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Un erizo en un bar de Lavapiés
Para el niño pez, niño fruta...mi Pez Fruta.Para todos los niños.(Y para los erizos)...La historia que voy a contar sucedió tal cual la leen.
Una mañana cualquiera un erizo saltó del periódico.
Así de simple.
Primero pensé que era una
O muy marcada que no había secado del todo en el papel.
Porque en ese entonces mamá leía el periódico en papel.
Yo me acuerdo.
Ella tensó las páginas y una bolita negra y apretada voló hacia arriba.
Si hubiera sido una gota de tinta no habría rebotado en la mesa.
Dio tres botes y se acomodó al lado del plato con tostadas de mamá.
Sacó a relucir sus pinchos y dijo:
Eh, tú…¿tostadas con tomate? ¿no tienes otra cosa?Mamá miró al erizo y le contestó.
A ver, son las diez de la mañana. ¿Qué esperabas encontrar? ¿Una paella?
Acercó la nariz al erizo y le preguntó:
¿Qué hace alguien como tú aquí?
¡Eso digo yo! ¡No lo entiendo!(Yo escuchaba todo desde mi trona. Ya caminaba pero me gustaba desayunar allí porque era amarilla y tenía un juego de armar muy chulo).
El erizo explicó.
Yo estaba caminando muy tranquilo.Daba un paseo por Lavapiés.Vi un letrero que decía Bar-berie y pensé que podía entrar a que me igualaran los pinchos. Me trepé a una banqueta y vi un mostrador.No había tijeras, brochas o espuma sino montados y tapas de toda clase.¡Qué bien!, pensé. ¡Tengo hambre! Los pinchos pueden esperar.No! ¡No pueden! ¡Pinchos en la cabeza y pintxos para comer!¡Qué lío! Pensaba en pedir una de bravas y un revuelto de ajetes cuando una fuerza me succionó. Y de la barra del bar, caí en esta mesa tan sosa.¡Un respeto!
Perdona pero es que al tomate no le has puesto ni aceite.Mamá veía al erizo sin saber muy bien que hacer.
Me dijo: Pez…¿has visto esto? Cuando leí
Rayuela me imaginé a los
cronopios como a este erizo…Cuando la leas, recordarás esta historia.
Jo, dijo el erizo…qué casualidad…yo me llamo Cronos.¿Cómo llega un erizo a un bar en pleno Lavapiés?
Vaya pregunta…abrí la puertecilla de la jaula y me escapé.Esperé a que abrieran la puerta del piso, luego la del portal y a la chita callando, me fui andando. Como soy pequeño nadie se dio cuenta.Mamá cogió al erizo y lo dejo caer suavemente sobre la palma de la mano.
¿Una jaula? No entiendo ¡Querrás decir una pecera! Los erizos no usan jaula.
No deberíamos, no. Ni jaula, ni pecera. Mírame bien…¡soy un erizo de tierra!Un erizo de tierra…jajaja…escucha bien esto Pez Fruta.
Ya sé cómo llegó Cronos aquí.
Leía en el periódico que hubo un jaleo en Lavapies porque se encontraron a un erizo caminando por la calle. Leía y releía la frase sin poder entenderla:
¿Cómo camina un erizo?
¿Cómo llegó a Madrid si el mar queda tan lejos?
Mientras más leía más me confundía.
Mamá me leyó en voz alta:
“Carlos W. y su mujer Nelly D. dueños del Bar-berie le dieron de comer al animal. Cuando las autoridades procedieron a hacer cumplir la ley, devolver al animal a su legítimo dueño, los hosteleros se resistieron a entregar al animal”.Justo en esa frase, estornudé, abrí los brazos, estiré las páginas del periódico y saliste volando, cayendo aquí.
¿Por qué no entendías? ¿No has oído hablar de los erizos de tierra? Somos muchos. Y nadie nos pone ese apellido, de tierra, nos llaman erizos a secas.Mamá nos habló a los dos:
En el trópico, un erizo como tú, se llama
puerco espín.
¡Eh! ¡Que los erizos somos muy limpios! ¡Que nos lavamos todos los días!Ya. Pero así se llaman. Y normalmente no viven en jaulas y no están cerca de las ciudades. Viven sueltos, a su aire, en el campo.
¿Y no conocen los pintxos? ¿los montados? ¿las bravas? ¿las cañas? ¿las pulgas?No. Al menos las que tú conoces no. Venga. Regresa a tu historia. Quizás termines adoptado por los dueños del bar.
¡Vale! Adiós Pez Fruta. Adiós, Lena. Si pasáis por Lavapiés id a verme. El erizó planchó sus pinchos hacia atrás.
Mamá cogió a la bolita negra y la dejó caer en el papel.
Abrió un libro y me leyó:
“El canguro Tristán volaba en un globo…”- Mamá: ¿qué es un canguro?
- Es un animal muy gracioso que vive en Australia y salta muy alto.
- Pero también es un plátano ¿verdad?
- No cariño. Estás confundiendo un canguro con un
cambur.
“El globo se estropeó y el canguro Tristán lo llevó a un mecánico”.- Mami: ¡Yo sé que es un mecánico!
- ¿Qué es, Brufi?
- ¡Un barco muy grande que choca con hielo y se hunde!
- Nooooooo, jajajaja, ese es el
Titanic.
Mamá siguió leyendo y aparecieron muchas palabras nuevas.
Eso pasó hace mucho.
Pero ya te dije que yo me acuerdo.
Ya no como en la trona aunque conservo el puzle.
Sé conducir bici sin ruedines, patinete y patines en línea.
Mudé tres dientes de leche.
Y no entiendo por qué en una peli que se llama
“Cantando bajo la lluvia” no ponen “
It´s raining again” que es una canción que mi mamá me presta.
..........................................
Pez, vas a llegar tarde al cole…¿con quién hablas?
Con el futuro, contesta, mientras apunta al espejo.
Mi amigo el futuro.
(Me estremezco al leer lo último que apunté en mi libreta: “Los límites de mi lengua son los límites de mi mundo”).
L Wittgenstein y el Pez Fruta saben cosas que yo no sé.
2010-03-12T16:49:00.002+01:00
Pez Fruta Jarabe de lengua
Acaba ya el libro, Mami. ¿Por qué?
Porque tenemos que escribir un cuento. Juntos. Tú y yo. Ya hice el dibujo para tu blog.¡Pero eso no es un dibujo, Pez!
Si le tomas una foto, y se la das de comer al ordenador, se convierte en dibujo.(Extiende los brazos, sobre sus manos de niño, una bola multicolor de plastilina atravesada con spaghettis crudos).
¿Quién o qué es eso?
Es un erizo. Tenemos que ponerle nombre. Y escribir su historia. Por eso tienes que terminar tu libro. El erizo se aburre. Dice que si no le escribimos una vida, se va a sobar.¿A sobar?
A dormir, mami. A echarse una siestototota.(Tose, dos, tres, cuatro veces).
Ven, Brufi...te voy a dar jarabe.
No tengo tos. (Vuelve a toser).
¿Ah, no? ¿y eso qué es entonces?
Eso, mami, es que mi "celebro" le ordenó al corazón que se pusiera a trabajar. El corazón le hizo caso y se puso a trabajar muy fuerte, muy fuerte y se cansó. El corazón tiene tos.¡Ven a tomarte el jarabe ahora mismo!
El "celebro" dice que no quiere jarabe. Él es el jefe de todo. De mis brazos, de mis piernas y de mi boca. Y el “celebro” dice que no quiere jarabe. Le ha dicho a la boca que no se abra.¿Pero de dónde sacas todo eso? ¿Quién te ha contado esas cosas? ¿Te lo han dicho en el cole?
No, Todo me lo ha dicho el “celebro” que es muy inteligente y sabe todo.Ah.
(Lo distraigo, le empujo el jarabe, le obligo al trago de agua, se hace un breve, brevísimo silencio...)
Mami… ¿Sabes una cosa? El “celebro” me acaba de decir que él no es el jefe. ¿No? ¿Quién es el jefe entonces?
La jefa, mami, la jefa.Es una mujer jefa.Se llama lengua.2010-02-26T19:16:00.001+01:00
Detrás del Atlántico Pez Fruta Paréntesis que guarda dolor
Publicado el martes, 8 de diciembre de 1998 en El Nuevo Herald de Miami, Florida.La sentencia
por Lena Yau
A todas las iniciales perdidas. Durante mis años de estudiante me tocó vivir muchas cosas. Mi familia vivía en una ciudad que queda a 2 horas de la Universidad por lo que tuve que trasladarme y comenzar a vivir alejada de mis padres.
Al principio sentí la felicidad más grande del mundo. Imagínense el cuadro: 18 años, un apartamento compartido con tus amigas de toda la vida, una buena mesada y además carro. La verdad es que no podía quejarme. Por primera vez en mi vida no tenía que rendirle cuentas a nadie, podía llegar a la hora que me diera la gana, comer lo que yo quisiera e inclusive no ir a clases si no quería.
El asunto es que, mientras uno es estudiante y vive fuera de casa de sus padres pueden pasar muchas cosas. Por ejemplo, cuando tienes 18 y nunca has trabajado crees que el dinero no se acaba. No tienes ni idea de lo que significa la palabra administrar (salvo cuando se trata de las fiestas de la Escuela de Administración). Así que piensas que por fin puedes comer pizza en la calle todos los días, puedes ir de rumba e invitar a los amigos, puedes comprar todas las tonterías que en realidad no necesitas etc. Ese era nuestro trote. Mis padres decidieron que enviarme a vivir lejos de ellos era necesario para que yo me instruyera y aprendiera.
Así que cuando terminé en quiebra, y ya no me alcanzaba para pagar la renta del apartamento fui, llorosa por si acaso, a pedirles ayuda. Ellos fueron muy comprensivos. Mi mamá me hizo una cena riquísima, me abrazaron y me dijeron dulcemente
¡Arréglatelas! luego añadieron
te queremos mucho y se fueron a dormir agarrados de manos y aguantando la risa.
Fue así como después de muchas vueltas terminé en una pensión, una vivienda más barata que un apartamento. Era una residencia de señoritas. Allí vivíamos 7 muchachas (no todas estudiantes mucho menos señoritas pero ese es otro cuento). Todos los días era un nueva experiencia. Si abrías la nevera te encontrabas el alfabeto. La mantequilla tenía una
A, la leche una
J, la carne una
M, el queso una
X. Esas letras correspondían a las iniciales de las dueñas de dichos comestibles. Un poco difícil cuando viven muchas
M pero se puede manejar.
A mí lo que realmente me sacaba de mis casillas era el teléfono. En primer lugar, desde ese teléfono no se podía llamar. Tenía un candado. Pero mi problema era que el dichoso teléfono quedaba en la ventana de mi cuarto. Si sonaba a la una de la mañana no sólo me despertaba sino que además era yo quien tenía que pararse a atenderlo.
Lo cierto es que después de muchas discusiones, peleas, argumentos, insultos y conatos de golpes las llamadas de medianoche cesaron. Yo fui la mujer más feliz del mundo mientras duró. Pero todo se acaba. Y por los motivos más inesperados.
Una madrugada comienza a sonar a las 12 de la noche. No me paro. Que se paren ellas que no es para mí. 12:30. Lo mismo. 1:30, 1:40. Y así, hasta que a las 3 de la mañana, vuelve a sonar el teléfono. Inundada de furia me paro de la cama y grito
!cuerda de desconsideradas, tengo que pararme a las 5 de la mañana, voy a botar ese teléfono!. La que había tomado la llamada me miraba sin expresión al tiempo que me extendía la bocina y me decía:
estúpida, es para ti. Tomé el teléfono y era la voz de mi mamá. Me dice:
Prende el televisor. Corrí al televisor para encontrarme la imagen del Presidente. Estaba despeinado y con los ojos desorbitados. Ah, - pensé, con que de eso se trata, un golpe de Estado.
Obviamente no nos acostamos. Por primera vez, desde que vivíamos ahí, todas estábamos de acuerdo. Había que compartir y racionar la comida. A bañarse por turnos por si quitan el agua. Nunca ha dejado de asombrarme el sentido de solidaridad del ser humano. De repente un grupo de mujeres que ha pasado gran parte del año peleando se unió junto al televisor.
Teníamos el miedo en común. Más tarde el dolor. A las 7 de la mañana volvió a sonar el teléfono. CL atendió para luego romper a llorar. Nadie se atrevía a preguntar. X por fin dijo ¿que pasó? Era G. Su novio. No sabía nada del golpe. Salió a trabajar como todos los días. Una bala atravesó el techo del carro. Murió. Tenía 20 años. Murió. No supo por qué.
Horas después, el líder del golpe se entregó. Todas pudimos ver su rostro. Todas pudimos oír sus palabras.
No logramos tomar el poder dijo, y añadió, mirando de frente,
por ahora.
Qué loco, pensé y con tristeza pensé en G. y pensé en mi mamá y me tomé las vitaminas que me había dejado.
Escritora venezolana. Reside en Broward. Copyright © 1998 El Nuevo HeraldPD: Yo pasé 24 horas acostada en el piso del apartamento para evitar las balas que se estrellaban en paredes, ventanas, rejas. Vimos en la tele como murió el novio de una de mis compañeras de apartamento cuyo padre (el de la chica) era guardia nacional y estaba encerrado en el cuertel de El Paraíso.La chica, Carmen Luisa no sabía nada de su padre. La tele transmitía si parar las imagenes de Gaiska..su novio, tan rubio, tan bello, tan joven y tan muerto.
Y tú...si estabas allí ¿cómo lo viviste?2010-02-04T15:01:00.011+01:00
Golpe de Estado Tiranosaurio RIP Juan
Para Oswaldo Aiffil que suspira por Gioia tanto como Juam.24. Así contó Gioia la historia de su padre.El día en que Custodio cumplió la mayoría de edad sopló las velas de la tarta que su madre le llevó a la cama y le dijo:
Voy a buscar trabajo.
Y así, sin saber muy bien por qué, se acercó al
Matadero Dos Santos.
Muy limpito y repeinado pidió hablar con el administrador.
Quiero chambear.
¿Y tú que sabes hacer?
Un poco de todo.
Lo vistieron de blanco, le dieron un machete, unas tijeras, un juego de cuchillos, un sueldo mensual, un paquete de beneficios y una advertencia.
No salgas a los corrales. Lo tuyo es destazar. Si miras directamente a los ojos de las bestias no serás capaz de beneficiarlas.
Hizo caso.
Se dedicó a trocear la carne con minuciosidad y pulcritud.
Al cabo de años se convirtió en el descuartizador estrella.
Lo apodaron
El Huesos.
Una tarde de navidad, el jefe donó una vaca para hacerla a la parrilla e invitó a la plantilla.
Bebían cerveza y cada trago era acompañado de breves auto presentaciones de los empleados que el administrador retribuía con preguntas cuyas respuestas no escuchaba.
Llegó el turno de Custodio.
Contó que su mujer se llamaba Layla y que acababan de ser padres de una niña a la que llamaron Yoyanna
La espuma de la cerveza le hacía cosquillas en la planta de los pies, en las pantorrillas y en la lengua.
Se levantó y dijo:
Soy El Huesos y no hay animal que se me resista.
La cerveza en el estómago de Custodio se hizo mar arbolada.
Olas doradas chocaban en sus entrañas estallando en ráfagas dulces, amargas, ácidas que subían por el esófago buscando la puerta de salida a tanta furia.
Decidió marcharse antes de vomitar delante de tanta gente.
Caminó hacia la salida haciendo esfuerzos enormes para ir derecho.
No escuchó los gritos de alerta de sus compañeros porque hablaba consigo mismo:
Tu puedes, Huesitos, concéntrate, camina recto.
Achispado como estaba se enrumbó a los corrales.
Sus compañeros lo siguieron.
Abrió la puerta del establo, se sacó el delantal ensangrentado, lo sacudió como una sábana y citó a la primera vaca que asomó.
El animal lo miró adormecido y caminó hacia él.
El administrador se llevó los dedos a la boca y sopló.
Un silbido agudo anunció el comienzo de la corrida.
Custodio se marcó una verónica con el delantal, dio media vuelta quedando de espaldas al animal y gritó:
De ahora en adelante quiero ser llamado El Huesos de la Capea.
Me proclamo matador.Confirmó su alternativa con los aplausos de los que disfrutaban la encerrona.
El administrador y sus colegas coreaban
ooooleees a cada lance de Custodio, pases de pechos, medias verónicas, faroles…el mandil grana reconvertido en capote danzaba en el aire.
El torero improvisó los tercios y las suertes.
La vaca respondía divertida.
Llegó la hora de rematar la faena.
Custodio se puso en posición y citó al animal.
Cuando iba a entrar a matar se dio cuenta de que no tenía estoque.
La vaca lo miró con sorna, resopló, escarbó la tierra con sus patas delanteras y con el testuz gacho, se arrancó en carrerilla hacia el matador.
El miedo y la sorpresa clavaron los pies de Custodio en el albero.
Sus brazos se paralizaron extendidos hacia el animal que venía hacia él con determinación.
Desde la barrera voló un punzón oxidado y se oyó un
¡sálvate, guiñapo! ¡Descabella a Atilana!La vaca frenó a milímetros del pecho de su verdugo.
Sus ojos y los de Custodio se encontraron.
Atilana abrió el morro en un bostezo, sacó una lengua que parecía una alfombrilla peluda, la desenrolló con parsimonia y la paseó por las manos del torero carnicero.
Luego se escucharon dos golpes sordos y se levantó en el ambiente una nube de tierra en forma de hongo post atómico.
Custodio y Atilana cayeron fulminados.
Cuando el torero recuperó la consciencia tenía en cada mano una oreja y del cuello le colgaba un rabo.
Te los has ganado, Guiñapo de la Capea.
El Huesos.
Quiero que me llamen El huesos.Se convirtió en matarife torero.
Toreaba a las vacas y las mataba sin herirlas.
Las miraba a los ojos y las vacas caían infartadas.
Le cosió lentejuelas a su uniforme de trabajo y se dejó crecer una coleta.
Como tenía alopecia precoz, el cráneo calvo junto a la coleta, le conferían un aire extraño.
Su mujer, que era peluquera, lo llamó el corte
Huesos de la Capea y, aunque popularmente la gente lo llamaba el
look espermatozoide, fueron muchos los que imitaron el peinado del matador.
Se hizo famoso pero nunca dejó el matadero.
Tampoco pidió aumento de sueldo.
Toreaba las vacas que luego destazaba exigiendo siempre las orejas y el rabo para cocinar una sopa maravillosa que su hija bebía como agua.
El administrador le propuso tomarse en serio la profesión de torero.
Puedes ganar millones.Custodio le contestó que su trabajo le gustaba tal cual era.
Pero llegó un día fatal.
Huesos de la Capea faenaba a La Ruleca.
A la hora aciaga, cambiaron las tornas.
Los ojos de la bestia y del matador se buscaron pero no se encontraron.
La vaca era estrábica.
Custodio tenía conjuntivitis.
Los cuernos de La Ruleca estaban sin afeitar.
Custodio sacó la lengua intentando conjurar la suerte.
El animal vio dos lenguas rojas como capotes.
Hizo el ademán de cornear.
Se oyeron dos golpes mullidos.
La sangre ablanda la tierra y amortigua las caídas.
Hoy el matadero se llama
Los Santos Custodios.En la oficina el administrador conserva la cabeza disecada de La Ruleca.
Y el esqueleto de Custodio reposa en un ataúd vertical y transparente.
De su mano derecha cuelga el mandil capote.
En el cráneo descansa una montera.
De las vértebras cervicales cuelga, algo reseca, la coleta.
(Y
así la contó MEC* después de escuchársela a un Juan
rebotante* )
*Pinchad, por favor...2010-01-27T09:43:00.005+01:00
Gioia Juan MEC Tal vez la Lluvia de Juan Carlos Méndez Guédez
Juan Carlos Méndez Guédez (Foto cedida por el autor)
I
Cuando un libro es una hogaza de pan sucede la magia.
Un pan de los de verdad, de los que se hacen con masa madre que se deja fermentar, reposar, dormir.
Pan al que se da forma sobre un hintero.
Barra tibia que tras el fuego desprende vahos dulces y amargos.
Entonces los dedos se cuelan dentro de la bolsa de estraza
y pellizcan compulsivos un trozo y otro y otro.
Así, Tal Vez la lluvia de Juan Carlos Méndez Guédez.
Abrir cualquiera de sus libros es no cerrarlo hasta agotarlo.
Porque a Méndez Guédez no se le lee, se le devora.
Su escritura propone siempre juegos de miradas.
Ajustar distancias.
Intercalar la visión central con la periférica.
Enfocar: captar el detalle minúsculo.
Ampliar: abrazar el universo luminoso que nos ofrece.
Letras de alta factura las de este narrador de lenguaje cercano y poético a la vez, voces que se deslizan sin estridencias, con pureza, carentes de trampas, de recursos innecesarios o volutas artificiosas.
Trabajador de la palabra en su naturaleza primera, sus trabajos fluyen francos, diáfanos.
El andamiaje no se ve, no hace falta, el trabajo del maestro es justamente ése…dejar que la obra brille sin que se transparenten los patrones, hacer que luzca fácil lo difícil.
Sus libros de cuentos como Historias del Edificio (1994), Tan nítido en el recuerdo ( 2001) o Hasta luego, míster Salinger (2004) y sus novelas Retrato de Abel con isla volcánica de fondo (1997), El libro de Esther
(1999), Árbol de Luna (2000) y Una tarde con campanas ( 2004 finalista del V premio de novela Fernando Quiñones) son fundamentales para aquel que quiera acercarse y entender la literatura venezolana contemporánea y la literatura escrita en español.
Escritor feraz y entregado, acaba de publicar Tal vez la lluvia, libro que se alzó con el XL premio Ciudad de Barbastro de novela corta.
Es muy difícil acercarles esta obra sin tocar la anécdota.
Aún así voy a intentarlo, porque aunque la anécdota es genial, las varillas que de ella se desprenden, el mundo de símbolos y detalles que llenan a la historia son de enorme riqueza.
Adolfo y Federico se vuelven a ver las caras después de 16 años y un desencuentro.
Para reencontrarse necesitan agotar distancias.
Los miles de kilómetros que separan España de Venezuela.
El cúmulo de malos entendidos ahogados en silencios.
Adolfo y Federico regresan a lo que una vez fueron transitando un camino lleno de baches.
Una proposición delirante, un par de cervezas y el sonido de la lluvia marcan el inicio del viaje.
II
Esta es una novela de paisajes.
Paisaje dinámicos y paisajes estáticos.
Más allá del panorama objetivo que supone la geografía de los países (Venezuela, España, Portugal) por los que se pasean los personajes y sus circunstancias, está el panorama subjetivo, la geografía personal, lo que significa el terruño para el que se va y para el que se queda.
Adolfo regresa a Venezuela tras 16 años de ausencia y se reencuentra con un paisaje amigo/enemigo: en el aeropuerto, en las calles, en los olores, en los sonidos, en su vecindario.
Nada es lo que era, el lenguaje es otro, el movimiento es otro, los códigos son otros.
La realidad, dura, punzante.
Tan extrema que hay que echar mano a la risa, tan indescifrable que sólo el humor sirve de traductor.
El paisaje dejado atrás, muerde, pone trampas, hace guiños, niega el habla:
“Me coloqué junto a la ventana, cerré los ojos. Hace años se sentía un olor a eucaliptos cuando me aproximaba a esa parte de la casa. Respiré hondo. Ahora no ocurrió nada”. (p.58)
Han transcurrido 16 años en los que los personajes han crecido sumando accidentes biográficos a los que ya tenían, años en los que el idioma ha mutado, en los que un cachorro fiel, dócil, juguetón, se ha convertido en un can anciano, malhumorado, mordedor.
Argos, el perro de Adolfo, responde a sus caricias con una dentellada.
¿No lo reconoce?
¿Le reclama el abandono?
“(…) este regreso me demostraba que quizás los sitios nos guardan rencor, que sólo nos esperan para lanzarnos de golpe todo el olvido, todo el abandono, el desgaste, los tiempos de ausencia”. (p. 50)
Pero hay paisajes que se congelan, que no cambian, que sirven de vehículo para el regreso, para volver atrás.
Paisajes que son refugios.
“Los que abandonamos nuestras ciudades, nuestros lugares, tenemos esa misma fantasía. Pensamos que de algún modo el universo que dejamos atrás se queda congelado y que al volver lo retomaremos en el punto exacto donde se encontraba cuando nos marchamos” (p. 50)
La música es un paisaje en el que la amistad se asila.
Suenan los acordes de las canciones compartidas y la amistad reaparece, efervescente, incorrupta, inocente.
Transporta a los personajes a un tiempo pretérito.
En la percusión, las guitarras y las voces, ellos siguen siendo.
Journey y Styx …melodías que hoy suenan melifluas pero que ayer representaban la transgresión, lo audaz, la vida.
Las pequeñas rutinas, los imperceptibles sortilegios cotidianos, la superstición minimizada en rituales fijos también se resisten al cambio.
Los rezos internos otorgan la seguridad de la permanencia.
“Ahora sonará un silbido con los compases de una canción de Saxon, mi madre abrirá la puerta y la voz de Federico soplará como un huracán: épale, familia, seguimos vivos.
Así fue. Se oyó el silbido, mi madre recibió a Federico y éste al verme soltó la frase con la que me saludaba en antiguas mañanas antes de irnos al liceo”. (p. 55).
Dentro del desorden cabe lo predecible.
Dentro de la sorpresa se alzan obeliscos.
El paisaje gastronómico, volátil, efímero, caótico, es curiosamente, inalterado.
En él, recuerdo y realidad son una misma cosa.
“Acabé mi perro caliente y pedí otro. Seguían siendo insuperables: esa mezcla de kétchup, mostaza, mayonesa, salsa de ajo, queso rallado, beicon, papas fritas, aguacate, cebolla”. (p.95)
La comida es caricia en los dulces criollos que una novia de Adolfo le lleva cuando está convaleciente, es la tregua en la mesa de sus cuñados, es el camino que reúne al Albertina con su amor.
Es quizá lo que ordena, lo que vertebra el mundo de la novela.
El autor deja que sean dos elementos líquidos los responsables del equilibrio.
Adolfo sufre una gastroenteritis infame porque el agua de su país, del país en el que nació y vivió gran parte de su vida, le hace daño.
No cambió el agua. Cambió él.
“Confirmé que la ciudad se cobraba la lejanía, el posible olvido, la ciudad se cobraba la traición que significaba el viaje de quien nunca regresa. Quien se marcha merece hasta el olvido del agua”. (p. 141)
Ese elemento líquido cuyas propiedades de incoloro, inodoro e insípido aprendimos doblemente, en los textos y en la cata, el aparentemente inocuo, el transparente, el dúctil, el de la huella efímera, es el único capaz de dañar.
El olvido del agua: tan doloroso y antinatural como el olvido materno.
La cerveza se encarga de recordar que el sino es inevitable.
Siempre llega, siempre se cumple.
“Esa cerveza estaba en mi destino, murmuró sonriente mientras se limpiaba con una servilleta, lo que va a ocurrir ocurre; no importa que creas estar huyendo, siempre te acercas a esa cerveza que está esperando por ti”. (p.72-73)
La cerveza baraja, parte y reparte.
Acompaña el encuentro de los amigos, envalentona al uno y anestesia al otro para enfrentar la propuesta descabellada que flota en el aire.
Marca el principio del viaje y también el final.
III
Cuando el pan suena, letras trae.
Y cuando es pan del bueno, sucede la magia.
No importa dónde estemos:
si apretamos la hogaza recién salida de la tahona
regresaremos a nuestros paisajes.
(A todos)
Méndez Guédez sabe de panes, de magia, de letras.
(Por allí vuela Montejo)
Sabe de paisajes, de orillas, de hablas, de amigos, de rock ochentero, de aguas enfadadas, de cervezas tercas, veleidosas, antojadas.
Y lo escribe, lo cuenta, fabrica un universo para todo aquel que lo quiera.
No os perdáis el regalo de leerlo.
Disfrutad de la fiesta de sus libros.
Perderos en la magia de Tal vez la lluvia.
Tal vez la Lluvia. Juan Carlos Méndez Guédez.
DVD Ediciones.
Narrativa. XL premio Ciudad de Barbastro de novela corta.
Más sobre el autor:
www.mendezguedez.comdelamanchaliteraria.blogspot.com2010-01-13T13:52:00.004+01:00
Tal vez la lluvia Retorno Narrativa Comer libros Juan Carlos Méndez Guédez Silencio...en Delirio

DELIRIO-EL SILENCIODelirio es una revista cultural on line gratuita.
Esta entrega aborda el Silencio desde múltiples perspectivas:
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Más de cien páginas para delirar.
Una propuesta soberbia....daros un paseo!!!!!
Mil gracias a
Aída García Corrales y a
Óscar Varona por invitarme a participar en este proyecto.
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Estoy en las páginas 96, 97 y 98 con el texto
Paradojas del Silencio:
"El silencio aterra.
(El ruido nos esconde/el silencio nos exhibe).
El enemigo peligroso no pronuncia palabra...."
Silencio sordo/Silencio blanco/Silencio negro
¿Derrotamos al Silencio?
(Para saber cómo sigue, entrad en Delirio...!os van a encantar los contenidos!)
2009-10-04T13:15:00.005+02:00
Delirio Detrás del Atlántico
Collage: Fotos propias.
Nos vemos en el libro...
Gracias por todo.
2009-09-06T11:52:00.006+02:00
Changabracadabra

Se escribe magia...se cocina magia...se lee magia...
¿Quieres leer trucos asombrosos?
Pincha Aquí...
¿Quieres leer dentro de mi chistera?
Pincha Acá...
2009-08-24T20:47:00.005+02:00
Hermanos Chang Dreaming stamps & streamers
Imagen: Sam3
Soñé.
Que tu voz me hablaba desde una estampilla de correos.
Que te escuché, sonreí y te chupé.
Que tu lengua saltó de la foto como una serpentina de papel y se enrolló en la mía.
Que me halabas.
Que te halaba.
Que unas esferas minúsculas comenzaron a rodar hacia adelante, hacia atrás y en círculos.
Que los rodamientos fueron tibios, calientes, hirvientes.
Que la velocidad de los movimientos aumentaba y que las bolitas se expandían.
Que perdieron el control y estallaron derramando un unto suave, cálido, recogido y pacífico.
2009-08-19T13:58:00.005+02:00
Jung Food Sueños y mentiras piadosas

Hoy sí me acuerdo de mi sueño, mami.
La historia es así:
Yo era un pintor.
Pinté una guerra.
El rey vio mi cuadro y me preguntó
¿Quieres ser un hombre de la guerra?
No.
Pero quiero tener un escudo, un espada y una capa.
¿Para qué?
Para jugar.
Ahora tú, mami.
Cuéntame qué has soñado.
Soñé con olas silenciosas y lentas.
(Se enrollaban sobre sí mismas como alfombras perezosas).
Con azules turbios.
Con nubes que descolgaban hombres.
Con un país siempre en invierno.
Pero tú sueñas en colores, mami.
Y el invierno siempre es en blanco y negro.
Te equivocas contándome el sueño.
Pez Fruta quiere encender la tele.
Me niego.
Es muy temprano.
Golpea con los nudillos el aparato.
¿No han llegado todavía los que trabajan dentro de la pantalla?
¿Se han despertado tarde?
¿Qué hora es?
Habla de porcentajes y de temperaturas.
De litros y galones.
De misterios.
Dice página web por novela.
Piensa que el cerebro tira a las orejas
las palabras que no sirven.
Por eso insiste en que cuente las palabras que me encuentro
cuando limpio sus oídos.
¿Y en qué son las palabras?
¿En inglés o en español?
¿Me las dejas ver?
¿Estás segura, mami, de que no son "ciclabes"?
Me pide que calle para escuchar el pan.
Cierra las ventanas en medio de un calor insoportable.
¿Por qué Bruchi?
¿Por qué has cerrado las ventanas?
Porque no quiero que se escape el olor de las albóndigas que cocina papá.
Ha convertido en realidad los regalos de su sueño.
Una almohada pequeña es un escudocapa.
Viste cajas de cartón en la cabeza y en los pies.
Tararea una canción que le enseñé.
Usa su espada plástica como batuta.
Soy un caballero pintor y músico.
Lo sé por mi sueño.
¿Me dejas papel?
¿Me enseñas otra canción?
Yo quiero que siempre me cuides, mami.
(Aunque te equivoques contando sueños).
Yo no me quiero morir.
Lo miro.
Lo acaricio.
Me ahogo.
Y le miento:
(Siempre tendrás mis brazos, Brujito).
Él sonríe con los ojos.
Me besa.
Y canta para mí sacudiendo su cabecita:
Los zapatos de Manacho son de cartón, son de cartón, de cartón...
(Soy un nudo).
2009-08-11T17:49:00.006+02:00
Jung Food Pez Fruta El trinche zurdo golpea
(Cocinero militar by Rafael Bermúdez)
A todos los que piensan que la libertad de expresión sí es una de las libertades más sagradas.
A quienes creen en ella y la defienden.
A Gloria, lanzadora de dados.
Y a Marcelo, que puso a comer al Zurdo.
Visto está que las pantallas y las historias que en ellas flotan muchas veces se invaden.
Eso algo que conocen los escritores y los lectores.
Lo que yo no sabía es que los personajes también son conscientes de las fronteras penetrables.
En una pantalla distinta a ésta, El Zurdo comía pasta con tuco y pesto y amenazaba al cocinero que le había servido los tallarines por encontrarlos ácidos.
Los gritos del hampón anunciaban un terrible destino al pobre italiano.
Pero el chef miró hacia arriba.
Y me vio leyendo.
Hizo un guiño apenas perceptible para pedirme ayuda.
Me dio pena, mucha pena.
El Zurdo me cae bien pero mi debilidad por los trabajadores del gremio culinario tiene más peso.
Sin pensármelo mucho, cogí al zurdo por el cuello de la camisa, lo alcé por encima del plasma y lo encerré en un archivo que abrí especialmente para él.
Un calabozo que guardé como Come y calla.
No era una cárcel dentro de una página en blanco.
Dispuse en el archivo una selección de recetas ilustradas con fotos.
Los primeros días de encierro el Zurdo actuó con rebeldía.
Lo sé porque escuchaba las patadas y puños que daba a las paredes.
Me gritaba toda clase de improperios y amenazas.
Desactivé el volumen y me olvidé de él por un tiempo.
Sucedió que una tarde, mientras trabajaba en un cuento para los Hermanos Chang, recibí un mensaje por el chat.
Mi prisionero me escribía.
Unknown: Che, gracias, me hiciste un favor.
(Contesté, contestó).
Unknown: Moría de la fiaca acá. No hay minas, no hay guita para robar, no tenía nada que hacer, ¿viste?
Yo: ¿Y?
Unknown: Y leí las recetas.
El Zurdo me dijo que leyendo las recetas y mirando las fotos, se topó con su lado sensible, su parte femenina.
Quiso cocinar pero estaba encerrado.
¿Cómo hacerlo?
Descubrió un archivo de ingredientes digitales.
Comenzó preparando panqueques.
Le quedaron tan bien que entusiasmado se atrevió a más.
Unknown: Ya preparé el recetario completo. Inventé una receta pero me faltan hojas de lavanda. Sólo tenés crisantemos acá. Me traen malos recuerdos los crisantemos. ¿Podés bajar una foto de flores de lavanda?
Me fui corriendo a la otra pantalla
Tenía que contarle al italiano la transformación del zurdo.
Me lo encontré en la cocina, maldiciendo en napolitano al proveedor y al pinche.
Escribí un comentario relatando la historia.
Leyó, miró hacia arriba y con mímica me pidió que liberara al Zurdo, que seguramente había aprendido la lección, que necesitaba un ayudante en la cocina, que le ofrecería el trabajo, que así se convertiría en hombre de bien.
Lo hice.
Total, ese cuento pertenecía a otra pantalla. El hombre parecía arrepentido y regenerado.
Lo volví a coger del cuello de la camisa y lo alcé.
El Zurdo movió sus piernas a la desesperada mientras me rogaba que no lo sacara de Come y Calla, que adoraba cocinar en soledad y silencio.
Se calmó cuando le expliqué que cocinaría para el italiano.
Lo solté en su pantalla de siempre como quien deja caer un huevo en agua caliente y regresé a mis asuntos.
Un tiempo después recibí un email de un tal Guiacafe.
Me escribía una historia muy loca.
Uno de sus personajes se inventó una rebelión.
Con la excusa de que el chef italiano cobraba de más a los comensales, de que los camareros sisaban comida y bebida, de que nada funcionaba como debía, se atrincheró en la cocina armado con cuchillos, tenedores, coladores y cebollas talladas como granadas fragmentarias.
Se transformó en una especie de Rambo justiciero de la restauración.
Uniformado con pantalones en vichy blanco y negro, filipina inmaculada y zuecos, se lanzó al ataque y se hizo con el poder.
El italiano tuvo que despedirse salir pitando de su restaurante.
El Zurdo era el nuevo chef y dueño del local.
Arengó a personal y clientes prometiendo una revolución profunda en la cocina y en las mesas.
Todos aplaudían entregados al nuevo líder del yantar.
Al tal Guiacafe, autor de la historia, el giro en principio le pareció divertido.
Hasta que comenzó a encontrar en su ordenador archivos temporales que no conocía.
Al abrirlos se escandalizó.
Estaban llenos de manos, lenguas y ojos.
Intentó saber qué pasaba interrogando a sus personajes pero no podían hablar, no podían hacer mímica, no podían guiñar.
No podían comunicarse en modo alguno.
El Zurdo había impuesto la tiránica ley del cocinero infalible.
Si un trinche le decía que había que poner algo más de cebolla al estofado, le cortaba las manos.
Si un comensal le pedía sal para la sopa, le cortaba la lengua.
Si una mujer no lo miraba, le arrancaba los ojos.
Si un crítico gastronómico opinaba de sus platos le quitaba todo.
El correo de Guiacafe termina con una súplica:
“ (…) y no sé si culparte…yo lo creé al Zurdo, pero vos lo apresaste, le despertaste el gusanillo de la cocina y lo liberaste, Che. Ahora tengo un ejército de personajes mudos, unos fueron mutilados por el Zurdo, otros están aterrorizados por la bota del cocinero militar…decime, ¿tenés una idea para ayudarme…? ”
No puedo responderle.
Necesito conservar mis manos, mi lengua, mis ojos para trabajar.
Miro al Zurdo con ojos cariñosos y hago todo lo que me pide.
He puesto mi pluma a su servicio.
Escribo un libro de recetas que celebran la revolución.
2009-07-31T21:06:00.015+02:00
Libertad de Expresión Gastroficción Metaficción Catarsis Juan
A mis víctimas.
23. Pinball
Juan recitó de memoria la carta que MEC escribió al hombre ubicuo.
Era el punto final de la novela Doble de Olivas.
MEC hacía profilaxis interna bebiendo ron a pico de botella.
Cuando se sintió lo suficientemente desinfectada se despidió de la fauna nocturna del Bar Mundial y le dijo a su acompañante: Nos vamos.
Él notó que su adorada escritora era incapaz de caminar.
Le entró el pánico.
¿A dónde vamos? ¡No puedes conducir así!
Ella lo miró de arriba abajo y le enseñó el móvil.
En la pantalla se leía:
Aníbal. Taxista Escéptico.
Llama, le ordenó.
Marcó y en menos de diez minutos el taxi los recogió.
El taxista vestía el mismo traje de astronauta que MEC.
Cuando vio al gordo inabarcable envuelto en papel transparente le advirtió:
Voy a aceptar que subas con ese disfraz porque vienes con la señora. Para la próxima vez, ponte un traje aislante de verdad.
La carrocería del taxi era de color blanco mate.
La tapicería, los asientos, el techo, las molduras de las puertas, los tapasoles y las alfombrillas, verde esmeralda.
Dentro hacía mucho frío.
El aire acondicionado estaba con el termostato muy bajo y con la velocidad a tope.
Pensó que el taxi era muy parecido a un quirófano.
O a una morgue.
Al llegar a casa, MEC le pidió a que se pusiera cómodo.
En la habitación de invitados encontrarás qué ponerte.
Juan abrió el armario y escogió un pijama aislante.
Parecía hecho para él.
Suave, holgado, estampado con ovejitas y nubes.
Tenía casco y escarpines a juego.
Una vez estuvo vestido se acercó a la cocina.
¿Tienes hambre?
Sí, un poco, contestó con algo de vergüenza.
(Los rugidos de su estómago lo delataban).
¿Te apetece algo en especial?
Juan pensó en spaghettis con albóndigas.
En pizza barbacoa.
En dos quesos de bola rellenos de carne en salsa.
En chili con nachos.
En hamburguesas dobles con bacon.
En un collar de salchichas alemanas.
En rodilla de cerdo con chucrut.
En strudel de manzana.
En una merengada de galletas oreo.
No lo pensó.
Lo enumeró en voz alta.
Con las manos entrelazadas en gesto de rezo.
Con los ojos entornados.
Con las pestañas aleteando como mariposas de azabache.
Estás de suerte.
Tengo casi todo.
Me quedé sin salchichas alemanas pero las podemos sustituir con sopa de rabo.
Juan escuchó sopa de rabo y comenzó a hipar.
MEC intuyó que un recuerdo gastronómico afectaba a su admirador.
Parecía que se iba a desbordar por los ojos.
No lo podía permitir.
Las lágrimas son trasmisoras de los peores gérmenes.
Le dijo: prepárate para cenar.
Sentó a Juan en lo que resultó ser una silla de dentista.
Hundió el pedal para reclinar el respaldo, deslizó la escotilla del casco que ocupaba la cabeza de Juan y buscó su boca.
Así comenzó una cena pantagruélica y etérea.
MEC cogió dos cajas y les quitó el precinto.
De ellas sacó varias máscaras que enchufó a lo que parecían bombonas de oxígeno.
Cada bombona estaba marcada con el nombre de los platos que Juan había solicitado.
No te preocupes, son máscaras esterilizadas y desechables.
Verás que banquete te vas dar.
Y sin esperar respuesta cubrió la mitad del rostro de su admirador y comenzó a alimentarlo con ozono de sabores.
Juan aspiraba los manjares y escuchaba a MEC.
Esto es la pera, Juan.
Comes todo lo que te gusta sin engordar.
No intoxicas al cuerpo con alimentos que se degeneran.
El aire tiene sabor pero también vitaminas que vienen en forma de iones gaseosos.
Seis meses comiendo así y verás los resultados.
Perderás la masa que te sobra.
La piel te brillará.
Recuperarás el centro.
Conquistarás a Gioia.
Juan se dejó hacer.
Aspiró la merengada de oreo y se sintió satisfecho.
MEC le quitó la última máscara, la tiró a la basura y buscó un espejo.
Mírate.
A él le dio la impresión de que estaba más gordo.
Miró sus pies.
Se levantaban unos veinte centímetros por encima del suelo.
Extendió los brazos.
Su cuerpo subió un poco más.
Abrió las piernas.
Su humanidad buscó acomodo en el aire en forma horizontal.
Juan gravitaba.
Aspiró, sopló suave, aspiró, sopló fuerte, aspiró, tosió breve e intermitente.
(Subió, bajó leve, subió, bajó brusco, subió, corcoveó).
Expulsó un flato corto.
Avanzó un metro.
Expulsó un flato largo.
Ganó dos metros más.
Expulsó un flato violento.
Se estrelló veloz contra la pared.
Cayó al piso, rebotó hasta el techo, salió proyectado imparable besando las cuatro esquinas de la cocina.
La casa de la escritora se convirtió en un pinball demencial en el que Juan era la bola y los flatos los resortes propulsores.
MEC cerró las ventanas, bajó las persianas metálicas y se refugió en un habitáculo transparente y blindado.
Desde un sistema de megafonía anunció:
No existen las dietas perfectas o milagrosas.
Todas tienen un pequeño inconveniente.
Pero no te preocupes, en dos horas estarás como si nada.
Afuera Juan era un eco metálico que volaba, chocaba, rebotaba sin remedio.
2009-07-26T17:10:00.006+02:00
Juan MEC Rompiente
A Esther Roperti.
Hundió un puñal en el pecho
y al abrirse en dos
vislumbró naturaleza muerta
y semillas
2009-07-21T20:32:00.004+02:00
Poesía Jung Food Toledo
Photo: Window writing by Jennifer Nicholson
El reflejo en la ventana
le habla de la memoria del trueno
del amor a la tormenta
del camino hacia un libro
y de sus huellas en el agua de Lisboa.
(El Tagus me tragó, nunca regresé a mí).
La mirada en el café
le cuenta su pasión por la novela negra
describe una comida en familia
tararea una canción folk que aprendió en Perth
y se abre.
(Siento cosas).
Ella ríe.
Él también.
¿Sabes que tu risa es descarada?
(¿Sí? Escríbelo en un poema).
Suéñame pero no me nombres.
(Intentaré no pronunciarte).
Si se secara el Atlántico
habría dos Toledos menos en el mapa
y dos amantes nuevos en la cama.
Entonces ella podría escucharle decir
que lo que enciende sus ganas
no son sus ojos de niña
no es la intuición de sus pezones
no es el eco de sus letras.
Lo que le arde,
le quema,
le chamusca,
es su hermosa impúdica irresistible
risa de puta.
2009-07-18T13:08:00.004+02:00
Poesía La conjura de la necia
Opening Spread of Absence by J. Meejin Yoon
Yo, porque ese es el orden de los pronombres, la que naufraga agotando lejanías.
Tú, porque aunque me niegues estás en la almohada fría que abrazo después del sexo sin ti.
Él, porque tal es la historia, el que sabe pero calla.
Ella, por la misma razón, la que disfruta de tus ganas intensas e irresolutas.
Nosotros, las palabras que buscan conjurar ausencias.
Vosotros, corifeos ciegos, ojos mudos.
Ellos, los testigos del fracaso estrepitoso de nuestro intento de amor.
Desbravar fue el verbo irregular que nos acompañó.
No supimos, no pudimos, no debimos.
Escupo mi sombra en un vano intento de olvido.
2009-07-13T18:10:00.003+02:00
Poesía Llegar a esta orilla...
Foto de Isabel Segura Boutry.
Llegar a esta orilla
El camino a China comienza en una foto y en la reminiscencia de un olor que años atrás mezclaba el aquí, el allá, el hoy, el ayer, las dos partes de lo que soy.
Un verano, hojeando el periódico, tropecé con una foto.
La foto mostraba a una chica limpiando una carnicería judía en La Habana.
Esa imagen escondía historias no estaban contadas.
No podía apartar los ojos de la foto, la estrella de David en una isla del Caribe.
Traté de dormir pero mi cabeza bullía. Nada me calmaba.
Me levanté de la cama, recogí la foto y decidí hablar por ella.
Escribí un relato que borré porque me pareció largo.
Recordé las fotos que acompañaban a Barthes en el libro Barthes por Barthes.
Quería hacer algo así.
La foto, el relato de la foto, tenía que ser breve, usar la letra para contar una historia sin contarla, contenerla.
Como la imagen.
Lo escribí y me pregunté, ¿y ahora qué?
Guardada en el ordenador, esta historia, no vive.
Necesitaba compartir lo que la foto me había hecho sentir, la inquietud.
Necesitaba saber si alguien más sentía el alborozo que me recorría.
Pensé que tal vez la foto me impactó por inesperada.
Por encontrármela al azar, entre tantas imágenes que soporta el periódico.
Si la hubiera visto en una exposición me habría gustado, habría sentido curiosidad, me habría aproximado a ella con la mirada serena, porque de algún modo, me preparé para verla, fue mi decisión, yo fui hacia ella.
Pero no era el caso.
La foto me asaltó, se inmiscuyó en mi ánimo dominical, interrumpió mi lectura lineal.
El salto lo cambiaba todo.
Los planes de lectura, los pensamientos.
No quería escribir un cuento al estilo tradicional.
Quería escribir en un soporte ligero, rápido, dinámico, inmediato, de doble vía, impactante y fugaz.
Como la oralidad.
Entonces recordé que haciendo una búsqueda en google di con algo que desconocía y que me
fascinó: los blogs.
Los primeros que leí eran diarios personales.
Al leerlos detenidamente observé que se abrían en temáticas.
Diarios personales de madres primerizas, de personas que adoran tejer, de fotógrafos amateurs, de cultivadores de cactus, de emigrantes.
Estos últimos llamaron especialmente mi atención.
Personas de distintas procedencias en países ajenos.
Al comienzo sólo hablaban del caos interior que supone una mudanza.
Del desarraigo.
De las barreras idiomáticas.
Pero en la medida en que el tiempo transcurría, los autores de estos diarios, abrían la mirada.
Miraban hacia afuera, hacia su nuevo contexto, lo recogían y lo transmitían.
La reelaboración de los recuerdos y de la realidad particular de cada uno de estos blogueros implicaba una forma de comunicación diferente y una escritura que, aunque no era literatura, comprendía algunas de sus características.
Discursos apoyados en imágenes fotográficas propias, colores, diseños, canciones y una redacción muy cuidada, a ratos intimista, a ratos ficcionalizada.
La ficción asoma desde el mismo momento en que el bloguero usa un seudónimo para firmar cada entrega, desde que da título a su página, desde que le otorga personalidad con enlaces y citas, desde que edita sus fotos para, otra vez, insinuar relatos.
Entendí que quería hacer algo así.
No un diario personal.
Quería escribir como autora de ficción desde allí.
La primera historia que publiqué fue la que mencioné al principio.
La reminiscencia de un aroma que cinco años atrás juntó en un momento mis partes.
Un invierno madrileño decidí hacer un plato decembrino típico venezolano:
Hallacas*.
Intentaba llenar de calidez mis navidades españolas.
Trasladamos el ritual a Madrid.
Se cocina con música típica, se bebe ron, se reúnen los amigos para ayudar a hacer un plato colectivo.
Tras dos días de trabajo, terminamos las hallacas y extenuados, nos acostamos de madrugada.
Al día siguiente mi casa olía a mi pasado.
Corrí las ventanas para buscar el sol.
El paisaje era mi presente.
Madrid estaba nevado.
Ese día me di cuenta de que mi país eran dos países en uno.
Hija de emigrantes españoles, en casa jamás se hicieron hallacas.
Al intentar imponerlas como realidad única el paisaje me contestó.
Escribí la experiencia a modo de presentación.
La primera piedra del camino estaba puesta.
La segunda fue el texto de La Habana.
Un relato breve sobre la paz que recuperó un alguien en Israel al saber que su prima en décimo tercer grado que vivía en La Habana tenía una carnicería que observaba la ley.
Aunque no la conocía sintió alivio cuando vio la foto en el periódico.
Así supo que su sangre del Caribe no comía alimentos impuros.
Igual que en el ejercicio escritural, el corpus del blog se fue creando desde adentro y no desde afuera.
Siempre he pensado que la escritura funciona con mecanismos similares a los del sueño.
Así, sin ser consciente del por qué, llamé al blog Mil Orillas y comencé a escribir y a publicar
pequeños textos de ficción, a veces narraciones, otras poesías, apoyados con imágenes.
Al cabo de diez o doce textos noté que la temática giraba en torno a lo gastronómico.
Al cabo de veinte observé que no se trataba sólo de gastronomía sino de la vinculación de la misma, del alimento, del hecho culinario, con la palabra.
Y después de ello concluí que era una tríada:
Alimento, lengua y tierra.
(El refugio).
A partir de esas tres cosas surgía el motor de cada historia.
Patologías, emociones, imágenes.
Las pérdidas, los refuerzos, las identidades.
Comprendí que las Mil Orillas eran las mil lenguas, con las que hablamos, con las que gustamos, con las que nos decimos.
Mis orillas venezolanas y españolas a la vez, alemanas, chinas, cubanas, inglesas, australianas.
Lo que soy, lo que somos.
Mil orillas que escriben para Mil Orillas que leen.
Comencé esta andadura, a ciegas, sin conocer muy bien el mundo blog, sin saber nada de html.
Sentí la urgencia, me dejé llevar por la pulsión, y en una noche monté la página.
Los primeros meses publicaba un texto por semana.
Llegaron los lectores y sus comentarios.
Al principio, el público se dividía entre Venezuela y España.
Me leían expatriados, gente vinculada al mundo gastronómico, emigrantes.
No sé muy bien cómo pasó, pero de un día para otro, el público varió y los comentarios se triplicaron.
De un perfil muy definido de lectores pasé a un público heterogéneo.
También los textos que publicaba al principio fueron evolucionando.
Comencé a experimentar hasta llegar a lo que hoy se puede leer en Mil Orillas: Textos en los que prosa y poesía se invaden constantemente.
Al comienzo sólo escribía lo que llamé Gastroficción: relatos cortos en los que el mundo de la alimentación era punto de partida.
Comemos (se supone) tres veces al día.
Detrás de esas tres veces hay un universo que va más allá de la estética y ética culinaria que todos conocemos, del glamour del mundo gourmet, o de los tintes mágico-románticos que se han trabajado hasta ahora.
Desde afuera hacia adentro, el acto alimentario, implica industria, relaciones laborales, relaciones sociales, relaciones internacionales, políticas, poder, orden.
Desde adentro hacia fuera, filias, fobias, identidad, arraigo, empatía, comunicación.
La alimentación es una fuente inagotable de temas, ideas, contextos.
Luego me atreví con poemas.
Algunos con la misma temática, otros no.
Y finalmente comencé a alternar gastroficción y poesía con una historia por entregas.
La historia de Juan, un pintor que durante un encierro no voluntario engorda exageradamente, que cuando recupera la calle intenta pintar el mar pero sólo es capaz de pintar tenedores, que se enamora de una carnicera tartamuda y en el intento de conquistarla mete la pata sucesivamente. Desesperado, busca ayuda en su escritora favorita, MEC, una mujer llena de fobias y experta en el amor y el fracaso.
La historia de Juan es la base de un segundo blog, letra flotante, el blog de MEC.
Desde allí la historia se cuenta con la voz de la escritora.
He publicado también seis entregas de un libro de relatos que trabajo, Crónicas Tristes y dos de un poemario, Light house tales.
Finalmente la ficción más cercana a mí persona está en los textos etiquetados como VENAS, JUNG FOOD (sueños), los relacionados con la actividad del Cervantes en su sede en China y los cuentos del Pez Fruta.
El blog cumplió tres años el 27 de junio.
Retiré todo lo que publiqué el primer año porque de esos escritos nació una novela que acabo de terminar de escribir.
Se titula Detrás del Atlántico.
También retiré las entregas de Jelly Beans.
(Las trabajo para papel).
La experiencia de estos tres años ha sido enriquecedora.
Me ha llenado de sorpresas agradables.
El trato con el lector no ha supuesto problemas.
Al principio contestaba los comentarios pero decidí dejar de hacerlo porque sentí que no debía comentar mi propia ficción.
Escritura Digital, Escritura en papel.
Paralelamente al blog, escribo para papel.
Y en el ejercicio diario de ambas actividades noto que la escritura para internet es diferente a la que se hace para el papel.
* Cuando escribo para el papel siento que escribo a ciegas. Aunque mi escritura se caracteriza por la frase corta, cuando escribo en el papel, voy en largo. Los textos digitales se caracterizan por su fragmentación.
* La escritura para el papel es un acto íntimo, silencioso, introspectivo. La escritura para el blog es (aunque se hace a solas) una escritura abierta, llena de sonidos (en ocasiones de ruido, de estruendo), efectista, corta, concentrada y quizá, prudente. Digo esto último porque en el papel siento más libertad que en el blog.
La presencia activa del autor en el blog tiene ventajas y desventajas.
Una de las desventajas es que en ocasiones, el lector asocia lo que se publica con la figura de quien escribe.
En mi caso firmo con mi nombre real pero no escribo un diario ni hablo de temas personales.
La figura del autor y su intimidad despierta un cierto interés. El lector aspira a leer no sólo los textos del autor sino al autor mismo.
Por eso, aunque intento que nada condicione mi escritura, he de reconocer que cuando escribo en abierto soy más cauta que cuando escribo a ciegas.
* La escritura para el papel es bidimensional.
El autor escribe sobre una superficie plana.
Debajo del papel no hay nada.
Media un lapso determinado de tiempo desde que se concibe el relato hasta que se publica para que el lector lo reciba.
Una vez que el lector se aproxima al texto hace una lectura personal, probablemente con anotaciones en las páginas, de la que el autor no tendrá conocimiento.
La escritura para el blog en cambio es multidimensional.
El autor escribe sobre una superficie penetrable, líquida, traslúcida.
Detrás está el lector, esperando.
Lee y comenta.
El autor lee a su lector.
Lee su comentario, lee su perfil, tantea su blog si lo tiene.
Yo me miro en el lector y el lector se mira en mí.
Los comentarios que se hacen en un blog equivalen a las notas que escribimos en un libro que leemos.
Incluso el subrayado existe.
Hace pocos días uno de los fundadores de twitter decía que el ser humano tiene una necesidad imperiosa de informar de sí mismo.
Yo añadiría que también necesita leerse en la letra ajena.
Lo que se escribe en la superficie del blog es ficción.
Lo que se escribe debajo, en los comentarios, también lo es, porque de algún modo, el bloguero es un personaje.
La realidad virtual lo inviste como tal.
* El tiempo en el blog tiene un papel primordial.
La inmediatez.
Mientras más rápido, más instantáneo, mejor.
La moderación de comentarios, la exigencia de una palabra clave para evitar el spam, las entradas programadas, le restan velocidad al blog.
Y aquí la vida se mide en términos de velocidad.
El blog debe palpitar.
Un bloguero habló una vez de que hay que escribir como si el autor estuviera muerto.
Yo difiero.
Creo que eso funciona quizá en el papel, no en el formato digital.
El lector quiere contacto con el escritor, saber que detrás de cada relato está respirando el autor.
La ficción que se escribe en un blog es ficción en tiempo real. Una escritura con respuesta que se produce desde la anulación las fronteras espacio temporales. Se agotan los paralelos, los husos horarios.
* Vivimos tiempos en los que el ojo nos mira constante.
Cámaras que vigilan espacios públicos, espacios privados, centros infantiles, cámaras que aman, cámaras que observan la literatura que se hace en un blog desde su génesis, que observan el crecimiento de la letra, que caminan junto a la palabra.
El blog es una cámara más.
Observamos la vida de la letra del otro. Por eso el cierre de un blog desconcierta, desorienta.
Creo que por la vinculación tan estrecha con la realidad, el cierre de estos espacios de ficción y autoficción se vive como una muerte.
Ventajas que son desventajas o viceversa
* La aspiración de todo escritor es ser leído.
A mayor número de lectores mayor placer.
Una de las ventajas del blog es esa: es un vehículo que propaga la escritura.
Es accesible y cómodo.
La accesibilidad se convierte en una desventaja cuando, ante la falta de legislación, los textos son plagiados.
* El hecho de que el formato entrañe periodicidad es una ventaja porque obliga a la escritura, la disciplina, mantiene la mano caliente y ligera.
Esto se transforma en desventaja porque también supone una obligación.
Si no se controla, el escritor del blog secuestra el tiempo del escritor de papel.
* La respuesta del público es un estímulo que activa la creatividad.
En ocasiones, esa respuesta viene con una sobrecarga emocional.
Si no se administra la distancia ante esa emoción, el estímulo activa la parálisis.
* Lo que sucede en los blogs es fiel reflejo de lo que sucede en los libros.
¿Hay literatura en los blogs? Por supuesto. Tanto como en el papel.
¿Hay escritura mediocre en los blogs? Absolutamente. Igual que en el papel.
¿Hay falso halago, se llama escritor a quien no lo es, se encumbran textos carentes de calidad? La respuesta es la misma.
Y en cuanto al plagio, la ventaja del blog con respecto al libro, vuelve a ser la velocidad. Se descubre más rápido y se denuncia de inmediato.
El Blog…¿es un género o un canal?
Ambos.
La plataforma es un canal.
El entorno en el que se encuentra propone y permite un tipo de escritura que podría ser considerada como un género.
El hipertexto de ficción, ese texto que incorpora recursos verbales y no verbales, que admite los lenguajes invadidos, que diluye la frontera entre los géneros, que plantea un cabotaje universal en un mar lleno de letras fragmentadas (entradas) y de islas (enlaces) que son sumideros que conducen a otras ficciones y éstas a otras y a otras y a otras.
¿El camino hacia dónde?
El universo blog está hecho de mares.
Navegamos, atracamos, miramos y seguimos.
Los textos se encuentran en las profundidades del agua.
Publicar significa cortar la cuerda que los mantiene abajo y dejar que suban a la superficie.
Cada texto es una piedra flotante.
La suma de los textos hace caminos. El camino del escritor.
El camino del lector. Caminos variantes.
Dispuse a gusto mis piedras flotantes haciendo con ellas un itinerario.
Las piedras se dejaron llevar por la corriente y la ruta trazada se bifurcó dando lugar a más de un derrotero.
Uno de ellos me condujo a la novela que acabo de escribir.
Otro me trajo hasta aquí.
Para saber a dónde lleva el resto habrá que transitarlos.
En eso estamos.
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Quiero dar las gracias a la gente del Instituto Cervantes por proponer actividades relativas a la literatura digital y al mundo blog y por permitirme formar parte activa en ellas. Gracias Leire, Alejandra, Juan Carlos Méndez Guédez y Eduardo Pérez Zúñiga por el apoyo constante, por confiar en mi trabajo.
Gracias a Sara y a Rafael por ser compañeros divertidos, por ayudarme con el susto, por hacerme reír, por dar al público asistente unas ponencias de lujo.
Gracias al Hombre Pez* que salvó distancias y obstáculos y llegó con poesía y sonrisas, a Codorníu* , ladrón de alientos con sombrero que iluminó la tarde, a NuNú* , que se hizo invisible como el gato de Alicia y se marchó calladita y de puntillas con mucha Granada encima (¡brujita del té, travesura que me hiciste!), a Isabel* , Writer & fotógrafo sabedora de mi odio a sentirme mariposa disecada, llegó tintineando, sin kalamatas, sin tiempo para cañas pero con muchos aplausos y cariños y que escribió esta divertida crónica* de la Mesa Redonda.
Gracias al público asistente en una tarde llena de calor y festejos en banderas con arcoiris, gracias a los lectores que pasáis por acá dejando vuestra huella o leyendo en silencio.
Gracias a quienes dejaron preguntas e inquietudes. Las respuestas están en los comentarios.
Gracias a todos por el apoyo, el afecto y por hacer posible que Mil Orillas tenga tres años de existencia.
2009-07-05T15:01:00.008+02:00
Blogging Algo personal Instituto Cervantes CurroChambaLaburo Crónicas Tristes VII

A Antonio Díaz. In memoriam.
Adiós, querido jefe canuto...el queso de cabra nunca será lo mismo.
Recuerdo que mamá me dijo: levántate, hay que llevar flores.
Yo era pequeña y hablaba extraño pero en esa ocasión no dije nada.
Bajamos las curvas y recordé a Tino.
Quise contarle a mamá pero iba muy seria.
Llegamos a un sitio diferente a los que había visto antes.
Muchos años después lo reconocí como un cementerio.
Sólo que en lugar de tumbas había nichos.
No me extrañó llevar flores allí.
Todo estaba lleno de flores.
Todos eran familia.
Hermanos, primos, abuelos, bisabuelos, vecinos.
Vi un solar vacío acodado al camposanto.
A diferencia del cementerio era verde, muy verde y había tres tumbas solas en medio de aquel verdor.
Le pregunté a mamá por una tumba chiquita y blanca.
(Es un bebé. ¿Y las otras dos? Son de gente que no quiso vivir, vámonos ya).
Años más tarde me hablaron del limbo.
Después dicen que la rara soy yo.
Cuando murió el viejo Báez recé mucho.
Que no lo entierren.
Que se quede en la mina o en la caldera…
2009-06-30T06:23:00.006+02:00
Crónicas Tristes El Blog III. Firmar el plasma: Una gran aventura.

Los escritores Lena Yau*, Sara Martín Cabrera* y Rafael Muñoz Zayas* participarán en una mesa redonda en torno al blog y la literatura.
Tratarán temas como las características de la escritura para el formato blog, la contraposición entre el autor a cara descubierta y el autor en la sombra, la heteronimia, o las ventajas y desventajas de este formato.
También se lanzarán preguntas como por qué se escribe un blog, dónde empieza y acaba su dimensión lúdica, o en qué medida este formato supone fragmentar ya no sólo la escritura, sino también la realidad.
Fecha: 2 de julio
Hora: 19:30
Lugar: Alcalá, 49. Instituto Cervantes de Madrid.
_______________________________________
*Autores de Mil Orillas, Mujer en Laberinto y La cabina de combate respectivamente.
_______________________________________
Sé que para muchos de los que leéis Mil Orillas será imposible asistir.
Sin embargo, sí que podéis participar.
Esta es una buena oportunidad para preguntar aquello que querías saber del mundo blog, de la escritura para formato digital y para papel, del origen de Mil Orillas, de los textos, los personajes, de su autora.
Y para celebrar los tres años de existencia de este blog.
Por favor, dejad vuestras preguntas, pensares, pesares, sugerencias y aportes en los comentarios.
Contestaré a todos.
¡Mil Gracias!
2009-06-25T10:13:00.014+02:00
Blogging AutoPromo Instituto Cervantes CurroChambaLaburo Juan

22. La carta que MEC escribió al hombre ubicuo.
Ahora que no estás no sé qué hacer con mis manos, acostumbradas a moverse hacia, por y para ti.
Si subo al metro, por ejemplo, las guardo en mis bolsillos.
Ellas te necesitan, te buscan y se confunden.
Escapan del encierro y tocan a hombres que visten tus polos aburridos, que llevan tu corte de pelo, que desprenden el aroma de tu gel de ducha.
Y es complicado porque eres tan standard, tus patrones de consumo tan masivos, tus rutas tan predecibles que te haces ubicuo.
Mis manos, desorientadas y llenas de amor se mueven espasmódicas en el aire, buscándote, buscándonos, yo las fuerzo en un puño que cierro apretado, las uñas me hieren, sangro pero no me importa, tienen que aprender a vivir sin ti.
Como yo.
Intento comprender por qué te quise tanto.
Disecciono recuerdos, regreso al principio, busco las claves para desmantelar esta historia.
Hacer con ella como con un mecano.
Desarmar, guardar las piezas en la caja original, regalarlo a una persona que viva lejos, lejos.
Pero nuestra historia es un gato listo.
Siempre vuelve.
Por eso cuando viene el hombre del butano lo miro y me digo que es más guapo que tú.
(Mis manos protestan y no atinan a coger los billetes para pagarle)
Veo su mono y pienso que no te gusta el zumo de naranjas, que tienes carencia de vitamina C, que quizás tendrás gripe, que otras manos estarán exprimiendo naranjas para ti, que otros ojos sonreirán al ver tu gesto de niño malcriado, la boca torcida, el puchero, que otro corazón estará llenándose con tu piel de estadística.
(Mis manos vomitan monedas que caen lentas, casi flotando).
Le ofrezco un zumo mientras firmo la factura.
El hombre lo rechaza y yo siento que él eres tú.
(Mis manos se desmayan. Yo descanso).
Salgo a la calle por un poco de aire.
Llega el 11 y subo para huir de ti.
Suena una canción machacona.
Música rara que te gusta.
Música de molde, de serie, de recopilatorio cansón, de emoción fácil, de tienda por departamentos, de sala de espera.
Estás allí.
Me enchufo a la radio del móvil.
El locutor anuncia tu restaurante favorito.
Esa franquicia hispano italiana falseadora de platos.
Perfecta para ti, tiquismiquis militante.
Sólo comes camarones al ajillo y pasta carbonara.
Tierra segura y sin sorpresas.
Estás de nuevo.
Miro a mi compañero de asiento.
Lee un libro de autoayuda.
La mente me lleva a tu librería de cabecera.
Otra franquicia inmensa.
Lees veinte libros al mes.
Los diez más vendidos de ficción.
Los diez más vendidos de no ficción.
Una lista que vas tachando.
Deglutes las páginas sin entrar en ellas.
(Como para nutrirme y leo para matar el tiempo. El placer no existe).
Eso decías y te quedabas tan ancho.
Mis manos idiotizadas te aplaudían.
(¿Cómo que el placer no existe? ¿Y esto qué es?)
Mis dedos acercaban a tu boca picotas frescas que luego eran pezones, bajaban cremalleras, exploraban temperaturas, texturas, densidades, ahogos.
Perdías por segundos tu mirada de robot.
Pero luego volvías a ti.
(Esto es estar en celo, responde al instinto, no al placer).
También encelado perteneces al percentil medio.
Normalito, tu ejecución no es para tirar cohetes.
Naufragas si hay novedades en el guión.
El 11 sigue su trayecto.
Entra una mujer con su marido.
Lucen bolsas bajo unos ojos que no cuentan historias, llevan el uniforme de la ciudad.
Mis manos viven un síndrome de abstinencia.
Tamborilean ansiosas.
Saco mi mini del bolso y comienzo esta carta.
Querido hombre ubicuo:
serás ese señor del abrigo gastado que miro pasar mujer en brazo
(la de toda la vida, la que te aguanta)
serás una mirada marchita que las gafas de edad intentan escudar
(descascarillada montura de ocasión que imita al oro)
serás calva forzada, antiácidos y café sin cafeína
(mus con amigos que odias)
Y yo viviré por siempre en la cárcel que eres.
Corrijo, salvo y envío.
(Mis manos quieren llorar).
2009-06-20T16:42:00.007+02:00
Juan MEC Gastroparafilias

III
"- Quiero llenarte, quiero dártelo todo, ser responsable de cuanto entra tu cuerpo-. Y volvió a ponerme la cuchara en la boca". Paul Theroux. Millroy, El Mago.
Mari Loli no se calla ni debajo del agua. Mejor. A ver si así se olvida de lo de Jorge. Si se lo cuento se desmaya. Que Mari Loli es muy delicada, muy mucho, una exagerada, vamos. El que Pedro coma con la boca abierta es un defecto mínimo al lado de todas las virtudes que tiene. Mínimo y corregible. Y lo de que mastique por ella y le haga bolitas de alimento, a mí, qué quieres que te diga, me parece un detallazo, es de tío cabal, romántico, protector, caballero. Me recuerda a los pájaros desayunando en familia o al mago de aquella novela. Da igual que le diga lo que opino, ella habla y habla sin escuchar, da un golpe de timón a su soliloquio sólo cuando pasa el camarero para preguntarme
¿a que está macizo el tío? y para pedirle dos cubatas más. Ahí, ahí, que pille una buena cogorza para que siga destripando sus miserias y me deje en paz, que si le cuento lo mío se va a pensar que soy una depravada. Me pregunta qué me ocurre, qué pienso, si me ha caído mal la copa, le digo que no, que no, que la escucho, que tiene razón, que Pedro es un asqueroso, mira que darte de plato principal su bolo alimenticio, le doy cuerda y la mandíbula de Carmen retoma su
clac clac clac, pongo el piloto automático,
sí, cari, me parece fatal, tía, tranqui, tranqui, asiento, deniego, congelo los ojos y viajo, me voy en el aire hasta Jorge, tan adorable y tan cabrón. Lo de Jorge sí que es fuerte y no las chorradas que cuenta Mari Loli. Porque para pasar por lo mío hay que tener una mentalidad muy abierta, cruzar la línea de lo progre y lo liberal, no hacer ascos ni racionalizar tanto las cosas, que las relaciones no van con mapa ni contraindicaciones, y es que en la cháchara todos somos capaces de todo pero en la práctica la cosa cambia. La primera vez que Jorge me lo pidió fue durante un polvo épico,
¿me lo das, zorrón?, y a mí que me chiflan su polla y las palabrotas en la cama, le dije que sí, bueno más bien le grité
siiiiiiiiiiiii,
siiiiiiiiiii, porque la respuesta se mezcló con la corrida, y claro, luego no pude recular. En el ínterin me volvió a hablar del tema, me convenció con la yema de sus dedos y con su boca,
va, di que sí, putón, sé buena, sé mala, sé rica, y yo, inerme, cedí, fui sonámbula al servicio, lo cogí, se lo entregué, Jorge sonrió lujurioso y volvimos a nuestros asuntos. La situación se hizo permanente, compré uno eléctrico y comencé a satisfacerlo, uno por polvo
, te lo has ganado, macho, ¿qué haces con ellos?, los guardo, los huelo, te pienso, me toco. Después de dos años juntos ya no me parecía asqueroso, fuera de límite, al contrario, me ponía un montón. Hasta que una tarde
follil, me puse romántica y quise hacer recuento de nuestra vida sexual. Recordé el albarán erótico, me fui al armarito en el que guardaba los trofeos que yo le daba, lo abrí, y vi entre todos uno que no era mío. Le reclamé y no intentó negarlo, me dijo la verdad,
a veces huelo a Rosalba, no te enfades, me deshice de todos menos de éste, tú no me complaces con eso, te lo he pedido mil veces, yo entiendo, no puedo obligarte, entiéndeme también tú a mí…es sólo amor.
El muy cabrón. Le soplé cuatro bofetadas y me fui dando un portazo. Hasta hoy. Debo ser una retorcida porque lo echo de menos. Muchísimo. Pero su traición se me hace imperdonable. Me traicionó porque ninguno de los míos olía a ajo. Y yo aborrezco su sabor. Intentamos con alioli pero no pude soportarlo, me venían las arcadas.
Por eso conservó el cepillo de dientes de Rosalba, un
Oral B Advantage Artica.
Por amor al ajo.
Quería desahogarme y quedé con Mari Loli. Y la muy niñata me suelta lo de Pedro.
No puedo contarle, no. Que lo de Pedro, ya lo dije, es un defecto mínimo y corregible y lo de Jorge es aberración de la buena.
Quita, quita, que no te cuento, Mari Loli, que no fue nada.
2009-06-14T11:51:00.008+02:00
Gastroparafilias Spirogyra

Larissa tenía dos hobbies.
Practicar juegos malabares.
Y perseguir mormones.
Ambas aficiones entraron en su vida en la misma época y por casualidad.
Sucedió que un día de clase como otro cualquiera, Larissa fue invitada al pizarrón a resolver un ejercicio de física.
Lo hizo como siempre, con soltura y desgano.
Como era habitual, después de resolver el problema, una lluvia cayó sobre ella.
Lápices, gomas de borrar, reglas, sacapuntas, bolas apretadas de papel y algún que otro zapato.
Sus compañeros no la aguantaban.
Ella soportaba las burlas estoicamente.
Hasta ese día.
Lejos de gritar, llorar e insultar, Larissa movió sus brazos como un ventilador y uno a uno fue recogiendo los objetos que volaban en avalancha hacia su cara.
Recogía, lanzaba, recogía, lanzaba.
Las balas lanzadas formaron en el aire un círculo en movimiento.
Nadie se atrevió a romper el silencio ni a retar a la malabarista sorpresa lanzando más cosas.
Larissa fue deshaciendo el círculo poco a poco, devolviendo a los agresores sus pertenencias de la misma forma en que le habían llegado a ella: arrojándolas.
Cuando se quedó con las manos vacías, cogió sus libros, dio un portazo y abandonó el aula.
Caminó sin pensar en nada.
Se compró un granizado de tamarindo, arrancó tres hibiscos para adornar sus cabellos, se pintó los párpados con lápiz labial escarlata y cantó a viva voz una canción caribeña que se oía a todas horas en la radio.
Aún así seguía sintiéndose gris.
Hasta que lo vio.
Un chico de cabellos pulcramente cortados, de camisa planchada e impoluta, corbata sobria, con andares flotantes y mirada a ras del suelo.
Guapísticamente correcto y gris en perfecto degradé, lo supo hombre de su vida.
Aguardó mirando sin saber muy bien cómo acercarse, cuando de pronto, su cenizoso comenzó a multiplicarse.
Veinte o treinta copias de su chico caminaban en una fila india que él encabezaba.
Observó al grupo.
Eran muy parecidos entre sí.
Ninguno salía del tono.
Jugó al tin marín de do pingüé para escoger con cuál se quedaría y sonrió cuando ganó su primer candidato.
Se sumó a la fila de hormigas y se fue colando desde atrás hasta llegar a su chico.
Durante la caminata le hizo preguntas.
Se ofreció acompañarlo a dónde él quisiera.
Le contó chistes.
Le dijo piropos rosas, verdes y rojos.
Su chico permaneció dentro de sí.
Impávido, incólume, hierático.
Larissa, que había caído rendida, decidió que se casaría con él.
De nada sirvió que su hermana le dijera que los mormones eran polígamos.
No le importaba compartir su corazón, su mesa, su cama .
Descubrió el lugar exacto del hormiguero de hombres gríseos y se aplicó como la gota que horada la roca.
Lewis dejó de mirar al piso para mirarla a ella la tarde en que apareció vestida con una falda a cuadros hasta los tobillos, una blusa nívea abrochada al cuello, los cabellos largos besando su cintura y las manos haciendo malabares con veinte bebés de juguete.
Se casaron.
Lewis y Larissa.
(Y Fiona, Mary, Emily, Sue Ann, Linda, Joan, Susan).
Formaron una bonita familia.
Se organizaban para todo con un sistema inalterable de turnos.
Larissa sabía que el corazón de Lewis le pertenecía sólo a ella.
(Él se lo confesó en un arrebato que luego pagó con largas penitencias).
Pero ella quería más.
Quería que la mesa y la cama también fueran su exclusiva.
Logró la mesa haciendo de cada comida un espectáculo.
Rescató recuerdos de sus visitas a restaurantes japoneses y a bares temáticos y los sumó a sus conocimientos malabares.
Pelaba calabacines y patatas en el aire.
Desarmaba cebollas en aros que barajeaba como naipes antes de pasarlos por pan rallado y freírlos.
Cortaba el pavo tan rápido que con el impulso las lascas volaban del cuchillo al plato de cada comensal.
Hacía un arcoíris de frutilla que lanzaba como confeti sobre un gran bowl lleno de tizana fresca.
Calentando el brazo como un jugador de baseball para enfrentarse a cuatro kilos de tomates, descubrió que su familia estaba en sus manos.
Los ojos de Lewis, Fiona, Mary, Emily, Sue Ann, Linda, Joan, Susan y de los niños de cada unión perseguían los movimientos de los dedos que asían el tomate.
Funcionaba como un imán.
Si movía la muñeca a la derecha, las pupilas dirigían una mirada vacía a la derecha.
Probó izquierda, arriba, abajo.
Llevó el movimiento más lejos y la obedecieron los ojos y los cuellos.
Experimentó ejercicios individuales.
Con un puerro en la mano derecha dirigió al grupo a la mesa y con el tomate en la derecha, llevó a Fiona a dormir.
Funcionó.
Administró el péndulo vegetal a cada miembro del matrimonio múltiple para llevarlos a dormir.
Dejó a Lewis de último.
Con el tomate lo llevó a la cama.
Y con el puerro despertó el apéndice amatorio.
Lo hizo bailar al ritmo de su batuta.
Desde entonces las sabanas grises fueron sólo para Larissa y Lewis.
Y una que otra vez algún invitado de la huerta.
2009-06-09T22:38:00.011+02:00
Gastroficción Cruce de astros y Eles

Para Ego. *
Nos llamaban Las Lulú porque compartíamos nombre y siempre íbamos juntas a todas partes.
Luisana C. y Luisana R. a la pizarra.
Las Eles a callar.
A ver si Las Lulú comparten con el resto de la clase el chiste.
Tan iguales y tan distintas nos sentíamos unidas por un sino.
L. C. bajo el yugo de padres conservadores,
con ganas de tragarse al mundo,
de soltarse la melena,
sin valor para hacerlo.
L.R libre y sin supervisión,
cansada de la noche,
deseosa de regazos regañones,
rogando cenas a la hora,
ávida de una madre con uñas cortas.
Ejercíamos una rebeldía naïf.
Nos subía la adrenalina tener en la mochila paquetes de cigarrillos que no fumábamos, fugarnos de clase para compartir una pizza cuatro estaciones y un sherbet de frutas, tirar
peo líquido en la cantina del cole para que la multitud se dispersara y así poder comprar a nuestras anchas.
Benito, un ligadito y un perro sin mayonesa, una de chispas de chocolate y un agua mineral, un mixto, un jugo de parchita. Una tarde fui a estudiar a casa de L.R
Ven a ver esto, me dijo, abriendo una puerta de madera maciza.
Pasamos a una estancia luminosa.
En las paredes, de arriba hacia abajo, había grifos.
(
¿Para qué son?) Me alcanzó un vaso.
Abrí el primer grifo.
Brotó un líquido marrón ambarino.
(
¿Es coca-cola?...No. Es ron).
En esa casa el ron salía de las paredes.
(
¿Puedes ducharte con ron?...Sí, como Cleopatra…¡Qué burra eres, Luisana!...Cleopatra se bañaba en leche…Ah…no creo que a mis padres le interese tener leche en las tuberías).
Fue nuestra primera borrachera.
En medio del desvarío me contó que quería estudiar las estrellas.
(
¿Quieres predecir el futuro?...No. Quiero entender el cosmos).
Yo le conté que quería ser periodista.
(
¿Para qué?...No sé. Para salir en los periódicos todos los días).
Quedamos en que cuando ella fuera astrónoma yo la entrevistaría.
Nos graduamos y nos perdimos la pista.
Las mil vueltas del mundo pañuelo nos cruzaron veinte años después.
El semanario en el que trabajaba me pidió que fuera a ver el trabajo de un posible cliente.
Llegué a la casa indicada y Luisana R me abrió la puerta.
Sorprendidas nos gritamos
¡Lulú!L.R estudió astronomía pero lejos de estar pegada a un telescopio mirando estrellas estaba pegada a la puerta del horno vigilando tartas.
Vivía de hacer tartas estructurales.
Tartas grandes para eventos especiales.
Tartas en forma de volcanes en plena erupción, tartas con cubículos secretos para alojar strippers, tartas cigüeñas con un bebé en el pico en tamaño natural.
(
Me sentía culpable. Llevaba una jornada laboral de muchas horas sin que quedara registro de mi trabajo. Observar astros es una profesión con resultados invisibles).
Se obsesionó con la limpieza doméstica.
Llegó a pensar que el polvo de sus muebles era polvo estelar y se encontró pensando en fórmulas físicas y matemáticas para analizarlo.
Un día leyó algo que la hizo entrar en razón.
Entonces hizo cursos de repostería arquitectónica.
(
Y aquí estoy. No me va mal…¿y tú?)Le expliqué que estudié periodismo.
Que me costó mucho graduarme porque tenía
problemas.
Que entré en las revistas más prestigiosas y que una a una fui saliendo de ellas por, otra vez,
problemas.
Pronuncié
problemas sin dar detalles.
Después de un largo recorrido el semanario del barrio me contrató.
Un diario de anuncios.
(
Me dijeron que tenía que venir a ver tus tartas para redactar la publicidad ¿Cómo iba a imaginarme que eras tú?)
Nos contamos la vida, comparamos nuestras papadas, nuestras cesáreas, nuestras vidas anodinas.
Una docena de cafés después decidí preguntarle.
(
¿Qué fue aquello que leíste y que te hizo cambiar la vida?)
L.R se sacó un papel del sujetador.
Estaba doblado ocho veces, manoseado, desteñido.
GÉMINIS:
Es hora de que bajes de las nebulosas. Olvida tus pretensiones seudo intelectuales y seudo científicas. Regresa al hogar. Asume el cetro de reina del horno. Vístete de pin up. Espera a tu marido con un Martini en la mano.
(
Las estrellas siempre han marcado mi camino.
¿Cuáles eran tus problemas?)
No sabía si abrir la boca.
(
Mis problemas eran las paredes de tu casa. Después de probarlas yo también comencé a ver constelaciones. Estudié la carrera borracha. Fui a trabajar cada día con resacas que sobrellevaba con tragos de botellas que escondía en mi despacho).
Quería salir a diario en la prensa.
Me dieron la oportunidad.
Me encargaron doce textos diarios.
El horóscopo.
(
Yo escribí la predicción que te apartó del cielo).
L.R miró sus manos quemadas y su salón lleno de maquetas absurdas.
Yo miré mi pulso tembloroso y mis dedos amarillentos de tanta nicotina.
Nos miramos la una a la otra.
Nos odiamos a fuego por segundos.
Nos insultamos mentalmente.
(
Todo fue por tu culpa, Lulú. No, fue por la tuya).
Nuestras pupilas cansadas y marchitas se dilataron levemente.
Nos dimos lástima y nos abrazamos.
(
¿Sabes que también hago cartas astrales?...Y yo tartas con la forma del sistema solar...).
Pensar que hay quien no cree en las estrellas.
La suerte: esa beoda caprichosa.
2009-06-05T10:00:00.010+02:00
Gastroficción Arquitectura de Agua
Escultura bajo el agua de Jason Taylor *
Construyo un techo de agua desde el agua misma.
Entro en ella de golpe y sin miedo.
Siempre está fría.
Bajo.
Toco el fondo con la punta de los pies.
Me impulso hacia arriba.
Me detengo.
(Calibro el punto de flotación jugando con el aire de los pulmones).
Edifico desde la suspensión.
Libero los elementos.
Suben acompañados de una vertical de burbujas.
Se abren en ramillete.
Chocan.
Derivan.
Reposan.
Los recoloco sin junturas.
Armo desde abajo
lo que se verá desde arriba.
(Si salgo a la superficie antes de tiempo se rompe).
El agua: una lente que complica mi trabajo.
Distorsiona lo que miro.
No me dejo engañar.
Nada es fijo.
(No confundir penetrable con dúctil).
Desde abajo dispongo las cosas para que el resultado se vea en la
superficie.
Escribo al revés, desde abajo, como en un espejo, sin poder
comprobar desde mi posición, la globalidad.
Sólo tengo pedacitos que se mueven según sus propias leyes,
misterios internos que desconozco.
A veces me creo que sí, que soy la constructora de cuanto hago en
esta profundidad.
A veces me convenzo de que es mi voluntad la que determina lo que se verá arriba, en la superficie.
Olvido que sobre la superficie hay cosas que no controlo.
¿Acaso controlo las de abajo?
Me hace ilusión pensar que sí.
Construir el techo del agua luchando con la presión que intenta subirme, sacarme de allí.
Desde arriba no hay nada qué hacer.
Todo está hecho.
El cielo se refleja.
Siempre estará allí.
2009-06-01T18:54:00.007+02:00
Detrás del Atlántico Arte Poética Escritura en el aire
Pájaros de Armando Reverón.
Hago un alto para cerrar un libro.
Necesito aislarme.
Leerme en silencio.
2009-05-16T12:47:00.004+02:00
Remedios que amargan pero sanan
Reproducción de versos de García Lorca en una pared de Lisboa.
Foto propia.
Uno de los temas que más preocupan a escritores y lectores de formatos digitales es el plagio.
Siempre saltan las preguntas: ¿Cómo protegerse? ¿Qué hacer? ¿Ampara la ley?
El público que asistió a las mesas redondas que organizó el Instituto Cervantes en Pekín y Shanghai mostraba mucha inquietud ante esto.
Al preguntarme si alguna vez he pasado por el doloroso trance que supone ser expoliada, contesté que sí, que lo he sufrido y que se vive muy mal.
Los oyentes parecían interesados en saber cómo, dentro del mar inmenso que es internet, es posible saber que alguien ha plagiado.
La respuesta es simple: los lectores resguardan al autor al que siguen. En mi caso, me avisó una lectora.
Phillipa jamás había dejado un comentario en este blog.
Me leía en silencio.
Dando vueltas por otros espacios se topó con una serie de poemas míos que alguien hacía pasar como propios.
Inmediatamente me escribió un correo electrónico para avisarme. Antes de escribirme se tomó la molestia de llamar la atención a la persona que plagió mis textos y la invitó a retirarlos.
Hizo lo mismo con los administradores de los portales en cuestión. Ante la falta de respuesta se comunicó conmigo.
Publiqué una entrada denunciando la situación.
Me llovieron noticias (de nuevo de lectores silenciosos) que me advertían de más plagios.
Escribí a la persona que robó mis letras y no obtuve respuesta.
Sólo me contestó uno de los administradores de las páginas que tuvo a bien borrar mis textos toda vez que demostré eran míos.
(Momento totalmente surrealista que añade más dolor al dolor…demostrar que tus escamas son tuyas).
Expliqué en el coloquio que las desventajas del formato se transforman en ventajas.
Porque si bien publicar en la red nos expone a este tipo de situaciones, lo cierto es que la velocidad propia del soporte permite atajarlas de inmediato.
El papel se plagia continuamente.
De ello tenemos noticia a diario.
Cuando ocurre se resuelve a través de largos litigios.
Procesos que duran meses cuando no años.
A veces quedan (los plagios denunciados) como suspendidos, flotando en legajos.
Nunca terminamos de saber con certeza si renombrados autores plagiaron a escritores desconocidos.
O viceversa.
Salvo que se trate de casos mediáticos (que se defienden del plagio con excusas insólitas que van desde el “error informático” hasta llamar intertextualidad a la copia literal de párrafo enteros).
Mientras el tiempo pasa, el mal está hecho y el escritor birlado, ve que sus años de trabajo se difuminan, que otro profana su voz, que un ricitos de oro del copy paste, engulle su comida y se acuesta en su camita.
La literatura que se escribe en blogs late.
Se hace ficción en tiempo real.
Los textos tienen la intensidad y al mismo tiempo la fugacidad de un rayo. Cualquier cosa que se diga a través de este canal, vuela.
Esa es la ventaja.
Quien detecta un plagio, lo denuncia de inmediato.
Y, como expliqué antes, no es alguien que necesariamente guarde una relación de cercanía con el autor.
Los que plagian saben muy bien lo que hacen.
No son atenuantes la edad, el desconocimiento, el arrepentimiento, la buena intención.
El desconocimiento de la ley no exime de culpa.
Entiendo que recibir una cadena de correos puede ser pesado.
Pero también entiendo que somos un colectivo.
Los blogs y las redes sociales son estructuras estupendas para compensar los vacíos legales.
No se acaba con el plagio insultando al infractor, hackeando su página o mirando hacia otra parte.
La única forma de acabar con él es denunciando.
Es cierto que la denuncia repetida como eco es muy ruidosa.
El ruido arde cuando estamos afectados por una situación tan delicada como la que describo.
Ser plagiado se siente como descubrir a alguien jugando con nuestra ropa interior.
Se siente como tragar un sable de lava.
El plagio estraga el paladar, desorienta, asombra, descoloca, enferma.
Nos hace sentir extrañamente culpables.
Culpables por escribir, por publicar, por ingenuotes.
La mayoría de los medicamentos amargan.
Pero sanan.
____________________________________________________________
Plagios de última hora. Denuncia:
Pepe Pereza plagiado por Mitocondria en La ciudad del Ser* (Pinchad)2009-05-12T14:41:00.016+02:00
Plagios Blogging CurroChambaLaburo Catarsis