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MEMORIAS DE UN PROBABLE HIPOCONDRÍACO

La única manera de vivir muchos años es estando siempre un poco enfermo -dice Luder-. La muerte es un usurero que prefiere cargar primero con la buena moneda.
Julio Ramón Ribeyro - "Dichos de Luder"

Yo siempre he sufrido de males respiratorios. Bronquitis, asma, neumonía, y tuberculosis no me son dolencias desconocidas. A pesar de constar en mis primeros registros un nacimiento sano y feliz -no planificado, desde luego-, mis más tempranos recuerdos se ven acompañados por compresas de agua fría en la frente, oraciones rezadas al lado de mi destartalado camastro y termómetros clavados en cuanto orificio presente mi cuerpo. Añado a este relato una idea o inquietud que siempre ha rondado por mi cabeza: creo tener una memoria que, si no es privilegiada, tal vez sea algo fuera de lo común, pues estas primeras imágenes me transportan a momentos vividos antes de mis dos primeros años de existencia. Como prueba de tan precoz razonar, guardo con mucho cariño una vieja maleta, en la cual mi hermano mayor solía ocultarme cuando jugábamos a las escondidas. Dicha maleta, aunque no tan angosta, no es más grande que un portafolios ejecutivo. Puedo asegurar, sin caer en la exageración, que yo cabía holgado y a pierna estirada dentro de él.
Mi hermano mayor, en realidad, no es mi único hermano mayor, al menos no el mayor en orden inmediato. Anterior a mí existió otro párvulo al que nunca conocí. Este niño fue muy diferente a mí: era hermoso, de piel rosada y castaños cabellos (eso decían mi abuela y las más chismosas de mis tías), digo era pues falleció -dice mi madre-, víctima de un mal respiratorio sumado a la ineficiencia de un galeno inexperto. Este hecho marcó de forma trágica y cómica la vida del infortunado que vendría después.
Luego de la desaparición de mi desconocido hermano, fui alumbrado sesenta días después. Nuestra incipiente familia se fue a instalar en una pequeña habitación de un modesto callejón ubicado en el límite norte del distrito de Barranco. Fue a ese lugar al que fui a parar luego de dejar los cálidos envoltorios de la clínica materno infantil donde nací. Está de más señalar que mi madre se deshizo en cuidados y precauciones para mantener saludable a este nuevo hijo, a quien no dejaba de mimar estrechándolo día y noche contra su pecho; no obstante, sin proponérselo, iba creando en este nuevo hijo, una personalidad dependiente, caprichosa y malcriada.
Sería mucho cuento afirmar con exactitud en qué momento fui destetado. Lo que si recuerdo, con mucha nitidez, son las circunstancias en qué fui expulsado del lecho de mis padres ...al que engreídamente me había aferrado, a pesar de las continuas rabietas de mi padre, amparándome siempre en los excesivos temores de mi traumatizada madre. Sucedió en una noche que dormía placidamente. Mi padre, hombre poco paciente y autoritario, aprovechando la pesadez de mi sueño, y desesperado del poco ejercicio de sus derechos maritales, se deslizó por la habitación como un ladrón, y como quién menosprecia una almohada con olor a babas, me colocó al extremo inferior y lateral de la litera.
Nunca antes había dormido (mucho menos, solo) en ese punto de la cama. Además tenía la mala costumbre de moverme ondulando por la superficie de ella, con la misma libertad con que se mueve una lombriz, en el huerto de un convento de monjas. Aquella vez no me fue bien. Recuerdo hasta ahora, con pánico, el brilloso piso de cemento acercándose pausadamente hacia mí, como en cámara lenta, el golpe seco contra mi frente, el grito desesperado, la pataleta nerviosa y desesperada que terminó por volcar sobre mi cara el contenido hediondo de una rebalsante bacenica. Al día siguiente amanecí con el primer resfriado del cual tengo memoria, un resfriado jodido que me hizo volar en fiebre, y que marcaría el inicio de mi enfermiza y enclenque historia.
Cotinuará

Soy el remedio sin receta y tu amor es mi enfermedad...



NO ESTABA MUERTO ...ESTABA DE CHATERO

No puede ser... debe tratarse de un error, algun factor no computable... Son riesgos de la informática... La chica mas completa que jamas soñé, ...vive de espaldas al computador
Miguel Rios - Amor por Computadora

Aparte de las normales razones que causaron mi distanciamiento de la esfera blogueril (desgano generalizado producido por el stress en que me sumió el exceso de trabajo, que para variar, era mal pagado… y esto en el mejor de los casos; pues aún me adeudan un mes de salario), debo reconocer que algo más contribuyó, y no en poca monta, a este alejamiento: recaí en mi adicción al Chat. Las razones no las comprendo, pero si algo debo alegar como defensa es que seguro esto tenga que ver con la debilidad, sobre todo mental, con que una persona común llega a casa luego de más de doce horas de andariega y ardua labor. Es más fácil en tal estado de adormecimiento, leer un texto corto que abrir un libro; soplarse una línea que saborear un post. La poca vergüenza y decencia que aun me quedan, convirtieron en tarea imposible que me acercara siquiera a los links de mis blogs favoritos. Un blogger merece respeto, ¿cómo presentarse y mucho menos publicar, en tan calamitoso estado? Así pues, sin mucho cargo de conciencia, mudé del blog al chat.
Entré por primera vez a una de estas salas de conversación de forma casual, hace cinco años. Para esa época yo a las justas sabía encender un computador. Al llegar al lugar que ofrecía el servicio de cabinas de internet públicas pedí una máquina -solo por curiosear, quería saber por mí mismo que hacía tan interesante todo esto
-. Me instalaron en una pc que había sido dejada encendida y que mostraba una página con el siguiente encabezado: LatinChat de Starmedia. Observé en el monitor diálogos escritos en líneas rápidas y fluidas, que subían veloces a modo de créditos de película ochentera. Más de cuarenta personas compartían ese espacio escribiendo todo aquello que pudiera llamar la atención del resto: galanteos insulsos, diatribas grotescas, lloriqueos, lamentos y uno que otro monólogo ultra nacionalista… no faltó por allí un iluminado que clamaba desde un rincón ¡Cristo te ama! No puedo negar que aquello llamó mi atención.
Siempre he pensado que para que algo sea adictivo, necesariamente debe ser placentero. Valgan verdades, suelo reír como un demente cuando chateo, el tiempo se me pasa volando y pierdo todo contacto con la realidad. Muchas veces olvidé cenar, cumplir con algunos deberes y hasta dormir por andar pegado a esto del chat. Creo que existen un par de cosas que hacen de este juego algo tan atractivo: el hecho de poder ser tan terriblemente franco y/o conchudamente falaz.
Por ejemplo, poco tiempo después de haber curioseado de forma bisoña por estas salas de conversación, ya me hallaba participando en más de un debate de aquel grupo de cibernautas, compartiendo temas tanto interesantes como triviales... hasta cojudos diría yo. Un día cualquiera, luego de charlar más de dos horas con esos ya conocidos usuarios una chica autodenominada “Traviesa” me escribía al privado esta frase: ¿Quieres ser mi cibernovio? ¡Carajo! esta bien que ahora los tiempos hayan cambiado, pero eso de que una mujer te haga una propuesta de esas no dejaba de parecerme algo sorprendente... no obstante, no me hice de rogar. Luego de aceptar tan lisonjera proposición puse manos a la obra en aprender todo cuanto debe saber un 'chatero' que se precie de serlo: aprendí a digitar más ligero, memoricé las claves para adornar mis líneas de íconos y hasta me hice de una cuenta de Messenger, todo esto bajo la atenta mirada de mi cibernovia “Traviesa” quien para ese entonces hacía el papel de maestra y yo de humilde aprendiz. Una vez instalados en la tranquilidad del Messenger la relación con ella se tornó más íntima, hasta el punto de tratar temas de alto contenido se...nsual y sazonados con bromas de alto calibre. Total… ¿que podía tener de malo? Eso pensé, hasta el día que me dijo: ¿Quieres verme por cámara? No recuerdo ocasión que yo halla estado más sorprendido y asustado a la vez, que aquella tarde de enero. La mujer con la que yo había estado compartiendo una comunicación tan sazonada y cachonda (como dicen los mexicanos), no pasaba de ser una mocosa de más de catorce años que, emocionada, no se cansaba de enviar besos volados a la webcam. No pude pegar los ojos en toda la noche alucinando verme salir en los noticieros dominicales bajo el rotulado del pedófilo más vil de todos los tiempos… Como dije hace rato, me tocó ser no terrible, sino, estúpidamente franco, y a la chiquilla, conchudamente falaz.
A pesar de todo, sus cosas buenas le veo al tan mentado chat. Una de las que más me maravillan al unirme a este grupo de devotos de la conversación, es que puedo comparar variantes entre los modos y formas de gentes de distintos lugares. Por ejemplo: El pendejo de México (la forma más exagerada de estupidez), es lo opuesto al pendejo del Perú (donde es el grado más elevado de astucia), mientras que en Chile tiene un sentido completamente ajeno a la magnitud intelectual (pendejo y/o pendeja equivale a infante, criatura)… que pendejada. Otro dato curioso es el grado de universalidad que tiene la mención inflamada de los genitales de un hombre como expresión de idiotez: el weón o aweonao en Chile, el boludo en Argentina, el huevón en Perú y México, el gilipollas en España, etc. Otro dato, gracias al Chat aprendí a calcular y comparar los tiempos en diversas partes del mundo. Así, aprendí que mientras yo en Lima estoy desayunando, en España mi amiga “Silvia” está reposando el almuerzo; mientras yo llego a conectarme aquí a las nueve de la noche en México mi amiga “Lupis” hace casi lo mismo; mientras aquí paso un invierno con una temperatura promedio de 14º C, en Chile la frágil “Naku” se las ve hasta con 0º C… es decir, también se pueden aprender ciertas cosas…
Siguiendo con las tonterías, y para terminar, debo admitir que más de una vez me he preguntado como será aquella “Claudia” que me dijo ¡que inteligente eres!, o fantaseado con esa “Alaniss” que me llamó mi lindo… Se que todo esto se ve muy tonto, pero hoy no tengo ánimo de corregir. Escribo todo de un tirón, como salen las cosas de mi cabeza. Deseo a toda costa subir algo al blog y acabar de una buena vez con esta racha que no me deja parir dos líneas. Además, debo entrar al Chat un rato después. Quiero encontrarme con “Danae”, quien ahora me detesta –dice que por coqueto, celoso y malgeniado- para dedicarle esta canción, mi canción favorita, y jurarle a pies juntillas que más de una vez le dije alguna verdad.
Y dice...




"PLANCHA PISTAS" OTRA VEZ


"...comprendí la vida durísima del que tiene que trabajar ocho o diez horas diarias usando sus brazos, su fuerza física, y después no le queda tiempo ni curiosidad para leer ni educarse, ni para ir a un espectáculo, y lo unico que le provoca es quedarse a dormir. Me di cuenta que era una situación despiadada y sin salida, que los trabajadores en nuestro mundo llamado libre estaban como exonerados de porvenir..."

Julio Ramón Ribeyro

-¡Ay joven, cuanto viento! ¡Ojala el aire no se lleve mi techo! -exclama llorosa la dueña de la minúscula bodega que visito. Se lleva asustada las manos a la boca y mira al cielo por todas partes, desesperada, como buscando al Dios invisible e indiferente a sus ruegos.
El viento sopla con violencia, levantando una densa polvareda y cuanto desecho encuentra a su paso: bolsas de chizitos, hojas de periódicos amarillentas y sobre todo, tierra muerta. En los cerros de Ventanilla y Zapallal, los remolinos son cosa de todos los días. A pocos metros una calamina, un plástico azul y una muñeca vieja salen disparados por la fuerza de la ventisca dejando una casucha huérfana de cubierta. Pasado el remolino la vida sigue igual.
-Dígame joven, ¿en que puedo servirlo? -me interrogó la mujer, repuesta ya del susto del remolino.
-Buen día señora, mi nombre es Fulano de Tal, y soy su nuevo vendedor de cerveza Franca -respondo-, estoy reemplazando en la zona al señor Francisco de la Cruz.
-¡Ay joven, ese señor es un renegón –contesta la mujer-, cuando no deseo comprarle su cerveza se pone exigente y pesado, hasta se da el lujo de hacerme mala cara. Ya estoy harta de todos los vendedores.
-¿Verdad señora? uhm, no es usted la primera persona que dice eso –tengo que seguirle la corriente. Sin embargo, me siento alarmado, pues compruebo que es una clienta difícil.
-Claro que si joven, ¿lo ve? no soy la única persona que piensa eso. –insiste-, ¡No sé como la empresa contrata gente tan maleducada!
La mujer sigue hablando del ex vendedor despachándole adjetivos a granel: renegón, viejo, cansado, aburrido y cosas por el estilo. Sus gestos le dan tanta convicción y gracia a sus palabras que no puedo evitar reír y unirme al chisme.
-Si señora, el tío Pancho es así -empiezo a hacer leña del árbol caído-, por eso en la oficina lo llamamos el estreñido.
-Jajajaja… es verdad –ríe la señora- el viejo ese siempre anda pujando.
-Le cuento que ayer, debido al calor infernal que hizo, llegó escaldado de la zona –le pongo al corriente de los hechos del día anterior-, ¿se lo imagina verlo llegar caminando como todo un vaquero?
-Jajajaja… ay joven, usted es más malo que yo -seguía riendo la clienta.
Por fin el hielo se había roto, con la empatía conseguida, ahora no sería tan imposible arrimarle unas cuantas cajas de mi producto.
-Ahora, ¿no me va a decir que pretende que le compre su cerveza? -recalcó la mujer volviendo a su seriedad-, no quiero saber nada de la Franca.
-Señora, la cerveza es muy buena… aparte de económica –argumenté.
-¡Puede ser buena y todo lo que quiera, pero aquí todo el mundo pide Cristal! No deseo comprar un producto para tenerlo guardado –lanzó el comentario a modo de reto.
-Tiene razón señora… ahora ¿puede venderme una Coca Cola? –respondí. Cuando justo acababa de poner el destapador en la chapa de la botella y tirar de él cambié de opinión-. ¡Señora mejor déme una Inca Kola!
-¡Ay joven, ya la destapé… ahora se la toma! ¡Ni modo que la deje destapada! –respondió.
-Está bien señora, pero… debería hacer lo mismo con la Franca, con mi producto usted gana más –me aventuré a sugerirle.
-¡Jajajaja… pero que terco es usted joven! –volvió a reír-. Además, aunque quisiera, no tengo dinero para recibir ningún pedido.
Tenía que pensar rápido, prácticamente, la venta se puso en bandeja de plata.
-¡Ay señora! ¿Por qué tan pesimista? -continué- Tiene un negocio muy atractivo. Además, ¿que le hace pensar que hoy día no puede vender muy bien y lograr el dinero para recibir mi producto? Veo que tiene una bonita exhibición de toallas higiénicas, he caminado por toda la zona y me he topado con más de diez parejas de adolescentes en arrumacos y coqueteos. Habiendo pasado a más de veinte días de celebrar el día de San Valentín… ¿no cree que esas toallas higiénicas que usted vende, pueda ser lo que más deseen comprar esas jovencitas? …vamos, no sea tan pesimista.
-Jajajaja… además de terco, es usted malpensado y jodido –contestó la clienta, esta vez riendo de nuevo.
-No señora… yo solo digo –respondí, poniendo cara de tonto.
El calor iba en aumento. Me hice a un lado a beber mi Coca Cola y pronto la bodega empezó a llenarse. Una señora gorda se llevo un kilo de pollo, un caballero pidió los abarrotes para toda la semana y una jovencita preguntó por un tipo de Alway’s. La dueña de la bodega me miró de reojo y sonrió a escondidas, meneando negativamente la cabeza. Una vez que el negocio le dio un respiro se dirigió de nuevo a mí.
-Está bien, está bien –me dijo, apurada- mándame para mañana cinco cajas de Franca.
Esta vez me tocó reír a mí.

A pesar que el mundo de las ventas esté lleno de experiencias y anécdotas valiosas, debo reconocer que a menudo nos pasa a los vendedores lo que arriba escribió Ribeyro. Y eso es lo que me ha mantenido este tiempo alejado de mi afición blogueril... llegaba tan cansado a mi casa que más de una vez me quedé dormido apenas encendí el computador... ¡Que gusto me da poder leerlos de nuevo!

El jovencito de este video me hace recordar mis primeros dias de vendedor




¡AZÓTAME!

…El sádico necesita de la persona sobre la cual domina y la necesita imprescindiblemente, puesto que sus propios sentimientos de fuerza se arraigan en el hecho de que él es el dominador de alguien…
…No puede vivir sin ella, o por lo menos sin alguna persona a quien pueda manejar como un instrumento pasivo en sus manos…
…Los soborna con regalos materiales, con alabanzas, con seguridades de amor, con exhibiciones de ingenio y agudeza o con muestras de interés. Les puede dar todo, todo excepto una sola cosa: el derecho a ser libres e independientes…

Erich Fromm “El Miedo a la Libertad”

Fulano de Tal es un conocido cantante de salsa. Su vida transcurre relativamente tranquila, sin mayores tropiezos, a pesar de gozar de cierta fama en el ambiente artístico nacional. Tiene una joven esposa y dos hijos que son su adoración. Sin embargo, él guarda un secreto: desde hace más de cinco años mantiene un romance con Mengana. Cuando Fulano medita esa situación no termina de entender que hay en ese amorío que le hace imposible darlo por terminado. Mengana no es muy bonita, aunque si muy jovencita. “Es muy dócil y obediente” piensa él, y en estos tiempos encontrar una mujer dócil “es más difícil que cagar hacia arriba”. Las muy pocas veces que ella protestó sólo bastó un par de trompadas para “ponerla en cintura” y hacerla cambiar de parecer.
Mengana se siente muy “enamorada” de Fulano. No importa que a veces, o casi siempre, se comporte tan violento, posesivo y dominante con ella. ¡Qué importa lo que diga la gente! Si su hombre le prohíbe salir con amigas, ella sabe que lo hace por su bien; si alguna vez fingió no conocerla, al toparse con ella en la calle, cuando andaba del brazo de su esposa, ¡tampoco importa! ella está segura que de un día para otro Fulano le dará su lugar, y la llevará por fin a su casa para hacerla su reina.
Fulano y Mengana son muy diferentes. Ella tiene menos de de veinte y el se acerca a los cuarenta; ella es muy parsimoniosa y él derrocha energía; ella es callada y él ostentoso. Hace poco ambos tuvieron un pleito. A pesar de las precauciones tomadas, Mengana quedó embarazada. Fulano asustado, viendo peligrar la tranquilidad de su vida pública y familiar, propuso a Mengana “eliminar al engendro”.
Mengana está muy apenada, más que todo dolida. Fulano por poco la mata al intentar “regularizar su periodo menstrual”. Pero lo que más la sorprendió fue su propia reacción: fue la primera vez que se opuso tenazmente a Fulano. Ella quería tener a su “negrito” y nada ni nadie se lo iba a impedir, ni siquiera Fulano. Por esa porfía ese día Fulano llegó a su departamento hecho un energúmeno. De una trompada la derribó al suelo y le exigió “deshacerse del bulto”; al obtener un no por respuesta mandó llamar un amigo y entre los dos, a punta de puñetes y patadas, aplicaron una inyección abortiva a la “terca mocosa de porquería”.
Mengana casi no lo cuenta. Con muchos esfuerzos lograron restablecerla en el centro médico asistencial. Sin embargo, está arrepentida de haberle contado a ciertas personas del abuso de la que fue objeto. Las cosas con Fulano están de “color de hormiga” porque la gente ahora lo llama “abusivo de mierda”. Él está escondido por temor al dedo acusador de cuanta persona se enteró de lo sucedido.
Mengana, muy dentro de ella, teme no ver de nuevo a Fulano. Recuerda nítidamente sus piropos, lisonjas y sus cautivantes pasos de baile, mimos que siempre despertaron su lado más lujurioso. Está arrepentida del escándalo en que se convirtió su historia, mucho más ahora que tiene la carta de Fulano en sus manos, donde le pide de rodillas, y con lágrimas en los ojos, que él no puede vivir sin ella, que su existencia sin ella se ha vuelto vacía y que vuelva con él.
Mengana empieza a flaquear, después de todo, ella ama a su “negro”. Está segura que él va a cambiar y se dice “que importa… si los golpes y gritos son parte de toda relación”. Mengana cierra los ojos y añora a Fulano. En silencio, una vez más, lo ha perdonado, y a la distancia le envía un etéreo beso, el mismo que viaja por el espacio y va a parar al concierto que Fulano da por el día del amor… donde paradójicamente –junto a su hermano-, canta esta risible canción…




LAGUNA MENTAL (O SIMPLE DESIDIA)

PD. ¡Bah! hasta olvidé las proporciones en la imagen. Para ver las letras pequeñas denle click a la imagen para agrandar. Ojalá me ayuden con el pedido.


Solo se me antoja oir algo suave...




CUANDO ALAN GARCÍA REGRESÓ AL COLEGIO

Los traumas en la infancia a veces suelen ser insuperables

Las apariciones de nuestro presidente cada día son mas graciosas. En mis tiempos no era tan divertido. De hecho, verlo la primera vez resulto ser una experiencia terriblemente aburrida. Era noviembre del año 84 -si la memoria no me falla-, y el candidato presidencial Alan García Pérez venía de visita al antiguo colegio donde cursara sus estudios primarios.

Para tan digna ocasión sólo fuimos invitados los profesores y los estudiantes que teníamos la infame fortuna de ocupar los primeros puestos del cuadro de honor de cada clase. La visita estaba programada para las nueve de la mañana. A los alumnos nos citaron desde las siete, para ensayar las marchas premilitares y pasos redoblados de ley, que luciríamos frente al futuro presidente de la nación. De más está decir que muchos de nosotros habíamos llegado a la cita con un desayuno apurado.
Eran las once de la mañana y el ilustre visitante no llegaba. Cientos de alocadas madres de familia aguardaban en la puerta del colegio, esperando histéricas y emocionadas al buen mozo político que ya para ese entonces amenazaba convertirse en el próximo presidente de la república. La espera proseguía mientras el calor se volvía insoportable.
Mantenerse parado por más de cuatro horas en esa rígida formación escolar empezó a causar estragos: mi amigo Humberto vomito huevos fritos; el gordo Ricardo se desplomó desmayado producto del ayuno que su madre lo obligó a pasar para evitar llegar tarde al acto; yo descubrí esa vez que el mar de camisas blancas resplandeciendo en el sol de mediodía (maldito Ariel blanqueador) me producía náuseas, mareos, pérdida de la visión y unas ganas terribles de encajar un cabezazo en los testículos de ese político de porquería.
A las doce con treinta minutos por fin llegó. Las madres de familia en la puerta gritaban alocadas como fans enamoradas, un batallón de guardaespaldas iba por delante y detrás del ilustre ex-alumno atropellando, empujando y pisando a quién se acercara demasiado. Una vez instalado en el apolillado estrado oficial del colegio, los alumnos sobrevivientes a la espera desfilamos delante de él, gallardos y marciales, con la expresa misión de levantar las piernas muy por encima del trasero del compañero que teníamos delante.
La ceremonia se dio sin contratiempos. En su discurso, Alan García recordó a viejos maestros y antiguos compañeros. ¡Que aburrido!... por esos días debió haber tenido alguna cura del sueño o algo parecido pues no estatizó el kiosco de golosinas, no pateó a ningún retrasado mental, no cantó bolero ni ranchera, no bailó salsa o reggaeton alguno, ni fecundó a maestra o madre de familia de “muy altas cualidades” que pululara por el lugar. Al final de la ceremonia fue invitado a saborear un banquete en su honor. Sin embargo, aduciendo apuros, se disculpó, y se mandó mudar. Los alumnos también nos retiramos, pero obligados por los maestros, quienes se encerraron en la sala de honor del plantel para devorar en privado el magnífico banquete que pagó la ultima colecta escolar.
okiperu@hotmail.com

¡Pues claro que ahora es más divertido! ¿O caradura?



BARRANCO... DÍA DE PLAYA

Hace calor, cuando niño en estos momentos ya estaría tirado en la arena panza arriba. Ahora no puedo. No es porqué las ganas se hayan ido; sino por la sencilla razón que el mar de Barranco ya no es de los barranquinos.

Recuerdo mis primeras y solitarias caminatas a la orilla del mar. No hacía falta mayor excusa que un querer estar a solas para planear mi excursión. Me ponía al vuelo los pantalones cortos, echábame al hombro la mas vieja de mis camisas, y pies descalzos, salía corriendo rumbo al malecón. A veces, a mitad del camino, la conciencia me recordaba que no bastaba una simple nota dejada en la mesa para evitar que la vieja se preocupara… "Mamá voy donde Pedro a jugar Atari". ¡Qué chucha, bien valía la pena ser castigado!

A la altura de la casa de Vargas Llosa el malecón se abría en un magnífico parque, en forma de media luna, en todo su centro convexo el barranco descendía menos pronunciado. Miles de pisadas habían formado una senda por donde los chicos bajábamos a la playa. Que placer era llegar allí, mirar con desprecio el peligro de la pendiente y bajar corriendo, elevando nubes de polvo con cada paso que dábamos, mientras las ratas enormes corrían a refugiarse espantadas debajo de las campanillas o la maleza. Otras veces nos caía una lluvia de piedras lanzadas por un demente que habitaba muy cerca, un cuchitril de cartones y trapos viejos; al mismo tiempo que nos lapidaba, chillaba: ¡Fueeera mierdas… fueeera!
Una vez llegado a la playa aspiraba la brisa con deleite y me amarraba la camisa al brazo. Así, sin nada que cuidar y mucho menos que perder, me adentraba a saltos corridos en el mar. Nunca asistí a clase de natación alguna, pero la tranquilidad de ese mar juguetón me hacía creer ser un moderno aquaman. ¡Qué rico era bucear en sus aguas tibias, correr con una paleta en la mano sus olas y hacerse el cojudo al chocar varias veces con una chica bonita! Luego del chapuzón emprendía la jornada exploradora. Nada era más fascinante que buscar caracoles en los espigones de piedra que limitaban una playa de otra, aunque había que tener mucho cuidado. De vez en cuando una ola golpeaba con fuerza contra las rocas, y si tenía la mala suerte de hallarme en el camino de la misma no evitaría jamás un doble golpazo en el cuerpo, digo doble pues primero te golpeaba el agua, aventándote con fuerza hasta estrellarte contra las piedras. Otras veces atisbaba bajo las rocas y podía encontrar restos de cordeles de pesca casi nuevos, que de seguro eran perdidos por unos viejos que llegaban al amanecer a la playa para pescar tramboyos y lizas. Todos estos cachivaches (que así los llamaba mi vieja) los guardaba en una lonchera de plástico que encontré otra vez en la lagunita de agua dulce que se formaba en el centro de la playa. Ese lugar era usado por los chicos como piscina, ya que de tiempo en tiempo el agua salada y el calor sofocante parecían estresar la piel y no había mayor placer que echarse a nadar en esa poza de agua tibia y libre de sales (quién sabe si libre de orines). Avanzando más al sur, con dirección a Chorrillos, se vio por algún tiempo los restos de un cetáceo que, habiendo sido varado por el mar, iba descomponiéndose poco a poco. A pesar del fuerte olor, la vista completa de ese blanco esqueleto, cerraba con broche de oro toda aquella aventura “descubridora”.
Dicen que Barranco antes fue un lugar de ensueño. Los Baños de Barranco eran una estructura metálica enorme que, a modo de glorieta, se adentraba en el mar para brindar a los bañistas la fantasía de retozar en balcones marinos. En mis días de infancia ya de ello no quedaba nada. A cada cierta distancia solo se podía ver algunos fierros podridos, carcomidos por el agua, la brisa, el tiempo y el olvido. Tiempo después la bajada de tierra fue reemplazada por una escalera de concreto y señalizada, que hacía más seguro el descenso. Con esa facilidad, más tarde hasta las viejas se animaban a bajar a la playa a relajarse de la rutina de ollas, bateas y escobillas de lavar.Hoy todo eso ha cambiado. Cierto día las escaleras de descenso a la playa amanecieron destruidas, dijeron que un "derrumbe" en el acantilado produjo su colapso. Al mes siguiente se iniciaron trabajos de “infraestructura” en la playa, y cuando estuvieron concluidos, se dio la noticia que el gobierno municipal había cedido los terrenos para construir un complejo turístico en favor de los mismos barranquinos. No ha pasado nada de eso. Simplemente ya no tenemos playas. Varios restaurant’s y clubes particulares han tomado por asalto las áreas públicas y construido sus instalaciones a lo largo de casi toda la orilla. El sueño de repetir como mis hijas el hueveo de mi niñez, sencillamente, ya no se dará...



MAS CHANCHO IMPOSIBLE

A los 18 años, yo era un flacuchento... jamás se me hubiese pasado por la cabeza pesar mas de 58 kilos. En ese tiempo, eso sería como alucinar a Laura Bozzo en el cuerpo de Tongo.

La mayoría de los últimos posts que he leído entre los bloggers peruanos, coinciden en algo: cada uno, y a su manera, hacen una notoria mención de la necesidad de lucir una esbelta figura en el verano que empieza a cocinarnos.
Carmendelly narra una que otra incidencia en la vida de la gimnasta compulsiva, aquella de carnes firmes y formidables, capaces de provocar las muestras más grandes de admiración entre los hombres, y envidia en las mujeres; R4f43l parece narrar un soliloquio triste tenido frente al espejo -como el que tengo a diario al terminar de ducharme-; Renato Cisneros hace lo propio, aunque de forma más libre, al más puro estilo Beach Boy’s; Mariella aborda el tema de modo más serio, imponiéndose un reto personal… reto que yo mismo me impuse, y que ahora, guatón y derrotado, no deja de producirme una carcajada.


A Licety la conozco hace poco más de un año. Es la chica que administra las cabinas de Internet que yo visitaba antes de tener la conexión en casa. Así pues, a medida que crecía mi adicción al chat y los juegos en red, crecía la confianza entre los dos. Hoy, a pesar de tener el vicio en casa, no dejo de visitarla a menudo para conversar de cualquier cosa y con la plena seguridad de reírme un buen rato en la compañía de alguien que disfruta de las mismas trivialidades que yo.
-Oye Oscar, estás panzón.
¡Carajo! …la flaca me dio la puñalada. Hace tiempo que me había dado cuenta de eso, pero… ¿acaso la condenada tenía que ser tan directa? ¿acaso no bastaba caminar erguidito, metiendo con disimulo la guata y ajustar asolapadamente la correa para pasar piola?
-No Oscar, de verdad… estás bien gordito.
Cambió el tono de sus palabras, pero a la larga, me dejó más cagado que los calzoncillos de Guayabera Sucia. El hecho es que la flaca me dejó traumado. Salí de las cabinas corriendo y derechito me fui a la farmacia del costado. Una inmaculada balanza digital, por la módica suma de un nuevo sol me daría mi peso, talla, y un cálculo exacto de cuanto debería pesar en proporción a mi estructura ósea (vaya floro).

Su talla es 1.70 m, su peso es 80.2 kg.
Su peso debe variar entre 66 kg y 70 kg.
Gracias por su preferencia.


Don Juan Capuñay es un viejo setentón, y una de las glorias vivas del callejón de Los Intocables. A fuerza de mucho empeño, trabajo y sacrificio pudo montar un modesto gimnasio en el patio de su casa, que con el tiempo, se fue ampliando hasta convertirse en todo un edificio de cuatro pisos dentro del callejón. Sin embargo, el acceso a sus instalaciones estaba muy restringido. Desde hace varios años, el callejón de Los Intocables se hizo fama de reducto de gente de mal vivir. La fauna social, típica del lugar, estaba constituída por prostitutas, drogadictos, ladrones, rateros, choros y cogoteros que pululaban por buena parte del viejo Barranco y Surco pueblo. No eran raras las incursiones y pesquisas policiales al interior de su perímetro de adobones. Un buen día los vecinos empezaron a protestar, se organizaron, y armados de piedras y palos, expulsaron a toda esa escoria social que se había apoderado de las pampas y zanjas que, al interior del callejón, les servía de guarida y refugio. Don Juan, como el hombre más respetable del lugar, asumió las funciones de jefe de seguridad del comité vecinal. Se montó un puesto de vigilancia a la entrada del lugar (que no era otra cosa que un apolillado kiosco de planchas de triplay y cartones reciclados), y pusieron de guardias a las mujeres más viejas, cucufatas y chismosas del comité. Con semejante cuerpo de vigilancia, la expulsión definitiva de la gente de mal vivir estaba garantizada. Por la misma razón, Don Juan hizo mucho mas refinado el filtro que cernía la clientela que pedía acceder a los servicios de su gimnasio.
-Buenas noches señor, ¿usted es Don Juan Capuñay? –pregunté-, Yo soy Oscar C… vengo recomendado por Cesar Bianchi, el peluquero.
-¡Ah Cesitar! –respondió-, muy buena persona, aparte de buen pastor evangélico. ¿En qué puedo servirlo? –continuó-, ya es tarde y estaba a punto de irme a dormir.
-Venía a inscribirme en su Gimnasio Don Juan –le respondí-, Cesar me dio razón de él y me dijo que le avise que venía de su parte, ya que usted sólo acepta previa recomendación.
El viejo me miró de pies a cabeza sin disimular su desgano. Luego me dijo:-Muy bien joven, puede venir a conversar mañana temprano que yo lo estaré esperando. Pero antes déjeme darle un consejo:

Por más urgente que sea la situación,
jamás vuelva a tocarme la puerta
pasada las doce de la noche…


Ingresé al gimnasio un día martes a las cinco de la tarde, habiendo pagado dos meses por adelantado de instrucción, y estrenando shorts, zapatillas, polera y calcetines nuevos recién compradas en el mercado del barrio.
-Lo primero que vamos hacer serán abdominales –dijo Don Juan, señalándome la guata.
No recuerdo bien cuantas veces flexioné aquella parte del cuerpo que en las clases de primaria los maestros nos enseñan a llamar tronco. Al comienzo fue fácil, pero a medida que iba acabando cada una de las secuencias que el viejo maestro ordenaba, mis ímpetus se iban menguando. El sudor corría a chorros por todo mi cuerpo y empezaba a sentir mareos. “Tu puedes Oscar… sigue, no pares” pensaba para mis adentros. “Malditas cervezas, malditos cigarros… malditos quince años de pereza y gula”, empezaba a maldecir, mientras se me entumecían las piernas. Sin embargo, no me daba por vencido. “Muy bien, ahora de costado… bravo, ahora levanta las piernas… excelente, ahora coloca las rodillas arriba… las piernas abiertas, treinta veces, vamos… uno, dos, tres…” el viejo jijuna me movía a su antojo, como un depravado a una puta. Pero pasé la primera prueba.
-Ahora trabajaremos hombros, espalda y brazos –sentenció el viejo.
Pasamos a otro ambiente del gimnasio que se hallaba cubierto de espejos. Cogí unas mancuernas del suelo y observé mi imagen reflejada: bañado en sudor y con pesas en las manos mi porte me pareció de lo más viril. Me gustó. “¡No… esas no!... esas mancuernas son para damas… coge las otras, las más grandes”, el maldito me devolvió a mi realidad. “Ahora, con esa pesa grande flexiona los brazos hasta el pecho… treinta veces… vamos…” Yo empezaba a desfallecer, y vinieron muchas rutinas. “Ahora, recostado sobre esa banca, levanta las mancuernas… treinta veces… con firmeza… vamos… uno, dos, tres…” Cada vez, más al borde del desmayo, empezaba a temblar. Una mancuerna se me resbaló de las manos y (recostado como estaba) por poco me rompe la cara. Al ser rezongado por el viejo, esta vez pensé para mis adentros: “Calla viejo conch…”.
-Vamos a ver como estamos de piernas -amenazó, señalando mis miembros inferiores.
“Ahora, sentadillas… coge esa pesa, llévatela a los hombros y empieza…” Las primeras secuencias las hice con mucho esfuerzo. Pero a la quinta, me fui de culo contra el suelo. Reincorporarme se me hacía difícil. Allí quedaron mis últimas energías. “Creo que por hoy basta… regresa el jueves, y con ganas, porque aumentaremos cada secuencia”. Tambaleándome, llegué a duras penas a casa, con el firme propósito de hacerlo mejor la próxima vez.

Hoy es jueves, y me siento como si me hubiese aplastado un tanque. Quitarme una camisa se me hace una tarea muy dolorosa. Pienso en el viejo y su risa burlona al despedirme, viendome bajar las escaleras abrazado al pasamanos. Mentalmente lo mando al carajo: “Que regrese tu madre… viejo jijuna… por mí, quédate con mi plata y metete tus mancuernas por donde no te da el sol…”
Licety me mira ahuevado y adolorido.
-Nunca pensé que fueras tan llorón –me recrimina.
-Cojuda, por tu culpa me metí en esta huevada –le respondo-, ahora te jodes y empiezas a hacerme unos masajes.
La flaca se da media vuelta y se larga… se larga veloz, riéndose a carcajadas.
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A continuación la publicidad de Brahma Perú que nos levantó la moral todo el verano pasado.




UNA FELIZ NAVIDAD... DESPUÉS DE TODO

Dieron las doce de la noche del 24 de diciembre. Es decir, ya era Navidad. Sin emoción evidente abracé a mi familia. Los regalos que luego me tocaron fueron horrendos: Una polera dos tallas mayor a la mía, un par de calzoncillos que me quedaron chicos, un reloj que hasta ahora no puedo echar a andar. Lo más rescatable, fue una finísima crema de afeitar. Es una lástima que yo sea lampiño. Para variar, jamás llego esa llamada especial que todos esperamos en esa noche especial. Los problemas del trabajo en esos momentos solo eran una raya más al tigre. Si le pongo una raya más al felino, este se torna en pantera.

Luego de los protocolos de ley, cena, brindis y descalabro de moños y papeles de colores opté por irme a dormir temprano. Es en ese momento que vengo a darme cuenta de lo tonto que había sido. El desgano y una supuesta decepción habían jugado con mis sentidos. Habían postergado notar el detalle más importante de aquella noche: La alegría de mis niñas.
Diana disparaba a diestra y siniestra el obturador de su nueva cámara fotográfica. Minori, desesperada, pugnaba por extraer la muñeca nueva de su empaque. Últimamente las Barbie’s llegan tan aseguradas a sus cajas, como un condenado a su silla eléctrica.
La cara de un niño abriendo regalos en la noche de navidad es algo que reconforta hasta al más pesimista. Ese fue el chispazo que salvó esta última navidad. Sin explicación alguna para el resto de mi familia, dando gracias para mis adentros por todo aquello que entendí que tenía, corrí a abrazarlos de nuevo.
Es increíble como situaciones tan tontas y sin importancia, son capaces de impedirnos notar las cosas que realmente importan en la vida: familia, salud, paz y tranquilidad. Ahora me doy cuenta que soy una de las personas más afortunadas del mundo Tengo dos pequeñas maravillosas, dos niñas que aún son sólo mías, dos niñas que aún la vida no me las quita… tanto así, que todavía pasan sus noches soñando a jugar, y acariciando la oreja raída de un viejo muñeco de peluche.

¡Gracias y feliz navidad Diana y Minori!





FIEBRE DE SÁBADO POR LA TARDE

No fue mi intención. Por más que había jurado evitarlo, estoy de nuevo aquí, donde siempre terminan mis imprevistas salidas. Sonó el celular. Aún no le daba los toques finales a mi última lámina y no quise prestarle atención. Pero sonó de nuevo el maldito teléfono. ¿Quién llamará a mediodía del sábado? Por fin me animé a coger el celular y pude leer en la pantalla: Llamada de Don Potencio. Ta’ madre… ya estaba perdido. Era una llamada que nunca puedo evitar contestar.
-Oe’ loco, te habla Pedro… estoy en el hospital Rebagliati. Ya nació mi hijo. En media hora voy por tu casa para tomarnos unas chelas.
Pedro o Potencio es uno de los pocos amigos que me quedan de la niñez. Tiene una cualidad muy especial: es la única persona que con cualquier razón, buena o mala, logra acabar con mis largos periodos de abstinencia etílica. Así de sencillo.
Media hora más tarde ya estaba ocupando el asiento del copiloto de su viejo Toyota. El mismo auto que quince años atrás no solo nos transportaba, también nos servía de cantina, disco y hotel ambulante. A pesar del tiempo transcurrido, aún mantenía impregnado por todas partes el olor a trago barato, cigarros, hierba y sudor de aquellos lejanos y alocados días.
-Te felicito compadre… ya son dos hijos. Ya va siendo hora de que sientes cabeza.
Pedro me miró y empezó a reírse diciendo:
-Puede ser… pero ahora vamos por allí a huevear.
El auto marchó unas cuantas calles y se estacionó en las afueras de la bodega de la Tía Camote. Hacía un calor desesperante y Pedro empezó a fumar.
-Oe’ loco, gracias por acompañarme… estoy contento –me dijo mientras miraba concentrado elevarse el humo del cigarrillo.
-No es para menos –le dije-, un cachorro es un cachorro. No faltaba más.
Pero del niño no hablamos más. Al terminar de fumar ese cigarrillo Potencio bajó del auto y entró en la bodega. Regresó a los pocos minutos con tres cervezas heladas. En ese momento me sentí entre perdido y complacido. El calor calentaba el auto y apuré con desesperación el primer vaso de cerveza.


-Ahhh… ta’ madre… que rica está la chela –dije-. Hace más de medio año que no me meto un trago.
-¿Tu? –me preguntó con tono de burla-. No te creo ni media palabra.
-Claro pues huevón –le respondí-, aunque no lo creas hace bastante tiempo que colgué los chimpunes… ¿crees que soy como tu?
-Puta madre, si hablamos de borrachos vas a salir perdiendo –insistió.
-Jajaja… ¡salud por el cachorro! –ya estábamos embalados.
Pronto las primeras cervezas se acabaron. Llegó mi turno de meter la mano al bolsillo y fui por tres chelas más. Estas tres duraron menos. Los vasos empezaron a servirse al tope, derramando espuma. El calor sofocante de este fin de semana apuraba el brindis. El cuerpo sediento pedía cada vez más rápido el trago frío y, para variar, mantener la cerveza dentro de las botellas por mucho tiempo, hacía correr el riesgo de que la misma se calentase. Se terminaron al instante.
-Me toca, voy por más trago –dijo Pedro-, mientras abría la puerta y se encaminaba a la bodega.
La cabeza empezó a darme vueltas, pero estaba alegre. Además, aún era temprano, dos de la tarde. Potencio salió de la tienda riendo como loco. Traía una mochila al hombro.
-¡Carajo! –grité sorprendido-, ¡Has traído seis!
-¿Y…? –me dijo despreocupado-, todavía faltan las seis tuyas.
-¡Como te gusta el trago huevón! –exclamé, mientras ya alucinaba por dentro como iba a terminar todo.
Luego de esas llegaron las seis botellas mías. El licor empezó a hacer sus efectos y de un momento a otro ya estábamos cantando, riendo y piropeando a cuanta mujer pasaba cerca al auto. Una mulata cuarentona nos coqueteó a la distancia y decidió acercarse al auto; pero al llegar, y ver que quienes intentaban abordarla eran dos hombres ebrios, se puso en fuga, no sin antes decir entre dientes: borrachos de mierda.
-Mi hijo se va a llamar Javier Eduardo –dijo Pedro, mientras yo trataba de adivinar lo que hablaba. No se quien de los dos estaba mas ebrio. Él por no hablar bien, o yo por no entender una palabra. No le respondí nada.
Luego de eso Pedro aseguró las puertas y arrancó a toda velocidad el auto rumbo a su casa. Siempre solía hacer lo mismo cuando estaba de más. Era el último acto de prudencia que hacía antes de sumergirse por completo en la borrachera.
Una vez llegados a su casa bajó del auto y me invitó a pasar.
-Pasa, tengo comida de ayer –me dijo-, vamos a quedarnos un rato más.
Intenté ponerme de pie y no fue fácil. El cuerpo me tambaleaba, y veía el piso moverse, todo me daba vueltas.
-Ta’ madre… ya estoy jodido Pedro –le supliqué-, mejor lo dejamos para otro día, toda la vida me andas malogrando.
-Jajaja… si huevón, y a ti que no te gusta nadita –respondió.
-¡Ese afán tuyo de chupar hasta terminar por los suelos carajo! –protesté.
-Oe’ loco… gracias por acompañarme –me dijo de nuevo.

Con un apretón de manos nos despedimos y emprendí la penosa tarea de caminar las nueve calles hacia mi casa. Por el camino los perros me ladraban, como a un drogadicto, y las mujeres, evitando toparse conmigo, me esquivaban con terror y desprecio.
Al llegar subí rápido y silencioso a mi habitación para evitar ser descubierto por mi familia. Desamarré como pude los pasadores de mis botines y los tiré debajo de la cama. Me acosté aliviado, pensando que ya pasarían el malestar y la fatiga que dominaban mi cuerpo.
Por fin a descansar. Un buen día de relax no tiene mejor cierre que meterse a la cama temprano, alcancé a pensar mientras me echaba. Estaba equivocado. En décimas de segundo paso de estar echado a sentado, con los ojos abiertos y tapándome la boca con las manos aterrorizado.
¡Carajo, lo mismo de siempre! Los ocho pasos que separan mi habitación del cuarto de baño los salvo de un salto. Todas las malditas veces que salgo de improviso, y con Pedro, terminan exactamente igual. Arrodillado, el paladar avinagrado, la cara metida en el inodoro, mirando asqueado los restos del desayuno que voy arrojando, bramando desesperado y metiéndome el dedo a cualquier agujero, para apurar con violencia, el desalojo del vómito brutal que me domina… ¡Pedro conche’ tu…!

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GENARO PÁGAME MI PLATA...!

Échale tierra compadre… Genaro ha demostrado ser peor que Carlos Manrique en el arte del "perro muerto". Muchos dirán: Noooo… como Manrique ninguno; sin embargo, no se han puesto a pensar en detalles simples –y a la vez alarmantes-, que PapaUpa en vez de esconder, exhibe con enorme descaro, haciendo de estos detalles las muestras de un poder enorme, solo comparable con su cinismo.
Por ejemplo, ¿a qué canal de televisión les han dado entrevistas Alan García y Alejandro Toledo en este año? …a Panamericana Televisión.
A pesar del sin fin de denuncias por maltrato laboral que enfrentan sus empresas, ¿alguna de ellas ha sido fiscalizada de verdad por el Ministerio de Trabajo?
En cuánto a la millonaria deuda que tiene Panamericana con el Estado, ¿se ha amortizado alguna cantidad?¿Por qué siempre gana los juicios? ¿Por qué es intocable?
Aún más, el Broadcaster se pasea por Palacio de Gobierno, El Congreso de la República y casi todos los entes estatales como Pedro en su casa, fresco y orondo. Los problemas de sus trabajadores [y ex trabajadores] impagos no le interesan.
Échale tierra compadre, a pesar que tu idea es buena, esta no va a funcionar hasta que los cientos de personas que están en la misma situación que tú, se pongan las pilas y sigan a todas sus cámaras… puede ser que el aburrimiento y la vergüenza logren lo que no pudo ningún órgano de control estatal…
Aquí va el videíto del "acreedor"...uno de los muchos. (Fuente: YOUTUBE.COM/Snicker25)


Para esta ocasión, no caería mal una cancioncita de Shakira, hasta parece una dedicatoria especial...
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¡SI ME DROGO, LO HAGO CON MI PLATA... Y NO ME JODAS!

Hace más de veinte años leí un artículo en la revista OIGA titulado: Cómo descubrir si su hijo se droga. En aquel momento me pareció interesante la lista de tips que daba el autor para estar alertas a las andadas de nuestros angelitos más inquietos. Recuerdo algunos consejos que llamaron poderosamente mi atención. Decían cosas como: irritación y enrojecimiento de los ojos; oír música rock (del tipo estridente) a elevado volumen; dejadez y desaseo personal; cambio del círculo íntegro de amistades sanas o “zanahorias” por amistades de greñas largas y vestidos excéntricos, etc. Hoy en día sabemos que esas ideas son poco menos que descabelladas. La irritación de los ojos se curan con colirios; el Hierbero Moderno de Celia Cruz puede resultar igual de motivador que la Bohemian Raphsody de Queen; y además, el orden y la limpieza son los mejores aliados para asolapar una existencia alucinada y clandestina. Tampoco nos hagamos los ingenuos, bien sabemos que la vaina corre en todo los ambientes, hasta en los círculos más intelectuales y exclusivos. Las cosas han cambiado. Lo que siempre será difícil de ocultar será esa forma tan jodida de hablar arrastrando la lengua, la pérdida de la noción de donde se está parado y ese tonito inocente de expresar las cosas, matizados con fogonazos de violencia y rebeldía para luego caer de nuevo en ese estado de relax total. Para muestra un botón. Al encontrar este video leí en el comentario: Fulano de Tal en evidente estado de ebriedad… Aunque para mí, y esto es sólo una apreciación, el angelito se hallaba sospechosamente estimulado. Cosa que no deja de ser graciosa. Total, lo hace con su plata y sin joder a nadie.
Video: YouTube.com /De:Paqui2007
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HUGO, EVO Y FIDEL... LOS TRES CHIFLADOS

Estoy seguro que un gobierno socialista encajaría perfectamente con los gustos propios de mi personalidad. Trabajaría ocho horas al día de lunes a viernes, ganaría un sueldo único que llegue a cubrir mis más básicas necesidades de alimentación, salud, vestido, educación y de repente algo de recreación; total, mi vida es simple y sencilla, tanto que puede llegar a lindar con lo conformista. Pero lo más seguro es que no todo el mundo piense como yo. Miles de personas pueden preferir: la Coca Cola, a la limonada; El Jockey Plaza, a la Cachina; el lenguado, al jurel; el Cinemark, al MetroPulga... y demás cosas por el estilo, nada me da derecho a satanizar su modo de vida.
Todo lo contrario. Siempre es digno de admiración ver a alguien luchar -más que el común de la gente-, por alcanzar sus metas. Mientras las cosas las logren con honestidad y trabajo, por mí, que conquisten el mundo. No toda ambición es maligna, como tampoco es buena toda uniformidad. Patria, Socialismo o muerte!... hace falta estar chiflado para seguir creyendo en ese cuento de hadas... o para pretender imponérselo a quién no lo crea.
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EL NEGRO TIENE TUMBAO... CHÁVEZ TIENE SU JALE

No sé si esto le pase a todo el mundo, pero para mí, estas son unas de esas semanas en que no me apetece hacer nada. El más grande pagano de esta asfixiante rutina es el blog. Sin embargo, ví en los noticieros algo que me llamó la atención: Miles de venezolanos se volcaron a las callles para manifestar su apoyo a las reformas constitucionales que pretende imponer el Presidente Hugo Chávez. No sé que le pasa a la gente, desde afuera todos nos damos cuentas que ese tipo de artimañas no hace más que perpetuar en el poder a un caudillo y un minúsculo grupo de allegados (con el agravante de corrupción, prostitución de los poderes estatales, etc... a los peruanos nos consta). En fín, al menos la noticia sirvió para sacarme del letargo. Desde aquí le mando una linda postal a mi patán favorito... ¿No sé de qué me fijo?... si en su momento, yo fuí uno de los miles de idiotas que por bromear, me atreví a votar por Susy Diaz... ptm, jamás imaginé que íbamos a ser tantos...

Casi lo olvido, más abajo tengo la canción que le compuso Alejandro Sanz a Hugo Chávez... disfrútenla.

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TRUCANDO TUS FOTOS

Todas las imágenes de este blog han sido realizadas por el mismo autor. Si deseas algún trabajo especial con tus fotos comunícate todo el día al 90859406 y pregunta por Oscar.
Otros servicios: Diseño Gráfico, Diapositivas únicas en Power Point, Caricaturas, Historietas, Trípticos, Trabajos de Investigación, Presentaciones de Lujo para Trabajos Universitarios-Superiores (elaborados en Corel Draw). Para más información escribe a okiperu@hotmail.com

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MEMORIAS ESCOLARES ...DEL PEQUEÑO CIELO AL HILARANTE INFIERNO

Crueldad Infantil
De niño me llamaban Borracho. La razón la ignoré por mucho tiempo. Yo era un asustadizo chiquillo recién llegado al tercer grado de primaria de aquel enorme colegio estatal. La primera vez que ingresé a este monstruo me sentí en otro mundo: un mundo de grandes, agresivo, adverso y violento. No se parecía en nada a la pequeña escuela donde cursé mis primeras letras.
Mi primera escuelita estaba a cargo de religiosas de origen europeo. A pesar de lo costoso de su pensión, mi padre, con mucho esfuerzo, se dio el lujo de mantenernos a mi hermano y a mí en el mencionado plantel. Allí todos los alumnos éramos llamados por nuestros nombres de pila. Las monjas jamás permitieron que sobrenombres, motes, alias o adjetivos, usurpen el lugar de nuestros signos nominales. La más severa guardiana de esa regla era la Madre Georgina. Quién se atrevía a violar dicha ordenanza, era conducido y confinado por la santa mujer a una pequeña capilla con olor a ruda y flores mustias, y obligado a rezar dos rosarios completos, bajo la atenta vigilia de la octogenaria Madre Luz. “Padre nuestro que estas en el cielo…”, “Dios te salve María…” De más está decir que la totalidad del alumnado evitaba con afán sufrir las molestias de tamaño suplicio.
Así pasaron dos años, tranquilos y sin novedad, hasta que la situación económica de mi padre empezó a declinar. Las cuentas dejaron de cuadrar, el dinero empezó a escasear y de un momento a otro nos vimos en la necesidad de mudar de colegio. La delicadeza de tratos de la escuelita adorada, contrastaron de forma violenta con las toscas maneras del enorme colegio fiscal. Me enfrenté a un ambiente diferente, hasta cierto punto hostil. Los blanquísimos rostros de mis adoradas monjitas fueron sustituidos por las duras facciones de maestros añejos, hirsutos, sudorosos y con voz de trueno. Solo fue necesario atravesar el portón de la entrada, para sentirme completamente intimidado.
La apariencia del alumnado era también muy distinto al que yo estaba acostumbrado. La uniformidad física y corporal de los niños que primaba en mi pequeña escuela, aquí no existía. Compartíamos los patios no sólo niños de primaria, sino también de secundaria. Algunos de ellos eran mucho más grandes que los maestros. Sus rostros mostraban con insolencia las marcas inequívocas de la pubertad: coloradas erupciones volcánicas en la tez, extrañas y pequeñas formas granulosas de color claro como la más barata sémola a granel, y alambrados indecentes asomaban de entre los poros de esos rasgos a modo de limaduras de hierro. Fue la primera vez que me vi cara a cara frente a un futuro no muy lejano, un futuro de acné, espinillas y vellos faciales.
Sin embargo, me habitué con rapidez. El shock de los primeros días iba cediendo y ya me animaba a reír a mandíbula suelta. Conocí buenos amigos, y junto a ellos comencé a gozar de la infinidad de sobrenombres con que eran bautizados los demás niños de mi clase.
Juan Carlos Gil era un niño a quien su madre acostumbraba a peinar con una raya recta en medio de la cabeza, él fue bautizado como “Cabeza e’ Chucha”.
A Lalo Atoche, niño delgado hasta extremos anoréxicos, lo llamamos “Pata e’ Vela” ; “Pata e’ Comba” era el mote del cojo Meneses.
Julián Ordinola, un chico que llevaba en el rostro -y el timbre de voz- la marca de un reparado labio leporino, fue conocido como “Ñaja Ñaja”.
Enrique Bulnes, con su boba mirada y cejas pobladas pasó a llamarse “Cara e’ Pedo”… la lista sería interminable, y el tiempo ahora no me sobra.
Ya pasaron más de veinte años desde aquellos días. Hace poco conversé con el “Títere” Johnny, un ex compañero bizco y chueco al andar, que me contaba que el “Duende” García había entrado a trabajar en la Morgue de Lima. Mirándonos de reojo y con ironía, nos cagamos de risa como en nuestros más tiernos años.
¿Y a mí porqué me decían Borracho? –le pregunté-. Me dio la respuesta al instante. Vaya que tenía razón. Era la misma razón por la que ahora regaño a mi hijo, para que deje de andar con el paso cojudo de un Teletubbie…
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CHOLO SANO Y SAGRADO

Mi Cholo no es violín
Yo no se a que vienen tantos ataques a la persona de mi Cholo. El pueblo peguano sabe que soy una dama poj mis cuatro costados y poj la misma gazón que soy incapaz de andar metiéndome en escándalos o líos de callejón, con cualquier pobre estúpido e infeliz congresista o periodista. ¡Lógico! ¡Poj supuesto! …pego todo tiene un límite.
Le dije a mi Cholo que evite regresar al Pegú. Pego Él, terco como siempre, acudió corriendo al llamado de sus partidarios (la verdad no se poj qué, si están más muertos que vivos, pego en fin) y ahoga ya se encuentra metido en un nuevo lío.
La prensa fuji-montesinista se ha encargado de calumniarlo y darle una fama invegosímil, incompatible poj completo con la inmaculada personalidad de mi Cholo sano y sagado. Está bien que mi autóctono magido tenga sus defectos y debilidades –como toda persona-, pero la prensa exagega.
El hecho de tomar unos tragos, muy de vez en cuando, no lo convierte en el guagapego que todo el mundo comenta. Como dice el dicho: Más vale bogacho conocido, que alcohólico anónimo. ¡Poj eso mi Cholo no se esconde! Él no tiene nada que ocultar, ¿lo entienden?
Violador lo llaman ahoga. ¡Ay…! ¿Quién creen que lo conoce más? ¿La prensa o yo que soy su mujer? Yo les digo ahoga: Cada vez que mi Cholo consumía licor jamás dejó de llegar a su hogar, sea la hoga que fuera. Sus actividades son tan recargadas que no se le puede negar agarrar sueño y pejnoctar en algún hotel conocido, eso si, siempre y cuando su decencia esté comprobada. ¿De donde sacan lo de violador? Mi Cholo es una persona sacrificada y trabajadoga. Luego de esas nocturnas reuniones se aparecía en casa tan cansado que de solo recordar me pongo melancólica: sus ojos tristes e irritados, enormes ojeras, dolores de espalda, sus piernitas chuecas acalambradas, dolor de cabeza, agotado totalmente. Ni siquiega tenía ánimo para hacerme caso a mí que soy su esposa. ¿En qué momento podía darse el lujo de correr detrás de alguna falda?
Como su mujer lo puedo asegurar: mi Cholo es sano y sagrado. Él no tiene malos pensamientos. No se de donde sacan tantas historias y cuentos. Le atribuyen proezas y dotes sexuales insólitas, muy contrarias a la inocencia y recato con que lleva su vida. Alguna que otra vez llegaba oliendo a perfume de mujer, ¿pego acaso no se da el caso que en alguna reunión se impregne el agoma de los participantes?
Bueno, ya me explayé demasiado con ustedes peguanitos. Es hoga de despedirse. Besitos a Mariana, cariñitos a Adam y saludos a Gustavito. Se despide la más querida de sus primeras damas…
Madame Karp
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LA CAÍDA DEL ULTIMO SAMURAI... EL SAMURAI FUGITIVO (2da PARTE)

Kenyo Alberto Fujimori Fujimori, ex presidente peruano, fue extraditado desde Chile. A pesar de la gravedad de los cargos que se le imputan (corrupción, lesa humanidad, abuso de autoridad, etc.) los grupos fujimoristas se alucinan juez y parte en los procesos contra el ex mandatario.
Kenyo y su séquito protestaron por las condiciones de reclusión a que está sometido un ex presidente; pero olvidaron que en su gobierno la prisión más dinámica fue el sótano del Servicio de Inteligencia del Ejército. Allí muchas personas contrarias al gobierno de Honradez, Tecnología y Trabajo, privadas de su libertad sin proceso previo, fueron torturadas, vejadas, asesinadas, cercenadas, incineradas y desaparecidas sin contemplación alguna.
Kenyo y su séquito exigen un poder judicial justo y hermético, donde nadie pueda emitir sospecha de culpa sobre el ex mandatario, reclamando se cumpla el principio de “presunción de inocencia”; pero olvidan que durante su gobierno el Poder Judicial estaba secuestrado por el mismo Kenyo y Montesinos, que el sistema judicial peruano nunca antes estuvo tan prostituido, y olvidaron también que los fallos y sentencias se digitaban desde las instalaciones del Servicio de Inteligencia del Ejército. Los nombres de Blanca Nélida Colán (fiscal de la nación en el Ministerio Público) y Alejandro Rodríguez Medrano (vocal supremo en el Poder Judicial) como portavoces de Montesinos y Fujimori en dichas instituciones ahora les son ajenos.

Kenyo y su séquito exhortan a la prensa peruana a callar todo tipo de voz que pueda referirse al proceso del ex presidente para “no parcializar la opinión publica y así evitar presiones sobre los magistrados del caso”; pero olvidan que durante su gobierno los medios de comunicación solo bailaban al ritmo del chino, no había tribuna independiente para exponer ideas opuestas al gobierno. Vladimiro Montesinos compraba, con el dinero de todos los peruanos, la línea editorial de más del 90% de medios de comunicación para posibilitar la reelección presidencial. Habiendo dominado los medios, se valió de los mismos para destruir a sus opositores, pues la mayoría de ellos eran calumniados y difamados por una prensa puesta al servicio del intocable gobierno.
Kenyo y su séquito exigen al Poder Ejecutivo no politizar el juicio del extraditado; pero ejercen presión desde su bancada congresal para variar las condiciones carcelarias y regímenes de visitas del ex presidente.
Kenyo y su séquito se vanaglorian diciendo que su gobierno terminó con el terrorismo, y que las bajas ocurridas en la lucha contra la violencia fueron hechos normales, que siempre pasan en toda guerra; pero olvidan que ninguna de las bajas era de sus filas. Siempre los más perjudicados fueron los mas desvalidos.

Kenyo y su séquito dicen que su gestión terminó con la inflación y proyectó al Perú a la modernidad; pero olvidan que era parte de su trabajo. Además, dichos cambios, dados entre 1990 y 1992, fueron forjados en trabajo conjunto con el Instituto Libertad y Democracia. Dicha institución era dirigida por el economista Hernando de Soto, que a la postre era asesor principal del extraditado. Al pasar el tiempo y ver que dicha personalidad crecía y hacía sombra al gobierno, fue expectorado sin aspavientos, para así evitar darle el debido reconocimiento.
Kenyo y su séquito dicen que ningún gobierno realizó tantas obras públicas y sociales como el suyo; pero olvidan hacer los cálculos de cuanto dinero se usó en pagar sobornos y comisiones por la ejecución de las mismas. Ningún gobierno en la historia del Perú hizo de la corrupción un modo tan común y corriente de vida.
Kenyo dice que regresar al Perú forma parte de un plan ingenioso para reincorporarse a la política peruana; pero olvida que lo traen a la fuerza.
Kenyo dice que asume con valor su responsabilidad; pero olvida que renunció por fax.
Kenyo nos llama “Queridos compatriotas”; pero postuló al senado japonés para amañar su extradición.
Kenyo dice que el pueblo lo respalda; pero olvida que hay gente que de un momento a otro llega a razonar. Su megalomanía le impide percibir que el poder es efímero y la verdad siempre se llega a saber. Por todo esto, se resistiría a creer que estas líneas fueron escritas por un peruano común, un peruano de a pie que en algún momento optó por creer en él.
okiperu@hotmail.com


COLAPSO TELEFÓNICO... LA HORA DE LAS EXPLICACIONES... (un poco tarde... no?)

Tu ru ruuu… lo sentimos… Su servicio se encuentra suspendido. Para mayor información comuníquese al… Me vieron la cara. Hace dos días un “amigo” me vendió este teléfono celular y ya no funciona; o funciona, pero está bloqueado. Apago el aparato para mandarlo a la gaveta de mis cosas inservibles y prendo la televisión. ¡Qué casualidad! En el noticiero se comenta el informe final del colapso de las líneas telefónicas el día del terremoto. Era algo que se venía venir, al menos yo estaba seguro de eso. Algunas personas al leer estas líneas pensaran que son los lloriqueos injustificados de un trabajador despedido. Sin embargo, no faltará quién asiente afirmativamente con la cabeza y diga en silencio: si imbécil, y ahora lo dices...
Trabajé casi dos años como agente vendedor en una empresa de telecomunicaciones. No fue hace mucho tiempo. Mi trabajo consistía en la venta de tarjetas de telefonía celular prepago. De lunes a sábado visitaba una localidad determinada entrando a bodegas, farmacias, autoservicios, librerías y hasta panaderías, ofreciendo mis tarjetas telefónicas. Al comienzo el trabajo fue duro. Lima recién se abría al mercado de la telefonía celular y muchos clientes miraban con recelo las susodichas tarjetas. La política de marketing y expansión del operador hizo lo suyo, muy pronto las tarjetitas se vendían como pan caliente. Las ventas subían incontenibles, el operador duplicaba su valor (sin variar su precio) con una ingeniosa campaña publicitaria: ¡Esta semana duplica la recarga de tu celular! La demanda explotó. En la oficina todo era felicidad. Los clientes bodegueros pedían las tarjetas a gritos, los usuarios directos peor aún. Ya no era necesario hacer la penosa caminata de negocio en negocio. Era nuestro momento, los clientes acudían a buscarnos. Ellos trabajaban por nosotros. Sin embargo, de un momento a otro, empezaron a darse situaciones por demás incómodas. Al momento de ingresar la clave secreta para la carga del saldo en los teléfonos, esta no se daba. Tu ru ruuu… el código que ha marcado no existe, por favor intente de nuevo… ese mensaje era nuestra peor pesadilla. Con terror, mirábamos que los usuarios se quedaban con una tarjeta inservible en la mano y un teléfono sin línea en la otra. Sucedía muy a menudo. De ser los proveedores estrellas en esos negocios, pasamos a ser el dolor de cabeza de los mismos. Tu ru ruuu… el código que ha marcado ya ha sido usado, por favor intente de nuevo… era otro mensaje que nos hacía sudar.

Se juntaron tantas quejas, a veces más de una en el mismo negocio, que empezamos a caminar por la calle con recelo y aprensión, cuidando de no ser vistos por alguna esquina en especial. Podía salir el dueño de algún local exigiendo a gritos el cambio de su mercadería o la devolución de su dinero. La empresa operadora de telefonía no hacia nada de ello. La tarjeta defectuosa pasaba por una eterna auditoria -podía durar meses- y generalmente no resolvía el problema. Si la empresa decía que la tarjeta estaba usada no había marcha atrás. Luego de tan larga espera debíamos comunicar a nuestros clientes que su tarjeta ya había sido usada, el cambio o devolución no procedían. Al dar estas explicaciones los clientes ya no demandaban dinero devuelto o tarjeta cambiada, simplemente decían: ¡Lárguese de mi negocio!
La plataforma de gestión de las tarjetas es muy pequeña, el tráfico se hace intenso en determinadas horas y eso causa todos estos problemas. Tengan paciencia muchachos, que pronto se arreglará...
Esas eran las consoladoras palabras de los gerentes del operador telefónico. Empiezo a sonreír, hace tiempo que no recordaba estos impases. Veo que el problema persistió después de mi renuncia y en el último sismo se hizo aún más evidente. Le tocó al mismísimo Presidente de la República sentir la vergüenza del ridículo por un servicio de comunicaciones deficiente (minimizó a cero la tragedia del terremoto en su mensaje a la nación el mismo día de los hechos). La conclusión del informe final de las auditorias a las empresas de telefonía fue fulminante: Dichas empresas se dedicaron a crecer solo en ganancias y usuarios, permaneciendo estáticos en infraestructura. Una multa millonaria será aplicada a cada una de las empresas que presentaron estas anormalidades.
Mi sonrisa se tornó en carcajada, siento el gusto gratificante de una sutil venganza. Pero el gusto me durará poco, debo cambiar este teléfono celular. Debí imaginar que pagar la décima parte del precio por un modelo tan bonito tendría algo de que desconfiar. Lo más triste es que debo pasar por la avenida Villa María, a escondidas de nuevo, pues un iracundo ex-cliente grita siempre al verme: ¡Cuidadooo… ladrooon!
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HACE 15 AÑOS CAYÓ ABIMAEL GUZMÁN REYNOSO, LÍDER DEL GRUPO TERRORISTA SENDERO LUMINOSO

Un resúmen interesante del caso, en la siguiente dirección:
http://www.elcomercio.com.pe/especiales/abimaelguzman/especial_abimael15.html


TOMBOS AL GALOPE... LOS CABALLOS DE LUIS ALVA CASTRO

Esta noche los noticieros de televisión hicieron hincapié en una pintoresca noticia. El ministro del interior Luís Alva Castro, anunció la puesta en marcha de un plan de emergencia que aliviará la demanda de unidades de movilización policial en la periferia de la ciudad. Se dotaría de CABALLOS a las delegaciones de las zonas más populosas de la gran Lima.
Entiendo que el hecho de adquirir, de forma honesta, más de 500 vehículos patrulleros para la Policía Nacional sea una prueba demasiado difícil para la torpe y corrupta burocracia del ministerio en cuestión. No es extraño que dos licitaciones hayan fracasado. Pero seamos sinceros, el Perú no es El Gran Chaparral. Esto de dotar de patas y herraduras en lugar de ruedas y llantas a nuestras fuerzas policiales como que es algo tirado de los caballos… perdón, de los cabellos. Seamos comprensivos y pongámonos en lugar de los involucrados; juguemos a policías y ladrones.
A los policías no creo que le cause mucha gracia el hecho de andar ocho horas dando saltos sobre el trasero del animal, y a la vez sobre su propio trasero. Imagínense las tremendas inflamaciones de esas pobres posaderas; ni que decir de las criadillas, al final del día dichos órganos tal vez estén alojados, en vez de la cavidad pélvica, a la altura del cogote. Todo esto sin contar lo difícil que será para ellos transitar, a bordo de equinos, en una bulliciosa calle principal de Lima. ¿Cambiarían claxon y sirenas por relinchos y silbatos? ¿En lugar de vale de combustible que le darán al uniformado?... ¿Un atado de alfalfa?... ¡Exijo una explicación!
Ladrones, choros, cogoteros o carteristas… lo mismo es al caso. Imaginemos el traslado de un delincuente luego de una brillante captura. No en una unidad motorizada, sino en caballos. ¿Cómo sería el traslado? En primer lugar yo creo que por más ladrón e hijo de mala madre que sea, el delincuente en cuestión no se dejaría subir como una señorita delante del efectivo policial. El sentimiento de virilidad de ambos personajes impediría llevar a cabo tan amanerada, sospechosa y vergonzosa posición. ¿Cuál sería la forma? ¿Atarlo a un lazo y arrastrarlo como a una res?
El espectáculo de un marcial uniformado en un brillante alazán le encantaría a los niños de mi barrio, pero solo por un tiempo. Créanme, más adelante sería el blanco perfecto de: piedras, bolas de papel mojado y tronadores en las épocas navideñas, de los palomillas de mi calle.

Hace mucho tiempo un vehiculo patrullero se estaciona en la puerta de mi vivienda. Si no fuera por el carácter amigable de los dos atentos efectivos policiales, el intocable troglodita que llevo dentro no se hubiese acostumbrado a ver y aceptar con resignación las manchas de aceite que deja la vieja patrulla en mi parte de la calzada. Me aterra pensar en los recuerdos que me dejaría un caballo. A duras penas -y maldiciendo por dentro- puedo barrer con aserrín los minúsculos y malolientes recuerdos que me deja un conocido perro vago.
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15 DE AGOSTO... MI PRIMER TERREMOTO

Fue un día de miércoles. Vaya casualidad. Generalmente los peruanos le llamamos así a un mal día. No precisamente por tenerle fobia o recelo a dicho día de la semana, no, nada de eso, sino por diplomacia. Así evitamos decir un día de mierda. Y es que no existe otra forma de llamar a ese 15 de agosto del 2007. La costa sur del Perú tembló como una gelatina y cuatro ciudades fueron casi totalmente destruidas.
Decir que sentí miedo sería faltar a la verdad. Hasta el día de hoy –dos semanas después de ocurrido el sismo- no sé a ciencia cierta que tipo de sensación experimenté. Era una tarde normal. El reloj marcaba las cinco de la tarde con cuarenta minutos. De repente, la tierra empezó a temblar. Hasta ese día no tuve la más remota idea de cómo podía ser eso. Un ligero movimiento al comienzo, imperceptible, lejano y lento, ya pasará… pensaba para mis adentros. Poco a poco se hacía más violento e implacable. Pasaron dos minutos, su intensidad crecía y no tenía cuando acabar. Ya no era cuestión de bromear. Hombres y mujeres huyeron despavoridos del ciber-café en que yo me encontraba. ¡Salgan despacio y con tranquilidad! –Dijo la joven encargada de la administración del negocio-. La gente no se hizo de rogar. Empujando unos, derribando otros, alcanzaron uno a uno la salida del lugar. La tierra seguía temblando. De un momento a otro, cansada de temblar, la tierra empezó a sacudir, a mecer. Las madres cogían a sus niños con desesperación, los viejos trastabillaban como quien lo hace al subir a un carrusel. Tres minutos después de su inicio el sismo llegaba a su fin. Los vidrios de un ventanal vecino estallaron, sellando ruidosamente el tremendo momento. Aquel escándalo me hizo reaccionar. Era verdad: no tuve miedo. Me hallaba sentado frente al computador, sin haberme movido un solo milímetro. Recién comprendí que me había quedado inmóvil… había observado todos los hechos completamente petrificado.

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ALAN AYER Y HOY... MONÓLOGO DE UN COLEGIAL ABURRIDO

Las apariciones de nuestro presidente cada día son mas graciosas. En mis tiempos no era tan divertido. De hecho, verlo la primera vez resulto ser una experiencia terriblemente aburrida. Era noviembre del año 84, si la memoria no me falla, y el candidato presidencial Alan García Pérez venía de visita al antiguo colegio donde cursara sus estudios primarios. Para tan digna ocasión sólo fuimos invitados los profesores y nosotros, los estudiantes que teníamos la infame tarea de ocupar los primeros puestos de cada clase. La visita estaba programada para las nueve de la mañana. Nos citaron a los alumnos desde las siete de la mañana para ensayar las marchas y pasos redoblados de ley, y más de uno había llegado a la cita con un desayuno apurado. Eran las once de la mañana y el ilustre visitante no llegaba. Cientos de alocadas madres de familia aguardaban en la puerta del colegio, esperando histéricas y emocionadas al buen mozo político que ya para ese entonces amenazaba convertirse en el próximo presidente de la republica. La espera proseguía mientras el calor se volvía insoportable. Mantenerse parado por más de cuatro horas en esa rígida formación escolar empezaba a causar estragos: mi amigo Humberto vomito huevos fritos; el gordo Ricardo se desplomó desmayado producto del ayuno que su madre lo obligó a pasar para evitar llegar tarde al acto; yo descubrí esa vez que el mar de camisas blancas resplandeciendo en el sol de mediodía (maldito Ariel blanqueador) me producía náuseas, mareos, pérdida de la visión y unas ganas terribles de encajarle un cabezazo en los testículos a ese político de porquería. A las doce con treinta minutos por fin llegó. Las madres de familia en la puerta gritaban alocadas como fans enamoradas, un batallón de guardaespaldas iba por delante y detrás del ilustre ex-alumno atropellando, empujando y pisando a quién se acercara demasiado. Una vez instalado en el apolillado estrado oficial del colegio, los alumnos sobrevivientes a la espera desfilamos delante de él, gallardos y marciales, con la expresa misión de levantar las piernas muy por encima del trasero del compañero que teníamos delante. La ceremonia se dio sin contratiempos. En su discurso, Alan García recordó a viejos maestros y antiguos compañeros. ¡Que aburrido!... por esos días debió haber tenido alguna cura del sueño o algo parecido pues no estatizó el kiosco de golosinas, no pateó a ningún retrasado mental, no cantó ni bolero ni ranchera, no bailó salsa o reggaeton alguno, ni fecundó a maestra o madre de familia de “muy altas cualidades”. Al final de la ceremonia fue invitado a saborear un banquete en su honor. Sin embargo, aduciendo apuros, se disculpó, y se mandó mudar. Los alumnos también nos retiramos, pero obligados por los maestros, quienes se encerraron en la sala de honor del plantel para devorar en privado el magnífico banquete que pagó la ultima colecta escolar.

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LA CAÍDA DEL ÚLTIMO SAMURAI... EL SAMURAI FUGITIVO

"Peruaneando" nace el 30 de julio del 2007 a raíz de una buena noticia: Nuestro dignísimo ex-presidente de la República -y para variar súbdito japonés-, Alberto Fujimori, perdió las elecciones parlamentarias en el Imperio del Sol Naciente.
¡Que penita! Era más difícil extraditar de Chile a un parlamentario japonés que a un ciudadano común. No importa Chinito lindo... siempre se podrá hacer algo para entreverar las leyes y alargar los plazos... total, la muerte siempre fue la mejor aliada de la impunidad. Es prosaico, parecería que la Dama de la Guadaña cumpliera responsablemente un pacto comercial con sus mejores proveedores (Mengele, Pinochet, etc)... Bueno, si aún asi, esto no ocurriera, todavía queda el recurso del Harakiri... Chino!..Chino!...Chino!... jejeje...
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