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Etiquetas: [Gaza]  [Israel]  [mapas de Palestina]  [Palestina]  [sionismo]  
Fecha Publicación: 2023-12-15T21:08:00.000-05:00

 https://bit.ly/46GIVkI

Las tribus israelitas no son pueblos originarios de Palestina. El patriarca Abram vivía en Ur de los Caldeos, en el sur de lo que hoy es Irak, y desde allí emigró con rumbo a Canaán (Palestina). Canaán estaba poblada por una multiplicidad de tribus no judías. Los pueblos originarios de Palestina son los medianitas, amalekitas, edomitas, moabitas, jebusitas, filisteos, canaanitas, ammonitas, amoritas, Gilead, Bashan y los fenicios.
Josephine Bacon. Consultant Editor Martin Gilbert. 2006. The Illustrated Atlas of Jewish Civilization. 4000 Years of History. Londres: Quantum Books, pág. 17.

Muchos cristianos, y entre ellos muchos católicos, que no han leído la Biblia, creen que Jesús nació y predicó en Israel. Están equivocados. Jesús cumplió su ministerio en Palestina. Israel no existía en esa época. Los sionistas implantaron el estado artificial de Israel a la fuerza en 1948. 
Mapa: Sociedad Bíblica Americana 1954


Mapa de Palestina o Tierra Santa. Con el fin de justificar la usurpación de Palestina, los sionistas tuvieron el desparpajo de decir que éste era un territorio vacío, sin población.
Mitchells New General Atlas. 1888. Filadelfia: Wm. M. Bradley & Bro.

Mapa de Palestina en 1927
Rand McNally & Company. 1927. World Atlas. Premier Edition. Chicago.

Mapa de Palestina antes de la usurpación sionista y de la implantación del estado [artificial] de Israel
The National Geographic Magazine, diciembre 1947, Vol. XCII, Núm. 6, pág. 742. 

Los pueblos de Palestina en la Biblia
Richard Morse Hodge. 1915. Historical Geography of Bible Lands. New York: Charles Scribners Sons, pág. 63.

Población de Palestina antes de la implantación del estado [artificial] de Israel. En 1918, 82% de la población eran palestinos y 8% judíos. En 1944, como efecto de la inmigración legal e ilegal de sionistas europeos del Este, los judíos eran 30% y los palestinos 61%.

© César Vásquez Bazán, 2023
Octubre 21, 2023

Etiquetas: [ethnic cleansing of Palestine]  [Franja de Gaza]  [Gaza]  [Gaza City]  [Gazas Massacre]  [Israel]  [limpieza étnica de Palestina]  [Masacre de Gaza]  [sionismo]  
Fecha Publicación: 2023-12-04T20:10:00.000-05:00


















¿Y después dicen que la Masacre de Gaza no es el Holocausto contemporáneo ejecutado por Israel? La primera y segunda foto captan a un avión F-151 y un helicóptero Apache de las bestias sionistas arrojando bombas de fósforo blanco M825 sobre Gaza. El avión F-151, entregado a Israel por EE.UU., lleva los pylons bajo el fuselaje (señalado con flechas).

En las siguientes fotos puede apreciarse el efecto incendiario del fósforo blanco en la superficie. Pobres los palestinos que se hayan encontrado en el área afectada. El lector podrá proyectar el tipo de muerte que encontraron.

Israel utiliza las bombas de fósforo blanco de 155 mm para quemar de un sólo disparo a decenas de civiles de Gaza, en acción que constituye una atrocidad. Usadas de esta manera contra la población civil, las bombas de fósforo blanco devienen una forma de arma química.

Cada bomba contiene 116 cuñas de fieltro saturadas con fósforo blanco (WP, white phosphorus). Su radio de acción es de 150 metros y su duración hasta 30 minutos. Israel afirma que arroja este criminal proyectil para generar cortinas de humo y proteger a sus soldados.

En las tres últimas fotos se muestra dichas bombas, denominadas eufemísticamente con el nombre de weapons-system (sistema de armas). Son de fabricación estadounidense y llevan claramente marcado el código M825A1. En la última fotografía aparece una sonriente bestia sionista, gesticulando feliz de repartir muerte entre decenas de indefensos palestinos.

© César Vásquez Bazán, 2009
Todos los derechos reservados
Enero 11, 2009
Etiquetas: [corrupción en el PAP]  [Javier Velásquez Quesquén]  [Peruvian current affairs]  [Peruvian politics]  
Fecha Publicación: 2023-08-09T16:42:00.000-05:00
Escribe: César Vásquez Bazán

A pesar de lo que pueda pensar el respetable público, las ilustraciones que presentamos hoy no pertenecen a un histórico huaco-retrato norteño peruano, aunque el rostro maltratado del beodo pareciera indicar que estamos en presencia de un ejemplar de esa notable expresión del arte costeño precolombino.

En los cromos a todo color que ilustran el pujante blog que usted visita, podemos apreciar a un enigmático politicastro peruano observando cobardemente –es decir, de reojo– las infladas glándulas mamarias de una exigente bailarina brasileña.

Estamos en capacidad de afirmar que el mostrenco que aparece ingiriendo un poderoso copetín, sufriendo sus efectos, y luego luciendo contrito en vigilante pose patriótica, es el pintoresco parlamentario alanista don Ángel Javier Velásquez Quesquén, un rastrero seguidor del "Siete Suelas" García Pérez.

El referido Ángel, pobre diablo de profesión, ocupa en la actualidad, por una burla del destino, el pestilente cargo de presidente de la comisión de fiscalización del Congreso de la República del Perú, posición desde la cual promueve y encubre la imbecilización política y la corrupción en el país.

Las placas digitales del desdichado Quesquén fueron obtenidas por uno de sus cómplices parlamentarios durante una juerga de congresistas peruanos en la ciudad de Sao Paulo, Brasil, la madrugada del 9 de diciembre de 2006.

El lector debe saber que el borrachín, congresista y fiscalizador Quesquén salió del país esgrimiendo la coartada que viajaba al Brasil "para participar en la XXII Asamblea Ordinaria del Parlamento Latinoamericano".

Es una verdadera lástima que Velásquez sólo viajara a una reunión ordinaria de esa institución fantasmagórica llamada Parlatino. ¿Se imagina usted que distinta hubiera sido la carne y el licor si Ángel hubiera asistido a una asamblea extraordinaria?

La diversión y la borrachera de Velásquez Quesquén fueron pagadas por el pueblo peruano, a través de los 600 dólares que levantó en viáticos la referida alhajita alanista. Por supuesto, en la contabilidad no incluimos los honorarios ni el pasaje de avión del infortunado fiscalizador.

Fuente de las fotos: Revista CaretasLima, Perú.

© César Vásquez Bazán, 2007
Todos los derechos reservados
Marzo 10, 2007
Etiquetas: [Jorge del Castillo Gálvez]  [Jorge del Castillo Reyes]  [Patricia Lozada Valderrama]  
Fecha Publicación: 2023-08-04T21:32:00.000-05:00
Jorge del Castillo Reyes, hijo de ex primer ministro alanista Jorge del Castillo Gálvez, trabajaba en la Embajada de Estados Unidos en Lima, en la oficina de la International Law Enforcement Academies, un programa oficial del Departamento de Estado del Gobierno de Estados Unidos. Tan estrecha relación comprueba el rol del padre, el politicastro hoy conocido como Tío George, al servicio de la política exterior de EE.UU.


Se acabó el interrogatorio a la procesada por el caso Business Track (BTR) Giselle Giannotti Grados, pero antes de finalizar con esta etapa del proceso, volvió a insistir en su tesis de que había una persecución política en su contra tras denunciar las irregularidades que ella conocía sobre los apristas Jorge del Castillo Gálvez y Hernán Garrido-Lecca.

Según Giannotti, el ministro del Interior, Miguel Hidalgo Medina, y el exfiscal Mateo Castañeda Segovia, fueron los emisarios de los exministros Jorge del Castillo Gálvez y Hernán Garrido Lecca. Para sustentar su hipótesis denunció que el hijo del expremier, Jorge del Castillo Reyes, fue nombrado por el entonces jefe de la Dirandro como funcionario de uno de los programas oficiales del Gobierno de Estados Unidos que se encuentran bajo la administración de la Drug Enforcement Administration (DEA) [Dirección para el Control de Drogas de Estados Unidos].

Se trata de la ILEA (International Law Enforcement Academy), una entidad que capacita a policías, jueces, fiscales y funcionarios en delitos como el narcotráfico, delitos financieros, terrorismo internacional, lavado de dinero, etc. y cuya presencia en nuestro país data de mayo del año 2008 cuando se hizo un acuerdo con el Gobierno de Estados Unidos para contar con este apoyo.

La procesada afirmó que, a Jorge del Castillo Reyes, hijo de Jorge del Castillo Gálvez, lo nombraron Coordinador Académico ILEA Latinoamérica Perú, cargo en que seguiría cumpliendo labores. Pero no sólo el hijo de Jorge del Castillo habría sido favorecido con esto. Según la acusada, casi todos los policías y fiscales que participaron en su detención han sido beneficiados con cursos de la ILEA.

Cabe destacar que Diario16 reveló la semana pasada que la fiscal Vanessa Araníbar mantuvo comunicación el día de las intervenciones y detenciones a los integrantes de BTR, con una persona cuyo número asignado pertenece a la Embajada de Estados Unidos. Aunque el tema no fue tocado en audiencia judicial, el congresista Yonhy Lescano dijo en entrevista a nuestro periódico que dicho número lo tenía asignado en ese momento Jorge del Castillo Reyes, a quien la fiscal habría estado dando detalles de lo incautado a la procesada Giannotti.

Finalmente, Giannotti denunció que la nuera del congresista Jorge del Castillo Gálvez, Patricia Lozada Valderrama, fue nombrada jefa de la Oficina Ejecutiva de Control de Drogas del Ministerio del Interior, luego que el caso BTR fuera asumido por la Dirandro. Lozada, quien postuló sin éxito al congreso por el APRA en el 2006, es esposa de Miguel del Castillo Reyes, otro de los hijos de del Castillo Gálvez, y cuando este fue gerente de RBC se le dio un programa en dicha televisora al que llamaron Qué tal raza.

Fuente: Roberto More
Diario 16, Lima, Perú
12 de julio de 2011
Etiquetas: [corruption in Peru]  [Cuánto dinero sucio sacó del país del Castillo]  [Jorge del Castillo Gálvez]  
Fecha Publicación: 2023-08-04T17:52:00.001-05:00
Escribe: César Vásquez Bazán
El caradura Jorge del Castillo Gálvez

Según información del diario La Primera, entre 1999 y el año 2010, Jorge del Castillo Gálvez viajó 103 veces a los Estados Unidos. Con respecto a estos continuos movimientos supuestamente turísticos, la ciudadanía se hace dos preguntas:

1) ¿Cuánto le pueden haber costado a Jorge del Castillo los 103 viajes ida y vuelta a Miami, incluyendo los desembolsos de estadía?

2) ¿Cuál ha sido el propósito de los 103 viajes?

Con respecto al costo de los viajes y estadía en el exterior, puede estimarse que, por lo menos, cada pasaje aéreo, ida y vuelta, debe haberle representado al tío George la suma de 500 dólares. Además, en cada viaje puede haber gastado puritanamente otros 500 dólares en desembolsos varios. Si estos supuestos son correctos, se llega a la franciscana cifra de mil dólares por viaje realizado, con un total de 103 mil dólares dedicados por el tío George a viajar entre Perú y Estados Unidos.

Sin embargo, todos intuimos que muchos de los boletos de viaje deben haber costado más de 500 dólares (digamos US$ 750) y que los desembolsos en cada oportunidad pueden haber superado los mil dólares (digamos US$1,250). Sacando cuentas, puede pensarse que el presupuesto de visitas a Miami del tío George puede haber estado en el orden de los 2 mil dólares por viaje, haciendo un total de 206 mil dólares en el período.

Con respecto al propósito de sus vuelos a Miami, la coartada de del Castillo es que él visita a su esposa residente en esa ciudad. Sin embargo, lo más probable es que un coimero profesional y experimentado como el tío George haya aprovechado cada uno de los periplos a Estados Unidos para sacar fuera del país parte del dinero de sus negociados. De esta manera, no quedan dentro del Perú registros bancarios ni administrativos de sumas de dinero que no podrían justificarse con los ingresos oficiales del corrupto tío George.

En el caso de los Estados Unidos, en cada ocasión del Castillo puede haber introducido legalmente en ese país montos inferiores a los 10 mil dólares, sin necesidad de tener que declararlos ante las autoridades norteamericanas del US Customs and Border Protection. Si este supuesto es correcto, a través de este contrabando hormiga de dinero, el tío George puede haber puesto a buen recaudo más de un millón de dólares de sus "negocios" particulares.

Por supuesto, estas últimas cuentas han sido hechas sin tener en consideración la posibilidad que del Castillo haya usado el pasaporte diplomático de congresista o primer ministro para facilitar sus movidas...

© César Vásquez Bazán, 2010
Todos los derechos reservados
Abril 28, 2010
Escribe: César Vásquez Bazán
Edificio construido por la Caja de Pensiones Militar-Policial en la calle Emilio Cavenecia 225, San Isidro. La dictadura fujimorista pagó al tío George su colaboración en el Congreso entregándole en operación de compra-venta la oficina 617 del citado inmueble y el estacionamiento vehicular 116. En abril de 2002, Jorge del Castillo seguía ocupando la oficina a pesar que en ese momento adeudaba treintidós mensualidades.




Al tío George siempre le ha gustado que lo coimeen con inmuebles. En los años noventa, Vladimiro Montesinos sobornó al en ese entonces congresista del Castillo Gálvez y a su cómplice Aurelio Pastor Valdivieso, entregándoles un inmueble comercial en San Isidro, propiedad de la Caja de Pensiones Militar-Policial (CPMP). Denuncié públicamente tal hecho en febrero del año 2003. En este post, presento una vez más las pruebas correspondientes, es decir las copias de las cuatro páginas del contrato de compra-venta de los delincuentes políticos del Castillo y Pastor Valdivieso con la CPMP. Haga clic sobre cada una de las imágenes para ampliarlas en una nueva ventana y poder leerlas e imprimirlas.

La dictadura de Fujimori sobornó al tío George y a Pastor Valdivieso para asegurarse el voto y la actitud complaciente del primero con las posiciones del régimen. Usualmente en el Congreso, el cínico abogado de García Pérez se abstenía de votar cuando se trataban temas críticos, como la nacionalidad japonesa de Fujimori o el Acuerdo de Paz con Ecuador. La dictadura pagó la colaboración del tío George entregándole un inmueble de la Caja de Pensiones Militar-Policial. Nos referimos a la oficina 617 del edificio de propiedad de la Caja, ubicado en la calle Emilio Cavenecia 225, San Isidro.


1. El 2 de diciembre de 1996, Jorge del Castillo Gálvez y su cómplice comercial y político Aurelio Pastor Valdivieso, recibieron del régimen fujimorista una prebenda inmueble como pago por el voto del primero y la colaboración del segundo en el parlamento de la dictadura. Vladimiro Montesinos ordenó a uno de sus secuaces, don Javier Revilla Palomino, director-gerente general de la Caja de Pensiones Militar-Policial, que entregara a Del Castillo y Pastor la oficina 617 del edificio de propiedad de la Caja, ubicado en la calle Emilio Cavenecia 225, San Isidro. La minuta que mostramos formaliza la operación de entrega de la oficina de la CPMP en favor de la parejita Castillo Gálvez-Pastor Valdivieso. El valor de esta operación de compra-venta, que se pagaría tarde, cuando y, finalmente, nunca, ascendió a US$ 79,420.

2. Del Castillo ocultó éste y otros inmuebles de su propiedad en sus declaraciones juradas como congresista en los años 2000 y 2001.

3. En el Perú era conocido que Vladimiro Montesinos manejaba los negocios de la Caja a través de Javier Revilla Palomino. Como amigo y compañero de escuela de Alberto Venero Garrido, hombre de confianza de Montesinos, Revilla Palomino se encontraba totalmente identificado con la corrupción fujimorista. (Por su participación en las operaciones de la mafia de Montesinos, la Sala Anticorrupción ordenó la detención de Revilla Palomino en el penal de San Jorge, en Lima.)

4. El 24 de abril de 2002, mediante carta notarial que se publica más abajo, la nueva administración de la Caja de Pensiones Militar-Policial comunicó al congresista del Castillo Gálvez y a su cómplice Pastor que daba por resuelto de pleno derecho el contrato de compra-venta celebrado el 2 de diciembre de 1996. La razón aducida por la CPMP era el incumplimiento del tío George del Castillo Gálvez en el pago de treintidós armadas mensuales. El importe total de la arruga financiera del corrupto del Castillo ascendía a más de 35 mil dólares.


Carta notarial de la Caja de Pensiones Militar-Policial exigiendo al ultra-corrupto del Castillo Gálvez la devolución del inmueble que le entregara Montesinos. El pendenciero abogado de García Pérez seguía ocupando la oficina en abril de 2002 a pesar que adeudaba treinta y dos mensualidades.

Nota: Este artículo se publicó inicialmente en el blog el 19 de abril de 2010 con pruebas documentales exhibidas desde el año 2003.

© César Vásquez Bazán, 2015
Todos los derechos reservados
Octubre 10, 2015
Etiquetas: [Jorge del Castillo]  [Jorge del Castillo Gálvez]  [Rómulo León]  [Rómulo León Alegría]  
Fecha Publicación: 2023-08-01T21:15:00.001-05:00
En el vídeo queda confirmado que sólo en 1980, Jorge del Castillo Gálvez fue introducido en el Partido Aprista por el ultracorrupto Rómulo León Alegría.

En una asamblea en el local del PAP de Barranco en la que peroraba León Alegría (¡imagínense!), éste distinguió "a una persona, al fondo de la asamblea, que me hace una pregunta" (minuto 1:11 - 1:16). En el minuto 1:30 - 1:32, León Alegría repite: "Me hace una pregunta un señor (Del Castillo) que está al fondo." Nótese que León Alegría no llama "compañeroa Del Castillo; lo trata de "persona" o "señor". 

Tal era el desconocimiento de Del Castillo sobre el PAP, que en el minuto 1:53 - 1:55 León Alegría le pregunta a Del Castillo: "Conoces Alfonso Ugarte, no?" Del Castillo contesta: "Sí, claro, la Casa del Pueblo... Yo como salchipapas allí." Por boca de León Alegría, ahora sabemos que en 1980 Del Castillo era ajeno a la organización del APRA y sólo conocía el local central partidario porque allí iba "a comer salchipapas".

Demostrando lo
muerto de hambre que era en ese momento el hoy enriquecido del Castillo Gálvez, León Alegría le pidió: "Lleva tu máquina de escribir, si tienes..." (minuto 2:00).

Confirmando lo que hemos indicado desde hace años en este blog (*), el delincuente de cuello y corbata Rómulo León Alegría confesó ante la Comisión Investigadora de la corrupción alanista que él fue quien llevó al PAP, en calidad de mecanógrafo, a su cómplice Jorge del Castillo Gálvez. Rómulo usaba en ese tiempo al Tío George para que le llevara el maletín y le cargara la máquina de escribir.

Lo que no mencionó el reo Rómulo León Alegría fue que él, a su vez, fue llevado al PAP nuevamente, por su compadre espiritual Alan García Pérez. En 1980, el prontuariado León Alegría fue impuesto por García Pérez como Secretario de Municipalidades. Debe añadirse que AGP desempeñaba en ese tiempo el cargo de Secretario de Organización del PAP.

Para ayudar a la Comisión en su análisis, saquemos en limpio las conclusiones de esta plana:

1. A fines de 1979 y comienzos de 1980, García Pérez reintrodujo en el PAP a su compadre Rómulo León Alegría. Durante el período de la dictadura militar transcurrido entre 1968 y fines de 1979 León Alegría no fue miembro del PAP. Se dedicaba a tiempo completo a bailar marinera en Trujillo.

2. Alan García impuso a León Alegría a dedo, sin elección alguna, como Secretario de Municipalidades, desplazando al compañero que por elección del Congreso del PAP ocupaba ese cargo. García desempeñaba el puesto de secretario nacional de organización.

3.- El vivazo y timador León Alegría fue quien introdujo en el PAP al desconocido Jorge del Castillo Gálvez en el año 1980. El Tío George era el mecanógrafo oficial de León Alegría.

Lo que le faltó a la Comisión Investigadora fue vincular las tres conclusiones anteriores. Si lo hubiera hecho hubiera podido entender las relaciones que mantienen desde 1980 los delincuentes Alan García Pérez, Rómulo León Alegría y Jorge Del Castillo Gálvez.

Rómulo y el Tío George son ratas de la misma camada alanista.

(*) El último post escrito al respecto fue publicado el 15 de octubre de 2008. Puede leerlo haciendo clic en: Del Castillo: Rómulo León Alegría es una "antigua amistad".- "Es inteligente, culto, formado y leído".- "Es abogado y tiene conversación..."

© César Vásquez Bazán, 2011
Todos los derechos reservados
Enero 7, 2011
Sobre la compra de los blindados chilenos puede Ud. leer: https://goo.gl/7dp5m9
Escribe: César Vásquez Bazán
Características de los blindados chilenos y peruanos en 1879

Escuadra peruana en 1879
(Haga clic en la imagen para ampliarla en una nueva ventana)


Resolución Suprema del gobierno del presidente Balta, del 14 de febrero de 1872, disponiendo se mande construir en Inglaterra blindados de primera clase
(Arosemena Garland 1972, 45, 47)

Texto de la Resolución Suprema dictada por el gobierno del presidente Balta, disponiendo la construcción en Inglaterra de dos acorazados de primera clase y dos cañoneras guardacostas, con los últimos adelantos científicos adoptados en la marina de guerra

Lima, febrero 14 de 1872

En atención a que el extenso litoral de la República y la vigilancia de los depó­sitos de guano, requieren la existencia de una marina capaz de garantirlos contra cualquier ataque; y a que es preciso reemplazar algunos de los buques de la Escuadra que se encuentran en mal estado a causa de su largo tiempo de servicio; de acuerdo con el voto unánime del Con­sejo de Ministros, resuélvese: que se mande cons­truir en Inglaterra el número de vapores blin­dados de primera clase, que se determinará en especiales instrucciones, y dos cañoneras guarda­costas, todo con arreglo a los últimos adelan­tos científicos adoptados en la marina de guerra; destinándose para dicho objeto la suma de tres millones de soles, que el mi­nistro de Hacienda pondrá a disposición del de Guerra y Marina, quien dará cuenta de esta resolución al próximo Congreso.

Comuníquese y regístrese.

Rúbrica de S. E. el presidente de la República                                 Gutiérrez


Gobierno de Balta dispuso en 1872 se mande construir en Inglaterra blindados superiores a los ordenados por Chile

El congreso chileno aprobó la compra de dos blindados por ley del 4 de enero de 1872. La adquisición de los buques era indispensable para un país con objetivos de conquista territorial, que se expandía silenciosamente hacia el norte y penetraba los territorios de sus vecinos. Explícitamente en el debate parlamentario se afirmó que era necesario enfrentar los “conflictos frecuentes habidos con el Perú” y por ello los acorazados deberían ser “de primera categoría, más poderosos que los peruanos Huáscar e Independencia− para equilibrar nuestro poderío naval” (Barros 1970, 269). El mismo 4 de enero de 1872 el ministro plenipotenciario Alberto Blest Gana, encargado de la legación chilena en París, “recibía instrucciones de ordenar la construcción de los buques en astilleros ingleses o franceses, con la consigna de trabajar día y noche”. Blest Gana contrató la construcción de los blindados en los astilleros Hall de Inglaterra y los pagó casi al contado (Barros 1970, 284-285).

La intención chilena de adquirir los dos acorazados fue comunicada en diciembre de 1871 al gobierno del Perú por el cónsul peruano en Valparaíso, coronel de ejército Adolfo Salmón. Gobernaba el Perú el coronel José Balta quien se encontraba en los últimos meses de su mandato (1868 - 1872). Con esta preocupante información, Balta decidió comprar “un número” de acorazados para el Perú, a su vez más poderosos que los encargados por Chile. El 14 de febrero de 1872 suscribió una resolución suprema disponiendo la adquisición de los acorazados y las dos cañoneras. La decisión fue aprobada en el consejo de ministros con cargo a dar cuenta al congreso. Basadre (1968-70, VI: 241-242) indica que “el capitán de navío −y comandante general de la Marina Manuel J. Ferreyros viajó a Londres a contratar los blindados”, suscribiéndose en mayo de 1872 el convenio correspondiente. Desafortunadamente, la casa Dreyfus, agente financiero del Perú, se negó a desembolsar los fondos necesarios para la adquisición de los blindados aduciendo la necesidad de establecer el origen de los fondos. Sólo pudieron comprarse las dos cañoneras (Chanchamayo y Pilcomayo).

Debe mencionarse que Basadre escribió que la negociación de compra de los blindados durante el gobierno de Balta “necesita mayores esclarecimientos”.

José Balta, presidente del Perú entre 1868 y 1872
El 14 de febrero de 1872, el gobierno de Balta decidió comprar un número de blindados más poderosos que los ordenados por Chile. La Casa Dreyfus se negó a proporcionar los fondos requeridos aduciendo su inexistencia.

Congreso peruano de 1872 autorizó la compra de dos blindados 

Una de las principales preocupaciones del régimen civilista de Manuel Pardo inaugurado el 2 de agosto de 1872 fue la amenaza para la seguridad del país representada por la compra de dos poderosos blindados por Chile. Ese mismo mes el ejecutivo y el legislativo coincidieron en la necesidad de adquirir dos acorazados para enfrentar el armamentismo chileno, por lo que el congreso aprobó una ley reservada autorizando al gobierno a destinar hasta cuatro millones de soles con tal propósito.

Dos marinos investidos de función parlamentaria cumplieron roles destacados en la obtención de la ley autoritativa. El primero de ellos fue el senador gobiernista por Piura, contralmirante Lizardo Montero (Basadre 1968-70, VIII: 21-22); el segundo fue el capitán de navío Alejandro G. Muñoz. En enero de 1875, al arribar procedente de Inglaterra trayendo las nuevas cañoneras Chanchamayo y PilcomayoMuñoz confirmó al gobierno el peligro representado por los blindados chilenos en construcción en ese país (Melo 1911, 91). 

Manuel Pardo y Lavalle (1834-1878), jefe del Partido Civil y presidente del Perú entre 1872 y 1876, cuyas políticas contribuyeron decisivamente al desastre de 1879

El gobierno de Pardo renunció a comprar los blindados 

Desafortunadamente, en 1874 el gobierno de Manuel Pardo adoptó una decisión equivocada que permitiría a Chile apoderarse de Tarapacá y Arica cinco años despuésEl error del mandatario civilista fue renunciar a la adquisición de los blindados debido a la inexistencia de recursos fiscales en la Casa Dreyfus para atender la operación de compra. Pardo no intentó encontrar financiamiento de fuentes alternativas.

La Memoria del Ramo de Marina de 1876 señaló las dificultades financieras que impedían adquirir los blindados: La escuadra se halla hoy con poca diferencia, en las mismas circunstancias que en 1874, pues el estado de la hacienda pública no ha permitido ponerla en el pie de fuerza necesario para las exigencias del servicio... La situación del Tesoro Nacional, muy tirante en 1872, era en 1875, y lo es en este año [1876], la más difícil que se haya presentado en el Perú desde su emancipación (República del Perú, Ministerio de Guerra y Marina 1876, 3, 7).

La decisión de no comprar los blindados se apoyó además en la opinión técnica de una junta consultiva de Marina reunida en 1874. La junta estuvo conformada por ocho jefes de la Armada: el contralmirante Domingo Valle Riestra y los capitanes de navío Manuel J. Ferreyros, Aurelio García y García, Miguel Grau, José Rosendo Carreño, Camilo Carrillo, Juan Pardo de Zela Urizar y José Elcorrobarrutia. También fue invitado a participar en sus sesiones el senador por Piura capitán de navío Lizardo Montero. La junta llegó a la conclusión que las escuadras peruana y chilena eran equivalentes (Melo 1911, 91) por lo que la escuadra peruana podía resistir a la de Chile” (Basadre 1968-70, VIII: 24)Grau y Carreño fueron los únicos marinos que no participaron de dicha opinión y se opusieron a renunciar a la compra. Tres años después, en 1877, Grau pudo constatar el poderío superior de los blindados chilenos tras observarlos en Valparaíso, en ocasión de encontrarse en esa ciudad para repatriar los restos de su padre.

¿Cómo pudo la junta consultiva de Marina llegar a la conclusión de equivalencia entre las escuadras chilena y peruana? Si se efectúa una comparación entre los nuevos blindados encargados por Chile en Inglaterra y los acorazados peruanos Huáscar e Independencia, las diferencias son notorias y claramente favorecen a Chile. Los acorazados chilenos tenían el doble de blindaje de los peruanos (9 pulgadas contra 4.5 pulgadas), cañones más poderosos de 300 libras, doble hélice que les confería mayor maniobrabilidad y, además, mayor desplazamiento.

Buques de guerra y transportes de la armada peruana en 1878
(Haga clic en la imagen para ampliarla en una nueva ventana)

Sin embargo, basándose en la opinión de la junta consultiva de Marina y aduciendo las graves dificultades fiscales vigentes en esos años, el gobierno civilista renunció a adquirir los acorazados dejando en poder de los constructores ingleses la prima ya pagada de cincuenta mil libras esterlinas. Juan Ignacio Elguera, ministro de Hacienda y Comercio de Pardo, informó al Congreso de 1876 sobre la economía de cuatro millones de soles verificada en el ministerio de Guerra y Marina imputable a la suspensión de compra de material de marina” al darse marcha atrás en la construcción de los blindados (República del Perú, Ministerio de Hacienda 1876, 12).

Pardo confió ingenuamente en los procedimientos diplomáticos de alianza con Bolivia y posible alianza con Argentina para contener las aspiraciones de Chile, que estaba por recibir los blindados que había ordenado a Inglaterra. El presidente peruano resumió su forma de pensar en una frase que quedó registrada en las Memorias dJosé Antonio de Lavalle, el negociador peruano enviado a Chile en 1879. En una conversación con Lavalle ocurrida entre agosto y noviembre de 1874 el presidente Pardo repuso a la observación de éste en cuanto a la inferioridad naval del Perú ocasionada por la construcción de los blindados chilenos: “Yo también he hecho construir ya dos blindados que se llaman el Buenos Aires y el Bolivia” (Lavalle 1979, 21; Basadre 1968-70, VIII: 44).

Sin duda, la administración Pardo no evaluó de manera adecuada la amenaza de Chile, nación que buscaba llevar adelante sus ambiciones imperialistas y apoderarse del litoral boliviano y del rico territorio de los departamentos peruanos de Tarapacá y Moquegua (que en ese tiempo incluía Arica y Tacna).

Otra medida contraproducente del gobierno de Pardo fue la de reorganizar el ejército, reduciendo sus efectivos a menos de tres mil hombres (Basadre 1968-70, VII: 99).

Detalle del informe al Congreso de 1876 presentado por Juan Ignacio Elguera, ministro de Hacienda y Comercio del gobierno de Pardo
(República del Perú, Ministerio de Hacienda 1876, 12)

Lecciones 

Cuatro son las lecciones que los peruanos debemos aprender de la errada decisión del gobierno civilista de Pardo.

1.  La diplomacia sólo es efectiva en materia de resultados cuando se sustenta en una fuerza armada poderosa, un estado organizado y fuerte, y en un pueblo educado y consciente de los intereses nacionales.

2.  Debe tenerse cuidado al autorizar la operación masiva de capitalistas y trabajadores extranjeros en la explotación de recursos naturales, en especial en territorios cercanos a frontera.

3.  Las grandes decisiones que transfieren a la nación o a nacionales la propiedad y/o explotación de las riquezas naturales que antes se encontraban total o parcialmente en manos extranjeras, sólo son respetadas en la medida que la nación cuente con el suficiente poderío político y preparación militar. 

4.  La historia demuestra que la conducta internacional de Chile no reconoce argumentos de unidad continental, solidaridad latinoamericana o buena vecindad. En la búsqueda de satisfacer el interés de la plutocracia gobernante de ese país, Chile no entiende razones; sólo comprende los argumentos de sus vecinos cuando éstos están sustentados en la fuerza de las armas. 






Rosendo Melo (II: 88-93) relató la anulación de la compra de los blindados y la falta de preparación militar del Perú

Obras citadas

Arosemena Garland, Geraldo. 1972. Armamentismo antes de 1879. Lima: Tipografía Peruana. 

Barros Van Buren, Mario. 1970. Historia diplomática de Chile 1541 - 1938. Segunda edición (actualizada a 1958). Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello.

Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la república del Perú. 6ta. ed. Lima: Editorial Universitaria.

Lavalle, José Antonio de. 1979. Mi misión en Chile en 1879. Lima: Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú.

Melo, Rosendo. 1911. Historia de la Marina del Perú. Tomo Segundo. Lima: Taller Tipográfico El Auxiliar del Comercio.

República del Perú, Ministerio de Guerra y Marina. 1876. Memoria al congreso ordinario de 1876 por el ministro de Hacienda y Comercio. Lima: Imprenta del Teatro.

República del Perú, Ministerio de Hacienda. 1876. Memoria del Ramo de Marina que presenta a la Legislatura de 1876. Lima: Imprenta Económica.

© César Vásquez Bazán, 2012, 2019
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Mayo 26, 2012; diciembre 26, 2019
Etiquetas: [deuda externa]  [Deuda externa y corrupción en los años iniciales de la República del Perú]  
Fecha Publicación: 2023-07-27T11:00:00.001-05:00
Escribe: César Vásquez Bazán
El colombiano Juan García del Río y el médico inglés convertido en general James Paroissien, amigos de confianza de San Martín. Por encargo de San Martín, concertaron en Inglaterra el primer préstamo del mercado de Londres para el Perú. El empréstito estuvo plagado de serias irregularidades.


Cuentas presentadas por el especulador inglés John Parish Robertson
(Dancuart 1905, 221-222, 256-257)

La revisión de las relaciones entre deuda externa y corrupción en el Perú comienza en el momento mismo del nacimiento de la república. En 1822 el general José de San Martín, urgido de fondos para atender gastos diversos, creyó necesario solicitar recursos del exterior. Con este fin, envió a Inglaterra como ministros plenipotenciarios a dos amigos suyos y conocidos aventureros de la época: Juan García del Río y James Paroissien (1). Los comisionados llegaron a Londres en septiembre de 1822.

La misión de García del Río y Paroissien fue relativamente fácil, dadas las características de abundancia de capitales observada en el mercado londinense, los elevados rendimientos que ofrecerían los bonos peruanos y las preconcepciones existentes en Gran Bretaña acerca de las grandes riquezas minerales del país. Aceptando condiciones usurarias, el 11 de octubre de 1822, García del Río y Paroissien contrataron con el financiero inglés Thomas Kinder Jr. el primer empréstito del Perú por valor de un millón doscientas mil libras esterlinas, al tipo del 75%. El empréstito se emitió en acciones, de cien, doscientas y quinientas libras, con la tasa de interés de 6% anual.

En 1822 se ofreció a los inversionistas ingleses la primera emisión de bonos por un valor nominal de 450 mil libras esterlinas. La segunda emisión fue hecha en 1824 por un valor de 750 mil libras esterlinas.

El capital se pagaría en treinta años, 40 mil libras esterlinas cada año. El interés se abonaría semestralmente, los días 15 de abril y 15 de octubre. Perú comprometió para el pago las rentas de Aduana y de la Casa de la Moneda. Los recursos para los pagos deberían constituirse con ocho meses de anticipación, debiendo el país establecer un fondo en Europa para casos de demora.

El negociado del primer empréstito y la especulación minera

Si bien el Congreso aprobó el contrato por ley del 12 de marzo de 1823, pronto recibió informes de actos irregulares de los comisionados García del Río y Paroissien. A la vez que actuaban como comisionados del Perú, pactaron negocios privados con el contratista del empréstito. Por ello, el Congreso ordenó reemplazar a ambos con un agente financiero, cargo para el que resultó designado el inglés John Parish Robertson.

Entre estos negocios particulares debe mencionarse la íntima relación existente entre los promotores y solicitantes de empréstitos con actividades especulativas en minería.

En el caso de Parish Robertson, éste operaba con Thomas Kinder y Robert P. Staples con quienes compartía intereses financieros en la Pasco Peruvian Mining Company y en la Famatina Mining Company.

Por su lado, los comisionados García del Río y Paroissien establecieron con un capital de un millón de libras esterlinas, proporcionado por inversionistas y especuladores ingleses, la Potosí, La Paz, and Peruvian Mining Association, de la que fueron nombrados presidente y vicepresidente, respectivamente. Ambos enviados de San Martín no tuvieron reparo alguno en anunciarse en el prospecto de dicha empresa como exministros plenipotenciarios del gobierno del Perú ante las cortes de Europa. Nombraron agente en Lima a Francisco Álvarez Calderón.

La oportunidad de contratar el primer préstamo del Perú sirvió así para que García del Río y Paroissien trabaran relaciones particulares de negocios financieros y mineros con el grupo integrado por Kinder, Staples, los hermanos Parish Robertson y Antonio de Irisarri, representante diplomático de Perú y directivo de la Peruvian Mining Association.


Personal directivo de la Peruvian Mining Association
(English 1825, 46-47)

Los reales beneficiarios del primer empréstito

Las ganancias de Kinder y sus socios, vinculadas a los empréstitos contratados por el Perú, provinieron de cuatro fuentes.

En primer lugar, los financistas ingleses retuvieron la diferencia entre el precio pagado efectivamente por los compradores de los bonos y el valor de 75% que debían entregar al gobierno del Perú. Supieron organizar en provecho propio una intensa especulación con los bonos peruanos, vendiéndolos cuando sus precios subían y comprándolos cuando bajaban. Las operaciones especulativas de Kinder fueron tan notorias que originaron graves escándalos en Londres, los que quedaron registrados en la prensa de la capital británica (London Times y Annual Register de 1822).

Asimismo, Kinder y sus amigos recibieron comisiones de 2% por la promoción, emisión y venta de los bonos.

En tercer lugar, los contratistas y los comisionados peruanos pudieron usar en beneficio de sus operaciones especulativas en minería el hecho de ser reconocidos como agentes financieros del gobierno peruano en el mercado londinense.

Finalmente, las utilidades obtenidas a través de los anteriores procedimientos fueron utilizadas para generar mayores ganancias a través del financiamiento de exportaciones de manufacturas de Inglaterra a Sudamérica.

¿Recibió el Perú totalmente los desembolsos correspondientes a este primer empréstito?

La respuesta es negativa. Aprovechando su relación con García del Río y Paroissien –quienes se encontraban al parecer más preocupados en sus negocios particulares– Kinder incumplió con efectuar las entregas de fondos al Perú que debían hacerse hasta 1823. Como era de esperarse, el incumplimiento de Kinder afectó negativamente la imagen externa de la naciente república al verse protestadas por falta de pago las letras giradas por el gobierno peruano con cargo a los recursos del préstamo.

El segundo empréstito del Perú

El segundo empréstito del Perú agravó aún más la situación del crédito nacional. La emisión de bonos por valor de 616 mil libras esterlinas fue autorizada en 1824 y ejecutada en 1825, al tipo de 83% y una tasa de interés del 6%. Esta vez el agente nombrado por el gobierno peruano fue el comerciante inglés John Parish Robertson, socio de Kinder, y conocido en el Perú por sus negocios de exportación. Como era previsible, Parish Robertson contrató la colocación de los bonos a través de la casa bancaria mercantil de su amigo Kinder.

Nuevamente se produjeron irregularidades que trajeron consigo que el Perú recibiera menos de la tercera parte del valor nominal de los bonos. La principal irregularidad fue que John Parish Robertson se abonó en cuenta y terminó quedándose con 216 mil libras esterlinas para pagar los dividendos de tres años del primer empréstito y 46,200 libras esterlinas para tres dividendos del segundo empréstito, además de su comisión de doce mil libras.

Las siguientes cifras muestran la realidad del segundo empréstito y la deuda externa del Perú en 1825:

– Valor nominal del empréstito: £616,515
– Valor emitido del empréstito: £577,500
– Suma recibida por los banqueros: £480,480
– Suma efectivamente recibida por el Perú: £200,385
– Deuda externa del Perú en el mercado de Londres al 15 de abril de 1825: £1,777,500 (más intereses)

Los anteriores manejos financieros no pudieron continuar por mucho tiempo. En el exterior, la crisis bancaria y comercial europea de 1825-26 redujo el intercambio con Sudamérica y golpeó a los mercados de capitales, deteniendo el frenesí de la especulación minera y afectando las disponibilidades de fondos. Internamente, los crecientes déficit fiscales, la continuación de las guerras internas y la consiguiente inestabilidad política contribuyeron a definir al país como un serio riesgo de inversión. En abril de 1826, producto de la confluencia de estos factores, el gobierno del Perú dejó de atender el servicio de la deuda externa, convirtiéndose en el primer país latinoamericano que entró en moratoria.

La renegociación de la deuda externa en 1848-1849 y sus beneficiarios

Dos décadas después, la exportación de guano de Perú a Inglaterra hizo renacer en los acreedores ingleses la esperanza del pago de sus acreencias. Los reclamos de los bonistas contaron con el decidido apoyo del gobierno británico. En marzo de 1848, respaldado por los ingresos recibidos por la venta exterior de guano, el gobierno del Perú decidió llevar a cabo su primera renegociación de la deuda externa, liquidando la deuda existente con los inversionistas ingleses. La operación se realizaría mediante la conversión de los empréstitos de 1822 y 1825 en nuevos bonos. Con esta finalidad el gobierno nombró a Joaquín José de Osma como ministro plenipotenciario del Perú en Inglaterra y le encargó la realización de las gestiones de refinanciación.

Las irregularidades comenzaron en ese mismo momento. La partida de Osma a Inglaterra fue dilatada con la finalidad de que especuladores de la firma A. Gibbs and Sons, vinculados con las autoridades peruanas, pudieran comprar los bonos, cotizados en ese momento al 36.5% de su valor nominal. Una vez que se conoció la decisión del gobierno peruano de enviar a Osma, los bonos peruanos subieron hasta el 53% de su valor, lo que permitió a la casa Gibbs y a los corruptos funcionarios peruanos obtener una importante utilidad por el diferencial de cotizaciones.

El plenipotenciario Osma llegó a Londres en noviembre de 1848firmando el convenio de arreglo con los bonistas ingleses en enero de 1849. Dicho acuerdo fue aprobado mediante resolución legislativa peruana, la que aplicó al servicio de la operación la mitad de los ingresos generados por la exportación de guano a Gran Bretaña.

Las operaciones de liquidación y conversión de la deuda de los bonistas ingleses en 1849 marcaron el inicio de lo que José Arnaldo Márquez denominó “la orgía financiera del Perú”. Las condiciones del convenio de refinanciación fueron onerosas. Basadre menciona que la refinanciación de los bonos se hizo a una tasa de interés de 6%, considerada muy alta, en tanto que la de los intereses vencidos se hizo a una tasa de interés de 3%. La conversión finalmente ascendió a 3,680,100 libras esterlinas y fue contratada con la casa londinense de Cristóbal de Murieta, a la que se le reconoció 0.5% de comisión sobre el valor liquidado y convertido (18,400 libras esterlinas).

Asimismo, lo que hoy se denominaría como el “equipo negociador” del Perú fue remunerado con el 4% en bonos sobre el total de la deuda liquidada y convertida (147,200 libras esterlinas). Los afortunados negociadores que se distribuyeron este beneficio fueron el ministro plenipotenciario Joaquín José de Osma, el secretario de la embajada peruana en Londres Felipe Barreda, y los otros dos miembros del equipo, don Pedro Beltrán y don Francisco de Rivero (2). A cada uno de los favorecidos le correspondió la importante suma de 36,800 libras esterlinas entregadas en bonos peruanos, de esos que pendejos transnacionales como el señor Kuczynski acostumbra llamar “soberanos”.

Notas

(1) Juan García del Río llegó a ser ministro de hacienda entre enero de 1836 y enero de 1837 y entre noviembre de 1837 y julio de 1838.

(2) Francisco de Rivero desempeñó el cargo de ministro de hacienda entre febrero y octubre de 1857.

Obras citadas

Basadre, Jorge. 1968. Historia de la República del Perú 1822-1933. Lima: Editorial Universitaria, Volumen 1, pp. 220-222; volumen 2, pp. 370-371; volumen 3, pp. 177-178.

Dancuart, P. Emilio. 1905. Anales de la Hacienda Pública del Perú. Lima: Librería e Imprenta Gil.

English, Henry. 1825. A general guide to the companies formed for working foreign mines. Londres: Boosey and Sons.

Marichal, Carlos. 1989. A Century of Debt Crises in Latin America: From Independence to the Great Depression, 1820-1930. Princeton: Princeton University Press, pp. 1-67.

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Junio 22, 2012
Etiquetas: [John Parish Robertson]  [Peruvian Mining Company]  [Perú país minero]  [Thomas Kinder Jr]  
Fecha Publicación: 2023-07-26T22:32:00.001-05:00
Escribe: César Vásquez Bazán

Desde el nacimiento de nuestro país como república, la explotación y aprovechamiento de los recursos de la minería fueron el objetivo central de las inversiones especulativas del capital extranjero.

En la publicación del año 1825 que presentamos, puede apreciarse parte del prospecto de la Peruvian Mining Company, empresa dotada de un capital de un millón de libras esterlinas, en cuyo directorio aparecen dos conocidos personajes de la época: los ingleses Thomas Kinder Jr. y su socio comercial John Parish Robertson. Kinder fue quien negoció el primer empréstito del Perú, en tanto que Parish Robertson estuvo a cargo del segundo empréstito, para el que fue nombrado agente financiero por el gobierno peruano.

El documento enfatiza que en el directorio de la Peruvian Mining Company figuraba Parish Robertson, quien por un lado coordinaba el segundo empréstito, como representante del Perú, y por el otro participaba de negocios privados en los que utilizaba su influencia como agente financiero de nuestro país con la finalidad de enriquecerse. 

Sabedores que podían manipular a las autoridades, los especuladores ingleses organizados en  la citada empresa minera no tuvieron mayor inconveniente en anunciar, con bastante franqueza, que los “objetivos de la Compañía serán promovidos aún más por influyentes e inteligentes caballeros, residentes en el Perú, que procurarán la cesión de los derechos territoriales, sean de individuos o del gobierno”.

Uno de estos influyentes caballeros fue el oportunista mercader Francisco Quirós, que aparece en el prospecto de la Peruvian Mining Company como director honorario y agente en el Perú. Don Francisco Quiros aparecería años después como uno de los más importantes consignatarios de guano.

Beneficiarios del lema propagandístico “Perú país minero”

La Peruvian Mining Company es otra muestra más de cómo, sin interesar el siglo del que se trate, la plutocracia peruana y el capital extranjero resultan ser los grandes beneficiarios de la afirmación propagandística “Perú país minero”. 

Al igual que los funcionarios coloniales durante el virreinato, los capitalistas ingleses de 1825 estuvieron interesados en “invertir” en el Perú no para impulsar el desarrollo de nuestro país sino para obtener grandes utilidades que pudieran remitir en forma rápida a Londres. Se valieron para ello de personajes con influencias en el gobierno de nuestro país, como lo fueron el señor John Parish Robertson y don Francisco Quirós. 

Las empresas de la denominada “gran minería” siguen aplicando en el Perú el día de hoy la misma modalidad de operación. Ellas se apropian de la mayor parte del excedente económico generado en las actividades mineras, en tanto que al país le entregan “un sencillo”, es decir una propina que les permita operar los yacimientos mineros.

Obras consultadas

Disraeli, Benjamin [Earl of Beaconsfield]. 1825. An inquiry into the plans, progress, and policy of the American mining companies. London: John Murray, pp. 66-67.

© César Vásquez Bazán, 2013
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Marzo 10, 2013
Etiquetas: [Alan García Pérez]  [Eduardo Bueno León]  [Pruébenlo imbéciles]  
Fecha Publicación: 2023-07-22T11:39:00.000-05:00

https://bit.ly/2STwGjR

Eduardo Bueno León

Alan García se suicidó porque era corrupto y genocida... y lo atraparon. Fue el gran beneficiado y azuzador del antichavismo en el Perú, país donde lo más aproximado a Chávez fue Ollanta Humala, el cual resultó neoliberal vargasllosiano de baja intensidad. Mientras mantuviera el miedo de las clases económicamente dominantes tenía asegurada la impunidad y hasta podría tentar un tercer mandato presidencial. De facto se coronó como el candidato de emergencia de la derecha neoliberal peruana.

Usó al Partido Aprista como maquinaria electoral y como fuente de reclutamiento de abogados e ingenieros, familiares y cuadros absolutamente leales, dispuestos a inmolarse por él, usando los aparatos culturales del PAP como la célebre fraternidad y lealtad. Un ejemplo fue la Fiscalía de la Nación, donde puso a adláteres que lo limpiaban de cualquier acusación. Pero sus vínculos reales eran la burguesía minera, los empresarios de la construcción, algunos banqueros que lo perdonaron, dueños de medios de comunicación y el lobby chileno. Empero, Alan García no pudo controlar las redes sociales y fue en ese espacio virtual de construcción de opinión pública, donde perdió casi todas sus batallas y de donde salieron las denuncias y narrativas más fuertes en su contra.
El APRA alanista fue su particular ejército civil de mercenarios, los que lo defendían a capa y espada, los que lanzaban campañas de satanización, grupos violentos que boicoteaban reuniones de sus adversarios. García no permitió el surgimiento de nuevos liderazgos y reprimió a los críticos violentando reglamentos y estatutos. Era un sátrapa con problemas psicológicos y mentales, incapaz de enfrentar cara a cara a sus críticos. Siempre usaba a terceros, burócratas como Del Castillo, Mulder, Mantilla, mafias de construcción civil, periodistas encandilados con su carisma y favores.
Tuvo en sus manos todos los instrumentos y decisiones para capitalizar al Estado y lanzar una gran revolución educativa, de la sanidad pública, de la seguridad social, de la conectividad y promover el despegue industrial. Bastaba con mantener sus promesas del 2006, ampliamente apoyadas. Pero claudicó. Vio la oportunidad, no para hacerse millonario, pues ya lo era con las campañas electorales del APRA y la inmolación de Mantilla. Quería vengarse, y logró que la gran burguesía peruana y transnacional beneficiada con los precios altísimos de los minerales, la misma que lo persiguió, que lo quiso matar, que lanzó una maquinaria mediática destructiva de su imagen, a partir del 2006, lo aplaudiera, lo celebrara, lo canonizara... para finalmente, pasarlo a la reserva cuando era evidente que Odebrecht lo tenía en su registro. Su última candidatura fallida fue un patético recordatorio.
Durante su primer gobierno no pudo controlar la corrupción y la espantada burocrática. Se aseguró en lo personal y familiar, porque sabía lo que se le venía encima. Durante su segundo mandato, era evidente que el robo, la mordida, la comisión, la coima se institucionalizó. Dio la impresión, que la consigna impartida al mundillo alanista fue enriqueceos bajo el lema todos formamos parte de lo mismo. Los Fiscales anticorrupción han detectado las redes entre compañeros, funcionarios recomendados de su entorno... para todos hubo mucho dinero para cortarle el paso al chavismo. García entendió que fuera del Gobierno ya no le podían garantizar la impunidad. Una generación de fiscales honestos asumió el rol de limpiar la política y al Estado del lavado de dinero promovido por el fujimorismo y las coimas de Odebrecht a los presidentes del alto crecimiento del PBI.
Si era inocente y era un hombre de honor, ¿por qué no enfrentó la detención y los juicios con dignidad? Hubiese accedido a la libertad condicional y se hubiese defendido. El Perú que lo miraba con sospecha y los jóvenes indignados con su corrupción y las matanzas, le hubiesen reconocido su arriesgada entereza. Habría alcanzado la estatura moral de un Haya de la Torre fundador histórico del APRA al que lo acusaron de todo, pero nunca nadie se atrevió a llamarlo ladrón. Era pedirle demasiado. Quien traiciona ideología, valores, programas creando un pragmatismo a su medida, no tardará en traicionar la confianza pública, la virtud cívica, el reconocimiento republicano. La corrupción se busca, no se encuentra.

Semanas antes de suicidarse, acosado por los periodistas, pero realmente furioso porque las pruebas e indicios en su contra se acumulaban, lanzó su célebre grito Pruébenlo... imbéciles. García creía que tenía derecho a robar, se consideraba un salvador de las grandes ganancias empresariales y del “modelo” ... ¿Por qué tendría que ser detenido? Conocía cabalmente los meandros de la corrupción judicial-empresarial y donde descansaba el poder que lo sostenía. Ese mismo poder que él con su traición, fortaleció y llenó de dinero. No quiso ver que la caída de su amigo, el expresidente PPK, inaugura un nuevo ciclo y las viejas alianzas comenzaban a disolverse... para crear otras nuevas, donde él mismo, ya no figuraba. Su arrebato expresó su frustración y enojo insoportables para su narcisismo, y, sobre todo, el saberse abandonado ante la implacable labor de los fiscales. No proclamó su inocencia, exigió que le demostrasen su culpabilidad. Entendió tardíamente que aquello que estaba bien atado, también comenzó a desatarse.

Enero 7, 2020
Etiquetas: [APRA]  [Cesar Vásquez Bazán]  [corrupción en el PAP]  [corrupción en el Perú]  [MEF]  [Ministerio de Economía y Finanzas]  [PAP]  [Partido Aprista Peruano]  
Fecha Publicación: 2023-07-21T09:34:00.001-05:00
Cheques por las remuneraciones que percibí como ministro de Economía en mayo de 1989. La juramentación en el cargo se realizó el 15 de dicho mes; por esa razón los dos cheques mostrados constituyen la remuneración por los quince días trabajados entre el 15 y el 31 de mayo de ese año.

El detalle de los cheques es el siguiente:

La suma de 359,505.33 intis puede convertirse a dólares de EE. UU. Si se utiliza el tipo de cambio oficial de mayo de 1989 (1 dólar = 1,946.82 intis), el sueldo en dólares del ministro de Economía ascendió a 185 dólares quincenales, es decir 370 dólares mensuales.

Si se utiliza el tipo de cambio paralelo de mayo de 1989 (1 dólar = 2,800 intis), el sueldo se reduce a 128 dólares quincenales, es decir 257 dólares mensuales.

En adición a esas remuneraciones, no percibí ninguna otra asignación mensual del MEF, del Banco Central de Reserva, ni de ningún otro banco, empresa o institución del sector público o privado, nacional ni extranjero, ni de ningún organismo nacional o internacional. Los ministros no teníamos acceso a tarjetas de crédito ni a gastos de representación. Tampoco recibíamos remuneraciones en las planillas de pago del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Presento esta información porque creo que los funcionarios que desempeñaron cargos electos o por designación en la administración pública tienen el deber de hacer conocer sus ingresos no sólo en sus declaraciones juradas de impuestos sino cuando algún ciudadano peruano o militante de su partido político así lo exija. Eso es lo que ha sucedido en esta oportunidad.

Finalmente, la información se refiere al caso particular del ministro de economía César Vásquez Bazán entre el 15 de mayo de 1989 y el 28 de julio de 1990. En ese período hubo ministros de estado que recibieron sueldos similares a los del MEF, pero también hubo otros que no cobraron remuneración como ministros y lo hicieron como parlamentarios. Por ser congresistas recibieron remuneraciones sustancialmente mayores al ser mayor la remuneración, asignaciones y bonificaciones pagadas a senadores y diputados.

Asimismo, esta información no tiene ninguna relación con las remuneraciones percibidas por los funcionarios de las empresas públicas, ingresos que fueron más elevados, como lo pueden atestiguar los gerentes y ejecutivos de empresas estatales como Petro-Perú, Centromín-Perú, etc.

Fuente: APRA Global, mensaje 11513, junio 24, 2001

© César Vásquez Bazán, 2012
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Marzo 18, 2012
Etiquetas: [hijos no reconocidos de García Pérez]  [Jorge del Castillo Gálvez]  [Jorge Lozada Stanbury]  [Miguel del Castillo]  [Patricia Lozada Valderrama]  
Fecha Publicación: 2023-07-20T12:18:00.000-05:00
https://goo.gl/wH8fFV
Escribe: César Vásquez Bazán
Como tres gotas de agua
Composición fotográfica que incluye a la hija de García Pérez, señorita Josefina García Nores, la señora Patricia Lozada Valderrama y al propio García, padre de Josefina. ¿Padre también de Patricia?

El jueves 10 de abril de 2008 publicamos en este blog el artículo “Señor presidente AGP: ¿Cuál es su parentesco (sanguíneo) con doña Patricia Lozada, esposa de Miguel del Castillo Reyes?” (*). Por supuesto, en esa oportunidad Alan García no respondió la pregunta. El día de hoy, dado el nuevo escándalo de descaradas influencias políticas en el que se ve envuelta la señora Lozada, volvemos a formular la interrogante y la hacemos extensiva no sólo a García sino a la propia Patricia Lozada y a su esposo (e hijo del Tío George del Castillo Gálvez), don Miguel del Castillo Reyes.

En los últimos días el nombre de la señora Patricia Lozada Valderrama ha reaparecido en las noticias políticas del país. Esta vez, el motivo de la atención de la prensa en Patricia fue su inesperado nombramiento como directora de la Oficina Ejecutiva de Control de Drogas (OFECOD) del Ministerio del Interior. Según información proporcionada por la propia interesada, este organismo se encarga de diseñar y ejecutar toda acción necesaria para la lucha antidrogas en el país, especialmente en el valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE) y el Huallaga, además de disponer el destino de los bienes incautados a los sentenciados por narcotráfico. Dicho en palabras distintas a las de Patricia, se trata de un puesto estratégico desde el cual se puede combatir el narcotráfico. Sin embargo –añadimos nosotros– desde ese mismo puesto también se puede robar. Y harto.

Las críticas contra la designación de Patricia Lozada se han centrado en el hecho que ella es nuera del corrupto Tío George del Castillo, un politicastro alanista que parece ser el rey Midas al revés, dado que convierte en mierda todo lo que toca. En esta oportunidad, por ser hija política de uno de los capitanes de la banda de García Pérez, la pobre Patricia pagó nuevamente pato y ha recibido harto y duro palo.

Preguntas necesarias

Surge una primera inquietud: ¿son merecidas las abiertas críticas contra la Lozada? En este tema puede ser que las protestas tengan base o no la tengan, pero lo que llama la atención es la facilidad para obtener favores con que cuenta Patricia –habilidad que ya quisieran tener muchos peruanos– y la versatilidad con la que la doña puede pasar de un campo a otro. Y es que, cual metamorfosis de bella mariposa, Patricia evoluciona con envidiable facilidad de candidata al Congreso, a “consultora” de CONAJU, a animadora de televisión y finalmente a líder de la lucha contra el tráfico de drogas.

Las transformaciones de la señora Lozada plantean una nueva interrogante: ¿Cuál es la jerarquía política de Patricia Lozada? ¿Por qué el interés en colocarla en cualquier puesto, a como dé lugar? ¿Qué político importante está detrás de una persona que puede hacer que su defensa sea asumida por el ministro del Interior y las representaciones parlamentarias íntegras del alanismo y el fujimorismo? ¿Es sólo Jorge del Castillo quién apuntala a la Lozada? ¿O es acaso un poder político mayor que el del corrupto Tío George? Si hay un político de mayor nivel, ¿quién es él y cuáles son las razones de su apoyo?

Posibles respuestas

Luego de analizar la información existente, es posible concluir que quien se encuentra interesado en nombrar a Patricia en cualquier cargo, y que quien se preocupa paternalísticamente por el futuro personal –y los ingresos– de Patricia Lozada es el propio presidente de la república, don Alan García Pérez. Basamos nuestra respuesta en los siguientes hechos:

1.- A pesar de no tener ninguna militancia en el Partido Aprista Peruano, ni ser precisamente lo que podría llamarse una estudiante destacada, Patricia Lozada fue favorecida desde comienzos de la presente década con una serie de designaciones que sólo podían ser efectuadas directamente por García Pérez o por sus órdenes expresas. Por ejemplo, Patricia fue enviada por García a “estudiar” a España, en la Fundación Pablo Iglesias del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). En este caso, el contacto con el PSOE lo tenía Alan y fue una gestión directa y rápida. La Lozada también fue enviada a un curso de adoctrinamiento político provisto por el National Democratic Institute (NDI). En este caso, García Pérez impartió la orden que fue ejecutada gustosamente por el Tío George, que es quien mantiene el contacto con su amigo Luis Nunes del NDI. Por supuesto, en este último pedido, del Castillo se ganó alguito pues incluyó en la nómina a su hijo Miguel, como se sabe esposo de Patricia. (Dicho sea sólo de paso, nos encontramos aquí frente a un doble episodio de nepotismo alanista-castillista: favorecimiento del hijo y favorecimiento de la nuera.)

2.- La misma Patricia Lozada Valderrama, carente de militancia en el PAP y sin mayores luces intelectuales, apareció como candidata alanista al Congreso en las elecciones del año 2006, supuestamente representando al aprismo de Arequipa. La exsinamista y dirigente alanista Meche Cabanillas fue encargada por García de promover con especial ahínco la carrera política de la Lozada, introduciéndola por donde iba como la futura gran dirigente femenina del PAP. En esta oportunidad, una vez más, el felón de Palacio estuvo detrás de la inclusión de la Lozada en la lista de candidatos. Es conocido que dicha relación de pretendientes a escaños parlamentarios fue hilvanada y cosida a mano por el propio García, quien incluyó en ella sólo personal de su entera confianza. Desafortunadamente para Alan, a pesar de su apoyo y el de la Cabanillas, la Lozada no alcanzó cupo en la lotería congresal.

3.- Sin embargo, un nombramiento que sí provino del Tío George fue la aparición de Patricia Lozada como cabecilla del programa ¡Qué tal raza! propalado por el cadavérico Canal 11 de Televisión durante los meses que del Castillo quiso apoderarse de esa estación utilizando como testaferro a su hijo –y esposo de la Lozada– Miguel del Castillo. La experiencia abortó cuando el intento del capitán alanista quedó al descubierto y Miguelito fue obligado a evaporarse de la escena.

La relación oculta entre García Pérez y Patricia Lozada

En el año 2004, Patricia Lozada se casó en Cayma, Arequipa, con Miguel del Castillo Reyes, como se sabe hijo del Tío George. A la boda asistió García Pérez, supuestamente invitado por del Castillo. Sin embargo, se conoció en ese momento que el matrimonio de Patricia con una salamandra como lo es Miguelito del Castillo no fue en absoluto del agrado de Alan. Con respecto a esta actitud de AGP frente al matrimonio de la doña, surgen dos conjuntos de preguntas: (1) ¿Por qué debería interesarse García en el tema de la selección del novio de Patricia? ¿Qué vela tenía él en ese casamiento? (2) ¿Por qué la oposición de Alan a la persona del hijo de del Castillo? ¿Por qué su molestia?

Intentaremos dar respuesta a ambas parejas de interrogantes. Con respecto a la primera, parece ser que existiría una relación familiar sanguínea entre García Pérez y la Lozada. Sobre cuál es esa relación corresponde dar explicaciones a los actores de esta tragicomedia, es decir el propio presidente y la propia Patricia. Ambos dos, como diría el secretario alanista Nava, deberían expresarse con franqueza. Ambos, Alan y Patricia, deberían aclarar el misterio.

En relación a la segunda pregunta debe recordarse que es conocido que el zamarro Miguel del Castillo Reyes comenta entre su parentela y amigos más cercanos, con el cinismo vomitivo que lo caracteriza, que si bien Alan García no lo puede ver ni en pintura –y por eso el despacho presidencial manda que permanentemente se le siga– él a Alan lo tiene bien cogido de los huevos “por el asunto de Patricia. ¿Cuál es ese “asunto de Patricia” con el cual Miguelito –y su señor padre el Tío George– puede chantajear a Alan García Pérez? ¿Es acaso que a García Pérez no le agradaba la idea de establecer una eventual relación familiar política –política en el otro sentido de la palabra– con del Castillo Gálvez? ¿Por qué no le gustaba dicha posibilidad a Alan? En esta oportunidad, la respuesta debería provenir del propio García, de del Castillo y del novio Miguelito.

¿Coincidencias explicables?

La señora Lozada nació en Venezuela el 28 de junio de 1979. Carlos Andrés Pérez, mentor y compadre de García, fue presidente de ese país hasta el 12 marzo de 1979. Un año antes, el 28 de julio de 1978, se había instalado en el Perú la Asamblea Constituyente, presidida por Haya de la Torre, cuerpo del que fuera primer secretario una distinguida personalidad aprista, un militante arequipeño muy estimado por Víctor Raúl y por Luis Alberto Sánchez. Nos referimos al constituyente Jorge Lozada Stanbury.

Es sabido que a comienzos de 1979 Haya de la Torre tuvo una seria mortificación provocada por García Pérez. Como producto de ese disgusto, y hasta el final de sus días, el 2 de agosto de ese mismo año, Haya no quiso recibir ni tener delante a Alan. No se conoce exactamente cuál fue el motivo de la desazón de Víctor Raúl con García. Se presume, sin embargo, que fue un grave faltamiento vinculado al abuso por García Pérez de la hija de una familia aprista. Haya se sintió culpable de la afrenta porque él, como Jefe del Aprismo, pidió que los compañeros de Arequipa recibieran en su casa a García. En ese sentido, la reacción de Haya fue similar a la que se produjo cuando solicitó a Mercedes Cabanillas que se retirara del PAP porque él “no quería putitas en el Partido”. En ese año –1978– García ya estaba casado con la señora Pilar Nores...

(*) Puede leer el artículo haciendo clic en: Señor presidente AGP: ¿Cuál es su parentesco (sanguíneo) con doña Patricia Lozada, esposa de Miguel del Castillo Reyes?

© César Vásquez Bazán, 2009
Octubre 29, 2009

BIBLIOTECA VIRTUAL DE LA GUERRA DEL PACÍFICO

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Marzo 25, 2020
Etiquetas: [Abdón Cifuentes]  [armamentismo chileno]  [blindados chilenos]  [cambio de litorales]  [Daniel Ruzo]  [Guerra del Pacífico]  [Guerra del Salitre]  [rectificación de fronteras]  
Fecha Publicación: 2023-07-06T20:34:00.000-05:00
Sobre la compra frustrada de los blindados peruanos puede Ud. leer: https://goo.gl/lJVaPM
Recopilación: César Vásquez Bazán
Manuel José Irarrázaval

Abdón Cifuentes Espinosa (1837 - 1928)
 Oficial Mayor (Subsecretario) de Relaciones Exteriores de Chile desde 1865 y durante el segundo gobierno del presidente José Joaquín Pérez (1866-1871). A fines de 1871 propuso y al año siguiente obtuvo la aprobación de la compra de dos buques blindados y la creación del ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. 

Fue el estadista Manuel José Irarrázaval quien, en 1864, durante sus frecuentes conversaciones con ministros y políticos chilenos, puso en debate y defendió la necesidad de adquirir dos monitores o buques blindados para la armada de Chile. Las razones esgrimidas por Irarrázaval estuvieron vinculadas a la defensa del país contra las intenciones militaristas de España. La iniciativa de Irarrázaval no fue aceptada por las instancias gubernamentales en vista de no disponerse de los dos millones de pesos necesarios para pagar la compra del material de guerra. El egreso fue considerado excesivo en un país cuyos gastos públicos ascendían a diez millones de pesos. Intentando superar el rechazo, Irarrázaval llegó a ofrecer proporcionar el financiamiento de su propio peculio, ayudado por los dineros de parientes y amigos, pero aun así el proyecto fue rechazado.

El 31 de marzo de 1866 la escuadra española bombardeó Valparaíso y ocasionó daños materiales por quince millones de pesos. Dicha acción dio la razón a Irarrázaval e hizo ver la necesidad de contar con una marina de guerra capaz de enfrentar el ataque de buques acorazados como las fragatas blindadas Numancia y la Blanca usadas en el ataque contra Valparaíso.

fines de 1871 la iniciativa para la adquisición de los dos buques blindados fue presentada en el Consejo de Estado del gobierno del presidente Federico Errázuriz (1871-1876) por el recién nombrado ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública Abdón Cifuentes. Recibió amplio respaldo político y fue enviada al Congreso chileno que la aprobó por ley del 4 de enero de 1872.

El argumento más importante usado por Abdón Cifuentes para sustentar el proyecto de compra de material de guerra fue que los blindados eran necesarios para enfrentar los conflictos frecuentes habidos con el Perú” y deberían ser de primera categoría, más poderosos que los peruanos Huáscar e Independencia para equilibrar nuestro poderío naval” (Barros 1970, 269). El mismo autor (Barros 1970, 260) observó que “Cifuentes abarcó el panorama limítrofe [de Chile] y las rivalidades con Perú con una clarividencia asombrosa. Era obvio que el subsecretario de Relaciones Exteriores había percibido la urgente necesidad de los blindados para un país como Chile que se expandía silenciosamente hacia el norte y penetraba los territorios de sus vecinos. El mismo 4 de enero de 1872 el ministro plenipotenciario Alberto Blest Gana, encargado de la legación chilena en París “recibía instrucciones de ordenar la construcción de los buques en astilleros ingleses o franceses, con la consigna de trabajar día y noche. Blest Gana contrató la construcción de los blindados en los astilleros Hull de Inglaterra y los pagó casi al contado (Barros 1970, 284-285).

Debe hacerse notar que Abdón Cifuentes fue el mismo funcionario que desempeñó desde 1865 la Subsecretaría de Relaciones Exteriores  y que visualizó la importancia económica de conquistarlos territorios salitreros y mineros de Perú y Bolivia. Quizá la muestra más explícita de esa intención fue la orden que impartió en marzo de 1866 al nuevo embajador en Bolivia Aniceto Vergara Albano conducente a obtener el apoyo del gobierno boliviano al proyecto de rectificación de fronteras o cambio de litorales por el que Chile se apoderaría de los territorios de Tarapacá y Antofagasta y apoyaría a Bolivia en la conquista de Tacna y Arica. 

Abdón Cifuentes relata que los conflictos con el Perú fueron la razón principal para comprar los blindados para la armada chilena

(Donoso 1947, 170-172)



Abdón Cifuentes y la compra de los blindados para la armada chilena

Ley chilena del 4 de enero de 1872 autorizando la compra de dos blindados
Este dispositivo fue la principal justificación esgrimida por los diplomáticos peruanos para suscribir un año y un mes después, el 6 de febrero de 1873, el Tratado de Alianza Defensiva entre Perú y Bolivia. Las autoridades de Relaciones Exteriores del Perú pensaron que el tratado serviría para contener las ambiciones de conquista territorial de Chile.
(Lira 1884, 126)

Informes advierten en Perú sobre la construcción de los blindados chilenos

El 31 de agosto de 1872, Daniel Ruzo, presidente de la comisión de delegados fiscales peruanos en Londres, informó al gobierno de Manuel Pardo sobre los preparativos navales del enemigo chileno. El informe está fechado siete años antes del estallido de la guerra de conquista territorial declarada por Chile. Los políticos de ese entonces, como los de ahora, no tomaron medidas efectivas para enfrentar el desafío de Chile (Comité Patriótico Peruano 1919, 9-10).

Comunicación de Daniel Ruzo, presidente de la comisión de delegados fiscales peruanos en Londres, en la que informa sobre los preparativos navales del enemigo chileno. El informe está fechado el 31 de agosto de 1872, siete años antes del estallido de la guerra de conquista territorial declarada por el Chile. Los políticos de ese entonces, como los de ahora, no tomaron medidas efectivas para enfrentar el desafío de Chile.
(Comité Patriótico Peruano 1919, 9-10)

A partir del año 1872 laMemorias de Marina del gobierno chileno informaron sobre la contratación y el avance de los trabajos de los blindados que había ordenado construir en Inglaterra.

En la Memoria de ese año se reportó la contratación de la construcción del primer blindado con la firma Earles Shipbuilding and Engineering Co. Ltd., de Hull, Yorkshire, Inglaterra. El contrato tiene fecha de abril de 1872. Se trataba del Almirante Cochrane, un blindado de batería fija, con seis cañones del sistema Woolwichde trescientas libras y doce toneladas y media. Tenía tres mil caballos de fuerza y doble hélice, con un andar de trece millas. Contaba con un blindaje de nueve pulgadas en la parte correspondiente a máquinas y calderas de la línea de agua. Tenía un desplazamiento de 2,025 toneladas. El tiempo de construcción se fijó en diecisiete meses, con fecha de entrega en septiembre de 1873.

Puede establecerse la superioridad del acorazado Almirante Cochrane comparando sus especificaciones técnicas con las del Huáscar, construido una década antes, en 1864. El monitor peruano era un blindado de torre giratoria, con dos cañones de trescientas libras, dos de cuarenta libras y uno de doce. Todos los cañones eran del sistema Armstrong. Era un buque de 300 caballos de fuerza y de hélice única, con un andar de trece millas. Tenía un blindaje de cuatro pulgadas y media y un desplazamiento de 1,765 toneladas.  




Memoria de Marina de Chile correspondiente al año 1872
(República de Chile 1872, 5-7)

Especificaciones técnicas del blindado Almirante Cochrane
(República de Chile 1872, 450-452)

Abdón Cifuentes y la adquisición de los blindados chilenos
Escribe: Jorge Basadre (1968-70, VI: 240-241)

Abdón Cifuentes, oficial mayor del ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, era un convencido de que los daños ocasionados por la escuadra espa­ñola a su país tenían su origen en el desarme naval en que se hallaba sumido. Contemplaba con alarma la superioridad alcanzada por la escuadra peruana y anhelaba evitar un nuevo desastre si sobrevenía un conflicto con el aliado de 1866. Su obsesión patriótica era que Chile no siguiera como potencia de segunda clase en el Pacífico sudamericano. Ante el presidente Pérez hizo reiterados esfuerzos para decidirlo a adquirir dos blindados que cambiaran la proporción de los armamentos navales en esta área del Pacífico. Pérez no creía en la existencia de un peligro peruano y opuso una resistencia irreductible a efectuar los gastos y los esfuerzos implícitos en este costoso proyecto armamentista.

Al llegar Federico Errázuriz Echaurren a la presidencia de la república, llevó a Cifuentes al ministerio de Justicia y le brindó el más amplio apoyo. Cuando pasó por el consejo de Estado el proyecto que autorizaba al ejecutivo para contratar un empréstito por dos millones doscientos mil pesos destinados a la adquisición de dos buques de guerra blindados, se aprobó con el voto en contra del expresidente Pérez. El congreso sancionó la ley respectiva, siendo ella promulga­da el 4 de enero de 1872. Su tramitación habíase iniciado en octubre de 1871.

Obras citadas

Barros Van Buren, Mario. 1970. Historia diplomática de Chile 1541 - 1938. Segunda edición (actualizada a 1958). Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello. 

Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. 6ta. ed. Lima: Editorial Universitaria.

Comité Patriótico Peruano. 1919. Documentos esenciales del debate peruano-chileno. Buenos Aires: Talleres Gráficos Ferrari Hnos.

Donoso, Armando. 1947. Recuerdos de cincuenta años. Santiago de Chile: Editorial Nascimento.

Lira, José Bernardo. 1884. La legislación chilena no codificada o sea Colección de Leyes y Decretos vigentes y de interés general. Tomo IV. Santiago de Chile: Imprenta de El Correo.

República de Chile. 1872. Memoria que el ministro de Estado en el Departamento de Marina presenta al Congreso Nacional de 1872. Santiago de Chile: Imprenta Nacional.

© César Vásquez Bazán 2014, 2020
Todos los derechos reservados
Mayo 25, 2014; mayo 16, 2020
Escribe: César Vásquez Bazán
Texto de la Resolución Legislativa peruana de aprobación del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación de 1876 entre el Perú y Chile 
(Aranda 1892, IV: 116-124)
Previendo la futura guerra con el Perú para conquistar Tarapacá, la clase gobernante chilena se negó a ratificar el Tratado. 









Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre el Perú y Chile firmado en Lima el 22 de diciembre de 1876
El Tratado de Amistad fue rechazado por Chile a pesar de haber sido suscrito por su embajador en Lima Joaquín Godoy Cruz

Joaquín Godoy Cruz
Embajador chileno en Lima en 1876

1.  ¿Qué hecho importante para las relaciones diplomáticas peruano-chilenas sucedió en Lima a fines de 1876?

Muchos peruanos y chilenos desconocen que tres años antes del estallido de la Guerra del Salitre, Perú y Chile firmaron el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación de 1876. El acto tuvo lugar en la ciudad de Lima, el 22 de diciembre de ese año. Perú estuvo representado por el Ministro de Relaciones Exteriores José Antonio García y García, en tanto que Chile lo fue por Joaquín Godoy Cruz, Embajador Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en el Perú. Al suscribir el tratado, Godoy cumplió con la directiva de Aníbal Pinto Garmendia, el nuevo presidente chileno instalado tres meses antes, en septiembre de 1876.

2.  ¿Fue aprobado por el Perú el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación de 1876?

Se afirma que fueron los Congresos de ambos países los que rechazaron el Tratado de 1876. Sin embargo, esa creencia es falsa en lo que respecta al Perú. El tratado fue aprobado por el Congreso peruano el 3 de febrero de 1877. La correspondiente Resolución Legislativa fue promulgada el 6 de febrero de ese año y lleva las rúbricas del presidente Mariano Ignacio Prado y del Ministro de RR.EE. José Antonio García y García.

Como el Perú estaba interesado en mantener la paz con el vecino sureño, el trámite de aprobación del tratado en nuestro país sólo requirió un mes y medio. El 6 de febrero de 1877  el Gobierno peruano se encontraba listo para canjear los instrumentos de ratificación. 

3. ¿Fue aprobado por Chile el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación de 1876?

Chile no estuvo interesado en aprobar el Tratado de Amistad de 1876 con el Perú. Según explicó Paz-Soldán (1884, 5), las excusas utilizadas por la clase dirigente chilena fueron, inicialmente, que el Congreso de ese país estaba ocupado en atender temas más importantes y, tiempo después, que debería introducirse ciertas modificaciones en las cláusulas comerciales del Tratado. 

Para Chile el Tratado de Amistad de 1876 fue un proyecto inconveniente para sus fines expansionistas. Fue desechado por el Senado chileno; sus instrumentos de ratificación nunca fueron canjeados. Por eso es que puede afirmarse que en 1877 Chile desechó el documento firmado por su embajador Godoy y por Mariano Ignacio Prado, José Antonio García y García y el Congreso peruano.

4.  ¿Informan los historiadores chilenos sobre la negativa del Senado de ese país a aprobar el Tratado de 1876?

En las narraciones chilenas de los orígenes de la Guerra del Salitre, se menciona en lugar preferencial la existencia del Tratado Secreto de Alianza Defensiva entre Perú y Bolivia, firmado en 1873, documento que es presentado como supuesta muestra de la conducta poco amistosa de ambas naciones con respecto a Chile. Dicho comportamiento, según los historiadores chilenos, explica la declaración de guerra de Chile contra Perú y Bolivia.

Con el fin de mantener en pie esta interpretación, los publicistas sureños guardan silencio sobre la negativa de Chile a suscribir el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación de 1876. La existencia de ese documento, firmado en Lima por el embajador Joaquín Godoy y aprobado por el Perú cuatro años después del Tratado de Alianza Defensiva con Bolivia, deja sin fundamento la tesis de la agresividad peruana contra el país del sur y la revierte, puesto que la oposición chilena a aprobar el tratado es indicativa de las intenciones guerreristas de Chile.

Un reciente texto del publicista chileno Sergio Villalobos Rivera (2002, 127) permite apreciar cómo se manipula la historia con el fin de defender el discurso oficial chileno sobre el origen de la Guerra del Salitre. Si bien dicho autor se refiere al Tratado de 1876, lo hace sin mencionar que el convenio no fue aprobado por el Senado chileno y que, por esa oposición, nunca se canjearon los instrumentos de ratificación. El texto en el que Villalobos refiere la mitad de la verdad sobre el Tratado de 1876 es el siguiente:


“El deseo de tener buenas relaciones movió a Chile y el Perú a negociar en 1876 un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación destinado a favorecer a los nacionales de ambos países. Consiguió, además, una cláusula de arbitraje en caso de interrumpirse las relaciones amistosas y normas para aminorar los males de la guerra en caso de caer en ese extremo. El Congreso peruano aprobó el Tratado en febrero de 1877 y aunque no llegó a ser canjeado, prueba que hubo un momento de buena voluntad entre Lima y Santiago” (Villalobos 2002, 127).

5.  ¿Cuáles fueron los principales acuerdos incluidos en el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre la República del Perú y la de Chile en 1876? ¿Por qué no estuvieron interesados los líderes de las clases gobernantes chilenas en aprobar dicho Tratado?

Como su nombre lo indica, el Tratado comprendió varios temas en materia de relaciones entre ambos países, comercio y navegación. Las razones por las cuales Chile no lo aprobó fueron tres. Todas ellas están relacionadas con el artículo XVII del convenio:

a) Obligatoriedad del arbitraje para la solución de eventuales conflictos

El artículo XVII estableció que de surgir diferencias entre ambos países y “después de haber agotado los medios de llegar a un arreglo amigable y satisfactorio… se someterán tales diferencias, de mutuo acuerdo, al arbitraje de una tercera potencia, a fin de evitar un rompimiento definitivo”.

El país del sur desestimó la posibilidad de arbitrajes de terceras potencias en caso de un conflicto o desentendimiento con el Perú. Los líderes políticos chilenos concluyeron que no era conveniente para su país formalizar la necesidad del arbitraje con el fin de obtener la solución de los problemas que pudieran presentarse con nuestro país.

Apoyada en la presencia de los dos acorazados que había adquirido en Inglaterra y que le aseguraban la hegemonía en el Pacífico, la clase gobernante chilena deseaba tener libertad de acción para declarar la guerra al Perú, llegado el momento de decidir el dominio del salitre y de Tarapacá. La oligarquía chilena no quería obligarse a aceptar un arbitraje que sería impracticable dada su ausencia de títulos para discutir el dominio territorial de Tarapacá. 

Si el objetivo de Chile era apropiarse de Tarapacá y Arica, es obvio que el Perú no iba a perder su soberanía territorial sobre Tarapacá mediante arbitraje. Peor aún, según los líderes políticos chilenos, la conciliación daría tiempo al Perú a armarse y organizarse militarmente, reduciéndose de manera drástica las ventajas que tendría para Chile un ataque por sorpresa contra Perú.

Por tanto, a Chile no le interesó ni convino el arbitraje de una tercera potencia ni la conciliación con el Perú para la resolución de las diferencias que pudieran producirse con nuestro país. El lenguaje chileno de la conquista territorial utiliza mejor los fonemas de la violencia de los blindados ingleses, los cañones Krupp y los fusiles Comblain.

b)  Prohibición de cometer crímenes contra la humanidad

Para quedarse con Tarapacá y Arica, Chile sabía que tendría que poner en práctica una política bélica destinada a doblegar la voluntad peruana. Sin embargo, el inciso tercero del artículo XVII del Tratado, estableció la obligación, en caso de guerra, de “respetar... las personas de los ciudadanos” del otro país. Esta exigencia sería problemática para Chile, puesto que impediría atentar contra la vida de los civiles residentes en los teatros de operaciones.

Asimismo, el inciso sexto del Tratado prescribió que “en el curso y en todos los incidentes de la guerra” tanto Chile como Perú observarían “las doctrinas y los usos más humanitarios y más conformes con la civilización cristiana”. 

Ambos incisos eran totalmente opuestos al interés de Chile, país que sabía que apoderarse de Tarapacá, Arica y Tacna obligaría a infundir terror, total y abierto, sobre la población peruana para que aceptara la conquista territorial. Chile no podría poner en práctica su s consignas de “mueran los cholos”. No podría efectuar “repase” de heridos ni prisioneros, ni fusilamiento de soldados cautivos, ni ejecutar la consigna criminal de “hoy no hay prisioneros”, órdenes dictadas por los mandos chilenos antes de muchos de los combates.

c) Respeto a la propiedad privada de los ciudadanos del otro país

El inciso tercero del artículo XVII del Tratado también estableció la obligación de respetar la propiedad privada de los ciudadanos del otro país

Esta disposición del Tratado constituía un impedimento para la realización de saqueos y robos en contra de la propiedad de peruanos. Los gobernantes chilenos aspiraban a apoderarse de las riquezas peruanas, sean éstas de propiedad fiscal o privada. De tiempo atrás, Chile había puesto sus ojos en las riquezas acumuladas por las clases altas peruanas y no quería privarse de la oportunidad de apoderarse de ellas sólo por cumplir con un inoportuno Tratado de Amistad.

Las tres razones anteriores impulsaron a Chile a enviar en 1877 al cesto de la basura el papel mojado en tinta que contenía el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con el Perú. Para la clase gobernante chilena, el Tratado era un obstáculo para el logro de sus objetivos de expansión territorial desarrollados desde los años 1860s y que se afinaron en la segunda mitad de los años 1870s. Hasta hoy, este hecho es silenciado por la mayoría de historiadores y políticos chilenos e ignorado por la mayoría de historiadores y políticos peruanos. 

Puesto a consideración del Congreso chileno, el Tratado firmado por el Embajador Joaquín Godoy no fue aprobado. Chile se negó a canjearlo dos años antes de declarar la guerra a nuestro país, demostrando que a la nación del Mapocho sólo le importa firmar tratados que le permitan la obtención de los objetivos nacionales fijados por sus clases gobernantes.

6.  ¿En qué hechos se nota la apatía oligárquica chilena respecto a la aprobación del Tratado de 1876?

Es interesante observar cómo los gobernantes chilenos arrastraron los pies y miraron al otro lado cuando debió discutirse en Santiago el Tratado firmado por los embajadores Godoy y García y García y refrendado por el Gobierno peruano.

En principio, la oligarquía chilena sólo consideró el Tratado firmado por su  embajador Joaquín Godoy como un proyecto del Ministerio de Relaciones Exteriores y Colonización. 

Adviértase también que la fecha de publicación del Tratado en el Diario Oficial del Gobierno de Chile es primero de marzo de 1877. Apareció en la edición de ese día, páginas 5 y 6, con el título de Proyecto de Tratado de Amistad, Comercio y Navegación Chile-Perú de 1876Es exactamente el mismo documento incluido en el libro peruano de Ricardo Aranda.

Es importante tomar nota de la fecha anterior para comparar las actitudes de Chile y Perú respecto al mantenimiento de la paz en el Pacífico Sur a sólo dos años del estallido de la Guerra del Salitre.

7. ¿Es cierto que eCongreso Nacional de Chile guarda una copia del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación Chile-Perú de 1876?

Es cierto. El Tratado puede leerse en las siguientes dos direcciones del sitio web de  la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile:
URL corta: http://bcn.cl/azv2

8.  ¿Por qué firmó Perú en 1876 un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con Chile, habiendo suscrito tres años antes, en 1873, un Tratado de Alianza Defensiva con Bolivia? ¿No eran incompatibles ambos Tratados?

Perú suscribió ambos tratados porque su intención era el mantenimiento de la paz y no la búsqueda de la guerra. No existió incompatibilidad entre ambos instrumentos. Más bien, éstos se complementaban.

El Tratado de Alianza de Perú con Bolivia de 1873 era de carácter exclusivamente defensivo. No era ofensivo ni tampoco defensivo-ofensivo. En su artículo octavo, inciso primero, el Tratado de Alianza de Perú con Bolivia obligaba a ambos países a emplear con preferencia, siempre que sea posible, todos los medios conciliatorios para evitar un rompimiento... reputando entre ellos como el más eficaz el arbitraje de una tercera potenciaÉsa fue precisamente la misión de Lavalle en su viaje a Chile en marzo de 1879. Intentando mediar en el problema limítrofe entre Chile y Bolivia, el diplomático peruano propuso que una tercera potencia debería realizar el arbitraje del conflicto territorial entre ambas naciones.

Como se ha analizado anteriormente, el arbitraje fue también el dispositivo establecido por el Tratado de Amistad entre Perú y Chile de 1876. El artículo XVII de este Tratado establecía que de surgir diferencias entre ambas naciones y “después de haber agotado los medios de llegar a un arreglo amigable y satisfactorio… se someterán tales diferencias, de mutuo acuerdo, al arbitraje de una tercera potencia, a fin de evitar un rompimiento definitivo”.

En resumen, los dos instrumentos obligaban a Perú, Bolivia y Chile a evitar un rompimiento definitivo. Con este fin, ambos tratados señalaron:

a)  Que Perú y Chile, por un lado, y Perú y Bolivia con respecto a un tercer país, por el otro, deberían agotar todos los medios de conciliación para evitar la ruptura de la paz;

b)  Que Perú y Chile, por un lado, y Perú y Bolivia con respecto a un tercer país, por el otro, deberían acudir al arbitraje de una tercera potencia como última instancia en su búsqueda del mantenimiento de la paz.

9.  ¿Qué lecciones quedan para el Perú de la experiencia diplomática de la Guerra del Salitre?

La lección más importante es que Chile es una nación con aspiraciones imperialistas en América del Sur. Es un país que sigue operando con la lógica portaliana del Chile primero; lo demás lo veremos después. Es un país que sigue armándose hasta los dientes, a un ritmo dos o tres veces mayor que el Perú, para defender sus conquistas territoriales del pasado. Es una nación cuyas clases dominantes están acostumbradas a usar la fuerza militar con el fin de lograr sus objetivos internos o internacionales. Los mapuches y Salvador Allende fueron sus víctimas en el primer caso; Perú y Bolivia en el segundo.

Como lo indica la Historia, Chile se limpia el trasero con el Derecho internacional, el principio del Uti Possidetis, los tratados y la acción de los países mediadores cuando ellos le son adversos o resultan obstáculos para la obtención de los objetivos fijados por la clase gobernantePara lograr sus propósitos, en su debido momento, Chile acudirá al armamento que adquiere febrilmente día a día y contará con la ineptitud cómplice del actual gobierno peruano, tal cual sucedió en el pasado con regímenes manipulados por Chile como los que presidieron Mariano Ignacio Prado, Miguel Iglesias y Augusto B. Leguía.

10. ¿Puede Perú confiar en Chile?

Tras analizar la experiencia histórica de la Guerra del Pacífico puede responderse: ¡Ni por un momento! Como escribió González Prada hace más de un siglo, la Historia proporciona evidencia que el país de Portales sólo entiende la razón de la fuerza. Es algo que parecen haber olvidado los gobiernos recientes del Perú y muchos de sus ciudadanos. Chile es enemigo del Perú. Mientras Chile siga gobernado por la plutocracia heredera de la clase gobernante de 1879 no conocerá de razones; sólo entenderá el lenguaje de las armas.

Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre Chile y el Perú del 22 de diciembre de 1876.

Fue publicado como proyecto en las páginas 5 y 6 de la edición del primero de marzo de 1877 del Diario Oficial de la República de Chile. No fue aprobado por el Congreso de Chile; por lo tanto, los instrumentos de ratificación no fueron canjeados por el Gobierno de ese país. 

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escondites de la diplomacia chilena

A propósito de la negativa chilena a suscribir el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación Perú-Chile de 1876

(Lajouane 1900, 18-19)

Obras consultadas

Aranda, Ricardo. 1892. República del Perú. Colección de los tratados, convenciones, capitulaciones, armisticios y otros actos diplomáticos y políticos celebrados desde la Independencia hasta el día. Lima: Imprenta del Estado. Tomo Cuarto.

Lajouane, Félix, ed. 1900. La perfidia chilena. Historia diplomática documentada relaciones chileno-peruanas. Buenos Aires: Imprenta, Litografía y Encuadernación “La Buenos Aires”.

Paz-Soldán, Mariano Felipe. 1884. Narración histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. Buenos Aires: Imprenta y Librería de Mayo.

República de Chile. 1877. Diario Oficial1ro. de marzo de 1877, pp. 5-6. Santiago de Chile.

Villalobos Rivera, Sergio. 2002. Chile y Perú: La historia que nos une y nos separa 1535-1883. Santiago de Chile: Editorial Universitaria.

© César Vásquez Bazán, 2012
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Julio 29, 2012
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Escribe: César Vásquez Bazán

La fuga de Prado

Mariano Ignacio Prado fugó del Perú el 18 de diciembre de 1879
(Imagen coloreada por José Ayala ©crAyalas)






La fuga de Prado
“El viaje del general Prado no significa más que una vergonzosa deserción”.
El Comercio, Lima, 19 de diciembre de 1879
(Caivano 1904, 346)

Vapor-correo Payta de la compañía inglesa Pacific Steam Navigation Company (PSNC) en el que Prado huyó del Perú

El jueves 18 de diciembre de 1879, alrededor de las cuatro de la tarde, el día que cumplía 53 años, el presidente en ejercicio del Perú, Mariano Ignacio Prado, abandonó el país con rumbo a PanamáDesertó tras ocho meses de serios reveses en la guerra con Chile, fracasos que habían traído consigo el evidente descontento popular. El territorio peruano se encontraba invadido por el enemigo, que había capturado el departamento de Tarapacá, principal fuente de los ingresos fiscales de la nación.

Usando el nombre falso John Christian (Perolari-Malmignati 1882, 291), Prado fugó en el vapor-correo Payta, cuya partida hizo demorar de las diez de la mañana a las cuatro de la tarde con el fin de posibilitar su embarque (Basadre 1968-70, VIII: 173). A pocas millas del Callao, el vapor fue detenido e inspeccionado por dos cruceros chilenos. Afortunadamente para Prado, no fue detectado (Birkedal, 1884, 535). Llegó a Guayaquil el 22 de diciembre de 1879 y a Nueva York el 6 de enero de 1880.

El vapor-correo Payta, construido en 1864 y con un desplazamiento de 1,860 toneladas, era propiedad de la compañía inglesa Pacific Steam Navigation Company (PSNC), empresa que en 1878 lo vendió a la chilena Compañía Sudamericana de Vapores (CSAV), que operaba de manera encubierta al servicio del gobierno de Chile. 

Mariano Ignacio Prado partió del Perú sin aviso previo y sin levantar sospecha que fugaría. Así lo informó el enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Estados Unidos, Isaac P. Christiancy, en comunicación al secretario de Estado de Estados Unidos, William M. Evarts. Durante la mañana y el mediodía del día 18 de diciembre, el presidente despachó como de costumbre en el Palacio de Gobierno, recibiendo el saludo de cumpleaños de funcionarios civiles y militares. A las 3:05 de la tarde abordó en la estación de Desamparados el tren al Callao, en compañía del presidente del consejo de ministros y ministro de Guerra Manuel González de La Cotera y de Adolfo Quiroga, ministro de Justicia e Instrucción. Cuando llegó al Callao, la gente que lo vio creyó que estaba de visita para inspeccionar el cuartel y fortificación del puerto.

Prado usó para fugar el nombre falso John Christian
(Perolari-Malmignati 1882, 291)

Carta del embajador de EE. UU., Isaac P. Christiancy, al secretario de Estado Evarts informando la deserción del presidente Prado
(Departamento de Estado de EE. UU. 1880, 819-820)
Christiancy remarcó que la resolución del Congreso utilizada por Prado para su viaje únicamente lo autorizaba a comandar los ejércitos peruanos en el sur. La misiva está fechada 23 de diciembre de 1879.

Despedida del desertor

Al escapar del país en guerra del cual era presidente, Mariano Ignacio Prado dirigió la siguiente proclama (Basadre 1968-70, VIII: 173). El documento circuló en Lima la noche de su abandono de funciones, es decir el 18 de diciembre de 1879. Nótese que, en el último párrafo, el fugitivo asegura que regresaría “oportunamente” al Perú:

Proclama de Prado hecha circular la noche del 18 de diciembre de 1879
(Vicuña 1893, 99-100)

Fuga por etapas

Si se analiza detenidamente, la huida de Mariano Ignacio Prado al extranjero tuvo dos etapas. La primera estuvo constituida por su fuga de Arica con rumbo a Lima, abandonando el cargo de director supremo de la guerra y cediendo la responsabilidad a Hilarión Daza, el presidente y general boliviano responsable de la cobarde retirada de Camarones.

La segunda etapa de la fuga estuvo constituida por la salida de Prado desde el Callao con rumbo a Estados Unidos. Esta última fase de la deserción de Prado es la más comentada. En cambio, la primera etapa del escape presidencial no es muy conocida, a pesar de que el incidente evidencia el comportamiento cobarde del fugitivo.

La penetración en el Perú del enemigo chileno y la derrota del ejército peruano en San Francisco hicieron que Prado madurase su decisión de huir del país. El falso “héroe del 2 de mayo” proyectó el rápido avance de las fuerzas chilenas hacia Arica y Lima y decidió ponerse a buen recaudo antes que fuera tarde. El escape tuvo lugar el 26 de noviembre de 1879. Prado se embarcó en Arica, en el vapor Limeña de la Pacific Steam Navigation Company. Lo hizo de manera clandestina, tal cual haría luego al fugar a Panamá con rumbo a Estados Unidos. Llegó a Lima el 28 de noviembre de 1879.

En su Manifiesto de Nueva York de agosto de 1880, Prado intentó justificar su salida de Arica en un supuesto pedido de múltiples comisiones llegadas de Lima. De acuerdo con la versión presidencial, los enviados hicieron ver la posible anarquía que se produciría en el país debido a la “especialísima circunstancia de la grave enfermedad del [vicepresidente] general La Puerta, cuya muerte se temía de un momento a otro”. Cínicamente, Prado escribió: “Comprendiendo entonces… que este deplorable acontecimiento podía ocasionar un cataclismo si no me encontraba oportunamente en la capital, resolví y ejecuté mi marcha, tan sólo por atender a las mayores y más urgentes necesidades del servicio. Una vez en Lima, me fue satisfactorio ver que no corría peligro la vida del general La Puerta; sentí infinito haber dejado a Arica y tanto más lo sentí cuanto que no pude organizar un nuevo gabinete, por cuya falta estuvo el gobierno en acefalía durante cuatro días” (Basadre 1968-70, 8-172)Curiosa situación: Prado fugó de Arica diciendo que en Lima se moría el vicepresidente y escapó del Perú encargando el poder al supuesto moribundo.

Graves inexactitudes las escritas por Prado. En principio, no se ajusta a la verdad afirmar que múltiples comisiones requirieran su regreso a Lima. De igual manera no fue cierto que el general La Puerta estuviera grave y en articulo mortis; el vicepresidente cusqueño recién fallecería diecisiete años después, el 21 de octubre de 1896. Tampoco el gobierno estuvo acéfalo. Durante la estancia de Prado en Arica, la presidencia de la república siempre estuvo representada, sea a través del vicepresidente encargado de la presidencia, general La Puerta, o del propio Prado a su regreso a Lima.

Claro está, a pesar de “sentir infinito haber dejado Arica”, Mariano Ignacio Prado nunca regresó a dicha ciudad. Lo que sí haría días después sería desertar del Perú. Para llevar adelante la huida, Prado no recordaría los argumentos que usó para abandonar Arica. No volvió a hablar de la eventual acefalía de su gobierno, ni de las urgentes necesidades del servicio, ni de la inminencia de la muerte de su enfermo vicepresidente.

Encargo de la presidencia

Junto con la proclama del 18 de diciembre de 1879, Prado hizo circular un decreto en el que encargó la presidencia del país al vicepresidente general Luis La Puerta, un hombre de sesenta y ocho años y que era vox populi que padecía una dolorosa gota. El decreto fue el siguiente:

Decreto redactado por el propio Prado encargando el ejercicio de la presidencia de la república al vicepresidente, general La Puerta
Nótese en el documento la firma de Manuel González de la Cotera (presidente del consejo de ministros y ministro de Guerra). También suscribieron el instrumento legal los ministros Buenaventura Elguera (Gobierno), Adolfo Quiroga (Justicia e Instrucción) y José María Químper (Hacienda). La inclusión del ministro de Hacienda entre los firmantes implica que el viaje de Prado originó erogaciones al Fisco Peruano.

General Luis La Puerta, vicepresidente de la República a quien Prado encargó la presidencia al fugar del país. De tiempo atrás, el General La Puerta era un mandadero al servicio de Prado.
El editor Carlos Milla Batres gustaba recordar que al general La Puerta le llamaban el General Piedrecitas, en razón a su gusto por las piedras preciosas.

Supuesta licencia del Congreso

Mariano Ignacio Prado defendió la viabilidad legal de su viaje acudiendo a la resolución del Congreso del 9 de mayo de 1879, en la que se concedió “licencia al presidente de la república para que, si lo juzga necesario, pueda mandar personalmente la fuerza armada y salir del territorio nacional”.

Dicha resolución fue adoptada a un mes y cuatro días de iniciada la guerra, cuando Prado y los parlamentarios suponían que bajo su mando directo –in situ– las fuerzas armadas del Perú realizarían un avance arrollador sobre el enemigo. Como director supremo de la guerra, se daba por descontado que el invencible “héroe del 2 de mayo” ingresaría a los territorios de Bolivia y Chile, persiguiendo al enemigo en fuga.

Es con ese fin exclusivo –comandar las fuerzas peruanas en el exterior– que el congreso aprobó la salida de Prado del territorio nacional. Nótese, además, que la redacción del documento usa la expresión salir del territorio nacional y no la frase viaje al exterior.

Texto de la licencia aprobada

En la décima sesión del senado, iniciada el 5 de mayo de 1879 y finalizada el día siguiente, se dio cuenta de haber recibido una nota del presidente del consejo de ministros en que solicitaba autorización para que el presidente Prado pudiera encargarse del mando del ejército y pudiera salir del territorio nacional. El oficio, preparado en cumplimiento de lo dispuesto en los artículos 95 y 96 de la constitución, indicaba que ambas acciones podían hacerse necesarias en la guerra a que el país había sido provocado por Chile.


Artículos 95 y 96 de la Constitución de 1860
(Aranda 1887, 30)

La aprobación del pedido del poder ejecutivo no requirió debate y se acordó por unanimidad. El 6 de mayo de 1879 el senado concedió la autorización para que el presidente de la república “si lo juzga necesario… pueda mandar personalmente la fuerza armada y salir del territorio nacional”Estas dos actividades estaban vinculadas y no constituían hechos separados ni independientes uno del otro. Gramaticalmente, ambas actividades estaban incluidas en la misma oración, al igual que en el oficio de solicitud enviado por el Poder Ejecutivo.

La resolución legislativa no fue un consentimiento para mandar el ejército o para salir del territorio nacional. En la intención del poder ejecutivo peticionario y del congreso legislador ambas acciones se encontraban directamente relacionadas: de la realización de la primera (comandar en persona la fuerza armada) dependía la eventual ejecución de la segunda (al mando del ejército, salir del territorio nacional, supuestamente combatiendo a los invasores). Consecuencia del hecho de mandar la fuerza armada sería la necesidad de ingresar a Bolivia e, inclusive, invadir Chile. Es con ese fin exclusivo –comandar personalmente las fuerzas peruanas en el exterior– que el Congreso aprobó la salida del presidente Prado del territorio nacional.

La resolución legislativa fue promulgada por el propio Prado el 10 de mayo de 1879, es decir a un mes y cinco días de iniciada la guerra con Chile. Puede usted leerla a continuación:

Resolución del Congreso Extraordinario de 1879 concediendo licencia al presidente Prado para que, “si lo juzga necesario, pueda mandar personalmente la fuerza armada y salir del territorio nacional”.
10 de mayo de 1879
(Aranda 1879, 43)

Uso de la licencia para mandar personalmente la Fuerza Armada

En la resolución legislativa se autorizó a Prado a mandar personalmente la fuerza armada. ¿Por qué concedió el congreso esta licencia?

Según el artículo 96 de la constitución de 1860, el presidente de la república no podía mandar personalmente la fuerza armada sino con la autorización del Congreso. Como Prado deseaba asumir las facultades de general en jefe –lo que él llamaría luego la dirección suprema de la guerra– solicitó permiso al congreso, el cual, como se ha visto, fue concedido.

Un corolario importante de la autorización para ejercer personalmente el mando de la fuerza pública fue que Prado quedó suspendido del ejercicio de la presidencia en el instante que asumió la dirección del ejército. Así lo establecía el artículo 93, inciso primero, de la Constitución de 1860. Este hecho se produjo el 16 de mayo de 1879, fecha en la que el vicepresidente La Puerta asumió temporalmente la primera magistratura de la nación, acto formalizado por el presidente Prado a través del decreto correspondiente.

El presidente Prado comandó personalmente la fuerza armada hasta el 25 de noviembre de 1879. En esa fecha, seis días después de la derrota de los ejércitos aliados en el Combate de San Francisco, Prado entregó en Arica el mando de la fuerza armada al Contralmirante Lizardo Montero, a quien nombró jefe superior político y militar de los departamentos del sur. Una semana después, el 2 de diciembre de 1879, ya en la ciudad de Lima, Prado reasumió el ejercicio de la presidencia de la república. En esa oportunidad dejó de mandar personalmente la fuerza armada y dejó de ser director supremo de la guerra como lo confirmó la dación del decreto de esa fecha suscrito por el vicepresidente La Puerta.

Por tanto, a partir del 2 de diciembre de 1879 Prado ya no podía abandonar legalmente el territorio nacional amparado en la resolución del Congreso del 10 de mayo de 1879 puesto que no cumplía con la condición previa que justificaría esa salida, es decir mandar personalmente la fuerza armada.

Resulta interesante mencionar que durante la guerra Prado no utilizó la autorización legislativa para salir del Perú al mando de la fuerza pública: jamás traspasó la frontera nacional.

Delitos cometidos por Prado

El 18 de diciembre de 1879, siete meses después de haber sido promulgada la resolución legislativa del 10 de mayo de 1879, Mariano Ignacio Prado pretendió usar dicho instrumento para aducir que su viaje a Estados Unidos contaba con la autorización del Congreso.

El acto debe calificarse como intento de falsificación histórica de una decisión del Congreso debido a que la resolución legislativa autorizó al presidente a “mandar personalmente la fuerza armada y salir del territorio nacional”. No recibió autorización para abandonar el territorio nacional, como si fuera un civil más, viajar a Europa o Estados Unidos con el fin de comprar armamentos.

En vista que Mariano Ignacio Prado salió del territorio nacional sin contar con la autorización específica del congreso, su viaje a Estados Unidos puede calificarse como un acto de abandono de la presidencia, violatorio del artículo 95 de la constitución de 1860. Asimismo, en tanto general en actividad del ejército, Prado cometió el delito de deserción calificada al ausentarse del país sin tener el permiso correspondiente, encontrándose parte del territorio nacional ocupada por el enemigo chileno.

Es por ambas razones que el viaje de Prado a Estados Unidos y Europa debe calificarse como fuga del Perú.

Decreto del 16 de mayo de 1879 por el cual Prado asumió el mando de las fuerzas de mar y tierra como general en jefe. La base legal del decreto es la resolución aprobada por el Congreso.

Decreto del 2 de diciembre de 1879 por el cual Mariano Ignacio Prado reasumió  el ejercicio de la Presidencia de la República

Acta de la Sesión de la Cámara de Senadores del Perú
5 de mayo de 1879
Página 1
(Delgado 1965, 34-41)

 Acta de la Sesión de la Cámara de Senadores del Perú
5 de mayo de 1879
Página 2
(Delgado 1965, 34-41)

Acta de la Sesión de la Cámara de Senadores del Perú
5 de mayo de 1879
Página 3
(Delgado 1965, 34-41)

Acta de la Sesión de la Cámara de Senadores del Perú
5 de mayo de 1879
Página 4
(Delgado 1965, 34-41)

Transcripción del Acta de la Sesión de la Cámara de Senadores
Congreso Extraordinario
 Cámara de Senadores
Décima Sesión del lunes 5 de mayo de 1879
 Presidencia del Señor García y García

Señores: Camino, Portocarrero, Morales Alpaca, Villanueva, Aguirre, Osma, Seminario Echandía, Agramonte, Seminario y Váscones, Castillo, Soria, Torres, Orihuela, Seminario J., Goyburu, Campos, Castro Saldívar, Veliz, García y García, Villar, García L., Salazar, Villacís, Marquina, Torres Aguirre, Montero R., O’Donovan, Elías.

Abierta la sesión con asistencia de los señores senadores que al margen se indica, fue leída y aprobada el acta de la anterior, con la indicación del señor Elguera, de que no era él, como se decía en el acta, el presidente de la Comisión Auxiliar de Hacienda, sino el señor Villanueva.

Se dio cuenta

De una nota del señor presidente del consejo de ministros en que manifestando que las ocurrencias de la guerra a que el país ha sido provocado por el gobierno de Chile pueden hacer necesario que S. E. el presidente de la república se encargue del mando del ejército, y además salga del terri­torio nacional; solicita la respectiva autorización conforme a los artículos 95 y 96 de la Constitución, a fin de que, llegado el caso, se encuentre legalmente expedito.

Dispensada de trámites a la orden del día.

De otra del señor ministro de Relaciones Exte­riores, comunicando que hoy a las cuatro de la tarde, concurrirá a la sesión de Congreso a que ha sido invitado, para informar. El señor doctor Don Luis del Castillo pidiendo permiso para marchar al teatro de la guerra si fuese preciso a prestar sus servi­cios profesionales una vez terminadas las sesiones de la actual Legislatura Extraordinaria.

De un proyecto del señor García y García (P. A.) para que se derogue la resolución legislativa de 5 de febrero de 1877, por la cual se aprobó y dio fuerza de ley al Tratado de Amistad, Navegación y Comercio de 22 de diciembre 1866, entre esta re­pública y la de Chile.

A la Comisión Diplomática.

De una adición de los señores Luna y Torres al Artículo  del proyecto del Ejecutivo sobre autoriza­ción para aumentar la fuerza pública.

Dispensada de trámites a la orden del día.

De un dictamen de las Comisiones Principal de Hacienda y Agricultura en mayoría en el proyecto venido en revisión gravando la exportación del azúcar.

A la orden del día completándose con el de la minoría de la Comisión de Agricultura, y publicándose previamente.

Orden del día

Se leyó y puso en debate la nota del señor presidente del consejo de ministros solicitando la autorización respectiva para que el presidente de la República pueda mandar las fuerzas de mar y tierra, y además salir del territorio nacional, si fuese necesario.

Sin debate y por unanimidad fue conce­dida la autorización, pasando a la Comisión de Redacción.

Se puso en discusión la adición de los señores Luna Torres al artículo  del proyecto sobre la autorización al Ejecutivo para aumentar la fuerza pública, que consiste dicha adición en agregar al final de dicho artículo, lo siguiente: “Quedando aprobado el aumento hecho en dichas fuerzas antes de esta autorización”.

El señor Torres apoyó la adición refiriéndose a las razones que expuso en la discusión del proyec­to principal, para manifestar la conveniencia de modificar el Artículo 1° del proyecto en los términos de esta adición, cuyo objeto es legalizar el aumento hecho ya por el Ejecutivo que, aunque realizado por parte de éste, con laudable celo patriótico, no fue sin embargo con arreglo a la Constitución.

El señor Torero en oposición a la adición mani­festó que no era de la competencia de la Cámara sino del Congreso Ordinario examinar al fin de cada período constitucional los actos administra­tivos del presidente de la república, para apro­barlos, si eran conformes a la Constitución y a las leyes; y en caso contrario proceder como lo dis­pone la atribución 24° del Congreso.

El señor García y García (A.) hizo diferentes observaciones apoyando la opinión del señor Torero.

Después de hacer rectificaciones los señores Torres y Torero insistiendo en sus respectivos argumentos, se dio la adición por discutida y procediéndose a votar, resultó aprobada por 21 votos contra 18.

Sin discusión fue concedido el permiso solici­tado por el señor Castillo.

En seguida Su Excelencia levantó la sesión para pasar Congreso, con el fin ya indicado.

Lima, mayo 6 de 1879
Aprobada,

García y García
Arias

Pretexto de la fuga

Prado intentó justificar su salida del país basándose en la supuesta necesidad de efectuar personalmente en Estados Unidos y Europa las gestiones para la compra de armamentos y la adquisición de una escuadra para el Perú.

En carta a sus amigos, fechada en Guayaquil el 22 de diciembre de 1879 y publicada en El Comercio seis días después, el presidente-desertor explicó las razones de su salida del país. Indicó que los informes recibidos en Palacio de Gobierno desde Europa describían la rivalidad entre los agentes comisionados para la compra de los barcos de guerra, pugna que impedía la adquisición de la escuadra.

Escribió Prado que en su decisión de viajar influyeron las siguientes consideraciones: “1) Que mi presencia allí y lo que tenía que hacer no era tan esencial que no pudiera ser reemplazado por el vicepresidente, al paso que mi venida era de la mayor importancia porque lo que no hiciera yo no lo haría ningún otro. 2) Que no debía omitir esfuerzo ni sacrificio alguno para conseguir los elementos que necesitamos, mucho más no habiéndose conseguido hasta hoy y pudiendo acaso conseguirlos yo, usando de mi alta representación, plenas facultades y relaciones personales. 3) La oportunidad de poder reunir las personas y recursos para subordinarlos todos a mi voluntad a fin de alcanzar el objetivo que me propongo. 4) La de que con mi venida nada se arriesgaba ni perdía gran cosa, siendo así que ella podría proporcionarnos lo que hace tiempo buscamos para contrarrestar y vencer al enemigo”.

A pesar de que con la retirada de Tarapacá, en noviembre de 1879, el Perú ya había perdido los yacimientos salitreros, Prado abusó de dicho argumento. Mañosamente, escribió en su carta que se vio obligado a salir de improviso del Perú debido a la urgencia de entregar a los acreedores el guano y el salitre antes que los chilenos se apoderasen de ellos. Finalmente, reconoció que se fue del país de manera encubierta para no ser apresado por los chilenos y “para evitar discusiones y opiniones cuyo resultado, en la excitación en que los ánimos se encuentran, hubiera podido contrariar mi marcha y originar bullas y escándalos”. La versión de Prado sobre los motivos de su fuga fue confirmada en el Manifiesto a los hombres de bien escrito por su ministro de Hacienda José María Químper (Basadre 1968-70, VIII: 172-174).

Carta Circular de Mariano Ignacio Prado
Guayaquil, 22 de diciembre de 1879

Falsedad de la justificación de Prado

Resulta extraño que muchos peruanos hayan aceptado sin cuestionar la excusa de la supuesta adquisición de armamentos usada por Mariano Ignacio Prado para fugarse del país. Como demostraremos a continuación, el argumento esgrimido por Prado no soporta el análisis más elemental.

En primer término, y por más servil a Prado que hubiera sido el congreso de 1879, este organismo no podría haber aprobado una licencia para el viaje al extranjero del presidente con el fin de comprar armamento, encontrándose el Perú en estado de guerra exterior. No era apropiado ni indispensable que el primer mandatario abandonase el territorio nacional. Por más desorganizado que hubiese estado el país, el Perú de 1879 contaba con personal diplomático, funcionarios civiles y militares, agentes financieros y comerciales y empresas privadas que estaban responsabilizadas de sus adquisiciones bélicas, incluyendo las compras de urgencia.

En Estados Unidos, la principal empresa compradora de armas para el Perú fue la Casa Grace. En 1876, el presidente Prado nombró a W. R. Grace and Co. como agente oficial del Gobierno Peruano en San Francisco y Nueva York (De Secada 1985, 610-611). Se estima que, entre mayo de 1879 y agosto de 1880, la Casa Grace adquirió armamento y material de guerra para el Perú por un importe mínimo de US$3,200,000. Entre el equipamiento adquirido se encontraban torpedos Lay, las lanchas torpederas Herreshoff, fusiles y municiones (De Secada 1985, 612-613). Por su lado, como enviado del gobierno, el capitán de navío Luis Germán Astete adelantó las gestiones para la adquisición de un blindado en Nueva York. Sin embargo, no obtuvo el financiamiento necesario (Basadre 1968-70, VIII: 67-70).

Lancha torpedera en 1879

En Panamá, el agente oficial del Perú fue Federico Larrañaga quien contó con el apoyo de B. Mozley, superintendente del puerto de Panamá y hombre al servicio de la Grace. Furth  and Campbell, firma con sede en Panamá, también al servicio de Grace, era la empresa autorizada para transportar los envíos. José Carlos Tracy, encargado de negocios del gobierno del Perú en Washington y hombre de confianza de Prado, estaba al tanto de todas las adquisiciones clandestinas de armas efectuadas para el Perú en Estados Unidos. En Londres, el agente financiero del gobierno al cuidado de las compras fue el segundo vicepresidente José Canevaro; en Italia, el ministro Luciano Benjamín Cisneros (De Secada 1985, 611).

En segundo lugar, debe tenerse en cuenta que Estados Unidos y los países europeos –a los cuales supuestamente se dirigía Prado– tenían la obligación de honrar su estatus de naciones neutrales en el conflicto entre Perú y Chile. Ello implicaba que ni Estados Unidos ni las potencias europeas deberían efectuar, al menos abiertamente, venta de armas, municiones, pertrechos o naves militares a ninguna de las naciones en litigio.

Para efectuar las compras de armamento encargadas por el gobierno, la Casa Grace procedía en Estados Unidos de manera disimulada. Por ejemplo, una remisión de mil fusiles al Perú fue descrita por Grace en la factura comercial como “maquinaria agrícola”; los cartuchos para dichos fusiles fueron escondidos en el interior de barriles de manteca de cerdo. El envío de una lancha torpedera Herreshoff, de difícil detección nocturna, apareció en los documentos de embarque como si el comprador fuera la Compañía Cargadora del Perú, empresa satélite propiedad de la misma Grace, que usaría dicha lancha para la explotación del guano de las islas (James 1993, 129 y 132). Los torpedos eran embarcados camuflados dentro de rollos de hule que sólo tenían de ese material las hojas exteriores. Muchas veces, los transportes de Furth and Campbell creyeron estar llevando al Perú maquinarias e insumos, sin percibir que el contenido real de la carga eran armamentos y municiones. Sin embargo, el superintendente Mozley en Panamá siempre supo el contenido de la carga en tránsito a nuestro país (De Secada 1985, 611).

Si se considera la restricción vinculada a la neutralidad de las naciones fabricantes de armamentos, hubiera sido contraproducente para el país que su propio presidente se presentase personalmente en los mercados de EE.UU. y Europa con el fin de adquirir armamentos. Por la notoriedad de su figura como mandatario, la gestión personal del presidente en la compra de material de guerra hubiera puesto en evidencia que las naciones vendedoras estaban en tratos con el Gobierno del Perú, violando la práctica internacional que obliga a los neutrales a no vender armas a gobiernos de países envueltos en guerras.

Nat Herreshoff, constructor de las lanchas torpederas que llevan su nombre

Grace destruye la coartada de Prado

Cuando Mariano Ignacio Prado llegó a Nueva York, uno de los antiguos “amigos” que acudió a recibirlo fue el negociante yanqui de origen irlandés William R. Grace (Basadre 1968-70, VIII: 174). En cartas de Grace fechadas en enero y febrero de 1880, este magnate –que construyó su fortuna sobre la base de negocios con los gobiernos peruanos– relató que Prado había llegado a la ciudad sin autoridad oficial y, lo que era peor, el general afirmaba carecer de dinero para efectuar adquisiciones mayores. Textualmente, Grace escribió: “Al salir del Perú [Prado] no se llevó un gran fardo de dinero”. En esas condiciones, Mariano era inservible para cerrar transacciones de importancia con la Casa Grace. Por lo tanto, el siempre hábil William R. Grace procedió a desviar a Prado hacia Europa, luego de tener con él “algunas cortesías” (James 1993, 135).

No está demás indicar que durante su estancia en el exterior –que duró hasta 1887– Mariano Ignacio Prado no efectuó ninguna adquisición de armamento para el Perú. A su regreso al país tampoco informó sobre los resultados de la supuesta misión compradora de material bélico que se autoimpuso.


Factor desencadenante de la fuga

El factor desencadenante de la deserción del presidente Prado fue la acumulación de fracasos militares en la guerra con Chile, resultado en medida significativa de su actuación como director supremo de la guerra.

Mariano Ignacio Prado fue presidente del Perú durante los primeros ocho meses del conflicto con Chile, es decir entre el 5 de abril –fecha de declaración de la guerra– y el 18 de diciembre de 1879 –fecha de su deserción–. Sin embargo, innecesariamente desde el punto de vista militar, y por propia iniciativa, Prado asumió las funciones de comandante general del ejército y la marina. Su autonombramiento como director supremo de la guerra se produjo a través de un decreto emitido el 16 de mayo de 1879. En el dispositivo, el mandatario precisó que era “indispensable y urgente” la necesidad que asuma el mando como general en jefe de las fuerzas de mar y tierra. El instrumento legal no indicó las razones que sustentaron la decisión de Prado.

A los cinco días de gestión como director supremo de la guerra, el Perú perdió la fragata blindada Independencia –su mejor y más moderno navío– en el desastroso combate de Iquique. Debió sobrellevar el sacrifico heroico de Miguel Grau –la esperanza ofensiva y defensiva del Perú– y la pérdida del monitor Huáscar en el combate de Angamos. Tras ambas derrotas y con la captura de la cañonera Pilcomayo, Chile pasó a dominar la costa del Pacífico Sur y con ello el futuro de la guerra. En tierra los resultados tampoco fueron positivos para Prado: las fuerzas peruanas fueron vencidas en los combates de Pisagua y San Francisco.

La derrota experimentada en San Francisco –y el consiguiente avance hacia el norte del enemigo chileno– pesó definitivamente en el ánimo de Prado para decidir su huida. Fue así como el 26 de noviembre de 1879, súbitamente, Mariano partió hacia Lima. Entregó el mando de las fuerzas aliadas al general Daza, presidente de Bolivia, a quien nombró director supremo de la guerra (Ochoa 1899, 195).

Subordinado a Daza y mandando las fuerzas peruanas quedó el contralmirante Lizardo Montero, para quien creó el cargo de jefe superior político y militar de los departamentos del sur. Hechos estos arreglos de fuga, el cobarde Mariano Ignacio Prado se embarcó en Arica, de incógnito, en el vapor Limeña de la compañía inglesa Pacific Steam Navigation Company.

Al día siguiente de abandonar el mando, las fuerzas peruanas vencieron al enemigo chileno en la batalla de Tarapacá. No obstante, las tropas vencedoras, exhaustas y sin pertrechos, debieron retirarse hacia Arica, con lo que el Perú perdió el dominio del departamento de Tarapacá.

El 28 de noviembre, dos días después del embarque del Director Supremo de la Guerra en el vapor Limeña, la corbeta Chacabuco y las cañoneras Covadonga y Magallanes iniciaron el bloqueo chileno de Arica. Si Mariano hubiera demorado sólo un par de días más en salir de ese puerto no hubiera podido escapar por la vía marítima…

Ineptitud militar de Mariano Ignacio Prado

Para ejercer la dirección de la guerra con Chile, el país necesitaba un líder adecuadamente preparado, un soldado profesional, con formación militar actualizada, experiencia y ejecutoria castrense. Prado nunca fue un soldado; fue un político que hizo a otros empuñar las armas en beneficio de sus conspiraciones. Muchos de estos episodios golpistas terminaron en derrota para él, particularmente los más cercanos en el tiempo a los años de la Guerra del Salitre.

La formación académica de Prado incluyó algunos estudios de abogacía realizados en el Convictorio de San Carlos. Su primer contacto “victorioso” con las armas –si puede llamársele así– se produjo en 1854, cuando participó en la revuelta de Castilla contra Echenique. Por su intervención en el levantamiento, a fines de ese año, recibió el grado de teniente coronel del ejército.

En la siguiente década, Prado desempeñó diversas prefecturas y jefaturas políticas departamentales. En 1865, siendo prefecto de Arequipa, se levantó exitosamente contra el régimen de Pezet, en protesta por el tratado Vivanco-Pareja firmado por el gobierno con España. Dicha acción originó que sea designado presidente de la república el 25 de abril de ese año. Su gobierno adquirió el carácter de dictadura el 26 de noviembre de 1865.

Siendo dictador del Perú se produjo en el Callao el combate del 2 de mayo de 1866 contra la flota española. Un mes antes, el 31 de marzo de 1866, los buques ibéricos habían bombardeado Valparaíso inmisericordemente. La flota hispana intentó hacer lo mismo en el Callao, pero fue rechazada por las baterías peruanas. Alcanzó la gloria en ese combate un selecto grupo de peruanos, entre los que se recuerda especialmente el nombre del coronel José Gálvez, secretario de Guerra de Prado y director de las fuerzas peruanas en el teatro de operaciones. Gálvez murió hecho pedazos por una explosión en la torre de La Merced.

Prado no podía desaprovechar el sacrificio glorioso de su ministro. A partir del combate del Callao, se autoproclamó “héroe del 2 de mayo”, no obstante que en ningún momento de esa jornada épica estuvo presente en las baterías del Callao (Basadre 1968-70, VII: 222). Su relación con el combate del 2 de mayo se limitó a desempeñar a la sazón la primera magistratura del Perú. Por poner la flota peruana al servicio de la defensa de Chile, el gobierno de ese país distinguió a Prado nombrándolo general de división del ejército (Varas 1871, 22-23). La singular distinción fue recibida por el dictador en octubre de 1866. Prado renunció a ella sólo al comenzar la guerra con Chile (Ministerio de la Guerra 1881, 537).

Ley de la República de Chile nombrando a Mariano Ignacio Prado general de división del ejército chileno. Por cinco años, entre 1868 y 1873, Prado cobró del erario chileno el sueldo correspondiente a general de división. La ley está fechada el 17 de agosto de 1866. 
(Varas 1871, 22-23)

Prado en Chile

En 1867 Prado debió enfrentar la sublevación de Diez Canseco en Arequipa. En lo que podría considerarse un anuncio de los fracasos que le aguardaban en la guerra con Chile, Mariano fue derrotado militarmente por el rebelde Diez Canseco. A lo largo de ochenta días, entre el 16 de octubre de 1867 –fecha en la que Prado llegó a Islay– y hasta el 5 de enero de 1868 –en que el dictador se retiró al Callao– el autotitulado “héroe del 2 de mayo” bombardeó e intentó tomar por asalto Arequipa en dos ocasiones, siendo rechazado en ambas oportunidades.

Como consecuencia del fiasco militar en Arequipa y el consiguiente éxito de la sublevación de Diez Canseco, Prado dimitió el 5 de enero de 1868. Cinco días después se embarcó con rumbo a Chile. El coronel peruano llegó a Santiago ostentando el grado (y el sueldo) de general de división del ejército chileno. Residió en el país del sur cinco años, en los que estuvo dedicado a explotar las minas de carbón de piedra Quilachanquín, cerca de Carampangue (Figueroa 1900, 183) y Maquehua (McInnes 1913, II: 588).

El 29 de mayo de 1872, en Valparaíso, Mariano Ignacio Prado y su concuñado Carlos von der Heyde, entre otros capitalistas, formaron la Sociedad de Minas de Carbón de Carampangue para explotar ambas minas (Ortega Martínez 2005, 240-243). El 3 de diciembre de 1872 la empresa recibió permiso para construir un ferrocarril de trocha angosta entre Maquehua y Laraquete. En 1873, la Sociedad fue autorizada a extender la vía férrea hasta Colico. Los ferrocarriles construidos por Prado fueron los primeros en Arauco (Pizarro Soto 1991, 166).

A la propiedad de la anterior empresa, Prado añadió su participación en el accionariado de la Compañía de Minas de Carbón de Arauco a través de Carlos von der Heyde y Compañía, empresa de su concuñado formada el 12 de diciembre de 1872, también en Valparaíso. Prado reconoció sus inversiones en las minas citadas en la entrevista que sostuvo con Joaquín Godoy Cruz –el embajador chileno en el Perú– el 20 de marzo de 1879. En el rancho que tenía en Chorrillos, Prado le recordó al ministro del país del sur que “su fortuna estaba invertida en una empresa dedicada a la explotación del carbón” y que él deseaba la paz no sólo como muestra de gratitud hacia el país que lo había acogido con amabilidad durante su exilio sino, inclusive, por su propio interés personal (Bulnes 1920, 152).

Asimismo, debe hacerse notar que, durante su permanencia en Chile, Prado se dedicó al embellecimiento del Paseo Santa Lucía de Santiago, obra de la cual fue principal responsable (Briseño 1884, 109).

Prado regresa de Chile

En 1873, luego de un quinquenio de residencia en Chile, Prado regresó al Perú. A pesar de su inactividad militar durante su estancia en el país del sur, en abril de 1873 fue ascendido por el poder ejecutivo a general de brigada del ejército. Obviamente, sustentaron la promoción de Prado conveniencias políticas y no merecimientos militares. Debe tenerse presente que dicho año ejercía la presidencia Manuel Pardo, quien en 1866 fuera secretario de Hacienda del propio Prado, durante la dictadura del ascendido carbonero y ex-embellecedor de la ciudad del Mapocho.

En 1874 Prado se reintegró a sus actividades políticas, siendo electo diputado por Cañete. Postuló como candidato presidencial en las elecciones de octubre de 1875, comicios que se caracterizaron por ser sangrientos. El periódico limeño La Sociedad, en su edición del 18 de octubre de 1875, proyectó que el ganador de las elecciones sería Prado. Adujo como sustento de su pronóstico que los partidarios de Mariano operaron en los comicios armados con rifles Winchester, en tanto que los partidarios de su rival –el contraalmirante Lizardo Montero– sólo usaron revólveres (Pike 1967, 139). Los resultados finales de la elección fueron dados a conocer siete meses después, el 7 de mayo de 1876, y confirmaron el vaticinio de La Sociedad. El 2 de agosto de 1876, Mariano Ignacio Prado asumió la presidencia del Perú, la que desempeñó por tres años y cuatro meses, hasta el día de su deserción en el vapor Paita, el 18 de diciembre de 1879.

Prado: político y no soldado

Ha sido necesario practicar esta revisión de la vida de Prado para sustentar la afirmación que Mariano fue un político ambicioso y hábil para utilizar en provecho propio los vínculos que supo establecer con otros políticos en ascenso o en el poder. Más aún, evidenció una clara disposición para capitalizar glorias ajenas en su favor, como la del sacrificio de José Gálvez, su secretario de Guerra, en el combate del Callao del 2 de mayo de 1866. Como ya se ha explicado, a pesar de no haber participado en el hecho de armas ni haber estado presente en las baterías del Callao, Prado alentó que la prensa se refiriera a él como “héroe del 2 de mayo”, título que le confirió inmerecido prestigio.

Sin embargo, el aventurerismo político no confirió a Mariano Ignacio Prado calificaciones como militar ni como líder de una nación en guerra. Prado nunca fue realmente un soldado, mucho menos un verdadero comandante. Si tuvo algún limitado –y últimamente infructuoso– contacto con las armas antes del conflicto con Chile, lo fue debido a su actuación como conspirador o atendiendo al logro de sus designios políticos. Las promociones que obtuvo en el escalafón no respondieron a méritos ni logros militares. Los ascensos que logró en la jerarquía castrense fueron obra de políticos –en el Perú y en Chile– agradecidos por sus servicios políticos.

No siendo un soldado a carta cabal, Prado carecía de los conocimientos, aptitud y experiencia para desempeñar la Dirección Suprema de la Guerra contra Chile. Su falta de liderazgo y su ineptitud militar se encuentran en medida importante detrás del desastre peruano en los primeros ocho meses de la Guerra del Pacífico. También explican en proporción significativa, mas no totalmente, su deserción del Perú el 18 de diciembre de 1879.

Cobardía de Prado

Un segundo factor que explica la deserción de Mariano Ignacio Prado es su falta de valor para enfrentar situaciones en las que pudiese estar en riesgo su vida. Prado escapó del Perú porque estimó que el descalabro de las fuerzas peruanas en la campaña de Tarapacá definió el futuro desenlace de la guerra en favor de Chile. Dadas las condiciones políticas existentes en el Perú, una derrota de esa naturaleza no era saludable para su integridad física. En la carta que dirigió desde Guayaquil a sus amigos, el 22 de diciembre de 1879, Mariano reconoció que se fue del país de manera encubierta “para evitar discusiones y opiniones cuyo resultado, en la excitación en que los ánimos se encuentran, hubiera podido contrariar mi marcha y originar bullas y escándalos” (Basadre 1968-70, VIII: 174).

Y es que al abandonar Arica y regresar a Lima, Prado pudo percibir con claridad la posición crítica de la prensa en general y la creciente protesta de la población ante la pérdida del departamento de Tarapacá. Entendió que la reprobación popular se centraría en su persona. Usando una expresión diferente, Basadre escribiría que “el desastre de la campaña de Tarapacá exacerbó la virulencia de la oposición” (Basadre 1968-70, VIII: 168).

Prado tenía presente que sólo siete años antes, en julio de 1872, una explosión popular en Lima linchó a los hermanos Silvestre, Tomás y Marceliano Gutiérrez, coroneles del ejército, para castigar su sublevación contra el presidente Balta. Silvestre y Tomás fueron colgados de las torres de la Catedral de Lima y luego arrojados a una hoguera en el centro de la Plaza de Armas, a la que fue lanzado horas después el cadáver de Marceliano (Basadre 1968-70, VI: 362-377).

El temor de Prado al posible levantamiento en su contra se tornó incontrolable tras el acuerdo adoptado por los representantes del Congreso, el poder judicial, la Iglesia Católica, los comerciantes y el ejército, reunidos en asamblea el 16 de diciembre en el salón del Club Literario de Lima (Basadre 1968-70, 8-170). Esa misma noche, los acuerdos de la reunión fueron puestos en conocimiento del presidente. La comisión nombrada por los asistentes a la asamblea exigió a Prado que el gobierno castigue prontamente a los autores del desastre del sur y le comunicó el deseo enérgico del país para que el gobierno expulse de Tarapacá a los invasores (Vicuña 1893, 94-97).

Según Vicuña Mackenna, Prado escuchó con benevolencia y humildad las conclusiones de la asamblea. Sin embargo, Mariano asumió como un ultimátum los acuerdos adoptados en el Club Literario. Tras el retiro de los comisionados, el falso “héroe del 2 de mayo” confirmó las serias dificultades que le esperaban si permanecía en el Perú. Así que no lo pensó más y se ratificó internamente en la necesidad de abandonar el país con rumbo a Estados Unidos y Europa, decisión que puso en práctica cuarenta y dos horas después.

Antecedentes históricos de la cobardía de Prado

Existen antecedentes del comportamiento pusilánime y falso de Mariano Ignacio Prado a lo largo de su actuación política. Para sustentar esta afirmación puede señalarse los siguientes hechos:

1.  Prado estuvo ausente de las baterías que defendieron el Callao el 2 de mayo de 1866. Sin embargo, se hacía llamar “héroe del 2 de mayo” capitalizando el sacrificio de su Secretario de Guerra José Gálvez.

2.  Prado huyó a Chile tras dos intentos fallidos de tomar por asalto Arequipa. Los hechos sucedieron a raíz de su intento de doblegar la sublevación de Diez Canseco en esa ciudad. Ésta fue la primera fuga en dos etapas en que se vio envuelto. La primera fase del escape fue de Arequipa a Lima (5 de enero de 1868); la segunda etapa lo llevó de Lima a Santiago de Chile (10 de enero de 1868);

3.  Prado salió de Lima rumbo a Arica el 16 de mayo de 1879, tras autonombrarse Director Supremo de la Guerra. Como los hechos posteriores demostrarían, el propósito del presidente no fue precisamente asumir el comando de las fuerzas aliadas en el teatro de operaciones. Su intención fue otra: escapar del enrarecido ambiente político de Lima, donde crecía la animosidad de la población contra Mariano y su régimen (Paz Soldán 1884, 131). En los meses de abril y mayo de 1879, en horas de la noche, las iglesias de la capital del Perú repicaban sus campanas, señal para que la población saliese a calles y plazas para protestar por lo que se consideraba la negligente dirección del conflicto bélico. Específicamente, el pueblo acusaba a Prado de desidia en la orientación de la guerra, la que se atribuía al hecho de sus vínculos personales con Chile y su simpatía hacia ese país (Barros Arana 1880, 106).

4.  Prado jamás se puso al frente de las tropas peruanas. Con ello faltó al ofrecimiento de colocarse a la cabeza de las fuerzas armadas, palabra que había empeñado en su proclama del 16 de mayo de 1879, cuando partió de Lima hacia Arica para hacerse cargo de la Dirección Suprema de la Guerra. Lo que es más grave aún, incumplió las funciones de comandante general del ejército y la armada del Perú, para las cuales él mismo se había nombrado.

5.  Prado no honró el ofrecimiento hecho en su proclama de Arica, el 21 de mayo de 1879, en la que hizo público el propósito de “desnudar su espada para vengar el honor e intereses de la patria”. Se negó a comandar las tropas aliadas como le correspondía, de acuerdo al compromiso existente con Bolivia para la asignación de la Dirección Suprema de la Guerra. El acuerdo establecía que en el caso de encontrarse en campaña los presidentes de ambos países, la comandancia general recaería en aquel en cuyo territorio se combatía (Barros Arana 1880, 186). A pesar que se luchaba en suelo peruano, Prado se negó a asumir la responsabilidad de comandante general aduciendo que su estado de salud le impedía viajar a pie y montar a caballo.

6.  Prado renunció a comandar las fuerzas aliadas de Tarapacá que trescientos kilómetros al sur de Arica se enfrentaban al enemigo chileno. Adujo que abandonar su residencia de Arica hubiera significado dejar de cumplir las importantes funciones correspondientes a su alto cargo. Faltó así al deber que se autoimpuso en la proclama del 16 de mayo, en la que juró que “no sería nunca el último que se encuentre en los lugares de peligro”.

El historiador boliviano José Vicente Ochoa escribió las siguientes palabras con respecto a la actitud timorata de Mariano Ignacio Prado: “En Arica, el general Prado ha dirigido una arenga a las tropas bolivianas movilizadas, recomendándoles entusiasmo, valor y firmeza, recomendación que debía comenzar el presidente del Perú por hacerse a sí mismo, puesto que su inexplicable ausencia del ejército de Tarapacá es sumamente peligrosa para la Alianza. Al fin, Arica es una fortaleza bien artillada y defendida, mientras que el punto en peligro conocido por los desembozados planes de Chile fue siempre Pisagua y las salitreras: ¡Pisagua hoy ya en poder del enemigo!” (Ochoa 1899, 184).

7.  Al escapar de Arica de incógnito, el 26 de noviembre de 1879, Mariano Prado incumplió la promesa formulada en la proclama del 21 de mayo que “en toda ocasión, favorable o adversa, estaría al lado de los soldados aliados”.

Efectos de la fuga de Prado

La fuga del presidente Prado agravó la inestabilidad política que caracterizaba al Perú en diciembre de 1879 y profundizó la desconfianza de la ciudadanía en un Gobierno acéfalo y sin dirección política que, además, tenía un Consejo de Ministros incompleto.

El general La Puerta carecía de las cualidades de liderazgo necesarias para dirigir el rumbo del país, más aún en estado de guerra exterior. Era conocida la gota que le aquejaba y que le impedía firmar documentos oficiales. La permanente incapacidad física del vicepresidente la Puerta era causal de vacancia para el ejercicio de la presidencia de la república, de acuerdo con el artículo 88, inciso primero, de la Constitución de 1860.

Peor aún, de tiempo atrás, el segundo vicepresidente de la república, José Francisco Canevaro, se encontraba ausente en Europa y, por lo tanto, no podía ejercer la presidencia.

El viaje del presidente Prado, la permanente incapacidad física del vicepresidente La Puerta y la ausencia del segundo vicepresidente Canevaro generaron un vacío de poder en la nación que se agudizó al no estar establecida formalmente la sucesión del mando en estas circunstancias. Debe recordarse que el artículo 91 de la Constitución de 1860 sólo contemplaba el procedimiento a seguir para la sucesión en el mando del presidente al primer vicepresidente y de éste al segundo.

Prado privado de la ciudadanía peruana y condenado a degradación militar pública

El 22 de mayo de 1880, el presidente-desertor Mariano Ignacio Prado fue privado de la ciudadanía peruana y condenado a degradación militar pública como consecuencia de su “ignominiosa conducta y vergonzosa deserción y fuga”. Firmaron el instrumento legal Nicolás de Piérola, jefe supremo de la república, y Miguel Iglesias, secretario de Guerra.

La condena de Prado no sólo fue la confirmación de un extendido sentimiento de repudio a su traición. Existe otro componente que acompaña el problema de la deserción pradista –el aprovechamiento personal del poder político– que fue percibido con claridad por la mayoría de los observadores y fue descrito por el ministro británico en Lima, Spenser St. John, en carta fechada el 22 de diciembre de 1879, dirigida al Marqués de Salisbury, secretario de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña.

Escribió el embajador: “El jueves 18 del presente el pueblo fue sorprendido al saber que el general Prado se había embarcado en el barco inglés de correo rumbo a los Estados Unidos… Su partida fue generalmente considerada como una huida vergonzosa... Siempre consideré que el general Prado no merecía en absoluto su cargo: en toda ocasión importante demostró una lamentable falta de coraje personal y es de destacar que el hombre conocido en el Perú como ‘el héroe del 2 de mayo’, sea generalmente considerado como un cobarde consumado… La reputación financiera del general Prado va a la par con la de su coraje: todos los partidos lo acusan del peor sistema de expoliación” (citado en Bonilla 1980, 188-189).

Es por la presencia de la corrupción señalada por Spenser St. John que puede calificarse como incompleto el decreto privando de la ciudadanía peruana a Mariano Ignacio Prado. Al gobierno de ese entonces le faltó ordenar una investigación internacional sobre el enriquecimiento ilícito del fugitivo. La fortuna que amasó Mariano Ignacio Prado estuvo vinculada en importante medida al uso del poder político en provecho personal, en una época de corrupción generalizada. Los recursos que logró captar Mariano Ignacio Prado alimentaron la acumulación originaria de capital para la conformación del Imperio Económico Prado, expresión por excelencia de la oligarquía que dominó el país durante las primeras tres cuartas partes del siglo XX.

Adicionalmente, queda en pie una pregunta muy importante: ¿Cuáles fueron las verdaderas razones de la fuga de Prado? Ambos temas –el de los motivos de la deserción y el de la corrupción pradista– son tratados en otras notas aparecidas en este blog, por ejemplo, en Los robos de Prado.

Decreto privando de la ciudadanía peruana a Mariano Ignacio Prado. En él también se le condena a degradación militar pública “tan pronto como pueda ser habido”.

Reacciones en el Perú ante la fuga de Prado

Los pueblos del Perú se pronunciaron sobre la deserción del Perú de Mariano Ignacio Prado. A continuación, puede leerse las reacciones registradas en Lima, Callao, Tarma, Santa, Huaral y Tarapoto frente a la fuga clandestina y vergonzosa de Prado en diciembre de 1879.

Lima
Fuga clandestina del general don Mariano Ignacio Prado
(Congreso de la República del Perú)

Callao
Fuga vergonzosa del ex-General don Mariano I. Prado
(Ahumada 1891, VIII: 59)

Tarma
Fuga del General Prado al extranjero
(Ahumada 1891, VIII: 60)

Santa
Repentina fuga del General Prado
(Ahumada 1891, VIII: 59)

Huaral
Deserción del ex-Presidente General don Mariano Ignacio Prado
(Ahumada 1891, VIII: 60)

Tarapoto
Incalificable conducta del expresidente constitucional de la república don Mariano Ignacio Prado, emprendiendo una fuga clandestina y vergonzosa
(Ahumada 1891, VIII: 61-62)

El Comercio sobre la fuga de Prado (Lima, 19 de diciembre de 1879)
“El viaje de Prado tiene todos los caracteres de una fuga. Es una vergonzosa deserción… Prado es un mandatario inepto, un monstruo de perfidia, de egoísmo, de degradación… El malhadado general no brilla por su talento; carece de ilustración; no posee otro idioma que el castellano…”

“No creemos que haya quien de buena fe tome a lo serio el decreto expedido por el general Prado en los momentos de emprender su viaje a Europa; viaje que, por otra parte, tiene todos los caracteres de una fuga. Podemos aceptar cuando más, que la infatuación que ha dominado siempre al malhadado general, lo haya inducido a engañar su propia conciencia, procurando halagarse a sí mismo con la esperanza de que la presencia del Presidente del Perú en Europa, podía contribuir de una manera eficaz a la adquisición de importantes elementos de guerra; pero no habrá hombre de sentido común que espere en realidad semejante ventaja del viaje tan sigilosamente preparado y que tan honda sorpresa ha producido en el público.

El general Prado es uno de los hombres menos a propósito para desempeñar la comisión que sirve de pretexto al abandono que hace del país en estas circunstancias: no brilla ciertamente, por su talento; carece de ilustración; no posee otro idioma que el castellano; y sus relaciones personales en Europa se encierran dentro del estrecho círculo de los peruanos allí residentes. ¿A qué va, pues, el general Prado? ¿Qué adelanta el país en su viaje? Si ha creído que su título de presidente del Perú puede servir de algo en Europa; allí tenemos desde hace largo tiempo a uno de los vicepresidentes de la república, que para el caso tanto vale. Y si el señor Canevaro, con sus relaciones personales y mercantiles, con el prestigio de sus caudales, con su actividad por todos conocida, no ha podido conseguir todo lo que deseaba a pesar de sus extraordinarios esfuerzos, ¿lo conseguirá un hombre de las cualidades negativas del general Prado?

Pero es inútil que nos esforcemos en probar lo que no necesita prueba alguna; el viaje del general Prado no significa otra cosa que una vergonzosa deserción. Se ha hablado, sin embargo, desde hace largo tiempo de una seria enfermedad que aquejaba al general Prado; varias personas que lo han visto en los últimos días aseguran que se notaba ya en él, marcados síntomas de perturbación mental. ¿No debería buscarse en este hecho la causa determinante del extraordinario acontecimiento realizado ayer?

Creemos que sí. El general Prado puede ser un mandatario inepto como un padre desnaturalizado; y se necesita que lo sea, para que estando en su juicio, haya abandonado su familia dejándola expuesta a los peligros de la situación que podía haber creado la indignación que debía producir en el público su incalificable viaje.

Juzgando racional y cristianamente al general Prado, es preciso convenir en que ha perdido el juicio. De otro modo, se nos presentaría el hombre que hasta ayer ha regido los destinos del país, como un monstruo de perfidia, de egoísmo, de degradación.

Si las patrióticas advertencias pudieran ser escuchadas por el vicepresidente de la república; si la voz del país se dejara oír en la estancia del que hoy está en el poder; si un momento de reflexión iluminara el espíritu del general La Puerta, despertando en él el sentimiento de los grandes peligros en que en estos supremos instantes amenazan hundir a la nación en un abismo de vergüenza comprometiendo su misma existencia; habría la esperanza de ver construido un nuevo gobierno que expresara no los afectos del jefe del Estado, que es lo que nos ha perdido, sino los del país: que representara no las pasiones egoístas de unos cuantos, sino los grandes intereses nacionales; no el deseo de mandar, sino el de buscar la victoria sobre el enemigo, o el aniquilamiento del Perú defendiendo su honor y su integridad”.

Escribió además El Comercio: “Asombro, por no expresar indignación, ha causado en todos los círculos la partida del general Prado, quien, con el alba, ocultando los alcances de tan deplorable conducta, en la mañana de ayer y a bordo de una fragata de bandera norteamericana, ha zarpado del puerto de Pisco, con rumbo a Europa. Las circunstancias de este censurable viaje, que ha contado con la permisión del congreso, no pueden dejar de considerarse en las actuales circunstancias que el país confronta una guerra, un acto de deserción de la primera autoridad nacional. Su condición de militar, además de general en jefe del ejército aliado, le obligaban a permanecer al frente de los destinos nacionales y no optar por la dejación de esos sagrados deberes, escudándose en el pretexto que su presencia habrá de favorecer los créditos en los Estados Unidos y en Europa, para adquirir las armas necesarias que urge la nación para la consecución de la guerra. Consideramos que, para el caso, suficiente garantía y solvencia moral la tienen las comisiones Althaus y Canevaro, designadas para atender este servicio y que ya se encuentran operando en esas plazas”.

Debe notarse que El Comercio se equivoca al describir los pormenores de la deserción de Prado. Mariano no fugó de mañana, sino de tarde; no lo hizo en una fragata de bandera norteamericana sino en un vapor de bandera inglesa (y chilena); no zarpó de Pisco sino del Callao. Que El Comercio, supuestamente el periódico mejor informado del país en esa época se equivoque en la descripción de las circunstancias de la deserción de Prado, es otra muestra que la fuga desde Palacio rumbo al Callao, vía Estación de Desamparados, fue ejecutada de manera subrepticia.

Manifiesto de Prado (Nueva York, 7 de agosto de 1880)

 
Manifiesto de Prado, Nueva York, 7 de agosto de 1880
(Ahumada 1886, III: 381-385)

Carta de Prado al Ministro de Hacienda Manuel Barinaga (Nueva York, 10 de julio de 1880)

Carta de Prado a Manuel Barinaga, Nueva York, 10 de julio de 1880
(Ahumada 1886, III: 385)

Alberto Hidalgo escribe sobre Mariano Ignacio Prado

Mariano Ignacio Prado
(Hidalgo 1919, 43-48)

La máquina con que escribo, ha querido detenerse al estampar las letras de este nombre como si ella, con su alma de acero, le maldijese ante los siglos. El papel mismo se arruga, en espantosa mueca de asco. Los dedos se ponen rígidos negándose casi a obedecer los mandatos del pensamiento. El corazón relincha de furia. El alma se subleva. Pero es necesario sacrificar un instante los sentimientos estos para hacer justicia ya que no al miserable por lo menos al nombre del ser que de seguro no lo tiene en la zoología.

Mariano Ignacio Prado tiene, a veces, toda la grotesca apariencia de un mal comediante bufo. Por eso cuando en 1867 era ya insoportable su dictadura de dos años, abandona el poder siendo derrocado por lo que se ha llamado muy justamente “una revolución de silbidos”. Siendo nada más que maniquí de determinados politiqueros, hubo que tomarlo en solfa. Y así, en lugar de herirle con balas fue necesario insultarle con silbatos.

Nueve años después, por falta de hombres sanos y por intrigas de bribones, fue nuevamente llevado al poder. A los treintaidós meses, más o menos, de su gobierno, se declaró la guerra con Chile. Y fue en ese momento cuando el Perú se dio cuenta de que quien lo gobernaba era la más cabal encarnación de la imbecilidad. Porque Mariano Ignacio Prado es la imagen de la estupidez, una imagen con ínfulas de tirano y charreteras de general. Fue un criminal inconsciente al principio, porque lo romo de sus entendederas no le permitía darse cuenta de la maldad de sus actos. Después el crimen le gusta y lo comete cuantas veces se lo pide su alma voluptuosa de cerdo que goza emporcándose en sus propios delitos, como en un pantano perfumado de ignominias. Así, cuando Miguel Grau, aquél ínclito patriota que debió ser engendrado en una cueva de leones, al mando de un solo monitor, burla el poderío de la escuadra chilena, en repetidas ocasiones, él cree que tales hazañas se deben a la felicidad; y por eso cuando Grau juzga desatinada, en vista del mal estado de su buque, una orden suya para hacer una expedición sobre las costas chilenas, le contesta con ingenuidad de niño idiota ordenándole nuevamente la partida pues confía en la “buena suerte del Huáscar”. Y todos saben ya que a los pocos días el Huáscar, después de haber sostenido un combate con el enemigo, tan monstruoso y bravío por su parte que para cantarlo fuera necesaria la lira del propio Dios, era abordado por los chilenos. De este modo, de desastre en desastre, nos lleva, a la derrota, hasta que un día viendo perdida la causa del Perú, acepta el oro enemigo y se va a Europa en la más cobarde e inicua de las fugas.

Maldecido en vida, Mariano Ignacio Prado es castigado en la posteridad. ¡Ah, con cuánta alegría los gusanos le deben haber roído el corazón asqueroso y hediondo! Sus deudos han plantado rosas al borde de su tumba; pero el olor de las rosas no es tan fuerte que pueda apagar el de su obra sembrada de indignidad y desvergüenza. Y más potente que este olor aún es el de su alma corrompida y abyecta, tan corrompida y abyecta que Satán al recibirla en su imperio debió de sonrojarse...

Decía yo que Mariano Ignacio Prado ha sido castigado en la posteridad. Veamos cómo. Su castigo son sus hijos. Les dejó, es verdad, una fortuna inmensa, hecha con la maldición de los muertos, el dolor de los heridos, las lágrimas de las madres y el hambre de los hijos; pero les legó su apellido, y con su apellido la infamia de su obra, y, aún más todavía, les transmitió su bajeza espiritual. Su hijo Javier puede servir de ejemplo. Javier Prado y Ugarteche es la prolongación de este nefando general de pacotilla. El querrá ser bueno, pero nunca lo conseguirá. La herencia de su padre le empujará al delito. ¡Qué desgracia ser miserable sin quererlo! Ya tiene el pobre manchas sobre su vida: la dictadura de Benavides, que fue obra suya; el pretender transar con Chile, cediéndole Arica. ¡Pobre Javier, tener talento para serlo todo y no poder ser nada! Siempre aspirando a la Presidencia de la República y siempre oyendo, ante las risas sarcásticas de los vivos, el grito de millares de muertos que se incorporan en su tumba para decirle: ¡no! Vivirá siempre condenado a ser lo que es: un hombre con talento y un sátiro de levita. Cuando quiera levantar la cabeza para mirar arriba, algo trágico y terrible le obligará a bajarla: ¡El crimen de su padre!...

Luis Alberto Sánchez y la fuga de Prado

Luis Alberto Sánchez narró la deserción de Prado en su obra Don Manuel 
(Sánchez 1962, 78-80)

Meses más tarde ocurrieron sucesos memorables. El 5 de abril [de 1879] llegó a Lima la noticia de la declaratoria de guerra por Chile. El ministro chileno, [Joaquín] Godoy, la comunicó al General [Mariano Ignacio] Prado, y el peruano [José Antonio de] Lavalle recibió en Santiago sus pasaportes. Don Ma­nuel [González-Prada], que estaba en Mala, vino esa misma tarde a Lima, a galope tendido, para seguir de cerca los acontecimientos y estar dispues­to a todo. Esa noche reinó en la estancia un desconcierto enorme. El “hereje” don Manuel había alterado violentamente el ritmo de su vida ante un llamado desconocido. Tenía entonces treinta y un años y figura de atleta.

Encontró a Lima revuelta, ardiendo en rumores. El Presiden­te Prado se disponía a dirigir personalmente las tropas del sur. Durante semanas seguidas llegaron nuevas fatales. El ejército ene­migo avanzaba. Se carecía de armas. Los buques resultaban impotentes para luchar contra una escuadra superior. El Huáscar, al mando de [Miguel] Grau, realizaba proezas. Manuel tenía toda su alma puesta en el Huáscar. Grau compendiaba el esfuerzo nacional. En el testamento patriótico de don Manuel, Grau era su heredero. Se exaltaba al pensar en los peligros que corría aquel marino heroico. Mas ocurrió, al fin, tras proezas incesantes, el trágico oca­so: Grau cayó en Punta Angamos, el 8 de octubre [de 1879]. Don Manuel sintió en su propia carne el martirio de aquel día. Pero no termi­naba allí el agonizar. El presidente Prado regresó precipitadamente a Lima entre mil y mil rumores, contradictorios. Don Ma­nuel deambulaba por las calles en una ansiedad crispante. Ya se había ofrecido a los cuarteles, listo para el combate, en cual­quier batallón que se le designara. Doña Josefa [Álvarez de Ulloa, madre de Ma­nuel González-Prada] sollozaba en si­lencio por su Manuel; diariamente iba a misa, con sus dos hijas, a rezar con duplicado fervor, ya que el “hereje” no era capaz, ni en esos instantes supremos, de doblegarse ante lo sobrenatural.

Al despertar la ciudad el 18 de diciembre [de 1879], recorrió las pla­zas una nueva sorprendente: “Se ha marchado el presidente”, decían unos: “Le han dado permiso”, “La Puerta está viejo para reemplazarlo”, “Prado va a comprar armamentos”, “¡Qué viaje tan raro!”, “Es la urgencia”. Don Manuel recorría los grupos escu­chando, sin atreverse a creer lo que oía. Compró todos los periódicos. Leyó, atónito, el furibundo editorial de El Comercio, la censura amarga de El Nacional; el tibio comentario de La Opi­nión Nacional. Sin embargo, no intervenía en los mítines, perplejo ante la actitud del Gobierno. En una esquina, lo detuvo un bando que la muchedumbre recibía con rechiflas y denuestos. Don Manuel irguió la alta estatura y alcanzó a leer: “Conciudadanos: Los grandes intereses de la Patria exigen que hoy parta para el extranjero, separándome temporalmente de vosotros, en los momentos en que, consideraciones de otro género, me aconsejaban a permanecer a vuestro lado. Muy grandes y poderosos son, en efecto, los motivos que me inducen a tomar esta resolución. Respetadla, que algún derecho tiene a exigirlo así el hombre que como yo sirve al país con buena voluntad y completa abnegación... Al despedirme os dejo la seguridad de que estaré oportunamente en medio de vosotros...”. Don Manuel volvió a leer lentamente: luego ¡era verdad! En el trayecto a su casa, supo que el consejo de ministros había autorizado ese viaje del pre­sidente, en virtud de una resolución legislativa del mes de mayo [de 1879], es decir, un mes después de iniciada la guerra. Cada vez más absorto, recogía impresiones, en cada grupo. Reinaba una expecta­ción aguda, tremante. Se sabía que el anciano vicepresidente general Luis La Puerta, no podría mantenerse en el gobierno, y que el ejfe del gabinete y ministro de Guerra, general La Cote­ra, no gozaba de simpatía popular. Pelotones de tropas custodia­ban la ciudad. Don Manuel se acordó de Piérola.  Su excondiscípulo había regresado del destierro en cuanto se declaró la gue­rra, y sentó plaza en un cuartel de Lima.

Mientras el barco que conducía al presidente se alejaba del Callao, la ciudad se revolvía inquieta. La turba alcanzó a divisar a uno de los ministros, en su coche, y le silbó estruendosamente. Patrullas de caballería trataban de disolver las manifestaciones. Sonaban disparos. Todo el día 19 pasó así. Al amanecer el 20 aumentó la agitación. En Cocharcas, barrio levantisco y anticivilista, se vivó calurosamente a Piérola, cuya aureola, a raíz de la anterior hazaña del Huáscar [tras su enfrentamiento con la fragata británica Shah y la corbeta Amethyst], había crecido enormemente. El presidente del consejo de ministros fue en persona a sofocar el motín, con un escuadrón. Todo el paso del general La Cotera fue saludado por rechiflas, pedradas, cargas de caballería, culatazos. Aumentaban la efervescencia. El general La Cotera hubo de regresar al centro de la ciudad y, nuevamente, escuchó denuestos, amenazas. Ciego de furor, al verse increpado duramente por un grupo de universitarios y profesionales jóvenes, recién egresados de las aulas, lanzó su propio caballo sobre los manifestantes; le si­guió la tropa blandiendo los sables, pero una mano firme detuvo por la brida al caballo de La Cotera e interpeló al ministro, exigiéndole cordura. El joven médico Enrique C. Basadre impuso su tranquilidad al general; pero la tropa, imaginando un ataque a mano armada, disparó sobre los grupos. Cayeron paisanos, estudiantes. Otra nube de piedras y disparos epilogó el episodio.

Obras citadas

Ahumada Moreno, Pascual. 1886. Guerra del Pacífico. Tomo III. Valparaíso: Imprenta y Librería Americana.

Ahumada Moreno, Pascual. 1891. Guerra del Pacífico. Tomo VIII. Valparaíso: Imprenta de la Librería del Mercurio.

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© César Vásquez Bazán, 2010
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Julio 22, 2010
Etiquetas: [Arica]  [batalla de Arica]  [Carlos Weguelin]  [coronel Francisco Bolognesi]  [Francisco Bolognesi]  [Patricio Lynch]  [Teodoro Elmore]  [traidores peruanos en la Guerra del Salitre]  
Fecha Publicación: 2023-07-02T16:05:00.000-05:00

Escribe: Dr. César Vásquez Bazán
PhD, International Studies, University of Denver
Economista, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima
Correspondencia: cesar.vasquez@yahoo.com

Vásquez Bazán, César. 2018.
La verdad sobre las minas que no explotaron en Arica y la traición del ingeniero Teodoro Elmore 
César Vásquez: PERÚ: Política, Economía, Historia

Soldados peruanos muertos en combate y enemigos chilenos en el Morro de Arica, 7 de junio de 1880


Arica, junio de 1880

“Necesitamos un hecho que, como el estertor de la muerte, sacuda hasta las últimas fibras del corazón de la patria. Tiene usted 250 quintales de dinamita para hacer volar Arica”.
Directiva del Contralmirante Lizardo Montero, jefe político y militar de los departamentos del sur del Perú, al ingeniero de Estado Teodoro Elmore
(Pérez 1880, 9)

Fue capturado un individuo [Elmore] que ayer por la mañana hizo saltar una mina cerca del campamento de los Carabineros de Yungay. Se tienen los planos de los fuertes y de las minas”.
Comandante Patricio Lynch
(Ahumada 1886, 174)

“Dibuje usted aquí, en mi cartera, los planos de los fuertes de Arica completos; señale todas sus minas; sea usted verídico, porque el día del asalto, si sus noticias fallan, será usted muerto sin piedad. Elmore obedeció; y con la ligereza del profesional inteligente, que sabe bien su oficio y conoce a fondo el terreno en que opera, dibujó en la cartera del capitán [Belisario] Campo el plano justo, exacto de los baluartes de Arica, con todos los detalles e indicaciones del caso”.
Nicanor Molinare (1911, 38)

“Las declaraciones mías... hicieron perder la confianza al enemigo e impidieron que la plaza fuera tomada el 3 de junio... Es absolutamente calumnioso que yo diera datos al enemigo los cuales le facilitaran la victoria”.
Teodoro Elmore (1902, 24)

Los fuertes mismos de la ciudad de Arica, ésta misma y sus alrededores próximos habían sido fortificados con minas de dinamita de tal consideración que, si el altamente enérgico y rápido avance de las tropas chilenas no hubiese sorprendido a la guarnición aliada del fuerte de Arica, todo el ejército chileno sitiador habría sido volado por los aires. Estas minas han sido descubiertas poco a poco, a base de las declaraciones del ingeniero peruano [Elmore] que colocó las mi­nas y que cayó prisionero de los chilenos”.
(Barón Friedrich Von Gülich, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Chile del Imperio Alemán, citado en Editorial Andrés Bello 1980, 54)

Elmore eligió entre ser fusilado y hablar sin mentir”.
Capitán Manuel R. Barahona, Caballería de Chile
(Ahumada 1886, 198)

Hijos: ¡Estamos perdidos! ¡No dan fuego las minas!
Francisco Bolognesi, 7 de junio de 1880
(Vildoso, sin fecha)

“La defensa estaba preparada con una red de minas que no se ha hecho estallar; los polvorazos y la santabárbara tenían sus mechas; los cañones sus cargas para destruirlos, etc. etc., y sólo un polvorazo y unos cuantos cañones han sido reventados, lo que a buen seguro no hubiera sucedido estando yo [Elmore] adentro; pues ésa hubiera sido mi misión durante el combate”.
(Vargas Hurtado 1921, 108)

¿La conducta de Elmore estuvo arreglada a los dictados del patriotismo? Afirmamos que no. Elmore no debió por un sólo momento haber transigido con su conciencia; su papel era dejarse fusilar por el capitán [Belisario] Campo antes que dar un solo dato al enemigo de su patria”.
(Molinare 1911, 54)

Los jefes chilenos que intervinieron en la captura de Elmore negaron que éste hubiese revelado cosa de importancia... Ellos nada dijeron, en cambio, sobre la versión de que Elmore fue hallado con los planos de las minas”.
(Basadre 1968-1970, VIII: 236)

“Las minas que había en la ciudad [de Arica], según consta de un plano que está en poder del estado mayor, eran 84, y una de ellas situada frente al cuartel ocupado por el Bulnes y a poca distancia de la casa que ocupaba el general en jefe, estaba cargada con treinta y dos quintales de dinamita, que fueron extraídos poco después.
Al señor Elmore, ingeniero militar que dirigió todos los trabajos de las minas, se le puso en libertad por algunos servicios prestados; pero él rechazó esa libertad, diciendo que quería correr la suerte de sus demás compañeros”.
(Diario chileno El Ferrocarril, citado en Ministerio de Guerra de la República de Chile 1979, 749)

“¿Dónde y cómo murió aquel ingeniero Elmore, a quien presenta usted digno de formar una misma trinidad con Judas y Efialtes?
(Juan N. Gandarillas, en carta publicada en Molinare 1911, 119)


Teodoro Elmore Fernández de Córdova (1851-1920)
Ingeniero de Estado encargado del minado de Arica

La verdad sobre las minas que no explotaron en Arica y la traición del ingeniero de Estado Teodoro Elmore 

I.  Arica y Elmore

1.  Montero ordenó minar Arica y hacerla volar en caso de asalto
2.  Montero se retira a Tacna y Bolognesi se hace cargo de Arica
3.  Memorándum de Elmore y plan detallado para fortificar Arica
4.  Prueba de funcionamiento de las minas
5.  Arica decide resistir y volar la plaza en caso de asalto
6.  Elmore es capturado tras hacer explosionar algunas minas

II.  Testimonios sobre la captura y confesión de Elmore

1.  Patricio Lynch, comandante chileno
2.  Máximo Ramón Lira, prefecto chileno de Tacna

3.  Manuel Barahona Romero, capitán del regimiento chileno Cazadores a caballo
4.  Juan Rafael Vargas, comandante del escuadrón chileno Carabineros de Yungay
5.  Wilhelm Ekdahl, director de la Academia de Guerra del Ejército de Chile
6.  El Ferrocarril, periódico chileno
7.  Nicanor Molinare, historiador chileno

8. Barón Friedrich Von Gülich, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Chile del Imperio Alemán
9.  El Nacional, periódico peruano

III.  Agentes chilenos en Arica

IV.  Defensa de Teodoro Elmore

1.  Declaraciones al enemigo hechas por Teodoro Elmore 
2.  Versión recortada del telegrama de Patricio Lynch
3.  Descalificación a posteriori de las minas como sistema de defensa
4.  Misión de Elmore era hacer estallar las minas

V.  Apéndices

1.  El Nacional la cólera de Bolognesi al no explotar las minas
2.  Sobreviviente de Arica describió la no explosión de las minas
3.  Carta de José Santos Chocano a Edwin Elmore Letts, hijo de Teodoro Elmore Fernández 
     de Córdova
4.  Los traidores de Arica

VI.  Obras citadas

Morro de Arica en junio de 1880, territorio peruano usurpado por Chile desde esa fecha

El traidor Teodoro Elmore y el misterio de las minas de Arica

I.  Arica y Elmore

El peruano Teodoro Elmore Fernández de Córdova fue el ingeniero de Estado encargado del minado de Arica. Llegó a esta ciudad a la edad de 28 años, tras la invasión chilena del departamento de Tarapacá. A pesar de su juventud tenía experiencia como ingeniero de Estado, habiendo desempeñado el puesto por lo menos desde 1873. 

Elmore era hijo del marino británico Frederick (Federico) Elmore, quien sirvió a la causa de la independencia a órdenes de Guise. Asimilado a la Marina de Guerra del Perú, el padre llegó a detentar el grado de capitán de navío. Teodoro Elmore tuvo varios hermanos, destacando dos de ellos por sus vinculaciones con el Partido Civil: Juan Federico Elmore, embajador de Perú en Estados Unidos durante la Guerra del Salitre, y Alberto Elmore, quien llegó a ser presidente del consejo de ministros en los primeros años del siglo pasado. 

Tras su llegada a Arica, Teodoro Elmore fue incorporado a la comisión encargada de preparar las defensas de la ciudad organizada por Mariano Ignacio Prado en noviembre de 1879, antes que el presidente dejara Arica, regresara a Lima y desertara al extranjero el 15 de diciembre de 1879. Anteriormente el ingeniero Teobaldo Eléspuru participó en la citada comisión.

1.  Montero ordenó minar Arica y hacerla volar en caso de asalto

A partir de noviembre de 1879, tras el regreso de Prado a Lima, el contralmirante Lizardo Montero quedó a cargo de las fuerzas peruanas en Arica, aunque por muy poco tiempo. En abril de 1880, Montero decidió dejar Arica y concentrar las fuerzas peruanas en Tacna. La guarnición de Arica quedó en manos del coronel Francisco Bolognesi. Antes de retirarse a Tacna el contralmirante Montero comunicó al coronel Bolognesi y al ingeniero Elmore su directiva fundamental: en caso de que los defensores de la plaza se vieran superados por las fuerzas asaltantes chilenas debería hacerse volar Arica. Con este fin, dejó en la ciudad 250 quintales de dinamita. 

Esta singular orden significaba en la práctica un suicidio colectivo, una muerte casi segura para los integrantes de la guarnición de Arica. Con tropas conformadas por guardias nacionales que no habían recibido adecuado entrenamiento, sin armas apropiadas, en inferioridad de condiciones numéricas y rodeada por mar y tierra, Arica estaba condenada a caer en manos del enemigo. En esa eventualidad, y para cumplir la orden de Montero, los defensores peruanos deberían sacrificarse por la patria y dar un ejemplo moral al Perú, dinamitando la plaza de Arica y dando cuenta de parte de los asaltantes chilenos.

La disposición de Montero fue registrada para la historia por José Pérez, médico ecuatoriano voluntario al servicio de las ambulancias peruanas. En su obra Arica: Sus fortificaciones, asalto, defensa y ruina, Pérez escribió:

Montero ordenó hacer volar Arica y Elmore diseñó el minado de la plaza
(Pérez 1880, 9-10)

2.  Montero se retira a Tacna y Bolognesi se hace cargo de Arica

El 3 de abril de 1880 Arica fue formalmente entregada a la responsabilidad del coronel Francisco Bolognesi tras el desplazamiento a Tacna del grueso de las fuerzas peruanas comandadas por el contralmirante Lizardo Montero. Con las tropas también partió el ingeniero Teobaldo Eléspuru, quedando designado Teodoro Elmore como ingeniero de Estado en Arica. Nuevamente, Pérez resumió la situación:

Desplazamiento de Montero a Tacna; Bolognesi queda al comando de Arica
(Pérez 1880, 10-11)

3.  Memorándum de Elmore y plan detallado de fortificación de Arica

El ingeniero Elmore presentó a Bolognesi un memorándum con sus recomendaciones para la fortificación y minado de Arica. En el documento, Elmore reiteró las propuestas que anteriormente había presentado a Montero. Pérez las describió de la siguiente manera:

Plan detallado de Elmore para fortificar y minar Arica
(Pérez 1880, 11-14)

El 12 de abril de 1880, con la aprobación de Bolognesi, Teodoro Elmore dio inicio a las obras de fortificación y minado de la plaza. Los trabajos sólo pudieron realizarse por espacio de un mes y tres semanas y no pudieron concluirse por la presencia del enemigo. A pesar de contarse con la participación del personal de la división de Torpedistas destacado en la isla del Alacrán, frente a Arica, los trabajos enfrentaron serias limitaciones por la inexistencia de los materiales y recursos necesarios para el minado.

4.  Prueba de funcionamiento de las minas

El 10 de mayo de 1880 Teodoro Elmore dirigió dos oficios al coronel Bolognesi relacionados con la prueba de operación de las minas realizada esa mañana. Ambos documentos hacen entrever las carencias de fulminantes eléctricos que afectaban las obras de minado de Arica.

El primer oficio permite conocer que ya se habían instalado en Arica un conjunto de minas en tres series, que estaban sólo a la espera de los correspondientes 81 fulminantes para estar totalmente operativas. Sin embargo, el oficio también transpira la insatisfacción de Bolognesi con el trabajo de Elmore y una actitud inadecuada y quizá insolente por parte de Elmore en su trato con el comandante general de la plaza. El ingeniero de Estado llegó a ordenar la suspensión de la carga de las minas hasta que Bolognesi le indicara la manera en que debería realizarse dicha tarea y le entregase los fulminantes solicitados. Bolognesi tenía dificultades en atender el pedido de fulminantes debido al abandono material en que se encontraba Arica por parte del gobierno del dictador Nicolás de Piérola. La comunicación de Elmore reflejó la orden de eficacia total exigida por Bolognesi, la misma que Elmore se negó a asegurar. 


Primer oficio de Elmore sobre la prueba de las minas de Arica efectuada el 10 de mayo de 1880
(Ahumada 1886, III: 226)

Elmore en su segundo oficio insistió en la falibilidad del trabajo de minado, pero aseguró a Bolognesi que haría lo humanamente posible para obtener el mayor éxito. En cuanto a la carga de las minas del Morro, Elmore solicitó la entrega de la dinamita adicional necesaria para las quince minas que ya tenía preparadas. Un dato interesante es que estas minas tendrían treinta libras de dinamita cada una, a diferencia de las minas de la zona norte, que solo contenían libra y media.
Segundo oficio de Elmore sobre las minas de Arica
(Ahumada 1886, III: 226)

5.  La guarnición de Arica decide resistir y volar la plaza en caso de asalto

El 28 de mayo de 1880, dos días después de la derrota en la batalla del Alto de la Alianza, se realizó en Arica un nuevo consejo de guerra convocado por Bolognesi. Los 27 jefes militares reunidos ratificaron su decisión de combatir, no rendir la plaza, así como de acelerar los trabajos de fortificación y minado. Acordaron también que el ingeniero Teodoro Elmore debería dirigir la ejecución del plan de hacer volar Arica. Pérez recogió el acuerdo en su libro: 

La guarnición de Arica reafirma su decisión de resistir. De ser necesario Elmore debería dirigir la voladura de la plaza. 
(Pérez 1880, 14)

6.  Elmore es capturado tras hacer explosionar algunas minas

El 2 de junio de 1880 se verificó un hecho irregular en el trabajo de Teodoro Elmore. Desde el 30 de mayo, Elmore y el ingeniero electricista teniente Pedro Ignacio Ureta minaron distintos objetivos en las afueras de Arica con la finalidad de impedir la utilización del ferrocarril que conducía a esta ciudad. En el último de estos trabajos, en Chacalluta, a quince kilómetros de Arica y por razones desconocidas, Elmore dio fuego a unas minas cuando se encontraba cerca de ellas una patrulla de caballería chilenaSin mencionar fuente o evidencia alguna, Basadre (1968, VIII: 211) afirmó que Elmore debería colocar las minas en el sitio y “hacerlas explosionar cuando lo atravesara el enemigo”.

La explosión de Chacalluta generó pánico momentáneo entre los invasores chilenos. Pérez (1880, 15) escribió que el estrépito, la tierra y las piedras que silbaban en el aire introdujeron una confusión espantosa de que nadie se daba cuenta; los jinetes, por una parte, los caballos por otra, todos corrían desaforadamente, creyendo que la tierra se los iba a tragar”. La explosión permitió comprobar que las minas aterrorizarían a los chilenos; sin embargo, fue preocupante comprobar que sólo explotó una mina de cada serie y que sólo se produjeron tres heridos leves entre los invasores.

La misión no parece razonable si se tiene en cuenta que Elmore y Ureta estaban solos y que, para no ser descubiertos en su trabajo, ambos habían abandonado en el pueblo sus cabalgaduras según Elmore, mulas lo que implicaba que sólo podrían escapar a pie de una eventual persecución del enemigo. Contradiciendo parcialmente a Elmore, debe indicarse que el diario chileno El Ferrocarril informó que Elmore y Ureta estaban acompañados por un tercer hombre, que logró huir a caballo, y quien probablemente haya sido el operador designado para las minas.

Por otro lado, este incidente revela un asunto grave que merece ser analizado. Según escribió Elmore, él fue a Chacalluta dispuesto a morir haciendo saltar esas minas porque la persona a quien se había ordenado operar el dispositivo exigió como condición que se le entregara un buen caballo y una buena montura”, obviamente deducimos para escapar del lugar luego de la explosión (Elmore 1902, 19). Reveladoramente, Elmore indicó que si nosotros no nos hubiéramos resuelto a perecer quedándonos a pie, las minas allí colocadas hubieran quedado sin efecto, como tantos otros elementos, por otras partes acumulados y que no han tenido aplicación, porque ha faltado algo (Elmore 1902, 19). 

Cabe preguntar, ¿Elmore estaba dispuesto a perecer en Chacalluta cuando en cumplimiento del acuerdo del consejo de guerra del 28 de mayo tenía que ocupar el rol central operando las minas de Arica el día que se produjese el asalto chileno? Por ello, fue una acción altamente riesgosa enviarlo fuera de Arica a colocar y hacer explosionar minas, peor aún en presencia de escuadrones de la caballería enemiga. Elmore y Ureta podían ser descubiertos y capturados con facilidad, como sucedió. Sin embargo, surgen varias dudas: ¿Envió Bolognesi a Elmore en esa peligrosa misión o fue una decisión personal y propia del ingeniero de Estado? ¿Buscó Elmore ser apresado? Teniendo en cuenta su rol imprescindible en la operación de las minas colocadas dentro de Arica, ¿intentó impedir la explosión de dichas minas con su forzada ausencia de la plaza en vista de haber sido hecho prisionero por el enemigo? Dejándose hacer prisionero, ¿evitó Elmore estar presente en el sacrificio colectivo que se produciría en Arica cuando se produjera la voladura de las minas? Peor aún, Basadre (1968, VIII: 236) insinúa que Elmore fue tomado prisionero con los planos de las minas”. Es de presumir que Basadre sostiene dicha afirmación basándose en la comunicación de Patricio Lynch.

Como consecuencia de esta lamentable e irracional decisión, Elmore fue capturado por el enemigo lo que determinó que el 7 de junio de 1880 la guarnición de Arica no pudiese contar con sus indispensables servicios para la operación de las minas. 

Elmore y Ureta son capturados tras hacer explosionar algunas minas
(Pérez 1880, 14-16)

II.  Testimonios sobre la captura y confesión de Elmore

De acuerdo con comunicaciones oficiales chilenas, testimonios periodísticos chilenos y peruanos, y declaraciones de miembros del cuerpo diplomático acreditados ante el gobierno chileno, se llega a la conclusión que el ingeniero Teodoro Elmore informó al enemigo sobre el minado y las fortificaciones de Arica. Reveló al enemigo el número y la ubicación de las minas que defendían la plaza. Si bien confesó bajo la amenaza de ser pasado por las armas eso no quita que haya traicionado al Perú. Como dijo el capitán chileno Barahona: Eligió entre ser fusilado y hablar sin mentir.

A continuación, presentamos diferentes testimonios sobre el comportamiento de Teodoro Elmore tras ser capturado el 2 de junio de 1880.

1.  Patricio Lynch, comandante chileno

Dos telegramas del comandante Patricio Lynch hicieron pública en las esferas oficiales de Santiago la colaboración del ingeniero Teodoro Elmore con las fuerzas invasoras. 

El 4 de junio de 1880, el comandante Lynch envió un telegrama oficial al gobierno de Santiago en el que informa respecto a la captura de Elmore y su entrega de información sobre los fuertes y minas que defendían Arica. El documento precisa dos hechos de suma importancia. En primer lugar, el comandante Lynch informó que fue capturado un individuo [Teodoro Elmore] que ayer por la mañana hizo saltar una mina cerca del campamento de los Carabineros de Yungay. Manifestó además que se tienen los planos de los fuertes y de las minasEl citado telegrama de Lynch aparece incluido en su integridad en las dos principales fuentes documentales chilenas sobre la Guerra del Salitre: La Guerra del Pacífico de Pascual Ahumada y el Boletín de la Guerra del Pacífico del Ministerio de Guerra.

Primer telegrama de Patricio Lynch al Gobierno en Santiago. Está fechado el 4 de junio de 1880.
(Ahumada 1886, 173-174)

2.  Máximo Ramón Lira, prefecto chileno de Tacna

El 7 de junio de 1880, Patricio Lynch envió un nuevo telegrama a su Gobierno en Santiago en el que da cuenta del informe que le había proporcionado desde Arica Máximo Ramón Lira, prefecto chileno de Tacna, el 4 de junio de 1880. Lira hizo saber a Lynch que el ingeniero Teodoro Elmore informó respecto del número y ubicación de las minas” de Arica.
Segundo telegrama de Patricio Lynch al Gobierno en Santiago. Está fechado el 7 de junio de 1880.
(Ahumada 1886, III: 174)


Capitán Manuel Barahona Romero

3. Manuel Barahona Romero, capitán del regimiento chileno Cazadores a caballo

El capitán Manuel R. Barahona, del regimiento chileno Cazadores a caballo fue quien capturó a Teodoro Elmore poniéndolo luego a disposición de su jefe, el comandante Juan Rafael Vargas. En carta fechada en Arica el 9 de junio de 1880, el capitán Barahona dejó constancia que los invasores chilenos supieron, por confesión de Teodoro Elmore, “todo lo que necesitábamos para hacernos cargo de la manera cómo estaban defendidos los fuertes”. Según el capitán Barahona, Elmore “eligió entre ser fusilado y hablar sin mentir”.
Carta del capitán chileno Manuel Barahona Romero fechada en Arica el 9 de junio de 1880
(Ahumada 1886, 198)

4.  Juan Rafael Vargas, comandante del escuadrón chileno Carabineros de Yungay

El comandante Juan Rafael Vargas, del escuadrón Carabineros de Yungay, recibió como prisioneros al ingeniero Teodoro Elmore y al subteniente Pedro Ureta, este último herido de bala. Según su parte oficial, Vargas iba a fusilarlos “en el acto” violando las normas de la Convención de Ginebra sobre tratamiento de prisioneros– cuando los detenidos le informaron “que eran los encargados de colocar minas y de destruir la línea férrea de Arica a Tacna”. Por ello, Vargas resolvió “dejarlos [con vida] para de ellos poder saber los puntos donde hubiese barricadas, tanto en la línea como en la plaza y puerto de Arica”.
 Comandante chileno Juan Rafael Vargas

Parte del comandante chileno Juan Rafael Vargas
(Ahumada 1886, III: 183)

Días después, el 11 de junio de 1880, en carta dirigida a su padre, el comandante  Vargas  se refirió nuevamente a la captura de Elmore. Ampliando la versión que proporcionó en su parte, Vargas refirió que “tomó a un paisano al cual amenazó con la muerte si no le indicaba el lugar [de la batería eléctrica de las minas que habían explotado] y quiénes habían sido los autores”. Vargas relató que “preparó ocho tiradores para fusilarlos en el acto y en el mismo sitio”. Refiere que, tras ser capturado, el ingeniero Elmore “comprendió su situación” y que confesó “que era ingeniero, que él había colocado los torpedos [minas] y sabía el lugar donde estaban muchos más”. Por esa razón Vargas refiere que desistió de fusilar a Elmore y al herido Ureta.
Párrafos de la carta del comandante Juan Rafael Vargas
(Ahumada 1886, 199)

5.  Wilhelm Ekdahl, director de la Academia de Guerra del Ejército de Chile

Wilhelm Ekdahl

Wilhelm Ekdahl Anglin fue un oficial militar sueco miembro de la misión de instructores alemanes de Emilio Körner que en 1895 recibió el encargo de modernizar el ejército chileno. Fue director de las Fábricas y Maestranzas del Ejército (FAMAE), profesor y luego director de la Academia de Guerra y, finalmente, subjefe del Estado Mayor del Ejército. Escribió la Historia militar de la Guerra del Pacífico entre Chile, Perú i Bolivia (1879-1883)en tres volúmenes.

En el segundo tomo de su Historia militar, capítulo 22, Ekdahl se refirió al asalto de Arica, la explosión de las minas y la captura de Elmore. En la versión de Ekdahl se menciona que se encontró en el bolsillo de Elmore el plan de toda la defensa de minas de Arica con indicación de la ubicación de las minas, de los hilos conductores, y de la estación eléctrica desde la que se controlaría la operación de los explosivos (Ekdahl 1919, II: 387).

Elmore cayó en manos de los chilenos con el plan completo de minado de Arica.
(Ekdahl 1919, II: 387).

6.  El Ferrocarril, periódico chileno

En tres oportunidades, el diario chileno El Ferrocarril publicó informaciones sobre Elmore y sus informes al enemigo acerca de las minas y fortificaciones de Arica.

La primera de ellas es un despacho en el que reportó el incidente de las minas hechas explotar por Elmore y la confesión del ingeniero peruano. En forma escueta, el diario reportó: “Llevado a presencia del señor Vargas, [el señor Elmore] dijo que se encontraba allí con el objeto de levantar unos planos, agregando que había otras minas y que la ciudad y los fuertes estaban igualmente minados.

El diario chileno El Ferrocarril informó sobre la captura y confesión de Elmore
(Ministerio de Guerra de la República de Chile 1979, 742)

El Ferrocarril volvió a referirse a las revelaciones hechas por el ingeniero Elmore, esta vez en despacho fechado el 10 de junio de 1880. El diario reportó que el prisionero no sólo informó sobre el minado de la ciudad y los fuertes de Arica sin que también explicó a sus captores que la marcha del ejército [chileno] por el bajo, a más de ser ofendida por los fuertes, era peligrosísima exponiéndose [los soldados chilenos] a ser volados por las numerosas minas diseminadas en el trayecto”.

El diario chileno El Ferrocarril informó por segunda vez sobre la confesión de Elmore
(Ministerio de Guerra de la República de Chile 1979, 744)

Finalmente, El Ferrocarril publicó un despacho enviado desde Arica el 10 de junio de 1880 en el que aparecen dos párrafos que se refieren a Elmore y las minas de Arica. 

En el primero de estos párrafos se informa que el plano de las 84 minas existentes en Arica se encontraba en poder del estado mayor general chileno. El número de las minas reportado por el periódico coincide con la información proporcionada por Elmore en su oficio a Bolognesi del 10 de mayo de 1880, en el que el ingeniero de Estado reclamaba 81 fulminantes para las tres series de minas ya instaladas. Confirmando la potencia de las minas en caso de haber sido activadas, El Ferrocarril informó que una de ellas estaba cargada con 32 quintales de dinamita y se encontraba ubicada muy cerca de la casa que ocupaba Bolognesi en Arica.

En el segundo párrafo se informa que Elmore fue dejado en libertad por el comando enemigo por algunos servicios prestados”. El ingeniero de Estado peruano no aceptó. Por supuesto, en vez de tratar tan humildemente los servicios proporcionados por Elmore, El Ferrocarril debió haber publicado que Elmore fue puesto en libertad por los importantes servicios prestados a la nación chilena delatando las fortificaciones de Arica.

El diario chileno El Ferrocarril informó sobre las 84 minas colocadas en Arica y sobre la libertad concedida a Elmore por algunos servicios prestados
(Ministerio de Guerra de la República de Chile 1979, 749)

7.  Nicanor Molinare, historiador chileno 

El historiador chileno Nicanor Molinare escribió un importante libro sobre la Batalla de Arica, hecho de armas al cual él asistió como subteniente del regimiento 4to. de Línea.  El libro se tituló Asalto y toma de Arica: 7 de junio de 1880 narró en forma detallada la confesión sobre las fortificaciones y minas de Arica hecha por Elmore al capitán de caballería Belisario Campo, ayudante de Pedro Lagos. El relato es el siguiente:

“Momentos después de ser tomados prisioneros, [Teodoro] Elmore y [Pedro Ignacio] Ureta, fueron conducidos al campamento chileno de Lluta; y en cuanto el coronel Lagos se bajó del convoy que lo conducía de Tacna con su reserva, en esa mañana el jefe del campamento, comandante don Juan Rafael Vargas, le dio cuenta de lo ocurrido, y le presentó a Elmore en su calidad de ingeniero en jefe de las fortificaciones ariqueñas.

Lagos conversó ligeramente con el prisionero; llamó a su ayudante, capitán de caballería don Belisario Campo, retirado hoy del servicio como general de la nación; charló brevemente con él y le entregó a Elmore.

Nosotrosunidos por íntima vieja amistad con don Belisario Campo, desde años antes del 79, lazo que perdura hasta el presente, sin que jamás durante las vicisitudes de nuestra accidentada existenciase haya por ningúmotivo enfriado esa unión, cien veces hemos oído narrar al capitán, mayorcoronel hoy general Campo ese episodiosiempre del mismo modo, con la misma sincera verdad sencillez con que hoy lo contamos, a los qunos hagan el honor de leernos.

El coronel Lagos, decíamos, entregó a Elmore al capitán don Belisario Campo; éste a su vez tomó cuatro soldados del [escuadrón] Cazadores a caballo; hizo montar a su prisionero en un excelente animal, y a buen paso y sin trepidar, se dirigió hacia el sur; atravesó el río, por el mismo lugar en que lo había efectuado Avaria, llevando por guía al autor de aquel inicuo atentado, y se internó resueltamente en el magnífico y espléndido gramadal que se extiende al sur del Lluta.

Elmore, momentos antes de separarse de don Pedro [Lagos], había sabido por su compañero Ureta quién era el capitán Campo; y por la entrevista brevísima que el coronel tuvo con su ayudante, dándose cuenta cabal de la importancia que, para él, Elmore, tenía aquel viaje, emprendido tan a la ligera, después de lo ocurrido en la mañana, por orden de un jefe de la calidad y fama de Lagos, y entregado a un ayudante como el capitán don Belisario Campo.

Elmore, Campo y su escolta, caminaron buen trecho, casi sin cambiar palabra; dejaron atrás el casco del Wateree y sin preocuparse de nada, ni de nadie, siguieron adelante en su silenciosa excursión; ni Campo ni su acompañante cambiaban en el ínterin una sola palabra; aquella marcha no podía ser alegre, ni expansiva; al fin, el ingeniero peruano, que conocía a palmo aquellos parajes, exclamó:

“Nos pueden pajarear, capitán; hay que hacer alto.

Expresión muy de aquella tierra que, traducida en buen romance, quiere decir: “Nos pueden cazar como a pájaros”.

En realidad, de verdad, estaban ya casi a tiro de rifle del primer fuerte peruano, de los del norte.

“No le importe a usted nada, mi amigo, todo eso; que lo que yo necesito de usted es que, estando bien cerca de las posiciones enemigas, me dé usted todos los datos necesarios sobre las fortificaciones de la plaza, reductos, minas, hilos eléctricos y sus baterías” contestó Campo.

Capitán de Caballería Belisario Campo, ayudante de Pedro Lagos. Bajo amenaza de fusilamiento hizo confesar a Elmore los detalles de las fortificaciones y minas de Arica

Elmore se negó a dar los datos que se le pedían, y asilándose en el derecho internacional, alegó que eso no podía exigirse honrada e hidalgamente a un prisionero de guerra; declaró al capitán Campo, que por nada de este mundo daría los datos que se le exigían; que, a un oficial de honor, a un caballero, no podía hacérsele proposiciones de esa especie.

Campo le cortó la oración replicando: “Tengo orden de obtener esos datos de usted; ellos deben de ser absolutamente verídicos y precisos, respondiendo con su vida de su exactitud. Tiene usted cinco minutos para contestar; evite todo discurso y palabrería.

Y sacando su reloj, agregó:

“Lo único que en su obsequio puedo hacer, es dar orden a mis Cazadores a caballo que en lugar de recibir usted un tiro, se le peguen en la cabeza, simultáneamente, dos. Cuente usted ya los cinco minutos.

Transcurrió un minuto, que fue un siglo para aquellos hombres, especialmente para el infeliz y desgraciado Elmore, que con una sangre fría pasmosa exclamó: Sea, daré capitán, los datos que usted quiere.

“Está bien, dijo Campo; dibuje usted aquí, en mi cartera, los planos de los fuertes de Arica completos; señale todas sus minas; sea usted verídico, porque el día del asalto, si sus noticias fallan, será usted muerto sin piedad.

Elmore obedeció; y con la ligereza del profesional inteligente, que sabe bien su oficio y conoce a fondo el terreno en que opera, dibujó en la cartera del capitán Campo el plano justo, exacto de los baluartes de Arica, con todos los detalles e indicaciones del caso.

Terminado aquel notable episodio del cortísimo asedio de Arica, que nadie interrumpió, y en que no hubo más testigos que los cuatro Cazadores [a caballo] que sirvieron de escolta a Campo y Elmore, torcieron bridas, dieron la grupa a los bastiones ariqueños, y a buen paso tornaron hacia Chacalluta, al campamento del coronel Lagos.

Nosotros primero en Tacna en 1880, después en Lima en 1881, y en muchas otras ocasiones más, oímos narrar a Belisario Campo lo que acabamos de escribir...

Don Pedro [Lagos], estimando en lo que verdaderamente valían los datos, planos y relación de Elmore, dados a Campo, conversó a su vez con el ingeniero peruano, y dando orden al respecto, lo dejó en libre plática en poder del 3º de Línea, que se hizo cargo de su custodia y conservación” (Molinare 1911, 37-38).

Finalmente, Molinare expresó su opinión sobre el comportamiento del Ingeniero de Estado Teodoro Elmore: ¿La conducta de Elmore estuvo arreglada a los dictados del patriotismo? Afirmamos que no. Elmore no debió por un sólo momento haber transigido con su conciencia; su papel era dejarse fusilar por el capitán Campo antes que dar un solo dato al enemigo de su patria. Para el caso de Elmore ha sido ideada la leyenda inglesa: ¡To be or not to be! ¡Ser o no ser!

Juicio sobre Elmore del historiador chileno Molinare 
(Molinare 1911, 54)

8. Barón Friedrich Von Gülich, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Chile del Imperio Alemán

El cuerpo diplomático acreditado en Chile tuvo conocimiento de la traición de Teodoro Elmore. Como prueba de ello puede mencionarse que el primero de julio de 1880, Friedrich Von Gülich, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Chile del Imperio Alemán escribió al Ministerio del Exterior de su GobiernoEn tanto, aquí [en Santiago] se sabe que la ciudad de Arica estaba ciertamente fortificada, y esto de una manera inauditamente terrible, que, al parecer, no está muy de acuerdo al Derecho Internacional. Los fuertes mismos de la ciudad de Arica, ésta misma y sus alrededores próximos habían sido fortificados con minas de dinamita de tal consideración, que si el altamente enérgico y rápido avance de las tropas chilenas no hubiese sorprendido a la guarnición aliada del fuerte de Arica, todo el ejército chileno sitiador habría sido volado por los aires. Estas minas han sido descubiertas poco a poco, a base de las declaraciones del ingeniero peruano que colocó las mi­nas y que cayó prisionero de los chilenos (Editorial Andrés Bello 1980, 54).

Sensible la constatación, pero la verdad no puede ocultarse cuando se acude a la consulta de los mismos documentos involucrados en hechos históricos como el de la Batalla de Arica. El minado de Arica debió contribuir a la defensa de la plaza y al aniquilamiento de centenares de invasores chilenos. La captura de Elmore y la entrega por éste de información al enemigo impidió el cumplimiento integral de los anteriores objetivos.

Barón Friedrich Von Gülich, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Chile del Imperio Alemán

9.  El Nacional, periódico peruano

El diario El Nacional de Lima publicó un despacho de Gustavo Rodríguez, corresponsal en el Ejército del Sur, en el que indicó que circulaban en Tacna versiones que, tras ser capturado por el enemigo, el ingeniero Elmore había confesado la ubicación de las minas de AricaEl Nacional también mencionó la declaración de Máximo Ramón Lira, prefecto chileno de Tacna, que había sido publicada por los diarios de Valparaíso y Santiago. El Nacional recordó al respecto la existencia de hechos oscuros, bastante claros, sin embargo, para afirmar que hubo allí algo extraño que el tiempo se encargará de descifrar
Sospechas en la prensa peruana sobre la conducta de Elmore
(Ahumada 1886, III: 203-204) 

IV.  Agentes chilenos en Arica

Mariano Felipe Paz-Soldán (1884, 315) observó que chilenos residentes en los teatros de operaciones de la guerra cumplieron el rol de agentes y colaboradores del ejército invasor. Varios de ellos lograron pasar desapercibidos en las ciudades donde vivían y eludieron la expulsión decretada por el gobierno peruano. Paz-Soldán los calificó de huéspedes ingratos y peligrosos”. En su opinión fueron el mejor auxilio de sus compatriotas”. 

En junio de 1880 Arica contaba entre sus residentes con algunos de estos huéspedes ingratos y peligrosos”. Según Vargas Hurtado (1921, 23) Fermín Federico Sosa, el último subprefecto peruano de Arica, atribuyó el sabotaje de los alambres transmisores de las minas colocados a flor de tierra, en las calles y cerros aledaños– a los numerosos extranjeros sospechosos, sin oficio ni beneficio, que pululaban en Arica desde los primeros meses de la declaratoria de guerra”. Añadió Vargas Hurtado (1921, 115) que Arica era una madriguera de espías extranjeros, que tenían al enemigo al corriente de los menores movimientos de la guarnición”.

Según el historiador ariqueño el principal espía chileno en Arica fue el terrateniente Carlos Weguelin, apodado “el francés”, de quien nadie sospechaba tuviera la nacionalidad chilena; los peruanos creían que era francés y pensaban así por su excelente dominio de ese idioma. Circularon rumores en Arica que Weguelin fue quien guió el desplazamiento del ejército chileno hacia su nueva posición la noche del 6 de junio de 1880. Años después del asalto al Morro, Vargas Hurtado pudo confirmar dicha versión. También verificó la verdadera nacionalidad de Weguelin cuando desempeñó en dos o tres oportunidades la gobernación chilena accidental de Arica, cargo para cuyo desempeño se necesitaba ser chileno de nacimiento. Además, existen fuentes escritas de origen chileno que confirman la nacionalidad de Weguelin (República de Chile 1923, 73). Más aún, Weguelin fue compañero de estudios del general Baquedano comandante en jefe del ejército chileno en campaña en Arica.

Cabe preguntarse, ¿cómo se comunicó el ejército chileno con Carlos Weguelin? No se tiene certeza sobre la manera en que ambas partes entraron en contacto. Puede ser que Weguelin se haya presentado ante Baquedano o puede ser que Baquedano lo haya hecho buscar. Es probable también que el ejército chileno haya contado con una relación de los chilenos residentes en Arica y Tacna. Lo cierto es que la comunicación se produjo y es probable que Weguelin guiase al ejército invasor en su desplazamiento del 6 de junio de 1880. De igual manera, es posible que presentado con el plano conteniendo el número y ubicación de las minas de Arica trazado por Elmore, Weguelin haya coordinado con otros chilenos infiltrados en Arica el corte de los alambres principales de la red de 84 minas existentes. Sabotear esos alambres fue la tarea realizada en Arica entre el 2 y el 5 de junio de 1880. La acción de Wegelin y agentes chilenos allanó el camino que seguirían los asaltantes del Morro la mañana del 7 de junio de 1880 

Tras la batalla, Baquedano se alojó en la casa de Carlos Weguelin en el fundo Buena Vista, en Azapa, Arica. El anfitrión compartía la propiedad de dicho fundo con su hermano mayor. Al mismo tiempo y por propia confesión, otro actor del drama de Arica estuvo alojado en la casa de los hermanos chilenos Weguelin: ¡Teodoro Elmore! En la carta a su madre que se cita más adelante (Vargas Hurtado 1921, 107-108), Elmore escribió Por lo demás, los señores Weguelin, dueños del fundo, me atienden esmeradamente, y estoy bueno”... 


 El vecino de Arica y agente chileno Carlos Weguelin guió al ejército invasor hacia su nueva posición la noche del 6 de junio de 1880
(Vargas Hurtado 1921, 112-115) 

Publicación del Gobierno de Chile confirma la nacionalidad chilena de Carlos Weguelin
(República de Chile 1923, 73)

V.  Defensa de Teodoro Elmore

Elmore reconoció que efectuó declaraciones ante el enemigo
(Elmore 1902, 20-24)

Teodoro Elmore publicó en 1902 el folleto Defensa de Arica: La improvisada fortificación preparada por el ingeniero T. Elmore no era bastante para contener al enemigo. Mediante su difusión intentó responder a la incriminación de haber revelado al invasor chileno la información sobre las fortificaciones de Arica, acusación que se le seguía haciendo aún veintidós años después de su captura por el enemigo. En este opúsculo vale la pena revisar las afirmaciones contenidas en las secciones tituladas Resumen y Las minas.

1.  Declaraciones al enemigo hechas por Teodoro Elmore 

Hacia el final del documento, en el tercer párrafo de la sección titulada Resumen, Elmore reconoció que efectuó ante sus captores lo que él llamó declaraciones”. Elmore añadió en el párrafo cuarto del Resumen que él no proporcionó datos al enemigo que le facilitaran la victoria”. Sin indicar en qué consistieron dichas declaraciones”, Elmore se limitó a afirmar que fueron de tal importancia que hicieron perder la confianza al enemigo e impidieron que la plaza fuera tomada el 3 de junio”. 

Se hace necesario analizar las manifestaciones de Elmore. De acuerdo con las leyes de guerra vigentes en 1880, una vez capturado el ingeniero de Estado no debió haber brindado ninguna declaración” ante el enemigo; sólo debió haber proporcionado su nombre, rango militar, y el nombre y número de su regimiento. 

Sin embargo, lo escrito por Teodoro Elmore en Defensa de Arica confirma que el ingeniero proporcionó información al enemigo y que su importancia fue tal que el comando chileno pospuso el ataque a Arica por varios días. ¿Qué factor puede explicar el retraso del enemigo para asaltar el Morro? Las fuerzas militares peruanas no habían cambiado. Arica no recibió refuerzos ni tampoco ejército peruano alguno se acercó a Arica para atacar al enemigo. La artillería peruana seguía siendo la misma. Ningún navío de guerra peruano se aproximó a Arica para colaborar en su defensa. El único factor relativamente nuevo que puede explicar el retraso chileno es la confirmación hecha por Elmore de la existencia de minas en el Morro y en la ciudad. 

Específicamente, ¿qué datos proporcionó Elmore? El capitán Manuel R. Barahona, que fue quien lo capturó, dejó constancia que los invasores chilenos supieron por su confesión “todo lo que necesitábamos para hacernos cargo de la manera cómo estaban defendidos los fuertes”. Según Barahona, Elmore “eligió entre ser fusilado y hablar sin mentir”. Testimonio similar proporcionó el comandante Juan Rafael Vargas, jefe de BarahonaDe acuerdo con Vargas, el peruano se salvó de ser fusilado porque informó “que era ingeniero, que él había colocado las minas y que sabía el lugar donde estaban muchos más”. Dicha versión fue propalada en Chile por El Ferrocarril. Según este diario, Elmore dijo que se encontraba en Chacalluta con el objeto de levantar unos planos, que había otras minas, y que la ciudad y los fuertes estaban igualmente minados.

Es importante observar que al ser capturado Elmore no se menciona explícitamente que se encontrase en su poder plano alguno de Arica. En ello coinciden las versiones de Barahona, Vargas y El Ferrocarril. ¿Cómo fue entonces que el 4 de junio de 1880 pudiera Patricio Lynch telegrafiar a Santiago indicando que se tenían los planos de las fortificaciones y de las minas? El historiador chileno Nicanor Molinare, como ya hemos visto, fue quién contestó esa pregunta. El capitán Belisario Campo, ayudante del coronel Lagos, recibió de éste el encargo de obtener de Elmore la información de las fortificaciones y minas de Arica, bajo amenaza de pasarlo por las armas. El ingeniero peruano dibujó en la cartera de Campo el plano de los baluartes de Arica y sus minas, con los detalles e indicaciones del caso. Por ello, es entendible que el embajador alemán en Santiago escribiese a su gobierno que las minas de Arica fueron descubiertas poco a poco, a base de las declaraciones del ingeniero peruano que colocó las mi­nas y que cayó prisionero de los chilenosTal fue la información proporcionada por Elmore al enemigo. 

Según Elmore sus declaraciones” no ayudaron a Chile. Si esto hubiese sido así, ¿qué acciones realizó el ejército chileno entre el 2 y 6 de junio de 1880? ¿Estuvo descansando cómodamente en su campamento, tomando el sol del desierto, o, por el contrario, el comando chileno modificó su plan de ataque para desactivar las minas, cortar los alambres conductores y evitar las zonas en las que ya sabía que existían minas, tarea en la que contó con la colaboración de chilenos residentes e infiltrados en Arica?

En el opúsculo Defensa de Arica Elmore presentó cartas de autoridades peruanas y militares chilenos, que podrían denominarse de recomendación”, con las que intentó probar que él no entregó datos al enemigo sobre los fuertes y las minas. Tratando de mejorar su imagen, Elmore logró que las cartas de las autoridades peruanas mencionasen que cuando regresó a Arica como enviado chileno el 6 de junio de 1880 informó a Bolognesi y a los jefes peruanos que el ataque enemigo se produciría por las baterías del Este y no por las del Norte. 

Los militares chilenos que escribieron cartas en favor de Teodoro Elmore fueron Augusto Orrego, Oficial de Estado Mayor; ocronel Pedro Lagos; Belisario Campo; D. de Toro H., comandante del batallón Chacabuco Max R. Lira. Las autoridades peruanas que escribieron cartas en favor de Elmore encomiando su personalidad fueron F. F. Sosa, subprefecto de Arica; Alfredo Gastón, auditor general de Guerra; M. I. Espinoza, segundo jefe del Morro; Charles Watson; comandante Rómulo Tizón; Daniel Nieto, jefe de batería del Morro; y el comandante J. Sánchez Lagomarsino.

Defensa de Arica, opúsculo escrito por Teodoro Elmore y publicado en Lima en 1902 con el que intentó responder las acusaciones de traición a la patria. El ejemplar, autografiado por el ingeniero Elmore, tiene una dedicatoria a Albert Anthony Giesecke, a la sazón rector de la Universidad Nacional del Cusco.

2.  Versión recortada del telegrama de Patricio Lynch

En su defensa, Elmore también incluyó en el folleto Defensa de Arica el telegrama oficial del comandante Patricio Lynch el 4 de junio de 1880 mencionado anteriormente (Elmore 1902, 10). Sin embargo, omitió información clave incluida en el telegrama presentando de esta manera una versión incompleta sobre su captura. Evidenciando su intención de protegerse, Elmore publicó el telegrama de Lynch en forma incompleta, ocultando las líneas que mencionaban su captura y que tras ser hecho prisionero los chilenos tomaron posesión de los planos de los fuertes y las minas.

En la versión incompleta del telegrama publicada por Elmore puede apreciarse que se omite el texto de las dos oraciones que lo comprometen en forma directa. Elmore no reproduce el texto “Fue capturado un individuo que ayer por la mañana hizo saltar una mina cerca del campamento de los Carabineros de Yungay”; y tampoco el texto “Stienen los planos de los fuertes y de las minas”. 

A continuación, el lector puede comparar el texto de ambos telegramas. En primer lugar, aparece el telegrama incompleto publicado por Elmore; luego aparece el telegrama completo en el que Lynch da cuenta de la captura del Ingeniero de Estado peruano y que tiene en su poder los planos de las fortificaciones de Arica. 

El telegrama incompleto publicado por el ingeniero Elmore en su Defensa de Arica. Elmore omite reproducir “Fue capturado un individuo que ayer por la mañana hizo saltar una mina cerca del campamento de los Carabineros de Yungay”. Tampoco incluye la oración “Stienen los planos de los fuertes y de las minas”.
(Elmore 1902, 10)

Telegrama completo de fecha 4 de junio de 1880 enviado por el comandante Patricio Lynch al Gobierno en Santiago
(Ministerio de Guerra 1979, 667)

3.  Descalificación a posteriori de las minas como sistema de defensa

En el opúsculo publicado por Elmore vale la pena revisar las afirmaciones contenidas en las secciones Las minas y Resumen.

En la sección titulada Las minas del folleto Defensa de Arica Elmore sostuvo que, equivocadamente, la opinión pública peruana pensaba que las minas de Arica serían capaces de detener al más poderoso ejército”. Puede ser que la percepción de Elmore fuera correcta para muchas gentes, pero el objetivo del minado de Arica no fue únicamente tratar de detener al ejército chileno. Si se revisa la orden de Montero de hacer volar Arica podrá entenderse que la intención no era únicamente que las minas contribuyeran a la defensa de la plaza. El objetivo de las fortificaciones era distinto. Lo que se buscaba haciendo volar Arica era dar una lección moral a los peruanos y al enemigo. Se aceptaba que por distintas razones Chile podría asaltar y tomar Arica, pero con la explosión de las minas los defensores peruanos morirían resistiendo el intento de conquista, llevándose con ellos a algunos (o muchos) atacantes. Chile podría ocupar Arica y obtener el triunfo militar, pero la victoria moral sería la de las fuerzas peruanas que se sacrificarían dando un ejemplo a todo el país.

En otro documento escrito por Elmore el ingeniero reflexionó sobre el rol defensivo de las minas. Se trata de la carta que Elmore escribió a su madre, desde el fundo Buena Vista en Azapa, propiedad de los hermanos chilenos Weguelin, algunos días después de la batalla. Contradiciendo lo planteado en su Defensa de AricaElmore puso de relieve el rol defensivo de las minas. Reconoció que sus trabajos eran la esperanza de todos y que las obras de fortificación duplicaban la fuerza de los peruanos. Indicó que las obras de minado de Arica cubrían puntos donde no existían tropas peruanas disponibles para la defensa.

También debe comentarse la afirmación de Elmore en el sentido que “nadie tenía la clave de todo el trabajo de mina y nadie podía denunciarla... nadie conocía toda la defensa”. Ésta es una falsedad que queda al descubierto si se tiene presente el acuerdo del consejo de guerra del 28 de mayo de 1880, que responsabilizó a Elmore de dirigir la ejecución del plan de hacer volar Arica. Además, debe recordarse el primer oficio del 10 de mayo de 1880 dirigido por Elmore a Bolognesi en el que el ingeniero solicitó 81 fulminantes para las tres series o líneas de minas que ya estaban preparadas y sólo requerían de dichos fulminantes para estar operativas. El oficio prueba que Elmore tenía conocimiento integral del trabajo de minado y fortificación de Arica.

Elmore también cuestionó el efecto que las minas podrían producir en el ejército enemigo. Explicó que el poder destructivo de las minas era bastante limitado. En su opinión, la explosión de una mina podría originar, a lo sumo, dos bajas entre los asaltantes.

Nuevamente, la afirmación formulada por Elmore en la sección Las minas de su folleto contradijo su propio testimonio de junio de 1880 cuando en la mencionada carta a su madre explicó que la defensa de Arica estaba preparada con una red de minas, los polvorazos y la santabárbara tenían sus mechas, los cañones sus cargas para destruirlos, etc. El historiador ariqueño Vargas Hurtado mencionó que se colocaron minas eléctricas cerca de los atrincheramientos y de las baterías del Este y Cerro Gordo, y también en la ciudad, por ejemplo, en la calle San Marcos, en la calle Ayacucho frente a la Casa de Bolognesi, a un costado del Hospital San Juan de Dios, etc. (Vargas Hurtado 1921, 24-25).

También debe tenerse presente que, en su segundo oficio a Bolognesi, el 10 de mayo de 1880, Elmore mencionó que se habían colocado en Arica dos clases de minas: las que contenían libra y media de dinamita y las que contenían treinta libras. ¿Tenían los dos tipos de minas el mismo potencial destructivo?

Defensa de Elmore contra las acusaciones de infidencia y traición
(Elmore 1902, 20-24)

4.   Misión de Elmore era hacer estallar las minas

Un documento escrito por Teodoro Elmore presenta algunos detalles de las obras de fortificación y minado de la plaza de Arica que estaban bajo su responsabilidad. Se trata de una carta que Elmore escribió a su madre, desde la prisión de Buena Vista, Azapa, algunos días después de la batalla de Arica.

En la carta, Elmore reconoció que sus trabajos eran la esperanza de todos y que las obras de fortificación duplicaban la fuerza de los peruanos. Indicó que las obras de minado de Arica cubrían puntos donde no existían tropas peruanas que asumieran la defensa.

En el texto, el ingeniero escribió que la defensa de Arica estaba preparada con una red de minas que no se hizo estallar, que los polvorazos y la santabárbara tenían sus mechas, y que los cañones tenían sus cargas para ser destruidos. Declaró que las defensas no funcionaron como debieron debido a que él no estuvo dentro de Arica. Según Elmore, las explosiones de las minas y las fortificaciones se hubieran producido si él hubiera participado en la batalla, debido a que operar dicho sistema defensivo era precisamente su misión durante el combate.

Por supuesto, Elmore no dijo una palabra sobre la posibilidad real que tuvo para quedarse en Arica y no volver al campamento chileno luego de oficiar como parlamentario para los invasores el 6 de junio de 1880. Adujo en ese momento que debía retornar al campamento chileno porque había empeñado su palabra que así lo haría. Elmore prefirió cumplir con su supuesto compromiso personal con el enemigo, antes que honrar la promesa de defender Arica hecha al Perú. Obviamente, Elmore estaba muy lejos de ser un Leoncio Prado.

El ingeniero de Estado mencionó erróneamente que el disparo de las minas de Chacalluta se produjo cuando llegó a la zona el grueso de la caballería chilena, hecho que es desmentido por los partes oficiales chilenos en los que puede leerse que quienes se encontraban en la zona afectada por la explosión fueron tres o cuatro soldados de caballería con sus cabalgaduras.

Elmore refiere que tras ser capturado fue puesto preso e incomunicado por tres días. Sin embargo, no relató el detalle ni el contenido de sus conversaciones con los chilenos durante esos tres días fatídicos. Rápidamente tras su detención, Elmore documentó la ubicación de las fortificaciones, minas y alambres conectores que defendían Arica. 

Elmore se enorgulleció de proclamar que el asalto de Arica se postergó hasta el 6 de junio gracias a una protesta que él hizo ante el jefe del estado mayor chileno. La realidad fue que esos días fueron utilizados por los chilenos para cortar los alambres de las minas, para lo cual utilizaron a Elmore y la información que Elmore entregó.

Luego de presentar su versión sobre el rol que cumplió como emisario chileno, el ingeniero confesó a su madre, con el corazón supuestamente en la mano, que él hubiera querido seguir la suerte de sus compañeros de Arica, haciéndose pasar por las armas.

La realidad es que Teodoro Elmore no tuvo el valor y la entereza de afrontar la muerte en Arica. Su comportamiento fue similar al del coronel Carlos Agustín Belaúnde, el mayor Manuel Revollar, el capitán Pedro Hume, los subtenientes Enrique Dávila y Simón Quelopana, el sargento Gavino Vargas y otros cobardes, que prefirieron salvar la vida y escapar de Arica. Elmore no estaba preparado para morir cuando explotaran total o parcialmente las minas y fortificaciones de Arica y la ciudad misma. El ingeniero carecía de los elevados estándares de amor a la patria, valor y sacrificio poseídos por Bolognesi, Moore, Justo Arias, Inclán, los hermanos Cornejo, Blondell, O’Donovan, Ugarte, Zavala, Bustamante y otros héroes. Fue por ello por lo que abandonó a sus compañeros de Arica y traicionó al Perú. Teodoro Elmore cometió alta traición al quebrantar la lealtad debida a la Patria, atentando contra su seguridad y soberanía

Carta de Teodoro Elmore a su madre
(Vargas Hurtado 1921, 107-108)

V.  Apéndices

1.  El Nacional y la cólera de Bolognesi al no explotar las minas

En junio de 1880, unos días después de la caída de Arica, el diario El Nacional de Lima publicó un despacho en el que describió la indignación de Bolognesi al comprobar que tras disponer la explosión de las minas éstas no funcionaron. El historiador chileno Molinare (1911, 115-116) citó la correspondencia de Rodríguez en los siguientes términos: 

Reacción de Bolognesi al no explotar las minas: Estamos perdidos

2.  Sobreviviente de Arica describió la no explosión de las minas 

Día memorable el 7 de Junio de 1880
Comunicación del sargento peruano Dionisio Vildoso

Día memorable el 7 de junio de 1880.

A la una de la mañana llega el jefe de día, coronel Marcelino Varela, a la primera batería del Este Cerro Gordo a decir a los capitanes que en esta madrugada era el asalto. Él, como jefe del Batallón de Artesanos de Tacna N° 27, que era el que guarnecía la batería dio órdenes que tres compañías quedaran adentro, 1°, 2°, 3°, y 4°, 5°, 6° salieran afuera, para impedir que se nos encorralara. Una vez afuera las tres compañías nos desplegamos en guerrilla desde la puerta de la batería hasta el primer parapeto que queda entre el fuerte y Cerro Gordo y quedarnos cada uno en su puesto esperando al enemigo.

El enemigo apareció entre oscuro y claro más oscuro. En este momento rompen los fuegos los centinelas perdidos y se generalizó en las dos baterías. A un principio no nos hacían daño porque nosotros quedábamos en altura y nosotros en cambio les hacíamos muchas bajas y en estos momentos se nos viene un jefe chileno a caballo y lo vi desaparecer muy pronto, él y el caballo. Después supe que era el comandante del 4° de línea San Martín. Conforme iba aclarando nos principiaron a hacer muchas bajas en nuestras filas y nosotros principiamos a retirarnos al primer parapeto de la coronación N[orte] del Cerro Gordo, que también había otra trinchera. Aquí nos sostuvimos bastante rato. Ya íbamos quedando muy pocos.

En esto llegan los coroneles Manuel C. de la Torre y el jefe de la plaza coronel Francisco Bolognesi y nos dicen Hijos un momento más, un momento más, y se dirigieron a una casucha que está al lado del parapeto donde estaban los aparatos de las minas. En esos momentos toman la primera trinchera que habíamos dejado la toman los chilenos y también salen de la casucha los coroneles Francisco Bolognesi y de la Torre y nos dice Hijos: estamos perdidos, no dan fuego las minas y nos retirábamos para el morro.

Bajábamos Cerro Gordo cuando subían refuerzos, parte del Batallón Iquique y parte del Batallón Tarapacá. Al mando del jefe de la 7ª División Alfonso Ugarte, y el comandante Sáenz Peña, el comandante Carrego. En este lugar nos unimos y seguimos haciendo fuego en retirada al morro para tomar posesión del parapeto que está a la entrada del morro. Nos reconcentramos todos los jefes y tropa. Aquí se hizo el último esfuerzo y aquí vi de muerto al coronel Ramón Zavala, y herido a mi primer jefe Marcelino Varela. En este grupo estaba el coronel Alfonso Ugarte que llegó momentos antes con su División a protegernos. De ahí nos retirábamos los pocos que quedábamos al centro del morro siempre haciendo fuego. Los chilenos avanzaban por ambos costados de Cerro Gordo y por la coronación del mismo.

Llegamos al plano donde estaban los cañones. Yo llegué al mismo borde del morro y retrocedí inmediatamente al ver el abismo que no se veía más que el mar. Regresé a donde estaban los estanques de agua. De ahí veía entrar a mis compañeros al cuartel de los artilleros en compactos, porque los chilenos venían muy cerca haciendo descargas cerradas al cuartel. En este momento dice un sargento de mi Batallón, Fabio Corrales, primero Vildoso el mayor Blondell está herido en el asta de la bandera, me fui a verlo y era cierto. Lo vi que estaba abrazado de la asta y herido no pude prestarle auxilio, porque este momento nos cruzaron los chilenos que venían haciendo una tremenda gritería y sigue la carnicería en el cuartel.

En este momento aparece el coronel Alfonso Ugarte en su caballo con una bandera peruana gritando Muchachos, ¡Viva el Perú! y echaba las espuelas a su caballo y desaparece en el abismo. Mi compañero ya estaba herido y a mí me dieron un culatazo para hacerme botar el rifle y quedé prisionero desde este momento. Los chilenos seguían matando a los que se adentraron al cuartel y corría sangre por debajo del entablado porque el piso queda en alta.

En esto llega el coronel Manuel C. de la Torre a la plataforma de los cañones y lo veo que hace una maniobra y hace volar uno de los mejores cañones. En eso llega un oficial chileno y habla con el coronel y le dice que ya ha concluido y hasta cuando siguen matando y gritando “Mueran los cholos”. Unos cuantos minutos más empiezan a juntar los pocos que había por distintas partes y los que quedaban con vida en el cuartel y nos hacen formar en hilera de a dos delante del cuartel. Yo calculo que habría entre todos cuarenta oficiales y tropa y nos hacen desfilar para la parte del sur. Ya sabíamos que era para fusilarnos porque sabíamos desde días antes que no teníamos cuartel.

Ya marchábamos por frente del cuartel y llegábamos a los cuartos de los oficiales. Veo con sorpresa a nuestro jefe de la plaza coronel Francisco Bolognesi muerto y sin ropa exterior, caído de espaldas, con un balazo en el pecho y el cráneo destrozado desde la parte de la ceja. Calculo yo que esta herida ha sido después de caído, con la culata de rifle, porque las dos bolsitas de los sesos estaban a doce pulgadas de distancia del cráneo y estaban enteritas las dos bolsitas. Ahí mismo otra sorpresa: de uno los cuartos de los oficiales sale uno de los soldados chilenos con una caja de cartón bien grande y tira por encima del cadáver del coronel Bolognesi. Se destrozó la caja y se vacía un estandarte peruano nuevo, sin estrenar el estandarte. Después supe que era del Batallón Iquique el estandarte.

En ese momento el sol estaba en su apogeo y llegó a brillar. Yo vertí unas lágrimas muy tristes. Seguíamos la marcha para recibir el último premio por haber cumplido con nuestro deber con nuestra Patria. Nos hacen hacer alto en una pampita y veo que salen a caballo dos jefes, el mayor Salvo del ejército chileno y el comandante Sáenz Peña del ejército peruano.

A los veinte minutos estaba de regreso trayendo la noticia de que no se nos afectara. Inmediatamente nos hicieron marchar para el pueblo y al pasar por el costado de la iglesia vimos una tendedal de muertos en las gradas de la iglesia que habían fusilado los chilenos. Nosotros quedamos en la Aduana presos para marchar a Chile en calidad de presos de guerra.

3.  Carta de José Santos Chocano a Edwin Elmore Letts, hijo de Teodoro Elmore Fernández de Córdova (Diario El Sol 1926, 2)

José Santos Chocano, el Poeta de América

Lima, 31 de octubre de 1925

Desgraciado joven:

Aunque no tiene usted la culpa de haber sido engendrado por un traidor a su patria, tengo el derecho de creer que los chilenos han pagado a usted para insultarme, como pagaron a su padre para que denunciara las minas que defendían el morro de Arica. Si a todos los peruanos les es esto familiar, a mí me lo es especialmente por mi condición de autor de la Epopeya del Morro. Vive usted ahora del dinero que le produjo al padre suyo la infamia que cometió, y de él se vale para hacer “paseítos” en busca del artificio de un prestigio de correveidile de afectismos explotadores y fraternidades de imposibles entre verdugos y víctimas como Chile y el Perú.

Fue usted uno de los primeros en venir a adularme cuando llegué al Perú. Hasta se propuso poner en práctica fórmulas que redactó, que me consultó y que nadie aceptó, porque sus mismos compañeros lo tenían en el ridículo, con excepción de quien, como el afeminado [Manuel] Beltroy –otro adulador mío–, es más ridículo todavía, si cabe.

Pequeños farsantes todos ustedes. Generación de cucarachas brotadas en el estercolero de la oligarquía civilista. El jefe –el paparruchero y charlatán [Víctor Andrés] Belaúnde–, hijo de un defraudador de la hacienda pública. Usted, hijo de un traidor a la patria. El Beltroy, hijo de padres desconocidos. Representan ustedes la hez de los intelectualizantes del país, que necesitaría tener por una semana en el gobierno, no a una amable persona, sino a un hombre justiciero como yo, que acabaría sin piedad con “la raza de víboras” que sienten en sus venas correr el lodo en que se encharcaron sus padres.

Debe usted a Clemente Palma la vida, porque si sale publicado su articulejo de mayordomo o cochero de los que ningún valor intelectual ni personal siquiera tienen, le hubiese yo, sin el menor reparo, destapado los sesos con la misma tranquilidad con que se aplasta una cucaracha metamorfoseada en alacrán. Ni usted ni nadie me conocen aquí todavía en la debida forma. Ojalá me brindara usted, desgraciado joven, esa oportunidad.

Miserable y cobarde es el que, como usted, no sería capaz de publicar y dirigir esos insultos soeces al hombre que está en el poder. Pregúntele usted, digno hijo del traidor de Arica, a la misma hija del mariscal Cáceres (ante cuyo recuerdo me arrodillo hoy) cómo dirigía yo y publicaba insultos a quien, si debía respetar, no le tenía, en cambio, miedo, fenómeno amoral que ha heredado usted de su padre. Generación de simples charlatanes, que son incapaces de hacer con Leguía –hombre civil– lo que hacíamos los hombres de mi generación con un militar formidable como era el héroe de la Breña.

Entienda usted que si no se apresura a escribirme dándome plena satisfacción seré yo el que publique esta carta –cuya copia me reservo–, y cuando lo encuentre le escupiré en la cara; pero si osa levantarme la mano destaparéle los sesos. ¡Un peruano por quien un rey, diez gobiernos y tres congresos se interesan insultado por el hijo del traidor de Arica! Miserable; como he aplastado a [José] Vasconcelos te aplastaré a ti si no te arrodillas a pedirme perdón. Yo para usted no podría ser sino su patrón.

                                                                                                                    José Santos Chocano

4.  Los traidores de Arica


VI.  Obras citadas

Ahumada Moreno, Pascual. 1886. Guerra del Pacífico. Recopilación completa de todos los documentos oficiales, correspondencias y demás publicaciones referentes a la guerra que ha dado a luz la prensa de Chile, Perú y Bolivia, conteniendo documentos inéditos de importancia. Valparaíso: Imprenta y Librería Americana, Tomo III.

Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. 6ta. Ed. Lima: Editorial Universitaria.

Diario El Sol, Madrid, sábado 2 de enero de 1926, año X, número 2,624.

Editorial Andrés Bello. 1980. Informes inéditos de diplomáticos extranjeros durante la Guerra del Pacífico: Alemania, Estados Unidos de Norteamérica, Francia, Gran BretañaSantiago de Chile.

Ekdahl, Wilhelm. 1919. Historia militar de la Guerra del Pacífico entre Chile, Perú i Bolivia (1879-1883). Tomo II. La campaña de Tacna y Arica. Santiago de Chile: Imprenta del Ministerio de Guerra.

Elmore, Teodoro. 1902. Defensa de Arica. La improvisada fortificación preparada por el ingeniero T. Elmore no era bastante para contener al enemigo. Lima: Imprenta de El Lucero.

Ministerio de Guerra de la República de Chile. Moisés Vargas, ed. 1979. Boletín de la Guerra del Pacífico 1879-1881. Santiago: Editorial Andrés Bello.

Molinare, Nicanor. 1911. Asalto y toma de Arica. 7 de junio de 1880. Santiago de Chile: El Diario Ilustrado.

Paz-Soldán, Mariano Felipe. 1884. Narración histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. Buenos Aires: Imprenta y Librería de Mayo.

Pérez, José. 1880. Arica. Sus fortificaciones, asalto, defensa y ruina. Por un testigo y actor. Lima: Imprenta de La Patria.

República de Chile. 1923. Chilean Administration in Tacna - Arica. The Present Situation in the Province. A Resume of Progress Made. Valparaíso: The South Pacific Mail.

Vargas Hurtado, Gerardo. 1921. La batalla de Arica. 7 de junio de 1880. Lima: Imprenta Americana.

© César Vásquez Bazán, 2012, 2013, 2014, 2017, 2018
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Junio 2 y 9, 2012; Junio 3, 5 y 6, 2013; Septiembre 26, 2014; Junio 9, 2017; Junio 13, 2018
Escribe: César Vásquez Bazán

Leyes dictadas por la Asamblea Constituyente de 1884. Por motivos desconocidos, la ley de creación de la “Comisión Investigadora de los hechos que se refieren a la guerra de las repúblicas del Perú y Bolivia con la de Chile” no fue publicada en el diario oficial El Peruano, a pesar de haber sido promulgada por el presidente de la Asamblea Constituyente el 29 de abril de 1885 (Cámara de Diputados de la República del Perú 1917, I: 6-7)

El 31 de marzo de 1884, en su último día de sesiones, la Asamblea Constituyente aprobó la ley de creación de la Comisión investigadora de los hechos que se refieren a la guerra de las repúblicas del Perú y Bolivia con la de Chile. El proyecto fue presentado por el diputado Juan Martín Echenique en la segunda sesión de la Asamblea Constituyente, el 3 de marzo de 1884 (Cámara de Diputados de la República del Perú 1917, I: 91).

Entre las consideraciones de esta ley, se indicó que el organismo a instalar debería estudiar “las muchas y variadas” causas de la guerra y la responsabilidad de los que la dirigieron o fueron actores en ella. En especial, la ley estableció que debería analizarse las razones por las cuales no se pudo o no se supo “preparar y disponer los poderosos elementos con que el Perú contó o debió contar” para la guerra.

La comisión investigadora también debería descubrir los vacíos o imperfecciones del sistema político y administrativo peruano, a los que podían atribuirse los desastres bélicos, con el fin de corregirlos. La ley señaló que era necesario esclarecer quiénes supieron cumplir los deberes que les imponían los cargos o funciones voluntariamente aceptados y quiénes fueron los que incurrieron en responsabilidad por insuficiencia o abandono en el cumplimiento de sus obligaciones.

Negativa del régimen de Miguel Iglesias a aprobar la creación de la comisión investigadora

Como era de esperarse, el gobierno de Miguel Iglesias se negó a promulgar la ley de creación de la comisión investigadora de la guerra, aprobada por la Asamblea Constituyente. Sin duda, la publicación del dispositivo legal significaría un grave peligro para el presidente regenerador y sus cómplices entreguistas. Ya se ha recordado en artículos anteriores de este blog los tejes y manejes en materia de dinero entre el invasor chileno y el entorno de Iglesias. La implementación de la comisión investigadora podría poner en serios aprietos a los principales personajes del gobierno de Iglesias, protectorado creado por Chile para hacer aprobar el tratado de Ancón.

En vista de la negativa del gobierno regenerador, la Asamblea Constituyente insistió en 1885 en reclamar la dación de la ley de creación de la comisión investigadora de la guerraEl 29 de abril de 1885 la ley fue promulgada por Manuel Tovar, presidente de la Asamblea Constituyente, y por los diputados secretarios Juan Lanfranco y Maximiliano Frías. No obstante, la ley nunca fue publicada en el diario oficial El Peruano. 

Propuesta de treinta investigaciones que deben efectuarse hoy, al no haber sido asumidas por la comisión investigadora de la Guerra del Pacífico

El soborno chileno del régimen iglesista no hubiera sido el único acto que debió haber estudiado la comisión investigadora de la guerra. Los siguientes son otros casos, tan o más importantes, que debieron ser objeto de su atención:

1.  Los lazos y vínculos personales, familiares, políticos y de negocios entre el presidente Mariano Ignacio Prado y ciudadanos, empresas, políticos y gobernantes chilenos, anteriores a la guerra, durante la guerra y posteriores a ella. Puede señalarse el caso de Agustín Edwards Ossandón, el mayor capitalista de la historia republicana de Chile, a quien Prado adeudaba en 1880 el equivalente de 33 millones de dólares del día de hoy.

2.  La negligencia de los gobiernos de Manuel Pardo y Mariano Ignacio Prado en preparar al país para el conflicto, al no adquirir a tiempo los blindados y armamentos y al no conformar ni entrenar una fuerza armada que estuviera en capacidad de defender al país y afrontar una guerra que estaba cantada y se veía venir desde años atrás.

3.  Los negociados en las adquisiciones de pertrechos y elementos militares efectuados por Mariano Ignacio Prado, Nicolás de Piérola y Miguel Iglesias.

4.  Las condiciones en las que se obligó a combatir a naves cuyas tripulaciones carecían de disciplina y que no se encontraban debidamente entrenadas para el conflicto, como es el caso de la tripulación de la fragata Independencia, hecho que contribuyó a la pérdida de dicha nave.

5.  Las imprudentes y sospechosas órdenes de Mariano Ignacio Prado al contralmirante Miguel Grau, que obligaron al Huáscar a hacerse a la mar cuando se sabía que los fondos del monitor tenían que limpiarse para que pudiera readquirir su máxima velocidad de doce nudos, disminuida en tres o cuatro nudos por la falta de mantenimiento. La lentitud del Huáscar permitió su cercamiento por los blindados y otros buques de la escuadra chilena.

6.  La fuga de la corbeta Unión en Punta Angamos el 8 de octubre de 1879 y la conducta de su comandante, Aurelio García y García, abandonando a la nave capitana Huáscar atacada por los blindados chilenos.

7.  La indisciplina y precipitación que caracterizaron el combate en el cerro San Francisco, que condujeron a las fuerzas peruanas y bolivianas a sufrir graves pérdidas humanas.

8.  La retirada de Camarones del presidente boliviano Hilarión Daza y de las fuerzas que comandaba. Se afirma que Daza fue sobornado por el gobierno chileno para que las tropas bolivianas no entrasen en combate.

9.  La fuga de Iquique, disfrazado de buhonero y con la autorización del gobierno chileno, del general trujillano Ramón López Lavalle, prefecto del departamento de Tarapacá.

10. La deserción y fuga del país del presidente Mariano Ignacio Prado, con el pretexto de comprar armamento en Estados Unidos y Europa.

11. El robo por el presidente Mariano Ignacio Prado de parte de los donativos de la colectividad para afrontar la guerra con Chile.

12.  El abandono a su suerte, por parte del gobierno de Piérola y del comando del ejército, de la guarnición de la plaza de Arica, tras la batalla del Alto de la Alianza.

13.  La deserción de Arica del coronel Carlos Agustín Belaúnde, el mayor Manuel Revollar, el capitán Pedro Hume, los subtenientes Enrique Dávila y Simón Quelopana y el sargento Gavino Vargas, que se negaron a defender Arica contra el avance chileno.

14.  El comportamiento del coronel Segundo Leyva, quien desoyó los pedidos de apoyo del coronel Bolognesi y se negó a conducir sus tropas para combatir en Arica y colaborar en su defensa.

15.  La conducta del ingeniero Teodoro Elmore que con diversas excusas prefirió permanecer prisionero del ejército chileno en vez de volver a Arica, siendo Elmore el único conocedor del funcionamiento de los dispositivos eléctricos de control de las minas colocadas para defender la plaza.

16.  La conducta del dictador Nicolás de Piérola antes y después de asumir el poder en diciembre de 1879. Debe incluirse la investigación del planteamiento defensivo, organización de las tropas y disposición del armamento en las batallas de San Juan y Miraflores los días 13 y 15 de enero de 1881. En estas batallas, diferentes cuerpos de la defensa peruana no entraron en combate. La investigación debe incluir la negativa de Piérola a contraatacar por sorpresa a los invasores chilenos en Chorrillos, la noche del 13 de enero de 1881.

17.  El comportamiento de varios jefes militares que no entraron en combate o se comportaron negligentemente en las batallas de San Juan y Miraflores, entre los que se menciona a Juan Martín Echenique, comandante en jefe del ejército de reserva de Lima.

18.  Las acusaciones por mal manejo de los fondos para la defensa de la capital, en contra de Juan Martín Echenique, comandante en jefe del ejército de reserva de Lima.

19.  La colaboración de elementos