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Ultimos post del blog El País de los Magos | ¿Quién me enlaza?
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¿final?

¿Pintora o poeta?, hasta ahora no lo sé, pero siempre he imaginado, febrilmente, que mi novia seria pintora o poeta.

No me digan de donde surgió la idea. Quizá la idea nace porque pienso que hay algo mágico en el hecho de crear imágenes con pinceles, un lápiz o con el medio que se utilice, o en unir las palabras y los versos.

Sin embargo, mi primera novia era economista, como yo, y pese a ello no habían muchas cosas de que hablar, excepto alguna metodología de cálculo de tipos de cambio o de tasas de interés. O quizá la resolución de algún problema de maximizar los rendimientos en algún proyecto; quizá exagero.

Ella me quería, quizá demasiado; mi postura era cruel, yo no tanto, al menos no tanto como ella decía quererme. ¿Cómo seguir en la relación, entonces?, fácil, ya no seguimos. No les voy a contar los “incidentes” que nos llevaron a estar juntos, ni de cómo terminó todo, no es bueno hablar mucho de uno mismo. Pero creo que en este blog lo he estado haciendo.

No haber sido lo que ella esperaba de mí, es una de las grandes culpas que cargo. Así debe ser.

Recuerdo que coincidimos en que ambos hubiésemos deseado nacer en otra época, en la edad media (creo que hay muchos a quienes les gustaría vivir en esa época)

En la película “13 guerreros”, uno de los guerreros (creo que eran vikingos) que había ido a luchar contra el gran mal que acechaba el reino de un rey, muy mal herido el guerrero, dice algo parecido a esto: “corrí tan lejos como quise...” y luego retrocede para enfrentarse a sus perseguidores; el hombre muere, no se ve la escena pero es lo que sucede. Esa entrega de los soldados durante las batallas, sea exagerada o no, siempre me fascina y me conmueve.

En fin, creo que estoy mezclando demasiadas cosas: mis ilusiones de chico, mi primera novia, la edad media, guerreros vikingos. Es demasiado.

También para mí es demasiado, es por eso que me voy.

Cierro este blog, lo alargué todo lo que pude y ya no puedo más, me cansé; quizá regrese en otro espacio o aquí mismo; quizá mañana o en unos años, da lo mismo.

Me gusta escribir, inventar historias, fantasear como si de un deporte extremo se tratase, así que es definitivo que regresaré. Pero ahora no.

Cuídense.





dormir

El día comenzó muy extraño, me di cuenta cuando Salio de casa y vio que no había personas en las calles y los pocos taxis que circulaban no lo llamaban, cruzaban de largo entre una y otra avenida.

En su trabajo le invitaron el desayuno: un café cargado y dulce, como a él le gustaba, disfrutó cada sorbo.

A la tarde le desconcertó que la mujer alta, flaca y con la boca como si iría a sonreía le hablara con tanta naturalidad y confianza, como si se conocieran de muchos años.

Ya de noche, en las calles, las personas abarrotaban las veredas y las pistas como si estuviesen en una fiesta, los colectivos avanzaban tranquilos y con varios asientos vacíos.

Subió a uno de ellos y se durmió, esta vez para siempre.



segundo yo

Les conté algunas cosas de cuándo y por qué comencé con el blog, pero no todo; reservé algunos secretos para mí, muchos en realidad. Uno en particular: quería que me leyeran y si me preguntan por qué, no podría darles una respuesta convincente, ni menos un respuesta más o menos decente. Además ya ha pasado demasiada agua bajo el puente.

Como no sabía el funcionamiento de la blogósfera, poco me dediqué a linkear y a visitar otros blog; sin embargo llegaban a mí y yo a ellos, es decir, a ustedes. Pero solo me preocupaba que me leyera una persona, alguien a quien consideraba muy especial para mí.

Muchas de las historias y post que inventé lo hice solo para que ella los leyera, pero nunca lo hizo, al menos no sé si lo haya hecho, quizá entró al blog y haya leído las frases disfrazadas que le dirigía, y hasta haya dejado un comentario, quizá como “anónimo” y yo jamás me enteré que me había leído.

Lo que a mi me interesaba era escribir (al menos intentar hacerlo lo mejor posible), pero con cada post solo pensaba en si ella me había leído, era lo único que me importaba por aquellos días.

Ha pasado mucho tiempo desde esos inicios y no puedo evitar recordar, no solo las historias que me inventaba sino a la chica de la que ahora, ya no sé nada. Porque ese es mi peor defecto, una vez que me alejo de alguien, ya no regreso.

En fin, y otro pequeño secreto que quiero revelarles, es que algunas veces escribo para algunos de ustedes, aunque sé que quizá no se den cuenta o, de repente, no vienen por aquí.
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y nada, cuando me termine de pasar eso que me está pasando, comenzaré nuevamente con mis historias descabelladas, mis poemas extraños y cualquier otra cosa que se me ocurra.

Yo

Muy seguido me preguntaba por qué regresaba a casa caminando tan rápido. Nunca había nadie esperándome y como salía del trabajo bastante tarde, llegaría a la hora en que todos dormirían. Apresuraba el paso caminando por las veredas y a pesar de darme cuenta de mi prisa, no lograba bajar el ritmo. Simplemente seguía de largo sin saber que esperar o, quizá, esperando un no sé qué (pero si sabía qué o fingía saberlo)

Estar en casa me causaba demasiada rabia. No lo sé, simplemente la sentía cada vez que llegaba y buscaba evadirla perdiéndome en las calles, deambulando como un loco por plazas y parques, sentándome sobre cualquier roca o montículo de tierra. Si veían a un hombre con la mirada extraviada o ensimismado en el infinito, ese podía ser yo.

Hasta que un día sucedió; la encontré o quizá ella me encontró a mí. Sucede, pensé, estas cosas suceden. Al inicio intentaba negarlo pero no podía, era algo más fuerte que yo. Había leído y escuchado sobre esos encuentros fortuitos en libros o en películas o en la historia del amigo de un primo de alguien a quien no yo conocía.

Pero había ocurrido y finalmente decidí que, sea como sea la forma en que haya ocurrido, debía aceptarlo con naturalidad. Y lo hice.

Aquellos fueron los mejores tiempos de mi vida, en fin, esas cosas sucedían, después de todo: dejé de salir tarde del trabajo, tenía un motivo para no enloquecer en casa, ya no deambulaba por las calles enfurecidas por mi extravagante presencia. Fue una época en la que simplemente se aclararon infinidad de cosas que pululaban en mi cabeza, le hice miles de promesas, no solo le ofrecí mi cuerpo como un donativo por su amor, por darme tantas cosas que nunca imaginé que pudieran existir, sino que le regalé corazón envuelto en seda y mí alma en un cofre; de pronto, mis ideas, tuvieron sentido. No lo sé, pero esas cosas sucedían y existían, yo las creí y puse la mejor de mis caras y me esforcé por sonreír más que nunca. Hasta se me borraron las ojeras.

Definitivamente hay personas mucho más inteligentes que yo para estas cosas o para darse cuenta de ellas.

Llamé a su puerta y me dijeron que había salido y que regresaría muy tarde. Los siguientes días la llamé, la busqué pero me era imposible encontrarme con ella y cuando por fin la encontré, cinco días después, solo dijo “es que lo nuestro ha sido muy rápido y estoy confundida...”. Ahora pienso que si hubiese sido hombre le clavaba el puño en el estómago, “¿confundida?”, pregunté “... y desde cuando piensas eso...”

De más está decir que no respondió y que le lancé el discurso más patético que se haya dicho en la historia de los rompimientos; estupideces sobre el respeto que le tenía y sobre la independencia de las personas en sus decisiones, algo sobre que no le pediría explicaciones de nada y que una vez que me haya ido no volveríamos a vernos y que me devuelva el CD que le había prestado.

Llegué a casa y lo único que pude hacer es vomitar hasta las tripas, luego de perder toda lógica y ahogarme en litros de lágrimas idiotas y de golpear las paredes hasta que se me luxó un dedo, que todavía me duele cuando cierro la mano.

Ahora, cuando camino a casa, lo hago con calma, meditando en mis asuntos, dejando que mis pasos se acomoden a la superficie de las calles, dejando que me adelanten los otros transeúntes; llego a casa y cierro la puerta y las ventanas, enciendo la radio y dejo que la música haga su trabajo.

Después de todo el amor es solo una ilusión, es un verso indeciso, es una palabra rota que te pertenece tanto a ti como a mí, son promesas que aparecen y luego se desvanecen en el aire.

pasajero

A mi profesora de literatura de la secundaria le decíamos “la mosca”, utilizaba unos anteojos de marco circular inmensos que se oscurecían con la luz solar. Era menudita y pequeña de estatura. No reíamos como locos cuando entraba a clase. Ella siempre ponía orden con su voz delgadita, obedecíamos riéndonos.

Ella me enseñó a leer, y como teníamos la misma ruta de camino a casa, era común encontrarnos en el carro. Con mayor o menor frecuencia yo la buscaba y descubrí que era una persona muy agradable y fue allí en los carros donde aprendí la magia de la lectura.

Hasta ahora me dura esa magia George, me es imposible no leer en los autobuses, muchas veces subo a ellos solo para leer, “te vas a quedar ciego” me dicen, pero no me interesa lo que digan, leer es lo mejor que me ha sucedido.

Desde hace varios días no he vuelto a ver al señor Armando (ese me dijo que era su nombre), lo conocí una mañana en mi ruta al trabajo. Él iba tan ensimismado en la lectura que sentí tan poderosa su energía y no puede evitar preguntarle por el libro que leía, y me contó esa historia que intento resumir.

Oráculo (parte 4)

No es un secreto que los oráculos existen. Yo mismo he recurrido a muchos durante toda mi vida, aunque ninguno haya contestado, en fin. Pero, ¿qué es un oráculo?

La respuesta más simple es que es se trata de una respuesta que la proporciona alguna especie de deidad. A mi me gustan las deidades, yo mismo me creo una (¿?)

No sé por qué les cuento esto, al principio tenía la intención de plantear un tema controversial pero ya ven, estoy divagando.

Decía, mi primer oráculo fue virtual, tenía un nombre japonés y siempre me salía con alguna respuesta sorprendente, y no necesariamente por su profundidad, sino por su simpleza, ironía y tono amistoso, casi-casi, como un juego. Me hacía reír, de más está decir que siempre dio en el clavo. Ello sin conocerme.

De repente, el único consejo que no seguí (que no le escuché, por mi orgullo) es el que me ha hecho el mayor de los daños (creo).

Luego le perdí el rastro, en realidad se cambió de trabajo y ya no volví a verle tan seguido como al inicio (eso de “verle” es un decir, recuerden que todo era virtual), tampoco me iba poner a insistir porque no es bueno ir por ahí quitantole su valioso tiempo.

Les mentiría si les dijera que tuve un segundo o tercer oráculo. Ni siquiera tuve uno de verdad.

Oráculo (parte 3)

No puedes hacer nudos a las corbatas George y quieres aprender a olvidar.

Déjalo todo atrás, no necesitas nada, ¡recuérdalo!, solo un vaso de licor; fresco, bajando por tu garganta, bailoteando un poco en tu cabeza y en tus ojos, recorriendo tus venas, llenándolas de rabia, aniquilando lentamente tus pensamientos, ¡si!, no quieres pensar, quieres olvidarlo todo, volver nacer.

¡Ah!, y la rabia, siempre está allí George, no te deja, te persigue como uno de tus tantos demonios, saltas de un lado y a otro, pero nunca te deja nunca lo hará. La rabia se clava en tus lágrimas como bolas de fuego.

Tú lo sabes, otras veces te has sentido de esa manera, y solo piensas en renacer, como las aves fénix. Majestuosas aves de fuego que mueren y nacen. Olvidar. Tu nombre, tu edad, tu origen, tu destino en el fuego, las miradas que te lanzan los ángeles y los demonios, los recuerdos que te persiguen. Solo eso, olvidar.

¿Dónde están ahora todos George?, ¿no lo sabes?, no están, no estarán nunca, no volverán y si vuelven no te verán porque eres un fantasma que merodea los recintos abandonados; una sombra, encienden la luz y ¡zas!, ya no existes.

Renacer. Olvidar. ¡Recuérdalo!

Te conozco George, vas a explotar, es la cuenta regresiva, y tú quisieras ser como un ave fénix para ya no temerle al fuego, para morir y no morir nunca, para olvidar siempre, para no necesitar a nadie otra vez.

Ahora estás caminando por las calles, tropiezas con personas, imaginas que es como una pecera inmensa, fría y desolada, aguantas la respiración, sientes que el piso se inclina hacia los lados y sientes que ya no puedes mantenerte en pie pero no caes, eso admiro en ti George, nunca caes, pero te estoy doblegando, sé que vas a caer en algún momento.

Eso es lo que eres, lo que yo decida, me perteneces; quieres olvidar pero aquí estoy, para insertar los tormentos en tu cabeza una y otra vez hasta vencerte. Dime ¿dónde están ellos ahora?, nunca vendrán por ti George.

“¡Mientes!”

No puede herirme George, no puedes vencerme, nuestra guerra te doblegará, lo hará, ya lo verás.

Oráculo (parte 2)

Estimado Oráculo,

Le busque en la mañana, pero me dijeron que estaba en reuniones todo el día a las que no podías dejar de asistir. Pero igual me he sentado aquí a esperarle, de todas maneras todavía no tengo sueño y no puedo dormir por más que lo intento.

Me alegra su ocupación, siempre tan desinteresada por lograr la paz de las almas de quienes le hacen preguntas, a veces, jodidas. Imagino metiéndose en la roca que dice representarlo, un estatua inmensa que con su sombra ocupa gran espacio del anfiteatro donde reside.

Pero yo no lo buscaba consultarte nada, ni para conocer mi futuro, no me interesa saberlo, porque ya lo sé. Tú sabes que yo soy fuerte, que nunca nadie ha podido herirme con nada, ni siquiera las espadas más filosas me han rasguñado en lo más mínimo y los monstruos de debajo de la cama... ¿qué te contaría sobre ellos? En fin.

No se trata de mí.

Es para otra persona, no puedo decir su nombre porque luego comenzará a especular sobre cosas sin sentido, suele alterarse un poco, desconfía de lo que le dicen las personas y siempre está a la defensiva. A mi no me gusta verla así, no lo soportaría.

¿Recuerdas oráculo?, hace miles de años yo era igual, no te busqué y mira a donde he llegado.

Por eso te dejo esta carta, quiero que la ayudes, aunque sea un poco.



Atte.
George


Oráculo (parte 1)

Ya no puedo escribir, y no sé por qué, lo he intentando toda la tarde y parte de la noche. Se me ha reventado la cabeza de locuras y de palabras gigantes. Las he visto acercarse a mí con pasos torpes, como la danza de un monstruo ebrio que intenta caminar, abriéndose paso entre el aire y la tierra, le he visto alargar sus esquinas y rozarme las manos y el rostro. Les he escuchado reír.

Decía, ya no puedo escribir, se han abalanzado las lanzas de guerreros arrancándome esquirlas del cuerpo, dejándome el aroma de podredumbre sobre mi piel de hojas secas y como una piedra fangosa me he hundido en la mugre, sin gritos que me rescaten, sin maldiciones que me condenen.

Parte de la noche se ha deshecho con los pétalos de las rosas de mi jardín, flotando sin cesar en pequeños remolinos y catástrofes naturales. Y, ni siquiera aquello que me sostenía, ni siquiera el Oráculo me ha hablado.

circulo

Tendría siete años, quizá diez. Regresábamos a casa luego de visitar a la abuela, era de noche, viajaba sentado – medio resbalándome – en las rodillas de mi mamá.

Íbamos en el penúltimo asiento del ómnibus saliendo del centro de Lima por el puente que gira en un semi-circulo y luego entra por la avenida a Caquetá.

Si, el carro giró y yo sentí que mi cuerpo era jalado por la fuerza de gravedad hacia afuera, el aire frío entraba por la puerta y las ventanas rebotando en mi pecho, “tengo frío”, dije y mi mamá puso su mano sobre mi pecho y dijo algo que nunca se que es.

Hasta ahí recuerdo, siempre, cada cierto tiempo regresa a mi cabeza, se mete allí dentro y se tiende a dormir; luego no me doy cuenta el momento en que se ha ido. Sólo siento que regresa en otra oportunidad.

Siempre quise escribir un cuento sobre este tema, lo intenté algunas veces, pero nunca lo he logrado.

Dos por el precio de uno

Ninguna palabra acude a su ayuda. El lejano ladrido de los perros le incomoda pero no hace nada para detenerlo.

Veinte minutos después está bajo la ducha y recuerda que el mejor lugar del mundo es precisamente donde está ahora. Con el agua escurriéndole por el cuerpo, tiene los ojos cerrados y deja que la radio estalle con melodías cansadas y rítmicas.

(Parece un sin sentido)

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Me contaron que S y R habían tenido una relación muy larga, de casi cuatro años, y aunque se le veía juntos en todo momento, nunca corrió el rumor de matrimonio o algo parecido. Hasta un tarde luego del almuerzo general de oficina en que ambos salieron por separado.

Nadie en el piso comentó nada. S se había fugado con K, uno de los jefes.

(Parece telenovela)

Extraviado

Lo que había recorrido sus venas se ha terminado, sabe que no se refiere a la sangre, sino a algún otro componente que ésta debe llevar, imagina, a todas partes de su cuerpo, a cada uno de los rincones que le componen.

Se está desmoronando; con cada paso queda atrás de él un montículo de algo suyo (que ya no es suyo), algo se va perdiendo de él, lo sabe, lo intuye, pero no puede nombrarlo, lo llama “eso”, “aquello”, o de cualquier otra forma que le sirva para expresarse, aunque ya no conversa con nadie desde hace varios meses.

Cruza la estancia, baja las escaleras y sale a la calle. “necesito caminar un poco para reanimarme” piensa. Luego de una hora de caminata se da cuenta que no reconoce las calles por donde está deambulando. Entrada la noche decide que debe descansar para retomar su recorrido con la nueva luz; se sienta en el borde de la vereda y se duerme.

En su sueño es un hombre que, sospecha, es poderoso, se ve a si mismo dando órdenes a una decena de personas que lo obedecen sin resistirse en lo más mínimo; en su sueño intenta escuchar sus propias palabras pero no las oye, se ve como en una película. Se despierta con un golpe en el estómago.

Los chiquillos le quitan la casaca y las tres monedas que le dejó algún transeúnte mientras dormía. Ya comienza a clarear y siente hambre; sabe que si no recuerda de donde es, no podrá sobrevivir. Pensar le causa dolores insoportables por detrás de la nuca y le arden los ojos.

Las siguientes semanas recurre a la piedad y a la lástima de los habitantes de la calle, que le dejan monedas o alguna fruta que suele devorar con mucho gusto, generalmente escondido detrás de uno arbustos en un parque cercano.

Decide dar un paseo.

Recobra las esperanzas cuando se aleja unos pasos y gira el rostro: mira, observa consternado que ha estado viviendo bajo el mismo edificio del que salió hace varios meses.

Entra y se duerme.

En la calle

A veces ocurre y no puedo evitarlo.

Miento.

No es verdad que ocurre solo a veces, sino que ocurre demasiado seguido, mucho más de lo que puedo resistir.

Y no es que uno se deje vencer o se haga la idiota para fingir que no ocurre nada. No. Simplemente es como ser atropellado: un ómnibus inmenso pasándole por encima a una y cuando creo que ya terminó lo peor, no, la segunda desgracia; una hace pucheros, hace fuerza, arremete para no dejarse vencer, pero llega una ola maligna, y luego otra. En fin.

(Esa eran sus palabras, yo hacía todo el esfuerzo de entenderle pero no lograba siquiera saber de que me hablaba)

No me sirven las palabras que conozco para decirte todo esto, no me sirve nada de nada, ni siquiera escribiendo un libro de explicaciones me serviría de nada. Apago la luz para no escuchar el ruido de la calle y de la gente; me imagino que si apago la luz los sonidos se van a terminar, como si la oscuridad se los tragase y una se hiciera más fuerte en la oscuridad... entonces levanto un cuchillo y espero que entre, pero no entra, pienso que me tiene miedo.

Yo le provoco miedo a muchos, por eso no se me acercan, más bien huyen de mi, a veces me dicen algo bonito como para ablandarme, pero yo no les creo, hasta que insisten e insisten y entonces termino confiando y... me dan ganas de llorar. Y no me gusta llorar.

(En adelante continúo con una seria de palabras que no logré capturar, sollozaba demasiado pero, algo logré entenderle: me hablaba sobre sus amores de antaño, decía que ya no volverían y que los extrañaba demasiado, la pobre mujer lloraba como una niña, me hablaba de una vida perdida por la miseria, así se dijo así misma “soy miserable” y la pobre mujer lloraba y lloraba sin que yo pudiese hacer nada para contenerla, en realidad quería irme, no nos conocíamos, me había cruzado con ella saliendo del cine y me abordó doblando la esquina, me ofreció caramelos que solo compré para quitarme el mal sabor que tenía en la boca por haber comido un sandwish con mucha cebolla)
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PD: De verdad, les prometo que apenas pueda, les escribiré una historia que no sea ni dispersa ni oscura ni triste.

Monstruos y sonrisas Vol.05

Ahora estoy seguro que hay alguien que vive adentro de mí.

De niño pensaba que eran alucinaciones y cuando se lo contaba a mi mamá ella se ponía a llorar y luego me llevaron con un doctor que hablaba mucho y yo me aburría, desde ese ocasión tomé pastillas todas las noches antes de dormir, luego de cenar.

Tomé esas pastillas de sabor dulzón durante años, hasta el día que ingresé a la universidad; de allí en delante dejé de tomarlas y las voces no regresaron sino hasta mi último año universitario.

Fue horrible.

Me acabaron muy rápido, veía sombras en cada lugar, oía a las personas que me llamaban y no sabía si eran de verdad o no. Finalmente cesaron o, mejor dicho, la otra voz y yo, no sentamos a conversar.

De verdad George, ahora estoy seguro que hay alguien que me habita y que yo nunca he sido yo, sino el otro, siempre recluido, aprisionado por las pastillas que, me imagino, casi lo matan.

Monstruos y sonrisas Vol.04

La primera vez que se ahogó su papá la levantó de los cabellos fuera del agua. Toda la familia rió con entusiasmo. Marlene atinó a llorar.

En su esfuerzo por convencernos que podía hacer lo mismo que los grandes, metió un pie en la piscina y luego se dejó caer y se hundió como un roca hasta que el agua la cubrió toda, entonces su papá, que la miraba, se acercó muy tranquilo al borde de la piscina, se arrodilló, se quitó el reloj y metió la mano en el agua, rebuscó por un momento, tanteando de izquierda a derecha; por fin la encontró, la sujetó por su única cola de caballo y la jaló hacía arriba; Doña Clara, la madre, había visto lo acontecido desde el otro lado de la piscina y como ella no sabía nadar había corrido rodeándola, dando tumbos, tropezándose con las personas, empujándolas y gritando “mi hija... mi hija... Joaquín, ayuda a tu hija...” con su voz de histérica.

Pero el señor Joaquín ya la levantaba por la melena que chorreaba agua por el rostro de Marlene y la familia se reía de verla a la pequeña limpiándose los mocos y sollozando avergonzada.

Interestelar

El ómnibus traqueteaba a lo largo de la avenida. Los baches lo hamaquean de un lado al otro; en el interior, las cabezas de los ocupantes se bambolean como en un baile.

De pronto se le ocurre que está metido en una nave espacial, en una misión para salvar el mundo. Una señora se levanta con su bolsa de mercado “baja, joven” grita. George piensa que la señora debe llevar víveres a los científicos de la primera estación. En su lugar, sube una chica delgada vestida con una minifalda y botas altas, a pesar del frío apenas se cubre con una chompa de hilo y una chalina le envuelve el cuello. Ha de ser de la galaxia de las Andr-Medra–584 y seguramente debe llevar algún mensaje para su gente, pero en seguida se queda dormida haciendo un ruido muy fuerte por la nariz, George se ríe pero en seguida calla para no despertar sospechas. La galaxia esta llena de espías enemigos.

Luego de bajar del ómnibus camina por una avenida muy transitada, es el sistema Neon y es dónde debe tener la mayor de sus precauciones, por fin se enfrenta a la Estela Media, un pequeño agujero que debe cruzar antes de cruzarse con las naves de los Rominox que, se sabe, atacan en caravanas muy bien preparadas.

Demasiado tarde, lo han descubierto; no tenía dinero, así que solo le robaron el orgullo. Llega a casa, se da una ducha y luego duerme.

Caminar

Ha pasado bastante tiempo en que no salgo a caminar.

A ningún lado, apenas me asomo por la ventana a ver como cae la lluvia, a escuchar el viento romperse en las esquinas, a ver a las personas caminar por las veredas rotas, ver as los perros tratando de arrancarse sus chompas.

Quizá afuera ya no haya nada para mí. Cada día duele menos que los anteriores; cierro la cortina y bebo un café negrísimo, no quiero dormir. Mis ojos se han convertido en faros que se prenden las letras de los libros, cruzan por encima de ellas, de izquierda a derecha y luego hacia abajo.

Caminar ya no me sirve; mies rodillas ya no sirven, mis dedos se endurecen como pequeñas ramas de un árbol y mi respiración sopla el humillo de viento congelado por toda covacha.

Extraño caminar, extraño estar acompañado.

¿Hace frío o ya estaré muerto?

Pausa

Ayer me abrazaron y no estaba preparado para ello; he perdido tanto la costumbre de ser abrazado y/o de escuchar alguna palabra bonita para mí que simplemente lo rechazo.

Es porque ya no creo mucho en muchas cosas, debo admitirlo, soy un pesimista y no, no busco ser rescatado de nada, porque no estoy enfermo de nada, soy lo que soy.

No es fácil pensar en ello, o quizá me estoy convirtiendo en un ser vacío, un autómata, un insensible, un ermitaño, un misántropo o un monstruo que, finalmente, se arrancará el alma y los ojos (tengo una fijación por los ojos) y que a su paso arrastrará a un montón de personas que no tienen nada que ver con el asunto.

Hoy, hace tres años comencé este blog, mi primer post se tituló De papel y rosa y como muchos de los siguientes post que escribí no tuvo comentario alguno; debo confesar que al principio me pareció un poco frustrante ya que dan ganas de se leído y uno siente que es a través del comentario en que se manifiesta la expresión de la lectura. Tonto de mi, no me había dado cuenta que la lectura es silenciosa y personal, tonto de mi que no termino de comprender que no se escribe sino para complacer más que el instinto.

Y luego del tiempo, acá sigo, aunque en una ocasión intenté cerrar el blog, de huir de todo y de todos, de ausentarme, sin embargo, no pude hacerlo, entonces, ¿qué me retiene?, ¿nada más que el instinto?, entonces, soy un animal.

Una tarde regresaba a casa, pensando en los mundos que existen y en los que no, en todos los mundos que aparecen nada más con imaginar, en un país, en “El País de los Magos”, y me reí, me causó gracia la apreciación de mundos invisible, apunté el nombre en un papel que en ese momento me servía de separador de hojas de un libro que estaba leyendo y que ahora no recuerdo su título. Así nació este país, de la casualidad.

Llenarlo con historias me hizo descubrir que soy dos personas; el primero es el que vive, el que ve, el que se cansa, el que se duerme, al que le gusta ver una película en el cine, el que trabaja y gasta dinero; el otro es que sueña, el que inventa, el que escribe, el cadáver que todavía sabe reír. La convivencia nunca es fácil.

Y los encontré a ustedes.

¿Qué puedo decirles?, de repente me hubiese gustado ser una mejor persona y escribir las cosas que todos quisieran leer, o ser la persona que todos quisieran que sea pero no. Es imposible ser lo que no se es y “por mucho que el burro camine, nunca será un poderoso caballo”. (*)

Acá estoy, tan perturbado como siempre, más vacío que nunca, tan monstruoso como llegue al mundo y casi tan desesperado como siempre. Y aún así conocerán de mí muy poco. Y es que los encontré.

No sé si habremos hecho “clic”, tengo algunos contactos en mi MSN-Messenger y a veces conversamos; ahora no sé si seré mejor persona que antes de entrar a blogger, no si se he crecido como persona o si me he vuelto peor que un criminal; sé que ahora tengo muchas más dudas evidentes que antes, solo sé que tengo miedo de muchas más cosas y qué nunca seré persona que se espera de mi, quizá porque no quiero serlo.

Hace un tiempo, encontré este poema de Josefina Barrón, que al inicio no podía leer más que la primera línea que me ocasionó pesadillas, ahora lo he memorizado y lo recito cuando tengo la oportunidad.

Vale Todo

pronto seré tu único demonio
la deidad ineludible
alrededor de tus ojos abriré mis propios surcos
sobre tu boca mi rictus
serán mías tus ganas

no solo me tendrás presente
me tendrás
podrás poseer hasta la más ínfima de mis partes
seré yo quien te posea
no importará la cerrazón de tus noches o el olor de un guiso casero
largaré a tus ángeles a tus bienaventurados ángeles
con mi presencia
me adueñaré de ti con la sutileza del artesano
escarbaré en tus entrañas hasta llegar a tierras húmedas
solo así sabré de qué están hechos tus hijos
te haré soñar sueños profanos
suntuosos
luego despertarás
nunca más del todo
para seguir siendo mi única morada
te sentirás tan nuevo que olvidarás las décadas que te anteceden

no habrá mesada ni liturgia que te salven de tenerme


Hoy celebro el post número 371; habrá tantas cosas que se me olvida mencionar y que me preocupa, pero ya ven, no todo es posible.





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(*) De la película “Ghost in the Shell”

Monstruos y sonrisas Vol.03

“¿Para qué explicar lo inexplicable?” dijo él; ella lo miró un segundo; “son asuntos míos, y la verdad es que tú no los comprenderías...”, él cerró la puerta y se fue.

Ella, acostumbrada a sus arranques de celos, lo dejó ir. Sabía que volvería. Pensó que volvería.

Dos semanas después, ella se había acercado a la Comisaría a asentar la denuncia por desaparición “seguro le ha pasado algo...” gritaba compungida a los oficiales que la observaban calmados y apuntando notas en sus papeles, “y... dice que otras veces se ha ido...?”, “si, pero nunca por tanto tiempo... él no es así”

No.

Él no era así, cada noche regresaba a casa y le clavaba los puños en la cara.

Monstruos y sonrisas Vol.02

Había regresado a casa cerca de la dos de madrugada, todavía sentía el alcohol en sus venas y en su cabeza; se apoyó sobre la puerta de casa e intentó pensar un poco en Sofía. Una fuerte arcada lo dobló en dos.

A los pocos minutos estaba sintiéndose mejor. Recostado en el suelo veía como las luces de los faroles se movías como un pequeño universo místico y mágico, le pareció que el cielo de Lima se veía más negro todavía, trató de concentrarse en el rostro de Sofía y lentamente se fue dibujando en su mente.

“Yo no te quiero”, le había dicho ya hace varias semanas pero no podía quitar aquella frase de su cabeza, y menos aún cuando comenzaba a beber. Primero un vaso que negaba pero que quería probar, un sorbo, después otro. Luego estaba pidiendo un par de botellas más y luego se veía deambulando por las calles, solo, con el nombre de Sofía atravesado en el cerebro.

Simplemente es algo que no puedo controlar George, no sé que me pasa, no sé que hacer, yo la quería, de verdad que la quería.

De eso ya hace muchos años. Cada cierto tiempo regresaba a la misma historia con pequeñas variantes, me decía que ya la había olvidado y que la había perdonado, pero siempre intuí que no era cierto; había momentos en que la recordaba con más fuerza, tanto así que en nuestro pequeño círculo de amigos prohibimos el nombre de ella y lo peor que hizo fue decirnos que de un momento a otro ya no le gustaba que lo abracen ni que lo toquen y qué se confundía demasiado cuando le decían “te quiero”.

Monstruos y sonrisas Vol.01

La primera vez que tuvo miedo eran apenas las seis de la tarde, como era invierno, anochecía más rápido y eso le sorprendió.

Todavía no cumplía los diez años y ya quería demostrarle al mundo entero que era valiente, que podía ser un héroe, que podría enfrentarse a monstruos inmensos, a decenas de ellos, quería probar sus fuerzas, ser más rápido que la luz, más fuerte que un toro, volar como las aves, poseer poderes inmensos y, entonces, tomó vuelo y entró.

Aguantó la respiración, dio un paso, luego otro y luego no recuerda cuantos pasos más dio pero todavía soportaba el aire en los pulmones; los monstruos comenzaron a cruzar cerca de él, rozándole, tocándole el cabello, jalándole la ropa, soplando sus gélidos y pútridos alientos sobre su oreja, y comenzaron a hablarle.

Por fin gritó llamando a su madre.

Divagación

Hoy es de esos días en los que divago de un lado a otro de mi casa, y eso que mi casa no es muy grande, apenas de dos por tres metros, y a eso hay que descontar el espacio que ocupan los muebles. Sin embargo no es un prisión para mi, no estoy atrapado de nada ni de nadie; uno se acostumbra a ese espacio reducido, uno termina conociendo todos los rincones de la habitación, uno se va convirtiendo en un mueble, en una puñado de tierra que se deforma y que se compone cuando la ocasión lo permite; de pronto no hace falta que provengan las palabras de ningún lugar, de pronto ya no es necesaria la luz de la calle, entonces se van sellando las rendijas abiertas, entonces uno va quitando del alma las cosas que ya no sirven, los sentimientos que estaban atorados allí desde hace mucho, uno las va arrojando a la calle o a la basura, y luego uno coge un papel en blanco y escribe frases o poemas que no son nada, frases y palabras que nadie quiere guardar porque no sirven para salvar ni a los transeúntes nocturnos ni a los de arriba ni a los de más allá ni a estos ni a los otros; entonces uno piensa en los recuerdos y allí aparecen uno tras otro, como imágenes de una vieja película de cine que al principio no se comprenden y que luego comienzan a tener sentido, y aparecen palabras que se creían olvidadas, como garabatos que se dibujan en el aire, y a veces son canciones que crecen como pálidas melodías que se van metiendo en la habitación y la van llenando como un pozo de agua, primero al ras del suelo, luego suben por las sillas y las camas, en fin, van copándome, suben por mis piernas, llegan a mi estómago , a mi pecho, se deslizan por mis brazos, llegan a mi boca y mi ojos, ya no respiro, contengo la respiración, ya no pienso en nada, estoy flotando en el charco de música y melodías, la ropa flotando, los zapatos flotando, el dinero flotando, pedazos de alma flotando, retazos de corazón, deshechos de pensamientos y sueños; entonces no hay opción, así vive uno, escupiendo palabras, lanzándolas al vacío como si se tratasen de pergaminos que un naufrago arroja al océano esperando que alguien lo rescate ¿rescatado de qué...?, preguntan del otro lado de las paredes ¡abre la maldita puerta!, siguen gritando; la puerta suena como provocado por un terremoto de mil grados, todavía no respiro y solo pienso que a veces, solo a veces, me gustaría ser capaz de enamorarme.

búsqueda

Y de pronto se dio cuenta que estaba vacía, pero no vacía como las tazas o tazones que no tienen agua o leche dentro. No. Toda ella estaba vacía, de pronto se había ausentado de su interior su bien más preciado, aquel que cuidaba con tanto esmero. El amor.

No lo hallaba por ningún lado, abría los cajones de su armario, los de la despensa, abría y cerraba puertas y ventanas, las azotaba, levantaba las sábanas, arrojaba los objetos hacia la calle, vaciaba los bolsillos de su casaca y de sus pantalones.

Ya casi a las seis de la tarde la casa había quedado reducida a un desorden descomunal, era imposible cruzar por esa calle y no detenerse a curiosear, incluso hubo quienes aprovechando el desorden ocasionado por Vale se acercaron a llevarse algunas cosas aduciendo que se la encontraron botadas, cadentillas de oro, adornos de marfil, espejos bonitos, lápices multicolores y cuadernos en blanco, sin ninguna palabra escrita.

Y de pronto se dio cuenta que la casa también se estaba quedando vacía, pero no le importaba, en lo único que pensaba era en su bien más preciado, lo buscaba, lo necesitaba de cualquier forma, era lo único que ocupaba su mente, ¿la casa?, no le importaba, debía encontrar lo que perdió quién sabe cómo y quién sabe dónde.

Ya muy de noche oyó que tocaban a la puerta y se sorprendió del gesto pues ya no había puertas ni ventanas que obstruyesen el paso de quien sea que sea, pero allí estaba ese tipo, haciendo ruido. Vale escuchaba desde el fondo del zaguán sin inmutarse, sin siquiera darse el tiempo de ir a ver de quien se trataba, ¿acaso la pérdida del amor la había dejado tan vacía que ni siquiera le interesó saber quien la buscaba?

De recuerdos y nostalgias I

Antes de partir a un viaje al fin del mundo, Raúl, mi amigo de toda la vida, me había enviado una carta de despedida, la cual yo leí un año después ya que ésta se había extraviado para luego aparecer, una mañana, sobre el teclado de mi PC. Pero el misterio de esa carta no es la que quiero contarles hoy. No.

Por algunos años compartimos casa. Nuestras habitaciones eran sagradas y ninguno se atrevía a vulnerar la intimidad del otro; la cocina y el baño lugares comunes.

El baño teníamos que limpiarlo juntos pues un tercer vecino, que era músico y siempre andaba de gira, casi nunca lo hacía. Excepto por la ocasión en la que una de sus parientes que estaba de visita enfermó y todo el baño terminó embarrado de caca, las paredes marcaban huellas de dedos, la ducha y sobre el espejo se veía una mancha negruzca que me provocó arcadas por varias semanas y tuve que utilizar el baño de la señora que nos alquilaba el piso.

Limpiar el baño era el evento del fin de semana; cada sábado en la mañana poníamos Queen a todo volumen y destrozábamos con nuestro precario ingles los oídos de toda la cuadra y de todos los pisos de la casa donde vivíamos, cantando siempre a viva voz cada una de sus canciones. Limpiamos felices durante casi seis meses hasta que un día se rompió el tazón con el que echábamos el agua y tuvimos que robarle los pocillos a la anciana señora dueña de la casa pero esta se dio cuenta y nos reprendió con tirones de nuestras patillas como si se tratase de sus nietos malcriados. Claro, todo ello ocurrió mucho antes del incidente del pariente de nuestro músico amigo. En fin.

La cocina era una historia aparte.

Como la casa la habíamos heredado de una familia poco limpia, en breve nos vimos invadidos por decenas de cucarachas que se paseaban orondas por los pisos y las paredes. Levantarse de madrugada e ir por algo a la cocina significaba ser atacado por un ejército de esos bichos salvajes que merodeaban por todas partes, las paredes, los platos, los cubiertos, el lavadero, las sillas; pero, más allá de sulfurarnos un buen día (o noche) les pusimos nombre a todas las que conocimos.

Así tuvimos a Anna, Pepe, Claudia, Robert, Antonio, Graciela, la familia Alcanfor, los ancianos Flores, la tribu de los Flandes, en fin, éramos una gran familia unida por los restos de comida.

Sin embargo, pese al cariño que les tuvimos por un tiempo, no fue posible la convivencia; las tuvimos que eliminar una a una, así compramos una gran cantidad de insecticidas, trampas venenosas y un sinfín de artilugios que terminaron masacrándolas dejándolas regadas por los pisos que luego barríamos riendo como solo los malvados saben hacerlo. Les prendíamos fuego, las arrojábamos ala water, por la ventana, las pisábamos, sin duda nuestro primer plan de atraerlas con la falsa paz dio resultado. Jajaja.

Terminadas aquellas horribles batallas ya habíamos logrado recuperar la cocina y entramos en ella como en una fiesta. Comenzamos preparando alimentos simples, arroz con huevo frito, algún sándwich, comenzamos tomando el desayuno con calma y disertando sobre algunos temas trascendentes de nuestra joven vida, como por ejemplo, si el señor Gordo que vivía en frente de nuestra casa y al que espiábamos por la ventana sería padre por segunda vez (una mañana, muy temprano lo vimos bajar las escaleras sonriendo retorcidamente, minutos después su esposa también bajó pero malhumorada), o si lográbamos conocer a la chica misteriosa (en realidad sabíamos de ella hasta la fruta que comía cada día a las 5.46pm para mantener la línea, qué era modelito de una marca de licor y que era más seca que siempre nos ignoró y jamás cruzó la mirada con nosotros ni para despreciarnos), si Parkin llegaría herido de muerte (en nuestro lenguaje, “herido de muerte” significaba que el pobre Parkin había vuelto a rebotar con otra chica, que con los años alcanzó cientos de nombres de todas partes del planeta), en fin.

Así pasaban los días, iban y venían hasta que por fin, una tarde, mi amigo se mudó de casa. Se mudó a un departamento en San Miguel. Yo regresé del trabajo y lo que encontré fue una casa vacía, el eco de mis pasos resonando por las paredes, el tercer vecino hace mucho se había ido de regreso a Cuzco para seguir tocando con su banda.

En fin de eso hace como cuarenta años. Cada vez que me conecto a los visores de video y música y escuchó a Queen, recuerdo que debo limpiar el baño y no puedo evitar que al entrar a la cocina de mi casa y ver alguna cucaracha intentar ponerle un nombre chistoso.

Raúl se casó y a pesar que al principio no quería, terminó teniendo cinco hijitos, tres niñas y dos niños que resultaron tan terribles como él. Su vida no hubiera sido fácil si por esos azares de la vida no hubiese conocido a Yess, una flaca picarona que tuvo la paciencia de mantenerlo a raya durante todo este tiempo y qué pese a todo, siguió siendo flaca, a mi me gustaba que sea flaca, digo, nunca me la hubiese imaginado gorda, es más, ahora que vivo en un país muy lejano no la puedo imaginar gorda, al contrario, me la imagino más flaca que nunca, colgada del brazo de Raúl con los más pequeños corriendo de un lado a otro de la casa, esperando al mayor que llegue luego de haber salido de juerguear con su mancha.

Pero ustedes se preguntarán, ¿qué no había partido de viaje al fin del mundo?, pues si, lo hizo, esos viajes yo nunca los pude dar.





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Y nada, la serie Diario terminó ayer, pero no me di cuenta de eso hasta ahora.

Diario 16

“¿y... por qué la quieres a ella?” preguntó.

Hubiese querido decirle la verdad pero no puede, le mentí salvajemente, las palabras salían de mi boca una tras otra sin que nada las contenga; le habla de su inteligencia, de su verso, y de otras cosas que ahora se me están olvidando.

Y es que de eso hace tanto tiempo. ¿Qué será de su vida?, ¿en qué mundo vivirá?, ¿de qué color se habrán vuelto sus pensamientos?, ¿cada cuanto tiempo saldrá a tomar el sol?, ¿todavía escribirá poesías?, ¿todavía le gustarán eso que me dijo que le gustaba?

¿Y ha que viene este remember?, en realidad a nada específico, pero en mi oficina hay una chica que está loca o al menos es media rara.

Su nombre es Rosario Calderón, es alta y flaca, de voz grave pero agradable, la boca dispuesta para una sonrisa y el cuerpo ágil, al menos esa es la impresión que tengo. Lo digo porque las dos ocasiones en las que se ha acercado a solicitar algún tipo de información se expresa muy bien y bastante cordial, pero cuando la cruzo por los pasillos más bien es cortante... mi conclusión es que está loca.

Osea, todos los que no piensas como yo está locos. Punto.



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