lunes, marzo 07, 2022

HAYA Y MARIÁTEGUI. LA VERDAD




(Extracto del libro MODERNIDAD, CULTURA Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL. Arturo Ojeda 2008).

Los grandes constructores de las bases del pensamiento autónomo y progresista del Perú y Latinoamérica, fueron Vìctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui La Chira. Diversas publicaciones y debates han tratado de enfrentarlos y mostrarlos en total contradicción política e ideológica .

Sin embargo, ¿será ello cierto? ¿Su lejanía será total, como lo pretendió hacer creer el comunismo criollo desde 1945? O, por el contrario, ¿los aspectos comunes eran mayores que sus discrepancias? La actual realidad peruana y latinoamericana requiere más que nunca volver sobre aquel viejo debate y dilucidar los aspectos principales de sus propuestas.

Mariátegui: La creación heroica.

Son diversos y bastante profundos los textos que describen biográficamente la vida del Amauta, por lo que no haremos mayor hincapié en ello . Vale sí resaltar que el acercamiento de Mariátegui al problema social se dio desde el periodismo y la literatura. En un inicio, como crítico de los devaneos de los políticos criollos de principios de siglo, absolutamente incapaces de resolver los álgidos problemas del país. Tuvo mucha influencia en ello don Manuel González Prada, al igual que la tuvo con Haya de la Torre. El paso de Mariátegui de la crítica periodística a la toma de posición política estuvo en relación directa con su participación en medios de prensa de corte progresista. Por estos años, tanto la revolución mexicana, la revolución rusa, como la prédica anarco sindicalista, calentaban el ambiente intelectual y laboral en una Lima que poco a poco se iba conectando cada vez más con el mundo moderno.

Mariátegui fue incrementando progresivamente sus críticas al sistema político dominante, representado por la alianza oligárquico – terrateniente. Si bien apoyó inicialmente la asunción de Leguía en su nueva elección presidencial, rápidamente tomó posición al lado de los movimientos populares democratizadores de la época. Ello le valió la amenaza de la represión so pena de no aceptar una “beca” al extranjero . Esta era la época en que Europa era el principal foco de la evolución política mundial. Acababa de ocurrir la Revolución Rusa, culminar la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial) y la revolución socialista amenazaba extenderse a otros países de Europa. Y el futuro autor de los “7 Ensayos..” parecía no querer perderse de ello. Ubicado entre la espada y la pared tomó la decisión de emprender viaje a Europa.

En el viejo Continente arribó a París y luego emigraría a Italia donde permanecería. En Italia realizaría su “aprendizaje” del Marxismo:

“El proceso de adoctrinamiento de Mariátegui se aceleró en la patria de Garibaldi. Su círculo de amigos se componía, principalmente, de socialistas peruanos e italianos. Gracias a sus relaciones con el partido Socialista de Italia pudo asistir a las sesiones de su Congreso de Livorno. Parece que allí conoció a Antonio Gramsci y a Palmiro Togliatti” .

Un autor que influyó notablemente en Mariátegui y su aprendizaje fue George Sorel . Francés, ingeniero de profesión, autor de Reflexiones sobre la violencia, uno de los libros de mayor influencia en el pensamiento mariateguista. Sorel fue más que marxista un reformador social que estructuró su pensamiento a partir de la necesidad del cambio social por consecuencia de la acción cotidiana. En esa línea, más que la teoría privilegiaba la práctica. La motivación subyacente en Sorel es la de la moral y los valores. Encuentra que es el proletariado, como clase activa y trabajadora, la que representa la esencia de la moralidad, lo que lo lleva a coincidir con el marxismo en la reivindicación de la clase obrera. Sin embargo, ello no implica que compartiese el íntegro de la filosofía marxista. Por el contrario Henri Bergson, filósofo francés intuicionista y antiracionalista, es quien se constituyó en la principal influencia sobre Sorel . Es así como enarboló el principio del Mito, como el aspecto motivador central del cambio y la evolución social. De acuerdo a esta filosofía, la razón no llega al corazón, al sentimiento de las personas, que son los verdaderos ejes del comportamiento humano . Por ello, más importante que las ideas son las emociones de las personas, en este caso el Mito del Socialismo.

Para Sorel, el Mito “es un acto de creación y no de predicción” , Influencia que luego quedaría bien grabada en la famosa frase de Mariátegui: “El socialismo no será calco ni copia sino creación heroica” (la cursiva es nuestra). En Sorel, el Mito era más que una metodología de conocimiento, era una forma de acción, por la cual en la práctica cotidiana es que se realiza la transformación social. Las propuestas utopistas, construidas en el gabinete de algún salón, estaban demás para Sorel.

Para el autor de “Reflexiones sobre la violencia” lo principal era “descubrir de qué formas las instituciones sociales se han formado espontáneamente en el curso de la historia, e interpretarlas a la luz de todas las circunstancias psicológicas y económicas” . Una fiel aplicación de este principio sería la obra magna de Mariátegui “7 Ensayos de interpretación de la Realidad Peruana”, escrita atendiendo la propuesta del pensamiento soreliano.

El mito se convierte en un llamado a la negación y superación de la realidad por la vía de la construcción de una realidad alternativa, que no es sólo idea abstracta, sino concreción específica. Al atacar la realidad, el mito busca ser total, abarcar todas las partes que comprende a aquélla, pero en ese acto se distingue de la acción racional porque está basado en el instinto, en el conocimiento intuitivo de la realidad, no distorsionada por los intelectuales, para Sorel, cómplices del sistema. Por ello, el mito es la “llamada a una batalla decisiva. Su valor no es cognitivo en el sentido ordinario; no es una predicción científica, sino una fuerza que inspira y organiza la conciencia militante de un grupo autosuficiente” . El mito es llevado adelante “por un grupo combativo (y así) mantener su solidaridad, heroísmo y espíritu de autosacrificio” .

El mito soreliano, por otro lado, tiene un respaldo en el ayer, “se propone ser una reviviscencia de algo pasado, un rejuvenecimiento del mundo despojado de las capas acumuladas de civilización” . De esta manera el mito se realiza, destruyendo todo lo presente, para construirlo de nuevo, basados en la grandeza pretérita. El pasado a reivindicar para Mariátegui, en la línea soreliana, era el mundo andino, el mundo de la cultura prehispánica. El hecho de que el mundo andino estuviese construido sobre la base de valores, coincidió con otro de los ejes de la filosofía de Sorel: la Moral.

La moral de Sorel es la de los productores. Esta moral está basada en la dignidad, la solidaridad, el heroísmo, la generosidad y la responsabilidad personal. Contrasta la moral de los productores con la moral de los comerciantes  . En el pensamiento soreliano, “el comercio fomenta los hábitos del compromiso, la negociación y el pacto, como también el engaño y la hipocresía, la retórica y la demagogia, la prudencia y la competencia, el amor a la riqueza y al confort, el racionalismo y el menosprecio a la tradición, el cálculo astuto y la predicción y el ideal de éxito” . La moral juega pues, un rol fundamental para Sorel. En quien “el socialismo es una cuestión moral” . Y ello no queda ahí, “una victoria de los trabajadores sin una transformación moral radical sumiría al mundo en un estado de sufrimiento, crueldad e injusticia tan malo como el actual, si no peor” .

Este sentimiento excluyente, casi de Cruzado, llevó a plantear a Sorel la condición especial del proletariado como autor de la revolución social, es decir la independencia política del proletariado, que no debe someterse a la dirección de los intelectuales y burócratas de partido.

Son estos últimos los que más fácilmente ceden a la presión de la sociedad burguesa, convirtiéndose en potenciales traidores de la causa. La diferencia con el marxismo clásico consistía en que éste consentía en la política de alianzas y acuerdos, siempre y cuando se mantuvieran los intereses del proletariado. Es más, el marxismo clásico reivindicaba los aspectos positivos de la sociedad, en cuya defensa justamente se realizaba el movimiento proletario. Sorel pensaba todo lo contrario. Había que destruir todo lo existente y una de los más importantes recursos, era el de la violencia. Violencia para acabar con todo lo constituido y tomar el poder . Pero un poder sin jerarquías, un poder para que todos sean iguales.

Fue esta versión del marxismo la que marcó con fuego a Mariátegui. Es conocida su sentencia en “Ideología y Política”: “Marx, Sorel, Lenin, he ahí los hombres que hacen historia” . En la comprensión del marxismo más importante para José Carlos fue Sorel que Federico Engels . La influencia soreliana fue definitiva en Mariátegui para preformar su marxismoón del marxismo:

“La contribución de Mariátegui radica precisamente en su habilidad para otorgarle espiritualidad al marxismo. En Mariátegui también Marx y Proudhon se reconcilian; es decir en él se aúnan marxismo y algunos elementos del anarquismo. Su vida y su obra se transforman, como a Sorel, no en revisionista de Marx, sino más bien en un renovador y continuador de su obra” .

Eugenio Chang-Rodríguez en su ya citado libro, “Poética e ideología en José Carlos Mariátegui”, dedica todo un capítulo al tema de la Religión y la Revolución en el autor de “Los 7 ensayos..”, y en él demuestra la esencia mística del pensamiento y la acción de Mariátegui no muy alejada de la de Haya de la Torre .

Chang-Rodríguez es profundo y esclarecedor al analizar esta faceta de José Carlos:

“Mariátegui creyó en el “Nuevo Hombre” y su pensamiento político quedó condicionado por su concepción religiosa. Su sistema de creencias está centrado en la fe, en el éxito final de la revolución, que entonces adquiere la fuerza de movimiento mesiánico.

Él avizoró que los movimientos revolucionarios no responden únicamente al cientificismo del determinismo histórico económico, arropado de una dialéctica aparentemente antipositivista. La revolución final del hombre tiene que librar batallas en todos los campos, tanto en el económico como en el espiritual” .

Esta posición suya constituiría la principal fortaleza de su pensamiento y de su acción, la importancia otorgada al espíritu y los valores morales y humanos, marcan profundamente al mariateguismo  y en ese aspecto específico lo hacen supérstite más allá de los vaivenes de la historia de los programas y las ideas políticas.

Cuando retornó al Perú, Mariátegui trajo una familia y “unas ideas”. Cuál no sería la sorpresa cuando percibió el desdén de dirigentes sindicales que le reprochaban el haber viajado “becado” por Leguía.

Fue Víctor Raúl Haya de la Torre, a quien conoció en 1918 , quien le abrió las puertas a las Universidades Populares González Prada , tribuna desde la cual se reintegraría al movimiento social peruano.

Haya de la Torre ya para ese entonces era un líder de las nuevas generaciones estudiantiles y del movimiento obrero. Su labor en la lucha por la jornada de trabajo de 8 horas, la creación y funcionamiento de las UPGP y su participación durante la reforma universitaria, llegarían a su pináculo en la movilización del 23 de mayo de 1923, por la libertad de culto y la no entronización al Estado peruano del Sagrado Corazón de Jesús. Justamente debido a ello, Haya debió pasar a la clandestinidad hasta su apresamiento, posterior huelga de hambre y destierro fuera del país.

Mariátegui quedó a cargo de las labores que realizaba Haya de la Torre, al frente de Claridad y de las U.P.G.P. La relación entre ambos era de confianza y mutuo respeto. Por su parte Víctor Raúl fundó en México la Alianza Popular Revolucionaria Americana (A.P.R.A). De la cual, Amauta, revista fundada por Mariátegui tras la clausura de Claridad, se convierte en el vocero de la nueva organización. En Amauta se publicaron los principales artículos que fueron definiendo el perfil del APRA y que luego serían compilados junto con otros, en el libro “Por la emancipación de América Latina” escrito por Haya de la Torre y publicado en 1927.

Ya residente en el Perú, el posterior fundador del Partido Socialista, comenzó a plasmar sus ideas en la realidad, principalmente aquellas que había captado en Europa. Fundamentalmente la de la construcción del Socialismo en la difícil realidad peruana. Un eje fundamental en esa gesta, sería el mito del socialismo indígena. Estudiosos del tema han coincidido que Mariátegui encontró  en el Perú el referente indígena y lo incorporó a su estrategia política de construcción socialista:

“En uno de los mejores análisis que se han hecho sobre la evolución del pensamiento de Mariátegui, Oscar Terán identifica una mutación teórica política fundamental en sus escritos a partir de diciembre de 1924. Esta mutación, producto del descubrimiento de los indígenas como un probable sujeto en el futuro del Perú, lo llevó a abandonar un esquema clasista puro, reflejo del marxismo europeo, para indagar también por la cuestión de la nación y la especificidad peruana” .

El movimiento indigenista para ese entonces ya tenía una larga trayectoria en el Perú y gran aceptación por intelectuales y hasta gobernantes del país. Sin embargo, cabe establecer la diferencia entre movimientos indigenistas y movimientos indígenas. En tanto los primeros se hacen en pro de la defensa del indio, los segundos se realizan por parte de los propios indios. Mariátegui conoció el mundo andino más por versiones de indigenistas que de propios indios como claramente lo deja establecido Gerardo Liebner . Las limitaciones físicas producto de su enfermedad le impidieron a Mariátegui viajar a los Andes y conocer apropiadamente su realidad.

El “descubrimiento” del mundo andino permitió a Mariátegui aplicar en su totalidad los conceptos marxistas -versión soreliana- aprendidos en Europa . Recordemos que el mito soreliano se edifica sobre la base de un “pasado maravilloso” llamado a reconstruirse. Ese pasado fue, para el Amauta, el de la cultura incaica. Las leyendas conocidas hasta ese momento, sobre el carácter del mundo quechua-aimará prehispánico, se constituyeron en la base del mito socialista indoamericano . Para el autor de los “7 Ensayos…” el rol que ocupaba el proletariado en el mito soreliano, lo desempeñaría el indígena campesino andino, en quien supuestamente permanecía viva la cultura comunista incaica.

Mariátegui tuvo que proceder de esta forma cuando tomó conciencia de las limitaciones del proletariado limeño . Entonces, requeriría urgentemente de la disposición de otra clase social que le adhiriera el élan vital para hacer la revolución. Como ya dijimos, para Mariátegui, esa clase sería el campesinado andino .

En su importante estudio sobre Mariátegui, Liebner afirma:

(Para Mariátegui) “Su concepción del marxismo como un mito que llama a la acción y del socialismo como creación no era conciliable con una espera a la maduración de ciertas condiciones inexistentes, o a limitar el carácter de la revolución al antiimperialismo. Su análisis de la débil y dependiente burguesía peruana, hermana menor del capital extranjero y de los terratenientes semi-feudales, fundamentaba su tendencia subjetivista (la cursiva es nuestra) de no aguardar el desarrollo de procesos que no dependen de la misma acción de los revolucionarios” .

Pero en verdad, ¿cuánto conocía Mariátegui del verdadero carácter del indígena peruano y su movimiento social? ¿Correspondía a las expectativas de Mariátegui el campesinado indígena peruano? O, como sus más serios seguidores han debido de aceptar, ¿hubo mucho de ilusión y excesivo voluntarismo?

“Uno de los errores más gruesos que influyeron en las exageradas apreciaciones de Mariátegui sobre la predisposición socialista y revolucionaria de los indígenas fue su suposición de que Ezequiel Urviola”… “era de origen indígena” -

Mariátegui sólo viajó una vez a la serranía, específicamente a Huancayo, en 1918 , por lo que el conocimiento de la realidad andina sólo lo tenía a través de terceros, sea por testimonios directos o literatura específica. El desconocimiento de la realidad andina lo llevó a sobrevalorar las características de su sociedad , atribuyéndole un espíritu colectivista secular de procedencia incaica . Contradiciéndose completamente con la ideología materialista que profesaba, el marxismo, para la cual no es posible la existencia en el pasado de la sociedad “perfecta”.

Su desconocimiento del mundo andino lo llevó también a distorsionar su visión de la realidad, así lo confiesa el propio Liebner:

“Lo que Mariátegui tampoco supo fue que si bien las comunidades estaban basadas en el principio de la reciprocidad, las relaciones sociales no eran necesariamente igualitarias. Existen jerarquías dentro de las comunidades, expresadas entre otras cosas en la división del trabajo en distintos pisos ecológicos, y relaciones de dependencia y poder entre distintas comunidades o entre la comunidad original y sus “colonias” .

Esa idealización lo llevó a pensar que sería relativamente sencillo establecer las condiciones sociales para la gestión socialista del país, tanto en lo económico, político y social. Si la doctrina marxista establecía que el socialismo es producto de la evolución de las fuerzas productivas, Mariátegui creyó encontrar la salida para evitar ese proceso. Lo que ciertamente todos ahora saben era un error de apreciación. A pesar de ello, es menester rescatar del autor de los “7 Ensayos”, su visión de que en el mundo andino se plasmaban los valores y principios morales necesarios para el cambio social . Sin esos principios no podría construirse una sociedad diferente. No se trataba únicamente de esperar o impulsar condiciones “objetivas”, sino también de la subjetividad de la gente, de los principios de interrelación en la vida cotidiana. Este es un aporte sustancial de Mariátegui a la concepción de la transformación social en América Latina, en especial en el Perú. En estas condiciones es que Mariátegui llegaría a formular su propuesta ideológico-política, a partir de la cual polemizaría luego con Haya de la Torre.

EL APRA: ¿SÓLO FRENTE ÚNICO O TAMBIEN PARTIDO?

No hay autor serio que hubiese estudiado el período de los años 20 que no reconozca que José Carlos Mariátegui militó en el Apra, cuando ésta era sólo un frente único antiimperialista . La desavenencia con el aprismo y Haya de la Torre, viene a darse cuando desde México Víctor Raúl planteó convertir al Apra en Partido.

Al parecer Mariátegui había retornado desde Europa con el compromiso de formar un partido marxista . Pero este hecho siempre lo tuvo oculto. Haya recién en Génova, en casa del Cónsul peruano Palmiro Machiavello, vino a enterarse de dicho proyecto, cuando el cónsul le preguntó:

“¿Cómo va la organización del movimiento socialista en el Perú que le confiáramos a Mariátegui?” 120 Rouillón, principal biógrafo de Mariátegui, intenta justificar el silencio de José Carlos, argumentando “por razones tácticas, evitó revelarle la intención que traía de Europa para fundar el Partido Socialista. Vale decir, en el fondo Mariátegui recelaba de Víctor Raúl porque estaba seguro que éste urdía, secretamente la posibilidad de crear una agrupación política disímil y contraria a la suya” . Sin embargo, en el mismo libro contamos con el testimonio que contradice sus aseveraciones. Rouillón narra la forma en que se encontraron Haya y Mariátegui y concertaron la incorporación de José Carlos como profesor de las U.P.G.P. 

Durante su charla Víctor Raúl le menciona las condiciones requeridas para hacerlo, pero especialmente le dijo:

“No olvide –agregó en sus consejos Víctor Raúl a José Carlosque es necesario ser objetivo en sus clases, no tome partido, porque la Universidad Popular es apolítica, y porque la mayor parte de los obreros son libertarios” .

No estaba, por lo menos en ese momento, en la cabeza de Haya el proyecto de un partido político, en tanto que sí lo tenía Mariátegui, quien se cuidó muy hábilmente de demostrarlo.

Haya de la Torre, es conocido, fundó la Alianza Popular Revolucionaria Americana en mayo de 1924. Mariátegui en ese momento ya ejercía la sucesión de Haya en los cargos que había dejado tras su destierro, tanto en las U.P.G.P. como en Claridad. Haya de la Torre colaboró en Amauta, la revista fundada por Mariátegui que sucedió a Claridad, hasta febrero de 1928. No sólo ello, existen diversos documentos que prueban la identificación de José Carlos con el Apra  durante sus primeros años:

“La batida policial ha estado exclusivamente dirigida contra la organización obrera, contra la campaña anti-imperialista, contra el movimiento del A.P.R.A. y contra la revista “Amauta”, cada día más propagada en el Perú. Se denuncia al A.P.R.A. como una organización comunista, aunque se sabe bien que es una organización anti-imperialista latino-americana, cuyo programa se condensa en estos tres puntos: “Contra el imperialismo yanqui, por la unidad política de América Latina, para la realización de la justicia social”. 

Muchos de los participantes de las veladas y actividades del Amauta se incorporaron al Partido Aprista, una vez fundado. De entre los más reputados tenemos a Manuel Seoane, Luis Alberto Sánchez, Carlos Manuel Cox, Luis Heysen, Enrique Cornejo Köster, Alcides Spelucín, Magda Portal y podría seguirse así la larga lista de quienes no fueron solamente militantes sino que llegaron a desempeñar cargos de gran importancia en el aprismo.

¿Cuál fue el leit motif del distanciamiento entre Haya y Mariátegui? Es menester para responder a esta pregunta distanciarnos de cualquier explicación que intente justificar el alejamiento en los caracteres personales. Eso puede servir para la anécdota no para la política, que como ciencia que es busca explicaciones más contrastables.

El marxismo de Mariátegui fue heterodoxo, lo afirman estudiosos de la seriedad de Chang–Rodríguez  o Flores Galindo . Su heterodoxia consistió fundamentalmente en buscar un modelo propio de construcción del Socialismo en el Perú . Partió de la concepción de Marx respecto a la Sociedad y el capitalismo, pero a ella agregó el enfoque de Sorel sobre el cambio y la transformación. El reemplazar a Federico Engels por George Sorel, fue el hecho que lo alejó en verdad de Haya de la Torre . La diferencia es sustantiva. En tanto que Engels es eminentemente racionalista y dialéctico hegeliano, Sorel es irracionalista bergsoniano. Para el sorelismo, bajo influencia bergsoniana, la voluntad es un instrumento fundamental para la construcción del cambio socia .

Mariátegui creyó encontrar en el mito incásico el recurso a utilizar para llenar el vacío existente en la mentalidad del proletariado peruano y hacer la revolución social. En otras condiciones, el desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones sociales de producción son las que contribuyen activamente a la formación de la conciencia del proletariado, y con ella a la construcción de las condiciones subjetivas y así insurgir con la revolución.

El fundador de Amauta pensó poder suplir la deficiencia de desarrollo de nuestras clases revolucionarias, creyendo que con el solo hecho de la voluntad podrían crearse las condiciones para la revolución:

“Pero como ocurría con los obreros, lo importante es buscar las peculiaridades de esos campesinos, que en el área andina nacían de una especial unión entre la condición de clase y la situación étnica, es decir, eran campesinos pero también indios: hombres que mantenían tercamente una cultura a pesar de la dominación colonial española y la persistencia de la feudalidad en la República. Pero si la cultura indígena había logrado permanecer con su lengua y sus costumbres, eso se debía a que las bases materiales de esa cultura seguían siendo consistentes” .

Sin embargo, las aspiraciones de Mariátegui de construir una sociedad socialista sobre la base tan solo de la cultura andina, ahora son catalogadas de exageradas, en lenguaje académico, voluntaristas, es decir sin mayor asidero o respaldo que el de los buenos deseos de algún personaje:

“Agonía se confunde finalmente con esa esperanza que define en la política y en la vida cotidiana el derrotero de Mariátegui: la confianza en el futuro que no reposa en las leyes de la dialéctica, ni en los condicionamientos de la economía, sino en las voluntades colectivas. En otras palabras, se trata del voluntarismo y el espontaneismo que emergen en diversos pasajes de su pensamiento”  (la cursiva es nuestra).

Mariátegui afirmó su deseo de construir un “socialismo indoamericano” , lo que sería el mayor fundamento de su adscripción al Apra continental . La estrategia de Mariátegui luego de su retorno fue la de insertarse en el movimiento social y difundir los principios del socialismo para luego formar su partido socialista. Propósito que – recordemos- siempre tuvo oculto.

Cuando Haya fundó el APRA continental lo hizo como un frente único antiimperialista. El cual estaba integrado por una alianza de los trabajadores manuales e intelectuales, en la misma línea del pensamiento originario de Manuel González Prada. Mariátegui aceptó al Apra desde su fundación:

“Veo que X, no ha interpretado cabalmente mi opinión sobre el Apra. No me explico, en verdad, cómo me puede haber creído opuesto a ella. Cuando por primera vez conocí su programa, le escribí a Ud. que lo encontraba bien… La prueba de que no soy absolutamente adverso al Apra es que le he dado ya mi adhesión en principio… y sobre todo participado, no por cierto pasiva ni adjetivamente, en la construcción del Apra en Lima” .

Las diferencias comienzan a sobrevenir luego del Congreso Antiimperialista Mundial de Bruselas en 1927 . Evento en el cual Haya de la Torre planteó los aspectos sustanciales de la políticaaprista, resistiéndose a someter al Apra a los dictados de la III Internacional . De acuerdo al propio Víctor Raúl  fue a partir de ahí que se inició la embestida soviética contra el aprismo.

Y no era para menos, Haya en 1927 decía lo siguiente:

“Los viejos revolucionarios OFICIALES de América Latina han dejado pasar los años sin más resultado que el de ahondar divisiones, contribuir a la discordia entre las masas proletarias y hacer a las burguesías un favor magnífico… La nueva generación revolucionaria de América no tendrá la aureola del oficialismo burocrático, pero ha tomado definitivamente la bandera de la revolución. Como la nueva generación revolucionaria china, nosotros tenemos que empujar la obra de nuestro Kuomingtang, de nuestro frente único antiimperialista, de nuestra lucha implacable contra las clases dominantes, cómplices del imperialismo y por la unión latinoamericana bajo el gobierno de los productores. Cuando la revolución antiimperialista llegue, los ortodoxos nos gritarán como Kautsky a los bolcheviques: “¿Eso no es revolución! ¿Eso es movimiento de intelectuales! ¿Eso no es marxista!”. 

El tema en cuestión pasaba a ser el de la autonomía de la lucha política respecto a la cada vez más influyente Internacional Comunista . Para los comunistas, los partidos socialistas identificados con el marxismo leninismo debían convertirse en comunistas y someterse a los dictados y la estrategia de la Internacional. Si bien Mariátegui se consideraba internacionalista y marxista , en la línea de “su” marxismo heterodoxo, arriba perfilado, también creía que las condiciones existentes en nuestra sociedad impedían la creación de un partido comunista. Siendo la principal razón por la cual promovería y se involucraría en la fundación del Partido Socialista.

A pesar de ello Mariátegui no encontraría viable la formación de un partido Comunista, y por el contrario en el mes de octubre de 1928 fundaría el Partido Socialista del Perú . La Internacional Comunista nunca aprobó la fundación de un partido socialista y cuestionó directamente esa decisión . En la sustentación que se hizo ante los delegados comunistas, Julio Portocarrero, cofundador del PS, manifestó:

“Tomando en consideración nuestra situación económica y nuestro nivel político, hemos creído conveniente constituir un partido socialista que abarque la gran masa de artesanado, campesinado pobre, obreros agrícolas, proletariado y algunos intelectuales honestos” .

Esta posición fue cuestionada por el comunismo internacional debido a su exigencia de que todos los partidos socialistas se definieran como partidos comunistas, de una sola clase, partidos proletarios:

“Nuestros camaradas del Perú proponen la creación de un partido socialista y argumentan diciendo que este partido no será más que la máscara legal del partido comunista, pero los mismos camaradas del Perú se refutan cuando nos dicen que ese partido socialista tendrá una composición social amplia, que será formado por obreros, campesinos, pequeño burgueses, etc. En suma no se trata de una ‘máscara legal’, sino de otro partido político más ‘accesible’, como dicen los camaradas ”. Y más categórico lo fue el representante de la Internacional Comunista: “el nombre socialista significa “la traición a los intereses proletarios y la capitulación ante la burguesía ”-

A ello los propios mariateguistas respondieron:

“En el sector del Perú, esta economía (el capitalismo) está poco desarrollada y si la fábrica es la formadora de conciencia de clase del proletariado, es lógico que éste tenga una conciencia política poco desarrollada. De aquí que deducimos que las directivas que para nuestros países importa el Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista, tienen que ser diferentes, porque diferentes son las condiciones de cada región” .

La respuesta final de la Internacional fue el temor de que bajo las siglas del PS reviviera el Apra . Y es que finalmente la filosofía mariateguista llegaba a las mismas conclusiones que el aprismo , la situación peculiar de América Latina nos lleva a buscar nuestras propias soluciones (repetimos, “ni calco ni copia, sino creación heroica”). Sólo después de muerto Mariátegui fue fundado el partido comunista . 

El Apra y Haya de la Torre sí se mantendrían, por el contrario, fieles a su autonomía:

“Si aceptáramos que Europa y América están muy lejos de ser idénticas por su geografía, por su historia y por sus presentes condiciones económicas y sociales, es imperativo reconocer que la aplicación global y simplista a nuestro medio de doctrinas y normas de interpretación europeas, debe estar sujeto a profundas modificaciones ”.

Nótese la gran similitud en la sustentación, a pesar de la aparente divergencia que por tantos años se ha hablado entre apristas y mariateguistas. He aquí también el antecedente de lo que luego se convertiría en la filosofía propiamente dicha del Apra, el espacio tiempo histórico .

La verdad es que las coincidencias se pierden cuando se formó el Partido Nacionalista Libertador, como el partido mascarón de proa del Apra en el Perú. En México se elaboró el llamado Plan de México , por el cual se lanzaba la candidatura a la presidencia de la República a Haya de la Torre. El Plan incluía la toma del poder mediante la insurrección armada en el norte del país. De esta manera Haya se adelantó a la intención de Mariátegui de formar un partido Socialista en el Perú. Y lo hace en base al diagnóstico de la peculiar realidad de América Latina:

“El imperialismo es un hecho económico, y las raíces de ese hecho económico descansan en el sistema capitalista. Ahora bien, la fuerza del sistema capitalista es el Estado, instrumento de opresión de una clase sobre otra. Necesitamos derribar ese instrumento de opresión, fuerza del capitalismo y por ende, del imperialismo. Y derrumbar al Estado, es decir el instrumento de opresión de una clase sobre otra, es derribar la clase misma que usa ese instrumento. Derribar a esa clase que es la clase explotadora impone reemplazarla en la función política por la clase explotadora. Consecuentemente, nuestra lucha antiimperialista es lucha política, es lucha de clases y es lucha de partido” .

Es clara su línea, la lucha antimperialista debe desarrollarse en el ámbito político y ello implica la lucha por el poder, esa lucha sólo la desarrolla un partido político. Por tanto la necesidad de fundar un partido político cuyo principal eje sea la lucha antimperialista. Esta propuesta la expuso desde 1927, que es la fecha de donde data la cita, y fue publicada en el libro “Por la emancipación de América Latina” impreso en 1928 en Argentina.

Pero Mariátegui recién reaccionó con preocupación cuando se supo de la aparición del “Plan de México”. Es aquí cuando empezó la polémica:

“Mariátegui recibió esta nueva con profundo disgusto. Era un aspecto más de la “bohemia revolucionaria”, del maligno exhibicionismo de Haya de la Torre. La rechazó, negándose a prestar su apoyo ”. 

Esta es la versión mariateguista, pero la verdad es que la movida política de Haya los había anticipado en su juego . Sólo después del “Plan de México” Mariátegui comenzó a implementar su proyecto de creación del Partido Socialista antes descrito.

El debate estuvo centrado fundamentalmente entre si el APRA debía continuar siendo Alianza o convertirse en Partido. Mariátegui aceptaba al Apra como alianza o frente único, más no como partido. El único proyecto que podía respaldar era fundar el Partido Socialista, que aún no existía por supuesto.

“No hay ahí una sola vez la palabra socialismo. Todo es declamación estrepitosa y hueca de liberaloides de antiguo estilo… Por mi parte, siento el deber urgente de declarar que no adhiré (sic) de ningún modo a este partido nacionalista peruano que, a mi juicio, nace tan descalificado para asumir la obra histórica en cuya preparación hasta ayer hemos coincidido” .

Es notorio que la oposición de Mariátegui parte de que no hubiera un programa “socialista” en el nuevo partido y, por otro lado, su reconocimiento de que “hasta ayer” habían coincidido en una “obra histórica”, refiriéndose a la lucha antimperialista.

Haya por su lado contestó categóricamente a Mariátegui en una carta:

“Está listo mi libro “El antimperialismo y el Apra” que define al Apra como partido. Trae puntos polémicos sí. Los mismos diplomáticos del Soviet, que conocen sus líneas centrales, admiten que plantean toda una revolución ideológica. El Apra es partido, alianza y frente. ¿Imposible? Ya verá usted que sí. No porque en Europa no haya nada parecido no podrá dejar de haberlo en América. En Europa tampoco había rascacielos ni hay antropófagos” -

Haya se refiere a la discusión que mantuvo con los jerarcas de la Internacional y que motivara justamente la campaña liquidacionista ordenada desde Moscú. El modelo de partido en construcción sintetizaba en una sola las iniciativas de lucha social y política desarrolladas hasta ese momento, elevándolas hacia un nivel superior, la captura del poder. El aprismo representaba así la etapa más alta de las luchas sociales en búsqueda de la construcción de un modelo propio que resolviera los problemas estructurales que le dieron origen.

Y sobre el socialismo le dijo lo siguiente:

“Clama Ud. Por la palabra socialismo, “Ni una ves se le menciona” Words, words and words! He ahí la característica nuestra: la palabra. Ud. Según vi en “Amauta” no habló en Vitarte, pero sí lanzó tres vítores sonoros. Ni uno de ellos fue a la revolución antiimperialista. La única posible, la única inmediata de estos tiempos”…”Póngase en la realidad y trate de disciplinarse no con Europa revolucionaria sino con América revolucionaria”…”Pero la revolución la haremos nosotros sin mencionar el socialismo pero repartiendo las tierras y luchando contra el imperialismo” .

LA REVOLUCIÓN APRISTA.

En la respuesta a la carta de Mariátegui, Haya de la Torre le comenta que ya terminó su libro “El antimperialismo y el Apra”, en el cual alcanzaría a la comunidad indoamericana los términos de su revolución ideológica. Y fue así. En mayo de 1928, el libro ya estaba culminado . En este libro Haya planteó certeramente los aspectos básicos de su concepción ideológica.

“El imperialismo es esencialmente, un fenómeno económico que se desplaza al plano político para afirmarse. En Europa el imperialismo es “la última etapa del capitalismo” –vale decir, la culminación de una sucesión de etapas capitalistas-, que se caracteriza por la emigración o exportación de capitales y la conquista de mercados y de zonas productoras de materias primas hacia países de economía incipiente. Pero en Indoamérica lo que es en Europa “la última etapa del capitalismo” resulta la primera. Para nuestros pueblos el capital inmigrado o importado, plantea la etapa inicial de su edad capitalista moderna”  (la cursiva es nuestra).

De esta manera Víctor Raúl planteaba un radical cambio de enfoque para la comprensión de la realidad indoamericana. Si la teoría marxista clásica se había formulado teniendo en cuenta la realidad europea, no era posible trasladarla simplistamente al nuevo continente.

En Indoamérica el capitalismo llegó fundamentalmente de afuera, no fue producto de su evolución interna propiamente dicha, por lo que su devenir fue condicionado por la intromisión extranjera. Según Haya esa intervención se hizo avalada por el poder del Estado, por lo que el control económico exigió que también sea político, y la combinación de ello generó el modelo imperialista . Siguiendo el esquema marxista clásico, Haya planteó que el diseño de las relaciones materiales de producción configuraron las clases y sectores sociales de Indoamérica:

“Los países de Indoamérica no son países industriales. La economía de estos pueblos es básicamente agraria o agrícola minera. Examínense las estadísticas. El proletariado está en minoría, en completa minoría, constituyendo una clase naciente. Son las masas campesinas las que predominan, dando una fisonomía feudal o casi feudal a nuestras colectividades nacionales”.

Coincidían entonces Haya y Mariátegui en el diagnóstico de la situación de las clases fundantes de la revolución. Debían reconocer que el estado de su evolución era aún elemental.

Sin embargo, aquí viene el aspecto principal de la contradicción entre ellos, el carácter de la revolución: revolución antiimperialista o revolución socialista.

Dada la situación de la evolución del capitalismo y de sus clases integrantes, Haya no juzgó posible una revolución socialista:

“Sin abandonar el principio clasista como punto de partida de la lucha contra el imperialismo, consideramos cuestión fundamental la comprensión exacta de las diversas etapas históricas de la lucha de clases y la apreciación realista del momento que ella vive en nuestros pueblos”…”El peligro mayor para nuestros pueblos es el imperialismo. Él amenaza no sólo como fuerza explotadora, sino como fuerza conquistadora. Hay pues, en el fenómeno imperialista con el hecho económico de toda explotación, el hecho político de una opresión de carácter nacional”…”Sostenemos pues, que la actual tarea histórica de estos pueblos es la lucha contra el imperialismo” -

Está dicho, el aprismo no desconoce las diferencias de clases ni el origen de las mismas, sólo que establece como prioridad primera la resolución del problema de toda la nación, no sólo el de una clase en evidente debilidad y minoría. Ello no niega la convicción de la necesidad de la superación del capitalismo, simplemente reconoce que nuestros países no llegaron aún a construir las condiciones para una revolución socialista :

…“el Apra sostiene que antes de la revolución socialista que llevaría al poder al proletariado –clase en formación en Indoamérica-, nuestros pueblos deben pasar por períodos previos de transformación económica y política y quizás por una revolución social –no socialista- que realice la emancipación nacional y política indoamericana. La revolución proletaria, socialista, vendrá después. Vendrá cuando nuestro proletariado sea una clase definida y madura para dirigir por sí sola la transformación de nuestros pueblos. Pero eso ocurrirá mucho más tarde”.

La diferencia con Mariátegui, que sí creía en la posibilidad de la revolución socialista en el Perú, se centra en los actores y el carácter de la revolución. En tanto y como vimos anteriormente, Mariátegui estaba convencido –idealistamente- que en el mundo andino estaban vivas las raíces de una sociedad colectivista, de supuesto origen incaico, lo cual ahora sabemos era totalmente ilusorio. Haya de la Torre, conocedor del país y de la realidad de la América Latina, cabalmente comprobó el estado de nuestra evolución económica y social, totalmente alejada de la europea en cuyo seno y para la cual se ideó la revolución socialista:

“Nosotros necesitamos “nuestra revolución francesa”, superada naturalmente, o para hablar con voz propia, nuestra “revolución mexicana”, que combine la lucha contra el feudalismo con la lucha contra el imperialismo y afirme una era precursora de transformaciones posteriores” .

Una revolución nacionalista, democrática y popular diríamos ahora, pero en fin una revolución autóctona, con programa y modelo político propio. Ha de recordarse que la revolución mexicana fue la primera revolución social exitosa del siglo XX, mucho antes que la revolución rusa. Haya claramente reivindicaba así el carácter autónomo de la revolución indoamericana, autonomía que debía estar centrada no sólo en la ideología, sino fundamentalmente en sus objetivos, composición y prácticas. Para los que crean que Haya planteó sin más seguir la ruta del capitalismo, es menester exponerles lo siguiente:

“La transformación súbita de nuestros países, con tan pesados residuos feudales y tan complicados problemas étnicos, en autónomas potencias capitalistas rivales de los Estados Unidos,no estaría en proporción al avance sin duda vertiginoso del imperialismo yanqui sobre nosotros. Nuestro progreso hacia el capitalismo autónomo no está en ecuación con el progreso formidable y envolvente del capitalismo imperialista de los Estados Unidos, que va consiguiendo no sólo controlar casi totalmente nuestra vida económica, sino que trata de impedir nuestro desenvolvimiento libre o el empujado por otros imperialismos en algunos de nuestros países” .

Considerar que podemos igualarnos a los países capitalistas avanzados, nos plantea Víctor Raúl, no es posible por las condiciones propiamente dichas del sistema capitalista. Someterse por tanto a sus condiciones es persistir en el retraso y el subdesarrollo. Si continuar por el camino impuesto por el sistema capitalista es seguir por la ruta de la dependencia, es imperativo trazar una nueva ruta: Haya de la Torre lo planteó a través de la construcción del Estado Antimperialista:

“El Estado Antimperialista debe ser pues, ante todo, Estado de Defensa, que oponga al sistema capitalista que determina el imperialismo, un sistema nuevo, distinto, propio, que tienda a proscribir el antiguo régimen opresor” .

Ese nuevo sistema que se oponga al capitalismo, bajo la amenaza de que sino hay cambio volveremos a estar sometidos a la influencia imperialista , deberá estar cimentado en la economía, la política y la organización de la vida social:

..“ha de ser indispensable en el nuevo tipo de Estado la vasta y científica organización de un sistema cooperativo nacionalizado y la adopción de una estructura política de democracia funcional basada en las categorías del trabajo. Así por ambos medios, realizará el Estado Antiimperialista la obra de educación económica y política que necesita para consolidar su posición defensiva” .

El nuevo Estado estructuraría una nueva forma de organización social sobre la base del cooperativismo, como forma de gestión y producción económica y social. Esa nueva forma no es la del capitalismo liberal, no es tampoco la del capitalismo de Estado. Es lo que se llamaría ahora del capitalismo social. El cooperativismo está más articulado y corresponde mejor al funcionamiento de la economía andina, de raigambre solidaria, de alta reciprocidad.

Por otro lado, Mariátegui era contrario a considerar que de la resistencia o la lucha contra el imperialismo podía hacerse una bandera de lucha para un partido político marxista :

“El anti-imperialismo, para nosotros, no constituye ni puede constituir por sí solo, un programa político, un movimiento de masas apto para la conquista del poder. El anti-imperialismo, admitido que pudiese movilizar al lado de las masas obreras y campesinas, a la burguesía y pequeño burguesía nacionalista (ya hemos negado terminantemente esta posibilidad) no anula el antagonismo entre las clases, no suprime su diferencia de intereses”.

“El asalto del poder por el anti-imperialismo, como movimiento demagógico populista, si fuese posible, no representaría nunca la conquista del poder, por las masas proletarias, por el socialismo. La revolución socialista encontraría su más encarnizado y peligroso enemigo –peligroso por su confusionismo, por la demagogia- en la pequeña burguesía afirmada en el poder, ganado mediante sus voces de orden” .

José Carlos plantea así sus dudas sobre la consecuencia política en la lucha por parte de las clases medias. Dentro del debate, llega hasta a sugerir que la presencia de las clases medias forman parte de un intento de fascistización del Apra.  Pero Haya de la Torre no era ajeno a esa preocupación, y la enfrenta con claridad en su texto fundamental.

“Un partido que reúna en sus filas a todas las clases amenazadas por el imperialismo y que las organice científicamente, no bajo los postulados de la democracia burguesa sino sobre las bases de una forma clasista de democracia funcional o económica, ha de ser el único efectivo instrumento de lucha contra el imperialismo. En este partido de frente único, las clases que el imperialismo amenaza estarán  representadas de acuerdo con su rol en la producción. Nuestros países feudales, al emanciparse, tienen que dar preeminencia a la clase campesina, a la clase productora de la tierra planteando en primer término su reivindicación. Luego a la clase obrera industrial y a la clase media. Es claro que si invirtiéramos este orden, caeríamos de nuevo en el estado burgués, rueda de la máquina imperialista (la negrilla es nuestra). Pero afirmando la organización del partido antiimperialista sobre bases estrictamente científicas y reconociendo que la lucha contra el imperialismo es lucha económica, no puede invertirse el orden de la representación de las clases en el partido primero y después en el Estado” .

No hay lugar a duda entonces. El partido funciona como frente único, pero dentro de éste la disciplina ideológica y política interna, debe ser la que prevea cualquier intento divisionista. Es sumamente claro Haya de la Torre, “una forma clasista de democracia funcional o económica” implica construir una nueva democracia que no es la democracia formal, que considera a la persona únicamente como elector y no como actor del proceso económico y social. Esa democracia diferente debe corresponder a la realidad del país. Si la democracia formal, llamada también burguesa, fue producto de la evolución europea, la nueva democracia, de carácter esencialmente social, debe ser heredera también de la historia propiamente dicha de nuestros pueblos.

Para Haya las cosas no quedaron ahí solamente, muy específicamente planteó el orden de atención de sus reivindicaciones. El mismo que al acatarse evita el predominio de las clases medias, tanto en “el partido primero y después en el Estado”. Puede entenderse entonces el rigor que en materia ideológica y programática Haya tuviera con los militantes y dirigentes de su Partido. 

En el mismo libro, continuando en una suerte de debate a la distancia, respondió sobre el cuestionamiento a darle presencia a las clases medias en el nuevo partido:

“Es fácil que con el lenguaje europeo se nos diga: “pero si dais un puesto en el nuevo Estado a la clase media, lleváis al poder  .con esa clase al embrión de la burguesía del futuro; ella os traicionará cuando se sienta fuerte entregándose y entregándonos al imperialismo”. La objeción es unilateral y deleznable. Aceptarla, sería suponer un Estado en el que las clases medias predominan. Conviene previamente establecer la diferencia fundamental que existe entre el rol histórico de las clases medias –pequeña burguesía de la ciudad y del campo-, de Europa y las clases medias de Indoamérica”… “En nuestros países las clases medias tienen mayor aptitud para la lucha. Viven aun su edad heroica, tienen todavía campo abierto para tratar de convertirse parcialmente en gran burguesía; son, por ende, pugnaces. Tienen capacidad de rebeldía, de beligerancia. No soportan el rudo peso de una fuerte clase superior ni la presión hostil y creciente de un gran proletariado. Se confunden con nuestra naciente burguesía o con nuestra burguesía colonial”… “Nuestras clases medias están aún en el periodo de combate, de forcejeo por su afirmación; período de ofensiva, casi de gesta, si le podemos llamar así”… “Nosotros sabemos por qué luchan las clases medias contra el latifundismo y contra el imperialismo. Querrían derribar al primero, ocupar el puesto dominante y aliarse con el segundo para salvarse así. Pero los avances más rápidos del imperialismo destruirán prontamente a las clases medias, antes de que éstas pudieran aprovechar al imperialismo”.

¿Que las clases medias participen?, sí, dijo Haya de la Torre, pero bajo el control de una disciplina revolucionaria de Partido y de una nueva democracia económica y social, basada en las categorías del trabajo.

Si aquélla se perdiese, lo haría no sólo el partido sino también el proyecto antimperialista. De esta forma, Haya pensaba poder evitar esa “maldición“que le hiciera Mariátegui sobre la desviación de la conducta política de la nueva organización al darle entrada a la  “pequeña burguesía”.

LECCIONES QUE ASUMIR.

Contrario a lo que se afirma, Haya y Mariátegui tuvieron importantes coincidencias, no sólo en aspectos puntuales, sino también de largo aliento. Hemos comprobado cómo la metodología de diagnóstico de la realidad era muy similar. Comprendieron cabalmente que la realidad latinoamericana y peruana, en especial, era muy distinta a la europea. Por lo que las soluciones a nuestros problemas debían ser distintas también.

En otro aspecto en que coincidieron, fue el rol que le atribuyeron a la redención del Indio y al problema de la tierra en sus programas políticos (volveremos sobre este punto más adelante). Está bien, Mariátegui idealizó la verdadera potencialidad del indígena y la comunidad andina, pero ese fue un hecho casi generalizado en la época. El propio Haya de la Torre mencionó que la comunidad campesina seria una fuente de respaldo para el Estado antiimperialista.

Y vale aquí pasar al tema del socialismo. Haya de la Torre plantea una Revolución social –no socialista-, y no socialista porque él negaba la posibilidad inmediata de construir en  Indoamérica el ‘socialismo’ europeo. Negación que no alcanzaba precisamente a la aspiración de crear una sociedad sin explotados ni explotadores . Hemos demostrado cómo Haya se niega a aceptar el retorno al capitalismo liberal por parte del Estado Antiimperialista, porque volveríamos a caer “bajo la rueda imperialista”. El aprismo se plantea desde entonces como la auténtica “tercera vía”.frente al capitalismo y al llamado socialismo científico.

Mariátegui no estuvo muy lejos de esa posición. Si bien él se declaró socialista, su socialismo no era “ni calco ni copia”, y esa posición lo llevó a ser condenado y sutilmente aislado por la Internacional Comunista. El marxismo de Mariátegui fue heterodoxo. Nunca hubiera correspondido a esa vulgar deformación creada desde Moscú y Pekín.

El propio Flores Galindo lo confiesa en su libro “La agonía de Mariátegui”. Ello se vio reflejado en su praxis política concreta: La fundación del Partido Socialista, que estaba constituido por una suerte de Frente Único, hecho que fue advertido por los delegados de la Internacional Comunista, es una prueba mas bien en ello. Mariátegui pensó adscribirlo a la III Internacional, debido a su concepción de que la revolución debía ser internacional y por tanto integrada al supuesto proceso revolucionario mundial en marcha, ello es más cierto que creer que Mariátegui pensara en la implantación del modelo comunista en nuestros países. Por último, a los comunistas poco les importó la suerte del autor de “Defensa del Marxismo” hasta su muerte. La cual aprovecharon para luego crear el partido comunista peruano, bajo directiva expresa de Moscú.

Haya de la Torre, tampoco debe pensarse fue ajeno a la línea del debate ideológico y político de su época, alguna parte de ello con el propio José Carlos. Como mencionáramos líneas arriba, Haya planteó la revolución antiimperialista como la única revolución social posible en ese momento en nuestros países. Pero ello no quedaba ahí, Haya planteó los procedimientos como pensaba podía asegurarse la superación de la etapa de dominación imperialista, mediante la construcción del Estado Antiimperialista, ordenado de acuerdo a las categorías del trabajo. Controlar a las clases medias era la forma de impedir la desviación de la suerte del Estado Antiimperialista y del propio partido.

En la línea del internacionalismo, Haya privilegiaba la integración de América Latina, estableciéndola como el verdadero campo de batalla para la emancipación del neocoloniaje establecido por los Estados Unidos. Pero no se quedaba ahí, ratificando su interés por el cambio y la revolución social, planteó como quinto punto de su programa máximo, la solidaridad con todos los pueblos y clases del mundo. Este principio expone el internacionalismo aprista, pero dentro de los límites y las posibilidades de un movimiento continental que prioriza su liberación como producto de su lucha emancipatoria económica y social, con estrategias y tácticas peculiares y autónomas.

El discurrir del tiempo, han conferido respaldo y brillo tanto a Haya de la Torre como a Mariátegui, demostrando la gran visión de la generación centenario. En el caso de Haya de la Torre, son innumerables sus propuestas de carácter político que con el transcurrir del tiempo han sido respaldadas en el concierto del desarrollo político y económico de América Latina. La primera de ellas es la prioridad conferida a la integración de América Latina o Indoamérica. El siguiente aspecto es la configuración de los cuatro bloques económicos dentro de la América morena, tesis presentada por Haya de la Torre por primera vez en 1927, y que ahora alcanza más vigencia con la constitución del MERCOSUR, la Comunidad Andina, y la zona  de libre comercio establecida entre los países de América Central y el Caribe.

En el terreno político la cuasi desaparición de los movimientos comunistas en América Latina y más bien la vigencia de los partidos progresistas sustentados en el concepto del frente único de clases en lucha contra el imperialismo, es el mejor triunfo político logrado por Haya de la Torre, en especial en este momento que vive América del Sur.

Pero Mariátegui no ha tenido menos importancia ni vigencia. La heterodoxia de “su marxismo” le permitió formular una propuesta programática que progresivamente se ha ido desplegando, mas en función a la creación heroica de los luchadores sociales, que al aporte directo de sus seguidores en los llamados partidos “mariateguistas” de diversa nomenclatura.

Lo más importante es el rol que para Mariátegui tiene la subjetividad de los actores sociales y en ella el mito, el “espíritu” de los combatientes, sus valores y principios morales. Más allá de las condiciones económico materiales, el proceso de cualificación de las masas y la reivindicación de los valores andinos, de trabajo y reciprocidad se han convertido no sólo en la bandera de los trabajadores asalariados o campesinos, sino también en los principios de los trabajadores autónomos o auto empleados que luego han ido evolucionando hacia el mundo de la micro y la pequeña empresa. Mariátegui así ya no es sólo el portaestandarte del “socialismo indoamericano” sino también del desarrollo autónomo andino frente al modelo occidental.

En el aspecto político, Mariátegui perdió en lo que trató de afirmar, pero ganó en lo que trató de negar. El partido socialista que intentó configurar no duro más de unas semanas a su muerte, y el partido comunista, constituido sobre sus restos, no fue sino siempre un partido carente de presencia masiva en la ciudadanía, arrinconado a algunos de los espacios sindicalizados en Lima y algunas ciudades del país.

Sin embargo, si tuvo vigencia en la advertencia que le hiciera a Haya de la Torre en la necesidad  el control de las capas medias en el frente único y el partido. La experiencia de los últimos 25 años ha demostrado cuánto es capaz de desviarse un partido político antiimperialista, cuando pierde su disciplina ideológica y política. Ya  sea en su estructura institucional o en el Estado. El Partido Aprista Peruano, viene sufriendo un desgaste sistemático a nivel ideológico y político, tanto en la organización como en su accionar político. Y las consecuencias son más que evidentes: un partido burocratizado, alejado de los movimientos sociales, tradicionales y nuevos; carencia de liderazgo social representativo; corrupción en sus cuadros políticos; ausencia de programas de gobierno sólidos y viables; desmovilización y desideologización de su militancia, convocada solamente para efectos electorales periódicos; ausencia total del ámbito artístico, intelectual, académico y programático de la sociedad civil.

Haya de la Torre previó que no ocurrieran estos acontecimientos, por ello dejó claramente establecido en su obra política fundamental, El antiimperialismo y el Apra, las precauciones que debían tomarse para evitar la desviación del rumbo de izquierda marcado para su partido.

¿Cómo resolver esta encrucijada, de dar entrada a la clase media, pero impedir el  esviacionismo de derecha? Con Mariátegui y su entrada a los aspectos de la subjetividad y la cultura. Pero no en vacío como podría ocurrir con cualquier autor extranjero de las corrientes culturalistas de la actualidad, sino reivindicando la esencia de nuestro mundo andino, en lo que ello respecta valores y principios morales que se constituyen en la base para la construcción de una sociedad progresista y solidaria, basada en el trabajo y la reciprocidad.


El futuro de la revolución indoamericana vuelve a centrarse en las figuras de Haya de la Torre y Mariátegui. Su desvinculación causó el retraso en el surgimiento del modelo indoamericano propio de desarrollo económico, social y cultural. Es tarea de las nuevas generaciones lograr la nueva síntesis que nos abra las puertas para el futuro, con un sentido de integración al mundo  pero con honestidad, solidaridad, continentalidad y real independencia.

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