Te encuentras en la páginas de Blogsperu, los resultados son los ultimos contenidos del blog. Este es un archivo temporal y puede no representar el contenido actual del mismo.

Comparte esta página:


Fecha Publicación: 2013-05-25T08:15:00.002-07:00
La agencia argentina Argenpress ha publicado mi texto sobre Javier Heraud. Comparto con ustedes el enlace para también visitar esta interesante página con noticias y temas de toda América Latina. (Hay que pulsar en el baner).



Fecha Publicación: 2013-05-24T08:43:00.002-07:00
El escritor italiano ha vuelto a poner un tema en el debate, y rápidamente le han salido defensores y detractores. A Umberto Eco no le falta razón, la numerosa población estudiantil en las universidades y el conocimiento almacenado en internet, motivan a repensar en el papel de la universidad. Según él, ésta debe volver a ser solo para la élite, como en el pasado ya lejano. La tribuna fue precisamente una universidad, Burgos, España. Acá el resumen de la Revista Ñ, de Clarín, y las primeras reacciones.
Eco recibe distinción y levanta polémica
En 1977, el semiólogo, escritor y filósofo italiano Umberto Eco escribió Cómo se hace una tesis, un libro que ha servido de consulta para miles de estudiantes universitarios alrededor del mundo. Siguiendo esa lógica, “Cómo administrar una universidad” podría ser el título de la conferencia de prensa que Eco brindó el miércoles en Burgos, España, en la que aseguró que esas instituciones deben ser “para una elite”.
El italiano, nacido en Alessandría en 1932, tiene dos argumentos centrales para semejante afirmación. El primero, el “excesivo número de alumnos” con el que cuentan esas instituciones, según destaca el autor del clásico Apocalípticos e integrados. El segundo, “la sustitución del papel del docente en manos de Internet”. Para el escritor, estos son los motivos por los que las universidades deberían reservarse para pocos. Eco recordó que “las mejores épocas universitarias” fueron en momentos en los que esas instituciones nacidas en la primera Edad Media –la más antigua de Occidente es la de Bologna, en la que Eco fue profesor– abrieron sus puertas a un número acotado de estudiantes.
Eco, que ayer fue investido como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Burgos, sostuvo en su disertación que “el exceso de alumnos entorpece la actividad académica y aboca a las universidades a la crisis”, y agregó que “la progresiva influencia de las nuevas tecnologías ha modificado la relación de los alumnos con los profesores, especialmente desde la explosión de Internet, desde donde se puede acceder a mucha información, lo que en parte sustituye al docente”.
Las afirmaciones del escritor abrieron la polémica en Argentina, un país que dentro de su región se destaca por la masividad de sus universidades gratuitas.
“Me llama la atención que Eco se haya puesto tan reaccionario, es obvio que no vamos a pensar como él”, aseguró la poeta y lingüista Ivonne Bordelois. Mariano Narodowski, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) y ex ministro de Educación porteño, aseguró que “hoy la Universidad se enfrenta al desafío de la masividad” y que en ese sentido Eco plantea “el dilema masividad —excelencia” y que “la única forma de resolverlo es que todos puedan cursar estudios superiores pero respetando el mérito”. Según el ex funcionario, “bien administrada, la masividad esconde un tesoro: el aumento de la masa crítica de talento y excelencia”.
Guillermina Tiramonti, politóloga y ex coordinadora del Area Educación y Sociedad de FLACSO, tampoco estuvo de acuerdo con Eco: “Uno puede pensar una Universidad diversificada en la que haya lugar para todos; puede formar a diferentes sectores sociales con diferentes orientaciones, pero abarcando a todos, porque el ideal es conseguir que la mayoría de la población acceda”, sostuvo. Y agregó que “el problema de las universidades no es Internet, sino que no están haciendo el uso debido”.
No es la primera vez que Eco, autor de El nombre de la rosa, levanta polvareda. Esta vez, fue gracias a su idea elitista de la Universidad.

Fecha Publicación: 2013-05-23T07:38:00.003-07:00
Acaba de anunciarse el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, a favor de la influyente fotógrafa norteamericana Annie Leibovitz, quien en las últimas décadas ha marcado la pauta de un arte que intenta retratar más allá de cuerpos y objetos detenidos en el tiempo. Pero no a todos les gusta y, como en todas partes, han manifestado sus críticas a este premio, el primero que se entrega de varios a lo largo del año que lleva el nombre de Príncipe de Asturias (ver ABC). Entre las famosas fotografías de la norteamericana está la de John Lennon y Yoko Ono, que la recordamos acá. repasamos también el interesante texto de Natividad Pulido sobre el premio. Recomdable visitar esta otra noticia sobre Leibovitz, en El Mundo cultural.
Yoko y John, por el lente de Leibovitz

Escribe: Natividad Pulido
Lo más lógico es que Annie Leibovitz hubiera ganado el premio Príncipe de Asturias en la modalidad de las Artes, pues su trabajo es la fotografía. Pero el de este año recayó en Michael Haneke, que últimamente está en todas las salsas. El de las Letras lo obtuvo en 2003 la que fue su pareja y su gran amor, la escritora Susan Sontag, fallecida un año después de cáncer. Lo ganó ex aequo con Fátima Mernissi. Leibovitz también podría haber sido reconocida con el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (su trabajo es todo un compendio de la sociología de las estrellas de la era moderna), el deCooperación Internacional (ha colaborado en causas humanitarias) y, rizando el rizo, hasta el de los Deportes: solo ella podía reunir en Madrid, de cañas y jugando al futbolín en el madrileño barrio deMalasaña, a tres magos del balón: Pelé, Maradona y Zidane, como desveló ABC en un reportaje.
Pero no, Annie Leibovitz ha sido galardonada esta mañana en Oviedo con el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Un premio que también le viene como anillo al dedo, pues si, como dicen, uma imagen vale más que mil palabras, sus instantáneas tienen un valor incalculable y comunican mejor que el reportaje más certero o el editorial más incisivo. Entre suscompetidores por este galardón estaban también la todopoderosa Agencia Magnum y la periodista inglesa Christiane Amanpour. ElJurado, presidido por el director del Instituto CervantesVíctor García de la Concha, se decantó finalmente por Leibovitz.

Annie Superstar

Es tan célebre o más que las personas que retrata. Es Annie Superstar, aunque es de justicia decir que su fama de diva se diluye en la distancia corta, donde gana muchos enteros, como pudimos comprobar en una entrevista que concedió a ABC en 2009 con motivo de la exposición «Annie Leibovitz. Vida de una fotógrafa 1990-2005», que, tras su paso por Estados Unidos, París, Londres y Berlín, llegó a la Sala Alcalá 31 de Madrid. Demostró que es una profesional de los pies a la cabeza. Dio una lección de saber estar, muy alejada de la imagen de estrella caprichosa que siempre la acompaña.
Annie Leibovitz (Waterbury, Connecticut, 1949) es la fotógrafa mejor pagada del mundo; también una de las más laureadas. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos le otorgó el título de«Leyenda viva», algo de lo que no muchos mortales pueden presumir. Y la revista «American Photo» la nombró la fotógrafa más influyente de nuestro tiempo. Ha trabajado para las mejores revistas («Vanity Fair»«Vogue»«Rolling Stone»...) En 1975 documentó la gira de los Stones por Estados Unidos y Canadá.

Iconos de su carrera

Sos muchos los hitos de su carrera. Así, fue la última en retratar a John Lennon, antes de que éste fuera asesinado en 1980. El 8 de diciembre acudió al apartamento Dakota de Manhattan para hacerle un reportaje para «Rolling Stone». Son suyas las célebres imágenes del Beatle desnudo en la cama junto a su esposa, Yoko Ono, vestida. Horas después Lennon era asesinado. Otra imagen histórica de Leibovitz, convertida ya en icono moderno, es el retrato de una Demi Moore embarazadísima y desnuda en la portada de «Vanity Fair». Muchos la han imitado después.
No hay celebridad que se precie que no haya posado para ella. O dicho de otro modo: no eres una celebridad del todo hasta que Annie Leibovitz no te hace un retrato. Son suyas también las primeras fotografías publicadas de Suri, la hija de Tom Cruise y Katie Holmes, que dieron la vuelta al mundo en una portada de «Vanity Fair». Y consiguió lo que parecía imposible: desnudar, en la portada de la misma revista, a dos de las mujeres más deseadas del momento, Scarlett Johansson y Keira Knightley, junto a un (vestido) Tom Ford. También son celebérrimas sus imágenes de Whoopi Golberg sumergida en una bañera llena de leche o Leonardo DiCaprio con un cisne retorcido en el cuello.

Escándalos más sonados

Pero, a pesar de su fulgurante éxito, no han faltado los escándalos y problemas en su carrera. Fue el caso del retrato que hizo a Miley Cyrus, cuando esta tenía 15 años, cubriendo su busto sólo con una sábana. La propia fotógrafa tuvo que salir al paso con un comunicado en el que dijo que esa instantánea había sido malinterpretada. También muy polémico, su libro «Annie Leibovitz: A Photographer's Life», en el que, entre otras imágenes, incluía la del cadáver de Susan Sontag, quien había fallecido de cáncer en 2004. Ello le supuso un enfrentamiento con el hijo de la escritora. También fotografió Leibovitz a su padre muerto.
Dio la vuelta al mundo el rifirrafe que, al parecer, tuvo con la mismísima Reina de Inglaterra en 2007. Una pugna de altura entre dos reinas. Isabel II se enojó cuando Leibovitz le sugirió quitarse la corona durante una sesión fotográfica en el Palacio de Buckingham, hecho que fue inmortalizado por la BBC, que tuvo que disculparse, admitiendo que la secuencia emitida era errónea.

Grandes campañas publicitarias

Entre sus últimas grandes campañas, Disney contrató a Annie Leibovitz para realizar una serie de fotografías con celebridades interpretando a diferentes personajes de sus clásicas películas: pasaron ante su objetivo Penélope Cruz, Roger Federer, Scarlett Johansson, Jennifer López, Beyoncé, Gisele Bündchen, Jessica Biel, Mijaíl Baryshnikov... Asimismo, la firma de lujo Louis Vuitton la contrató para una campaña, en la que participaron personajes como André Agassi y Steffi Graf, Francis Ford Coppola y su hija Sofia, el expresidente ruso Mijaíl Gorbachov, quien aceptó posar con los restos del Muro de Berlín al fondo; Keith Richards, Sean Connery, los astronautas Buzz Aldrin, Jim Lovell y Sally Ride...

«Susan (Sontag) era mi mayor fan»

«Me gusta fotografiar a personas que admiro y que me importa lo que hacen. Con mis fotos espero dar una idea de cómo es nuestro tiempo», comentaba a ABC en una entrevista. Así hablaba entonces de su trabajo: «Me gustaría cada vez que hago una foto lograr algo que no se espera. Es una crítica que se ha hecho a veces a mi trabajo:decían que no mostraba nada nuevo. Pero pienso que es suficiente. Lo que ves es lo que consigues... No hay más».
En Sarajevo tuvo algunos problemas con otros fotógrafos, que se preguntaban qué hacía Annie Leibovitz en plena guerra. Ella quitó hierro al asunto: «He aprendido mucho de los fotógrafos de guerra. Quería hacer algo: no era sólo ayudar, sino implicarme». No eludió en aquella entrevista hablar de temas tan personales como su relación con Susan Sontag: «Ella era muy, muy dura. Era muy difícil de complacer. Desde que la conocí, traté de complacerla pero no siempre funcionaba. Estaba subiendo el listón en todo momento. Sabía cómo me estaba implicando y cómo con ella me iba a hacer una persona mejor y una fotógrafa mejor. Estaba preparada para ello. Fueuna crítica muy dura, pero también una gran admiradora, mi mayor fan. Tenía un inmenso apetito de cultura, le encantaba la vida, la adoraba. Era 17 años mayor que yo y era superactiva, mucho más que yo. Siempre iba delante y me dejaba atrás. Era una persona extraordinaria».

Al borde de la bancarrota

Tampoco eludió hablar de los graves problemas financieros por los que estaba atravesando, pero negó que hubiera tenido que vender los derechos de algunas de sus imágenes, como se había publicado. Nadie podía entender que, ganando millones de dólares al año, estuviera a punto de perder todos sus bienes si no devolvía un crédito por 24 millones de dólares. Sus acreedores, Art Capital Group, en Nueva York. Finalmente llegaron a un acuerdo. La fotógrafa había solicitado en 2008 un préstamo millonario con el que financió la deuda contraída tras comprarse varias casas (una de campo en el norte de Nueva York, otra en Greenwich Village, en Manhattan). Tenía también deudas con Hacienda. Annie Leibovitz es madre soltera de tres hijas: Sarah (a la que tuvo en 2001, a los 51 años) y las gemelasSusan y Samuelle, que fueron gestadas en 2005 por un vientre de alquiler.

Fecha Publicación: 2013-05-21T08:12:00.001-07:00
Ayer se difundió una encuesta (de las que no me fío mucho) para elegir la mejor novela española del siglo veintiuno. Resultó que "La fiesta del chivo", de Mario Vargas Llosa es la que encabeza la lista. El Nobel arequipeño estaba en la llista porque también es español, ya lo sabemos, pero llama agradablemente a atención de que mantenga su vigencia y calidad literaria frente a muy buenos novelistas españoles (aunque esto en sí no merezca hacer muchas fiestas).
Inmediatamente después ha salido otra encuesta, promovida también por el diario ABC, para determinar la novela más influyente en lo que va del siglo veintiuno, y la respuesta es por demás interesante, Roberto Boleña y su novela "2666" están en primer lugar. Conclusión apresurada y emotiva: de América Latina proviene lo mejor de la narrativa contemporánea e influye mucho más que la que viene de España y sus escritores.
Mejor veamos lo que dicen en ABC.
Roberto Bolaño, influye más que Vargas Llosa en el XXI
Escribe: Manuel de la Fuente
El pasado domingo, se ponían en ABC unos cuantos puntos sobre las íes de la novela española de los últimos años, de lo que llevamos de siglo narrativamente hablando. Tan español como peruano, Mario Vargas Llosa y su «Fiesta del chivo» salían vencedores en esta lid literaria. Pero también llegaron hasta la redacción de ABC opiniones que abundaban en que la mejor novela en lengua española venía de aquel lado del Atlántico. Y era «2666» de Roberto Bolaño.
Quizá porque, como opina rotundamente el novelista argentino afincado en nuestor país Patricio Pron, «ninguna novela de autor español reciente ha ejercido la influencia de obras como Roberto Bolaño». Añade que «sintetiza y pone punto final a varias de las tendencias dominantes en la novela del siglo XX al tiempo que inaugura otras más propias del siguiente siglo» y «sigue generando efectos a diez años de su publicación».
Y Bolaño y «2666», su novela póstuma, eran las palabras mágicas con las que numerosos escritores suramericanos (y también un buen puñado de españoles) respondían a nuestra pregunta. Entre estos últimos, por ejemplo, Andrés Ibáñez: «Bolaño fue el último de los grandes genios, y uno de los misterios más grandes que ha dado el arte de la novela». Quizá la vida de Bolaño, poco ortodoxa, estuvo casi por encima de su obra, la de un autor de culto, que ya residente en España compaginó el principio de su tarea narrativa) con un trabajo de vigilante nocturno en un camping de Castelldefels, sin ir más lejos.
El también argentino Rodrigo Fresán hilvana esta relación: «El merecido éxito de Bolaño propone, además, una fuerte radiación que trasciende lo estrictamente estricto y que ya resulta tan positiva y arriesgada (a la hora de reflejar el cómo vivir la literatura) como negativa y riesgosa (la ambición de vivir de la literatura apoyado en cierto perfume legendario y mítico que a Bolaño nunca le interesó) potenciando la figura del escritor por encima de su obra».
Ante «2666», la lista de admiradores es larga. Para Isaac Rosa, «no hay ninguna de su ambición en lo que va de siglo», opinión en la que abunda el mexicano Jorge Volpi, en tanto que Andrés Neuman es otra de esas voces nacidas en América pero criadas literariamente a este lado del Charco «2666, una catedral de búsquedas, tramas y lirismo brutal».
Hay otros españoles que admiran esta descomunal obra de Roberto Bolaño: Luis García Jambrina («2666 es, una demoledora alegoría de nuestro tiempo») y Sergi Doria («el testamento de un autor enfermo de literatura»). Tampoco Fernando Rodríguez Lafuente, director de ABC Cultural, escapa al hechizo de Bolaño y «2666»: La consagración del horror contemporáneo. La literatura en estado puro». No faltan los devotos de Bolaño en la mismísima Real Academia, donde su secretario, Darío Villanueva, habla de «2666» como una obra de «monumentalidad póstuma» y Carme Riera subraya lo que la descomunal novela tiene «de innovador en la literatura latinoamericana».
Como hace unas líneas apuntaba Patricio Pron, novelas como «2666» sí que influyen allende las fronteras de la lengua española, como recuerda bien Anna Grau, periodista y escritora que recuerda a Bolaño al hilo de sus tiempos de corresponsal en Nueva York «Allí comprobé que es de los pocos autores hispanos que despiertan un verdadero interés, respeto y hasta perplejidad en el mundo anglosajón».
Novelas españolas y novelas escritas en español. Quizá el poeta y novelista Manuel Vilas sea quien lanza el último y más osado dardo. «2666 demuestra que un escritor en lengua española puede escribir una novela desde la inteligencia , y no el exotismo y el pintoresquismo».
(ABC)

Fecha Publicación: 2013-05-20T09:27:00.000-07:00
Reynoso, nuevo homenaje, la Casa invita

Casa de la Literatura condecora a Oswaldo Reynoso
  Distinción institucional de la CASLIT le será entregada el 22 de mayo, a las 7 p.m. 
  Hace tres años la Casa de la Literatura Peruana instituyó su galardón institucional para distinguir a personajes del mundo literario que hayan realizado significativos aportes a este campo. En esta oportunidad la distinción será otorgada al escritor Oswaldo Reynoso, quien será condecorado “en reconocimiento a su destacada contribución a la literatura peruana, en cuya obra narrativa coinciden diestramente la prosa refinada y la reivindicación del universo urbano popular”.
 La ceremonia de entrega de la Distinción Casa de la Literatura Peruana se realizará el miércoles 22 de mayo, a las 7:00 p.m.En la mesa de honor participará el escritor homenajeado; la directora de la CASLIT, Karen Calderón Montoya; y las palabras de honor estarán a cargo de Roberto Reyes Tarazona y Beto Ortiz. El ingreso es libre.


Fecha Publicación: 2013-05-16T08:51:00.003-07:00
La revista venezolana Letralia, acaba de publicar el texto sobre Javier Heraud, los invito a su lectura. Hay que hacer "click" en la imagen. Como se esperaba, todas las revistas que contienen espacios culturales recuerdan también el aniversario del asesinato del poeta.



Fecha Publicación: 2013-05-15T07:17:00.001-07:00
Este texto se publica también en la revista Sieteculebras, que sale este mes, precisamente con un homenaje al poeta Javier Heraud. Y se debe publicar también en Venezuela y Argentina. Adelanto mi testimonio debido a la conmemoración de la fecha. Los cincuenta años del asesinato de Heraud se cumplen hoy.
Mirada de poeta, eterna

Puerto Maldonado – Lima, último tránsito de Javier Heraud

Por: Alfredo Herrera Flores

He mantenido por algunos años este testimonio en silencio. Las hermanas y el hermano de Javier Heraud me pidieron en su oportunidad discreción y prudencia, y he cumplido. Al recordarse este año el cincuenta aniversario del asesinato del poeta, creo pertinente repasar aquellos momentos inmediatamente anteriores al traslado de los restos del joven Heraud desde la ciudad de Puerto Maldonado, en Madre de Dios, donde estuvo sepultado por 45 años, a Lima, donde ahora descansa, como sabemos, en un cementerio de La Molina.
En abril de 2008 ejercía como presidente del Gobierno Regional de Madre de Dios Santos Kaway Komori, hombre sencillo y tranquilo, hijo de inmigrantes japoneses instalados en la selva madrediocense desde las primeras décadas del siglo veinte; contador público de profesión y viejo político por vocación que lo llevó a ocupar la alcaldía de Puerto Maldonado en más de una oportunidad; fumador y buen bebedor de café. Paciente y confiado, viajero y observador; pero a pesar de la experiencia, ingenuo en los círculos políticos, lo que finalmente hizo que fuera traicionado en su última fase de autoridad. Tuve la oportunidad de trabajar con él, con mucha confianza, en una de las gerencias del gobierno regional. La mañana del 30 de abril me llamó muy temprano para encargarme que recibiera a los hermanos de Javier Heraud, que ese día llegaban a Puerto Maldonado, y los apoyase en todo lo que necesitaran, con mucha prudencia.
Fue un encargo especial. Como todos los lectores contemporáneos, leí a Javier Heraud muy joven, aún en el colegio, y luego admiré su obra y esa breve vida marcada por la imagen del buen hijo y el ímpetu revolucionario, por el ansia de hacer algo por su país y la tragedia de la muerte temprana. Este acercamiento a Heraud se tradujo en mi primer libro, “Etapas del viento y de las mieses”, titulado así precisamente desde un verso suyo, “ah poesía de la flor y la palabra, poesía del viento y de las mieses”. En el acto de presentación del poemario, en Arequipa, el poeta José Ruiz Rosas hizo notar que yo publicaba mi primer libro a la edad en que Javier Heraud había sido asesinado. Guardaba, hasta perderlo en algún traslado, el libro azul de la colección de literatura peruana que se había publicado durante el gobierno militar con la poesía completa de Heraud y unos textos de valoración y crítica, en ese libro descubrí al poeta guerrillero. La imagen de Heraud era como la de un icono flotando en el recuerdo, para mis mayores, y en una suerte de utopía literaria y revolucionaria para mi y los de mi generación. Entonces, conocer de pronto a las hermanas -Cecilia, Victoria, Marcela- y al hermano, Jorge, del poeta era un privilegio especial, y en ese momento no supuse la sorpresa mayor que este encuentro me deparaba.
Los saludé en el aeropuerto, a media mañana, y los acompañé a que se instalaran en el hotel Don Carlos, el viejo hotel de turistas, a orillas del río Tambopata, cuidando no solo de estar en un lugar algo alejado del centro de la ciudad, sino también de no “caer” en algún hotel o restaurante de uno de los hombres que participó en el acribillamiento de Javier y que ahora es dueño precisamente de uno de los mejores hoteles de la ciudad. Junto con ellos estaba Pablo Baraybar, conocido antropólogo forense y un ayudante; con ellos, más el encargado de la Beneficencia Pública de Puerto Maldonado, nos reunimos para elaborar una agenda de trabajo. La primera acción sería ir a visitar la tumba de Javier.
Puerto Maldonado es una ciudad que no ha crecido al ritmo de otras capitales de departamento. Con solo cien años de existencia, lo que fue una pequeña aldea donde se asentaros buscadores de caucho y oro, madereros, colonizadores, aventureros y religiosos misioneros, en medio de una tupida selva tropical habitada por pequeños grupos de nativos nómades,  y en el punto donde se une el río Tambopata al mítico Madre de Dios, llamado por los incas Amarumayo y por los nativos Eori, la ciudad ha crecido con sus anchas calles de tierra y sus casas de madera, enfrentándose a un calor implacable, la falta de agua potable, la hierba feroz, las alimañas, los depredadores de madera y al abandono de los gobiernos que la han mantenido aislada por ochenta de sus cien años. Hoy hay una excelente carretera asfaltada y varios vuelos diarios, una prometedora industria turística y un ambiente festivo propio de las ciudades de la selva. Hay también un creciente movimiento comercial impulsado por migrantes puneños y cusqueños y un desarrollo profesional sostenido por especialistas de todo el país. El viejo pueblo tenía un cementerio, llamado Los Pioneros,  que ha quedado ahora en el centro de la ciudad y que de vez en cuando hay que limpiarlo para que la hierba y la maleza no lo devore.
Fuimos al cementerio. En el camino el hermano me recordó que se había cuidado que nadie sepa sobre este viaje, nos fijamos si por la calle venía o no algún periodista. Él sabía que un reportero gráfico de la revista Caretas podría venir, pero no hubo necesidad de establecer un mecanismo de vigilancia, salvo un trabajador de la Beneficencia ubicado en la puerta evitaría que alguien más ingrese a ese camposanto que casi nadie visitaba. Algunas veces, dirigentes políticos y estudiantes organizaban actividades y visitas a la tumba de Javier, recordando su nacimiento o muerte, o algún poeta llegaba para tomarse una foto cerca de la sencilla lápida. Avanzamos por un sendero, entre hierba crecida, con tranquilidad, aunque las hermanas no podían disimular nerviosismo e iban tomadas de la mano. Fue emocionante, la tumba de Javier está en el suelo, cubierta por una losa de cemento, con hierba y flores a su alrededor y sobre ella se ha construido un cobertizo de madera. Sobre la tumba, junto a la lápida, había una hoja de papel donde alguien había escrito “gracias hermanitas, por visitarme”. Unas niñas que habían caminado con nosotros sin que nos diéramos cuenta leyeron el papel en voz alta, con esa voz infantil aparecida de sorpresa, y fue como si las flores hablaran.
Las niñas se fueron corriendo y el silencio cubrió ese pedazo de tierra donde yacía el poeta desde hace 45 años, donde había soportado calor extremo y fría humedad, lluvia y soledad. Ninguna de las hermanas hablaba, una de ellas tomó agua y se sentó en una tumba vecina. Yo estaba paralizado por la emoción, la voz de esas niñas había sonado en mi corazón, o en mi estómago, o en la fibra más íntima de mis huesos, y tampoco podía decir algo. ¿Qué se podría decir? Baraybar comenzó a caminar alrededor de la losa, viendo cómo se podría retirarla para cavar. El hermano me explicó en ese momento que habían venido a llevarse los restos de Javier a Lima, porque su madre así lo quería. Baraybar dijo que tal vez no había mucho que llevar.
La segunda etapa era hacer todo el papeleo necesario para abrir la tumba, conseguir los permisos de la Dirección de Salud para la exhumación y traslado y coordinar con la línea aérea para reservar un espacio para los restos. Habían preparado una pequeña urna para llevarse lo que quedaba de Javier. Acompañé al hermano a la Dirección de Salud y nos atendió el director, el Dr. Salvador Quispe, quien amablemente nos explicó el procedimiento. Si esa misma tarde podía oficializarse el pedido con los requisitos que se necesitaban, al día siguiente él firmaría el permiso. No hubo dificultades en la Beneficencia Pública ni en otra oficina, no recuerdo si fue necesario coordinar con la policía. Fuimos a almorzar y por la tarde se empezaría la tarea de abrir la tumba, a cargo de Baraybar y su ayudante. Esta es tierra muy húmeda, explicaba entre otras cosas, y tal vez ya no se conserve nada del cuerpo de Javier, advirtió.
La tarde no alcanzó para cavar los más de dos metros que se necesitaban para llegar al cuerpo de Javier, que había sido enterrado en un precario cajón y con muy poca ropa. Una ligera lluvia y la oscuridad hicieron que se postergue la labor hasta el día siguiente. No hay mucha información que detalle el entierro de Javier Heraud en el cementerio de Puerto Maldonado. Los testimonios de su padre y de otras personas que vieron el cadáver luego de ser rescatado del río Madre de Dios, dan cuenta del tipo de armas que se usaron para atacar las balsas en las que se desplazaba el poeta con sus compañeros guerrilleros, y luego se confirmó que no fue precisamente la policía la que lideró el ataque, sino aquellos “empresarios” que pensaron que estarían en riesgo sus propiedades o su vida ante la presencia de los revolucionarios. Sin ningún nivel de entendimiento, azuzaron a los vecinos y obligaron a la policía a que los acompañe y entre todos dispararon a las balsas en las que los jóvenes cruzaban el río Madre de Dios. Dispararon a matar con armas de cacería y no respetaron la rendición de los heridos. Luego la policía exhibió su cuerpo acribillado, hubo fotos y todo. Cuando llegó el padre de Javier y comprobó la masacre, se evidenció que la policía poco hizo en este episodio vergonzoso y estuvo, todo el tiempo, al servicio de aquellos empresarios insensatos, asustados y enardecidos. Lo sepultaron en silencio, con lo poco que se pudo conseguir en ese momento en una ciudad que aún no había salido de su condición de poblado.
La figura de Javier Heraud ha marcado mucho la historia y la vida del Perú contemporáneo. Su nombre se repite en plazas, calles, colegios, institutos, mercados, parques infantiles, negocios y asociaciones de todo tipo, en todas las ciudades del Perú, junto con los de héroes como Grau o Bolognesi. Una de las hermanas de Javier había revisado la guía telefónica de Lima e intentado hacer una lista de todo lo que llevara el nombre del poeta, lo que encontró rebasó sus expectativas y abandonó el proyecto. A la imagen de poeta y guerrillero, se ha sumado en los últimos años la de “buen hijo”; las cartas que escribió a su madre desde Cuba, por ejemplo, es leída por profesores y estudiantes como un modelo de responsabilidad y respeto a los padres, de ternura juvenil y madurez intelectual; felizmente su nombre no ha sido manoseado ni usado políticamente, y esperamos que no lo sea. Su obra poética y su tránsito hacia Europa y Cuba, y de allí a la selva peruana, ha sido ya bastante estudiada. Aquella mañana del 30 de abril del 2008 Javier Heraud estaba a punto de cumplir su último tránsito.
Muy temprano volvimos al cementerio. Baraybar y su ayudante ya habían avanzado en el trabajo, con entusiasmo pero sin la esperanza de encontrar algo. Las hermanas estaban pendientes, dando vueltas por el hoyo, empujando un poco de tierra, sirviendo agua, recordando a Javier. “Era un muchacho alto y fuerte, buen mozo, muy tranquilo y juguetón”, dijo una de ellas, otra añadió: “escribió poemas desde muy niño”. Tal vez no decían ninguna novedad, pero la emoción y ternura con que lo recordaban hacían que todo fuera nuevo y especial. No podía ser de otro modo, estaban hablando de su hermanito menor. La mañana iba avanzando, se empezó a cuidar el retiro de la tierra, efectivamente húmeda y apelmazada, con raíces entrecruzadas. Parecía una tarea de arqueólogos. Se había dejado a un lado el pico y la pala y ahora se usaban badilejos y brochas. Todos esperábamos en silencio. Aparecieron, entonces, unos trozos de metal retorcido, a los costados de lo que sería el cuerpo, y unos jirones de tela a la altura de los pies, que se limpiaron con cuidado. La emoción subía por dentro, podía escucharse el palpitar de nuestros corazones. Pedí permiso para tomar unas fotos, me dijeron que mejor no, ellos tampoco lo harían.
El trozo de metal era un clavo y la tela una parte de un atado de ropa que se había enterrado con el cuerpo. De pronto comenzaron a aparecer los huesos, largos y fuertes, como si emergieran impulsados desde el centro de la tierra por una fuerza delicada. Fue una visión indescriptible. El esqueleto completo estaba ahí, descansando, esperando, cuan largo era. Su cabeza estaba inclinada y la cavidad de sus ojos parecía saludarnos. Una raíz se había abierto camino por su boca y salía por un costado del cráneo, tal vez por debajo del parietal, para luego recorrer la tierra hacia la superficie. Mientras Baraybar limpiaba esa zona Cecilia recordó un verso de su hermano, uno que decía algo así como “de mi cuerpo se formará la vida”. Unos minutos después podíamos ver el hermoso esqueleto de Javier, conservado por esa tierra apelmazada, compactada por el paso de los años, generosa con el guerrillero caído, con el poeta joven. Sus clavículas anchas seguían firmes, sus amplias costillas albergaban tierra clara, sus fémures parecían estar a punto de moverse. No eran huesos blancos, grandes y fuertes lo que veía, era la delicada materia de un héroe, de un hombre sano. Baraybar estaba sorprendido, nosotros emocionados. Fue una visión indecible y hermosa, “como una espada en el aire”.
Contemplamos la osamenta por varios minutos. Las hermanas hablaban entre ellas y recordaban al muchachón que abrazaron a los veinte años al despedirse para ir a Cuba. Desde allí escribiría a su madre este retazo de carta ya conocido: Voy a la guerra por la alegría, por mi patria, por el amor que te tengo, por todo en fin. No me guardes rencor si algo me pasa. Yo hubiese querido vivir para agradecerte lo que has hecho por mí, pero no podría vivir sin servir a mi pueblo y a mi patria. Eso tú bien lo sabes, y tú me criaste honrado y justo, amante de la verdad, de la justicia". Yo pensaba en el privilegio que me tocaba. A esas alturas, a 45 años de la muerte del poeta, que era casi mi edad, ¿cómo es que me reencontraba con el poeta? Son cosas que nadie las piensa y de pronto toca vivirlas. Quienes solamente habíamos leído su poesía y visto sus viejas fotografías, nunca nos imaginamos estar tan cerca de su cuerpo, sus huesos, de esa parte material que aún se conserva a pesar del tiempo, y dan ganas hasta de hablarle, de abrazarle.
Jorge dijo que la urna que habían traído no serviría para llevar el esqueleto de Javier y lo acompañé a buscar un carpintero, ninguna funeraria nos vendería un féretro sin certificado de defunción ni en la medida que se requería. Luego fuimos a la Dirección de Salud a recoger los últimos documentos para organizar el traslado final. En su oficina, el doctor Salvador Quispe, de hablar pausado y modales respetuosos, hizo un preámbulo antes de entregarle a Jorge los documentos, fue como si no quisiera hacerlo. Cuando puso en manos de Jorge esos papeles, sencillos pero necesarios, preguntó: “¿y ahora, a quién le iremos a leer nuestros poemas, a quién le contaremos nuestros sueños?”. Jorge no supo qué contestar. Él, también amable, atinó a repetir que era un pedido expreso de su madre. El doctor Quispe contó brevemente que algunos jóvenes de Puerto Maldonado iban a la tumba de Javier a leer poesía, o como él, a conversarle. Noté que Jorge estaba tan emocionado como yo, pero se despidió. Aun en la puerta el médico dijo: “Lo vamos a extrañar”.
Aunque no parecía, Javier Heraud estaba muy presente en la memoria cotidiana de los habitantes de Puerto Maldonado. Había un pequeño parque con su nombre y un busto, todos sabían que tenían en su ciudad un muerto ilustre. En los escritorios y paredes de muchas oficinas y locales públicos se puede leer el famoso poema de Javier, “Yo no me río de la muerte…” Los guías de turismo nunca dejaban de mencionar la presencia del poeta en su ciudad y hasta en las tiendas de artesanía habían polos con su rostro o cuadritos con sus versos.
Por la tarde se completó la tarea de recuperar el cuerpo de Javier Heraud, se encontraron además algunos clavos y ropa, una camisa y un pantalón, muy maltratados por la humedad. Efectivamente había un fotógrafo de la revista Caretas, que intentó hacer tomas desde fuera del cementerio, y algunos políticos se fueron enterando del traslado, protestaron en una radio local, pero no hubo ningún impedimento para que Javier Heraud emprendiera su último viaje, esta vez acompañado de sus hermanas y su hermano, a reencontrarse con su padre.
La última parte es ya historia más conocida. Los familiares de Heraud velaron una noche sus restos y el día 2 de mayo los sepultaron en privado, no en secreto, en el cementerio Los jardines de la paz, en La Molina.
Han pasado cinco años desde entonces. Es cierto que hay muchos más detalles que recordar, pero ya no es necesario, ya el viaje se ha cumplido, ya el tiempo ha dado la vuelta necesaria, ya se ha comenzado de nuevo. Han pasado 50 años desde el incomprensible asesinato del poeta, nunca se sancionó a los verdaderos asesinos, algunos de ellos aún andan por las calurosas calles de Puerto Maldonado, abanicándose, pero el tiempo hará su parte con ellos. Han pasado 71 años de su nacimiento, tal vez hoy sería un viejo tranquilo y amigable, recibiría en su casa a los jóvenes poetas, quién sabe. Algunos de sus contemporáneos como César Calvo y Antonio Cisneros ya le han dado alcance. Yo me quedaré con el recuerdo de su imagen en mi retina, porque siempre hay cosas que se ven y no se pueden decir con palabras.

Fecha Publicación: 2013-05-14T13:26:00.000-07:00
Cuando estuve en La Paz, Bolivia, pasé algunos momentos muy difíciles, les cuento a unos amigos. En ese entonces, busqué a amigos y otros que no lo eran pero que podrían darme una mano, la mano más firme fue la de Jesús Urzgasti, poeta, novelista y fogueado periodista. Acabo de enterarme de su muerte, hace solo un par de semanas. Urzagasti permitió que ingresara al diario Presencia, hiciera de corrector, editor de información internacional y publicara artículos en el suplemento literario. Nos hicimos muy amigos, compartimos interminables conversaciones y con otros escritores no menos vasos de Singani. Como me suele pasar cuando me entero que un amigo se adelanta, me quedo sin palabras y los recuerdos se agolpan y el corazón late más rápido. Después vendrá más silencio, lo sé.
Entre las cosas que se han escrito sobre él, en estos días, hay un breve homenaje de Julio Ortega y él mismo transcribe unas palabras del propio Urzagasti sobre su identidad. Los dejo con esos dos textos tomados de El Boomeran. El texto completo está en el blog de Ortega. (AHF)
Jesús Urzagasti

Mi amigo Jesús Urzagasti
Por: Julio Ortega
Casi todos los buenos escritores bolivianos son fatalmente secretos pero el más secreto de todos es Jesús Urzagasti. No digo que fue, aunque haya muerto hace unos días, porque los mejores escritores nacen y viven para siempre en el lenguaje. La lengua española es un buen país para morir, como había previsto Jesús, porque está encendida por las lenguas originarias, y el español de la mezcla es bueno para hablar pero también para callar.
Había nacido en  1941. Trabajó en el diario “Presencia” de 1972 a 1998. Fue jefe de la sección cultural, jefe de redacción y director de Presencia Literaria. En 1969 obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim. Es autor de las novelas Tirinea (1967), En el país del silencio (1987), escrita desde tres heterónimos, traducida al inglés y celebrada por Gregory Rabassa como una de las mejores novelas latinoamericanas después del “boom”; De la ventana al parque (reeditada por la UNAM, México) y Los tejedores de la noche. Sus libros de poesía son: Yerubia La colina que da al mar azul y Frondas nocturnas, con Sulma Montero.
Tenía la intensidad reposada de quien viene de lejos. Había nacido en Campo Pajero, en el Gran Chaco, hijo de agricultores, y era ducho en mitos y agonías de la frontera. Escribía con sobriedad y fludiez, en cláusulas de idas y vueltas, sumando y precisando. Su prosa, como su poesía, es de inmediato reconocible por la autoridad de su dicción, esa objetividad de lo vivo que transcurre con plena suficiencia. Siempre pensé que su escritura era clásica: la forjó una idea de lo imaginario como lo más cierto. Pertenece a la poética de la veracidad, a esa poesía de lo vivo durando en el lenguaje.
La última vez que lo vi fue en el Congreso de la lengua española en Rosario. Me pidieron hacer una sesión sobre la literatura hispánica en contacto con otras lenguas, y pude invitarlo para hablar de su frontera. Fue feliz en esa sesión donde el quechua, el yucateco y el aymara navegaron en español desplegado.

DESDE LA FRONTERA
Por: Jesús Urzagasti
Vine al mundo en la zona sur de Bolivia, vale decir, en una provincia lindante con el Paraguay y la Argentina. Mi lengua materna, el  castellano, no fue óbice para que voces de diversa índole se cruzaran por mi camino con sus cadencias nómadas, reanimando así el hemisferio en sombra de tobas, chulupis, chorotis, tapietes y algunos más que no se perdieron del todo porque estamparon su silencio en mi memoria.  
En un escenario privado de diccionarios y sin mayor contacto con los libros, el asombro del niño convive con la audacia de los mayores en el ejercicio de nombrar lo visible y lo invisible. Sin este aprendizaje orientarse en la geografía natal es cosa difícil.
En aquellos tiempos, hablar castellano daba un prestigio incierto, porque entre ágrafos se recela por igual del que escribe su nombre y del que no sabe deletrearlo. Dicho de otro modo, neófitos y cristianos compartían la realidad, pero diferían en el modo de usarla; así, aglutinados por una idea pero con palabras entreveradas, decían de una manera y sentían de otra. 
Se sabe que hacer visible la realidad mediante la comparación de cosas disímiles, es prodigio de la metáfora. En el caso del lenguaje popular, hablar en sentido figurado supone conocer la realidad y compartir hechos colectivos; quizás en ese detalle nada trivial estriba su mayor complejidad, al menos con relación al lenguaje culto. Las pruebas de este proceso están al alcance de todos:
—Se habla  tal como se anda o camina.
—Los sinónimos proponen parecidos o similitudes mediante términos que a la larga significan cosas distintas.
—Ni siquiera los muertos, aún menos los vivos, tienen la exclusividad del pasado.
—Estar callado es una anomalía cuando el idioma no restituye al silencio su remota jerarquía. 



Fecha Publicación: 2013-05-09T11:18:00.000-07:00
Interesante texto aparecido en Jornada, de México, sin muchos comentarios.
TRADUCCIÓN DEL POEMA "DIOS", DE VÍCTOR HUGO
Por: Abraham Nuncio

Víctor Hugo, siempre revisado

U
En el prólogo, Rafael Argullol habla de esta empresa grandiosa que nos conmueve, anonada, engrandece, suprime, sepulta, hace flotar cuando leemos sus versos alejandrinos y donde late una de las sumas poéticas más portentosas de la historia de la cultura occidental.niversal, casi como la idea o existencia de Dios –según sea el intérprete–, el poema del mismo nombre (“nombre vasto, refractario, inaudito… monstruoso, enorme, ilimitado”), que Víctor Hugo escribió y Tomás Segovia tradujo al castellano fue publicado por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) en el marco de su octogésimo aniversario.
Sólo alguien como Víctor Hugo pudo atreverse a escribir un poema épico sobre tema tan desmesurado e inasible como es el de Dios. Antes lo habían hecho Dante, al adentrarse en el Infierno-Cielo de esa como Babel visitada por unos protagonistas blindados al mal, o como Milton, en su relato de la Caída donde Satán roba cámara a Dios o en la obra opuesta que le siguió, la recuperación del Paraíso perdido donde Jesús, que resiste a toda tentación, es la guía y la vía para acercarse a Dios.
El escritor y editor José María Espinasa hizo la presentación de Dios.Se trata, dijo, de un verdadero acontecimiento, broche de oro a la trayectoria como traductor de uno de los poetas contemporáneos más importantes de lengua española... El otro presentador fue el filósofo español Agapito Maestre. Asumió como necesaria la lectura de Dios en el mundo occidental donde el paganismo ha sustituido a Dios por cualquier imbecilidad.
La poeta Minerva Margarita Villarreal, directora de la Biblioteca Universitaria Capilla Alfonsina, dio cuenta de cómo a Segovia se le había perdido la edición de la cual estaba traduciendo el poema y del hallazgo que significó para el poeta valenciano nacionalizado mexicano que la misma se encontrara en el fondo bibliográfico de Alfonso Reyes custodiado por esa biblioteca de la universidad pública de Nuevo León. La poeta le había pedido una colaboración para El Oro de los Tigres, colección bajo su responsabilidad, y esa fue el poema de Víctor Hugo. “Como buen republicano era acérrimo ateo. Pero él sabía que yo era creyente. Así que nos regaló Dios…” La casa editora de Tomás Segovia es la que dirige José María Espinasa. Sin embargo, en un gesto de generosidad, el escritor capitalino accedió a que fuera la UANL la que publicara el poema.
Mario Vargas Llosa, en La tentación de lo imposible, su largo ensayo sobreLos miserables, nos hace saber de unPrefacio filosófico que al cabo Víctor Hugo canjeó por un breve epígrafe del que no se desprende el verdadero sentido que se habría propuesto con esta otra obra magna: no “una novela comprometida, arraigada en una problemática de aquí y ahora, sino la demostración teológico-metafísica de la existencia de una causa primera y el empeño de rastrearla en la ‘infinita’ historia de los hombres”. Si así fue, elemental es afirmar que fue un propósito fallido por subordinado a la propia biografía de Hugo, que fue la de un hombre profundamente comprometido y arraigado en los problemas de su sociedad y de su tiempo y un luchador incesante por la justicia de la que los mexicanos nos beneficiamos cuando el imperio de Luis Napoleón III pretendió que Maximiliano nos rigiera sentado en las bayonetas.
Más tarde Hugo convertiría elPrefacio filosófico en Dios, su gran poema. Polifonía, ecos de los presocráticos a Platón, de los evangelios a Séneca y Lucrecio a Montaigne a Spinoza a Pascal, evocaciones sagradas, divinidades de todas las mitologías, figuras alegóricas: en sus extremos, del ateísmo el murciélago y del cristianismo el grifo. Las alegorías afirman o niegan a Dios que, como la utopía, aparece y desaparece. Por encima de las voces y el aleteo de las alegorías, la imposibilidad de Dios se presta a una lectura cuando recibe la luz de la poesía.

Fecha Publicación: 2013-05-06T09:29:00.002-07:00
Una interesante panorámica de Sergio Pitol sobre la novela policial, desde sus incios hasta la actualidad, pasando por los clásicos y repasando nombres e historias. La nota viene en Jornada de México, nosotros la disfrutamos como un misterio ya resuelto.
Imagen repetida en internet por lo ilustrativa del tema
La novela policial

Escribe: Sergio Pitol
La Jornada

En un encuentro de escritores franceses y mexicanos, organizado en agosto de 1977 por el Instituto Francés de la América Latina, sobre las literaturas del secreto, observé que todas las sesiones, salvo una, mencionaban en sus títulos a la novela policial. Confieso de inmediato mi absoluta debilidad por ese género que no sólo me ha proporcionado momentos memorables, sino que como escritor mi deuda es inmensa. Pienso que si un día tuviese que dirigir un taller de narrativa, sugeriría a los alumnos estudiar con atención los procedimientos específicos inventados por los autores de ese género, con la seguridad de que eso les ayudaría a construir una novela con más eficacia que todos los libros de narratología.
En la primera edición del Diccionario de la lengua castellana publicado por la Real Academia Española, una acepción de secreto es: “ lo que cuidadosamente se tiene reservado y oculto”, o “cosa arcana que no se puede concretar o explicar”. Misterio es, pues, en terrenos literarios una palabra fundamental, una referencia obligatoria. No por nada aparece de modo tan abundante en los títulos de novelas policiales: El misterio de Edwin Drood, de Charles Dickens; El misterio de la carretera de Cintra, de Eça de Queiroz; El misterio de Glenith, de Wilkie Collins; El misterio de Cloomber, de Arthur Conan Doyle; El misterio del tren azul, de Agatha Christie y varios más.
Los estudiosos que han rastreado con minucia las fuentes y trazado el árbol genealógico de la literatura policial, han encontrado remotos antepasados de asombroso prestigio; algunas historias bíblicas, el Edipo rey de Sófocles, entre otros.
Durante el siglo XIX, el período de mayor esplendor de la novela, surge el género policial con sus propios atributos y sus procedimientos esenciales. Y desde su nacimiento, apenas desprendido del seno materno, su potencia fue tal que empezó a establecer una presión sobre la novela madre, la oficial, para usar ese adjetivo que alude exclusivamente a la narración no policial. Al hurgar en los orígenes descubrimos que ya antes de La piedra lunar, de Wilkie Collins, considerada por todos como la primera novela del género, hay tramas que contienen los elementos esenciales del relato policial: un crimen, una investigación, el descubrimiento y la captura del criminal, sin afiliarse ortodoxamente al tipo de novela que nos ocupa. Son claros antecedentes del género, sí, pero su intención, sus metas, su atmósfera, se orientan hacia regiones que rebasan con mucho lo policial. El crimen resulta un accidente para transportarnos a reflexiones éticas surgidas del corazón de la novela. Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov son los ejemplos que de inmediato acuden a la memoria.
Hay una novela anterior a las de Dostoievsky, sin crímenes aparatosos, que me parece ya un preludio de lo que está por venir: Las almas muertas, de otro ruso genial, Nikolai Gogol. En ella, un extraño personaje, de nombre Chíchikov, hace su aparición en una pequeña ciudad de la Rusia profunda. Los primeros días de estancia en aquel lugar los emplea en enterarse del carácter, costumbres, fortuna y circunstancias de los terratenientes más opulentos de la región. Poco después, inicia una ronda de visitas. La descripción de esos encuentros constituye la parte magistral de la novela. Gogol nos sitúa frente a un mundo gris, degradado, y a la vez inmensamente paródico. El humor es siempre desbordante y esperpéntico; el lenguaje portentoso y la trama de una originalidad absoluta. El propósito de Chíchikov al visitar a los hacendados es el de comprar almas muertas. En el lenguaje administrativo de la vieja Rusia un alma significaba un siervo. Una propiedad comprendía el número de decietinas de bosques o de tierras cultivables, de animales de tiro o de pastoreo, y también el preciso y detallado de almas con que contaba el propietario. Desde la llegada del fascinante Chíchikov a la región se genera un misterio que va en aumento a medida que proceden sus visitas. ¿Por qué razón invierte su dinero en la compra de siervos ya fenecidos?, ¿qué provecho podría alguien obtener de aquellos difuntos?, ¿cómo podría transportarse ese ejército de seres inexistentes a las propiedades del comprador? No es menester señalar que los primeros sorprendidos fueran los propietarios. La transacción los tienta y a la vez los atemoriza. ¿No había en el hecho de contar a los siervos muertos a partir del último censo, de hacer listas pormenorizadas con sus nombres, sus fechas de nacimiento, estado de salud, tipo de trabajo realizado en la hacienda, un tufillo diabólico? Sin embargo, las artes del melifluo Chíchikov logran siempre estimular la codicia de los terratenientes, quienes terminan irremisiblemente por vender a sus muertos.
La sucesiva intensificación del misterio y de la demora por aclararlo es el procedimiento que se convertirá más tarde en esencial para estructurar una novela policial. Ante el avance del misterio, el lector tratará de asirse a cualquier detalle para descifrar los designios de los protagonistas, para orientarse un poco, al menos. Por más caricaturescos que sean los retratos de los personajes, el planteamiento de las situaciones, el avance preciso y detallado de la narración y lo disparatado de los diálogos, Gogol nos coloca siempre en la realidad, aunque se trate de una realidad deformada, estilizada, martirizada; una realidad enemiga de lo que conocemos como tal; nada en esa estructura nos hace pensar que nos movemos en los dominios de la literatura fantástica. Al final, nos enteramos de que Chíchikov es un impostor con antecedentes delictuosos que pretende hacer una magna estafa hipotecando como seres vivientes las almas muertas que ha comprado.
Más cercano a la literatura policial se encuentra Dickens. En efecto, el inglés tiene un pie clavado en esa novedosa forma narrativa. Su último libro, por desgracia inconcluso, El misterio de Edwin Drood, desarrolla una trama tenebrosa estructurada de acuerdo con las novedosas reglas creadas por el género policial. Víktor Sklovsky señala en Teoría de la prosa, ese libro capital del formalismo ruso, que buena parte de sus novelas, en especial La pequeña Dorrit, están compuestas a base de varias líneas temáticas que contienen uno o varios misterios, para luego, antes de llegar al final, hacerlas convergir en un cauce general, llegar a una apoteosis y resolver todos los enigmas.
Según Sklovski, los dos procedimientos fundamentales de la novela de misterio consisten en un retardamiento voluntario de las soluciones y en un “extrañamiento” radical que al distanciarnos de los acontecimientos narrados atenúa cualquier emoción. El pathos desmedido que había devastado zonas inmensas del Dickens juvenil aparece en su último período siempre contenido. Lo asesinatos no nos alteran, sino que sólo acrecientan nuestro interés en la lectura; sus crímenes, como los de Las mil y una noches, carecen de sangre verdadera, al grado que una novela policial con un único asesinato no resulta tan apetecible como la que contiene dos o más crímenes subsidiarios. Por otra parte, la voluntaria detención de la acción, su parsimonia, derivará en un refuerzo de la atención, en esa espera nerviosa de soluciones que se conoce con el nombre de suspense.

Decimonónica de origen
Las dos fechas fundacionales de esta literatura son: 1841, año en que Edgar Allan Poe publicó Los crímenes de la calle Morgue, donde aparecen con toda precisión algunos mecanismos del género, y 1868, en que se publicó La piedra lunar, de Wilkie Collins, la primera novela policial reconocida como tal, la más extraordinaria según T. S. Elliot, Chesterton y Borges, donde el enigma es resuelto por un inspector, personaje que iba a constituirse en un elemento distintivo e indispensable a estas narraciones.
Poe, lo sabemos todos, fue un escritor genial. El relato de investigación policial no habría podido surgir de mejores manos. El autor estadunidense aprovecha el vasto acervo de misterios madurado y difuso en la literatura anterior y los somete a un deslumbrante método de investigación especulativa. El género nace, pues, con una aureola de alta intelectualidad. Poe crea los mecanismos adecuados para detectar las motivaciones que han llevado a alguien a cometer un crimen y descubrir al culpable por medio de razonamientos meramente intelectuales. Con él nace un método y también una figura esencial para la literatura del futuro: el investigador privado. El protagonista de los relatos de Poe es el elegante caballero Auguste Dupin, un dandy refinado, que a sus diversos placeres añade el estudio de la mentalidad criminal. Dupin es el primero de una larga fila de gentlemen necesarios para la investigación del crimen. Durante cien años o más permanecerá viva esa estirpe de personajes excepcionalmente bien vestidos, refinados gourmets, conocedores de la buena literatura, coleccionistas de obras de arte. Su educación perfecta los aleja de la vulgaridad del entorno policíaco y les permite, en cambio, acceder al humor, ese don que los dioses administran sólo a sus predilectos. Algunos poseen títulos de nobleza y se mueven como peces en el agua en los salones más inaccesibles, como Lord Whimsey, el detective de Dorothy l. Sayers; otros proceden de la vida académica –Oxford o Cambridge–, como Nigel Strangeweays, el de Nicholas Blake, o son poseedores de fortunas familiares como Sherlock Holmes, el de Conan Doyle; Poirot, el de la Christie, o Nero Wolfe, el de Rex Stout. De un modo u otro todos ellos se solazan en la excentricidad, les deleita derrotar a los inspectores de la policía, ponerlos en ridículo, demostrar la ineficacia de sus métodos, su carencia de imaginación, la falta tanto de cultura como de maneras; parecería que se empeñan en su labor detectivesca sólo para poner en evidencia a aquellos pobres diablos a sueldo del Estado.
En ese punto –pero sólo en ése–, puesto que en lo demás son del todo antitéticos, coinciden con una corriente de detectives privados, surgidos, varias décadas después de las experiencias del refinado Auguste Dupin, de los estratos más desapacibles de la sociedad estadunidense, representados, sobre todo, por el Sam Spade de Dashiell Hammett, o el Philip Marlowe de Raymond Chandler, los héroes duros de los años treinta o cuarenta.

El texto completo se lee aquí.



Fecha Publicación: 2013-05-03T10:25:00.000-07:00

Fecha Publicación: 2013-04-29T15:34:00.001-07:00
La verdad es que no sé si antes se han juntado Susana Baca y Eva Ayllón para cantar o dar un espectáculo, tal vez sí. Pero esta vez sí estarán juntas en el Festival La Mar de Músicas que se desarrollará en julio en Cartagena, España, el que estará dedicado al Perú. Un lujo el que tendrán los españoles pues además estarán Micky Gonzales, Cumbia All Stars y otros más, junto a la extraordinaria Sinead O`Connor y otro tanto de estrellas europeas y africanas. La nota viene en el Cultural de El Mundo.

Susana Baca en nombre del Perú
 Dice la nota de El Mundo:

Sinead O'Connor será la encargada de inaugurar la 19ª edición del festival La Mar de Músicas. El certamen, que se celebrará en Cartagena del 19 al 27 de julio, centrará su mirada en Perú. La Mar de Músicas ha confeccionado un programa basado en las músicas populares, que recoge tanto el folclore como aquellos sonidos que, basados en la tradición, innovan con nuevos elementos.
Representando al país andino estarán Susana Baca, que recibirá el premio del festival "por su labor de difusión de los ritmos afroperuanos", ha señalado la organización; Eva Ayllón, exponente de la música criolla; y Novalima, grupo histórico que estableció las bases de la música moderna en Perú. La cumbia peruana que tan popular se hizo en los años 70 estará representada por Cumbia All Star y grupos renovadores como Dengue Dengue Dengue y Chicha Libre. Fuera de todo género estará en Cartagena el hombre de los mil rostros musicales peruanos: Miki González.
Como es habitual, no sólo habrá música del país invitado. El festival hará un recorrido por Europa, África y América a través de sus sonidos. Un total de 33 conciertos, cinco más que el año pasado, de los que ocho serán estrenos y únicos conciertos en España. Estreno y único concierto en España será el que ofrezca O'Connor. La irlandesa, que arrancará su gira mundial, vendrá a presentar su último disco, 'How About I Be Me (And You Be You)?'. También actuarán por primera vez en nuestro país el inglés Sam Lee, la modelo y atleta africana Imany y el holandés Nynke.

Grupos nacionales

'La Mar Nuestra' (o lo que es lo mismo, los grupos españoles que actuarán en el certamen) tiene esta edición una gran representación: Muchachito Bombo Infierno, Tomasito, Albert Plá, La Pandilla Voladora, Silvia Pérez Cruz presentando '11 de novembre', Buika con 'La Noche más larga', La Bien Querida con 'Ceremonia', La Pegatina, La Mala Rodríguez y los djs alicantinos Mangaporhombro.
Desde el otro lado del Atlántico llegarán Julieta Venegas y Javiera Mena, encargadas junto a La Mala de clausurar el festival. También cruzarán el charco Lucas Santtana (Brasil); Gregory Porter, Julia Holter y Eli Paperboy Reed (Estados Unidos); Ondatrópica y Monsieur Periné (Colombia).
La programación del festival, cuyas entradas ya están a la venta, se completará con propuestas portuguesas como Carminho y Antonio Zambujo, las dos nuevas voces del fado, y africanas (Skip & Die, BCUC).




Fecha Publicación: 2013-04-27T09:24:00.004-07:00
Junot Díaz saborea la fama, el dinero y los lectores han caído en sus redes de solo tres libros, y al anunciar un nuevo volumen de cuentos narra su drama personal de la creación. Meses sin poder producir o sin poder lograr el cuento esperado, drama que en palabras de Díaz, ganador del Premio Pulitzer, se hacen sinceras, mientras que la mayoría trata de disfrazar el proceso o los lectores no terminan de entenderlo. La entrevista completa viene en El Cultural, de España.
Junto Díaz, la escritura siempre es difícil
El escritor debe ser receptivo a todo, menos a la autocrítica

Entrevista de Sam Anderson
 
Unas semanas antes de la publicación del libro en Estados Unidos, Junot Díaz y yo nos reunimos un par de horas en un bar de Midtown, en Nueva York; le resultó muy difícil sentarse por culpa de su espalda, pero hablamos de escribir bien, de escribir mal y sobre la misteriosa (pero siempre evidente) diferencia entre las dos. Lo que sigue es una versión condensada de nuestra conversación.

-¿Qué le inspira? ¿Cuál fue la idea original de su último libro, Así es como la pierdes...?
-Quería narrar el proceso de evolución de un tramposo, de un infiel, un tipo que descubre, por primera vez, lo que es la ética y comienza a imaginar a las mujeres como seres humanos.

-¿Y cómo fue la escritura?
-Miserable. Miserable. Las historias no querían venir...

-¿Cuántas historias creó?
-Le diré algo... Puedo nombrar las historias previas a la “Guía de amor para infieles” antes de que el propio relato llegase. Hubo una historia llamada “Primo”, que iba a ser el final del libro y resultó un fracaso miserable. Pasé seis meses intentándolo y no lo logré. Había una historia titulada “Santo Domingo Confidencial”, que también quise que fuese la historia final, y le dediqué un año. Debí de haber escrito un centenar de páginas, pero fue otro fárrago de disparates. Escribí además un cuento en el que un niño es enviado a la República Dominicana mientras que su hermano se está muriendo de cáncer y su madre no puede hacerse cargo de él. Se llamaba “Confesiones de un adolescente Sanky-Panky” y fue incluso peor que todas las demás juntas, otra chapuza de cincuenta páginas.

-Eso debe de resultar difícil.
-Desde luego, por eso no quiero volver a hacerlo otra vez.


Autocrítica y creación

-Existe un clásico en las clases creativas de redacción que dice que tenemos que aprender a silenciar a nuestros editores interiores. Yo nunca he entendido cómo es posible desligar la crítica y la creatividad. ¿Cómo lo controla usted?
-Acaba de plantear uno de los más espinosos problemas de nuestro trabajo: uno necesita hacer autocrítica, porque sin ella no se puede escribir, pero en realidad a menudo la autocrítica es lo que frena la creación. Quizá es que soy demasiado exigente. Es un enorme obstáculo, la verdad. No me hace mejor, me hace peor, desde luego, y no más valiente. Tengo un defecto de carácter....

-Así que vuelve a su dura crítica paternalista, militante.
- Es mi padre.

-De acuerdo, invitemos a su padre: Quiero escuchar su opinión sobre el mal escritor Junot Díaz. ¿Cuáles son los errores que comete?
-En primer lugar, la caracterización sin sentido. Personajes aburridos, como fideos pasados. Y los comportamientos, y pensamientos e intereses que atribuyo a los personajes. Estos conflictos de 80 años de edad, olvidados bajo el sol, simple papel de periódico, donde los problemas son tan ridículamente subatómicos que tienes que convocar a todos los miembros del CERN para detectar cuál es la pieza que falla. Simplemente va, tío. Ya sabe, me obligo, y al obligarme, pierdo todo lo que me interesa de mi trabajo, todo lo que es interesante para mí, para nadie más; Dios lo sabe, no puedo hablar de eso. Lo que resulta más interesante en mi trabajo es la manera en que, mientras estoy escribiendo a tope me siento relajado: estoy creando, y siento que todas mis facultades están en plena acción. No quiero conseguir una cita, no quiero a alguien que me abrace, no quiero que nadie lo lea, ni que nadie me quiera. Sólo quiero escribir.

Lea la entrevista completa aquí. 

Fecha Publicación: 2013-04-25T08:27:00.003-07:00
El 2007, un 25 de este mes cruel, se fue José Watanabe, poeta querido por todos y admirado por más. Quienes tuvimos el placer de compartir con él mesa y palabras recordamos su fino humor y sus tranquilas formas de convencimiento. Sorprende (no debería) que haya jóvenes que de pronto, si se menciona al poeta, reciten sus versos. Hay que recordarlo, pues, con sus propias palabras.

José Watanabe en vieja foto y tranquila mirada
 La mantis religiosa



Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm de
          mis ojos
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del
         Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palo seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza
           cáscara.


Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había destruido
a un macho
                  vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando
hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
                                    y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula
                             a la muerte
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.

Las enciclopedias no conjeturan. Esta tampoco supone que última
           palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta
              del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
                            de agradecimiento.



Poema del inocente



Bien voluntarioso es el sol
en los arenales de Chicama.
Anuda, pues, las cuatro puntas del pañuelo sobre tu cabeza
y anda tras la lagartija inútil
entre esos árboles ya muertos por la sollama.
De delicadezas, la del sol la más cruel
que consume árboles y lagartijas respetando su cáscara.
Fija en tu memoria esa enseñanza del paisaje,
y esta otra:
de cuando acercaste al árbol reseco un fosforito trivial
y ardió demasiado súbito y desmedido
como si fuera de pólvora.
No te culpes, quién iba a calcular tamaño estropicio!
Y acepta: el fuego ya estaba allí,
tenso y contenido bajo la corteza,
esperando tu gesto trivial, tu mataperrada.
Recuerda, pues, ese repentino estrago (su intraducible belleza)
sin arrepentimientos
porque fuiste tú, pero tampoco.
Así
en todo.


José Watanabe



Fecha Publicación: 2013-04-22T13:59:00.001-07:00

Don Pepe en el lente de El Bùho
                                                                           Breve nota que viene por La torre de las paradojas y que anuncia un homenaje al poeta José Ruiz Rosas, limeño de nacimiento, arequipeño por experiencia, lúcido y exquisito representante de la generación del cincuenta. La iniciativa es del Ministerio de Cultura y la cita es el martes 23 a las 11 de la mañana en la sede del Museo de la Nación, en Lima.
Vale el homenaje.

La palabra del poeta:

  YO TENGO un sol opaco en la mirada

puesto a secarse allí como una estopa

y me ciega de veras, porque abundan

marginadas estrellas en los párpados

que concurren a diario entre la sombra,

leve delito de la luz, que cuaja

en pretéritas lágrimas de infancia

y, durecidas pústulas, legañas

estorban todo el porvenir del ámbito,

miran apenas huellas, más por tacto,

más por olfato que por fiel vislumbre.



Yo tengo el ojo así, túrbido y tenue,

pegado al microscopio, sin los ágiles

desplazamientos de húmedos microbios

atender, con la voz puesta de bruces

convertida en silencio desde el tiempo,

desde las hóspitas cavernas, desde

la pelambre aterida, desde el rayo

divinizado, desde el árbol mágico.



Yo tengo el tímpano más bien ligero,

el martillo en metal endurecido

como un desnudo afán de lluvias, como

un onanita enfermo en resonancias,

acuclillado caracol, dormido

estribo en los galopes de la noche,

oído en tajo al sol y a las tinieblas

como hendida raíz de intermitencias

resonando en porqués y cuándos, ecos

de los ecos que moran en el aire,

de lo que respiramos, convencidos

de asegurar las ondas sin estrépitos,

las paredes abiertas por la técnica

trayéndonos mensajes y leyéndonos

en alta voz las cosas más distantes,

ah laberinto al que retorna Dédalo

como herida paloma, eterno caos

que vuelve al punto umbilical ya seco.



Yo tengo el tacto ardido, porque toca

alguna vez la yema el frasco ajeno,

la mejilla pueril que riega el ojo,

la piel de la mujer, plena de esencias,

la insensata moneda que acaricio

en veces, yermo símbolo palpable,

y esta verdad ambiente en que ambulamos

del catre, de la mesa, de la ropa,

hasta llegar al más purificado

papel, página en blanco del poema,

margen desgarratriz de lo sensorio,

sutil profanación, cosa en la cosa,

eléctrico y sensual presentimiento

en claros eslabones y ataduras,

en diligentes florescencias náuticas

al azar controladas por cronógrafos,

entre la estricta realidad sumerso

con instantáneas fugas palpebrales.



Yo tengo, cual tú tienes,

este incómodo espejo en vano huero,

este acústico umbral siempre horadado,

esta sepulta cárcel transeúnte

caminados al cielo, en los compases

de qué mefisto ingenio calculados.   José Ruiz Rosas

Fecha Publicación: 2013-04-20T19:09:00.001-07:00
Interesante entrevista al Premio Nobel de Literatura, el sudafricano J. M. Coetze, a quien falta conocer y entender un poco más. El diálogo es con la Revista Ñ, de Argentina, como un adelanto a la Feria del Libro de Buenos Aires, donde el autor de "Diario de un mal año" es la estrella principal.
Centrado y agudo J. M. Coetze

La palabra justa
Por Jorgelina Núñez
J.M.Coetzee no concede entrevistas, no se pronuncia sobre su obra, mucho menos sobre su vida personal. La suya no es una postura excéntrica adoptada tras la consagración como Premio Nobel de Literatura en 2003. Cuando publicó su primera novela, Tierra de poniente (1974), se negó a darle al editor información personal para la solapa del libro. Ese rechazo a la exaltación de la figura pública del escritor puede parecer antipático, incomprensible en una sociedad habituada a la exposición hasta límites obscenos. Sin embargo, bastó verlo esforzarse por pronunciar en correcto español unas frases frente al auditorio del Malba, en la clausura del Filba 2011, antes de leer con voz pausada y enorme calidez un relato inédito, para derribar cualquier prejuicio acerca de su actitud.
La extrema cortesía es un rasgo de Coetzee, la total falta de condescendencia para con los lectores, también. Negarse a explicar los motivos recurrentes en sus novelas y ensayos, los vínculos políticos y sociales con el entorno sudafricano, la desconcertante incorrección con la que actúan muchos de sus personajes, las escenas de violencia descarnada, los cauces subterráneos que arrastran la basura de la Historia en sus novelas, supone la renuncia del escritor a pretenderse dueño de la verdad sobre sus libros y también la exigencia de que cada lector asuma como pueda los dilemas éticos que éstos plantean.
He dicho éticos y no morales porque la moral se ajusta a un grupo social del que las situaciones presentes en Esperando a los bárbarosDesgraciaElizabeth Costello,Foe se sustraen, poniendo en entredicho las ideas de bien y de mal. Se diría que una ética de lo inconveniente recorre la literatura de Coetzee, si no fuera porque la sola noción de ética desafía cualquier tipo de conveniencia.
Pero ética, moral, dilemas, son términos que encierran una vaga idea de trascendencia, de juicio, de aquello que la literatura vehiculiza hacia otro terreno, más abstracto o solemne. Nada más opuesto a la obra de este sudafricano errante, estudiante en Londres, profesor en los Estados Unidos, ciudadano australiano. Un breve ensayo incluido en Diario de un mal año referido a la autoridad en la narrativa quizás ayude a pensar sobre esto.
Las intervenciones de los formalistas rusos y más tarde de Roland Barthes y Michel Foucault, dice el señor C., autor de esas notas (luego volveremos sobre las diversas formas de ¿enmascaramiento? que Coetzee utiliza para distanciarse y a la vez permanecer demasiado cerca de sus personajes), dejaron en claro que la maestría de un escritor como Tolstoi consistía en el manejo excepcional de la retórica. Sin embargo, aun descubierto el truco, sigue diciendo el señor C., él continuó leyéndolo con “culpable fascinación”. ¿Por qué? Sin duda, no estrictamente por la destreza verbal, sino por cierta sabiduría emanada de su literatura. Sabiduría ubicua, pues no era el objeto de su obra ni radicaba en la persona de Tolstoi, un hombre corriente sin otra cosa para ofrecer más que su pluma. ¿Acaso a través de él hablaban los dioses? Pero los dioses no siempre acuden, afirma escéptico. La paradoja reside en una obra infinitamente más rica que el sujeto del que procede.
Algo similar nos sucede a los lectores frente a los libros de Coetzee. Cautivados por su prosa y a la vez desconfiados de su estilo realista –una opción anticuada en estos tiempos–, buscamos una variante que dé cuenta de su originalidad (¿nuevo realismo?), como si de una cuestión de nomenclatura se tratase o como si su extraordinario valor pudiera ser reductible a la renovada búsqueda de formas con las que sorprende en cada libro. ¿Pero es suficiente? ¿Alcanzan el vocabulario preciso hasta la austeridad, la sintaxis rigurosa, los razonamientos implacables para explicar el desasosiego, la exaltación, los cambios de humor a los que nos someten? ¿O acaso es el contenido de sus historias, míticas, autobiográficas o por completo ficticias, lo que nos eriza la piel o nos hace sonreír amargamente? ¿A quién refiere exactamente el posesivo “su”? ¿A un sujeto de carne y hueso o a uno literario aunque demasiado humano, atrapado en las redes de sus propios errores y camuflado en figuras de existencia precaria como el mencionado señor C., el difunto escritor Coetzee cuya biografía emprende un estudioso norteamericano enVerano, la veterana conferencista Elizabeth Costello o los tantos narradores de esa obra de la cual J. M. Coetzee se manifiesta ignorante? Es imposible determinarlo.
El escritor que lleva ese nombre condensado en sus iniciales leerá en la próxima Feria Internacional del Libro un texto sobre la censura del cual aquí se anticipa un fragmento. Fiel a su postura y a su escasa disposición para las declaraciones, accedió a brindarle a Ñ , en exclusiva, la respuesta a unas pocas, coyunturales, preguntas.
-Ud. menciona el hecho de que cuando comenzó a publicar, los libros que se leían en Sudáfrica, en realidad, eran elegidos en Inglaterra. ¿Cree que existe la censura del mercado? Menciona que la situación ha cambiado en los últimos años. ¿Qué hizo que ese cambio fuera posible?
-No sé si es una buena idea extender tan ampliamente la idea de la censura. Si uno hace esto, comienza a perder su utilidad. Los editores siempre han sido como guardianes. En el caso de Sudáfrica, el control del mercado literario por editores británicos significaba que un cierto tipo de escritura sudafricana era aprobada –un tipo de escritura que era aceptable para los gustos británicos– mientras que otro tipo de escritura era rechazada: concretamente, la escritura que estaba demasiado involucrada en las especificidades de la vida social de Sudáfrica y el uso sudafricano del lenguaje. Pero enfatizo que este estado de cosas comenzó a cambiar en los 70, mientras que la industria editorial sudafricana en inglés comenzó a desarrollarse (una industria en Afrikaans ya existía).

-Argentina tiene una situación similar con libros que se editan en España. Y me parece que tener una industria editorial propia saludable es fundamental para la literatura de un país. ¿Hay en la actualidad una consistente y sostenible industria editorial sudafricana?
-Estoy de acuerdo de que tener una industria editorial propia y saludable es necesario para el crecimiento de una literatura nacional. Seguramente hay analogías entre la posición de Argentina vis-à-vis España y la posición de Sudáfrica vis-à-vis Gran Bretaña. Pero, por motivos geográficos, los contactos entre editores en Buenos Aires y la Ciudad de México, La Habana o Santiago de Chile son más fáciles que los contactos entre los editores de las ex colonias británicas de Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Sudáfrica y el subcontinente indio. La industria editorial en Australia seguramente es sostenible, aunque el futuro de la industria editorial en Sudáfrica es, tal vez, menos seguro.

-Amsterdam será la ciudad de honor en la Feria del Libro de Buenos Aires. Usted tiene una relación estrecha con la cultura holandesa. ¿A qué se debe? ¿Qué es lo que más le gusta de esa cultura?
-Estudié el idioma y letras holandesas en la universidad, y también he publicado traducciones de poesía y ficción holandesa. He monitoreado atentamente la fortuna de mis libros en Holanda pues tengo una relación cercana con mi editor en holandés. La literatura holandesa no es una literatura mayor como la de Francia o Alemania, pero tiene su voz propia, única.

-Está por lanzar una colección de sus libros preferidos con el sello El hilo de Adriana. ¿Qué nos puede decir sobre ese proyecto? ¿Considera la importancia de que un Premio Nobel sudafricano lance una serie de tan alto calibre en una casa editorial pequeña en un país periférico, como lo es la Argentina?
-Por favor, no olvide que desde 2002 vivo en Australia y que soy un ciudadano australiano. La propuesta de armar una llamada “biblioteca personal” vino de Soledad Costantini, la editora principal de El hilo. Me pareció una propuesta muy interesante y ya estoy trabajando en una serie de prefacios para la serie, la cual incluirá novelas o ficciones breves por algunos de mis autores favoritos, y también una colección de poemas que han sido importantes para mí.


Fecha Publicación: 2013-04-19T09:00:00.005-07:00
Otro grande a quien recordar en este abril de viento y tiempo estancado. Octavio paz se adelantó un 19 de abril de hace quince años y está presente.
Octavio Paz, presente, en poesía.
 TROWBRIDGE STREET


1

El sol dentro del día

               El frío dentro del sol.

Calles sin nadie

                   autos parados

Todavía no hay nieve

                        hay viento viento
  
Arde todavía

               en el aire helado

un arbolito rojo

Hablo con él al hablar contigo

2

Estoy en un cuarto abandonado del lenguaje

Tú estás en otro cuarto idéntico

O los dos estamos

en una calle que tu mirada ha despoblado

El mundo

imperceptiblemente se deshace

                                                 Memoria

desmoronada bajo nuestros pasos

Estoy parado a la mitad de esta línea

no escrita

3

Las puertas se abren y cierran solas

                                                 El aire

entra y sale por nuestra casa

                                                El aire

habla a solas al hablar contigo

                                            El aire

sin nombre por el pasillo interminable

No se sabe quién está del otro lado

                                                     El aire

vuelve aire todo lo que toca

El aire

con dedos de aire disipa lo que digo

Soy aire que no miras

                               No puedo abrir tus ojos

No puedo cerrar la puerta

El aire se ha vuelto sólido

4

Esta hora tiene la forma de una pausa

La pausa tiene tu forma

Tú tienes la forma de una fuente

no de agua sino de tiempo

En lo alto del chorro de la fuente

saltan mis pedazos

el fui el soy el no soy todavía

Mi vida no pesa

                           El pasado se adelgaza

El futuro es un poco de agua en tus ojos

5

Ahora tienes la forma de un puente

Bajo tus arcos navega nuestro cuarto

Desde tu pretil nos vemos pasar

Ondeas en el viento más luz que cuerpo

En la otra orilla el sol crece

                                         al revés

Sus raíces se entierran en el cielo

Podríamos ocultarnos en su follaje

Con sus ramas prendemos una hoguera

El día es habitable

6

El frío ha inmovilizado al mundo

El espacio es de vidrio

                                 El vidrio es de aire

Los ruidos más leves erigen

súbitas esculturas

el eco las multiplica y las dispersa

Tal vez va a nevar

Tiembla el árbol encendido

Ya está rodeado de noche

Al hablar con él hablo contigo

  Octavio Paz

Fecha Publicación: 2013-04-18T15:16:00.001-07:00
Aparece en la conversación Eielson, y lo reelemos. Este mes habría cumplido 89 años.

Jorge Eduardo Eielson
Los jóvenes sabios en invierno


Quién sabe en qué brazo divino, alado y nocturno,

La oscura vivienda terrestre reposa,

Cuando sobre la nieve de casas dormidas, eterno,

El mágico gallo su alba sostiene, cual naipe

Dorado que asoma en la noche. Sería ceniza

De gloria la dulce bujía en las noches

De invierno, que tiende llanuras de pluma

Su negra enseñanza pisando la estufa,

Heladas veredas y casas caídas de hollín y de luna.



Y la huella del vago en la banca marmórea,

Que duerme y deslíe su lápiz de sueño en la fuente.

O la fría, también, primavera que se hunde

Con rosas y todo detrás de la luna, sus ojos,

sus dedos con fósforos abriendo otro cielo dormido.



Grises montañas que avanzan sería el reposo,

Por sobre los valles o espuma de libros,

Que jóvenes pálidos leen en desvelo, dobladas

Sus frentes de amargo cartón ante Palas,

Y la pluma, el trofeo, a un lado cual naves

Remotas, que negros hisopos alfombran de hastío.



Quién sabe qué cráneo de cera inclinado y augusto

Vacía en la azul biblioteca su grave magnolia,

O qué inteligencia de nieve ha cavado en la noche

Los astros, ventanas y pinos cuya barba es poesía

En las noches de invierno que huyen en humo y ceniza.






Fecha Publicación: 2013-04-15T08:45:00.001-07:00
César Vallejo murió el 15 de abril de 1938, en París. Silencio... aún.


MASA

Al fin de la batalla,

y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre

y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.



Se le acercaron dos y repitiéronle:

«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.



Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,

clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.



Le rodearon millones de individuos,

con un ruego común: «¡Quédate hermano!»

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.



Entonces todos los hombres de la tierra

le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;

incorporóse lentamente,

abrazó al primer hombre; echóse a andar...


César Vallejo

Fecha Publicación: 2013-04-13T08:29:00.003-07:00
El charanguista peruano Federico Tarazona ganó el Premio Casa de las Américas de Composición Musical que otorga cada dos años Cuba. La escueta nota de prensa de la organización cultural señala las virtudes por las que el jurado decidió por unanimidad premiar al joven músico nacido en Huaraz, en 1972. Antes Tarazona ya había ganado importantes premios de composición musical y sus producciones se escuchan y se interpretan en el extranjero. El tema ganador se titula "Chavín" y según el jurado su calidad se manifiesta "por el empleo eficaz de una instrumentación que incluye flauta, clarinete, percusión, hatun charango, piano, violín y violonchelo, en una propuesta de gran coherencia que posee un sonido y timbre muy originales".
Virtuoso charanguista da un nuevo lauro cultural para el Perú
 La nota de Casa de las Américas dice:

El jurado de la quinta edición del Premio de Composición Casa de las Américas, integrado por Carlos A. Vázquez (Puerto Rico), Rodrigo Sigal (México), Alfredo Rugeles (Venezuela), José Loyola (Cuba) y Guido López-Gavilán (Cuba), reunido en La Habana del 8 al 12 de abril de 2013, tuvo a su cargo la valoración de cuarenta y dos obras presentadas bajo seudónimo y procedentes de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Guatemala, México, Perú, y Venezuela.

Tras el análisis de las obras en concurso, el jurado acordó:

PRIMERO: Por su excelente calidad profesional y presentación, por el empleo eficaz de una instrumentación que incluye flauta, clarinete, percusión, hatun charango, piano, violín y violonchelo, en una propuesta de gran coherencia que posee un sonido y timbre muy originales, otorgar por unanimidad el Premio de Composición Casa de las Américas 2013 a la obra Chavin, presentada bajo el seudónimo “Iskonawa”, que corresponde al compositor Federico O. Tarazona Francia, de Perú.

SEGUNDO: Otorgar, por unanimidad, Mención a la obra Ascendiendo al abismo, para flauta, clarinete, violín, violonchelo y piano presentada bajo el seudónimo “Vicente Martínez Parra”, que corresponde al compositor Álvaro Pacheco Bascuñán, de Chile.

Dado en La Habana a los 12 días del mes de abril de 2013

Fecha Publicación: 2013-04-12T07:32:00.001-07:00
Hoy se cumplen 474 años del nacimiento de quien sería el primer peruano universal desde la conquista española. El primer mestizo, también, y el primer espíritu intelectual peruano. Aunque se ha escrito bastante sobre la personalidad del autor de los Comentarios Reales, aún es necesario indagar sobre la influencia de su obra, pensamiento y personalidad en la construcción de la identidad nacional. Siempre es bueno volver a su obra, para seguir tratando de entender nuestra realidad social y política, y poder construir el futuro. Hay suficiente información sobre el Inca Garcilaso de la Vega (nacido Gómez Suárez de Figueroa) en la red para adentrarnos en el siempre nuevo mundo garcilasiano.
Inca Garcilaso de la Vega


Fecha Publicación: 2013-04-10T14:24:00.000-07:00
Este artículo está en la Revista Ñ, de Argentina, es un trago más sobre la vida de Charles Bukowsky.

Bukowsky en típica pose
 Escribe: Andrés Hax

Para espanto de las ilustres academias y torres de marfil, Charles Bukowski fue y sigue siendo uno de los poetas más adorados del mundo. Vivió casi toda su vida en Los Ángeles y tuvo, a su manera, una vida encantada. Sufrió pobreza, hambre y rechazo social. Trabajó 12 años en el servicio postal. Era un alcohólico empedernido y un devoto de las carreras de caballos. Descubrió la escritura y la lectura de chico, aunque le costó un enorme trabajo desarollarse como escritor. Nunca tuvo apoyo financiero de ningún tipo y no terminó la universidad, por lo que siempre trabajó en centenares de empleos precarios, en fábricas, de lo que fuera. Por fin, a los 50 años, pudo comenzar a vivir de su escritura. Tras 15 años publicando en medios underground apareció un hombre que quería lanzar una casa editorial. Le aseguró a Bukowski $100 por mes si dejaba de trabajar en el servicio postal y se dedicaba solamente a escribir. Black Sparrow Press, de John Martin, terminó publicando toda su obra. Al fin de cuentas, Bukowski escribió más de 50 libros, incluyendo cinco novelas autobiográficas. Sus versos sobre la desidia, el ocio, el alcoholismo, el sexo borracho, las carreras de caballos, el hastío del trabajo y la violencia doméstica son sencillos pero inimitables. Ha sido traducido a decenas de idiomas y siguen apareciendo colecciones póstumas con material inédito.

Charles Bukowski nació en Andernach, Alemania, en 1920 y dos años más tarde sus padres se mudaron a Los Ángeles. La casa donde fue criado aún existe en 2122 S. Longwood Ave, Los Ángeles (y se puede ver en Google Street View). Bukowski fue hijo único y tuvo una infancia y una adolescencia horrendas en esa casa. Su padre era un hombre arbitrariamente estricto y, eventualmente, un ser profundamente resentido y violento. Su madre era callada y servil; no ayudó para nada en controlar la tiranía paternal.

En el pasaje de la niñez a la adolescencia, dos cosas convirtieron la vida de Bukowski en una tortura. Por un lado, desarrolló un acné tan extremo que los médicos del hospital público donde fue tratado dijeron que nunca habían visto un caso igual. Por otro, su padre comenzó a golpearlo sistemáticamente con un asentador (el cinturón de cuero con el que se suaviza el filo de las navajas de afeitar).

Bukowski vivía en un barrio obrero y de clase media baja, con el problema de que durante su infancia la mayoría de los hombres, por la depresión económica, no tenía trabajo. El padre de Bukowski, también desempleado, todas las mañanas se levantaba y desaparecía, disimulando que iba a trabajar, durante todo el día. La madre tuvo que compensar ganando dinero en empleos ocasionales. El ambiente del barrio era violento y hostil, tanto entre los adultos como entre los niños. Bukowski, por su predisposición a la soledad y por la horrenda condición de su piel, fue condenado al ostracismo. Para peor, siempre se le pegaba un lumpen social de su clase del que, por lástima, nunca se deshacía.

Al final de su adolescencia, Bukowski tuvo su bautismo en el alcohol y en la escritura, los ejes principales del resto de su vida (salvando las mujeres y las carreras de caballos, que vendrían después). Sobre la primera vez que probó vino –robado de los barriles del padre de un amigo- escribió: “Era mágico. ¿Por qué nadie me lo había dicho? Con esto, la vida era maravillosa, un hombre era perfecto, nada lo podía tocar.”

Descubrió su talento de escritor cuando su profesora del quinto grado pidió a sus alumnos que fueran a ver, durante un fin de semana, un acto público del presidente de la nación, Herbert Hoover, de visita en Los Ángeles. Bukowski no se animó a pedirle a su padre que lo llevara, por lo que inventó la crónica. La profesora se dio cuenta y lo puso en evidencia delante toda la clase, pero lejos de enojarse, lo alabó por su imaginación.

Años después, cuando tenía catorce años, entró en tratamiento por su condición de acné vulgaris. Los médicos tuvieron que agujerear los forúnculos llenos de pus que le tapaban la cara, el pecho y la espalda. Ese episodio fue literalmente una tortura; y el tratamiento, con la excepción de una enfermera, condescendiente y cruel. Sobre el hospital Bukowski escribió: “Experimentaban con los pobres y, si funcionaba, lo usaban para los ricos. Y si no, siempre había más pobres.”

Al fin, abandonó el tratamiento y se fue del hospital vendado como una momia. Durante un largo reposo en casa, aburrido, comenzó a escribir en unos cuadros del colegio, inventando cuentos sobre un aviador alemán, as de la Primera Guerra Mundial. Estos cuadernos juveniles no existen porque el padre de Bukowski los tiró a la basura en un ataque de ira, indignado de que su hijo perdiera tiempo en semejantes estupideces.

Una cosa más le pasó a Bukowski durante su juventud que terminaría marcándole la vida: descubrió la lectura (en la biblioteca pública, igual que Ray Bradbury, quién, como Bukowski, nació en 1920 y también era de Los Ángeles). Fue un descubrimiento parecido al del alcohol: le produjo un gigantesco alivio existencial. Después escribió sobre esta epifanía: “¡Qué emoción! Las palabras no eran aburridas, las palabras eran cosas que podían hacer zumbar tu mente. Si las leías y te permitías sentir su magia, podías vivir sin dolor, con esperanza, sin importar qué te pasara.”

A su padre, por supuesto, no le gustaba que leyera.

Bukowski asistió a la Universidad pública de Los Ángeles solo dos años. Allí comenzó a beber en serio y también a escribir en serio. En 1939, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Bukowski abandonó la universidad y se mudó a Nueva York; en 1944, fue arrestado por la FBI por evadir la conscripción obligatoria, pero fue perdonado y excusado de ir a la guerra por que no aprobó el examen psicológico del ejército.

En estos años, Bukowski se dedicó al arte de escribir con una fiera disciplina. Viajaba mucho por el país, vagabundeando, y buscaba trabajos no especializados, en fábricas, en restaurantes, lo que fuera con el objetivo de tener la mayor cantidad de tiempo libre para escribir. Subsistía con una barra de chocolate por día. Escribía cuentos y los enviaba a las grandes revistas literarias y culturales, como The Atlantic, Harpers y The New Yorker. Siempre fueron rechazadas, pero Bukowski no se desanimaba. Siempre recordaría esos años como mágicos.

Y ahora pasa algo muy raro.

Cuando tenía 24 años, un cuento suyo fue aceptado en una pequeña pero prestigiosa revista llamada Story Magazine. Un importante agente literario de Nueva York le escribió a Bukowski diciéndole que lo quería representar.

En ese momento, que para cualquier otro ser humano sería el triunfal inicio de una carrera literaria (o por lo menos su intento), para Bukowski fue un punto de abandono. Le contestó al agente que aún no estaba preparado. En lugar de comenzar su carrera literaria, se agarró una borrachera de diez años. Vivió en Los Ángeles, siempre trabajando en empleos penosos y serviles, y viviendo en pensiones miserables.

Estos diez años sin escribir son el corazón de la vida de Bukowski, el escritor. Entonces acumuló las experiencias y vivencias que se convertirían en su obra. A los 35 años, tuvo una hemorragia estomacal y estuvo al borde de la muerte. El médico que lo atendió le dijo que si tomaba un trago más, se moría. Por sugerencia de su novia de turno, comenzó ir a las carreras de caballos para distraerse del ansia por beber. Pero al fin, como descubrió después de pocos meses, el diagnóstico de abstinencia había sido una exageración. Bukowski vivió hasta los 73 años (1994) bebiendo y escribiendo todos los días, hasta el final.




Fecha Publicación: 2013-04-09T08:09:00.001-07:00
El escritor español falleció a los 96 años. Deja una importante obra narrativa y un estilo que ha marcado a muchos escritores de las últimas décadas del siglo pasado. Hay interesante información sobre su obra, legado e influencia en los diarios españoles que vale la pena repasar.

Fecha Publicación: 2013-04-08T09:10:00.004-07:00
Pablo Neruda vuelve. Los restos del poeta serán exhumados hoy para saber cómo murió. ¿Servirá de algo?
Neruda, siempre yendo, viniendo
HIMNO Y REGRESO




PATRIA, mi patria, vuelvo hacia ti la sangre.

Pero te pido, como a la madre el niño

lleno de llanto.

Acoge

esta guitarra ciega

y esta frente perdida.

Salí a encontrarte hijos por la tierra,

salí a cuidar caídos con tu nombre de nieve,

salí a hacer una casa con tu madera pura,

salí a llevar tu estrella a los héroes heridos.



Ahora quiero dormir en tu substancia.

Dame tu clara noche de penetrantes cuerdas,

tu noche de navío, tu estatura estrellada.



Patria mía: quiero mudar de sombra.

Patria mía: quiero cambiar de rosa.

Quiero poner mi brazo en tu cintura exigua

y sentarme en tus piedras por el mar calcinadas,

a detener el trigo y mirarlo por dentro.



Voy a escoger la flora delgada del nitrato,

voy a hilar el estambre glacial de la campana,

y mirando tu ilustre y solitaria espuma

un ramo litoral tejeré a tu belleza.



Patria, mi patria

toda rodeada de agua combatiente

y nieve combatida,

en ti se junta el águila al azufre,

y en tu antártica mano de armiño y de zafiro

una gota de pura luz humana

brilla encendiendo el enemigo cielo.



Guarda tu luz, oh patria!, mantén

tu dura espiga de esperanza en medio

del ciego aire temible.

En tu remota tierra ha caído toda esta luz difícil,

este destino de los hombres

que te hace defender una flor misteriosa

sola, en la inmensidad de América dormida.

Pablo Neruda


Fecha Publicación: 2013-04-01T09:55:00.006-07:00
En las noches de abril, mansas y bellas,


en tanto que recuerdas o meditas,

ascienden al azul las margaritas

y se truecan en pálidas estrellas.

Cuando el sol en las mares infinitas

del orto, desparrama sus centellas,

descienden a los campos las estrellas

y se truecan en blancas margaritas.

Por eso, cuando llena de rubores

deshojas margaritas de alabastros,

auguran el olvido y los amores;

presienten el futuro: ¡han sido astros!

comprenden el amor: ¡han sido flores!

Amado Nervo