En este blog me he quejado, me quejo y probablemente me seguiré quejando de ese mal (que cuando se te atrasa e impredeciblemente llega se convierte en una bendición) llamado periodo menstrual. Y es que no vamos a negar que, la sola idea de que salgan borbotones de sangre del cáliz de vida que llevamos entre las piernas le quita toda la idea sentimentalista al ya envidiable acto de concepción. Claro, la potestad de ser madres tenía que tener algún costo en esta vida, nada es gratis señores. Y es así que las mujeres nos vemos sometidas a cambios físicos, hormonales, emocionales, y cuántos ales se les ocurra mientras enfrentamos esa etapa mensual, donde el demonio que concebimos en la trompa de falopio muere, literalmente, en un charco de sangre.
A los 10 años conocí a mi hermana, la abogada, segunda hija del primer compromiso de mi papá, 3 años mayor que yo, quien ya menstruaba. En esa misma época, tuve mi primera clase de educación sexual, y mis ideas de que los hijos los regalaba papá noel se cayeron de nariz contra el pavimento para engendrar una de mis ideas más perseverantes: quería "enfermarme", quería ser mujer. Y me pasé dos años enteros echándole al water aceptil rojo, para que, así, pudiera florearle a mi madre y aceptar mi nueva condición de fémina naciente que deja las lindes de la niñez para ser toda una mujer (y yo, claro, sin tener la más mínima idea de lo que eso significaba). Ya la cosa sobrevino a mis 12, cuando media ciudad se enteró que yo menstruaba mientras jugaba un inocente partido de voley con mis cóngeneres, vistiendo un ceñido y bastante claro short BLANCO. La cosa no varió mucho, y, fuera del roche, yo estaba absolutamente feliz de menstruar. Pero, como no todo lo que brilla es oro, esa felicidad se convirtió en angustia total, ya que, pasado ese primer mes del uso de toallas higiénicas (donde, según mi lógica, el pega pega que se supone va adherido a la ropa interior, iba hacia la zona vaginal para que se impregne mejor y no deje escapar sangre), la regla se declaró en huelga y no me vino durante los siguientes nueve meses.
Yo estaba recontra palteada. En mi lógica (absolutamente lorna, lo acepto), yo estaba embarazada. No tenía en cuenta que para un embarazo era necesario una relación sexual, un implante in vitro, o, por lo menos, haber tenido contacto alguno, directo o indirecto, con esperma, cosa que hasta ese momento no había sucedido. Sólo me fijaba en el hecho de que la regla brillaba por su ausencia y que los meses se incrementaban. Mis hermanas mayores, con quienes ya vivía, se divertían con mi innecesario trauma y, tras darme la explicación respectiva (a la que yo, tontamente, no le hacía caso) se reían a cuesta mía. Es así que, pasados esos nueve meses en los que mentalmente me preparaba para ser madre (no se preocupe señor(a)(ita) lector(a), que yo misma me doy entre risa y cólera por lo LORNAZA que fui al creer eso), volví a menstruar sin darme cuenta, con otra reacción: no podía caminar. Fue en mi clase de educación física, nos tocaba atletismo. Hicimos los benditos 400 metros planos, y todo normal, corrí, salté, jugué, como si conmigo no fuese la cosa. Ya, al llegar a casa y desvestirme para el duchazo respectivo, me di cuenta que mi ropa interior presentaba nuevamente esa mancha roja, medio pastosa, que sobreviene el día previo al periodo menstrual. Y fue así que, inmediatamente, luego de sentir paz, una paz subconsciente, empecé a sentir un fuerte dolor en las piernas, terminé de ducharme con las justas, me eché en la cama, y quedé inmovilizada durante la semana siguiente debido a los fuertes cólicos menstruales que presentaba. Es así que nos trasladamos a mi primera vez con un ginecólogo.
Este tío en cuestión, amigo de mi familia, era el ginecólogo de mi mamá, y era un señor al que yo veía con suma frecuencia los fines de semana cuando mi viejo hacía deporte. Jamás olvidaré la cara que puso cuando tuve que explicarle mi convicción certeza de que estaba embarazada, de mi primera vez con una toalla higiénica, de mis dolores, de mi dificultad para caminar, etc. Me hicieron mi primera ecografía, ésa en la que debes tomar harta agua para que la vejiga se te infle como un globo y se vuelva un espejo para que el gel ultrasónico le permita al probe ver todo el aparato reproductor femenino a nivel interno. Para mí esa fue toda una experiencia religiosa. Resultó que a veces es normal que "la primera vez" la regla se ausente algunos meses. Pero lo anormal era mi dolor tan intenso. Aprendí lo que era el ovario poliquístico, la herencia genética y toda esa gracia por la que mi madre me estuvo cuidando las trompas de falopio durante una buena parte de mi adolescencia, hasta que me volví regular y mis cólicos menstruales se resumieron a una muy ligera dificultad para caminar (me dolían hasta las pestañas pero de una forma muy sutil, como un resentimiento). Hasta allí todo normal, ya que alteraciones anímicas no existían, y yo estaba feliz de no sentirlas.
Ya después de mi primera relación sexual la cosa cambió, porque yo no me enfermaba. Claro, tuve relaciones sin cuidarme. Estaba tan pero tan asustada que tuve lo que se llama embarazo psicológico. Y cuando, a los dos meses me sobrevino la regla, fui la mujer más feliz del planeta. Amé a las toallas higiénicas. Amé mis cólicos menstruales. Amaba la vida, a la especie humana. Haz el amor y no la guerra, etc. Peeeeeeeeeeeeeeeeero, y viene el gran pero, me volví nuevamente irregular. Y es así que, de repente, empecé a sentir mucho dolor en los pezones. Pero no es un dolor cualquiera. Es como si el solo contacto con el brasière causara una sensación de fastidio tal, que termina convirtiéndose en un dolor especial, que sólo sucede en estas épocas y en esas zonas. De repente hasta el volar de una mosca me ponía sensible, sentía más frío, y descubrí que las toallas higiénicas empezaban a escaldarme. O sea, esto de la menstruación volvía a joderme la poca paciencia con la que contaba (y aún cuento). Seguí con mi tratamiento con pastillas, me volví regular, hasta que menstrué, y no paré de menstruar por 20 días, tenía como una especie de hemorragia, y la sensibilidad corporal y emocional era tan intensa que yo misma me conduje, faltando al trabajo, hacia la Maison de Santé, donde estoy asegurada, para ver en qué andaban mis ovarios, demasiado rebeldes, que me causaban ese malestar. Y esa fue mi primera vez con una ecografía intravaginal.
La experiencia fue algo rara, ya que tenía al ecógrafo con un falo de plástico (se entiende que es un probe en forma de falo), al que le colocaron un condón y el que ingresó al canal de donde saldrán mis hijos, para girar y moverse mientras se captaban las señales que darían vida a la imagen que iría donde mi ginecólogo. No sentí placer, pero tampoco me desagradó, digamos que fue en término medio. Yo, absolutamente nerviosa, fui a mi consulta y me enteré que tenía un ensanchamiento en el endometrio y algunas gracias más, debido a mi ovario llenecito de quistes y toda la gracia. Motivo por el cual debía tomar unas pastillas que me volverían regular durante tres meses y que no eran anticonceptivas y toda la nota. Bueno, una vez más, volví a mi lucha y sentí más desagrado por la regla. Es que a mí, particularmente, no me gusta el olor que despide (porque es sangre malograda, que indica que ya terminó tu etapa mensual de fertilidad), no me gustan los coagulitos, no me gustan ni los tampones, ni las toallas higiénicas, no me gusta nada de lo referido al periodo menstrual, saaaaaaaaaaaaalvo, algo que descubrí luego de tomar mis últimas pastillitas: el incremento de mi apetito sexual.
Y sí, durante la regla entro en celo. Tengo unas ganas increíbles de tener wild sex absolutamente alucinantes. Claro, mi pareja está más feliz que nunca, ya que me vuelvo sugestiva, más coqueta que de costumbre, seduzco, provoco, qué se yo, pero tengo el título de "Cómeme cuando, donde, durante y por donde quieras" pegado en la frente. Como efecto contraproducente, a eso le sigue una etapa de abstinencia sexual de 10 a 15 días donde el sexo no tiene ningún tipo de significado para mi persona.
Y es así que termino envidiando a aquellas dichosas féminas a quienes el periodo menstrual no les afecta. En lo que a mí concierne estoy contenta, porque se acabo mi etapa mensual de fastidio, sensibilidad, sufrimiento, y bueno, sexualmente hablando también soy feliz.
Tengo una amiga blogger, que se hizo mi amiga no por ser blogger, sino porque conocí a su ex que era blogger (y aquí todos nos sentamos a conversar sobre la cadena de amigos blogger and non-blogger que hemos construido), que desde hace algún tiempo asiste al Golds Gym con suma frecuencia. María Isabel, a quien no veo hace mucho tiempo-dicho sea de paso-, siempre me hablaba de los beneficios de ejercitarse diariamente, del amor que sentía (e imagino siente) por la salud física que ha adquirido y, valor agregado, el gusto que sentía por compartir dicha felicidad con su adorado Roberto, su nueva pareja, a quien tengo el gusto de conocer y quien me cae excelentemente bien (Ya saben, como es blogger, porsi, si lee este post, tengo que quedar bien, pe, pensando varón(a)).
La gracia es que, varios añitos después, le hice caso a María y me he inscrito en el Golds Gym que está cerca de mi casa para ejercitar mis alicaídos músculos y buscar mi look del verano. No es una novedad señor lector que esta autora tuvo, tiene (y probablemente tendrá) problemas en lo referido a su peso. Recapitulemos. Toda mi vida he tenido exceso de peso. Absolutamente toda. En algunas etapas de mi vida fui "la gordita", en otras fui "la obesa" y así fui oscilando entre pez globo y ballena azul, hasta que el 2007 me achoré y bajé todos los kilos que tenía encima (40), con la mala suerte (y digo mala suerte para alivianarme la culpa) de volverme anoréxica.
¿Se imaginan? Una persona que asimilaba hasta el aire que respiraba se volvió anoréxica. El asunto es que, ya a finales de 2007, subiéndome al micro que me traía de regreso a casa, cuando aún trabajaba en Barranco, me desvanecí ya que mi novedoso menudo cuerpo no tenía fuerzas para soportar que mis 55 kilos se subieran a ese carro. Sobrevino el escándalo familiar, recién reparamos en que yo casi ni comía y empezó una nueva etapa de mi vida en la que, por primera vez, debía recuperar peso, porque si bien es cierto mi peso era "ideal" para mi 1.60, mi nivel de masa corporal en el cuerpo estaba tan por debajo del ideal que mi endocrinólogo y mi nutricionista casi me botan a patadas de la clínica por tal negligencia mía. Ahora, 7 meses después, la traductora se encuentra con diez miserables kilos demás. ¿Cómo se traduce eso? Cachetes, algo de papada, panza (impresionante), brazos, piernas, manos, dedos, todo me ha subido, obviamente hay ropa que ya no me puedo poner y me siento morir, porque, si bien es cierto ahora ya aprendí nuevamente a comer, A NADIE LE GUSTAN 10 KILOS DEMÁS, menos a una ex gordota, potencial gordita como yo (le dije señor(a)(ita) lector(a) que yo tengo traumas con mi peso). En tal sentido, decidí matricularme en el gimnasio y estacionar todos mis kilos excesivos en una bicicleta estacionaria para dar rienda suelta a mis bajos instintos en el Cycling.
La cuestión es muy simple: entras a un ambiente especial en el que hay cerca de 34 bicicletas. Previo a ello, debido a la alta demanda de la clase, debes inscribirte media hora antes, lo que me lleva a hacer media hora de "rutina" (algunos ejercicios con pesas) antes de entregarme a mi entrenador de turno (bien chuchumeco sonó eso). Terminada la clase anterior vas y te acomodas en la bicicleta seleccionada. Acomodas el timón y el asiento a la altura y distancia que se acomoden mejor a tu cuerpo. La gente va llegando, chicas en su mayoría, y van conversando, todas lindis ellas, del carro, de los hijos, del suplemento vitamínico, de las amigas, de la que perdió peso, de la que engordó, de los nuevos, del poto del profesor, etc. En estas circunstancias, Kat se está peleando por acomodar su asiento lo más cerca al timón que le sea posible ya que su cuerpo no es largo, es como una bolita de causa, de esas que sirven en los aperitivos, por ello, los brazos los tiene cortos y al parecer la bicicleta de cycling está hecha para las curvas perfectas y cuerpos espigados (¿por qué nadie piensa en que la mayor parte de la población en el Perú es chata y de brazos cortos?). En fin, el(la) instructor(a) entra y frenéticamente te alienta con sus gritos de ímpetu, su música frenética (que oscila desde un buen reggaetón hasta la versión hiper mega tranz de Noelia) y te pide que hagas 10 minutos de calentamiento. En ese instante todas las lindis se miran en el señor espejo que tienen delante de ellas, y empiezan a quitarse las prendas (claro, como las condenadas no tienen nada que quemar ni bajar pueden darse ese lujo, mientras la traductora se queda con la chompa, el buzo y todo encima para que sude todo lo que pueda), y es allí donde comienza el desfile de perfección corporal. No vamos a negarlo, el 90% de las que asisten a las clases random que voy (ya que voy en distintos horarios) tienen un señor cuerpazo. De hecho que me mandé mi chequeada. O sea, es llamativo. Unas cinturas sin nada de grasa, unas caderas que se ven perfectas cuando se sientan en esa bicicleta, brazos duritos, (malditas desgraciadas), y, como saben lo que tienen, lo lucen en diminutas prendas que más parecen pezoneras con pequeños shorts que nada tienen que ver con el invierno que hoy nos aqueja. También están las de mi gremio (o sea las que si, caballero, deben sudar y bajar esos rollos que tanto molestan) y las tías (y digo tías porque se nota que son señoras que pasan los 50) que tienen más físico que toda la clase junta. La algarabia comienza y el instructor, luego de que nuestros músculos ya están aptos para el ejercicio, nos pide que nos paremos y le aumentemos puntos tras puntos de cadencia, jugando con la resistencia, con quemar grasas, con llevarte hasta el límite. Y todo se vuelve una competencia frenética, donde, si paras, te jodiste. Las piernas dejan de funcionarte, el cuerpo sale de sí y no te responde. Te paras, te sientas, a veces no puedes y ves como la tía del costado está feliz y campante, como si con ella no fuera la cosa. No señor, no es justo, ahora te me esfuerzas. Y sigues, sigues, sigues, en esa orgía de esfuerzos, en esa lluvia de sudor y jadeos, y toda la clase entra el éxtasis, el trance, el reggaetón, la salsa, los merengues, todo incrementa su volumen, se bajan todas las luces, "en la oscuridad es mejor", y te esfuerzas, tu rostro muestra esa expresión de dolor que manifiesta que tus músculos están chambeando, que tu grasa se está yendo, que tu ritmo cardiaco está aceleradísimo y que a pesar de tus 10 kilos demás puedes hacerlo al mismo ritmo que la flaca del costado, regia ella, que sonríe como para foto benneton (o como se escriba) o momento kodak. Miras el reloj y el tiempo es inclemente, casi no avanza, tus fuerzas ya no dan, te piden que te sientes, que bajes resistencia, que te hidrates y te seques el rostro sudoso, todo rojo, cual gallo hervido, que muestra los embates de tu esfuerzo. La rutina se reinicia y ahora hablamos de resistencia, le das todos los puntos habidos y por haber (dícese del acto de girar la vaina esa que hace que el pedalear resulte muy difícil), te piden que pedalees sentado(a), es más difícil, deseas pararte, ahora resulta que hacerlo parado es más fácil, pero no puedes, no es la instrucción, debes seguir, piensas en renunciar, ves a tu alrededor, las bonitas de cuerpo espectacular lucen cansadas, punto a tu favor piensas, miras a las de tu gremio, están a punto de desfallecer, y miras a las tías, quienes lucen más fresh que nunca, incrementando cadencia y no se qué nota más, como si con ellas no fuera la cosa. Y te picas (porque pecas de picón(a)) y sigues, terminas tu rutina, te sientes morir, sudas por todo el gimnasio, bendito sea el reloj que indica que la clase está por acabar...la gente empieza a desertar, el ambiente se vuelve menos tenso, tus piernas casi ni funcionan, el cuerpo no te responde, increíblemente tienes sueño, te bajas de la bicicleta y notas que, con las justas, logras mantenerte en pie, sales del lugar con mucha dificultad, pensando en regresar a casa, darte un buen duchazo y recuperar el aliento mientras te pones en modo automático para, por lo menos, dejar el gimnasio con dignidad, y al salir, ves a las tías, esas cincuentonas, cargar pesas de 50 kilos para arriba, como si recién llegaran al lugar para iniciar su rutina.
Después de muchas lunas desempolvo este blog y, a sabiendas de que mis geniales ideas para postear se han ido de vacaciones, entré al Statcounter para ver de qué forma la gente googleadora llegó a mi blog. Siempre he dicho que escribo huevadas (y por ende usted señor lector lee huevadas), pero eso no justifica que me busquen de las siguientes formas:
- Circulación vehicular en la Avenida Bolognesi en Barranco.- Yo te recomiendo que, en vez de leer mi blog, escuches radioprogramas o veas noticieros.
- Mi primera vez en el espacio: Esto puede entenderse como "La primera vez que lo hiciste en el espacio" (para lo que asumo que tienes harta plata o eres astronauta. Ya, ok. Seamos realistas. Fumas de la buena), "tu primera vez en el (ciber) espacio (¿sangraste?), entre otras más originales.
- Amas a otra, pero yo quiero serte infiel: No entiendo como puede haber gente tan pero tan estúpida que googlee estas cosas. (Lo más estúpido es que llegan a mi blog así).
- Mi mensaje para ti que ahora te has ido: Have you got an e-mail?
- Picazón en la punta del pezón: Mi mejor consejo para esos casos es "RÁSCATE". Créeme que lo disfrutarás.
- La regla me llega antes: Y eso es mejor a que se te atrase.
- Que carro tomar de Ate a Plaza Vea de Cortijo: Chochera, lamento decirte que NO LO SÉ.
- Para que sirven los jugos sin azúcar: ¿Para qué crees? Para construir edificios.
- Salsa el mundo sigue sumundo y llo adorándote:Speechless. Tanta burrada junta no tiene precio.
- Como no tener remordimientos cuando se es infiel: No tengas sangre fría en la cara y listo. Aunque para ser infiel hay que ser bien motherfucker.
- Quién sabe como se llama 'la película de un niño que es quemado por su padre y que siempre daba en tnp': Lo peor sería que este chochera siga pegado a su monitor esperando que el CPU le dé la respuesta.
- Anoche comprendí: Sí, anoche te fumaste un wiro y viste "la luz".
- Manchar sin estar con la regla: Asqueroso(a).
- Cuánto se demora la picazón de zancudo: Puta, no sé 'on.
- Una señora embarazada siendo virgen: wtf?
- Porque mi cuy tiene la panza a un lado: ¡¿?!
- Por qué cuando estoy reglando mi rostro se ve feo qué hago: Cómprate un espejo, págate una cirugía, consíguete una bolsa de papel, póntela en la cabeza y no te mientas a ti misma.
Venía de cancelar mi ya alicaído servicio de cablenet en el local central de cablemágico, cuando decidí cruzar para tomar micro al frente, total, era temprano y no tenía apuro (ni dinero) como para llegar rápido a casa (entiéndase taxi). El asunto es que junto a mí subieron 4 escolares, dos de ellos hermanitos, que, como yo, iban tambaléandose parados en las columnas de los ya atiborrados micros verdes conocidos como "La 1" que viajan hasta canta callao y que pasan por la esquina de mi casa en Lima 33. A medio camino (y mientras yo pensaba en mi viejito y el resultado de sus tomografías) el asiento que estaba delante mío se desocupó y decidí cedércelos al piojito de unos 5 años que tenía delante mío que iría sobre las faldas de su hermanita de aprox 9, que intentaba no caerse mientras que con una mano sostenía las rocas que ambos llaman mochilas, y con la otra intentaba sujetarse del respaldar de un asiento. Al rato, sube una señora de aproximadamente 35-40 años de edad, toda fresh ella. No, no era pituca (porque hasta las que tienen ínfulas de pitucas se suben a micros)(claro, oliendo a imitación barata de givonshi aka givenchi)(Pronunciación francesa "pé"). Era una tía plebeya, como la autora de este blog, que aprovecho que pasaba este carro y lo tomó (porque es del tipo de micros que pasa cuando san pedro baja el dedo, y, por consecuencia, siempre está lleno.). Al pasar la sra cobradora con los boletos, la tía empezó a quejarse diciendo que ella merecía ir sentada porque pagaba un sol y esos niños cada uno 0.40. Eso me molestó. O sea, ¿qué diablos se habrá creído la tía esa para criticar que esos niños paguen cuarenta céntimos de pasaje - normados por ley? ¿El que ella pague algunos céntimos más le da derecho a quitarles el asiento a punta de carajazos y gritos únicamente porque ella es señora? (claro, si fueran sus hijos si pensaría la desgraciada esa en que pobrecitos cargan peso y son escolares, muchos micros casi ni los quieren llevar)...
Meh, al final, viejas como esa siempre se encuentran. Exijan sus derechos (potenciales escolares que jamás leerán mi blog). Y ahora que hablamos de pasajes ¿Han notado que el medio pasaje siempre es la mitad del pasaje directo? ¿O sea sólo se benefician los universitarios o estudiantes de institutos que van de polo a polo? Al final, yo creo que los medios pasajes deberían ser por distancias, así como los pasajes normales...al final, la china nunca muere, y yo sigo en mi ley :D
Quiero que me perdones por quebrarme. Ahora que has salido de Lima por unos días, soy un cúmulo de emociones muy fuertes, que salen todas alborotadas y que no puedo controlarlas. Es que intento regalarte la mejor de mis sonrisas y hago que creas que tus esfuerzos por demostrarnos a tus hijos que estás bien no sean en vano. Sé cual es tu verdadero estado. Sé que tú tienes más miedo que todos nosotros. Sé que los problemas en casa, especialmente con mi hermano, te afectan enormemente. Sé, además, que no tenemos un árbol de dinero ni somos los dueños de la maquinita que fabrica billetes en el BCR, y que por eso estás muy preocupado, debido al alto costo que nos implica que te detecten qué es lo que te está matando. También te asustan las irresponsabilidades de mi hermano y la fuerte depresión por la que pasa mi mamá debido a la doble pérdida que ella ha sufrido, sumada a tu estado actual. Ella te cuida mucho, y es porque te ama, y eso te angustia, porque también la ves consumirse. Y sabes que estoy con ella y que soy (o al menos intento ser) su pilar más fuerte, ya que ella es fuerte por ti, porque tú estás cansadito.
Sabes papá? quiero despertar de esta pesadilla. Quiero ser más fuerte. Quiero regalarte más sonrisas y quiero aceptar la voluntad de Dios. Ya no quiero que sufras. Perdona a mi hermano por ser un perfecto idiota. Él está tan dolido como yo y ese dolor lo lleva a ser así. Perdóname todo lo malo que he podido hacer con mi vida, con tu vida, con nuestras vidas. En el fondo sabes que mala persona no soy. Yo ya te he perdonado todo. Yo te amo mucho viejito, pero así, con todititas mis fuerzas. Y aunque no sepas que los demás aspectos de mi vida están hasta el carajo, ya nada importa. Sólo quiero que estés bien. Quiero que dejes de sufrir. Yo te prometo ser más fuerte, y aunque hoy sienta que me estoy yendo a la mierda, mañana te prometo que te voy a dar la mejor de mis sonrisas porque tú, mi mamá y yo nos lo merecemos. Déjame estar allí para ti 2008-06-01T22:26:00.002-05:00
Nuestra relación nunca fue la mejor (y eso que contigo era con quien más congeniaba). Discutimos, me golpeaste, me desmoronaste emocionalmente, te decepcioné, nos rechazamos, nos amamos, y experimentamos una serie de sentimientos bastantes fuertes, imagino que propios de una relación anormal como la que llevamos (y que en teoría debería ser sobrellevable). Lo cierto es que pasó el tiempo y la vida nos vuelve a juntar después de 9 años bajo el mismo techo, pero las circunstancias son distintas: tengo miedo de llegar a casa y que me digan que ya no estás, que te fuiste, que no volverás. Se me han quitado las ganas de todo, y sí, la verdad es que me muero de miedo, tengo mucho miedo de no poder ver tu rostro nuevamente papá...
Por favor, te lo pido por favor, no dejes de luchar, no te vayas de mi lado.
Aquella mañana, Elena empezó a sentir las contracciones propias del parto. Ella, a sus 22 años, estaba algo asustada, pero, cual macha (porque las Elenas también son machas) asumió lo que significaba concebir una vida tan lejos de casa, en un lugar absolutamente extraño para ella, en las circunstancias menos óptimas. Su suegra, con quien se dice siempre tuvo una buena relación, le dijo: "Ok, haremos las cosas a mi manera", y enseguida la mandó a hacer el aseo general de la casa. Elena no comprendía lo que pasaba, pero optó por aquello que reza "el diablo sabe más por viejo..." y enseguida estuvo fregando y refregando pisos, limpiando cuartos, tendiendo camas, descansando muy brevemente, observada por su suegra que algún tipo de sabiduría debía esconder en ese proceder. A la hora del almuerzo le sirvieron un buen caldo de cabeza de cordero y la obligaron a morderse un ajicito verde, pequeñito, de esos que sólo crecen por esos lares, causando un incendio en el interior de su boca que murió en su paladar. "Con eso será suficiente. Ahora descansa. Cuando sientas contracciones me avisas y seguimos".
Elena estaba bastante confundida. A duras penas podía moverse. Vio su reloj. 3:45 de la tarde. Quería dormir. Quería caer en un sueño profundo, quería olvidarse que él estaba lejos de su lado, ganándose algunos centavos para poder darle a esa criatura la calidad de vida que tanto anhelaban...tenía temor, ninguna de esas personas era de su familia, lo sabía...necesitaba a su mamá. Quería ir a sus brazos y correr hacia ella con temor, para abrazarla y compartirle la dicha plena y el gran temor que le causaban el engrendar una vida nueva. No se dio cuenta del momento en el que se quedó profundamente dormida, pero un dolor intenso y agudo en su zona pélvica la hizo reaccionar con un potente alarido que asustó a todos en casa. 7:56 pm. El momento había llegado. Su suegra ingresó con un bolsón en el que metió cosas random: abrigos, alcohol, perfume, ropita de bebé, algodón, linterna (aún nadie termina de entender el por qué de la linterna), su estampita de la Virgen de las Mercedes y unos zapatos. La sentó y la abrigó. La tomó fuertemente de las manos y le dijo "Tienes que confiar en mí. Tu momento ya casi está cerca. Iremos caminando a casa de doña Bety y ella te dirá que más tienes que hacer". No temas que no hace mucho frío y la distancia es corta. Caminaremos despacio y usarás estas pantuflas, será mejor para ti.
Y fue así que se tardaron media hora en recorrer 150 metros. Elena casi no podía ni caminar. Pero no gritaba, ni siquiera se quejaba. Ella supo perfectamente lo que hacía el día que se unió a ese hombre y asumía las consecuencias. Ahora él no podía estar a su lado porque debía trabajar y ella se encontraba en casa de su suegra, donde sabía que no la querían, poniendo su vida y la de su bebe en manos de aquella mujer con tal extraño proceder. Bety las recibió tranquila, a sabiendas de que vendrían. "Las esperaba pasado mañana" dijo "al parecer esta criatura ya quiere nacer". La sentó y la examinó. "Ya casi viene, es mejor apurarnos" exclamó. Elena empezó a asustarse. Sabía que donde estaba no había más que una posta médica donde la atención era escasa debido a la huelga. Tenía frío, tenía pánico, estaba confundida. La recostaron y le volvieron a dar el ají (y fue allí donde aprendió a comerlo). La acomodaron y el resto es historia. Ella pujó y pujó. No lloraba. No hubo epidural. Todo fue natural. Ella era macha y se autoconvenció de eso ese día, y luego de media hora una niña de 3.500 kg vino al mundo en forma de higo, porque era morenita, tenía cabello oscurito, con unos cachetitos totalmente masticables que son, hasta el día de hoy, parte de su estigma. Era un jueves, llovía, y la hora de nacimiento: nueve y cuarenta y cinco de la noche. Y de eso mañana serán 8760 días.
Vieja, a pesar de que seas una patada entre las piernas la mayor parte del tiempo, gracias mil por permitirme existir. Te amo
Empezaste pasándome algunos videos de música. Bueno, seamos sinceros, se los pasaste a medio mundo. Pero decidí verlos porque la buena música siempre se aprecia. Y así fue que me enamoré de Björk y de A Perfect Circle. No recuerdo si fue de tarde, o de noche. Sólo recuerdo que decidimos personalizar nuestras conversaciones, formando un mundito en el que jamás pensamos que nos veríamos envueltos. Me mostraste tu polito verde de Evolución y el de "The Ramones". Charlamos sobre San Miguel, Surco, la gente, los amigos, la familia, los anticuchos, el sushi (aún no entiendo cómo puedes comerlo), sobre la comida mexicana, colombiana, panameña, las borracheras con punto G y triple X. Te conté sobre el gran complejo que tengo con mi peso, sobre mis cachetes, y aprovechaste la ocasión para hacer referencia a mis dedos chiquitos, todos iguales, que según tú son como un filamento de olluquitos (le informo señor que estos olluquitos me son muy útiles). Jugamos tetris (y claro, como siempre olvidé decirte que para esto de los juegos soy pésima) y me sacaste la mugre, luego de renegar porque mi computadora se demoró casi hora y media en actualizar Java y en instalar los componentes necesarios. Luego te bajaste Gb y te creaste una cuenta para jugar conmigo. Y me decías que eras pésimo (claro, y así me ganas en todas las partidas que jugamos, con aciertos míos sui generis que se celebran debido a su inusual presencia). Te burlas de mis peruanismos "pe". Me tomas de punto y me haces reir demasiado con tus sarcasmos. En realidad creo que ni tú ni yo sabemos cómo. Sólo sucedió. De repente nuestras pláticas se tornaron extensas, diarias, interminables, infinitas, deliciosas, divertidas, jocosas. Me enamoré de tus sonrisas, de tus ojos y de tu ya popular boca de pato, que sabes que me encanta. Y me di cuenta que, cuando me miras, me desarmas, me intimidas, permites que toque el cielo con las manos. Y lo más impresionante de todo es que ni te esforzaste. Simplemente sucedió. Y soy consciente del efecto que causas, soy consecuente con las limitaciones y las circunstancias. Si somos honestos no son las más óptimas, pero simplemente sucedieron. Como dices tú, shit happens, so, nos pasó, nos tocó y aquí estamos, vírgenes en estas artes extrañas y llenas de misterio para ambos, creciendo juntos y recordándonos mutuamente lo geniales que somos y que siempre tenemos motivos para sonreir. Me cuidas (y no tienes idea cuánto me fascina eso), te preocupas, te importo y no tienes reparos en demostrarlo. Me envuelves en tu dulzura, me seduces, me impactas, me tomas, me aprisionas y yo te lo permito, porque sé que contigo estoy protegida, porque sé que he cambiado tu mundo, porque tu has innovado el mío y porque juntos somos una fuerza irrefrenable que siempre avanza y destruye todo lo malo que se interpone en nuestro camino.
Llenaste de colores mi corazoncito gris y dibujaste en él un paisaje hermoso donde los protagonistas son mis cachetes y tu boca de pato. Te quiero mucho corazón. No existe palabra que pueda definir eso.
Y aunque sé que Filio no es de tu agrado, la letra es lo mejor...
No tengo mucho que comentar salvo ciertos grados de alcohol, desorden y ningún tipo de aceptación. Finalmenete nada importa. Sólo mis ansias de poder seguir 2008-05-04T04:11:00.001-05:00
Conversaba con mi mamá sobre las implicancias de perder a un ser querido. Recalcábamos cuan difícil es aceptar el que no podremos oír nuevamente tu voz, escuchar tus risas, tocar tus manos, oler tu aroma casi intacto y personal, ver tus ojos, respirar tu aliento...Realmente resulta abrumador. Y no es que la nuestra haya sido una relación perfecta. Valgan verdades, pasamos por una crisis muy dura tú y yo ¿Recuerdas? La primera vez que viniste a visitarme a Lima casi me vuelves loca con tus ideas evangelistas, tus preceptos y conceptos de moral tan fuera de mis lineamientos. En verdad, esa fue la primera y única brecha que marcamos entre nosotros. Cuando la tía Betty estuvo de visita, me contó que fui yo quien hizo que cambies de parecer respecto a mis padres. Yo, al conocerte, al saber de ti, fui directamente a tus brazos y, a mis dos años, me prendí de ti, para no separarme nunca más. Me enamoré de tu rostro, de tus manos y de tus besos. Tú, amaste enseguida mis cachetes de ardilla, mi cabello negro en forma de casco y mis dedos de olluquito. Llevamos una relación estrecha. Los fines de semana se traducían en 48 horas de felicidad plena a tu lado. En tu casa di mi primer beso (fallido intento de jugar a la botella borracha en el único matrimonio que celebramos contigo); en tu casa tuve mi primera decepción; tu casa fue mi refugio, me escondió de todos los traumas y maltratos de los que se veía colmada mi ya estrepitosa niñez; en tu casa se cayó mi primer diente; en tu casa aprendí a amar, valorar y respetar a Dios; en tu casa veía Trampolín a la Fama y la parada militar del 29 de julio; en tu casa fue mi primera despulgada (dicho nacido de mi madre acotando la primera vez que me contagiaron piojos y la jocosa escena que se armó cuando me echaron KEROSENE - idea tuya - para que así se me vaya la peste); en tu casa aprendí a comer esos plátanos verdes tan ricos que me sancochabas; en tu casa pasé miles de apagones causados por el terrorismo que se creía eliminado pero que se sabía aún existía; en tu casa celebré miles de navidades; en tu casa me acomodé para dormir las más ricas siestas en el piso de tu sala; en tu casa me mordió por primera vez un perro (Sultán ¿recuerdas?); en tu casa emprendí la travesía sobre el bosque de aventuras que no era más que un rosedal que cuidaba una de tus hijas; en tu casa tuve mis primeras experiencias de carnaval; en tu casa aprendí a criar pollos; en tu casa aprendí a leer la biblia; en tu casa me enamoré de tu tez canela; en tu casa pasé muchos años nuevos y el día de los enamorados mientras mis viejos disfrutaban de su vida social (como Dios manda, claro); en tu casa terminé de ser niña y me convertí en mujer; en tu casa siempre encontré tu mano amiga para cualquier desesperanza; en tu casa siempre tuve calor de hogar; en tu casa se guardan mis mejores recuerdos de vida; despedirme de tu casa hace 9 años fue difícil porque tú te quedabas en ella y te quedabas con una gran parte de mi vida en ella. Cada que regresaba a tu casa me sentía en un mundo alterno, distinto al que ahora tengo, donde era capaz de encontrar una paz tan deliciosa y desbordante que, cuando debía volver a mi realidad, el corazón se me desgarraba incesantemente para terminar gangrenado y sin ninguna esperanza. Y ahora ya no estás en tu casa, ahora ya no estás en el hospital. Hoy has muerto sin poder decir una sola palabra. Te mató esa angustiosa enfermedad a través de un paro al corazón. Y ahora yo no puedo estar contigo como quisiera, por el maldito feriado y la falta de cupo propia de estas fechas. Todos allá te lloran, te miran, te oran, te aclaman. Mi hermano y yo estamos en casa, silentes y sollozantes, desesperados por no poder estar a tu lado, con la angustia de no llorarte mientras nos cogemos de las manos. Y en algún momento volveré a tu casa. Me pasearé por sus espacios, iré hacia tu cuarto. Y veré tu ropa, tus objetos, esa radio que tanto te gustaba, las fotos que guardabas. Pero no encontraré tu voz, ni tu risa, ni tus quejas, ni tus bromas, ni tus historias, ni nada que pueda relacionarlo contigo. Y te extrañaré y te añoraré más que hoy, más que mañana, más que nunca. Pero tú ya descansas. Y sabes que te extraño y que me haces falta. Y ¿sabes? Fue genial conocerte. Porque tuviste muchos errores en vida, pero supiste enmendarlos conmigo. No fuiste mi padre, no fuiste mi madre, fuiste alguien tan pero tan especial que creo para mí un mundo al que siempre podré acudir cada que tenga miedo, cada que me sienta sola, cada que no sepa que hacer.
Hoy no creo que duerma. Estoy que pienso mucho en ti. Mamá está que llora, mi papá te vio morir. Mi hermano acaba de llegar y tiene el rostro desencajado. Pero nos diste el regalo más grande que un ser querido puede darnos y ése fue el inmenso amor que sentiste por nosotros. Y más que la consanguineidad, tú y yo desarrollamos un vínculo. Tenemos un nexo inquebrantable, que ni la muerte se ha podido llevar consigo. Al final, me he ganado mi propio ángel que estará desde el cielo cuidándome y riéndose, de la misma forma que lo hizo el día que me conoció, en 1986, cuando yo tenía dos años. Te lloro y te lloraré por mucho tiempo. Pero siempre te tendré en mi corazón y en mis pensamientos.
El primer día de este mes, las katz iniciamos un proceso de reconstrucción que ha pasado por muchas etapas y donde el blog jugó el papel de catarsis personal, algunas veces sentimentaloide, otras lleno de ira, y últimamente con recuerdos sobre hechos que me sucedieron de forma jocosa. Y bueno, mal no me ha ido. De cierta forma desahogar cierta parte de mi contexto personal me ha servido mucho. Sin embargo, ahora me encuentro enfrentando una situación bastante bastante difícil. Un ser muy querido, miembro de mi familia, está en estado de coma, a punto de fallecer. Y ese hecho me ha quitado toda la alegría y tranquilidad que he venido desbordando. Las noches se convierten en llantos incesantes e incluso ya ni me llena leer blogs o conversar con la gente (no lo tomen personal, sólo que de verdad no me siento bien).
Tengo mucho más que contarles, tanto que compartir, tanto que decir...quiero que todos ustedes se rían o me escriban que debo conseguir una vida, porque de verdad lo creo, necesito una vida. Sólo que en este preciso momento estoy sumergida en un mundo de mucha tristeza que manejo silente, porque la vida continua y porque el tiempo no se detendrá sólo por mí. Las katz somos machas, lo he dicho infinidades de veces. No obstante, la situación actual nos obliga a tomarnos un descanso. El dolor es muy fuerte señores. Y ya sé, sé lo que se dice en estos casos. No es necesario que lo repitan porque yo lo hago. El que esté triste no me quita el realismo de las cosas. Sólo les pido que me hagan reir con las cosas que me cuentan cuando hablan conmigo, cuando escriben en sus blogs, cuando me mandan correos, cuando me llaman por teléfono. Ahora lo necesito mucho. Quizás no sea el mejor ejemplo de fortaleza en este instante, sólo que, de repente, necesito algún tiempo para adaptarme a que jamás volveré a escuchar esa risa, ver esos ojos, tocar esas manos, recibir esos abrazos que, desde niña, me dieron calor de hogar.
Mil gracias a todos los que se soplaron mi blog casi en su totalidad. Gracias también a aquellos que llegaron por casualidad aquí y que, sin querer, se leyeron toda mi existencia aburrida y abrumadora. Gracias a todos. En verdad aprecio que se tomen la molestia de darse un tiempecito para leerme. Por ello he creado Katilandia, un lugar donde yo soy lo máximo, donde me siento siempre bien, donde todos me quieren, donde nadie se siente mal conmigo, donde puedo corregir los errores que cometo, donde no tengo que buscar a las personas, donde las personas quieren estar a mi lado, donde nadie tiene miedo de quererme, donde nadie me dora la píldora, donde lo único iluso es mi propia existencia. Así que, momentáneamente, mientras recupero las pocas fuerzas que me quedan, cambio y fuera.
¿No les ha pasado que justo en el momento menos adecuado, en el lugar menos indicado, con la(s) persona(s) menos adecuada(s) les ha picado una parte del cuerpo que les ha sido difícil de rascar? O sea, me refiero al tipo de picazón que no puedes soportar, que se vuelve un sufrimiento incesante, del tipo que te dan ganas de coger un trinche y simplemente rascarte, causándote un placer tan delicioso, sólo comparable con el mero y simple hecho de miccionar cuando te has aguantado un buen rato (o lo mismo para defecar) (hell yeah, mis eufemismos rlz). Bueno, eso fue lo que me sucedió hace algún tiempo en una conferencia sobre traductores a la que asistí, en un lujoso hotel de san isidro.
Para ponerlo en contexto estimado amigo blogolector, el círculo de los traductores en el Perú se ha ampliado grandemente en estos últimos años, debido a que tanto las universidades como los institutos ya están formando más profesionales en esta área. Sin embargo, no deja de ser una carrera joven, dominada por los traductores senior, que son quienes muestran más interés por actualizarse y quiénes buscan estar siempre al día en todo lo referido a la carrera, sin necesidad de que un curso o una escuela profesional los obligue (salvo honrosas excepciones). Es así que vienen al país renombrados traductores de distintas áreas a dar ponencias sobre estrategias, técnicas, estilos, etc, etc, etc referidas a mi carrera profesional. Y yo me encontraba en una de esas ponencias rodeada de tías de todas las edades, tamaños y formas, cada una más pituca que la otra, oliendo a esos perfumes dulcetes que se te quedan en la nariz por décadas, tomando notas de los importantes alcances que estábamos recibiendo.
Y es así que, de repente, empecé a sentir picazón en la punta del pezón de mi seno izquierdo. Efectivamente. Al parecer el sostén de encaje que estaba usando me causaba alergia. Chequeé el panorama. El salón estaba lleno. Las dos únicas entradas disponibles se encontraban paralelas al podio del ponente. Atrás habían dos salidas de emergencia cerradas con llave (claro, defensa civil aprueba que en caso de emergencia esas salidas tengan candado -_-), me encontraba sentada al medio de una hilera de 10 asientos repletos de señores, cosa curiosa en el mundo de la traducción peruana, porque la mayoría somos mujeres. La picazón aumentaba, yo ya no sabía qué hacer. Empecé a desesperarme. Centré mi atención en cosas que me distraigan como mi familia, mi enamorado de aquel entonces (Sí, G, el mismo), también traductor, que brillaba por su ausencia, pensaba en el zancudo contorsionista africano, pensé incluso en mi último orgasmo, pero nada, el tiempo corría, yo sudaba, la picazón de miércoles me mataba...pasaron minutos...el tiempo se estiraba....hasta que alguien dijo "es tiempo del coffee break", y en ese momento mi rostro se llenó de pavor.
Así como en el cine, los conciertos, y cuánto lugar exista con masas en el mismo, el baño de mujeres es, siempre, el que más se llena. So, si tomamos en cuenta que en el lugar el 90% eran mujeres (y encima tías), pues debía correr para salir de la desesperación antes de que ellas estacionen sus voluminosos cuerpos y exijan su derecho de "privilegio" por ser tías (y no me van a negar que las mujeres mayores - no todas claro - son las más jodidas, siempre quieren ser atendidas primero en todo como si realmente fueran ancianitas o inválidas, escudándose en la "educación"). Entonces salí disparada de mi asiento, cogiendo mi cartera (plata, documentos y celular, siempre importantes), dejando mis separatas a un lado, empujé a quienes encontré a mi paso, chicas, chicos, señoras, nada me importó. El baño de la sala de conferencias estaba siendo limpiado, así que ni esperé el ascensor. Bajé por las escaleras prácticamente volando hasta llegar al siguiente piso con el siguiente baño. Nada. Otro que estaba en limpieza. Volví a bajar, así hasta llegar del piso 11 al piso 3. No me importaba. Entré al fin al baño. Me metí a uno (claro pes cerré la puerta donde está la taza del inodoro - a.k.a. water). Me quité el abrigo, me saqué la blusa, me saqué el sostén y fui feliz...porque al fin, pude rascarme la teta como Dios manda. He dicho.
La primera vez que me salió un barrito (del que yo tenga registro mental) fue a los 12 años. El bendito cráter apareció justamente en la punta de mi nariz, cual verruga de bruja. Era uno de esos que duelen, de los que se ponen rojitos y no te puedes reventar porque te hacen ver a judas calato, en un jacuzzi, tomándose una rubia bien helena. Se volvió tan grande el el desgraciado que ocupaba toda la puntita de mi nariz, haciendo de mí el punto risible ante la vista y paciencia de cuánta persona se cruzase por mi camino. Yo, por supuesto, andaba absoluta y totalmente incómoda, arrochada (con o señores), palteada, avergonzada, porque mi nariz se volvió parte del circo romano que los adolescentes buscamos crear a fin de sentirnos "más chéveres" que nuestros compañeros. La gracia me duró cerca de un mes. Yo no sabía que hacerle al bendito barro ese. Probé de todo. Me eché pasta dental, mezcla de avena con limón y yogurt, e incluso (sí, mi liberalidad me permite confesarlo) me pasaron la voz que debía colocarle la sangre de mi primer periodo sobre el barrito y dormir así, de manera que al día siguiente, la supuesta erupción disminuyese. Pero mentira. Tanta asquerosidad por las puras huérfanas. Tanto me manoseaba el barrito que terminaba por hacerse tan grande como el krakatoa. Finalmente, una mañana lluviosa, el barro disminuyó, y así comenzó su decadencia en mi rostro, para terminar desapareciendo definitivamente.
En función a esa experiencia desastroza, me volví adicta a reventarme cuanto puntito negro existiese. Me gustaba sacarlos. Creo que hasta cierto placer me producía. Aprendí todas las técnicas habidas y por haber sobre limpieza facial casera. Supe qué esponjas usar. Aprendí todo sobre mascarillas hechas en casa y sobre las que se compran en boutiques, farmacias, catálogos, etc. Me volví una experta aniquilando barritos. Y fue así que pasé mi adolescencia libre de aquellas pestes que infectaban mi ya desfavorecido rostro. Sin embargo, se me presentó otro reto. El barrito que le salió a mi vieja en la nariz. O sea, no era un barro tipo volcan. Era un punto negro bastante metido que no logré sacar sino 3 años después (alucinen, tres años el maldito punto), luego de masacar la nariz de mi madre (a pedido expreso de la misma) por más de 2 horas. O sea la erupción era chiquitita. Pero el bendito punto estaba bien metido, desesperaba. Se volvió todo un reto. Y mi placer al sacarlo fue tal que lo celebré comiéndome (cuando no la cerda) dos bolitas de helado de lúcuma de donofrio (I love it) con galleta de soda (extraña combinación que hasta el día de hoy me fascina).
Mis traumas con las erupciones fueron superados hasta que, al cumplir 19 años, me llené de barritos chiquititos en la mejilla izquierda. O sea, no en el cachete, sino debajo de donde se forman las ojeras (si no se ubican sorry con excuse me pero no sé como graficarlo), eran varios, chiquitos, algunos eran puntos negros, otros barritos amarillitos (de esos que se revientan al toque). Me traumé. No, la guerra de los barros la iba a ganar yo. Y me autointerné en un tratamiento personal por más de 4 meses, en el cual, además de tener el rostro más suave debido a mis constantes saunas faciales, mascarillas, cremas, y demás similares, logré desaparecer cuánto enemigo existiese, disfrutando de su muerte cual mercenaria despiada de estos últimos tiempos. Al final, puntos negros más, puntos negros menos, siempre fui la que ganaba en esta guerra anti-barritos que se presentará en mí por los siglos de los siglos amén. Claro, con la pequeña salvedad que hoy amanecí con un lindo barrito doloroso y rosado, como el de mi "primera vez" en el espacio entre la nariz y los labios (desconozco el nombre papá).
La primera novela que vi (de la que tengo registro mental) es Oshin. La daban en canal 7, cuando era TNP. No recuerdo con exactitud la trama, pero sé que la chinita era más sufrida que Candy. No sé si antes o después de eso vi "La próxima víctima", novela brasilera que, si mal no recuerdo, se trataba de un serial killer que tenía una lista de personas a las que asesinaría. Luego mi inocente y juvenil mente (sí, claro), recuerda novelas como Natacha (la única novela donde Paul Martin podía ser protagonista en vez del cuerazo, papacito y rico de Diego Bertie; donde Carito era gordita, donde Orlando Sacha aún vivía y donde Lorena Caravedo era regordeta -y joven); luego vino Canela (trama sobrio, filmado en Arequipa, o sea me gustó porque Verónica terminó suicidándose por un disparo en la boca). Thalía y sus traumas con las Marías nos trajo de regalo a María Mercedes (la pobre que se vuelve rica, además de ser recontra sweety siempre se queda con el galán), Marimar (novela que nunca vi) y María la del Barrio (Nandito!!). También recuerdo a Torbellino (y su respectivo Boulevard), donde Las hermanas Cayo junto a otras jóvenes actrices se forraban de plata con Iguana Producciones y la estupidez generada en la mente de las masas estudiantiles que las veíamos (me incluyo dears, a veces la media neurona falla). Eso sí, la única novela que veíamos como familia (sí, incluído mi viejo) era "Obsesión" (exacto, la misma donde se mostraban las tetas de la extranjera esa). Eso sí, La chacala, novela que veía en frecuencia latina a las 3 pm, inspiró el nombre de muchas de mis masctos (sabe Dios por qué). La presencia de Anita y su "Ne me quitte Pas" me permitieron conocer a Edit Piaff. Volviendo a las peruanas teníamos a "Milagros", con una actriz de rostro muy delicado y con cara de la buena de la película. Dejé mi etapa novelera por algún tiempo hasta que por alguna extraña razón empecé a ver "La Mujer en el Espejo", sin comprender hasta el día de hoy, cómo yo he sido capaz de ver una novela tan zonza como esa (y el chisme es que como no pude terminar de ver el final lo busqué en youtube). Ésa fue, oficialmente, mi última novela. Claro, luego vino la sra del destino, novela de las chicas de la casa, que tuve que ver a fuerza de males, y que evitaba cada que podía cambiando de canal o cenando a otra hora (porque a la hora de la cena, mi tía es la que manda con el control remoto de la TV del comedor), trama que fue reemplazado por "Cobras y Lagartos" (Isabel estaba más sweety en la novela anterior), novelita que por demás me parece cojuda y a la que le sigo el trama por los avances en los comerciales.
---------------------------------- Sí señores. Hoy he tenido un bajón. Para ya no dar detalles al respecto pues las katz nos hemos prometido cosas que queremos cumplir, intenté darle una óptica diferente a la gracia. Repasé toda mi vida sentimental para ver cuál era la constante, es decir, qué me llevaba a que mis relaciones se conviertan en un fracaso incesante (si claro, la traductora de casi 24 años puede sacar un análisis absolutamente objetivo sobre sus influencias en sus fracasos, sobre todo por su corta edad y por su subjetivismo ampliamente inflamado) (-_-). El asunto es que decidí hacer terapia de películas románticas. Ya les contaré eso después...
Recuerdo que abrí mi primer correo electrónico a mediados de 1998 en yahoo y era minombre_apellidopaterno_apellidomaterno_53@yahoo.com (sí, las katz carecemos de imaginación). Y no es que lo haya creado en mi clase de computación. A nosotros nos enseñaban "Logo Writer", "Word Perfect" y esas cosas. A las justas vi el nacimiento de windows 95 y me costó aprender qué era un sistema operativo o una PC (Ok, también reconozco que nunca fui un mounstruo en computación). Ese año llegó el internet a la ciudad en la que yo vivía. Y recuerdo que la primera cabina que alquilaba este servicio se ubicaba en la cuadra 5 del jirón Raymondi. Aquella tarde fui y alquilé mi primera media hora de internet al "módico" precio de 7 soles. Me demoré todo ese tiempo en crear el bendito correo electrónico. Posterior a ello, alquilé media hora más para averiguar qué más podía hacer "online". Recuerdo que el "cabinero" me dijo: "Srta, ud puede chatear". Toda emocionada pregunté de qué carajos se trataba eso y me explicó la gracia, añadiendo "media hora no le será suficiente". Sin embargo, yo pensé que se trataba de un mero artilugio para poder consumir más de su ya ostentoso servicio. Y el primer chat al que entré fue a Elchat.com (no spams, I know).
La experiencia no me fue agradable. Recuerdo la carita feliz, recuerdo los colores, recuerdo las conversaciones: "Hola amor, hola bebe, de dónde te conectas, tienes enamorado, tienes mail, podemos ser amigos, quieres salir" Varias ventanitas con varias conversaciones que se multiplicaban por el toda la pantalla. Nada interesante. Salí asustada preguntando qué otro medio de chat podía usar y me presentaron al Mirc (old fashion version). Entré, me pareció más interactivo, conversé, me faltó el tiempo (y también el dinero), conseguí algunos contactos y me quité feliz (mi súper vacilón, el haber conversado con personas a través de una computadora en tiempo real). Como el costo del internet no podía ser soportado por mi escolar bolsillo, le entré a la onda de las llamadas telefónicas. Recuerdo que en Uranio TV salía un advertisement sobre "haz amigos por teléfono, entra al phone club" Era un número limeño, uno llamaba y lo contactaban con gente a través de una operadora. La gracia es que así conocí a un patita que vivía (supongo que aún vive) en SJL (años después supe lo que eso era). Con él que se podía conversar de forma interesante (claro, la estudiante de secundaria provinciana y bastante monse iba a tener conversaciones interesantes con un perfecto desconocido cuyo único vacilón era irse de chupeta). Al mes de las llamadas nos mandamos fotos vía serpost. Yo mandé la mía primero y al parecer le gustó. Cuando él me mandó la suya pues descubrí que no quería verme involcrada con una persona que no sólo tenía actitudes sino pinta de ser recién salido de maranguita. Como seguía insistiendo, mi papá cambió de numéro telefónico y listo, asunto solucionado.
Pasaron los años y yo ni rastro del que era mi mail. Aprendí a usar latinchat, starmedia, entre otros servidores de chat nada interesantes de los cuáles nunca obtuve ninguna conversación interesante. Nunca tenía encuentros porque al vivir en provincia no había forma de que se suscitara alguno. Ya al venirme a Lima, pude conocer a mi primer y único "cibernovio". El patita en cuestión me metía floros alucionantes, completamente estúpidos y que, para variar, yo me tragaba. Una de las cosas que me dijo fue "que sus ojos eran muy expresivos". Bueno, llegó el momento de venirse para Lima a estudiar traducción y llegó el momento de conocer al bendito ciber. Me fue a recoger del depa en miraflores. Vi el auto y me gustó. Vi al conductor y me quedé helada. No, no era que no me gustase. Era el trato (de pandillero de barracón) lo que terminó por asustarme. La bendita cita no duró ni cinco minutos y ni rastro de los ojos expresivos. Posterior a ello y debido al intercambio "cosmopolita" causado por mi permanencia en la universidad, me olvidé de los chats, de los encuentros online hasta que, por curiosidad, reinstalé el mirc en mi pc y decidí conectarme una noche a undernet.
Los canales a los que entré fueron Lima y Perú, los típicos. Conocí a algunas personas e inclusive me animé a ir a una "reunión" del canal Lima. No duré mucho en ese servidor puesto que habían demasiados activos buscando pasivos o gente que de frente de pedía matrimonio. La gracia del "irc" era charlar en la sala general con tutilimundi de estupideces a tal punto que te matases de risa por el simple y único gusto de que las neuronas funcionen a 1/4 de su capacidad. Posterior a ello y luego del terrible encuentro que tuve con esos "ircqueros" (demasiado alcohol para mi gusto), entré al servidor dalnet, dónde conocí a todo un grupo de personas (VSPs as me) con las que compartí un año de conversaciones, reuniones, chongos, problemas, risas, es decir, con las que increíblemente se formó una amistad bastante peculiar. Pasados algunos años y luego de que quedásemos 4 personas de un grupo inicial de 8 (viajes, trabajo y algunas relaciones quebradas), dejamos de juntarnos, pero sin perder el contacto, estrechando lazos y coleccionando anécdotas por doquier.
Finalmente, me integré a mi nuevo grupo virtual: los bloggers. Inicié mi primer blog en el 2004 (ahora blog spammer), para luego cambiarlo como unas 4 veces (I mean, el link). La primera reunión blogger a la que fui, fue, particularmente, a inicios del 2005. Me parece que era el cumpleaños de un chiquillo blogger muy querido (cuyo blog ni recuerdo). Fue en el callao, cuando el reggaetón estaba en sus inicios. La fiesta, in fact, no me gustó. Yo quería salir de allí. Lo único que pude hacer fue ponerme a leer Confabulario de Juan José Arreola (altamente recomendado) iluminada por una de las luces que había colocado (misma disco ochentera). Todos tomaban, se juergueaban, y yo, bien nerd, con mis lentes, leyendo mi libro. Mucho chiquillo, mucho reggaetón y kat antisocial. No volví a asistir a una reunión masiva blogger hasta pasados tres años. Eso sí, conocí a algunos bloggers ya de forma independiente, con los cuales mantengo amistad hasta el día de hoy. Ya con el nacimiento de los Blogitzers, la incursión de D96 en la cholósfera, entre otras circunstancias, me incorporé a este nuevo mundo que me permite distraer mi mente leyendo las opiniones, vidas, anécdotas y demás similares de todos aquellos autores que nos acogen muy amablemente en sus casas virtuales (Sí, mi floro bien Candy)
Como verán mi vida virtual no ha sido nada gratificante. No obstante, es, en definitiva, la virtualidad es la forma más entretenida, cómoda e inmediata de "sociabilizar" en tiempo real.
La primera vez que tuve una cita oficial fue a los 14 años. El tipo en cuestión se llama Danilo. Amigo de mi primo hermano Carlos, lo conocí en unas vacaciones que fui a visitar la tierra que me vio nacer. Recuerdo que él tenía 19 en esa época. Como estábamos en la sierra, de cuando en cuando él iba a verme y a conversar conmigo. Una tarde, me invitó a "caminar" por ahí, y estuvimos conversando por horas, mientras dábamos un paseo por ese paisaje absolutamente hermoso, de aire fresco y con olor a eucalipto. Como a golpe de 4 pm, entramos como a una especie de bosque, lleno de riachuelos y árboles pequeños, me cogió de las manos y me metió un señor florazo que mi joven corazoncito de casi quinceañera se tragó por completo. Al hacerme la pregunta de rigor (o sea si quería estar con él) yo lo pensé porque sabía que sólo me quedaban algunas semanas allí. Al final, luego de quedarme callada y según yo "considerar los pro y los contra de la relación" (debo reconocer que a esa edad mi capacidad de raciocinio objetivo era muy pobre, yo era la srta emociones - sí, ya sé, no he cambiado mucho) le dije: "Por favor no me falles". Entonces el patita se acercó, me cogió el rostro y me dio un beso que fue coronado por una leve lluvia serrana que empezó a caer apenas nuestros labios se juntaron. Sí, las katz tuvimos nuestro momento kodak, misma foto bennetton (o como se escriba), por una veintiúnica vez. La contraparte de esto es que al toque me regresé y el tipo "me sacó la vuelta" (que iba a esperar de una relación en la que la única formalidad fue un paseo lleno de floro bien a lo Candy) y bueno, nunca más lo volví a ver.
Yo me prometí no escribirte una carta más. También me prometí no llamarte por tu cumpleaños. Me prometí además intentar y poner todo de mi parte para dejar de amarte. Me prometí también que intentaría olvidarte. Me prometí continuar con mi vida. Me prometí sonreir y hacer de cuenta que esta es la mejor decisión. Me prometí un montón de mentiras e intento creérmelas a diario. Estos días han sido devastadores. ¿Cómo se lo explico al corazón?
Ayer no pude dormir. Hoy cumples años. Hoy daría lo que fuera por estar contigo. Hoy te llamé y conversamos un rato. Te sentí distinto, distante. ¿Acaso sabías que ésa sería nuestra última conversación? ¿Acaso sabías que en cada palabra que pronunciaba se moría mi alma? ¿Acaso alguna corazonada te decía que yo me partía en miles de pedacitos cada que te escuchaba pronunciar palabra alguna? Estoy hecha un desastre. No duermo, no como, estoy demasiado triste. He tenido fiebre, aún la mantengo. Mi alma está enferma. ¿Por qué me cuesta tanto renunciar a ti? Anoche escondí a Yomina y a la tarjeta que vino con ella. Y, a las 4 de la mañana, la saqué de mi clóset y lloré junto a ella, pidiéndole disculpas por haberla guardado, por negarle el espacio que tiene en mi vida. Desde ese momento no la he soltado. Desde ese momento he llorado junto a ella todo. Cuando te llamé la tenía en mis brazos. Le puse su piyama. Coloqué nuevamente la tarjeta en mi billetera. Te amo Alex. Te amo. Y tengo que guardarme todo ese amor dentro de mí. ¿Por qué tengo la maldita convicción de que nos equivocamos? ¿Por qué mi alma me pide que te tome fuertemente de las manos? ¿Por qué? ¿Por qué me siento terriblemente angustiada? ¿Por qué te amo tanto? Yo no quiero alejarme...y hoy cumples años.
Perdóname por hacer esto en silencio. Comprende que mi dolor es sincero. Comprende que no es fácil. ¿Crees que darte la espalda es fácil? ¿Crees que renunciar a una vida contigo es fácil? NO, NO LO ES. No eres testigo de cómo se me parte el alma. Pero no tolero la sola idea de confundirte, o verte asustado. Quiero estrecharte entre mis brazos y decirte que todo está bien. Quiero que vivamos en nuestros munditos. Ojalá tengas razón. Ojalá Dios nos depare algo mejor. Estoy muy triste. Te amo y lucho con todas mis fuerzas por no correr a tus brazos y besarte y entregarme a ti. Debo permanecer en silencio. Si tan sólo pudieras leer mis pensamientos. Si tan sólo te convencieras de que no estoy mintiendo. Si tan sólo pudieras ver más allá de mis sentimientos. Entenderías que el miedo más grande que tengo es perderte o tenerte lejos.
Ya no sé de qué forma decirte que te amo. Y ya no sé qué es lo correcto. Y temo tanto al que me olvides. Le temo a tu reacción cuando te des cuenta que te evito, que no hablaremos más. Creerás que estoy mejor sin ti. Creerás que la vida me sabe a nada y que la nada me sabe bien. Creerás que ya no lloro ni muero por tu recuerdo. Creerás que en mí sólo existen olvidos y desesperanzas. ¿ENTIENDES CUÁNTO ME PREOCUPA LO QUE TÚ PIENSES? ¿Entiendes cuánto me importa lo que tú creas? Muchos me han dicho de todo: Que reaccione, que me dé mi lugar, que haga algo por mí. ENTONCES ´¿ POR QUÉ SIGO CREYENDO QUE COMETO EL ERROR MÁS TRISTE DE TODA MI EXISTENCIA? ¿Por qué el día de hoy no puedo estar a tu lado, robarte miles de besos y decirte que te amo tan sólo con una mirada, mientras me dices lo mismo con cada una de tus jodas? Estoy llorando. Mis lágrimas parecen lluvia cayendo en mi teclado. Me estoy ahogando, ¿entiendes? Me estoy ahogando. Y no sé qué hacer, porque tengo miedo de no volver a saber de ti. Y tú te querrás alejar de mí. Yo te conozco. Creerás que vivo mejor sin ti. ¿Por qué crees esas tonterías? Sigo llorando. Me sigo sintiendo estúpidamente infeliz. Te amo. Te amo y te necesito tanto. Necesito tus besos, tus caricias, tu presencia, tu amor. Te necesito tanto...que no soporto este silencio inerte que destroza mi alma y que no me permite seguir. Ayúdame a encontrar la cura. Ayúdame a creer que estamos equivocados. No puede ser que mi alma me mienta tanto. No quiero imaginar como sería seguir sin ti.
Lo siento Alexito, hoy cumples años y yo aquí, con los ojos nublados, me desahogo en letras para no utilizar palabras quebradas en lamentos. Lloro mucho y tengo el alma destrozada. Yomina sigue a mi lado. Yomina es mi vida. Sólo tú y yo lo entendemos. Yomina es la única testigo de cuánto me está matando tu distancia y mi alejamiento. Ojalá algún día me creas, ojalá algún día me perdones. Ojalá no me odies cuando te dés cuenta de que aún, estando enamorada de ti, debo seguir. Al final, fue el mismo dolor que tuve que aceptar cuando tú decidiste hacer lo mismo. Sólo estoy siguiendo tus pasos.
El trauma más grande de las katz es nuestro peso. Toda nuestra vida hemos sido gorditas, luego hemos sido regordetaas, luego gordísimas, luego rellenitas, pero nunca hemos sido delgadas. Sin embargo, el 2007 se convirtió en el año en el que las katz tuvimos que decirle stop a tanta pérdida de peso porque nuestra salud estaba de por medio. Llegamos a pesar 55 kilos, pero también nos pusimos amarillas, demasiado huesudas, nos desmayábamos a cada rato y teníamos los ojos hundidos. Se nos caía el cabello de forma impresionante y tomábamos cantidades ininmaginables de agua. Se afectó tanto nuestra salud que nos vinieron otros males anexos a tanta descompensación. Como consecuencia las katz debimos de subir de peso de forma inmediata. Y, durante todo el mes de marzo, además de aprender a comer y a dejar de tomar agua, aprendimos a subir de peso. El asunto es la ropa. He subido una talla, pero siento que tengo brazos de tamalera, dos caras (los cachetes pues), llantas de refracción en la panza, espalda de nadadora de selección olímpica y, en resumen, me siento toda una vaca (de las holandesas of course).
El asunto es que al haber sido gordita casi toda mi vida, mis ojos se han acostumbrado a verme gordísima, pelotísima, y soy consciente (por lo que me dicen) que ni siquiera ahora he llegado a ese nivel. Cuando estaba cual hueso y pellejo, me seguía viendo chancha, cerda, pelota. Y no es que tenga algo en contra de las gorditas. Conozco gorditas que son absoluta y extremadamente guapas (ya me parezco al que le gustan las pecas), a las que he envidiado no sólo por su seguridad sino por su forma de vestir. Se ven cueras. Sin embargo yo jamás me vi así, imagino, por mi inseguridad. Sólo lograba ver en mí un mounstruo grasiento con patas que deambulaba por las calles de Barranco. Al final de cuentas, había caído en los brazos de la anorexia mórbida y dejaba que el tiempo pase, excusándome que podía manejarlo correctamente. Ahora, que sé que cuento con kilos en exceso, me preocupa nuevamente descontrolarme y entrar en esa loca pasión de la pérdida de kilos efusiva. De todas maneras, tengo que aceptarme tal cual soy, verme tan ricotona como he intentado verme en estos días, y autoconvencerme (o creérmela, es lo mismo) de que soy una chica guapa, linda, con la que cualquier desfasado (sin un tornillo) quisiera estar.
Y como me dijo Marco hoy en el msn: Los rollitos también son sexys, hay que saber lucirlos.
Por ello, para todos mis lectores (a quienes asumo también les debe faltar un tornillo para que lean mis estupideces) les digo, QUÉ VIVA EL MU
Anoche nos vimos. Empezaste a molestarme con mi trauma de siempre. Me hiciste reir. Te burlas de mí y me haces reir. Te amo tanto por eso. Vimos 27 bodas. Nos pusimos romanticones. Te cogí de la mano y me recosté en tu hombro. Estuvimos así hasta que terminó la película. Luego te acomodé a mi lado y te leí el post que te escribí el domingo. Te declaré nuevamente mi amor. No te observé porque me moría de miedo. ¿No notabas el miedo que había en mis ojos?. Decidí no pensar en tus reacciones ni en las consecuencias. Cuando alcé la mirada y vi tu rostro lo vi quebrado, con una tristeza profunda, con una tristeza inimaginable. Te dije mucho. Te cogí de las manos y me las tomaste como si fueras un niño asustado. Sentí que me amabas con locura y que no sabías como expresarlo. Te besé. Te asustaste. No querías ceder ante el beso. Tenías temor de que salga mi tía y nos viese. Sin embargo, te miré y con mucho amor te pedí que accedieras porque querías besarme tanto como yo a ti. Sonó el teléfono. Mi tía salió. Te llevé dentro. Te pedí que no nos pongas más barreras. Me besaste. Tuviste temor al principio. Pero me besaste y cada vez fue más intenso. No querías tocarme. Tenías las manos suspendidas. De rato en rato se sentía que querías tocarme, que querías acariciarme, pero te contenías. Y nuestro beso se volvió más intenso. Era comprensible. Volvimos a ser uno solo, como cuando en un principio nos dimos la oportunidad de amarnos, de adorarnos, como cuando fuimos felices por ello. Nos dijimos tanto con tan solo mirarnos. La gente creerá que me estoy volviendo loca. Creerá que estoy demasiado enamorada y que te idealizo. Pero no me importa lo que crea el resto. Tú y yo, sólo tú y yo sabemos como suceden las cosas entre nosotros. Sabemos lo que sentimos. Sabemos cuánto arriesgamos en cada encuentro que tenemos. Sabemos que ayer hablé por los dos. Sabemos que ayer nuestra vulnerabilidad estuvo realzada en su máxima expresión. Me seguías besando. Mientras tanto yo apretaba mi cuerpo contra el tuyo porque necesitaba entregarte mi amor, mi cuerpo, mi alma, mi todo. Tus manos ya no podían controlarse. De a pocos empezaste a pasarlas por mis muslos, alzando levemente mi falda. Intentabas controlarte. Me besabas con locura. Yo sólo te pertenecía. Luego empezaste a tocarme como tanto nos gusta. Me poseías, me besabas, me tomabas, tu cuerpo y el mío se fusionaban. Mi tía terminó de hablar y salimos. Estábamos agitados. Te despediste de ella y comprobaste una vez más que ella te quiere harto, mucho bastante. Salimos al pasadizo y nos paramos junto al ascensor. Te volví a hablar. Te expliqué por qué no nos cuesta hacernos el amor, por qué nos deseamos tanto, por qué no podemos resistirnos por más que nos esforzamos. Nos hemos escogido Alexito. Nos hemos escogido a pesar de todas las adversidades, de todas las tristezas, de todos nuestros temores. ¿Debo mencionar acaso a nuestro vínculo? ¿Es necesario que teorice en letras lo que logramos sentir cada vez que nos conectamos? ¿Acaso resulta incomprensible que nuestros corazones se unan en lazos estrechos muy por encima de las distancias y de nuestras decisiones? No Alexito, no necesitamos eso. Nos conocimos y nos amamos. Es tarde para arrepentirse. Es tarde para ir detrás. Es tarde para negar la dicha y la gloria que existe en cada encuentro nuestro. Ya no podemos decirle que no a nuestras caricias y a nosotros mismos en pleno apogeo de placer y amor. ¿Por qué te da tanto miedo comprenderlo? Me volviste a besar. Esta vez no temiste. Me besaste y tomaste cada centímetro de mi cuerpo que te pertenece, porque toda yo te pertenezco. Y te regocijaste conmigo. Y yo estaba feliz. Nos fusionamos y nos extasiamos con el amor que compartimos. Tuve que frenarme. Muy a mi pesar debí parar lo que estaba sucediendo porque sino me hubiera entregado a ti por horas, por días, semanas, y no hubiera querido dejarte nunca. Empezaste a temblar. Cerraste los ojos y empezaste a temblar como un niño. No podías abrirlos. EStabas entre extasiado, excitado, asustado, confundido. Te volví a hablar con cariño. TE calmé y te despedí sonriente, bromeándote, y me sentí bien. No quise llorar, no tuve ni el más mínimo atisbo de tristeza. Estuve tranquila. Y también sabía que tú te asustarías. Hice eso por mí. Hice eso porque necesitaba confesarte mis sentimientos en su máxima expresión, en su máxima potencia. Y llegó la noche. Y dormí cansada. Amándote y entregándome por completo a ti junto a Eros y a todos los dioses del olimpo, que en mis sueños son testigos de cuánto te amo, te cuánto te deseo, de cuánto te necesito. Y me levanté, y me asusté, porque noté que hoy era mi último día de decisiones. Hoy comprendí que debía saber si haría lo que debía hacer para alejarme de ti, pero ese alejamiento no sería temporal, sino definitivo. Y todo el día estuve muy mal, muy confundida. ¿Será el amor tan grande como para soportar todo este sufrimiento? ¿Por qué dudas tanto? ¿Por qué le das tantas vueltas a algo que se ve tan claro como el agua, como la brisa marina, como el cielo en verano?
La integridad y las convicciones es lo mejor que tiene el ser humano como legado de su patrimonio personal. Eso lo aprendí contigo. Por eso ya no le temo a amarte. Y sigo a mi corazón y a mi cerebro porque los dos me indican lo mismo con la misma fuerza e ímpetu que le tengo a entregarme a ti, a darme del todo. No quiero alejarme. No quiero dejar de luchar por lo que sentimos, quizás porque es la primera vez que mi convicción nos aprisiona, nos acapara. Sin embargo, también debo tomar decisiones. Y tengo tantos deseos de compartir mi vida contigo. Nuestro vínculo me impulsa a crear miles de munditos, que podamos usar diariamente, donde seamos vencedores, ganadores, eternos, dichosos, donde sólo podamos ser Alexito y Katicita, donde podamos cogernos de las manos, jugar a ser FIFA y decirnos MU. El chancho será presidente y Yomina será la del Barrio. Tú serás su papá y yo seré su mamá. Reiremos cada noche y enfrentaremos juntos la vida de forma que podamos sonreir, a sabiendas que nos tenemos para sobresalir, para ser frágiles, para volvernos más fuertes. Por eso le temo tanto a no envejecer a tu lado, a no poder tener los hijos que imaginamos, a no poder besarte cada mañana, a no poder cuidar tus pies calmados o tu espalda estresada, a no poder hacerte sentir el rey de la casa, a que no puedas tocarme y derretirme con tus miradas. Le temo tanto al destino en este momento que me quedo petrificada y sólo sé esconderme bajo mis miradas oscuras y vacías del alma. Terminaron mis decisiones Alexito, terminaron y no me queda más que decir nada.
Te amo, te amo y mil veces te amo. Ya no me queda otra cosa que escribir.
1.- ¿Quién inventó el huevo frito? No creo que el hombre haya visto los huevos y haya dicho "Ah ok, a estos los puedo comer fritos, arrebosados, duros, pasados, en omelette, lo que fuere". Ni fregando. De alguna forma, a alguien debe habérsele ocurrido comer un huevo frito, ya sea por mera curiosidad o simplemente porque intentó encontrar alguna forma de variar la alimentación
2.- ¿A quién se le ocurrió que el orgasmo femenino curaba la demencia? Recuerdo haber visto un documental al respecto, me parece que en Discovery. Antes se creía que a las mujeres con demencia podías curarlas en sesiones de terapias "especiales" donde las colocaban en unas camillas, piernas arribas, y otras señoras venían y estimulaban sus clítoris hasta que ellas caían bajo los efectos de alegría, felicidad y cansancio que provoca un buen orgasmo (aunque en particular prefiero los que me produce Alexito - si, ya sé, demasiada información. En este blog somos arbitrarios pues.)
3.- ¿A quién se le ocurrió que los tacones resaltaban la estética femenina? O sea, no lo voy a negar, se ven bien, sobre todo cuando la chica (con o sin sorpresa) tiene bonitas piernas. Pero acaso ¿a nadie le importa la señora tortura que le causamos a nuestros riñones única y exclusivamente por vernos "bonitas"? O, ¿cómo podemos ser capaces de descansar todo nuestro peso (así pesemos 45 kilos, son 45 kilos!) en unas puntitas delgadas y dizque resistentes llamadas tacos? Envidio particularmente a las mujeres que son capaces de correr, saltar, jugar con sus tacos puestos (mi madre es una de ellas). Yo, prefiero las zapatillas, sandalias y cualquier cosita recontra mona que no me signifique tortura constante.
4.- ¿Por qué las mujeres podemos vernos espectaculares cuando nos maquillamos y por qué los hombres no tienen necesidad de hacer lo mismo para verse geniales? (salvo pretendan ser mujeres, claro). Y es que también existen chicas que se ven envidiablemente preciosas (y hasta a las que yo me quedo mirando con la boca abierta) sin necesidad de aplicarse nada encima, y claro, cuando se colocan aunque sea lipstick su belleza se resalta hasta límites inimaginables, donde el mundo se arrodilla ante ellas y venera su impactante presencia. ¿Por qué los hombres no tienen necesidad de colocarse nada para verse como dioses del olimpo caminando, con una seguridad envidiable y a sabiendas que el 99.9% de chicas que los vea van a quedarse prendidas de ellos, totalmente babeantes, anhelando tan sólo una pequeña mirada?
5.- ¿Por qué existen hombres que se dejan las uñas largas? No, eso si es inaceptable para mí. Peor aquellos que se dejan la uña del dedo meñique y la utilizan como hisopo, uña de guitarra, y saca suciedades corporales de cualquier índole?
6.- ¿Por qué todo el mundo es capaz de definir, teorizar, filosofar y cuestionar lo que es el amor pero nadie ha logrado explicar aún porque ese sentimiento es capaz de mover montañas y de iniciar guerras?
Hoy es el último día de decisiones que las katz debemos tomar. Wish us luck
Anoche te dije que te amaba. Anoche dejé que mis sentimientos se liberen y que fluyan de la única forma que sé hacerlo, es decir pensando en ti. Anoche le permití a mi corazón unirse al tuyo, adorándote, deseándote, añorándote. Anoche acepté que mis sentimientos no han desaparecido ni han menguado. Anoche también acepté que de alguna forma debo hacer algo al respecto y que no debo tenerle tanto miedo al cambio. Anoche comprendí que renunciar a ti ya no es ninguna cobardía de mi parte y que el dolor que tu ausencia me causará será insoportable. Y es probable que llore lágrimas amargas y vomite toda mi tristeza en este espacio virtual que me ha acogido con las manos abiertas. Anoche soñé que regresabas a mi lado, que te dabas cuenta que todavía me necesitabas y que no era necesario tanto sufrimiento. Anoche imaginé que vencías tus temores y que aceptabas que no querías perderme. Mi corazoncito aún lo cree, me dice que no te dé la espalda por completo. Y me da tanto temor creer eso. Anoche te expliqué por qué te amaba y te conté como he cambiado desde que has aparecido en mi vida. El trabajo es mío, lo sé. Pero tu cogías mi mano mientras aprendía a caminar, cuando nadie sabía cómo hacerlo, cuando nadie se atrevía. Apostaste por mí Alexito. Anoche comprendí que también arriesgaste tu vulnerabilidad al hacerme parte de tu vida, de tus experiencias. Anoche acepté que crecí a tu lado, que a pesar de todo fui feliz. Anoche sentí a tu corazón totalmente enamorado. Anoche me arrodillé y coloque mi frente contra el piso rogándole a Dios que me dé fuerzas. ¿Por qué dos personas que se quieren tanto deben renunciar a lo que sienten? ¿Por qué encontramos la solución cuando ya habíamos notado que nuestro vínculo se extinguía? ¿Debo renunciar a ti? Si debo hacerlo ¿Por qué siento que estoy cometiendo el peor error de mi vida? ¿Por qué creo que nos estamos negando ante un sentimiento que se está refortaleciendo, que está re afianzándose? ¿Por qué debo renunciar a amarte si es lo que hago con locura? No ha sido fácil aceptarlo. Mi relación anterior me dejó muerta emocionalmente. Pero comprendí que te amo por nuestro vínculo, porque puedo pasar horas a tu lado, porque puedo compartirte mis aciertos y mis errores con mucho temor a decepcionarte pero con la confianza de que comprenderás que te comparto mi vida tal cual sucede, sin dorarte la píldora, sin mentirte, sin vender falsas expectativas. Anoche estuve asustada porque comprendí que te fallaba y que me decepcionaba. Y yo te amo muchacho, te amo con todas mis fuerzas. Aprendí a amarte, aprendí a amar tus risas y tus desesperanzas. Me gusta amarte. Es como si, de repente, mi dosis de azúcar se hubiera estabilizado. Ya no me asusta...ya no me aterra. Y mi blog se ha vuelto un remedo de todas las conversaciones que he querido tener contigo y que ayer me he permitido compartirte, expresarte. Todos mis escritos son para ti. Estás en todos ellos, y, aunque a veces no te mencione no significa que no te tenga presente, que no estés descansando en mi memoria. Muchas veces siento tus besos, tus abrazos, tus caricias, tus palabras de aliento, tus jodas, tus tristezas. Te amo por ser quien eres, por ser quien soy, por lo que soy cuando estoy contigo, por quien eres cuando estás conmigo. Si tan sólo leyeras estas líneas. Quizás podrías comprender que tú también te estás equivocando, que nos estamos dejando a pesar de lo que nos une y que nos mantiene fuertes y endebles, como un hilo de nylon. Yo no quiero olvidarte Alexito. Mi corazoncito aún no puede renunciar a ti.
Anoche te dije que la vida sin ti seguía. Y es cierto, sigue. No me van tan mal. Algunos días son mejores que otros. Pero contigo las tonalidades mejoran. Y ¿sabes? No es necesario tenerte perennemente a mi lado para saber que tú estás conmigo en las buenas y en las malas. El tenerte, el saberte, el amarte, el que me adores (porque me adoras, en el fondo yo lo sé) me reconforta enormemente. No quiero renunciar a ti. No quiero temerle a amarte porque le temería a algo que ya sucede. Intento no desdecirme, intento respetar nuestros acuerdos. El vínculo es inquebrantable. Yo sé que en el fondo lo sabes. ¿Por qué crees que no te quiero a mi lado? Ayer me lo dijiste. Yo no acepto verte porque mis sentimientos van a pedirme tocarte, abrazarte, o simplemente mirarte con muchas ganas de llenarte de besitos, de hacerte cariñito, de engreirte de la forma que aprendí a hacerlo, de la forma que me enseñaste. Algún día me gustaría que leyeras esto. Quizás así comprenderías lo que mi boca no sabe como decir y lo que únicamente sé escribir. Quizás sería como cuando escucho las canciones que a veces me manifiestas, y no puedo evitar encontrarme en ellas. Tu sentimiento tampoco ha muerto Alexito, ayer pude percibirlo. Ayer noté que sigues creyendo que soy más feliz lejos de ti. Y sí, como te dije, mal no me va. No se trata de que seas el centro de mi felicidad. Eres quien complementa mi felicidad. Eres quien apostó por mí y por quien yo aposté. Eres la última pieza que faltaba en el rompecabezas. Y ahora se supone que tengo que olvidarte. Yo no quiero olvidarte. Tampoco quiero obligarte a que te des cuenta de que estás cometiendo un error al renunciar a un nosotros, cambiándolo por un yo que, cuando le permites expresarse, sólo te genera tristezas. Debo tomar decisiones. Esta semana es la definitiva. Debo saber si haré o no lo que me alejará definitivamente de ti. Por eso te dije que te amaba. Porque sea cual sea mi decisión quería que sepas que te amo. El ché me dijo que te lo diga. Me dijo que mis sentimientos hacia ti son fuertes, no son meras expresiones de una chiquilla ilusionada. Y es quizás por la unión de almas que hemos tenido, que aún compartimos. Ahora sí tengo miedo de decidir. No quiero equivocarme. Sería más fácil si aceptases que me quieres tanto como callas, como lo dejas entrever cuando el sentimiento se te escapa, como cuando se nota que debes controlarte y autoconvencerte de que ha llegado el momento de dar la espalda. Debo seguir y lo sé. Pero quiero seguir contigo a mi lado. Quiero besar tus risas y llorar tus tristezas. Quiero que seas el papá de Yomina y quiero ser la mamá del chancho. Te amo y es incontenible. Por eso te respeto. Porque no se trata de que no puedas vivir sin mí. Esas sensaciones son causadas por la desesperación. Ya con el tiempo uno nota cuando un sentimiento es verdadero o sólo son meras ilusiones causadas por momentos bonitos. Y tú y yo hemos vivido cosas demasiado reales, demasiado nuestras, demasiado intensas y eternas como para asumir que estoy ilusionada. Amo el paquete completo, amo tu nobleza así como amo tu crueldad. Amo que ronques, amo tus piecitos y tus manitas. Cuando te toco siento esa conexión. Amo tu narcicismo. Amo nuestros entendimientos. Amo que entiendas que mi "liberalidad" no es libertinaje. Amo entender tus formalidades y no confundirlas con meras poses. Te amo por ser quien eres desde que amanece hasta que te acuestas.
Le dije a Silvia que no comprendía por qué yo creía que tú me amabas (porque creo que ya estás enamorado o te encuentras en ese proceso). Yo no me miento ni evito ver la realidad. Era una convicción bastante fuerte que tiene mi corazón. No supe responder cuando ella me preguntó por qué no arriesgarse, por qué no intentarlo. Ella me dijo que quizás tú sentías que habías dejado de hacer lo correcto porque sólo sigues un patrón, un modelo, que no necesariamente está mal, pero que otros modelos tampoco lo están. Dijo que simplemente estabas aprendiendo que las cosas tienen varias formas de hacerse y no sólo cuentas con la única vía que conocías de pies a cabeza. Ella asegura que ése es gran parte de tu temor: los cambios que tú estás experimentando y que consideras que salen de tus esquemas. Yo he cambiado tanto contigo y comprendo tanto tu sentir...¿Por qué le temes tanto a amarme Alexito?
...su linda conversación. No me gustan los rodeos así que iré directamente al grano. Sufro de cáncer al colon y hace algunos días me han dado de alta del hospital del obrero, con una larga lista de medicinas que mi bolsillo no puede soportar. Mi mujer y yo somos pobres y nos hemos visto en la necesidad de salir a la calle en busca de limosna. Juntando lo que teníamos compramos una bolsa de caramelos para no presentarnos con las manos vacías. No tienen ninguna obligación de creer en lo que digo, pero, si lo hacen, les agradezco infinitamente, porque el dolor que esta enfermedad me causa es insoportable. Dios me los bendiga y disculpen todas las molestias."
Cuando subió llamó mucho mi atención: Cabellos plateados, tez morena (aparentemente quemada por el sol), contextura extremadamente delgada, lánguido, ojos hundidos, expresión triste. Realmente parecía enfermo. Mientras hablaba, el carro se batía por entrar entre aquellos minúsculos espacios que dejan los autos mal estacionados en la hora punta. Y el pobre señor corría una suerte de soga mal amarrada intentando no desprenderse de la baranda. Como me encontraba en los últimos asientos (las katz siempre buscamos nuestra comodidad, no por las puras pagamos) pude observar al resto de las personas. El interés creció notoriamente. Imagino que tuvieron la misma impresión que yo. Es que no utilizaba el mismo tono monótono medio cantado que suelen usar quienes te meten floro para que le regales 10 o 20 centavos (que, sumados a un horario de 8 horas suman algo de 30 soles diarios aprox - versión cuarto poder - es decir, la jornada de muchos empleados subvaluados (oh yeah) que habitan en nuestra Lima criolla). Me dio gusto ver que absolutamente todos los pasajeros le dimos, aunque sea, 10 centavitos. El señor se bajó contento, con lágrimas en los ojos. La escena me conmovió.
Mi mamá decia que, de chiquitos, mi hermano y yo queríamos ayudar a cuanta persona viéramos que padecía necesidades (o pedía dinero). Algunas veces vi cómo mujeres que ostentaban tener el título de madres, golpeaban a sus criaturas porque no aceptaban dinero sino alguna golosina o alimento que las personas les ofrecían. Vi también como esos mismos niños robaban carteras, billeteras y bolsos para ser golpeados por otros niños o por los adultos que los manipulaban. Vi crecer la malicia en sus corazones a costa de golpes duros. Vi a gente que ayudaba a otras personas y que, en muchos casos, fueron timadas pues ese dinero fue a parar a otras manos, quizás en alcohol, drogas, prostíbulos o simples alimentos. Vi la cruda realidad cosmopolita, donde no sobrevive el más fuerte sino el más pendejo, el más vivo, el que se conoce las reglas del juego (y cómo violarlas). Y no pude evitar el sentirme afortunada. Y aunque dicen que nadie carga una cruz que no puede soportar, no puedo tolerar la idea de tanto maltrato emocional. La desconfianza hacia la vida misma se vuelve un medio de supervivencia. No, aún no logro comprenderlo. Y, aunque peque de inocente, o quizás hasta de ingenua, no puedo soportarlo. Me repugnan las personas que mienten para obtener dinero fácil, es una forma encaletada de robarnos (con consentimiento). No soporto a quienes explotan a niños a fin de conmover a las personas y conseguir dinero. No puedo. Para mí esos sí son unos perfectos hijos(as) de perra.
Anoche, cuando te fuiste, mis ojos se nublaron por completo. Intenté despedirte con una sonrisa grande y sincera porque vi tu carita acongojada luego de haberme visto en tanto llanto inclemente. Mientras subía cada escalón sentía un dolor inmenso en mi corazón porque nuevamente logré esa complicidad que tanto me ha unido a ti, que hace que este sentimiento se niegue a morir, que rechace la idea de olvidarte y que este intento sea absoluta e irremediablemente insoportable. Ayer, mientras cogía tus deditos, pude sentir esa magia especial que nos hace únicos, que nos vuelve compañeros de aventuras. Te vi cantar y te vi reir. Me emocioné. Te observaba a lo lejos con unas ganas incontenibles de abrazarte, llenarte de besitos y decirte que estás loco y que así me encantas. Pero sólo te observé. Cuando empecé a llorar me di cuenta que no he podido sacarte de mi corazoncito y que te quiero harto, mucho bastante. No me resulta nada difícil buscarte, compartirte mi vida, reir contigo, preocuparme por ti. Lo complicado es retener mis ganas de amarte con besos, con caricias, entregándome a ti como tanto nos gusta, como lo comprobamos mientras hablábamos por qué nos gusta hacernos el amor, cuál era nuestro móvil y cuánto podría involucrarnos.
Anoche cerré mis ojos amándote más que nunca y deseando que Dios me dé fuerzas para seguir adelante, para tener el valor de no voltear la cabeza, para asumir tus decisiones, para ser perseverante en la mía. Dormí y soñé con aquella ocasión en la que enjugaste mis lágrimas cuando te confesé unos de los secretos más terribles de mi vida. También soñé con aquella ocasión en la que nos encontramos en el óvalo y por correr a abrazarte casi me atropella un auto. Recordé todas mis risas, todos mis celos, todos tus celos, todas tus alegrías, todo ese mundito que tú y yo creamos juntos. Es increíble, ¿no? Es increíble que a pesar de todo aún tengamos esa unión que ya hasta parece inquebrantable. Ayer nuevamente nos ví encerrados en nuestra burbuja. Vi tus ojitos y quería besarlos, pero sólo atiné a abrazarte mientras te demostraba los últimos atisbos de amor que verías. Besé tu naricita y la amé con locura, mientras despeinabas mis cabellos y me decías que sea fuerte, que tú tamibén temías. Ayer fuimos uno solo. Logramos hablar pensando yo en ti y tú en mí. Eso nos hace geniales, eso nos hace únicos, nos vuelve especiales.
Hoy me desperté sintiendo un gran vacío en el alma pero dibujándome sonrisas como te lo prometí, como me lo juré. Y, sin pensarlo, enfrenté una de las situaciones más difíciles, que yo quería evitar, que ya veía venir. Y sólo pensé en recurrir a ti. Es más, eso fue exactamente lo que hice. Y ¿sabes? Fue genial que estés allí, que me hagas razonar, que me calmes, que me digas que siempre estarás para mí y que me digas que las katz somos lo máximo (porque es bueno que lo reconozcas Alexito, somos lo máximo). Es bueno saber que aún eres el complemento que tanto me ha acompañado y que soy, para ti, ese alguien especial al que también te cuesta renunciar.
Ya sabes Alexito, cada triunfo y cada sonrisa son nuestras victorias, así que celebremos la gloria de habernos tenido y habernos disfrutado, porque cariños como este difícilmente se pueden borrar de nuestra memoria. Y aunque vivamos en un mundo de mentiras, fabricando fantasías, me gusta recordarte con una tremenda sonrisa, me gusta que me recuerdes riendo a escondidas. Amarte fue geinal. Olvidarte es desastrozo. Sólo me queda confiar en que esto de alguna forma nos servira. Te amo A.G.R.A., te amo con tus casi 29 años, con tus bailes frenéticos, con tu sarcasmo, con tus lágrimas amargas, con tus sonrisas contagiosas, con tus piecitos lastimados, con tu cabello ahora largo, con tu estado "aguafiestas", con tu genialidad innegable, con tus ánimos de hacer siempre lo correcto, con tus desconfianzas y desvarianzas. Te amo por ser quien fuiste, quien eres y por quien serás. Te amo porque sí y sólo sí eres todo para mí.
Como ya lo he mencionado anteriormente, siempre he trabajado y/o estudiado bastante cerca de donde vivo. Eso me permitía dormir más, llegar temprano (la mayoría de las veces) a casa, alistarme con más calma y no ir parada ni peleándome en las combis de nuestra Lima gris. Sin embargo, eso ha cambiado desde que empecé a trabajar en Lince-Jesús María. Si quiero entrar 8 de la mañana mi día, en teoría, debe empezar 5:45. De esa manera podría prepararme un desayuno decente, podría disfrutar de mis amadas duchas calientes, podría probarme todo mi vestuario a fin de escoger cual combinación podía disimular mejor mis crecientes rollos, mis ya desbordantes cachetes (y lucir mejor la belleza de mis piernas, oh yeah). También me permitiría lucir el maquillaje perfecto, resaltando la perfecta armonía que hay en mi rostro (sí claro, la narcisa), caminaría con toda la calma del mundo hacia el óvalo y tomaría el carro, encontraría asiento (o me lo cederían, ya no importa si es el preferencial), todos me verían bien lindi y nadie me diría SEÑORA. Es decir, el levantarme 5:50 se traduce como el día perfecto para Kat, donde todo le queda perfecto, las cosas le salen perfectas, no hace colas, no suda, su cabello se ve divino, y se ve como la sensación del bloque. Pero (sí, el gran pero), como me gusta ser contreras, mi día empieza generalmente pasadas las 6 de la mañana y tengo que hacer todo a la volada para poder llegar más rápido que apurado a chapar mi carro, donde la mitad del camino voy parada, casi tambaléandome mientras el chofer prueba la elasticidad de su vehículo midiendo cuántos carros evita chocar, cual atari allá por los 90. Es decir, maldito sea el nuevo horario de trabajo.
Y fue así que las katz tampoco desayunamos hoy pues nos despertamos 6:20 de la mañana. Totalmente conchudas hicimos las cosas con mucha calma y terminamos tomando el carro a las 7:18, lo que equivaldría a decir que hoy llegamos tarde. Como nunca encontré el carro que me saca directamente a la puerta de mi chamba, así que ni corta ni perezosa lo tomé a pesar de ver que iría tambaleándome pues me ahorraría el 50% de lo que gasto en irme, no caminaría y sobre todo, estaría al costado del cuerazo que vi parado mientras subía (la totalmente superficial). Es así que con uno de mis pies aún en el aire, el carro avanzó, siguiendo su ruta habitual. Hoy me vestí nuevamente con la falda que hace lucir mis piernas bien lindis. Ya no voy a cortarme el cabello porque está creciendo y ya no se ve mal. Me delineé todo el contorno de los ojos de negro, con una línea delgadita y me pinté los labios con lipstick rosadito. Empecé a renegar porque subió una flaca con una bolsa que más parecía su sleeping y su traserazo de picaronera ocupaba dos veces el espacio de su cuerpo. Cuando al fin logré sentarme, reparé que en el carro, en la combi, en la oficina, en donde sea escucho radio corazón (creo que es mi estigma), y al no ser esta la excepción, empecé a tararear todo el azúcar que se escucha en ese dial (no me culpen gente, las escucho a diario, algo tenía que quedárseme). El patita empezó a hablar sobre el tráfico y sobre las nuevas obras que se harán en Barranco: "Y los que deben ponerse las pilas son nuevamente los alcaldes, sobre todo el de barranco quien simplemente y nuevamente ...este...simplemente la avenida Bolognesi y la paralela a Grau estarán cerradas...esta complejidad de problema simplemente afecta la libre circulación vehicular y es así que simplemente debemos pensar en las ancianitas y niños y simplemente nada, pues a buscar soluciones"
No pude evitar reirme. Sorprendentemente llegué 8 en punto a la oficina. Lo curioso es que casi todos llegaron tarde. Mientras los esperaba me puse a reflexionar sobre los últimos acontecimientos de mi vida. Mi salud está Ok. Las migrañas ya han desaparecido. En el trabajo, bueno, ejem, no es lo mejor ¿ya? pero las cosas van mejorando notoriamente (sólo falta el ansiado aumento de sueldo), en lo familiar y aunque mis papis están enfermitos, las cosas están mejorando y mucho. En lo amical pues, ando conociendo bastante gente nueva y agradable, algunos trascienden, algunos sólo quedan en joda, pero me distraen bastante, me divierto al conversar con ellos, me distraigo. Mi amistad con Chio se ha afianzado mucho, eso me gusta (Silvia, te están serruchando el piso). Mi amigo, el Ché es lo máximo, siempre saludándome, preguntándome como me va, comentándome sobre este blog, hablando sobre música. Mi reencuentro con Anne fue genial, y aunque ella pasa tristezas ahora, es bueno tenerla de vuelta en casa. Y sentimentalmente hablando pues César y yo sí volvimos a hablarnos, y nos reímos mucho cuando hablamos. Parece ser un buen chico. Nuestro nivel de entendimiento es altísimo y sorprendente. Pero mantengo mi posición. Nada de relaciones o atisbos de las mismas por el momento. Y ahora hay una variante. Alex y yo hemos ostentado paz por estos días, una paz sorprendente, una paz agradable, una paz tranquilizante. No hemos peleado y, cuando estuvimos a punto de hacerlo, supimos manejarlo y aclarar las dudas respectivas. Anoche nos vimos y pasaron cosas (entiéndase mi estimado lector como que en muchas ocasiones vivimos lo que se conoce como un remember) y yo lo noté además de palteado y contento (como el mismo aceptó) bastante confundido. Y pensé mucho en cómo me iba a sentir yo ahora. Lo curioso es que no me siento ni incómoda, ni mal, ni triste, ni nada. Estoy tranquila. Ojo, tampoco estoy esperanzada. No creo que sería sano para ninguno de los dos volver en este momento porque ayer percibí en él lo que me distanció: inestabilidad. Lo vi complicarse, y lo entiendo, pero también me alegra no haber sido la de las complicaciones. Creo que no sería nada agradable volver a enfrentar una situación como esa nuevamente. Ahorita estoy pasando por una buena etapa, no quiero que se manche. Y lo de ayer no fue una mancha. La pasé genial. Me gustó y gran parte mía quisiera que se repita, pero más que nada que se repita el sentarnos, conversar y reirnos, sin tener en cuenta el tiempo, como hacíamos antes, cuando no teníamos el estrés de ser ex pareja, o de habernos lastimado tanto. Estas cosas de cierta forma curan mis heridas, y, aunque para muchos yo lo defienda y sea hasta imposible de creer, Alex es un buen muchacho, me siento tranquila por tener casi 1 semana sin haber discutido ni un poquito. Pero volviendo a la cochinada, me agrada estar tranquila. Yo creo que él es quien está tan palteado que va a evitar hablarme. De cierta forma me da risa, pero lo comprendo. He estado así antes. Pero mi gran ventaja es que tengo todo bastante en claro. Eso me evita darle vueltas en circulitos a las cosas. Al final terminé por comprender que soy una mujer interesante, inteligente, medio deforme pero tengo mi gracia, que no soy parte del común denominador y que le puedo interesar a cualquier muchacho que simplemente repare en mi existencia y se sienta a gusto con ella. Dicho de otra forma, he ganado tanta confianza en mí misma, que no me reconozco. Las Katz nos estamos unificando, y cuando terminemos el proceso, nada podrá separarnos, cual soldimix, cual triz. Al final, ostento en mi frente "Keep Walking, Kate Walker" y ¿saben? Me siento como una de etiqueta azul