores están libres de
sospecha. Les horrorizan las lecciones magistrales, excepto si son suyas,
vengan o no vengan a cuento, y aunque no se las pida nadie, como
corresponde a l'idiot de villaje. Sus preguntas a sí mismos son
complacientes, sus respuestas complacidas. A veces no se hacen preguntas
para no encontrar las respuestas indeseadas. Enamorados de los libros de
autoayuda, se obedecen con su propio autoayudante, que son ellos mismos.
Pérez Galdós hacía decir a su personaje Lord Grey en uno de sus Episodios
Nacionales (Cádiz) que "si Dios no hubiese hecho a Jerez, ¡cuán imperfecta
sería su obra!". Ejercicio: donde dice "Jerez", póngase "narcisistas". Las
gentes banales suelen modificar la verdad para poder recordarla a su antojo,
y lo mismo les ocurre en cuanto a su olvido y en cuanto a su vista: cierran
los ojos para no ver. La ceguera es mal que aquí no tiene cura, porque es
ceguera voluntaria.

"Conócete a ti mismo", dice uno; "¡sí, hombre, como si no tuviera
otra cosa que hacer!", responde el otro. El fanatismo y el humor se llevan
muy mal porque el primero esconde las contradicciones mientras el
segundo las busca y exhibe delante de las propias narices. Nuestra
capacidad para tragarnos mentiras o verdades sesgadas es casi infinita,
sobre todo si nos complacen o dan la razón: el autoengaño carece de
límites. No esperes que la raposa grite ante el gallinero: ¡que viene la
raposa!
El teatro es una exageración cuando "se hace teatro", es decir,
cuando uno sobreactúa interpretándose a sí mismo, y por lo tanto haciendo
el payaso. Para el bufón, el teatro puede existir sin obra escrita, puede ser
sin actores profesionales, puede realizarse sin local apropiado, pero no
puede vivir sin espectadores de sus propias bufonadas. La teatrería, es
decir, el arte del teatrero, es ese zoológico al cual acudimos para que nos
contemplen incluso los más animales. Lo que ocurre es que gustar a todo el
mundo no lo ha conseguido ni el jamón serrano.
La exageración, la hipérbole nos retrata como las rectoscopias.
Nunca antes hubo tanta educación emocional, tanta conciencia de la
importancia de los sentimientos, tanta necesidad de rosas rojas
compensatorias para dulcificar los sinsabores de la vida, pero eso, en vez
de aumentar la felicidad, nos ha vuelto más ansiosos, más desdichados, y
sobre todo más insatisfechos. Para la moral del pedo solo huelen mal los de
los otros.
El laurel tiene dos destinos: la cabeza del héroe o el estofado. Para
pensar hay que saber pensar. Pero antes, saber leer. Pero antes, saber
escuchar. Pero antes saber estar en silencio. Pero antes procurarnos un
tiempo para no hacer nada. ¿Qué a ese paso nunca pensaremos? Sin
embargo, ser sabio es verle la espalda a las cosas después de haberlas
analizado.
Por supuesto, en este tibilorio de teatrillo hay que hacer magia con
las palabras: el sexo de las personas es género, el asesinato de una persona
en su círculo afectivo es violencia de género, la impotencia sexual
masculina es disfunción eréctil, la guerra es misión de paz, las bajas civiles
en una guerra son daños colaterales, el aumento de los impuestos es gasto
social, los países empobrecidos son países en desarrollo, el despido masivo
de trabajadores es expediente de regulación de empleo, el peluquero es
estilista, los grupos de extorsión en las huelgas son piquetes informativos,
la subida de precios es reajuste de precios, y al aborto lo llaman
interrupción voluntaria del embarazo en el colmo del cinismo. Nadie se
siente cómodo con alguien hasta que no lo ha decepcionado por lo menos
una vez. El mundo está presidido por un relativista absoluto, fanáticamente
antifanático. De vez en cuando hay que invitar a la duda a fumar un
cigarrillo, pero produce cáncer maligno "más pronto que tarde".

Fecha Publicación: 2023-01-14T10:26:00.000-08:00


El Pensamiento Social del Papa Benedicto XVI. Ponencia en el I.E.S.C. 2014

José Antonio Benito Rodríguez

Había una vez un circo

A nuestro Papa le gustan los cuentos para ayudar a digerir sus densas reflexiones, así que vamos a comenzar con uno de ellos, inserto en el Prólogo de su Introducción al cristianismo . Harvey Cox en "La ciudad secular" cuenta cómo un circo danés fue preso de las llamas. El director del circo envió a un payaso, preparado para actuar, para que pidiese auxilio y que acudiesen con urgencia al circo para extinguir el fuego que podría abrasarles a ellos mismos. Los aldeanos, sin embargo, creyeron que se trataba de un excelente truco para ir a la función, aplaudieron y hasta lloraron de risa. Sin embargo, al payaso le daban ganas de llorar y en vano les persuadió. Los aldeanos aumentaban las carcajadas, hasta que por fin las llamas llegaron a la aldea y el circo y la aldea fueron consumidos por las llamas

Y me parece oportuno comenzar con esta anécdota al hablar de lo social porque con frecuencia se percibe que la DSI (Doctrina Social de la Iglesia) no pisa tierra o no logra comunicar totalmente su gran potencialidad. La aldea global de nuestro planeta tierra arde en llamas consumido por miles de problemas y la DSI se presenta generoso cual bombero voluntario o payaso circense angustiado para sofocar el incendio sin lograr más que risas burlonas por creer que su mensaje tiene poco de real. De hecho, las dos instrucciones acerca de la teología de la liberación salen en defensa de la DSI, reivindicando su perenne actualidad Así, en Libertatis nuntius de 6 Agosto 1984 se llega a constatar que "La doctrina social de la Iglesia es rechazada con desdén. Se dice que procede de la ilusión de un posible compromiso, propio de las clases medias que no tienen destino histórico" La nota dejaba muy claro que "de ninguna manera debe interpretarse como una desautorización de todos aquellos que quieren responder generosamente y con auténtico espíritu evangélico a "la opción preferencial por los pobres". Tampoco quería ser pretexto para quienes se atrincheran en una actitud de neutralidad y de indiferencia ante los trágicos y urgentes problemas de la miseria y de la injusticia. Lo que buscaba, era precisamente , iluminar la doctrina para luchar con más eficacia . "Al contrario, obedece a la certeza de que las graves desviaciones ideológicas que señala conducen inevitablemente a traicionar la causa de los pobres. Hoy más que nunca, es necesario que la fe de numerosos cristianos sea iluminada y que estos estén resueltos a vivir la vida cristiana integralmente, comprometiéndose en la lucha por la justicia, la libertad y la dignidad humana, por amor a sus hermanos desheredados, oprimidos o perseguidos. Más que nunca, la Iglesia se propone condenar los abusos, las injusticias y los ataques a la libertad, donde se registren y de donde provengan, y luchar con sus propios medios, por la defensa y promoción de los derechos del hombre, especialmente en la persona de los pobres".

Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI han promovido en todo momento el relanzamiento de la DSI a través de su rico magisterio con audacia y profundidad. Dos buenas muestras las tenemos en el Compendio de doctrina social de la Iglesia y en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica . Pensemos que en tales documentos el Papa actual ha tenido un protagonismo decisivo. En este reciente y popular documento se indica que la DSI:" como desarrollo orgánico de la verdad del Evangelio acerca de la dignidad de la persona humana y sus dimensiones sociales, contiene principios de reflexión, formula criterios de juicio y ofrece normas y orientaciones para la acción" Nº 509.

Antes de entrar en el tema que nos convoca, para contextualizarlo y ubicarnos debidamente, creo conveniente partir del legado de Juan Pablo II; continuar con la vida y obra de J. Ratzinger, para centrarnos por último en su vocación como Papa, su riguroso y amplísimo pensamiento teológico, y culminar en los rasgos más importantes acerca de sus estudios sobre la DSI. No olvidemos que muchos de los documentos del Papa Juan Pablo II fueron revisados por el actual Papa, tanto desde su condición de teólogo amigo así como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

No soy especialista ni en el Papa ni en Doctrina Social de la Iglesia por lo que no me encuentro en condiciones de brindarles la síntesis o el esquema de pensamiento papal acerca de la DSI. He aceptado con mucho gusto el desafío de presentarme ante ustedes, llevado de mi compromiso con el Perú y con la Iglesia, y con el fin de brindarles pistas de lectura y reflexión así como acoger sugerencias para conocer más de cerca al Papa actual, su pensamiento social y la urgente necesidad de aplicar la DSI a nuestra sociedad. Para el presente artículo he leído varios de sus libros, la mayoría de los artículos en internet (www.zenit.org, www.aciprensa.com, www.arvo.net , www.interrogantes.net , www.conoze.com , www.vatican.va , www.solidariad.net), los mensajes de Radio Vaticano, la crónica de su visita a Perú. Aunque todavía no disponemos de una encíclica o documento elaborado al respecto, sí que podemos espigar textos de su rico magisterio para acercarnos a su pensamiento social. Basta con asomarse a los discursos pronunciados como en su visita a Perú o en las audiencias permanentes a los obispos y jefes de Estado para constatar sus alusiones permanentes a la DSI y al compromiso social. Así lo muestra en la homilía con ocasión de la Confirmación en la iglesia parroquial de Urubamba (23 de Julio 1986), en la que anima a los adolescentes que el sacramento de "la confirmación es también la superación. de todos los confines.para llegar a ser verdaderamente "católicos"; para vivir, pensar y obrar con la Iglesia universal. Esto debe desarrollarse como ejemplo de nuestra responsabilidad hacia los pobres del mundo entero".También en aquellas fechas declaró a Testimonio (Junio 2005, p.33) que la DSI "es una gran herencia ética moral y social de la SE elaborada por el curso de los siglos en la experiencia cristiana y recientemente muy elaborada en la enseñanza de los SSPP. Es una síntesis por un lado de un ethos, de una moral revelada y por otra parte de la reflexión sobre las experiencias de nuestro tiempos"

I. LA REPERCUSIÓN HISTÓRICA DEL PAPA JUAN PABLO II

Sigue presente en Perú el vivo recuerdo de las entrañables visitas del Papa. El Campo Marte de Lima, entre otros, alberga en el colorido de sus mosaicos la creatividad afectiva de las regiones del Perú profundo. Calles, colegios, monumentos, distritos, personas, llevan su nombre.

1. Sus aportes

G. Weigel -biógrafo del Papa- destacará que "Juan Pablo II ha renovado decisivamente el papado para el siglo XXI, recuperando y renovando la primacía evangélica del oficio de Pedro del primer siglo de la Iglesia" convirtiéndolo en "el más consecuente desde la Reforma del siglo XVI" . Sus ocho grandes contribuciones o hitos son: la renovación del papado, la puesta en práctica en su totalidad de la doctrina del Concilio Vaticano II, el desmoronamiento del comunismo, la clarificación de los retos morales a los que se enfrenta la sociedad libre, la impronta del ecumenismo en el corazón del catolicismo, el nuevo diálogo con el judaísmo, la redefinición del diálogo interreligioso y la inspiración personal que ha cambiado incontables vidas. Tras dieciséis años de estudios sobre la persona y escritos del Papa, así como de cuatro buceando en su mundo interior, el mejor biógrafo del Papa, concluye "es un hombre que se ha esforzado muchísimo por ofrecer a las personas de su tiempo los instrumentos necesarios que hacen que vivamos la vida de una manera digna".

En otra biografía más desenfadada y crítica, C. Bernstein-M. Politi se le reconoce el ser un firme baluarte de la unidad del ser humano y portavoz de valores universales:

"El mundo sabe que es el último de los gigantes en el escenario internacional, que no hay otros grandes heraldos de una visión o principio universal...Juan Pablo II ha quedado casi solo predicando la dignidad del trabajador y la ayuda para los desempleados, urgiendo la reconciliación y la solidaridad entre los diversos segmentos de la sociedad y exhortando a las naciones ricas a preocuparse por los países asfixiados por la pobreza y la deuda externa... De repente, en un escenario mundial dominado por profundas divisiones económicas, nacionales y religiosas, el Papa se destaca como el único vocero internacional de valores universales. Ofrece un Evangelio de salvación y esperanza a la luz de los nuevos ídolos: el egoísmo tribal, el nacionalismo exacerbado, el fundamentalismo fieramente sectario y violento, las ganancias sin preocupación alguna por la calidad de la vida humana"

Quiso, y en parte lo consiguió, dar confianza, seguridad, esperanza a todo el género humano. Jorge Basadre, tan recordado en Perú por conmemorar su centenario- e n su obra Perú vivo (Lima 1966) nos dará la solución concreta:"lo que realmente importa, en la vida y en la obra, es ser uno leal consigo mismo, proceder de acuerdo con el fondo ´insobornable´que todos llevamos dentro. `Cita a G.K. Chesterton, quien, al caracterizar a Santo Tomás Moro, parece describir a Juan Pablo II:"era, por encima de todo, un hombre histórico: él representó a la vez un tipo de hombre, un momento crucial y un destino último. Si no hubiera existido este singular hombre en aquel particular momento, toda la historia hubiera cambiado de rumbo".

El popular periodista sacerdote José Luis Martín Descalzo en el programa televisivo "Cinco papas del Siglo XX" destacó los tres saltos dados en el cónclave de octubre de 1978 que eligió a K Wojtyla: Un papa no italiano, el anterior -555 años- fue Adriano de Utrech, preceptor del emperador Carlos V; un papa joven, 58 años; un papa del Telón de Acero, de la Europa comunista. Un Papa que ha ido respondiendo -uno a uno- a los inquietantes desafíos de este cambio de época entre los dos milenios. Con razón se le ha llamado el Papa Magno: Si para la Edad Antigua, frente a los bárbaros tuvimos a San León Magno; para la Edad Media, frente al siglo de hierro eclesial, surgió San Gregorio Magno; para la Edad Moderna, con la Reforma Católica, San Pío V; para nuestro tiempo de relativismo y pesimismo, Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI son testigos del esplendor de la verdad y el campeón de la lucha por la vida, la paz y la solidaridad.

2. Contribuciones sociales

Respecto a lo social, el entonces Cardenal Ratzinger, en su charla Las catorce encíclicas del Santo Padre Juan Pablo II (Roma, 10 de mayo 2003) dirá que "Las tres grandes encíclicas sociales aplican la antropología del Papa a la problemática social de nuestro tiempo. Juan Pablo II subraya la primacía del hombre sobre los medios de producción, la primacía del trabajo sobre el capital y la primacía de la ética sobre la técnica. En el centro está la dignidad del hombre, que es siempre un fin y jamás un medio. A partir de aquí se esclarecen las grandes cuestiones actuales de la problemática social en contraposición crítica tanto con el marxismo como con el liberalismo. Particular interés ha demostrado por la América Latina desde aquel discurso inaugural de Puebla (1979) donde recabó la verdad sobre el hombre, sobre Cristo, sobre la Iglesia, hasta sus orientaciones luminosas sobre la Teología de la Liberación, bien a través de los decretos de la Congregación para la Doctrina de la Fe o sus repetidos y cercanos viajes .

Por su parte, Monseñor J. Cordes, presidente de Cor Unum, al estudiar La doctrina social de Juan Pablo II. ¿Sujeto colectivo o mediación antropológica? rescata en el Papa su búsqueda "de fomentar la dignidad del hombre, en la convicción de que, aun después del pecado original, existe un orden de convivencia social inherente en la predisposición social del hombre, es decir, querida por Dios" (Revista Palabra nº 495, IV-05, p.20). Sus cuatro logros serían: La dignidad del hombre basada en su condición de persona. La base de la personalidaddel hombre es su relación con Dios; por eso, estamos llamados y capacitados para la libertad, la responsabilidad y la devoción hacia Dios. De la condición de persona surge la unión entre el individuo y la sociedad, que se basa en el principio de solidaridad. El fin de toda actividad es el bien común, cuya consecución se trata por las normas. Un claro principio es el de la subsidiariedad.

3. Amigos entrañables

Queda evidenciada -además de los numerosos gestos- en la Carta del Papa Juan Pablo II al Cardenal Joseph Ratzinger en el 50º aniversario de su Ordenación Sacerdotal (Vaticano, 20 de junio de 200)

A mi venerable hermano, Cardenal Joseph Ratzinger Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

Con profundo gozo, Su Eminencia, le ofrezco un caluroso saludo y los más fervientes buenos deseos en el alegre evento del 50º aniversario de su ordenación sacerdotal. La coincidencia de este día jubilar con la solemnidad litúrgica de los santos Apóstoles Pedro y Pablo evoca en mi espíritu la visión de amplios horizontes espirituales y eclesiales: la santidad personal llevada hasta el sacrificio supremo, la proyección misionera no separada de la preocupación constante por la unidad, la necesaria integración entre carisma espiritual y ministerio institucional.

Son horizontes que Usted, venerado hermano, ha explorado con atención en sus investigaciones teológicas: en Pedro resalta el principio de unidad, fundado en la fe sólida como una roca del Príncipe de los Apóstoles; en Pablo, la exigencia intrínseca en el Evangelio de llamar a cada hombre y a cada pueblo a la obediencia de la fe. Además, estas dos dimensiones están combinadas en el testimonio común de santidad que selló la dedicación generosa de los dos Apóstoles al servicio de la inmaculada Novia de Cristo. ¿Cómo no poder ver en estos dos elementos los rasgos fundamentales del camino que la Providencia preparó para usted, Su Eminencia, al llamarlo al sacerdocio?

Sus brillantes estudios filosóficos y sobre todo teológicos y la llamada precoz al papel de docente en las universidades alemanas más importantes deben ser vistos en esta perspectiva de fe. Usted expresó la intención que siempre lo guió en su compromiso de estudiar y enseñar en el lema que escogió con ocasión de su nombramiento episcopal: Cooperatores veritatis. El objetivo por el que siempre se esforzó desde sus primeros años de vida sacerdotal, ha sido servir a la verdad, intentando conocerla cada vez con más profundidad y hacerla más conocida. Fue precisamente la consideración de esta aspiración pastoral la que constantemente marcó su actividad académica la que indujo al venerable Papa Pablo VI a elevarlo a la dignidad episcopal y confiarle la responsabilidad de la gran Arquidiócesis de München und Freising. Fue una transición crucial en su vida, que daría una dirección a los posteriores progresos. Realmente cuando, poco después, el inolvidable mencionado Pontífice lo creó Cardenal, usted se encontró directamente unido a colaborar con la Sede Apostólica. Hace 20 años le pedí colaborar a tiempo completo como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Desde entonces no ha dejado de prodigar sus energías intelectuales y morales para fomentar y tutelar la doctrina sobre la fe y las costumbres en todo el orbe católico (cf. Constitución Apostólica Pastor Bonus, n. 48), mientras alentaba estudios dirigidos a aumentar el conocimiento de la fe para responder convenientemente a los nuevos problemas que surgen del progreso de la ciencia y la civilización, a la luz de la Palabra de Dios (Cf. Ibíd., n. 49). En esta oficina, Su Eminencia, los apóstoles Pedro y Pablo han inspirado su vida sacerdotal y su servicio eclesial de la forma más elevada. Esta alegre ocasión es una oportunidad favorable para mí para reiterarle mi gran gratitud por el impresionante volumen de trabajo desarrollado y dirigido en el dicasterio que se le ha encomendado y, además, por el espíritu de humildad y de abnegación que ha caracterizado constantemente su actividad. ¡Que el Señor prodigue sus recompensas sobre Usted!

En esta ocasión tan significativa para Usted, me gustaría decirle que la comunión espiritual que siempre ha mostrado hacia el Sucesor de Pedro ha sido de gran ayuda en el esfuerzo diario de mi servicio a Cristo y la Iglesia. Por eso rezo al Señor, a través de la intercesión de la Santísima Virgen María, para que le conceda bendiciones celestiales a usted, a su ministerio y a todos sus seres queridos, mientras le imparto una especial Bendición Apostólica de corazón a Usted con un sentimiento de afecto fraternal".

Este afecto extraordinario es recíproco. Basta con leer su entrañable homilía en la Misa de exequias del Santo Padre Juan Pablo II (Abril 2005) , glosando la palabra ¡Sígueme! : "El amor de Cristo fue la fuerza dominante de nuestro amado Santo Padre; quien lo ha visto rezar, quien lo ha escuchado predicar, lo sabe. Y así, gracias a este profundo enraizamiento en Cristo ha podido llevar un peso, que va más allá de las fuerzas puramente humanas: Ser pastor del rebaño de Cristo, de su Iglesia universal"..

Además, las alusiones permanentes, el hecho de incoar el proceso de beatificación. Ha habido una compenetración extraordinaria entre este eslavo y bávaro, el filósofo y el teólogo, el comunicador arrollador y el tímido conversador, pero el mismo espíritu de fe, la misma pasión por la verdad y belleza, el mismo amor a Cristo, a su Iglesia y al mundo, desde María, en diálogo con el mundo contemporáneo. Todo parece providencial para continuar, coronar, completar y mejorar el pontificado de Juan Pablo II.

4. Una Iglesia más valiente

Con el lema «Duc in altum» (Rema mar adentro) Juan Pablo II ha querido lanzar a la Iglesia del nuevo milenio como profecía del futuro. Si en la Tertio millenio adveniente quiso "fortalecer la fe, suscitando un gran anhelo de santidad, un fuerte deseo de conversión y renovación personal en un clima de oración siempre más intensa y de solidaria acogida del prójimo, especialmente del más necesitado" (41), en la Novo millenio ineunte ha querido catapultarla a velas despelegadas. Quiso reunir a todos los cardenales en un extraordinario consistorio para dirigir conjuntamente al mundo un mensjae de urgencia: Con l a mirada fija en Cristo, u na Iglesia más unida, para evangelizar con más entusiasmo y convicción en un mundo globalizado.

Así pudo proclamar Benedicto XVI en la misa de inauguración: "Tengo ante mí, en particular, el testimonio del Papa Juan Pablo II. Deja una Iglesia más valiente, más libre, más joven. Una Iglesia que, según su enseñanza y su ejemplo, mira con serenidad al pasado y no tiene miedo del futuro. Con el Gran Jubileo se ha adentrado en el nuevo milenio, llevando en las manos el Evangelio, aplicado al mundo actual a través de la autorizada relectura del Concilio Vaticano II. El Papa Juan Pablo II presentó justamente ese concilio como «brújula» para orientarse en el vasto océano del tercer milenio".

II. TRAYECTORIA DE BENEDICTO XVI

1. Hitos biográficos

Nació en Marktl am Inn, en la diócesis de Passau (Alemania), el 16 de abril de 1927. El padre, comisario de la gendarmería, provenía de una antigua familia de agricultores de la Baja Baviera. Pasó la adolescencia en Traunstein y fue llamado en los últimos meses de segundo conflicto mundial en los servicios auxiliares antiaéreos.

De 1946 a 1951, año en que fue ordenado sacerdote (29 de junio) e iniciaba su actividad de profesor, estudió filosofía y teología en la universidad de Munich y en la escuela superior de Filosofía y Teología de Freising. En el año 1953 se doctora en Teología con la disertación "Pueblo y casa de Dios en la doctrina de la Iglesia de San Agustín". Cuatro años más tarde obtenía la cátedra con su trabajo sobre "La Teología de la Historia de San Buenaventura".

Tras conseguir el encargo de Dogmática y Teología Fundamental en la escuela superior de Filosofía y Teología de Freising, prosiguió la enseñanza en Bonn, de 1959 a 1969, Münster de 1963 a 1966 y Tubinga, de 1966 a 1969. En este último año pasó a ser catedrático de Dogmática e Historia del Dogma en la Universidad de Ratisbona y vicepresidente de la misma universidad. En 1962 aportó una notable contribución en el Concilio Vaticano II como consultor teológico del cardenal Joseph Frings, arzobispo de Colonia.

El 24 de marzo de 1977, Pablo VI lo nombró arzobispo de München und Freising. El 28 de mayo sucesivo recibía la consagración episcopal. Fue el primer sacerdote diocesano que asumió después de 80 años el gobierno pastoral de la gran diócesis bávara.

Creado cardenal por el Papa Pablo VI en 1977, fue relator en la V Asamblea General del Sínodo de los Obispos (1980) sobre el tema: "Los deberes de la familia cristiana en el mundo contemporáneo" y presidente delegado de la VI Asamblea sinodal (1983) sobre "Reconciliación y penitencia en la misión de la Iglesia".

El 25 de noviembre de 1981 fue nombrado por Juan Pablo II prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Pontificia Comisión Teológica Internacional.

En 1986 fue nombrado doctor en Perú doctor honoris causa por la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Con motivo de su visita al Perú dejó preciosos mensajes a los teólogos, a los universitarios, al pueblo, sobre la verdad de Cristo, con su magisterio acerca de la auténtica teología de la liberación, sobre Santa Rosa, la religiosidad popular.

El 6 de noviembre de 1998 fue elegido vicedecano del colegio cardenalicio. El 30 de noviembre de 2002 el Santo Padre aprobó la elección de decano del colegio cardenalicio, realizada por los cardenales del orden de los obispos.Fue presidente de la Comisión para la preparación del Catecismo de la Iglesia Católica, que tras seis años de trabajo (1986-1992) pudo presentar al Santo Padre el nuevo Catecismo.

Era miembro del Consejo de la II Sección de la Secretaría de Estado, de las Congregaciones paras las Iglesias Orientales, para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para los Obispos, para la Evangelización de los Pueblos, para la Educación Católica; del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y de las Pontificias Comisiones para América Latina y "Ecclesia Dei". Últimamente era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Pontificia Comisión Teológica Internacional, decano del Colegio Cardenalicio.

2. Sencillez, apertura y laboriosidad .

Una anécdota nos revela su talante personal: su amabilidad, su espíritu tranquilo, su sencillez, su finura intelectual muy unida a su laboriosidad intelectual. Cuenta el Cardenal Angelo Scola cómo en 1971, en Ratisbona, les recibió Ratzinger a él, joven profesor de Derecho canónico, a dos sacerdotes estudiantes de teología y a un joven editor para ver la posibilidad de sacar una revista italiana de teología, Communio. Les explicó todos los platos del restaurante, especialmente los bávaros y ellos comparaban con los latinos. Después de pedir unos buenos platos, él pidió "lo de siempre". Un sándwich con una limonada. Les quitó el apuro diciendo: "Vosotros estáis de viaje.Si yo como demasiado, ¿cómo voy a poder estudiar después?"

De su talante sencillo y abierto nos hablan dos anécdotas. La primera nos la cuenta el periodista agnóstico alemán Peter Seewald en su libro "La sal de la tierra" le preguntó que cuántos caminos puede haber para llegar a Dios. El Cardenal no necesitó mucho tiempo para responder: "tantos como hombres". La segunda, el teólogo Olegario González de Cardedal; quien le invitó a ver Ávila; el Cardenal le dijo: "Primero visitamos a tu madre y ya tendremos tiempo para ver la ciudad". A los pocos días, los periodistas querían a toda costa interrogar a quien estaba considerado como "martillo de herejes" por ser Prefecto del antiguo tribunal de la Inquisición; el Cardenal no puso ningún reparo y cuando le dijeron que cuáles eran los límites temáticos y de tiempo, él contestó: "pregunten de lo que quieran y cuanto quieran".

3. Su itinerario intelectual

Le tocó diseñarlo a él mismo en el discurso de presentación a la Academia Pontificia de las Ciencias, el 13 de noviembre de 2000, junto al cardenal Carlo Maria Martini, arzobispo emérito de Milán. Destaca de su formación el estudio bíblico y el método histórico-crítico.Su formación se orientó históricamente, y por eso, aunque su área de especialidad fue la teología sistemática, su tesis doctoral y su trabajo posdoctoral presentaron argumentos históricos. La primera se centró en la noción de pueblo de Dios en San Agustín; observando cómo Agustín mantuvo diálogo con diversas formas de Platonismo Al mismo tiempo, Agustín mantuvo diálogo con la ideología romana, especialmente después de la ocupación de Roma por los godos en el 410, y por eso fue muy fascinante para el joven Ratzinger observar cómo a través de estos diferentes diálogos y culturas él define la esencia de la religión cristiana, entendida como la victoria de la razón sobre la superstición. Su trabajo posdoctoral se centró en San Buenaventura y su relación con una nueva idea de historia concebida por Joaquín de Fiore en el siglo XII. Joaquín entendió la historia como la progresión desde un período del Padre (un tiempo difícil para los seres humanos bajo la ley), a un segundo período de la historia, el del Hijo (con más libertad, más franqueza, más fraternidad), a un tercer período de la historia, el período definitivo de la historia, el tiempo del Espíritu Santo. Según Joaquín, éste debió ser un tiempo de reconciliación universal, de reconciliación entre el este y el oeste, entre cristianos y judíos, un tiempo sin ley (en el sentido paulino), un tiempo de verdadera fraternidad en el mundo. El verdadero hallazgo La fue que una significativa corriente entre los franciscanos estaba convencida de que San Francisco de Asís y la Orden Franciscana marcaron el principio de este tercer período de la historia, y fue su ambición actualizarlo.

Posteriormente enseñó en la Universidad de Bonn teología fundamental, eclesiología, historia y filosofía de la religión. De 1962 a 1965 participa en el Concilio Vaticano II como experto; considerándolo como una gracia por vivir la eclesialidad y catolicidad tanto entre obispos y teólogos, como entre continentes, distintas culturas, y distintas escuelas de pensamiento y de espiritualidad en la Iglesia. A continuación, ejerce en la Universidad de Tubinga (Tübingen) donde se beneficia de su teología histórica y ecuménica; pero, en 1968, al darse una explosión violenta de teología marxista, se aleja y se cambia a la nueva Universidad de Ratisbona, donde su hermano era el director del coro de la Capilla de la Catedral, y podría encontrar tiempo tranquilo para desarrollar sui trabajo teológico. De hecho, allí escribió varios libros acerca de la escatología, otro acerca de los principios de la teología, tales como el problema del método teológico, el problema de la relación entre la razón y la revelación, y entre la tradición y la revelación. Cuando comenzaba a desarrollar su propia visión teológica, en 1977 el Papa Pablo VI le nombró arzobispo de Munich, debiendo interrumpir su trabajo teológico. En noviembre de 1981, el Santo Padre, el Papa Juan Pablo II, le pidió que se desempeñara como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la Comisión Teológica Internacional y la Pontificia Comisión Bíblica.Al frente de la misma ha elaborado luminosos documentos acerca de los temas candentes de nuestro tiempo. Las reuniones de la Congregación para la Doctrina de la Fe con obispos y teólogos, destinada a descubrir cómo es posible una síntesis intercultural en el presente sin perder la identidad de la fe ha sido uno de los asuntos prioritarios.

4. Lema, nombre y escudo

Son tres aspectos fundamentales para aproximarnos a su identidad.

SU LEMA. Cooperadores de la verdad

SU NOMBRE. En honor a San Benito y a Benedicto XV. Mons. Cipriano Calderón se explayaba en "L´Osservatore Romano" 6 de mayo del 2005, al recordarnos que el nombre de Benedicto lo había tomado de San Benito, padre de Europa y del monacato, y de Benedicto XV, el Papa de los nuevos tiempos, tras los horrores de la Primera Guerra Mundial. Y se refiere al presente Papa como el Papa evangelizador de los nuevos tiempos. Su programa pontificio se resume en una palabra profética: evangelización, intensa, profunda, amplia, planetaria, anunciar a Jesucristo.

SU ESCUDO. Mons. Andrea CORDERO LANZA DI MONTEZEMOLO lo explica al detalle en www.vatican.va . Tiene figura de cáliz. En el punto más noble del escudo hay una gran concha de color oro, la cual encierra una triple simbología. En primer lugar, tiene un significado teológico: alude a la leyenda atribuida a san Agustín, el cual, al encontrar en la playa a un niño que con una concha quería meter toda el agua del mar en un agujero hecho en la arena, le preguntó qué hacía. El niño le explicó su vano intento, y san Agustín comprendió la referencia a su inútil esfuerzo por tratar de meter la infinitud de Dios en la limitada mente humana. Esa leyenda tiene un evidente simbolismo espiritual, para invitar a conocer a Dios, aunque en la humildad de la inadecuada capacidad humana, acudiendo a la inagotable doctrina teológica. Además, desde hace siglos, la concha se usa para representar al peregrino: un simbolismo que Benedicto XVI quiere mantener vivo, siguiendo las huellas de Juan Pablo II, gran peregrino por todo el mundo. La concha es también el símbolo que se halla en el escudo del antiguo monasterio de Schotten, en Ratisbona (Baviera, Alemania), al que Joseph Ratzinger se siente espiritualmente muy vinculado. En la parte del escudo denominada "capa", en el cantón derecho del escudo (a la izquierda de quien lo contempla) hay una cabeza de moro al natural (o sea, de color marrón), con labios, corona y collar rojos. Es el antiguo símbolo de la diócesis de Freising, erigida en el siglo VIII, que se convirtió en archidiócesis metropolitana con el nombre de Munich y Freising en 1818, después del concordato entre Pío VII y el rey Maximiliano José de Baviera (5 de junio de 1817). Pero el moro en la heráldica de Italia en general lleva alrededor de la cabeza una banda blanca, que indica al esclavo ya liberado, y no está coronado, mientras que sí lo está en la heráldica germánica. En el cantón izquierdo del escudo (a la derecha de quien lo contempla) hay un oso, de color marrón (al natural), que lleva una carga en el lomo. Una antigua tradición narra que el primer obispo de Freising, san Corbiniano (que nació hacia el año 680 en Chartres, Francia, y murió el 8 de septiembre del 730), al realizar un viaje a Roma a caballo, mientras atravesaba un bosque, fue atacado por un oso, que mató a su caballo. El santo obispo no sólo logró amansar al oso, sino que también lo cargó con su equipaje, obligándolo a acompañarle hasta Roma. Por eso, el oso está representado con una carga en el lomo. La simbología es fácil de interpretar: el oso domesticado por la gracia de Dios es el mismo obispo de Freising, y la carga es el peso del episcopado que lleva sobre él. El cardenal Joseph Ratzinger tenía en su escudo arzobispal y cardenalicio el lema: "Cooperatores Veritatis".

5. Su teología

Monseñor Bruno Forte, teólogo, en su artículo "Al servicio de la verdad. La teología eclesial de JR" destaca tres asuntos: "Hacia la Iglesia, En la Iglesia y Por la Iglesia", descubriéndonos el horizonte de su obra teológica y cuán grande ha sido su influjo en la conciencia de la Iglesia del Vaticano II y del posconcilio hasta nuestros tiempos.

Por su parte, Olegario González de Cardedal enfatiza su preocupación por la verdad: la verdad de las cosas, la verdad del hombre, la verdad de Dios. El cristianismo, la fe,la Iglesia, ¿son remanentes agotados de una época pretérita o signos discernibles de una revelación divina? ¿Tienen capacidad para iluminar, liberar, santificar? ¿Cuál es la forma fiel en la que la Iglesia acerca ese evangelio de Cristo a los hombres? Ésas son las cuestiones de fondo que Ratzinger ha querido iluminar como teólogo en Alemania y prefecto de la congregación para la promoción y defensa de la fe en Roma. Ha cumplido una misión esencial a la fe: proponerla, clarificarla y defenderla, como en su día hicieron los apologistas más connotados como San Ireneo Contra los herejes, Newmann Contra los liberales (=los que negaban la revelación divina) y Rahner en su postura frente a Küng. El cristianismo tiene pretensión de verdad; una verdad débil, nacida de un hombre humillado y crucificado que, por tanto, nunca se afirmará desde el poder vulgar, sino desde la potencia que el servicio, el testimonio, la proclamación y la discusión llevan consigo. El Crucificado es el Resucitado y el que, traicionado por los poderes de este mundo, nos dio el Espíritu Santo. El teólogo Ratzinger ha hecho mucho por clarificar las riquezas y desafíos fundamentales de la sociedad y cultura contemporánea a la fe. Esa tarea es de todos y sigue abierta. Como grandes aportaciones, subraya cuatro:

a. Su tratamiento de la teología de la liberación ha rescatado las mejores intuiciones y fermentos, declarando su validez para toda la Iglesia más allá de su lugar de origen, justamente al mostrar las tentaciones y peligros de algunas teologías de la liberación.

b. Frente a las nuevas comunidades y movimientos en la Iglesia ha explicitado su estatuto eclesial para llegar a ser fermento de verdad, y no quedar en fragmentos de ideología o derivar en sectas vulgares.

c . Frente a la cultura de la insolidaridad y de la negación del prójimo, ha defendido la cultura de la vida. "¿Qué pensarán los cristianos de las próximas generaciones y épocas de la aquiescencia de la Iglesia de nuestros días al aborto, la eutanasia, las manipulaciones genéticas? No tenemos derecho a callar".

d. La relación con las demás religiones. El diálogo verdadero supone la identificación clara del que habla con el reconocimiento de la identidad del otro y se comprende como un camino hacia una verdad más completa que nos englobe a los dos sin cercenarnos. Y en ese sentido Ratzinger ha mantenido la necesidad de pensar, hacer y colaborar juntos en lo que es posible ya, preparándonos pensativa a la vez que esperanzadamente para lo por venir. No en vano uno de sus libros se titula: La fe como camino.

Michael Schulz, catedrático de Dogmática en la Facultad de Teología de Bonn, ha estudiado "La subjetividad de la revelación hombre e Iglesia en los escritosde Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI".

La prolífica obra del nuevo Papa se está convirtiendo en fuente permanente de consulta tanto para los teólogos como para los pastores y el pueblo fiel. Un fruto de su generosa siembra lo están cosechando las diversas tesis que sobre su pensamiento se van elaborando. Una de ellas, ha sido la del padre José Enrique Pérez Asensi, quien presentó el 20 de mayo en el Pontificio Colegio Español de Roma el volumen «La ética de la fe en la obra de Joseph Ratzinger» (Editorial Edicep, España), en el que recoge las conclusiones de su tesis de licencia «La teología moral en la obra de Joseph Ratzinger». «Es más bien un teólogo dogmático, pero es el teólogo que ha expuesto de forma más clara que la crisis de fe y la crisis moral que existe hoy, van a la par en Europa, así como en ciertas corrientes de teología dogmática y moral». El sacerdote resume la teología del cardenal Ratzinger con una expresión: «la circularidad de la fe». En primer lugar la fe en Jesucristo es un don; en segundo lugar ese don nos ayuda a permanecer con Cristo; en un tercer momento, se convierte en la forma de comprender la realidad. Ratzinger hace mucho hincapié en el conocimiento en la fe que nos ayuda a entender a Dios, a nosotros y al mundo, es distinto al saber científico». «El cuarto momento de la fe supone una respuesta desde la libertad y aquí es donde se especifica el camino de vida cristiano, el seguimiento a Cristo y una forma de andar ese camino es la moral que él propone». «El actual Benedicto XVI fundamenta el seguimiento a Cristo en lo que él llama ética de la fe.. Para él la moral cristiana se debe fundamentar en la fe en Cristo que nace del encuentro con Él, no sólo como experiencia personal sino también como realidad llena de sentido», explica. «Ratzinger cimienta su Teología en dos ejes: la relación personal entre Dios y el hombre con el encuentro y el seguimiento, y el segundo eje, el equilibrio entre la verdad, la libertad, la conciencia y la praxis moral», aclara. «La teología moral del cardenal Ratzinger nos ayuda a entender que la base y el nexo que garantiza nuestra libertad y la verdad cristiana, es la fe en Cristo que incluye la espiritualidad y la moral que están en función de la búsqueda de la verdad del hombre que es la felicidad y el servicio a los hermanos»..

6. Sus Libros:

Entre sus numerosas publicaciones -alrededor de 80 libros y unos 200 artículos- ocupa un lugar particular "Introducción al Cristianismo", recopilación de lecciones universitarias publicadas en 1968 sobre la profesión de fe apostólica; "Dogma y revelación" (1973), antología de ensayos, predicaciones y reflexiones, dedicadas a la pastoral. Obtuvo una notable resonancia el discurso pronunciado ante la Academia Católica bávara sobre el tema "¿Porqué sigo todavía en la Iglesia?, en la que afirmaba: "Solo es posible ser cristiano en la Iglesia y no al lado de la Iglesia". En 1985 publica "Informe sobre la fe" y en 1996 "La sal de la tierra". Dios y el Mundo: Creer y vivir en nuestro Tiempo En una entrevista exclusiva con Peter Seewald, el Cardenal Ratzinger ofrece una completa entrevista a un periodista secular sobre una serie de asuntos controvertidos y difíciles que afronta el catolicismo y el cristianismo al final del milenio pasado (Reeditado en el 2002, Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores, Barcelona).

El significado de la hermandad Cristiana (Taurus, Madrid, 1962) Examinando la hermandad cristiana desde la perspectiva de la historia de la salvación, Ratzinger muestra cómo la caridad fraterna solo puede ser perfeccionada a través de la paternidad de Dios, la filiación divina de Cristo y nuestra hermandad en Cristo. En el capítulo sobre el verdadero universalismo concluye afirmando que "el establecimiento de límites para la fraternidad cristiana no tiene por fin crear un círculo esotérico con uan finalidad propia, sino facilitar el servicio de la totalidad. La comunidad cristiana no etá en contra del todo, sino para el todo.Cumple sus obligaciones para con la totalidad, especialmetne por medio de la misión, el ágape y el sufrimiento".p.97

Informe sobre la fe En una entrevista con el periodista católico Vittorio Messori, el Cardenal Ratzinger habla sobre la situación de la Iglesia en el tiempo posterior al Concilio Vaticano II (1985).

Iglesia comunicadora de vida (Conferencias y homilías en su vista al Perú,Lima 1986)

Al servicio del Evangelio (Meditaciones sobre el sacerdocio de la Iglesia) VE, Lima, 2004

Junto a los libros y los artículos, cabe destacar documentos (doctrinales, disciplinares, sacramentales) de las congregaciones vaticanas de las que forma parte. Además, sus entrevistas, cartas, homilías, discursos, catequesis, notificaciones, instrucciones.

III. DESAFÍOS DE LA IGLESIA DE NUESTRO TIEMPO.

Ante los formidables problemas que azotan al mundo, el Papa actual sigue la huella del Papa anterior. Sabe que el mundo va por otro camino diferente al de Cristo. Sin embargo, no le basta la sociología, la programación pastoral, la palabra humana... Él insiste en leer, meditar, vivir de nuevo la Palabra de Dios. ¿Recuerdan en el funeral de Juan Pablo II? Ni flores, ni adornos...sólo el Evangelio, un Evangelio que con el soplo del viento se abrió. Debemos ser evangelios abiertos.Benedicto XVI lo dijo explícitamente en su primera misa: "¡Queridos amigos! En este momento no necesito presentar un programa de gobierno.Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia.

Su visión La hallamos perfectamente diseñada en la conferencia Los contenidos esenciales de la nueva evangelización dictada durante el jubileo de los catequistas y profesores de religión, celebrado el 10 de diciembre de 2000 en Roma (publicado por L´Osservatore Romano, 19 de enero de 2001) y de la que extractamos lo más importante en sus cuatro puntos, conversión, reino de Dios, Cristo, vida eterna; a los que añadimos, el papel de María, los santos y su la prioridad acerca de la unidad de los cristianos

1. Conversión

El contenido fundamental del Antiguo Testamento está resumido en el mensaje de san Juan Bautista: "Convertíos". En otras palabras, buscar un nuevo estilo de vida, una vida nueva. Quien se convierte a Cristo no quiere tener autonomía moral, no pretende construir con sus fuerzas su propia bondad. "Conversión" (metánoia) significa precisamente lo contrario: salir de la autosuficiencia, descubrir y aceptar la propia indigencia, la necesidad de los demás y la necesidad de Dios, de su perdón, de su amistad. La vida sin conversión es autojustificación (yo no soy peor que los demás); la conversión es la humildad de entregarse al amor del Otro, amor que se transforma en medida y criterio de mi propia vida. Aquí debemos tener presente también el aspecto social de la conversión. Ciertamente, la conversión es ante todo un acto personalísimo, es personalización.El yo se abre de nuevo al tú, en toda su profundidad, y así nace un nuevo nosotros.

2. El reino de Dios .

En la llamada a la conversión está implícito, como su condición fundamental, el anuncio del Dios vivo. La palabra clave del anuncio de Jesús es: reino de Dios. Pero reino de Dios no es una cosa, una estructura social o política, una utopía. El reino de Dios es Dios. Reino de Dios quiere decir: Dios existe, Dios vive, Dios está presente y actúa en el mundo, en nuestra vida, en mi vida. La teología debe volver a ser realmente teo-logía, hablar de Dios y con Dios. ¡Que Dios sea Dios! Metz tiene razón. Lo "único necesario" (unum necessarium) para el hombre es Dios. Todo cambia dependiendo de si Dios existe o no existe. Por desgracia, también nosotros, los cristianos, vivimos a menudo como si Dios no existiera (si Deus non daretur).. O como los sofistas: Nada existe, si existe no se puede conocer y se pudiese conocer no se podría comunicar...

Hablar de Dios y hablar con Dios deben ir siempre juntos. El anuncio de Dios lleva a la comunión con Dios en la comunión fraterna, fundada y vivificada por Cristo. Por eso la liturgia (los sacramentos) no es un tema adjunto al de la predicación del Dios vivo, sino la concretización de nuestra relación con Dios. Precisamente en el mundo actual necesitamos el silencio, el misterio supraindividual, la belleza.

3. El seguimiento de Cristo

El único camino es la identificación con Cristo, realizable en la vida sacramental. Vemos que hay un intento de dejar bien claro su jaque mate al relativismo como se plasmó en el documento Dominus Iesum que contó con el papa actual para su redacción. Allí quiso evidenciar su deseo de proclamar que Cristo sea Cristo, Dios y Hombre verdadero, sin recortes ni falsedades. De hecho, como lúcidamente señaló el profesor jesuita de la Universidad Gregoriana, P. Juan Antonio Martínez Camino, lo que más ha escocido es encarar radicalmente el problema del relativismo, "el problema más grave de nuestro tiempo". (Conferencia en la FUE, Madrid, 17 de octubre del 2000). Es interesante notar que si Juan Pablo II abordó ya la cuestión en tres encíclicas fundamentales, citadas en la Dominus Iesu , Redemptoris missio de 1990, la Veritatis splendor de 1993 y la Fides et ratio de 1998; en paralelo, intercaladas entre estas tres encíclicas, nos encontramos otras tantas intervenciones del Cardenal Ratzinger; A los obispos de Asia, en Hong-Kong, en 1993, tras la publicación de la Redemptoris missio , con el título Cristo, la fe y el reto de las culturas , y tras la Veritatis splendor habló a los presidentes de las comisiones doctrinales de las Conferencias Episcopales de Latinoamérica, en Guadalajara (México) en 1996, acerca de la Situación actual de la fe y de la teología ; por último, en febrero del 2000, en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid, abordó el tema en cuestión con la ponencia titulada Fe, Verdad y Cultura , refiriéndose especialmente a la relación entre verdad, religión y religiones.

4. La vida eterna

Hoy, en la vida diaria, debemos anunciar con nueva fuerza nuestra fe...El hombre no puede hacer o dejar de hacer lo que le apetezca. Será juzgado. Debe rendir cuentas. Esta certeza vale tanto para los poderosos como para los sencillos.. Así el artículo de fe del juicio, su fuerza de formación de las conciencias, es un contenido central del Evangelio y es realmente una buena nueva. Lo es para todos los que sufren por la injusticia del mundo y piden justicia. Así se comprende también la conexión entre el reino de Dios y los "pobres", los que sufren y todos los que viven las bienaventuranzas del sermón de la Montaña. Están protegidos por la certeza del juicio, por la certeza de que hay justicia. Este es el verdadero contenido del artículo del Credo sobre el juicio, sobre Dios juez: hay justicia. Las injusticias del mundo no son la última palabra de la historia. Hay justicia. Sólo quien no quiera que haya justicia puede oponerse a esta verdad. Si tomamos en serio el juicio y la grave responsabilidad que de él brota para nosotros, comprenderemos bien el otro aspecto de este anuncio, es decir, la redención, el hecho de que Jesús en la cruz asume nuestros pecados; que Dios mismo en la pasión de su Hijo se convierte en abogado de nosotros, pecadores, y así hace posible la penitencia, la esperanza al pecador arrepentido, esperanza expresada de modo admirable en las palabras de san Juan: "Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo" (Jn 3, 20).

5. María, solución a la crisis

Verdaderamente genial, en esta nota para el libro "Informe sobre la fe" nos obsequia con unas vivencias entrañables en las que tiene presente su evolución como teólogo y su sensibilidad espiritual y social: "Si ha sido siempre esencial para el equilibrio de la fe el lugar que ocupa la Señora, hoy es más urgente que en ninguna otra época de la historia de la iglesia descubrir de nuevo este lugar.Cuando todavía era un joven teólogo.abrigaba algunas reservas sobre ciertas fórmulas antiguas como la de "María nunca se dirá bastante". También se me hacía difícil comprender el verdadero sentido de la expresión de María como Theotokos que presenta a la Virgen como "enemiga de todas las herejías". Hoy -en este confuso periodo en el que todo tipo de desviación herética parece agolparse a las puertas de la auténtica fe católica- comprendo que no se trata de exageraciones de almas devotas, sino de una verdad hoy más en vigor que nunca. Sí, es necesario volver a María si queremos volver a aquella ´verdad sobre Jesucristo, verdad sobre la Iglesia y verdad sobre el hombre" (Juan Pablo II, Puebla, 1979). Los obispos respondieron a la invitación del Pontífice proponiendo en el documento final la recomendación unánime: María debe ser cada vez más la pedagoga del Evangelio para los hombres de hoy. .En virtud de su destino de Virgen y Madre, María continúa proyectando luz sobre lo que el Creador ha querido para la mujer de todos los tiempos, incluido el nuestro. Más aún, tal vez sobre todo para nuestro tiempo, en el que -como sabemos- se halla amenazada la esencia misma de la feminidad. Su virginidad y su maternidad arraigan el misterio de la mujer en un destino altísimo del que no puede ser despojada. María es la intrépida mensajera del Magníficat, pero es también aquella que hace fecundos el silencio y la ocultación; aquella que no teme permanecer al pie de la cruz, que asiste al nacimiento de la Iglesia; es también aquella que, como subraya en varias ocasiones el evangelista, "guarda y medita en su corazón" las cosas que ocurrían a su alrededor. Criatura del coraje y de la obediencia, es (ahora y siempre) un ejemplo en el que todo cristiano -hombre y mujer- puede y debe inspirarse"

6. En compañía de los santos

Constato un hecho evidente. Desde 1588, fecha en que se erige la Sagrada Congregación de Ritos, hasta 1978, fecha de la muerte de Pablo VI, la Iglesia proclamó en total 296 santos y 808 beatos. Juan Pablo II beatificó a 1.338 y canonizó a 482 personas personas, más que todos sus predecesores en los últimos cuatro siglos juntos. Se puede decir puso de moda la santidad en la Iglesia. No perdió ocasión en sus discursos y visitas para alentar a la santidad. Benedicto XVI sigue su ejemplo, comenzando con la sorpresiva propuesta de beatificación del propio Juan Pablo II. Rescato un sustancioso texto acerca de la santidad y que fue pronunciado en nuestra tierra peruana:

"Rosa de Lima, la cual se llamaba en verdad Isabel, recibió su nombre de una mujer india que trabajaba en su casa paterna...En este modo de llamarla se puede advertir el afecto de esta mujer, como también, por otra parte, el hecho de que después con ocasión de la confirmación, recibida de las manos de Santo Toribio de Mogrovejo, Rosa misma haya aceptado definitivamente este nombre muestra su sí, su constante afecto por aquella mujer. En su canonización, la Iglesia ha interpretado este nombre como una forma de testimonio profético y lo ha usado en referencia a unabella expresión de San Pablo, el cual dice de sí mismo que Dios había difundido el perfume del conocimiento de Cristo en el mundo entero a través de él...El afectuoso sobrenombre que la desconocida mujer había dado a la pequeña niña, se ha revelado como una profecía y así también ella, aunque sin nombre (Mariana), toma parte siempre junto a Rosa y ambas en conjunto expresan algo original de este país y de su misión: la herencia europea junto con aquella de los indios ha dado origen a una nueva expresión de la fe: en esta nueva síntesis se encuentra el perfume del conocimiento que emana de Rosa...Ella puso en su vida espiritual tres puntos esenciales, que son válidos como programas para la Iglesia de hoy como lo fueron en un tiempo. Como primer punto está la oración, entendida no como recitación de fórmulas, sino como un dirigirse interiormente al Señor, como estar en su luz, como dejarse incendiar por su fuego santo. Los otros dos puntos esenciales provienen de aquí espontáneamente: puesto que ella ama a Cristo, el despreciado, el doliente, Aquel que por nosotros se ha hecho pobre, ella también ama a todos los pobres que llegaron a ser sus hermanos más cercanos" (Lima 1986)

7. Unidad de los cristianos.

Sus gestos son bien elocuentes. Como sumo pontífice, constructor de puentes, los está levantando hacia los cristianos no católicos, los judíos, los musulmanes. Lo puso de manfiesto en su homilía de 24 de abril del 2005: "Alimentados y apoyados por la Eucaristía, los católicos no pueden dejar de sentirse estimulados a tender a esa plena unidad que Cristo deseó ardientemente en el Cenáculo. El sucesor de Pedro sabe que tiene que hacerse cargo de modo muy particular de este supremo deseo del divino Maestro. A Él se le ha confiado la tarea de confirmar a los hermanos (Cf. Lucas 22, 32). Plenamente consciente, por tanto, al inicio de su ministerio en la Iglesia de Roma que Pedro ha regado con su sangre, su actual sucesor asume como compromiso prioritario trabajar sin ahorrar energías en la reconstitución de la unidad plena y visible de todos los seguidores de Cristo. Ésta es su ambición, éste es su apremiante deber. Es consciente de que para ello no bastan las manifestaciones de buenos sentimientos. Son precisos gestos concretos que penetren en los espíritus y remuevan las conciencias, llevando a cada uno hacia esa conversión interior que es el presupuesto de todo progreso en el camino del ecumenismo".

8. Vivencia de la liturgia

Se vio desde la primera ceremonia con que inauguró su pontificado el exquisito cuidado de la liturgia. Sus libros e intervenciones al respecto son constantes. En su obra Un canto nuevo para el Señor Sígueme, Salamanca, 1999 se vale de un simpático aforismo a propósito de su estudio sobre "La imagen del mundo y del hombre en la liturgia y su expresión en la música de la Iglesia"para hablarnos de la liturgia, la música y el cosmos. Ghandi. señala los tres espacios vitales del cosmos, cada uno de ellos con su propio modo de ser. En el mar viven los peces y callan; los animales de la tierra gritan; pero las aves, cuyo espacio vital es el cielo, cantan. Lo propio del mar es el silencio; lo propio de la tierra, el grito; lo propio del cielo, el canto. Pero el hombre participa en las tres cosas; lleva en sí la profundidad del mar, la carga de la tierra y la altura del cielo, y por eso le pertenecen las tres propiedades: el callar, el gritar y el cantar. Hoy -vemos cómo al hombre, después de perder la trascendencia, le resta sólo el grito, porque sólo quiere ser tierra e intenta convertir el cielo y la profundidad del mar en tierra suya. La liturgia rectamente entendida, la liturgia de la comunión de los santos, devuelve la integridad al hombre. Le invita de nuevo a callar y a cantar abriéndole la profundidad del mar y enseñándole a volar, que es el ser del ángel; elevando los corazones, hace sonar de nuevo en ellos el canto olvidado. Y podemos afirmar, a la inversa, que la liturgia bien entendida se conoce en que nos libra del histrionismo general y nos devuelve la profundidad y la altura, el silencio y el canto. La liturgia bien entendida se conoce en que es cósmica, no grupal. Canta con los ángeles. Calla con la profundidad expectante del universo. Y redime así la tierra ( pp.148-149).

IV PENSAMIENTO SOCIAL

Su pensamiento acerca del compromiso social y sobre la DSI es evidente en los documentos más importantes del reciente magisterio eclesial. Contamos con un vasto arsenal documental para su análisis. En primer lugar, el Catecismo de la Iglesia Católica, no olvidemos que fue coordinado por él. Del mismo modo, ha participado en el Compendio de doctrina social de la iglesia y el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica que contienen síntesis orgánicas y completas acerca de la DSI (Doctrina Social de la Iglesia). Las encíclicas de Juan Pablo II han contado con su asesoría. Hay que añadir los documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe a lo largo de 20 años: notas, artículos, conversaciones, discursos.Están además sus artículos personales, las entrevistas y los dos documentos referentes a la teología de la liberación en los que aparece claramente su huella.

1. Verdad

Lo vemos claramente en todos sus trabajos acerca de la verdad, libertad, solidaridad. No olvidemos que su lema es "cooperadores de la verdad ". En su trabajo "Si quieres la paz respeta la conciencia de cada hombre" (Conciencia y verdad) nos dice que "un hombre de conciencia es el que no compra tolerancia, bienestar, éxito, reputación y aprobación públicas renunciando a la verdad". Y cita dos ejemplos, el Cardenal Newman y Tomás Moro, como testimonio de hombres públicos que "hicieron emerger del alma la obediencia a la conciencia:" sin que coincida con los deseos y gustos propios ni con lo que resulta más beneficioso para la sociedad, el consenzo del grupo o las exigencias del poder político o social. Denuncia el hecho de que la verdad parece un bien "exclusivamente privado" y no de todos, de tal manera que llega a equipararse la democracia con el relativismo. Sin embargo, -se pregunta con agudeza- "¿no se ha construido la democracia en última instancia para garantizar los derechos humanos, que son inviolables? ¿No es la garantía y aseguramiento de los derechos del hombre la razón más profunda de la necesidad de la democracia? Los derechos humanos no están sujetos al mandamiento del pluralismo y la tolerancia, sino que son el contenido de la tolerancia y la libertad. Privar a los demás de sus derechos no puede ser un contenido de la justicia ni de la libertad. Eso significa que un núcleo de verdad -a saber, de verdad ética- parece ser irrenunciable precisamente para la democracia" .

2.- Libertad

Sin duda, que ha sido el asunto más estudiado, tal como señala Alejandro Chafuen -Presidente de Atlas Economic Research Foundation, autor de "Economía y ética: Raíces cristianas de la economía de libre mercado" (Rialp, 1991) y quien destaca el hecho de que el documento sobre la Teología de la Liberación "golpeó duramente a los elementos más radicales de la Iglesia, quienes luego sufrieron un golpe casi mortal por el colapso de la utopía atea soviética". Juan Pablo II y los teólogos del Vaticano se concentraron entonces en otro enemigo que afectaba igualmente al Occidente y al Oriente: la tiranía del relativismo.En su encíclica Veritatis Splendor , el recién fallecido Papa mantuvo que la cultura actual "genera escepticismo sobre los fundamentos mismos del conocimiento y de la ética. dificultando más y más la clara comprensión del significado del hombre, el significado de sus derechos y deberes". Su objetivo era aportar una guía a la práctica de la virtud, como paso inicial y necesario para la recuperación moral de la civilización. También el Cardenal Ratzinger se concentró en enseñar la importancia de las convicciones, por encima de la fuerza. El 6 de noviembre de 1992, durante la ceremonia de su iniciación en la Academia Moral y Ciencias Políticas del Instituto de Francia, explicó que la sociedad libre puede subsistir solamente donde las personas comparten convicciones morales fundamentales y altas normas morales. Añadió que tales convicciones no deben ser "impuestas ni arbitrariamente definidas por la fuerza".Ratzinger encontró parte de la clave en la obra de Tocqueville, declarando que "su libro la Democracia en América siempre me impresionó. el gran pensador (Tocqueville) vio como condición esencial el hecho que una convicción moral fundamental estaba viva en Estados Unidos, una que alimentada por la Cristiandad Protestante aportaba las bases a las instituciones y mecanismos democráticos".Por eso, proclama: "Apartarse de las grandes fuerzas morales y religiosas de la propia historia es el suicidio de una cultura y una nación. Cultivar las evidencias morales esenciales, defenderlas y protegerlas como un bien común sin imponerlas por la fuerza, constituye a mi parecer una condición param antener la libertad frente a todos los nihilismos y sus consecuencias totalitarias".

Benedicto XVI -al referise a la libertad- explica la creación de una bella manera, la cual según él debe comprenderse no con el modelo de un artesano "sino con una mente creativa, con pensamiento creativo". El comienzo de la creación es una "libertad creativa que crea nuevas libertades. Visto así, bien se puede describir el Cristianismo como una filosofía de la libertad". La cristiandad explica una realidad donde "en su cima está una libertad que piensa y el pensamiento crea libertad, haciendo de la libertad la forma estructural de todo ser". La libertad del hombre aparta al Cristianismo del idealismo.Benedicto XVI mantiene que la libertad junto a la consciencia y el amor conforman la esencia del ser. Con la libertad hay imposibilidad de calculo perfecto, por lo que el mundo nunca puede ser reducido a una lógica matemática. Según su manera de pensar, donde lo particular es más importante que lo universal, "la persona, única e irrepetible, es al mismo tiempo lo último y lo más alto. Bajo esa visión del mundo, la persona no es sólo un individuo, una reproducción que surge de la difusión de la idea en materia, sino, precisamente, una "persona".

Es cierto que Ratzinger pareció condenar toda forma de liberalismo en la última homilía que pronunció antes de su elección como Papa. Sin embargo, tal rechazo se refiere especialmente a la visión mecanicista y determinista que ha sido siempre una parte minoritaria del pensamiento liberal. Es obvio que la economía y la sociedad no están regidas exclusivamente por leyes inexorables sino determinadas por seres humanos. Aun así, el Papa considera que, "en oposición al marxismo, el liberalismo reconoce el ámbito de lo subjetivo y lo considera espacio ético" ( Iglesia y Economía , Roma, noviembre de 1985).

Conviene notar también que Benedicto XVI se opone a la vieja idea según la cual el protestantismo es la única confesión capaz de producir una economía libre. Considera que esta postura de claro sabor weberiano parece haber dado vuelta a la teoría de Marx, esto es, que la economía no origina las concepciones religiosas sino que es la orientación religiosa la que determina el tipo de sistema económico que pueda desarrollarse. Contra esa hipótesis, Ratzinger considera que el catolicismo favorece la libertad y la autodisciplina que son necesarias para el florecimiento de economías de mercado. Ahora bien, afirma que eso exige la presencia de una determinada disciplina ética que, a su vez, sólo puede ser articulada y soportada por fuerzas religiosas. Cuando ese ethos espiritual no existe, las leyes del mercado tienden a desplomarse.

3. Solidaridad

El Papa estudia el asunto en diversos documentos como el de "Eucaristía-comunión-solidaridad: Cristo presente y operante en el sacramento" ( Caminos de Cristo , Coediciones Cristiandad, Madrid, 2004). Reconoce los grandes aportes de Juan Pablo II al concepto desde el campo de la ética y lo vincula con la Eucaristía. En ese sentido, solidaridad significa "que uno se hace responsable de los otros, el sano del enfermo, el rico del pobre, los países del Norte de los países del Sur. Significa que se es consciente de la responsabilidad mutua y que somos conscientes de que recibimos en tanto que damos, y que siempre podemos dar sólo lo que nos ha sido dado y que por eso jamás nos pertenece sólo a nosotros" p.117

En la Libertatis conscientia nº 89 se incluye un interesante texto acerca de la "nueva solidaridad": "La solidaridad es una exigencia directa de la fraternidad humana y sobrenatural. Los graves problemas socio-económicos que hoy se plantean, no pueden ser resueltos si no se crean nuevos frentes de solidaridad: solidaridad de los pobres entre ellos, solidaridad con los pobres, a la que los ricos son llamados, y solidaridad de los trabajadores entre sí. Las instituciones y las organizaciones sociales, a diversos niveles, así como el Estado, deben participar en un movimiento general de solidaridad. Cuando la Iglesia hace esa llamada, es consciente de que esto le concierne de una manera muy particular"

4. En torno al debate sobre la Teología de la Liberación

a.- Una antropología liberadora

El Papa aborda de lleno el pensamiento social, precisamente, en Perú, con motivo del debate sobre la Teología de la Liberación. El 6 de agosto de 1984 un primer documento, la Libertatis nuntius Instrucción sobre algunos aspectos de la "teología de la liberación " buscaba atraer la atención sobre las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana, que implican ciertas formas de teología de la liberación que recurren, de modo insuficientemente crítico, a conceptos tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista. Lo que buscaba, era precisamente, iluminar la doctrina para luchar con más eficacia en la implantación de la justicia social desde los postulados de la DSI.

El purpurado alemán, en su visita al Perú, analiza el problema en profundidad en la conferencia pronunciada, con motivo de conferirle el doctorado honoris causa por la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima el 19 de julio de 1986, y que tituló: "La visión antropológica de la Instrucción ´Libertatis Conscientia". En la misma sale al paso de la impugnación al documento afirmando que la Congregación había expuesto el problema de la libertad desde una perspectiva ética y no histórica, concluyendo que lo ético sería algo individualista e idealista, ajena a la realidad y a lo concreto; de igual modo, la DSI sería algo utópico, principista, desfasado y alejado de la realidad. El discurso del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe fue una auténtica reivindicación de la DSI. Espigo alguno de sus textos más significativos:

"La DSC constituye el desarrollo científico de estas orientaciones que resultan de los fundamentos irrenunciables de la fe y de las experiencias que crecen con la praxis de la historia. Ella es, por consiguiente, mucho más que un llamamiento a la buena voluntad del individuo, es un programa histórico procedente de una concepción fundamental de la historia humana, que no está ideológicamente determinada de manera fija, sino continuamente abierta a un desarrollo racional.

El realismo de la DSC queda patente al no prometer un paraíso terreno, ni una sociedad definitivamente positiva e incambiable.La DSC desconoce la utopía, pero desarrolla unos modelos, dentro de una situación histórica dada, para conseguir la organización de las cosas humanas de la mejor forma posible. Por ello, también rechaza el mito de la revolución y trata de descubrir el camino de las reformas, sin excluir totalmente el camino de la resistencia violenta en situaciones extremas, pero rechazando el aceptar la revolución como "Deus ex machina", de la que deberían resultar algún día de forma inexplicable el hombre

nuevo y la sociedad nueva. ..

La DSC vive de la praxis de la fe, resultante no sólo de una especuluación intelectual sino del encuentro con el Sinaí de Israael y con la montaña de Jesucristo (Decálogo y Bienaventuranzas)..Pero no basta con mitrar atrás.La fe cristiana no conoce utopías históricas, pero sí conoce una promesa: la resurrección de los muertos, el Juicio y el Reino de Dios"..Sólo tiene sentido el morir por la justicia si existe esta resurrección de los muertos, pues únicamente entonces la justicia es algo más que Poder, sólo entonces se convierte en algo real, de lo contrario permanece como una pura idea. ..El Juicio no nos exime de esforzarnos por conseguir justicia en la historia, al contrario es lo que da a estos esfuerzos un sentido y priva a esta obligación de cualquier arbitrariedad.Sólo en la medida en que en esta vida tomemos parte en el Reino, participaremos igualmente de él a su tiempo.La vocación del hombre es hacerse como Dios. Es libre el que ha logrado la unidad con su propio ser, con la Verdad misma, pues quien está identificado con la -Verdad no necesita ya actuar por necesidad o por presiones externas. Es también quien ha logrado la total compenetración entre el ser, el querer y el hacer. De esta forma el hombre, en su limitación alcanza la frontera de lo ilimitado y uniéndose a ello, precisamente en el reconocimiento de sus límites, se convierte en ilimitado".

b. Sentido auténtico de libertad y la liberación

Como complemento del documento anterior, el 22 de marzo de1986 veía la luz el documento Libertatis conscientia -Instrucción sobre libertad cristiana y liberación Su objetivo-tal como señala la introducción- era evidenciar los principales elementos de la doctrina cristiana sobre la libertad y la liberación. El documento presenta un exhaustivo análisis del verdadero sentido que el cristianismo da a la auténtica liberación. El eje central del discurso serán las palabras de Jesús: "La verdad os hará libres" (Jn 8,32) que a juicio del magisterio "deben iluminar y guiar en este aspecto toda reflexión teológica y toda decisión pastoral".

3.1. Esta verdad que viene de Dios tiene su centro en Jesucristo, Salvador del mundo

3.2. Cristo, por medio de su cruz y resurrección, ha realizado nuestra redención que es la liberación en su sentido más profundo, ya que ésta nos ha liberado del mal más radical, es decir, del pecado y del poder de la muerte.

3.3. Cuando la Iglesia, instruida por el Señor, dirige su oración al Padre: "líbranos del mal", pide que el misterio de salvación actúe con fuerza en nuestra existencia de cada día. Ella sabe que la cruz redentora es en verdad el origen de la luz y de la vida, y el centro de la historia.

3.4. La caridad que arde en ella la impulsa a proclamar la Buena Nueva y a distribuir mediante los sacramentos sus frutos vivificadores.

3.5. La verdad, empezando por la verdad sobre la redención, que es el centro del misterio de la fe, constituye así la raíz y la norma de la libertad, el fundamento y la medida de toda acción liberadora.

71. La praxis cristiana de la liberación

La dimensión soteriológica de la liberación no puede reducirse a la dimensión socioética que es una consecuencia de ella. Al restituir al hombre la verdadera libertad, la liberación radical obrada por Cristo le asigna una tarea: la praxis cristiana, que es el cumplimiento del gran mandamiento del amor. Este es el principio supremo de la moral social cristiana, fundada sobre el Evangelio y toda la tradición desde los tiempos apostólicos y la época de los Padres de la Iglesia, hasta la recientes intervenciones del Magisterio. Los grandes retos de nuestra época constituyen una llamada urgente a practicar esta doctrina de la acción.

I. Naturaleza de la doctrina social de la Iglesia

72. Mensaje evangélico y vida social

La enseñanza social de la Iglesia nació del encuentro del mensaje evangélico y de sus exigencias -comprendidas en el Mandamiento supremo del amor a Dios y al prójimo y en la Justicia con los problemas que surgen en la vida de la sociedad.. La Iglesia, experta en humanidad, ofrece en su doctrina social un conjunto de principios de reflexión, de criterios de juicio y de directrices de acción para que los cambios en profundidad que exigen las situaciones de miseria y de injusticia sean llevados a cabo, de una manera tal que sirva al verdadero bien de los hombres.

73. Principios fundamentales: El mandamiento supremo del amor conduce al pleno reconocimiento de la dignidad de todo hombre, creado a imagen de Dios. De esta dignidad derivan unos derechos, y unos deberes naturales. De este modo, la doctrina social de la Iglesia se opone a todas las formas de colectivismo .

74. Criterios de juicio sobre las situaciones, las estructuras y los sistemas sociales. 75. Primacía de las personas sobre las estructuras

76. Directrices para la acción.

77. Una lucha por la justicia

78. El mito de la revolución

79. Un último recurso a la lucha armada

80. El papel de los Laicos .en la construcción política y en la organización de la vida social.

II. Exigencias evangélicas de transformación en profundidad

81. Necesidad de una transformación cultural

82. El Evangelio del trabajo

83. Una verdadera civilización del trabajo

84. Bien común nacional e internacional

85. El valor del trabajo humano

86. Promover la participación

87. Prioridad del trabajo sobre el capital bienes.

88. Reformas en profundidad

III. Promoción de la solidaridad

89. Una nueva solidaridad.

90. Destino universal de los bienes

91. Ayuda al desarrollo

99. Dimensión de una auténtica liberación El sentido de la fe percibe toda la profundidad de la liberación realizada por el Redentor. Cristo nos ha liberado del más radical de los males, el pecado y el poder de la muerte, para devolvernos la auténtica libertad y para mostrarnos su camino. Este ha sido trazado por el mandamiento supremo, que es el mandamiento del amor. La liberación, en su primordial significación que es soteriológica, se prolonga de este modo en tarea liberadora y exigencia ética. En este contexto se sitúa la doctrina social de la Iglesia que ilumina la praxis a nivel de la sociedad. El cristiano está llamado a actuar según la verdad y a trabajar así en la instauración de esta «civilización del amor», de la que habló Pablo VI.

5. Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política , dirigida a los Obispos de la Iglesia Católica y, de especial modo, a los políticos católicos y a todos los fieles laicos llamados a la participación en la vida pública y política en las sociedades democráticas. Entresacamos alguno de sus textos:

I. Una enseñanza constante  : El compromiso del cristiano en el mundo, en dos mil años de historia, se ha expresado en diferentes modos.

II. Algunos puntos críticos en el actual debate cultural y político

Se puede verificar hoy un cierto relativismo cultural, que se hace evidente en la teorización y defensa del pluralismo ético, que determina la decadencia y disolución de la razón y los principios de la ley moral natural. Esta concepción relativista del pluralismo no tiene nada que ver con la legítima libertad de los ciudadanos católicos de elegir, entre las opiniones políticas compatibles con la fe y la ley moral natural, aquella que, según el propio criterio, se conforma mejor a las exigencias del bien común

En el plano de la militancia política concreta, es importante hacer notar que el carácter contingente de algunas opciones en materia social, el hecho de que a menudo sean moralmente posibles diversas estrategias para realizar o garantizar un mismo valor sustancial de fondo, la posibilidad de interpretar de manera diferente algunos principios básicos de la teoría política, y la complejidad técnica de buena parte de los problemas políticos, explican el hecho de que generalmente pueda darse una pluralidad de partidos en los cuales puedan militar los católicos para ejercitar ? particularmente por la representación parlamentaria ? su derecho-deber de participar en la construcción de la vida civil de su País.

La Iglesia es consciente de que la vía de la democracia, aunque sin duda expresa mejor la participación directa de los ciudadanos en las opciones políticas, sólo se hace posible en la medida en que se funda sobre una recta concepción de la persona.. A partir de aquí se extiende la compleja red de problemáticas actuales, que no pueden compararse con las temáticas tratadas en siglos pasados. Juan Pablo II, en línea con la enseñanza constante de la Iglesia, ha reiterado muchas veces que quienes se comprometen directamente en la acción legislativa tienen la «precisa obligación de oponerse» a toda ley que atente contra la vida humana. Para ellos, como para todo católico, vale la imposibilidad de participar en campañas de opinión a favor de semejantes leyes, y a ninguno de ellos les está permitido apoyarlas con el propio voto. Esto no impide, como enseña Juan Pablo II en la Encíclica Evangelium vitae a propósito del caso en que no fuera posible evitar o abrogar completamente una ley abortista en vigor o que está por ser sometida a votación, que «un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, pueda lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública».

III. Principios de la doctrina católica acerca del laicismo y el pluralismo

IV. Consideraciones sobre aspectos particulares

En circunstancias recientes ha ocurrido que, incluso en el seno de algunas asociaciones u organizaciones de inspiración católica, han surgido orientaciones de apoyo a fuerzas y movimientos políticos que han expresado posiciones contrarias a la enseñanza moral y social de la Iglesia en cuestiones éticas fundamentales. Tales opciones y posiciones, siendo contradictorios con los principios básicos de la conciencia cristiana, son incompatibles con la pertenencia a asociaciones u organizaciones que se definen católicas. Análogamente, hay que hacer notar que en ciertos países algunas revistas y periódicos católicos, en ocasión de toma de decisiones políticas, han orientado a los lectores de manera ambigua e incoherente, induciendo a error acerca del sentido de la autonomía de los católicos en política y sin tener en consideración los principios a los que se ha hecho referencia. La fe en Jesucristo, que se ha definido a sí mismo «camino, verdad y vida» (Jn 14,6), exige a los cristianos el esfuerzo de entregarse con mayor diligencia en la construcción de una cultura que, inspirada en el Evangelio, reproponga el patrimonio de valores y contenidos de la Tradición católica. La necesidad de presentar en términos culturales modernos el fruto de la herencia espiritual, intelectual y moral del catolicismo se presenta hoy con urgencia impostergable, para evitar además, entre otras cosas, una diáspora cultural de los católicos. Por otra parte, el espesor cultural alcanzado y la madura experiencia de compromiso político que los católicos han sabido desarrollar en distintos países, especialmente en los decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, no deben provocar complejo alguno de inferioridad frente a otras propuestas que la historia reciente ha demostrado débiles o radicalmente fallidas. Es insuficiente y reductivo pensar que el compromiso social de los católicos se deba limitar a una simple transformación de las estructuras, pues si en la base no hay una cultura capaz de acoger, justificar y proyectar las instancias que derivan de la fe y la moral, las transformaciones se apoyarán siempre sobre fundamentos frágiles.

V. Conclusión Las orientaciones contenidas en la presente Nota quieren iluminar uno de los aspectos más importantes de la unidad de vida que caracteriza al cristiano: La coherencia entre fe y vida, entre evangelio y cultura, recordada por el Concilio Vaticano II. Congregación por la Doctrina de la Fe, el 24 de noviembre de 2002, Solemnidad de N. S Jesús Cristo, Rey del universo.

Meses después, el entonces Cardenal Ratzinger explicó los principios de la autonomía de los católicos en política y señaló la necesidad de evitar la «"teologización" de la política» y la «"ideologización" de la religión» en una mesa redonda, celebrada en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma, en la que participaron políticos italianos, intelectuales y teólogos.

6. Política y religión en Europa

Benedicto XVI tiene muy clara cuál es la raíz y la identidad de Europa: la fe cristiana. En la conferencia: "Europa, política y religión", (Berlín, 28.XI.2001, www.nuevarevista.com ). alude como la Declaración de Derechos Fundamentales, aprobada por los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, revela el deseo de dar un fundamento de valores comunes a la Europa unida. "¿Hasta qué punto es apropiada para dotar de un núcleo espiritual común al cuerpo económico de Europa?: Europa... ¿qué es en realidad Europa? Esa pregunta fue planteada con énfasis una y otra vez por el cardenal Glemp en uno de los grupos lingüísticos del Sínodo romano de los obispos europeos: ¿dónde comienza, dónde termina Europa? ¿Por qué, por ejemplo, Siberia no pertenece a Europa, aunque está predominantemente habitada por europeos, que viven y piensan de manera claramente europea? ¿Dónde es pierde Europa por el Sur de la comunidad de Estados rusos? ¿Por dónde discurre su frontera asiática? ¿Qué islas son Europa, cuáles no, y por qué? En esas conversaciones se puso de manifiesto que Europa sólo de forma secundaria es un concepto geográfico: Europa no es un continente geográficamente aprehensible con claridad, sino un concepto cultural e histórico.

Así llegamos a la pregunta ¿hacia dónde seguir? ¿Hay en los violentos cambios de nuestro tiempo una identidad de Europa que tenga futuro y que podamos respaldar desde dentro? Para los padres de la unión europea tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial ?Adenauer, Schumann, De Gasperi? estaba claro que ese fundamento existe, y que descansa en la herencia cristiana de lo que el Cristianismo convirtió en nuestro continente

Resumamos: la afirmación del valor y la dignidad del ser humano, de la libertad, igualdad y solidaridad, en los principios de la democracia y el Estado de Derecho, incluye una imagen del ser humano, una opción moral y una idea del Derecho que en modo alguno se entienden por sí mismas, pero son factores básicos de la identidad de Europa, que también han de ser garantizados en sus consecuencias concretas y, naturalmente, sólo podrán ser defendidos si vuelve a integrarse en la correspondiente conciencia moral.

No sabemos cómo seguirá Europa su camino. La Declaración de Derechos Fundamentales puede ser un primer paso para que vuelva a buscar conscientemente su alma. Hay que dar la razón a Toynbee en que el destino de una sociedad depende una y otra vez de minorías creadoras. Los creyentes cristianos deberían verse a sí mismos como una minoría creadora, y contribuir a que Europa recupere lo mejor de su herencia y así sirva a toda la Humanidad.

7. «Las bases morales prepolíticas del Estado liberal» Tras valorar positivamente las declaraciones del filósofo agnóstico, Jürgen Habermas, el día 19 de enero de 2004, el actual Papa concluyó con dos tesis:

1.- Constata que hay patologías en la religión, altamente peligrosas, y que hacen necesario considerar la luz divina que representa la razón como un órgano de control, desde el que ha de dejarse purificar y ordenar una y otra vez. Pero también hay también patologías de la razón que obligan a ésta a prestar oídos a las grandes tradiciones religiosas de la humanidad, por lo que es necesaria la correlacionalidad de razón y fe, de razón y religión.

. 2.- Esta regla fundamental debe hallar concreción en el contexto intercultural de nuestra actualidad. Sin duda dos importantes intervinientes en esa correlacionalidad son la fe cristiana y la cultura secular occidenal. .Para ambos grandes componentes de la cultura occidental es importante ponerse a escuchar a esas otras culturas, es decir, entablar una verdadera correlacionalidad con esas otras culturas. Es importante implicarlas en la tentativa de una correlación polifónica , en la que ellas se abran a sí mismas a la esencial complementariedad de razón y fe, que ayuden a a integrar el mundo.

8. Ante el nuevo orden internacional propuesto por la ONU

J. Ratzinger considera que los creyentes se encuentran ante una tendencia que busca cancelar a Dios de la vida pública para confinarlo en el «ámbito subjetivo de culturas residuales pasadas». Al retirar el «Premio San Benito para la promoción de la vida y de la familia en Europa», que le otorgó la Fundación de Subiaco para la Vida y la Familia , el 1 de abril del 2005, el decano del colegio cardenalicio afrontó la crisis cultural y de identidad actual, particularmente en el viejo continente. Tras constatar que «la fuerza moral no ha crecido junto al desarrollo de la ciencia, sino que al contrario ha disminuido», el purpurado alemán explicó que «el peligro más grave de este momento está justamente en este desequilibrio entre posibilidades técnicas y energía moral ». Como dos ejemplos claros, puso la amenaza del terrorismo y la de las posibilidades de manipulación del origen de la vida humana. El punto de partida de esta visión es «el relativismo», convirtiéndose en «un dogmatismo que se cree en posesión del definitivo conocimiento de la razón, y con derecho a considerar todo el resto sólo como un estadio de la humanidad, en el fondo superado, y que puede ser adecuadamente relativizado».En la última parte de su relación, explicó que «necesitamos raíces para sobrevivir y no las debemos perder de vista si queremos que la dignidad humana no desaparezca». «Sólo la razón creadora, y que se ha manifestado en el Dios crucificado como amor, puede verdaderamente mostrarnos el camino», propuso. «Necesitamos hombres que mantengan la mirada en Dios, aprendiendo allí la verdadera humanidad», concluyó, pues «sólo mediante hombres tocados por Dios, Dios puede volver a estar cerca de los hombres».

El 9 septiembre 2001 defiende el hecho de que los católicos tienen el «justo deber moral» de discutir sobre cuestiones relativas al desarrollo económico que suscitó el pasado G-8 celebrado en Génova, pero, , «la destrucción y el terror no son los medios adecuados».

El 15 de septiembre lanza dura crítica de Ratzinger al nuevo orden mundial propuesto por la ONU, demostrando cómo no se puede combatir la pobreza eliminando a los pobres. En la llamada Cumbre del Milenio de Naciones Unidas, el mayor encuentro de jefes de Estado y Gobierno de la historia, celebrado en Nueva York del 6 al 8 de septiembre, se reflexionó sobre el papel que debe desempeñar este organismo internacional y las reformas que se requieren para que cumpla su misión de paz y defensa de los derechos humanos «La peculiaridad de esta nueva antropología, que debería constituir la base del Nuevo Orden Mundial resulta evidente sobre todo en la imagen de la mujer, en la ideología del "Women?s empowerment" (la autorrealización de las mujeres), nacida de la Conferencia de Pekín. Objetivo de esta ideología es la autorrealización de la mujer: sin embargo, los principales obstáculos que se interponen entre ella y su autorrealización son la familia y la maternidad».

9. DISCURSOS A POLÍTICOS Y DIPLOMÁTICOS:

En ellos, se puede apreciar la sensiblidad del Pontífice por los temas sociales concretos iluminados siempre por la DSI. Veamos algunos ejemplos

a. A los obispos de Sri Lanka en visita "ad limina ". Sábado 7 de mayo de 2005

En diciembre del año pasado, junto con otras innumerables personas en todo el mundo, me sentí profundamente conmovido al observar los efectos devastadores del maremoto que se cobró un gran número de víctimas sólo en Sri Lanka, y dejó a cientos de miles de personas sin hogar. Os ruego que transmitáis mis más sentidas condolencias y las de los católicos del mundo entero a todos los que han soportado tan terribles pérdidas. En el rostro de las personas afligidas por la muerte de un ser querido o que han perdido sus bienes no podemos menos de reconocer el rostro sufriente de Cristo, y, de hecho, es a él a quien servimos cuando mostramos nuestro amor y compasión a los necesitados (cf. Mt 25, 40). La comunidad cristiana tiene la obligación particular de cuidar de los niños que han perdido a sus padres a causa del desastre natural. El reino de los cielos pertenece a estos miembros más vulnerables de la sociedad (cf. Mt 19, 14), pero, muy a menudo, se los olvida simplemente o se los explota sin escrúpulos como soldados, trabajadores o víctimas inocentes del tráfico de seres humanos. No hay que escatimar ningún esfuerzo para instar a las autoridades civiles y a la comunidad internacional a combatir estos abusos y brindar a los niños la protección  legal  que merecen justamente.

.Ha sido alentador ver a miembros de diferentes religiones y de diversos grupos étnicos en Sri Lanka y de toda la comunidad mundial reunirse para mostrar su solidaridad con las personas afectadas y redescubrir los vínculos fraternos que los unen. Estoy seguro de que encontraréis los medios para hacer aún más fecundos los resultados de esta cooperación, procurando especialmente que se preste gratuitamente ayuda a todos los necesitados.

b. Al cuerpo diplomático ante la Santa Sede Jueves 12 de mayo de 2005

Para proseguir en este sentido, la Iglesia proclama y defiende sin cesar los derechos humanos fundamentales, por desgracia violados aún en diferentes partes de la tierra, y se esfuerza por lograr que se reconozcan los derechos de toda persona humana a la vida, a la alimentación, a una casa, al trabajo, a la asistencia sanitaria, a la protección de la familia y a la promoción del desarrollo social, en el respeto de la dignidad del hombre y de la mujer, creados a imagen de Dios. Estad seguros de que la Iglesia católica, en el ámbito y con los medios que son propios de ella, seguirá ofreciendo su colaboración con vistas a la salvaguardia de la dignidad de todo hombre y al servicio del bien común. No pide ningún privilegio para sí, sino únicamente las condiciones legítimas de libertad y de acción para cumplir su misión. En el concierto de las naciones, desea favorecer siempre el entendimiento entre los pueblos y la cooperación fundados en una actitud de lealtad, discreción y cordialidad.

c. A la Conferencia Episcopal de Zimbabue en visita "ad limina" 2 de julio de 2005

Las recientes elecciones en Zimbabue han puesto las bases para lo que espero sea un nuevo comienzo en el proceso de reconciliación nacional y de reconstrucción moral de la sociedad. Aprecio la significativa contribución al proceso electoral que habéis dado a los fieles católicos y a todos vuestros compatriotas con vuestra Declaración pastoral conjunta publicada el año pasado.Como habéis afirmado con acierto en dicha Declaración, la responsabilidad por el bien común exige que todos los miembros de la comunidad política colaboren a fin de poner firmes cimientos morales y espirituales para el futuro de la nación. Con la publicación de la Declaración y de vuestra más reciente Carta pastoral "El grito de los pobres", habéis hecho que la sabiduría del Evangelio y la rica herencia de la doctrina social de la Iglesia influyeran en el modo de pensar y en los criterios prácticos de los fieles laicos, tanto en su vida diaria como en sus esfuerzos por actuar como miembros honrados de la comunidad.

d. Embajador de la República Bolivariana de Venezuela

La Iglesia, que no puede dejar de proclamar y defender la dignidad de la persona humana en su integridad y apertura a la trascendencia divina, reclama poder disponer, de modo estable, del espacio indispensable y de los medios necesarios para cumplir su misión y su servicio humanizador. En este sentido, y respetando las respectivas competencias, hay numerosos ámbitos en que resulta conveniente establecer diversas formas de colaboración fecunda entre el Estado y la Iglesia con el fin de prestar un mejor servicio al desarrollo de las personas y promover un espíritu de convivencia en libertad y solidaridad, lo que redundará en beneficio de todos.

Usted, Señor Embajador, ha recordado el indiscutible valor de la libertad, la cual es una gran bien que permite al ser humano realizarse plenamente. La Iglesia necesita esta libertad para ejercer su misión, escoger a sus Pastores y guiar a sus fieles. Los Sucesores de Pedro se han esforzado siempre por defender esta libertad. Por otra parte, los Gobiernos de los Estados nada deben temer por la acción de la Iglesia, que en el ejercicio de su libertad sólo busca llevar a cabo su propia misión religiosa y contribuir al progreso espiritual de cada País.Al hacer mías estas palabras, espero vivamente que se disipen las dificultades actuales en las relaciones Iglesia-Estado y se vuelva a una fecunda colaboración en continuidad con la noble tradición venezolana.

h. Embajador de la república del Paraguay. Viernes 26 de agosto de 2005

A pocos años de la celebración del bicentenario de la independencia y de la creación del Paraguay como Nación soberana, ella tiene hoy -como usted ha destacado bien en sus palabras- la gran oportunidad de avanzar en el diálogo y en serena convivencia entre todos los ciudadanos y con los demás países para superar cualquier forma de conflicto y tensión. .Por eso, les animo al ejercicio de una verdadera democracia, es decir, aquella que, por la participación del pueblo, lleva a cabo el gobierno de una nación cuando se inspira en los valores supremos e inmutables y hace posible que el acervo cultural de las personas y el progresivo desarrollo de la sociedad responda a las exigencias de la dignidad humana. A este respecto conviene reafirmar que la paz "es el primero y sumo bien de una sociedad; supone la justicia, la libertad, el orden y hace posible todo otro bien de la vida humana" (Pablo VI, Mensaje navideño, 23 diciembre 1965).En este sentido, en la encíclica Centesimus annus Juan Pablo II advertía que "una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia" (n. 46), puesto que, sin una verdad última que guíe y oriente la acción política, "las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder" (ibid).

i. EMBAJADOR de la República del ecuador ante la Santa Sede 29 de agosto de 200 5

Conozco también las iniciativas que se están tomando a partir de las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia, la cual invita a las instancias administrativas a poner en práctica el principio de subsidiariedad como medio eficaz para afrontar tantas necesidades concretas.

Conclusión: La locura del Quijote

Nuestro infatigable Papa, incluye en el epílogo de su célebre «Teoría de los principios teológicos» (Herder, Barcelona, 2005), un agudo análisis-balance del postconcilio, valiéndose del inmortal libro cervantino, tan presente en este año por el cuarto centenario de su primera edición en 1605. Descubre en "El Quijote" la «verdad sin afeites» que se oculta tras el manchego universal, entregado «a la defensa de la verdad, la justicia y los más débiles». «Se trata -escribía el entonces cardenal Ratzinger- de la expresión poética que tal vez más perfecta y acabadamente reflejó el drama de la despedida de la Edad Media y la irrupción de la Edad Moderna, y ello a través de la pluma de un autor que se sabía "más versado en desdichas que en versos": Miguel de Cervantes».

«Su Don Quijote comienza con una bufonada, con una amarga burla que no es mero producto de la desnuda fantasía o simple diversión literaria. El alegre auto de fe que el cura y el barbero llevan a cabo, en el capítulo 6, con los libros del pobre hidalgo tiene un aire absolutamente real: se echa afuera el mundo medieval y se tapia la puerta de entrada: pertenece ya irremisiblemente al pasado. En la figura de Don Quijote, una nueva era se burla de la anterior. El caballero se ha vuelto loco. Despertando de los sueños de antaño, una nueva generación se enfrenta con la verdad desnuda y sin afeites. En la alegre burla de los primeros capítulos hay algo de eclosión, de la seguridad de sí de una nueva época que olvida los sueños, que ha descubierto la realidad y está orgullosa de ello».

La reflexión del pontífice se orienta ahora hacia un retrato del personaje en el desarrollo argumental de la novela. Poco a poco, comienza a cobrar afecto al loco caballero. Esto se advierte no sólo en el hecho de que se sintiera molesto por la burla de un plagiador, que convertía al noble loco en vulgar payaso. Tal vez en la contraimagen del falso Don Quijote advirtió plenamente, por vez primera, que su loco tenía un alma noble, que su locura de consagrar su vida a la protección de los débiles y a la defensa de la verdad y la justicia tenía grandeza en sí. Tras la locura, descubre Cervantes la sencillez: "Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido y oficioso; no soberbio, no arrogante, no murmurador y, sobre todo, caritativo". ¡Qué noble locura aquella que hace que Don Quijote elija una profesión en la que "ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos, y finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cuesta la vida el defenderla"! Las locuras insensatas se han convertido en amable espectáculo en el que se hace perceptible un corazón puro».

A la hora del diálogo, del encuentro y de la síntesis, el Papa convida a no perder la memoria histórica: «El núcleo de la locura, que ahora llega al nivel de la conciencia, coincide con el extrañamiento de la bondad en un mundo cuyo realismo se burla, por lo demás, de aquel que acepta la verdad como realidad y que arriesga la vida en su defensa. Aquella altiva seguridad con que Cervantes había quemado los puentes que quedaban a sus espaldas y se había reído del tiempo antiguo se torna ahora en melancolía por lo perdido. No se trata de un retorno al mundo de las novelas de caballería, pero sí de mantenerse despierto para aquello que nunca debe perderse y de ver bien el peligro que amenaza a los hombres cuando, al quemar el pasado, pierden parte de sí mismos»

El Papa aplica el cuento a lo sucedido en los 10 años desde la Gaudium et spes . Cuánto más podría decirse a los 40. Si en ese momento denuncia que "ha desaparecido la sonrisa de nuestros labios" por el gesto de liquidar el pasado y quedarse sin nada, también anima a buscar lo nuevo y lo auténtico "con espíritu firme y sereno", a atreverse a "la locura de lo verdadero con alegre corazón y sin concesiones". Parte de esta locura es, sin duda, nuestro compromiso con el estudio y difusión de la Doctrina Social de la Iglesia. De este modo, podremos responder al desafío presente de "los gozos y esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo".

En la entrevista con el periodista católico Vittorio Messori, y que se publicó con el título Informe sobre la fe (BAC, 1985, p.243-44) el Papa Benedicto XVI medita la Palabra de Dios y nos deja una hermosa consigna con la que concluyo:"En el instante en que llega el Señor del mundo y ejerce la labor de esclavo con el lavado de pies.percibimos una imagen completamente distinta. Dios, que es el poder por antonomasia, no desea pisotearnos, sino que se arrodilla ante nosotros para impulsarnos hacia lo alto.Nos enseña que lo grande es ponerse al servicio de lo demás". Sí, Dios es tan grande que puede hacerse pequeño. Nosotros, somos tan grandes que podemos hacernos pequeños. O, parafraseando el título del libro del Prof. Jurgen Schuldt, ¿ Somos pobres porque somos ricos? podemos concluir: Somos tan ricos que podemos hacernos pobres como el Pobre de Nazaret. Somos tan cuerdos que podemos hacernos locos quijotes como Jesús, el Hombre Dios de Belén que pasó toda la vida haciendo el bien.

Instrucción Libertatis Nuntius (Sobre algunos aspectos de la "teología de la liberación") 6-VIII-84 y la Libertatis Conscientia (Sobre la libertad cristiana y la liberación) 22-III-86.

J. Ratzinger Verdad, valores, poder (Piedras de toque de la sociedad pluralista) Rialp, Madrid, 3ª ed. 2000, p.60


Fecha Publicación: 2023-01-12T08:55:00.001-08:00

P. ALONSO MESSIA BEDOYA, SJ (Pacaraos 1655-1732, Lima)

https://www.facebook.com/rincondehistoriaperuana

 

Nació en Pacaraos, Lima, el 12 de enero de 1655. Realizó sus estudios de humanidades y leyes en el colegio jesuita de San Martín y en la Universidad de San Marcos. Se ordenó como sacerdote en el colegio de San Pablo de Lima. En su estancia en Cusco aprendió el quechua.

Conoció al venerable padre Francisco del Castillo, de quién fue discípulo y continuación de su obra de predicación entre los negros de Baratillo. Llegó a ser superior de la casa profesa de Nuestra Señora de los Desamparados (1705-1710) y provincial de los jesuitas entre 1711 y 1714. Allí desarrolló su importante labor formando a los futuros sacerdotes. También fue confesor de los virreyes.

Messia impulsó la fundación del monasterio de dominicas de Santa Rosa de Lima y de la casa de ejercicios de los jesuitas en la chacarilla de San Bernardo.

Algunos momentos de su vida religiosa merecen ser recordados. Siendo confesor de Josefa de Portocarrero Lasso de la Vega (1681-1743), hija del virrey Conde de la Monclova que estaba prometida en matrimonio, la joven huyó una noche huyó del palacio de los virreyes para refugiarse en el monasterio de Santa Catalina donde después de 3 años de permanencia fue enviada al nuevo monasterio de Santa Rosa de las monjas, donde ejerció el cargo de priora. Durante toda su vida fue confesor de la religiosa.

También será recordado el padre Messia por haber recogido las hostias consagradas que habían sido robadas junto a un copón de la iglesia del Sagrario en 1711. El ladrón las había enterrado debajo de un árbol, a un lado de la alameda de los Descalzos, donde hoy se levanta la iglesia de Santa Liberata.

Pero, sin duda, su labor más importante fue haber recopilado el sermón de viernes Santo del padre Francisco del Castillo, que sería conocido después como el "sermón de las tres horas". Siendo publicado en 1737 con el título de "Devoción de las tres horas de la agonía de Cristo Nuestro Señor y método con que se practicaba en el Colegio Máximo de San Pablo de la Compañía de Jesús de Lima y en toda la provincia del Perú".

También escribió el "Panegírico del Beato Toribio de Mogrovejo" (Amberes, 1680) y "Oración fúnebre en las exequias reales de don Luis I" (Lima, 1725)

Falleció el 5 de enero de 1732, en Lima. Su funeral fue multitudinario. En la foto vemos la antigua Iglesia de Nuestra Señora de los Desamparados, lugar donde predicó el padre Messia y donde se ubicaba el colegio profeso. (Juan José Pacheco Ibarra)

 

REFERENCIA

Sánchez-Concha Barrios, Rafael (2007). "Ascendencia y colateralidad del virtuoso limeño Alonso Messía Bedoya, de la Compañía de Jesús (1655-1732)". Hidalguía: la revista de genealogía, nobleza y armas, 321: 243-270.

Archivo Jesuita. https://archivo.jesuitas.pe/alonso-messia-bedoya-sj/


Fecha Publicación: 2023-01-11T13:30:00.000-08:00

COMPARTE PATRONAZGO CON EL SEÑOR DE LOS MILAGROS

San Francisco Solano es "Patrono jurado de Lima"

Este miércoles 18 de enero de 2023, la ciudad de Lima cumple 488 años de fundación española por parte del conquistador Francisco Pizarro, quien la denominó "Ciudad de los Reyes", capital del Virreinato del Perú.

La impronta de la Iglesia Católica se evidencia en la intensa fe y religiosidad de los limeños, así como en sus hermosos templos y conventos, y el esplendor de sus santos como Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, Santo Toribio de Mogrovejo, San Juan Masías y San Francisco Solano.

Precisamente, aunque es un dato poco divulgado, San Francisco Solano (1549 –1610), ostenta el título de "Patrono Jurado de Lima". Este patronazgo consta en un acta del Cabildo de Lima del año 1629, título que es compartido con el Señor de los Milagros, declarado como tal en 1715, un siglo después que Solano.

Tal como lo señala el cronista franciscano Fray Diego de Córdova y Salinas: "La Ciudad de los Reyes, cabeza y Metrópoli de los Reinos del Perú, recibió al Venerable P. Fr. Francisco Solano por Patrón de su República en un Cabildo que para esto celebró la Justicia y Regimiento de ella, a 26 del mes de junio del año del Señor de 1629".

Este santo franciscano tuvo un papel importante en la evangelización de gran parte de América del Sur y sus restos mortales se conservan en las catacumbas del Convento de San Francisco de Lima. Además de "Patrono Jurado de Lima", es patrón de los toreros, de los navegantes, contra los terremotos, entre otros patronazgos de varias ciudades.

Respecto al Señor de los Milagros, cabe reseñar que es Patrono de Lima, dada su protección constante contra los diversos temblores y terremotos, y al haber quedado inalterado por estos movimientos. Previa gestión de Sebastián de Antuñano, Sor Josefa de la Providencia y del Padre Alonso Messía S.J., el Cabildo de Lima se declaró el 21 de septiembre de 1715 al Cristo de los Milagros como "Patrono Jurado por la Ciudad de los Reyes contra los temblores que azotan la tierra", y desde aquel momento quedó oficializado su culto entre los vecinos de Lima, quienes lo tenían ya como su devoción predilecta.

SAN FRANCISCO SOLANO Y RICARDO PALMA

Solano fue también el primer guardián del Convento de Los Descalzos en el Rímac. Cabe señalar que también es mencionado por el ilustre tradicionista Ricardo Palma (1833- 1919) en "El alacrán de Fr. Gómez", referido al famoso enfermero francisano que cuidó a Solano hasta su fallecimiento.

"Fray Gómez era un lego contemporáneo de San Francisco Solano que desempeñaba en el convento de los padres seráficos en Lima, la función de refitolero del hospital de los devotos frailes y a quien nunca se le conoció de otra manera que fray Gómez".

En otro párrafo añade: "Ese mismo día estaba milagrero fray Gómez pues se encaminó a la enfermería y halló muy débil a San Francisco Solano, víctima de una jaqueca.

—Haría bien en tomar algún alimento —le dijo fray Gómez

El santo se negó, pero ante las insistencias de fray Gómez le pidió algo que sabía imposible de conseguir, por no ser la estación propicia:

—Pues mire, hermanito, solo comería con gusto un par de pejerreyes.

Fray Gómez metió la mano en el bolsillo y sacó dos pejerreyes, tan frescos como recién salidos del mar. Los guisó y quedó San Francisco curado como por ensalmo".

 

PATRONAZGOS DE SAN FRANCISCO SOLANO

Como se sabe, la fiesta de San Francisco Solano se celebra el 14 de julio en todo el mundo, y los días 14 de cada mes se celebra una misa en su honor en la Iglesia y Convento de San Francisco de Lima, donde hay además una sala especial dedicada al santo en el Museo Catacumbas, en la que se exhiben sus reliquias, además de esculturas y lienzos.

Mención especial merece el célebre "Retrato post mortem", pintado por el artista Pedro Reinalte Coelho en 1610. Es el retrato más fidedigno del santo andaluz.

Según el p. Luis Julián Plandolit OFM, en su libro "San Francisco Solano, Apóstol de América" (Madrid, 1963) estos son los patronazgos del santo andaluz:

Ciudad de Lima (26 de junio de 1629); Ciudad de la Plata de los Charcas (25 de febrero de 1631); Ciudad de Panamá; Mar del Sur (actual Océano Pacífico); Villa de Salinas, valle de Misqui en Cartagena; Cartagena de Indias (Colombia); Valverde de Ica; Villa de San Felipe de Austria de Oruro; Ciudad de Castrovirreyna; La Habana (Cuba); Huamanga (Ayacucho); Villa de Oropesa del valle de Cochabamba; Villa Imperial de Potosí; Carrión de Velasco (Huaura); Villa de Arnedo, valle de Chancay; Cuzco; Santiago de Chile; Reino de Chile; Ciudad de Montilla (España).

 

 

Lima, enero de 2023 Prensa Franciscana del Perú


Fecha Publicación: 2023-01-10T03:37:00.000-08:00

Antonio José de Sucre (1795-1830)

Ante la feliz iniciativa de la Municipalidad de Pueblo Libre de levantar este monumento a Sucre, precisamente en el cruce de la Avenida dedicada a su persona con La Mar en el distrito, les comparto algunos datos relevantes de su vida y misión.

Nació en Cumaná (Venezuela), 3.II.1795, hijo del teniente Vicente de Sucre y Urbaneja y de Manuela de Alcalá. Quedó huérfano de madre a los siete años y fue enviado a Caracas al cuidado de su padrino el arcediano Antonio Patricio de Alcalá. Fue allí donde inició en el ejército en el cuerpo de ingeniería, convirtiéndose en 1811 comandante de Ingenieros en la isla Margarita; posteriormente lo será también de artillería en Barcelona.

Combatió en defensa de la primera República en diversos frentes y en 1814 fue Edecán de Mariño, destacándose en la toma de Caracas. Ese mismo año muchos de sus parientes fueron ejecutados por los españoles, principalmente por Boves. En 1816 fue nombrado jefe de Estado Mayor y lo ascendió a coronel. Sin embargo, tras el congreso de Cariaco (8 de mayo 1817) se declaró en rebeldía con el Congreso, rechazando además la autoridad de Mariño, se trasladó a la Guayana, poniéndose a las órdenes de Bolívar, quien le nombró gobernador de la región y comandante general del Bajo Orinoco. A partir de entonces, Sucre figuró ya en el carro de las grandes empresas militares de Bolívar como uno de sus grandes jefes hasta llegar a ser presidente de la Republica en Bolivia.

Más adelante, Bolívar le encargó la misión de trasladarse por mar a Guayaquil (que se había independizado de España en octubre de 1820) y conseguir que aceptase incorporarse a la Gran Colombia, para convertirla en vanguardia de la guerra de liberación de Quito (Ecuador). La empresa tuvo muchos sinsabores; se declaró la incorporación de Guayaquil al Perú y se nombró a La Mar jefe provincial; Sucre señalará que lo importante era vencer a los españoles. Gracias a su intervención obtuvo la gran victoria sobre Aymerich, ganando Quito y propiciando que Guayaquil se uniese a la Gran Colombia.

Bolívar ascendió a Sucre a general de división y le nombró intendente del departamento de Quito. Vencedor en la batalla de Pichincha (24 de mayo de 1822), Sucre llegó a Lima el 10 de mayo de 1823 y el 30 de mayo siguiente fue nombrado comandante del Ejército Unido. A pesar de los primeros reveses como en Zepita, será el gran vencedor de Junín (6 de agosto de 1824) y Ayacucho (9 de diciembre), lo que le valió el título de gran mariscal de Ayacucho. Fue el mismo Bolívar quien escribió: "El general Sucre es el padre de Ayacucho, el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna".

En abril de 1826 se reunió en Chuquisaca el primer Congreso Constituyente de Bolivia que eligió a Sucre como presidente vitalicio, cargo que aceptó sólo por dos años. El mariscal de Ayacucho trató de gobernar Bolivia mientras el Libertador trataba de redactar su famosa Constitución. Organizó la Hacienda Pública y la Administración; trató de liberar a los esclavos y de repartir la tierra, y mejoró la educación, creando numerosos colegios. La anarquía política y militar se apoderó de Bolivia y surgió el motín militar de Chuquisaca (18 de abril de 1828) en el que Sucre resultó herido en el brazo derecho y hecho prisionero. Fue rescatado por el general López, que vino a marchas forzadas desde Potosí.

 Sucre pensó que era hora de ocuparse de su propia vida y así envió poder para contraer matrimonio en Quito con Mariana Carcelán y Larrea, marquesa de Solanda (20 de abril). Presentó su renuncia a la presidencia y antes de abandonar Bolivia envió al congreso extraordinario de 1828 un magnífico mensaje, en el que renunciaba a todas las prerrogativas que le concedía la constitución de eximirle de toda responsabilidad en los actos de gobierno. En agosto emprendió viaje a la capital ecuatoriana, donde estableció su hogar. Ocupó su tiempo en la administración de los bienes de su esposa y en el estudio. El sosiego duró poco, pues en 1829 la República de Colombia requirió sus servicios militares para enfrentar la ofensiva peruana en el sur del Ecuador. Triunfó en Tarqui (27 de febrero) contra el general La Mar, firmando una capitulación honrosa para los vencidos. El 10 de julio del mismo año nació su hija Teresita (en 1826 había nacido su hijo natural José María que tuvo en Rosalía Cortés).

Tras su apoyo para evitar la secesión de Venezuela de la Gran Colombia, volvió a Bogotá, en tiempos en que la confederación de la Gran Colombia empezaba a saltar por los aires. Se dirigió a Quito para unirse con su familia y fue asesinado misteriosamente en la montaña de Berruecos (en Pasto, al sur de Colombia) el 4 de junio de 1830.

Su limpieza de vida y conducta ejemplar era trasunto de nobles pensamientos: "Tal vez puedo errar yo mi concepto, pero desde ahora aseguraría que los que se quejan o son hombres viciosos o son turbulentos o no son patriotas (…) Ningún mensaje más agradable para un americano, que aquel cuyo objeto sea estrechar relaciones de pueblos hermanos que, iguales en las desgracias y en la esclavitud, son llamados por la naturaleza a identificar su causa, su independencia, su gloria. Nada es más importante que la tranquilidad interior."

Bolívar no ahorra alabanzas a su persona, llegando a exclamar cuando se enteró de su muerte: ¡Santo Dios! ¡Se ha derramado la sangre de Abel! La bala cruel que te hirió el corazón mató a Colombia y me quitó la vida. Para tu gloria lo tienes todo ya; lo que te falta sólo a Dios le corresponde darlo"

Sus restos descansan en la Catedral Metropolitana de Quito, capital de Ecuador.


Fecha Publicación: 2023-01-05T14:25:00.000-08:00

CUANDO VARGAS LLOSA ENCOMIÓ A BENEDICTO XVI

 

El premio Nobel Mario Vargas Llosa vivió de cerca la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid (2011), y la describió  así en el diario español El País: 

 

«Todas las razas, lenguas, culturas, tradiciones, se mezclaban en una gigantesca fiesta de muchachas y muchachos adolescentes, estudiantes, jóvenes profesionales venidos de todos los rincones del mundo a cantar, bailar, rezar y proclamar su adhesión a la Iglesia católica y su "adicción" al Papa ("Somos adictos a Benedicto" fue uno de los estribillos más coreados)».

Destaca después el contraste entre Benedicto XVI y Juan Pablo II: «Es difícil imaginar dos personalidades más distintas que las de los dos últimos Papas. El anterior era un líder carismático, un agitador de multitudes, un extraordinario orador, un pontífice en el que la emoción, la pasión, los sentimientos prevalecían sobre la pura razón. El actual es un hombre de ideas, un intelectual, alguien cuyo entorno natural son la biblioteca, el aula universitaria, el salón de conferencias»; y expresa la admiración del no creyente ante su inteligencia y sus escritos: «Se trata probablemente del Papa más culto e inteligente que haya tenido la Iglesia en mucho tiempo, uno de los raros pontífices cuyas encíclicas o libros, un agnóstico como yo puede leer sin bostezar (su breve autobiografía es hechicera y sus dos volúmenes sobre Jesús más que sugerentes)». Concluye su artículo de manera sorprendente: «Creyentes y no creyentes debemos alegrarnos por eso de lo ocurrido en Madrid en estos días en que Dios parecía existir, el catolicismo ser la religión única y verdadera, y todos como buenos chicos marchábamos de la mano del Santo Padre hacia el reino de los cielos»

https://elpais.com/elpais/2013/02/21/opinion/1361447726_090824.html

https://salesianos.pe/mario-vargas-llosa-nadie-deberia-celebrar-partida-de-benedicto-xvi/


Fecha Publicación: 2023-01-02T07:26:00.000-08:00

BENEDICTO XVI EN PERÚ en 1986

 

Textos históricos magistrales

Un medio para valorar y aprovechar el legado magisterial del Papa Benedicto XVI es rescatar su magisterio in situ en el Perú como les comparto. Bendiciones

 

I.                  LA ECLESIOLOGÍA DEL Vaticano II Conferencia pronunciada el 21/7/86. con motivo del Doctorado' 'Honoris Causa" otorgado por       la Pontificio Universidad Católica del Perú".

 

Inmediatamente después de la primera guerra mundial Romano Guardini acuñó una fórmula, que se convirtió rápidamente en un slogan del catolicismo alemán: "Un acontecimiento de incalculable valor ha comenzado: la Iglesia se despierta en las almas", El fruto de este despertar ha sido el Concilio Vaticano II, el cual expresó en sus documentos y convirtió así en patrimonio de toda la Iglesia lo que en aquellos cuatro decenios llenos de fermento y de esperanzas -de 1920 a 1960- había madurado en cuanto a conocimiento a través de la fe. Para poder comprender el Vati­cano 11 es necesario, por lo tanto, dar una mirada a este período y tratar de descubrir. al menos en grandes trazos, las líneas y las tendencias que han confluido en el Concilio. Por consiguiente, procederé a presentar primero las ideas que se elaboraron en aquel período. para luego desarro­llar los elementos fundamentales de la doctrina conciliar sobre la Iglesia.

 

1 .La Iglesia como "Cuerpo de Cristo"

a. La imagen del Cuerpo Místico

"La Iglesia se despierta en las almas", Esta frase de Guardini había sido formulada muy conscientemente, porque precisamente en ella aparece que la Iglesia era finalmente reconocida y experimentada como algo interior, que no se encuentra frente a nosotros como una institución cual­quiera. sino que vive en nosotros mismos.

Si hasta ese momento la Iglesia había sido mirada sobre todo como una estructura y una organización, ahora surgía por fin la conciencia propia de que nosotros mismos somos la Iglesia; de que ella es mucho más que una organización: es el organismo del Espíritu Santo. algo vital; que nos aferra a todos a partir de lo más íntimo de nuestro ser. Esta nueva con. ciencia de la Iglesia encontró su expresión lingüística en el concepto de "Cuerpo Místico de Cristo". En esta fórmula se expresa una experiencia nueva y liberadora de la Iglesia. que Guardini. al final de su vida, precisa. mente en el año de la publicación de la Constitución conciliar sobre la Iglesia, describió otra vez así: la Iglesia "no es una institución imaginada y construida por los hombres. . ., sino una realidad viva. .. Ella vive toda­vía a través del tiempo; se desarrolla como todas las realidades vivas; cambia. .. y sin embargo en su realidad más profunda, es siempre la mis­ma y su núcleo más íntimo es Cristo... Mientras sigamos considerando la Iglesia sólo como una organización. . .; como un aparato burocrático. . . ; como una asociación... no tomamos frente a ella una justa postura. La Iglesia, en cambio, es una realidad viva y nuestra relación con ella debe ser también vida". (R. GUARDINI, die Kirchner des Herrn, 1965, p. 41).

Es difícil comunicar el entusiasmo, la alegría que hubo entonces con esta toma de conciencia. Durante la época del pensamiento liberal, e incluso hasta la primera guerra mundial, la Iglesia católica era considerada como un aparato burocrático fosilizado, que se oponía tenazmente a las con­quistas de la época moderna. La teología presentaba la cuestión del Pri­mado tan en primer plano, que hacía aparecer a la Iglesia esencialmente como una institución centralísticamente articulada; cuestión ésta que se defendía tenazmente, pero frente a la cual, sin embargo, se colocaba uno tan sólo desde el exterior. Ahora volvía a ser claro que la Iglesia es mu­cho más, que todos nosotros la hacemos progresar de manera vital en la fe, así como ella nos hace progresar. Había llegado a ser claro que la Iglesia vive un crecimiento orgánico a lo largo de los siglos y que conti­núa hoy. Igualmente que a través de ella permanece actual el misterio de la encarnación: Cristo camina aún a través de los tiempos.

 

Si nos preguntamos cuáles fueron los elementos que se adquirieron duran­te este primer punto de partida y que luego reaparecieron en el Vaticano 11, podemos responder así: el primer aspecto fue la definición cristológica del concepto de la Iglesia. J. A, Mohler, el gran renovador de la teología católica después de la desolación del Iluminismo, dijo una vez: una cierta teología católica errónea podría ser sintetizada caricaturísticamente con esta frase: "Al principio Cristo ha fundado la jerarquía y con esto ha provisto suficientemente a la Iglesia hasta el fin de los tiempos", Pero a esto se contrapone el hecho de que la Iglesia es Cuerpo Místico, es decir, que Cristo mismo es siempre su nuevo fundamento y que El jamás es sólo un pasado en ella, sino siempre y sobre todo su presente y su futuro. La Iglesia es la presencia de Cristo, es decir, nuestra contempora­neidad con Él y su contemporaneidad con nosotros. Ella vive de esto: del hecho de que Cristo está presente en nuestros corazones. De allí él forma su Iglesia. Por consiguiente la primera palabra de la Iglesia es Cristo y no ella misma; ella permanece sana en la medida en que toda su atención se dirija a él. El Vaticano 11 ha colocado esta concepción en un modo tan grandioso al vértice de sus consideraciones, que el texto fundamental sobre la Iglesia comienza precisamente con las palabras: "Lumen Gentium cum sit Christus". Porque Cristo es la luz del mundo, por eso existe un reflejo de su gloria: la Iglesia que transmite su esplen­dor. Si uno quiere comprender rectamente el Vaticano 11, debe siempre comenzar de nuevo por esta frase inicial.

En segundo lugar, desde este punto de partida se debe establecer el aspecto de la interioridad y el carácter de comunión de la Iglesia. Ella crece desde lo interno hacia lo externo y no viceversa. La Iglesia signi­fica ante todo la más íntima comunión con Cristo; ella se forma en la vida sacramental, en las actitudes fundamentales de la fe, de la esperan­za y del amor. De esta manera, si alguno pregunta: "¿qué debo hacer para ser Iglesia y crecer como Iglesia?", la respuesta no puede ser sino la siguiente: debes primero que todo tratar de ser uno que vive la fe, la esperanza, la caridad. La oración y la recepción de los sacramentos, en los que la oración misma de la Iglesia sale a nuestro paso, es lo que cons­truye la Iglesia.

 

En alguna ocasión un párroco me contó que desde hacía muchos años no salía ninguna vocación sacerdotal de su comunidad. ¿Qué debía hacer entonces? Las vocaciones no las puede fabricar uno, sólo el Señor puede concederlas. Sin embargo, ¿debemos permanecer con las manos cruza­das? El decidió entonces hacer cada año una peregrinación larga y fati­gosa al santuario mariano de Altotting con esta intención de oración, invi­tando a todos aquellos que condividían esa intención para que participa­ran juntos en la peregrinación y en la oración. Año tras año los partici­pantes crecieron de número y el año pasado, finalmente, ellos han podido festejar, con inmenso gozo de todo el pueblo, la primera misa de un sacer­dote de su población.

La Iglesia crece desde dentro: esto es lo que quiere decir la expresión "Cuerpo de Cristo". Sin embargo, esto implica también otro elemento: Cristo se ha construido un cuerpo y en él estoy llamado a insertarme de manera completa como un humilde miembro (sólo así se puede encontrar a Cristo), puesto que llego a ser un miembro suyo, un órgano suyo en este mundo y por consiguiente para la eternidad. La idea liberal según la cual Jesús sería interesante, mientras que la Iglesia sería un asunto infe­liz, se diferencia completamente por sí misma de esta toma de concien­cia. Cristo se da solamente en su Cuerpo, jamás en un mero ideal. Esto quiere decir: junto con los otros, en la ininterrumpida comunión que atra­viesa los tiempos. La Iglesia no es una idea, sino un Cuerpo. Que Cristo se hiciera carne fue el escándalo con el que tropezaron tantos contem­poráneos de Jesús y que continúa en el escándalo que se ofrece hoya la Iglesia; a este respecto, sin embargo, vale también el dicho: Bienaven­turados los que no se escandalicen de mí.

 

Este carácter comunitario de la Iglesia significa también necesariamente su carácter de "nosotros": ella no es una parte marginal, sino que somos

nosotros mismos los que la constituimos. Ciertamente ninguno puede decir "yo soy la Iglesia", pero cada uno puede y debe decir: "nosotros somos la Iglesia", Y este "nosotros" no es, por su parte, un grupo que se aísla, sino que más bien se mantiene al interior de la comunidad entera de todos los miembros de Cristo, vivos y muertos. De esta manera, enton­ces, un grupo puede decir de verdad: nosotros somos Iglesia. La Iglesia está aquí. en este "nosotros" espacioso. que abre fronteras (sociales y políticas como también las fronteras entre cielo y tierra). Nosotros somos la Iglesia: de aquí nace la corresponsabilidad y también la posibilidad de colaborar en primera persona; pero de ahí resulta también, por consiguien­te, un derecho a la crítica, la cual sin embargo debe ser siempre ante todo autocrítica. La Iglesia pues, debemos repetirlo, no está al margen de nosotros, no son los demás. sino que nosotros mismos la construimos. También estas ideas fueron madurando hasta llegar directamente al Con­cilio. De ellas derivaron todo lo que se dijo acerca de la común respon­sabilidad de los laicos y todo lo que se instituyó, en cuanto a formas jurí­dicas, para una sensata realización de ello.

En este tema, finalmente, entra además la idea del desarrollo y, por lo tanto, de la dinámica histórica de la Iglesia. Un cuerpo permanece idén­tico a sí mismo precisamente por el hecho de que en el proceso de la vida se hace continuamente nuevo. Para el Cardenal Newman esta idea del desarrollo llegó propiamente a ser el verdadero puente para su con­versión al catolicismo. Creo que efectivamente ella hace parte de f:lquel número de conceptos fundamentales para el catolicismo, que aún están muy lejos de haber sido considerados suficientemente; sin embargo, el Vaticano II tuvo el mérito de haberla formulado solemnemente por pri­mera vez en un documento magisterial. En efecto, aquel que se quiere aferrar únicamente al valor literal de la Escritura o a las formas de la Iglesia de los Padres, posterga la Iglesia en el "ayer", La consecuencia de esto es entonces una fe totalmente estéril, que no tiene cosa alguna que decir al hoy, o un poder tal que hace saltar de un golpe dos mil años de historia, botándolos en los tachos de basura de las cosas equivocadas, y que trata por lo tanto de imaginar cómo el Cristianismo debería apare­cer únicamente según la Escritura o según Jesús. Pero lo que saldría de ahí tan sólo puede ser un producto artificial de nuestra propia creación, que no tendría en sí consistencia alguna, Una identidad real con el origen sólo existe donde al mismo tiempo hay una continuidad viva que desarro­lla el origen y, de esta manera, lo custodia.

 

b, Eclesiología eucarística

Debemos ahora retornar de nuevo a los desarrollos del tiempo preconciliar, La primera fase del descubrimiento interno de la Iglesia se había centrado, como ya lo hemos dicho. en torno al concepto del Cuerpo Mís­tico de Cristo, que se elaboró a partir de Pablo y que puso en primer plano las ideas de la presencia de Cristo y de la dinámica propia del ser vivo. Algunos estudios posteriores condujeron a un mayor conocimiento. Principalmente Henri de Lubac, en una obra grandiosa llena de gran erudi­ción, aclaró que el término 'corpus mysticum' originariamente designaba la Sagrada Eucaristía y que, para Pablo como para los Padres de la Iglesia, la idea de Iglesia como Cuerpo de Cristo estaba inseparablemente ligada con la idea de la Eucaristía, en la cual el Señor está presente corporal­mente y nos da su cuerpo como alimento. Surgió así una eclesiología eucarística, llamada frecuentemente también eclesiología de la 'comunión'. Esta eclesiología de la 'comunión' llegó a ser el verdadero y propio corazón de la doctrina del Vaticano 11 sobre la Iglesia, el elemento nuevo y al mismo tiempo totalmente ligado a los orígenes, que el Concilio quiso darnos.

 

Ahora bien, ¿qué se entiende por eclesiología eucarística? Trataré de referirme brevemente a algunos puntos fundamentales. El primero es que la última cena de Jesús viene a ser reconocible propiamente como el verda­dero acto de fundación de la Iglesia: allí Jesús entrega a los suyos esta Liturgia de su muerte y de su resurrección y les obsequia así la fiesta de la vida. El repite en la última cena el pacto del Sinaí, o mejor aún, lo que'

allá había sido un presagio a través del signo, ahora llega a ser comple­tamente realidad: la comunión de sangre y de vida entre Dios y el hombre. Diciendo esto, queda claro que la última cena anticipa la cruz y la resu­rrección y, al mismo tiempo, las presupone necesariamente, porque de lo contrario todo permanecería como un gesto vacío. Por esto los Padres de la Iglesia pudieron decir, con una imagen muy bella, que la Iglesia ha brotado del costado desgarrado del Señor, del cual salieron sangre yagua. Cuando afirmo, pues, que la última cena es el comienzo de la Iglesia, en realidad estoy diciendo la misma cosa, aunque desde otro punto de vista. Efectivamente, también esta fórmula significa que la Eucaristía liga a los hombres entre sí, pero no sólo entre ellos mismos, sino también con Cris­to, quien de esta manera los hace Iglesia. Al mismo tiempo con esto se da también la fundamentación constitucional de la Iglesia: la Iglesia vive en comunidad eucarística. La Misa es su constitución, puesto que la Igle­sia en sí misma, en su esencia, es Misa, servicio de Dios y por lo tanto servicio a los hombres, servicio para la transformación del mundo.

La Misa es la forma de la Iglesia: esto significa que en ella se realiza una relación totalmente original, de multiplicidad y unidad, que no existe en otra parte. En cada celebración de la Eucaristía el Señor está real­mente presente. El efectivamente ha resucitado y no muere más, así no se le puede dividir en partes. Él siempre se da entero e indiviso. Por esto el Concilio dice: "La Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas comunidades locales de fieles que, en unión con sus pastores, reciben también el nombre de Iglesias en el Nuevo Testamento. Ellas son pues en su propio lugar el Pueblo Nuevo, llamado por Dios en el Espíritu Santo y en plenitud (cf. I Tes 1,5). .. En estas comuni­dades, por más que sean con frecuencia pequeñas y pobres o vivan en la dispersión, Cristo está presente, el cual con su poder dar unidad a la Igle­sia, una, santa, católica y apostólica" (LG 26). Esto significa que del plan­teamiento de la eclesiología eucarística se sigue aquella eclesiología de las Iglesias locales, típica del Vaticano 11, que representa el fundamento interior, sacramental, de la doctrina de la colegialidad, acerca de la cual debemos hablar ahora.

Sin embargo, debemos ver antes la formulación del Concilio de manera más precisa, para comprender su enseñanza en un modo correcto. En este punto, efectivamente, el Vaticano 11 se encuentra al mismo tiempo con sugerencias provenientes de la teología ortodoxa y de la protestante, que no obstante integra en una más amplia concepción católica. La idea de la eclesiología eucarística había sido expresada por primera vez en la teología ortodoxa de los teólogos rusos que se encontraban en el exilio y había sido puesta en confrontación con el presunto centralismo romano: toda comunidad eucarística, decían, es ya totalmente Iglesia, puesto que tiene enteramente a Cristo. Por consecuencia, la unidad exterior con otras comunidades no es constitutiva para la Iglesia, por lo que, se conclu­ye, la unidad con Roma puede no ser constitutiva para la Iglesia. Tal unidad es algo hermoso, ya que representa la plenitud de Cristo hacia lo externo, pero no pertenece propiamente a la esencia de la Iglesia, puesto que no se puede añadir algo a la totalidad de Cristo.

Desde el punto de partida protestante, por su parte, su representación de la Ig1esia tendía en la misma dirección. Lutero no podía reconocer al Espíritu de Cristo en la Iglesia universal, a la que por el contrario la veía incluso como instrumento del Anticristo. Tampoco podía considerar a las Iglesias estatales protestantes, que surgieron de la Reforma, como Iglesia en sentido verdadero y propio, en cuanto que eran únicamente instrumen­tos socio-políticos necesarios en vista de un determinado fin, puestos bajo la guía de los poderes políticos, pero nada más. Para Lutero, la Igle­sia se concentró en la comunidad: sólo la asamblea que escucha la Pala­bra de Dios en un determinado lugar es Iglesia. Por consiguiente él sus­tituyó completamente el término "Iglesia" con el término "comunidad". De esta manera la Iglesia se convierte, en el pensamiento de Lutero, en un concepto negativo.

Si volvemos ahora al texto del Concilio, nos resultan evidentes algunos matices. En efecto, no dice simplemente: "La Iglesia está completamente presente en toda comunidad que celebra la Eucaristía", sino que formula en cambio: "La Iglesia está realmente presente en todas las legítimas comunidades locales de fieles que, en unión con sus pastores, reciben también el nombre de Iglesias... ". Dos elementos son importantes aquí: la comunidad debe ser "legítima" para ser Iglesia y ella es legítima "en unión con sus pastores". ¿Qué significa esto? Significa en primer lugar que ninguno puede hacerse Iglesia por sí mismo. Un grupo no puede sim­plemente reunirse, leer el Nuevo Testamento y decir: Ahora nosotros so­mos Iglesia, pues el Señor está allí donde dos o tres se reúnen en su nombre. Así como la fe deriva del escuchar y no es un producto de las decisiones o reflexiones propias, así a la Iglesia pertenece esencialmente el elemento de "recibir". La fe efectivamente es un encuentro con aque­llo que no puedo discurrir o producir con mi propio esfuerzo, sino que en cambio me debe precisamente salir al encuentro. Esta estructura del reci_ bir, del encontrar, la llamamos "sacramento". Por esto el hecho de que viene recibido y que ninguno se lo puede conferir a sí mismo entra tam­bién en la forma fundamental del sacramento. Ninguno se puede bautizar a sí mismo, ni puede atribuirse a sí mismo la ordenación sacerdotal, como tampoco puede absolverse sus propios pecados. De esta estructura de encuentro depende también el hecho de que un arrepentimiento perfecto, por su misma esencia, no puede permanecer en el interior, sino que impele hacia la forma de encuentro del sacramento. Por consiguiente, si alguien se entrega la Eucaristía a sí mismo y la toma por sí mismo, no es simplemente una infracción contra las prescripciones exteriores del derecho canónico, sino una herida a la más íntima estructura del sacra­mento. El hecho de que en este sBENEEacramento el sacerdote pueda suminis­trarse a sí mismo el Sagrado Don, reenvía al "mysterium tremendum" al que se encuentra expuesto en la Eucaristía: obrar "in persona Christi" es al mismo tiempo representarlo a Él y ser un hombre pecador, que vive completamente de ese acoger su Don.

La Iglesia no se la puede hacer, se la debe recibir; es decir, recibirla de donde ella ya existe, de donde ella está realmente presente: de la comu­nidad sacramental de su Cuerpo que atraviesa la historia. Pero se debe añadir algo que ayuda a comprender esa difícil expresión "comunidad legítima": Cristo dondequiera está entero. Esta es la primera cosa im­portantísima que el Concilio ha formulado, en unión con sus. hermanos ortodoxos. Pero también El dondequiera es uno solo y por lo tanto yo puedo tener la unidad con el Señor solamente en la unidad que El mismo es, en la unidad con los demás que constituyen también su Cuerpo y que, en la Eucaristía, deben llegar a serio nuevamente. Por consiguiente, la unidad entre quienes pertenecen a las comunidades que celebran la Eucaristía no es un añadido exterior a la eclesiología eucarística, sino su condición interna: sólo en la unidad existe el uno. Por esto el Concilio apela a la responsabilidad propia de las comunidades, pero excluye toda auto­suficiencia de ellas. Esto desarrolló una eclesiología para la cual el ser católico, es decir, la comunión de los creyentes de todos los lugares y de todos los tiempos, no es un elemento externo de tipo organizativo, sino una gracia proveniente de lo interno, y al mismo tiempo, signo visible de la gracia del Señor, que solamente puede dar la unidad superando fronteras tan numerosas.

 

2. La Colegialidad de los Obispos

A la eclesiología eucarística va ligada, muy estrechamente, la idea de la colegialidad episcopal, la cual en la misma medida, también hace parte de las columnas fundamentales de la eclesiología del Vaticano 11. Esta idea se desarrolló a partir de los estudios sobre la estructura del culto divino de la Iglesia. Creo no equivocarme al afirmar que el primero que la for­muló de manera clara, abriendo así las puertas al Concilio sobre este punto, fue el liturgista belga Bernard Botte. Esto es importante en cuanto que se hace visible el nexo con el movimiento litúrgico de la época entre las dos guerras, que fue el verdadero y propio terreno de alimentación para la mayor parte de las concepciones que hemos expuesto hasta ahora. Fuera del motivo histórico, esto es importante también porque muestra el nexo interno de las ideas, sin el cual no se las puede comprender correctamente.

 

La disputa sobre la colegialidad no es una discusión entre el Papa y los Obispos acerca del poder que: tienen en la Iglesia. Sin embargo, fácilmen­te se podría degenerar en ello, de tal modo que quienes están implicados deben siempre preguntarse si no han caído en esa vía equivocada. Tam­poco es propiamente una disputa acerca de las formas jurídicas y de las estructuras institucionales. La colegialidad en su esencia, está en cam­bio ordenada a aquel servicio verdadero y propio de la Iglesia: el servicio divino (la Misa). Bernard Botte tomó este concepto de las más antiguas prescripciones litúrgicas que nos han sido transmitidas y lo concibió a partir de allí. Sin embargo esto fue objetado, aún durante el Concilio, por parte de los adversarios de la Colegialidad, quienes por su parte remitían al hecho de que la Colegialidad en el derecho romano y en el derecho de las asociaciones de comienzos de la época moderna tiene un significado que no se puede armonizar con la constitución eclesial. En efecto se pue­de encontrar allí una concepción de colegialidad que comprometería el sentido del servicio divino. Por esto es importante retornar siempre al núcleo originario de esta concepción, para protegerla de estas altera­ciones.

 

¿Qué se pretende entonces? Botte en sus investigaciones aludió a dos niveles de la idea de colegialidad. El primer nivel consiste en el hecho de que el Obispo está rodeado por el colegio de presbíteros. En este dato se expresa lo que ya antes habíamos encontrado, es decir, que la Iglesia antigua no conocía autosuficiencia por parte de las comunidades particulares. Efectivamente. los presbíteros que sirven al Obispo están juntos: el uno junto al otro forma el "consejo" del Obispo. Las comuni­dades se mantienen unidas entre ellas por medio de los Presbíteros y a través del Obispo se mantienen al interior de la más amplia unidad de la Iglesia entera. Ser sacerdote implica siempre un estar juntos el uno al otro y la subordinación a un Obispo, la cual constituye al mismo tiempo un insertarse en la Iglesia universal. Esto significa también que los Obis­pos, por su parte, no pueden actuar aisladamente, por sí solos, sino que ellos forman en conjunto ei "ordo" de los Obispos, tal como se formuló con el lenguaje del derecho romano, el cual compaginaba la sociedad en diversos "ordines". Más tarde el término "ordo" llegó a constituirse formalmente como contraseña del sacramento de la Ordenación sacerdo­tal, de cuyos contenidos esenciales forma parte la entrada en un servicio comunitario, en el "nosotros" de aquellos que sirven. El término "ordo" se alterna, por lo demás, con el de "Collegium". Ambos, en el contexto del servicio divino, significan la misma cosa: el Obispo no es Obispo a solas, sino que lo es únicamente en la comunión católica con aquellos que lo fueron antes que él, que lo son con él y que lo serán después de él. De esta manera la dimensión del tiempo está también comprendida en este término: la Iglesia no es algo que hacemos hoy, sino que la reci­bimos de la historia de los creyentes y que la transmitiremos a otros como algo incompleto que solamente se realizará plenamente con el regreso del Señor.

 

El Concilio, en una síntesis orgánica fundió esta idea con la de la suce­sión apostólica, que es un concepto también fundamental de la ordena­ción episcopal. Este recuerda que también los Apóstoles eran comunidad. Antes de obtener el nombre de Apóstoles figuran con el título de "Los Doce". La llamada de doce hombres por parte del Señor tiene un carácter de signo que podía ser comprendido por cualquier israelita ya que recuer­da :os doce hijos de Jacob, de los cuales derivó el pueblo de Israel, que constaba de doce tribus. Doce, por lo tanto, es el número simbólico del pueblo de Dios; si Jesús llama doce hombres, este gesto simbólico signi­fica que él mismo es el nuevo Jacob-Israel y que ahora con estos hom­bres inicia un nuevo pueblo de Dios. Marcos lo representó muy clara­mente en su evangelio, describiendo el acontecimiento de la llamada con estas palabras: "El los constituyó doce" (Mc 4,14). Además se sabía que doce era también un número cósmico, el número de los signos zodiacales que forman el año, el tiempo del hombre. De ese modo se subrayó la unidad entre la historia y el cosmos, es decir, el carácter cósmico de la historia de la salvación: los Doce debían ser los nuevos signos del zodía­co de la historia definitiva del cosmos. Pero volvamos a lo que nos inte­resa directamente: los Apóstoles constituyen lo que son, sólo por "el estar juntos" de la comunidad de los Doce, la cual por eso después de la traición de Judas fue nuevamente completada. Por consiguiente, se llega a ser sucesor de los Apóstoles entrando en la comunidad de aque­llos en los que su ministerio prosigue. La "Colegialidad" pertenece a la

esencia del ministerio episcopal; se vive y se realiza solamente en "el estar juntos" de aquellos que representan, al mismo tiempo, la unidad del nuevo pueblo de Dios.

Si nos preguntamos qué significa esto prácticamente, debemos responder ante todo que la dimensión católica del ministerio episcopal (como tam­bién de la consagración sacerdotal y de toda vida comunitaria) viene subrayada bastante expresamente. Las particularizaciones contradicen ra­dicalmente la idea de colegialidad. Tal como el Concilio la formuló, la colegialidad constituye en sí misma no una figura jurídica, sino más bien una anticipación teológica de primer rango tanto para el derecho de la Iglesia cuanto para la acción pastoral. El Concilio Ecuménico es la for­ma jurídica que representa la expresión más inmediata de la realidad teológica de la "Colegialidad". Por esto en el nuevo Código de Derecho Canónico el Concilio viene colocado de manera singular en el contexto del artículo sobre el colegio episcopal (nn. 336-341). Todas las demás for­mas de realización colegial no pueden aducir que se derivan directamente de este principio fundamental, sino que solamente pueden representar unas tentativas de mediación secundaria de éste en la realidad cotidiana. Se debe, por lo tanto, verificar siempre si esas demás formas correspon­der. verdaderamente al significado fundamental de este principio, que es precisamente el de sobrepasar el umbral del horizonte local para llegar al corazón del elemento común de la unidad católica, del cual hace parte . también la dimensión de la historia de la fe, que parte de los comienzos y tiende al Señor que volverá.

 

3. La Iglesia como "Pueblo de Dios"

En la exposición acerca de la idea de colegialidad viene finalmente la expresión que seguramente están esperando desde hace tiempo: la Iglesia como Pueblo de Dios. ¿Qué comporta esto? Para una mejor comprensión debemos referirnos una vez más a los desarrollos de este término que habían precedido al Concilio.

Después del primer entusiasmo por el descubrimiento de la idea de Cuer­po de Cristo, se llegó poco a poco a profundizaciones y correcciones en una doble dirección. La primera corrección ya la hemos visto al hablar de Henri de Lubac el cual concretiza la idea de Cuerpo de Cristo en rela­ción con la eclesiología eucarística, abriéndola a las cuestiones concre­tas del ordenamiento jurídico de la Iglesia y de la recíproca ordenación de la Iglesia local e Iglesia universal. La otra forma de corrección se inició al final de los años treinta en Alemania, después de que varios teólogos criticaron el hecho de que con la idea de Cuerpo Místico per­manecía sin clarificar la relación entre el elemento visible y el invisible, entre derecho y gracia, entre orden y vida. Ellos propusieron por lo tanto el concepto de "Pueblo de Dios", sacado sobre todo del Antiguo Testamento, como la descripción más amplia de la Iglesia, que por lo demás se deja manejar más fácilmente con categorías socio­lógicas y jurídicas, mientras que Cuerpo de Cristo permanecía como una "imagen", ciertamente importante, pero que no podía ser suficiente por sí sola, dada la pretensión de la teología de expresarse mediante "conceptos",

Esta crítica a la idea de Cuerpo de Cristo, que al comienzo fue bastante superficial, se fue profundizando a partir de diversos aspectos que permi­tieron luego el desarrollo de un contenido positivo, a través del cual el concepto de Pueblo de Dios entró en la eclesiología conciliar, Un primer punto importante fue la disputa sobre la pertenencia a la Iglesia que tuvo lugar a partir de la Encíclica sobre el Cuerpo Místico de Cristo, publicada el 29 de junio de 1943 por el Papa Pío XII. Allí él había establecido que la pertenencia a la Iglesia estaba ligada a tres presupuestos: Bautismo, fe recta y pertenecía a la unidad jurídica de la Iglesia, Con esto, sin em­bargo, los no-católicos eran excluidos de la pertenencia a la Iglesia. Esta afirmación condujo a intensas polémicas. sobre todo en Alemania, en donde la cuestión del ecumenismo urgía de manera muy fuerte. ya que el Código de Derecho Canónico había abierto otra perspectiva, Con base en la tradición jurídica de la Iglesia fijada en el Código, el Bautismo fun­da una forma da pertenencia constitutiva a la Iglesia que es imperdible, De esta manera es claro que el pensamiento jurídico, en determinadas circunstancias, puede dar más movilidad y apertura que una concepción "mística",

 

Se pregunta, entonces, si la imagen de Cuerpo Místico no sería demasia­do restringida como punto de partida para definir las múltiples formas de pertenencia a la Iglesia que se encuentran en la maraña de la historia humana. La imagen de cuerpo ofrece, para el problema de la pertenencia. solamente una forma de representación: la de "miembro", En esta repre­sentación no hay términos medios: son miembros o no lo son. Pero, se pregunta, ¿no es acaso un poco estrecho el punto de partida de la imagen, ya que en la realidad existen manifiestamente grados intermedios? Así nos encontramos entonces con el concepto "Pueblo de Dios" que, bajo este punto de vista, es bastante más amplio y más noble. La constitu­ción eclesial lo asumió propiamente de esta manera, cuando describe la relación de los cristianos no católicos con la Iglesia católica utilizando el concepto de "vínculo", y la relación de los no cristianos con el término "ordenación", apoyándose en ambas ocasiones en la idea de pueblo de Dios (cf. LG 15 y 16),

 

Se puede decir entonces que el concepto de "Pueblo de Dios" fue intro­ducido por el Concilio sobre todo como puente ecuménico, Lo mismo vale para el resto aunque bajo otra perspectiva, El redescubrimiento de la Iglesia, después de la primera guerra mundial, había sido un fenómeno común para los católicos y los protestantes e incluso el movimiento litúr­gico no se limitaba exclusivamente a la Iglesia católica. Pero precisa­mente este compartir los mismos intereses llevó consigo también una crítica recíproca.

 

La idea de Cuerpo de Cristo se desarrolló en la Iglesia católica en el sentido de que la Iglesia es presentada como "el Cristo que sigue viviendo sobre la tierra", describiéndola como la Encarnación del Hijo que continúa hasta el fin de los tiempos, Esto provocó la oposición de los protestantes, que vieron en ello una insoportable identificación de la Iglesia con Cristo, en la que la Iglesia, por así decir, se adoraba a sí misma y se colocaba como infalible, Algunos pensadores católicos sin llegar hasta ese punto, también fueron encontrando poco a poco que con esta fórmula se atribuía una definitividad a todo decir y obrar ministerial de la Iglesia, que hacía aparecer cualquier crítica a ella como un ataque a Cristo mis­mo, olvidando de esta manera el elemento humano de ella, Por esto, se decía, es necesario que aparezca claramente evidenciada la diferencia cristológica. es decir, que la Iglesia no es idéntica con Cristo, sino que le esto de frente. Ella es Iglesia de pecadores, que necesita siempre de nuevo purificarse y renovarse, Así, entonces, la idea de "reforma" se convirtió en un elemento decisivo del concepto de Pueblo de Dios, que no se podía desarrollar fácilmente a través de la idea de Cuerpo de Cristo.

 

Un tercer aspecto que jugó un papel en el favorecimiento de la idea de Pueblo de Dios fue el título que en 1939 el exégeta evangélico Ernst Kiisemann dio a su monografía sobre la carta a los Hebreos: "El pueblo de Dios peregrinante", Este título llegó a ser un slogan en los ambientes de los debates conciliares, puesto que hacía resonar algo que, en el curso de la discusión acerca de la Constitución sobre la Iglesia, había llegado a ser más consciente: la Iglesia no ha llegado aún a su meta.. Ella tiene su verdadera y propia esperanza todavía ante sí. De esta manera el mo­mento "escatológico" del concepto de Iglesia vino a ser claro y se pudo, sobre todo, expresar la unidad de la historia de la salvación, que como prende juntamente a Israel y a la Iglesia a lo largo de su peregrinación. Asimismo se pudo expresar la historicidad de la Iglesia, que se encuen­tra en camino y que llegará a ser completamente ella misma sólo cuando se hayan recorrido todas las etapas del tiempo y hayan desembocado en las manos de Dios, También se logró expresar la unidad interna del Pueblo de Dios, en el cual, como en todo pueblo, hay diversidad de ministerios y servicios, pero en el que a través y por encima de todas estas dis­tinciones, todos son peregrinos en la única comunión del Pueblo de Dios peregrinante.

Si se quieren resumir entonces, a grandes trazos, los elementos sobre­salientes del concepto de Pueblo de Dios que fueron importantes para el Concilio, se podría decir que allí llegó a ser claro el carácter histórico de la Iglesia, la unidad de la historia de Dios con los hombres, la unidad interna del Pueblo de Dios más allá de las fronteras de los estados de vida sacramental, la dinámica escatológica, la interinidad y fragmentariedad de la Iglesia siempre necesitada de renovación y, finalmente, también la dimensión ecuménica, es decir, las diversas maneras en las que la vin­culación y la ordenación a la Iglesia son posibles y reales. aún más allá de las fronteras de la Iglesia católica.

Con esto, entonces, se ha hecho ya también alusión a todo lo que no se puede buscar dentro del concepto de Pueblo de Dios. Quizá se me per­mita aquí referirme al tema de manera un poco más personal. en cuanto que yo mismo pude tomar parte, modestamente, en la prehistoria que condujo al Concilio, En los comienzos de los años cuarenta, cuando la idea de Pueblo de Dios había sido recientemente lanzada al debate, mi maestro de teología, basándose en algunos textos de la patrística y en otros testimonios de la tradición, había llegado a la convicción de que "Pueblo de Dios" podría ser en efecto el concepto básico de la Iglesia, mucho mejor que "Cuerpo de Cristo", Como él era un hombre muy meti­culoso. no se contentó con esta certeza aproximativa, sino que queriendo ver aún con mayor claridad, se propuso hacer escribir una serie de tesis doctorales acerca de dicha cuestión, a fin de conducir unas investigacio­nes sobre el argumento que cubrieran todas las capas de la tradición. Así me correspondió el encargo de tratar el Pueblo de Dios según Agustín. en el que mi maestro creía haber evidenciado la idea de pueblo de Dios. Cuando inicié el trabajo, vi prontamente que debía incluir también a los teólogos africanos precedentes que habían preparado el terreno a Agus­tín, especialmente Tertuliano, Cipriano. Octato de Mileto y el donatista Ticonio. Naturalmente se debían tener presentes también las teorías más importantes del Oriente, por lo menos figuras como Orígenes, Atanasio y Crisóstomo. Finalmente no se podía dejar de lado el estudio de los fundamentos bíblicos, De esta manera llegué a un resultado inesperado: el término "Pueblo de Dios" aparece muy frecuentemente en el Nuevo Testamento, pero sólo en poquísimas ocasiones (en el fondo solamente en dos) indica la Iglesia, mientras que su normal significado remite al pueblo de Israel. Más aún, allí donde el término puede referirse a la Igle­sia viene mantenido el sentido fundamental de Israel. de tal modo que el contexto deja entender claramente que ahora los cristianos han llegado a ser el nuevo Israel. Podemos entonces decir que en el Nuevo Testamento la expresión Pueblo de Dios no es una denominación de la Iglesia; pero sin embargo, puede indicar el nuevo Israel, sólo en la interpretación cris­tológica del Antiguo Testamento y pasando por consiguiente a través de la transformación cristológica.

La denominación normal de la Iglesia en el Nuevo Testamento está cons­tituida por el término 'Ecclesia', que para el Antiguo Testamento indicaba la asamblea del pueblo convocado por la palabra de Dios. El término 'Ecclesia', Iglesia, es la modificación y la transformación del concepto veterotestamentario de pueblo de Dios. Se le emplea porque en él va incluido el hecho de que sólo el nuevo nacimiento en Cristo hace que el no-pueblo se vuelva pueblo. Pablo después resumió consecuencialmente este necesario proceso de transformación cristológica en el concepto de Cuerpo de Cristo.

Debo anotar, además, antes de presentar las consecuencias de todo esto, que durante ese tiempo el estudioso del Antiguo Testamento Norbert Lohfink mostró que también en el Antiguo Testamento el término "pueblo de Dios" no se refiere simplemente a Israel en su facticidad empírica. En efecto, ningún pueblo a nivel puramente empírico es "pueblo de Dios", Colocar a Dios como un marco de una descendencia o como contraseña sociológica sólo podría ser siempre una insoportable presunción, incluso hasta una blasfemia. Israel viene indicado con el concepto de pueblo de Dios en cuanto que se ha dirigido al Señor, no simplemente en sí mismo, sino en el acto de la relación y del superarse a sí mismo, que lo hace aquello que de por sí no es. Por esto la continuación neotestamentaria es consecuente: ella concretiza este acto de dirigirse a otro, en el miste­rio de Jesucristo que se dirige a nosotros y que en la fe y en el sacra­mento nos asume en su relación al Padre,

 

¿Qué significa concretamente esto? Significa que los cristianos no son simplemente pueblo de Dios. Desde un punto de vista empírico, ellos son un no-pueblo, como cualquier análisis sociológico puede rápidamente demostrar. Dios no es propiedad de alguien y ninguno puede apropiárselo. El no-pueblo de los cristianos solamente puede ser pueblo de Dios por medio de inserción en Cristo, Hijo de Dios e Hijo de Abraham. Aunque se hable de pueblo de Dios, la cristología debe continuar siendo el centro de la doctrina de la Iglesia y ella, por consiguiente, debe ser considerada esencialmente a partir de los sacramentos del Bautismo, de la Eucaristía y del Orden. Nosotros somos pueblo de Dios únicamente a partir del Cuerpo de Cristo crucificado y resucitado. Llegamos a serio en una viva orientación hacia Él y sólo en este contexto tiene sentido el término.

El Concilio clarificó muy bien esta conexión, poniendo en primer plano también, junto con el término "Pueblo de Dios", un segundo término fun­damental para la Iglesia: la Iglesia como Sacramento. Se es fiel al Con­cilio sólo si sacramento y pueblo de Dios, dos palabras centrales de su eclesiología, se leen y se piensan juntas. Aquí podemos ver cómo el Concilio está aún ante nosotros: la Iglesia como Sacramento todavía no ha entrado en nuestra conciencia. Por lo tanto es contrario a su verdadero significado el que, a partir del hecho de que el capítulo sobre Pueblo de Dios anteceda al capítulo sobre la Jerarquía, se quiera deducir un cam­bio de concepción de la jerarquía y del laico, como si todo bautizado llevara ya en sí toda la potestad sagrada y la jerarquía fuera tan sólo un factor en vista de una buena organización. El segundo capítulo de la Lumen Gentium tiene que ver con la cuestión de los laicos sólo en cuanto viene significada la esencial unidad interna de todos los bautizados en el orden de la Gracia, subrayando así el carácter de servicio que tiene la Iglesia. Pero dicho capítulo no puede fundar una teología propia del lai­cado por el simple hecho de que al Pueblo de Dios pertenecen todos: allí se trata de la totalidad de la Iglesia y de su esencia. Cada uno de los esta­dos que se encuentran en ella vienen presentados más tarde en el siguien­te orden: Jerarquía (capítulo 3), laicos (capítulo 4), religiosos (capítulo 6). Para completar, al menos en cierta medida, esta presentación de la ecle­siología del Vaticano 11, debería ahora desarrollar los contenidos de los capítulos que quedan y también lo que se dijo acerca de la vocación uni­versal a la santidad y de la relación de la Iglesia terrena con la celeste. Pero esto supera muchísimo los límites de una conferencia. Me urgía tan sólo aludir brevemente a los cimientos sobre los que luego se puede asentar el resto.

Pero para concluir quisiera llamar la atención sobre una última cosa. La Constitución sobre la Iglesia termina con el capítulo sobre la Madre de Dios. Como es conocido por todos, la cuestión acerca de si se habría debido dedicar un texto propio fue ampliamente debatida. Yo pienso que de todas maneras fue una buena disposición el que el elemento mariano hubiera entrado directamente en la doctrina de la Iglesia. Así, en efecto, una vez más resulta visible el punto de partida del que hemos comenzado: la Iglesia no es un aparato burocrático, no es simplemente una institu­ción, tampoco una de las tantas entidades sociológicas, sino que ella es persona. Ella es femenina, es madre, es viviente. la comprensión maria­na de la Iglesia es la más decidida contraposición a un concepto de Igle­sia meramente organizativo y burocrático. La Iglesia no la podemos hacer nosotros, debemos ser Iglesia. Nosotros somos Iglesia y la Iglesia está en nosotros, solamente en la medida en que nuestra fe, más allá de nues­tro obrar, informe nuestro ser. Llegamos a ser Iglesia sólo siendo maria­nos. No podemos olvidar que también la Iglesia en su origen no fue hecha, sino engendrada. En efecto, ella fue engendrada cuando en el alma de María se suscitó el Fiat. Esta es la más profunda voluntad del Concilio: que la Iglesia se suscite en nuestras almas. Y María nos muestra el camino.


II.             HOMILÍA EN EL SANTUARIO DE SANTA ROSA 19 de Julio 1986

 

Rosa de Lima, la cual se llamaba en verdad Isabel, recibió su nombre de una mujer india que trabajaba en su casa paterna. Esta mujer simple condensó en este nombre todo lo que ella había visto y experimentado en Isabel. La rosa representa la reina de las flores y por lo tanto el proto. tipo de la belleza de la creación de Dios. La rosa no es, sin embargo, solamente placentera a nuestros ojos, sino que con su perfume crea una nueva atmósfera alrededor de nosotros, tocando así todos nuestros sentidos y, por así decirlo, nos arrebata de este mundo cotidiano hacia un mundo mejor y más alto. Ella nos alegra precisamente porque, al menos por un instante, nos hace experimentar también el bien a través de lo bello.

Esta mujer india, que ha permanecido desconocida pero que dio a Isabel el nombre de Rosa, reaccionó propiamente de esta manera ante la belleza de esta pequeña niña y, ciertamente, no sólo ante su belleza exterior y corpórea.

 

Así como la rosa no sólo parece hermosa, sino que de su interior difunde a su alrededor la belleza a través de su perfume, así seguramente debió parecerle también esta niña: por medio de su belleza exterior ella había percibido también su belleza interior. Ciertamente que esta mujer india no habría dado este nombre tan lleno de ternura y de veneración si, por parte de esta niña, no hubiera habido algo cálido y bueno que llamara su atención: el perfume del bien. En este modo de llamarla se puede advertir el afecto de esta mujer, como también, por otra parte, el hecho de que después con ocasión de la confirmación, recibida de las manos de Santo Toribio de Mogrovejo, Rosa misma haya aceptado definitiva­mente este nombre muestra su 'sí', su constante afecto por aquella mu­jer india.

En su canonización. la Iglesia ha interpretado este nombre como una forma de testimonio profético y lo ha usado en referencia a una bella expresión de San Pablo, el cual dice de sí mismo que Dios había difundido el perfume del conocimiento de Cristo en el mundo entero a través de él. "Nosotros somos el perfume de Cristo entre aquellos que se salvan" (2 Cor 2,14s). Aquello que Pablo, el apóstol de los gentiles, una vez pudo decir de su acción. vale ahora de nuevo para la pequeña Rosa, que proviene del país sudamericano. Isabel de Flores: ella se ha conver­tido en la Rosa de Lima qua difunde el perfume del conocimiento de Cristo en el mundo entero.

El afectuoso sobrenombre, que la desconocida mujer había dado a la pequeña niña, se ha revelado como una profecía y así también ella, aun­que sin nombre, toma parte siempre junto a Rosa y ambas en conjunto expresan algo original de este país y de su misión: la herencia europea junto con aquella de los indios ha dado origen a una nueva expresión de la fe; en esta nueva síntesis se encuentra el perfume del conocimiento que emana de Rosa. ¿No es sorprendente, quizá, que para una mujer, que nunca dejó 'la ciudad de Lima, valga la misma alabanza que se aplicó al infatigable apóstol de los gentiles. el cual recorrió a lo largo y a lo ancho todo el mundo hasta entonces conocido? El difundió en todo el mundo el perfume de Cristo a través de su predicación, a través de su actividad sin descanso, de su acción y de sus sufrimientos. Rosa de Lima lo ha difundido y continúa difundiéndolo hasta hoy simplemente a través de su ser. Su figura humilde y pura irradia su luz a través de los siglos sin muchas palabras; ella es el perfume de Cristo que hace resonar de sí misma su anuncio más fuertemente que a través de escritos e impre­sos. Así ella es también una gran maestra de vida espiritual. cuyas pala­bras están llenas de la profundidad de una experiencia vivida de Cristo en la consumación interior de sus sufrimientos vividos en comunión con Jesús. el Crucificado. "Me encontraba. llena de asombro, en la luz de la más serena contemplación que une todo, cuando en medio de este res­plandor vi brillar la cruz del Redentor; y al interno de este arco luminoso divisé la santísima humanidad de mi Señor Jesucristo", En estas palabras suyas se manifiesta el fundamento más profundo de su existencia: el estar inflamada por las llamas del fuego que provienen de Él. "He venido a traer el fuego sobre la tierra, y cómo quisiera que ya estuviera prendi­do!" (Lc 12,49): Rosa de Lima se dejó encender por este fuego y aún hoy de su figura llegan hasta nosotros la luz y el calor -luz y calor que transforman esta tierra oscura y fría.

 

Rosa de Lima puso en su vida espiritual tres puntos esenciales, que son válidos como programas para la Iglesia de hoy así como lo fueron en un tiempo. Como primer punto está la oración, entendida no como recita­ción de fórmulas, sino como un dirigirse interiormente al Señor, como estar en su luz, como d('j _.-c_' incendiar por su fuego santo, Los otros dos puntos esenciales provienen de aquí espontáneamente: puesto que ella ama a Cristo, el despreciado, el doliente, Aquel que por nosotros se

ha hecho pobre, ella también ama a todos los pobres que llegaron a ser sus hermanos más cercanos. El amor preferencial por los pobres no es un descubrimiento de nuestro siglo -al máximo es un redescubrimiento, puesto que esta jerarquía del amor era bien clara para todos los grandes

santos. Era clarísima sobre todo para Rosa de Lima, cuya mística del sufrimiento no es absolutamente una forma de masoquismo, sino de soli­daridad con todos los pobres y los que sufren, que brota de la solidari­dad con el Cristo doliente. De aquí deriva también su tercer punto esen­cial: la misión. A través de sus palabras y de sus reflexiones aparece una perspectiva universalista. Ella deseaba poder ir, libre de las ataduras y de los límites que comporta nuestra corporeidad, a través de las calles de todo el mundo y conducir los hombres hacia el Salvador doliente. Rosa se expresaba de esta manera: "i Escuchadme, pueblos! Escuchadme, naciones! Por mandato de Cristo os exhorto". Ahora ella está

libre del vínculo de un solo lugar; ahora ella va, como santa, por las

calles de toda la tierra. Ahora ella vuelve a llamar con la autoridad de Cristo a todos nosotros, a la entera cristiandad, a ¡vivir con radicalidad a partir del centro, de la más profunda comunión con Jesús, porque sólo así y de ningún otro modo el mundo puede ser salvado. "escuchadme, pueblos! escuchadme, naciones! Por mandato de Cristo os exhorto!" Así nos habla ella hoy. Esta mujer es, por así decirlo, una personificación de la Iglesia latinoamericana: inmersa en el sufrimiento, sin grandes medios exteriores Y sin poder, pero aferrada por el fervor de la cercanía de Jesucristo.

 

Agradezcamos al Señor por habernos dado esta mujer. Démosle gracias por el coraje de su fe. que Él ha vuelto a despertar aquí en América Latina. Pidámosle que su presencia sea cada vez más fuerte y que su perfume se extienda desde aquí a todo el mundo. Amén.


III. HOMILÍA EN "PUEBLO JOVEN" DE LIMA (20 de Julio 1986)

 

1. Al tener la oportunidad de celebrar la Eucaristía juntamente con uste­des, fieles de esta parroquia, que a su vez es parte de la Iglesia de Cristo, extendida en todo el mundo, ante todo dirijo mi mirada de agradecimien­to y de gozo al mismo Jesucristo que nos hace el don inefable de poder sentirnos hermanos, donde quiera que nos encontremos, todos los que creemos en El. Sin distinción de razas, de culturas o de lenguas, participamos al grande misterio de la salvación que Cristo nos ofrece. Permítanme que les haga alguna reflexión precisamente sobre este particular, partiendo de la segunda lectura de la Misa de hoy.

2. La segunda lectura que acabamos de escuchar es un trozo de la carta de San Pablo a los Colosenses. Estando encarcelado en Roma, Pablo llegó a saber que la Iglesia, fundada algunos años atrás en Colosas [loca­lidad que se encuentra en el centro de la Turquía actual) estaba distur­bada por corrientes de pensamiento a la moda, que procuraban minimizar el papel de Cristo. La reacción de Pablo no se podía hacer esperar: pre. sentar el misterio de la salvación en Cristo en toda su insondable profundidad. Pone en evidencia la centralidad de Jesús en la creación entera. Al lado de Él, las creaturas, sean cuales fueren, son inconsistentes. Sólo Él es el Señor. En particular, Él es como la cabeza de un inmenso orga­nismo espiritual. formado por todos los que se unen a El mediante la fe, los que, animados por su Espíritu. constituyen la gran familia de los creo yentes, es decir la Iglesia. El apóstol intuye, no sin un sentimiento ínti­mo de estupor, la grandeza de este misterio de salvación, ofrecido por Dios en Cristo a todos los hombres y presente en la Iglesia que es cuer­po de Cristo. Se siente llamado por Dios para darlo a conocer a todos los pueblos de la tierra. Llenémonos de estupor también nosotros: como miembros de la Iglesia, participamos de las riquezas inagotables del mis­terio, de Cristo. somos cuerpo de Cristo, hemos sido vital mente unidos a Él. Nadie nos puede quitar esta vocación y esta dignidad, al contrario, nuestra segura esperanza de haber sido asociados al glorioso destino de Cristo. nos puede hacer superar toda suerte de dificultades y darnos la verdadera sabiduría ante todo acontecimiento, abriéndonos incluso nuevos

horizontes de luz para resolver en manera justa los problemas de la vida. 3. Pero para que la Iglesia pueda ser cuerpo totalmente vivificado por Cristo y estar presente entre los hombres como misterio de salvación verdadera, tiene que mantenerse y desarrollarse según la voluntad de su Fundador. El reciente Sínodo extraordinario de los Obispos nos advertía: "Es necesario comprender la realidad profunda de la Iglesia y, en conse­cuencia, evitar las malas interpretaciones sociológicas y políticas sobre la naturaleza de la Iglesia",

4. La Iglesia no es una mera construcción humana, un instrumento crea­do por nosotros y que. por ello, nosotros mismos podamos reorganizar libremente a tenor de las exigencias del momento. Ciertamente, la Igle­sia está compuesta por hombres que conforman su dimensión exterior; pero, detrás de esta fachada humana está el misterio de una realidad supra humana sobre la que no pueden en absoluto intervenir los hombres. Si la Iglesia se mira como mera construcción humana. deja de ser el vehículo de nuestra comunión con Cristo. Los contenidos de la fe pue. den terminar por ser arbitrarios, perdiendo su vigor original para orientar la vida y liberar los corazones. Faltando las estructuras intangibles que el mismo Jesucristo quiso para su Iglesia, el Evangelio puede terminar por convertirse en un proyecto humano. Aun manteniendo una cierta apa­riencia religiosa. dejaría de ser sal de la tierra, fermento en la masa y luz del mundo. Separándose del Magisterio que garantiza su autenticidad para toda la Iglesia, alejaría del mismo Jesús. cabeza y principio de vida espiritual para todos. Aunque a primera vista pudiera seducir por acomo­darse más fácilmente a los deseos inmediatos, en realidad no podría dejar de demostrarse estéril a la larga.

5. San Pablo dice de sí que pasó a ser servidor de la Iglesia por la mi­sión que Dios le confió de anunciar el grandioso secreto de salvar a toda la humanidad, agregándola al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Y tiene una fe tan grande en esta sublime realidad que incluso se siente con­tente de sufrir por este motivo, asemejándose a Jesús que estableció el Reino de Dios sin ahorrarse el sufrimiento. También hoy los anunciado­res del Evangelio tienen necesidad de un suplemento de fe. En la socie­dad actual, la condición del evangelizador es singular, extraña. Su misión parece incomprensible. Hoy en día una función social que no se base en el consentimiento de la mayoría, no parece tener sentido. Eso de anun­ciar un mensaje de salvación que no sea acogida con inmediato agrado por las masas, deja en mal lugar al que lo anuncia. En estas condiciones es grande la tentación de pasar a decir cosas que satisfagan los intere­ses más concretos de los que escuchan. Pero la Palabra de Dios que nos salva, mira a los intereses supremos, da orientaciones a largo alcance. Es Palabra de vida eterna. es decir que nos orienta y nos guía. a través de este mundo. hasta la vida eterna.

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6. Amados hermanos: el gran misterio de nuestra salvación en Cristo, es decir, de nuestra vida escondida como miembros de Cristo, como parte del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, no debe ser reducido ni adulterado. Debe ser anunciado en toda su profundidad e integridad. Muchas veces son precisamente los pobres, la gente sencilla, quien mejor lo puede acoger, aun sin comprenderlo. Es un misterio. Que no pierda su fuerza perenne que le es propia para liberar nuestros corazones, para iluminar nuestras mentes, para orientar nuestra vida de cada día. Pidamos al Espíritu Santo que nos abra el espíritu para acogerlo. Es nuestro mayor título de nobleza y dignidad, haciéndonos hermanos de una única familia de hijos de Dios en Jesucristo.


 

IV.            HOMILÍA EN Cuzco (22 de Julio 1986)

 

Es una gran alegría para mí el poder celebrar junto con vosotros la Santa Misa aquí, en la más antigua sede episcopal del país, 450 años después de la institución de la diócesis de Cuzco. En esta ocasión agradecemos al Señor por todas las bendiciones que ha hecho brotar desde este lugar: damos gracias a Él por la larga historia de fe que encierra esta localidad. Cuzco fue un tiempo, durante el imperio de los Incas, el centro principal' de la adoración al Dios-Sol. Aunque tal culto podía tener muchas cosas errónea_, crueles y falsas, en su núcleo más íntimo se encontraba, sin embargo, un presentimiento de la verdad de Jesucristo. Allí, en efecto, había una búsqueda de la verdadera luz por parte del hombre, un grito del corazón hacia el Dios escondido, hacia su verdad y su fuerza salvífica, Así como en Roma, sobre el templo de Juno Moneda fue construida la Iglesia de Santa María in Araceli, para hacer visible la continuidad inte­rior entre la búsqueda pagana y la fe cristiana, de igual manera también aquí en Cuzco, precisamente sobre el templo del Sol, ha sido erigida con razón la Catedral de la diócesis que representa ahora el verdadero sol: Jesucristo, que con verdad puede decir de sí mismo: 'Yo soy la luz del mundo', Este sol, Jesucristo, no tiene en sí algo de crueldad, El mismo ha descendido en la noche de la muerte, El mismo se ha convertido en víctima sacrificial que reconcilia el cielo y la tierra. También nosotros llegamos a ser sacrificio si estamos unidos a Él, si dejamos de vivir para nosotros mismos, si lo seguimos llevando nuestra cruz y así recorremos el camino de la Resurrección.

 

Es una bella coincidencia que la Iglesia, precisamente en el día en que estamos celebrando aquí juntos la Santa Eucaristía, festeje a Santa María Magdalena. Ella ha sido considerada digna de ver, primera entre los hombres, al Señor resucitado. Ella, ha sido la primera en experimentar la alborada del Sol de la historia, Ella ha sido la primera en ser llamada por su nombre por parte del Resucitado: 'María'. Ha sido la primera en poder decir: '¡He visto al Señor!'. Por otra parte, fue a ella a quien por primera vez se dijo que no se podía retener al Señor, que no se podía

 

tenerlo sólo para sí misma, que no se lo podía encerrar en una amistad privada, independientemente de los demás. Cuando ella quería hacer esto y continuar solamente a abrazar al Señor, olvidando el reto del mundo por la alegría de haberlo encontrado, entonces le fue dicho: 'Tú no puedes retenerme, anda donde tus hermanos y dales el anuncio!'. Podemos retener con nosotros al Señor solamente en la medida en que aparentemente alejándonos de Él, lo llevamos a nuestros hermanos. Efectivamente el Señor mismo está en movimiento: El sube 'a mi Padre y vuestro Padre'. Él está en camino hacia el Padre. No lo encontramos mientras estemos tentando de retenerlo con nosotros, sino cuando nos pongamos en movimiento con El. sólo cuando subamos al Padre con El. De esta manera, en el evangelio de la Magdalena, se compendian mara­villosamente las condiciones y la dirección de todo apostolado.

La primera consiste en el amor profundo por el Señor, que hace salir é. su búsqueda desde la madrugada, es decir, sin órdenes exteriores, sin ser vistos, antes de cualquier otro deseo u obra propia. El amor no mide las horas de servicio; mantiene despierto el corazón, pues, en efecto, sólo el corazón despierto que busca puede encontrarlo. El Señor se ma­nifiesta a quien busca y así podemos decir: "Yo he visto al Señor', Y sólo quien lo ha visto puede anunciarlo. El apostolado presupone siempre un encuentro personal con Cristo, que lo conozcamos personalmente en nuestro interior. Solamente entonces podemos Elevarlo a los demás,

 

Pero, precisamente en este punto, llega una tentación: aquella de querer permanecer solo junto al Señor, de refugiarnos en la religiosidad perso­nal. En la historia de los santos se puede constatar siempre de nuevo esta tentación: basta pensar en Agustín, en Benito, en Gregorio Magno, en Francisco de Asís, Y así se presenta nuevamente la advertencia: 'No me retengas!', ¡Ve donde tus hermanos y búscame al lado del Padre! Estos dos movimientos, que aparentemente se encuentran en contraste entre sí, son en cambio inseparables el uno del otro. Quien no va donde sus hermanos pierden a Cristo mismo. Quien no lo ama junto con la Igle­sia, se aleja de Él, Quien no posee el amor por los hermanos no está en la luz, sino en las tinieblas, Sin embargo, el amor fraterno y el anuncio a los hermanos deben ser al mismo tiempo un ir hacia el Padre, un resur­gir juntos con Cristo resucitado, El amor fraterno no puede reducirse solamente a un mejoramiento del mundo, pues el mundo no se mejora si se quita aquel Sol del que depende toda vida. Amamos verdaderamente a los hermanos sólo cuando les damos una respuesta a su hambre más profunda: el hambre de la verdadera luz del mundo, del verdadero calor. aquella hambre, de la cual la historia de esta ciudad presenta un testimonio tan impresionante, Amamos verdaderamente a los hermanos sólo si los ayudamos a subir con Cristo hacia el Padre, a superar lo cotidiano y a encontrar el Sol de la historia, el Señor resucitado.

Concluyendo, podríamos resumir los pensamientos que tengo en este momento con las palabras que la Iglesia coloca en nuestros labios en la oración litúrgica de este día: "Señor, Dios nuestro…concédenos a nosotros…anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el Reino de los cielos. Amén."

 

V.               HOMILÍA EN OCASION DE LA CONFIRMACION EN LA IGLESIA PARROOUlAL DE URUBAMBA (23 de Julio 1986)

 

El significado del sacramento de la confirmación nos lo sugiere la Iglesia a través de los signos con los cuales este sacramento es conferido. Siguiendo atentamente el desarrollo de la administración de la confirmación, se puede constatar fácilmente que toda la ceremonia se subdivide en tres momentos. El primero está constituido por las promesas de la confirma­ción; sigue después la oración recitada por el Obispo con los brazos exten­didos en nombre de la Iglesia, a la cual sigue la confirmación propia­mente dicha que comprende la unción. la imposición de las manos, el abrazo de paz. Vamos a considerar un poco más de cerca cada una de estas partes­

 

1. Al principio encontramos unas preguntas que requieren una respues­ta: Renunciáis a Satanás. Creéis en Dios, Padre omnipotente, en Jesu­cristo su único Hijo, en el Espíritu Santo y en la santa Iglesia? Las pre­guntas unen recíprocamente la confirmación y el bautismo. Fueron hechas en el momento del bautismo y en la mayoría de vosotros las respuestas fueron dadas por los padres o padrinos que os prestaron su fe de la mis­ma manera en que habían puesto a vuestra disposición una parte de su vida para que pudieran nacer y desarrollarse cuerpo, alma y espíritu. Pero ahora lo que se os prestó, tiene que llegar a ser vuestro: ciertamente. como hombres siempre vivimos en reciprocidad, no solamente de lo que se nos ha prestado. mas también de lo que se nos da. Lo uno conlleva lo otro. Pero tenemos que decidimos por nosotros mismos; el don nos pertenece solamente desde el momento en que lo aceptamos. De esta manera en la confirmación continúa lo que se inició en el bautismo. La confirmación es el complemento del bautismo. Este es el auténtico sen­tido de la palabra "Confirmación"; significa refuerzo, una palabra tomada del vocabulario del derecho, que se utilizaba para indicar el procedimiento por el cual un pacto entra definitivamente en vigor.

 

De hecho, la promesa con la cual comienza la ceremonia de la confirma­ción está concebida como la conclusión de un pacto. Recuerda la conclu­sión de la alianza entre Dios e Israel en Sinaí. Entonces Dios había puesto ante Israel una opción: "Vo te he puesto delante la vida y la muerte... escoge pues la vida para que vivas" (Ot 30,19). La confirmación es vues­tro Sinaí. El Señor está delante de vosotros y os dice: Escoge la vida. Cada uno quiere vivir, sacar mucho de la vida, aprovechar la oferta de la vida en el modo mejor. Escoge la vida! Habremos escogido verdadera­mente la vida solamente cuando estamos en alianza con aquel que es él mismo la vida. La renuncia a Satanás significa renuncia al dominio de la mentira que nos engaña con el espejismo de la vida y nos lleva así al desierto. El que, por ejemplo, se deja coger por la droga, busca una exten­sión de la vida en el reino fantástico e ilimitado y al principio cree encon­trarla. En realidad, se engaña; al final no puede soportar la vida real y la otra, la falsa, en la cual había sido atrapado, se hace pedazos. Escoge la vida! Las preguntas y las respuestas de la promesa son una especie de introducción a la vida; son las señales del camino para llegar a la vida, que no siempre es cómoda. Pero lo cómodo no es lo verdadero y sólo lo verdadero es vida. Va hemos dicho que esta promesa es una especie de contrato, una alianza. Podríamos decir también: hay una seme­janza con el matrimonio. Ponemos nuestras manos en las de Cristo. Nos decidimos a recorrer nuestro camino juntos con él porque sabemos: Él es la vida (Jn 14,6).

2. La existencia cristiana supone decisión, pero no es solamente un sistema de mandamientos que exija de nosotros prestaciones morales. En nuestra existencia cristiana nosotros somos ante todo los beneficiarios, es decir, somos acogidos en una comunidad, la Iglesia, que nos sostiene. Esto resulta visible en el segundo momento de la confirmación, en la oración recitada por el obispo en fuerza de su consagración en nombre de toda la Iglesia. Al hacerla, el obispo alarga los brazos como Moisés, mientras Israel combatía (Ex 17,11s). Estas manos extendidas son como un techo que nos cubre y defiende del sol y de la lluvia; son también como una antena que nos hace presente lo que está lejos. Lo lejano, la fuerza del Espíritu Santo, se hace nuestro, al entrar dentro del radio de acción de esta oración. Para el que vive en la Iglesia son válidas y her­mosas las palabras dirigidas por el padre en la parábola del hijo pródigo al hije. mayor: "Todo lo mío es tuyo" (Le 15,31). Lo mismo que al princi­pio de nuestra vida los padres nos han asegurado su vida y su fe, así la Iglesia nos consolida en su fe y en su oración, la cual nos pertenece por cuanto nosotros mismos pertenecemos a la Iglesia. De esta manera las palabras altisonantes y en cierto sentido extrañas reciben un sentido: la oración para obtener el espíritu de sabiduría, fortaleza, piedad y temor de Dios. Nadie puede construir por sí solo la vida; para esto no bastan la sabiduría, la ciencia, la fuerza del más fuerte. Nos basta mirar los periódicos para constatar que precisamente los más fuertes, los hombres de suceso al fin no saben qué hacer de la vida y llegan a la desesperación. Por el contrario, cuando miramos el misterio de hombres que tal vez han sido muy simples, pero han encontrado la paz y la plenitud, constatamos que la clave de su misterio está aquí: no estaban solos. No tenían necesidad de descubrir la vida por sí solos. Aceptaron "el consejo" del que realmente tenía para darlo y así pudieron utilizar lo que ellos no tenían: la sabiduría, la fuerza, el consejo: "Todo lo mío es tuyo". Estaban bajo un techo que protege, no cierra, al contrario, se extiende hasta el umbral de la eternidad, el umbral de la vida a la que nos junta. Las manos del obispo nos indican dónde se encuentra este techo del que todos tenemos necesidad. Son una indicación y una promesa: bajo el techo de la confirmación, bajo el techo de la Iglesia orante vivimos al mismo tiempo prote­gidos y abiertos; en el radio de acción del Espíritu Santo.

 

Al fin sigue la administración personal de la Confirmación:

 

a) El rito comienza con la llamada personal a cada uno de los confirman_ dos. Ante Dios nosotros no somos masa. Por ello los sacramentos no se administran nunca colectivamente, sino personalmente. Para Dios toda'

persona tiene su propio rostro, su propio nombre. Dios nos llama perso­nalmente. Nosotros no somos muestras cambiables de una mercancía; somos amigos. conocidos, queridos, amados. Dios tiene para cada uno un plan propio. Nos ama a cada uno. Nadie es superfluo, ninguno un puro caso. Al oír vuestro nombre, os debería entrar al corazón la convicción: Dios me quiere, qué quiere de mí?

b) La imposición de las manos es la aplicación del gesto de las manos extendidas en la esfera de lo personal. La imposición de las manos en primer lugar es el gesto de la toma de posesión. Cuando pongo las ma­nos sobre alguna cosa, quiero decir: esto es mío. El Señor pone las manos sobre nosotros. Nosotros somos suyos. Mi vida no me pertenece. No puedo decir: esta vida es mía, puedo hacer de ella lo que quiero, puedo malgastarla si se me antoja. No, Dios me ha reservado una tarea dentro de un conjunto. Si yo destruyo mi vida o la malgasto, falta algo al con­junto. De una vida fallida emana algo de negativo para los demás. Nadie vive solamente para sí. Mi vida no es mía. Un día se me preguntará: ¿qué has hecho de la vida que te di? Su mano se pone sobre mí...

La imposición de las manos es también un gesto de afecto, de amistad. Si no puedo decir ya nada a un enfermo porque está demasiado decaído o incluso sin conciencia, entonces le impongo las manos y él experimenta una cercanía que le ayuda. Siente que no está solo. La imposición de las manos significa al mismo tiempo el afecto que Dios tiene hacia nosotros. Por esta imposición de las manos siento que me sostiene un amor al cual puedo abandonarme incondicionalmente. Me acompaña un amor que no engaña nunca y no me abandona tampoco en mis fracasos. Me asegura comprensión incluso cuando ningún otro quiere comprenderme. Él ha puesto su mano sobre mí: es el Señor.

La imposición de las manos significa igualmente protección. El Señor se compromete en mi favor. Él no me ahorra viento y tempestad, pero me protege del mal verdadero que normalmente olvidamos en todos nuestros aparatos defensivos: la pérdida de la fe, la pérdida de Dios. Si pongo mi confianza sólo en El y no me alejo yo mismo de sus manos.

 

c) Después la frente viene signada con la señal de la cruz. Es la señal de Jesucristo, con la cual a su tiempo El volverá. También ésta es un signo de posesión: apropiación a Cristo, como habíamos ya prometido en la primera parte. Es un cartel para indicar el camino. De hecho, en el camino suele haber carteles para poder orientarse hacia la meta (;Usando se viaja. Nuestros padres habían puesto con amor sobre los caminos la imagen del Crucifijo, que era como un cartel o señal. Ellos querían decir: no nos dirigimos solamente de una población a otra, de esta ciudad a otra. En todos estos viajes se pierde o se realiza nuestra vida. En todos estos caminos viene vivida nuestra vida y no solamente debemos encon­trar algunos pueblos, sino la misma vida. Tal era el mensaje de este extraño cartel: atención, no sea que termines tu vida en un sendero sin salida. Sigue este cartel. encontrarás la vida, porque Ei es el camino (Jn 14,6). Pero la cruz es igualmente una invitación a la oración. Con la señal de la cruz iniciamos nuestras oraciones, con esta señal comienza la Eucaristía, con ella se pronuncia la absolución sacramental de la peni­tencia. La cruz de la confirmación nos invita a la oraci6n, sea personal, sea la grande oración comunitaria de la Eucaristía. Ella nos dice: repi­tiendo esta señal puedes repetir la confirmación, la cual no es el rito de un momento, sino un comienzo que quiere madurar durante toda la vida. Tú penetras en el bautismo y en la confirmación todas las veces que pe­netras en esta señal. De esta manera se cumple paso a paso !a oración y la promesa de este día: la venida del Espíritu de sabiduría. entendi­miento, consejo y fortaleza. Este espíritu no se puede meter en el bolsillo y sacarlo en el momento de necesidad. Se recibe solamente viviendo en El. en el punto de contacto con El mismo nos es dado: el signo de la cruz.

 

d) La cruz nos es signada en la frente con el aceite santo consagrado el jueves santo para todo el año y para toda la diócesis. En los tiempos antiguos el aceite era un producto de belleza; un elemento fundamental de nutrición; una medicina importante; la protección del cuerpo contra los ardores y al mismo tiempo refuerzo, elemento de fuerza y de manteni­miento de la vida. De esta manera vino a ser expresión de fuerza y belle­za para la vida y, en consecuencia, señal del Espíritu Santo. Profetas. reyes y sacerdotes eran ungidos con aceite, así que el aceite vino a ser el símbolo de estos misterios. En la lengua de Israel el rey se decía sim­plemente el "ungido"; la palabra griega que traduce la hebrea es "Cris­to", De este modo la unción significa otra vez que Cristo mismo nos coge de mano; significa que Él nos ofrece la vida, el Espíritu Santo. "Escoge la vida": no es solamente una orden, es también un don. "Aquí tienes", 110S dice el Señor con el signo de la cruz trazado con aceite.

Pero también es importante lo que hemos sido; el aceite se consigue para todo el año y para todas las parroquias de la diócesis el jueves santo, Proviene de la decisión de amor manifestada definitivamente por Cristo en la última cena. Esta decisión abraza el espacio y el tiempo. El que quiere pertenecer a él. no puede cerrarse en un grupo, en una comu­nidad, en un pueblo, en un partido. Solamente cuando nos Abrimos a la fe común de todos los lugares y de todos los tiempos, estamos con él. Solamente cuando con dividimos la fe de toda la Iglesia, sometiéndonos a la misma sin pretender imponer nuestras ideas, estamos dentro de la grande corriente de su vida. La confirmación es también la superación. de todos los confines. Nos exige el abandono de nuestras ideas y deseos limitados, de nuestra pretendida ciencia para llegar a ser verdaderamente "católicos"; para vivir, pensar y obrar con la Iglesia universal.

 

Esto debe desarrollarse como ejemplo de nuestra responsabilidad hacia los pobres del mundo entero; debe desarrollarse en nuestra oración en la cual debemos seguir la liturgia de la Iglesia universal, ajustando a ella nuestras tendencias; debe desarrollarse en la forma de nuestra fe que debe modelarse sobre la palabra de la Iglesia universal y de la tradición. Él se nos da. La cruz trazada con el aceite santo es una garantía de que él nos coge de la mano, que dentro de la Iglesia su Espíritu nos toca y nos guía.

Vamos a dar ahora una mirada retrospectiva a todo lo que he sido objeto de nuestra reflexión. Me parece que la construcción del rito de la confir­mación en tres partes es también una alegoría de nuestra vida cristiana. En la sucesión promesa-oración-unción, actuamos, ante todo, nosotros, después la Iglesia y en tercer lugar Cristo y el Espíritu Santo. Podemos describir las tres partes también como palabra, respuesta y acción: noso­tros, la Iglesia, Cristo nos sustituimos sucediéndonos recíprocamente. La forma de sacramento refleja el ritmo de la vida: al principio hay sobre todo el desafío para nuestro propio quehacer. La existencia cristiana apa­rece como una decisión, como un desafío a nuestro coraje y a nuestra capacidad de renuncia y de decisión. Aparece fatigosa y la vida de los demás parece más cómoda. Pero cuanto más nos entramos en la acepta­ción de las promesas del bautismo y de la confirmación, tanto más expe­rimentamos el apoyo de toda la Iglesia. Cuando comienza a fallar 10 mío, mi deseo de obrar, de actuar, entonces comienza a manifestarse el fruto de la respuesta. Mientras para el hombre sin Dios la vida se convierte en una envoltura vacía de la cual desea librarse, el fiel experimenta cada vez más la verdad de la frase: no estoy solo. Y aunque El veces se hace oscuro, el camino conduce hacia aquel amor que nos abraza y nos sos­tiene, cuando ningún hombre nos apoya. La fe es un fundamento sólido para la causa de nuestra vida; nos asegura sostén incluso para un futuro que nadie conoce de antemano (cfr. Mt 7,24-27).

De este modo, la confirmación es una promesa que llega hasta la eterni­dad. Pero antes es una invitación a nuestro coraje y a nuestra constancia. Invitación al coraje de edificar con Cristo nuestra vida en la disponibili­dad de la fe en él, incluso cuando otros encuentran esto ridículo y supe­rado. El camino conduce a la luz. Tengamos el coraje de afrontarlo. Diga­mos: sí. A esta respuesta nos anima la administración del santo sacra­mento: "Escoge la vida". Amén.


Fecha Publicación: 2022-12-31T14:41:00.000-08:00

🕊️ «SONO VOSTRO» (SOY DE USTEDES) 

Amigos: Les comparto el bellísimo testimonio sobre Benedicto XVI por parte de mi rector FTPCL, P. Pedro Hidalgo.

Fue la frase pronunciada por el papa Benedicto XVI en el 2008, al ser presentado ante Su Santidad como Rector de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Ese «sono vostro» aludía a que en 1986 fue declarado Doctor honoris causa de nuestra casa de estudios, durante su visita a Lima, mientras servía como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

La sencillez y cordialidad del entonces Papa, su mirada límpida, su gesto paternal de estrechar las manos complementaban la frase pronunciada, junto al diálogo que prosiguió. En Benedicto XVI, desde su sencillez y delicadeza, se percibía el deseo de ser cercano a todos.

Benedicto XVI fue un creyente, que vivió la fe —como la describió él mismo— como experiencia de un Amor recibido que da sentido a la vida, como encuentro con Jesucristo, a quien proclamó como Único Señor y a quien procuró seguir con profundo amor. Vivió una fe inteligente, es decir, comprendida cada vez mejor a través de la reflexión teológica que fue para él sabiduría, saber para la vida, que transforma la existencia configurando al creyente con el Señor.

Valoró la Iglesia como presencia de Jesucristo en el mundo, no obstante el pecado de sus miembros, procurando e invitando a la fidelidad exquisita al estilo del evangelio, tarea que no puede ser solo alcanzada por el esfuerzo humano sino desde el encuentro con Dios.

En su vivencia de la fe, tuvo aquel gesto de profunda libertad, humildad y magnanimidad al renunciar al pontificado, considerando que ya había dado todo lo que podía dar a la Iglesia como Papa, y desde entonces, afirmando con la vida el valor de la oración, el recogimiento y el silencio, se fue preparando para el momento que hoy llegó, el del encuentro con el Juez que a la vez es Amigo, Hermano que ha padecido por todos.

Si dijo «soy de ustedes», hoy afirmamos con gratitud que Él es nuestro, que le sentimos cercano, por eso agradecemos a Dios por su testimonio de creyente, por su servicio a la Iglesia, y pedimos que goce contemplando el Rostro del Señor. ¡Oremos dando gracias por su vida y pidiendo su eterno descanso! Y en la certeza de la comunión de los santos, pidamos que interceda por esta Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima.

Pedro Hidalgo Díaz
Rector pro tempore

#FTPCL #FacultadDeTeología #BenedictoXVI 

Fecha Publicación: 2022-12-27T13:16:00.000-08:00

¡Qué necesario es hacer memoria de los testigos, mucho más si son mártires! Memoria escrita y gráfica. El bellísimo icono de Nati Cañada fue solicitado por la Conferencia Episcopal Española. Gratitud para nuestros cristianos, que fieles al Maestro, recibieron el don de dar su vida como el Señor, amando hasta el extremo. Dios quiera que en países como en el que vivo, el Perú, ponga en vitrina a sus mártires, como gratitud y como ejemplo a seguir para lograr un Perú en paz, reconciliado, fraterno. 


El icono es un óleo sobre tabla (2,27 x 1,53) de la pintora turolense-madrileña Nati Cañada, que trabajó en su confección desde julio de 2014 hasta enero de 2015.

La conferencia Episcopal Española quiso que Nati representara a los Mártires españoles del siglo XX, donde figuran 13 obispos que murieron asesinados durante la guerra civil española de 1936-39, por el solo hecho de estar consagrados a Dios. En ningún país han muerto tantos obispos durante una contienda bélica.

En su parte superior aparecen 12 santos mártires, que resumen la historia universal del martirio, desde San Pedro y San Pablo, pasando por Santiago, San Juan Bautista, las santas hispanas Eulalia y Leocadia, hasta los mártires del siglo XX en todo el mundo: San Tichón de Moscú, San Cristóbal Magallanes (de Méjico), Santa Teresa Benedicta de la Cruz (de Alemania), San Maximiliano Kolbe (de Polonia), San Marciano José (de Turón, Asturias) y el obispo prior de las Órdenes Militares, beato Narciso de Esténaga, mártir en Ciudad Real, que luce aquí la cruz de Calatrava, en referencia a aquella ciudad y a este templo.

 

En la parte inferior del icono aparecen 36 santos mártires, que representan a los 402 mártires del siglo XX en Madrid. En el territorio madrileño hay 32 lugares donde se veneran los sepulcros de este blanco ejército de mártires del siglo XX. Son las memorias martyrum o memoriales de los mártires, sobre los que el Arzobispado de Madrid ha publicado una guía titulada: Memoriae martyrum. Guía de los santos mártires del siglo XX en Madrid (BAC, Madrid, 2015).

Los santos mártires se agrupan bajo la Cruz gloriosa y en torno a la Madre de Dios, en su advocación de la Almudena, flanqueada por el patrono de Madrid, San Isidro, y su esposa, santa María de la Cabeza. La silueta de la catedral de la Almudena evoca la iglesia diocesana de Madrid.


"Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había transformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor,

con el perdón a sus perseguidores."

 

BENEDICTO XVI, Carta Apostólica Porta fidei, 13

 

Los mártires que aparecen en el Icono de abajo a arriba y de derecha a izquierda son:

 

1.      Beato Orencio Luis, hermano de La Salle

2.      Beata Concepción Pérez Giral, hija de la caridad

3.      Beato Jesús Gesta de Piquer, hospitalario

4.      Beata María de los Ángeles Ginard, celadora del culto eucarístico

5.      San Pedro Poveda Castroverde, fundador de la Institución Teresiana

6.      Beata María Sagrario de San Luis Gonzaga, carmelita descalza

7.      Beato Avelino Rodríguez Alonso, agustino

8.      Beata Manuela del Sagrado Corazón, adoratriz

9.      Beato José Gafo, dominico

10.  Beato Daciano, hermano de La Salle

11.  Beata Pilar Isabel Sánchez, hija de la caridad

12.  Beato Ramón Touceda Fernández, hospitalario

13.  Beato Antonio Mateo Salamero, capellán de La Salle, de Griñón

14.  Beato Vicente Toledano, párroco de Uclés (Cuenca)

15.  Beato Arturo García de la Fuente, agustino

16.  Beata Rosaura de María, adoratriz

17.  Beato Vidal Gómara, dominico

18.  Beato Teófilo Fernández de Legaria, de los Sagrados Corazones

19.  Beata Clementina Francisca, sierva de María

20.  Beato Alberto Marco Alemán, carmelita

21.  Beato Cándido Castán, laico, sindicalista católico

22.  Beato Federico Cobo, laico, postulante salesiano

23.  Beato Luis Campos Górriz, laico, de la A. C. de Propagandistas

24.  Beata Gertrudis, franciscana de la Madre del divino Pastor

25.  Beato Francos Esteban Lacal, oblato de María Inmaculada

26.  Beata María Gabriela, salesa

27.  Beato Benigno José, marista

28.  Beato Javier Goresterratzu, redentorista

29.  Beato Saturnino de Bilbao, capuchino

30.  Beato Miguel Léibar, marianista

31.  Beata Rita Pujalte, hermana de la caridad del Sagrado Corazón

32.  Beato Santiago de Jesús, trinitario

33.  Beato Juan Pedro de San Antonio, pasionista

34.  Beato Enrique Saiz Aparicio, salesiano

35.  Beata María Petkovic, fundadora de una congregación religiosa croata

36.  Beato Manuel de la Sagrada Familia, jerónimo


Fecha Publicación: 2022-12-26T14:07:00.001-08:00

TERESA DEL SAGRADO CORAZÓN (1857-1950), fundadora de las Reparadoras

Sus padres fueron Juan Pedro de Castañeda y Mercedes Coello y León. Nace en Lima un 8 de agosto de 1857, en pleno segundo gobierno del gran presidente Ramón Castilla.

Por el año 1868 Lima sintió la epidemia de la fiebre amarilla con la extrema gravedad del "vómito negro" que afectó a la familia, aunque milagrosamente –vistiendo el hábito del Carmen- se recuperó.

En 1872, con 16 años, logra que dos jóvenes chinos de su servicio doméstico se hiciesen católicos y recibiesen el bautismo. Aunque le habían prohibido que hablase con ellos, los prepara clandestinamente en su propia casa.

Hacia 1878 viaja a París donde ingresa como religiosa de la Sagrada Familia. En 1895 –con 36 años, llega a Roma con el propósito de ver al Papa León XIII y presentarle sus deseos de hacer un "supremo esfuerzo a favor de mis indios". Le recibe el 17 de marzo, le aprueba el proyecto de fundación y la envía de nuevo a su patria, Perú. En 1895, el 14 de marzo, con un grupo de hermanas se estableció en un local alquilado de la Alameda de los Descalzos, nº 79. El nuevo presidente de la República, Nicolás Piérola, le insinúa que solicite una donación para un nuevo local; se le concede el local "Convento de San Pedro Nolasco", antiguo hospital de sacerdotes y que en los últimos diez años se había alquilado a los chinos.

En marzo de 1900 los diarios capitalinos pueden publicar el siguiente anuncio: "Las Religiosas Reparadoras del Sagrado Corazón, domiciliadas en el Convento de San Pedro Nolasco, ofrecen sus servicios para la educación de la niñez de 5 a 10 años con ambientes en las mejores condiciones". Madre Teresa, enferma de bronconeumonía, debe viajar a Pacasmayo para recuperarse. A pesar de su enfermedad comienza una obra misionera con los indios.

En 1904 viaja de nuevo a Europa. En 1906 funda en Huancavelica, Tacna y Ayacucho. En 1910 en Roma, junto a la pequeña iglesia de San Egidio en Via di Porta Angelica, y en 1912 en Miraflores en la casa heredada de su madre.

En 1918 el presidente José Pardo, a través de su esposa Carmen Heeren, colaboró en sus obras. Posteriormente hay un intento de fundar en Chiclayo pero que no se logra; sí se conseguirá en Piura y Tumbes

Muere en Roma el 12 de febrero de 1950, a los 93 años, después de 50 años de una dura e intensa tribulación para cumplir los designios del Altísimo, con permanentes viajes entre Europa y América, y siempre en estado de misión para hacer vivir su vocación de la Reparación.  Se conservan sus restos en la capilla del Santísimo Sacramento de la congregación en Roma.

En la actualidad las Reparadoras están por Italia, España (3 casas), y Perú (Piura, Tumbes, La Punta-Callao, Miraflores y Barrios Altos). Como la Madre Fundadora desean: "Desagraviar al Corazón de Jesús, a ese Tipo acabado de la verdadera Reparación; trabajar con Él y por Él en avivar la fe en las almas, en alumbrar a otras con sus puras luces, en atraerlas a todas, si posible fuera, al regazo de la Iglesia".

 

SU ESPIRITUALIDAD REPARADORA EN SÍNTESIS:

Llenad los días de vuestra vida. Así os santificaréis como Dios lo quiere.
Vive según el espíritu de amor y reparación.
En la vocación no se trata de evidenciar sino de amar.
Quiero ser reparadora a toda costa, y para esto necesito de Jesús Sacramentado.
Que el espíritu de reparación informe todos vuestros actos.
La Reparación es la necesidad de nuestro siglo. Nosotras queremos realizarla, aunque sea en pequeño, con nuestras débiles fuerzas.

¿Cuál es el fin de la Congregación?
Nuestra Congregación se ha fundado para reparar las ofensas inferidas al Corazón de Jesús; para trabajar por Él y con Él a avivar la fe en las almas, y atraerlas a la unidad y comunión de la Iglesia (art. 5, const. R.R.S.C.).

¿Qué es el espíritu de Reparación?
La Reparación es ante todo la respuesta de nuestro amor al amor del Corazón de Jesús. Esta respuesta nos compromete a:
a) Reparar las injurias hechas a su amor, sobre todo en las actuaciones contra la Iglesia y el Santo Padre el Papa.
b) Agradecer los beneficios espirituales y materiales de que ha colmado al mundo.
c) Pedirle perdón por las faltas de la humanidad.
d) Preparar, con la santidad de la propia vida y la formación y orientación verdaderamente cristianas de los demás, " la Reparación de la sociedad para el porvenir…", lo que constituye una Reparación preventiva, que nos coloca "como un pequeño grano de arena, en la construcción moral de la sociedad" (art. 7, const. R.R.S.C.).

¿Cuál es la obra principal de la Congregación?
La obra de Adoración Reparadora ante el Santísimo Sacramento es la Obra primera y esencial de la Congregación. Con ella nos comprometemos a rendir a la Sagrada Eucaristía el mayor y más delicado culto, mediante la Adoración cotidiana, en espíritu de Reparación. La Obra de Adoración Reparadora se dirige directamente al "Sagrado Corazón de Jesús escondido en la Hostia Santa". Es la Obra Madre de todas nuestras Obras de Apostolado.

Como medios de cooperación en el plan de la Reparación son:
a) Asistencia a los enfermos a domicilio o en residencias nuestras.
b) Ejercicios espirituales.
c) Educación de la juventud: colegios, jardines de infancia y residencias estudiantiles.
d) Misiones de propagación de la fe o de evangelización y catequesis.

Consagramos nuestra vida enteramente a Jesús Eucaristía
- A la Santa Eucaristía, que es don divino que ha brotado del Corazón de Jesús y es, a la vez, el mismo Corazón de Jesús.
- Al Corazón Divino que está vivo en la Eucaristía, que al buscarlo en el Sagrario es llegar a su Corazón, porque en la Eucaristía nos da su presencia total, nos da toda su Persona y su Corazón en su Persona, los cuales no son algo inerte y sin vida, sino algo palpitante de vida y amor.


http://reparadora.blogspot.com/2007/05/datos-biograficos-madre-teresa-del.html

Biografía básica: Teresa del Sagrado Corazón un alma misionera con ansias infinitas de reparación  Teófilo Aparicio López : Zamora : Monte Casino, 1997 : 1997, España, 278 pp ISBN: 84-922969-0-9

 


Fecha Publicación: 2022-12-18T02:40:00.001-08:00

La interesante propuesta "Catecismo para bárbaros" del P. Javier Ravasi https://www.youtube.com/watch?v=tQHobfpFFDE en su canal https://www.youtube.com/c/qntlc me lleva a compartirles la iniciativa de Santo Toribio Mogrovejo y los prelados del Tercer Concilio Limense de resumir al máximo lo mínimo necesario para la salvación; lo ven en un sencillo volante "Suma" o en poco más de un folio "para rudos y ocupados". Ya san Agustín escribió su catecismo para "bárbaros" o "principiantes" https://www.augustinus.it/spagnolo/catechesi_cristiana/index2.htm

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma en su introducción que "el ministerio de la catequesis saca energías siempre nuevas de los Concilios. El Concilio de Trento suscitó en la Iglesia una organización notable de la catequesis; promovió, gracias a santos obispos y teólogos como S. Pedro Canisio, S. Carlos Borromeo, S. Toribio de Mogrovejo, S. Roberto Belarmino, la publicación de numerosos catecismos"

Con la publicación del Compendio del Catecismo (Junio 2005) se hace más interesante, si cabe, esta misión. Benedicto XVI, al presentarlo, manifestó su confianza en que "la Iglesia entera y a cada cristiano en particular, para que, por medio de él, cada cual pueda encontrar, en este tercer milenio, nuevo impulso para renovar el compromiso de evangelización y educación de la fe que debe caracterizar a toda comunidad eclesial y a cada creyente en Cristo de cualquier edad y nación". En fidelidad al Catecismo de la Iglesia Católica, aporta la novedad del estilo dialogal para adaptar la exposición de la fe a cada destinatario; por su parte, el uso de imágenes le servirá para retomar la belleza. Es sorprendente la coincidencia del primer número del Compendio ("Dios, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada") con el limense en la primera parte del denominado Catecismo Mayor: "El Señor y Hacedor de todo, creó al hombre para que le viese y gozase en el cielo, y todo demás hizo para que ayude al hombre a alcanzar aquella vida bienaventurada". A más de cuatro siglos de distancia, podemos aplicar al Catecismo Limense los frutos deseados por el Papa al Compendio: un aumento en el conocimiento de la fe, que "aumente también la alegría que de ella brota" y lleve a los católicos a ser "testigos entusiastas y capaces de transmitir entusiasmo" (Benedicto XVI, 5 de noviembre de 2005)

Pienso que los instrumentos catequéticos elaborados en el seno del Tercer Concilio Limense de 1583, y que guiaron la pedagogía catequética de toda la Iglesia de América del Sur por tres siglos, tienen las notas aplicadas por el Papa Benedicto XVI al Compendio, "brevedad, claridad e integridad" y "se dirige asimismo a toda persona que, viviendo en un mundo dispersivo y lleno de los más variados mensajes, quiera conocer el Camino de la Vida y la Verdad, entregado por Dios a la Iglesia de su Hijo". Especialmente el que les comparto -CATECISMO BREVE.

Tomo como base los originales conservados en el Archivo del Cabildo de la Catedral de Lima en el volumen titulado Libro Original del Tercer Concilio Limense (Fojas 37-47) Una versión facsimilar se ofreció con motivo del Quinto Congreso Eucarístico Bolivariano en 1988.

1. LA SUMA DE LA FE CATÓLICA

Lo que se ha de enseñar a los que por enfermedad peligrosa se bautizan, y, asimismo, a los viejos y rudos que no son capaces de catecismo más largo, conforme al Concilio Segundo de Lima en la Constitución y de la Tercera Sesión y conforme al Capitulo de la Segunda Acción del Tercero Yo último Concilio de Lima, es siguiente:

De Dios. Que hay un solo Dios, hacedor de todas las cosas. El cual, después de esta vida, da gloria eterna a los buenos que le sirven, y pena eterna a los malos que le ofenden.

De la Trinidad. Que este Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, que son tres personas y tienen un mismo ser. Y, así, no son tres dioses, sino uno solo.

De Jesucristo. Que el Hijo de Dios verdadero se hizo hombre por nosotros, y éste es Jesucristo, el cual con su muerte y sangre nos redimió de nuestros pecados, y resucitó y vive para siempre.

De la Santa Iglesia. Que para ser salvado el hombre se ha de hacer cristiano, creyendo en Jesucristo, pesándole de sus pecados y recibiendo el santo bautismo, o, si ya es bautizado y ha tomado al pecar, confesando sus culpas al sacerdote. Así que recibiendo los sacramentos y guardando la ley de Dios, será salvo.

2. CATECISMO BREVE PARA LOS RUDOS Y OCUPADOS

P. Decidme, ¿hay Dios? R. Sí, Padre; Dios hay.

P. ¿Cuántos dioses hay?

R. Uno solo, no más.

P. ¿Dónde está ese Dios?

R. En el cielo y en la tierra y en todo lugar.

 P. ¿Quién es Dios?

 R. Es el Padre y el Hijo y e Espíritu Santo, que son tres

 personas y un solo Dios.

 P. ¿Cómo son tres personas, y no más de un solo Dios?

R. Porque de estas tres personas, el Padre no es el Hijo ni el Espíritu Santo. Y el Hijo no es el Padre ni el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo no es el Padre ni el Hijo. Pero todas tres personas tienen

 un mismo ser, y así son no más de un solo Dios.

P. ¿Pues, el sol, la luna, estrellas, lucero, rayos, guacas y cerros no, son Dios?

R. Nada de eso es Dios, mas son hechura de Dios, que hizo el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos, para el bien del hombre.

P. ¿Cuál es el bien del hombre?

R. Conocer a Dios y alcanzar su gracia y amistad, y gozar de Él después de esta vida en el cielo.

P. ¿Pues, hay otra vida después de ésta para los hombres?

R. Sí, hay, porque las almas de los hombres no mueren con los cuerpos, como las bestias, mas son inmortales y nunca se acaban.

P. ¿Cómo alcanza el hombre la gracia de Dios en esta vida, y después de ella la vida eterna del cielo?

R. Creyendo en Jesucristo y guardando su ley.

P. ¿Quién es Jesucristo?

R. Es Dios y hombre verdadero, que siendo Hijo de Dios como lo es, se hizo hombre en el vientre de la Virgen María, y nació quedando ella virgen, y murió en la cruz por librar a los hombres del pecado.

P. ¿Pues, cómo murió, si era Dios?

R. Murió en cuanto hombre, y luego al tercero día  resucitó, y después subió a los cielos, y vive y reina para siempre sin fin.

P. Dime ahora, pues, murió Jesucristo por todos, ¿sálvanse todos los hombres?

R. Los que no creen en Jesucristo, y los que aunque tienen fe no tienen obras ni guardan su ley, no se salvan. Mas serán condenados a penas eternas del infierno.

P. ¿Y los que creen en él y guardan su ley, serán salvos?

R. Sí, serán, y gozarán en cuerpo y en alma de bienes eternos en el cielo; y, por eso, ha de venir al fin del mundo Jesucristo, a tomar cuenta a todos los hombres, para lo cual resucitarán entonces todos los muertos.

P. Pues, los malos que han pecado, dime, ¿tienen algún remedio para no ser condenados?

R. Si no son bautizados, el único remedio es hacerse cristianos e hijos de Dios y de la Santa Iglesia por el bautismo.

P. ¿Qué entendéis por la Santa Iglesia?

R. La congregación de todos los fieles cristianos, cuya cabeza es Jesucristo, y su vicario en la tierra el Papa Santo de Roma.

P. Y si son bautizados, han tornado a pecar, ¿qué han de hacer para no ser condenados?

R. Confesar sus culpas al sacerdote, arrepintiéndose de ellas.

P. ¿Y haciendo eso serán salvos?

R. Sí, serán, si permanecen en cumplir los mandamientos de Dios y de la Santa Iglesia, que son: Sr amar a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo.

3. DOCTRINA CRISTIANA

 Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 El Pater Noster. Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea el tu nombre. Venga anos el tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros las perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación. Mas líbranos, del mal. Amén.

El Ave María. Dios te salve, María, llena de gracia: El Señor es contigo. Bendita tú entre las mujeres. Y bendito el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Virgen Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte Amén.

El Credo. Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.

Y: en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro, que fue concebido por Espíritu Santo y nació de la Virgen María. Padeció so el poder de Poncio Pilatos. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos y al tercero día resucitó de entre los muertos. Subió a los cielos y está asentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso. Desde donde vendrá, a juzgar los vivos y los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, la remisión de los pecados; la resurrección de a carne y la vida perdurable: Amén.

 La Salve. Sálvete Dios, Reina y madre de misericordia. Vida, dulzura, esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos .de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, .pues, .abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, Fruto bendito de tu vientre. ¡OH clemente! ¡Oh,  piadosa! ¡OH dulce Virgen María! Ruega por nos, Santa Madre de Dios. Que seamos

 Los Artículos de la Fe. Son catorce Los siete pertenecen a la divinidad, y los otros siete a la santa humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre.

 Los que pertenecen a la Divinidad son éstos: El primero; creer en un solo Dios todopoderoso. El segundo: creer que es Padre. El tercero: creer que es Hijo. El cuarto: creer que es Espíritu Santo. El quinto: creer que es creador. El sexto: creer que es salvador. El séptimo: creer que es glorificador.

 Los que pertenecen a la Santa Humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, son éstos: El primero: creer que Nuestro Señor Jesucristo; en cuanto hombre, fue concebido por Espíritu Santo. El segundo: creer que nació del vientre virginal de la Virgen Santa María, siendo ella virgen antes del parto y en el parto. Y después del parto. El tercero: creer que recibió muerte y pasión para salvar a nosotros pecadores. El cuarto: creer que descendió a los infiernos y sacó las ánimas de los santos padres, que estaban esperando su santo advenimiento. El quinto: creer que resucitó al tercero día. El sexto: creer que subió a los cielos, y se asentó a la diestra de Dios Padre todopoderoso. El séptimo: creer que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos (es a saber) a los buenos, para darles gloria, porque guardaron sus mandamientos; y a los malos, pena perdurable, porque no los guardaron.

Los Mandamientos de la Ley de Dios Son diez: los tres primeros pertenecen a la ley de Dios y los otros siete, al provecho del prójimo.

El primero: amarás a Dios sobre todas las cosas. El segundo: no jurarás su santo nombre en vano. El tercero: santificarás las fiestas. El cuarto: honrarás a tu padre y madre. El quinto: No matarás. El sexto: no fornicarás. El séptimo: no hurtarás. El octavo: no levantarás falso testimonio. El noveno: no desearás la mujer de tu prójimo. El décimo: no codiciarás las cosas ajenas.

Estos diez mandamientos se encierran en dos: amarás a Dios sobre todas las cosas, y a tu prójimo como a ti mismo.

 Los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia El primero: oír misa entera los domingos y fiestas de guardar. El segundo: confesar una vez en la Cuaresma o antes, si ha o espera haber peligro de muerte, o si ha de comulgar. El tercero: comulgar de necesidad por Pascua Florida. El cuarto: ayunar cuando lo manda la Santa Madre Iglesia. El quinto: pagar diezmos y primicias.

 Los Sacramentos de la Santa Madre Iglesia son siete: El primero: bautismo. El segundo: confirmación. El tercero: penitencia. El cuarto: comunión. El quinto: extremaunción. El sexto: orden sacerdotal. El séptimo: matrimonio.

 Las Obras de Misericordia son catorce: las siete corporales y las siete espirituales

Las corporales son éstas: Visitar los enfermos. Dar de comer al que ha hambre. Dar de beber al que ha sed. Redimir al cautivo. Vestir al desnudo. Dar posada al peregrino. Enterrar los muertos.

 Las espirituales son éstas: Enseñar al simple que no sabe. Dar consejo al que lo ha menester. Castigar al que ha menester castigo. Perdonar al que erró contra ti. Sufrir las injurias del prójimo con paciencia. Consolar los tristes y desconsolados. Rogar a Dios por los vivos y por los muertos

 Las Virtudes Teologales Son tres: fe, esperanza, caridad:

 Las Virtudes Cardinales Son cuatro: prudencia, justicia, fortaleza, templanza.

 Los Pecados Capitales Son siete: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, acidia.

 Los Enemigos del Alma Son tres: el mundo, el demonio y la carne

 Los cuatro Novísimos Cuatro cosas son las que el cristiano ha de tener siempre en la memoria, que son: muerte, juicio, infierno y gloria.

 La Confesión General Confiésome a Dios todopoderoso, y a la bienaventurada siempre. Virgen María, y al bienaventurado San Miguel Arcángel, y al bienaventurado San Juan Bautista, y a los Santos Apóstoles, San Pedro y San Pablo, y a todos los Santos. Y a vos, padre, que pequé mucho con el pensamiento, con la palabra y con la obra. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, y al bienaventurado San Miguel Arcángel, y al bienaventurado San Juan Bautista, y a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, y a todos los Santos y a vos, padre, que roguéis por mí al Señor Dios Nuestro.

 


Fecha Publicación: 2022-12-17T03:25:00.000-08:00

Laura Gutiérrez Arbulú* Lima - Perú lorygut@hotmail.com

Ex directora del Archivo Arzobispal de Lima. Archivera y paleógrafa. Egresada de la especialidad de Historia de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

"¿Por qué custodiar los archivos eclesiásticos?" Sección ENTRE NOSOTROS Archivos eclesiásticos: documentos para la historia Alerta archivística, nº 241, diciembre 2022, pp.11-12

Como archiveros, debemos considerar que todos los fondos encomendados a nuestra custodia, sin excepción, son importantes. Esa es la ley primera y, sin ella, nuestra labor no tiene razón de ser, ya sea que se trate de archivos de una institución, de una familia o de una persona. Hablar de los archivos eclesiásticos es como abrir la "caja de Pandora", pues en ellos encontramos muchas "sorpresas" documentales. Nos referimos tanto a los archivos arzobispales, como a los obispales, parroquiales de cofradías o hermandades, conventuales, de seminarios y de órdenes religiosas. Considerando que la Iglesia Católica tuvo durante mucho tiempo injerencia en la vida política y social de nuestro territorio, su riqueza es bastante amplia y sus documentos constituyen una fuente inagotable de conocimiento sobre las sociedades que nos precedieron, abarcando no solo temas religiosos, sino también sociales, artísticos, económicos, genealógicos, lingüísticos, etc. Durante treinta años (desde 1991 hasta el 2021) dirigimos el Archivo Arzobispal de Lima y desde esta grata experiencia (pues sólo algunos pocos hemos sido premiados con la dicha de disfrutar de nuestro trabajo) podemos dar fe de esta enorme e importante archivalía, que no solo es útil a una diversa gama de estudiosos, sino también a aquellas personas que por uno u otro motivo necesitan probar su filiación y recurren a él para solicitar certificados de bautismo, matrimonio o defunción, de ellos mismos o de sus antepasados. Lamentablemente no todos los archivos eclesiásticos de nuestro país han sido vistos desde la perspectiva del servicio dirigido al estudio científico social, quedando muchos de ellos descuidados, tal vez encajonados, arrumados, en suma, abandonados a su suerte. El Archivo Arzobispal de Lima corrió el mismo destino hasta que el historiador jesuita Rubén Vargas Ugarte lo halló bajo los escombros de una habitación del anterior local del Arzobispado de Lima, derrumbada después del terremoto que sufriera nuestra ciudad en el año 1940. Gracias a él, quien supo reconocer y estudiar sus documentos, y a que fue escuchado por el entonces Arzobispo de Lima, sus documentos fueron ordenados, clasificados y puestos a disposición de los estudiosos. Hasta ese momento, el Archivo Arzobispal de Lima sólo había sido dedicado a la expedición de partidas

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 Sus fuentes documentales, pertenecientes al Arzobispado más relevante de la actual América Meridional, son de una riqueza indiscutible e invalorable. Entre ellas destacan: las visitas de Hechicerías e Idolatrías, las partituras del siglo XVIII, el Plano del Cuzco de 1640, los expedientes de beatificación y canonización; las apelaciones a las sentencias de los juicios llevados a cabo en Panamá, Quito, Chile, Cuzco, Arequipa ¿ y Huamanga; los expedientes de los matrimonios realizados en Lima desde el año 1600; los expedientes de divorcios y nulidad de matrimonios desde fines del siglo XVI; las comunicaciones dirigidas a los arzobispos que revelan las conexiones existentes entre la Iglesia y los políticos; los libros parroquiales de seis de las siete parroquias existentes en la capital virreinal desde la llegada de los españoles en el año 1535. En todos ellos encontramos minuciosamente dibujadas las costumbres sociales de la época y, asimismo, descritas sus distintas formas de hablar y escribir. Mensajes de amor, recetas de herbolarios y boticarios, relaciones de compras diarias de alimentos para preparar las comidas en los distintos monasterios limeños; causas criminales; descripciones de fiestas, de procesiones y de costumbres tanto provincianas como citadinas mezcladas con creencias religiosas prehispánicas; términos en el idioma quechua hasta hoy usados por la población; testamentos de curas y monjas, ricos y pobres, pecadores y santos, indígenas, negros, blancos y todas las mixturas raciales de nuestra ciudad; hombres y mujeres que gestaron nuestra nación. Ningún habitante se escapa de estas amplias descripciones. Hablamos de un archivo bastante completo, descrito en un 75 u 80%, contando con una Guía y también con índices y catálogos, muchos de ellos publicados, que facilitan la labor archivística y las pesquisas de los estudiosos y del público en general. Además, es el único archivo eclesiástico que ha conservado sus expedientes matrimoniales desde el año 1600, los cuales cuentan con partidas de bautismo de los contrayentes, datos genealógicos de los mismos y juramentos de los testigos, quienes muchas veces describen cómo y dónde conocieron a los nubendos.

Afortunadamente, nuestra labor descriptiva sentó un precedente y algunos de los otros obispados y arzobispados peruanos, aunque pocos, han puesto interés en ella, abriendo sus puertas a la investigación histórica y genealógica. Lo hemos visto en Piura, Ayacucho, Arequipa, Cuzco, Huaraz, Huacho y Cañete. En cuanto a la expedición de partidas, el archivero debe ser absolutamente estricto y nunca ceder ante un requerimiento de alteración de los originales. Si quien reclama estos documentos no está de acuerdo con alguna parte del escrito, deberá recurrir al Tribunal Eclesiástico para que, con documentos probatorios y ordenado por el Juez Eclesiástico mediante un decreto, se cambie el texto que solicita. Dirigir un archivo histórico de esta envergadura no ha sido fácil, pues algunas autoridades mal entendieron nuestro minucioso y sigiloso trabajo. Empezamos haciendo nuestra labor a mano y muy calladamente; luego vendría el reconocimiento a esta labor con donaciones de computadoras y estanterías. También tuvimos que mudarnos dos veces, buscando siempre la mejoría en ambientes más adecuados para la conservación de los documentos, aunque no fueran los ideales. Con estos cambios de destino, lamentablemente sufrimos algunas pérdidas de documentos, hecho que nos llena de preocupación y tristeza, pues para el sustractor no se considera bajo ningún aspecto la importancia de nuestra profesión, ni el respeto que se debe tener a este nuestro arduo trabajo, ni la riqueza del patrimonio nacional que custodiamos. Sigamos adelante el camino de la honradez y seamos fieles a nuestro lema de archiveros: "Estamos para servir y ayudarnos los unos a los otros". Y, a pesar de los impases de la vida, creemos fervientemente que es una profesión que nos debe llenar de orgullo y satisfacción


Fecha Publicación: 2022-12-13T14:45:00.000-08:00




La historia de los quince santos que pasaron por las aulas de la USAL

Ediciones Universidad de Salamanca recoge en una publicación la biografía de unos personajes que marcaron su tiempo y consiguieron el reconocimiento de la Iglesia

La historia de los quince santos que pasaron por las aulas de la USAL
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Isabel Andrés Rodríguez
Isabel Andrés Rodríguez
Martes, 13 Diciembre 2022, 00:15

Con más de ocho siglos de historia a sus espaldas, las aulas de la Universidad de Salamanca han visto casi de todo y por ellas han pasado personalidades de todo tipo y de todos los ámbitos. Algunos de ellos son de reconocido prestigio y a la cabeza de todos vienen nombres como Unamuno, Nebrija o Fray Luis. Sin embargo, hay otros personajes que pueden pasar desapercibidos, son desconocidos para muchos, pero que fueron muy influyentes en su tiempo y consiguieron el reconocimiento de la Iglesia católica.

Ahora la Universidad de Salamanca ha recogido en una publicación la biografía de quince personas que tienen el título de Santidad o están cerca de serlo como homenaje y reconocimiento por su contribución a la historia del Estudio charro. La obra, titulada 'Los Santos en la Universidad de Salamanca', está publicada por Ediciones Universidad de Salamanca y coordinada por los profesores Emiliano Fernández Vallina y Antonio Heredia Soriano.

Ambos han reconocido la importancia de una obra pionera y que pretende ser un "reconocimiento que la Universidad les hace porque ellos le dieron relevancia a la USAL". Se trata de la biografía de quince personajes que "tuvieron una inteligencia extraordinaria y fueron predicadores insignes, escritores y pioneros en muchos aspectos". "Los santos también son héroes, héroes cristianos, pero héroes al fin y al cabo", ha asegurado Emiliano Fernández durante la presentación de este volumen.

"Este libro refleja la intrahistoria de la Universidad. Entramos en los vericuetos de la USAL y de su historia por un lado desconocido", reconoce Antonio Heredia. Y es que, durante mucho tiempo ser reconocido como santo fue el reconocimiento más importante que podía conseguir una persona, por lo que estos quince personajes son "un grupo de personas que más allá de su fe han desarrollado acciones como pocas y han conseguido un reconocimiento internacional", ha apuntado el profesor Enrique Cabero.

Se trata de 14 hombres y una mujer, Santa Teresa de Jesús, que, aunque no fue ni profesora  ni alumna, forma parte de la Universidad de Salamanca como miembro de su claustro.

Esta es la historia de los quince santos que esta publicación recoge en sus páginas:

1. San Juan de Sahagún

Juan de Sahagún llegó a Salamanca con 25 años y comenzó sus estudios en la Universidad de Salamanca hacia 1457 y 1458. Desde entonces, su nombre siempre estuvo ligado a la ciudad charra, de la que es patrón. Fue beatificado por el papa Clemente VIII en 1601 y canonizado por el papa Alejandro VIII en 1691. Famosos son sus logros en la capital salmantina, donde consiguió apaciguar el enfrentamiento entre Los Bandos y, con sus oraciones, librar a la ciudad de la peste del tifus negro. Recordados son también sus dos milagros: elevar el nivel del agua de un pozo para salvar a un niño que se había caído en él y detener a un toro bravo que se había escapado por las calles de la ciudad. Dos calles recuerdan estos acontecimientos: Pozo Amarillo y Tentenecio.

2. Santo Tomás de Villanueva

Tomás García Martínez ingresó en la Orden de San Agustín de Salamanca en 1516 y fue profesor de la USAL, consejero y confesor de Carlos I. Tuvo éxtasis místicos en misa cuando rezaba los salmos. Fue canonizado en 1658 por el papa Alejandro VII.

3. San Pedro de Alcántara

Estudió leyes en la Universidad de Salamanca, aunque tomó el hábito en 1515. Fundó el convento más pequeño del mundo y fue muy querido por todos los fieles de los lugares que visitó. Fue beatificado por el Papa Gregorio XV en 1622 y canonizado por Clemente IX en 1669.

4. San Juan de Ávila

Fue un sacerdote y escritor muy influyente en su tiempo. Llegó a Salamanca en 1514 para estudiar leyes, aunque lo dejó a los cuatro años debido a su devoción. Fue beatificado en 1894 por el papa León XIII, mientras que en 1946 Pío XII lo declaró Patrono del clero secular español y Pablo VI lo canonizó en 1970. Además, fue declarado Doctor de la Iglesia en 2012 por el papa Benedicto XVI.

5. San Alonso de Orozco

Es otro de los grandes escritores místicos del Siglo de Oro y también fue estudiante de la Universidad de Salamanca. Contó que comenzó escribir tras un sueño en el que la Virgen le ordenaba que escribiera. Fue nombrado beato por el papa León XIII en 1882 y canonizado por Juan Pablo II en 2002.

6. Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa es, sin duda, una de las grandes místicas de su tiempo y una mujer pionera en su vida. Aunque no pisó las aulas de la Universidad de Salamanca, forma parte de su claustro y es la primera mujer nombrada Doctora Honoris Causa en la institución académica salmantina hace ahora cien años.

7. San Juan de Ribera

Estudiente de la Universidad de Salamanca, fue uno de los personajes más influyentes de su tiempo, en el que se produjo la Contrarreforma de la Iglesia católica. Fue beatificado en 1796 y canonizado por el papa Juan XXIII en 1960.

8. Santo Toribio de Mogrovejo

Estudió en la Universidad de Salamanca, de la que también llegó a ser profesor de Leyes. Además de sacerdote, arzobispo y misionero, fue designado como inquisidor general de Granada. Fue beatificado en 1679 por el papa Inocencio XI y canonizado en 1726 por el papa Benedicto XIII.

9. San Juan de la Cruz

Es, junto con Santa Teresa, cumbre de la mística cristiana y cuyos poemas se han convertido en obras cumbre de la literatura española. Fue estudiante de la Universidad de Salamanca, beatificado en 1675 por Clemente X y canonizado por Benedicto XIII en 1726. Además, en 1926 Pío XI lo proclamó Doctor de la Iglesia Universal.

10. San Simón de Rojas

Destacó por su intelecto como estudiante de la Universidad de Salamanca, donde también llegó a ser profesor al hacerse cargo de las clases de Marcos de Sepúlveda durante su ausencia. Fue un gran devoto de la Virgen y fundó la Congregación de los Esclavos del Dulcísimo Nombre de María para el servicio de pobres y enfermos de Madrid. Fue beatificado por Clemente XIII en 1766 y canonizado por el papa Juan Pablo II en 1988.

11. San Miguel de los Santos

Este trinitario es reconocido por sus experiencias místicas. Estudió teología en la Universidad de Salamanca en torno a 1614, donde vivió una de sus experiencias místicas más reconocidos. Según cuentan, asistía a una clase del maestro Antolínez cuando dio un grito y entró en éxtasis. En ese momento quedó elvado del suelo sobre la cabeza del resto de alumnos durante más de un cuarto de hora. Su profesor dijo: "Cuando un alma está llena del amor de Dios, difícilmente lo puede ocultar". Fue canonizado por el papa Pío IX en 1862.

12. Juan de Palafox y Mendoza

Otro estudiante de la Universidad de Salamanca que se convirtió en un hombre influyente en su tiempo. Fue obispo en Tlaxcala, en la Nueva España, donde destacó por sus esfuerzos en proteger a la población indígena.

13. Marie-Joseph Lagrange

Fue un teólogo francés que llegó a Salamanca tras la expulsión de los dominicos del país galo. Aquí fue estudiante de la Universidad de Salamanca y, posteriormente, fue destinado a Jerusalén para participar en la fundación de la Escuela Bíblica.

14. Juan González Arintero

Sacerdote y teólogo, fue estudiante de la Universidad de Salamanca entre 1881 y 1886. Su trabajo contribuyó a la restauración de los estudios místicos en España a comienzos del siglo XX y destacó por conciliar la fe y los postulados científicos.

15. Beato José Polo Benito

Clérigo y escritor salmantino, fue el promotor del viaje de Alfonso XIII a Las Hurdes en 1922. Fue catedrático de la Universidad de Salamanca y realizó una intensa actividad intelectual y periodística. Fue condecorado con la Cruz de Oro del Santo Sepulcro de Jerusalén y beatificado por el papa Benedicto XVI en 2007. La calle Deán Polo Benito recuerda su figura en el callejero de la capital charra.

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COORDINADORES/AS:
Emiliano Fernández Vallina, Antonio Heredia Soriano

RESUMEN

Esta importante obra muestra excelentes trabajos que versan sobre los Santos de la Universidad de Salamanca. Con gran originalidad pone de manifiesto el vínculo de la Universidad con una forma de vida en un inicio estrechamente ligada a la vida cristiana, dividida por aquel entonces entre la vida diocesana y monástica.

Se reflejan las tradiciones cristianas que se remontan a las primeras comuni­dades que, tras el reconocimiento de la religión cristiana como religión lícita con el edicto de Milán (en el año 313) y su posterior conversión en religión oficial del imperio romano, volvieron a recuperar el sentido de sacrificio que Cristo mismo asumió en la Cruz. Y optaron inicialmente en separarse o apartarse de la vida de la sociedad de entonces. Esta separación les permitía llevar una vida contempla­tiva y de oración: algo típicamente bíblico. Así, el individuo que escogía dicha forma de vida, pretendía dedicarse íntegramente a la contemplación entendida como comunicación con la divinidad a través de la oración.

Este modo de entender dicha separación refleja precisamente el sentido del qadosh hebreo y el qadish arameo recogidos en el texto bíblico y cuyo significado no es otro que ser o estar separado. De hecho, el sentido de la santidad de Dios en el contexto bíblico refleja esta realidad de estar separado de tener un lugar específico donde solo el sumo sacerdote podía entrar para cumplir con el ritual o la liturgia que escenifica estar en un lugar sagrado, exclusivo de lo Sagrado y, por tanto, separado. Moisés denominó este lugar el Santo de los Santos, la morada del Dios de Israel.

Este lugar único e inaccesible a la comunidad y el significado de estar separado pasó al cristianismo y se manifiestó en la estructura litúrgica, sobre todo oriental, heredera directa de las tradiciones bíblicas del templo. Pero este símbolo se refle­jaba no solo en el edificio de culto sino también en el ejemplo de vida que llevaban los Santos Padres y Doctores de la Iglesia que se consagraban por completo a Dios. Por ello, tenían que separarse o apartarse para dedicarse íntegramente a la vida contemplativa y así asemejarse cada vez más a la vida del tres veces Santo, tal y como nos lo relata la visión de Isaías, según la cual los ángeles cantaban «Santo», «Santo» «Santo» o «qadosh» «qadosh», «qadosh» es el Señor Sheba'ot. Así pues, el sentido de santidad, es en realidad una entrega por completo a Dios. Por ello, toda la vida del consagrado a Dios consiste en ir acercándose cada vez más al ejemplo y aspirar a alcanzar la semejanza con Dios. La santidad consiste, por tanto, en este proceso de separarse o apartarse de lo material para entregarse a Dios por medio de oración. Esta entrega solo se consigue de forma perfecta siguiendo el ejemplo perfecto, que es Dios. Esto solo se logra a través de la contemplación que crea ese diálogo perfecto entre el Creador y la creatura. Así se genera una simbiosis per­fecta entre ambos, donde el santo se encamina hacia el ideal de la vida cristiana auténtica: vivir intensamente el sentirse parte del cuerpo glorioso de Cristo cuya conversión plena se consigue con el proceso de lex orandi.

De hecho, para alcanzar la santidad, la Iglesia pone una serie de condiciones, de las cuales, la más llamativa o característica es el modo de vida que escogen esos gigantes, cuya renuncia los lleva a separarse de lo material para gozar lo espiritual en su plenitud. Posteriormente, el concepto de santidad fue sumando más adjetivos y funciones que requerían una preparación cada vez más exigente. La vida comunitaria monástica brindó la ocasión para que, también a través del estudio teológico-bíblico litúrgico, se pudiera contemplar el camino hacia la santidad. Por ello la Iglesia fue proponiendo esta calidad única a quince grandes figuras de la Universidad de Salamanca.

Hoy día resulta curioso observar una actitud marcada por la ignorancia que no da importancia alguna a esta realidad. Estamos viviendo un período, donde estos conceptos no se ponen en valor por falta de lectura y desconocimiento de nuestro legado cultural cuya base fundamental se debe exclusivamente a esas figuras, a esos sabios eruditos cuya contribución forjó y cimentó durante siglos una sociedad cuyos principios básicos fueron la piedra angular para el continen­te europeo. Además, estos santos de la Universidad de Salamanca contribuyeron enormemente a construir ese legado que en muchos círculos académicos no se valora en su justa medida.

El modo de vida cristiano, la entrega y el estudio encontraron en ellos su simbiosis. Su memoria nos permite gozar de una riqueza sin parangón. Sus actos y su ejemplo de vida nos han revelado una realidad que conduce a la felicidad de una forma natural y sencilla. Esta obra refleja precisamente esta realidad. Nos muestra figuras de primera categoría en el estudio y contem­plación y en la forma de vida que constituyen un ejemplo a seguir. Su lectura nos revelará que, aun siendo hombres y mujeres sencillos, desprendían una fuerza interior extraordinaria y arrolladora que los convirtió en personas es­peciales, escogidas, separadas y apartadas para cumplir una misión indefinida. No fueron nombrados santos solo por su sabiduría académica, sino también por su ejemplo de vida que mostraba su grandeza a través de su sencillez. Así, ya en vida, la santidad emanaba de ellos porque se consagraron al tres veces Santo cuya luz ilumina, transforma y regenera a la persona que se consagra y se entrega a un ideal que solo la Palabra revelada y hecha Carne fue capaz de expresar en su plenitud para la humanidad.

En definitiva, los santos de Salamanca forman parte de estos elegidos que experimentaron la transformación divina porque se separaron del mundo para entregarse y para posteriormente alcanzar la santidad por su ejemplo de vida entregada al estudio y la contemplación. Estos son los santos de Salamanca.

Ediciones USAL ha presentado en la mañana de hoy el libro "Los Santos en la Universidad de Salamanca", coordinado por los profesores jubilados Emiliano Fernández Vallina y Antonio Heredia Soriano, en el que se reúne la vida y obra de 15 estudiantes y/o profesores que fueron proclamados santos o en fase de beatificación o canonización por la iglesia católica.

Esta obra, totalmente novedosa en su concepción, quiere mostrar una faceta insigne de la historia de la Universidad de Salamanca, nunca abordada de modo conjunto: la de las personas que llegaron a la cima de la perfección en la vida del espíritu. Personajes que transitaron por las calles de Salamanca y asistieron a las clases, desde los bancos o desde la tribuna del Estudio salmantino, o como santa Teresa de Jesús, nombrada doctora honoris causa. Son, por tanto, santos oficialmente, declarados tales por la autoridad de la iglesia católica.

Para los profesores Fernández Vallina y Heredia Soriano se trata de "un deber de pública gratitud que cumplir con tales alumnos y profesores" y justificaron su publicación para "dar a conocer una realidad de su centenaria historia, a la vez íntima por escondida en el corazón de sus protagonistas y a la vez encarnada en unas personas que, poco o mucho tiempo, pertenecieron a esta Alma Mater".

Nombres y sus autores

Los nombres y los autores son los siguientes: San Juan de Sahagún (1430-1479), por Emiliano Fernández Vallina (USAL); Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), por Francisco Javier Campos (OSA. R. C. Universitario de El Escorial); San Pedro de Alcántara (1499-1562), por Salvador Andrés Ordax (UVA); San Juan de Ávila, (1500-1569). Doctor de la Iglesia, por Mª Jesús Fernández Cordero (UPCO); San Alonso de Orozco (1500-1591), por Teófilo Viñas Román (OSA. Monasterio de El Escorial); Santa Teresa de Jesús (1515-1582). Doctora. de la Iglesia y honoris causa por la Universidad de Salamanca, por Mª Jesús Mancho (USAL); San Juan de Ribera (1532-1611), por Antonio Carreras Panchón (USAL); Santo Toribio de Mogrovejo (1538-1606), por Enrique Cabero Morán (USAL); San Juan de la Cruz (1542-1591). Doctor de la Iglesia, por Elena Llamas Pombo (USAL); San Simón de Rojas (1552-1624), por Pedro Aliaga Asensio, (OSST. Roma.); San Miguel de los Santos (1591-1625), por Isidoro Murciego (OSST. Roma); Beato Juan de Palafox y Mendoza (1600-1659), por Antonio Heredia Soriano. (USAL); Siervo de Dios Marie-Joseph Lagrange (1855-1938), por Ricardo de Luis Carballada (OP. Salamanca); Venerable Juan González Arintero (1860-1928), por Manuel Ángel Martínez Juan (OP. Salamanca); y Beato José Polo Benito (1879-1936), por Mercedes Samaniego Boneu (USAL).

Además de estos personajes, sobre los que hay constancia, datos oficiales o históricos, escritos, documentos y representaciones, hay otros posibles que también habrían podido incorporarse, según los coordinadores, como Francisco de Aguiar y Seijas, arzobispo de México o el primer obispo de Michoacán, el madrigaleño Vasco Vázquez de Quiroga.

La obra fue presentada en rueda de prensa por Ana Martín Suárez, vicerrectora de Ciencias de la Salud y Asuntos Sociales; Emiliano Fernández Vallina y Antonio Heredia Soriano, coordinadores de la obra; y de Enrique Cabero Morán, uno de los autores y miembro de la Junta de Capilla, previa a un acto celebrado en la Capilla de San Jerónimo del Edificio de las Escuelas Mayores, al que se sumaron también el director de Ediciones USAL, Jacobo Sanz Hermida, y otras dos autoras, las profesoras Elena Llamas Pombo y Mª Jesús Mancho Duque.


Fecha Publicación: 2022-12-10T02:53:00.001-08:00

Su fama de santo es unánime y persistente. Nacido en Macotera, párroco en Santa María de Sando, al estilo del Cura de Ars, adelantándose a la actual práctica pastoral de Iglesia sinodal y salida, contando con laicos eminentes como la maestra Teresa Cuadrado -tía del mártir don José Luis García Cuadrado- los dos de mi pueblo (Rollán, Salamanca); luego que ingresa en la Compañía de Jesús, será director espiritual de numerosos obispos y sacerdotes. Fue declarado venerable en el 2019. Está enterrado en la parroquia del Milagro de San José, Salamanca, por mi barrio del Alto el Rollo. Siempre que vuelvo a mi tierra me encomiendo a este jesuita "tan feo como santo" y fue un santazo.

 

García Nieto, Manuel. Macotera (Salamanca), 5.IV.1894 – Comillas (Cantabria), 13.IV.1974. Jesuita (SI), formador de sacerdotes.

Inició la carrera sacerdotal a los catorce años, que concluyó en el seminario de Salamanca en 1920. Trabajó seis años al servicio de su diócesis, los dos primeros con el cargo de coadjutor en Cantalapiedra, y los otros cuatro como teniente cura en la parroquia de Santa María de Sando y su anejo El Valejo. Desde el principio fue un modelo de sacerdote, "tras las huellas del Cura de Ars", como dice su biógrafo Benigno Hernández. Uno de los frutos de su acción sacerdotal fue la abundancia de vocaciones que suscitó entre los jóvenes de su parroquia.

El 30 de julio de 1926 ingresó en la Compañía de Jesús. Hizo su noviciado en Carrión de los Condes (Palencia) y Salamanca (1926-1928) y pasó un curso en Oña (Burgos) repasando la Teología (1928- 29). Después fue destinado al seminario de Comillas (Cantabria) con el cargo de director espiritual de los seminaristas. Puede decirse que ése fue el único destino de su vida. Primero fue padre espiritual de los seminaristas pequeños (1929-1930) y, desde el curso siguiente, de los seminaristas mayores, a los que durante algunos años dio clases de Teología Pastoral y Teología Ascética y Mística. Cuando estalló la Guerra Civil estaba dando el mes de Ejercicios Espirituales a un grupo de sacerdotes. El 12 de agosto de 1936 fue detenido con toda la comunidad y conducido por un piquete de milicianos a Santander. Allí vivió disperso cinco meses, animando a los seminaristas dispersos y realizando actividades pastorales en la clandestinidad, en medio de no pocos peligros, pues en ese tiempo fueron asesinados veinticinco de los detenidos en Comillas (ocho jesuitas, once sacerdotes y seis seminaristas). En enero de 1937 logró un salvoconducto para trasladarse a Vizcaya, donde permaneció refugiado hasta el mes de junio. En agosto las tropas de Franco ocuparon Comillas, donde se reanudaron los estudios. El padre Nieto volvió a ejercer su cargo de padre espiritual de filósofos y teólogos desde 1937 hasta 1951, año en que se encargará exclusivamente de la dirección espiritual de los teólogos y de la Congregación Mariana.

Los años de mayor influencia del padre Nieto coinciden con los años de plenitud de la Universidad de Comillas, cuando la formación académica era inseparable de la espiritual. Nieto dejó una huella profunda en los sacerdotes de aquella generación. Su aspecto exterior era singular: rostro deforme, andar renqueante y voz enronquecida. Pero su capacidad de persuasión era enorme, y ello se debía no a las cosas que decía, sino al ardor con que comunicaba sus convicciones.

Todos coincidían en que era un santo que vivía intensamente lo que predicaba. Dormía poco, oraba mucho y dedicaba el resto del tiempo a la dirección personal de los seminaristas y a la animación de las secciones o equipos de la Congregación Mariana (caridad, acción social, apostolado del mar, misiones, catecismos, etc.). Era un hombre muy caritativo con todos los necesitados. En los años de escasez de la posguerra su cuarto parecía una tienda de ultramarinos, donde se acumulaban ropas y víveres para los pobres.

Dedicaba los veranos a dar Ejercicios Espirituales a sacerdotes o religiosos por toda España. Dirigió al menos veinte veces el mes completo de Ejercicios, que causaba un impacto especial.

La crisis conciliar de los años sesenta llegó también al seminario de Comillas. No se ponía en duda la santidad del padre espiritual, pero se empezaron a cuestionar sus métodos. Nieto sufrió con los cambios, pero mantuvo siempre su confianza en la Iglesia.

El traslado de la Universidad a Madrid en 1968 consumó su desplazamiento definitivo. En Comillas vivió sus últimos años como un ejemplo viviente de entrega a Dios. Cuando murió era voz común que había muerto un santo. Sus restos fueron trasladados a Salamanca, y está abierta su causa de beatificación.

Obras de ~: Ideario ascético del P. Manuel Nieto, recop. de C. García del Valle, Salamanca, Postulación Diocesana, 1990; Breve autobiografía del P. Nieto, ed. B. Hernández, Salamanca, Postulación Diocesana, 1990; Textos íntimos del P. Nieto, Salamanca, Postulación Diocesana, 1990.

 

Bibl.: Positio P. Emmenuelis García Nieto Societatis Iesu Sacerdotis, 1894-1974, Romae, Congregatio de causis sanctorum, s. f.; J. L. Castillo Puche, Sin camino. Novela, Buenos Aires, Emecé, 1956, págs. 52-53; "Últimos días y muerte del P. Nieto. Cartas y relaciones", en Unión Fraternal, n.º 286 (enero de 1975), págs. 1-86; B. Hernández Montes, El Padre Nieto. Una vida para Cristo, Madrid, UPCO, 1988; E. Gil, "P. Manuel García Nieto", en La Universidad Pontificia Comillas. Cien años de historia, Madrid, Universidad Pontificia de Comillas, 1993, pág. 112; A. Fernández Díaz-Nava, "El P. Manuel García Nieto, director espiritual del la Universidad Pontificia Comillas (1894-1974)", en XX Siglos, XII, 47 (2001/1), págs. 35-37; C. Santos, "García Nieto, Manuel", en Ch. E. O'Neill y J. M.ª Domínguez, Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús. Biográfico-Temático, vol. II, Roma- Madrid, Institutum Historicum, S.I.-Universidad Pontificia Comillas, 2001, pág. 1576.

 

Manuel Revuelta González, SI

https://dbe.rah.es/biografias/20341/manuel-garcia-nieto

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Jesuitas Y Teologia - P. Manuel García Nieto S.J. ... - Facebook

https://es.scribd.com/document/399699735/El-padre-Nieto-El-alma-bella-de-un-santo-feo-Religio-n-Digital


https://es.scribd.com/document/91653808/El-Padre-Nieto-una-vida-para-Cristo


Fecha Publicación: 2022-12-04T03:01:00.000-08:00

Mons. Atanasio Jáuregui Goiri nace el 6 de abril de 1877 en el caserío de Ametza, Larrabezúa (Vizcaya).

De ascendencia catalana, fue hijo de Rafael y Catalina. Ingresó en los Pasionistas el 19 de junio de 1893, ordenado sacerdote el 9 de abril de 1901. Superior de la Misión del Perú el 28 de diciembre de 1912. Superior provincial en septiembre de 1920. Nombrado Prefecto de Yurimaguas 27 de febrero de 1921, partió de Bilbao el 25 de noviembre para el Perú acompañado de los PP. Felipe de Santa Teresa y Jenaro de san Francisco, así como como de los Hermanos Juan María de San José y Francisco de la Pasión. Llegó el 8 de febrero de 1922 y nos lo relata así:

"Cual fatigado viajero que al llegar a la meta de una elevada montaña sienta a descansar y desde allí contempla con su vista e imaginación, todo satisfecho, el áspero trayecto recorrido, de la misma manera descansamos nosotros en la cúspide de nuestro viaje que finalizó aquí…Nuestro primer impulso fue caer de rodillas delante del Señor, para desahogar nuestro pecho en prolongada acción de gracias"

Sin dejar las parroquias recibidas de Mons. Lissón en la primera hora de su llegada al Departamento de San Martín con 45.202 km. De extensión, los misioneros se encargaban de la recientemente creada Prefectura Apostólica de San Gabriel de la Dolorosa en el Departamento de Loreto con 46.000 km2, que en total suma 91.202. La sede de la misión será Yurimaguas, la Perla del Huallaga y enseguida en Santa Cruz, Lagunas, Chamicuros, Marañón, Balsapuerto, Chayavitas.  Los misioneros anuncian el evangelio sin cansancio; organizan la catequesis e invitan a los cristianos más comprometidos a ingresar en diversos grupos y cofradías; visitas a loas familias, dan testimonio de una vida austera y edificante; vestidos con el hábito pasionista. Su visita persigue estudiar las necesidades pastorales y educativas, así como organizar la vida cristiana (catecismo, sacramentos, construcción de capillas…). Pronto establecen iglesias y casas misionales en Balsapuerto, Lagunas, Santa Cruz y el Marañón. Como símbolo de la acción evangelizadora se construye la Catedral de Yurimaguas, dedicada a Nuestra Señora de las Nieves

Paralelo a esta misión se aborda el problema educativo, el social, el de la salud, creando de 1937 a 1948 22 centros educativos a lo largo de los ríos Huallaga, Morona, Marañón, Pastaza y Cahuapanas. Como constructores, resalta su equipo de ladrillera que ha logrado construir la catedral, iglesias, capillas, casas misionales, hospital, colegios, postas médicas…

La obra fue encargada a los hermanos legos pasionistas Rafael y Mauricio Uranga, quienes lo administraban.

 

Monseñor Jáuregui también visitaba a su viejo amigo don Pepe Riera, visitas que fueron más continuas los últimos años de su existencia. Los dos vivían en la calle Progreso.

 

Alrededor de las tres de la tarde de los domingos, Monseñor Jáuregui llegaba a la casa de Pepe, donde les sacaban dos sillas a la vereda de la calle. Ahí comenzaban una larga plática entre un vasco y un catalán, en donde a veces se escuchaba de parte de Pepe interjecciones impersonales  propias del  lenguaje coloquial  español, sin que nadie se ruborizara. Quizá Atanasio y Pepe intercambiaban ideas sobre nuevos proyectos que tenían en mente. Algunas personas, especialmente niños o los pequeños nietos de Pepe, se acercaban a Monseñor, quien, con un gesto de cariño, obsequiaba un caramelo, una medallita de aluminio o una pequeña estampa de un santo, que solía llevar consigo.

También estableció un sistema de asistencia sanitaria, cívica y social usando la lancha Santa Gema.

Preocupado por la situación de la niñez y juventud, una de sus principales gestiones fue solicitar la presencia de las Reverendas Madres Franciscanas Misioneras de María, para ayudar a los niños menos favorecidos. Así, se fundó el colegio para niñas Virgen de los Dolores que comenzó a funcionar en una casona particular de la calle Comercio 117 de Yurimaguas, cerca de la plaza principal. Al año siguiente se trasladó a la calle Alfonso Ugarte 310, cerca del actual hospital Santa Gema. Desde 1954, el colegio Virgen de los Dolores cuenta con un edificio amplio y moderno de dos plantas, ubicado en la calle Progreso 409. Fue construido bajo la dirección técnica de don José Riera Torra.    

La Sana Sede elevó la Prefectura Apostólica a Vicariato y nombra Obispo de Yurimaguas el 16 de agosto de 1936 a Mons. Atanasio, quien acomete una decidida misión apostólica en sus veinte años. Cabe destacar, en primer lugar, sus cartas pastorales como la de 15 de agosto de 1936 en la que relata la obra pasionista en la Amazonía:

"Los Pasionistas que hemos venido prestando nuestra decidida y desinteresada cooperación a la diocesis de Chachapoyas desde 1913, en las provincias de San Martín y Huallaga, podemos afirmar, sin vano alarde, que nos hemos esforzado en llenar con honradez y dignidad la delicada misión que se nos encomendara, "haciéndonos todo para todos a fin de ganar a todos para Jesucristo…Durante los 15 años que hemos regado con nuestros sudores esta privilegiada parcela de la Viña del Señor, puesta bajo la tutela del Taumaturgo de nuestros días San Gabriel de la Dolorosa, han brindado generosamente sus sacrificios profesionales 30 misioneros, afrontando alegres y abnegados la carrera de sacrificios impuestos en bien de los pueblos; y a fin de que no se viera privada tan santa empresa del sello distintito de la Redención que enaltece las obras de Cristo y fecunda la acción del Evangelio, recibió también nuestra Misión la unción mística del cruento sacrificio de tres robustas vidas, que sucumbieron en los remolinos traidores de nuestros imponentes ríos".

En todas las cartas manifiesta un gran celo por las comunidades nativas amazónicas, concretado en sus visitas pastorales tal como describe en la obra "Misiones Pasionistas en el Oriente Peruano" publica el año 1943. Aquí un detalle:

"Durante los meses que precedieron a la Asamblea Episcopal Limense de 1938, realicé la última visita pastoral recorriendo en compañía de dos misioneros todos los distritos de la misión en canoa-motor, dirigida hábilmente por uno de mis acompañantes. A través de los majestuosos ríos loretanos éramos portadores de los consuelos de la paz y de lso bienes de la fe de Cristo a todos los pobladores: a cada caserío o chacra donde moraban nuestros queridos hijos y aguardaban ansiosos nuestra visita". 

Gran comunicador, expuso la situación de su misión en el corazón del Amazonas ante diversos auditorios y como pulido escritor supo relatar sus aventuras misioneras en revistas y periódicos. Sus tres obras emblemáticas fueron la catedral de Nuestra Señora de las Nieves, el colegio San Gabriel y el hospital Santa Gemma. Como complemente estarán la Imprenta y Librería, con la hoja parroquial "La Estrella" como portavoz.

Falleció el 30 de agosto de 1957. Sus restos mortales descansan en el  interior de la nave derecha de la Iglesia Catedral de la ciudad de Yurimaguas.

 Por sus servicios en bien de la comunidad recibió muchas distinciones honrosas materializadas en medallas de oro, del gobierno de don Augusto B. Leguía, la Santa Sede, la provincia de Alto Amazonas, de la Municipalidad de Lima... En 1943 el Gobierno de España lo condecoró con la Orden de Isabel  La Católica en el grado de Comendador  por su labor evangelizadora en la Amazonía del Perú. Posteriormente también recibió del Gobierno del Perú la condecoración de la Orden del Sol en el grado de Comendador, por su fecunda labor apostólica en la Selva del Perú. La Municipalidad de Alto Amazonas, considerándolo como hijo preclaro de la provincia, le puso el nombre de Avenida "Atanasio  Jáuregui" a una de las principales calles de la ciudad de Yurimaguas, y construyó una plazuela contigua a la avenida con el busto de Monseñor Atanasio Jáuregui.

 

FUENTE: http://uncatalanenlaamazoniaperuana.blogspot.com/2019/01/monsenor-atanasio-jauregui-goiri.html

 


Fecha Publicación: 2022-12-02T10:22:00.000-08:00

LA INMACULADA DE NOGUERA EN LA CATEDRAL DE LIMA

En vísperas de la fiesta de la Inmaculada, les presento la bella imagen de Pedro de Noguera, escultor catalán que entre 1623 y 1640, realizó la obra de ensamblaje de la sillería del coro de la catedral de Lima, que se considera su obra más destacada y una de las más representativas del arte hispanoamericano.

El historiador del arte Rafael Ramos Sosa nos la describe como "extraordinaria imagen representativa del tipo final de la Virgen erguida y sola, ya sin el Niño, sobre peana de media luna con puntas hacia arriba …las manos en oración separadas y arqueadas, sólo unidas por las yemas de sus deos…María es una juvenil doncella con la cabeza descubierta sin corona ni estrellas y contorneada por larguísimas guedejas sobre los hombros, acabadas en densos bucles. El manto envuelve la imagen, descubre el talle y se recoge en el brazo izquierdo desde donde cae en cascada de pliegues cónicos ahuecados, reveladores de un excepcional virtuosismo en la talla. Su rostro es de facciones finas, afilada barbilla y boca levemente entreabierta; muestra una nota característica y definitoria del autor: los ojos completamente abiertos y mirando firmemente a un punto frontal" (La Basílica Catedral de Lima, Banco de Crédito, 2004, Lima, p.137-138)

Por aquellos días vivía Lima un gran fervor mariano. Florecen las cofradías y congregaciones de Nuestra Señora (en particular la de "la Pura y Limpia Concepción" del Hospital de San Bartolomé) los romeros y danzantes de la Virgen. Los serenos cantaban también a María al dar la hora en las calladas noches; fachadas adornadas con el anagrama de María o con los versos (en zaguanes o esquinas con imágenes de María):

«Nadie traspase este umbral
que no diga por su vida
que es María concebida
sin pecado original».

 

Don Diego de León Pinelo, hermano del célebre primer biógrafo de Santo Toribio, bachiller por Salamanca, y luego estudiante, catedrático y rector (1656-8) de San Marcos, escribió un alegato apologético en defensa de la Universidad de San Marcos en 1648, que culmina refiriéndolo todo a la Virgen Inmaculada como quien "perfecciona las obras de los doctores [...] preside la Teología, los sagrados libros, la Jurisprudencia, la Filosofía: ella que presidió aquel divino Colegio de los Apóstoles"; y concluye: "¡Oh María, que doquiera eres María, doquiera piadosa, doquiera misericordiosa, guárdanos, dirígenos, para que cada día florezca nuestra Academia, que más bien es tuya, a la cual proteges como Señora del mundo y de los cielos".

Años antes, en 1618, había publicado en la imprenta de Francisco del Canto, la obra "Relación de las fiestas que a la Inmaculada Concepción de la Virgen Nuestra Señora se hicieron en esta ciudad de los reyes del Perú". Entre las numerosas comparsas que por aquellos días recorrieron Lima, destacó una formada por quince niñas menores de diez años. Vestidas de ángeles, con túnica de raso azul y sobre ella otra de velo de plata, con coronas de oro, perlas, rubíes, diamantes, esmeraldas y topacios. Cuando la máxima autoridad, el príncipe virrey de Esquilache, se asomó al balcón de palacio para ver tan tierna comparsa, una de las chiquillas, futura marquesa de Villarrubia de Langres, representado a San Miguel, capitán de aquel coro de ángeles, se dirigió a Su Excelencia y le dijo:

Soy correo celestial,

Y por noticia os traía

que es concebida María

sin pecado original.

 

LES COMPARTO LA EXCELENTE BIOGRAFÍA de Rafael Ramos Sosa

https://dbe.rah.es/biografias/52427/pedro-de-noguera SOBRE EL CÉLEBRE ESCULTOR

 

Noguera, Pedro de. Barcelona, 1588-1592 – Lima (Perú), 19.II.1656. Escultor, ensamblador y arquitecto.

Este artista de origen catalán, hijo de Pedro de Noguera y Juana de Noguera, posiblemente se formó en los talleres sevillanos de principios del siglo XVII, a juzgar por el estilo de sus obras en Perú. Las primeras noticias sobre su actividad artística son de 1613, cuando realizó un retablo para la iglesia del Colegio de Montesión; en el mismo año recibió el encargo de terminar el retablo mayor de Santa María de Mesa, en Utrera (Sevilla). A partir de ese año y hasta 1619, en que aparece en Lima, no se conoce nada de su vida. En este último año contrató su primera obra conocida y conservada, una escultura de Cristo yacente y articulado para la hermandad de la Soledad, en el Convento de San Francisco. Contrajo matrimonio en 1621 con la limeña Úrsula de Bonifacio, hija de un importante platero. Su trayectoria profesional fue siempre ascendente, con importantes encargos y alcanzando puestos de renombre en el gremio: maestro mayor de arquitectura, medidor de tierras y maestro mayor de la catedral. Realizó la sillería coral del Convento de San Agustín y la de la catedral, ambas con enconados pleitos contra los promotores y otros artistas. En sus obras puede verse con claridad a un maestro que inicia definitivamente el Barroco en la Ciudad de los Reyes, tanto en el diseño arquitectónico como en la escultura. Como maestro mayor de la catedral acometió la terminación de la portada-retablo pétrea del templo metropolitano. Murió sin hacer testamento y fue enterrado en el Convento de San Agustín.

 

Obras de ~: Retablo de la iglesia de Montesión, 1613; Retablo mayor de Santa María de Mesa, 1613; Cristo yacente, 1619; Sillería de San Agustín, 1620-1626; Sillería de la Catedral de Lima, 1626-1632; Retablo mayor de Santo Domingo, 1630; Apostolado en relieves de la cajonería de la catedral, 1631; Crucificado tamaño natural, 1633; Retablo para la cofradía de Aguas Santas de la Merced, 1634; Sagrario de la catedral, 1636; Crucificado para don Sancho de Paz, 1636; Retablo de la capilla de los plateros en San Agustín, 1640; Retablo sepulcro de Melchor Malo de Molina, 1640; Imagen de san Andrés, 1644; Túmulo de la reina Isabel de Borbón, 1646; Escultura de san Antonio de Padua, 1647; Elementos arquitectónicos en piedra de la portada principal de la catedral, 1648; Intervención en el diseño de la fuente en la plaza Mayor, 1650.

 

Bibl.: G. Lohmann Villena, "Noticias inéditas para ilustrar la Historia de las Bellas Artes en Lima durante los siglos XVI y XVII", en Revista Histórica, XIII (1940), págs. 19-21; E. Marco Dorta, Fuentes para la Historia del Arte Hispanoamericano, t. II, Sevilla, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1960, págs. 88-108; E. Harth-Terré, Escultores españoles en el Virreinato del Perú, Lima, Editorial Juan Mejía Baca, 1977, págs. 133-152; A. San Cristóbal, "Nueva visión histórica de la sillería de la catedral", en Revista Histórica, XXXIII (1981-1982), págs. 221-268; "Algunas sillerías limeñas", en Revista del Archivo General de la Nación, 6 (1984), págs. 71-100; R. Ramos Sosa, "La grandeza de lo que hay dentro: escultura y artes de la madera", en La Basílica Catedral de Lima, Lima, Banco de Crédito, 2004, págs. 118 y 132-140.

 


Fecha Publicación: 2022-12-01T04:48:00.000-08:00

LIMA, LA SEVILLA DEL PERÚ

 

Gracias a mi amigo Pablo Hernanz que me lo envía desde España, puedo compartirles este significativo texto sobre Lima en una de las mejores biografías escritas en castellano, la de Manuel CHAVES NOGALES sobre Juan Belmonte Matador de Toros: Su vida y sus hazañas: 44 (LIBROS DEL ASTEROIDE) (Madrid 2013)

 

Juan Belmonte García (Sevilla, 14 de abril de 1892-Utrera, 8 de abril de 1962), llamado el Pasmo de Triana, fue un matador de toros español, probablemente el más popular de la historia y considerado por muchos como el «fundador del toreo moderno».

La temporada de 1917 está considerada como la más brillante de su vida profesional. A finales de ese mismo año se presenta en Perú, donde permanecerá un año y conocerá a su futura esposa Julia Cossío. El 26 de febrero de 1920 sufrió una cornada durante un tentadero en la dehesa de Padierno (Salamanca), propiedad de Argimiro Pérez Tabernero. Durante su convalecencia fue retratado por Venancio Gombau en su estudio de la calle Prior de la capital charra. En 1922 anuncia su primera retirada en Lima. Reaparece en los ruedos en 1924.

En invierno de 1924 se contrató en Lima (Perú) siete tardes (toreó ocho) por la cifra de 500.000 pesetas. En 1925 el empresario Eduardo Pagés le firmó una jugosa exclusiva: 25.000 pesetas de la época por corrida, además de otros porcentajes según acudiesen los públicos a las plazas. 

Se convirtió en ganadero y continuó toreando hasta el inicio de la guerra civil española (1936).

Pero lo que acabó de forjar el mito belmontino fue la biografía que le dedicó el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales, titulada Juan Belmonte, matador de toros, su vida y sus hazañas y publicada por entregas en la revista Estampa, a partir de junio de 1935; Chaves Nogales redactó la obra en forma de autobiografía a partir de las numerosas conversaciones que mantuvo con el diestro.

Vamos con el texto sobre Lima:

"Lima era como Sevilla. Me maravillaba haber ido tan lejos para encontrarme como en mi propio barrio. A veces me encontraba en la calle con tipos tan familiares y cartas tan conocidas, que me entraban deseos de saludarles. ¡¡Adiós, hombre!!  le daban a uno ganas de decir cada vez que se cruzaba con uno de aquellos tipos, tan nuestros, que lo mismo podían ser de la alameda de Acho que de la Alameda de Hércules.

La influencia norteamericana era todavía muy débil en la capital del Perú, que seguía siendo, ante todo y sobre todo, una ciudad andaluza llena de recuerdos coloniales y supervivencias españolas. La plaza de toros, construida dos siglos antes por un virrey español para procurar rentas con que sostener los asilos de pordioseros, tenía un gran sabor colonial. Españolas, es decir, andaluzas eran las casas, de una o dos plantas a lo sumo, con patios floridos y ventanas enrejadas. Y español era, sobre todo, el ambiente en que nos movíamos.

Los limeños acogieron a los toreros españoles con una gran simpatía. La gente se interesaba por nosotros y nos tomaba cariño. Por dondequiera que íbamos nos obsequiaban y festejaban con la misma liberalidad y gentileza que en Andalucía. Todo estaba pagado. Había en Lima una mulatona gorda, a la que sus pupilas llamaban "Mamá Josefina" que tenía una ternura casi maternal por los toreros españoles. Mi cuadrilla se pasaba la vida en casa de Mamá Josefina, comiendo, bebiendo y divirtiéndose sin gastar un céntimo. Pocos americanistas profesionales habrán contribuido tanto como Mamá Josefina a estrechar los lazos de España con América.

En la plaza de toros nos encontrábamos con un público entusiasta que nos ovacionaba constantemente. En Lima había buenos aficionados. Las corridas de toros, que se remontan allí a la época de los conquistadores, tienen un público inteligente y entusiasta, que sabía agradecernos el que fuésemos a torear de verdad y no a cobrar caras unas exhibiciones sin riesgo y sin arte. Poco antes había estado en Lima Rodolfo Gaona, que había hecho una temporada brillantísima y la afición a los toros estaba en un período de resurgimiento. La gente distinguida de Lima no se perdía una corrida. Había en la plaza unas localidades llamadas "cuartos" que eran, como los aposentos de los antiguos teatros españoles, una especie de palco cerrado, con una ventanita abierta sobre el muro de la barrera, a la altura de la cabeza de los lidiadores. Estos, en los descansos de la lidia, charlaban con los espectadores de los "cuartos", estableciéndose así una comunicación estrecha y cordialísima entre el torero y el público. Las corridas de toros estaban, como digo, de moda y a los "cuartos" iban las mujeres más elegantes de  Lima y las señoritas de la buena sociedad limeña. Allí conocí a mi mujer [Julia Cossío]" (pp.248-249).

"Fue aquella de Lima a una de mis mejores campañas taurinas. Todas las tardes salía a torear con un entusiasmo extraordinario. He creído siempre que el torero para entusiasmar de veras al público, tiene que empezar por estar él verdaderamente entusiasmado con su arte. No hay manera de transmitir emoción al espectador si uno mismo no la siente.

Y esa emoción que le hace a uno acercarse al toro con un nudo en la garganta tiene, a mi juicio, un origen y una condición tan inaprehensible como los del amor. Es más: he llegado a establecer una serie de identidades tan absolutas entre el amor y el arte, que si yo fuese un ensayista en vez de ser un torero, me atrevería a esbozar una teoría sexual del arte; por lo menos, del arte de torear. Se torea y se entusiasma a los públicos del mismo modo que se ama y se enamora, por virtud de una secreta fuente de energía espiritual que, a mi entender tiene allá, en lo hondo del ser, el mismo origen. Cuando este oculto venero está seco, es inútil esforzarse. La voluntad no puede nada. No se enamora uno a voluntad ni a voluntad torea.

En Lima yo me encontré en uno de los momentos de más exuberancia de mi vida. Toreé en nueve corridas, alternando en casi todas ellas con Fortuna, Chiquito de Begoña y Alcalareño. Fueron otros tantos triunfos. Un revistero de Lima escribió que yo salía a torear como si fuese a conquistar a una mujer. Y efectivamente, conquisté a una: a la mía" (pp.251-252)


Fecha Publicación: 2022-11-30T04:58:00.000-08:00

Me complace compartir los interesantes artículos del gran historiador y amigo Dr. Javier Burrieza Sánchez.

BEATO BERNARDO FRANCISCO DE HOYOS: LA HISTORIA DE UN JOVEN JESUITA EMPRENDEDOR

FIESTA DEL 29 DE NOVIEMBRE

Una de las vistas de mayor belleza de la provincia de Valladolid es divisar Torrelobatón cuando se está a punto de pasar por la cercana localidad de San Pelayo, viniendo desde el monasterio de La Santa Espina. Como no podía ser de otra forma, la villa viene definida por la fuerte silueta de su castillo de raigambre comunera y por sus iglesias, la de San Pedro ya derrumbada, y la de Santa María, en pleno funcionamiento pastoral como parroquia. La fábrica y ruinas de la primera impresionan desde el camino de entrada y según he podido conocer, su primer derrumbe ocurrió en medio de una tormenta de una tarde del verano de 1933, cuando "un rayo acabó con aquella espadaña asomada a la arboleda del Hornija". En la segunda, la mencionada de Santa María, recibió las aguas bautismales, un 5 de septiembre de 1711, tras haber nacido el 21 de agosto , un niño que era hijo del secretario del Ayuntamiento y que desde ese momento fue llamado Bernardo Francisco, Bernardo Francisco de Hoyos. Quizás este personaje del siglo XVIII, que vivió tan sólo veinticuatro años y que murió tras haber puesto en marcha toda una campaña de expansión de una nueva devoción en España, la del Sagrado Corazón de Jesús, se ha convertido en uno de los aspectos más importantes de la historia de la localidad, por encima de los comuneros —que tienen en su castillo un Centro de Interpretación— o de la propaganda, ya mítica, que a esta villa y su fortaleza proporcionó la película que el estadounidense Anthony Mann dirigió sobre "El Cid" y que protagonizaron Charlton Heston y Sofía Loren. En aquel "film" llegaron a intervenir como extras trescientos cincuenta vecinos de Torrelobatón. Cuando el coche en el que viajamos entra en la localidad, pasando la ermita del Cristo de las Angustias, entonces podemos leer que aquella es la villa del "beato padre Hoyos", título con el que este jesuita fue inscrito en una ceremonia solemne ocurrida en Valladolid, un 18 de abril de 2010. Unos meses antes, los vecinos de Torrelobatón y su Corporación municipal le habían reconocido como "hijo predilecto", en el salón de plenos de su Ayuntamiento y delante de la casa que le vio nacer hace tres siglos. Tras haberse restaurado y ya abierto esta casa natal, y esperando que un nuevo signo permite alcanzar la decisión de la canonización de este jesuita,  tenemos los esfuerzos permanentes de su vicepostulador, el padre Ernesto Postigo, y de la Asociación de Amigos Padre Hoyos.

 

Los autores clásicos que contaban la vida de alguien ilustre, especialmente distinguido por sus virtudes, ponían énfasis en resaltar sus orígenes familiares. En la de Bernardo Francisco de Hoyos de Torrelobatón no había nobles. A su padre hoy le denominaríamos con la consideración de "funcionario", por ser secretario del Ayuntamiento. Su madre, Francisca de Seña, era definida por su "genio varonil", lo que equivalía a decir que contaba con las virtudes atribuidas a los hombres. Eso, en el siglo XVIII —todavía no paritario aunque con avances en la percepción y la educación de la mujer— se consideraba un beneficio. Con todo, en el día de la muerte de su padre, el Ayuntamiento de Torrelobatón alabó la gestión e integridad de don Manuel de Hoyos. El escritor José Cassani, un jesuita "ilustrado" que se encuentra entre los primeros académicos de la Lengua, criticaba estos "realces inútiles" de los antecedentes nobiliarios de las familias: "los santos sólo conocen por Padre a Dios, y no aprecian ni buscan más patria que la del Cielo". La patria, aunque fuese local, tampoco era inútil —como ocurre actualmente—, aunque algunos la presentasen como un mérito más, no solamente para el santo sino también para aquellos que compartían el paisanaje.

Los hagiógrafos resaltaban el embarazo —casi siempre providencial— y el parto, la infancia y sus juegos, pues todo conducía a una futura vida ejemplar. Narraban que permaneciendo todavía en Torrelobatón, en un popular baile familiar, el niño Bernardo entró en la sala llevando un libro en sus manos. Se subió a un taburete e imitando a los misioneros populares, que eran auténticos personajes reconocidos en aquella sociedad del siglo XVIII, comenzó a leer en un tono solemne, dentro del mencionado libro, un pasaje que había encontrado contra los bailes. Y es que eran éstas una de las costumbres que más combatían los misioneros populares en sus trabajos. Una vez que aquel niño terminó su proclama, el baile cesó. Eran los juegos que enseñaban a hacer un santo tal y como se concebía en aquel siglo. Bernardo tenía que estudiar más allá de las primeras letras y eso no lo podía hacer en Torrelobatón, a lo que se unieron las dificultades familiares para darle licencia de ingreso en la Compañía de Jesús tras la muerte de su padre e incluso un viaje inesperado que hizo a la Corte madrileña. Desde 1726, las localidades jesuíticas de Villagarcía, Medina del Campo y Valladolid serían los escenarios de su corta e inquieta existencia consiguiendo ser sacerdote de la Compañía de Jesús meses antes de su muerte. Torrelobatón, quizás, no se volvió a divisar en su horizonte vital, aunque seguramente siempre recordó la silueta legendaria de su castillo, propia de los juegos y la imaginación de cualquier niño, aunque éste fuese santo. Hoy le recordamos en su fiesta, 29 de noviembre, pues en este día de 1735 murió en el Colegio de San Ignacio de Valladolid, hoy Real Iglesia Parroquial de San Miguel y San Julián. La búsqueda de sus restos permite ilustrar episodios un tanto misteriosos y aventureros. Pero eso lo dejamos para otro día... los más interesante es encontrar en este joven jesuita a un emprendedor, fiado y empeñado en las cosas de Dios, sin límites, siempre sin límites, como sucede con el amor, el amor del Corazón de Jesús.

https://dbe.rah.es/biografias/12106/beato-bernardo-francisco-de-hoyos

Hoyos, Bernardo Francisco de. Torrelobatón (Valladolid), 21.VIII.1711 – Valladolid, 29.XI.1735. Jesuita (SI), propagador de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús y beato.

Su casa natal no se encontraba a muchos kilómetros del noviciado, tan prestigioso, de la Compañía de Jesús en Villagarcía de Campos. Durante su infancia su salud ya no era buena. Las primeras enseñanzas las recibió en su pequeña villa natal, aunque no tardó demasiado en estudiar Gramática Latina en el colegio de Medina del Campo (entre 1721 y 1722), residiendo en casa de su tía; y después en el de Villagarcía (entre 1722 y 1726). Todavía no había entrado en la Compañía de Jesús, pues esta decisión la tomó el 11 de julio de ese último año. Desde el principio, sus devociones se unieron a la fama de importantes experiencias místicas, algunas de ellas comunicadas a su director espiritual, el padre Juan de Loyola. La filosofía la estudió en la casa de Medina del Campo (entre octubre de 1728 y septiembre de 1730), mientras que los años de Teología transcurrieron en el de San Ambrosio de Valladolid. Fue allí, en abril de 1733, donde recibió una carta del también jesuita, el entonces hermano Agustín de Cardaveraz. Necesitaba este último que Hoyos le tradujese, para un sermón que tenía que predicar, las páginas que había escrito el también jesuita Joseph Galliffet sobre la institución de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, incluido dentro de la obra De cultu Sacrosanti Cordes Dei ac Domini Nostri Christi. Aquel encargo condujo al hermano Hoyos a conocer esta obra, creyendo que él debería contribuir todo lo que pudiese a la difusión de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús en España.

El punto de partida se había encontrado en las apariciones que la monja de la Visitación, Margarita María Alacoque, dijo haber tenido entre los años 1673 y 1675. Esta religiosa salesa se confesaba con el rector del colegio de la Compañía de Paray-le-Monial, el jesuita Claudio de La Colombière. Sin embargo, las primeras raíces de esta espiritualidad pueden ser ubicadas en los Ejercicios Espirituales. El padre La Colombière intentó la mayor expansión de esta devoción no solamente a través de su correspondencia y la dirección espiritual, sino también gracias a los sermones. Sus discípulos Jean Galliffet y Jean Croisset continuaron esta labor, teniendo en cuenta que a Alacoque se le había revelado que era a los jesuitas a los que les correspondía llevar a efecto el conocimiento de la misma, prometiendo una serie de bendiciones para aquellos religiosos de esta orden que practicasen la devoción. Ya fueron algunos obispos franceses los que aprobaron la celebración de la festividad del Corazón de Jesús el viernes posterior a la octava del Corpus. A pesar de los esfuerzos, entre ellos los del citado padre Galliffet, la Sagrada Congregación de Ritos no aprobó la existencia de esta fiesta propia.

Fue el día 4 del mes de mayo de 1733 —festividad de la Ascensión— cuando Hoyos diría haber recibido la aparición de Cristo, confirmándole éste que le había escogido para que se empeñara en la difusión de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús en España, sucediéndose en los días posteriores otras apariciones. Sin embargo, poco podía hacer un estudiante de Teología en el campo de la predicación, por lo que se sirvió, en aquellos momentos, de dos importantes misioneros populares, el citado Agustín de Cardaveraz y el prestigioso Pedro de Calatayud. Para contar con una obra teórica desde cuyas páginas se pudiese fundamentar la propagación de esta devoción, recurrió a su director espiritual, el mencionado Juan de Loyola, el cual plasmó, además de su contenido, la historia de la misma en las páginas que llevaron como título Tesoro escondido en el Sacratísimo Corazón de Jesús. En las misiones populares se empezaron a fundar las Congregaciones del Sagrado Corazón de Jesús, presentes en las parroquias. La Monarquía de los Borbones tampoco había que descuidarla, máxime cuando la devoción del Corazón de Jesús se había desarrollado en la Francia de Luis XIV, el abuelo de Felipe V de España, siendo además éste hijo espiritual de los jesuitas que le confesaban.

Cuando en 1734 se publicó la citada obra de Juan de Loyola, financiada por el arzobispo de Burgos, Manuel de Samaniego, se decidió enviar algunos ejemplares al Monarca y a su familia. A través del citado prelado burgalés, se pretendía llegar a los obispos de las diócesis españolas. Con este fin, los distintos prelados se podrían dirigir al Papa, solicitándole la fiesta para España del Sagrado Corazón, a celebrar al terminar la Pascua de Pentecostés, después de la dominica de la Santísima Trinidad y del Jueves del Corpus Christi. En cierta forma se convertía en la culminación de un tiempo litúrgico fuerte, tras la Cuaresma y la Pascua. Dentro de esta estudiada campaña de propaganda de una devoción, se encontraba el envío del Tesoro Escondido a los principales centros religiosos de las ciudades más importantes de España y a los muchos conventos. Además, era necesario escribir una novena para los devotos, desde la cual se preparasen para la celebración de la fiesta principal. En esta tarea se encontraba Bernardo de Hoyos junto con Juan de Loyola, celebrándose aquella primera novena en 1735, en la capilla de la Congregación del colegio de San Ambrosio.

En este proceso también deberemos incluir la imagen, la propagación de una iconografía, que partía desde las estampas del Sagrado Corazón de Jesús. Hoyos se estaba valiendo de los medios modernos para la difusión. Hizo traer de Italia, por ejemplo, las matrices de estas estampas, consiguiendo que después se labrasen en España. Tras la muerte de Hoyos, se continuó la publicística a través de importantes obras, como las escritas por Juan de Loyola, Pedro de Calatayud o Melchor de Peñalosa. A ello contribuirá la existencia de imprentas propias de la Compañía, como la de la Congregación de la Buena Muerte de Valladolid, que pondrán en la calle obras como las Meditaciones del Sagrado Corazón.

Bernardo Francisco de Hoyos, que murió al año siguiente, en 1735, no conoció la culminación de un proceso que se hizo muy largo, entre otras cosas porque se mezcló con la oposición política que se desarrolló contra la Compañía de Jesús y que culminó en España, como en tantos otros lugares, con la expulsión, y en la Iglesia con la extinción efectuada por el papa Clemente XIV. La devoción del Sagrado Corazón de Jesús se convirtió, también, en un elemento de oposición y de ataque a los jesuitas. La espiritualidad ilustrada no podía comprender este entusiasmo, aunque se atacó al proceso, quizás más por el mensajero que por el mensaje.

La vida del que fue considerado "apóstol del Sagrado Corazón de Jesús", de aquel que había recibido la "Gran Promesa", es decir: "Reinaré en España con mayor veneración que en otras partes", fue una existencia breve. Había recibido las distintas órdenes que le convertían en sacerdote el 2 de enero de 1735, en la capilla del palacio episcopal de manos del obispo de Valladolid, Julián Domínguez de Toledo. Cantó misa el día de los Reyes Magos, en la festividad de la Epifanía. Concluidos los estudios de Teología, Bernardo de Hoyos fue enviado al colegio de San Ignacio de Valladolid (antigua Casa Profesa), donde iba a realizar la tercera probación.

Había concluido su mes de Ejercicios Espirituales cuando comenzó a sufrir una grave enfermedad, con altísima temperatura, temiéndose que se tratase de las difundidas fiebres tifoideas. El jesuita, ya sacerdote, murió a los veinticuatro años, en pleno olor de santidad, como se percibía en aquel barroco católico ligeramente ilustrado, siendo enterrado en la iglesia del citado colegio de San Ignacio. Sin duda, el reconocimiento oficial de su santidad en Roma también se vio afectado por la expulsión y extinción de los jesuitas, aunque en 1815 fue cuando Roma concedió la fiesta propia del Corazón de Jesús para España. Antes, en febrero de 1765, Clemente XIII aprobaba la Misa y Oficios propios del Corazón de Jesús, limitada para el reino de Polonia y para la archicofradía de Roma. Tras la concesión a toda España, el 23 de agosto de 1856, el papa Pío IX extendía esta fiesta a la Iglesia universal. En febrero de 1914 se introducía formalmente la causa de beatificación del padre Hoyos en la congregación romana correspondiente y, finalmente, fue beatificado en Valladolid el 18 de abril de 2010.

 

Obras de ~: Cartas y escritos, en J. de Loyola, Tesoro escondido en el Sacratísimo Corazón de Jesús, Barcelona, 1735; "Instrucción espiritual para el H. Ignacio Osorio", en E. Rey, Un extenso autógrafo del V. P. Bernardo F. de Hoyos, S. I., Comillas, 1948.

Bibl.: P. de Calatayud, Incendios de amor sagrado y respiración amorosa de las almas devotas con el Corazón de Jesús su enamorado, Murcia, 1734; J. Loyola, Tesoro escondido en el Sacratísimo Corazón de Jesús, Valladolid, 1734; El Corazón de Jesús descubierto a nuestra España, Valladolid, Alonso del Riego, 1737; Meditaciones del Sagrado Corazón de Jesús para el uso de sus Congregantes y devotos, Valladolid, Imprenta Congregación Buena Muerte, 1739; M. Peñalosa, La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, Salamanca, Antonio Villargordo, 1744 (6.ª ed.); J. E. Uriarte, Principios del Reinado del Corazón de Jesús en España, Madrid, Blas María Araque, 1880; J. de Loyola y J. E. Uriarte, Vida del Padre Bernardo de Hoyos, Bilbao, Imprenta del Corazón de Jesús, 1888; G. Ubillos, Vida del Padre Bernardo de Hoyos, Madrid, 1935; "El Padre Bernardo de Hoyos en Villagarcía (1722-1728)", en Villagarcía de Campos. Evocación histórica de un pasado glorioso, Bilbao, El mensajero del Corazón de Jesús, 1952, págs. 93-198; H. Bechard, The Visions of Bernard Francis de Hoyos S. J.: Apostle of the Sacred Heart in Spain, New York, Vantage Press, 1959; Beatif. Et Canon Servi Dei Bernardo Francisco de Hoyos, Positio super virtutibus ex officio critice disposita, Ciudad del Vaticano, 1961; M. Pérez, El poder de los débiles, Bernardo Francisco de Hoyos, Madrid, Editorial del Apostolado de la Oración, 1991; J. N. Tylenda, "Hoyos, Bernardo Francisco de", en Ch. E. O'Neill y J. M.ª Domínguez (dirs.), Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús, vol. II, Roma-Madrid, Institutum Historicum Societatis Iesu-Universidad Pontificia Comillas, 2001, págs. 1959-1960; F. Cerro Chaves, Venerable Francisco Bernardo de Hoyos. Primer Apóstol del Corazón de Jesús, Burgos, Monte Carmelo, 2002;

J. Burrieza

 


Fecha Publicación: 2022-11-26T06:01:00.000-08:00

Mayté Maldonado  «Apocalipsis 2021» (Ediciones Punto Rojo, 2021, 210 pp)

Cristo divide la historia de la humanidad en un antes y un después. De hecho, cuando decimos que estamos en el 2022 nos referimos al después. De igual manera las personas podían hacer girar la trayectoria de sus vidas en relación con el que es el Señor del Cosmos y de la Historia, antes de Cristo o después de Cristo; lamentablemente todavía dos tercios de la humanidad están en el antes de pues no lo conocen. El presente libro es el testimonio luminoso, fresco, apasionado, libre, comprometido de su autora Mayté Maldonado, quien ya nos reveló su vida antes de Cristo, antes de 1991, en "La condesa se confiesa" (Punto Rojo, 2015), https://jabenito.blogspot.com/2022/11/la-condesa-se-confiesa-las-memorias-de.html.

Nacida hacia 1944 como María Teresa Hernández Ballesteros en mi pueblo, la villa de Rollán (Salamanca, España), sin conocer nunca a su padre y padeciendo una vida de miseria, presa del bulling (la llamaban "la bastarda"), medio escondida,  entre Rollán y Vega de Tirados, y creció ayudando a su madre a dar a luz y a criar a sus nueve hermanastros que tuvo con Luis, un albañil medio borrachín, quien la ignoró por completo.  Pero como en los cuentos de hadas, de Patita fea o Cenicienta, en la adolescencia verá con sorpresa cómo los varones quedan fascinados por su encanto físico y talento para los negocios. Mari Tere se transformó en Mayté al triunfar en el mundo del espectáculo, primero en Madrid y después por toda América, acumulando una importantísima fortuna. Casada en seis ocasiones, contó gran parte de su fabulosa vida incluido el trascendental episodio acaecido en 1991, cuando se enfrentó a la muerte a causa de un cáncer de mama, superado gracias a su encuentro con Nuestro Señor Jesucristo. Desde aquel instante, su vida cambió y se centró en transmitir el mensaje de Jesús, convirtiéndose en una de las mayores recaudadoras de fondos para la Iglesia de todo el mundo. Aquí viene "el después" con Cristo, fruto de una vida enamorada del Señor, Dios y Hombre verdadero, camino, verdad y Vida de su vida. La obra entrelaza su vida de oración, sus sueños y sus realidades, pues desde aquel momento viene dedicando sus talentos para el bien de la Iglesia y de la humanidad.

El libro arranca constatando la terrible realidad del coronavirus y cómo no podemos quedar con las manos vacías (p.11). Desde "España, confundida ante su Torre de Babel" (p.25), "la caída del imperio norteamericano" (p.42) y el "colapso del Gobierno de Puerto Rico" (p.60), su patria de nacimiento, de ciudadanía y de su morada actual, le sirven a Mayté como a san Juan en el "apocalipsis" con las siete iglesias para interpelar a estas tres naciones a que reaccionen y queden sepultados en cenizas apocalípticas.

Con fuerza denuncia el crimen ecológico "estamos matando al Planeta, que es nuestro hogar" (p.89), la "emigración, ya no hay lugar seguro en esta Tierra" (p.104), la injusta pobreza que padecen tantos millones de seres humanos, evidenciada en la terrible hambruna. Son los terribles jinetes de la apocalipsis del 2021 que galopan produciendo destrucción y muerte.

Sin embargo, aún hay una opción para salvar el mundo. Es la que vivó en 1991 (p.120), cuando a punto de morir por un terrible cáncer de mama, salió con vida de la operación y con una experiencia a lo san Pablo en Damasco o Ignacio de Loyola en Manresa, como de unos Ejercicios Espirituales o renovador retiro. Ella se siente como la Magdalena arrepentida del Evangelio, la Teresa de Jesús convertida y desde entonces pone sus ojos en la Belleza del Amor que nunca le fallará, hasta llegó a pensar en ingresar en un monasterio. Sin embargo, en un proceso de discernimiento, bien aconsejada por sacerdotes, mantiene su dedicación al hijo de sus amores, sus nietos, y ya en Puerto Rico, con su fundación "Jesús de Nazaret" (p.139), ya en La Vega de Tirados (Salamanca) con temporadas de retiro, a orquestar todo un plan global, planetario para la mejora del mundo, con Nuestro Señor Jesucristo como motor y el Papa Francisco en el centro como líder.

De este modo, para luchar contra estos males, y contra todas las epidemias que están por venir, Maldonado aboga por la necesidad universal de pedir perdón, empezando por los políticos que creen dominar el mundo, y acabando por todas las personas que, durante las últimas décadas, han dado la espalda a Dios provocando así el actual triunfo de la oscuridad sobre la luz. Nuestra visionaria autora es consciente de que las personas más ricas del planeta ya son las principales donantes en el mundo actual, así lo manifiesta en sus cartas interpelantes dirigidas a Jeff Bezos como 177 billones de dólares, seguido de Elon Musk, Bernard Arnault, Bill Gates, Mark Zuckerberg, Warren Buffet, , Larry Ellison, Larry Page, Sergy Brin, Mukesh Ambani, Amancio Ortega y otros doce más (pp.153-188).

En realidad, todo este programa no tiene nada de improvisación, pues desde el 1991, hace 30 años, lo lleva gestando, justo desde aquel momento en el que su exitosa vida personal y profesional se detuvo en seco para dar paso a una existencia espiritual plena, centrada en la extensión del mensaje de Jesús de Nazaret.

El ascenso del Papa Francisco al liderazgo de la Iglesia católica en 2013 fue el espaldarazo definitivo que necesitaba para poner, negro sobre blanco, todo aquello en lo que pensaba y le trasmitía Nuestro Señor Jesucristo y que coincidía, punto por punto, con las proféticas primeras y, en aquel momento, rompedoras y desafiantes mensajes del Santo Padre. Con la pastoral guía del cardenal arzobispo de Puerto Rico, Luis Aponte Martínez, llegó a contactar en su momento con san Juan Pablo II y ahora transmitir al Papa Francisco su propuesta. Mayté no oculta su gran afecto por el actual Santo Padre "este argentino de grandísimo corazón" con quien se siente "tan increíblemente identificada" y a quien considera "hombre de sabiduría inmensa y de humildad a prueba de cargos, pero al mismo tiempo, persona con una extraordinaria fortaleza para seguir las enseñanzas de Jesús…amigo de los pobres,…único líder mundial sin tacha" para liderar su magno programa que pasaría como el conductor del "fondo económico global que salvará al mundo de sus más grandes plagas" (p.205).

Y para que no quede en letra muerta sino viva y activa, culmina la obra con estas bellas y comprometidas palabras: "Quiero ser la primera en felicitar al Santo Padre por haber sido elegido por Nuestro Señor Jesucristo, el amor de mi alma, el rey del universo, para liderar el fondo global. Me pongo a sus pies, le doy las gracias más sinceras y, con toda modestia, le paso la batuta para que sea usted, Su Santidad, quien dirija al mundo hacia el final de las tinieblas" (p.209).

Dios quiera, mi querida paisana Mayté, que el sueño se haga realidad y que Francisco, nuestro Pedro de hoy, el "dulce Cristo en la Tierra", ate y desate en el suelo lo que el Señor sueña en el Cielo.

Gracias por texto tan cordial, bajo la batuta de Pablo Romero, pero con el inconfundible estilo de tu desmedido servicio.

Siento que tu medida es amar sin medida y que parece que nunca terminas en agradecer al Amor de tu alma por lo que te ha dado y te sigue dando. Culmino con unos versos del gran Lope de Vega y que me acaba de recitar un gran paisano nuestro, misionero salmantino, sacerdote camilo, P. Mateo Bautista:

Lo que gasto para Dios

nunca en los libros lo asiento

que para lo que Él nos ha dado

es poco lo que le vuelvo

porque, por más que le pago,

siempre le quedo debiendo.

 


Fecha Publicación: 2022-11-25T07:38:00.000-08:00

En el marco de las celebraciones por los 50 años de la Renovación Carismática Católica (RCC) en el Perú, el autor Pedro López Castillo, publicó el libro: «Nuestra Historia: Orígenes de la Renovación Carismática Católica en el Perú (1970-1985)». La publicación muestra cómo surgió el movimiento, quienes fueron sus primeros líderes y cómo se extendió al interior del Perú, con la finalidad de acercar a los miles de carismáticos de este tiempo a su historia y a sus orígenes, no solo por la importancia de su pasado, sino también para comprender su relación con el presente y el futuro, además de adquirir conciencia de lo que son, de lo que tienen o necesitan y seguir construyendo a partir de ello.

En este contexto, Mons. Javier Del Río Alba, Arzobispo de Arequipa, fue invitado por el autor a escribir la presentación de esta publicación. En ella, el Prelado agradece al autor por el trabajo realizado, el cual pone de manifiesto su amor a la Iglesia Católica, anima a todos a leer este libro y alienta a otros estudiosos a aprovechar la veta que el autor ha abierto y a que profundicen en la cincuentenaria historia de la RCC en Perú. Además, el Arzobispo también comparte su experiencia de cómo conoció esta corriente de gracia y los frutos que el Espíritu Santo suscita a través de ella.

La publicación se divide en 18 capítulos, comenzando por caracterizar a la RCC, la presencia del pastor Hobart Vann en el Perú, seguido de Francisc MacNutt; testimonios, anécdotas y algunos documentos, en los que encontrarán todo sobre quienes fueron los sacerdotes y pastores que planificaron el primer retiro carismático en el Perú; detalles del primer retiro carismático, así como las experiencias de sus participantes; la fundación de los primeros grupos de oración carismáticos en Lima y la llegada del movimiento a otras ciudades del Perú; el avivamiento de Espíritu entre los jóvenes, los empresarios (AIHNEC), los militares y los matrimonio; el compañerismos ecuménico vivido en los primeros quince años; la fundación de la primera Escuela de Servidores y la dolorosa división producida en el movimiento. Se da cuenta de personas emblemáticas como Rómulo Falcón, José Belaunde y hasta el Padre Roberto Padrós, fundador de PAX TV… La obra se enriquece con una galería fotográfica,

Para adquirir el libro pueden acercarse a la Librería Bazar ACAIA, ubicada en la Calle San Francisco 123 en el Cercado, es de lunes a viernes 9 a.m. a 6 p.m. y los sábados de 9 a.m. a 12 m., o comunicarse al (054) 206437.

PEDRO LÓPEZ CASTILLO
Nació el 29 de enero de 1985, en Valencia, estado Carabobo-Venezuela. Es Licenciado en Teología, ha servido como referente para el Perú del Foro Pentecostal latinoamericano y caribeño, un espacio de acercamiento y diálogo para el movimiento pentecostal de la Región. Actualmente dirige la Red Peruana de Investigación Carismática-Pentecostal, a través de la cual se dedica a la investigación de los aspectos históricos y ecuménicos de los movimientos del Espíritu surgidos en el siglo veinte. Es autor de tres libros, ha escrito diversos artículos y es invitado a representar el pentecostalismo en diversas instancias eclesiales dentro y fuera de país.

 


Fecha Publicación: 2022-11-19T12:46:00.000-08:00


In Memoriam a Ella Dunbar Temple

 

Rafael Jaeger Requejo

Profesor de Historia del Derecho de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, discípulo y amigo de la Dra. Ella Dunbar Temple

El imperativo del deber me lleva a presentar estas deshilvanadas líneas con las que no trato sino de esbozar muy a grandes rasgos el periplo vital de una MUJER PERUANA que mediante su denodado esfuerzo ocupa un sitial de honor en la intelectualidad peruana y es un ejemplo de la peruana gente.

Nació la Dra. Ella Dunbar Temple un 10 de junio de comienzos de la segunda década de la centuria que expira, según unos en sus lares paternos piuranos, otros advertirán que vino al mundo en el vapor que había salido de esa ciudad norteña con destino a Lima y finalmente ella aseguraba haber nacido en el bajopontino barrio del Rímac. Fueron sus padres, Don Roberto Temple Seminario y doña Herlinda Aguilar Dávila de Temple. Sus estudios escolares los culminó en Barranco y ya para entonces obtuvo un premio. Estando clausurada la Universidad Mayor de San Marcos entró a la Universidad Católica de donde salió con los bachilleratos en Letras y Derecho, así como con una distinción especial por haber sido alumna sobresaliente en todos los años de estudios. Con posterioridad se trasladó a la Universidad Decana de América y en ella obtuvo el título de abogado y el doctorado en Historia y Literatura con su tesis sobre la descendencia de Huayna Cápac, la misma que fue galardonada con el Segundo Premio Nacional de Historia "Inca Garcilazo de la Vega" en 1946. Ese mismo año se convirtió en Catedrática de la Facultad de Letras de nuestra Alma Mater y allí creó las cátedras de Instituciones e Historia de la Geografía, desempeñando, a su vez, una serie de cargos y funciones académicas ya sea como Directora del Instituto de Geografía durante veinte años (editó dos números de la prestigiosa revista de ese Instituto e inauguró la Sala de Cartografía), Miembro de la Comisión por la Facultad de Letras de elaborar el proyecto de la Escuela de Archiveros y Bibliotecarios, Presidenta de la Comisión encargada de redactar el plan del geógrafo profesional, Jefe del Departamento de Ciencias Histórico-Sociales y Miembro de la Asamblea Universitaria en representación de los profesores principales (1977).

Pero la labor intelectual de la Dra. Temple se había iniciado anteriormente en la Historia de la Literatura y de ello son prueba trabajos como "Los Valores Lope y Calderón", "Escrituras Iluminadas del Perú Colonial" (en base a un manuscrito, después perdido en el incendio de la Biblioteca Nacional) "Clasicismo, Goticismo, Romanticismo" y un "Curso de la Literatura Colonial Femenina en el Perú" que elogiara Martín Adán. Existe asimismo otro sector que transitó nuestra maestra y fue el de la Historia del Periodismo con aportes como «El Investigador», Periódico de 1813-1814 y "Periodismo Peruano Virreynal: El Seminario Crítico de 1791", "La Gaceta de Lima del siglo XVIII" y "Seis ejemplares Raros de la Gaceta Virreynal", este último constituye un meritísimo examen histórico crítico de ese órgano periodístico del Perú dieciochesco.

Parte poco conocida del acaecer vital de nuestra maestra sanmarquina es la de su labor como jefe de catalogación de la Sección "Papeles Varios" de la antigua Biblioteca Nacional de Lima allá por los años iniciales del cuarenta, donde conjuntamente con los doctores Carlos Radicati y Guillermo Lohmann, y teniendo a la cabeza de todos ellos al desaparecido Dr. Alberto Tauro del Pino, después del incendio de nuestro primer repositorio, la Dra. Temple fue Jefe del Departamento de Consultas y aun sacó a luz un inventario de libros y manuscritos rescatados después del referido siniestro.

Por lo que toca a la abogacía Ella Dunbar Temple ingresó al estudio del Dr. Rafael Loredo Mendivil (historiador especialista en temas como el de Gonzalo Pizarro y las Guerras Civiles de los conquistadores) y ahincó su actividad forense en ramas como las del Derecho Minero y Derecho Tributario alcanzando notable éxito en el ejercicio profesional lo que la llevó a integrar la Junta Directiva del Colegio de Abogados que presidiera el ilustre jurista José León Barandiarán; paralelamente se desempeñaba como Defensor de oficio, Agente Fiscal Suplente, Fiscal Superior Suplente y Vocal Superior Suplente en la Corte Superior de Lima. En razón de lo expuesto y del dictado del curso de Instituciones Jurídicas aflora otro rubro de su producción: el histórico-jurídico, donde encontramos su tesis de bachiller aún inédita sobre "El Tribunal de Jurado" de la que Jorge Basadre opinó debía publicarse, a la que deben

sumarse "El Virrey Toledo y los Incas de Vilcabamba", "El jurista indiano Don Gaspar de Escalona y Agüero, graduado en la Universidad de San Marcos", "Introducción a la bibliografía jurídica de la Historia del Derecho y de las Instituciones" (que editara la Universidad Libre de Bruselas) y los prólogos a sus compilaciones documentales como el de "La Universidad Mayor de San Marcos en el Proceso de la Emancipación Peruana" y el de "La revolución de Huánuco, Panatahuas y Huamalíes", donde con gran dominio del idioma y en cabal estilo forense revive por medio de argumentos de la defensa y formulismos curialescos la participación de un conjunto no despreciable de segundas figuras de la emancipación peruana, los que aunaron a su formación jurídica un decidido patriotismo.

Sería muy largo tener que referirme a muchos otros de sus estudios en el área biográfica como "los Apolaya", "los Sahuaraura", "Don Carlos Inca", "Los Bustamante Carlos Inca", "La azarosa existencia de un mestizo de sangre imperial incaica", entre otros muchos, pero el espacio concedido a esta nota no lo hace factible por lo que debo sólo mencionar su labor proficua en el ámbito de la historia de la Geografía como "La cartografía peruana actual…", la "Visión Geográfica Histórica del Perú hacia 1839", su curso de "Historia de la Geografía" y el prólogo a su corpus documental de "La acción patriótica del pueblo en la Independencia del Perú, Guerrillas y Montoneras".

No sería justo dejar de mencionar aquí uno de sus mejores logros como fue el de la fundación de la Sociedad Peruana de Historia, corporación privada que su fundadora presidiera en varias oportunidades y que logró editar 4 volúmenes de su órgano oficial: la revista "Documenta", verdadero modelo de publicación entre las de su género.

No debemos, pues, olvidar que Ella Dunbar Temple es la primera mujer peruana: Académica en Perú y fuera, la primera Catedrática universitaria, la primera en una Junta Directiva del Colegio de Abogados de Lima, y la primera como Vocal Superior Suplente, cuando aún la mujer no era ciudadana en ejercicio; por todo ello es, sin lugar a dudas, UNA PRECURSORA.

Cómo no evocar ahora las clases del verano de 1976 cuando conocimos a la Dra. Temple, dedicada en forma exclusiva a la docencia universitaria en San Marcos, preocupada tanto del puntual esmero del dictado, como de fomentar la investigación entre el alumnado y ubicando al estudiante, estimularlo y preocuparse por apoyarlo en todo lo que estuviera a su alcance. Si bien es cierto que Ella Dunbar Temple fue muy exigente en cuanto a investigación histórica se refiere, también es cierto que estuvo al tanto de los problemas e inquietudes de muchos de sus alumnos, la probanza más palpable es que encontramos a sus ex-alumnos en diversos campos: diplomacia, abogacía, magistratura, archivística, bibliotecología y profesorado en general; y todos ellos guardan para con su antigua maestra palabras de gratitud. Si a ello se suma el que aun después de concluir su jornada humana Ella Dunbar Temple y Carlos Radicati Conde di Primeglio siguen ayudando a la comunidad estudiosa por medio de su Fundación que no es sino el esfuerzo y el trabajo de su vida toda… ¿Puede haber mayor generosidad?

https://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtual/publicaciones/cathedra/1998_n3/In_Mem.htm


Fecha Publicación: 2022-11-19T04:49:00.000-08:00

¡ADIÓS DON DANIEL, MAESTRO Y AMIGO!
Siempre que volvía a mi querida Salamanca procuraba visitarlo y él me invitaba a comer para poder conversar tranquilamente. Mil gracias. Fue mi profesor de Didáctica en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado "Gabriel y Galán" en los convulsos años de la década de los 80, con huelgas y movilizaciones estudiantiles, convirtiéndose en un referente de ciencia, pedagogía renovada, amistad. Como historiador de la educación nos hablaba de cómo ya Felipe II había prohibido los apuntes en la Universidad de Salamanca y que las clases no eran para "dictar y copiar" sino para dialogar, pensar, proyectar...Con él vimos publicados en libros nuestros propios trabajos, con él fuimos a su bella Herguijuela de la Sierra y aprendimos el aprender en familia, en contacto con la vida, con misa mesa y sobremesa. Él me regaló la mejor biografía sobre Unamuno y su antología teresiana, nos enamoró de la Salamanca eterna, de la pasión por educar, del gozo de la liturgia y del compromiso solidario con la humanidad.
Querido don Daniel, mi gratitud, mi oración, descanse en paz


Fecha Publicación: 2022-11-18T15:55:00.000-08:00

La condesa se confiesa (Las memorias de Mayte Maldonado) según se las contó a Luis R. González Argüeso, Editores Argüeso y Garzón, 2015, 317 pp.

¡Lo mejor está por venir! Nunca imaginé que mi pueblo -la villa de Rollán (Salamanca)- diese para tanto. Comienzo por los curas; uno revolucionario y yeyé -Arturín- párroco en Doñinos, que en sus años de estudiante tuvo en jaque a la policía y a las autoridades de la Ponti; el mártir, Pepito, José Luis García Cuadrado, asesinado en Campanario a los 28 años por no renunciar a su fe; Juan Sahagún Lucas, catedrático de teología en la Facultad de Burgos; Amado Mateos, ejemplar párroco de Las Veguillas y capellán del Cristo de Cabrera…Pongo puntos suspensivos para otra ocasión y comenzar de una vez con lo que acabo de conocer ¡y de primera mano! pues he tenido la gracia de su llamada telefónica desde Puerto Rico y generosamente he recibido sus dos libros. Sí, Mayte Maldonado (María Teresa Hernández Ballesteros), autora de "Apocalipsis 2021" y "La condesa se confiesa"; del último, les comparto un comentario .

Debo confesar, pues de confesiones habla el libro, que me lo he leído de un tirón y me ha hecho recordar las confesiones de san Agustín, las del libro de la vida de Santa Teresa  de Jesús y las de Teresita (Historia de un alma, quien redujo su vida a tres verbos: Amar, sufrir, siempre sonreír). Me ha impactado la transparencia y veracidad del relato, eso sí sin herir a nadie sino salvando lo salvable, tratándolo siempre con misericordia.

Comienza con una dedicatoria entrañable a "mi hijo, mi nuera y a mis tres nietecitos que son la alegría  de mi vida y a mi madre Teresa, q.e.p.d"  (p.7). Le sigue la página de agradecimientos comenzando por "mi amado Señor Jesucristo", luego "toda la galería de maestros que han pasado por mi vida" y su colaborador y escritor Luis González Argüeso a quien ha confiado sus memorias en extensas grabaciones que transcribió y redactó "con maestría y finos toques de poesía" p.8 y quien nos da cuenta del proceso (p.10)…

En la "nota aclaratoria" nos indica que su objetivo ha sido compartir sus experiencias, huyendo de la vanidad y la pereza, como ejercicio de "crecimiento y aprendizaje" p.9.

La primera parte lleva por título "Me busqué a mí misma y encontré a Dios" se compone de 8 capítulos, sangre en el alma (su infancia en Salamanca), me voy a Madrid, Panamá, Chile, coqueteando con las altas esferas del poder, Emmet Nicolai, por mi hijo, Puerto Rico.

Aunque ha adoptado el nombre de Mayte y el apellido de su último marido Maldonado, lo oficial es María Teresa -tal como la bautizaron- y Hernández Ballesteros -apellidos de su madre- pues no conoció a su padre, supuestamente el Conde de Villalbí (p.91), quien la abandonó al igual que a su madre. Presa del bulling (la llamaban "la bastarda"), medio escondida, vivió en la más absoluta de las miserias, entre Rollán y Vega de Tirados, y creció ayudando a su madre a dar a luz y a criar a sus nueve hermanastros que tuvo con Luis, un albañil medio borrachín, quien la ignoró por completo .

Pero, como en el cuento de Cenicienta, nuestra protagonista, con la edad sufrió una metamorfosis gracias a su encanto físico que la hizo pasar de ser repudiada a ser codiciada por los varones.  Trabajó en Salamanca como camarera en el Hernán Cortés y en el mítico California, en el callejón de la calle Toro junto a la Plaza, dando muy pronto el salto a Madrid. Allí trabajó en la cafetería que los dueños del California tenían con el mismo nombre en la capital, parada de hombres famosos. De allí pasó al Morocco donde se lanza como vedette, adopta el nombre de Mayte del Mar, con tanta fortuna que a los 22 años saltó el Atlántico hasta Panamá, actuando también en Chile, Perú, México, Estados Unidos.

Mayte nos cuenta sus amoríos, como con el propio infante Alfonso de Borbón, sin ahorrar abortos ni divorcios. Seis veces terminó en matrimonio, aunque tres de ellas con el mismo hombre, y de todos tomó los apellidos, Sebastián Sandoval, Emmet Nicolai (de quien tuvo su único hijo, Juan Carlos) , Tony del Castillo y, el actual por su último esposo, el periodista puertorriqueño nacido en Nueva York, Alex Maldonado. Fuera de ellos, infinidad de parejas, algunas de ellas muy conocidas.

Sorprende que aquella niña repudiada apenas conocida en el pueblo salmantino de Rollán termine siendo la reina de la canción española en Hispanoamérica, una vedette impactante en su tiempo, además de acabar amasando una impresionante fortuna y siendo una empresaria de primer nivel mundial. Sin apenas instrucción pues no era bien vista en la escuela, autodidacta cien por cien, una belleza natural evidente, fuerza de voluntad a prueba de balas, ambición colosal y una inteligencia emocional por encima de la media.

Mayte nos relata con pelos y señales, que ha dado varias veces la vuelta al mundo, hospedándose o vivido en espléndidas casas de La Moraleja madrileña, Miraflores de Lima, Río de Janeiro, Ciudad de México, Santiago de Chile, Bogotá, Las Vegas, Nueva York, Panamá (donde contó con la amistad del Presidente Omar Torrijos) y desde hace más de treinta años en San Juan de Puerto Rico, en una casa nominada por ella como "El mausoleo".

Durante su relación con el panameño Gilberto Arias, Mayte recorrió el mundo y las mansiones del Aga Khan en Cerdeña, de Onassis en la isla griega de Escorpio o el palacio londinense del príncipe Carlos.

La segunda se titula "Busqué a Dios y me encontré a mí misma" con otros ocho capítulos: Morir para poder vivir, sanación en Bagua, recaudar fondos para la Iglesia, cenas de gala, otro milagro en la Clínica Mayo, la fe que mueve montañas, misión (cumplida, fallida y soñada), visión de la iglesia futura.

Toda aquella vida de trabajo, lujo, ambición y desenfreno, narrada en la primera parte se frenó el 5 de febrero de 1991, cuando le diagnosticaron cáncer de mama. Intervenida en la prestigiosa clínica Mayo de Minnesota, le extirparon los dos pechos en una exitosa operación. Ahí es cuando sufre un tremendo proceso de conversión espiritual después de ver la imagen de Jesús de Nazaret.

"Me acostaron otra vez en la cama, pero yo ya era otra persona. Sentía en mi interior que era una persona nueva, totalmente cambiada, invadida y poseída de una quietud interna y un gozo que jamás había experimentado. No queda rastro en í de la amargura y la mala sangre que siempre me había envenenado el alma. Miraba el crucifijo que colgaba de la pared y se me inundaron los ojos de lágrimas. Gracias, Jesús, gracias, -murmuraba suavemente- porque puedo sentir tu mano en este momento. Todavía siento esa mano mientras relato estas memorias y solo puedo decir gracias, gracias, gracias " p. 208

Desde ese momento decide centrar todos sus esfuerzos, celibato incluido, en seguir la estela de Jesucristo, en la Iglesia Católica. Y, a través de su fundación Jesús de Nazaret, hasta ahora. 

Me ha encantado leer en el epílogo: "Ya yo sé, por fin, quién soy, de dónde he venido y hacia dónde voy y con Quién" p.316. Me hace recordar la respuesta de don Quijote ante un labriego que intentaba cortar sus sueños y ponerle con los pies en el suelo: —Yo sé quién soy —, y sé que puedo ser, no solo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama".  Claro que Mayte sabe que es un milagro del Señor, el Amor de su vida, y a Él se debe en todo y en todos. "Ya que no había entrado de monja como fue una vez mi manera deseada de servirle, pues ahora quería ser  "La Recaudadora más Grande del Mundo" para levantar fondos para la construcción del más maravilloso Santuario dedicado a la Madre de la Divina Providencia" p.249. Obstáculos y cruces no le han faltado, pero ella sigue impertérrita en darle lo mejor como concretará más adelante en su nuevo libro "Apocalipsis 2021", poniéndose en primera línea con el sueño del Papa Francisco de una iglesia en salida y un nuevo orden mundial que ponga a Cristo en el centro y su mandato de amor al prójimo como divisa.