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Fecha Publicación: 2021-09-25T20:20:00.000-07:00

EL REAL FELIPE, OBLIGADA VISITA EN EL BICENTENARIO

Acabo de estar en la Fortaleza del Real Felipe este sábado 25 de septiembre del 2021 y me gustaría animarles a visitarlo. Saldrán enriquecidos y gozosos de esta aventura patriótica recorriendo los vericuetos del monumento, contemplando espectaculares vistas, "tocando" armas y estatuas, sintiendo luces y sombras, muerte y vida de una entrañable historia que nos alecciona y desafía. Comenzamos con un excelente video de unos 20 minutos que nos da cuenta de la historia de la construcción, su razón, los acontecimientos más importantes y un recorrido sintético con lo más representativo de la visita. El recorrido nos llevó unas dos horas.

ANTECEDENTES

El Callao fue siempre la primera puerta y primer puerto de entrada para Lima y el Perú. En la actualidad es el principal puerto del país y uno de los primeros de América y el Pacífico en tráfico y capacidad de almacenaje. En 1537 Diego Ruiz inaugura un tambo y la construcción de una serie de bodegas; o depósitos destinados a la protección de las diferentes mercancías que allí desembarcaban; y ello dio pie a un centro urbano de rápido crecimiento. En 1555 se inicia la construcción de un barrio español. Un año después, en 1556   el virrey don Andrés Hurtado de Mendoza nombra Alcalde de Lima a Juan Astudillo Montenegro, quien a su vez nombró como alguacil de Puerto a Cristóbal Garzón, siendo la primera autoridad municipal del Callao. Lógicamente no todos los visitantes traían buenas intenciones y había que vigilar y controlar especialmente a los piratas y corsarios por lo que entre 1640 y 1647, se construyen murallas de defensa por iniciativa del virrey Pedro de Toledo y Leiva.  

LA FORTALEZA DEL SIGLO XVIII

Pero será el devastador terremoto en 1746, seguido a los pocos minutos de un terrible tsunami lo que destruyó el puerto, dejándolo desprotegido. Fue entonces que el virrey José Antonio Manso de Velasco, conde de Superunda (lo salvó de las olas), ordenó la construcción de una fortaleza, según del francés Luis Godin y los españoles José Amich y Juan Francisco Rossa. El 21 de enero de 1747 se iniciaron los trabajos con el cavado de las zanjas y el 1 de agosto del mismo año se colocó la primera piedra. Será una obra paradigmática de la arquitectura defensiva del imperio español que costó alrededor de tres millones de pesos. Para esta se utilizaron bloques de piedra traídos de las canteras de la isla San Lorenzo y de los restos desenterrados de las antiguas murallas destruidas por las catástrofes. Estos bloques compuestos de cuarcita y arenisca fueron reforzados con «calicanto» (mezcla de arena, cal y clara de huevo de aves guaneras. El nombre fue elegido en honor del rey del momento Felipe V de la Casa de Borbón. La edificación finalizó durante el mandato del virrey Manuel de Amat y Junient en 1774. Años más tarde, en 1782, el virrey Manuel Guirior mejoró la fortaleza, evitando su vulnerabilidad ante cualquier «golpe de mano» por sus flancos, por lo que construyó dos pequeños fuertes, llamados «San Miguel» y «San Rafael», que se hallaban a corta distancia hacia ambos lados del recinto completando el sistema defensivo llamado «Los Castillos del Callao».

Tiene la forma de un pentágono irregular ocupando un área de 70 000 , con un baluarte en cada uno de sus cinco vértices. Los baluartes llevan los nombres del Rey, la Reina o la Patria, el Príncipe, Jonte o San Felipe, la Princesa, la Tapia o San Carlos y San José o la Natividad. Además de ellos dispone de dos torreones: el Rey y la Reina (este último torreón mira hacia el mar, en dirección oeste), así como cinco murallas: la del Camino Real, de la Marina, Camino de Chucuito, la Marcelosa y la de Camino de la Magdalena. Posee dos puertas: la Principal, que está en la muralla del Camino Real, y la del Perdón, que está en la muralla Camino de Chucuito. En dirección norte desde la fortaleza se hallaba el Fuerte San Miguel y al sur se encontraba el Fuerte San Rafael.

El recinto posee dos entradas. La «Principal» o «de Honor» se ubica en el tramo de la muralla comprendido entre los baluartes de «El Rey» y «San José». Se encontraba orientada hacia el antiguo «Camino Real» de Lima al Callao (hoy avenidas Sáenz Peña y Óscar R. Benavides). Contaba con un puente levadizo para cruzar el foso de agua que originalmente rodeaba a la fortaleza. En la actualidad frente a ella se halla la «Plaza Independencia». La secundaria, situada en la parte posterior de la fortaleza, es conocida como la «Puerta del Perdón», pues fue utilizada durante el sitio del Callao por los desertores que se pasaban al lado patriota.

RECORRIDO

Torreón del Rey. Fue restaurado a mediados de la década de 1990 del siglo XX y se caracteriza por contar con tres niveles (base, machón y mirador). La base tiene 24 cañones de fierro y el machón ocho cañones de bronce. El «Torreón del Rey» se halla en el baluarte del mismo nombre. Cuenta con tres niveles, en dos de los cuales hay plataformas con cañonesː la primera con veinticuatro de fierro y la segunda con ocho de bronce. El interior era un búnker laberíntico que poseía todo lo adecuado para resistir cualquier ataque. Un puente levadizo completaba la seguridad, pues era el único acceso que poseía cada torreón. Al igual que el torreón de la "Reina", el del "Rey" fue modificado durante la guerra del Pacífico, reemplazándose los niveles superiores por dos plataformas para cañones giratorios.

El «Torreón de la Reina». Ubicado en el baluarte homónimo, estaba equipado con depósitos de municiones, provisiones y un pozo con agua. Posee un calabozo semicircular en el que los detenidos permanecían de pie todo el tiempo. Inicialmente el torreón contaba con dos niveles con plataformas de cañones, pero se modificó en la guerra con Chile, eliminándose el nivel superior, donde se prepararon cuatro plataformas para cañones giratorios Vavasseur, uno de los cuales aún existe en el museo. Ambos torreones eran considerados como dos fortalezas dentro de la misma, pues si el recinto principal era ocupado por los invasores, se levantaban los puentes, que eran el único acceso a los torreones, permitiéndoles aislarse del exterior para continuar la lucha desde allí.

La «Casa del Gobernador». Era el lugar de alojamiento del jefe militar de la plaza. Se construyó en el vértice del baluarte de «San Carlos» y tenía tallados en su frontis los escudos de los reyes de España. Hoy se exhiben allí objetos pertenecientes a diferentes épocas militares, desde la incaica hasta la etapa republicana. Particularmente es lo que más me ha gustado ya que se pueden ver los planos de la fortaleza, las imágenes de los personajes que la habitaron, así como cuadros y bustos de los protagonistas (próceres, libertadores) de la Independencia.

Entre los cuadros y estatuas destacan las de los virreyes José Antonio Manso de VelascoI conde de Superunda, Amat, Abascal, Laserna. Dos de sus protagonistas: Ramón Rodil, defensor realista y Bartolomé Salom, general venezolano, jefe patriota, que fue el responsable máximo de la rendición.

Culmina con una acertada capilla en la que no falta la alusión a la Virgen de la Merced como patrona de las armas del Perú y un paradigmático cuadro que representa los estragos de la guerra (peste y muerte)

El «Caballero de los Doce Cañones» está ubicado en la parte alta de la «Casa del Gobernador». Al igual que los torreones, tenía capacidad de convertirse en un fuerte impenetrable en caso de la ocupación del atacante, al cual se le podía contraatacar desde allí. Su nombre se debe al armamento que utilizaba: doce cañones que apuntaban hacia los cuatro lados; además de tres líneas de retirada, cada una con cañones apuntando contra los invasores.

En la parte baja del baluarte de «San Carlos» se construyeron cuatro «casamatas» destinadas inicialmente como almacenes pero que luego serían usadas como prisiones.

En una sala aparte se encuentra «La Casa de la Mujer» que rinde homenaje a la mujer peruana por su participación en tiempos de guerra. Al lado, donde estaba antiguamente el aljibe, destaca la «oploteca», esto es, la colección de armas portátiles del museo. Se exhiben armas de puño (pistolas y revólveres), de largo alcance (fusiles y carabinas) y de acompañamiento (ametralladoras, lanzagranadas y morteros).

Dentro del recinto se halla también el Parque de Vehículos Blindados, donde se exponen tanques de distinta procedencia; y el Parque de Artillería, en el que se muestran cañones utilizados por el ejército en diversas etapas de su historia.

También se exhibe una réplica de la parte frontal de la «Casa de la Respuesta», existente en la ciudad de Arica, en la que el coronel EP Francisco Bolognesi dio su célebre respuesta. Al lado de esta réplica se halla el «Monumento al Soldado Desconocido», que representa a todos aquellos que en honor al ejército sacrificaron su vida por la patria.

 

DURANTE LA INDEPENDENCIA

La fortaleza permaneció sin mayores incidentes hasta 1806 cuando se empezó a gestar la independencia del Perú. Fue entonces cuando el virrey José Fernando de Abascal y Sousa ordenó construir un almacén para las armas y la artillería, así como un aljibe que pudiera contener agua para abastecer a dos mil hombres por cuatro meses de ocurrir un sitio a la fortaleza. El Almirante Guillermo Brown realizó un bloqueo al puerto del Callao el 21 de enero de 1816. Al mando de una flotillaBrown capturó algunos barcos españoles y bombardeó el puerto sin causar mayores daños. Fueron contestados por los cañones de los castillos y de las baterías terrestres, que obligaron a retroceder a los atacantes. El 16 de enero de 1819, la fortaleza rechazó el ataque de la escuadra libertadora del almirante Lord Thomas Cochrane durante el gobierno del virrey Joaquín de la Pezuela. Ese intento infructuoso obligó al general José de San Martín a entrar a la capital por Pisco y no por el Callao. Una vez declarada la independencia, se ordenó el sitio del fortín, que se hallaba bajo dominio español al mando del general José de La Mar.

 El 19 de septiembre de 1821, al ver la escasez de alimentos y la amenaza de epidemia que sufrían sus tropas, La Mar decidió entregar la plaza y unirse a las fuerzas independentistas. San Martín entonces renombró la fortaleza bautizándola como «Castillo de la Independencia».

El 18 de junio de 1823, el general realista José de Canterac ocupó Lima. El poder Ejecutivo, así como los funcionarios públicos, se trasladaron al Callao, instalándose en el Real Felipe. El Callao fue entonces la Capital de la República.

Meses más tarde, el 31 de agosto de 1823, llegó al Callao el bergantín "Chimborazo" trayendo al Libertador Simón Bolívar, quien hizo su entrada apoteósica el 1º de setiembre del mismo año.

El 5 de febrero de 1824 se produjo la sublevación del Sargento Dámaso Moyano y los Castillos del Real Felipe son entregados a las fuerzas del Virrey La Serna, asumiendo el comando de la Fortaleza el Coronel José María Casariego, que se hallaba prisionero.

EL TERRIBLE SITIO DE 1824 A 1826: RODIL, P. MARIELUZ, TORRETAGLE…  

Más adelante asumirá el mando el brigadier español José Ramón Rodil y Campillo, quien, negándose a reconocer la capitulación de Ayacucho, resistió el asedio de las fuerzas patriotas al mando del general Bartolomé Salom. Nadie mejor que el médico y político Hipólito Unanue para describir el estado del sitio, convertido en una prisión tanto dentro como fuera de la fortaleza:

Rodil sigue defendiéndose obstinadamente y no pasa día sin que se haga fuego fuerte contra él. Por su parte tiene una vigilancia enorme y apenas ve que se pasa alguno del pueblo o que se trabajó en la línea, cuando cubre de balazos el sitio, así es que no se pasan de miedo muchos que desean hacerlo.

Se considera que fueron entre cuatro y siete mil las personas sitiadas. Para empezar, Rodil no obligó a nadie a emigrar a dicha fortaleza. En un bando que publicó el 18 de agosto, dos días después de enterarse de la tragedia en Junín, informó que, en caso de que la fortaleza del Callao estuviera bajo sitio, toda persona o familia que se acoja a la seguridad de la plaza, estaba en la obligación de llevar sus víveres en abundancia, ya que los que se encontraban en la plaza eran para la guarnición. La mayoría de historiadores ha señalado que la élite limeña formó parte de la población recluida en los Castillos. De hecho, hubo más personajes de igual o menor importancia, pero no fueron identificados por gran la cantidad de refugiados.

Rodil tuvo mucha razón al decir que las epidemias constituyeron un enemigo al que no podrían vencer. Fueron las causantes del mayor número de bajas entre militares y civiles. De un total aproximado de 3.000 soldados, murieron 785 por combate y 1.312 por enfermedades; la fuerza efectiva que quedaba tras la entrega de la plaza era de 870, de los que 171 se encontraban enfermos en el hospital y muchos otros afectados por el escorbuto. Sobre la población civil, no hay una cantidad exacta de muertos, pero esta sobrepasa los 2.000. Más adelante, para evitar que el desánimo de los civiles afectara a la guarnición, mandó que aquellos que no tenían recursos suficientes para subsistir en el Callao, abandonasen la plaza: en dos meses, se libró de 2.389 refugiados que se fueron por su propia voluntad. Fue "una matanza colectiva provocada por el miedo, la desolación y el terror". 

La rendición de los Castillos del Callao significó un enorme sacrificio para Rodil. Prácticamente no tenía otra opción. El hambre y la enfermedad le obligaron a abrir las negociaciones con Bartolomé Salom, general en jefe del ejército sitiador. Confesó que, para el 22 de enero de 1826 -fecha de la rendición-, solo contaba con una fuerza efectiva de 440 soldados. Esta tropa no podía expulsar a los 300 hombres que se posicionaron al sur del fuerte de San Rafael, uno de los puntos más débiles de la fortaleza.

Jorge Luis Castro plantea que existía una posibilidad real de recibir auxilios desde España. Cabe resaltar que, días atrás, el propio Marqués de Torre Tagle se había presentado como prisionero de guerra ante el general realista Monet, quien, generoso, le reconoció el grado que tuvo en el Ejército español y le ofreció una guardia personal además del mando de la ciudad. Torre Tagle no aceptó y se retiró con su familia a los Castillos del Callao, donde vivió recluido, siendo sitiado por las tropas independentistas. Le acompañaban su esposa y sus hijos menores. Allí, en medio de las condiciones más espantosas, agotado moral y físicamente, víctima del escorbuto, murió la madrugada del mismo 23 de setiembre de 1825, a los 46 años de edad. Su esposa Doña Mariana Echevarría y uno de sus hijos tuvieron el mismo trágico fin.

Siempre me sorprendió que un personaje y un acontecimiento tan sobresaliente como el del Padre Pedro Marieluz. Bueno es ya romper el silencio sobre este sacerdote camilo ejemplar que nos brindó una lección de coherencia sacerdotal -auténtico mártir de la confesión sacramental- que le lleva a ofrendar su vida por Dios y por la patria siendo fiel a su vocación y su misión. Nuestro protagonista Pedro Marieluz colaboró en diferentes campañas, quizás de la mano de su tío paterno, teniente de la escolta del virrey Joaquín de la Pezuela. Al volver a Lima Rodil y tomar los castillos de Callao con los realistas, se encerró el 7 de diciembre de 1824, en calidad de vicario castrense. Tras la rendición de Ayacucho por La Serna el 9 de diciembre de 1824 los ocupantes del Callao no la aceptaron y se defendieron en el Fuerte esperando refuerzos españoles por el mar. La decisión del sacerdote no fue fácil, pues tuvo que elegir entre acatar los términos de la capitulación de Ayacucho de rendición total y seguir al desobediente y obstinado Rodil.

El único testigo que declara en el proceso de beatificación, José María García, quien ingresó en el Castillo tras la capitulación de Ayacucho, y tenía un hermano al servicio de Rodil, habla de una conspiración liderada por el segundo jefe de la fortaleza, el Coronel Rafael Montero -amigo del padre camilo- y que al ser descubierta, Rodil encargó al Padre Marieluz le declarase lo que supiese; puesto en capilla Montero antes de ser fusilado, pidió confesar con el Padre Marieluz. Nuevamente, Rodil, le insistió en que revelase lo que le hubiese declarado Montero. El Padre se negó expresando que aunque supiera no revelaría nada de lo que le hubiera dicho como a confesor por lo cual el General le hizo fusilar en efecto el 3 de enero de 1825.

EN LA REPÚBLICA. De 1826 a 1833, la fortaleza del Real Felipe sirvió como prisión política.  En 1834 sirvió de refugio al recién elegido presidente Luis José de Orbegoso y Moncada, al sospechar de un golpe de Estado de parte del expresidente Agustín Gamarra.22 Al año siguiente, el presidente Orbegoso se dirigió al Cusco en un intento por frenar las acciones revolucionarias del mariscal Gamarra en el sur del país. En su ausencia, el sargento Pedro Becerra se amotinó en el Callao, en la madrugada del 1 de enero de 1835, apoderándose de la fortaleza. Sin embargo, la revuelta fue sofocada a los pocos días por el general de división Felipe Santiago Salaverry.23

En 1839, la fortaleza fue convertida en aduana, por decreto del presidente Agustín Gamarra.

En 1866, durante el combate de 2 de mayo, el fuerte fue una de las líneas defensivas peruanas contra la flota española al mando del almirante Casto Méndez Núñez.

El último suceso militar de la fortaleza fue durante la Guerra del Pacífico, en la cual la fortaleza impidió el desembarco de la escuadra chilena al mando del almirante Galvarino Riveros Cárdenas en el Callao. El castillo sobrevivió a la guerra, pero no sucedió lo mismo con los fuertes «San Rafael» y «San Miguel», que fueron completamente destruidos por las tropas chilenas. Después de la guerra, la fortaleza siguió funcionado como Aduana hasta 1934, año en que la aduana se traslada a su nuevo, y actual, local ubicado en el terminal marítimo del Callao.

En 1925, por disposición del presidente Augusto Leguía, se realizaron los trabajos de restauración del recinto retomando el nombre original de Fortaleza del Real Felipe.

El 20 de febrero de 1931 se produjo en la fortaleza una sublevación militar–policial encabezada por el general de Brigada EP Pedro Pablo Martínez y Ledesma contra el presidente Luis Miguel Sánchez Cerro. El general Martínez intentó con un discurso obtener el apoyo del pueblo del Callao, pero no obtuvo éxito. Tras varias horas de lucha los rebeldes se rindieron luego que aeroplanos del ejército bombardearan el lugar.2930

Desde 1934, la fortaleza del Real Felipe ha tenido distintos usos. En sus diversas instalaciones ha alojado a las oficinas de Resguardo, Capitanía de Puerto y hasta una Comisaría del Cuerpo de Seguridad de la República, habiéndose establecido en el sector donde funcionó la Comisaría una cárcel para presos políticos. Hasta el 31 de diciembre de 1945 fue sede de la Escuela de Suboficiales del Cuerpo Aeronáutico del Perú, habiendo funcionado además depósitos del Ministerio de Aeronáutica.

Fue declarada «Monumento Histórico Nacional» el 19 de mayo de 1952, convirtiéndose en sede del «Museo del Ejército Peruano».2231

En 1962, el diputado por el Callao Víctor Pérez Santistevan presenta un proyecto para la fortaleza del Real Felipe. El proyecto de restauración de la fortaleza fue llevado a cabo en 1962, siendo dirigido por el arquitecto Víctor Pimentel Gurmendi.

El Castillo del Real Felipe fue cuartel del Batallón de Infantería Paracaidista "3 de Octubre" N.º 39 del Ejército del Perú hasta 1980 y desde junio de 1980 hasta 1983 el Batallón de Infantería de Comandos "Guardia Chalaca" N.º 40 tuvo su sede allí. A partir de 1984 hasta nuestros días, lo ocupan el Batallón de Infantería Motorizada "Legión Peruana" N.º 1 y la Batería de Artillería Volante de la "Legión Peruana de la Guardia" del Ejército del Perú.

En la fortaleza fue recluido por cerca de tres años el general Jaime Salinas Sedó al ser capturado luego de su intento por restablecer el orden democrático en el país tras el Autogolpe de 1992 durante el gobierno de Alberto Fujimori. En 2007 bajo el segundo gobierno de Alan García se inició una nueva restauración de parte del Servicio de Ingeniería del Ejército, en coordinación con la Dirección de Museos del Ejército y bajo la Supervisión del Instituto Nacional de Cultura. Esta refacción fue con motivo de la realización del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico del 2008, donde la fortaleza fue una de las sedes del evento.

En 2016 el museo fue nuevamente restaurado así como muchas piezas de su colección, como trajes militares y cartas manuscritas de Bolognesi. El equipo de la historiadora del arte Costarricense Eugenia María Abadía González y los restauradores peruanos Roxiemiro Fernández y Carlos Huallpa fueron los responsables por la restauración de las obras y del museo.

En el presente 2021 está brindando servicios a la vacuna contra la covid-19

https://es.wikipedia.org/wiki/Fortaleza_del_Real_Felipe


Fecha Publicación: 2021-09-22T18:06:00.000-07:00

QUIROZ PAZ SOLDÁN, Eusebio Identidad Cultural Mestiza de Arequipa Universidad La Salle, Arequipa, 2020, 280 pp

La edición del libro es un homenaje a la trayectoria de Quiroz Paz Soldán, por parte de la Universidad La Salle, donde fue Vicerrector.

Se abre con unas palabras de presentación por parte del rector de la universidad, Patricio Quintanilla, quien resalta que la obra es la primera publicación del centro, destacando la tenacidad y profesionalismo del autor para rescatar la identidad cultural de la ciudad que lo vio nacer.

Prologa la obra Mario Rommel Arce Espinoza, quien nos brinda una profunda reflexión acerca de la identidad cultural y su "construcción colectiva" forjada en el imaginario social. De la mano de forjadores de tal identidad como Juan Gualberto Valdivia, Jorge Polar, Víctor Andrés Belaunde, contextualiza la teoría mestiza de Arequipa del historiador Eusebio Quiroz, en quien destaca como mérito el aporte de los fundamentos históricos y culturales, principalmente expuestos el 15 de agosto de 1990 en el Consejo Provincial de Arequipa.

Se trata de una recopilación de doce artículos o capítulos de libros de su autoría; todos ellos referentes a la identidad cultural mestiza de Arequipa, verdadero resumen de la vasta historia mestiza de  la ciudad. Agradecemos y felicitamos esta cuidada edición que nos permite leer de modo orgánico e integral los valiosos trabajos, antes dispersos en el tiempo y en el espacio, brotando al calor de la demanda conmemorativa o por la necesidad de compartir el rico y poliédrico concepto de arequipeñidad que don Eusebio lleva tan dentro. Doy cuenta del título y extensión de los estudios publicados:

1. La cultura mestiza hispanoamericana (23-41) fue publicada en "Significado histórico de la Evangelización de América Latina" V Centenario de la llegada de la Fe. Asociación vida y Espiritualidad, VE, Lima, 1991. Recoge todas las polémicas suscitadas al hilo de los fastos del V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América.
2. "La Identidad cultural mestiza de Arequipa" (43-64)  que con  "Una Teoría para  explicar  el significado histórico de Arequipa",  son dos capítulos  del  libro titulado "Arequipa Patrimonio Cultural de la Humanidad" el cual fue publicado el 2015 por el Ministerio de Cultura.

3. "La identidad cultural arequipeña como camino de la identidad nacional peruana" (65-88), publicado por la Universidad Católica San Pablo en 2005. En este texto se retoma y reelabora ideas expresadas en el Discurso de Orden pronunciado en la Sesión Solemne del 15 de agosto de 1990. El mismo se encuentra publicado en Visión histórica de Arequipa, UNSA, 1991, págs. 319-364. 

4. "La arquitectura mestiza de Arequipa" publicado en 1991 por la UNSA en el libro "Visión histórica de Arequipa" 1540-1990; págs. 79-98.

5.  "La arquitectura mestiza Arequipeña", el cual es un análisis de la obra del Padre Antonio San Cristóbal Sebastián, titulada "Arquitectura Planiforme Textilográfica Virreinal de Arequipa", publicada por la UNSA en 1997.

6. Patrimonio cultura de Arequipa, 119-148

7. Música mestiza arequipeña,149-163

8. El habla popular mestiza arequipeña, 164-190

9. Gastronomía mestiza arequipeña, 191-198

10. Tradiciones mestizas arequipeñas, 199-214

11. Identidad católica de Arequipa, 215-260

12. La identidad cultural del Perú. El aporte católico, 261-280

En el momento de presentación de la obra y como reconocimiento a su fructífero aporte a la cultura de Arequipa y sus años de servicio como Vicerrector en los primeros años de funcionamiento de la Universidad La Salle, el rector de la casa superior de estudios, Dr. Patricio Quintanilla Paulet, entregó un reconocimiento al autor, resaltando su tenacidad, profesionalismo y su incansable labor por fortalecer la identidad de Arequipa; tales notas resaltan de igual modo en la presente obra que recomendamos. Culmino felicitando y agradeciendo a don Eusebio, su autor, quien tuvo la gentileza de dedicárnosla y enviarla por correo. Si san Juan de la Cruz escribió que "es de mucha luz padecer tinieblas", en nuestro admirado historiador Quiroz su visión de Arequipa se crece a pesar de que su vista decrece. 


Fecha Publicación: 2021-09-22T06:56:00.001-07:00

BEATO JOSÉ CALASANZ MARQUÉS

 http://salesianos.pe/22-de-setiembre-%C2%A1feliz-fiesta-del-beato-jose-calasanz-y-sus-companeros-martires/

Hoy 22 de septiembre se celebra su fiesta en unión a la de los compañeros mártires del 36. Este salesiano colosal fue uno de los diez mil mártires de la incivil Guerra Civil Española de 1936 a 1939 y que tuvo a su cargo la actual parroquia del Sagrado Corazón en el distrito limeño de Magdalena del Mar, Pariente lejano del Santo Fundador de los Escolapios, había nacido en (Huesca) el 23 de noviembre de 1872. Conoció a Don Bosco en la visita que hizo a Barcelona en 1886, ya que era entonces interno en la incipiente Casa Salesiana de Sarriá. Habiendo profesado a los 18 años, cinco años más tarde, en Navidades de 1895, cantaba allí mismo su Primera Misa.

Secretario del Siervo de Dios don Felipe Rinaldi durante diez años, se le encargó después de la dirección del Colegio de La Esmeralda en las Corts de Sarriá, que en 1905 se trasladaba a Matará. Dejó esta Casa en 1916 para dirigir la de Camagüey (Cuba), de donde pasó a ser Provincial de la Inspectoría Boliviano-Peruana. Aquí, nada más llegar en 1923, el entonces arzobispo de Lima, Monseñor Emilio Lissón lo nombró vice párroco de la entonces vice parroquia de San Miguel y Magdalena del Mar, y desde 1925 de su Inspectoría de procedencia, la Tarraconense.

Se distinguió por su gran corazón, lleno de amor a los Hermanos, a los Superiores y a la Congregación, demostrado con una actividad incansable en su servicio.

De regreso a España, no tuvo tiempo de descansar pues enseguida fue nombrado Inspector de la Tarraconense (Barcelona-Valencia).

La persecución religiosa desencadenada en la Segunda República española desde 1931 llevó al martirio en la arquidiócesis de Valencia a 361 sacerdotes, 373 laicos, 93 mujeres, y varios centenares de diversos institutos religiosos, entre los que se encontraron 32 sacerdotes salesianos, 22 salesianos estudiantes, 24 coadjutores, 2 Hijas de María Auxiliadora, 4 cooperadores salesianos, 23 aspirantes y colaborador laico.

El Padre José Calasanz fue hecho preso junto con otros salesianos mientras predicaba en Valencia los ejercicios Espirituales. Sereno mientras la persecución arreciaba, así habló a un Hermano que le exponía sus temores: —Hijo mío, debemos tener más confianza en la Divina Providencia. De todos modos, creo que estoy en gracia de Dios.

Habiendo pasado con los demás salesianos una semana en la cárcel de Valencia, fue detenido por unos milicianos de Mislata, que, al ver la sotana en su maletín, le preguntaron si era cura:

—Sí, soy Sacerdote Salesiano, respondió con calma y dignidad.

Fue conducido de pie en un camión hacia Valencia, y al llegar al Puente de San José, el disparo de un fusil que llevaba un mozalbete, desobediente a quien le indicaba el peligro anejo a la forma de llevar el arma, acabó con su vida. Los dos salesianos que le acompañaron fueron testigos de su inmolación, consecuencia del odio al sacerdote.

Era el 29 de julio de 1936.

CAUSA DE LA SOCIEDAD SALESIANA
DE SAN JUAN BOSCO (SALESIANOS) S.D.B.

(Decreto del 20 de diciembre de 1999)

Los Salesianos martirizados en la España republicana fueron 88, a los que se añaden dos Salesianas y cinco seglares Cooperadores. La mayoría fueron asesinados por separado o en grupos reducidos en lugares, situaciones y fechas muy diferentes, a causa de la dispersión obligada en diversos domicilios muchas veces en grandes ciudades. La mayor parte murieron sin ningún juicio previo, pocos con uno de mero trámite, y sólo nos consta un juicio formal en el Tribunal de Espionaje y Alta Traición de Barcelona: en él fue condenado a muerte el sacerdote don Julio Junyer Padern el 23 de marzo de 1938, sentencia que se cumplió al ser fusilado en los fosos de Montjuic el 26 de abril de 1938.

La Provincia Salesiana Tarraconense en aquellas fechas abarcaba: Cataluña, Valencia, Baleares y Aragón. Un buen grupo de sus religiosos se hallaba en el Colegio Salesiano de Valencia, de la calle Sagunto, practicando los Ejercicios Espirituales que todos los hijos del Siervo de Dios Don Bosco solían tener cada verano. Recordaremos primero a los salesianos sacrificados junto con el Provincial, después a los que sufrieron la muerte en Barcelona y por último a otros dispersos en otras diócesis.

El primer grupo de Salesianos martirizados está formado por nueve religiosos de la Comunidad de Valencia, detenidos todos ellos en julio de 1936 y ejecutados en lugares distintos:

135. Siervo de Dios José Calasanz Marqués. Sacerdote, Inspector de la Provincia Tarraconense. (* Azanuy, Huesca, 23-XI-1872 + Valencia 29-VII-1936)

136.Siervo de Dios Jaime Buch Canals. Coadjutor. (* Bescanó, Girona, 9-IV-1889 + El Saler de Valencia, 31-VII-1936).

137.Siervo de Dios Juan Martorell Soria. Sacerdote. (* Picassent, Valencia, 1-IX-1889 +Valencia, 10-VIII-1936).

138.Siervo de Dios Pedro Mesonero Rodríguez. Clérigo. (* Aldearrodrigo, Salamanca, 29-V-1912 + El Vedat de Torrent VIII-1936).

Los cinco que siguen, después de haber pasado algunos meses en San Miguel de los Reyes y en la Cárcel Modelo de Valencia, fueron fusilados en el Picadero de Paterna el 9 de diciembre de 1936.

139.Siervo de Dios Antonio Marún Hernández. Sacerdote (* Calzada de Béjar, Salamanca, 18-VII-1885).

140.Siervo de Dios Recaredo de los Ríos Fabregat. Sacerdote. (* Bétera, Valencia, 11-I-1893).

141.Siervo de Dios Julián Rodríguez Sánchez. Sacerdote. (* Salamanca, 16-X-1896).

142.Siervo de Dios José Giménez López. Sacerdote. (* Cartagena, Murcia, 31-X-1904).

143.Siervo de Dios Agustín García Calvo. Coadjutor. (* Santander, 3-II-1905).

A la Comunidad Salesiana de Alcoi (Alicante) pertenecían:

144.Siervo de Dios José Otín Aquilé. Sacerdote. (* Huesca, 22-XII-1901 + Valencia, 1-XI-1936).

145.Siervo de Dios Alvaro Sanjuan Canet. Sacerdote. (* Alcocer de Planes, Alicante, 26-IV-1908 + Villena, 2-X-1936).

Pertenecían a la Comunidad Salesiana de Sarriá (Barcelona):

146.Siervo de Dios Francisco Bandrés Sánchez. Sacerdote. (* Hecho, Huesca, 24-1V-1896 +Barcelona, 3-VIII-1936).

147.Siervo de Dios Sergio Cid Pazo. Sacerdote. (* Allariz, Orense, 24-IV-1884 +Barcelona, 30-VII-1936).

148.Siervo de Dios José Batalla Parramón. Sacerdote. (* Abella, Lleida, 15-1-1873 + Barcelona, 4-VIII-1936).

149.Siervo de Dios José Rabasa Bentanachs. Sacerdote. (* Noves (Lleida), 26-VII-1862 +Barcelona, 8-VIII-1936).

150.150. Siervo de Dios Gil Rodicio Rodicio. Coadjutor. (* Requejo, Orense, 20-III-1888 + Barcelona, 4.VIII.1936).

151.Siervo de Dios Angel Ramos Velázquez. Coadjutor. (* Sevilla, 9-III-1876 + Barcelona, 11-X- 1936)

152.Siervo de Dios Felipe Hernández Martínez. Estudiante de Teología. (* Villena, Alicante, 14-III-1913 + Barcelona, 27-VII-1936).

153.Siervo de Dios Zacarías Abadía Buesa. Clérigo. (*Almuniente, Huesca, 5-XI-1913 +Barcelona, 27-VII-1936).

154.Siervo de Dios Jaime Ortiz Alzueta. Coadjutor. (* Pamplona, 24-V-1913 + Barcelona, 27-VII-1936).

155.Siervo de Dios Javier Bordás Piferer. Clérigo. (* San Pol de Mar, Barcelona, 24-IX-14 +Barcelona, 23-VII-1936).

156.Siervo de Dios Félix VIVET TRABAL. Clérigo. (* San Félix de Torelló, Barcelona, 23-I-1911 + Esplugues, Barcelona, 25-VIII-1936).

157.Siervo de Dios Miguel Domingo Cendra. Clérigo. (* Caseres, Tarragona, 1-III- 1909 +Prat de Compte, Tarragona, 12-VIII-1936).

De la Comunidad Salesiana del Tibidabo, de Barcelona: 

158.Siervo de Dios José Caselles Moncho. Sacerdote. (* Benidoleig, Alicante, 8-VIII-1907 + Barcelona, 27-VII-1936).

159.Siervo de Dios José Castell Camps. Sacerdote. (* Ciudadela, Menorca, 12-X-1902 +Barcelona, 28-VII-l936).

De la Comunidad Salesiana de la calle de Rocafort, de Barcelona: 

160.Siervo de Dios José Bonet Nadal. Sacerdote. (* Santa María de Montmagastrell, Lleida, 26-XII-1875 + Barcelona, 13-VIII-1936).

161.Siervo de Dios Jaime Bonet Nadal. Sacerdote. (* Santa María de Montmagastrell, Lleida, 4-VIII-1884 + Tárrega, 18.VIII.1936). Primo hermano del anterior.

De la Comunidad Salesiana de Sant Vicent dels Horts, Barcelona: 

162.Siervo de Dios Alejandro Planas Saurí Fiel laico, célibe. (* Mataró, Barcelona, 31-X-1878 +Garraf, 19-XI-1936) Conocido como El Sord, por lo que no pudo profesar salesiano, aunque lo fue por voluntad y dedicación. 

163.Siervo de Dios Elíseo García García. Coadjutor. (* El Manzano, Salamanca, 25-VIII-1907 + Garraf, 19-XI-1936)

 De la comunidad Salesiana de Girona: 

164.Siervo de Dios Julio Junyer Padern. Sacerdote. (* Vilamaniscle, Girona, 30-X-1892 +Monjuic, 26-IV-1938). Condenado a muerte el 23-X-1938, por el Tribunal de Espionaje y Alta Traición, que manifestó su odio al sacerdote.

 El 6 de septiembre de 1936 alcanzaron el Martirio en Barcelona dos Hijas de María Auxiliadora, del colegio de Santa Dorotea de Sarriá (Barcelona), unidas en su renuncia a la libertad para atender a una hermana enferma, unidas también al dar la vi Cristo:

165.Sierva de Dios María del Carmen Moreno Benítez, f.m.a. (* Villamartín, Cádiz, 1885).

166.Sierva de Dios María Amparo Carbonell Muñoz, f.m.a (* Alboraia, Valencia, 9-XI-1893).

Otros salesianos peruanos beatificados el 28 de octubre del 2007 fueron 63 mártires de los 498 del proceso. Entre ellos figura el P. Lasaga, que trabajó por muchos años en el Perú, tanto en diversas localidades como Huancayo del que fue formador.

 

Magnífica semblanza en: https://dbe.rah.es/biografias/42345/beato-jose-calasanz-marques

 http://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20010311_sanz-compagni_sp.html


Fecha Publicación: 2021-09-12T09:55:00.001-07:00

RESTAURADO RETABLO DE SANTO TORIBIO EN SU ERMITA DE MAYORGA

 

Gracias a un generoso donativo se ha podido restaurar y desde este mes de septiembre de 2021 luce como en sus mejores momentos. Recordemos que hace varias décadas las imágenes centrales fueron restauradas gracias a la familia de don Ángel Calzado Castro, mayorgano residente en Barcelona.

La casa solariega donde nació el santo fue ocupada ya por sus abuelos Jorge Alfonso y Violante. Su madre, Ana de Robledo murió en febrero de 1593. En 1605 llegó desde Lima a Mayorga el hijo de Grimanesa, Antonio, a quien correspondió el mayorazgo; en 1609, Luis, que regresó a Lima y se avecindó en Quito. El primero se casó en Medina, vivió en la casa solariega y en otros lugares en los que poseía alguna finca como Villaquejida, Rioseco y Benavente. La casa estuvo habitada hasta el momento de la beatificación. La Casa convertida en ermita es hoy el corazón de las fiestas en honor a santo Toribio y al que confluyen todas las arterias y venas vinculadas con el patrono de Mayorga.

Por una carta de Juan Manuel Vela, canónigo lectoral de Oviedo y natural de Mayorga, el 18-12-1726, diez días después de la canonización "se movió el piadoso pueblo de Mayorga con común asenso a la fábrica de un templo". Para ello se derribaron algunas obras en los planos de adaptación. Solicitaron del Rey el arbitrio de un impuesto extraordinario que concedió Carlos II para construir iglesia en la casa solariega. Se interpuso la gestión de la iglesia en ruina de las Dominicas dando prioridad al mismo; aun hoy se conserva el altar barroco dedicado al santo. El convento se abrió al culto público en 1707 dedicándose a santo Toribio. Una monja del convento, Antonia de Castro, obtiene de su primo sacerdote residente en Lima, Antonio Dávila, una reliquia concedida por el arzobispo-virrey Liñán y Cisneros. Se trata de una costilla montada dentro de un relicario de plata maciza blanca.

A raíz de la beatificación se celebran grandes fiestas en Lima, Salamanca y Mayorga. Los mayorganos no se resistieron a la edificación de un templo específico para su santo. En 1722, cuatro años antes de la canonización, se iniciaban las obras. Sobre la cadena de lomas que sirven de mirador hacia la meseta se alzaban 4 construcciones: el Alcázar de argamasa, el monasterio de S. Francisco, la parroquia de San Juan y la Casa solariega de Luis Mogrovejo. Las fiestas de la canonización se celebraron en las Dominicas y la parroquia de El Salvador.

A los 7 días justos de la canonización, esto es, el 15 de diciembre de 1726, el Ayuntamiento de Mayorga se felicitaba con el Deán y Cabildo de Lima, al tiempo que el citado Lectoral Sr. Vela Cabeza de Vaca y Mogrovejo les interesaba en dos grandes favores: ayuda para la construcción del templo en la casa solariega y una reliquia para el mismo.

El siempre diligente don Vicente Rodríguez en la nunca superada obra sobre santo Toribio nos da pelos y señales del retablo gracias al documento alcanzado por el célebre historiador del arte Esteban García Chico quien lo ubicó en el Archivo Histórico Provincial de Valladolid, Protocolo 12824, ff.179). El arquitecto Andrés de Moratinos Gutiérrez, de Grajal de Campos, por 2.500 reales de vellón (bajados a 2083 reales y 12 maravedís como material y transporte), en 27 de diciembre de 1733. Que la obra se iniciaría el 1 de abril de 1734 y se culminaría el 30 de septiembre del mismo año.

Según el Lic. Don José Gascó, presbítero racionero del cabildo eclesiástico de san Vicente de Mayorga "en cuyo poder obran algunos caudales procedidos de las limosnas dadas para el culto del glorioso santo Toribio, se obligó " en pagar al maestro arquitecto en tres plazos.

Las condiciones fijadas es que el retablo "ha de coger todo su hueco de ancho y alto; y en su planta se han de meter en el pedestal principal cuatro acudilladas por la parte de arriba y su tarjeta en ella buena que sirva de peana al asiento del santo, y lo que quedare entre la hornilla y repisas ha de ser guarnecido a la correspondencia de los metros de las orillas, y encima del dicho pedestal se ha de poner dos columnas arrimadas a la caja y en cada orilla un estípite y los dos intercolumnios han de venir a la correspondencia y macizos de los netos del pedestal. Y la fábrica de la caja del santo ha de llevar el hueco y alto de la que ahí tiene formada en la tapia metiéndola un arco y jambas con sus cogollos de talla, que en samblaje y talla ha de ocupar el hueco grueso de la tapia y en la guarnición de la parte de afuera que ha de subir acudillando la parte de arriba con su tarjeta que resalte la cornisa y la cornisa que venga a correspondencia de los macizos del pedestal había sido de los modillones y sus frisos de tallas y sus molduras según arte. Y el segundo cuerpo ha de ser según demuestra la tarjeta de Nuestra Señora de Fuentes, que la columna ha de quedar desviado medio pie y la guarnición de la caja.

Es condición que la cortina de la caja principal se le ha de dar hueco para que ande de la parte de adentro con su torno y en la guarnición de afuera se han de poner tres angelitos de cada lado, lo de que sirvan para tener una vela, y éstos han de tener de altura una tercia y han de ser de madera de nogal.

Es condición que toda su talla y columnas han de ser de lo que se estila ahora, y así el pedestal, pilastras y neto y arquillo han de llevar todas las molduras con las medidas correspondientes, para toda la obra ha de ser según arte. El San Miguel no es de la obligación.

Firman el contrato el 23 de noviembre de 1733, el maestro Andrés Moratinos, don Manuel García de Argüello, presbítero, vecino de Vega de Ruiponce, don Diego Valbuena, cura de san Juan de Santibáñez, de Mayorga y Lorenzos Pablos, vecino.

Hay que destacar en primer lugar el altar dedicado al santo con el grupo escultórico que representa a Santo Toribio confirmando a santa Rosa de Lima y que está bordeado por diferentes casetones con relieves alusivos a los momentos más destacados de su vida. El prelado aparece revestido de pontifical, con báculo y mitra, así como los atavíos litúrgicos habituales, alba que le llega hasta los pies recogida por el cíngulo, con la muceta y esclavina sobre los hombros que cubre pecho y espalda, siendo abrochada por una hebilla a la altura del pecho. El rostro de la imagen del santo es el de un joven de 40 años y no el real de 59 años que tenía al confirmar a Rosa; su nariz frontal, boca pequeña, mofletes rellenos, pómulo tímidamente saliente con hoyuelo y ligera barba, sobria sonrisa, se acerca a la tradicional iconografía toribiana. Por su parte, la imagen de Rosa, colocada sobre la peana, de rodillas, con las manos unidas típicas de las inmaculadas, se presenta con hábito de terciaria dominica, bastante mayor, de unos 30 años, lejos de los 11 reales que tenía en el momento de la confirmación en 1597.

En el recinto hay distintos cuadros que resaltan alguna de las facetas de su personalidad o su actividad. Entre ellos alguno de los milagros como el del agua, ubicado en el pueblo de Macate, departamento de Ancash. Cuentan las crónicas que el Santo "al ver que las buenas tierras se quedaron sin agua, rogó por los habitantes del lugar, e inspirado por Dios subió a una altura a media legua del pueblo. Allí, revestido de pontifical, golpeó cual otro Moisés con su báculo tres veces las rocas, y de ellas brotaron tres brazos de agua cristalina que hasta ahora da vida, verdor, lozanía a aquella región.

En las paredes del templo se guardan distintas inscripciones para recordar ilustres visitas de sus sucesores en el arzobispado de Lima como Monseñor Emilio Lissón, en 1941; el Cardenal Landázuri en 1964 y la del Cardenal Vargas Alzamora con motivo del 92, fecha en que tuvo lugar el nombramiento del Párroco de Mayorga, canónigo honorario de Lima, 2-6-1992 y se dejó como recuerdo el cuadro de María, Estrella de la Nueva Evangelización.

 Según nos han referido varios mayorganos y así lo parecen confirmar los inventarios del material de la ermita el número de los exvotos era abundantísimo, en su mayoría recuerdos personales: pelo, ropa y fotos.

Con motivo del III Centenario de la muerte del santo figura una placa en la que se recoge la presencia de los obispos de León y Palencia: Juan Manuel Sanz y Enrique Almaraz. Como alcalde D. Modesto Lafuente y Mellado, 23 de marzo de 1906, padre del famoso historiador D. Modesto Lafuente Ferrari.

Que esta renovada nueva muestra de la devoción de los mayorganos por su santo patrono sirva de estímulo para incentivar no sólo el justo turismo sino la necesaria peregrinación a la patria del Santo Padre de la Iglesia de América, cuya vida emblemática y ejemplar tantos bienes puede depararnos.

JAB 

P.D. Agradezco el generoso envío de la foto por parte de Jennifer Castellanos  


Fecha Publicación: 2021-09-11T19:27:00.001-07:00

GULLO OMODEO, Marcelo Madre patria: Desmontando la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán  Edición Kindle, Madrid, 2021, 1149 pp.

Con gratitud y sorpresa he leído de un tirón esta obra que me parecía por el título una provocación y que ha supuesto un respiro de libertad, coraje y profecía. Como politólogo, historiador, periodista, docente, erudito, apasionado, argentino de nacimiento, descendiente de italianos, sin complejos, enfrenta la leyenda desde los elementos que se considera son sus gestores -intelectuales de izquierda, anticatólicos, indigenistas-.

Me emocionó su mención a mi tierra salmantina de la mano de su "abuela postiza": "Sin embargo, debo confesarle dos cosas: la primera es que tuve una abuela «postiza» —«abuela de cariño», dicen en Perú— a la que quise entrañablemente, doña Ricarda Marcos de Martín, nacida en Miranda del Castañar, un pueblecito de la provincia de Salamanca perdido en el tiempo. Doña Ricarda me crio como a su propio nieto y fue en su casa donde por primera vez escuché hablar de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Ahora que lo pienso bien, es una suerte haber tenido una «abuela» castellana.P.16

¿Quién iba a pensar que el "terrible" y "hombre duro" del PSOE, Alfonso Guerra, el que profetizó que "iban a dejar España que no la conocería ni la madre que la parió", redactaría prólogo tan sensato, apostando por la verdad de la obra de España frente a la Leyenda Negra? ¡Quién imaginaría que Mariátegui, Haya de la Torre, el Che Guevara y hasta el mismo Fidel Castro valoraban la obra de España! Cuántos nombres ignorados, olvidados, se ponen en vitrina: Rodó, Vasconcelos, Ugarte y Gálvez Jorge Abelardo Ramos, Juan José Hernández Arregui, Andrés Soliz Rada y  Alberto Methol Ferré, Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón y la inolvidable Eva.

Hasta el crítico con la "obra colonial" española, Padre Gustavo Gutiérrez, "uno de los padres fundadores de la teología de la liberación, reconoce que «es importante, sin embargo, recordar que solo en España se tuvo el coraje de realizar un debate de envergadura sobre la legitimidad y justicia de la presencia europea en las Indias».P.19

La leyenda negra ha sido el caldo de cultivo en el que nos hemos formado españoles e hispanoamericanos, llegando a asumir un complejo de culpabilidad en España (Madre Patria), transferido a Hispanoamérica (sus hijos), conduciendo a su subordinación social y cultural de durante siglos, incapaces de reconocer su enorme y rico legado. El autor constata que tal sentimiento no ha sido espontáneo sino "la obra más genial del marketing político británico, estadounidense y, curiosamente, soviético".

Las mil páginas de esta gigantesca obra, como contrapunto, rebate  todos los clichés creados durante generaciones y demuestra que "nada separa a España de América, ni a América de España, salvo la mentira y la falsificación de la historia, y lo hace desde diferentes perspectivas y valiéndose de múltiples referencias como la literatura o el cine".

Una idea brillante es la clarificación de los términos "imperio" e "imperialismo: "Vencida la idea de «imperio», sustentada por la monarquía española —mientras la Corona inglesa sustentaba la idea de «imperialismo»—, y constituido el sistema internacional a partir del concepto de Estado-nación, se impuso la «razón de Estado» como único criterio válido para la acción política en el ámbito internacional P.21 "Sin mestizaje no hay imperio, sino imperialismo. La acción imperial crea provincias y fomenta los matrimonios mixtos; la acción imperialista trata siempre de exterminar a la población nativa del espacio geográfico que conquista o crea colonias, formales o informales. La acción imperialista intenta siempre la limpieza étnica del territorio que ha conquistadop.46  "Cuando hay mestizaje entre el que llega y el que está, y los hijos producto de ese mestizaje pueden convertirse en la máxima expresión de la cultura de esa sociedad, entonces no hay relación metrópol-icolonia; no hay imperialismo, sino imperio. P.98

En la línea de Claudio Sánchez Albornoz y siguiendo a  su maestro Alberto Methol Ferré,  afirma que, "para entender el presente y proyectar hipótesis sobre el futuro, es necesario realizar un viaje hacia las fuentes de las que surgen los fenómenos que hoy vemos, para volver al presente  […] No se puede comprender el hoy de España y de toda Hispanoamérica si olvidamos la historia, la historia de la reconquista, la historia de la conquista de América y la historia de la disolución del Imperio. Sería inútil intentar comprender el presente sin entender el pasado. pp.22-23

En su deseo de relacionar lo sucedido con lo que sucede en la España presente, al hilo de del pensador Hernández Arregui, "¿no podría pensarse que aquello que en su momento le aconteció a Hispanoamérica le está sucediendo ahora a la propia España? El olvido deliberado de la historia de España promovido en Cataluña, en los Países Vascos y, en menor medida, en Galicia, ha provocado en estas regiones la pérdida del recuerdo de su unidad con el resto de los pueblos de la península y la aparición de nacionalismos enfermos. P.24

Pero, a diferencia de otros libros lacrimógenos, toma partido y lanza una propuesta audaz: "para que España siga siendo España es necesario que usted y todos los españoles europeos recuerden ahora —y nunca más vuelvan a olvidarlo— que ningún hispanoamericano —moreno, indio o criollo— es extranjero en España y que los españoles americanos sientan que ningún español europeo es extranjero en Hispanoamérica" p.234

Sin duda que se conseguirá si se multiplican los lectores, se expanden las ideas y se forma una comunidad hispanoamericana dedicada a dar cuenta de tanta belleza, tanta verdad, tanto bien aportados de una y otra orilla, creando lazos sanguíneos y culturales, tendiendo puentes de hermandad en la misma lengua castellana pero con tan ricos y variados matices, abrazados por una misma fe, que en este momento preciso encarna en su fundamento el argentino, hispanoamericano, Papa Francisco.

Buena muestra de este aporte nos lo brinda en el acertado epílogo en el que glosa la formidable hazaña del hidroavión Plus Ultra genialmente recreado por la voz de Carlos Gardel. Nada mejor que leer completo el capítulo:

Por supuesto que en tan monumental obra hay puntos discutibles. Uno de ellos es el demoledor texto sobre el P. Las Casas. En su defensa, comparto un atinado juicio del historiador Pedro Borges Morán: ¿Quién era Bartolomé de las Casas? Rialp, Madrid 1990:  "Lo característico de Las Casas no es lo que pensó, lo que se propuso obtener o lo que en realidad logró, porque en eso coincide con todos los demás. Lo característico en él es el modo cómo lo hizo[...] Desde el momento en que se creyó destinado a luchar contra algo, Las Casas, extremista como era por carácter, se convirtió en un inconformista sistemático que divinizó al indio, es decir, a la víctima, y satanizó al español, esto es, al supuesto verdugo.[...] Con ello incurrió en el típico daltonismo propio de los obsesionados por algo, por muy noble que fuera esa obsesión.[...] Es incuestionable que Las Casas, dentro de su mundo irreal o por lo menos parcial, actuó con sinceridad, sin ahorrar esfuerzos y preocupado únicamente por el cumplimiento de la misión divina que creía incumbirle.[...]Sus objetivos y sus esfuerzos merecen elogios. Lo lamentable es que no atinara con el modo ni con los modales. Lo que le sobró de noble utopía, le faltó de prosaico pragmatismo". No está de más saber que la causa de canonización del Padre de las Casas, como precursor de los derechos humanos y defensor de los amerindios, se inició en Sevilla, en la parroquia de Santa María Magdalena, el 1 de octubre del 2002 nombrando como postulador al P. Innocenzo Venchi (Roma) y vicepostulador, al P. Fernando Aporta (Sevilla) (Zenit, 2-X-2002).

INTERESANTE entrevista al autor: https://www.quenotelacuenten.org/2021/09/04/cortes-y-la-liberacion-de-mexico-el-escritor-que-desafio-a-lopez-obrador-marcelo-gullo/


Fecha Publicación: 2021-09-11T17:47:00.000-07:00

ESPAÑA, MADRE PATRIA DE MI AMOR

Les comparto el epílogo de la obra de Marcelo GULLO OMODEO Madre patria: Desmontando la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán. ( Edición Kindle, Madrid, 2021, 1149 pp.)

Como la mayoría de la apabullante información de esta enciclopedia de más de mil páginas, desconocía este popular tango de Carlos Gardel que da título a su último capítulo y sirve como corolario al bello relato de la proeza del hidroavión "Plus Ultra".  

EPÍLOGO

 El 22 de enero de 1926, desde el Puerto de Palos de la Frontera, el mismo lugar desde donde había partido Cristóbal Colón en 1492 para cruzar el mar tenebroso e intentar llegar a las Indias, despegó el hidroavión Plus Ultra de la Aeronáutica Militar española para realizar por primera vez un vuelo entre España y América. Con los medios con que se contaba en la época, el viaje resultaba casi temerario. La tripulación del Plus Ultra, bajo el mando del comandante Ramón Franco, estaba integrada por el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada. Esos cuatro valientes competían contra el marqués de Casagrande, aviador italiano que, impulsado por el dictador Benito Mussolini, el 13 de noviembre de 1925 había pretendido cubrir la misma ruta a mayor gloria de la Italia fascista en un Savoia S.55, el Alcione, aunque para enojo del Duce, el marqués no pasó de África y terminó su vuelo en el puerto de Casablanca, en Marruecos. El Plus Ultra, después de diecinueve durísimos días y tras haber recorrido 10.270 kilómetros en 59 horas y 30 minutos, acuatizó el 10 de febrero de 1926 en el puerto de Buenos Aires, levantando una gigantesca oleada de admiración, entusiasmo popular y cariño por España. Fruto de ese entusiasmo popular y de ese enorme cariño por España el mismísimo Carlos Gardel decidió grabar un tango dedicado a España, a la que llama Madre Patria de mi amor, y a la hazaña cumplida por los pilotos españoles. En ese tango, titulado La Gloria del Águila, a través de la voz de Carlos Gardel se expresó el profundo amor que el pueblo argentino sentía por España antes de que el veneno negrolegendario, como acontece hoy día, terminara de envenenar la mente y el alma de los más jóvenes en Argentina y en toda Hispanoamérica.

CANCIÓN DE CARLOS GARDEL

https://www.youtube.com/watch?v=bQUI0hxw6Jg

El rey del aire, tendió sus alas
y fue radiando como el sol que al mundo baña,
con la proeza de cuatro hispanos,
que son un timbre más de gloria para España.

Salió el "Plus Ultra" con raudo vuelo,
mirando al cielo rumbo a la ciudad del Plata.
El orbe entero se ha estremecido
el entusiasmo en todas partes se desata.

Desde Palos, el águila vuela
y a Colón, con su gran carabela,
nos recuerda con tal emoción
la hazaña que agita todo el corazón.

Franco y Durán, Ruíz de Alda, los geniales,
los tres con Rada, son inmortales,
los españoles van con razón cantando
al ver al galardón de su nación.

Y cantarán con todas las naciones
entrelazando los corazones,
y en tal clamor surge un tango argentino
que dice a España, ¡Madre Patria de mi amor!.

Cruzó Las Palmas y Porto Praia,
glorioso llega en Fernando de Noronha,
prosigue el vuelo y en Pernambuco
ya con su raid al mundo da impresión más honda.

En Rio de Janeiro, Montevideo
suenan campanas pregonando la victoria
y en Buenos Aires, la hija querida,
al fin se cubren ahí los valientes ya de gloria.

Dos países en un noble lazo,
con el alma se dan un abrazo.
Es la madre que va a visitar los hijos
que viven en otro hogar.

Franco y Durán,

Ruiz de Alda los geniales

los tres con Rada son inmortales,

los españoles van con razón cantando,

al ver el galardón de su Nación...

Y cantarán con todas las Naciones,

entrelazando los corazones

y en tal clamor surge un tango argentino

que dice a España: ¡Madre Patria, de mi Amor...!


Fecha Publicación: 2021-09-09T07:04:00.001-07:00

Doña Grimanesa Mogrovejo (1545-1634):

Luz en la sombra de la dama limeña hermana de santo Toribio

España y la Evangelización de América y Filipinas (siglos XV-XVII) San Lorenzo del Escorial 2021, pp. 319-344. ISBN: 978-84-09-33392-9

José Antonio BENITO RODRÍGUEZ

jbenito@ftpcl.edu.pe

Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima

 

 

              I.                                          Introducción

            II.                                         Raíces familiares

         III.                                         Al ritmo de una singular trayectoria

         IV.                                         Viaje ultramarino

           V.                                         En la Ciudad de los Reyes

         VI.                                         Esposa de Francisco de Quiñones

      VII.                                         Madre de cinco hijos

   VIII.                                         Desde la casa arzobispal

         IX.                                         Dulces de navidad

           X.                                         El último adiós

         XI.                                         Mujer empeñosa

      XII.                                         Una mujer en la catedral

   XIII.                                         Conclusión

   XIV.                                          Bibliografía

 

I.                   INTRODUCCIÓN

Junto a los grandes evangelizadores, el cristianismo ha contado siempre con los pequeños, casi anónimos, los que el Papa Francisco ha denominado "los santos de la puerta de al lado […] los padres que crían con tanto amor a sus hijos, los hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, los enfermos (…) son aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios"[1] Por la misma razón, los estudios sobre grandes personajes de la historia necesitamos complementarlo con otros muchos que viven a su lado y completan el cuadro total de la vida cotidiana.

En esta oportunidad, ofrezco una reflexión acerca de una breve, pero estimulante realidad, la de una mujer nacida en 1545, en Mayorga (Valladolid-España) y que a los 35 años de edad –en 1580- viene a Perú, en compañía de su esposo y sus dos hijos –le nacerán otros tres en Lima-, desenvolviéndose en nuestra tierra por 54 años, mereciendo el honor de ser la única mujer de la historia con el privilegio de ser enterrada en la Catedral de la Ciudad de los Reyes. Es el caso de doña Grimanesa Mogrovejo, hermana de Santo Toribio Mogrovejo, esposa de Francisco de Quiñones, capitán general de Chile y alcalde de Lima.

Llevo unos treinta años investigando sobre la persona y obra de Toribio Alfonso Mogrovejo y me he encontrado con interesantes documentos acerca de la mujer que más influyó en su vida: su hermana Doña Grimanesa. Las excepcionales menciones a su persona, se fijan solamente en su tarea de "normalidad" en la educación de los hijos, el gobierno doméstico, la atención a su marido, a su hermano, y a las numerosas personas de su entorno. Como recuerda uno de los escasos estudios dedicados a su persona, brindó "el entorno adecuado para que su esposo pudiera dedicarse a sus tareas políticas y militares y ofreció el calor de familia a su hermano, el gran arzobispo de Lima.  Con su señorío y elegancia aportaba el sosiego hogareño donde ambos podían encontrar el equilibrio necesario, después de afrontar los muchos problemas que se les presentaban"[2].

 

Sin embargo, ya Antonio de León Pinelo, en la primera biografía sobre el Santo, compendiará que Grimanesa, "vivió siempre con el Arzobispo de Lima, y murió con opinión de mucha virtud"[3]. Esta nueva luz sobre ella, arrojará consecuentemente mayor claridad en una faceta fundamental del considerado padre de la Iglesia de América como es la vida cotidiana familiar.

 

II.                RAÍCES FAMILIARES

 

Me adelanto a una posible reflexión crítica por parte de ustedes mis lectores, y que ya se le ocurrió al arcediano Bartolomé de Benavides, el mismo día de las honras fúnebres de doña Grimanesa, cuando predicó el sermón en la Catedral de Lima, en 1635:

 

"David convida a alabar la santidad de Dios que es solo santo y yo Ilustrísimo Señor y estado eclesiástico, convido a celebrar la buena memoria de la santidad de aquel señor hermano de nuestra difunta, arzobispo de esta iglesia y lustre inmortal de nuestro estado eclesiástico, y si alguno muy crítico me hiciese cargo que ocupo y divierto la materia de este sermón, no dirá que es materia ajena pues cuanto dijere de este apostólico varón es gloria de su hermana cuyas honras celebramos"[4].

 

Efectivamente, cuanto consideremos de santo Toribio incide en su hermana. Los testigos del proceso de canonización de Santo Toribio que señalan a Mayorga como su patria natal, lo hacen por haberlo escuchado a su hermana, a quien consideran autoridad irrebatible. Es el caso del P. Juan de Figueroa, Ana María de Collazos, el capitán Basilio de Vargas, el Lic. Alonso Díaz de Vergara o como el P. Gaspar Meneses. Se adivina entre sus muros y en su gente la declaración de la sobrina del santo patrono e hija de Grimanesa, Mariana de Guzmán Quiñones: "que en el dicho pueblo de Mayorga siempre se ha guardado y guarda la fe católica y obediencia a la Santa Sede Apostólica, bautizándose todos los que en ella nacen como verdaderos católicos y como tal sabe fue bautizado el dicho siervo de Dios y, a su tiempo, confirmado".

 

Fueron los padres de Toribio, don Luis Mogrovejo (1504-1569), bachiller en Derecho y regidor perpetuo de la Villa desde 1550 a 1568 y doña Ana de Robledo (1508-1592) y Morán, de ilustre familia de Villaquejida, provincia de León y diócesis de Oviedo, a 25 kms de Mayorga. Se casaron en Villaquejida en 1534. Tuvieron 5 hijos: Luis, el mayor y el del mayorazgo, (1535-1571); Lupercio (1536-1587); Toribio -nacido el 16 de noviembre de 1538-; María Coco, (1542-1618 religiosa dominica en el Convento "San Pedro Mártir" de Mayorga); Grimanesa (1545-1634) quien le acompañará a Perú con su esposo F. de Quiñones (1540-1605). Parece que tuvieron una hija más, Eufrosia, nacida en enero de 1547 y que falleció a los pocos días.

 

El contador Alonso Rodríguez de Pulgar, receptor general de penas de cámara, declarará en 1659 que conoció al Santo en su casa por haberse criado con sus pajes: "Su abuela Catalina de Cáceres que era castellana vieja y tenía grandes noticias de los deudos y del dicho siervo de Dios por haber vivido la dicha su abuela 107 años y haber sido de las primeras mujeres españolas que pasaron a estos reinos del Perú"[5].

 

Mayorga ha tenido una fuerte vinculación con Perú. El primero en pisar territorio andino fue uno de los compañeros de Pizarro en Cajamarca y fundador de Lima, Juan de Mogrovejo, quien era primo carnal del padre del santo e hijo de don Gonzalo Mogrovejo. Testó en 1537 archivándose su testamento en la parroquia del Salvador de Mayorga. Le sigue el gobernador Cristóbal Vaca de Castro, nacido en Izagre, localidad próxima a Mayorga. De Mayorga o alrededores, en compañía del Santo, irán Antonio Lebrato, Juan de Villacé, Bernardino Castellanos, Francisco de Quiñones –cuñado y esposo de nuestra protagonista Grimanesa- que llevaron también a sus tres hijos Antonio, Beatriz y Mariana.

 

Doña Grimanesa contará a su hija Mariana de Guzmán Quiñones, una anécdota deliciosa que narra en su testimonio en el proceso de beatificación: "oyó decir a su madre muchas veces, siendo el dicho siervo de Dios de 9 a 10 años, a persuasión de los muchachos de la vecindad de su casa, salió una sola noche a jugar con ellos a la plaza a la luna". Parece ser que los traviesos mozalbetes vieron a unas vendedoras con canastas de comida "arrebatándoles todo lo que de ellas pudieran" por lo que, indignadas las placeras, comenzaron a maldecir, escandalizando al inocente Toribio, el cual ni corto ni perezoso amonestó a las mujeres y les rogó que cesasen en sus imprecaciones pues ofendían a Dios, que valorasen las pérdidas y él iría a su casa para resarcir todo lo hurtado por sus compañeros. Tal como se lo dijo, con la ayuda de su madre, lo hizo, "y de allí en adelante nunca jamás quiso salir a jugar a la luna con aquellos ni otros muchachos"[6].

 

III.             AL RITMO DE UNA SINGULAR TRAYECTORIA

 

Grimanesa irá viendo cómo su hermano Toribio Alfonso, tras los años de infancia en Mayorga, acude a los 13 años a Valladolid, donde cursa humanidades –hoy lo denominaríamos secundaria- y primeros estudios universitarios; pasa a Salamanca, donde logra la licenciatura en derecho civil y canónico. Desde allí, pasará a ocupar el puesto de oficial de la Inquisición de Granada. En tal oficio, es nombrado arzobispo de Lima el lunes 16 de marzo de 1579 por el Papa Gregorio.  Por este motivo, acude de nuevo a Mayorga para dar el último adiós a su madre y llevarse consigo a su hermana Grimanesa y familia. Allá estaban su madre y su hermana María Coco, monja en el convento de las Madres Dominicas de san Pedro Mártir de Mayorga a quien quiso llevársela para Lima. Le acompaña también, su paje y fiel escudero, Sancho de Ávila, tal como nos lo cuenta en el proceso de beatificación: "al cual recibió por paje y le dio escuela y estudio y anduvo con él por todo el Reino de España cuando salió a despedirse de SM y de sus consejos, cuando le presentaron por Arzobispo de esta ciudad y en la Villa de Madrid, y de allí a Mayorga a despedirse de su madre, tíos y parientes...los cuales era pública voz y fama que era la gente de los más principal e ilustre que había"[7].

 

Toribio viviría - por última vez en su patria natal- días de intimidad familiar, al calor del hogar. Habían fallecido su padre (1568) y sus hermanos Luis y Lupercio; doña Ana vivió sola en Mayorga su viudedad, arropada por la compañía espiritual de su hija sor María Coco. Toribio no tenía intención de retornar, su viaje era sólo de ida y, por ello, quiso llevar, estando él en Lima, tanto a su madre como a su hermana. Su madre, murió en febrero de 1592, tal como manifiesta el propio prelado en carta de 10 de marzo de 1594, desde Lambayeque:

Como entre los contentamientos y alegrías de este mundo suelen muchas veces mezclarse dolores, trabajos y persecuciones (fuera de una carta que recibí entre las cédulas que tengo dicho, de alegría, en que tuve aviso de esa corte, de la muerte de mi madre de que tuve el sentimiento que la razón a ello me obligó)[8].

El joven Sancho, quien -por propia confesión- fue "caminando siempre con él y en su servicio" nos revela algunas actitudes de Toribio. En la villa de Mayorga, debido a su gran humildad, no admitió que sus parientes y amigos le llamasen "don". Y en su larga caminata por la meseta y las serranías en el itinerario Granada-Mayorga-Madrid-Granada-Sevilla-Sanlúcar, "no quería descubrirse" por arzobispo, pasando desapercibido al pasar por ventas, mesones y posadas. Sancho Dávila narra anécdotas pintorescas como el hacerse servir la comida "debajo de las encinas, cerca de la venta, por no ser conocido", sentándose en el suelo "sobre las capas de los criados y allí comía con algunos de ellos"[9].

 

En Madrid fue agasajado por los miembros de los Consejos de Indias, de Castilla, de Hacienda y de sus ex colegas de San Salvador de Oviedo que ocupan puestos importantes en la Corte. Hubo que arreglarlo todo para conferir las cuatro órdenes menores y el subdiaconado en Granada, en el espacio de un mes, por mano del arzobispo de Granada don Juan Méndez de Salvatierra. Mogrovejo siguió como inquisidor de Granada; allá recibió el diaconado y el sacerdocio en agosto de 1580 por el propio arzobispo Méndez de Salvatierra.

 

Parece que ofreció cierta resistencia al nombramiento, pero, gracias a la influencia de buenos amigos con Diego de Zúñiga y el matrimonio Francisco de Quiñones y Grimanesa, terminó aceptándolo como vocación especial. Así lo declaró su sobrina Mariana de Guzmán: "Y en especial sus hermanos le persuadieron a que lo aceptase, y le reconvenían diciendo que si deseaba ser mártir (que así siempre lo decía) aquélla era buena ocasión de serlo; y que así aceptase el dicho oficio. Con que por este fin aceptó... y por echar de ver que convenía para exaltación de la Iglesia y conversión de los indios infieles de este Reino y para la salud de las almas de ellos"[10]. Parecido testimonio nos refiere su inseparable ayudante y compañero Sancho Dávila: "no quiso aceptar el dicho Arzobispado hasta que los SS Consejeros de su Colegio le hicieron instancia y le escribieron que Su Majestad le daba tres meses de término para que aceptase o no y así se animó por consejos de su hermana Doña Grimanesa y su cuñado D. Francisco de Quiñones"[11].

 

Una vez promovido a obispo el 16 de mayo de 1579, fue consagrado por Mons. Luis Cristóbal Rojas Sandoval, arzobispo de Sevilla, en la Catedral, en agosto de 1580. Antonio León Pinelo, su primer biógrafo, subraya el hecho de que el Consejo de Indias dio al nuevo Arzobispo "muy honoríficos despachos por ser el primero que salía de España para Lima". Todos los preparativos debían realizarse antes de la consagración episcopal, pues, según la normativa vigente, el neo-consagrado debía partir con la primera flota. Sin minusvalorar sus mercancías y su biblioteca, lo más importante es el selecto grupo de personas que le acompaña, en su mayoría emigrantes sin retorno. Por fin, en septiembre de 1580 se embarca rumbo al Perú desde Sanlúcar de Barrameda.

 

Le acompañan seis granadinos como criados, algo perfectamente lógico, puesto que antes de su elevación al arzobispado de Lima, había residido varios años en esta ciudad: Rodrigo Mejía, de Granada. Luis de Coalla, Francisco de Santisteban,  Baltasar Agustín, de Granada,  Leonor de Palomares, de Granada y Diego López de Palomares, de Granada, (f-304v)[12]

IV.             VIAJE ULTRAMARINO

 

En la nao san Andrés le acompañan, contando los seis criados granadinos, 22 personas: entre ellas, su primo y cuñado, futuro regidor de Lima y capitán general en Chile, Francisco de Quiñones; doña Grimanesa, hermana del santo, y sus hijos Beatriz, Juan Antonio y Mariana; don Antonio de Valcázar, vicario general, y Sancho Dávila. Con razón el obispo emérito del Callao, Dr. José Luis del Palacio, califica a la familia como "una pequeña comunidad en misión ad gentes para evangelizar el Perú", preludio de las actuales del Camino Neocatecumenal[13].

 

Además, navegaba la sexta expedición de 16 jesuitas, contando padres, coadjutores y hermanos: Diego de Zúñiga, P. Juan de Atienza, Alonso Ruiz, Francisco Angulo, Juan Sebastián de la Parra, P. Baltasar Piñas, Diego de Torres Bollo, Diego González Olguín, Ludovico Bertonio, Cristóbal Ortiz, Juan Bautista Rufo, Esteban de Ochoa, Francisco López de Haro, Lope Delgado y Agustín de Pietrasanta. Va como capellán doméstico, Domingo de Almeida, futuro Deán de la Catedral de Lima, el cual conoció al arzobispo en Sevilla, a fines de agosto de 1580, y quien dará testimonio de cómo en el viaje, por mar y tierra, rezaron puntualmente las horas canónicas durante los tres meses que duró la travesía y aproximación hasta la Ciudad de los Reyes[14].

 

            Tal viaje por mar en tiempos de Felipe II estaba organizado metódicamente desde 1561. Para América, las Indias Occidentales, salían dos flotas, la primera, la de los galeones, rumbo a Nueva España con escala en Canarias y en Santo Domingo, y prolongando el viaje hasta Filipinas. La segunda era la flota de Tierra Firme que iba desde el puerto de Sanlúcar a Santo Domingo, dirigiéndose a continuación a Puerto Bello, en Centro América. Los pasajeros, con las mercancías, se trasladaban por tierra a Panamá, despachando a Paita el navío de aviso para el virrey del Perú en el Océano Pacífico. En ese momento, el virrey enviaba a Panamá la Armada del Sur que recogía la gente y sus pertenencias provenientes de España y los transportaba hasta Paita, el primer puerto del Perú, o al Callao, en Lima.

 

            En este caso, zarpó la flota hacia el 27 de agosto de 1580, en la nao del Maestre Andrés Sánchez, a las órdenes del capitán general Antonio Manrique; pasa por la isla canaria de la Gomera el 10 de octubre y llega a Cartagena de Indias el 7 de diciembre. Arribó a Nombre de Dios, en Tierra Firme, actualmente en tierras de Nicaragua, el 2 de marzo de 1581 y en mulas atravesaron los expedicionarios el istmo hasta Panamá. Desde Panamá navegaron hasta Paita, puerto norteño de Perú. El desembarco fue en abril de 1581. Siguieron por tierra hasta Jayanca, primera localidad de su jurisdicción.

 

            En estos tiempos de la covid-19, de obligada convivencia las 24 horas del día por el confinamiento, nos puede ayudar a vislumbrar lo que sería el día a día de la familia Quiñones-Mogrovejo que acompaña al nuevo Prelado de Lima. ¡Cuántas escenas de vida cotidiana, en la comida, en el recreo, en el trabajo y en el descanso, en la oración y en la tensión, en los dolores y en los gozos! Sin duda que Grimanesa, como veremos en la Ciudad de los Reyes, es la mujer fuerte y hacendosa, auténtica ama de casa aún aquí en medio del oleaje.

 

V.    EN LA CIUDAD DE LOS REYES

 

            Conocemos los relatos biográficos acerca del Prelado. Debemos figurarnos siempre en lugar discreto pero oportuno y decisivo a nuestra protagonista. Al llegar a Chancay, salieron a recibirlo los sacerdotes Pedro de Escobar y Pedro de Oropesa, en unión de todo el pueblo de Lima. El Cabildo eclesiástico le tributó un recibimiento triunfal. Junto a las casas arzobispales, se colocó un arco triunfal con el escudo de armas del prelado, se montaron otros tres arcos por donde iba a pasar la comitiva, se costeó una danza de niños con trajes vistosos y no faltaron los cohetes, los fuegos artificiales y las chirimías. La comitiva montada había llegado al barrio de pescadores, en la margen del río Rímac, hasta la iglesia del hospital de san Lázaro. Allí se revistió de pontifical y, tras cruzar el puente, bajo palio, ingresó en la indigente catedral limeña de muros de adobe y techo de paja. Escribe Fernando Montesinos en sus Anales del Perú que "fue recibido con gran solemnidad de fiestas y alegrías; colgáronse las calles por donde entró como si fuera día del Corpus, y aquella noche hubo luminarias en toda la ciudad y grandes fuegos y de aquí quedó esta costumbre en aquella ciudad en la entrada de los Arzobispos".

Era un viernes 12 de mayo de 1581; contaba el prelado tan sólo 42 años y nunca más volvería a España. Diego Morales, secretario del cabildo, lo recuerda vívidamente al tener que declarar en el proceso de 1631:

siendo este testigo muchacho y se acuerda muy bien que entró por la puerta a pie y estuvieron colgadas las calles y hechos los altares y hubo gran concurso de gentes y gran repique de campanas y música, echando bendiciones debajo de un palio.

           

            Una semana antes, el día 4, había entrado en la capital, desembarcando en el Callao, el nuevo virrey don Martín de Almansa. Sin duda, que la acogedora dama estuvo al tanto de su llegada. Una de las primeras anécdotas registradas nada más llegar a Lima, pinta de cuerpo entero al Arzobispo en su ambiente familiar. Tras entrar en Lima cenando con su hermana Grimanesa y don Francisco de Quiñones, se retira a descansar. Aunque el prelado había tenido una jornada agotadora, avisó que, como siempre, se levantaría temprano. Al decirle su hermana Grimanesa que por qué tan pronto, respondió: "Es que el deber está antes que el sueño, y sabed que para gobierno de la Iglesia estoy aquí. Por decreto de Dios tenemos que aplicarnos y lo haremos; porque hermana, no hay que olvidar que no es nuestro el tiempo". Y concluye su primer biógrafo León Pinelo: "No perdía un instante y solía decir: "No es nuestro el tiempo, es muy breve y hemos de dar cuenta de él."[15].

VI.              ESPOSA DE FRANCISCO DE QUIÑONES, ALCALDE DE LIMA y CAPITÁN GENERAL DE CHILE

Natural de la villa de Mayorga, en 1540, hijo de Pedro de Villapadierna y Beatriz de Quiñones, primo segundo de su esposa. Inició su camino a través del estudio en Salamanca, abandonando pronto las letras por las armas. En su juventud combatió en los ejércitos de Carlos I y Felipe II en Italia. Parece que, en el desastre de los Gelbes, 1560, cayó prisionero de los turcos y sufrió cautiverio en Constantinopla con su hermano Antonio, caballero de san Juan, quien falleció. Gracias a un cuantioso rescate logró recobrar la libertad y regresar a Mayorga, donde fue familiar del Santo Oficio. Logra la dispensa pontificia por su parentesco el 5 de agosto de 1572 y dos años después, en 1574, contrajo matrimonio con su prima Grimanesa residiendo el matrimonio en esa villa de Campos durante algunos años durante los cuales el caballero ejercerá como familiar del Santo Oficio y nacerán sus tres hijos mayores: Antonio, Mariana y Beatriz. Con ellos y su esposa embarcará con destino a Perú en la flota que parte en otoño de 1580, al servicio del nuevo arzobispo de aquellas tierras: su propio cuñado, Toribio Alfonso de Mogrovejo.

 

Poco antes de su llegada había entrado como virrey Martín Enríquez de Almansa quien le confirió el grado de maese de campo y de comisario general de la Caballería del Perú, nombrándolo comandante de la Armada del Sur, la de los galeones. Fernando de Torres y Portugal, Conde de Villar Don Pardo (1585-89) le nombra corregidor y Justicia Mayor de Lima de 1586 a 1589[16], justo en un momento complejo en el que se habían suprimido los derechos populares electivos para la designación de alcaldes ordinarios. De hecho, se le otorgó la comisión de nombrar directamente los alcaldes. De su prudencia resultó el "mucho contento de los vecinos", por lo que se le concederá la jurisdicción sobre las villas de Cañete y Chancay.  

Por esta fecha, le toca dar testimonio al rey Felipe II sobre su cuñado santo Toribio: "la santidad del arzobispo es muy antigua en él, así de su niñez, como de colegial que fue en Salamanca; en todas partes hallará Vuestra Majestad gran relación de su cristiandad"[17]. Le acompañó durante el primer año de visita pastoral y estuvo en la provincia de Huaylas, tal como lo refiere en la carta escrita a Felipe II, el 4 de abril de 1587, donde registra la honda impresión del arzobispo ante la dureza laboral de los indios.

Con el virrey García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, (1589-96) tendrá enfrentamientos sonoros que le llevará a recluirle en una nave en el puerto de El Callao, como instrumento de coerción para conseguir doblegar la voluntad del arzobispo, que finalmente cede, temeroso de la mala salud de Quiñones y de que se cumpla la nueva amenaza de Mendoza y sea encarcelada su hermana Grimanesa.

Con Luis de Velasco, marqués de Salinas, (1596-1604) fue nombrado Gobernador y Capitán General interino de Chile. La escasez de soldados, las guarniciones diezmadas, la penuria del ejército español allí acantonado, forzaron al general a invertir 12.000 ducados de su hacienda para vestir y armar a los hombres bajo sus órdenes. Acompañado por su hijo mayor, Antonio, en calidad de capitán y como su mano derecha, quiso pasar y poblar Valdivia, pero hubo de limitarse a una guerra defensiva y de posiciones. Tuvo que afrontar numerosas penalidades que le provocaron una hemiplejia.

En 1603 fue elegido alcalde de Lima junto con don Juan Dávalos de Ribera como muestran las Actas del Cabildo[18]. Los últimos momentos de su vida corresponden con los del virrey Gaspar de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey (1604-06).

Como padre preocupado de dejar lo mejor para sus hijos, negoció los matrimonios de sus hijas, María y Mariana, con caballeros del funcionariado en Indias, colocando en la mejor de las posiciones posibles a sus dos vástagos varones, Antonio y Luis, para la consecución del hábito de una orden militar –será la de Alcántara- que a él se le negó por la animadversión del virrey Mendoza. Falleció el 23 de junio de 1605, nueve meses antes de la del Santo[19]. Las Actas del Cabildo dan cuenta de su muerte el 25 septiembre 1605[20]. Cinco años después. en 1610, su viuda Grimanesa continuaba pidiendo mercedes por los servicios que su marido realizó[21].

 

VII.          MADRE DE CINCO HIJOS

 

1.      Juan Antonio de Quiñones y Prado. El primogénito. Nacido en Mayorga el 3 de septiembre de 1573. En Lima, ingresó el 8 de mayo de 1589 en el colegio de San Martín, de la Compañía de Jesús. Acompañó al padre a Chile y fungió como capitán; a Lima volvió con grado de general de ejército; volvió a España en 1606 con su hermano Luis. En 1609 se le distinguió con el hábito de la orden de Alcántara y radicó en Madrid. Se casó en Medina del Campo con doña Agustina de Montalvo Cabeza de Vaca, hija de Juan de Briones, quien había sido paje de Felipe II, y de quien no tuvo descendencia. Casado en segundas nupcias con doña Catalina de Ulloa, y morir su único hijo Victoriano sin descendencia, el mayorazgo pasó a la familia de doña Mariana. Será doña Grimanesa quien dio poder notarial a su hijo Antonio, de su legítima materna y paterna, como cuidadora y curadora de sus cinco hijos, en el que le autoriza para disponer de todos los bienes.

 

2.      Beatriz de Prado. Nació el 29 de noviembre de 1578 en Mayorga. En el momento de embarcar tenía 2 años. A los 13 años, ingresó con su hermana Mariana de 11 y María de 10 para ser educada en el monasterio de la Encarnación. Allí mismo se queda com religiosa y pasará a ser una de las fundadoras de Santa Clara. en 1606[22]. Llegó a ser Superiora y muere el 19 de mayo de 1609, con tan sólo 31 años.

Don Gonzalo de la Maza da testimonio de cómo "le había venido un gran deseo de irse al dicho monasterio de Santa Clara, a entrar monja, por medio de doña María de Quiñones, sobrina del señor don Toribio Alfonso Mogrovejo, Arzobispo de buena memoria, que le había elegido entre las fundadoras de dicho monasterio, que la dicha doña María en aquella sazón estaba en el de la Encarnación de esta ciudad". Doña María de Uzátegui (su esposa) nos ofrece un entrañable testimonio de la amistad de las hijas de Grimanesa con Santa Rosa. "y después le tornó a darle grandes deseos de ser monja de Santa Clara y salió de su casa un día de fiesta, habiendo dado parte de ello a su abuela, diciéndole cómo se iba para no volver a ser monja de Santa Clara, confiada en la gran amistad que tenía con las hijas de don Francisco de Quiñones y de doña Grimanesa y que estando recibida ya era fácil quedase allá para entrar en Santa Clara (30 de octubre de 1617) [23].

 

3.      Mariana de Guzmán y Quiñones, nacida en Granada, casada en Lima en 1607 con Juan de Loaysa y Calderón. Se casó en dos ocasiones, la primera con Martín de Soto, del que le nació un varón llamado Diego de Soto y Quiñones, Viuda joven, enlazará su vida con Juan de Loaysa Calderón, Oidor de la Audiencia de Charcas y luego de la de Lima durante veinte años (1605 a 1625). Su hijo don Pedro de Loaysa y Quiñones actuó en el proceso de beatificación como procurador del Cabildo eclesiástico, junto con Antonio de Villagómez, sobrino del arzobispo de Lima, don Pedro de Villagómez.  Pedro de Loaisa se casa con Antonia de la Cueva, de los que nacen don Toribio de Loaysa (fue el que portó la imagen del Santo en la procesión de la beatificación) y Grimanesa de Loaisa, quien se casa con Fernando de Castilla Altamirano, de cuyo matrimonio nace María Antonia de Castilla y Loaisa, que al ingresar como religiosa de Santa Clara dirá "con que por legítima sucesión soy sobrina rebiznieta de dicha señora doña Grimanesa y de dicho glorioso santo"[24].

 

4.      María de Quiñones Lasso, nacida en Lima, donde se desposó el 7 de noviembre de 1610 con el limeño Nicolás de Mendoza Carbajal, caballero de la Orden de Santiago. Muere en 1613, sin descendencia.

 

5.      Luis de Quiñones. Nació en 1584, en Lima, y fue bautizado por el Santo. Estudió en el colegio de San Pablo hasta los 16 años, fecha en que se matriculó en Derecho en San Marcos, donde se graduó. Obtiene de la Corona plaza de oidor de Quito en 1610. Fue clérigo y heredó la biblioteca de Santo Toribio. Pasó a España con su hermano don Antonio. En 1611 le concedieron el hábito de caballero de la orden de Alcántara, oidor en Quito en 1637, donde murió.

 

VIII.       DESDE LA CASA ARZOBISPAL

 

Fray Gaspar de Villarroel, arzobispo de los Charcas y antes obispo de Santiago de Chile y Arequipa, en su obra Gobierno eclesiástico destaca la presencia femenina en la casa arzobispal de Santo Toribio.: "El Sr. Don TAM, arzobispo que fue de Lima, cuya vida y milagros lo han hecho tan célebre en el mundo que, si no se hubiera tomado el negocio con tanta tibieza el Perú, estuviera canonizado ya. Tuvo en su casa toda la vida a las señoras doña Grimanesa Mogrovejo y Doña Mariana de Quiñones, su sobrina ésta, y aquella hermana suya[25]".

 

            Juan Antonio Suardo en su puntual Diario de Lima del decenio comprendido entre los años 1629 y 1639 recoge una faceta de la vida cotidiana de doña Grimanesa, al contarnos cómo el 15 de julio de 1634 "por la tarde, hubo comedia en Palacio y se representó la del Prelado de las Indias, Don Toribio Alfonso Mogrovejo, arzobispo que fue de esta ciudad" [26]. Parece que era usual este tipo de pasatiempos culturales, pues Ana María de Collazos, monja donada de la Encarnación, nos informa de una treta divertida que urdió doña Grimanesa cuando invitó a palacio a "un hombre volátil a hacer sus habilidades y vueltas en la sala primera y mayor de su palacio y que para verlo volar y hacer las demás acciones que tales hombres suelen hacer, la dicha señora doña Grimanesa, su hermana, había convidado a muchas señoras principales de esta ciudad y les tenía prevenido un gran estrado alfombrado y con muchos cojines donde estuvieran los dichos señores"[27]. Como conocía muy bien los gustos del santo y para no desairar al "hombre volátil" que deseaba obsequiar con su arte al arzobispo, revistieron a su sobrino Antonio de Quiñones con el roquete y muceta del tío

 

Por su parte, Ana María de Collazos, monja donada de la Encarnación, natural de Huamanga, 24 años hortelana de dicho convento, declara que

 

"le conoció de vista desde que esta testigo vino de su patria a esta ciudad de Lima siendo de 5 años con ocasión de haber entrado esta testigo en poder de la señora Doña Grimanesa Lazo de Mogrovejo, hermana del dicho siervo de Dios, en cuya casa y palacio vivía en cuarto aparte y estuvo allí como cuatro años sin salir a vivir a otra parte...todo el dicho tiempo entraba, salía y asistía muy frecuentemente esta testigo con la dicha su tía (Isabel de Collazos) en el cuarto de la dicha señora doña Grimanesa y por esta causa vio muchísimas veces al dicho siervo de Dios en el dicho su palacio y le habló varias veces como a niña que entonces era y se acuerda esta testigo en especial de que viendo el dicho siervo de Dios a esta testigo y a D. Luis de Quiñones, sobrino del siervo de Dios, que eran niños y andaban traveseando como tales sobre una pared, mandó a sus criados que no les riñesen porque con el temor no se turbasen y se cayesen; pero luego mandó que se levantase mucho más alta la dicha pared para que no pudiesen subir en ella más"[28].

 

Es palpable el cariño del santo arzobispo por esta familia. El 12 de junio de 1592 consiguió del Papa Clemente VIII que su cuñado y esposa puedan educar a sus hijas Beatriz, de 13 años, María de 11 y Mariana de 8 en un monasterio femenino de la ciudad; el Papa pone como condiciones que las monjas estén de acuerdo, que el monasterio tenga ya otras jóvenes educandas, que las tres hermanas entren solas y sin servidoras o criadas […] que vistan con sencillez y sin joyas (oros o sedas) que observen las leyes de la clausura y de la comunicación con los externados, que cooperen a su mantenimiento cada semestre, que haya celdas vacías para ellas en el noviciado y que el número de las jóvenes presentes no esté completo; que las dichas jóvenes presentes no se vayan con ánimo de volver de nuevo, a no ser que quieran tomar el hábito monástico[29]. De hecho, doña Grimanesa y sus hijas Mariana y María vivirán religiosamente en el monasterio de la Encarnación de Lima; tras 14 años de vida religiosa en aquel plantel y a la muerte de su santo tío, quisieron entrar como monjas en Santa Clara[30].

 

La propia empleada de hogar de la familia, citada anteriormente, Ana María de Collazos, nos comparte que su vocación como religiosa nace con motivo de entrar "en este convento en compañía de doña Beatriz de Prado y de doña Mariana de Guzmán y de Doña María de Quiñones sobrinas del dicho siervo de Dios, hijas de la dicha señora doña Grimanesa su hermana y de don Francisco de Quiñones, su cuñado, cuando las susodichas entraron a criarse en este convento como doncellas de tanta calidad, virtud y ejemplo, con lo cual tenía mucha comunicación con las personas de la casa del dicho siervo de Dios, además de que el dicho siervo de Dios solía venir algunas veces entre año a ver a la Madre Abadesa perpetua fundadora de este convento que se llamaba doña Mencía de Sosa y a ver juntamente a las dichas sus sobrinas, de las cuales vive hoy la señora doña Mariana de Guzmán y Quiñones, viuda del Señor Don Juan de Loaysa Calderón, oidor que fue de esta Real Audiencia de Lima"[31].

 

Lo confirma el Breve de Paulo V a Doña Grimanesa Mariana de Guzmán y Doña María de Quiñones, nietas de Santo Toribio, concediéndoles licencia para ingresar al Monasterio de Santa Clara en calidad de monjas. Estuvieron en el Monasterio de las Monjas de la Encarnación por espacio de 14 años con "hábito decente y religioso, vinieron en el ejercicio de cristianas virtudes y de la disciplina y vida religiosa. Deseando pues –como lo dice su misma exposición- movidas de piadoso celo, dicha Grimanesa Mariana y María entrar al sobredicho Monasterio de Santa Clara concedernos como consanguíneas de dicho Toribio Alfonso y fundador del mismo Monasterio. Con parecer de la misma Abadesa y de la mayor parte de las mismas monjas, licencia de entrar en dicho Monasterio de Santa Clara y tener entre las demás monjas de tal Monasterio los primeros lugares después de la Abadesa. Dado en Roma en San Marcos, 18 de julio de 1608[32]. El papa Urbano VIII concede a Mariana de Guzmán, sobrina del Arzobispo, la facultad de visitar una vez al año el monasterio femenino de Santa Clara, acompañada de su madre doña Grimanesa[33]

 

Diego de Morales, secretario y aficionado a su persona desde niño, amigo de los hijos del matrimonio Quiñones-Mogrovejo, nos comparte que "siendo muchacho deseó entrar a servir esta iglesia de monaguillo para tener ocasión de verle cada día y besarle la mano y tener entrada en su casa con sus sobrinos y criados, como la tuvo muy grande". Nos informa puntualmente de la preocupación del santo para que sus familiares fuesen ejemplares: "era vigilantísimo en que todos los de su casa viviesen cristiana y recogidamente y mandaba a don Francisco de Quiñones su cuñado que celase con cuidado toda la casa y que se cerrasen las puertas temprano y que si alguno viviese mal lo despidiese" [34].

 

Varios testigos y biógrafos ponen de relieve el cotidiano realismo del ama de hogar, siempre pendiente de que nada faltase en la casa de tan dadivoso hermano, quien llegaba a burlar el acucioso celo de Grimanesa. Así nos lo comparte, Monseñor Gaspar de Villarroel -arzobispo de Arequipa y antes de Charcas y Santiago de Chile- quien nos "cuenta cómo al dar como limosna a un pobre dos mulas de carroza que acababa de limpiar un caballerizo, le dijo: Aprisa, aprisa, mirad no os vea mi hermana"[35].

 

IX. DULCES DE NAVIDAD Y OTROS REGALOS

 

            Selecciono algunos de los frecuentes gestos "maternales" para con su querido hermano Toribio. Así, el jesuita P. Francisco de Contreras, que le conoció desde 1592 y fue ordenado de sacerdote por él, nos rescata de su memoria un gesto entrañable en tiempos de Navidad: "Y asimismo vio este testigo que habiéndole enviado de esta ciudad con grande regalo de dulces por ser tiempo de Navidad su hermana doña Grimanesa, el dicho Sr. Arzobispo lo repartió todo entre pobres yendo él mismo a los ranchos de los indios enfermos a visitarlos y dárselo sin quedarse con cosa y le dijeron a este testigo que aquella noche de la vigilia de Navidad había hecho colación con solo un durazno o manzana sin otra cosa"[36].

 

El P. Fray Antonio Rodríguez, dominico de Lima, con 57 años que lo conoció "desde que entró en 1581 hasta que partió para la última visita y vez hubo que le dio las sábanas de la cama y una colecta muy rica y le dijo: "mira no te vea doña Grimanesa mi hermana" [...] Un día víspera de Pascua de Navidad, le dejó su hermana una camisa nueva. Como fuese un clérigo y le dijese que no tenía camisa a raíz de las carnes, se entró Toribio Alfonso Mogrovejo y se la dio, y viniendo el segundo día de Pascua Grimanesa a pedirle se pusiese otra como le dijese "ahí la dimos a un pobre de Cristo, sufrió muchas razones que la hermana le dijo de sentimiento"[37]

 

Fr. Juan de Elías, de Sevilla, religioso profeso de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, de 50 años, que fue ordenado sacerdote en San Joan de Lampras: "Porque a este testigo le cogió el Adviento en su compañía y lo vio y comía muy parcamente una cosa sola y su hermana doña Grimanesa le enviaba algunas ollitas de pescado en escabeche. Porque no fuesen vejados los curas e indios en buscar de comer y llegando un regalo de esto que le enviaba la dicha su hermana de dicho Sr. Arzobispo aunque llegase [482v]un criado con la carta en que le avisaba como se lo enviaba no lo quiso recibir y dijo a este testigo y a otros cuatro o cinco de su orden que estaban allí, que aquello era mostrenco porque no tenía dueño, que mirasen por ello y no lo recibió ni quiso comerlo hasta que llegó el criado con la carta de su servicio y entonces vio que era suyo. Porque era tan grande el recato y limpieza que tenía en no recibir que le preció que algún extraño o cura se lo enviaba[38]".

 

D. Tomás de Paredes, vecino y regidor de Lima, de Sevilla, que conoció al santo "desde el año 1593 que este testigo entró en esta ciudad hasta que murió y lo trató y comunicó muchas veces en esta ciudad y en la villa de Yca estando visitándolos", en su condición de "contador de las iglesias después de muerto el dicho Señor Arzobispo tomó las cuentas a la dicha dona Grimanesa su hermana que dio de los bienes que quedaron de la vacante y para que no le pudiesen adicionar las muchas limosnas que había expendido y que constase de la facultad que tenía. Para ello presento una carta firmada del dicho Señor Arzobispo que este testigo vio y leyó escribiéndosela a don Francisco de Quiñones su cuñado que era mayordomo en que le decía que si para cumplir y pasar todas las limosnas que le había ordenado no había bastante cantidad en sus rentas que vendiese todo su pontifical y con el procedido les cumpliese y pagase de que este testigo quedó admirado que Dios nuestro Señor favoreciese este arzobispado con darle tan gran prelado que escriba carta semejante"[39].

 

 

X.    EL ÚLTIMO ADIÓS

           

            La movida trayectoria del prelado Mogrovejo la seguía muy de cerca su querida familia, de manera especial cuando estaba visitando su dilatada arquidiócesis. Comenzó su tercera y última visita el 8 de agosto de 1601 por las provincias de Canta, Huarochirí, Yauyos, Cañete y nuevamente Ica. Luego retrocede por la misma ruta y entró en los actuales departamentos de Junín y Huánuco, volviendo a la costa por Cajatambo y Chancay. Después de descansar por un breve tiempo en Lima, reinició su Visita Pastoral el 12 de enero de 1605. Visitó minuciosamente la Catedral, inventariando sus bienes. Parece que marcha con el presentimiento de no volver a la Ciudad de Los Reyes. Así lo refiere su secretario Diego de Morales quien recoge las palabras de despedida del santo a su hermana Grimanesa como sustento de su espíritu profético: "despidiéndose de doña Grimanesa Mogrovejo su hermana cuando salió a la última visita que hizo en que murió, le dijo en presencia de este testigo: hermana, quédese con Dios, que ya no nos veremos más; y así sucedió como él lo dijo porque nunca más volvió a esta ciudad ni la vio"[40].

            Recorre las provincias de Chancay, Barranca, y siguiendo el curso del río Pativilca, gira hacia la derecha y visita algunos distritos de Cajatambo; de aquí pasa al callejón de Huaylas y, bajando a la costa por Casma, se dirige al norte a los valles de Pacasmayo y Chiclayo, falleciendo en Zaña, el día de Jueves Santo, 23 de marzo de 1606. La noticia llegó a Lima el martes 4 de abril a la 1 de la tarde tal como consta por los testimonios de los "curas de la catedral": Dr. Juan Sánchez de Prado. El Dr. Juan de la Roca. El Licenciado Alonso Menacho y el Br. Diego Chamorro. Grimanesa, su hermana, solicita al Cabildo de Lima el traslado de sus restos a la Iglesia Catedralicia. Un año después, el 26 de abril -como los mayorganos recuerdan cada año en la Misa solemne y procesión- se trasladaba su cuerpo a Lima por tierra en un trayecto que duró 80 días. Los casi 590 kilómetros se cubren en cuatro etapas: Saña-Trujillo, Trujillo-Chimbote, Chimbote-Pativilca, Pativilca-Lima. Su cuerpo fue trasladado bajo la dirección de doctor don Mateo González de Paz, maestrescuela de la Catedral, y llegó a Lima el jueves 26 días del mes de abril de 1607 años, velándolo en la iglesia de señor Santo Domingo, desde donde se llevó a enterrar solemnemente a la Catedral, el viernes a las 6 de la tarde 27 de abril. Presidió el oficio de pontifical el obispo de Santiago de Chile, Don Fray Juan Pérez de Espinosa, concluyendo todo a las 8 de la noche.

 

XI.              MUJER EMPEÑOSA

 

Grimanesa debió vivir la densa vida de su esposo, los hijos y su hermano. Debió sufrir lo indecible por la prisión de su marido cuando por orden del Virrey Cañete un 22 de marzo de 1591 se le "mandó llevar a El Callao en una carroza, con un alcalde de Corte y cantidad de lanzas, mandándole embarcar en un navío... teniendo mucha gente de guardia y no dándole lugar a que nadie le hablase"[41]. Como cuenta el propio santo en carta a Su Majestad, el 24 de marzo de 1591 amenazaron con lo mismo a doña Grimanesa, que si no se levantaban las censuras "a su mujer asimismo la había de embarcar".

 

Juan Bromley en su clásica obra Las Viejas Calles de Lima[42] nos aporta el domicilio exacto de nuestra dama, calle  San Pedro 305, cuadra tercera del Jirón Ucayali, y que para 1613 tiene los siguientes datos: Cuadra que comienza después de la Cruz de la Iglesia de la Compañía de Jesús, donde vive Doña Grimanesa de Mogrovejo hermana del Arzobispo de Lima Toribio Alfonso de Mogrovejo y vino al Perú casada con su primo el Maestre de Campo Don Francisco de Quiñónez y Villapadierna, que sirvió en Italia y en los Algarbes, que combatió contra el turco, que estuvo cautivo en Constantinopla y que en el Perú fue Corregidor y Alcalde de Lima y Capitán General de Chile. Doña Grimanesa falleció en Lima en 1632.

 

En aquel año de 1613 residían también en esta calle el Secretario de Gobierno Antonio de Nájera; y D. Jusepe de Altamirano, Caballerizo del Virrey Marqués de Montesclaros. El primer nombre de esta arteria urbana fue de D. Francisco de la Presa, por su vecino de ese nominativo, de quien ya se ha tratado al hablar de la calle de Presa.

 

      Por distintos documentos, podemos colegir que Grimanesa desbordaba el habitual ámbito doméstico de las damas limeñas, como amas de casa sin salir de casa. Al enviudar en 1606, deberá estar al frente de todos los negocios familiares, como el arduo de atender a sus hijos de acuerdo con su puesto social. A la muerte del prelado ese mismo año, el Cabildo puso pleito a sus bienes pues entendía que el Santo había regado su dinero en caridades. A sus herederos, su hermana y sobrinos (había muerto don Francisco de Quiñones) les dejaba su biblioteca, la capellanía para don Luis, clérigo; y una cantidad para el dote matrimonial o religioso de sus dos sobrinas, doña Mariana y doña María; Beatriz había muerto como monja clarisa. Grimanesa salió en defensa de las mandas de sus hijos y lo mismo hizo don Luis de Quiñones con un memorial al rey sobre los servicios prestados por la familia[43].

 

En las Actas del Cabildo aparecen diversos documentos relacionados con el pleito sobre los bienes de Santo Toribio. Grimanesa se aviene a hacer transacción de bienes. Se faculta a Feliciano Vega para tramitarlo el 21 de octubre de 1611. El 3 de enero de 1613 Grimanesa lee una memoria por la que 100.000 pesos podrían corresponder a la iglesia. Deciden darle 30.000 a ella. El 27 de agosto de 1624 conviene la Sra. Grimanesa en recibir a censo los 10.358 pesos que debía sobre las dos viñas que tenía en los pagos de San Martín de Tacazanes en los términos de Ica, conviniendo las dos partes en que se celebrase la escritura[44].

 

Las engorrosas gestiones de solicitar mercedes, arrendar casas y compra-ventas para atender a la familia estarán presentes a lo largo de su vida y se documentan en el Archivo General de la Nación[45]. De igual manera, se conocen varios pleitos, como contra los bienes y albacea del doctor don Juan de Velásquez, en 1626, difunto arcediano de la Catedral, en la escabrosa muerte "del negro Leandro Mandinga a quien mató un negro criado del arcediano"[46].  

 

Más adelante, doña Grimanesa está en los 86 años de edad y debe participar en el enojoso pleito contra don Juan de Valverde, clérigo de menores órdenes, por haber inducido a una esclava suya que le robe seis mil pesos y haberse quedado con ellos. Nuestra protagonista exigía los pesos y el valor de los esclavos en la causa seguida ante don Juan de los Ríos, alcalde ordinario[47]. Como bien advierte la experta en la historia de la mujer en el virreinato peruano Elvira García "la mujer de esa época se elevaba en las regiones del sentimiento, entregándose con sin igual entusiasmo a todo lo que era extraordinario y marchando tranquila hasta el sacrificio […] igualándose al hombre en talento, en saber y en valor; se asocia al progreso social y pone a prueba su actividad femenina. Ningún camino, que conduzca a ese fin, le queda desconocido, y señora de sus actos, tiene la conciencia de sus deberes y de sus derechos"[48].

 

XII.          UNA MUJER EN LA CATEDRAL

 

Narra el cronista Suardo en su Diario que el día 28 de noviembre, "a las diez y media de la noche, dio el alma a Dios Doña Grimanesa Mogrovejo, hermana que fue del señor Arzobispo de esta ciudad, don Toribio Mogrovejo, de santa y gloriosa memoria y a estas mismas horas hubo doble general de la Santa Yglesia Metropolitana y de las demás de esta corte".  Dos días después, el 30 de noviembre de 1634, "a las diez, se enterró en esta santa iglesia metropolitana la difunta Doña Grimanesa, en la bóveda debajo del altar mayor. El entierro se hizo con toda la pompa y aparato que se pudo porque sacaron el cuerpo de su casa los señores de la Real Audiencia y le acompañaron el señor Virrey y Obispo Visitador y, al entrar en la Yglesia, le cargaron las Dignidades de ella y, después de acabada la misa, los señores de la Real Audiencia le llevaron a la sepultura con el mismo acompañamiento"[49].

 

Por su parte, Bartolomé de Benavides, maestreescuela y arcediano, comisario general de la Santa Cruzada, en Perú, catedrático de nona de Teología en San Marcos y, por último, obispo de Oaxaca, predicó el sermón de honras fúnebres[50], en el cual compara a Grimanesa con María la hermana de Moisés, así como con otras damas ilustres del santoral cristiano, por ser hermanas de santos tales como Jerónimo, Ambrosio, Juan Crisóstomo: 

 

Nueva María, hermana de aquel Moisés divino, el Ilustrísimo señor D. TM que hablaba con Dios cara a cara, que le resplandecía el rostro cuando salía de la oración, cuyas glorias celebrara esta iglesia, no en túmulos y obeliscos sino en altares y tronos.

Y decía que, cuando por su piedad y por el servicio de Dios, no diera limosna, la diera por el gusto que sabía a su hermano que fue tan gran limosnero cuanto ninguno mayor ...y cuantos celebran los Anales santos y yo confieso hoy -dice Gerónimo- que es cosa de gusto y de Sansón la  que cuenta San Jerónimo 'le sucedió con Paula que lo mismo le sucedió a nuestra difunta con su santo hermano: ...Y confieso mi error -dice Jerónimo- que como la vía tan pródiga le decía lo que san Pablo: No por acudir a otros necesitemos nosotros y que el alivio ajeno sea tribulación propia, y con el gusto de el dar no quedase nada que dar en adelante, que santa señora era la hermana que podía advertir a tal hermano, y qué tal era el hermano que escuchaba humildes enmiendas de su hermana y con tal respeto, que lavándose un día, entró y le halló solo un pobre y le dio la fuente y el jarro de plata, que no tenía otro y le dijo: Vaya hermano presto, no le vea nuestra hermana"[51].

Gregorio Montero testifica en 1679 cómo "le trajeron a esta Santa iglesia Metropolitana con grande acompañamiento funeral y le pusieron en su túmulo en la capilla mayor donde se hicieron los oficios con gran  solemnidad y en acabándolos le pasaron a la sepultura que fue en el suelo debajo de tierra al lado del Evangelio en un ataúd de madera que estaba abierto y dentro vido el dicho cuerpo difunto vestido de pontifical y luego taparon y clavaron el dicho ataúd poniendo sobre la tapa unas tablas y las cubrieron con tierra como hacen a los demás difuntos y sobre ella pusieron una tumba cubierto con un paño de terciopelo morado con cenefa del mismo color y en su medio estaban las armas del dicho siervo de Dios bordadas"[52]. Entre los presentes figuran Don Pedro Muñiz, Deán, D. Juan Velásquez, Arcediano, D. Mateo de Paz, Maestreescuela, Cristóbal Medel, Tesorero, Juan Díaz de Aguilar, canónigo, D. Gaspar Sánchez de San Juan, canónigo; Cristóbal Sánchez Ranedo y Dr. Andrés Díaz de Abrego, canónigos.

 

Años después se trasladó a la Capilla de San Bartolomé, posteriormente a la bóveda debajo del dicho altar mayor, donde con motivo del proceso de beatificación hubo de reconocerse el cadáver. Mantenemos el texto manuscrito de Gregorio Montero en las Actas por su frescura insuperable:

 

"Bajaron a una bóveda que está debajo del altar mayor de dicha santa iglesia y en ella se halló que estaba puesto en la pared un dosel al parecer morado y debajo de él un cuadro de lienzo pintado Cristo Nuestro Señor a la columna y a las espaldas de la dicha pintura, un arco hecho en la pared en forma de nicho, cubierto con cinco tablas de madera de Chile, clavadas sobre tres tablones de madera que hacen 4 compartimentos y en el dicho nicho o concavidad no había inscripción ni título alguno y su Señoría. Ilustrísima y dichos señores, mandaron a Francisco de la Peña, carpintero, señalado para este efecto que quitase las dichas tablas, el cual desclavó dos de ellas y de la parte de adentro se vieron los dichos cuatro compartimentos divididos de la pared con dichos tres tablones y en ellos estaban dos cajas, dos ataúdes y otra caja pequeña, es a saber, en un ataúd de terciopelo morado, que dijeron los dichos licenciados Gregorio Montero y Juan Sánchez de La Madrid, testigos examinados en este acto, ser del cuerpo del Ilmo. Sr. Don Gonzalo de Ocampo, de buena memoria, arzobispo que fue de esta santa iglesia, y el otro ataúd forrado en terciopelo carmesí en que dijeron los dichos testigos estar el cuerpo de la señora Grimanesa Mogrovejo, hermana del dicho siervo de Dios D. Toribio Alfonso. Y una de las dichas cajas estaba cubierta de terciopelo morado y se halló cubierto de terciopelo morado y se halló abierta y dentro de ella una caja pequeña de plomo con una calavera dentro y una inscripción sobre la cubierta de la dicha caja que dice: "Aquí está la cabeza del señor Marqués Don Francisco Pizarro que descubrió y ganó los Reinos del Pirú y puso en la Real Corona de Castilla y en otra de las dichas casas que estaba abierta y sin forro, se vieron algunas calaveras sin rótulo alguno ni señales que diesen noticia de cuyas son. Y en la caja pequeña que estaba cubierta de terciopelo carmesí tachonada con tachuelas doradas y guarnecida con pasamanos de oro y sobre la tapadera de ella formada una mitra episcopal formada de las dichas tachuelas y pasamanos de oro, la cual estaba cerrada con una cerradura dorada que constantemente afirmaron los dichos dos testigos ser del cuerpo del dicho siervo de Dios Toribio"[53]

           

XIII.       CONCLUSIÓN:

 

Quien ha sido el mejor, o al menos el más completo biógrafo del Prelado, Vicente Rodríguez Valencia nos da la más lograda síntesis a la que hemos intentado dar vida en espera de una merecida y completa biografía:

 

"Doña Grimanesa fue, en los años de su longevidad, la venerada dama que residía en Lima cuando se incoaron los procesos de beatificación de su hermano el arzobispo, a quien sobrevivió 30 años. Murió en 1635, cuando era más unánime el testimonio público de admiración y veneración a la santidad de don Toribio, en plena profusión de gracias y milagros. Durante 25 años ella fue en las casas arzobispales no sólo señora del gobierno doméstico, sino consuelo y aliento del arzobispo en la vida trabajada de luchas y amarguras. Fue también, en cuanto ella podía, un factor de contrapeso en los excesos de penitencia y caridad con que se manifestaban al exterior las virtudes bien constituidas del prelado santo, como conseguir de su hermano el resultado de moderación que consiguió el rector del Colegio Mayor salmantino, teniendo a don Toribio por subordinado. En sus sentimientos de hermana y en su prudencia natural de mujer, tuvo que sufrir doña Grimanesa viendo tan de cerca el régimen de vida de aquel ´arzobispo que murió de hambre´ […]. En las prolongadas ausencias del prelado, durante años continuados de asiento en las reducciones de indios, ella fue una garantía de gobierno y de tranquilidad en la administración doméstica. En fiestas señaladas del año enviaba a su hermano obsequios y regalos, aun a conciencia de que para él sólo había de representar un obsequio espiritual. Los secretarios y criados de visita recordaban estos envíos de doña Grimanesa"[54].

XIV.        BIBLIOGRAFÍA

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[1] Gaudete et Exultate, 2016, n.7.

[2] GONZÁLEZ DEL CAMPO, M. I. Mujeres vallisoletanas en América en los siglos xvi y xvii, Valladolid, Ayuntamiento, 1998, págs. 52-54.

[3] Vida del Ilmo. y Rev.  Don Toribio Alfonso Mogrovejo, Arzobispo de Lima. Madrid 1653, Lima 1906, p.41

[4] AAL, (Archivo Arzobispal de Lima APBST (Actas del Proceso de Beatificación de Santo Toribio). Cuaderno V, f. 20.

[5] AAL, APBST, II, f.331v.

[6]AAL, APBST, II, ff.424-424v.

[7]AAL, APBST, I, ff. 48v-60

[8]"Carta del Arzobispo de los Reyes a S. M. expresando su sentimiento de verse tan poco favorecido y muy reprendido, etc." Núm.747.  LISSON CHAVES, Emilio La Iglesia de España en el Perú. Colección de documentos para la historia de la Iglesia en el Perú, EHES Sevilla 1943-47.

[9] Ibídem. ff.45 y ss

[10] AAL, APBST, II

[11] AAL, APBST, I, ff. 48v-60

[12] Archivo General de Indias, Contratación 5538, libro 1º ff.302v-305)

[13] Los fieles cristianos en la "Nueva Evangelización", Biblioteca Redemptoris Mater nº 1 p.365

[14] MARTÍNEZ, C. La emigración castellana y leonesa Junta de Castilla y León N.5048; 5538.I, 464v; 5229-5; C.VI, 3495; RO-2030; Santo Toribio es el nº 5049, 5538.I, 464v; 5229-5, C. VI, 3484) Valladolid, 1993, Tomo II, p.226).

[15] Vida del Ilmo. y Rev.  Don Toribio Alfonso Mogrovejo, Arzobispo de Lima Madrid [1653], Lima 1906, p. 68

[16] LOHMANN, G. "El corregidor de Lima. Estudio histórico-jurídico" Anuario de Estudios Americanos (Sevilla 1952 ) IX: 152-158).

[17] 4, abril, 1587; AGI, Patronato, 248, Rº 15; VRV, I, 89.

[18] SCHOFIELD, S. E.  Libro de Cabildos de Lima. Índices, Tomos X, XI, XIV y XV, Impresores Torres Aguirre, Lima, 1948.

[19] AAL, Parroquia del Sagrario, Libro 3 Defunciones, 1598-1609, fol.174v

[20] Ibídem. Actas, Tomo XV, 242.

[22]La renuncia a su legítima se conserva en AGN, Protocolo de Pedro González de Contreras, 1606. 788. fol.299

[23] Primer Proceso Ordinario para la Canonización de Santa Rosa de Lima 1617 Transcripción, introducción y notas del P. Dr. Hernán Jiménez Salas, O. (Monasterio de Santa Rosa de Santa María de Lima, Lima, 2003)  p.109

[24] AAL, Monasterio de Santa Clara, 24: 91.

[25] Parte 1, q.2, art.6, n.45, f.264; n.53, f.265; I, p.1, q.3, a.1, n.52, f.299

[26] Diario de Lima, de Juan Antonio Suardo, Vol. I (1936); p.36. Edición R. Vargas Ugarte, S: J.

[27] AAL, APBST, II, f.195v-196.

[28]AAL, APBST, II, ff.195v-196

[29] METZLER, II, N.19, p.60.

[30]CVU, PV-66, fol.1

[31]AAL, APBST, II, ff.180-180v

[32]METZLER, II, n.431, p.274

[33]METZLER, II, N.996, p. 568

[34]AAL, APBST, I, f.159v.

[35]"Gobierno eclesiástico pacífico" Parte 1ª, cuestión 2ª, art. VI, Num. 53. Cit. en AAL, APBST, V, f. 17.

[36] AAL, APBST, I, f. 507

[37] AAL, APBST, I, ff. 207-208v

[38] AAL, APBST, I, f. 482

[39]AAL, APBST, I, ff. 582v-583.

[40]AAL, APBST, I, ff. 168v-169

[41] Archivo General de Indias, Lima 93. Cit en RODRÍGUEZ VALENCIA, V. Santo Toribio de Mogrovejo, organizador y apóstol de Suramérica Madrid, CSIC, 1957, Tomo II, pp.148-150.

[42]Municipalidad metropolitana de Lima. Gerencia de Educación, Cultura y Deportes. Lima 2005 p. 297 (PDF) Las Viejas Calles de Lima | Jefersson Bermúdez Miranda - Academia.edu

[43] Ver Lissón IV, 562).

[44] Archivo de la Catedral. Actas, p.99.

[45] Archivo General de la Nación. Colección "Santa María". S 077

[46] AAL, Papeles importantes. Leg.34, exp.14, Los Reyes. 23 folios, falta el 1.

[47] AAL, Papeles importantes. Leg.38, exp.4. Los Reyes. 1631, 29 ff.

[48] GARCÍA Y GARCÍA, E. (1924, 1926). La mujer peruana a través de los siglos. I tomo. Lima: Imprenta Americana, p.112. https://ufdc.ufl.edu/AA00019316/00001/165x.

[49] R. Vargas Ugarte Diario de Lima de Juan Antonio Suardo (1629-1639), II, p.50

[50] "El cual sermón imprimió en esta dicha ciudad por  el año de 1635 y lo dedicó al Ilmo. y Rvdo. Don Pedro de Villagómez, entonces obispo de Arequipa y visitador de esta Real Audiencia y ahora Arzobispo de la dicha santa Iglesia de Lima en el cual generalmente en varias partes y especialmente en la dedicatoria [18v] "Esto dio aliento a mi corto caudal, en tan alto asunto, como predicar en las honras que Vuestra Señoría Ilustrísima hizo en esta catedral a su santa tía y señora nuestra y hermana de aquel nuevo Crisóstomo y Español Ambrosio, el Ilustrísimo y santo señor Don Toribio Mogrovejo". AAL, Actas del Proceso de beatificación.

[51] f.8, cit. en AAL, APBST, V, f.19 v

[52] AAL, APBST, V, f.29 v

[53] Ibídem, f.34

[54] RODRÍGUEZ VALENCIA, V. Santo Toribio de Mogrovejo, organizador y apóstol de Suramérica Madrid CSIC

1957 I, p.164


Fecha Publicación: 2021-09-06T15:20:00.001-07:00

VIVIENDO EL 52º CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL EN BUDAPEST

José Antonio Benito

Comencemos recordando el hermoso y rotundo saludo eucarístico: ¡Sea por siempre bendito y alabado, mi Jesús Sacramentado!, como pórtico de nuestra nota sobre el mundial católico sobre la Eucaristía, que ahora toca en Hungría, en su número 52, y que cuenta como representantes del Perú a Monseñor Gerardo Zerdin, obispo del vicariato de San Ramón, y el P. Lajos Finta, misionero de nacionalidad húngara y presente en el mismo vicariato de nuestra selva central.

Historia de 52 congresos mundiales

Los primeros Congresos Eucarísticos fueron inspirados por la fe viva en la presencia real de la persona de Jesucristo en el Sacramento de la Eucaristía. Por consiguiente, el culto eucarístico se expresaba particularmente en la adoración solemne y en grandes procesiones que manifestaban el triunfo de la Eucaristía.  Existe un Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales quien se responsabiliza de su organización. En su página web (https://www.vatican.va/roman_curia/pont_committees/eucharist-congr/index_sp.htm) se da cuenta de su historia.

Tuvieron su origen en Francia en la segunda mitad del siglo XIX, gracias a la iniciativa de la Srta. Emilia Tamisier (1834-1910), quien siguiendo la inspiración de San Pedro Julián Eymard (1811-1868), llamado el "Apóstol de la Eucaristía" tomó la iniciativa de organizar, con la ayuda de otros laicos, sacerdotes y obispos, y con la bendición del Papa León XIII, el primer Congreso Eucarístico Internacional en Lille. Su tema fue "La Eucaristía salva el mundo" y tenía como objetivo la renovación de la fe en Cristo, presente en la Eucaristía, como remedio a la ignorancia e indiferencia religiosa. Los catorce primeros fueron convocados por León XIII, desde el 15 al 25 por San Pío X.  A la luz de los decretos de San Pío X sobre la comunión frecuente Sacra Tridentina Synodus (1905) y sobre la comunión de los niños Quam singularis (1910), en la preparación y celebración de los Congresos se promovían la comunión frecuente de los adultos y la primera comunión de los niños. Los primeros 24 Congresos Eucarísticos Internacionales no tuvieron un tema general. Fueron sobre todo los Congresos de las "Obras Eucarísticas". Trataron del culto de la adoración, de la procesión, de la sagrada comunión (particularmente de los niños), del Sacrificio de  la Misa, de las asociaciones y de los Movimientos eucarísticos.

Con el Pontificado de Pío XI los Congresos Eucarísticos desplegaron su carácter internacional, en el sentido de que comenzaron a celebrarse por turno en todos los continentes, adquiriendo una dimensión misionera e de "re-evangelización" (expresión empleada en la preparación capilar del Congreso de Manila en 1937).

Desde el 37° Congreso celebrado en Mónaco en 1960, los Congresos Eucarísticos Internacionales se llamaron STATI ORBIS  (propuesta del liturgista Josef Jungmann, SJ), con la celebración de la Eucaristía como centro y vértice culminante de todas las diversas manifestaciones y formas de devoción eucarística. 

Después, el Concilio Vaticano II, por medio de la Constitución Sacrosanctum Concilium  en 1963, la Instrucción  Eucharisticum mysterium  de 1967 (n.67) y de manera particular el Ritual Romano De sacra communione et de cultu mysterii eucaristici extra Missam  de 1973 (nn. 109-112), delinean la nueva imagen e indican los criterios para la preparación y celebración de los congresos eucarísticos, que desde aquel momento en adelante estarán abiertos a los problemas del mundo contemporáneo, al ecumenismo y también, en la preparación, al diálogo inter-religioso.

Los del Tercer Milenio se han celebrado en Roma (2000), con el título "Jesucristo único Salvador del mundoPan para la vida nueva", número 47; en Guadalajara (México, 2004) "La Eucaristia, luz  y vida del nuevo milenio", número 48; Quebec (Canadá, 2008) "La Eucaristía, don de Dios para la vida del mundo", número 49;  Dublín (Irlanda, 2012), "La Eucaristía: Comunión con Cristo y entre nosotros", número 50; Cebú (Filipinas, 2016), "Cristo en ti, Nuestra Esperanza de Gloria", número 51; el presente, número 52, en Budapest (Hungría, 2021) y el próximo, número 53, en Quito (Ecuador), año 2024.

Budapest, capital mundial eucarística

La semana del 5 al 12 de septiembre, la capital eucarística mundial será Budapest, a orillas del Danubio, capital húngara, que acoge el 52º Congreso Eucarístico Internacional, aplazado por la covid-19 desde el año pasado. Con el lema "Todas mis fuentes están en Ti", obispos de todo el mundo, sacerdotes, religiosos, laicos, estudiarán, celebrarán y, sobre todo, adorarán al Santísimo Sacramento en la Eucaristía. El evento contará con la presencia del Santo Padre Francisco, quien presidirá la misa de clausura en la Plaza de los Héroes de la capital.

Hungría tiene una población de 9.8 millones de personas, el 62% de las cuales son católicas. El país, que limita con Austria, Serbia, Croacia, Eslovenia, Rumania, Ucrania y Eslovaquia, acogió por última vez el Congreso Eucarístico en 1938.

Más de 25 cardenales y obispos participarán en la semana de eventos en la sede principal del congreso: el Centro de Congresos y Exposiciones Hungexpo Budapest. Destaca la presencia del Cardenal Robert Sarah quien celebrará la Misa en la Iglesia de los Santos Ángeles en Gazdagrét el 8 de septiembre y el Cardenal Jean-Claude Hollerich de Luxemburgo el 10 de septiembre.

El programa también incluye oradores católicos laicos como Mary Healy, profesora de Escritura en el Seminario Mayor del Sagrado Corazón en Detroit, y Barbara Heil, madre estadounidense de ocho hijos que se convirtió al catolicismo después de servir como misionera evangélica en 55 países.

Entre sus liturgias diarias, el congreso también contará con una Misa en Lovari, un idioma hablado por el pueblo romaní en Hungría, que se ofrecerá el 9 de septiembre en el centro Hungexpo. El sábado 11 de septiembre, el Cardenal Péter Erdő de Esztergom-Budapest ofrecerá una Misa en la plaza Kossuth, donde se encuentra el edificio del Parlamento húngaro, seguida de una procesión a la luz de las velas hasta la Plaza de los Héroes.

"La Eucaristía es como el repique de campanas"

En las palabras de bienvenida el cardenal Péter Erdő, primado de Hungría, pidió que "el Señor nos conceda poder sentir en estos días que Cristo está con nosotros en la Eucaristía. No deja solos a la Iglesia, a los pueblos y a la humanidad. Recordemos que estuvo en el Perú como representante del Vaticano ante los problemas suscitados por la identidad católica de la PUCP.

En su homilía de la misa celebrada en la Plaza de los Héroes de Budapest, el cardenal Angelo Bagnasco, presidente del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas, dejó que su texto se leyera en húngaro. "La Eucaristía -dijo Bagnasco- va más allá de toda soledad, de toda distancia y de toda indiferencia". El cardenal recuerda las campanas tocando festivamente, "formando un coro que quiere abrazar a toda la humanidad". Desde este púlpito ideal, la voz de los Pastores, la voz de esta conmovedora asamblea, quiere llamar - humilde y alegremente - al corazón de los pueblos de Europa, y llegar más allá hasta los puntos más remotos de la tierra. Una voz "débil, pero que se hace eco de la de los siglos y está marcada por la sangre de los mártires", de la que toma fuerza para anunciar a Jesús y recordar que "a pesar de las limitaciones y las sombras de sus hijos, la luz de Cristo resplandece en la Iglesia".

Esa voz, "como una vela desplegada por el soplo del Espíritu", dice una gran verdad al hombre de hoy: No estás solo en un universo hostil, no estás solo ante el maravilloso misterio de la vida, no estás solo con tu sed de libertad y eternidad. Estés donde estés, no eres invisible, Dios te mira con amor; no eres huérfano, Dios es tu Padre; vales la sangre de Jesús, Redentor del mundo y Pan de vida eterna. No tengáis miedo: Dios no está muerto, la Eucaristía supera toda soledad, toda distancia, toda indiferencia.

Y así, esa misma voz asegura que la Iglesia está llamada a no callar, a no reducirse al silencio, sino a "dar al rostro de todo hombre el esplendor de Cristo resucitado".

Mirando a los niños de Primera Comunión y Confirmación, el cardenal Bagnasco recuerda la sencillez de sus corazones que acogen a Jesús, un amigo que no traiciona. A los jóvenes de las escuelas católicas les dice que la fe y la razón van juntas y que "Dios no es un competidor de vuestra libertad, y la fe no es una serie de prohibiciones, sino un gran sí a la alegría, incluso cuando es exigente porque el amor es algo serio".

Recuerda: la Iglesia te necesita a ti, a tu juventud, a tu entusiasmo, y tú necesitas a Jesús. Todo envejece rápidamente, sólo Dios es siempre joven, y la Iglesia es la verdadera juventud del mundo porque conserva el sacramento del Cuerpo de Cristo. Que la Eucaristía sea el centro de tus días. De todos los días.

El cardenal Bagnasco se dirigió también a los sacerdotes, "centinelas de la mañana, presencia viva de la Iglesia Madre y Maestra". La Iglesia les da las gracias porque son "heraldos del amor de Dios, profetas del Espíritu en un mercado de materia, herederos de una Tradición viva y heraldos del futuro en un mundo perdido". "La Iglesia", añade, "no os asegura la tranquilidad, sino que os repite con Cristo: 'No tengáis miedo'".

Finalmente, la invitación a los que sienten el peso de la Cruz, a los que lloran o son perseguidos por la justicia, a los que se sienten sin voz y sin patria, es que vuelvan a tener valor porque el Señor está presente en el corazón de los que se acercan a él. La Iglesia no tiene otro nombre que anunciar y adorar: Jesucristo. Recuerda: su rostro es el Evangelio, su presencia es la Eucaristía.


Fecha Publicación: 2021-09-01T18:13:00.001-07:00

José Antonio Benito

Don Gonzalo Taulichusco fue el último curaca (gobernante inca) del valle de Rímac y quien ejercía el poder en el momento de la fundación de La Ciudad de los Reyes o Lima por Pizarro el 18 de enero en 1535. El más popular monumento dedicado a su persona es el destacado monolito negro, consistente en una piedra "Wanka" (ceremonial andina) de 14 toneladas recogida en la pampa de Amancaes y colocado en el pasaje de Santa Rosa, al costado de la municipalidad por el alcalde Alfonso Barrentes Lingán en 1985.

El 14 de agosto del presente 2021, la Municipalidad de Pueblo Libre ha inaugurado un busto del cacique Gonzalo Taulichusco, al costado de la Iglesia Santa María Magdalena. El entrañable evento contó con la presencia del Párroco que bendijo el monumento, conmemorando la Donación o "Confirmación Real del sitio de la Casa de la Magdalena", del legendario 14 de agosto de 1557.

Sabemos que don Gonzalo se bautizó y cooperó con los PP. Franciscanos en la construcción del tempo y en la evangelización. Gracias al historiador Guillermo Lohmann Villena conocemos su testamento y codicilo, dictados el 29 de agosto de 1562. Sabemos que fue enterrado en la capilla mayor de la iglesia de la Magdalena, levantada en los mismos terrenos que donó en 1557. Nombra como albaceas al Padre Francisco Torixa y a don Francisco, cacique principal del valle de  Surco, indicando que "el remanente de todos sus bienes raíces y muebles lo hayan y hereden todo la comunidad de indios a él sujetos porque desde ahora los nombraba y nombró por sus herederos universales"[1].

 

En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero que vive sin principio y reina en dicha ánima, manifiesto sea a todos que esta carta de testamento vieren como yo don Gonzalo Taulichusco, natural del valle de Lima […]hijo legítimo de Taulichusco y de Leonor Tohauina, su mujer, mis padres; estando enfermo en una cama del cuerpo y a lo que parecía en su buen seso y entendimiento tal cual a Dios , fue servido por lengua de Juan de Alvarado, intérprete de la Real Audiencia de esta ciudad, digo que creo en la Santísima Trinidad, padre, hijo y Espíritu santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero y en todo aquello que cree y tiene la santa madre Iglesia de Romay yo así lo creo tomando como tomo por mi abogada e intercesora a la Virgen Nuestra Señora Santa María, madre de mi Señor Jesucristo…suplico ruegue por mí pecador, me perdone mis pecados porque yo desde ahora protesto de vivir en la Santa Fe católica y por la dicha lengua de Juan de Alvarado el dicho don Gonzalo estando presente el muy reverendo padre Fran Francisco Torija hizo y ordenó su testamento y postrimera voluntad en la manera siguiente:

Primeramente, encomendó su ánima a Dios Nuestro Señor que la creó y redimió con su preciosa sangre y el cuerpo a la tierra de donde fue formado.

Yten, declaró por la dicha lengua que quiere y es su voluntad que si Dios Nuestro Señor fuere servido de llevarle desta presenta vida que su cuerpo sea sepultado en la capilla mayor de la iglesia de la Magdalena y que el día de su enterramiento le ponga el hábito de San Francisco para ganar la indulgencia que ganan los que con él se entierran y se dé un hábito nuevo a un fraile de la dicha casa.

Yten. Declaró por la dicha lengua que el día de su enterramiento acompañen en cuerpo seis frailes sacerdotes de la orden del Señor San Francisco con su cruz como es costumbre y el tal día si fuere ora…otro día siguiente digan por su ánima una misa cantada con diácono y subdiácono y cada uno de los religiosos una misa rezada sobre su sepultura con su responso y se pague por ello de sus bienes

Yten. Se encargan misas rezadas en San Francisco, en la Yglesia Mayor (Catedral), santo Domingo, La Merced, San Agustín, San Sebastián "y se pague por todo de sus bienes lo que es costumbre".

Yten. Declaró y mandó por la dicha lengua que se comprende sus bienes cuatro hachas de cera y seis libras de velas de cera menuda para decir las misas de su enterramiento y honras y la cera que sobrare quede para la iglesia de la Magdalena y se gaste en las misas que el religioso que en ella estuviere hubiere de decir adelante y se pague de sus bienes.

Yten. Declaró y mandó por la dicha lengua que se compre de sus bienes tanto raso y aderezo que baste para hacer una casulla y faldones y manípulo y estola de raso negro y la cenefa de raso colorado y el ruán para el alba para que con ella se diga misa los lunes en la dicha iglesia de la Magdalena y se pague de sus bienes lo que costare.

Yten. Declaró y mandó por la dicha lengua que por cuanto el solar donde tiene edificada y labrada la casa en que al presente vive y está en ..ciudad como dice desde una pared que …el patio y la entrada donde están los indios y va hasta de la calle donde fenece la labor que está hecha en las dichas casas era de Guachinamo su padre de don Lorenzo su hermano y cuando…no haya ninguna…labrado y edificado y después acá ha hecho a su costa con sus indios todas las labores y edificios que al presente están hechos y por lo que así ha gastado en ello y descargo de su conciencia quiere y manda que la mitad de la dicha casa con lo que en ella está labrado sea y queda para el dicho don Lorenzo y la otra mitad sea y quede para los indios…a él sujetos que trabajaron e hicieron los dichos oficios…

[Hay varias cláusulas acerca de sus posesiones de tierras, huertas, ganadería, labranza, esclavos…]

Yten. Declaró por la dicha lengua que tiene hecha otra sementera en compañía de Andrés Machuca y es de trigo de diez fanegas de sembradura poco más o menos que mandaba y mandó que lo que es de su parte le cupiere y hubiere de haber sea para acabar de pagar la imagen de Nuestra Señora que está por pagar la hechura de ella y que la dicha imagen sea y esté siempre jamás en la iglesia de la Magdalena porque para ese efecto la mando hacer […]

Yten. Declaró por la dicha lengua que la manda [promesa] que ha hecho a doña Juana Gualca su mujer de las rancherías de indios y huerta y palomar se la hace y da por lo que hubo con ella cuando se casó y por lo que después acá que son casados ha multiplicado y le encarga ruegue a Dios por su ánima

Yten. Declaró por la dicha lengua que el día de su enterramiento vayan seis indios pobres con sus hachas delante de su cuerpo y que a cada indio se le dé una manta y camiseta negra y lo que costare se pague de sus bienes"[…].

Más datos: Ramón Del Valle Cárdenas: https://www.facebook.com/groups/libressomos/permalink/1716661838642056/

 



[1] El testamento del curaca de Lima Don Gonzalo Taulichusco (1562) G. Lohmann Villena, RAGN, 268-275


Fecha Publicación: 2021-09-01T15:35:00.001-07:00

Razones para la esperanza en tiempos de pandemia[1]

 

I.                  El escenario Frankl

 

        a) La vida nos pone ante las preguntas vitales a las que debemos responder. La pregunta más vital de todas es la pregunta por el sentido de la vida: "Debemos entendernos a nosotros mismos, a nuestra vida, como un ser preguntados. Los preguntados somos siempre nosotros, la vida es la que nos plantea las preguntas vitales a las que debemos responder"[2]. Ahora bien, la respuesta a la pregunta puede ser buena o mala, mejor o peor, pero "nadie puede saber si es uno quien está en posesión de la verdad, o el otro. Claro que existe sólo una verdad. Pero ninguno puede saber quién acierta. Creo que existe la verdad objetiva y la veracidad, pero siempre de un modo relativo a una determinada persona y a una situación determinada"[3]. Según esto no es demostrable la existencia de respuestas universales.

 

 b) Según Frankl, "lo esencial de la condición humana es  auto trascenderse (Sich Selbst zu transzendieren), es decir, que haya algo o alguien más en mi vida que yo mismo"[4]. Frankl no va más allá de Aristóteles, para quien todos buscamos la felicidad pero ésta es relativa a cada sujeto. La autorrealización, añade Frankl, aun  siendo importantísima, es un  producto secundario de la autotrascendencia (Übersichselbshinausweisen, ir más allá de sí mismo). Tampoco de este modo hemos superado el socrático conócete a ti mismo. Esta posición de Frankl es compartida por muchos, desgraciadamente; por ejemplo, según Erik Fromm, "trascender mi yo significa saltar dentro del mundo"[5]. Pero quien salta dentro de no salta más allá de sí mismo. No trasciende quien sólo autotrasciende[6].

         c) No extrañará que, sin una clara distinción entre la trascendencia y la autotrascendencia, las creencias religiosas puedan utilizarse como refuerzo terapéutico instrumental, como último Gran Recurso Psiquiátrico: "He llegado últimamente a una definición operacional de Dios. Entiendo por definición operacional que Dios es el referente de nuestros monólogos más íntimos"[7]; "siempre que nos hablamos a nosotros mismos con sinceridad y en soledad, aquel a quien nos estamos dirigiendo puede designarse como Dios"[8]. O sea que, si algo funciona como si fuera de Dios, es Dios; si con agua sigue funcionando, sígale dando. Sin embargo la sinceridad y la honestidad son igualmente necesarias para hablar con las personas. Así entendida por Frankl, la fe en Dios, deviene una categoría trascendental a la manera kantiana.      

                 

          d) Aunque no pocos de los planteamientos metafísicos de Frankl son inconsistentes, hay que reconocerle su gran mérito como antropólogo de la diada sufrimiento-esperanza. No hay homo sapiens sin homo patiens, "ninguno de nosotros puede evitar el encuentro con el sufrimiento ineludible, con la culpa inexcusable y con la muerte. Las palabras de Nietzsche 'quien tiene algo por qué vivir es capaz de soportar cualquier cómo' pudieran ser una motivación en todas las acciones. Tenemos que aprender y, después, enseñar a los desesperados. No sólo hemos de esperar algo de la vida, también la vida espera algo de nosotros.

        La pregunta que debemos formularnos es: ¿cómo podemos decir sí a la vida a pesar de todo su aspecto trágico? La vida, a pesar de todos sus aspectos negativos, puede tener un sentido en todas sus condiciones y circunstancias. Hay que asumir la vida como es, quien no acepte con resolución, incluso con alegría, la dimensión terrible de la vida, nunca disfrutará de los poderes de nuestra existencia, quedará marginado y a la hora de la verdad no estará vivo ni muerto. Sólo un concepto límite como el de suprasentido se ofrece como respuesta al anhelo de sentido"[9], y "se revela al final, a las puertas de la muerte"[10]. "No debes –dice- aferrarte a tu dolor, puedes sumergirlo en el dolor general"[11].

        Si la vida tiene sentido, también el sufrimiento: "La vida no se colma solamente creando y gozando, sino también sufriendo. Preguntémonos honradamente si estamos dispuestos a suprimir de nuestra vida las experiencias desventuradas en materia amorosa, a borrar de ella las vivencias dolorosas o desdichadas, y nos contestaremos, sin ningún género de duda, que no. La plenitud -de dolor no significa, ni mucho menos, el vacío de la vida. Por el contrario la persona madura en el dolor y crece en él; y estas experiencias desgraciadas le dan mucho más de lo que habrían podido darle grandes éxitos amorosos. Entre las obras de música inmortales no se cuentan solamente las sinfonías incompletas, sino también las 'patéticas'. El sufrimiento crea en la persona una tensión fecunda y nos atreveríamos a decir que hasta revolucionaria haciéndole sentir como tallo que no debe ser. Llorar lo irreparablemente perdido es algo tan inútil y tan absurdo como el lamentar acciones pasadas que ya no es posible cancelar; sin embargo en la historia interior de la persona ambas emociones, las del duelo y la del arrepentimiento, tienen su sentido. Esta posibilidad de convertir lo ya acaecido en algo fecundo para la historia interior de la persona no se halla, ni mucho menos, en contradicción con su responsabilidad, sino que forma una unidad dialéctica. Quien ante el golpe de infortunio se aturde o trata de distraerse no aprende nada. Trata de huir de la realidad. No hay en la vida ninguna situación que el ser humano no pueda ennoblecer haciendo algo o aguantando. La vida es siempre una ocasión para algo mejor"[12].

        Ahora bien, o cambiamos nosotros el destino, en la medida en que esto sea posible, o lo cargamos voluntaria y responsablemente[13] sobre nosotros, en la medida en que sea necesario. Al sufrimiento hay que plantarle  cara; no se puede decir 'tengo cáncer, pero no me dejo operar'. Hay que intentar cambiar primero la situación dolorosa eliminando si se puede las causas del dolor"[14]         

                 

        e) Para Frankl la religión expresa la búsqueda de sentido de la existencia, importan más las inquietudes del hombre religioso, que la religión en cuanto tal, que en sí misma es algo secundario. Sin embargo, no como terapeuta, pero sí como creyente, el judío Frankl escribe: "En Auschwitz la fe débil se apagó, pero la fe fuerte, la verdadera fe, sin duda se volvió más fuerte. La verdadera fe se acrecentó, la débil se apagó. La fe fuerte de quien tiene fe activa en Dios es la fuerte del amén[15]. El Frankl creyente abraza una antropología del amén. Ni siquiera en Theresienstadt, Auschwitz, Kaufering y Türkheim estuvo dispuesto a abandonar la recitación de los salmos: "El hombre es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero también el ser que ha entrado en esas mismas cámaras de gas con una oración en los labios"[16]. El acceso al Dios judío tiene sobre todo lugar desde la fe en el ser humano[17] a través de la misericordia con los demás y de la aceptación de la gracia de Dios. A pesar de la triada de sufrimiento, culpa y muerte, un optimismo trágico hace a Frankl mejor, más noble y capaz de convertir el sufrimiento en un valor positivo. Frankl es un creyente del amén. Amén significa que ratifico mis palabras en la vida, que algo es forme, estable, consistente: "el fiat quiere decir que así sea, mientras que el amén significa así es"[18]. Cuando un hebreo dice amén, lo dice a lo que es hoy y a lo que será mañana, que se sitúa ya en el presente, por más que aún  no haya sucedido: "lo que hacemos una vez cuando captamos y aprovechamos la oportunidad única de realizar el sentido, lo hemos hecho de una vez para siempre, lo hemos eternizado, lo hemos creado en el pasado, donde ha sido preservado, donde ha sido conservado bajo custodia"[19].

        "Estoy convencido de que las milenarias palabras del profeta Isaías consolad, consolad a mi pueblo, no sólo siguen siendo actuales en nuestros tiempos, sino que van también dirigidas al médico"[20]. "A los hombres hay que saber perdonarlos. Por tanto, queremos no sólo recuperar a los muertos, sino también perdonar a los vivos. De este modo tendemos la mano a los muertos más allá de todas las tumbas, más allá de todo odio. Y, cuando decimos ¡honor a los muertos!, queremos añadir: ¡y paz a los vivos de buena voluntad!"[21]. "Dios nos deja mudar la piel de serpiente que nos ha oprimido e impedido crecer"[22].

 

II. El escenario griego

Cuentan la Teogonía Hesíodo y el Protágoras [23]  de Platón que Zeus, padre de todos los dioses decide castigar el robo de las semillas de Helios (el fuego) llevado a cabo por su hijo bastardo, el titán Prometeo, y a tal efecto le envía una caja con todos los males y desgracias. Prometeo ordena a su hermano menor Epimeteo mantenerla cerrada, pero éste la entrega en custodia a su mujer Pandora (pan dora, la que recibe todos los regalos), la cual, llevada por la curiosidad, la abre escapando entonces de ella los males; cuando acierta a cerrarla, sólo queda dentro la esperanza, elpis (Ελπis).

Para los griegos, pues, la esperanza no solamente no era un regalo bueno, sino todo lo contrario, la mayor tragedia, consistente en desear lo que no se tiene y, en consecuencia, vivir insatisfecho. La elpidia, era peor que la diselpidia o desesperanza, y de ahí la convicción de epicúreos y de Spinoza, cuyo lema era vivir nec spe nec metu, sin esperanza ni miedo pues, si donde hay esperanza hay miedo, donde hay desesperanza no lo hay; quien espera desespera, y quien no espera no desespera, y así también en el budismo. Desesperanza, pues, no es desesperación, sino el método para evitarla.

El aún no contiene dos aspectos, uno negativo (la no plenitud) y otro positivo (el encaminamiento hacia la plenitud). Desde luego, el miedo paraliza y desactiva los mecanismos existenciales, hace vivir a la defensiva y potencia el monstruo verde y viscoso de la culpa. Según Sir Francis Bacon, la esperanza es un buen desayuno pero una mala cena, y Nietzsche fue más lejos al defender que la esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre.

Distinguían los griegos entre eudaimonía (felicidad humana) y makariotes (felicidad de los dioses). Entre ambas, eudemonismo y macarismo, la tradición cristiana fraguó el término beatitudo, felicidad reservada a quien alcanza la santidad o está en condiciones de ello.

         Sin embargo quien rechaza la felicidad rechaza la humana condición que los griegos llamaron eudaimonía, y que Kant caracterizó como ideal de la imaginación, una utopía necesaria. Según Aristóteles, "casi todo el mundo está de acuerdo en cuanto a lo que significa la felicidad, pero acerca de qué es felicidad dudan, y no lo explican del mismo modo el vulgo y los sabios"[24]. No existe posibilidad alguna de plantear la vida personal sin dejar abierta en el horizonte la idea de felicidad: la persona es digna de ser feliz, eudemónica[25]. Ahora bien, sólo hay felicidad si lo definitorio de un acto puede ser elevado a definitivo, y por esto es por lo que la felicidad constituye el bien último del hombre, la posibilidad de las posibilidades. La esperanza máxima coincide con el máximo deseo: el de ser felices,

 

III. La diselpidia

 

"Hay que tener esperanza", "esperemos…", se dice; pero ¿por qué?, ¿es que acaso todo es resoluble?, ¿no se asimila ese tantra a una especie de resignación-desesperación? Quienes esperan, pero no hacen por salir de la casa en llamas, llevan en su rostro la huella de la muerte; el manido "tengo esperanza de que las cosas mejoren" no vale nada sin intentar  hacer algo para que las cosas mejoren.  Es de tontos aguardar que la tarea se resuelva por sí sola y procrastinar mientras tanto. La esperanza no es el fruto de ningún árbol cuya fruta caiga madura. Nuestra naturaleza está en la acción el reposo presagia la muerte. No se merece la esperanza quien no la trabaja. Es una esperanza parásita.

        De todos modos, las esperanzas irracionales (aunque no todas las formas de esperanza lo sean) son preferibles a las desesperanzas por no aceptación de la muerte, de la enfermedad irreparable, y de la finitud, esas tres metamorfosis de las Erinias, que desesperan de la inmanencia y del Dios trascendente. Los así reclamantes padecen de analexia mental, pues ignoran que todo lo creado es finito y caduco, no lo reconocen, no se resignan.

Otra forma de desesperación, de signo contrario, consiste en dejarse morir, suicidarse, abandonarse como aquellos musulmanes de los campos de concentración según testimonio de Frankl. Son zombis, muertos en vida.

En nuestros días se da un recalentamiento de la sociología utilitarista Jeremy Bentham: "Les daremos la felicidad que les conviene. Les persuadiremos para que no se enorgullezcan; les haremos trabajar, pero durante sus horas de descanso organizaremos su vida al modo de un juego de niños, con canciones infantiles, coros y danzas inocentes; estarán exentos de la gran preocupación y de la gran angustia que se deriva de elegir por sí mismos. Y todos serán felices, millones y millones de criaturas". Cuando uno contempla la afirmación aristotélica de que "el bien es aquello a que todas las cosas tienden", y lo compara con la afirmación contenida en la Declaración de Independencia de los EEUU (1776) de que todos los americanos tienen el derecho a la felicidad siente que, si ellos tuvieran menos derechos a la felicidad ajena, el mundo ganaría. En el poema de Byron pregunta Caín a Lucifer ¿sois feliz, y éste le responde soy poderoso, y el otro medio tras las del pragmatismo americano, en cuya línea argumental William James afirma que la felicidad es la prueba de la verdad. Si el criterio de verdad fuera el criterio de felicidad, el loco feliz con su crimen creería que la verdad está en el crimen, y el egoísta feliz creería que la verdad está en ese su egoísmo. Con tantas felicidades como gustos, ¿quién podría definir finalmente la verdad? El relativismo se haría difícilmente superable. Sin masoquismo, hay que perder el miedo a las felicidades baratas reivindicando la dignidad.

Hay también una franja intermedia, tibia, que Emmanuel Mounier señaló como la esperanza de los desesperanzados, aquellos existencialistas, que llevados por su dignidad convierten su desesperanza en rebeldía militante contra las fuerzas del mal, aun sabiendo que el Mal pueda tener la última palabra.

        Dicho esto, hay en el fondo de la realidad una especie de frustración latente, que se traslada a muchos estados de ánimo de otro modo inexplicables.

La esperanza humana no es como la rosa de Angelus Silesius, que sin porqué florece porque florece (es blüht weil es blüth), lo cual viene a ser una modalidad de juego al azar al esperar contra lo ininteligible. Quien así esperanza deviene un aferramiento a un clavo ardiendo.

 

         IV. La estructura elpídica del ser personal

 

         a) En la lengua hebrea, esperar se expresa con la raíz qwh, posiblemente relacionado etimológicamente con qaw, cuerda, hilo, que convierte a tiqwal (esperanza, hilo) en un vocablo ambivalente, como ocurre en nuestra expresión un hilo de esperanza. En efecto, en el libro de Job su vida aparece como una fibra vital que se ha roto: "Mis días corren más rápidos que la lanzadera, se desvanecen sin que me quede un hilo de esperanza (tiqwah)"[26]. Pero recupera su felicidad por no haber perdido la esperanza. Ella no es un cebo que nos pone el futuro para burlarse de nuevo, ni una buena comida pero una mala cena, ni una lástima para quien vive de utopideces.     

         ¿Cuál es la materia de los sueños de la esperanza? La construcción; nadie puede dejar de construirla y cada palo debe aguantar su vela: "Nadie me puede obligar escribía Kant- a ser feliz, pero sólo es lícito buscarla como mejor le parezca, siempre y cuando no perjudique la libertad de los demás para pretender un fin semejante".         

         Para que algo sea objeto de esperanza ha de reunir las siguientes condiciones: a. Que se trate de un bien (un mal no lo esperamos, lo tememos). b. De un bien futuro (lo que ya tenemos no lo esperamos, lo disfrutamos). c. De un bien futuro y necesario (un capricho no lo esperamos, se nos antoja). d. De un bien futuro, necesario y posible (lo imposible no lo esperamos, nos desespera). e. De un bien futuro, necesario, posible y difícil de conseguir (lo que está al alcance de nuestra mano no lo esperamos, lo codiciamos; además lo fácil de conseguir no se echa de menos). f. De un bien futuro, necesario, posible, difícil de conseguir y que tenga como objeto una vida más plena (no anhelos destructivos). g. De un bien futuro, necesario, posible, difícil de conseguir, que tenga como objeto una vida más plena y que entrañe inconformismo, pues la esperanza por lo nuevo y la insatisfacción por lo viejo se dan a la vez (sin contentarse con la situación actual, ni propia ni ajena). h. De un bien futuro, necesario, posible, difícil de conseguir, que tenga como objeto una vida más plena, que entrañe inconformismo y que sea esperado pacientemente (la impaciencia del ahora mismo impide que algo se sustancie y el proyecto madure). i. De un bien futuro, necesario, posible, difícil de conseguir, que tenga como objeto una vida más plena, que entrañe inconformismo, que sea esperado pacientemente y que de forma activa lleve el sueño a su despertar. La esperanza mantiene el espíritu despierto, es la memoria del futuro, un tiempo abierto contrario al cerrado de la desesperación. j.  De un bien futuro, necesario, posible, difícil de conseguir, que tenga como objeto una vida más plena, que entrañe inconformismo, que sea esperado pacientemente, que de forma activa lleve el sueño a su despertar, y que no se cierre a la Esperanza (pues una esperanza que se toma a sí misma como meta se autodestruye antes o después). En resumen, la esperanza da crédito a la realidad.

 

         b) Esperanza, confianza  y paciencia son concomitantes

         En un jardín crecen más cosas de las que siembra el jardinero; con el paso del tiempo se perdonan las ofensas y se descubren nuevos paisajes; la esperanza nos enseña a descubrir que sigue existiendo el paisaje cuando atravesamos el túnel. Permanecer es propio de la naturaleza elpídica humana. La esperanza no echa las campanas al vuelo antes de tiempo, sino que sigue con ese trabajo duro que uno realiza cuando se cansa de hacer el trabajo duro ya ha realizado, por eso el perseverante se establece y estabiliza. El per-se-verante (es decir, el que es verdadero de por sí) no promete nada irrealizable; cuando es dominado por un gran enfado, no contesta ninguna carta. La esperanza es la más pequeña de las virtudes, y sin embargo tan grande, que sólo por ella la dura espera termina floreciendo.

         En la medida en que yo condicionara mi esperanza abriría las puertas a la angustia, pues la frustración trae consigo la decepción y la desesperación. La confianza en que la esperanza puede restaurar la integridad de un orden viviente, y no un mero sentimiento psicológico perteneciente únicamente al orden del sentir, me lleva a amar la realidad. El crédito que la esperanza concede a la realidad salta con los ojos abiertos por encima de la realidad visible de este momento concreto y a creer en la fundamentalidad y en la obsecuencia de la vida. El sustantivo crédito (creditum) viene de credere, creer con los ojos abiertos, porque ese salto nunca puede ser seguro dadas nuestras inseguridades y cautelas, confiamos. Ser fiel a no connota conformarse con, eso sería muy pobre.

         La esperanza no daría crédito a la realidad si no te diera crédito también al que hace posible que la realidad sea la que es para mí: "el temple de un ser se reconoce y se experimenta por la fidelidad de que es capaz"[27]. No pocos creen posible ser felices sin ser justos, ni si los malvados son dignos de felicidad. Ahora bien, quien roba a las viudas y a los huérfanos es una criatura monstruosa con pico de águila, garras de tigre, dientes de hiena y colmillos de víbora.

         Gabriel Marcel distingue al respecto las dimensiones de cautividad y de comunidad. La cautividad es el sentimiento de imposibilidad de acceder por los propios medios a la plenitud. La comunidad hace que yo espere en ti y para nosotros. Por eso no sólo preguntamos ¿qué me pasará a mí mañana si no hago hoy lo que debo?, sino también ¿qué les pasará a ellos y a ellas si yo no hago lo que debo?

         La esperanza nos la otorgan también los otros, como dijo Martin Buber. Vivimos de crédito, del crédito que los demás nos conceden. Podemos matar a una persona retirándole el crédito, no esperando ya nada de ella, no concibiendo para ella ningún futuro. Pensemos en esos matrimonios acostumbrados que están sentados uno enfrente de otro pero ni se miran ni se escuchan. ¡Se han visto ya tanto! Cuando uno empieza a hablar, el otro piensa: "¡Vamos a ver qué tontería dirá ahora!". Y así, arrebatándose recíprocamente la esperanza, devienen -cruel oficio- asesinos de posibilidades.

         Por muy abatida que se encuentre una persona, si descubre que no está sola, que hay alguien que la quiere y que confía en ella, despuntará la esperanza en su corazón. Porque otro ser humano está a su lado podemos soportar las peores perspectivas. Sólo porque un adulto confía en él, desarrolla el niño sus potencialidades; si, por alguna razón, un niño es incapaz de ver el futuro con optimismo, se produce una interrupción inmediata del desarrollo. Una niña, tras un periodo prolongado de terapia, salió finalmente de su autismo y expresó lo que para ella caracterizaba a los padres buenos: esperan algo de ti. Sus padres se habían portado mal porque ninguno de ellos había sido capaz de tener esperanza ni de transmitírsela. Todo padre que se preocupe por el estado de ánimo de su hijo sabrá decirle que las cosas cambiarán y que algún día todo le irá mejor.

         Dejamos de tener razón cuando ya no la esperamos en los demás. Desesperar de un ser es negarlo en tanto que tal, tenerlo por muerto para nosotros. Amar a alguien es darle la posibilidad de responderle; quien no espera, esteriliza la posibilidad de una relación creadora: sólo se puede hablar de esperanza cuando existe esa interacción entre el que da y el que recibe, esa conmutación que es el sello de toda vida espiritual. Muchas personas que están sufriendo un grave problema se encuentran hundidas y desesperanzadas porque ven toda su existencia a la luz de ese problema y, por lo tanto, lo ven todo negro. Esas personas podrían recuperar la esperanza si alguien se interesara no solamente por ese problema, sino por el conjunto de su vida. No se trata de quitar importancia al problema que padece; si tiene importancia hay que dársela. Se trata más bien de invertir la perspectiva: no ver toda la vida a la luz de ese problema, sino de ver el problema a la luz del conjunto de su vida.

 

         c) La esperanza convierte la fianza en con-fianza y la espera en esperanza, esperando sin desesperación

         La esperanza no es una fábrica de nubes, pide actividad y osadía, mueve a magnanimidad, a proyectos tan arriesgados como la razón y la prudencia consientan y a la resolutiva ejecución de lo proyectado en ellos. Quien espera llegar a la meta, camina; a quien le desaparece la esperanza se le quiebran las piernas. Fue la energía inmensa de la esperanza quien sacó a la humanidad de las cavernas y la puso en marcha por los caminos de la historia. Cuando una sociedad pierde la esperanza languidece y sus iniciativas se paralizan antes de que hayamos comenzado a ejercerlas. Es la claudicación la que vuelve permanente la derrota.

         La vida es un barco que surca el océano de la vida llevado por la esperanza; no es precisa la magia si estamos atentos a cuanto de positivo nos está ofreciendo la realidad. La esperanza se alimenta hoy de pequeños signos visibles, de los cuales resultará mañana lo todavía no visible. Si hasta que se extingue la luz de la lámpara sigue brillando sin perder luz, ¿se apagará en ti antes la esperanza? Vergonzoso es que tu alma desfallezca cuando tu cuerpo no, afirmaban los estoicos. La esperanza nos ayuda a superar los errores y a tratar de corregir los obstáculos con tesón, pero si desaparece la esperanza, el hombre se marchita y reseca. Cuando Don Quijote pierde definitivamente la ilusión y dice "yo ya no soy Don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano", Sancho intenta animarle: "¿Qué tonterías dice mi señor, cómo no va a ser Don Quijote? Venga, venga, vamos, ánimo, que la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía".

         Todo enfermo terminal pasa por tres estadios con mermas sucesivas. En el primero se interesa todavía por lo que ocurre fuera de la clínica; en el segundo por lo que pasa en su habitación; en el tercero únicamente por sus propias constantes corporales. El arte de la psicología consiste en mantener al paciente en buen estado de ánimo en los tres estadios.      

         Cuando las esperanzas son bellas, el adiós equivale a una fiesta. La esperanza es el sueño del despierto, un árbol en flor que se balancea suavemente al soplo de las ilusiones, el ave canta -aunque la rama cruja- porque conoce sus propias alas. Primavera, esperanza; verano, luz; otoño, plenitud; invierno, vuelta de la esperanza. De las nubes más negras cae el agua limpia. Ánimo, aliento, ilusión, optimismo, confianza, todo eso es efecto de una esperanza que está hecha para difundirse y compartirse: no sabremos todo lo que valemos hasta que no podamos ser junto a los demás lo que podemos llegar a ser.      Quien sabe esperar sabe estar, quien sabe estar podrá ser. El esperar se malograría sin la paciencia del mientras tanto. El idioma francés distingue entre attente (acto de aguardar), espoir (espera vital), y espérance (esperanza). El árbol: si es cortado, aún puede retoñar y no dejará de echar renuevos. Si del francés pasamos al latín, hay situaciones de espera (sperare) que también lo son de expectación (expectare: etimológicamente ex alio spectare, esperar de otro), lo que no hay es espera sin expectativa y sin prospectiva, sin pies (pes). Y a más expectación es necesaria más paciencia: la esperanza se realiza en la paciencia. Frente a los estados de diselpidia hipotónica o hipertónica, quien desee sanar deberá superar la desmedida y el desorden.

         Cada época sueña la siguiente, de la que es motor, por eso un mapa de la tierra donde faltara Utopía no merecería la pena ser mirado. Es al buscar lo imposible como el hombre ha realizado y reconocido siempre lo posible, y quienes se limitan "prudentemente" a lo que les parece posible no han avanzado nunca un solo paso. Cuando el dedo señala a la luna el imbécil mira al dedo. El águila no puede despegar del suelo raso; debe saltar trabajosamente sobre una roca para, desde allí, elevarse. En el águila está el colibrí, en el trasatlántico la canoa. Quien no sueña al águila no percibe al colibrí; quien no idea un trasatlántico no construye la canoa. Normalidad y heroísmo no son incompatibles. La esperanza resulta inversamente proporcional a la frecuencia de reiteración de lo trivial y rutinario, a la nostalgia conformista con la tediosa beatitud de lo pretérito, al sofisma de que el futuro es una variante de lo sido y la esperanza su recuerdo. La vida en su conjunto aparece como una aventura a quien descubre las diferencias de cada instante y explora sus posibilidades sin permitir que su memoria se estanque en el pasado o su imaginación divague por un futuro cuya posibilidad no late entre las virtualidades del ahora. El destino se esculpe, y quien no esculpe su destino es escupido por el infortunio.

         Cuatro elementos hacen falta para la aventura de la vida: coraje para vivir, generosidad para convivir, prudencia para sobrevivir, amor para desvivirse. No hay nube, por negra que sea, que no tenga un borde plateado. El optimista ve una oportunidad en la calamidad, y el pesimista ve una calamidad en la oportunidad. Optimista es el que nos mira a los ojos, el pesimista a los pies, mientras clama: ¡es curioso lo malo que se vuelve el mundo de un tiempo a esta parte! Y luego se sienta al borde del camino y llora amargamente. Pero si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas inútiles te impedirán ver las estrellas: hay lágrimas que nacen de la bondad del corazón, pero otras del orgullo egocéntrico. No pocos se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad, y así pierden el ánimo perdemos muchos días de nuestra vida.

         Para el pesimista incorregible, una botella al cincuenta por ciento parece medio vacía, para el optimista medio llena. Según la Escuela de Frankfurt, cabe ser ser pesimistas teóricos y optimistas prácticos; a la hora de superar el conflicto vale más pesimismo realista en mano que optimismo falso volando. Algunos cojos echan la culpa de su cojera  a la irregularidad del empedrado. Algunos optimistas, cuando se trata del propio dolor, no se mueven de su sillón para tratar de evitarlo, como en la parábola de la casa en llamas de Bertold Brecht. Mientras tanto, ¿se puede ser optimista sin matizaciones ante el espectáculo de un mundo donde las tres cuartas partes de la humanidad pasan hambre?

         Por otra parte, la esperanza mantiene vivo el recuerdo: alégrate por todo lo que hemos amado juntos; también nuestros fracasos serán testigos de que estuvimos vivos.

          La esperanza así entendida expresa una triple identidad del yo: un yo participial (el orgullo de lo realizado, aunque sea la derrota), cuya divisa es ergo sum. Un yo gerundial (el estar realizando en  un mundo que nos espere, sin la obsesión del homo conquiriens o conquistador). Un yo transfigurador-trans-figurado con cada otro, cuya divisa es ergo sursum, sin fijarse ni cristalizarse. "Para ser fiel a sí mismo primero hay que estar vivo uno mismo, y eso no es fácil"[28].

         Consideraron los estoicos dos tipos de felicidad: la interior que alcanza el sabio autárquico dentro de sí y la exterior, que no siempre corre a cargo del hombre. Existen muchas cosas en esta vida que tuercen nuestros propios designios; una cosa es lo que uno propone y otra su logro. Pero la felicidad es imposible sin hacerse uno mismo artífice de sus causas mejores. Quien asume su humana condición y la realiza puede alcanzar mejor una felicidad sólida, fecunda, duradera, universal. Buscar la propia felicidad a expensas de la ajena introduciría sufrimiento. Podemos querer ser felices sin ser justos, pero entonces no seremos dignos de la felicidad.  "La única esperanza auténtica es aquella que se dirige a lo que no depende de nosotros, aquella cuyo resorte es la humildad, no el orgullo"[29].

 

 



[1] Agradezco el texto enviado por el autor que acabo de escuchar y comparto con gozo. Conferencia inaugural (miércoles 1 de septiembre 2021) del 6to Encuentro. FELSEN EXISTENCIAL-HUMANISTA, México. Dr. Carlos Díaz Hernández

 

[2]  Frankl, V: Búsqueda de Dios y sentido de la vida. Ed. Herder, Madrid, 2005, p. 120.

[3] Ibi, p. 66.

[4] Frankl, V: Erzätze. Beikrim Verlag, Stuttgart, 1971, p. 60.

[5] Fromm, E: Ética y psicoanálisis. FCE, México, 2006, p. 59.

[6] Díaz, C: Religiones personalistas y religiones transpersonalistas. Ed. Desclée de Brouwer, Bilbao, 2001.

[7] Frankl, V: Búsqueda de Dios y sentido de la vida, pp. 77-78. Todo esto con respeto: "El deber de airear frente a un enfermo creyente puntos de vista religiosos no lo tiene jamás el médico como médico, sino sólo como creyente que habla a otro creyente, pues un médico irreligioso en ningún caso estaría en el derecho de utilizar la religión con fines terapéuticos, como si se tratara de uno de tantos remedios útiles. Esto sería degradar la religión" (Ibi, pp 83-85).

[8] Frankl, V: Psicoterapia y humanismo, pp. 68-69.

[9] Frankl, V: El hombre doliente, p. 45.

[10] Frankl, V: El hombre en busca del sentido último, p. 191.

[11] Frankl, V: Homo patiens. Ensayo de una patodicea, p. 199.

[12] Frankl, V: Psicoanálisis y existencialismo, pp. 159 ss.

[13] Frankl, V: Búsqueda de Dios y sentido de la vida, pp 83-85.

[14] Ibi, p. 120.

[15] Ibi, p. 110.

[16] Ibi, p. 140,

[17] "Si no sabemos siquiera dónde está el hombre, mucho menos sabremos dónde está Dios" (Ibi, p. 106).

[18] Ibi, 156

[19] Ibi, 137

[20] Ibi, p. 99.

[21] Ibi, p. 88.

[22]  Ibi, p. 95.

[23] 320d-322a

[24]Eth. Nic. I, 4, 1095a 14-22.

[25] Cfr. Díaz, C: Eudaimonía. La felicidad como utopía necesaria. Ed. Encuentro, Madrid, 1987, 215 pp.

[26] Job, 7, 6

[27] Ibi, p. 175.

[28] Marcel, G: Homo viator. Éditions Montaigne, París, 1944, p. 172.

[29] Marcel, G: Aproximación al misterio del ser. Ediciones Encuentro, Madrid, 1987, p. 51.


Fecha Publicación: 2021-09-01T14:37:00.000-07:00

In memoriam

Sor Águeda Rodríguez Cruz, O.P.

 

Fray Manuel Ángel Martínez Juan

Facultad de Teología San Esteban (Salamanca)

Estudios Marianos 87 (2021) 339-345

 

 

El 25 de febrero de 2021 recibíamos con pesar la triste noticia de la muer- te de Sor Águeda, quien desde el año 2017 residía en la enfermería de la Casa Madre de la Congregación de dominicas de Santo Domingo, en Granada. Águeda había nacido el 5 de febrero de 1933 en Tazacorte (Isla de La Palma), Islas Canarias (España). Sus padres se llamaban Elías y Fermina. Entre 1945-1950 hizo sus estudios de bachillerato en Santa Cruz de la Palma y en Las Palmas de Gran Canaria.

El 18 de junio de 1951 comenzó el postulantado con las dominicas de la Congregación de Santo Domingo, en el Colegio Santa Rosa de Lima de Caracas (Venezuela). Ese mismo año comenzó sus estudios de Magisterio en la misma ciudad y ejerció su docencia como profesora en preescolar y en primaria en el mencionado colegio. Allí inició su noviciado el 13 de febrero de 1952, y lo concluyó con su primera profesión religiosa el 2 de febrero del año siguiente. Años más tarde, el 2 de febrero de 1956, hizo la profesión perpetua en el mismo lugar. Siempre amó entrañablemente a su Congregación y colaboró con ella en todas las tareas que le encomen daron, compaginándolas con la investigación y la docencia en la Universidad. Sentía una profunda admiración por su fundadora, la Madre Teresa Titos Garzón; colaboró en la redacción de su biografía y en la difusión de esta gran figura de la Iglesia.

De 1953 a 1954 realizó estudios de Pedagogía y Ciencias Sociales

en el Instituto Pedagógico Nacional de Caracas (Venezuela). De 1954 a


1955 fue profesora en de primaria y en bachillerato en el Colegio Santa Rosa de Lima, de Caracas (Venezuela).

De 1955 a 1958 estudió Filosofía y Letras en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín (Colombia), licenciándose en 19581.

De 1959 a 1963 realizó los cursos de Doctorado en Historia de América en la Universidad Complutense de Madrid, dedicando mucho tiempo a la investigación en la Universidad de Salamanca, en el Archivo General de Indias de Sevilla, en la Biblioteca Nacional y en el entonces denominado Instituto de Cultura Hispánica (hoy Instituto de Cooperación Iberoamericana) de Madrid, y en otros muchos centros. Estas investigaciones, así como su tesis doctoral la dirigió el Prof. D. Manuel Ballesteros  Gaibrois (1911-2002), quien ‒en palabras de Sor Águeda‒ fue un «gran  maestro, y sobrio americanista, de reconocido prestigio y fama internacio nal, catedrático de la Complutense, Presidente de la Sección de Historia de América, Director del Seminario de Estudios Americanistas»2.

En 1963 se doctoró en dicha Universidad con una tesis titulada:

«Salmantica docet: La proyección de la Universidad de Salamanca en Hispanoamérica». De ella se publico un primer volumen de más de 500 pági nas en 1977. En 1964 obtuvo un nuevo título de doctorado por la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín (Colombia). En esta última Universidad ejerció la docencia de 1964 a 1969, al mismo tiempo que ense ñaba en bachillerato en el Colegio de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, de la misma ciudad.

De 1970 a 1974 investiga en el Instituto Caro y Cuervo, en la Academia de la Historia y en la Biblioteca Nacional de Bogotá (Colombia).

En 1975 pasó a Salamanca, residiendo en la casa y Residencia Universitaria Santa Rosa de Lima, de la que en algunas etapas fue subpriora, priora y Directora de la Residencia. Ese fue su hogar durante muchos años, y ahí vivió la mayor parte de su vida religiosa. El afecto a esta comunidad fue grande. Por ella fueron desfilando muchas hermanas domini cas y jóvenes universitarias.


1 La mayor parte de los datos del curriculum académico de Sor Águeda están tomados de Miscelánea Alfonso IX. Centro de Historia Universitaria. Universidad de Salamanca. CA 2003, Salamanca 2004, pp. 17-20.

2 «Las Universidades hispánicas: relaciones y líneas de investigación», en Luis Enrique

RODRÍGUEZ   SAN   PEDRO   BEZARES–Juan Luis POLO   RODRÍGUEZ   (coord.), Líneas de

investigación sobre universidades hispánicas, Salamanca 2008, p. 46.


De 1977 a 1984 fue profesora Adjunta Interina de la Universidad de Salamanca; y a partir del curso 1979-1980, quedó adscrita al Departamento de Teoría e Historia de la Educación. De 1980 a 2002 fue Coordi nadora del Seminario de Historia de la Educación en América, del Depar tamento de Teoría e Historia de la Educación, de la Universidad de Sala manca, desde su fundación.

De 1985 a 2003 fue Profesora Titular de la Universidad en el Departamento de Teoría e Historia de la Educación, Facultad de Educación, de la Universidad de Salamanca. De 1997 a 2003 fue Subdirectora del De partamento de Teoría e Historia de la Educación, de la misma Universi dad. La Comisión de Evaluación de la Universidad de Salamanca le evaluó positivamente cinco tramos de docencia (1977-2002). Por acuerdo de la Junta de Gobierno del 25 de noviembre de 2003, presidida por el Excmo. Sr. Rector D. Enrique Battaner Arias, fue nombrada Profesora Eméri ta de la Universidad de Salamanca en el mismo Departamento. Siguió impartiendo docencia hasta el 27 de enero de 2011.

En el Departamento de Teoría e Historia de la Educación la Universidad de Salamanca impartió cursos de Historia de la Educación en América y de Pedagogía Comparada de América (1980-1984); asignaturas de Historia de la Educación (antigua, media y moderna), Historia de la Educación en América, Paradigmas de la Investigación Educativa, Valores y Educación, La proyección histórica de la Universidad de Salamanca en Hispanoamérica, cursos especiales y conferencias (1985-2003); y cursos monográficos de Doctorado en los programas del Departamento de Teoría e Historia de la Educación, en los programas del Departamento de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea, y en el Centro de Historia Universitaria Alfonso IX (1985-2003). También impartió cursos en la Maestría de Estudios Latinoamericanos, en el Instituto Interuniversitario de Estudios de Iberoamérica y Portugal (1994-2003).

Dirigió 14 Tesis Doctorales y 20 Memorias de Licenciatura.

Es autora de 9 libros, de más de 57 capítulos de libros y de más 40 artículos, en su mayoría de temática relacionada con la historia universitaria. Entre sus publicaciones destaca la que ella misma llamaba su libro blanco: Historia de las universidades hispanoamericanas: período hispá- nico, en dos volúmenes, publicada por el Instituto Caro y Cuervo en 1973. Asimismo, hay que destacar sus colaboraciones en la elaboración de la Historia de las Universidades Europeas, bajo el impulso y dirección de la CRUE (Conferencia de Rectores de Universidades Europeas); y en la obra


histórica: La Universidad de Salamanca, en 4 volúmenes, dirigida y coordinada desde el Centro de Historia Universitaria Alfonso IX.

Desde el año 1991, participó en cuatro Proyectos de Investigación Nacional, financiados por el Ministerio de Educación y Cultura, y Ministerio de Ciencia y Tecnología (Dirección General de Investigación Científica y Técnica, Dirección General de Enseñanza Superior y Dirección General de Investigación); y en un Proyecto de Investigación Regional, financiado por la Junta de Castilla y León (Dirección General de Universidades e Investigación), que fueron dirigidos por el Dr. Luis E. Rodríguez-San Pedro    Bezares (Universidad de Salamanca).

El 19 de enero de 1993 fue investida Doctora Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Santo Domingo (República Dominicana).

Fue miembro de varias Sociedades o Academias Científicas: Sociedad Española de Historia de la Educación; Sociedad Española de Peda gogía; Asociación Española de Americanistas; Sociedad Castellano-Leo nesa de Historia de la Educación; Sociedad Mariológica Española; Asociación de Antiguos Alumnos, Profesores y Amigos de la Universidad de Salamanca (ASUS); Asesora y miembro del Consejo Científico del Centro de Historia Universitaria Alfonso IX, de la Universidad de Salamanca; miembro correspondiente de la Academia Nacional de Historia de Venezuela; Socio Honorario del Instituto de Investigaciones Antropológicas de Castilla y León; Adscrita al Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal, de la Universidad de Salamanca.

En el 2018 recibió en Granada, de manos del Rector de la Universidad de Salamanca, D. Ricardo Rivero, el título de Embajadora del VIII Centenario por su labor de promoción de la imagen del Estudio salmantino en el ámbito internacional, una distinción que hasta la fecha ostentaban también el antiguo alumno del Estudio salmantino y miembro del Consejo Asesor de Alumni-USAL, Marcelino Oreja; el director del Centro Na- cional de Difusión Musical (CNDM), Antonio del Moral; el diplomático Juan Francisco Cenzual; y el vicepresidente de Guatemala, Ernesto Jafeth Cabrera. Esta mención reconoce la labor de aquellas personas que realizan tareas relevantes en la promoción y organización de actividades relacionadas con la conmemoración de los ocho siglos de historia de la institución académica salmantina.


Desde el punto de vida humano, Sor Águeda fue una mujer muy tenaz, gran trabajadora como se puede apreciar por las actividades que acabamos de reseñar, muy generosa a la hora de ayudar a los demás, especialmente a sus alumnos, quienes mostraron hasta el final un gran afecto. Sor Águeda empatizaba fácilmente con las personas; se interesaba y velaba por todos los conocidos. Por lo que se refiere a su generosidad con los alumnos, podemos recoger el testimonio que encontramos en el preámbulo del libro homenaje con motivo de su jubilación en el otoño de 2003, donde podemos leer que así como en 1588 fray Luis de León, en su famoso prólogo a las Obras de santa Teresa de Jesús declaraba que había conocido a la Madre en sus obras y en sus hijas, así también sor Águeda puede ser conocida en sus obras (como lo demuestra su curriculum), pero sobre todo en sus hijos: «La docencia y la iniciación a la investigación distraen mucho tiempo para el brillo de uno mismo, e incluso para su promoción. En el caso de Águeda Rodríguez Cruz, que como el pelícano que acompaña a la portada de los Estatutos de 1625 de la Universidad de Salamanca, se ha volcado en la atención de sus clases, de sus tutorías y de los trabajos de sus tesinados y doctorandos. Por eso ha dado mucho fruto, por añadidura de sus propias obras. Águeda Rodríguez Cruz ha propiciado, así, su propia fecundidad y la de otros»3. Todo lo vivía apasionadamente, ponien do en ello todo su empeño. No dejaba nada a la improvisación.

Desde el punto de vista religioso podemos decir que fue una mujer con una profunda experiencia espiritual. Cuidó mucho la vida de oración, especialmente la eucaristía diaria, acostándose tarde para preparar cuidadosamente los cantos de la misa del día siguiente, que ella misma acompa ñaba al órgano, así como el rezo de la Liturgia de las Horas. Su devoción mariana estaba profundamente arraigada, incluso fue agraciada con alguna experiencia mariana extraordinaria que compartió confidencialmente con pocas personas.

Esta devoción se concretó, entre otras actividades, en su ingreso en la Sociedad Mariológica Española, con su participación en el Congreso Mariológico y 15° Mariano Internacional, celebrado en Zaragoza del 3 al 12 de octubre de 1979, alentada por el P. Armando Bandera, O.P. Duran- te su larga enfermedad en estos últimos años no dejó de interesarse por la Sociedad Mariológica, aunque ya no pudiera acudir a sus encuentros anua


3 Miscelánea Alfonso IX. Centro de Historia Universitaria. Universidad de Salamanca. CA 2003, p. 11.


les por encontrarse físicamente impedida. Entre sus publicaciones de carácter mariano podemos destacar las siguientes:

  «Nuestra Señora Reina y Madre de la Universidades Hispanoamericanas», Ximénez Quesada 18 (1974) 33-49.

  «La Universidad de Salamanca, modelo de piedad mariana y su proyección en las Universidades de Hispanoamérica», Estudios Marianos 45 (1980) 151-168; publicado también en De cultu mariano saeculo XVI. Acta Congresus Mariologici-Mariani Internatio- nalis Caesaraugustae anno 1979 celebrati, vol VI, Pontificia Academia Mariana Intemationalis, Romae 1986, pp. 595-614.

  «La devoción mariana en la Universidad de Salamanca y en las Universidades Hispanoamericanas, con especial referencia a los Colegios Universitarios (siglos XVII-XVIII), Estudios Marianos 49 (1984) 343-385.

  «Entre las últimas Apariciones marianas. "María, reconciliadora de los pueblos», Estudios Marianos 52 (1987) 371-374.

  «"La Madre del Redentor": Vivencia de la Maternidad espiritual de María en tres figuras del siglo XX: Jacquier, Kolbe e Higuera», Estudios Marianos 54 (1989) 243-255.

  «María en la primitiva catequesis de América», Communio: revista semestral publicada por los Dominicos de la provincia de Andalucía 34 (2001) 325-355.

  «María, reconciliadora de todos los pueblos: Apariciones de la Virgen María en finca "Betania", Venezuela (1976-2008)», Estudios marianos 75 (2009) 315-330.

 

HISTORIADORA Y PROFESORA EMÉRITA HONORÍFICA DE LA INSTITUCIÓN.

En la quinta de estas publicaciones confesó haber tenido la dicha de conocer y tratar al Padre Enrique Alberto Higuera Barrera, O.P.4, y de estar bajo su dirección espiritual durante diez años, lo que siempre consideró

 


4 Se refiere al siervo de Dios José Heliades María Higuera Barrera (Saboyá, 23 de junio de1906-Bogotá, 4 de marzo de1976), más conocido por el nombre que tomó en la Orden de Predicadores: Enrique Alberto, fue cofundador de la Congregación de Religiosas Dominicas Hijas de Nuestra Señora de Nazareth junto a la Madre María Sara del Santísimo Sacramento.


como un regalo de la Virgen. Según su propio testimonio, ha sido la persona con la que más sintonizó en la vivencia del camino mariano, que ‒a su juicio‒ es el más cristiano. Fue él precisamente quien le prestó la obra del Padre Gabriel Jacquier titulada La vida mariana, que ella utilizó duran- te siete años, y que recomendó a otras personas.

Durante algún tiempo también fue encargada a nivel general en su Congregación de promover la devoción de la Virgen.

Sor Águeda amó a la Virgen María con un gran afecto de hija. A ella se refería de ordinario llamándole «la Señora». A ella confiaba todos sus sufrimientos. Sin duda «la Señora» sabrá recompensar todo el amor que le brindó a lo largo de su vida, y mostrarle a su querido Hijo, como tantas veces ella le suplicó en el canto de la Salve

Fecha Publicación: 2021-08-28T09:00:00.001-07:00

IWASAKI, Fernando,  Brevetes de Historia Universal del Perú (Alfaguara, 2021, 224 pp)

 

Entre los aportes del Bicentenario del Perú hay que agradecer las motivadoras reflexiones acerca del Perú, patria nación, estado. La oportunidad de ayudarnos a pensarnos en común, como un nosotros de ayer y de hoy, recordar nuestra historia en conjunto, sus logros y sus errores, sus luces y sombras, sus gozos y sus dolores, sus sueños y sus frustraciones. En este momento me encuentro saboreando el libro Brevetes de Historia Universal del Perú" (Alfaguara, 2021, 224 pp) de Fernando Iwasaki, quien ha tenido la generosidad de enviármelo desde Sevilla.

Mi vida se ha proyectado siempre a estudiar y potenciar la simbiosis hispano peruana, desde la hispanidad y la peruanidad, investigando todo aquello que sume y multiplique en esta realidad histórica y actual. Un legado, una realidad, una proyección. Crear lazos, construir puentes, unir familias. El autor, peruano de nacimiento y de corazón, español de sentimiento y profesión, hispanoperuano o peruano-hispano universal, nos brinda hondas reflexiones acerca de peruanos que han dejado huella humana en la historia.

Contamos con historias de ayer y del mundo prehispánico como las de "los troyanos de Andahuaylas", Sechín, Illac-Qori, Cusi Huarcay o Cura Occo, de la época virreinal (Montilla, 1591 sobre el Inca Garcilaso; Las Meninas de la Coya; Rosas de Lima para Lope de Vega…), republicana ("Rosa, la Libertadora", "las Levas del Libertador", "La Mariscala", Pedro9 Pablo Atusparia, Luis Pardo el Bandolero…) y de nuestro tiempo (Héctor Cárdenas, "Tersa Tilsa",  Jorge Chávez, "Elena Moyano, zarza que arde")

Muchas de ellas las conocíamos, pero aquí se nos presentan desde su lado más humano, casi descarnado pero lleno de vida y poesía. Como él mismo dice en su entrevista al redactor de Luces y TV de El Comercio, Enrique Planas:[1] "Siempre me ha parecido que los héroes son rehenes del mármol, del bronce, de la piedra. Lo que les falta es la piel, la carne, el hueso. Para mí, era muy importante que estas historias apelaran a estos rasgos profundamente humanos, que nos acerquen a sus tribulaciones. Por eso las historias tenían que ser muy breves, como una aguja que te clavan en ese momento y que te toca un punto vulnerable".

A pesar de la brevedad, por su chispa, profundidad, me ha recordado a las "greguerías" de don Ramón Gómez de la Serna; por ejemplo, "Lo más importante de la vida es no haber muerto". Vienen a ser "breverías" de nuestra historia peruana con dimensiones universales.

Una dimensión que impacta es la consideración de la edad de los protagonistas, se trata de personas que perdieron sus vidas muy jóvenes. Él mismo nos brinda un bello testimonio en su prólogo o "Liminar" (pp.11-12).

"Hoy he cumplido 58 años, la misma edad que tenía José María Arguedas cuando decidió no prolongar ni un día más su existencia. Por alguna inexplicable fatalidad, algunos de los más grandes autores peruanos nos dejaron en flor o a punto de entrar en sazón o sin alcanzar la plenitud que sus talentos prometían. Melgar muere con 24 años, Javier Heraud murió con 21. Abraham Valdelomar y Carlos Oquendo de Amat con 31. Alfonso de Silva y Mariátegui con 35, Son personajes que tienen la edad de mis hijos o aún menores. Tenemos a Sebastián Salazar Bondy Alberto Flórez Galindo, que murió a los 40, César Vallejo a los 46. La vida fue muy cruel con ellos. A pesar de lo poco que vivieron, nos dejaron muchísimo. Sus libros son la patria por la que sucumbieron" (pp.11-12)

Más de cien "brevetes", sumillas, consolidados, resúmenes, síntesis, extraídos de miles de fichas que el autor ha ido recopilando y que representan lo que en el momento de la lectura, del descubrimiento le  impactó. Don Miguel de Unamuno solía diferenciar entre el tener -armario- y el ser -almario-. Nuestro historiador y literato F. Iwasaki parte de fuentes históricas precisas pero nos deleita con su recreación literaria que revela el alma del personaje. Cuando nos rescata la confesión de Micaela Bastidas en su carta a Túpac Amaru II, su esposo "Ya no tengo paciencia para todo esto", la asociamos a su resistencia contra la tiranía española, cuando en verdad es un reproche al  líder andino -su "Chepe"- por su comportamiento familiar en la rebelión, y un desahogo de una mujer  herida.

Hay un encanto especial en esta obra no exenta de ironía y reveladora de la espiritualidad del autor como revela el simpático capítulo "El Rímac y el Titanic", en el que se nos presenta la sorprendente historia del inglés Peter Dennis Daly, residente en el Perú, parte de los pasajeros del Titanic que logró sobrevivir. En los libros oficiales, cuando se habla de los sobrevivientes del hundimiento del Titanic, se nos dice que el señor Peter Dennis lo que hizo fue bajar a su camarote, cambiarse, proteger sus documentos, salir a cubierta y tirarse al agua helada porque no entraba en los botes salvavidas, y lo recogieron allá abajo. Pero los hijos, cuando declararon a la prensa muchos años más tarde, lo que dijeron fue que su padre, al subir a la cubierta, recordó que tenía unas estampitas de la Virgen y bajó corriendo para meter a la virgencita en el pasaporte. "El señor Daly regresó a Lima, donde pasó los últimos años de su vida cuidando el jardín de casa, jugando al solitario, sosteniendo partidas de ajedrez por correo postal y comiendo rábanos de su huerto, como cualquier súbdito inglés. La Virgen del Perpetuo Socorro del Rímac lo recogió el 23 de diciembre de 1932" (p.116).

De igual manera cabe destacar algunos testimonios personales como el que nos comparte al hilo del recuerdo del primer sacerdote nisei ordenado en el Perú, P. Manuel Kato. "Su memoria me concierne, porque mi padre fue otro niño acogido en San Antonio de Padua y me abruma que ya ninguno de los dos pueda responder a mis preguntas. Heiwa to Zen, furay Kato-san" (paz y bien, Padre Kato) (p.177)

En el curso de la historia universal infinidad de acontecimientos, personajes y episodios han sido excluidos de los libros de enseñanza oficial. La gesta de mujeres y hombres en pos de la construcción de nuestra nación apenas ha sido un trazo ligero en la pluma de los historiadores, sin embargo, allí donde algunos languidecen otros encuentran la suficiente materia para convertir lo insignificante en gran literatura. Fernando Iwasaki recupera a estos personajes que, como héroes anónimos, labraron el camino de nuestra patria.

En el fascinante mundo cultural de los tejidos wari o paracas del Perú, nos sorprenden los miles de hilos y puntadas que con paciencia y creatividad logran bella imágenes. De igual modo, nuestro autor teje y borda como paciente y creativo historiador periodista miles de pliegues extraviados de cientos de peruanos, los menos conocidos y los más olvidados, pero rescatados y puestos en vitrina universal con personajes de Homero, Joyce y Tolstoi. A pesar del aparente disparatado y desordenado almacén de acontecimientos y personas, en cada uno de los textos del libro se tejen cientos de historias olvidadas de otras tantas personalidades que confeccionan el tejido de la sociedad peruana construida sobre su memoria.

 La obra nos invita a recordar y a aprovechar nuestro nuevo día como si fuera el primero o quizás el último. La vida es breve y hay que aprovechar el tiempo para conocer mejor y trabajar más por el Perú.


Fecha Publicación: 2021-08-27T17:43:00.001-07:00

Los últimos momentos de Santa Rosa de Lima, muerte y entierro

José Antonio Benito

En los últimos años sufre una larga enfermedad, en la cual dice a menudo: "Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor". El 1 de agosto de 1617 comenzaron los intensos dolores de cabeza. Como dicen sus testigos, sentía "que por allí le prendía por él un puñal de fuego ardiendo que se lo atravesaban, y el brazo y todo".  Santa Rosa fue atendida por fray Juan de Lorenzana. Sin embargo, los dolores eran cada vez más intensos. Ella pedía que la dejen sola y no le hablasen. "Eran dolores del infierno". Ella soportó los dolores con paciencia y pedía a su esposo Jesús que le enviase más dolores y paciencia para soportarlos.

El domingo 6 de agosto, sufrió un ataque de hemiplejia, Rosa solo podía mover un lado de su cuerpo, el brazo y la pierna izquierda. Su boca se había torcido levemente. A pesar de la hemiplejia aún tenía lucidez y conocimiento. El 17 de agosto, aumentaron los dolores de costado y se agravó la gota en el pie derecho. Su madre María de Oliva y su padre la visitaron. Santa Rosa quiso como última voluntad ser amortajada con el hábito dominico. El 21 de agosto recibió la extremaunción, ofreció su sortija a Micaela de la Maza. Tenía lucidez y recibió la visita del médico Juan del Castillo.

 

Rosa vivía en la casa don Gonzalo de la Maza y doña María de Uzátegui quienes proporcionaron una morada ideal para sus deseos contemplativos. Tanto ellos, como sus hijas Micaela y Andrea serán testigos de su despedida terrena. Les asombraba que mientras "la naturaleza iba desfalleciendo, parecía se aumentaba su paz y alegría". Y estando así el martes por la noche del 22 de agosto, "con un crucifijo en la mano, con amorosos requiebros le pedía dolores": ‑ Mi Dios, mi Señor, mi Jesús, mi Esposo, y mis amores, dadme dolores.

 

Se va despidiendo tiernamente de todos sus familiares. Comenzó pidiendo la bendición al Contador; y, luego, llamando a sus dos hijas "les hizo una plática, exhortándolas a que sirviesen y amasen mucho a Nuestro Señor y sirviesen mucho a sus padres y les diesen buena vejez". Mandó llamar también a los siete esclavos negros de la casa para darles su bendición.

Por estos testimonios últimos sobre el momento de su muerte podemos calibrar el alto nivel espiritual de estos esposos:

‑ Doña María: "Llamando el dulce nombre de Jesús expiró, quedando con los ojos abiertos y claros sin quebrárseles, y su rostro tan lindo y hermoso como cuando estaba viva y con muy buenos colores".

. Don Gonzalo: "Y con esta resignación, paz y entendimiento, y con su habla y sentido estuvo hasta que expiró, un poco antes de las doce y media de aquella noche, diciendo: "Jesús, Jesús sea conmigo".

El 23 de agosto recibió la visita de su confesor fray Juan de Lorenzana y se despidió de él pidiéndole su bendición. Antes de morir le pide perdón por todos los pecados a cada uno de los de su casa. Pidió entonces Rosa le quitasen "las almohadas en que estaba incorporada, y se hizo arrimar a la madera de la cama"; le acompañaba su hermano Hernando y, teniéndole el brazo, se volvió a él y le dijo: "bien se puede sacar  [ir de allí], hermano, que ya no es menester". Era como decirle que se moría, que todo se acababa y le pedía "que se vaya, que ya está acabado".  Todavía logra persignarse con sus dedos pulgar e índice cruzados, que "se signó en la frente, en la boca y en los pechos". Entonces, sobrevino el paro cardiaco o aneurisma, ya que sufrió una breve pausa, tras la que exclamó: "Jesús sea conmigo" y expiró el jueves 24 de agosto de 1617, una media hora después de las doce de la noche, cuando alboreaba el día del apóstol San Bartolomé. Se encontraba en la madurez de su juventud de sus 31 años de edad y 4 meses.

Su cuerpo, después de vestido con el hábito de Santo Domingo, fue llevado de la habitación en que murió a una cuadra o sala más amplia en la que se juntaron alrededor de 20 personas. Allí, Luisa de Melgarejo se arrobó y estuvo en "éxtasis desde la una y un cuarto poco más o menos, hasta cerca de las cinco de la mañana…, y estando en él prorrumpió en habla". De lo que dijo en esa oportunidad tomaron nota puntual los testigos Juan Costilla Benavides, oficial mayor del contador de la Maza, y el fraile dominico Francisco Nieto. El texto íntegro de esas visiones, sacadas en limpio, las incluyó Gonzalo de la Maza en su respuesta a la pregunta 24 del cuestionario a los testigos que declararían sobre la vida de Rosa de Santa María con motivo de las informaciones ordenadas por el arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero. El 25 de agosto su cadáver es trasladado al Convento de Santo Domingo y era tal la multitud que acudió a venerarla que durante tres días se hizo imposible el entierro, fue durante ese lapso que el pintor Angelino Medoro al ver el rostro de la santa, decide plasmarlo en una pintura al lienzo, convirtiéndose en el único retrato autentico de la santa. Tras su deceso, el vecindario y devotos determinaron pagar el alquiler de la casa en que había vivido y comenzaron a reunirse allí por las tardes a rezar el Santo Rosario y otros ejercicios de piedad. Por el fervor espontaneo la casa se convirtió en capilla y Santuario.

En vida, Rosa no fue una mujer de gran popularidad ni desempeñó un especial papel taumatúrgico, como sí lo hizo por ejemplo Francisco Solano. A pesar de ello, sin embargo, Rosa tuvo un entierro multitudinario y la sociedad limeña se precipitó a sus exequias, en la que participaron incluso las más altas autoridades civiles y eclesiásticas del virreinato. Personas que nunca la conocieron se abalanzaron sobre el féretro para tratar de tocarla u obtener alguna reliquia ¿A qué se debió ese fenómeno? Según el historiador René Millar el fenómeno estuvo vinculado con los confesores de la joven, que se encargaron de difundir sus virtudes y de comprometer a las órdenes religiosas en una participación activa e institucional en las exequias. Esto es especialmente clave en lo que respecta a la orden de Santo Domingo. Un miembro de ella tomó nota puntual de las revelaciones de Luisa de Melgarejo, durante el velatorio, y otro escribió a los pocos días una breve relación de su vida. Los dominicos asumieron a la difunta como un miembro de la orden y el procurador general de ella, a la semana de la muerte, solicitará al arzobispo que se reciba información de testigos acerca de "su santa vida".

El 5 de abril de 1668 es beatificada por el Papa Clemente IX cuya celebración tuvo lugar en el Convento Dominicano de Santa Sabina en Roma. El 12 de abril de 1671 es canonizada por el Papa Clemente X, declarándola Patrona de América, Indias y Filipinas y disponiendo el día 30 de agosto para la celebración de la fiesta en su honor.

BIBLIOGRAFÍA

BUSTO DUTHURBURU, José Antonio del. Santa Rosa de Lima (Isabel Flores de Oliva) Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú. 2006

MILLAR CARVACHO, R. "Rosa de Santa María (1586-1617). Génesis de su santidad y primera hagiografía." Historia, Vol. 36, 2003: 255-273 Instituto de Historia Pontificia Universidad Católica de Chile


Fecha Publicación: 2021-08-15T17:25:00.000-07:00

COMPROMISO MARIANO Y PATRIO POR EL BICENTENARIO

Rezando por los parques de Pueblo Libre y visita a la Quinta de los Libertadores

José Antonio Benito

Después de año y medio de pandemia, en plena crisis política peruana en torno a las elecciones presidenciales, conmemorando el Bicentenario del Perú, uno añora los encuentros amicales, las reuniones familiares, el pasear por los parques, la visita presencial a un museo. Todo ello y un poco más lo acabamos de vivir en el domingo 15 de agosto, fiesta de Nuestra Señora de la Asunción.

Lanzamos la convocatoria en nuestro círculo "Laicos en marcha", lo publicamos en las redes sociales, enviamos a nuestros amigos el formulario y la respuesta se pasó de la cuenta, más de cuarenta.

A las nueve en punto, nos concentramos en uno de los150 parques de Pueblo Libre, en concreto en el que se ubica nuestro Hogar Alzamora, de la Milicia de Santa María de Lima, el Parque Rospigliosi. Una canción mariana para dar la bienvenida y despertar los ánimos dio comienzo a nuestro rosario por el Perú, uniéndonos a la campaña de oración por nuestra patria. Unos de modo personal, otros en familia; unos de distritos lejanos, otros -los más- de parques cercanos; grandes y pequeños; a pie o en silla de ruedas. Promovido por nuestro Movimiento de Santa María pero como siempre acompañados fraternalmente por las legionarias de María, familiares y amigos invitados, todos unidos en entrañable familia, fuimos recorriendo los remozados parques del distrito desgranando avemarías, cantando, colgando del corazón de nuestra Madre de la Asunción las peticiones más íntimas del corazón. Y casi, sin darnos cuenta – a las 10 a.m.- llegamos al Museo Nacional de Pueblo Libre, donde visitamos la Quinta de los Libertadores; allí se brinda la estupenda exposición preparada con motivo del Bicentenario. "La Independencia. Procesos e ideas". Once salas: 1. La primera introductoria con el mismo título. 2. Implosión española y juntas de gobierno. 3. Las rebeliones peruanas. 4. Los primeros esfuerzos militares en el Perú. 5. José de San martín. 6. La guerra y las proclamaciones. 7. Simón Bolívar. 8. La campaña final. 9. La república auroral. 10. La Iglesia en la Independencia. 11. La vida cotidiana en la Independencia. Gran esfuerzo para presentar los alcances de la reciente investigación de la manera más didáctica y atractiva. Aparece claramente que la Independencia es un proceso desde mediados del siglo XVIII hasta mediados del XIX (no sólo 1821); Perú es mucho más que Lima, es todo su territorio nacional como se ve en los mapas en las que se incorpora a las provincias; no es una isla sino un centro vinculado con España y América, contextualizado mundialmente. La Independencia va más allá de los Libertadores -aunque se le dedican dos salas a San Martín y Bolívar y que se han recreado como serían cuando habitaron la Quinta-, nos presenta el protagonismo de las mujeres, de las montoneras, de los militares, los políticos, los académicos, la Iglesia; los grandes momentos como el espectacular mapa de la batalla de Ayacucho y los de la vida cotidiana. Un valor agregado lo da la bella restauración de cuadros originales de artistas de primer orden como Gil de Castro (asombran sus retratos de Olaya, Parada de Bellido, San Martín, Bolívar) o Lepiani que con sus gigantes cuadros como el de la proclamación de la Independencia o el Encuentro de Punchauca tanto ha contribuido visualmente a la formación de la conciencia histórica peruana.

Como complemento a la densa visita se encuentra la posibilidad de acceder al interior del recinto del Museo, precisamente en el ambiente en que se desarrollaban las presentaciones "El Museo abre de noche" de los últimos viernes de mes. Allí se ha colocado el monumento titulado "Semilla del tiempo del Bicentenario". Diseñada a partir de un cántaro inca-chimú de la colección del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP), alberga una cápsula de 1.60 m de alto por 1.20 m de diámetro, que preservará objetos destinados a los peruanos del mañana y se abrirá el 28 de julio del 2121, tricentenario del Perú.

Concluyo agradeciendo a los responsables por su generosa acogida y acompañamiento en, quienes en todo momento respetaron los protocolos de sanidad y facilitaron un ingreso ágil y una visita provechosa y confortable.

Los animo a regresar con familiares y amigos y profundizar en cada sala, esquema, cuadro, texto, video (tiene la posibilidad de conectar si se llevan auriculares; también la lectura braille para invidentes). No olviden llevar su DNI, mascarilla y protector facial. Reservas: https://bit.ly/VisitaLaQuinta-MNAAHP. Conviene asomarse a su enlace por si hay alguna novedad.  https://www.facebook.com/MNAAHP . La entrada es gratuita, en horario de lunes a domingo: 9:00 a. m. a 4:00 p. m.


Fecha Publicación: 2021-08-14T07:22:00.001-07:00

Poema HISPANOAMÉRICA de MARTÍN ABRIL

 De mis años de Valladolid en la década de 1980 recuerdo con agrado los deliciosos artículos de Francisco Javier Martín Abril que me cautivaban por su belleza, sencillez, riqueza léxica, poesía. Gracias a mi gran amiga doña Carmen Aparicio, familia suya, supe que era el padre del querido y llorado jesuitas vallisoletano misionero en El Salvador -Ignacio Martín Baró, doctor en psicología y teólogo- recientemente incluido en el "catálogo de mártires" de la Compañía de Jesús, y que murió asesinado como "antorcha de luz y de esperanza". Javier BURRIEZA SÁNCHEZ nos brinda un entrañable recuerdo en su libro Libro de los santos de Valladolid, Editorial Maxtor, Valladolid 2020, (pp.206-214).

De aquellos años también es el precioso poema HISPANOAMÉRIC que tan sólo me dio tiempo a fotocopiar y que 30 años después, al no verlo en ningún portal de internet, lo transcribo como muestra de gratitud a su vida ejemplar.

Comparto como introducción la trayectoria biográfica elaborada por Enrique Berzal de la Rosa.

 

BIOGRAFÍA MARTÍN ABRIL, FRANCISCO JAVIER.

Valladolid, 9.I.1908 – 25.XII.1997. Poeta, periodista, escritor.

Se licenció en Derecho, impartió clases en la academia que su padre tenía en Valladolid, y fue profesor ayudante de la Universidad de Valladolid antes de ganar, por oposición, la secretaría del Juzgado Municipal de Palencia. Destacó sobre todo en la literatura y el periodismo. Militó en la Asociación Católica Nacional de Propagandistas y en las Juventudes de Acción Popular de su ciudad natal, organización de la que en 1934 llegó a ser vocal de su junta directiva.

Director artístico de Radio Valladolid en 1937, dos años más tarde lo era también del periódico católico Diario Regional. En la radio se mantuvo hasta 1962, donde popularizó el programa Croniquilla local, que se emitía todos los días a la diez de la noche. Monárquico y católico fervoroso, a pesar de su apoyo entusiasmado al bando sublevado el 18 de julio de 1936, con el paso del tiempo también sufrió la censura franquista en Diario Regional.

A partir de 1944, la Dirección General de Prensa le acusó de permitir deficiencias técnicas en el rotativo, no publicar los editoriales de obligada inserción ni las consignas, y no rendir el merecido homenaje a Franco. Fue sancionado con siete días de haber y se le abrió expediente por faltas graves. Finalmente, fue cesado en el cargo en 1950, después de que la Editorial Católica se hiciera cargo del periódico. Ganador, en 1941, del Premio de Periodismo Mariano de Cavia por el artículo Otoño en los jardines, veinte años después se hizo con el Premio Nacional de Periodismo.

También trabajó en un programa de Radio Nacional realizado para América. Para televisión realizó, junto a otros escritores, los programas El alma se serena, Radiografía de los meses, Nocturno del domingo El oro del tiempo. Fue entonces cuando se codeó con profesionales de la talla de José García Nieto, Guillermo Summers, Lorenzo López Sancho, Enrique Llovet y Francisco Umbral. Colaboró en Ya, La Vanguardia, La Gaceta del Norte, ABC, El Norte de Castilla, Diario Montañés, Las Provincias Blanco y Negro.

Académico de número en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción desde 1948, entre sus obras más importantes destacan Cartas a una novicia (colección de artículos escritos en la década de 1950 en el diario Ya), Humo (1962) y Crónica desordenada (1969). Premio de Comunicación Francisco de Cossío (1989), escribió más de setenta mil artículos periodísticos y veinte libros.

Fue Medalla de Plata de la ciudad de Valladolid y Premio Provincia de Valladolid a la trayectoria literaria (1993).

Francisco Javier Martín Abril falleció en Valladolid, el 25 de diciembre de 1997. Su familia donó su archivo y biblioteca a la Fundación Jorge Guillén.

 

Obras de ~: Violetas mojadas, Valladolid, Talleres Cuesta, 1936; Romancero guerrero, Valladolid, Casa Martín, 1937; Castilla y la guerra, Valladolid, Talleres Cuesta, 1937; Luna de septiembre, Valladolid, Tipografía Casa Martín, 1939; Albor, Pamplona, 1940; Castilla, Bilbao, Conferencias y Ensayos, 1942; Así es mejor, Madrid, Gráfica Universal, 1943; El jardín entrevisto, Madrid, Editora Nacional, 1943; Día tras día, Valladolid, Talleres Cuesta, 1947; Poema de Valladolid, Valladolid, Editorial Casa Martín, 1947; Romance de la muerte de Manolete, Valladolid, Tipografías Sever-Cuesta, 1947; Cancionero, Valladolid, Sever-Cuesta, 1949; Ahora y siempre, Valladolid, Sever-Cuesta, 1953; Cartas a una novicia, Madrid, La Editorial Católica, 1954-1962; Humo, Madrid, Studium, 1962; Nostalgia en la meseta, Madrid, Studium, 1964; Álbum, Bilbao, Mensajero, 1968; Crónica desordenada, Madrid, Editora Nacional, 1969; La pequeña palabra, Madrid, La Muralla, 1969; Cada mañana, Salamanca, Sígueme, 1973; Los cuadernos secretos, Valladolid, Ayuntamiento, Fundación Jorge Guillén, 1999, 3 vols.; Intimidades: 1929-1932, Valladolid, Ayuntamiento, Fundación Jorge Guillén, 2001.

 

Bibl.: R. García Domínguez, "Francisco Javier Martín Abril", en Vallisoletanos, 44 (1985), págs. 57-85; I. Paraíso, La literatura en Valladolid en el siglo XX, Valladolid, Ateneo, 1987; P. Pérez López, Católicos, política e información. Diario Regional de Valladolid, 1931-1980, Valladolid, Universidad, 1994; R. García Domínguez, Francisco Javier Martín Abril. Premio a la Trayectoria Literaria 1993, Valladolid, Diputación Provincial, 2001; F. A. González, Epístola de Félix Antonio González a Francisco Javier Martín Abril: homenaje de la Ciudad a Francisco Javier Martín Abril

Félix Antonio González, 41 Feria del Libro de Valladolid, 3 de mayo de 2008, Valladolid, Ayuntamiento, 2008.

 

EN INTERNET:

https://www.valladolidweb.es/valladolid/vallisolet/biograf/martinabril.htm

https://www.facebook.com/FJMartinAbril

 

Poema HISPANOAMÉRICA

 

Tres triángulos blancos sobre un azul brillante:

Un alma que al sentirse sueña un idealismo;

Después, un pueblo nuevo flotando en un abismo

De palta, con el lujo sagrado de un diamante.

América nacía y en sus ricos pambiles,

Fulgían las estrellas de su virgen quimera,

Y el ritmo arrebatado de aquella cabellera

Daba a la vida un ramo de flores juveniles.

Flores que eran el eco de romántica hazaña:

Que tomaban su aroma de una semilla vieja;

Y al hender en sus hojas el arado la reja,

Iban vistiendo forma los delirios de España-.

Y aun se escuchan las espuelas,

De las frágiles y airosas carabelas,

Que aquel día venturoso cincelaron en el mar;

Con alientos celestiales eran hinchadas las velas,

Pues las guapas carabelas

no iban solas,

 eran bellas barcarolas

del Barquero del Altar.

Era un hilo invisible y sagrado

Que el Destino trazó con sonrisa,

Porque a América fuese una brisa

Llena en besos de trigo dorado;

Y por él vino a España la risa

Juguetona del fruto soñado.

Y si España vio en su frente

la cicatriz de los días,

sintió en su pecho un torrente

de potentes energías;

y al mirar el vino añejo

de su sangre hecha ya vida,

su cabeza encanecida

se veía en el espejo

de una cara parecida.

América, ánfora virgen de ilusiones españolas;

coro de niñas que alegra con sus gráciles tonadas

las espaldas de su madre que ya viven inclinadas

pero llenas de laureles y de vivas aureolas.

Y en el aire del mar libre de Francisco de vitoria

Se repite el entusiasmo del sentir aventurero,

Y en la frente calurosa del simpático pampero,

Suena un beso que se estampa en el cuento de la Historia.

No es sonrisa de etiqueta, no es afecto de ficciones,

Lo que vibra en lo más hondo de mi España y de mi América

Son las dos, como dos notas de una música quimérica,

Que gravita en el terruño de sus cálidas naciones.

Vedlas todas reunidas en Rosario inquebrantable,

Cómo llenan de caricias verdaderas la mejilla

De su madre, que, embriagada de cariño perdurable,

Las ofrece el azul denso de su cielo de Sevilla

Y contándose consejas al amor del rancio hogar,

Mientras sienten en sus ojos, del nido propio la luz,

Recuerdan aquel romance que escribió un día en el mar,

Un gentil aventurero con la punta de la Cruz. 


Fecha Publicación: 2021-08-13T17:06:00.001-07:00

PADRE ALFONSO ALCALÁ ALVARADO AYUDÓ A ORGANIZAR EL ARCHIVO DEL SEMINARIO DE SANTO TORIBIO (1927-2019)

 

El Dr. Alfonso Alcalá Alvarado nació en Celaya (Estado de Guanajuato), al este de la ciudad de Guadalajara y a unos 260 kms. Al NW de la Capital Federal de México, el 6 de agosto de 1927. Fue ordenado sacerdote el 1 de febrero de 1953 en Roma. Licenciado en Sagrada Teología en el Pontificio Ateneo Angelicum (ahora Universidad de Santo Tomás) de Toma, en 1953. Doctor en Historia Eclesiástica por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma en 1963. Diplomado en Biblioteconomía por la Biblioteca Apostólica Vaticana en 1963. Desde 1982 es miembro del Pontificio Comité de Ciencias Históricas. Ha sido Secretario general del Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos de México de 1967 a 1974. vicerrector del mismo de 1978 a 1981 y Decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad de México de 1982 a 1983. Fue uno de los fundadores y miembros más activos de la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica.

El mes de octubre de 1977, llega desde México el P. Alfonso Alcalá, M.Sp.S, en viaje de trabajo para documentarse de los archivos eclesiásticos para la historia de América Latina.

Gracias a la gestión del entonces rector del Seminario, P. Francisco Navares, en mayo de 1989 vuelve el P. Alfonso Alcalá, M. Sp. S, con el objetivo específico de ordenar el archivo del Seminario y elaborar la historia del mismo, continuándola desde 1911, fecha en que la dejó el P. Rubén. Vargas Ugarte en su obra clásica. Gracias a su empeño laborioso, muy profesional, el Archivo goza de una catalogación modélica. En abril del 2006, me comunicó por correo electrónico solicitando información acerca de su trabajo en la historia de la institución y me manifestó que no llegó a elaborar la historia programada.

Tanto uno como el otro, miembros de la legión de Misioneros del Espíritu Santo que desde el hermano país de México volcaron sabiduría y santidad en la Ciudad de los Reyes por más de medio siglo.

Falleció en México, el 14 de julio del 2019.

 

El Anuario de Historia de la Iglesia de la Universidad de Navarra le ha dedicado dos espléndidos artículos.

-Ignasi Saranyana, "Conversación en México con Alfonso Alcalá Alvarado", en Anuario de Historia de la Iglesia, AHIg  10 (2001), p. 408.

- Juan González Morfín "P. Alfonso Alcalá Alvarado (1927-2019) in memoriam Un enamorado de la historia a través de las fuentes primarias" AHIg 29 / 2020, p.606

https://revistas.unav.edu/index.php/anuario-de-historia-iglesia/article/view/39912/34219

 

José Antonio Benito


Fecha Publicación: 2021-08-10T11:17:00.001-07:00

EL MAGISTRAL RELATO DE LA BATALLA DE AYACUCHO POR RIVA-AGÜERO

José de la Riva Agüero (1885-1944)[1]

"De Quinua se asciende a la pequeña pampa de Ayacucho. Es un árido llano, cortado por zanjas profundas. Al este lo cierran las prietas y abruptas vertientes del Condorcunca (voz o garganta del cóndor), surcadas por sendas en zigzag. A un costado se abre el seco barranco del Jatunhuayco (gran torrentera). Al norte, el estrecho valle de Ventamayu, con un riachuelo sombreado de molles, y una capillita, destruida o inconclusa, bajo la advocación de San Cristóbal. En la misma pampa, hay un mísero rancho, que sirve de apeadero; y en el centro de ella, está el paupérrimo y enfático monumento, que parece de yeso. La falta de gusto, llevada a tales extremos, supone ya una grave deficiencia moral. ¡Cuánto más significativa y decorosa habría sido una sencilla pirámide de piedras severas!

Recogimos en el campo algunas balas, de las muchas que allí quedan. Los pobladores de Quinua las venden a los viajeros. Me detuve en las lomadas de la izquierda, desde las cuales la división peruana de La Mar rechazó los ataques del realista Valdés. Hacia el centro y la derecha de la línea, se ven los que fueron emplazamientos de las tropas colombianas.

El relato de mi peregrinación sería ineficaz e inútil si no fuera sincero; y debo a mis lectores y a mí mismo la confesión de mis impresiones exactas. Mi sentimiento patrio, que se exaltó con las visiones del Cuzco y las orillas del Apurímac, no sacó del campo de Ayacucho, tan celebrado en la literatura americana, sino una perplejidad inquieta y triste. En este rincón famoso, un ejército realista, compuesto en su totalidad de soldados naturales del Alto y del Bajo Perú, indios, mestizos y criollos blancos, y cuyos jefes y oficiales peninsulares no llegaban a la decimaoctava parte del efectivo, luchó con un ejército independiente, del que los colombianos constituían las tres cuartas partes, los peruanos menos de una cuarta, y los chilenos y porteños una escasa fracción. De ambos lados corrió sangre peruana.

No hay porqué desfigurar la historia: Ayacucho, en nuestra conciencia nacional, es un combate civil entre dos bandos, asistido cada uno por auxiliares forasteros. Entre los aliados sudamericanos reunidos aquí, bullían ya, aun antes de obtenida la emancipación, los odios capitales, como riñeron los gemelos bíblicos desde el seno materno. El americanismo ha sido siempre una hueca declamación o un sarcasmo; y yo, que cada día me siento más viva y ardientemente peruano, me quedo frío con la fraternidad falaz de nuestros inmediatos enemigos, con la hinchada retumbancia e irónica vaciedad del común espíritu latinoamericano en esas vecinas repúblicas hermanas, que no han atendido más que a injuriarnos y atacarnos. ¿Por qué hemos de continuar derrochando los tesoros de nuestro entusiasmo ingenuo en los émulos rabiosos que a diario nos denuestan y que asechan el instante propicio para el asalto?

Gran necedad o inicua pasión arguye zaherir al Perú por haber una considerable porción de él seguido hasta el fin la causa española en la contienda separatista. Entonces se operó en el alma peruana un desgarramiento de indecible angustia. Mientras la mitad, juvenil y briosa, se lanzaba anhelante, con los demás americanos, en la ignota corriente de lo porvenir, ansiando vida nueva, la otra mitad, fiel a las tradiciones seculares, perseveró abrazada a la madre anciana e invadida, con la pía y generosa adhesión a la desgracia, que es nota inconfundible de nuestro carácter. Leal conflicto y doliente caso de la eterna y necesaria lucha entre el respeto a lo pasado y el impulso de la acción renovadora.

La Colonia es también nuestra historia y nuestro patrimonio moral. Su recuerdo reclama simpatía y reconciliación, y no anatema. Si queremos de veras que el peruanismo sea una fuerza eficiente y poderosa, no rompamos la tradicional continuidad de afectos que lo integran; no reneguemos, con ceguera impía, de los progenitores; no cometamos la insania de proscribir y amputar de nuestro concepto de patria los tres siglos civilizadores por excelencia; y no incurramos jamás en el envejecido error liberal, digno de mentes inferiores y primarias, de considerar el antiguo régimen español como la antítesis y la negación del Perú. Para animar y robustecer el nacionalismo, hay sobrados y perdurables contrarios, rivalidades profundas, positivas y esenciales. La dura experiencia nos lo ha enseñado; y mi generación, más que las anteriores, lo sabe y lo medita.

La Colonia, a pesar de sus abusos, —tan poco remediados aún— no pudo reputarse en países mestizos como servidumbre extranjera. Para el Perú fue especialmente una minoridad filial privilegiada, a cuyo amparo, y reteniendo nuestra primacía histórica en la América del Sur, iban muestras diversas razas entremezclándose y fundiéndose, y creando así día a día la futura nacionalidad. Aleación trabajosa y lenta, dificultada por la propia perfección relativa del sistema incaico, que se resistía, muda pero tenaz y organizadamente, a ser plasmado por una cultura superior. Regiones de menor multiplicidad étnica o desprovistas de reales civilizaciones indígenas, se acercaron más rápidamente a la unidad moral, en tanto que el Perú se retrasaba por la arduidad de la tarea correspondiente a su excesiva complicación. En medio de ella nos sorprendió la guerra de la Independencia; y no cabe negar que fue en momento singularmente inoportuno para nuestros peculiares intereses. Más temprano, anticipándose cincuenta años, sobreviniendo antes de la creación del Virreinato de Buenos Aires, las deficiencias mayores habrían quedado compensadas por el beneficio inestimable de retener la Audiencia de Charcas, de mantener la suprema unidad territorial y de la raza predominante, conservando las provincias del Alto Perú, cuya segregación arrancó tan hondas y proféticas quejas al Virrey Guirior. Más tarde, si la emancipación sudamericana hubiera ocurrido, por ejemplo, cursando el segundo tercio del siglo XIX, habría encontrado bastante adelantada la interna fusión social de las castas y clases del Perú; menos ineptos y desapercibidos los núcleos directores, que apenas iniciaron su modernización a medias con el Mercurio Peruano; y tal vez completamente reparado el desacierto de la desmembración del Virreinato, como lógica consecuencia de aquel movimiento consciente de reintegración administrativa que en 1796 nos devolvía la Intendencia de Puno, en 1802 las grandes comandancias de Quijos y Maynas, y de modo imperfecto y transitorio luego, Guayaquil y el mismo Alto Perú. Pero como de nuestro país no dependió ejecutar en el siglo XVIII el plan de los reinos autónomos propuesto por el Conde de Aranda, ni podíamos precipitar o retardar a nuestro sabor la hora de la general insurrección americana, determinada inevitablemente por el ataque de Napoleón a la Metrópoli, y como era absurdo el empeño realista de guardar unido el Perú a España cuando todo el continente había ya roto sus vínculos de vasallaje, desde 1812 o 1814 los genuinos intereses peruanos demandaban, a cuantos sabían y querían entenderlos, nuestra emancipación inmediata y espontánea, para no quedarnos a la zaga de los otros pueblos de Sud América en la crisis ineludible, y para evitar o reducir grandemente la funesta inminencia de su intervención. Por eso, mucho más que por cualesquiera otras razones, debemos proclamar heroicos servidores del Perú a todos los patriotas nuestros que, en abierta rebelión o conjuraciones subterráneas, desafiando fuerzas harto mayores que en los países vecinos, con sino adverso, pero con ánimo invicto, lucharon contra los fanáticos realistas peruanos, obcecados en resistencia tan formidable como estéril y petrificados en la añoranza de un pasado irreversible. Y por ello también, dentro de la comprensiva equidad de la historia, si a estos va la cortesía reverente y melancólica que merecen siempre las víctimas de la lealtad equivocada, a aquellos consagramos toda la efusión de nuestra gratitud. Desde Zela y Pumacahua hasta los conspiradores de Lima, fue cimentándose, entre sacrificios y catástrofes, un partido peruano separatista, que asumió nuestra representación al frente de los hermanos ya emancipados, y colaboró después con San Martín. Enseguida los valerosos vencidos de la Legión Peruana en Torata y Moquegua, los vencedores de Zepita y Pichincha, los Húsares que decidieron la batalla de Junín, y la bizarra división de La Mar en este campo de Ayacucho, demostraron el esfuerzo de los peruanos independientes y rubricaron con gloria en nombre de nuestra patria el advenimiento de la nueva edad. La razón y el verdadero espíritu nacional estuvieron sin duda con los patriotas y en oposición a los pertinaces tradicionalistas; pero, tras el cruento y largo cisma, tuvo que venir y vino la íntima compenetración entre los de ambos bandos, hijos de un mismo suelo, que combatieron obedeciendo a apreciaciones diversas sobre las conveniencias del Perú. Las posteriores guerras civiles vieron militar indistintamente en las mismas filas capitulados y Libertadores. Mas para que la definitiva nacionalidad ganada en Ayacucho se adecuara a sus destinos y obtuviera su completa verdad moral, no bastaba la mera conciliación de las personas, fácil siempre en muestra tierra. Era y es aún necesaria una concordia de distinta y más alta especie; la adulación y armonía de las dos herencias mentales, y la viva síntesis del sentimiento y la conciencia de las dos razas históricas, la española y la incaica. Al cabo de noventa años, ¿hemos logrado acaso, en su plenitud indispensable, esta condición esencialísima de nuestra personalidad adulta? En los días siguientes a la Independencia, en el iluminado rapto que da todo triunfo, hubo percepción clara de tan indispensable requisito. Entre las afectaciones e ingenuidades de la época, se descubre el grave y justo deseo de incorporar los más insignes recuerdos indígenas en el viviente acervo de la nueva patria. El buen Vidaurre llevaba su celo hasta el extremo candoroso de invocar al dios Pachacámac en una arenga solemne; y Olmedo el Inspirado, de corazón profundamente peruano, hacía vaticinar la victoria de Ayacucho al gran monarca Huayna Cjiápaj y bendecir el estado naciente por el coro de las Vírgenes del Sol. Menéndez Pelayo, en su cerrado españolismo, juzgó esto como inoportuna ilusión local americana; y yo mismo, en mi primer escrito, sostuve con fervor la opinión de mi maestro, llevado por mi excesiva hispanofilia juvenil y por mis tendencias europeizantes de criollo costeño. A medida que he ahondado en la historia y el alma de mi patria, he apreciado la magnitud de mi yerro. El Perú es obra de los Incas, tanto o más que de los Conquistadores; y así lo inculcan, de manera tácita pero irrefragable, sus tradiciones y sus gentes, sus ruinas y su territorio. No ilusión, por cierto, sino legítimo ideal y perfecto símbolo representa la evocación que Olmedo hizo en su imperecedero canto.

El Perú moderno ha vivido y vive de dos patrimonios: del castellano y del incaico; y si en los instantes posteriores a la guerra separatista, el poeta no pudo acatar con serenidad los ilustres títulos del primero, atinó en rememorar la nobleza del segundo, que aun cuando subalterno en ideas, instituciones y lengua, es el primordial en sangre, instintos y tiempo. En él se contienen los timbres más brillantes de lo pasado, la clave secreta de orgullo rehabilitador para nuestra mayoría de mestizos e indios, y los precedentes más alentadores para el porvenir común. En la quieta y larga gestación de la Colonia, el proceso de nuestra unidad fue el callado efecto de la convivencia y el cruce de razas; pero, realizada la emancipación, se imponía, como deber imperiosísimo, acelerar aquel ritmo, apresurar la amalgama de costumbres y sentimientos, extenderla de lo mecánico e irreflexivo a lo mental y consciente, y darle intensidad, relieve y resonancia en el seno de una clase directiva, compuesta por amplia y juiciosa selección. Sin esto el Perú había de carecer infaliblemente de idealidad salvadora; y desprovisto de rumbos, flotar a merced de caprichos efímeros, de minúsculas intrigas personales, y al azar de contingencias e impulsiones extranjeras. Y aún más se advirtió la urgente necesidad de aquella clase directiva, centro y sostén de todo pueblo, con el establecimiento de la república democrática, que la supone y reclama, porque privada de la guía y disciplina de los mejores, tiende a degenerar por grados en anarquía bárbara, en mediocridad grisácea y burda, y en inerme y emasculada abyección. Nuestra mayor desgracia fue que el núcleo superior jamás se constituyera debidamente. ¿Quiénes, en efecto, se aprestaban a gobernar la república recién nacida? ¡Pobre aristocracia colonial, pobre boba nobleza limeña, incapaz de toda idea y de todo esfuerzo! En el vacío que su ineptitud dejó, se levantaron los caudillos militares. Pretorianos auténticos, nunca supieron fijar sostenidamente la mirada y la atención en las fronteras. Héroes de rebeliones y golpes de estado, de pronunciamientos y cuarteladas, el ejército en sus manos fue, no la augusta imagen de la unión patria, la garantía contra los extraños, el eficaz instrumento de prestigio e influencia sobre los países vecinos, sino la palpitante y desgarrada presa de las facciones, la manchada arma fratricida de las discordias internas. La vana apariencia de las palabras y los ademanes quijotescos, no oculta en esos jefes el fondo de vulgares apetitos. Absortos en sus enredos personalistas, ávidos de oro y de mando, sus ofuscadas inteligencias no pudieron reconocer ni sus estragados corazones presentir los fines supremos de la nacionalidad; y cuando por excepción alguno acertó a servirlos, todos los émulos se conjuraron para derribarlo, y lo ofrecieron maniatado al enemigo extranjero. Así se frustraron miserablemente las dos altas empresas nacionales, la de La Mar el 28 y la de Santa Cruz el 36.

Por bajo de la ignara y revoltosa oligarquía militar, alimentándose de sus concupiscencias y dispendios, y junto a la menguada turba abogadil de sus cómplices y acólitos, fue creciendo una nueva clase directora, que correspondió y pretendió reproducir a la gran burguesía europea. ¡Cuán endeble y relajado se mostró el sentimiento patriótico en la mayoría de estos burgueses criollos! En el alma de tales negociantes enriquecidos ¡qué incomprensión de las seculares tradiciones peruanas, qué estúpido y suicida desdén por todo lo coterráneo, qué sórdido y fenicio egoísmo! ¡Para ellos nuestro país fue, más que nación, factoría productiva; e incapaces de apreciar la majestad de la idea de patria, se avergonzaban luego en Europa, con el más vil rastacuerismo, de su condición de peruanos, a la que debieron cuanto eran y tenían! Con semejantes clases superiores, nos halló la guerra de Chile; y en la confusión de la derrota, acabó el festín de Baltasar. Después, el negro silencio, la convalecencia pálida, el anodinismo escéptico, las ínfimas rencillas, el marasmo, la triste procesión de las larvas grises......

 Ante este agobiador resumen, que sintetiza nuestro absoluto fracaso en la centuria corrida desde la Independencia, recordamos, con amargura punzante, los felices horóscopos que el cantor de Junín y Ayacucho ofrendó en la cuna del Perú nuevo. ¡Cruel desmentido hasta ahora el de la desolada realidad a los deslumbrantes pronósticos de continua ascensión, de las venturas y glorias, que creyeron todos iniciar entonces! Las sombras de los sueños desvanecidos fueron mis melancólicas compañeras en la visita a la llanura célebre; y se me representó la terrosa extensión del campo regada con las cenizas de una fulgente aspiración extinta.

Las nacionalidades históricas destronadas que Olmedo enumeró para augurar su compensación con las nacientes americanas, se han regenerado en el curso del siglo, se han purificado y rehecho en la fragua del destino. Los altares de Grecia, que imaginaba el poeta reemplazar con los de Sud América, se elevaron de entre las ruinas; y a pesar de las tormentas, brillan hoy reavivados por las esperanzas del vigilante helenismo. Razas diversas, en su derredor, luchan sin descanso por afirmar sus respectivas personalidades; y en los más árduos trances no desesperan de lo futuro. El Capitolio de la humillada Roma, que Olmedo contrapuso en sus versos triunfalmente a los redimidos monumentos incaicos, se encumbra renovado y soberbio. Todos los pueblos, desde los más famosos hasta los más remotos y olvidados, reclaman puesto y voz en el coro fluctuante de la humanidad. Y el Perú, que en la América meridional es la tierra clásica y primogénita, desconoce su misión, abdica de sus designios esenciales, rechaza cualquiera ambición como un desvarío, y se sienta postrado y lacio en las piedras del camino, a mirar como lo aventajan sus competidores, satisfecho en su poquedad cuando obtiene las bases mínimas de existencia.

No eran ciertamente alegres los pensamientos que me asaltaban, cuando al caer la tarde, entre el oro desfallecido de los trigos y del cielo, volvía de Quinua a la ciudad de Ayacucho. Mas, al releer después la conmemoración de la batalla en la oda de Olmedo, para mí tan familiar, hallé un consuelo inefable en la sublime estancia que todos los peruanos deberíamos saber de memoria: aquella en que compara el vate, —¿acaso no significa esta palabra profeta? — las virtudes de reacción súbita que guarda siempre nuestra patria, con el arranque memorable de Aquiles, que del indigno sopor de Sciros pasó de improviso a las hazañas victoriosas de Troya.



[1] Cap. XI, "EXCURSION A QUINUA Y AL CAMPO DE BATALLA" Paisajes peruanos, Imprenta Santa María, Lima 1955, pp.112-120 https://repositorio.pucp.edu.pe/index/handle/123456789/172008?show=full

 


Fecha Publicación: 2021-08-10T07:03:00.001-07:00

LOS TRES PROTAGONISTAS DEL HIMNO NACIONAL DEL PERÚ

José Antonio Benito

Quien compuso la letra, quien creó la música, quien lo comunicó con su voz. El P. Luis Enrique Ramírez, dominico, ha tenido la brillante idea de pintar juntos a los tres en una de las paredes del salón de entrada del convento dominico de Nuestra Señora del Rosario de Lima y gracias a la generosidad de Iván Landa se lo puedo compartir. Un claro y sentido homenaje al autor del mismo, Alzedo, quien vivió en sus claustros en aquellos momentos decisivos.

José Bernardo Alzedo nació en Lima en 1780. Fue considerado el más importante compositor del siglo XIX. Inició sus estudios musicales a temprana edad y compuso su primera Misa a los 18 años. A los 33, ganó el concurso que le permitió componer la Marcha Nacional, estrenada el 24 de setiembre de 1821, y que él mismo dirigió.

Quien la interpretó por vez primera fue la soprano Rosa Merino, junto a la Orquesta del Teatro Principal, Segura,presentaron las primeras cuatro estrofas de nuestro Himno. Rosa Merino era una reconocida cantante lírica, quien era miembro de la compañía de ópera de Andrés Bolognesi, padre de Francisco Bolognesi. A la función de estreno asistieron San Martín y otros próceres de la Independencia en Lima. Relatan las crónicas, que el auditorio, al escuchar la música y letra del Himno Nacional, respondió poniéndose de pie sugestionados por Alcedo, que dirigía la orquesta.

Asimismo, la letra del Himno Nacional, cargada de fuerza poética, fue escrita por el abogado José de la Torre Ugarte, quien nació en Ica en 1786 y también formaba parte de la corriente independentista, al igual que Alzedo. Ambos habían realizado trabajos en conjunto previamente.

El año de 1823, Alzedo se asimiló al ejército libertador, como músico mayor de la banda de guerra. En 1824, viajó a Santiago, donde permaneció por cuarenta años, se desempeñó como maestro de capilla de la Catedral de Santiago de Chile por 18 años, y fue considerado el padre de la música culta.

En 1864 retornó al Perú donde le solicitan hacerse cargo de la Dirección del Conservatorio de Música y la Dirección General de las Bandas del Ejército. En 1869 publicó el libro "Filosofía elemental de la música", con el que busca aportar a los músicos en América y acercar los conocimientos filosófico-musicales en el idioma español. Cuando Alzedo retornó al Perú en 1864, invitado por el Gobierno, el Himno Nacional tenía diversas versiones por lo que publicó su propia versión. Además, solicitó a Claudio Rebagliati, músico italiano que llegó a Lima a los 20 años y vivió en el Perú durante el resto de su vida, realizar una armonización y orquestación del mismo, concluyendo entre ambos la versión oficial.

En 1900, el Gobierno instauró una comisión presidida por el compositor José María Valle Riestra, y en mayo de 1901 se aprobó la nueva versión del Himno Nacional, y en junio del mismo año, se estrenó en el Teatro Politeama, con una capacidad para 1900 personas, en ceremonia dedicada al héroe Francisco Bolognesi.

Con el fin de custodiar la intangibilidad del himno se promulgó la Ley Nº 1801, de 26 de febrero de 1913, firmada por el presidente de la República, Guillermo E. Billinghurst: Artículo 1: "Declárense intangibles la letra y música del Himno Nacional, debidas respectivamente a la pluma de don José De la Torre Ugarte y a la inspiración del maestro don José Bernardo Alcedo, y adoptados como tal en 1821 por el Supremo Gobierno".

La mayoría de los himnos nacionales de Europa datan del siglo XVII y XVIII. Debido a ello, los himnos de América se encuentran influenciados, especialmente, por la Marsellesa. Los himnos en América, en su mayoría, tienen la autoría de italianos, húngaros y catalanes, no autores de su país; sin embargo, el del Perú fue elaborado por un compositor nacional. De los 35 países en América, solo 9 (Brasil, Belice, Costa Rica, Cuba, Haití, Nicaragua, República Dominicana, Venezuela y Perú) tienen himnos compuestos por músicos locales.

Uno de los historiadores que más trabajo dedicó a estudiar la autenticidad del himno fue Gustavo Pons Muzzo Presidente del Instituto Sanmartiniano del Perú quien publicó el libro "La Ley nº 1801 y la letra auténtica del himno nacional".  Ahí recoge que según don Ricardo Palma únicamente el coro y las cuatro primeras estrofas "son de la Torre Ugarte y están oficialmente declaradas como letra del Himno". Así lo confirma el Catecismo Patriótico" de Francisco de Paula González Vigil para uso de las escuelas municipales de la ciudad del Callao, publicado en 1859. "El Álbum de Ayacucho", del capitán de caballería José Hipólito Herrera, editado en Lima en 1862 incluye una estrofa apócrifa (Largo tiempo el peruano oprimido... etc.) que se ha venido cantando hasta que fue desestimada y consigna notables variantes.

El Tribunal Constitucional determinó en junio de 2005 que la estrofa (Largo tiempo ...) no era de la autoría de José de la Torre Ugarte, sino más bien fruto del folclore popular y que su inserción en el himno expresa la voluntad del pueblo peruano representado en el Parlamento Nacional mediante la Ley Nº 1801; por lo que merece mantenerse como intangible. Sin embargo, también verificó que se había excluido la quinta estrofa original del himno y considerando la legislación de los derechos de autor y la integridad de la obra ordenó que se restituya dicha quinta estrofa que, en la versión actual del himno, sería la sexta estrofa de un total de siete.

En septiembre de 2009, el gobierno de Alan García dispuso nuevamente que en ceremonias oficiales se entonara la última estrofa (En su cima los Andes sostengan...) en lugar de la primera, lo cual se realizó el 24 de septiembre (Día de las Fuerzas Armadas) y el 8 de octubre (Día del Combate de Angamos). Desde esa fecha se ha ido extendiendo la entonación de la última estrofa a todos los sectores del país.

 

CORO

¡Somos libres! ¡Seámoslo siempre!
Y antes niegue sus luces el sol,
Que faltemos al voto solemne
Que la patria al eterno elevó.


ESTROFA I

Ya el estruendo de broncas cadenas,
que escucharon tres siglos de horror
de los libres, al grito sagrado
que oyó atónito el mundo cesó.
Por doquier San Martín inflamado,
¡Libertad! ¡Libertad! pronunció;
y meciendo su base los Andes,
la enunciaron también a una voz.
¡Somos libres! etc.


ESTROFA II

Con su influjo los pueblos despiertan,
y cual rayo corrió la opinión,
desde el Istmo a las Tierras del Fuego,
desde el Fuego a la helada región.
Todos juran romper el enlace,
que natura a ambos mundos negó,
y quebrar ese cetro que España,
reclinaba orgullosa en los dos.
¡Somos libres! etc.


ESTROFA III

Lima cumple ese voto solemne,
y severa su enojo mostró,
al tirano impotente lanzando
que intentaba alargar su opresión.
A su esfuerzo saltaron los fierros
y los surcos que en sí reparó,
le atizaron el odio y venganza
que heredó de su Inca y señor.
¡Somos libres! etc.


ESTROFA IV

Compatriotas, no más verla esclava,
si humillada tres siglos gimió,
para siempre jurémosla libre
manteniendo su propio esplendor.
Nuestros brazos hasta hoy desarmados,
estén siempre cebando el cañón,
que algún día las playas de Hesperia,
sentirán de su estruendo el terror.
¡Somos libres! etc.


ESTROFA V

Excitemos los celos de España,
pues presente con mengua y furor
que en el concurso de grandes naciones
nuestra patria entrará en parangón
Llenemos primero el reglón,
que el tirano ambicioso Iberino,
que la América toda asoló
¡Somos libres! etc.


ESTROFA VI

En sus cima los Andes sostengan
la bandera o pendón bicolor
que a los siglos anuncie el esfuerzo
que ser libres por siempre nos dio.
A su sombra posemos tranquilos
y al nacer por sus cumbres el sol
renovemos el gran juramento
que rendimos al Dios de Jacob
¡Somos libres! etc.

Más adelante se encargó al maestro Claudio Rebagliati la restauración de la música del Himno que el gobierno aprobó el 8 de mayo de 1901. El maestro italiano conoció en vida a Alcedo y logró que el anciano compositor cantara la melodía que transcribió cuidadosamente. Rebagliati le agregó una introducción que el Himno original no tenga, pero Alcedo nunca la desaprobó. El Himno restaurado lucia "una armonización" llena de interés, acentuación adecuada, vigor y variedad de ritmos.

Queda claro el sentido de la rotunda letra a favor de la libertad, como compromiso y voto solemne del Perú al Eterno, el Dios de Jacob. Al cantarlo -en unión de más y más peruanos- se renueva el entusiasmo por forjar y hacer nueva la promesa patria, ya bicentenaria. 


Fecha Publicación: 2021-08-05T10:57:00.001-07:00

"La UCSS expresa el Perú del Bicentenario con los hechos".

Entrevista a la Mtra. Teresa Briozzo Pereyra, decana de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades a propósito de su experiencia en el Perú, el Bicentenario y el próximo Simposio Interfacultades de la Universidad.


Mtra. María Teresa Briozzo.

REDACCIÓN CAMPUCSS

1. ¿Qué significa en su trayectoria la experiencia humana y profesional de trabajar en un país como el Perú?

Llegar desde Uruguay a Perú me amplió el horizonte. Basta recordar que Uruguay es un país pequeño, con 3 millones y medio de habitantes, en un territorio de 176.215 km2; frente a un Perú de 32 millones de habitantes, en una superficie de 1.285.000 km2. Esto amplió definitivamente el horizonte de mi vida. Llegué justo en 1992, un momento crítico para el país; con una democracia frágil y asolada por el terrorismo ya presente en Lima. Además de una epidemia de cólera en zonas emergentes, como los pueblos jóvenes. Perú era un mundo multicultural que tenía que ir conociendo mejor, en su contexto histórico y social; un mundo ensangrentado por el odio y la violencia, tal como lo mostró la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). Es decir, un mundo que había que mirar con respeto, misericordia y decisión de servicio, especialmente para mí, como religiosa y educadora.

Era entrar en aquel espacio de la Patria Grande, de la que hablaba y soñaba Simón Bolívar; sueño que compartía nuestro libertador, José G. Artigas, pero que no pudo ver realizado, por lo que se exilió del Uruguay y murió en Paraguay. Comencé a conocer la realidad integrándome en movimientos juveniles parroquiales y enseñando filosofía y teología en diversos institutos para la formación de los laicos. Ello me ayudó a descubrir las aspiraciones de los jóvenes peruanos; pero, sobre todo, descubrí al hombre peruano particularmente religioso. Una realidad extraña, mejor dicho, extraordinaria para mí, que venía de un mundo marcado por el laicismo ateo que campeaba en mi país. Por otro lado, los peruanos y peruanas demostraron acogida y solidaridad para con el que llegaba de afuera. Enseguida, advertí que había mucho para hacer y que había buena pasta. Por eso, continué estudiando teología para dar mejores fundamentos a esa religiosidad natural de la cultura peruana; para que no fuera barrida por el agnosticismo y nihilismo de los países llamados desarrollados. En pocas palabras, puedo decir que el Perú me ha desafiado para dar siempre algo más de mí misma y de mi historia. Asimismo, para conocer el Perú fue importante recorrer algunos lugares emblemáticos de la diversidad cultural: Machu Picchu, Cusco, Arequipa, Huancayo, Huánuco, Caral, Huacho, Tarma, San Ramón y La Merced de Junín, Nueva Cajamarca en Rioja, Tarapoto, Moyobamba, Pucallpa, Atalaya, Lurín, Paracas, Nazca, Palpa, Trujillo, Chiclayo. En fin, admiro la gran riqueza y diversidad de culturas y riquezas peruanas.

2. ¿Cómo veía al Perú antes de llegar aquí?

Conocía poco del Perú, es decir, lo que se estudia en la secundaria. Ciertamente, conocía las luchas por la independencia, algunas ambigüedades de la conquista y evangelización, y las dificultades de consolidar la vida republicana. Pero en el Instituto de Profesores donde estudié filosofía, se respiraban los sueños de liberación comunista, al estilo cubano, que aspiraba llegar a toda América Latina. Personalmente, yo percibía que el mundo era más amplio que mi querido país y conversando y preguntando me llegó una invitación del entonces Padre Lino Panizza para venir a trabajar al Perú. Yo me entusiasmé enseguida, pese a que algunos amigos me decían que eligiera una muerte más digna, considerando la epidemia del cólera y en el terrorismo en el Perú. Sin embargo, llegué junto a tres Hermanas capuchinas más que, en pleno toque de queda, nos deslizábamos por Lima cautelosamente desde el aeropuerto y, por los apagones sistemáticos, a la luz de una vela, ya en nuestra casa en Chorrillos, brindábamos por la llegada y la nueva misión. A los tres días de llegadas, explota el coche bomba en la calle Tarata, en Miraflores. Pronto percibí la complejidad de la situación histórica en la que me estaba embarcando, pero no sentía miedo, me parecía muy oportuna nuestra presencia, aunque fuera para dar un pequeño estímulo de serenidad, esperanza y solidaridad.

3. ¿Qué cree Ud. que la UCSS le dice al Bicentenario de la Independencia del Perú?

Ante todo, me siento con la obligación de comentar lo que la UCSS me ha dicho a mí en estos quince años de trabajo. Rápidamente me demostró que estaba en mi casa y en mi familia, trabajando hombro a hombro con las columnas de la Institución. Personalmente y profesionalmente he aprendido mucho de los grandes maestros que lideran la universidad y es esto lo que se testimonia a los estudiantes en las decisiones cotidianas. Creo que la UCSS expresa el Perú del Bicentenario con los hechos: ella trata de poner en pie lo mejor de la mujer y del hombre peruano, preparándolos para ser actores positivos, creativos para una sociedad más humana y profesional. Con sus opciones prácticas, dice al Perú que hay que ser incluyentes con los que tienen menos recursos y con las diversas culturas. Por eso, de un modo inédito y clarividente lo dice asumiendo la educación de los pueblos originarios que promueven sus propias comunidades, culturas y lenguas. Asimismo, la UCSS le dice al Perú del Bicentenario que el futuro del país se construye con el esfuerzo, con la prolijidad en el trabajo intelectual y profesional. Sin hacer ruido, la UCSS es como una selva que crece; por tanto, está gestando una verdadera transformación social en buena parte del pueblo peruano, que cada vez se amplía a lo largo y ancho del país. La UCSS tiene una marca humanista cristiana, lanza a la vida pública hombres libres y responsables del bien común de la sociedad, educando con seriedad en las diversas profesiones. En otras palabras, en este Bicentenario de la Independencia, la UCSS demuestra que es posible ser mejores personas, más humanos y solidarios, capaces de construir un Perú con altos ideales. Hace unos días, entrevistaba y escuchaba la clase modelo de dos ex alumnos nuestros que, ya con su maestría, postulaban por una cátedra de la FCEH y el jurado calificador comentaba complacido: se nota que son nuestros exalumnos, tienen el sello de la UCSS.

 4. El 2021, pasada la peor parte de la pandemia ¿Qué expectativas se tiene con la educación a la luz del Pacto Educativo Global propuesto por el Papa Francisco?

La pandemia de la Covid-19 nos ha recordado, como decía el Papa Francisco, que estamos todos en la misma barca de la humanidad, creo que, de estos sufrimientos estamos saliendo más humanos y solidarios para enfrentar los nuevos desafíos, como nación. Considero que es la hora de estar unidos para participar activa y cuidadosamente en la vida del país; no podemos dejar a los gobernantes de turno que hagan su fiesta por cinco años, no. Pienso que ya existe, en las nuevas generaciones una conciencia democrática acrisolada, para buscar crecer por los caminos de la libertad, responsabilidad y honradez. Basta reconocer el signo de "Los jóvenes del Bicentenario". A mi entender, es preciso que todos nos comprometamos más por el Perú y doy fe de que nuestros estudiantes lo desean y se sienten capaces. En tal sentido, el Pacto Educativo apunta a la formación de un hombre nuevo, que tenga el coraje de poner a la persona en el centro, de invertir las mejores energías para educar en la creatividad y responsabilidad; para formar personas dispuestas a ponerse al servicio del bien común de la comunidad y no del dinero, ni del prestigio, ni del poder.

5. ¿Qué objetivos tiene el próximo Simposio Interfacultades de la UCSS para los jóvenes universitarios de todo el Perú?

El Simposio significa un hito de reflexión que nos invita a evaluar, mejorar y proseguir el camino de la educación ya iniciado por la UCSS. Está diseñado para ser un momento importante que nos ayude a clarificar y fortalecer, el norte de nuestro futuro trabajo educativo, en el cual docentes y estudiantes identifiquemos los recursos para construir el proyecto grande de formar la "Aldea de la educación". El mismo Francisco nos propone tres líneas de acción concretas. En primer lugar, centrarse en el valor y dignidad de la persona, en su singularidad y en su capacidad de relacionarse con los demás y con el mundo que le rodea. En segundo lugar, promover la acogida y la escucha del otro, en especial de los jóvenes y niños, con el fin de que sean capaces de trabajar juntos, en donde nadie quede afuera o esté demás. Finalmente, unir esfuerzos y crear ideales, respetando la diversidad, para comprometernos en la causa común de la educación, creando redes educativas que promuevan las diversas culturas, la investigación y el cultivo de la inteligencia al servicio del bien común del país y de la humanidad[1]. En efecto, Francisco recomienda reconstruir una alianza educativa para crear la "Aldea educativa". Es decir, debemos hacer que crezca la conciencia de lo que une a las personas en todos sus componentes: el estudio y la vida; las generaciones; los maestros y los estudiantes; la familia y la sociedad civil con sus expresiones políticas, productivas, empresariales y solidarias[2]. En definitiva, se trata de un proyecto de corto, mediano y largo aliento en el cual nos estamos embarcando con este Simposio.

 Fuentes Bibliográficas:

[1] Cf. Luiz F. Klein (SJ) (2021), Papa Francisco: La nueva educación y el Pacto Educativo Global, pp. 33-34.

[2] Cf. Francisco (2019) Videomensaje del lanzamiento del Pacto Educativo.


Fecha Publicación: 2021-08-05T09:24:00.000-07:00

BURRIEZA SÁNCHEZ, Javier Libro de los santos de Valladolid, Editorial Maxtor, Valladolid 2020,  491 pp

Dejé Valladolid por el año 1994, cuando concluí la tesis doctoral y me vine para el Perú. Mi único santo vallisoletano durante varios años de mi estancia en Valladolid era San Pedro Regalado, en exclusiva. De hecho, la popular colección "Vallisoletanos" de Caja-España logró ampliar su elenco a Santo Toribio Mogrovejo, que por los años del V Centenario de América seguía siendo un perfecto desconocido -salvo en Mayorga y Villaquejida.  Y ni siquiera la reciente canonización de Simón de Rojas, José Fernández y Mateo Alonso de Leciniana, en 1988 se salvaron, sino del olvido total, al menos de un cumplido recuerdo por parte de los mismos católicos. Todavía recuerdo al inquieto y celoso sacerdote autor de Misioneros vallisoletanos" reivindicando la memoria de tantos paisanos ejemplares, aunque no gozasen del honor de los altares. Claro que se sabía del paso por Valladolid, capital del mundo hispánico en tiempos de los Austria, de grandes santos como Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz. Por supuesto que se profesaba afecto por el venerable P. Bernardo Hoyos, pero su proceso se veía con cierta dosis de escepticismo, si "ni siquiera sabemos dónde están sus restos", ¿cómo lo van a beatificar y menso canonizar? El caso de Isabel la Católica, a pesar de haber aceptado la responsabilidad de su proceso, no parecía "políticamente correcto" por los ochenta y noventa; no levantemos ampollas contra los judíos ni regresemos a su manipulación en tiempos de Franco.

Y basta como preámbulo para decir que el nuevo libro representa un antes y un después. Del yermo y el desierto, del olvido y la indiferencia, de la ignorancia y desidia, tenemos el instrumento para pasar al vergel, la memoria y el afecto, el conocimiento y el fervor. Gracias, colega y amigo, Javier Burrieza por esta monumental obra. La estoy gozando de veras por su abundancia de datos, la contextualización espaciotemporal, el ambiente sociocultural, el retrato biográfico con su caracterización psicológica, su aspecto humano, su vida familiar y profesional, su proyección, su alcance, las claves de su carisma y espiritualidad, su vigencia. Ha sido constante el hecho de satisfacer las cuestiones de la mayoría de los personajes, como que el autor adivinaba certeramente mis preguntas. Su formación como historiador especialista en historia moderna le permite vincular la historia local vallisoletana que conoce al dedillo con la historia de España y universal. De igual manera armoniza lo profano y lo sacro que chirría en los historiadores que optan por lo meramente civil y consideran lo religioso como apéndice; por el contrario, no vemos el otro extremo de hagiógrafos que se dejan ganar por el tufillo religioso y presentan santos desencarnados. La verdad que no es fácil el equilibrio mostrado en la presentación de sus personajes, a los que sentimos más cercanos por la chispa de humor e ironía con que nos sorprende.

El largo subtítulo lo dice casi todo: "Tratado acerca de las Vidas de los que nacieron, moraron y destacaron por sus virtudes entre los vallisoletanos y fueron llamados bienaventurados". Son 100 las biografías, con 727 notas, 491 páginas, toda una enciclopedia acerca de la santidad en Valladolid, articulada en tres partes. La primera con 32 santos y beatos nacidos en Valladolid: los seis santos corresponden a Pedro Regalado (1390-1456), Toribio Alfonso Mogrovejo (1538-1606), Francisco de San Miguel (1545-15979, Simón de Rojas (1542-1624), José Fernández (1775-1838). Mateo Alonso de Leciniana (1703-1745); de los 26 beatos, destaca por luz propia el célebre padre Bernardo Francisco de Hoyos (1711-1735), el joven apóstol del corazón de Jesús, confidente de la gran promesa, beatificado solemnemente el 18 de abril de 2010 en multitudinaria ceremonia que -como puntualmente registra el autor- "se produjo al día siguiente de haber entrado como nuevo arzobispo de la diócesis Ricardo Blázquez Pérez" (p.187), otro jesuita misionero popular P. Tiburcio Arnáiz (1865-1926), varios mártires de la Guerra del 36 como los Hermanos de la Salle Edmigio, Marino Pablo, Juan Pablo, Javier Eliseo, los diocesanos Florentino Asensio Barroso, Julio Melgar Salgado; se colocan en este apartado -aunque todavía está abierto su proceso- los queridos y llorados jesuitas vallisoletanos misioneros en El Salvador (Ignacio Martín Baró y Segundo Montes) recientemente incluidos en el "catálogo de mártires" por la propia Compañía de Jesús, "antorchas de luz y de esperanza" (pp.206-214).  

La segunda parte "Valladolid, camino de santos" nos brinda la semblanza de 35 santos, beatos y siervos de Dios que visitaron o vivieron en la Ciudad del Pisuerga. Junto a los conocidos como los casos de Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, nos sorprende gratamente el saber que también pisaron esta tierra, santos de la edad antigua como San Mancio o medievales como Francisco de Asís, el rey San Fernando III, Vicente Ferrer, Pedro Fabro, el agustino Alonso de Orozco, los trinitarios Juan Bautista de la Concepción y Miguel de los Santos, los Mártires del Colegio de Ingleses, San Antonio María Claret, santa Rafaela María, fundadora de las Esclavas del Sagrado Corazón, y su hermana Pilar, los Hermanos Mártires de Turón de las Escuelas Cristianas, san Manuel González (obispo de Palencia), san José María Escrivá de Balaguer del que se registran más de 60 viajes "buscando Camino en Valladolid, muy metido en mi alma" (pp.364-366) con otros miembros del Opus Dei como Álvaro del Portillo y Guadalupe Ortiz de Landázuri. Con singular agrado vemos la presencia de san Juan XXIII "el Papa del Concilio que viajó a Valladolid" en 1954, acompañado de dos jóvenes sacerdotes del Colegio Español de Roma, José Ignacio Tellechea y José Sebastián Laboa (pp.371-375) como aparece en la acertada portada del libro. De igual modo, de Santa María de la Purísima (1926-1998) de las Hermanas de la Cruz y hasta del Cardenal Ángel Herrera Oria

La tercera parte nos ofrece 14 procesos de "vallisoletanos" o de siervos de Dios vinculados con la diócesis. Los cuatro primeros de interés excepcional para toda la Iglesia: Isabel la Católica (1451-1504), el P. Luis de la Puente (1544-1624), místico jesuita, Marina de Escobar (1554-1653) fundadora de la Orden de Santa Brígida, Luisa de Carvajal y Mendoza (1566-1614), misionera en Inglaterra. Es encomiable el esfuerzo del autor por compartirnos procesos tan complejos como el de la Reina Isabel, pero que gracias al tener tan a la mano sus datos por su participación en congresos y publicaciones recientes le permite sintetizar y relatar de modo tan oportuno. Destaco, por último, sus semblanzas de celebridades históricas como el obispo dominico de México, fray Antonio Alcalde (1701-1792) de Cigales y la concepcionista Ángeles Sorazu (1873-1921), para culminar con las hermanas Ortega Pardo, Madre Teresa María de Jesús (1917-1972) dominica en Olmedo y Encarnita (1920-1995) numeraria del Opus Dei, la fundadora de las Celadoras del Reinado del Corazón de Jesús, M. Amadora Gómez Alonso (1907-1976) y el P. José Luis Gago de Val (1934-2012), alma y voz de la COPE

 El autor de la presente obra es profesor titular de Historia Moderna de la Universidad de Valladolid, fiel seguidor del buen hacer historiográfico y cronista vallisoletano Teófanes Egido.  De igual manera, cabe destacar su condición de creyente que manifiesta en todo momento. Por todo ello, agradezco su entrañable dedicatoria para con "su" arzobispo don Braulio "pastor que vio nacer a mi familia, que bendijo a mi hija Cristina en el seno de su madre…que contempló cómo Beatriz corría entre procesiones y se despidió cuando Joaquín daba sus primeros pasos en aquellos años, entre 2002 y 2009".  Que nos comparte en la introducción en la que señala que muchas de "las historias de los santos están aprendidas desde lo familiar" (p.19), y a lo largo de la obra que cuenta con muchas horas de archivo, biblioteca y congresos, pero también de celebración y vida personal como cuando narra el momento en que traspasó la puerta del Cementerio del Carmen en busca de la sepultura de Encarnita Ortega y queda sorprendido por su austeridad (p.470). Y que personaliza en su gratitud a la Delegación de Medios de Comunicación del Arzobispado de Valladolid por el "cariño con el que han tratado siempre esta información en la revista "Iglesia de Valladolid" (p.23)

Queda claro. Si quieren conocer de verdad, en profundidad y con deleite, la historia de la santidad vallisoletana, la lectura de esta obra es materia obligada.

José Antonio Benito


Fecha Publicación: 2021-08-04T18:01:00.001-07:00

PODER POLÍTICO, CABILDO E IGLESIA EN LA INDEPENDENCIA del PERÚ

 

Margarita Guerra Martiniere

Presidenta de la Academia Nacional de Historia del Perú

Ponencia para el Congreso "La Iglesia Católica ante el Bicentenario"

Lima 29 de julio 2021

 

Nos encontramos ya a 200 años de la proclamación de la Independencia del Perú en las principales plazas de la capital, cuando los españoles la habían abandonado ante la cercanía del Ejército Libertador que inició su entrada a la ciudad el 10 de julio de 1821.

 

La primera plaza donde se hizo la proclamación fue la Plaza Mayor, allí estaban ubicados el palacio de la gobernación, a su izquierda la residencia del arzobispo y la catedral y al frente de ellas, el cabildo. En estos edificios estaban las principales autoridades políticas, civiles y religiosas, que fueron parte principal del público que participó de la ceremonia.

 

¿Podríamos decir que las tres instituciones tuvieron los mismos sentimientos frente a la ceremonia de la cual participaban? Diríamos que no. Si bien todos de una u otra forma estaban conscientes del cambio que debía producirse, la manera de percibirlo y de insertarse en él era distinta por lo que cada uno representaba.

 

San Martín y el Ejército Libertador

 

San Martín tuvo objetivos muy precisos al venir al Perú: conseguir la salida de los españoles del continente, pues su permanencia en América hacía peligrar la libertad de los nuevos estados, pero quienes lo acompañaban en esta expedición tenían además aspiraciones personales, como era el caso del almirante Cochrane y el personal de Marina que lo acompañaba, entre quienes había muchos mercenarios, de allí el pronto retiro de la escuadra.

 

El cabildo

 

Las autoridades edilicias tuvieron,  asimismo, aspiraciones diversas entre las cuales estaba en primer término la independencia del Perú, aunque algunos de ellos buscaban básicamente una autonomía que ya había empezado a darse, incluso bajo la monarquía española, y que les permitía mejorar su estatus como elite local que confiaban se pudiera mantener bajo el nuevo gobierno que se establecería bajo San Martín. Se habla mucho de cómo el cabildo limeño fue una institución que consiguió pasar sin mayor trastorno del virreinato a la república, porque en ambos casos trabajaban por el Perú.  

 

Pero los cabildantes tuvieron, también, objetivos particulares, expresados en el mantenimiento de su posición social dentro de la comunidad peruana. Muchos de ellos conformaban parte de la aristocracia criolla y tenían la certeza de poder mantener sus privilegios en la nueva organización social independiente. Consideraban que les correspondería reemplazar a los españoles en la dirección del estado republicano por haber sido preparados para desempeñar el gobierno político de la nación.

 

La Iglesia católica

 

La autoridad religiosa consideramos que se encontraba en una situación más complicada, especialmente a nivel de la jerarquía, debido a que muchos obispos y arzobispos eran de nacionalidad española y estaban, por el Real Patronato, sometidos a la autoridad real. Desde finales del siglo XVI, el Papa había firmado con los Reyes Católicos el acuerdo para la evangelización del nuevo continente a cambio de ser la corona española la que nombrase a las autoridades máximas y se ocupase de dotarlas de los auxilios económicos necesarios para la edificación de iglesias, y mantenimiento del personal encargado de la evangelización.

 

Con el tiempo hubo ya  misioneros, clero regular y clero secular criollo, y aún mestizo, que empezó a reemplazar al clero español en la conducción de las parroquias, y también en algunos obispados, lo cual al momento de la proclamación de la Independencia ocasionó  la adopción de posturas contestatarias al poder español, sobre todo al confrontar la doctrina que partía de los Evangelios y que hablaba de justicia social, con la realidad, la cual no era ejercida por muchos funcionarios del rey.  

 

Al llegar a 1821 y proclamarse, el 28 de julo, la Independencia, y aún durante toda la década anterior, por lo menos, ya se había observado la presencia de dos tendencias muy marcadas en el clero: quienes seguían leales al rey y que ante el juramento de fidelidad a la Patria en contra de los intereses del rey optarían por abandonar el territorio u operar como capellanes en las fuerzas realistas; el otro partido fue enrolarse en las filas patriotas, igualmente como capellanes o como guerrilleros  dejando atrás los hábitos y tomando las armas por la libertad. Estas dos actitudes dieron lugar a que al formarse las llamadas "Juntas de Purificación fueran numerosos los procesos a los curas para determinar ante estos tribunales cual había sido la conducta frente a la independencia y aplicar sanciones a quienes se habían negado a obedecer a la república. Tales sanciones podían ser confinamiento, supresión de sueldos, suspensión de parroquias, etc.

 

Como puede apreciarse es difícil encontrar una manifestación unánime de la población peruana, especialmente la de Lima, frente a la proclamación de la Independencia debido a las circunstancias personales por las cuales atravesaban los distintos actores que presenciaron y participaron de la proclamación de la Independencia el 28 de julio, día esperado con ansias por unos y con temor por otros.

 

El pueblo de Lima en la Independencia

 

Se habla de cómo el Acta de la Independencia se firmó y se rubricó por alrededor de unas 3,000 personas, entre alfabetos y analfabetos, quienes al no poder firmar, simplemente pusieron alguna señal que pudiera identificarlos. La cifra puede parecernos no muy significativa, pero si se toma en cuenta que la ciudad era básicamente lo que hoy consideramos la Lima cuadrada nos damos cuenta que es un número apreciable, porque, además, como en todo acontecimiento hay curiosos que no llegan a comprometerse con su firma, pero que asisten con tono afirmativo al acontecimiento, de modo que puede considerarse que los asistentes pueden haber sido, por lo menos un 30 % más.

 

Epílogo

 

La Independencia para los diferentes actores que estamos señalando tuvo un significado diferente en algún sentido, debido a las diferentes funciones que ejercía cada sector, las cuales muchas veces interfirieron con las aspiraciones personales. Sin embargo nos atreveríamos a señalar que hubo algunos puntos en común, como fueron el anhelo de una vida mejor, la cual no siempre fue percibida, ni aún hoy, de la misma forma , de lo cual derivan muchas discrepancias.

 

Cuando hablamos del poder político, que en este caso estaría representado por San Martín y quienes lo secundaron en el gobierno, vemos que desde que establece el Protectorado, desde inicios de agosto ya surgieron las contradicciones, y el Libertador empieza a convertirse en dictador, más aun cuando insinúa la posibilidad de un gobierno monárquico.

 

Para los cabildantes la Independencia representaba una de las primeras manifestaciones de prácticas democráticas mediante los cabildos abiertos para la toma de decisiones en las ciudades, contra lo cual parecería estar yendo el poder político, al no convocar de inmediato a elecciones para la conformación del Poder Legislativo. Pero, a la par de la presunta práctica democrática, estaría el partido favorable a la monarquía, para el cual había resultado suficiente la autonomía que estaban ejerciendo en su acceso directo al rey, por lo cual veían con buenos ojos el mantenimiento de la figura del rey.

 

Para la Iglesia es quizá, para la institución que se plantea la Independencia como más complicada, porque depende de las relaciones que se habían establecido desde el siglo XVI, por el Real Patronato y que deberían terminar al establecerse los nuevos estados que dejaban de depender de España.

 

Los nuevos estados soberanos se dijeron herederos del Real Patronato, pero la Santa Sede recordó que esos beneficios solo podían aplicarse a España, que en este tipo de acuerdo no existía una sucesión hereditaria, de manera que los estados soberanos americanos, el Perú entre ellos, debía firmar con Roma un Tratado específico, es decir, un Concordato cuyos términos deberían discutirse entre el estado Vaticano y el Perú.

 

El arzobispo peruano José Sebastián de Goyeneche, que fue, prácticamente, la única autoridad debidamente nombrada que quedó en el Perú y América tuvo que lidiar durante casi medio siglo con las autoridades  políticas para no ceder a las exigencias de los nuevos Estados de reconocer la injerencia de los Presidentes y del Congreso en el nombramiento de las autoridades eclesiales.

 

En cuanto al clero, se encontró con las dudas planteadas en el Vaticano respecto a la orientación liberal que se le adjudicaba a los movimientos de emancipación americanos, como seguidores de las doctrinas liberales, ateas y masónicas, por lo cual se veía la Independencia como un movimiento ateo, contrario a la religión católica, por lo cual resultó difícil que la sede romana diera un reconocimiento pronto a la nueva situación americana.


Fecha Publicación: 2021-08-04T06:15:00.001-07:00

La Basílica de María Auxiliadora de Lima. (Templo edificado en homenaje nacional a Dios por el primer centenario de la Independencia del Perú. Patrimonio Cultural de la Nación). Editorial Salesiana, Lima, 2021, 402 pp

Bulle en las páginas de esta preciada obra lo mejor del carisma de Don Bosco, honrados cristianos, buenos cristianos, devotos de María florecido en el jardín del Perú.

Diez años ha llevado la investigación, redacción, edición, de esta magna obra que quedará como su mayor testigo impreso para celebrar los cien años de la inauguración y la conmemoración de los doscientos del Perú. Sorprende la conjunción de personas artífices de tan magna obra, toda una orquesta sinodalmente formada por su comité editorial: P. Santo Dal Ben y Christian Becerra, salesianos; David Franco, José Cava y el padre Martín Cipriano, responsables de los textos; Walter Fajardo director de la edición y Víctor Pérez, director de la Editorial Salesiana.

Claro que cada uno ha asumido su responsabilidad como la fundamental investigación histórica por parte de David Franco, la corrección de estilo de José de la Cruz, la didáctica infografía de Raúl Rodríguez, el diseño de Luis Chumpitazi, la producción editorial de Walter Fajardo de Yumai Sostenible SAC y la impresión de Gráfica Biblos.

Escribió el filósofo G. Thibon que si se quiere que un pueblo se divida basta con lanzarles repartija de monedas, si quieren que se una convóquenlo para levantar una catedral. Y acertó al cien por cien para la construcción de esta basílica que fue la primera y más importante del Perú republicano.

1.   Historia de una advocación: La devoción de los tiempos difíciles

2.   Los salesianos y la devoción a María Auxiliadora en el Perú

3.   Devoción a María Auxiliadora en el Perú Salesiano

4.   La construcción y ornamentación de la Basílica de María Auxiliadora de Lima (BMA)

5.   Pane y Vespignani: los artífices del templo

6.   Una restauración espléndida

7.   Patrimonio religioso, artístico y cultural de la BMA

8.   Significado catequético de la BMA

Destaca el abultado número de notas, 258, y la profusa bibliografía señalada capítulo por capítulo al final del libro.

Se abre la obra con el texto del arzobispo de Lima, Mons. Carlos Castillo quien se siente a sus anchas al bautizar la basílica como "perla preciosa para los jóvenes", que tanto calza con su lema episcopal (¡joven, a ti te digo levántate!), recordando los inicios del trabajo de los salesianos con los jóvenes del Rímac a los que acompañaron con "misericordia entrañable"

El sucesor de Don Bosco, P. Ángel Fernández Artime agradece a los protagonistas de la basílica rescatando sus nombres y sus historias, sin olvidar a los sucesores del Fundador y antecesores suyos que se han hecho presentes como él mismo en el 2015.

El actual inspector provincial P Manuel Cayo saluda a la familia salesiana y a los amigos de la obra de DB deseando que MA "desde esta casa nos ilumine, aliente y empuje a caminar codo con codo con nuestros jóvenes y con el pueblo peruano como lo venimos haciendo desde hace 130 años" (p.13)

Los capítulos 1, 2, 4, 5 y 7 corresponden a David Franco, quien vuelca en la obra lo mejor de su oficio de historiador sanmarquino y de su fervor salesiano. Como otrora hiciese un gran personaje que conoce muy bien, el Inca Garcilaso, funde de modo armonioso el rigor de la investigación histórica con el calor espiritual, sin olvidar la sencillez y belleza de la redacción. Cuando leemos sus textos tenemos la impresión de encontrarnos -más allá de los elementos materiales, piedras, maderas, mármoles, pinturas, vitrales, campanas, órgano, cuadros, esculturas- con personaje vivo. Al igual que cuentan del famoso escultor Miguel Ángel al ver su bello Moisés faltaría decirle: ¡Y ahora, habla!

Y cierto, que un siente que este templo habla, porque hay mucha oración acumulada, muchos sacrificios de limosnas de fieles, trabajos de sus inspiradores y ejecutores, toda una solidaridad gozosa -salesiana- en marcha, cuyo eslabón entrañable protagonizó el formidable equipo restaurador del P. Ugo de Censi, el arquitecto Ripamonti, jóvenes talentos pintores como Fernando Cruz y Óscar Silva. Todo ello ha sabido registrarlo y comunicarlo con singular acierto José Cava Arangoitia, autor de los capítulos 3, 5 y 6; quien nos da cuenta de la creatividad desarrollada en la obra frente a tantas dificultades surgidas en estos cien años; ni fuertes terremotos de fuera ni desánimos de dentro han logrado tumbar este edificio que no ha cesado de revivir, resucitar. Como dijo Chesterton "después de la tormenta el astro brilla más". ¡Qué acierto colocar en portada el mosaico del ábside con el moderno rostro de María, Reina de Cielos y Tierra, que con tanto anhelo se perseguía para coronar la obra; hasta los nuevos misterios luminosos propuestos por san Juan Pablo II han sido incorporados en bellas escenas.

El último capítulo, 8, es obra del salesiano Martín Cipriano Salazar que corona la obra con lo que se considera clave de la congregación salesiana y que se concreta en esta publicación, la acción evangelizadora y catequética de los salesianos. El último acápite –"al servicio de María"- merece transcribirse. Constata el singular recorrido del libro acompañado por el camino de la belleza artística, pero nos interpela para acudir "al encuentro y servicio del hermano como intuyeron muy bien los Salesianos que diseñaron y construyeron la Basílica", palpable en los vitrales que representan las 14 obras de misericordia a través de las escenas de la vida de Cristo, María y los santos, especialmente don Bosco.  Ellos se convierten así en una invitación a la santidad vivida en lo ordinario de nuestra vida, a través del servicio, como lo hizo María", como lo hicieron los jóvenes de la escuela de don Bosco Domingo Savio, Laura Vicuña, Ceferino Namuncurá, "invitación a vivir la espiritualidad juvenil salesiana como un camino de santidad" p.382

No quiero cansarles acumulando bondades evidentes de la obra. Compruébenlo ustedes mismos y sepan que van a disfrutar de la lectura y, sobre todo de la contemplación gozosa de sus cientos de imágenes.  Todo un bálsamo de consuelo y esperanza en medio de la terrible pandemia.

Felicitaciones y gracias por esta obra imperecedera en el marco histórico de nuestro Bicentenario patrio.

José Antonio Benito


Fecha Publicación: 2021-08-04T06:11:00.001-07:00

La Basílica de María Auxiliadora de Lima. (Templo edificado en homenaje nacional a Dios por el primer centenario de la Independencia del Perú. Patrimonio Cultural de la Nación). Editorial Salesiana, Lima, 2021, 402 pp

Bulle en las páginas de esta preciada obra lo mejor del carisma de Don Bosco, honrados cristianos, buenos cristianos, devotos de María florecido en el jardín del Perú.

Diez años ha llevado la investigación, redacción, edición, de esta magna obra que quedará como su mayor testigo impreso para celebrar los cien años de la inauguración y la conmemoración de los doscientos del Perú. Sorprende la conjunción de personas artífices de tan magna obra, toda una orquesta sinodalmente formada por su comité editorial: P. Santo Dal Ben y Christian Becerra, salesianos; David Franco, José Cava y el padre Martín Cipriano, responsables de los textos; Walter Fajardo director de la edición y Víctor Pérez, director de la Editorial Salesiana.

Claro que cada uno ha asumido su responsabilidad como la fundamental investigación histórica por parte de David Franco, la corrección de estilo de José de la Cruz, la didáctica infografía de Raúl Rodríguez, el diseño de Luis Chumpitazi, la producción editorial de Walter Fajardo de Yumai Sostenible SAC y la impresión de Gráfica Biblos.

Escribió el filósofo G. Thibon que si se quiere que un pueblo se divida basta con lanzarles repartija de monedas, si quieren que se una convóquenlo para levantar una catedral. Y acertó al cien por cien para la construcción de esta basílica que fue la primera y más importante del Perú republicano.

1.   Historia de una advocación: La devoción de los tiempos difíciles

2.   Los salesianos y la devoción a María Auxiliadora en el Perú

3.   Devoción a María Auxiliadora en el Perú Salesiano

4.   La construcción y ornamentación de la Basílica de María Auxiliadora de Lima (BMA)


Fecha Publicación: 2021-07-30T08:05:00.001-07:00

1. "HASTA QUE LLEGARON LOS HOMBRES DE CASTILLA" (Pedro Castillo, 28 julio 2021)

José Antonio Benito

Distinguido Jefe de Estado del Perú: Parece que según su mensaje del 28 de julio los males que aquejan al Perú vinieron de los "hombres de Castilla". Como castellano que soy y como usted maestro y campesino, permítame presentarle algunas nociones sobre ellos. Para comenzar,  Castilla es "tierra de castillos". Solía afirmar don Miguel de Unamuno que esta Castilla es la que hizo a España, aunque en generosidad desmedida labró su identidad dándose y multiplicándose por el mundo, hasta llegar a ser deshecha por la propia España. Así lo vieron los brillantes miembros -literatos, historiadores, sociólogos- de la Generación del 98.

Al frente de la arquidiócesis de Lima tenemos un Castillo, Monseñor Carlos, y en la primera jefatura del Estado Peruano otro Castillo, el maestro Pedro. No está de más considerar que hasta en los apellidos de los peruanos perviven los hombres de Castilla, incluso que uno de los presidentes más populares lleva su apellido, Ramón Castilla. Por tanto, estimado colega -por lo de maestro- Pedro Castillo, permítame -a mí hombre de Castilla -de Salamanca- del 2021 hacer memoria de mi tierra y de su gente. Ahora, que Burgos celebra 800 años de su bella catedral, la que guarda el cofre con los restos del Cid, aquel caballero de una pieza, coherente, generoso, "largo en facellas y corto en narrarlas". Y el año pasado también conmemorábamos otros 800 años de mi Universidad, la de Salamanca, la que enseñaba, enseña y seguirá enseñando, porque apostó por la verdad y solidaridad y fecundó universidades en América como la decana de San Marcos.

De aquella tierra, de Valladolid, la que fue capital del mundo hispánico, la que recibió el último latido de Colón y Las Casas, la que vio nacer a Felipe II, vino Santo Toribio, padre del Perú, forjador de América, quien llegó hasta su tierra chotana en 1596. Cuenta el "Libro de Visita" de santo Toribio que "en el pueblo de Chota visitó el Visitador Melchior de Figueroa y halló aver 443 yndios trivutarios y duçientos y quinze resserbados y 1638 de confissión y ánimas 1890, todo lo qual pareçió por la revisita… Tiene por anexo esta doctrina un pueblo que llaman Tacabamba que está quatro leguas de Chota, que es yunga", y "que confirmó Su Señoría por el mes de noviembre del año de 96, 598 ánimas" (f.72v). Gracias a sus visitas, su acción legislativa, se organiza la Iglesia en América, se publica el primer libro en esta tierra, se ponen las bases de los derechos humanos de los indios, se forja un continente con la identidad cristiana.

Baste por hoy con compartir el bello poema CASTILLA de Manuel Machado, dedicado a glosar la semblanza de uno de los castellanos más representativos "Rodrigo Díaz de Vivar" El Cid Campeador

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
—polvo, sudor y hierro—, el Cid cabalga.

 

Cerrado está el mesón a piedra y lodo.
Nadie responde. Al pomo de la espada
y al cuento de las picas, el postigo
va a ceder… ¡Quema el sol, el aire abrasa!

A los terribles golpes
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde… Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules; y en los ojos, lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.

—Buen Cid, pasad… El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja…
Idos. El cielo os colme de venturas…
En nuestro mal, oh Cid, no ganáis nada.

Calla la niña y llora sin gemido…
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: —«¡En marcha!»

 

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
—polvo, sudor y hierro—, el Cid cabalga.

(Foto de mi pueblo castellano, Rollán, Salamanca)


Fecha Publicación: 2021-07-30T06:56:00.001-07:00

Semillas de misericordia. Reflexiones sobre la misericordia de DiosP.  Carlos Rosell (Paulinas, Lima, 2021, 191 pp)

Cerca de Roma se cuenta en sus pueblos que cuando el río Po amenaza con riadas e inundaciones lo primero que guardan los campesinos son las semillas, su tesoro. Cuando todo vuelve a la normalidad es cuestión de sembrar y esperar el fruto.

Nuestro autor, querido P. Carlos, a base de oración, reflexión y acción, recogió estas semillas de misericordia en el Año Santo Extraordinario que comenzó el 8 de diciembre de 2015 y concluyó el 20 de noviembre de 2016, para celebrar el quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, profundizar en su implantación y situar en un lugar central la Divina Misericordia, con el fortalecimiento de la confesión. En aquel momento se encontraba como rector de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima y la comisión de liturgia de la Conferencia Episcopal Peruana le solicitó diferentes temas para su boletín Liturgia de la Palabra.

Cinco años después, providencialmente, al frente de la Parroquia del Señor de la Divina Misericordia, ha reunido todos sus artículos sueltos enriquecidos por su experiencia pastoral en tan emblemático santuario y el plus sorprendente de la bendita pandemia. Esto le ha llevado a colocar un sugestivo anexo, el rezo de la coronilla al Señor de la Divina Misericordia, "con el deseo de que acudamos siempre a Jesús, aquel que pase lo que pase nos ama sin poner límites ni condiciones" (p.5).

Como nos tiene acostumbrados cada tema bebe en el manantial seguro de la Biblia, le sigue una breve anécdota que explica e ilustra la enseñanza, continúa una reflexión sintética que fundamenta la doctrina, a continuación el infaltable examen para profundizar y chequear nuestra coherencia y la puesta en acción, coronado todo por la oración viva y amistosa con el Señor de la Misericordia.

Aunque parece pequeñito, de bolsillo, nos presenta 31 temas que podemos meditar a lo largo de todo un mes. Aunque el centro y corazón de la obra es la misericordia, aparece claro el rico contenido orgánico del Catecismo de la Iglesia Católica, que arranca del Dios Uno y Trino, sigue con los misterios centrales de nuestra Fe (pecado, salvación), encarnación, redención, Eucaristía; en vida de oración (trato con Dios (justo, tierno, perdonador) y frecuencia de sacramentos (confesión, comunión); recordándonos los novísimos y la teología espiritual del Más Allá (purgatorio, infierno, juicio final, cielo y alegría final) como verdadero maestro; sin olvidar a María, quien "como Madre nuestra, siempre tiene misericordia de nosotros" (p.127)

Les animo a disfrutar de este excelente regalo por fiestas patrias. Felicitaciones a PAULINAS por tan cuidada edición.