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VICENTE BENAVENTE CALLA: OUR SOLE POET
Vicente Benavente Calla (1926-2009), teacher at primary school and journalist, considered the foremost poet of Juliaca. He achieve local fame, published his first poems when he was twenty-eight years old.
During his lifetime, Benavente wrote six books of poems, Julia (1954), Vientos de Amor (1962), Cinco poemas para ma�ana (1965), Mural de latidos (1974), Cantos encendidos (1976) and Ra�ces del viento (1997), attracted much attention his identified himself with Juliaca city.
All his life, Benavente dedicated himself to the promotion any cultural societies. He is founder in the Asociaci�n Cultural Xullaca, Centro Federado de Periodistas, Agrupaci�n de Tokoros y Pinkillos Los Machuaychas and Asociaci�n de Instituciones Pandilleras de San Rom�n. Aside from organize the famous II Juegos Sur Peruanos de Poes�a (1967), he is an announcer of the program �Altura Po�tica� in Radio Juliaca (1959-1963).
VICENTE BENAVENTE CALLA
Por Ren� Cals�n Anco
Fuente: CALSIN ANCO, Ren�. Personajes juliaque�os, Offset Per� S.A., Juliaca, 1996, pp. 25-28
DE LINAJE CALCETERO
El poeta y maestro Ferm�n Vicente Benavente Calla, es hijo de Juan Benavente y Silverio Calla, advino al mundo en Juliaca, el 11 de marzo de 1926, en el mismo a�o de la creaci�n de la provincia de San Rom�n. [Ha fallecido el 5 de julio de 2009 en Juliaca]
SUS ESTUDIOS
El Colegio Franciscano San Rom�n alumbr� sus primeros pasos, luego el San Carlos de Puno y el Guadalupe de Lima. Los estudios superiores los sigui� en la escuela Normal de Pucar�. Reforz� sus estudios en el Instituto de Perfeccionamiento Nacional, en la UNAS de Arequipa, en la Pontificia Universidad La Cat�lica y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ostenta varios t�tulos sobre educaci�n y uno de periodista.
LABOR DOCENTE
En 1995 cumpli� sus bodas de oro magisteriales, puesto que en 1945 emprendi� la docencia en Calapuja. En 1949, retorn� su tierra, en donde forj� generaciones en diversos niveles educativos. Ha sido docente del Glorioso 1121, del Colegio San Rom�n, de la Universidad Particular �Tupac Amaru�, de la Escuela Normal Mixta de Juliaca (hoy pedag�gico), de la ESEP y, actualmente, se encuentra al frente del Instituto Superior Tecnol�gico �Miguel de San Rom�n�. Fue dirigente provincial, departamental y nacional de los docentes.
EL POETA
En su mocedad aflor� la inquietud por la poes�a, luego de sus primeros tanteos, en 1949, tall� sus versos que forman parte de su obra. Ha publicado: �Julia� (poema de 7 estancias), en 1954; �Vientos de amor� (antolog�a), en 1962; �Cinco poemas para ma�ana� (mensaje cholo), en 1965; �Mural de latidos� (como una l�grima para todas las horas), en 1974; y, �Cantos encendidos� (preg�n calcetero), en 1976. Otros poemario esperan ser publicados, como: �El aire desbordado�, �Imagen del alba�, �P�ginas del agua�, �Canto a las horas de noviembre�, �Golondrina ensortijada�, Memorial del hambre� y �Marcha de sacrificios�. Ha incursionado con sobriedad en el ensayo, la narraci�n y el teatro.
EL PROMOTOR CULTURAL
Adem�s de su basta obra, edita e in�dita se distingui� por participar, promover y organizar cert�menes literarios y art�sticos. Ha sido uno de los fundadores de la Asociaci�n Cultural Xullaca, del Centro Federado de Juliaca, base de la Federaci�n de Periodistas del Per�, de la Agrupai�n de Tokoros y Piquillos de los Machu Aychas y de la Asociaci�n de Instituciones Pandilleras de la Provincia de San Rom�n.
Luego de participar en el I Festival de la Poes�a Peruana, en 1957, hizo posible el arribo a esta ciudad de 5 renombrados vates. En 1967, fue el organizador del mejor certamen literario, los II Juegos Florales Surperuanos de Poes�a. Dirigi� el primer programa cultural, �Altura Po�tica�, que se irradi� por Radio Juliaca, de 1959 a 1963. Adem�s, colabor� en casi todas las publicaciones calceteras del �ltimo medio siglo y en otras de nivel nacional.
LA POESIA DE BENAVENTE
Vicente Benavente es el que m�s ha esculpido versos en, sobre y para Juliaca. Su poes�a est� nutrida de ambiente calcetero e impregnado del sentimiento emprendedor de sus pobladores. Desde los tiempos renovadores del Rijcharismo, es testigo de nuestra historia y actualmente es el m�ximo exponente del pensamiento calcetero. Recientemente, la Fundaci�n �Los Hijos de la Lluvia� public� �Cinco poemas para ma�ana, mensaje cholo ... Treinta a�os despu�s�, por la importancia de la poes�a de Vicente Benavente
Juliaca de duelo por muerte de poeta
Fuente: CORREO PUNO
http://www.correoperu.com.pe/correo/nota.php?txtEdi_id=18&txtSecci_parent=0&txtSecci_id=61&txtNota_id=89237
PUNO 07 DE JULIO DE 2009
Autoridades, instituciones, organizaciones y pueblo en general rindieron un homenaje p�stumo al poeta Vicente Benavente Calla, quien dedic� gran parte de su vida a fortalecer la identidad cultural de Juliaca.
Tras el homenaje p�stumo y la misa de cuerpo presente, los restos del destacado poeta juliaque�o fueron sepultados en el cementerio Central de Juliaca, siendo acompa�ado a su �ltima morada por m�s de mil pobladores.
Mediante un Decreto de Alcald�a, la Municipalidad Provincial de San Rom�n declar� duelo local en la ciudad de Juliaca el 6 y 7 de julio por la muerte del poeta Vicente Benavente Calla.
"La ciudad de Juliaca perdi� a uno de los hombres que se identific� con su tierra, por ello se declar� duelo local los d�as 6 y 7 del presente mes", expres� el alcalde David Mamani Paricahua, durante el homenaje que se le rindi� en el sal�n consistorial.
MACHUAYCHAS. La Asociaci�n de Tokoros y Pinkillos "Los Machuaychas", tambi�n rindieron homenaje al padre de la poes�a juliaque�a.
MURI� POETA JULIAQUE�O VICENTE BENAVENTE CALLA

Este s�bado 4 de julio a los 83 a�os de edad y tras una larga enfermedad que arrastraba y que lo manten�a en un delicado estado de salud, dejo de existir en el Hospital de ESSALUD de Juliaca, el padre de las letras juliaque�as, el poeta Vicente Benavente Calla. Esta noticia ha conmocionado al pueblo juliaque�o y ha causado un profundo pesar en los intelectuales del �mbito literario pune�o.
En estos �ltimos a�os su obra estaba siendo revalorada y difundida, y en su �ltima aparici�n en p�blico, (
15 de abril, d�a del poeta peruano) Benavente recibi� el Premio �Carlos Oquendo de Amat� a las letras pune�as 2009, en el g�nero de poes�a; de manos de la presidencia de la ANEA-San Rom�n, patrocinado por la Universidad Andina �N�stor C�ceres Vel�squez�, la Municipalidad Provincial de San Rom�n-Juliaca y los Grupos editoriales �Hijos de la lluvia� y LagOculto editores.
Por su parte, los Machu Aychas tambi�n expresaron su reconocimiento por sus grandes aportes a la cultura de Juliaca, destacando que muchas veces brind� buenos consejos. Por eso se le rindi� tributo con melod�as propias de la celebraci�n del Carnaval Chico, fiesta en el que Vicente Benavente quedar� en la memoria colectiva tocando su tocoro, y con su chalina.
Luego de realizada la misa de cuerpo presente en el templo Santa Catalina, con presencia de familiares, amigos, autoridades y poblaci�n, los restos del poeta recibieron el �ltimo adi�s y fueron enterrados el d�a de ayer en el cementerio central de Juliaca, ciudad que tanto am� y que ahora vigilar� por siempre.
OBITUARIO: Vicente Benavente
Fuente: http://walterbedregal.blogspot.com/2009/07/fallece-el-poeta-vicente-benavente-los.html
Walter L. Bedregal Paz
Editor - Grupo Editorial "Hijos de la lluvia"
En cada puerta hay restos de tus dedos
,sue�os con formas de tu rostro,
y una flama que anida en la ceniza
mientras que un fragmento de adi�s
duerme en los violines.(P.Orens)
Vicente Benavente Calla, (Juliaca 1926), poeta de la nostalgia, del amor eterno, de olor a su tierra calcetera, del exilio interior, muere en su tierra natal a la edad de 83 a�os, este s�bado 04 de julio, informaron fuentes pr�ximas a su familia.
Tras una larga enfermedad que arrastraba un delicado estado de salud, dejo de existir en el Hospital de ESSALUD � Juliaca. El poeta hab�a sido internado varias veces los �ltimos tres a�os. La �ltima vez fue el pasado lunes: Benavente no pudo resistir la soledad que le dej� su amada esposa (Ang�lica Llerena, fallecida a finales del mes de diciembre del a�o 2008, tras 50 a�os de matrimonio).
Poeta ante todo de los sentimientos puros a su lar, a su tierra calcetera, de Chi�ipilcos y Machu Aychas, de Cogotudos y Panzacalas, profesor, periodista, ensayista, promotor cultural, el poeta que le cant� a los jardines del viento, �La voz de la poes�a juliaque�a�, deja tras de s�, los libros de poes�a: �JULIA� (Poemas de 7 Estancias) Tip. Molleapaza, Juliaca 1954, agotada; �VIENTOS DE AMOR� (Antolog�a), Edit. Garcilaso, Cusco 1962, Edici�n agotada; �MURAL DE LATIDOS� (Como una l�grima para todas las horas), 1974; �CANTOS ENCENDIDOS� (Preg�n Calcetero), 1976. Entre sus obras in�ditas: �EL AIRE DESBORDADO�; �IMAGEN DEL ALBA�; �PAGINAS DEL AGUA�; �CANTO A LAS HORAS DE NOVIEMBRE�; GOLONDRINA ENSORTIJADA�;�MEMORIAL DEL HOMBRE� Y �MARCHA DEL SACRIFICIO�
Tambi�n colabor� en muchas ediciones de revistas, destacando como periodista, entre las que podemos nombrar: �Progreso�, �Xullaca�, �Orientaci�n�, �Calcetera�, �Avanzada po�tica�, entre otras. Benavente integr� la Asoc. Cultural �Xullaca�, en la cual edit� la revista �Xullaca� (1956 � 1957), organizando cert�menes literarios en los cuales en una oportunidad invitaron a participar a los poetas Juan Gonzalo Rose, Alejandro Romualdo, Luis Nieto Miranda, Guillermo Carnero y Gustavo Valc�rcel. Asociaci�n que deline� en su �poca para con generaciones posteriores.
Su �ltima obra publicada, la antolog�a de poes�a �Ra�ces del viento� (presentada en las instalaciones del sal�n Consistorial de la Municipalidad Provincial de San Rom�n el 02 de octubre de 1997, fue aclamada por los estudiosos de su poes�a). Juliaca la tierra que lo vio nacer, donde vivi� enraisado hace varios decenios fue testigo fiel de los amor�os que tuvo hac�a �ste su hogar Calcetero, con esa sencillez sin subterfugios que hered� de la raza milenaria: la Kolla, que quedar� en el alma de la literatura juliaque�a.
Por ello, el tiempo en ocasiones es el peor enemigo, pero nunca es tarde, menos si queremos y deseamos elucubrar y dar muestras de solidaridad hacia la familia por esta irreparable p�rdida, y m�s para las letras del altiplano peruano.
Antes de su �ltimo ingreso, Benavente estaba trabajando en un nuevo libro de poes�a, cuyo t�tulo provisional era: �Cartas para encontrarme�.
Aunque para �l patriarca de las letras calceteras � como se le conoc�a � era tener lectores y ser querido por una poblaci�n entera, �l, en la ciudad de los vientos, Juliaca, fue reconocido con innumerables galardones.
En el a�o 2007, se le rindi� un merecido Homenaje, en un II Encuentro Internacional de Escritores �Juliaca 2007� que llev� su nombre.
En su �ltima aparici�n en p�blico, (15 de abril, d�a del poeta peruano) Benavente recibi� el Premio �Carlos Oquendo de Amat� a las letras pune�as 2009, en el g�nero de poes�a; de manos de la presidencia de la ANEA � San Rom�n y patrocinado por la Universidad Andina �N�stor C�ceres Vel�squez�, la Municipalidad Provincial de San Rom�n � Juliaca y los Grupos editoriales �Hijos de la lluvia� y LagOculto editores.
En cuanto a su mensaje en el coraz�n del viento, como titula el libro (en su segunda edici�n, que solo est� a la espera de su presentaci�n) en el que est�n inmersas m�ltiples voces, con dis�miles apreciaciones a su obra, quiz� su m�s cabal presentaci�n o resumen, que hubiera excusado todo lo escrito, �ste sencillamente en aquellas palabras que �l poeta recreaba de Walt Whitman que cierran sus Cantos de adi�s:
Camarada, esto no es un libro.
Quien vuelve sus hojas toca un hombre.
VICENTE BENAVENTE (1926 - 2009)
Fuente: LA SILLA PRESTADA, Blog de Alfredo Herrera Flores
http://lasillaprestada.blogspot.com/2009/07/vicente-benavente-1926-2009.html
La noticia de la muerte del poeta juliaque�o Vicente Benavente, ha generado profundo pesar en el �mbito literario de Puno, pero adem�s en otros espacios, pues su obra hab�a sido revalorada y difundida en los �ltimos a�os con especial inter�s, y �l mismo hab�a recibido importantes homenajes.
Uno de los difusores de su obra, Walter Bedregal, escribe en el diario Los Andes, de Puno, una breve semblanza que reproduzco en parte.Vicente Benavente Calla, poeta de la nostalgia, del amor eterno, de olor a su tierra calcetera, del exilio interior, muere en su tierra natal a la edad de 83 a�os, este s�bado 04 de julio, informaron fuentes pr�ximas a su familia. Tras una larga enfermedad que arrastraba un delicado estado de salud, dejo de existir en el Hospital de ESSALUD � Juliaca. El poeta hab�a sido internado varias veces los �ltimos tres a�os. La �ltima vez fue el pasado lunes. Benavente no pudo resistir la soledad que le dej� su amada esposa (Ang�lica Llerena, fallecida a finales del mes de diciembre del a�o 2008, tras 50 a�os de matrimonio).
Antes de su �ltimo ingreso, Benavente estaba trabajando en un nuevo libro de poes�a, cuyo t�tulo provisional era: �Cartas para encontrarme�.
Aunque para �l patriarca de las letras calceteras � como se le conoc�a � era tener lectores y ser querido por una poblaci�n entera, �l, en la ciudad de los vientos, Juliaca, fue reconocido con innumerables galardones.
En el a�o 2007, se le rindi� un merecido Homenaje, en un II Encuentro Internacional de Escritores �Juliaca 2007� que llev� su nombre.
En su �ltima aparici�n en p�blico, (15 de abril, d�a del poeta peruano) Benavente recibi� el Premio �Carlos Oquendo de Amat� a las letras pune�as 2009, en el g�nero de poes�a; de manos de la presidencia de la ANEA � San Rom�n y patrocinado por la Universidad Andina �N�stor C�ceres Vel�squez�, la Municipalidad Provincial de San Rom�n � Juliaca y los Grupos editoriales �Hijos de la lluvia� y LagOculto editores.
Homenaje: Vicente Benavente Calla
Fuente: http://www.losandes.com.pe/Sociedad/20090706/24220.html
Se fue la historia viva de la tierra de Machu Aychas y Chi�ipilcos
Escribe: RICHARD ABSTEN MAMANI Sociedad - 06 jul 2009
El hijo del pueblo, el m�s querido de Juliaca, tuvo una vida ejemplar por la intensidad con que vivi�, am� entra�ablemente a su familia, a su tierra y a su trabajo como maestro, am� la poes�a, la que practic� desde joven dando lo mejor de si mismo, se interes� en que Juliaca fuera una tierra con identidad cultural. As� se recuerda hoy a un grande de esta tierra.
El poeta juliaque�o Vicente Benavente Calla (Juliaca 1926-2009), quien dej� de existir a los 83 a�os el pasado 04 de julio, producto de un paro cardiaco. Fue velado desde la v�spera, tanto amigos como familiares se despiden de �l, pues esta tarde ser� enterrado en el cementerio central, previo recogimiento p�stumo por el gobierno local.
�Del hijo del pueblo, del m�s querido de Juliaca, ser�a extenso sintetizar toda su labor, pero podemos decir que tuvo una vida ejemplar, por la intensidad con que vivi�, que am� entra�ablemente a su familia, a su esposa e hijos, am� tambi�n a su tierra, a su trabajo como maestro, am� a la poes�a la que practic� desde joven dando lo mejor de si mismo, se interes� en que Juliaca fuera una tierra con cultura mas all� de la orientaci�n comercial, se preocup� por darle identidad y cultura�, se�al� Mario Benavente Llerena, hijo del desaparecido maestro.
PADRE EJEMPLAR
El hijo mencion� que don Vicente como padre fue una persona ejemplar, �nosotros desde ni�os lo vimos inquieto, siempre participando, con una actitud y comportamiento intachables que es reconocido por la poblaci�n, con una mentalidad positiva, constructiva, tolerante por Juliaca, en la familia fue un padre que siempre daba un consejo oportuno y cari�o a su familia�.
Sus obras fueron muchas, pero le escribi� fundamentalmente a Juliaca, a las calceteras, a los Machu Aychas, al 1121 (escuela tradicional), a San Rom�n, al amor, a la lucha social; pero, sin duda el poema que m�s se debe resaltar es �JULIACA�, cuya �ltima estrofa refleja la identidad juliaque�a, al decir: �salud inquietante suelo de risue�as calceteras, cuna de Machu Aychas y Chi�ipilcos, m�sica de Cogotudos y Panzacalas��uno de sus poemas m�s emblem�ticos y solicitados por la nuevas generaciones.
Mario Benavente record� que su padre (Vicente Benavente) tambi�n incursion� en el campo pol�tico, en el a�o de 1981, cuando fue candidato a la alcald�a de Juliaca, por el partido pol�tico Acci�n Popular, pues era amigo de Fernando Belaunde Ferry.
En aquella ocasi�n qued� en segundo lugar, porque por esas �pocas compiti� con el bien parado FRENATRACA, pero de todas formas, en medio de la contienda electoral muy intensa, Benavente Calla realiz� importantes aportes para el desarrollo de Juliaca.
HOMENAJE P�STUMO
La Municipalidad Provincial de San Rom�n, le brindar� hoy los honores correspondientes, pues Benavente Calla es una de las personalidades que representa la historia de esta tierra, por ello se le impondr� la bandera de Juliaca, en se�al de reconocimiento y como parte del homenaje p�stumo que merece.
Seg�n refiere el escritor Walter Bedregal, en su �ltima aparici�n en p�blico, (15 de abril, d�a del poeta peruano) Benavente recibi� el Premio �Carlos Oquendo de Amat� a las letras pune�as 2009, en el g�nero de poes�a; de manos de la presidencia de la ANEA � San Rom�n y patrocinado por la Universidad Andina �N�stor C�ceres Vel�squez�, la Municipalidad Provincial de San Rom�n � Juliaca y los Grupos editoriales �Hijos de la lluvia� y LagOculto editores.
ADEM�S: 1. Antes de su �ltima reca�da, Benavente estaba trabajando en un nuevo libro de poes�a, cuyo t�tulo provisional era: �Cartas para encontrarme�. 2. En el a�o 2007, se le rindi� un merecido Homenaje, en un II Encuentro Internacional de Escritores �Juliaca 2007� que llev� su nombre.
JULIACA Y EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1965 [XIII]
Fuente: APAZA QUISPE, Hugo. Temas hist�ricos de Juliaca. Compendio hist�rico cultural. Juliaca: Edici�n del autor, 2001, p. 184.
EP�LOGO
Tristes fueron los d�as vividos por Juliaca del 4 al 15 de noviembre de 1965. Estas jornadas pasaron a la historia con un recuerdo mixto de pena y alegr�a. De pena porque en el holocausto de las aspiraciones justas, se pag� caro tributo con p�rdidas de vidas, sangre, dolor, l�grimas y llanto; alegr�a y fortaleza porque la monol�tica uni�n del pueblo sirvi� para dictar la lecci�n de civismo y tambi�n de rebeld�a que la opini�n del pa�s la ha recibido como aleccionadora prueba de fuego en justa defensa de los derechos de un pueblo sojuzgado por una administraci�n centralista departamental (VUG).
El hist�rico grito de noviembre de 1965 marc� �el comienzo del fin� de un decadente sistema econ�mico, social y pol�tico, en donde los �Qaris� de Juliaca levantaron el brazo empu�ado para hacer sentir su presencia en el contexto nacional. Con esta medida se logr� conquistas materiales, pero lo m�s importante es que se lleg� a comprender que s�lo la unidad puede hacer grande a los pueblos.
No olvidemos que �Son los pueblos quienes forjan su propia Historia y solamente alcanzan a subsistir aquellos l�deres y luchadores sociales que llegan a ser los m�s fieles y leales para con los pueblo que crearon las condiciones favorables para el surgimiento de estos l�deres� (Garrote).
Lo real es que hoy tenemos tumbas y h�roes surgidos en aquellos aciagos d�as, pero, quienes dirigieron este movimiento no pusieron n sus muertos ni sus tumbas, porque fue el pueblo el verdadero protagonista de estos luctuosos suceso. Hoy, Juliaca les debe a �stos h�roes ca�dos en plena lucha, grandes monumentos por habernos dado una lecci�n de entrega total por lograr el pleno desarrollo de la Capital de la Provincia de San Rom�n.
JULIACA Y EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1965 [XII]
Fuente: APAZA QUISPE, Hugo. Temas hist�ricos de Juliaca. Compendio hist�rico cultural. Juliaca: Edici�n del autor, 2001, pp. 182-184.
8.11 EL PERIODISMO LOCAL Y NACIONAL
a) Prensa Local
En Juliaca en aquel a�o ven�an funcionando 2 estaciones radiales: radio Juliaca y radio El Sol de los Andes.
Radio Juliaca, a trav�s del informativo �La Voz de Juliaca�, que lo dirig�a el connotado periodista V�ctor Urviola Garrido, y Radio El Sol de los Andes, por intermedio del noticiero �El Pensamiento Andino�, que lo dirig�a el reconocido periodista Sergio D�vila Urquiza, asumieron con responsabilidad su papel de orientadores del movimiento popular de 1965.
El d�a 4 estas emisoras fueron silenciadas violentamente. El Ministro Alva Orlandini, cuando se encontraba en la C�mara de Diputados, al respecto dijo: �Felizmente por ahora y para siempre han sido clausuradas las emisoras que incitaban la revuelta�.
Particularmente Radio El Sol de los Andes fue la que sufri� los mayores vej�menes, pues fue allanado por la fuerza en horas de la tarde, ya que sus periodistas lograron encerrarse en la emisora para continuar orientando a la protesta popular; ante esto, las fuerzas armadas tuvieron que violentar la puerta para acallar a este foco radial que incitaba a la rebeld�a. Ante la brutal arremetida armada, sus valientes periodistas all� atrincherados, tuvieron que huir a trav�s de los techos de las viviendas vecinas. A pesar de los intentos de huir no todos lograron fugar, pues algunos fueron atrapados, arrestados y golpeados. Este operativo fue dirigido �por el Comandante Vildoso, quien tambi�n, horas antes hab�a arrestado al reportero gr�fico de CORREO, Rolando Angeles�.
Estas emisoras estuvieron silenciadas hasta el d�a 15 de noviembre. El d�a 16, las dos emisoras volvieron al aire, gracias a que el Juez Instructor, Dr. Ricardo Cortez Ch�vez, �orden� que las dos radioemisoras fueran devueltas a sus propietarios ... reiniciaron sus transmisiones con el Himno Nacional�, �Simult�neamente fue puesto en libertad el periodista Sergio D�vila�.
b) Prensa Nacional
Los hechos ocurridos no fueron sucesos improvisados, sino que obedec�an a todo un proceso de sistem�tica marginaci�n para frenar su sorprendente desarrollo, por ello es que el paro decretad no solo tuvo repercusiones locales sino que el Per� entero estuvo observando con preocupaci�n lo que aqu� ven�a sucediendo, esto gracias a los diferentes medios de comunicaci�n de cobertura regional y nacional.
Queremos destacar la presencia del periodista Juan Ram�rez Lazo, quien a trav�s de radio Victoria de Lima y su Radioperi�dico �EL MUNDO�, en cadena con Radio Selecta, Radio Callao y 42 emisoras en el pa�s inform� al Per� entero de los detalles de este inolvidable suceso.
Los medio de comunicaci�n, al enterarse de las intenciones calceteras, inmediatamente prestaron la atenci�n requerida, e incluso enviaron periodistas especiales a fin de que informen desde el lugar de los hechos. Aqu� estuvieron periodistas de los siguientes medios de comunicaci�n:
Peri�dicos de Lima:
- CORREO. Este medio de comunicaci�n inform� �Desde el coraz�n de la noticia� y �Minuto a minuto en Juliaca�. Tuvo por enviados especiales a los periodistas Fidel M�ndez Tello y Juan Salas Ocharan.
- LA PRENSA.
- EL COMERCIO.
- EXPRESO.
- CARETAS, Etc.
Peri�dicos del interior del Pa�s:
- CORREO de Arequipa.
- EL PUEBLO de Arequipa.
- CORREO de Huancayo.
- EL COMERCIO de Cusco.
- EL SOL del Cusco
- LOS ANDES de Puno.
- GARROTE de Juliaca, etc.
JULIACA Y EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1965 [XI]
Fuente: APAZA QUISPE, Hugo. Temas hist�ricos de Juliaca. Compendio hist�rico cultural. Juliaca: Edici�n del autor, 2001, pp. 179-182.
8.10 LOS DEBATES EN LIMA Y EN EL CONGRESO
El tema de Juliaca empez� a tocarse en el Parlamento a partir del 2 de noviembre. Aquel d�a, en la C�mara de Diputados los hermanos C�ceres denunciaron el env�o de �cientos de polic�as� a Juliaca. En aquella jornada, los hermanos C�ceres, sindicados como gestores del movimiento negaron su participaci�n y se�alaron que �el af�n separatista de Juliaca es el fruto del abandono�, �No es un movimiento pol�tico ni personal. Es un clamor general de un pueblo abandonado�, dijeron. En sus intervenciones cuestionaron duramente al Poder Ejecutivo al cual acus� de enviar destacamentos policiales en lugar de funcionarios del Ministerio de Fomento.
En la noche del 4 de noviembre de 1965, en una acalorada intervenci�n los representantes independientes por Puno, hermanos R�ger y N�stor C�ceres, responsabilizaron de estos luctuosos resultados al titular de Gobierno, y anunciaron que plantearan una censura. Ante esto, la coalici�n APRA-UNO demand� un informe inmediato del Ministro Alva Orlandini sobre estos acontecimientos.
La C�mara de Senadores tambi�n plante� que el �Ministro de Gobierno y polic�a enviara a la C�mara Alta una exhaustiva informaci�n sobre los infortunados acontecimientos ocurridos en Juliaca�.
El Poder Ejecutivo tambi�n se ocup� de este hecho el d�a 5, pronunci�ndose en contra de la medida de fuerza adoptado por el pueblo sanromino. �El Ministro de Educaci�n, Jos� Navarro Grau, responsabiliz� ayer (es decir el 5 de noviembre) a los hermanos diputados R�ger y N�stor C�ceres Vel�squez y al Alcalde de Juliaca Luis C�ceres, de lo disturbios ocurridos en la zona, que fueron el principal tema de discusi�n en el Consejo de Ministros realizado ayer (5 de Nov.) en Palacio de Gobierno�.
a) Versi�n del Ministro
Cuatro d�as despu�s de la masacre al pueblo de Juliaca, el Ministro Javier Alva, a petici�n de los parlamentarios, concurri� a la C�mara Baja en donde no pudo convencer con su interesado relato. La exposici�n del Ministro tuvo una duraci�n de m�s de dos horas y empez� haciendo un recuento cronol�gico de lo sucedido. He aqu� algunos de sus argumentos:
- Expres� que, cuando lleg� a Juliaca, intent� por todos los medios hallar soluci�n al conflicto, �S�lo encontr� intransigencia�, dijo una y otra vez.
- Revel� que en la asonada se pretendi� secuestrar n s�lo al Presidente de la C�mara de diputados, sino tambi�n a los Ministros de Estado.
- Se�al� �que todo parec�a demostrar que se hab�a preparado cuidadosamente la violencia� por elementos extremistas venidos de Arequipa, Cusco y Puno.
- Manifest� �que la multitud encabezado por el alcalde Luis C�ceres Vel�squez, intent� asaltar la Comandancia, utilizando petardos de dinamita y armas de fuego�; seg�n el Ministro �fue entonces que se decidi� apresar al Alcalde y a otros dirigentes�.
- Inform� que murieron 3 personas: Santiago Madani, Patricio Quispe y Mariano Pandia.
- Que 26 civiles, 11 guardias civiles, dos del Ej�rcito y dos de la Guardia Republicana fueron heridos.
- Revel� que hay 16 detenidos encabezados por el alcalde Luis C�ceres, los mismos que hab�an sido puestos a disposici�n de la III Zona Judicial de Polic�a de Arequipa.
- Ofreci� como pruebas bombas �molotov�, botellas, cascos abollados, botas perforadas y fotograf�as.
- Justific� la actitud de la polic�a y el ej�rcito. �La polic�a actu� valerosamente�, sentenci�.
b) Argumentos de los diputados C�ceres
Juliaca, fervorosamente empez� a cuestionar al Ministro a trav�s de N�stor C�ceres y secundado por su hermano R�ger.
N�stor hizo una explicaci�n del panorama hist�rico y social en que viv�a el departamento y ubic� la medida dentro de ese contexto, afirmando que aquella rebeld�a fue una �expresi�n de lucha social entre las masas ansiosas de progreso y justicia y el gamonalismo que se aferrada ciegamente a sus privilegios�. Con gran energ�a sostuvo lo siguiente:
- Calific� la actitud calcetera como un MOVIMIENTO CIVICO y como una expresi�n multitudinaria, un�nime del pueblo de Juliaca.
- Neg� la intervenci�n de gente for�nea o de infiltrados comunistas.
- Lo que ocurri� los d�as 4 y 5 fue �una sangrienta represi�n propia de las dictaduras que la Alianza AP DC censur� y en donde la poblaci�n civil fue cruelmente vejada.
- Neg� que la poblaci�n civil haya utilizado dinamitas, bombas �molotov� y armas de fuego. �Ni un solo polic�a recibi� e impacto de una bomba�.
- Sostuvo que la sangre derramada era �la peor censura al Ministro de Gobierno�.
- Puso en duda e hizo quedar en rid�culo las pruebas ofrecidas por el Ministro Alva Orlandini, de quien dijo:
�El ministro ha hecho informaciones al aire�. �El se�or Ministro de Gobierno ha exhibido una serie de fotograf�as... yo creo que ni a una vedette se le ha fotografiado tanto como a ese �nico carro que fue incendiado. (Aplausos). Se le ha tomado, se�or Presidente, de atr�s, de adelante, por los costados, levant�ndolo con las ruedas hacia arriba, en buena posici�n�. �El se�or Ministro se ha olvidado mostrarnos fotos de los ca�dos, de los muertos, de las decenas de heridos, de eso s� se ha olvidado premeditadamente el se�or Ministro�
Cuando el reloj del Congreso marcaba las 11.30 p.m., se suspendi� la sesi�n.
Al d�a siguiente, el 9 de noviembre, continu� el debate, esta vez fue R�ger C�ceres el principal protagonista que cuestion� al Ministro y al r�gimen. R�ger, en su encendido discurso de casi cuatro horas responsabiliz� al Ministro de los hechos acaecidos en Juliaca y plante� un voto de censura contra �l. Con voz estent�rea dijo:
- �Que cese ya esta brutal represi�n. Que se libere a los detenidos!�
- �Am�rica y el Mundo conocer�n toda la verdad de esta tr�gica historia de un pueblo noble�.
- Calific� de �argumento barato y gratuito� el ofrecido por Alva sobre infiltraci�n comunista.
- Afirm� que el movimiento de Juliaca fue preparado a la luz del d�a y no �clandestinamente como caprichosamente dice el Ministro�.
- Se�al� que el Alcalde fue �pateado, vejado y maltratado en la forma m�s miserable�. Juliaca pidi� Justicia y el Ministro le dio metralla.
Fueron tan duros los ataques al Ministro que varios diputados de Acci�n Popular protestaron a grandes voces. D�az Orihuela culp� a los C�ceres y que Juliaca era v�ctima de sus enga�os, neg� que Juliaca est� abandonada y ley� varias obras que Oscar C�ceres realiz� por m�s de 20 millones de soles, revel� que los 29 desaparecidos no estaban muertos sino detenidos en el cuartel y que ya estaban libres.
En el fragor del agrio y prolongado pugilato verbal Acci�n Popular lleg� a anunciar que platear�an el desafuero de los hermanos C�ceres. Esta actitud provoc� una gran silbatina al mismo tiempo que sirvi� de indicador de que los argumentos gobiernistas estaban en crisis.
En la noche del mi�rcoles 10 de noviembre se reanud� la pol�mica. La coalici�n APRA UNO, que deb�a plantear un voto de censura al Ministro se abstuvo de hacerlo, pero abri� las puertas de una renuncia voluntaria. Villanueva rindi� homenaje al pueblo de Juliaca por haber ca�do por protestar. En esa ocasi�n se present� un proyecto de ley de amnist�a a los detenidos.
Cuando los argumentos del oficialismo estaban agotados surgieron voces de reconocimiento a la actitud de Juliaca, y se hizo entrever que al Ministro se le deb�a disculpar por aquella inatinada actitud. A las 3 de la madrugada del 11 de noviembre, Javier Alva Orlandini, se mantuvo a la ofensiva y replic� los ataques que hab�a sufrido en los m�s de 4 d�as de debate. A los C�ceres lleg� a decirles que son unos �c�nicos�, �demagogos�, �mentirosos�, �falsos�. No acept�la propuesta de perd�n y reiter� que asum�a plenamente su responsabilidad y tambi�n por la actuaci�n de la Guardia Civil; con tono en�rgico asever�: ��Ni la Guardia Civil ni el Ministro son Cobardes!�.
En sesi�n matinal, el d�a 12 continu� el debate. Luego de un acalorado conato verbal, a la una de la ma�ana del d�a 13 de noviembre de 1965 fue aprobado el proyecto de amnist�a a los detenidos. El Ministro no lleg� a ser censurado.
As� culmin� una de las sesiones m�s prolongadas y apasionantes del Congreso y que tuvo por tema central a la capital de la Provincia de San Rom�n.
JULIACA Y EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1965 [X]
Fuente: APAZA QUISPE, Hugo. Temas hist�ricos de Juliaca. Compendio hist�rico cultural. Juliaca: Edici�n del autor, 2001, p. 178.
8.9 MIENTRAS TANTO, �QU� OCURR�A EN PUNO?
Las autoridades de la ciudad de Puno no alteraron su Programa de festejos y el Ministro de Gobierno y Polic�a, presidi� los principales actos de celebraci�n quien �en ning�n momento quiso prestar declaraciones oficiales sobre los disturbios de ayer (4 de Nov.) en Juliaca�.
Los actos centrales de aniversarios se inici� a las 9.00 a.m. del 4 de noviembre �con una gigantesca concentraci�n c�vica, escolar y militar en la Plaza de Armas... El acto cur� tres horas y media�. Cuando finalizaba el desfile aqu� se produc�an los disturbios en Juliaca�.
Los dirigentes de algunos gremios de la ciudad lacustre, con la intenci�n de asentar su posici�n con respecto a los sucesos de Juliaca, en la misma noche del 4 de noviembre de 1965, realizaron un mitin de apoyo a sus autoridades y al Gobierno de Bela�nde.
Ante la posibilidad de una AMNIST�A GENERAL para las personas comprometidas en el movimiento del 4, en la ciudad lacustre el d�a 11 de noviembre se llev� a cabo un Cabildo Abierto. �Despu�s de un amplio y acalorado debate, ene l que intervinieron unos 20 oradores, se arrib� a las siguientes conclusiones:
1�.- Rechazar en�rgicamente el proyecto sobre amnist�a.
2�.- Ratificar una vez m�s el pedido de desaforar a los diputados C�ceres Vel�squez.
3�.- Declararse en Cabildo Abierto permanente hasta que se solucione el problema.
4�.- Decretar una huelga general indefinida, si se concede la libertad al Alcalde de Juliaca y dem�s detenidos en Arequipa.
As� pues, observamos que las autoridades y dirigentes pune�os amenazaron con decretar una huelga general indefinida en todo el departamento si el Gobierno conced�a la libertad al Alcalde de Juliaca y dem�s detenidos. Cuando Luis C�ceres sali� en libertad, el pueblo pune�o fue instado a acatar un paro de 48 horas; sin embargo este intento fracas�.
JULIACA Y EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1965 [IX]
Fuente: APAZA QUISPE, Hugo. Temas hist�ricos de Juliaca. Compendio hist�rico cultural. Juliaca: Edici�n del autor, 2001, pp. 176-178.
8.8 VERSI�N OFICIAL DE LA AUTORIDAD POLICIAL
Las autoridades gubernamentales, por intermedio de la Direcci�n General de la Guardia Civil y Polic�a, emiti� su versi�n a trav�s de una COMUNICADO OFICIAL, con relaci�n a los sangrientos sucesos que nos ocupa. El documento en menci�n textualmente dice:
�COMUNICADO DE LA DIRECCI�N GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL Y POLIC�A
1�.- A horas cero del d�a 4 de noviembre en curso, se inici� en la ciudad de Juliaca el Paro general decretado por el Concejo Provincial del San Rom�n. Desde horas antes carios centenares de manifestantes congreg�ndose frente al local del Municipio y fueron arengados por varios oradores, entre ellos el Alcalde Luis C�ceres Vel�squez.
2�.- Aprovech�ndose la oscuridad de la noche, numerosos piquetes de huelguistas interrumpieron diversas v�as de comunicaciones, principalmente la carretera de Juliaca a Puno y de Juliaca a Cusco, con enormes piedras y profundas zanjas abiertas en no menos de diez puntos.
3�.- A horas 09.30 los piquetes de huelguistas procedieron a incendiar, volcar y apedrear a numerosos veh�culos que transitaban por la carretera Puno-Juliaca, de los cu�les dos son de la Universidad T�cnica del Altiplano, dos de la CORPUN. Los conductores de estos veh�culos fueron lesionados.
4�.- Otros piquetes de huelguistas obligaron a todos los comerciantes a cerrar sus establecimientos comerciales, que son indispensables para el aprovisionamiento de la poblaci�n.
5�.- Las estaciones de radio Juliaca y radio Sol de lo Andes, propalaron durante todo el d�a 4 de noviembre llamados al pueblo para la subversi�n del orden p�blico, incitando al ataque a las Fuerzas del Orden.
6�.- Las Fuerzas del Orden, cumpliendo instrucciones de la superioridad, se mantuvieron en estado de alerta y procedieron luego a practicar la limpieza del aeropuerto y de las v�as de comunicaciones, retirando los obst�culos, teniendo en cuenta que estaba anunciada la llegada del Se�or Presidente de la c�mara de Diputados a las horas 10.00.
7�.- En el curso de la ma�ana, en la plaza principal y calles c�ntricas de Juliaca se reunieron aproximadamente seis mil personas, entre hombres, mujeres y ni�os, de las cuales la mayor parte eran campesinos en estado de ebriedad.
8�.- Una turba de huelguistas encabezadas por el Alcalde Luis C�ceres Vel�squez, atac� a horas 11.30 el local de la Comisar�a de la Guardia Civil. Los atacantes eran varios miles, no s�lo lanzaron piedras y bombas de fabricaci�n casera contra los custodios del orden p�blico, sino usaron tambi�n armas de fuego.
9�.- Despu�s de hacer uso de la persuasi�n, las Fuerzas Policiales se vieron obligadas a utilizar sus armas, haciendo disparos al aire y utilizando bombas lacrim�genas para dispensar a los atacantes.
10�.- Otra turba de huelguistas, a horas 12.00 atac� el local de la Comandancia de la Guardia Civil, lanzando piedras con ondas y tambi�n disparos con armas de fuego, por lo que la Guardia Civil procedi� a dispersarlos efectuando disparos al aires. Los huelguistas se ubicaron en el Cerro Colorado, lugar estrat�gico de donde se domina toda la ciudad y en cuya falda se encuentra la sede de la Comandancia. De este lugar nuevamente los huelguistas lanzaron piedras, por lo que las Fuerzas del Orden salieron del Cuartel y ocuparon el indicado cerro.
11�.- Durante la refriega resultaron heridas las siguientes personas: 27 civiles, 18 guardias civiles, dos de ellos heridos de bala, dos soldados de la Guardia republicana, un Oficial y un soldado del Ej�rcito. En horas de la ma�ana de hoy, en las inmediaciones de la ciudad de Juliaca, fue encontrado el cad�ver de Santiago Madani, cuyo deceso se produjo por causas a�n no determinadas, habi�ndose dispuesto se practique la autopsia respectiva.
12�.- Mientras dirig�an y realizaban ataques a las Fuerzas Armadas, fueron detenidas 12 personas, entre ellos el Alcalde del Concejo Provincial de San Rom�n, Luis C�ceres Vel�squez, las que han sido puestas a disposici�n de la II Zona Judicial de Polic�a, con sede en Arequipa, como autores del delito de Sedici�n, ataque a la Fuerza Armada, contra las comunicaciones p�blicas, contra la tranquilidad p�blica, contra la libertad individual, contra la vida, el cuerpo y la salud, da�os, incendios y otros estragos, etc.
Igualmente fueron detenidas otras 17 personas que participar en los hechos, en poder de los cuales se han encontrado bombas �molotov� y cartuchos de dinamita.
13�.- Se ha comprobado la intervenci�n de conocidos elementos comunistas en los sucesos de Juliaca, avini�ndose identificado a Jorge Monz�n Pesantes, Presidente de la Federaci�n Universitaria de Cuzco, Freddy Z��iga, Alfonso Calatayud Ya�ez, Andr�s Valero Miranda, quienes actuaban en coordinaci�n con el llamado �Comit� de Huelga�.
14�.- Los efectivos de la Guardia Civil fueron reforzados con personal de la Polic�a de Investigaciones y de la Guardia Republicana.
15�.- El Ej�rcito ha prestado su m�s aplica colaboraci�n para restablecer el orden y la tranquilidad de la ciudad de Juliaca.
16�.- A las 12.00 horas de hoy se restableci� la comunicaci�n telef�nica.
17�.- Con la detenci�n de los principales agitadores y las atinadas medidas decretadas, se ha restablecido completamente el orden p�blico, reinando total tranquilidad en toda la ciudad. Ni en la noche del jueves4, ni durante todo el d�a viernes 5, se han registrado incidentes dignos de menci�n.
Puno, 5 de noviembre de 1965
Direcci�n General de la GC y Polic�a�
(Tomado de CORREO de Lima 6-XI-65)
La versi�n oficial-policial, como puede observarse, tergiversa lo que en realidad ha ocurrido, pero que tambi�n, corrobra algunas otras.
JULIACA Y EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1965 [VIII]
Fuente: APAZA QUISPE, Hugo. Temas hist�ricos de Juliaca. Compendio hist�rico cultural. Juliaca: Edici�n del autor, 2001, pp. 171-175.
8.7 OTRAS ESCENAS PAT�TICAS
Entre los civiles heridos del d�a 4 se pueden mencionar a los siguientes: Lorenzo Quispe (28), Salom�n Romero V�squez (54), Armando Morales P. (31), Mariano (Mariano Pandia) (40), Antonio Apaza (32), Germ�n S�nchez (15), Juan Aquilino Zapana (19), Germ�n Umpiri Umpiri (19), Ricardo Venturo (36), Eduardo Morales, Antonio Panca, Agust�n Cayata, Valeriano Jara, Rogelio Coronel, Marcelino Pacori, Leonardo Choque, Jos� Ventura, Francisco Zapana, Ernesto Encalada, Leonidas Choy, Miguel Quispe, Jes�s Huaracha, Adolfo Arag�n, Alejandro Chambilla, Alejandro Pinto, Manuel Pacori, Antonio Canazas, Ram�n Rodr�guez, marcial Quispe, Melqu�ades Ch�vez, Arturo Rocha, etc.
Militar y polic�as heridos: Tnte EP. Jos� Yale Morales, Alf�rez GC Manuel matos, Sgto. Sgdo. GC Pablo Flores, Cabo GC Alcides L�pez Ames, GC Eduardo Saman� (21), GC H�ctor Castro C�ceres, V�ctor Campos, Hugo Delgado, etc.
El d�a 6 se informaba que hasta ese entonces hab�an �m�s de 20 desaparecidos, entre los que se mencionaban a: Ra�l Madani D�az (20), Helonio (Melanio?) Paredes Chura (20), Mario Madani, Oswaldo Sanca, Adri�n Madariaga, Adri�n Villnueva, Antonio Quispe, Gilberto Laura, Agust�n Abarca, Antonio Carrasco, Mario Choque, Cipriano Quispe, Octavio Alarico, pablo Fuentes, Mariano Yucra, Agust�n Torres, Anastasio Yanque, Paulino Alejo, Eulogio Apaza, y un joven apellidado Tejada (arequipe�o), estudiante de la Escuela Normal�.
La Cruz Roja y Compa��a de Bomberos de Juliaca, as� como los m�dicos y enfermeras de los centros de salud, tuvieron ardua labor, pues fueron ellos los que recogieron a los ca�dos y heridos en aquella l�gubre jornada.
En horas de la noche del fat�dico 4 de noviembre de 1965, el Hospital, la Unidad de Salud y la Cl�nica Americana, se vieron en serios aprietos, pues escasearon las medicinas para atender a los m�s de 60 heridos que gem�an de dolor, incluso muchos de ellos se encontraban al borde de la muerte.
Debido a la gravedad de los lesionados, el Dr. Luis Alberto Ponce, Jefe de la Unidad de Salud de Juliaca, envi� un dram�tico llamado de emergencia al Ministerio de Salud P�blica, solicitando con urgencia el envi� de antibi�ticos, plasma y sangre para la intervenciones quir�rgicas, en incluso invoc� el env�o de un avi�n para evacuar seis heridos cuyo estado era de extrema gravedad.
b) Los fallecidos
Hasta muy entrado la noche del 4 de noviembre, no se sab�a con exactitud el n�mero de muertos, heridos y detenidos. En el marco de la especulaci�n se hablaba de un saldo doloroso de 40 muertos, cientos de heridos y decenas de detenidos. Asimismo, se especulaba que fueron enterrados �veintiocho v�ctimas detr�s del Cuartel de Juliaca� y que otros cad�veres hab�an sido fondeados en el Lago Titicaca.
En realidad, debido a la gravedad de los heridos, sucumbieron ante la muerte los siguientes m�rtires:
SANTIAGO MAMANI L�PEZ: Cuando fue herido mortalmente en el edificio C�ceres, ten�a 18 a�os y era un estudiante del Instituto Nacional Comercio N� 32. Falleci� a las 10.30 de la ma�ana del 5 de noviembre en el Hospital de Juliaca, como consecuencia de un mortal balazo en el abdomen.
EULOGIO PATRICIO QUISPE QUISPE: Fue un obrero de Construcci�n Civil. Cuando se inmol� ten�a 29 a�os y era padre de 5 hijos. Muri� a consecuencia de un disparo de metralleta que le impact� en la regi�n infraumbilical.
GERM�N HUMPIRI HUMPIRI: Este joven obrero fue herido en el cuello en las inmediaciones de las l�neas del ferrocarril.
MARIANO PANDIA ARCE: Fue otro m�rtir que luego de una dolorosa agon�a tuvo que expirar por Juliaca.
c) Una l�gubre boda
Un hecho que conmocion� a la opini�n p�blica fue el protagonizado por un herido que se encontraba al borde de la muerte, y que como �ltimo deseo pidi� que se celebre su matrimonio.
Lorenzo Quispe Condori, de 28 a�os de edad, fue herido mortalmente de tres balazos (uno de ellos le perfor� el abdomen). En circunstancias en que se encontraba postrado en una cama del Hospital de Juliaca, ya moribundo contrajo nupcias el d�a 5 de noviembre �in art�culo mortis� con su conviviente, Sabina Ticona de 26 a�os con quien ten�a 3 hijos menores de edad.
Esta boda fue celebrado por el Capell�n del Hospital R.P. Alfredo Vela y como padrino se ofreci� el Dr. Luis Alberto Ponce.
Agonizante el m�rtir tom� las manos de la mujer con quien hab�a convivido 9 a�os.
- �Lorenzo Quispe Condori,... �aceptas por esposa a Sabina Ticona?�, pregunt� el Capell�n.
El moribundo contest� afirmativamente con la cabeza; �hubo el destello de una sonrisa en su rostro gris�ceo�, dio la impresi�n de que hab�a expirado; sin embargo, el d�a 6 fue evacuado a Lima.
Es la boda m�s triste que registra la historia calcetera.
d) Surge una bandera
El d�a 5 las casa, especialmente, �en los barrios Cerro Colorado, Pueblo Nuevo, Villa Hermosa y Rinconada�, amanecieron con las banderas peruanas izadas a media asta y con crespones negros; estas actitudes fueron nuevos signos de protesta que preocuparon a las autoridades de entonces.
Sin embargo, un grupo de aut�nticos juliaque�os, crearon un interesante m�todo de rebeld�a pac�fica, pues �algunos vecinos juliaque�os han colocado en las astas de sus domicilios respectivos, una bandera con los colores negro, blanco y negro, reemplazando de esta manera el bicolor nacional� (IV); y lo que es m�s, el d�a 6 �Una bandera negra, blanca y negra hab�a sido clavada en la cumbre del cerro Huaynarroque� (); este gesto peculiar de protesta y lucha pac�fica viene a ser le primigenio antecedente popular de creaci�n de la bandera juliaque�a.
Asimismo, aquel d�a muchas mujeres (entre se�oras y se�oritas) empezaron a circular por las calles con traje negro, en se�al de protesta y luto; as� se mantendr�an estas valientes mujeres hasta que fue puesto en libertad el burgomaestre calcetero. Los j�venes que llegaron a salir a las calles lo hicieron con bandas negras alrededor del brazo derecho.
e) Romer�as y marchas de dolor y silencio
Luego de los funerales de los m�rtires del 4 de noviembre, debido a la total suspensi�n de garant�as constitucionales y al toque de queda decretado, la poblaci�n juliaque�a, arriesgando su integridad f�sica y desafiando la decisi�n gubernamental, realizaron otras singulares formas de protesta, pues las mujeres del pueblo se vistieron de luto y en conjunto circularon por las calles calladamente; una silenciosa marcha de dolor efectuaron el d�a 7 de noviembre de 1965, todas estaban vestidas de luto, portaban una bandera nacional con cresp�n negro. Un diario cusque�o, el d�a lunes 8 de noviembre, al respecto informaba:
�En la ma�ana de ayer, alrededor de mil 500 mujeres realizaron una marcha de silencio despu�s de haber asistido a la misa de exequias realizada en la iglesia de Juliaca en sufragio de las v�ctimas del jueves pasado�.
Sin embargo, las ansias de gritar afloraban, pero la presencia muy cercana de la polic�a y el ej�rcito, imped�a cualquier intento de manifestaci�n; y luego de recorrer carias calles y cuadras en forma pac�fica, antes de llegar a la Plaza Bolognesi la polic�a los detuvo; parlamentaron con las damas, y luego de un breve di�logo las mujeres de Juliaca decidieron retornar a la plaza Santa Catalina y all� a marcha de silencio tuvo que disolverse pac�ficamente.
Esta misma actitud se repiti� el d�a 11, fecha en que la poblaci�n herida, recordaba el octavo d�a del fallecimiento de las primeras v�ctimas. Aquel d�a, miles de pobladores, especialmente las valerosas mujeres calceteras, �vestidas de riguroso luto� se concentraron en la Plaza Central, y eso de las �8 de la ma�ana se celebr� una misa en la iglesia de Santa Catalina por el alma de las victimas... El recinto de la iglesia fue estrecha para dar albergue a los miles de fieles que asistieron�...
Luego de la misa, �En compacto grupo desfilaron por las calles y una vez en el camposanto, depositaron ofrendas florales en las tumbas de Eulogio Patricio Quispe y de Santiago Madani L�pez�. �En la manifestaci�n de duelo, las mujeres se desataron en llanto y una de ellas -Regina Hani de Urviola, propietaria de radio Juliaca- sufri� un desmayo, teniendo que ser llevado al Hospital en un cami�n�. �La romer�a estuvo encabezado por los familiares de las v�ctimas�... �Realizada la romer�a, se efectu� una nueva marcha de silencio. En ciertos momentos se dejaba escuchar gritos pidiendo justicia y libertad del Alcalde Luis C�ceres Vel�squez. Los manifestantes no ingresaron a la Plaza Bolognesi, donde se hallaba la polic�a, a fin de no tener ning�n encuentro con �sta�.
El d�a 7 de diciembre se llev� otra emotiva marcha de silencio en homenaje a los ca�dos y una romer�a a sus tumbas.
JULIACA Y EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1965 [VII]
Fuente: APAZA QUISPE, Hugo. Temas hist�ricos de Juliaca. Compendio hist�rico cultural. Juliaca: Edici�n del autor, 2001, pp. 163-171.
8.6 CR�NICA DEL EPISODIO
a) D�a 3: el desaire
En la v�spera del Paro cund�a la tensi�n y los medios de comunicaci�n de Lima y la regi�n prestaron mayor atenci�n al suceso que se avecindaba.
En horas de la ma�ana de aquel d�a, arrib� a Juliaca el Ministro de Gobierno y Polic�a, Javier Alva Orlandini, acompa�ado de altos funcionarios gubernamentales.
Una Comisi�n de vecinos de Juliaca fueron al Aeropuerto para entregarle algunos documentos, exponer sus quejas y esperar respuestas afirmativas. Sin embargo, el Ministro no recibi� el petitorio y �dijo no conocer los problemas de esa localidad y que su viaje obedec�a concretamente a una invitaci�n que le formularon para inaugurar obras en Puno� e invoc� al Alcalde de San Rom�n �para que persuadiera al pueblo, a fin de que no adopten actitudes violentas�; y, a insistencia de la delegaci�n juliaque�a, el Ministro prometi� dialogar en horas de la tarde con mayor tranquilidad. Dicho esto, la Comitiva Ministerial abordando los veh�culos que les aguardaban se dirigieron a Az�ngaro, en donde el Ministro fue declarado �Hu�sped Ilustre� al mismo tiempo que recibi� un en�rgico discurso de su Alcalde Mauro Paredes.
Ante la ausencia de la delegaci�n oficialista, las autoridades pol�ticas anunciaron que a las 16.00 horas se realizar�a una reuni�n de �Alto Nivel� para evitar la huelga que tiene proyectada el pueblo juliaque�o.
Cuando la Comitiva Ministerial emprendi� el retorno de Az�ngaro, cometieron un grav�simo error que encoleriz� a la poblaci�n de Juliaca; pues en una actitud repudiable, atravesaron la ciudad por un camino inhabitual, faltando as� a su promesa de di�logo. Esta conducta del Ministro atiz� la ira calcetera, y esa misma noche, se ratific� el Paro general. As� se echaron las bases de un Paro total y con grandes repercusiones.
Las dos emisoras, Radio �Juliaca� y �Sol de los Andes�, fueron los principales voceros del mensaje de protesta. Fue Radio �El Sol de los Andes�, la que con mayor fuerza y contundencia llamaba a la lucha e incitaba a la rebeld�a.
b) D�a 4: la masacre
El paro se inici� a las cero horas del d�a 4 de noviembre de 1965. �Una carga de dinamita rubric� el comienzo de una explosiva violencia�. Aproximadamente a la 1.00 de la madrugada se realiz� una �ltima reuni�n de coordinaci�n, la misma que concluy� con la intervenci�n de la Sra. Naty Soto, quien areng� a la gente �a luchar hasta el final�.
Juliaca amaneci� con el cielo nublado, con las carreteras y el ferrocarril bloqueados y, desde el comienzo la paralizaci�n era total.
Los medios de seguridad fueron extremas; la polic�a y el ej�rcito se apostaron en lugares estrat�gicos con armas ligeras y pesadas. El periodismo que segu�a de cerca este suceso lleg� a escribir: �JULIACA, pr�cticamente est� en pie de guerra�.
A eso de las 6.30 de la ma�ana ocurri� el primer choque entre pobladores y polic�as, en la Av. Manuel Nu�ez Butr�n, cerca al hospital general.
Alas 10.45 a.m. era cada vez m�s creciente la protesta popular. Mientras el grueso de los manifestantes ocupaban las principales calles, otro grupo de huelguistas, sacaban algunas rieles y durmientes del ferrocarril al observarse movimientos de trenes.
Las autoridades de Puno, teniendo pleno conocimiento de que en Juliaca el paro era total, cometieron la imprudencia de enviar veh�culos pertenecientes a la UNTA y a la Corpuno; estos carros formaban parte del convoy que iban al encuentro del Presidente de la C�mara de Diputados, Ministros y dem�s funcionarios del r�gimen invitados a los festejos de Puno. Los veh�culos fueron interceptados por los huelguistas, a eso de la 1.10 p.m. y �stos provocativamente se introdujeron �violentamente entre los numerosos ciudadanos que estaban ubicados en la carretera, casi pr�cticamente atropell�ndolos�, pero m�s pudo la fuerza de los pobladores que impidieron el avance de los veh�culos, ante esto, los ocupantes de los carros se mostraron sumamente beligerantes, �En uno de estos veh�culos (de la Corpuno) se encontraba el Teniente del Ej�rcito Jos� Yale Morales, que sac� su rev�lver para amedrentar a la turba�; esa temeraria actitud provoc� que alguien lanzara una piedra e hiriera al militar quien de inmediato fue conducido a la Cl�nica Americana para su tratamiento.
Los huelguistas apedrearon a los veh�culos e incluso volcaron e incendiaron dos de ellos. La polic�a trat� de impedir el ataque, sin ning�n �xito, pues el �nimo de los huelguistas pudo m�s y s�lo la naturaleza vit� que las dem�s unidades sufrieran igual suerte; ya que en esos momentos se desat� una lluvia torrencial y la gente tuvo que guarecerse.
Aprovechando que el espacio estaba libre �del Cuartel de Juliaca salieron tractores que procedieron a derribar las barricadas� al mismo tiempo que arribaron m�s efectivos policiales.
Entre las 2 y 3 de la tarde �estall� el polvor�n�. Esa actitud de �limpiar� la v�a, fue lo que provoc� una ira de may�scula en la poblaci�n, pues en �ese momento volvi� la gente y la polic�a abri� fuego�, y de esta manera se empez� a reprimir violentamente a la poblaci�n civil que apresuradamente se dispers� en diversas direcciones.
En esos primeros choques desequilibrados cayeron varios heridos y los arrestados ascend�an a no menos de 18, dentro de �stos se encontraba el burgomaestre Luis C�ceres Vel�squez, quien a viva fuerza fue introducido en un veh�culo conjuntamente con otros �cabecillas�.
Aproximadamente a las 4.20 p.m. la poblaci�n en pie de lucha, lleg� a converger en la Plaza Bolognesi. As�, la Comisar�a policial estaba rodeada y era v�ctima de la enardecida poblaci�n. La polic�a no intervino hasta que alguien lanz� una botella con gasolina que impact� en un �Land Rover� de la Guardia Civil que estaba estacionado en la puerta de la Comisar�a, al mismo tiempo que otro veh�culo policial era apedreado. Ante la gravedad de la situaci�n, los polic�as abandonaron su recinto y el encuentro con la poblaci�n civil fue inevitable; los polic�as salieron con ametralladoras ligeras y metralletas, e inmisericordemente arremetieron contra la muchedumbre que ped�a justicia, atenci�n a sus demandas y libertad de su alcalde. Los tiros no fueron al aire. A partir de entonces el panorama fue escalofriante.
Un testigo presencial de aquellos hechos, lleg� a describir las escenas de la siguiente manera:
�El ruido de las r�fagas y los disparos de fusil se mezclaban con lo gritos, los insultos, el rebotar de las piedras�. Hab�an heridos que se retorc�an sobre el pavimento y los jardines de la plaza Bolognesi, guardias que avanzaban disparando desde el suelo. �Era de d�a, pero uno pod�a sentir la luz brillante de las ametralladoras�.
�las enfermeras llegaron con las ambulancias�. �Las hab�a de blanco, las que ven�an del Hospital de Juliaca y de la Cl�nica Americana, junto con los m�dicos de la Unidad de Salud�, �tambi�n las hab�a de verde, las voluntarias de la Cruz Roja, apenas adolescentes... una de ella... con su rostro moreno de muchacha inocente... vi que estaba llorando... la chica se limpi� la cara con el rev�s de una mano y sigui� ayudando a los heridos�.
Luego de media hora la Plaza Bolognesi fue tomado por la Polic�a de Asalto, gracias a la oportuna intervenci�n de los refuerzos provenientes de la Guardia Republicana y el Ej�rcito.
Mas tarde la represi�n se intensific� pues �la polic�a ingres� luego a la ciudad lanzando bombas lacrim�genas�.
Las balas y las bombas lacrim�genas reventaban por doquier y la poblaci�n s�lo atinaba a defenderse con su cuerpo y con gritos de protesta. Hombre y mujeres se enfrentaron sin temor a las balas y varas polic�acas. La poblaci�n civil que era dispersada, r�pidamente se reagrupaban para frenar la arremetida militar, pero, menos pudo la fuerza desarmada, que s�lo atin� a retroceder y defenderse de la masacre en marcha.
En el fragor de este ataque policial, los heridos ca�an, lo detenidos eran brutalmente golpeados y los �ltimos baluartes de resistencia eran asaltados sin misericordia. El edificio C�ceres, donde se hab�an refugiado algunas personas, fue violentamente tomado por el aparato represivo y en su interior la masare continu�, y all� fue mortalmente herido el estudiante cornejino Santiago Madani L�pez.
Radio �El Sol de los Andes� tambi�n fue ocupado y silenciado po la fuerza, y sus bravos periodistas-agitadores, a fin de no caer e manos de la represi�n tuvieron que huir por los techos de las viviendas vecinas.
Los detenidos fueron conducidos a la Comisar�a, a donde los grupo de manifestantes concurrieron a exigir su inmediata libertad y de donde fueron violentamente dispersados.
Por fin, la ciudad fue �controlada� en horas de la noche, gracias a la coordinada acci�n del Ej�rcito, Guardia Civil, Guardia Republicana y la PIP, esto s�lo a fuerza de las armas y la violencia. A estas alturas dos camiones del Ej�rcito recorr�an la ciudad con altavoces avisando a la poblaci�n permanecer n sus domicilios. Perifoneaban diciendo: ��Qu�dense en sus casas... no salgan a las calles... las Fuerzas Armadas repeler�n con toda energ�a cualquier agresi�n!�.
�Qui�n dirig�a las operaciones y daba �rdenes e instrucciones para que se arremetiera tan cruelmente aun pueblo que s�lo protestaba clamando justicia? El responsable fue sin duda el Ministro Javier Alva Orlandini, quien en el noche del 4 de noviembre despachaba desde la Comandancia de la Guardia Civil, desde ah� daba instrucciones e hizo suspender las garant�as constitucionales por 30 d�as. En cambio, el coronel Manuel Corrales Tello, Director General de la Guardia Civil, fue quien dirigi� personalmente las operaciones.
Arrestados el Alcalde, los integrantes del Comit� de Huelga y muchos otros dirigentes, la poblaci�n se reorganiz� y logr� constituir un COMIT� C�VICO presidido por el vecino Mario Traversa. Dicho Comit�, alentado por la efervescencia popular, se pronunci� por la continuaci�n del paro hasta que todos sus dirigentes salieran en libertad. �Juliaca no se rinde�, sentenci� el Comit� que hab�a pasado a la clandestinidad.
Juntamente con el alcalde fueron detenidos, y luego remitidos a la Tercer Zona Judicial de Polic�a (Arequipa), los siguientes vecinos: V�ctor Z�ferson, Jorge Monz�n, Fredy Zu�iga, Alfonso Calatay�, Andr�s Miranda, Sixto Z�ferson, Luis Arfinengo, Sergio D�vila, Mauro Catacora, Adri�n Huam�n, J. Arag�n N��ez, Luis Cervantes Ticona y Angel Argon�s.
c) D�a 5: Juliaca no se rinde
El d�a 5 Juliaca amaneci� en silencio y con las calles y plaza ocupadas por las fuerzas militares. Efectivos de la Guardia de Asalto de Lima y Arequipa, al lado de miembros del Ej�rcito de Juliaca y los �Rangers de la Divisi�n de Pomata�, patrullaban las calles en carros y con las metralletas en mano.
Ocupaba militarmente, Juliaca segu�a empe�ada con obstinaci�n en un Paro General que s�lo concluir�a, seg�n anuncio del Comit� de Huelga, cuando los detenidos recobren su libertad y que las tropas armadas se retiren de Juliaca.
El d�a 5, tambi�n el comercio no abri� sus puertas y las oficinas estatales tampoco atendieron.
En la ma�ana, grupos de personas se reunieron en los alrededores de la ciudad, portando banderas peruanas con crespones negros. A las 12 del d�a, estas asambleas, fueron disueltos por la polic�a y el ej�rcito.
Debido a que Radio Juliaca ten�a una reorientaci�n pol�tica diferente a la de los hermanos C�ceres, esta emisora reinici� sus transmisiones s�lo para �pasar boletines oficiales� e informaba versiones y acciones efectuadas por las autoridades oficiales.
d) Un rumor alarmante
El d�a 5 un rumor alarmante circul� por la ciudad, y los medios de informaci�n daban amplia cobertura a esta versi�n, por existir un temor persistente de una insurrecci�n de mayores proporciones.
En la ma�ana del 5, por todo lado se o�a que algunos dirigentes salieron �secretamente� de la ciudad, a pedir ayuda campesina y �stos estaban alist�ndose para ingresar a la ciudad. Los despachos noticiosos al respecto informaban:
�Se teme que esta madrugada se inicie un choque armado sin precedentes en los anales del departamento de Puno, cuando cientos de campesinos que se hallan en los alrededores de Juliaca, irrumpen la ciudad para tomarla por asalto�. �Se ha informado que las Fuerzas de orden, est�n aguardando pacientemente la invasi�n�, y �Han sido colocados estrat�gicamente armas pesadas, ya que se cree que lo campesinos tengan tambi�n esta clase de armamento�.
e) Alcalde calcetero encarcelado
En plena acci�n represiva, el burgomaestre calcetero fue arrestado por la polic�a de asalto y conducido a la ciudad de Puno, sindic�ndole como el propulsor de esta medida de lucha.
El periodismo capitalino, que segu� de cerca estos sucesos informaba que cuando se los detuvo fue conducido a empellones, y cuando la gente quiso rescatarlo �la polic�a carg� contra la gente. Al mismo tiempo, Luis C�ceres era duramente vapuleado. Un golpe de vara le dio en el rostro y sus anteojos volaron por el aire, hechos pedazos. Un oficial de alta graduaci�n le dio un puntapi�. Fue llevado as�, en medio de golpes, hasta un Land Rover de la Guardia Civil�. �El Alcalde de Juliaca, Luis C�ceres Vel�squez, fue detenido ayer (4 de Nov.) por orden del Ministro de gobierno que se halla en Puno, fue conducido hoy (5 de Nov.) a Arequipa y puesto a disposici�n de la Zona Judicial de Polic�a, junto con otras once personas�.
El d�a jueves 11 de noviembre, el burgomaestre calcetero, de la Segunda Comisar�a �fue trasladado a la C�rcel Central de Varones de Arequipa (Av. Siglo XX) al hab�rsele encontrado culpable. El Juez Instructor, Comandante F�lix Olivares, dcit� orden de detenci�n definitiva�.
Ante la alarmante situaci�n, llegaron tambi�n a Juliaca los diputados R�ger y N�stor C�ceres. En casi media hora de permanencia en el Aeropuerto, fueron noticiados de lo que ocurr�a, y luego de dar algunas recomendaciones R�ger C�ceres decidi� regresar a Arequipa a realizar gestione relacionados con su hermano detenido; en cambio, N�stor C�ceres, haci�ndose acompa�ar por un efectivo de la PIP, decidi� quedarse en Juliaca para recoger un informe cierto en el terreno de los sucesos.
As�, observamos que, cuando una autoridad recoge los anhelos y necesidades de su pueblo, sabe que tiene que enfrentarse, no s�lo con sus ocasionales oponentes, sino contra el mismo orden jur�dico-social imperante. Recoger las reivindicaciones m�s sentidas de una poblaci�n, y luchar por ellas consecuentemente, tiene pues un precio muy alto, pero que vale la pena asumirlas con valent�a.
f) El desagravio
El d�a lunes 15 de noviembre de 1965 el pueblo de Juliaca levant� el Paro General, debido a la liberaci�n del Alcalde, de los integrantes del Comit� de Paro y de los se�ores periodistas detenidos. El d�a 17 se lleg� a aprobar el Proyecto de Ley de Amnist�a en la C�mara de Diputados. El d�a 20 don Luis C�ceres Vel�squez viaj� a Lima, dos d�as despu�s lo hizo una Comisi�n Municipal; toda esta comitiva el d�a 24 logr� entrevistarse con el Presidente de la Rep�blica, a quien expusieron los motivos de la huelga. El Alcalde juliaque�o, por su parte, tambi�n logr� otra entrevista con el Presidente Fernando Bela�nde el d�a 3 de diciembre, y al d�a siguiente el Gobierno restableci� las Garant�as Constitucionales y el retorno del Estado de Derecho en la Provincia de San Rom�n.
Los primeros d�as d diciembre se anunciaba en Juliaca la llegada de su Alcalde, e inmediatamente se prepar� una apote�sica recepci�n. El d�a 5 de diciembre el pueblo calcetero se volc� al Aeropuerto a recibir a su burgomaestre. Fue multitudinario el recibimiento que se le tribut� a Luis C�ceres Vel�squez, quien vino acompa�ado de su hermano R�ger, del periodista Juan Ram�rez Lazo y otros personajes que participaron activamente en estas jornadas de lucha. El encuentro del Alcalde con su pueblo fue grandemente emotivo, hombres y mujeres con l�grimas le dieron el abrazo de bienvenida.
El Alcalde hizo su ingreso triunfal, a la ciudad, en hombros del pueblo y se llev� a cabo una manifestaci�n apote�sica en la Plaza de Armas. El programa de recepci�n dur� m�s de cuatro horas, desde las 11.30 a.m. hasta las 4.00 p.m. que incluy� una misa. Acto seguido se realiz� una concurrida Sesi�n Solemne en el local del Municipio, y all� fueron declarados hijos predilectos Luis C�ceres, V�ctor Z�ferson, Mario Traversa Rivera, Angel Aragon�s, y Natividad Soto; el periodista Juan Ram�rez Lazo fue declarado Hu�sped Ilustre.
JULIACA Y EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1965 [VI]
Fuente: APAZA QUISPE, Hugo. Temas hist�ricos de Juliaca. Compendio hist�rico cultural. Juliaca: Edici�n del autor, 2001, pp. 161-162.
8.5 ACUERDO DEL PARO
Los reclamos persistentes de Juliaca, en octubre de 1965, b�sicamente se centraba en lo siguiente:
- Ampliaci�n y mejoramiento de los servicios de agua potable, desag�e y electricidad;
- Construcci�n de un camal, mercado y hospital;
- Pavimentaci�n de la carretera Juliaca-Puno;
- Parque Industrial;
- Mejoramiento del Aeropuerto;
- Canalizaci�n y drenaje de los riachuelos que atravesaban la Ciudad;
- Instalaci�n de una Beneficencia P�blica;
- Renuncia de los directivos de la Corpuno, etc.
Al ver que las demandas de Juliaca no eran atendidas, los vecinos encabezados por su Alcalde, vieron por conveniente tomar acciones de protesta severas. Por ello en reuni�n del d�a 28 de octubre de 1965, las autoridades edilicias, dirigentes de las fuerzas vivas y dem�s vecinos interesados en el progreso de Juliaca, acordaron realizar un paro general de 24 horas.
Debido a la magnitud de la determinaci�n, las autoridades y dirigentes gremiales, se declararon en sesi�n permanente y decidieron consultar esta medida al pueblo en un Cabildo Abierto que se realiz� el d�a 29. All� la decisi�n un�nimemente fue confirmada y se fij� la paralizaci�n para el d�a 4 de noviembre, al mismo tiempo que se form� un COMIT� DE HUELGA integrado por los vecinos V�ctor Zaf�rson Macedo, Angel Aragon�s y Natividad Soto Ruelas.
Los d�as previos el Comit� de Huelga y los moradores, con ah�nco organizaron el Paro y por todos los medios se comunic� al pa�s entero la dr�stica determinaci�n; incluso, el municipio confeccion� un �Manifiesto a la Naci�n�, en donde se explicaban las razones de la medida adoptada y con ella se enarbolaba oficialmente la bandera del separatismo.
Como estaba muy cerca el d�a jubilar de la ciudad lacustre, las autoridades de Puno, se alarmaron por la consecuencias que acarrear�a la medida, por ello es que hicieron invocaciones para que se suspenda el Paro, pero al no ser o�dos optaron por pedir ayuda policial argumentando que el Paro estaba siendo preparado por �elementos comunistas�.
En un esfuerzo por evitar la huelga, el jefe de la Comandancia de Armas, el Tnte. Crnl. Jefe de la 43 Comandancia de la G.C. y el Subprefecto de la provincia de San Rom�n, lograron una reuni�n entre el Prefecto Departamental, el alcalde de Puno y el Jefe de la 13 Comandancia de la G.C. de Puno, con el Alcalde de Juliaca, los regidores, el Comit� de Paro y el periodismo calcetero; esta sesi�n se llev� a cabo en la localidad de Paucarcolla la tarde del 2 de noviembre. All�, se logr� comprometer al Prefecto Departamental a fin de que propicie una reuni�n con los se�ores Ministros de Estado que al d�a siguiente arribar�an a Puno.
El 1 de noviembre, de Lima fueron enviados a Juliaca un centenar de Guardias de Asalto; y, el Prefecto del departamento, en tono firme advirti� que las �autoridades del Gobierno reprimir�n severa y dr�sticamente, los disturbios que pudieron perturbar los festejos del 297 aniversario de la fundaci�n espa�ola de Puno�.
AL respecto, el corresponsal de Juliaca del peri�dico �El Sol� del Cusco, enviaba su reporte en los t�rminos siguientes: �Existe una verdadera tensi�n pol�tica en esta capital de provincia. Cerca de un centenar de polic�as de asalto procedentes de Lima ya est�n en esta ciudad para controlar cualquier brote de violencia�.
JULIACA Y EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1965 [V]
Fuente: APAZA QUISPE, Hugo. Temas hist�ricos de Juliaca. Compendio hist�rico cultural. Juliaca: Edici�n del autor, 2001, pp. 158-161.
8.4 AMENAZAS, ACUSACIONES, MITINES Y SESIONES DETERMINANTES
Esta situaci�n de adrede postergaci�n, oblig� a tener que levantar la voz de protesta, y es as� que el Sr. V�ctor Arfinengo, en enero de 1963, a trav�s del Radioperi�dico �La Voz de Juliaca�, inst� a la poblaci�n para que inicie una huelga general:
�Es p�blico i notorio que la ciudadan�a de Juliaca est� cansada i abochornada por el desprecio i la indiferencia de los funcionarios p�blicos en dar soluci�n a los problemas vitales�.
Este vecino con justificada raz�n se preguntaba: �Debemos segur en pusil�nime espera mendigando favores? �Enviar comisiones a Lima para que regresen repletos de promesas? ��Ese es el camino errado�!! ��Unamos nuestras fuerzas i en una sola i clamorosa voz exijamos con valent�a� como un solo hombre iniciemos una huelga general de protesta!! Este el camino patri�tico para conseguir resultados efectivos y r�pidos. Debido a que 1963 fue un a�o electoral, n pudo concretizarse aquel llamado.
Las discordias ya encendidas y ante la permanente marginaci�n, los amantes de esta tierra calcetera, se vieron obligados a tramar una serie de amenazas, a fin de que sus requerimientos sean atendidos.
La amenaza que caus� gran impacto fue el anuncio de dividir el Departamento de Puno. En efecto, en el Diario Noticias de Puno, el d�a 11 de mayo de 1964, se public� las declaraciones de do�a Natividad Soto Ruelas (m�s conocida como Naty Soto), juliaque�a residente en Arequipa, difundiendo la idea de creaci�n de un nuevo departamento cuya capital ser�a Juliaca.
Esta noticia caus� suma inquietud en la Ciudad Lacustre, en donde se calific� la propuesta como una afrenta a la integridad departamental. Quien encabez� la campa�a del supuesto desagravio a Puno, fue su Alcalde Remigio Cabala, quien envi� un telegrama al Municipio de San Rom�n pidi�ndole que se pronunciara en cabildo abierto sobre este intento de fraccionamiento, a lo cual el Municipio sanromino no le dio la importancia que se le pretend�a dar al asunto. Debido a que en Juliaca no se realiz� la consulta en Cabildo Abierto, en Puno se hizo creer de que la idea divisionista estaba siendo avalada por las autoridades ediles de Juliaca; e incluso se realiz� un mitin en la ciudad de Puno, en donde se acus� a las autoridades municipales y parlamentarios juliaque�os de divisionistas; all� se pronunciaron por la defensa de la integridad del departamento y declararon como D�A DE LA UNIDAD E INTEGRIDAD DEL DEPARTAMENTO EL 23 DE MAYO DE TODOS LOS A�OS.
Ante la belicosa actitud de Puno, el Concejo, los barrios y dem�s entidades representativas de Juliaca, se pronunciaron en defensa de sus leg�timos intereses y condenaron a quienes aprovech�ndose de una opini�n libre dada en Arequipa, quer�an convertirse a defensores de la unidad departamental; incluso se anunci� un mitin de respuesta y rechazo a las acusaciones pune�istas para el d�a 26 de mayo, la misma que no lleg� a concretizarse por haberse decretado Duelo Nacional por 7 d�as, debido a la tragedia acaecida en el Estadio Nacional (Lima) el 25 de mayo de 1964.
El Concejo calcetero, a fines de junio de 1964 envi� una Comisi�n de Concejales a Puno, y en el local de la Prefectura se entrevistaron con su Alcalde y el Prefecto Departamental don Gustavo Salcedo S�nchez. Para mejor ilustraci�n de esta parte del episodio, lecturemos el manifiesto que emiti� el Alcalde de San Rom�n el 1� de julio de 1964, que en su parte pertinente dice:
�Los concejales en su mayor�a nos constituimos ayer en Puno y logramos en la Prefectura entrevistarnos solamente con el Prefecto y el Alcalde de esa ciudad. Nuestro planteamiento fue tajante y definitivo, persegu�amos la unidad de todos los codepartamentos y no permit�amos la divisi�n. Que nos extra�abamos del ego�smo de unos cuantos dirigente pune�os encabezados por un Alcalde que pretend�a cercenar a Juliaca de una de sus m�ximas conquistas como era el establecimiento de la Central Mayor de Cooperaci�n Popular, de la que el grupo pune�o quiere que no se instale en esta ciudad sin� en Puno. Referente a la Filial de la Universidad, que tampoco permitir�amos que se ofendiera o se pretendiera alguna acci�n en contra de este importante Centro de Estudios Superiores, ya que en aras de la unidad, invocamos el esp�ritu de comprensi�n de las autoridades pune�as para que dejando a un lado ego�smos mezquinos, con ejemplar civismo, permitieran el progreso de esta provincia. El Alcalde de Puno, Remigio Cabala, acept� que en reuni�n de Cabildo Abierto del s�bado no se ofender�a a provincias, ni a instituciones, ni se atacar� a la Filial de la Universidad. En cuanto a Cooperaci�n Popular, mostr� claramente el ego�smo propio de mentalidad escasa y falto de amplitud de esp�ritu, su recalcitrante posici�n de que se instalaran las oficinas en Puno y no en Juliaca; hizo esta declaraci�n pese a la amenaza de que si Puno persiste en pedir el traslado de Cooperaci�n Popular, vendr�a el rompimiento entre ambas provincias y d�ndose lugar quiz�s a la iniciativa oficial separatista, justificado por la negativa y el absurdo ego�smo, repito y repetir� siempre de quienes est�n labrando la desgracia de la Ciudad del Lago, que adem�s de estar encerrada geogr�ficamente por una cadena de monta�as, de encuentra dentro de un c�rculo de gentes conservadoras (...) que no permiten que surjan nuevas generaciones de hombres de lucha y que ego�stamente matan a quien es m�s que ellos, porque quiere ser siempre los caciques del movimiento de desarrollo a que est�n llamadas las ciudades�.
De esta manera se cre� un clima tenso entre ambos pueblos hermanos. La petulancia pune�a les hac�a decir que Juliaca era un simple �chupeqato y embarcadero de ganado�, a lo cual el ingenio calcetero supo responder diciendo �Mientras Puno danza, Juliaca avanza�.
El 3 de diciembre del mismo a�o, ocurri� otro episodio que atiz� discordias. Aquel d�a, con motivo de la discusi�n del pliego de Educaci�n en el Presupuesto General de la Rep�blica, el diputado por Puno, Dn Fernando Manrique, se opuso tenazmente para que la Filial de la UNSA tenga una partida econ�mica para su funcionamiento y calific� de �pu�alada artera� la actitud de Arequipa al hacer funcionar una filial en Juliaca.
En enero de 1965, la Corpuno acus� al Municipio de San Rom�n de malversaci�n de fondos, pues el pr�stamo para adoquinar las calles, terminaci�n de la remodelaci�n de la Plaza de Armas y expropiar inmuebles para construir un Centro C�vico, los hab�a utilizado para comprar 60 hect�reas de la Hacienda Taparachi para el Parque Industrial.
La situaci�n de encono alcanz� sus m�s altos relieves a fines de octubre y los primeros d�as de noviembre de 1965, siendo su cl�max el memorables 4 de noviembre de aquel a�o. En aquellas fechas ambas ciudades celebraban sus efem�rides:
- El 24 de octubre, Juliaca conmemoraba su 39� aniversario de haberse inaugurado como capital de provincia; y
- El 4 de noviembre, Puno recordaba su 297� aniversario de haberse eregido como capital de provincia y que desde entonces hab�ase iniciado su desarrollo como ciudad.
En la noche del 24 de octubre de 1965, en el salo Municipal de San Rom�n, en sesi�n solemne por aniversario, en donde se encontraba como invitado especial, el Alcalde de Arequipa Ulrico Neisser, se hizo una evaluaci�n acerca de la situaci�n de Juliaca y se confes� que en esa echa jubilar no se pudo entregar al pueblo obras por indiferencia gubernamental, �ni la Corpuno ha inaugurado obra alguna� se denunci�; por ello el Alcalde sanromino, habr�a tomado una dr�stica medida que volvi� a causar gran preocupaci�n en Puno, pues se dice que ratific� la temible amenaza de que San Rom�n y otras provincias se separar�an de Puno.
A su turno, llevado tal vez por la emoci�n, o por el halago, el Alcalde arequipe�o afirm� que �Arequipa los recibir�a con los brazos abiertos� y como testimonio de su afecto, en ese mismo momento entreg� al Alcalde juliaque�o un peque�o trozo rectangular de sillar mistiano; este gesto fue un�nimemente aplaudido por la concurrencia.
De aquella reuni�n se originaron dos versiones que nuevamente atribularon a las autoridades de Puno:
1� Que San Rom�n se anexar�a a Arequipa; y
2� Que San Rom�n se separar�a del departamento de Puno para conformar otro con las provincias del norte y esta se llamar�a �Collao�.
Ambas posibilidades no eran infundadas, pues hab�a razones de orden pol�tico, geogr�fico e hist�rico que apoyaban estas versiones.
Si bien es cierto que la anexi�n a Arequipa era dif�cil, la otra tesis s� podr�a efectuarse, pues si observamos el mapa pol�tico del Departamento de Puno, el espacio geogr�fico que ocupa la provincia de San Rom�n, est� en un ubicaci�n que s� hace preocupar a la integridad departamental; y, lo que es m�s, su poblaci�n hist�ricamente ha demostrado tener un esp�ritu independentista y que la mayor�a de sus pretensiones se han coronado con �xito.
JULIACA Y EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1965 [IV]
Fuente: APAZA QUISPE, Hugo. Temas hist�ricos de Juliaca. Compendio hist�rico cultural. Juliaca: Edici�n del autor, 2001, p. 157.
8.3 JULIACA Y EL CENTRALISMO PUNE�O
Debido a que en la ciudad de Puno se encontraba el centro administrativo y pol�tico del Departamento, los pedidos y reclamos de las necesidades de las dem�s provincias, ten�an que realizarse primero en esa capital; pero, fundamentalmente por razones pol�ticas, Juliaca no era atendido como deseaba, de ah� que la protesta contra los funcionarios p�blicos de Puno fue un�nime.
Los funcionarios de Puno no pudieron esconder sus intenciones de favoritismo hac�a la capital departamental y su desd�n para con Juliaca; esta pr�ctica chauvinista se manifest� de m�ltiples maneras, sino, veamos algunos ejemplos que ilustran la controversia e irritaci�n social de 1965:
- Los estudios realizados por los organismos nacionales e internacionales se�alaron a Juliaca como el lugar adecuado para ubicar el Parque Industrial. Pero, unos d�as antes de la fecha que nos ocupa la Corpuno hab�a decidido �estudiar� nuevamente su ubicaci�n con la intenci�n de instalarlo en Puno.
- El Aeropuerto era una de las aspiraciones m�s importantes de los vecinos de Puno. Se pretend�a instalar un Aeropuerto all� donde t�cnicamente era imposible.
- Se pretendi� construir la carretera Puno- Cabanillas, para su posterior asfaltado, cuando ya exist�a uno que pasaba por Juliaca.
- Exist�a una abierta oposici�n a que en Juliaca funcione Cooperaci�n Popular.
- Se pusieron obst�culos para que en Juliaca funcione una Filial de la UNSA de Arequipa.
JULIACA Y EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1965 [III]
Fuente: APAZA QUISPE, Hugo. Temas hist�ricos de Juliaca. Compendio hist�rico cultural. Juliaca: Edici�n del autor, 2001, pp. 155-157.
8.2 C�CERES - NATURALEZA - GREMIOS
Fueron los hermanos C�ceres los abanderados de ser los exponentes de las aspiraciones pol�ticas de Juliaca, quienes se lanzaron a la arena pol�tica preconizando:
- Reforma Agraria
- Jornada laboral de 8 horas
- Voto de los analfabetos
- Alfabetizaci�n
- Escuelas
- Descanso dominical
- Corporaci�n para Puno
- Otros.
Cabe indicar que no fueron ellos los �nicos que iniciaron la organizaci�n de las masas rurales, sino que antes y/o a la par que ellos ya hab�an l�deres abocados en esta tarea, tales como; Melchor Cutida, Dionisio Yucra, Tadeo Salinas, Tel�sforo Frizancho Viandera, Eustaquio Rodr�guez Aweranka, Julio Arce Catacora, Gregorio Larico. El�as Pacho Huanta, etc. todos estos dedicados b�sicamente a combatir los m�todos de explotaci�n practicados en las haciendas del departamento.
Comprendiendo de que les aguardaba un promisorio futuro pol�tico, los C�ceres �tuvieron la precauci�n de vender sus tierras antes de comenzar a hacer campa�a por la Reforma Agraria�, consolidaron su poder econ�mico y empezaron a atraer hacia su lado a los l�deres antes mencionados, quienes se sumaron a ellos apoyando la aprobaci�n del proyecto de creaci�n de la Corporaci�n de Fomento y de Promoci�n Social y Econ�mica de Puno -CORPUNO-, que el diputado C�ceres hab�a planteado en su C�mara. La naturaleza misma tambi�n parec�a estar a favor de las pretensiones pol�ticas de estos hermanos, ya que la situaci�n de calamidad natural rural, conjugado con la cruel realidad del campesinado pune�o y las medidas de emergencia adoptadas, propiciaron una coyuntura muy especial, que fue aprovechado para organizar gremialmente a los campesinos para que u situaci�n prosperara. Y, es as� que los hermanos C�ceres, al lado de connotados l�deres campesinos en 1959 logran organizar el FRENTE SINDICAL CAMPESINO DE PUNO, y hasta abril de 1965 llegaron a formar 1184 sindicaros. Desde Radio �Sol de los Andes� (1962) se manten�a informado a las masas campesinas que empezaban a creer y seguir los planteamientos de �stas personas. Parad�jicamente, las luchas campesinas y comuneras de entonces generaron el desarrollo urbano de algunas ciudades y especialmente de Juliaca, porque ellas se ofrec�an como apropiados lugares de refugio y salvaci�n para muchos campesinos.
La elecci�n de R�ger C�ceres en 1956 a una diputaci�n, marc� el inicio de una serie de triunfos pol�ticos para �l y sus hermanos, mientras R�ger hac�a labor parlamentaria, N�stor se encarg� de influir en la poblaci�n a trav�s de contactos directos con la realidad rural y por medio del INSTITUTO DE PROMOCI�N SOCIAL Y CULTURAL DEL ALTIPLANO, que �l fundara para influir en el �rea urbana e intervenir directamente en asuntos locales, departamentales y nacionales con el lemas �Nuevos principios para una nueva �poca�. Esta instituci�n logr� tener protag�nico rol para promocionar a las aspiraciones de la familia y con la cual se aglutin� a algunos intelectuales y estudiosos de nuestro medio identificados con la problem�tica local.
En 1963 N�stor C�ceres era el Presidente del Frente Sindical Campesino, Presidente del Comit� de Defensa de los Intereses de Juliaca, Presidente del Instituto de Promoci�n Social y Cultural del Altiplano, candidato a una diputaci�n por el departamento de Puno, etc. era pues, un personaje importante que trabajaba interesadamente en representaci�n de una clase pol�tica.
Su fuerza electoral lo ratificaron en junio de 1963, cuando R�ger y N�stor C�ceres y Julio Arce Catacora, fueron ungidos por el voto popular para ser diputados. M�s tarde, el 15 de diciembre de 1963, Luis C�ceres Vel�squez, luego de desestimar la realizaci�n del FRENTE DE UNIFICACI�N SAN ROMAN, consigui� tambi�n por votaci�n la alcald�a de la provincia de San Rom�n encabezando la LISTA INDEPENDIENTE DE TRABAJADORES Y CAMPESINOS. Desde entonces la labor de estos hermanos fue floreciente, pues es innegable que llegaron a tener prestigio y ascendencia pos su tesonera labor y, por haber conseguido m�ltiples beneficios para esta parte del Per� Andino.
JULIACA Y EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1965 [II]
Fuente: APAZA QUISPE, Hugo. Temas hist�ricos de Juliaca. Compendio hist�rico cultural. Juliaca: Edici�n del autor, 2001, pp. 154-155.
8.1 VISI�N PANOR�MICA
a) Contexto departamental
En nuestro departamento, durante el per�odo que nos ocupa, la resistencia de los terratenientes era todav�a fuerte; el sistema de feudalidad y servidumbre que reinaba en el campo, choc� con el desarrollo del capitalismo en el altiplano, que por todos los medios buscaba ampliar su mercado interno de consumo. Esta necesidad del desarrollo capitalista, oblig� convertir en consumidores a las masas campesinas; es decir que se les organiz� e instruy� para buscar y utilizar el dinero para alimentar, no a su familia, sino a los propietarios e intermediarios de negocios.
La burgues�a comercial en ascenso, al tener serias contradicciones con el sistema social en decadencia, apoy� e impuls� las luchas campesinas a fin de que se mejore la situaci�n de los comerciantes. La efervescencia de los movimientos campesinos de la mayor�a de los departamentos, no hab�a calado en Puno debido a que los dirigentes campesinos carec�an de orientaci�n ideol�gica y s�lo atinaban a organizarse para hacer frente a su situaci�n de servidumbre presente. As�, los campesinos se mov�an en medio de graves confusiones propiciados por grupos de tendencia demo-cristiana, por los partidos pol�ticos en pugna, por las pol�ticas asistencialistas y por la presencia de agentes del Cuerpo de Paz de la Alianza para el Progreso, �stos �ltimos desde octubre de 1962, realizaban arduas labores en todo el departamento a fin de que las corrientes socialistas no ingresen a Puno.
La etapa que precedi� a los sucesos del 65, fue la etapa de las �definiciones pol�ticas en el departamento�. Quienes ten�an el control pol�tico y administrativo de Puno, eran los representantes del gamonalismo regional centralizados e el Ciudad Lacustre; y, �stos, desde el �ltimo lustro de la d�cada del 50 empezaron a sentir el acoso de los representantes de una burgues�a comercial que carec�an de intereses directos sobre la tierra. Esta situaci�n, paulatina y desapercibidamente, ir�a acentu�ndose hasta adquirir relieves de violencia.
b) Contexto local
No es cierto de que la �Perla del Altiplano� emergi� como ciudad moderna, progresista y centro de atracci�n integral, a partir de los sucesos acaecidos el 4 de noviembre de 1965, como muchos equivocadamente as� lo sostienen
No olvidemos que Juliaca desde hace muchas d�cadas, por inevitables leyes hist�ricas y sociales, se hab�a constituido en capital comercial del altiplano, y ya hab�a dado muestras de su adelanto y ventaja con respecto a otros pueblos del departamento; por eso en 1949 se dec�a que �Juliaca ha acelerado sus pulsaciones en los aspectos de su vida comercial, industrial, ornamental e institucional� y, que en la d�cada del 50 se encontraba en un franco proceso de desarrollo integral. Al respecto el ciudadano R�ger C�ceres, en 1951, dec�a que Juliaca �constituye hoy por hoy el m�ximo exponente del progreso pune�o�; ratificado esta aseveraci�n, el se�or H�ctor Romero matos, en el mismo a�o manifestaba que esta ciudad �viene siendo el centro u ombligo comercial del departamento de Puno�; a�os despu�s, en 1955, el Prof. Mario Fernando Chevarr�a dir�a que �Juliaca� renace alrededor del progreso y marcha junto con �l hasta llegar a ser lo que es hoy: una de las provincias m�s progresivas y adelantadas del Sur�.
A partir de 1940 el despegue de avance se acent�a, y por ello desde aquel a�o hasta 1963, la poblaci�n se multiplica en casi un 400%, ubic�ndose as� dentro de los n�cleos urbanos que m�s ha crecido en el Sur de la Rep�blica en aquellas dos d�cadas, constituy�ndose de esta manera en la quinta ciudad en volumen de poblaci�n de los seis departamentos del Sur.
Juliaca se hab�a constituido en una de las mejore ciudades, gracias al trabajo perseverante de su propios hijos a la labor desplegada por una burgues�a comercial que paulatinamente ganaba m�s y mejores espacios.
Pero este desarrollo tra�a consigo una serie de problemas, pues las necesidades se multiplicaban y el celo tambi�n se acentuaba; a esto se suma la indiferencia gubernamental, ya que Juliaca, como la gran mayor�a de los pueblos del �Per� profundo�, estuvo (y est�) marginado por los organismo estatales. La ciudad crec�a, pero el apoyo estatal era �nfimo, por ello es que ya era tiempo de ascender a otros niveles de lucha, ya era hora de que del dominio econ�mico se pasara al dominio pol�tico y con esto a los dem�s dominios. Alguien ten�a que ocupar este vac�o y los llamados ya estaban en la palestra.
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JULIACA Y EL 4 DE NOVIEMBRE DE 1965 [I]
Fuente: APAZA QUISPE, Hugo. Temas hist�ricos de Juliaca. Compendio hist�rico cultural. Juliaca: Edici�n del autor, 2001, p. 153.
SUMARIO: Visi�n panor�mica. Juliaca y el centralismo. Amenazas y sesiones determinantes. Acuerdo del paro. Cr�nica del episodio. Alcalde encarcelado. Romer�as y marchas de silencio. Escenas pat�ticas. Debates en el Congreso. El Periodismo.
LA D�CADA que precedi� a 1965 se caracteriz� por una serie de fen�menos pol�ticos, econ�micos, administrativos y clim�ticos que provocaron serias crisis que posibilitaron la ascensi�n y consolidaci�n de una burgues�a comercial y el debilitamiento del gamonalismo en el departamento de Puno.
Juliaca, capital econ�mica del departamento y con milenaria tradici�n hist�rica, por el tesonero trabajo de sus moradores, se hab�a convertido en un importante polo de atracci�n y progreso que florec�a bajo la mirada celosa de otros pueblos estancados en su desarrollo. Este crecimiento trajo consigo tambi�n serios problemas para los citadinos de Juliaca, quienes en reiteradas oportunidades acudieron ante los organismos gubernamentales invocando atenci�n a sus necesidades vitales; pero, por desidia de algunos funcionarios que mostraron clara indiferencia y adrede marginaci�n, se provoc� la indignaci�n del pueblo calcetero que levant� su voz de protesta a trav�s de un Paro C�vico, el mismo que fue brutalmente reprimido un 4 de noviembre de 1965.
Esta masacre inolvidable, por la repercusi�n que trajo consigo, posteriormente fue sagazmente aprovechado por un reducido grupo, para capitalizarse pol�ticamente pregonando argumentos �tawantisuyanos�, que llegaron a encandilar a muchas personas.
En esta oportunidad ofrecemos un esfuerzo de aproximaci�n objetiva, en base a documentos de la �poca de aquel suceso memorables, cuyo objetivo no es despertar rencores f�tiles, sino, hacer comprender a la presente generaci�n, de que s�lo el trabajo perseverante y la lucha unificada y consecuente, puede hacer grande a un pueblo, y que adalides no son sino el resultado del entorno hist�rico en que se desenvuelven; as� lo demostraron los M�rtires de Juliaca 185 a�os despu�s del grito libertario de T�pac Amaru II.
Recordemos con reverencia aquella memorable lecci�n c�vica, a trav�s del presente adelanto.
POLIC�A PRETENDI� INVOLUCRAR EN IL�CITO A FISCAL FREDY VILCA
PUNO Algo huele mal en la polic�a de Juliaca. En una acci�n execrable y por dem�s confusa, la polic�a de Radio Patrulla 105, a bordo de tres patrulleros, intervinieron al fiscal provincial en lo penal de la provincia de San Rom�n, Fredy Vilca Monteagudo, ayer por la noche en la avenida Argentina de la urbanizaci�n La Rinconada, acci�n que presumiblemente fue para "sembrarle" algo, e involucrarlo en un il�cito. Este hecho ocurre luego de que d�as atr�s, el fiscal denunciara a un efectivo policial por una coima de dos soles que recibi�.
Los hechos. Al promediar las 8:00 horas, seg�n el jefe de Radio Patrulla 105, Alberto Rojas M�ndez, tres unidades policiales lograron intervenir al fiscal que iba a bordo de un veh�culo oscuro de placa EH-4659, sin poder explicar el porqu� de la detenci�n del representante del Ministerio P�blico. Sin embargo -en un confuso hecho- la polic�a que intervino el auto, dej� fugar el veh�culo en el que presumiblemente iba Vilca Monteagudo, y que -seg�n Rojas M�ndez-, era conducido por una mujer.
Al respecto, el fiscal explic� que en un acto arbitrario la polic�a intent� "sembrarle" algo como represalia a las acciones que realiz� en contra de la instituci�n policial, a fin de erradicar la corrupci�n en la polic�a. "Sin motivo alguno, m�s de 10 efectivos policiales me intervinieron, con c�maras digitales de video, con c�maras fotogr�ficas, pero la oportuna llegada de la prensa impidi� que se consumar� un hecho punitivo que la polic�a pretendi� cometer conmigo", refiri� exaltado.
Al lugar lleg� el fiscal de Prevenci�n del Delito. Al consultar a Rojas M�ndez por el delito que se le detuvo a Vilca Monteagudo, el efectivo no pudo explicar el porqu�, luego indic� que los PNP Miranda Paniagua Ra�l, y Zavala Aguilar Juan, fueron los que intervinieron, y eran ellos quienes deben explicar las razones de la detenci�n.
Finalmente, el fiscal si bien indic� que este hecho debe ser investigado a fondo para conocer realmente qu� pretendi� la polic�a con esta absurda intervenci�n, tiene temor por la vida e integridad de sus familiares, quienes estar�an siendo seguidos por la polic�a a fin de intimidarlos, y evitar el cumplimiento de la labor que viene realizando actualmente el fiscal. Un acontecimiento que el coronel de la DIVPOL Juliaca debe explicar.
oscar pareja
VENGANZA EN CONTRA DE FISCAL EN PUNO
JULIACA. Polic�a intervienen a Fredy Vilca, quien denunci� a polic�a �coimero�
Escribe: :: LOURDES CALLA TORRES
Policial - 09 may 2009
- Sin aparente justificaci�n, efectivos montaron inusual operativo para detener a fiscal. - Vecinos de La Rinconada cuestionaron actitud de custodios por sospechoso
El titular de la Primera Fiscal�a Penal de la provincia de San Rom�n, Fredy Vilca Monteagudo, denunci� ayer que fue objeto de una intervenci�n irregular por parte de siete efectivos policiales, que llegaron en tres unidades de la secci�n de Radio Patrulla de Juliaca. Fue en la avenida Argentina, entre la segunda y tercera etapa de la urbanizaci�n La Rinconada.
El acto se produjo al promediar las 19:10 horas de la v�spera, cuando el Fiscal caminaba por esa zona, �lo he anticipado, ahora se vienen las represalias, las persecuciones, es un plan por haber intervenido y denunciado un acto de corrupci�n el lunes�, asever� Vilca Monteagudo en tono enf�tico.
En el lugar estaba un patrullero del escuadr�n de Emergencia con matr�cula PL-7249, con tres efectivos de esta secci�n, mientras que el jefe de Radio Patrulla, Mayor PNP Alberto Rojas M�ndez, se encontraba vestido de civil.
Este �ltimo afirm�, �mi personal intervino al fiscal cuando manejaba un veh�culo y se dio a la fuga, nada m�s, le hemos dicho que no est� detenido�.
VECINOS LO DEFENDIERON
Un grupo de vecinos de la urbanizaci�n la Rinconada, se reuni� y brind� su respaldo al fiscal Vilca, ya que los efectivos montaron un supuesto operativo con tres patrulleros, al parecer para desacreditar a la autoridad. Los vecinos cuestionaron el hecho de que nunca acuden a otras emergencias con la agilidad que lo hicieron ayer. �Ustedes (polic�as) van a ser responsables si algo le llegara a pasar al fiscal, seguro ahora pretend�an secuestrarlo�, protest� uno de ellos.
Al lugar se aperson� el fiscal de Prevenci�n del Delito, Andr�s Cansaya Machaca, quien levant� un acta en el que se hace constar que los efectivos que intervinieron fueron: SOS Agapito Cancino Fern�ndez, SOT1 Juan Carrizales Aparicio, SOT2 Joel Choquehuanca Zeballos, SOT2 Policarpio Yucra Yucra, SOT3 Edwin Bustinza Coha, SOT1 Ra�l Miranda Pa�ahua y el SOT2 Juan Zavala Aguilar.
Adem�s, Vilca denunci� que los polic�as portaban c�maras fotogr�ficas y filmadoras, �uno de ellos me pidi� mi DNI, yo me identifiqu� diciendo que soy Fredy Vilca, adem�s ellos saben qui�n soy, no hay necesidad de que les de mi DNI ni tampoco que explique qu� hac�a por esta zona, adem�s no estoy en horario de trabajo, estoy preocupado temo por mi familia�
�Voy a denunciar si es posible al jefe de la XII DIRTEPOL (General PNP Horacio Huivin Grand�z) y a todos estos corruptos�, sostuvo el molesto fiscal.
El fiscal Cansaya requis� dos celulares pertenecientes del jefe de la PNP Alberto Rojas M�ndez, a fin de verificar una presunta coordinaci�n que habr�an realizado los efectivos, antes de la intervenci�n.
Esta intervenci�n sucede a cinco d�as de la denuncia que efectu� este fiscal contra el efectivo de la Polic�a de Carreteras, SOT 1ra PNP Javier El�as Panca Quispe, quien estuvo cobrando una coima de dos nuevos soles en el puente Maravillas. Un juzgado lo encarcel�.
EKEKO, ALACITAS Y CALVARIOS
La fiesta de la Santa Cruz en Juliaca
Federico Arnillas L
Fuente: Arnillas Lafert, Federico (1996). �Ekeko, Alacitas y Calvarios: la fiesta de la Santa Cruz en Juliaca�. En Allpanchis 47. Cusco, Instituto de Pastoral Andina, 1996, pp. 119-135
Entre 1986-1987 llevamos a cabo, conjuntamente con Jos� Mar�a Rojo, en ese entonces p�rroco de Cristo Rey de Juliaca, un estudio sobre dicha ciudad.
El trabajo, que cont� con el apoyo del IPA [Instituto de Pastoral Andina], se propuso construir una visi�n de la ciudad de Juliaca, incluyendo: a) la articulaci�n de este n�cleo urbano con las din�micas sociales y en especial econ�micas de nivel regional y nacional, b) la din�mica de la ciudad misma, los diversos espacios que la conformaban, los procesos mediante los cuales se generaron, la infraestructura de que dispone y los usos que recibe, c) la poblaci�n que la habilita, sus or�genes, sus condiciones de vida, sus forma de organizaci�n y gobierno, sus expectativas, sus pr�cticas y su imaginario religioso.
El inicio del estudio coincidi� con la celebraci�n de las fiestas de la cruz, por lo que en una carrera contra el tiempo seleccionamos algunos puntos para ser observados en estas celebraciones.
El 3 de mayo de 1986 encontramos otra Juliaca. Nuestro objeto de estudio inicial s�lo parec�a existir 364 d�as al a�o, porque ese 3 de mayo apareci�, sobre las laderas del Huayna Roque, otra ciudad: con sus propias calles y casas, comercio, vida religiosa, autoridades y, como descubrimos m�s tarde, un amplio tejido de relaciones que en el espacio y el tiempo vinculaban a esta otra Juliaca con otra muchas localidades.
El 4 de mayo la Juliaca de arriba pareci� desaparecer nuevamente y nos quedamos otra vez con la Juliaca de abajo. Pero la curiosidad estaba sembrada: �qu� relaci�n hab�a entre una Juliaca y la otra?, �podr�amos acercarnos al conocimiento de una sin la otra?, �qu� nos dice una de la otra?, �podr�amos construir una visi�n de Juliaca sin tener en cuenta esta otra ciudad?
En los meses posteriores nos dedicamos al estudio de la primera Juliaca, �sa que a nuestro parecer exist�a 364 d�as al a�o, mientras nuestra curiosidad por la otra crec�a y con ella la idea y, a la vez, la necesidad de aprovechar su siguiente aparici�n para conocerla.
El 3 de mayo de 1987 llevamos adelante un complejo trabajo de campo para tratar de recoger el m�ximo de informaci�n posible sobre esta otra ciudad de Juliaca, antes de que se nos volviese a escapar de las manos.
Lo que este art�culo quiere presentar es parte de esos resultados. Hoy d�a luego de m�s de ocho a�os, esperamos que estos datos, aunque un poco antiguos, puedan ser de utilidad a quienes hoy quieren conocer cualquiera de las dos Juliacas o, por lo menos, algo de su historia.
De la Construcci�n de la �Juliaca de Arriba�
En la ma�ana del 3 de mayo, a�n los rayos del sol no cortan el cielo y ya se puede apreciar un fuerte movimiento en la ladera del cerro del Calvario, apu principal de la regi�n. No se trata de una gran monta�a, pero u presencia rompe y destaca sobre la meseta altipl�nica y parece tratar de conectar, con un esfuerzo supremo que viene desde las profundidades, la tierra y el cielo.
Desde principios de siglo, a los pies de esta elevaci�n se encuentra la l�nea del ferrocarril, que, viniendo de Arequipa y la costa ��mbitos de temprano asentamiento de espa�oles vinculados al comercio y la producci�n manufacturera-, se bifurca en este punto hacia Cusco �en su mejor tiempo, centro del imperio quechua- y hacia Puno, el lago y m�s all�, donde se encuentran las ra�ces del imperio Tiahuanaco y el pueblo aymara.
L�nea ferroviaria que se entreteji� con una red de caminos, dando a este espacio una mayor centralidad y reforzando su condici�n de punto de encuentro �con lo que de enriquecimiento y conflicto implica- entre diversos espacios, culturas, din�micas sociales y econ�micas. Centralidad que, a su vez, se fue consolidando a lo largo de los siguientes a�os, por el dinamismo productivo y comercial que hombres y mujeres de diversos or�genes le dieron, conforme se asentaron a su alrededor.
Esta ma�ana de mayo la actividad se ha desplazado. El camino que conduce al Calvario tiene una prioridad o jerarqu�a de la cual ning�n plano vial da cuenta, pero la gente s� reconoce. En la parte baja, a la vera del camino de subida al Calvario, se instalan ya, a esas primeras horas, mesas de metal o madera, algunas forradas en f�rmica, encima de las cuales se van extendiendo diversas mercader�as.
El primer tramo de este camino nos lleva hasta una elevaci�n desde la que se domina una ciudad que, estando m�s a nuestra vista, va quedando atr�s. En esta elevaci�n se ha construido, en otro tiempo, una cruz �la principal, a decir de muchos-, cuyos trazos son marcados por fluorescentes que se encienden todas las noches, incluso en �sta que est� terminando y que a esa hora de inicio del d�a todav�a permanece encendida. Mientras, un sacerdote cat�lico se prepara a celebrar la misa y un grupo de personas se mantiene en actitud orante.
En sus inmediaciones, diverso grupos de j�venes vinculados, en un porcentaje significativo, a instituciones educativas de la �Juliaca de abajo� �como confirmar�amos m�s tarde- levantan esa ma�ana, con maderos y toldos, kioscos para la posterior venta de comidas.
El camino no se detiene en esa elevaci�n, se proyecta hacia la cumbre siguiendo casi la l�nea divisoria de aguas, pudi�ndose apreciar en sus inmediaciones, en diversos puntos y siempre en l�nea ascendente, peque�as explanadas con unas r�sticas construcciones de cemento, en las cuales, buena parte de los otros d�as del a�o, aparecen diversas cruces de madera, que ya hace d�as fueron retiradas.
Mirando hacia la cruz, sobre la ladera derecha, la que mejor recibe la luz del sol en esta �poca del a�o, se puede apreciar una gran cantidad de personas de diversas edades moviendo piedras y limpiando el terreno. Muchos han estado en esta actividad los tres o cuatro d�as previos y los resultados de la misma se vislumbran ya con claridad: han demarcado caminos y un gran n�mero de peque�os lotes de terrenos, donde, a su vez, han levantado con tierra y piedras de la zona peque�as edificaciones representado casas y fincas.
A esas primeras hora del d�a el trabajo a�n no ha terminado y, mientras algunos limpian y arreglan las construcciones de los d�as anteriores, otros se apresuran a levantar nuevas edificaciones. De esta forma, la �Juliaca de arriba� va tomando forma para recibir a sus moradores.
As�, cerca de las diez de la ma�ana, los cuatro espacios b�sicos en los que se divide esta otra Juliaca, es decir, la zona de las cruces, de los puestos de ventas de mercanc�as, los kioscos de comida y los terrenos de �vivienda� son ya reconocibles claramente.
Del Poblamiento de la Ciudad
El proceso de poblamiento de la ciudad es algo que parece empezar con mucha anticipaci�n. En nuestro sistema temporal, el antecedente inmediato m�s antiguo es la designaci�n, un a�o antes, de las familias (hombre y mujer) que tendr�n a su cargo los ritos de la cruz en esta oportunidad, recibiendo el t�tulo de �alferados�.
Desde su designaci�n, si no desde antes, estas familias se han ido preparando, poniendo en juego muchos aspectos, como su devoci�n, su prestigio, su solvencia econ�mica, etc., todos ellos vinculados a su presente, pero en especial (y de esto la gente est� muy consciente y tiene especial preocupaci�n) a su futuro.
La recta final de la preparaci�n empez� una semana antes, cuando los alferados y un grupo de acompa�antes, devotos, se dirigieron hacia el cerro a recoger sus respectivas cruces. En lo d�as posteriores, �stas fueron pintadas y arregladas, como tambi�n las bases de cemento en el cerro, donde el 3 de mayo volver�an a ser colocadas.
En los d�as que la cruz permanece en la casa de los alferados, en la �Juliaca de abajo�, la vivienda se transforma en una capilla o centro de adoraci�n donde se vela la cruz. Si es necesario, la tienda o el peque�o negocio se cierra, porque las atenciones se dirigen a la cruz y a quienes vienen a rezarle en la novena, la cual, de ser posible, ser� dirigida por una cura o rezador de la localidad. Caf�, licor y comida no deben faltar en estas noches, donde se terminan de ajustar los preparativos.
En muchos casos, asumir la condici�n de alferados va vinculado a la decisi�n de la pareja de �formalizar� su convivencia, o a la nada discreta imposici�n de que ese matrimonio se produzca, si es que quieren que el cura oficie la misa. Es tambi�n oportunidad de bautizo de los hijos menores.
Para el 3 de mayo, en las casas que han velado la cruz, la comida, la bebida y los m�sicos tienen que estar listos a temprana hora de la ma�ana. El camino empieza en peregrinaci�n a la iglesia principal, donde se van reuniendo una a una las cruces, vestidas con sudarios nuevos, con sus alferados, sus m�sicos y dem�s devotos y acompa�antes para o�r la misa solemne.
Hacia la una del d�a, las cruces ya han recorrido el camino del Calvario y est�n siendo colocadas en sus respectivas bases. Las bandas tocan y se percibe la presencia de uno que otro rezador o cura, mientras que las ollas con comida y las cajas de cerveza se van acomodando en las inmediaciones.
No falta la presencia de un pako o yatiri que inicia una ceremonia de pago a la tierra por los favores recibidos.
Aun cuando diversas personas se acercan o circulan entre las cruces, los grupos que se forman alrededor de los alferados son relativamente cerrados. Los curiosos participan de la m�sica, tal vez de alg�n rezo, pero rara vez de la comida o la bebida.
Siguiendo las cruces, si no anticip�ndose a ellas, a esa hora del d�a ya el cerro se encuentra lleno de gente que ha abandonado la �Juliaca de abajo�.
Hacia las once de la ma�ana contamos 237 puestos de ventas de mercader�as en la subida al cerro. Registramos tambi�n 28 kioscos instalados con sus mesas y sillas, listos para ofrecer parrilladas, papas a la huanca�na y, por cierto, cerveza; s�lo uno ofrec�a chica.
Hacia la una del d�a, momento en que llegaron las cruces y sus acompa�antes, los terrenitos, viviendas y fincas localizadas en la ladera del cerro se encuentran �en su gran mayor�a- ocupados por sus �nuevos propietarios�.
Mientras tanto, la migraci�n de la Juliaca de abajo a la Juliaca de arriba contin�a y efectivas masas de gente, de las m�s diversas condiciones sociales de la Juliaca de abajo, se apretujan en el camino a la Juliaca de arriba. En el municipio provincial se ha discutido sobre la conveniencia de hacer un camino de subida y otro de bajada, para ordenar este flujo, pero no se ha adoptado un acuerdo al respecto.
Entre lo M�gico-Religioso y lo L�dico
Las razones para esta migraci�n son mucho m�s profundas de lo que se puede imaginar a primera impresi�n. En su presentaci�n m�s aparente, se trata de un �d�a de descanso� para toda la ciudad, en el cual las motivaciones religiosas de algunos son un pretexto para el esparcimiento de todos; pero, a diferencia de otros feriados, este d�a toma una forma muy espec�fica, y el elemento l�dico domina sobremanera.
Se migra a la Juliaca de arriba para �hacer realidad� una serie de ilusiones y deseos. Se va a buscar arriba lo que se quiere tener en la Juliaca de abajo y no se tiene. Hombres y mujeres, grandes y chicos, se lanzan a este �juego de ilusiones� del que cada vez hablar�n menos como juego y m�s como fe.
El Mercado Inmobiliario
Lograr un sitio para residir en la Juliaca de arriba es muy importante si uno quiere despu�s lograr un sitio en la Juliaca de abajo. Paralelamente, ser�n los que buscan un sitio en la Juliaca de abajo los que se empe�aran primero en buscar uno en la Juliaca de arriba.
Lograr un sitio es una acci�n que est� mediada por el mercado inmobiliario, cosa que tambi�n ocurre en la Juliaca de abajo, de manera mucho m�s extendida de lo que ocurre en otras ciudades del pa�s.
Entre 1986 y 1987, la Juliaca de abajo contaba con �reas de expansi�n identificadas en planos, as� como con obras de urbanizaci�n en curso (principalmente trazado de v�as), como ninguna otra aglomeraci�n urbana del pa�s. A su vez, en la mayor�a de los barrios populares existentes en esa fecha, sus moradores hab�an adquirido mediante compra-venta sus lotes de terrenos y no por invasi�n, como ocurre en otras localidades.
Como hemos visto, para la Juliaca de arriba, las �obras de urbanizaci�n� ya hab�an sido realizadas en los d�as previos, para concluirse apresuradamente esa misma ma�ana. La informaci�n recogida no permite medir exactamente el tama�o de la �oferta inmobiliaria� en la Juliaca de arriba, pero un estimado conservador nos lleva a calcular cerca de 480 los predios ofrecidos. El trabajo de campo se centr� en 48 casos, para los cuales se realizaron entrevistas y seguimiento a lo largo del d�a.
Con la llegada de los �migrantes de la Juliaca de abajo�, los �urbanizadores� de la Juliaca de arriba se transforman en efectivos �corredores inmobiliarios� �actividad que no parece tener un equivalente tan significativo en la Juliaca de abajo-.
Las transacciones se concentran hacia las doce del d�a. Al decir de los compradores entrevistados, la hora es muy importante para que las aspiraciones se cumplan despu�s en la Juliaca de abajo. Saben que esta aspiraci�n, no ser� satisfecha �as� no m�s�. La casa que se busca en la Juliaca de abajo requerir� el esfuerzo familiar de un a�o o tal vez tres, pero el haberla adquirido ac�, en la Juliaca del cerro, dentro de las horas adecuadas, ser� un augurio y est�mulo para lograrlo all�.
Los interesados recorren esta parte del cerro indagando precios y comentando sobre las viviendas que ven y los terrenos que las mismas ocupan. Como en toda ciudad, los hay m�s grandes y m�s chicos, con casa mejor construidas o peor. En el sistema m�trico que aplicamos en la Juliaca de abajo, las dimensiones de los terrenos de la Juliaca de arriba fluct�an entre 1 y 5 m2, pero sus potenciales compradores y sus no menos inquietos vendedores nos muestran, en sus preguntas y respuestas, las inmensidades de estas mansiones: jardines, canchas de bulbito, antena parab�lica, toda una chacra, una vivienda completa de cuatro habitaciones y garaje para varios veh�culos, son parte de las cosas que estas viviendas tienen.
Los compradores observan con cuidado que la vivienda se adecue a sus necesidades y posibilidades, que puedan acomodarse bien all� y quiz�s que tenga espacio para hacer alguna ampliaci�n o construir m�s tarde un edificio moderno.
Los valores de las propiedades se fijan en similares unidades monetarias que en la Juliaca de abajo. As�, los precios se anuncian en millones y, por cierto, var�an seg�n el predio y su localizaci�n. A la hora de cerrar la operaci�n, un billete de baja denominaci�n, como los que se usan todos los d�as del a�o, pasar� de unas manos a otras y todos hablar�n de los �millones pagados�.
A diferencia de la Juliaca de abajo, en esta nueva Juliaca todos son muy cuidadosos de la formalidad. La transacci�n queda registrada en un documento escrito, cuyo formato impreso ha sido previamente comprado en los puestos de mercader�as a la subida del cerro y que hace menci�n a la �Fiesta de las Alacitas de la Sant�sima Cruz�. En el documento se asienta solemnemente el nombre del comprador y el precio pagado por el predio. Un notario certifica la operaci�n y recibe tambi�n el pago de sus respectivos honorarios.
Un brindis cierra toda la operaci�n.
M�s tarde, al regresar a la Juliaca de abajo, el t�tulo quedar� colocado al lado del infaltable Ekeko que, a lo largo del a�o, acompa�a a la familia en su vivienda.
La Vida en la Juliaca de Arriba
La instalaci�n de las familias en sus �nuevas viviendas� sigue un patr�n m�s o menos com�n seg�n los 48 casos para los cuales se hicieron entrevistas y observaci�n m�s en profundidad.
Reconocida y �visitada la propiedad� por todos los integrantes del grupo familiar que han concurrido conjuntamente al cerro, se realiza el rito del �challar� la casa.
Se abre la botella de cerveza y su contenido se comparte simult�neamente entre los adultos participantes y el propio terreno, sobre el cual se vierten con mucho respeto algunos vasos. No faltan algunas oraciones �con mucha fe para que se nos cumpla el deseo�. Si se consigue un rezador o cura para que eche un poco de agua bendita, mejor a�n. Estos sentimientos y pr�cticas m�gico-religiosas est�n presentes aun en los discursos de aquellos que justifican en parte su acci�n como un juego.
Las relaciones con los vecinos se establecen al principio de la jornada y los vasos de cerveza o c�ctel pueden pasar de una casa a otra mientras se realiza la �challa�. Pero, a lo largo del d�a, las relaciones principales ser�n entre padres e hijos al interior de la �nueva vivienda�. Para los casos observados en mayor profundidad, destaca el hecho de la casi total ausencia de j�venes en esta �rea.
Las relaciones observadas entre adultos y ni�os muestran una horizontalidad poco frecuente en el resto del a�o. Ni�os y adultos aportan ideas y sugerencias para hacer mejor la casa y participan casi por igual en su realizaci�n. Pedazos de cactos de los alrededores se convierten en los �perros bravos� que cuidan la propiedad, se arregla la cerca, el estacionamiento y se le hacen otras mejoras.
Los discursos con los que los entrevistados nos describieron lo que conten�a y hab�an puesto en �su propiedad� muestran una efectiva apropiaci�n f�sica y simb�lica de la misma. En el correr del d�a, �se ser� su centro de referencia. Desde all� se desplazar�n a comprar comida o cerveza, a raer oras cosas para sus viviendas. Los ni�os �podr�n salir� y saben adonde deben de volver.
S�lo registramos una operaci�n de reventa en los lotes observados y la mayor parte de las familias no abandonaron sus lugares hasta que lleg� la hora de volver a la Juliaca de abajo, al final de la tarde. En varios de los casos, una peque�a piedrita de la casa de la Juliaca de arriba iba con ellos, con la esperanza de que sea la primera piedra de la casa nueva de la Juliaca de abajo.
Los Puntos de Alacitas
Como a las tres o cuatro de la tarde, el n�mero de puestos dedicados a la venta de mercader�as diversas se ha incrementado en un 30% respecto a los 237 que contamos hacia el final de la ma�ana y que tomamos como universo para el levantamiento de informaci�n. Ello sin considerar a los efectivos vendedores ambulantes que, confundidos con la multitud, van ofreciendo sus productos de ac� para all�.
La Juliaca de arriba tiene un dinamismo comercial que parece rebasar con creces al de la Juliaca de abajo, por m�s que �sta sea el principal mercado del departamento.
El t�rmino �alacitas�, con el cual se denomina la mayor parte de las mercader�as que en estos puestos se ofrecen, deriva de la voz aymara para la expresi�n �c�mprame�. Y, en verdad, a eso invitan estas peque�as mercader�as que representan, con una perfecci�n incre�ble, los m�s variados productos que uno pueda imaginar y en especial (porque en esto reside el esp�ritu de la fiesta) desear.
El tama�o de los puestos var�a, pero la mayor parte de ellos (70%) tiene un frente de lote de entre uno y tres metros. A su vez, la gran mayor�a de ellos son atendidos por una sola persona (73%). Dos de cada tres vendedores de alacitas son mujeres y de �stas seis de cada diez son mayores de 25 a�os. La presencia de ni�os en los puestos de venta no es nada despreciable: cerca de uno de cada cinco de los vendedores son menores de quince a�os y, aun cuando en estos rangos de edades la presencia de ni�as es proporcionalmente menor que la observada a nivel de conjunto, sigue siendo mayoritaria. Estos resultados son muy similares a los que se observan en las ferias y paraditas de la Juliaca de abajo.
Con poco m�s de un 10% de los vendedores se llevaron a cabo entrevistas en profundidad. Ocho de cada diez nos comentaron que eran residentes de Juliaca y el resto proced�a principalmente del propio departamento de Puno.
La imagen de que hay un circuito de vendedores especializados es algo que no se puede descartar. El 62.5% de nuestros entrevistados se�al� que hab�an participado antes en estas actividades. Adem�s, dos de cada tres se�alaron expresamente que hab�an adquirido su mercader�a de fabricantes o mayoristas. Si tenemos en cuenta que la venta de alacitas es una pr�ctica que se presenta en diversas localidades de Per� y Bolivia, bien podemos hablar de una industria dedicada a este rubro.
Pero la motivaci�n econ�mica no parece ser la �nica raz�n para dedicarse a la venta de estos productos. Uno de nuestros entrevistados se�al�: �si hay negocio en las alacitas, hay tambi�n trabajo para nosotros; si no hay negocio, no hay cosecha, no hay trabajo, no hay nada�. En alguna medida, la suerte de los pr�ximos 364 d�as del a�o se juega tambi�n en este d�a.
Seg�n las entrevistas aun en la Juliaca de arriba los comerciantes no se escapan del todo a la autoridad del municipio de la Juliaca de abajo. Todos nuestros entrevistados se�alaron que hab�an pagado impuestos al municipio y un 18.8% declar� que incluso el sitio lo hab�an conseguido mediante esta instituci�n.
Las Alacitas
El an�lisis sobre productos ofrecidos no fue una tarea f�cil, dada la diversidad de los mismos. Los productos fueron clasificados en 17 �tems. 13 corresponden a alacitas en el sentido m�s estricto y se relacionan con giros tales como: abarrotes, ropa, electrodom�sticos, viviendas y edificios, materiales de construcci�n, t�tulos y documentos, etc. Los cuatro restantes incluyen: ekekos, artesan�as de arcilla y otros objetos religiosos, todos ellos los podemos vincular con la fiesta y sus simbolismo, y puestos de venta de �no alacitas�
El cuadro siguiente nos muestra las alacitas que m�s se ofertaban en los puestos fijos. Adem�s, �billetes� de los m�s diversos tipos y denominaciones eran parte de la oferta de muchos de los puestos, pero, en especial, de los ambulantes (como los �cambistas� de cualquiera de nuestras ciudades).
GIRO % (*)
Casas y edificios 35.4
Productos alimenticios 26.6
Veh�culos automotores 22.4
Herramientas e instrumentos de trabajo 21.5
Artefactos para el hogar 13.1
(*) Respuestas m�ltiples. N� 237
La informaci�n recogida muestra que la distribuci�n espacial de los puestos de alacitas, seg�n �giro principal del negocio�, presenta tendencias a una especializaci�n espacial, como ocurre con el comercio de casi cualquiera de nuestras ciudades.
Explorando las Aspiraciones
El saber qu� se ofrece no es igual a saber qu� se compra, ni menos qui�nes y por qu�. La informaci�n recogida a este respecto en el marco de la fiesta no es lo suficientemente representativa, pero de ella surgen algunos puntos que vale la pena destacar.
La apreciaci�n de nuestros diversos entrevistados (hombres y mujeres adultos de diversa condici�n social) pone �nfasis en razones de fe y de tradici�n. Expresiones como las siguientes, adem�s de frecuentes, son ilustrativas de las motivaciones: �si uno compra esto puede llegar a comprar la verdadera cocina que es grande�. �Es bonito� hoy d�a hay que tener confianza en este cerro, por este motivo estamos comprando�. Aun en aquellos discursos que m�s resaltaban la dimensi�n l�dica de su acci�n, se pueden encontrar rasgos de una fe en la alacita, el Ekeko, el cerro o la cruz.
Las alacitas son talismanes, comunican una suerte, un poder sobrenatural al que las posee. Pero, para ejercer ese poder, para tener esa suerte, se requiere de un esfuerzo especial por parte de su poseedor. No basta tenerlo en la mano, ni decir en voz alta qu� se desea para lograrlo; en ese sentido no son �varitas m�gicas�. Los compradores de los terrenitos o �calvarios�, como se les denomina en la tradici�n boliviana, as� como los que compraban casa o edificios en los puestos de alacitas, nos hablaban del esfuerzo que tendr�an que hacer en el tiempo venidero para tener esa vivienda que deseaban. Al volver a la casa en la Juliaca de abajo, la alacita puesta al lado del Ekeko les recordar� cada d�a ese deseo, les dir� desde donde est�: cons�gueme, �comprame�.
Uno de los objetos sin duda m�s buscado era la vivienda, tanto la unifamiliar como los edificios. Las que se ofrec�an en los puestos de alacitas y que, a decir de sus vendedores (y compradores), correspond�an con la preferidas por el p�blico eran los cl�sicos �chalets�, con un patr�n constructivo que se asocia inmediatamente a las clases medias y altas lime�as o arequipe�as, que nada o poco tienen que ver con lo que en la ciudad de Juliaca se encuentra o se requiere. La demanda por edificios no era menos significativa y los que se ofrec�an bien pod�an ser la maqueta de un edificio del residencial distrito lime�o de Miraflores.
De acuerdo a las entrevistas efectuadas, la compra de alacitas de abarrotes, alimentos, art�culos de limpieza y similares ten�a menos que ver con la estrechez econ�mica de las familias que con el deseo de �tener una tienda bien abastecida�.
En una ciudad con el dinamismo comercial de Juliaca no deja de llamar la atenci�n que la educaci�n siga siendo vista como un terreno de aspiraciones importantes. No faltaron compradores �j�venes principalmente- para t�tulos de ingenieros, abogados y otras de las m�ltiples profesiones que ofrecen las universidades del Altiplano. Para nuestro pesar, no encontramos un t�tulo de soci�logo o antrop�logo.
Veh�culos automotores y licencias de conductores profesionales eran objetos codiciados por no pocos varones. Entre los preferidos: �un (cami�n) Volvo para hace negocio�.
Mirando lo que ofrec�an los puestos de alacitas, muchos se deten�an en los �boletos de avi�n�. Los hab�a de todas la l�neas a�reas: Aeroper�, Lloyd, Lan Chile, pero entre los m�s buscados estaban los de las l�neas a�reas americanas o europeas.
Pero de todas las cosas deseadas y buscadas, la que, al parecer, nadie estuvo dispuesto a dejar pasar fueron los billetes y dentro de �stos, los preferidos por todos fueron los d�lares, en especial aquellos de cien d�lares con la imagen de la virgen de Urcupi�a o, mejor a�n, unos grandes billetones de �one thousand dollars�, donde la imagen de la virgen iba acompa�ada de la de Ekeko, �dios de la abundancia�, cargado de harina, az�car, pero tambi�n de auto, casa, televisor, charango, equipo de sonido�
El Ekeko
La literatura disponible sobre el Ekeko nos habla de sus ra�ces precolombinas, como una suerte de divinidad menor, de figura antropomorfa, jorobada y prominente miembro viril, vinculado a la abundancia y la fertilidad. Al parecer, esta condici�n de �divinidad menor� o, m�s precisamente, talism�n antropomorfo, favoreci� para que fuese tratado como superstici�n y no como idolatr�a her�tica, facilitando su supervivencia frente a las persecuciones que otras deidades sufrieron.
Sin embargo, seg�n dicen, para hacer esta supervivencia, el Ekeko tuvo que cambiar su figura, adoptando aquella con la cual ha llegado a nuestros d�as, como la reflejada en ese billete de �one thousand dollars�: la de un hombre gordo, de tez blanca, rojos cachetes, sonriente expresi�n y pinta de mercachifle.
La tradici�n oral aymara de la zona comprendida entre Yunguyo y Chucuito, seg�n la recopilaci�n hecha por V�ctor Ochoa y publicada a mediados de los 70, habla de �un hombre bajo y gordito enviado de Dios� realizaba toda clase de milagros, andaba por los pueblos aymaras ense�ando las buenas costumbres� que vivan unidos� siempre caminaba alegre, sonriente, ense��ndoles amor, alegr�a� cuando se iba a�oraban su presencia� se hicieron im�genes suyas y le pon�an productos de la chacra y figuras de animalitos para que Ekeko pudiera bendecirles con v�veres o animales�.
Nuestros entrevistados no se cansaron de repetirnos: �el Ekeko tiene que ser regalado o robado, comprado no vale�. Tal vez ello explique por qu� s�lo un 4% de los puestos estaban dedicados principalmente a la venta de estatuillas de este singular personaje, cuya presencia, sin embargo, parec�a inspirar la acci�n de todos.
Lo que en el hoy de la fiesta es claro es el hecho que el Ekeko sigue estando asociado a la alegr�a y a la abundancia, al deseo profundo de tenerlas y al esfuerzo que demanda lograrlas. Y, como lo se�ala un peri�dico pune�o: �quien lo tiene podr� fiarse de �l como un excelente amuleto para lograr lo que se quiere�. Pero siempre que, como se�ala el mismo diario, no se olvide que �el Ekeko se va con quien necesita amor, un poco de alegr�a y mucho de esperanza� el hombrecillo es burl�n y suele irse risue�amente cuando quiere�.
Han pasado diez a�os y, si bien sentimos la curiosidad de volver a ella para conocerla mejor e indagar sus cambios, de una cosa estamos seguros: la �Juliaca de arriba� seguir� siendo uno de esos t�neles m�gicos a trav�s del cual los hombres y mujeres del Altiplano mantendr�n en contacto elementos rec�ndidos del pasado con el futuro incierto marcado por la globalizaci�n y el mercado.
�QU� BUSCA EL CIUDADANO SOLICITANTE DE LA VACANCIA DE UN ALCALDE?
La pregunta surge a ra�z de algunos t�picos en que rond� la �ltima declaraci�n del abogado Maximo Al� Solaligue Jara sobre el estado de su solicitud de vacancia (*). La misma persigue que David Mamani Paricahua deje de ser alcalde de Juliaca. Dicha solicitud se encuentra en el Jurado Nacional de Elecciones, gracias a que logr� el apoyo de los regidores de oposici�n y solo espera que se dicte pronto la resoluci�n final correspondiente. En esa declaraci�n del 15 de abril, difundido por varios de nuestros noticieros de televisi�n, hace notar que el procedimiento de la vacancia se encamina dudosamente lento.
Aunque siempre dijo que se hab�a recabado todos los antecedentes y requisitos necesarios para que se confirme la vacancia del se�or alcalde. Ahora nos viene afirmando el riesgo de que su solicitud no se llegue a concretar. Porque el alcalde hab�a conseguido dilatar el procedimiento y esto lo habr�a logrado el se�or alcalde pagando ingentes cantidades de dinero en corromper a los se�ores miembros del JNE. El se�or Solaligue Jara cuando habla de esta manera, como si estuviera perdiendo, �supone, acaso, que el se�or alcalde no debi� buscar ejercer su derecho de defensa?
Otra afirmaci�n ha sido la urgencia de juntar dinero para su viaje a la ciudad de Lima. Con esto buscar�a presionar que los miembros del JNE resuelvan lo m�s pronto posible el expediente de su solicitud de vacancia. Record� que en anterior ocasi�n hab�a conseguido impulsar el expediente gracias a que encar� al Secretario General del JNE llam�ndolo corrupto, sino fuera por este hecho su expediente se hubiera archivado. Su viaje s�lo ser�a posible gracias al aporte de los juliaque�os, negando que la misma sea financiada por los regidores de oposici�n. Adem�s, los regidores ya hab�an viajado sin �l. Asimismo, compar� su gasto de pasaje de cincuenta soles con los setecientos que cuesta el del se�or alcalde.
El se�or Solaligue est� llegando a realizar afirmaciones que hacen notar las t�picas tretas de los abogados para mantenernos cautivos como clientes. Primero, instalar la duda en nuestro inconsciente para que sospechemos de la otra parte, sosteniendo como se desv�a el sentido de la ley y la Constituci�n. Segundo, se�alar que el juez es c�mplice de las malas ma�as de la otra parte, todo para quedar como un palad�n de la justicia enfrentando las vicisitudes de un entorno corrupto. Y por �ltimo, derivar nuestra frustraci�n por el fracaso para culpar de su ineptitud, como abogado defensor, a la otra parte.
Creo que no deber�a andar declarando, muy suelto de lengua, cualquier clase de afirmaci�n muy lejos de los conocimientos t�cnicos que posee como abogado y dar la sensaci�n de que esconde cierta incompetencia en materia electoral. Puede hacer especularnos que nunca quiso revocar a David Mamani P., pues siempre supo que el expediente de vacancia no prosperar�a, y solo buscaba inclinar las decisiones de �ste para que algunos regidores participaran del manejo econ�mico de nuestro municipio. Por eso, no ser�a extra�o que estuviera asumiendo semejantes declaraciones s�lo para inclinar la opini�n p�blica a su favor y as� concluyamos que David Mamani se qued� como alcalde de muy mala manera.
(*) Aunque no se le oy� mencionar a los dem�s solicitantes, le recordamos que no es el �nico solicitante de la vacancia.
EL SILENCIO DE LOS INOCENTES
Aprender bolero es licenciarse en ret�rica, la ciencia m�s hermosa y menos visitada del lenguaje, Hoy, la mejor forma de guardar un secreto es publicarlo en los libros de ret�rica: nadie los lee -ni siquiera los poetas-. Esto es muy triste. Con la ret�rica ocurre lo mismo que con el dinero: quienes menos la domina son quienes m�s la necesitan. (V�ctor Hurtado Oviedo)
Fuente: CONSEJERO DEL LOBO. A�o 1, N� 4, mayo del 2000, Juliaca, p. 11
Anotamos en un art�culo anterior que Juliaca padec�a de analfabetismo funcional, que se hab�a olvidado de leer y escribir. El �ltimo superviviente de la estirpe de los escribientes, VIcente Benavente, se dedica tan solo a la recopilaci�n de su antigua obra. A la re elaboraci�n -afear tambi�n- de sus versos. �Qu� hay pues, luego de �l?. Ni grupos po�ticos ni sociedades literarias. �Nada hubo entonces?. Tampoco. Varias individualidades pretendieron llenar el vac�o y es bueno registrar los detalles de sus actividades.
Estas opiniones no tienen fines subalternos ni buscan el mal de nadie. No est� guiado por alg�n inter�s mezquino. Tan solo pretendemos plantear los problemas literarios de Juliaca. �Por qu� es improductivo su clase intelectual? �Por qu� no hay ni una obra, ni un libro, ni un poema que se pueda nombrar? �Cu�les son los impedimentos que tiene una ciudad importante para transitar por la senda de la gran literatura?
En los �ltimos a�os, la Asociaci�n Nacional del Escritores y Artistas filial San Rom�n ha sido el epicentro donde convergieron las inquietudes literarias. H�ctor Alfredo Cano C�ceres promovi� varias actividades con dicha instituci�n. Public� un libro de poes�a "VERSOS CONSUMADOS". Pero con ello se consumi� el poeta y el promotor. Hoy desanda las atestadas calles con un borrador bajo el brazo en busca de un editor imposible.
Samuel �lvarez Enr�quez tuvo sacrificada labor, tambi�n al frente de la ANEA. Posee varias publicaciones. Sus obras, lamentablemente pasaron desapercibidas. No se le considera en las �ltimas Antolog�as de Puno. Una lecci�n de que es imprescindible admitir que la intenci�n est�tica y un trabajo verbal eficiente se superponen en el r�gimen condicional de la literatura, a la nobleza del esp�ritu.
En una conversaci�n informal Jos� Paniagua N��ez me dec�a que en juliaca hay entusiasmo pero no literatura. Quiz�s esto se pueda aplicar a todos nosotros, pero con mayor acierto a Percy Zaga Businza y W�lter Bedregal Paz.. El primero, a quien Juliaca, tiene la suerte de cobijarlo, vive de su vieja gloria. No muestra ning�n rejuvenecimiento original como su contempor�neo Omar Aramayo. Querido y respetado profesor de literatura no obstante sus predicados son anacr�nicos.
Walter Bedregal con sus "Hijos de la Lluvia", fue un infatigable promotor cultural y edit� algunas obras menores de otros autores. Se le conoce algunos in�ditos, pero a pesar de los a�os en el oficio no vertebra ninguna obra org�nica. Hoy no aparece ni para recibir la bendici�n de la lluvia.
Poco se puede decir de otros nombres, algunos mayorcitos son diletantes de la literatura, creadores ef�meros, convencidos de merecer anuamente alguna medalla del alcalde. Otros m� j�venes, han sacrificado los dos ojos de la cara para publicar alg�n poemario, quedando sin habla y sin aliento. El que esto escribe pretendi� editar una revista de literatura, fracasando rotundamente, para sumarse en esta pesada atm�fera gregaria y est�ril.
En �stos d�as la ANEA ha ca�do en manos de una banda jur�sica que no da se�ales de vitalidad. Su primera actividad por el d�a del poeta fue una faena est�ril. Por todo eso, seguramente, para el alcalde y los que mandan, los artistas son seres marginales, apenas bichejos inc�modos que piden plata y medallas. No nos consideran ning�n escollo para sus fines.
�Qu� pasa con nosotros? Quiz�s tratamos de considerar la sociedad de los intelectuales ineficaces. De los poetas y poetastros (es dif�cil distinguirnos) sin poemas. Quiz�s nuestras lecturas fueron pocas o r�pidas. Quiz�s no tratamos de escribir literatura, sino de ser literatos como sea. De exhibir una obra y no de lograrla. Si ello fuera cierto, es urgente proponernos seriedad, leer mucho, revisar los textos de los cr�ticos y las teor�as que hablan del oficio literario. las buenas intenciones no lo son todo.
Bien, a pesar de las intenciones, no s� cuanto hice de mal o bien al escribir esto. Dicen que uno no debe escribir como periodista aquello que no puede sostener como pugilista. As� que no me queda sino aguardar, con la pluma o el guante listos. Preferir�a, dada mi desali�ada contextura esperar pluma en ristre (Don Lobo de la Luna verde)