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Saramago vuelve

Dicen que es una obligaci�n pregonar El Evangelio, La Palabra. Yo, al igual que aquel creyente que va de casa en casa, Biblia en mano, para dar a conocer Las Sagradas Escrituras, hoy toco sus puertas para que sepan las buenas nuevas: Jos� Saramago vuelve. El Premio Nobel de Literatura portugu�s no deja de escribir y adelanta, en su blog El Cuaderno, un cap�tulo de su pr�xima novela, y yo, de taquito, se los adelanto a ustedes.�

Un cap�tulo para el �Evangelio�
Por Jos� Saramago

De m� ha de decirse que tras la muerte de Jes�s me arrepent� de lo que llamaban mis infames pecados de prostituta y me convert� en penitente hasta el final de la vida, y eso no es verdad. Me subieron desnuda a los altares, cubierta �nicamente por el pelo que me llegaba hasta las rodillas, con los senos marchitos y la boca desdentada, y si es cierto que los a�os acabaron resecando la lisa tersura de mi piel, eso sucedi� porque en este mundo nada prevalece contra el tiempo, no porque yo hubiera despreciado y ofendido el mismo cuerpo que Jes�s dese� y posey�. Quien diga de m� esas falsedades no sabe nada de amor. Dej� de ser prostituta el d�a que Jes�s entr� en mi casa trayendo una herida en el pie para que se la curase, y de esas obras humanas que llaman pecados de lujuria no tendr�a que arrepentirme si como prostituta mi amado me conoci� y, habiendo probado mi cuerpo y sabido de qu� viv�a, no me dio la espalda. Cuando delante de todos los disc�pulos Jes�s me besaba una y muchas veces, ellos le preguntaron si me quer�a m�s a m� que a ellos, y Jes�s respondi�: ��A qu� se puede deber que yo no os quiera tanto como a ella?.� Ellos no supieron qu� decir porque nunca ser�an capaces de amar a Jes�s con el mismo absoluto amor con el que yo lo amaba. Despu�s de que L�zaro muriera, la pena y la tristeza de Jes�s fueron tales que, una noche, bajo las s�banas que tapaban nuestra desnudez, le dije: �No puedo alcanzarte donde est�s porque te has cerrado tras una puerta que no es para fuerzas humanas�, y �l dijo, sollozo y gemido de animal que se esconde para sufrir: �Aunque no puedas entrar, no te apartes de m�, tenme siempre extendida tu mano incluso cuando no puedas verme, si no lo hicieras me olvidar�a de la vida, o ella me olvidar�. Y cuando, pasados algunos d�as, Jes�s fue a reunirse con los disc�pulos, yo, que caminaba a su lado, le dije: �Mirar� tu sombra si no quieres que te mire a ti�, y �l respondi�: �Quiero estar donde est� mi sombra si all� es donde est�n tus ojos�. Nos am�bamos y nos dec�amos palabras como �stas, no solo por ser bellas y verdaderas, si es posible que sean una cosa y otra al mismo tiempo, sino porque present�amos que el tiempo de las sombras estaba llegando y era necesario que comenz�semos a acostumbrarnos, todav�a juntos, a la oscuridad de la ausencia definitiva. Vi a Jes�s resucitado y en el primer momento pens� que aquel hombre era el cuidador del jard�n donde se encontraba el t�mulo, pero hoy s� que no lo ver� nunca desde los altares donde me pusieron, por m�s altos que sean, por m�s cerca del cielo que los coloquen, por m�s adornados de flores y perfumados que est�n. La muerte no fue lo que nos separ�, nos separ� para siempre jam�s la eternidad. En aquel tiempo, abrazados el uno al otro, unidas nuestras bocas por el espirito y por la carne, ni Jes�s era lo que de �l se proclamaba, ni yo era lo que de m� se zaher�a. Jes�s, comigo, no fue el Hijo de Dios, y yo, con �l, no fui la prostituta Mar�a de Magdala, fuimos �nicamente este hombre y esta mujer, ambos estremecidos de amor y a quienes el mundo rodeaba como un buitre barruntando sangre. Algunos dijeron que Jes�s hab�a expulsado siete demonios de mis entra�as, pero tampoco eso es verdad. Lo que Jes�s hizo, s�, fue despertar los siete �ngeles que dorm�an dentro de mi alma a la espera de que �l viniera a pedirme socorro: �Ay�dame�. Fueran los �ngeles quienes le curaron el pie, los que me guiaron las manos temblorosas y limpiaron el pus de la herida, fueron ellos quienes me pusieron en los labios la pregunta sin la que Jes�s no podr�a ayudarme a m�: ��Sabes qui�n soy, lo que hago, de lo que vivo�, y �l respondi�: �Lo s�, �No has tenido que mirar y ya lo sabes todo�, dije yo, y �l respondi�: �No s� nada�, y yo insist�: �Que soy prostituta�, �Eso lo se�, �Que me acuesto con hombres por dinero�, �S�, �Entonces lo sabes todo de m� y �l, con voz tranquila, como la lisa superficie de un lago murmurando, dijo: �S� eso solo�. Entonces yo todav�a ignoraba que era �l era el hijo de Dios, ni siquiera imaginaba que Dios quisiese tener un hijo, pero, en ese instante, con la luz deslumbrante del entendimiento, percib� en mi esp�ritu que solamente un verdadero Hijo del Hombre podr�a haber pronunciado esas tres simples palabras: �S� eso solo�. Nos quedamos mir�ndonos el uno al otro, ni nos dimos cuenta de que los �ngeles se hab�an retirado ya, y a partir de esa hora, en la palabra y en el silencio, en la noche y en el d�a, con el sol y con la luna, en la presencia y en la ausencia, comenc� a decirle a Jes�s quien era yo, y todav�a me faltaba mucho para llegar al fondo de m� misma cuando lo mataron. Soy Mar�a de Magdala y am�. No hay nada m�s que decir.


2009-08-02T15:24:00.001-05:00

�Cartitas, cartitas

La semana pasada, jueves exactamente, recib� la llamada del editor de este semanario para decirme que, a su vez, hab�a recibido llamadas y cartas poco amistosas quej�ndose por un art�culo publicado por este escriba y titulado �Lima la horrible�. Parece que toqu� carne. Se me ofendi� la peruanada.�

Demostrando una gran apertura de opini�n, el editor decidi� publicar una carta de un muy ofendido lime�o, quien, no encontrando una mejor forma, mand� una misiva para defender a la mancillada ciudad que lo vio nacer. Yo tambi�n tengo gran apertura para todas las opiniones, las buenas y las malas, las inteligentes y las poco inteligentes. Por eso acus� la carta con agradecimiento pero tambi�n con un poco de decepci�n. Por qu� decepci�n se preguntar�, curioso, el lector. Vamos a desmenuzar la cartita y ver�n:

�La historia que nos relata, parecer�a haber sido extra�da de un libreto del bodrio televisivo que alguna vez condujera la tristemente recordada Laura Bozzo quien en su af�n de emular a Jerry Springer hizo tablarasa de los m�s elementales derechos de la persona humana, import�ndole �nicamente el rating.�

Aplausos, dir�a, pero no. Descalificar algo metiendo a Laura Bozzo es un argumento ya usadito y bastante desfasado. Muy f�cil. Casi casi como esa moda de catalogar a alguien de fujimorista para descalificarlo pol�ticamente. Se agradece, eso s�, el uso del t�rmino �tablarasa�, que me llev� al toque, ipso facto, a revisar la versi�n online del diccionario de la Real Academia. S�lo que no lo encontr�. Pero parece ser que equivale a �hacer borr�n y cuenta nueva�, al menos seg�n Wikipedia.

�La impresi�n que causa semejantes expresiones, es que este se�or, se ha preparado su propio yogurt, mezclando los m�s hediondos ingredientes de los que est�n compuestos algunos sectores de la sociedad del siglo XXI, le a�adi� sapos y culebras, los licu� hasta el hartazgo y se descubri� una nueva bebida que le calza a gusto y medida.�


�Yogurt? Hubiera sonado mejor cocktail, pero se respeta la opci�n. S�lo que, en realidad, yogurt no pues, no va.�

�Decir entre otras cosas, �A�orar Lima es como extra�ar a una puta� supongo lo dijo, porque fue posible victima de una enfermedad de trasmisi�n sexual. Para la pr�xima vez se le sugiere, no transite a las nueve de la noche por las inmediaciones de un estadio de f�tbol despu�s de un acalorado encuentro entre equipos rivales, ni ingrese a un cuchitril de medio pelo infectado de energ�menos fan�ticos provenientes de las llamadas �barras bravas� y de mujeres pre-pago, porque es muy probable que sea el afortunado ganador del premio mayor. Prever antes que lamentar.�

Casi me embargar�a la envidia al ver tan pomposa verborrea de no ser por las flagrantes fallas ortogr�ficas. Se escribe: V�ctima y Transmisi�n, y por favor, colocar las comas donde deben ir y suprimirlas de donde no deben. Si escribes para publicar, atente a las cr�ticas. D�melo a m�. En este p�rrafo, debo ser honesto, el lector, queriendo ser sarc�stico tal vez, me ataca de una manera inmerecida. A Dios gracias, ninguna enfermedad de �ndole sexual me ha sido transmitida. Pero es un ataque personal gratuito, ya que hasta el sol de hoy no logro hallar el v�nculo de mi met�fora con su diagn�stico m�dico. Se le agradece de coraz�n, estimado lector, la sugerencia de no transitar tarde en la noche por las inmediaciones de un estadio. S�lo que �qui�n le dijo a usted que mi amigo y yo fuimos v�ctimas del robo en los alrededores del estadio? No hable de lo que no sabe y quedar� mejor, ya que andamos en sugerencias. Bastante lejos and�bamos. Y una preguntita tambi�n: �Por qu� no puedo transitar afuera de un estadio cuando se juega un partido? �No ser� que, a diferencia de las ciudades civilizadas donde un encuentro de f�tbol es s�lo un espect�culo deportivo, en Lima es m�s bien una amenaza porque no es, precisamente, civilizada?�

�Otra posible cercana conclusi�n, es que el citado se�or se encuentre todav�a bajo los efectos post-traum�ticos que le ocasion� el S�ndrome de Michael Jackson y de repente se alucin� con su propio �Thriller�.�

Ac� s� se sali� de cauce. Ya a estas alturas imagino que Lima dir�a: No me defiendas, compadre. Y es que con abogados que usen argumentos as� no s�lo perdemos el juicio sino que nos doblan la condena. �S�ndrome de Michael Jackson? �Y yo que cre�a haber le�do ya todo en este mundo!

Lamento no haber hallado en la carta un solo argumento que haga ver que yo estaba equivocado. S�lo suposiciones y alusiones hacia mi persona. �Lima es bella por esto y por aquello, y usted se equivoc� en esto y en esto otro.� Facil�simo. Hay que aprender a respetar las opiniones de los dem�s. Ustedes tienen tanto derecho a decir que Lima es bella como yo de decir que no lo es tanto. Eso se llama discrepancia. Y debe de ir de la mano de la tolerancia, si no corremos el riesgo de caer en agresiones personales.�

Y esta vez, como lime�o y mazamorrero que tambi�n soy, les dejo esta pastillita para la moral: Nunca se tendr� un mundo tranquilo hasta que se extirpe el patriotismo en la raza humana. Bernard Shaw.


2009-08-02T15:23:00.000-05:00

Lima la horrible

Hoy, martes de proso, Lima me duele. Me duele como me doler�a el h�gado, la clav�cula o el coraz�n. F�sicamente, quiero decir. Y no s� por qu�. O s� s�, y quiz� por eso me duela m�s. Lima no te trata bien; por el contrario, te ridiculiza, te carcome el alma, destroza tus sue�os, y luego, cuando ya est�s seco, cuando no tienes esperanza alguna o tu �nica esperanza es la muerte, te expectora como si fueras un flemazo molestoso. Eso me pas�. Por eso heme aqu� y aqu� heme. �Qu� me quedaba a m� si no era salir por la puerta falsa de esa ciudad antes de que me vuelva loco o me asesine alguien por, digamos, veinte soles? �Que digo veinte! �Si tienes diez, anda con cuidado!

A�orar Lima es como extra�ar a una puta. No tiene sentido. Pero como nada tiene sentido en esta vida y menos en mi vida, pues la a�oro, con todo y su vulgaridad y sus pobres y sus taxis tocando las bocinas por la m�s insignificante causa. Esa es Lima: bulliciosa, ca�tica, delincuencial, loca. As� es su gente tambi�n. �Que no? �Que estoy exagerando? Quiere pruebas el lector y yo gustoso se las brindo, faltaba m�s. Recuerdo una noche en la que un amigo celebraba su cumplea�os n�mero diecinueve. Me llam� para tomar unas cervezas y comer algo. Y que vamos a un barcito de medio pelo, que son los mejores, nos tomamos s�lo un par de chelas y al salir, camino a casa, nos topamos con una turbamulta enloquecida arengando a un club peruano perdedor, y perdonen el pleonasmo. Nos golpearon y nos robaron y a mi buen amigo lo dejaron en calcetines porque hasta las zapatillas reci�n regaladas le quitaron. �Alguien dijo algo, alguien se meti�? �Un polic�a tal vez? �Qu� va! �sos s�lo est�n cuando no se les necesita. �Que era muy tarde y nos expusimos demasiado? Sucedi� a las nueve de la noche y en un barrio de los que llaman �bien�. Imag�nense los llamados �mal�.

En los llamados �mal� la vida vale menos, claro. Por un par de zapatillas no s�lo te atreves a robar si no que, tambi�n, te atreves a matar, y, en el colmo, te arriesgas a que te maten para que no te las roben. Claro que una vez muerto te las roban igual. No hay respeto ni para los finados, y si no me creen dense una vueltecita por la morgue, donde los muertos son vendidos a estudiantes para que hagan sus pr�cticas de medicina. �Y en el cementerio tal vez los dejan descansar en paz? Pues no, porque tienen los muertos que estar pendientes de las flores que les dejan sus deudos, ya que al primer descuido se las roban para revenderlas al d�a siguiente, a mitad de precio, eso s�. Rateros pero considerados.�

Todo all� es mediocre, chato, de medio pelo. Los pol�ticos, salvo uno o dos excepciones, son apenas caricaturas risibles y, ya luego, cuando agarran confianza y por ende el dinero del pueblo, seres m�s bien despreciables. C�mo, si no, calificar a un padre de la patria que, por qu�tame estas pajas, mata a un perrito de un balazo. O a aquel que, no sabiendo c�mo justificar sus excesivos gastos, fragu� facturas de una poller�a, haci�ndonos creer que hab�a gastado un dineral en pollos a la brasa. Los futbolistas, igual, mediocres todos y hasta peor. Nunca una victoria, pero para la juerga y las vedettes, para la cervecita helada a las dos de la ma�ana, eso s�, puntuales como si fuera entrenamiento.�

Y si uno sale a la calle, �qu� encuentra? Ni�os pegados a una bolsa de terokal, que es un pegamento para zapatos, peg�ndose los pulmones de tanto respirarlo, para olvidar sus est�pidas vidas y volverse m�s est�pidos, si cabe. �Y los j�venes? Los m�s j�venes andan mat�ndose a pedradas en peleas de barrios, o de hinchadas, o de pandillas, sin raz�n aparente, s�lo porque no tienen nada qu� hacer. Bonito pasatiempo el que se echan al diario. Pero c�mo culparlos, si no hay de d�nde escoger. Adem�s, qu� importa, que se exterminen entre ellos y listo: muerto el perro se acab� la rabia.�

Da pena hablar as� de Lima pero m�s pena da verla as�. �Que no es as�, insiste, ciego, el lector? Prenda usted un noticiero peruano y con qu� se topa mientras desayuna su caf� con leche y su pan con lo que haya, qu�. Ni�as violadas por el pap�, por el t�o, por el vecino. Ni�os asesinados y violados tambi�n. Muertos en plena carretera, abiertos en canal como reses y mostrados al p�blico porque eso vende. Robos, secuestros, matanzas. Y, a veces, el Presidente Garc�a sonriente porque la inflaci�n baj� dos puntos. �Alan Garc�a, el de las colas, la hiperinflaci�n, los intis devaluados? S�, los peruanos, am�n de muchos otros defectos, tenemos fr�gil la memoria.

Lima, queda claro, es como una mala madre. Como esas drogadictas, alcoh�licas, violentas, que no hacen nada por sus hijos, pero que igual la quieres, sin raz�n, s�lo porque es tu viejita y crees, est�pidamente, que alg�n d�a no tan lejano va a cambiar, aunque al d�a siguiente te vuelva a recibir con otra bofetada. No es tan as�, refutar� alg�n paisano herido por ac�. �Ah, no? �Y por qu�, por ventura, sigues en estas tierras?


2009-08-02T15:22:00.002-05:00

�Ay Diosito, por qu� no te las recoges!

Advertencia: Los personajes, di�logos y situaciones aqu� presentados est�n basados en hechos reales. Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia.�

-�Ay qu� calor! Si abres la ventana del techo -dijo La Puta- soy capaz de sacar medio cuerpo al aire e irme as�. Y en topless adem�s. �Uuuuhh! - dio un gritito, mientras mov�a sus adiposas carnes en el asiento de la camioneta.

Todas se echaron a re�r. La muchacha que manejaba no esper� dos veces y abri� la ventana.

- A ver si te atreves. Hazlo pues - ret� La Fea.

- No, en realidad est� haciendo fr�o -se ech� para atr�s La Puta-. Adem�s est� Gilberto Santa Rosa ac� a mi costado - a�adi�, se�alando a este su servidor.�

- Ya sab�a que �sta no era capaz - le dijo La Fea a la conductora, y ambas se rieron.�

- No, es que... - intent� una excusa La Puta, pero ya hab�a quedado demostrado que perra que ladra no muerde.�

- Mir� que sos chanta, vos - la recrimin�, en broma, la uruguaya. Luego a�adi�: - �Ay, qu� cansada estoy!

- Yo tambi�n - se le uni� en el lamento La Fea -. Necesito un masaje. �Un hombre! �Quiero un hombre!

- Yo tengo dos y uno m�s en proyecto - se ufan� La Puta.

- Pero yo quiero uno joven, con dinero, y con residencia - solt�, ilusa, La Fea, entre risitas.

- Pero por qu� joven, si para el amor no hay edad. Mir�, yo tengo una prima de veintiocho a�os que anda de amores con uno de sesenta. Ah� ten�s.

- �Y todav�a funciona? - pregunt� La Fea, levantando el brazo en claro gesto obsceno.

- �Y yo qu� s�! �Pregunt�le a mi prima!

Se rieron otra vez. El viajecito, ya bastante largo de por s�, empezaba a tornarse en insufrible al tener que padecer esos di�logos y comentarios cuasi oligofr�nicos.

- La se�ora Laura, la que trabaja con nosotros, tambi�n est� buscando un novio jovencito. �Ser� verdad que se oper� las tetas?�

- �Qu� va! - bram� La Puta - �sa no tiene ni para comprarse un calz�n. - �Ay, me pica la teta! No me mires, no me mires - me dijo, rasc�ndose.�

- �Ni zapatillas! Todav�a sigue con las mismas que me quiso regalar antes de irse a Per�, hace como un a�o.

- �Qu� zapatillas? - pregunt� la uruguaya.

- Las que lleva todos los d�as pues. El a�o pasado, antes de irse a Per�, me las ofreci� como regalo, pero le dije que no eran mi talla. Y ahora que ha regresado las lleva puestas a diario - explic� La Fea, alentada por las risas de La Puta.

- �Ay pero qu� criticonas son ustedes, che! No tendr� otras.�

- Las zapatillas sacan un olor asqueroso - sentenci� La Puta.

- Depende. A m� no, mira - se dispuso a demostrar La Fea, sac�ndose una de las zapatillas.�

- No, no, no...�

- Uy no, a mis hijos les sacan un olor horrible. Les reviso las zapatillas y me encuentro con el olor a reques�n

- Ay qu� feo - hizo una mueca de asco La Fea.

- Jajaja. Todo el reques�n les encuentro pues - enfatiz� La Puta, a�adiendo a su comentario una carcajada vulgar. Parec�a orgullosa de que sepamos que los pies de sus hijos no ol�an precisamente a flores.

- Huele, huele. A m� no me huele a nada - La Fea bland�a su zapatilla y amenzaba con �ste a la uruguaya, quien se alejaba no del todo divertida.

La Puta y La Fea, en cambio, se rieron a carcajadas. Luego �sta subi� el volumen de la radio, donde sonaba una bachata.

- �Qu� linda canci�n! - exclam�, pero nadie dijo nada. Al poco rato volvi� a hablar: - �C�mo quisiera ser Paris Hilton para no tener que trabajar! Todos los d�as en mi cama, sin cocinar ni lavar ni hacer nada, viendo novelas y nada m�s...

- Servida, querida - la interrumpi� la urguaya-. Llegaste a casita.

- Okay, nena; gracias - dijo, mientras se bajaba de la camioneta. - Nos vemos ma�ana.

- Si Dios quiere y lo permite - casi or� la uruguaya. Luego arranc� otra vez.

- Todo el dinero se lo gasta en ropa �sta, �no? Esas zapatillas no se las hab�a visto antes - se dej� ganar por la envidia La Puta, no bien nos alejamos un poco.�

- Mientras me pague puntual la movilidad que le doy, por m� no hay problema - mand� una indirecta la uruguaya, y La Puta, acostumbrada a no pagar, acus� el golpe, optando por cambiar de tema.�

- Parece que esta noche va a llover - pronostic�.

- Que llueva y truene; mientras yo ya est� en mi cama, qu� m�s da. Llegamos. Baj�te, baj�te de mi auto - brome� (�o no?) la uruguaya.

- �Ay ya! Te llamo ma�ana - le dijo, mientras la uruguaya hac�a muecas de fastidio. - Para que me lleves a comprar un pantal�n que vi el otro d�a, pues.�

La uruguaya no contest�.

- Bueno, nos vemos ma�ana. P�rtate bien, y si te portas mal, me avisas - brome� La Puta y descendi� del auto. Luego, para m�: - Chau, amorcito.

El auto avanz� otra vez. No pasaron treinta segundos y la uruguaya empez� a hablar.

- Ya no soporto a ese par. Me tienen una teta hinchada y la otra por reventar, che. Que si llev�me para ac�, que si llev�me para all�, que me mueven la radio... �Re jodidas! �Sab�s?, el otro d�a Lucy me cont� que una de �stas anda enredada con...

Al d�a siguiente, las tres, sonrientes, conversaban y bromeaban en el comedor de la f�brica, prodigando halagos a las zapatillas de la se�ora Laura.


2009-08-02T15:20:00.000-05:00

Cuenta conmigo (una biograf�a en n�meros)

Nac� el 27 de Octubre de 1978. Peso al nacer: 4 kilos 200 gramos. Peso de m�xima gordura: 76 kilos tirando para 77. Peso actual: 71 kilos. Edad actual: 30 pero parezco de 25 y quien diga lo contrario morir� de c�ncer. N�mero en el documento de identidad: 10589133. Edad en la que aprend� a leer: 4 a�os. Promedio mensual de libros que comienzo a leer: 6. Promedio mensual de libros que termino de leer: 4. N�mero de veces que he ido a una pollada: 0. A un quincea�ero: 0. N�mero de asistencias a velorios: 2. N�mero de veces que vi la pel�cula Armageddon: 15. Edad en la que escrib� mi primer poema: 8. Edad en la que escrib� mi primer cuento: 18. Promedio de llamadas que recibo al d�a: 3. Promedio de e-mails que recibo al d�a: 20. N�mero de litros de agua que tomo al d�a: 1.�

Edad en que hice mi debut sexual: 15. Edad en la que me met� mi primera borrachera: 18. Talla de zapato: 39. Talla de zapato en Estados Unidos: 8. N�mero de trabajador actual: 10254. N�mero de direcciones electr�nicas: 6. Promedio de veces al d�a que reviso mis e-mails: 4. Promedio de horas diarias que paso frente a la computadora: 5. Total aproximado de eventuales parejas femeninas: 13. Promedio mensual de cr�nicas que empiezo a escribir: 8. Promedio mensual de cr�nicas que termino: 6. Promedio mensual de cr�nicas que publico: 4. Frecuencia con la que me telefonean mis amigos desde que radico en EEUU: 1 vez por mes. Frecuencia con la que telefoneo a mis familares en Per�: 1 vez cada dos meses. Veces por semana que voy al gimnasio: 0. Horas en promedio que duermo al d�a: 8. N�mero de tel�fonos celulares que uso: 1.�

N�mero de hermanos que tengo: 3, y 2 por otro lado pero la historia es larga de explicar. N�mero de amigos que me jacto de tener: 2. N�mero de veces que he ido a un karaoke: 0. Asistencias a matrimonios como invitado: 3. Asistencias a matrimonio como novio: 1. Veces que he hecho el papel de imb�cil al querer bailar en serio: 2. N�mero de veces que he consultado brujos, gitanas, adivinos y chamanes: 0. N�mero de t�tulos acad�micos: 0. Ciclos que me faltan para terminar la carrera de Sistemas Inform�ticos: 1. Duraci�n de cada ciclo ac�demico: 6 meses. Veces que abandon� la universidad: 2. N�mero de veces que he ido al famoso Troca del Callao: 0. Veces que he ido a la no menos conocida casa de lenocinio llamada Las Cucardas: 2.�

N�mero de veces que vot� por Fujimori: 1. Cantidad de veces que he comulgado: 4. Veces que me he confesado ante un sacerdote: 3. N�mero de veces que mand� a la mierda alg�n trabajo: cientos. N�mero de tatuajes que llevo en el cuerpo: 3. Premios literarios ganados: 1. Cantidad de cigarros que fum� entre los 15 y 18 a�os: 3 y � . Cantidad de cigarros que fumo a los 30 a�os: 0.

Cantidad de resultados que arroja una b�squeda en Google para "Carlos Riveros": 12,900. Para "Laura Bozzo": 141,000. Para "Jaime Bayly": 274,000. Para "Jos� Saramago": 1,930,000.�
Para "Vargas Llosa": 2,350,000. Para "Jesucristo": 5,340,000.


2009-07-04T02:02:00.000-05:00

�Escritor fantasma? No, gracias

Imagina que alguien, digamos un amigo, te pide y te apura para que escribas un cuento. Imagina que escribes un cuento con el que te sientes a gusto. Imagina que ese amigo trabaja en una editorial y te lo pide diciendo que existe la posibilidad de publicarlo. Imagina ahora que, c�ndido y confiado, entregas el cuento con la esperanza de que guste y sea aceptado. Finalmente imagina que el cuento gusta y es aceptado por el director de la editorial pero que �ste piensa que lo ha escrito quien lo entreg� y no t�. En buen cristiano, imagina que te meten el dedo. As� me siento yo.�

Primer acto: Convencerme es f�cil

- Ac� donde trabajo se presentan escritores que por uno o dos cuentos al mes reciben una millonada. An�mate, escribe algo acorde a lo que publicamos, yo se lo hago llegar al director, y si le gusta, �bingo!, te publican y cobras tu cheque a fin de mes.�
- No s�, yo no soy un autor infantil. Con las justas puedo escribir un art�culo semanalmente para un semanario.�
- Pero int�ntalo. Nada pierdes. Adem�s, yo s� que podr�s. Tienes talento.�
- Gracias, gracias. Bueno, lo intentar�, pero no prometo nada.�
- Pero tiene que ser antes de fin de mes. Estamos en plena campa�a, y los escritores con los que trabajamos vendr�n en cualquier momento para presentar sus obras. Por eso ser�a mejor que empieces y termines tu cuento lo antes posible. Para ganarles por puesta de mano, �entiendes?
- Okay, a ver qu� sale. Me pondr� a trabajar en eso - termin� la conversaci�n, no del todo entusiasmado.�

Segundo acto: C�mo escribir por horas y no morir en el intento

Aunque no pensaba ponerme a escribir el cuento infantil que me hab�an encargado, ese d�a, por azares de la vida, estuve leyendo una novela donde el protagonista era un escritor que hab�a suscrito un contrato por seis a�os para escribir historias llenas de sangre y cr�menes. El escritor se la pasaba escribiendo d�a y noche para lograr cumplir con el plazo de entrega encomendado, y eso, a la larga, lo lleva a un decaimiento f�sico y mental que lo deja al borde de la muerte. Esa idea me sedujo. Escribir y escribir como si fuera lo �ltimo que fuera a hacer en la vida. Tom� el lapicero y empec� a escribir la entrega para este semanario. Segu� escribiendo en el bus, camino al trabajo. Y continu� al llegar a casa, pasada la medianoche. Recuerdo que esa noche me qued� hasta pasadas las tres de la ma�ana s�lo para terminar con la entrega. Pero s�lo pude dormir un par de horas. Me despert� con la idea de empezar a escribir el cuento que me hab�an encomendado. El sue�o se me fue a las seis de la ma�ana y ya a las siete estaba sentado frente a la computadora dispuesto a sacar alg�n cuento para ni�os. Escrib� por horas y de un tir�n la historia de una ni�a que deseaba volar y que aprende a hacerlo mediante la lectura. Una alucinada donde hab�an palomas que hablaban, perros gru�ones, y hasta magos de barba blanca. Escrib� como un poseso y lo termin� s�lo minutos antes de salir a tomar el bus para ir otra vez a trabajar. Se lo mand� a mi amigo para que lo leyera y respir� tranquilo. No hab�a dormido pero hab�a valido la pena el esfuerzo: el cuento me hab�a gustado, y, lo mejor de todo, hab�a disfrutado al escribirlo.�

Tercer acto: Las buenas noticias no siempre traen cosas buenas

- �Le gust�! �Tu cuento le gust�!
- �Cu�ndo paso por mi cheque? - brome�
- Hoy se lo hice llegar a mi jefe y lo ley� con entusiasmo. De todas maneras lo va a leer detenidamente y a determinar si se puede publicar en esta campa�a o m�s adelante, porque recuerda que vamos a un p�blico espec�fico.
No pude evitar alegrarme. Por fin ver�a mi nombre impreso en un libro, aunque se tratase de un cuento para ni�os.�
- S�lo hay un peque�o problema.
- La alegr�a nunca es completa. Esc�pelo todo.
- El editor piensa que el cuento lo escrib� yo.
- �Qu�? �Y por qu� no le dijiste que no es tuyo? - le pregunt�, un poco alterado.
- Simplemente se lo di y me parece que �l piensa que yo soy el autor. Pero no te preocupes, una vez que me diga que ser� publicado le dir� qui�n es el autor.�
- Eso espero - conclu�, no del todo seguro de que eso pasar�a.

Acto final: La metida de dedo y la amistad perdida

Al d�a siguiente mi amigo me env�a un e-mail donde el director detalla los aciertos y errores del cuento. Para mi sorpresa, los errores son apenas un par. Un par de detalles que afinar y listo, a publicar, termina su e-mail el director.�
- Pero - me dice mi amigo - lo mejor es que el director siga creyendo que el autor soy yo.
- �Qu�? �Por qu�?
- Porque al yo trabajar ac� la gente me va a ayudar. En cambio, si decimos que es tuyo, t� tendr�as que encargarte de la edici�n, de la diagramaci�n, dise�o, dibujos, todo. �Entiendes?
- Claro que entiendo. Pues entonces que no se publique nada. Me da igual. �Al fin me van a publicar un libro y no podr� ver mi nombre en �l? No jodas.�
- Pero es que si no es as�, no te publicar�an nada. Conf�a en m�, los contratos y el dinero que ganes te los enviar� completos. La desconfianza ofende.�
- No voy a la plata. O bueno, no principalmente a eso. Enti�ndeme, siempre ha sido importante para m� publicar algo, algo m�o. Te doy toda la autoridad para que aceptes o rechaces los contratos que creas convenientes, qu�date con el dinero, s�lo deseo que el cuento aparezca con mi nombre. No pido mucho, creo. Y si no, que no sea publicado.�
- Eso no se va a poder hacer. No puedo decir ahora que no quiero que publiquen nada. Lo leyeron y les gust�. Sabes qu�, a�adir� algunas cosas y cambiar� algunos personajes y lo mandar� a publicar. Si quieres me demandas.�
- Si es necesario lo har�a, pero no te olvides que me enviaste un e-mail del director. Tengo su direcci�n electr�nica, as� que si no dices t� la verdad, lo har� yo.
- Qu� ego�sta eres. Sabes que puedes hacerme perder el trabajo si haces una cosa as�. Pero haz lo que quieras. Por m� te puedes ir a la mierda. �
- Ah� te espero, hijo de puta - me desped�, sabiendo que la idea de ser un negro literario, un escritor fantasma, no me seduc�a.�


2009-07-04T02:01:00.000-05:00

Descubriendo al se�or Equis

Sal� a tomar el bus a eso de las dos de la tarde. Hac�a fr�o y ca�a una fina lluvia que apenas humedec�a las calles. Ten�a que ir a trabajar aunque m�s me apecet�a ver c�mo la selecci�n peruana de f�tbol perd�a una vez m�s. Hasta las derrotas se pueden volver adictivas cuando no se tiene nada m�s. Pero me fue imposible pensar en alguna excusa cre�ble que me libere de la responsabilidad laboral.�

Con una mochila en la espalda, mi Ipod en una mano y un libro de la cubana Zo� Vald�s en la otra, sub� al bus pensando que ser�a un d�a m�s. Pero adentro me dar�a cuenta que me equivocaba. Me sent�, como siempre (despu�s de todo soy un animal de costumbres), al final, solo, o casi, si contamos a una anciana que estaba sentaba unos asientos m�s adelante y dorm�a pl�cidamente.�

Me dispuse a leer las �ltimas p�ginas del libro, quer�a terminarlo esa misma tarde para empezar otro que me esperaba en casa. No me di cuenta cuando el bus par� y subieron los nuevos pasajeros. Tampoco me di cuenta cuando uno de ellos se sent� a mi lado. S�lo unas calles m�s all�, cuando levant� la vista para descansar un poco, me di cuenta que me estaba mirando. Mantuve su mirada unos segundos y luevo volv� a las p�ginas. Pero me fue dif�cil concentrarme. Sent�a que me segu�a observando y eso me incomodaba.�

- �El libro est� bueno?- habl� por fin el desconocido. Todo vestido de negro, apenas dejaba ver sus manos trigue�as, donde, en uno de sus dedos, llevaba un anillo en forma de serpiente. Contar�a con diecinueve, veinte a�os tal vez. Ten�a el cabello h�medo y amarrado en una colita de caballo. Era guapo y se sab�a guapo.�
- Se deja leer - respond� secamente. Luego a�ad�: - �Me dejas leer?
- Claro. Aunque para serte sincero me gustar�a conversar contigo un momento.�
Lo mir�. Sonri�.
- Perd�n, no me he presentado. Equis, para servirte.�
Record� inmediatamente la amenaza de muerte que hab�a tenido d�as atr�s v�a telef�nica.
- Y matarme - a�ad�, no sin miedo.
- Eso... bueno, digamos que fue un exceso de mi parte. Me disculpo si te caus� algunos problemas por eso. S�lo quer�a comprobar algo.�
- �El qu�?
- Que todo lo que escribes es verdad. Me explico: me preguntaba si cada cosa que escrib�as era verdad o la inventabas. Te llam� y amenac� de muerte (menuda cosa, perd�n otra vez), para ver si, en una o dos semanas, te atrev�as a escribirlo. Te leo semanalmente y se me hace complicado creer que te pueden pasar tantas cosas. Te envidio, ya quisiera que mi vida sea la mitad de divertida y agitada que la tuya.�
- Exageras. O te minimizas. Dices que no pasan cosas importantes en tu vida. �Te parece poco averiguar el tel�fono de alguien, amenazarlo de muerte, seguirlo, abordarlo en un bus...? �Sigo? �Pero por qu� hacer todo esto para comprobar algo tan poco importante? Si te tomaste la molestia de averiguar mi n�mero de tel�fono, �no hubiese sido m�s f�cil s�lo preguntarme lo que quer�as saber?�
- Pero tu respuesta pod�a ser tanto verdad como simplemente argumentar algo para salir del paso. Yo necesitaba algo que realmente me demuestre lo que quer�a saber.�
- Mi palabra no val�a. Necesitabas hechos.�
- Exacto.�
- Pero sigo sin entenderte. �Qu� m�s da si me invento o no las cosas que escribo?�
- Quiz� para ti no sea importante. Para m� lo es. Si no me pasan tantas cosas importantes o divertidas, �sobre qu� escribir�a? Mira, yo tambi�n escribo, no tanto ni tan bien como t�, y por eso me tienes aqu� frente a ti. Necesito saber qu� escribir, sobre qu�, qu� es v�lido y qu� no lo es. Quiero que me ense�es a escribir.
- A mal �rbol te arrimas. Adem�s, nadie te puede decir qu� escribir, o c�mo escribirlo. Si tienes algo que contar, cu�ntalo, como quieras, a tu manera. Si quieres escribir, s�lo escribe. �Quieres un consejo? Escribe s�lo para ti.�
- Suena f�cil.�
- Quiz� no lo sea. Pero intent�ntalo.
Baj� la mirada. Ahora s�lo parec�a un muchachito perdido busc�ndose en la vida. El bus hab�a llegado a la parada donde ten�a que bajarme.�
- Espero que logres encontrar tu propia voz. Te deseo suerte - le extend� la mano.
- �Al menos podr�a llamarte alguna otra vez, por si necesito ayuda literaria?
- Por supuesto... que no. Pero si vas a dejarme algo en el buz�n de mi casa, como me prometiste el d�a que me amenazaste por tel�fono, espero que sea alg�n cuento tuyo.�

Baj� del bus. Volv� a ponerme los aud�fonos para escuchar las canciones de Loquillo, ese gran cantante espa�ol que hace canciones llenas de nostalgia. Cuando el bus volvi� a iniciar su marcha, vi a Equis apoyado en la ventana, la mirada perdida, pensando, tal vez, en lo grande que le quedaba la ciudad y la vida.�


2009-06-22T00:45:00.001-05:00

Amenaza de muerte


- Buenos d�as, �con el se�or Carlos Riveros?

- Buenos d�as. �l habla. �Con qui�n tengo el gusto?
- Mi nombre lo dejaremos a un lado. Puede llamarme Equis, si desea.�
- �Y en qu� puedo ayudarlo, se�or Equis?
- Bien, ser� claro y directo. Me han encomendado la tarea de matarlo.�
- Ya, �y? �Lo va a hacer por tel�fono?
- Muy gracioso. Bueno, si no quiere que lo mate podr�amos llegar a un acuerdo econ�mico.�
- Es decir, me est� llamando para ponerme al tanto de que usted me va a matar. Y si yo no deseo que eso pase, tendr�a que darle alg�n dinero a cambio.�
- Es usted una persona de r�pida comprensi�n.�
- �Me est� jugando una broma?
- No, lo digo en serio, es usted una persona de r�pido entendimiento. A algunas otras personas se los tengo que explicar uno o dos veces m�s.
- Me refiero al hecho de que quiera matarme.
- No quiero matarlo. Pero tengo que hacerlo.�
- �Y por qu�?
- Es mi trabajo. S�lo cumplo �rdenes.�
- �Pero por qu� alguien querr�a matarme?�
- Las razones no las s� y no me interesan. Usted sabr� qu� habr� hecho y a qui�n. A m� s�lo me contratan, me dicen a qui�n tengo que llevarme al foso, y listo, recibo mi plata.�
- �Y c�mo s� que me habla en serio? �C�mo s� que esto no se trata de una broma de p�simo gusto?
- Yo no bromeo. �Le parece poco que haya dado con su n�mero telef�nico? �Quiere m�s? �Le parece prueba suficiente si le dejo un presente en el buz�n de su casa?
- Esto ya dej� de ser gracioso.�
- Nunca lo fue. Espere mi presente. Luego de eso le doy tres d�as para que decida si desea llegar a un acuerdo conmigo o si debo proceder como es debido. Adi�s.�

Confieso que cuando colgu� el tel�fono no pude dejar de re�rme. Pero de los nervios, claro. �Matarme a m� que soy un pan de Dios! Haciendo un repaso mental caigo en cuenta que amigos tengo uno o dos, pero enemigos, al menos potenciales, s� podr�a contar de dos en dos. Pero aunque me detesten, no creo que alguien me odie tanto como para contratar a un sicario para que me balee. �O s�? No s� qu� pensar.�

La primera persona que me vino a la cabeza fue una centroamerica con la que me enred� hace mucho y estuve enga��ndola por un largo tiempo dici�ndole que la amaba cuando no era as�. Le hice creer un cuento de hadas y todo termin� en una desilusi�n dolorosa para ella. S� que me gan� su odio de la manera m�s merecida, aunque no s� si a tal punto de desear mi muerte.�

All� en Per� hay un tipo de nombre Xander Van der Borgth al que no conozco pero que se hizo mi enemigo desde que yo me hice novio de Patricia. Ellos eran muy buenos amigos -aunque en alguna oportunidad tuvieron una noche m�s traviesa de lo que permite la amistad- y quiz� �l sinti� que era su deber alejar a su buena amiga de un impresentable como yo. Me hizo la vida imposible por un tiempo, pero cual bacteria sobreviv� a sus ataques. Y como lo que no nos mata nos hace m�s fuertes, le termin� ganando la batalla. Ignora y vencer�s. Qui�n sabe, quiz� �l est� detr�s de todo esto. No lo descarto.

Siendo paranoico, me pongo a pensar que alg�n sacerdote o, tal vez, un ferviente cat�lico ha decidido darme un buen susto debido a mis constantes ataques a su iglesia. No creo en ella y lo digo abiertamente, y eso, se sabe, es algo que no se debe hacer ya que la Iglesia Cat�lica Apost�lica Romana es intocable. Quiz�, qui�n sabe, el padre Alberto est� detr�s de esas amenzanas debido a que lo trat� con poco cari�o un par de semanas atr�s. Es muy optimista pensar que me ley� y muy descabellado creer que quiera matarme, pero cuando est�s en esta situaci�n, cr�eme, empiezas a dudar hasta de tu sombra.�

�Y si mi enemigo es alguien m�s mundano y de menor calibre? �Un esposo celoso que me cree capaz de arrebatarle a la esposa? �O la dominicana casada que quer�a un revolc�n conmigo y a la que, en un relato pasado, y sin miramientos, desenmascar� en p�blico, dejando su indebida atracci�n por m� descubierta por todos, y quiz� ahora busca darme un escarmiento como venganza? �Mi amigo homosexual, quien termin� despechado porque nunca le hice caso, a pesar de sus m�ltiples intentos por seducirme?

Parece, queridos lectores, que por fin se librar�n de m�. Qui�n sabe si me leer�n la semana que viene. �Pero porqu� las risas, la felicidad? �No ser�n ustedes los que habr�n hecho la respectiva colecta para contratar a alguien que me d� vuelta? Pregunto nom�s.

2009-06-14T11:44:00.002-05:00

Un escritor entre vosotros


El escritor ha decidido salir un s�bado por la noche. No tiene idea de ad�nde ir, apenas conoce la ciudad porque sale poco o nunca. Prefiere mil veces estar encerrado leyendo una novela o escribiendo algunos cuentos a tener que soportar el bullicio de la urbe y su gente. No le molesta la soledad; por el contrario, es el �nico estado en el que se siente realmente a gusto y feliz.

Pero esta noche el escritor siente la necesidad de salir a caminar sin rumbo y respirar un aire diferente a ese aire enrarecido que a veces siente en su departamento. No pocas veces ha pensado que deber�a abrir las ventanas, pero esa simple tarea le parece fatigosa e innecesaria. Nadie entrar� a ese lugar y no encuentra raz�n para ordenar sus cosas, abrir un poco las ventanas, o botar las botellas vac�as de licor regadas por el piso. El �nico quehacer que cumple con severidad militar es matar a algunas cucarachas indeseables que conviven con �l.�

A pesar de que es verano y la noche es calurosa, el escritor se pone un abrigo negro y una bufanda gris. El escritor es friolento. Adem�s, le gusta vestir as�. Sale a la calle y se siente extra�o. Le cuesta adecuarse a ver gente. Por eso vuelve a entrar a su casa y busca una botella de ron. El licor le ayuda a poner un poco de color ah� donde todo es opaco.�

Ya en la calle, el escritor es uno m�s. Camina mientras piensa un poco en todo y en nada. Poco a poco empieza a sentirse a gusto en las calles y entre la gente. No es nada del otro mundo pero para el escritor es una tarea ardua que siempre lo llena de desasosiego.�

Aunque sus pies siempre lo llevan por calles solitarias y tranquilas, no sabe c�mo ha terminado en medio de un jir�n muy transitado, lleno de tiendas, restaurantes de comida r�pida y algunas salas de cine. Duda entre comer algo o entrar a ver una pel�cula divertida. M�s all� ve una librer�a y no duda: entra a ver si, por fin, alguno de sus libros aparece en un lugar de mayor exhibici�n. El escritor no es famoso y eso, para �l, es un logro. No soportar�a el peso de la fama ni estar obligado a dar entrevistas y mucho menos sonre�r cuando alguien le pidiera un aut�grafo. Escribe para �l y para unos pocos que lo leen con afecto. El �xito, piensa, no es escribir para las mayor�as sino escribir lo que salga de los cojones.

Muchas veces su agente literario le ha aconsejado amablemente -pues el escritor tiene un car�cter irregular y nunca se sabe c�mo podr�a reaccionar- que opte por escribir cosas m�s ligeras y f�ciles de leer; le ha dicho que si sigue as� jam�s aparecer� en la lista de los m�s vendidos y morir� de hambre y en el olvido. El escritor responde a esas sugerencias con un silencio oriental. Piensa, eso s�, que ser�a como prostituirse. Y si no es f�sicamente, la idea de prostituirse no lo seduce, remata con una media sonrisa traviesa.

El escritor se pasea por los pasillos de la librer�a viendo y hojeando algunos libros. Saramago, Vargas Llosa, Eco... Escritores de verdad. Unos pasos m�s all�, casi en un rinc�n olvidado, ve un peque�o estante donde logra percibir, desordenados, sus libros. El estante est� adornado por un cartel que reza �Oferta, cincuenta por ciento de rebaja�. Descubre que est�n rematando sus libros. Acusa el golpe con dignidad y toma dos de sus novelas. En la caja se da con la sorpresa de que una muchacha de unos veinta a�os est� pagando por uno de sus libros. No puede evitar sonre�r. La muchacha voltea y le pide que, por favor, se lo firme. El escritor, que no tiene experiencia en esos trances, le pregunta qu� desea que ponga. La chica sonr�e entre encantadora y coqueta, se arregla el cabello, lo mira con ojos traviesos. El escritor escribe: V�monos a cenar. La muchacha lee y se sonroja. Luego de una pausa le dice que acepta encantada.�

Esa noche el escritor descubre en la muchacha a alguien de una inteligencia exquisita y agradable conversaci�n. Se rieron por horas y se acabaron varias copas de vino y terminaron haciendo el amor en alg�n hotel de paso. Intercambiaron besos, caricias y n�meros telef�nicos. Al amanecer, se despidieron, sabiendo que no volver�an a verse.�

Camino a casa el escritor piensa que, despu�s de todo, salir a la calle, algunas veces, vale la pena.


2009-05-31T20:27:00.001-05:00

Esta Iglesia no tiene cura


La Iglesia Cat�lica est� herida. El que uno de sus sacerdotes haya sido descubierto en una playa con su amante ha sido un golpe devastador. Y lo es porque no se trata de alg�n curita de parroquia de pueblo. El protagonista de dicho acontecimiento ha sido, ni m�s ni menos, uno de sus sacerdotes con m�s seguidores, el m�s medi�tico, uno reconocido internacionalmente. M�s grande el protagonista, mayor el esc�ndalo. Me alegro.�

Esto sirve para cuestionar, una vez m�s, a esa instituci�n hecha y dirigida por hombres, como t� o como yo. Dejemos a Dios a un lado. La Iglesia Cat�lica, quit�ndole ese halo divino, no es m�s que una organizaci�n con jerarqu�as, intereses y manejos de dinero como la m�s de las mundanas entidades.�

Intereses y manejos de dinero, s�, no se me ofendan, que fue por eso, principalmente, que se estableci� el celibato como requisito para los sacerdotes, descartando de esa manera el riesgo que corr�a El Vaticano de perder sus bienes y fortuna a manos de alg�n heredero de Papa. �Y bajo qu� precepto se puede establecer una regla as�? La Biblia no dice nada al respecto, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, aunque claro, en el Nuevo Testamento se habla de que Jes�s no conoci� mujer (o al menos de eso se jacta su Iglesia). Eso, a vista de unos desquiciados, lo convierte en un ser m�s puro. �Como si el sexo fuese impuro! Para la Iglesia, lo es. O, mejor dicho, les conviene que se vea as�. Por eso, arteramente, establecieron el celibato como norma entre sus sacerdotes, matando as� dos p�jaros de un tiro: uno, el de resguardar sus riquezas ante futuros herederos, y, dos, el de pasar a llevar una vida semejante a la de Jes�s: libres del impuro pecado de la carne. �Lo que se pierden!

Pero la Iglesia, est� comprobado, es una organizaci�n desfasada y obtusa. Jam�s da su brazo a torcer. En los tiempos que corren no va a perder nada de lo que posee, por eso deber�a revisar muchos de sus anacr�nicos preceptos. El del celibato, es obvio, es uno de ellos.�

Ahora bien, �el padre Alberto obr� bien o mal? Eso no lo s�. El bien y el mal son t�rminos que tal vez pueda manejar alg�n ente superior; lo que s� pienso es que se equivoc�. Si uno adquiere un compromiso, sea cual fuere, y lo hace de buena gana, sin presiones, sabiendo, adem�s, cu�les son las reglas del juego, tiene que respetarlo. Se cumple y se acab�, no hay tu t�a. El padre Alberto ha salido a decir que est� enamorado; que debajo de es sotana hay un hombre; y que no se puede arrepentir de amar a una mujer. Yo creo que, efectivamente, amar a una mujer (o a un hombre, que hay casos) no tiene porqu� ser pecado o vergonzoso. No lo es. Reprochable es mantener una relaci�n alterna cuando tienes un compromiso en casa, o, dicho m�s claro, hacer lo contrario a lo que se pregona.�

El padre Alberto puede amar a una mujer libremente, sin ocultarse, pero primero debi� hacer una de estas dos cosas: o renunciar al sacerdocio, como lo hacen decenas de curas al a�o para poder casarse y tener hijos, o ponerse los pantalones p�blicamente (antes de quit�rselos en la intimidad) y levantar su voz en contra de lo que cree son normas cuestionables. �Hizo algo de eso el padre Alberto? No. Yo he sido infiel alguna vez y s� bien que los juegos alternos duran hasta que revienta el chupo, por eso me parece que este padre ha esperado que estalle todo para salir a decir lo que tendr�a que haber dicho hace mucho. O sea que, padre, seamos claros, entre fantasmas no nos vamos a jalar las s�banas, si no lo descubr�an usted iba a seguir con su jueguito, �s� o no?

Quiz� ahora salga a decir algunas cosas en contra de la normativa de la Iglesia que realmente piensa, pero ya mucho valor moral no tendr� esa acci�n: lo har� un sacerdote descubierto con las manos en las nalgas y no uno libre de polvo y paja. Nunca una frase fue m�s precisa.�

Si bien no hay que juzgar al padre Alberto, que no es el primero ni ser� el �ltimo en hacer estas cosas, eso est� claro, tampoco habr�a porqu� orar por �l, como, en t�pica postura de m�rtir cat�lico, pide por ah�. Que salga de su l�o como pueda. Y que la Iglesia Cat�lica -que, me parece, agoniza- se modernice y le de a sus torturados pastores y fieles ovejas una visi�n de la fe mucho m�s acogedora.�



2009-05-16T21:16:00.001-05:00

Carta a mam�

Porque es un buen pretexo para decir lo que usualmente no decimos. Porque madre s�lo hay una, pero yo tengo dos. Y porque todos tienen una madre, pero, jojolete, ninguna como la m�a, vuestro columnista deja a un lado odios, rencores y envidias para abrir su coraz�n ante el inminente D�a de la Madre y saldar viejas deudas con la suya.
Antigua de la vida y del amor:

Te preguntar�s por qu� una carta y no una llamada telef�nica, que es m�s f�cil y m�s directa, y seguro que ya, sobre el pucho, te estar�s respondiendo: T�pico de mi hijo. Y es que cu�ndo he hecho yo lo que se espera de m�. Siempre dando la contra, �no? Me conoces, no hay vuelta que darle. Pero la verdad es que quiero que estas palabras no te sorprendan indefensa. Por eso una carta es lo mejor: encuentra el momento indicado, si�ntate, prov�ete de una buena cantidad de pa�uelitos para el moqueo respectivo, qu�date a solas si deseas, y, ya preparada, empieza a leer.�

S� que te debo un mill�n de "te quiero" y ya no hay forma de pagar esa deuda. El tiempo ha pasado y yo dej� escapar las oportunidades de dec�rtelo. Pero, vieja, te quiero. Nunca es tarde, dicen. C�mo no quererte si te veo pateando una pelota conmigo, ah� en el patio de la casa, y calladitos nom�s porque si se daba cuenta mi pap� nos mandaba al parque o a la mierda. Te veo en ese patio jugando carnavales, t� con los pantalones remangados, yo inflando los globos para atacar. �Te acuerdas, Josefa, de aquellos d�as en que me hiciste feliz y yo no me daba cuenta? Gracias a ti aprend� las cosas m�s importantes que debe aprender un ni�o: bailar un trompo, volar una cometa, jugar canicas. No te importaba dejar por un momento tu incansable m�quina de coser Singer, salir a la calle, olvidarte un poco de tu seriedad marcial, y ponerte a jugar con nosotros, arrodill�ndote en la tierra si era necesario. Y, por supuesto, nos dabas una paliza de padre y se�or m�o en esos juegos.�

Si en esos momentos fui feliz, debo confesarte que fui mucho m�s feliz jugando a los pies de tu m�quina de coser. Cada tarde sacaba los pocos mu�ecos que ten�a mientras t� le dabas y le dabas a la m�quina, escuchando una m�sica que con el tiempo supe que eran valses y boleros peruanos. Me aprend� todas esas canciones, sin querer, y a las pruebas me remito: No me dejes solitario que la lucha ser� larga, tengo tantas cosas tristes que matar al coraz�n, que mi vida se hace lenta por las penas tan amargas, se hace lenta y si me dejas marchar� a la perdici�n. Saca las chelas, vieja, que es tu d�a y tengo sed.�

Pero no todo era juego contigo. Tambi�n me llenabas de peque�as responsabilidades para -d�jame adivinar- no convertirme en el holgaz�n que a todas vistas soy. Luego de terminar mis tareas escolares ten�a que terminar con las encomendadas por ti, y s�lo luego de cumplidas todas y cada una de ellas pod�a ver tele, jugar por ah�, o simplemente quedarme sentado sin hacer nada. Esos quehaceres los hac�a a rega�adientes y sin comprender porqu� tanta rigidez, pero ya ahora, con treinta a�os a cuestas, s�lo puedo agradecerte. Era tu manera de educarme, de ense�arme que en esta vida tenemos m�s responsabilidades que derechos, y que debemos cumplir con ellas para vivir felices o al menos tranquilos. �Pero sabes de qu� te estar� aun m�s agradecido, por los siglos de los siglos am�n? De que (casi) nunca me hayas dado tallarines. Sabes que los detesto, por eso cuando preparabas ese platillo para m� ten�as uno diferente. Detallazo, Josefa. Eso pinta a una madre de cuerpo entero: pensar s�lo en ver contentos a los suyos.�

Ahora que estoy lejos, pasando fr�o, trabajando (s�, trabajando, cr�eme), me haces una falta incre�ble. Se te extra�a, vieja. Quisiera borrar la distancia de un plumazo y darte un abrazo y ver tu sonrisa y acompa�arte a cualquier lugar al que vayas. Cambio este est�pido sue�o americano por una tarde junto a ti viendo nuestros partidos de f�tbol. Tal vez pronto me tengas por all�. Amenazo. O sea que esp�rame, no me falles, que el tiempo no nos juegue en contra, porque, �sabes?, mi gran temor es no volver a ver una de tus miradas o sentir una de tus caricias. Vieja, no te me mueras sin abrazarme otra vez, putamadre. S� que el c�ncer no pudo contigo, y sospecho que la famosa gripe porcina es un chancay de a veinte para ti, casi se dir�a que eres inmune a todo, pero el tiempo es tirano y no pide permiso para seguir. Pero no pensemos en eso, mam�, perd�name, es el miedo, mi miedo...�

Hoy soy ya un hombre deshecho pero derecho, con una mujer maravillosa a mi lado, sin embargo creo que nunca podr� dejar de ser tu Carlitos, y eso est� bien, me hace feliz, porque muy dentro de m� t� sigues siendo mi mami, y eso, aunque ya peine canas, tampoco va a cambiar. Gracias, Josefa, mil gracias por cada recuerdo, por cada muestra de cari�o, por cada amonestaci�n tambi�n. Pero gracias, sobre todo, por estar siempre presente. Te quiero, mam�, cerca o distante,�

Carlos.



2009-05-09T12:31:00.001-05:00

Un esposo celoso


Las pocas personas que me conocen saben bien que soy al�rgico a los problemas, por eso, en lo posible, trato de mantenerme alejado de cuanto ser humano pueda, porque s� que son �stos los que mayores problemas traen. Es una decisi�n que trato de respetar religiosamente.

Sin embargo, en este universo mundo eso de mantenerse totalmente aislado es un lujo que apenas pueden darse unos pocos. Los dem�s tenemos que lidiar con gente en el trabajo, en la universidad, a la hora de ir a tomar el bus y un largo etc�tera. No soy la excepci�n. Tengo, d�a a d�a, que salir a trabajar y soportar a no pocos insoportables espec�menes.�

Dir� que en mi trabajo, al menos, hab�a llegado a un punto en el que los dem�s y sus problemas me eran indiferentes y viceversa. Yo no hablaba con nadie y nadie hablaba conmigo. Y si conversaba con alguien, era de manera muy somera y distante, aunque cordial. Uno es mis�ntropo pero no antip�tico ni maleducado.�

Pues bien, �cu�l es el problema ac�?, �qu� tiene que ver el esposo celoso? Chapa tu popcorn que paso a relatar:

Lucy es una dominicana algo mayor que trabaja conmigo, tiene tres hijos, y est� casada o al menos felizmente arrejuntada. Ella se encarga de darnos movilidad a los que no tenemos auto o (aunque en mi caso y) no sabemos manejar. Diariamente nos lleva y nos regresa a nuestras respectivas casas, con lo cual, como es natural, se cre� cierta amistad entre nosotros. Las malas lenguas, que no son pocas, me advirtieron que Lucy hab�a tenido comentarios, por decirlo de alguna manera, halag�e�os sobre m�, aunque la verdad cruda y pelada es que el tenor de esos comentarios era de �ndole m�s travieso y encendido. No le prest� atenci�n a esas advertencias, aunque me puse alerta. Cuando el r�o suena es porque piedras trae, dicen. D�a a d�a iba notando ciertas indirectas lanzadas por ella. Las tomaba con humor y siempre con una sonrisa, pero nunca respond� a una. Lo�
�ltimo que quiero en esta etapa de mi vida es involucrarme�
sentimental/amorosa/sexualmente con otra mujer que no sea mi novia. S�, soy fiel, �y? Aunque, para ser totalmente honesto, lo que m�s me desanima es ser descubierto y verme envuelto en un problema que me dar�a pereza solucionar. O sea que, quiz�, m�s que fiel soy flojo.�

Una noche Lucy es sincera conmigo y me dice, entre otras cosas, que es verdad que ha hecho esos y otros comentarios; que tuvo que defenderse de los ataques verbales de otra chica que trabaja con nosotros, quien le confes� sentirse tambi�n atra�da por m�; y que, si bien sent�a cierta atracci�n hacia m�, no buscaba ni romper mi relaci�n con mi novia ni romper la suya con su pareja. Le agradec� la sinceridad y le dije que siempre podr�a contar con mi amistad, pero que trate de aclarar sus sentimientos para evitar un penoso desenlace en esa incipiente amistad.�

Al d�a siguiente, temprano en la ma�ana, me despierta un mensaje de texto. Es de ella, dese�ndome los buenos d�as y pregunt�ndome si dorm� bien. Luego llega otro, y otro m�s, y quiz� uno m�s. Al d�a siguiente sucede lo mismo. Me tomo el tiempo de responder algunos y otros simplemente los dejo pasar. Empieza as� un juego en el que no veo malicia pero que bien podr�a traer serias consecuencias.�

Y no me equivoco. Luego de varios d�as de estar intercambiando mensajes, recibo una llamada privada. Como estoy en horas de trabajo, y porque en realidad, salvo excepciones, no contesto el tel�fono, dejo pasar la llamada. Luego recibo otra, esta vez de un n�mero local. Tampoco contesto y espero que deje alg�n mensaje. No lo hace, pero me vuelve a llamar cinco minutos despu�s. Recib� varias llamadas en el transcurso de la tarde, y finalmente un mensaje de texto que me conmina a agarrar el tel�fono, que no sea cobarde.�

Sin saber qui�n diablos se atreve a mandarme un mensaje as�, aunque sospech�ndolo, soy yo quien decide llamar.�
- �Al�? - me constest� la voz de un hombre.
- Al�, �con qui�n tengo el gusto?
- Con Perico los Palotes. - En realidad me respondi� tan r�pido que no logr� descifrar el nombre. - �Y yo con qui�n tengo el gusto?
- Con Carlos Riveros. �Me puede decir por qu� me env�a esa clase de mensajes?
- Porque usted est� envi�ndole mensajes a mi mujer.
- �Y qui�n es su mujer?
- Lucy de los Palotes.
- Bien, debo confesarle que s� lo he hecho, aunque sin ning�n inter�s especial.
Ah� se me exalt� Perico los Palotes. Me dijo que no me atreva a seguir mand�ndole mensajes a su mujer, que �l ten�a pruebas, que yo podr�a pasarla mal, y todo ese tipo de cosas que se pueden decir a trav�s del tel�fono. Como yo estaba en horas de trabajo y porque en realidad no ten�a vela en ese entierro, le ped� a Perico que se relaje y que si ten�a algo que conversar, lo haga con su mujer. Luego la llamada se cort�.

Algo molesto, le cont� esto a Lucy. La vi palidecer. No atin� a decirme nada. Esa noche, de regreso a casa, apenas conversamos. S�lo al despedirnos ella se decidi� a pedirme disculpas. Le dije que el mal momento ya hab�a pasado, que su problema mayor era con su esposo y no conmigo, y termin� dese�ndole suerte. Baj� del auto seguro de que ella tomar�a cierta distancia. Respir� aliviado porque me olvidar�a del asunto y porque era viernes y tendr�a todo el fin de semana para descansar.

El s�bado casi al mediod�a me lleg� otro mensaje de texto. Era de Lucy. Dec�a: Hola, s�lo quiero desearte un buen d�a, estoy bien, no pas� nada malo, ya te contar� cuando nos veamos, que espero sea pronto. Al borrar el mensaje, entend� los celos del esposo.�


2009-05-01T12:20:00.002-05:00

Indecisiones, incertidumbre y contradicciones


Porque no todo es s� o no ni blanco o negro. Porque siempre hay variantes en el camino que nos hacen oscilar entre, por ejemplo, ver el vaso medio lleno o medio vac�o. Y porque dudar es humano, he aqu� una lista de su m�s incierto columista.

No s� si quiero quedarme en este pa�s ajeno y fr�o, adonde vine a trabajar, o regresar al ca�tico y perdedor Per�, donde la vida es m�s f�cil aunque tambi�n es m�s f�cil perderla. No s� si me quiero casar, como me pide mi novia, quien alega que son ya treinta a�os los que tenemos a cuestas y va siendo hora de sentar cabeza, o simplemente vivir con ella en uni�n libre, como pienso deber�an ser todas las relaciones, libres, cosa que as�, cuando se acaba el amor, cada uno toma su nuevo camino y sanseacab�. No s� por qu� estudi� Sistemas cuando yo quer�a estudiar Literatura, o simplemente no quer�a estudiar y pasar mis d�as suaves y sin hacer nada. No s� c�mo es que extra�o a mis padres y a mi hermana y no soy capaz de darles al menos una llamada por semana, qu� digo semana, por mes.�

Como casi carezco de sensibilidad social, no llego a decidirme entre querer que este mundo se termine de ir al diablo o luchar por mejorarlo al menos un poquito, haciendo as� un lugar m�s acogedor y menos gris para los que vienen. Mi esp�ritu vacila entre elegir que cremen mi cuerpo al morir o que lo entierren luego de hacer un velorio donde no hayan l�grimas y de hecho no haya nadie m�s que cuatro o cinco personas a las que pienso invitar con anticipaci�n.�

Dicen que la dicha de ser padre es irrepetible, pero yo no s� si en realidad quiero tener hijos o los tendr� s�lo por hacer feliz a mi novia. Tampoco s� por qu� tengo a una novia lejos y a una esposa cerca, cuando en realidad tengo ganas de mandar a traer a mi novia y mandar bien lejos a mi esposa. Cuando regrese a Per�, que espero sea pronto o ya, me costar� decidirme entre una papa rellena o un plato de arroz chaufa de verdad, y no esa mala imitaci�n que venden en los restaurantes locales, que, aunque se les agradece el intento, no llegan a igualar al chino de mi barrio.

No s� por qu� gasto dinero inscribi�ndome en un gimnasio al cual no voy ni por casualidad, cuando s� que soy un flojo redomado al que no le preocupa ni un �pice ver c�mo su vientre se va abultando a base de hamburguesas y papas fritas, y, adem�s, cuando s� que la paso mucho mejor hibernando en mi cama o sentado frente a la computadora. Tampoco s� por qu� un escalofr�o me recorre cada vez que no me persigno al entrar a una iglesia -las pocas veces que las visito- a pesar que soy agn�stico. De hecho soy agn�stico pero me gustar�a creer en Dios.�

Aunque por mis venas corre sangre latina y mi piel est� te�ida de un color oscuro, lo que a voz popular me har�a zalamero y divertido, soy de una frialdad europea. No quiero tener amigos pero no son pocas las personas que me toman como tal, debido, quiz�, a que los trato bien sin saber porqu�. Me gusta la alegr�a del f�tbol pero como soy peruano s�lo conozco el f�tbol y no su alegr�a, sin embargo, en cada partido, me ven entusiasta apoyando a la selecci�n, aunque luego acabe perdiendo y humillada, lo cual no s� si me convierte en masoquista o un simple iluso m�s.�

Dudo entre el negro o el gris al vestir, aunque eso s�, rara vez otro color. No me gusta la cerveza sin embargo mis mayores borracheras han sido gracias a la ingesta industrial de esa bebida. Soy peruano y no me gusta el ceviche, lo cual, para las masas populares, m�s que una contradicci�n es un delito, una abominaci�n. No s� cu�ndo volver� a llamarme Carlos y no Alfredo, que es el nombre que adopt� al pisar estas g�lidas tierras.�

Como ven, soy una duda andante; s� pocas cosas y de esas pocas me contradigo o no estoy del todo seguro. S�lo s� que nada s�. Ni siquiera s� hasta cu�ndo me van a soportar ustedes, mis fieles y/o sufridos lectores.�


2009-04-23T11:00:00.003-05:00

Confesi�n para m�


No, no pude hacerlo. Hubiera sido como traicionarme. La �ltima semana me la pas� trabajando en un cuento basado en otro cuento escrito por un autor peruano. Le intent� cambiar algunas cosas, agregando, suprimiendo, trocando frases y palabras, todo para que se diferenciara del original, aunque la idea primaria segu�a siendo la misma. El resultado a m� me gust�, francamente. No s� si lo mejor� o no, pero leyendo uno y otro vi que el m�o ten�a m�s cuerpo. �Qu� padre le dice feo a su hijo? Ninguno, claro. Yo vi en mi versi�n una mejora y cierta distancia que le hac�an un favor al cuento original. Estaba, digamos, contento y tranquilo con lo que hab�a creado.�

Miento: no estaba ni contento ni tranquilo. Haber hecho eso me llen� de incertidumbre. �Qu� clase de escritor soy si tomo la idea de otro para escribir una historia? De la clase de los que plagian. No estaba a gusto conmigo mismo. No es eso lo que deseo para m�. Me han dicho que escribo bien y que escribo mierda. Me lo han dicho a la cara y no me ha afectado. �Saben por qu�? Porque lo escrito, bueno o malo, es m�o, sacado de adentro, lo que tengo que decir. Si alguien me dice que le gust� un cuento o no, no cambiar� nada en m� porque es lo que he querido hacer. Mi sangre y mis ideas est�n dentro de ese cuento. �Pero que me digan que no les gust� algo que no es �ntimamente m�o? O peor, �que me digan que s� les gust�? Ser�a una farsa, una mentira para con los dem�s y sobre todo para conmigo mismo. Y yo ya estoy harto de enga�os.

Pero exist�a un problema mayor. La fecha l�mite para entregar mi relato se acercaba y yo no ten�a nada para mandar excepto este cuento (semi) plagiado. Me dije a m� mismo que, al menos una vez m�s, tendr�a que cerrar los ojos y hacer algo con lo que no estaba de acuerdo. Le pas� el cuento a mi novia, cont�ndole de qu� se trataba y por qu� lo hab�a hecho. Me reprendi� con una dureza que me asombr�. Me pregunt� que qu� pasaba conmigo, si se me hab�an acabado las ideas. Me dijo que no le parec�a correcto lo que estaba haciendo, que podr�a ganarme problemas con el autor, y que adem�s mi cuento era un bodrio que no merec�a ser publicado. Acus� el golpe, y aunque sab�a que ten�a raz�n en todo lo que me dec�a, me mantuve firme en la decisi�n de mandarlo para cumplir con mi entrega semanal.�

Tambi�n habl� con un amigo sobre esto. Me pidi� que le mande las dos versiones, pero que no le diga a qui�n pertenec�a cada relato. Encontr� vac�os en ambos relatos, tambi�n aciertos, y termin� eligiendo como mejor el que era m�o. "Pero, me dijo, s� se parecen mucho." Me mat�.

Desesperado por encontrar una salida, le escrib� al autor del cuento. Si quer�a mandar a publicar mi cuento, que era casi una copia fiel de la de �l, al menos ser�a honesto y le pedir�a su autorizaci�n. Abr� mi correo electr�nico y escrib�:

estimado max, estoy seguro que no me conoces y eso est� bien. mi nombre es carlos riveros y soy un intento de escritor. te escribo este correo porque deseo pedirte un favor. �sin conocernos y ya con favores? pues s�. mira, hace un tiempo atr�s le� un cuento tuyo en tu blog. la idea del cuento me gust� y qued� rondando en mi cabeza, y esta semana escrib� una versi�n que, seg�n dicen, es bastante parecida a la tuya. eso me desalent�, porque yo quise diferenciar ciertas cosas. te env�o esa versi�n para que la leas. el favor en s� es el siguiente: deseo tu aprobaci�n para publicar mi relato basado en el tuyo, poniendo obviamente de qui�n tom� la idea original. yo publico en un semanario, y es por eso, para evitar problemas, que deseo tu aprobaci�n.�
saludos y gracias,�
carlos.�

A los pocos minutos me respondi�:�

Estimado Carlos:
Gracias por escribir.
Te confieso que soy un poco receloso con mis textos, pero por ser la primera vez, te doy mi consentimiento para que publiques el cuento, siempre y cuando haya la referencia al cuento y a mi blog.
Un abrazo y �xitos en tus futuros proyectos.
Max Palacios.

Ya ten�a el permiso, la tranquilidad para publicarlo. Pero no. Me di cuenta que no era eso lo que ten�a que hacer. Si deseo convertirme en escritor, no debo mentirme. Debo tener la valent�a de sentarme frente a la hoja en blanco y comerme las horas que sean necesarias hasta que me salga algo, lo que sea, pero m�o. La hoja en blanco es como un espejo, y en �l s�lo debo verme reflejado yo, nadie m�s. Por eso abr� nuevamente el cuento, lo borr� por completo y me qued� en blanco. No tuve miedo. Simplemente empec� a escribir y aqu� me tienen, confesando(me) el delito que no comet�. �Y saben qu�? Es de putamadre la sensaci�n de escribir algo tuyo. Espero recordarlo siempre.


2009-04-19T22:52:00.001-05:00

Arrastr�ndome


No es buena idea meterse una botella de ron puro cuando est�s deprimido. Hazme caso.�
Ahora que ya me la met�, lo s�. No lo hagas, hermanito, aguanta el baj�n sobrio nom�s. Es mejor.�
Pens� que me levantar�a el �nimo o al menos que me har�a olvidar los problemas, pero el tiro me sali� por la culata.�
Lo �nico que veo ahora son montoncitos de mierda por todas partes.
Todo lo que toco se enmierda.�
�S� o no, Valeria? Nadie mejor que t� para decirlo.�
No deb� haberte enga�ado por tanto tiempo diciendo que te amaba cuando no te amaba, apenas jugaba contigo para que me dieras dinero y para tratar de hacer tu vida m�s llevadera. Lamento haberte enga�ado as�. S� que ya nunca me podr�as creer algo, pero si al menos pudieras creerme una sola cosa, te pedir�a que me creas �sta: lamento haberte enga�ado de esa manera tan cruel.�
Da igual, no me leer�s.
Tal vez nadie me lee.
�Para qu� diablos escribo si afuera hay una o dos personas que me leen con aprecio y no m�s?
Necesito m�s licor. Y un abrazo. Y un balazo.
Tal vez un trago m�s me cambie el estado de �nimo. Tambi�n podr�a hundirme m�s en esta infernal noche. No me importa. Hoy nada importa.�
En la tele s�lo pasan tragedias y asesinatos y estafas y mujeres violadas y no importa. �Te importa a ti, Dios, si existes? Y si existes, �por qu� no haces nada por solucionar este error que llamaste mundo? Nada importa.
�A qui�n diablos le importar�a que me muera en este instante?
�A ti, Gitana, que fuiste mi mejor amiga pero que igual, como siempre, te perd�? �Llorar�as por mi muerte? �Llorar�as de risa? �Algo?�
�O t�, Carmen Rosa, t� llevar�as flores a mi tumba en agradecimiento por esos momentos que pasamos juntos jugando a ser enamorados?
S�lo hay alguien seguro que llorar�a mi muerte pero est� en otro pa�s.
Patricia.
Ella que vino como un torbellino a limpiar mi vida y poner orden en el caos.
Brindo por ti y por ese futuro que hemos planeado.
Si no me mato ahora es s�lo por ti, ya ni siquiera por m�.�
Te debo la vida y quiz� esta sea una forma de pagarte. Estamos a mano.�
�Pero hasta cu�ndo debo estar separado de ti a cambio de unos billetes que ni siquiera valen la pena porque ning�n dinero vale ning�n esfuerzo?�
Debo ir al ba�o pero temo caerme. S� que me caer� porque estoy borracho y todo da vueltas y tengo miedo de estar solo y que nadie me ayude si sufro un golpe en la cabeza. Quisiera morir pero no agonizar. Odio el dolor, el sufrimiento.�
Voy a ir reptando.
Arrastr�ndome.
Ara�ar el piso para llegar al inodoro y vomitar el alma o morir en el intento. Pero siento el alma estancada en la garganta. Atorando este grito que no acaba de salir.�
Me sostengo del lavatorio. Abro el ca�o. Me mojo la cara.�
Me veo en el espejo y no me gusta lo que veo. Soy un viejo de treinta a�os cansado de la vida. Nada ha valido la pena.�
S�lo me queda esperar a que pase esta tormenta interior. Aguantar, soportar estoicamente los embates de mi pasado. Esperar y aguantar la resaca. Esperar sin tratar de boicotearme, porque soy mi peor enemigo.
Y s�lo una pregunta pasa por mi cabeza: �qui�n me cuidar� de m�?


2009-04-12T16:55:00.005-05:00

Amores de burdel


Cerraremos la chingana, t�o - me dijo Rolo no bien bajamos del taxi. Eran las diez de la noche m�s o menos y est�bamos borrachos.

La m�sica se escuchaba desde afuera. Una de esas salsas movidas y sensuales que hablan de devorar a alguien otra vez. Ay qu� rico. Ca�a a pelo. Est�bamos reci�n en la puerta y ya ol�amos el cigarro, el trago y las mujeres. Un tipo con cara de pocos amigos nos cobr� la entrada y nos dio un papel que era como un ticket, lo que te daba derecho a atenderte con una de las chicas. �Atenderte, dije? Perdonen el idioma puteril, pero ya se habr�n dado cuenta de que estamos en un burdel, y quiz� en uno de los m�s conocidos. Entramos y la luz roja nos envolvi�. �A la mierda! �As� que esto era el cielo? Mujeres en diminutas tangas paseaban sus carnes por los pasillos, a vista y alcance de los voraces ma�osones.
- �Ron o cerveza? - me pregunt� Rolo.
- Ron, huev�n; siempre ron.�
- All� voy si no me caigo...

Se fue al bar a comprar un par de cubalibres. Regres� con una botella de ron. Para no estar yendo y viniendo, me dijo. Nos lanzamos a recorrer los pasillos en busca de alguna agraciada chica, pero como no eran muchas las guapas, entonces las buscamos j�venes, y como tambi�n escaseaban, las que tuvieran menos pinta de puta, y finalmente cualquiera que estuviera desocupada.�
- En tiempo de guerra cualquier hueco es trinchera.
- En tiempo de guerra t� eres capaz de comerte hasta al teniente.�
- �Salud?
- �Salud!

Nos tomamos media botella de ron antes de decidir separarnos. Rolo dijo que buscar�a por el lado derecho. Yo, como siempre, por el izquierdo. Quedamos en encontrarnos en el bar, de ninguna forma nos ir�amos uno sin el otro. �Juntos hasta el matrimonio� rezaba nuestro pacto. Varias puertas m�s all�, vi que Rolo era llevado de la mano por una chica nada despreciable. Me met� el �ltimo trago de la noche. Pase� por un buen rato antes de decidirme a entrar donde Leonela. Y despu�s donde Yajaira. Y despu�s donde una descomunal ecuatoriana que se hac�a llamar Nicole. �Y Rolo?

- T�o - me dijo, sentado en la barra del bar-, he conocido a una mujer fuera de serie.
- �Ac�? Ac� todas son putas.
- S�, pero ella es diferente. Es bonita. Y tiene buena conversaci�n. Me dijo que estudia en la universidad. Y no sabes lo que fue estar con ella. Me trat� con un cari�o especial. Primero me dio un masaje, me dijo que me tomara todo el tiempo del mundo. Ah, y me ha pedido que la espere a la hora de salida para irnos por ah�.
- O�e Rolo, �est�s borracho o eres un huev�n? �Qu� te pasa? Me est�s hablando de una puta.�
- M�s respeto.
- �Se�orita puta, te parece bien? �No me jodas!
- Mira, hasta me dio su n�mero de tel�fono para que la llame cualquier d�a.�
- Eres el �nico huev�n que viene a ligar a este antro. �Qu� incre�ble eres, Rolito!

Nos interrumpi� la voz de alguien que presentaba el show de la noche: Pamela Chu y los cuarenta ladrones. Un bodrio, por supuesto. Una mujer bailaba alrededor de varios varones intentando seducirlos. Dem�s est� decir que la susodicha estaba desnuda. El p�blico ovacionaba. Rolo me agarr� del brazo y me susurr�, Ella es. Le hice un gesto como dici�ndole y a m� qu�.�

Cuando acab� el show la chica recibi� aplausos y gritos y ovaciones. Se cubri� con una bata y camin� entre el p�blico. Pas� entre Rolo y yo. Se miraron y sonrieron. Le cerr� el paso.
- Me han hablado maravillas de ti - le dije.
- Porque hago maravillas. �Quieres probar? - Me tom� de la mano y me jal�. Me dej� llevar. No volte� a ver a mi amigo.�

Media hora despu�s encontr� a Rolo en el mismo lugar, cerveza en mano.
- Eres una mierda - me dijo.
- Novedad. Dime algo que no sepa. �Qu� te pasa ahora? �Celoso?
- Te hablo de esta chica y te metes con ella.
- No me hubieras hablado y todo bien entonces. �En serio le cre�ste todo lo que te dijo?�
- Pero es que es verdad. T�o, tendr�as que conocerla. Es otra cosa.�
- Cr�eme que ya la conoc� bien.�
- Ya quiero que salga para irnos, m�s bien.
- Tendr�s que hacer cola. Como siempre cuando se trata de una puta.�
- No huev�n, qu� cola ni nada, nos vamos a ir a comer un cevichito o un caldo de gallina, t� sabes, para reparar el cuerpo.�
De pronto se call�. Me hizo voltear.
- M�rala, ah� viene.�
Ten�a el cabello mojado, la cara limpia de maquillaje. Era evidente que se hab�a ba�ado. Vest�a un jean azul apretado y una blusa sin mangas. Al hombro, cargaba la infaltable carterita. Se acerc� donde un hombre y lo abraz� por detr�s. Luego lo bes� en el cuello. Al poco rato salieron abrazados.�
- Te apuesto a que el n�mero que te dio no existe - le dije a Rolo.
- Puta de mierda.
- Ella puta y t� tremendo pelotudo. Hoy te recibiste de cojudo.�
- C�llate y chupa conmigo. �Salud!, por ellas aunque mal paguen.
- Por ellas, aunque se les pague.


2009-04-08T00:36:00.000-05:00

Entrevista a Ezio Neyra


Ezio Neyra Magagna (Lima, 1980) es uno de los narradores latinoamericanos con mayor proyecci�n internacional. Es licenciado en Sociolog�a por la Pontificia Universidad Cat�lica del Per�. A fines de 2005 public� su primera novela "Habr� que hacer algo mientras tanto", la cual fue recibida con buenas cr�ticas. Ezio Neyra �en Per�- codirige la editorial Matalamanga y es director de la ONG Ni�o Lee. Dirigi� tambi�n la versi�n peruana de la revista Lamujerdemivida. A fines de 2006 la editorial Alfaguara public� su segunda novela, Todas mis muertes, con la cual se refrend� las expectativas generadas en su primer libro. Actualmente escribe en el blog "Hacer algo mientras tanto" (http://ezioneyra.blog.terra.com.pe/).

Carlos Riveros: Empezar� por la -tal vez- m�s complicada de las preguntas: �por qu� escribe Ezio Neyra?

Ezio Neyra: Porque a veces siento que es la �nica manera de seguir en pie, en un mundo que cada vez me gusta menos. Escribo tambi�n porque se trata de algo f�sico pues hay veces en que necesito escribir, porque si no lo hago empiezo a sentirme mal f�sicamente.

CR: �C�mo descubres el gusto por la literatura?

EN: El gusto por la literatura lo descubr� a trav�s de las lecturas, pero yo no tuve el h�bito de lectura sino hasta alrededor de mis 18 a�os, en donde por fin me ech� a leer. El gusto por la escritura, en cambio, fue bastante anterior. Siempre me gust� inventarme historias, mentir, exagerar.�

CR: �Cu�l fue el o los libros a los que les est�s especialmente agradecido, con los que te sientes en deuda?

EN: Son varios y la lista es larga, pero si debo dar algunos autores, que no t�tulos, yo dir�a Ribeyro, Cort�zar, Kawabata, Auster, Camus, entre otros.�

CR: Cuando me siento a escribir, necesito un vaso con agua, tener algunos libros sobre la mesa, y estar completamente solo. �T� tienes alg�n, digamos, ritual al momento de escribir?

EN: Creo que hasta hace algunos a�os era m�s fetichista. Recuerdo que cuando viv�a en Italia, a donde de alguna manera fui para hacerme escritor, o empezar a sentirme como uno, me compr� una vieja m�quina de escribir con la idea de que tener una no s�lo me har�a un escritor m�s r�pidamente sino tambi�n con la idea de que me har�a un buen escritor. Como si una m�quina pudiera decidir eso. Ahora, en cambio, quiz� tambi�n porque las responsabilidades aumentan y el tiempo apremia, puedo escribir en cualquier lugar, sin importarme cu�nta gente haya, con una computadora, sobre un cuaderno o incluso sobre una servilleta.�

CR: Seg�n tu criterio, qui�n deber�a ser el siguiente ganador del Premio Nobel de Literatura.�

EN: Ni idea, Carlos.�

CR: �Cu�l es el autor que recomiendas siempre?

EN: Depende del momento en que se me pregunte y de qui�n me pregunte. Normalmente, recomiendo "El extranjero", de Camus, que me parece un libro fant�stico para quienes se est�n acercando a la literatura. Tambi�n me gusta recomendar las tres novelas de Paul Auster conocidas como la "Trilog�a de Nueva York", y, si se trata de citar a un autor a quien he empezado a leer m�s recientemente, yo recomendar�a a Kawabata y sus "Pa�s de nieve" y "Lo bello y lo triste".�

CR: �C�mo se llama el libro que est�s leyendo?

EN: Ahora mismo leo "El siglo de las luces", de Aleja Carpentier, que es otro autor que me fascina.�

CR: Aunque las cifras no son �ptimas, me parece que en Per� ha renacido el gusto por leer; como que la gente, sobre todo los j�venes, despertaron y se cansaron de la tev� basura. �C�mo ves la movida cultural en Per�?

EN: Puedo hablarte de Lima, mas no de todo el Per� pues lamentablemente sigue siendo dif�cil estar al tanto de lo que sucede en las provincias de nuestro pa�s. Per�, como muchos otros pa�ses latinoamericanos, sigue siendo un pa�s centralizado. Desde hace algunos a�os, en Lima ha venido sucediendo algo impresionante en cuanto a la movida cultural. No s�lo empezaron a aparecer varias editoriales independientes a partir de 2003, trayendo como consecuencia que varios autores muy j�venes se animaran a publicar sus primeros libros, sino tambi�n se abrieron nuevas galer�as de arte, nuevas revistas, nuevos teatros, etc�tera. Lima hoy en d�a es una ciudad con much�sima actividad cultural que vale la pena recorrer. Ojal� que esto no dure tanto como la bonanza econ�mica que atraviesa nuestro pa�s. Sin embargo parece que s�. Por ejemplo, el proyecto del Museo de Arte Contempor�neo parece que seguir� retras�ndose debido a la falta de auspiciadores.�

CR: Para finalizar, �est�s trabajando en una novela actualmente?

EN: S�, trabajo en una novela que me encantar�a llamar "La vida breve", aunque lamentablemente Onetti ya haya publicado un cuento con el mismo t�tulo.

CR: Gracias, Ezio. Lo mejor para ti.


2009-03-29T18:36:00.002-05:00

Voces del m�s all�

Lunes. Llego tarde en la noche del trabajo y, luego de comer algo y revisar mis correos electr�nicos, me acuesto a dormir. Me doy mil vueltas en la cama pero no logro conciliar el sue�o. Pienso que no deb� comer antes de irme a la cama. Ya no soy un chiquillo. Cuento ovejas. Cuento mis defectos (a lo Wilde). Cuento hasta mil. Por fin me duermo. Lo que sue�o, sin embargo, es perturbador. Estoy en una Lima an�rquica, ca�tica (se dir�a que como es normalmente, pero no, hay un algo suprarrealista adem�s). Camino por callejas malolientes y sucias, con paredes pintarrajeadas y muchachos vestidos con harapos. Me se�alan un letrero donde leo �gimnasio�. Me acerco y veo a trav�s de la ventana. Hombres y mujeres musculosos hacen ejercicios en m�quinas destartaladas y oxidadas. Una se�orita sale y me dice que la mensualidad cuesta tanto y est� abierto de tal a tal hora. A�ade que, para ser aceptado, debo levantar una pesa de varios kilos. Lo intento. No puedo. Lo intento una vez m�s. Vuelvo a fracasar. No entiendo por qu� me esfuerzo tanto en levantar tantos kilos si yo no deseo ser miembro de ese gimnasio. Decido intentarlo una �ltima vez pero definitivamente no puedo. Resignado, avergonzado, le digo a la se�orita que lo olvide, que nunca podr� pertenecer a su gimnasio. Me declaro un debilucho que s�lo puede levantar la cuchara para comer. La se�orita sonr�e diplom�tica y se va, dej�ndome solo. Cuando volteo, caigo en cuenta de que los muchachos harapientos estuvieron viendo mis frustrados intentos entre risas, sobresaliendo de entre todos esos rostros sucios y marcados por un feroz rictus maligno la cara de un amigo de colegio muerto en un accidente automovil�stico. Dio un par de pasos adelante y sin sonre�r ni dibujar gesto alguno, me dijo:

- Nunca fuimos amigos.�

Hu�. Corr� primero y camin� deprisa despu�s, dejando atr�s a esa multitud harapienta y malhadada. Cruc� jirones y calles vertiginosamente, medio perdido a pesar de saber que estaba en el Centro de Lima. Llegu� a una plaza con un aire medio europeo. Tanto pod�a ser Lima como Par�s o Amsterdam. Edificios altos, j�venes guapos conversando a saber de qu�, una catedral enorme y hermos�sima, chicas en patines. Todo eso estaba viendo cuando de pronto, de la nada, me vi acompa�ado por mi difunta abuela. Me pidi� que la acompa�e a la iglesia. Acced� no de muy buena gana. Nos encamin�bamos hacia la catedral cuando unos muchachos comenzaron a molestarnos y a tirarnos piedras o algo parecido. Maldita suerte. Mi abuela caminaba lo m�s deprisa que pod�a y yo la apuraba m�s, mientras devolv�a insultos y amenazas a nuestros hostigadores. Subimos por unas gradas que no ten�an fin y al fin ingresamos a la iglesia, donde nos sentimos m�s seguros. Todo estaba oscuro ah� adentro. Algunas velas mal iluminaban a un Cristo crucificado y doliente. Cruzamos el atrio y pasamos a una sala que era el ingreso a un museo. Dentro, era como una cueva laber�ntica con muchas velas y estampitas en las paredes, gente arrodillada rezando o llorando apoyada a la pared. Me pareci� un cementerio. Dejamos el museo y volvimos a la plaza. Cuando intentamos cruzar una avenida, una carroza f�nebre casi nos atropella. Fren� a tiempo. Le hice un gesto de paciencia, se�alando adem�s a mi abuela, que caminaba despacio. El chofer dentro del coche me ense�� el dedo medio. Luego sac� la cabeza por la ventana y grit�:

- �Ap�rate o no llego a mi entierro! �Mal amigo!

Apuramos el paso. Mi abuela segu�a tomada de mi brazo. Estaba bien as� porque �bamos a cruzar una especie de autopista donde los autos pasaban a mil por hora. Con suerte y cautela logramos cruzar una, dos, tres pistas asesinas. Nos detuvimos en un �valo. No sab�amos bien para d�nde ir: por una lado hab�an m�s pistas por cruzar y por el otro nos esperaban unos muchachitos con pinta de ladrones. Tomamos el camino de los ladronzuelos. No sin temor, caminamos -creo- conversando, tratando de aparentar seguridad y soltura, pero a medida que nos acerc�bamos a los muchachos nos dimos cuenta que eran unos pordioseros que s�lo esperaban unas monedas, apelando a la generosidad de los peatones, y para eso mostraban unos carteles donde se le�a �Jes�s te salvar�, �Dios es amor�, �Cristo viene, prep�rate�. Por supuesto, no les di nada. Unos pasos m�s all� sent� que mi abuela se aferraba a mi brazo con m�s fuerza y sollozaba un poco. Volte� la cara para verla y me dijo:

- No fuimos amigos.

Entend� eso como un lamento. Creo que quiso decirme que, en vida, no hab�amos vivido una aventura juntos, nada nos hab�a unido m�s que el lazo de consanguinidad. No lo s�. Esa frase qued� flotando. Yo cambi� el tema pidi�ndole que me espere mientras entraba a una vieja librer�a. Iba a buscar el m�tico �2666�, del maestro Bola�o. Sin embargo, cuando quise ped�rselo al librero no record� el nombre. Apenas pude darle algunas pistas del libro y, afortunadamente, el librero dio con �l, dici�ndome que, desafortunadamente, no lo ten�a entre sus libros. Le agradec� y me fui. Cuando sal� me encontr� con Leo, el perro que abandon� en Per� y, sospecho, muri� de tristeza y hambre. Antes de que me dijera algo, me despert�.


2009-03-29T18:24:00.001-05:00

Ciudad de pobres corazones


�Cu�ntas muertes son muchas?
(Inquietante pregunta pintada en una pared.)

Primera historia: Susana tiene 19 a�os reci�n cumplidos y est� contenta porque hace poco consigu� un trabajo en una f�brica. Aunque la paga es poca y el horario brutal, casi doce horas corridas con un descanso de media hora, se siente aliviada al tener c�mo ayudar a su madre con el alquiler de la casa. Todos los d�as sale a las seis de la ma�ana para tomar el autob�s y regresa pasadas las ocho de la noche. Una noche, sin embargo, Susana no regresa. Su madre se preocupa y acude a la polic�a, donde recibe largas y a veces malos tratos. D�as despu�s Susana es encontrada en la parte m�s despoblada de la ciudad. Est� casi irreconocible. Ha sido vio lada; ha sufrido la mutilaci�n de los senos; ha recibido veinte, treinta pu�aladas. No se sabe qui�n o qui�nes son los asesinos.

Segunda historia: Laura, de apenas 14 a�os, sabe que no debe hablar con desconocidos. Se lo repite, incansable, su abuela, quien adem�s, para meterle miedo, a�ade que los hombres tienen cuatro manos porque tambi�n tocan con los ojos. Laura va a la escuela en las ma�anas. En la tarde, de regreso a su casa, es interceptada por un tipo que no le da tiempo a gritar ni pedir auxilio, la mete a un auto y se la lleva. Nunca m�s se volver� a saber de ella.�

Tercera historia: Cecilia se hace llamar Dayanna cuando trabaja. Es prostituta pero no se averg�enza de eso: es la �nica manera que tiene de llevarles algo de comer a sus tres hijos. Tiene 36 a�os de edad pero aparenta muchos m�s. La vida, sin duda, no la ha tratado bien. Hace casi 20 a�os que se dedica a vender su cuerpo a clientes borrachos y agresivos. Una noche, luego de atender a un cliente, es golpeada por �ste y pierde el conocimiento. Una semana despu�s un peri�dico sacar� esta noticia: Ciudad Ju�rez devora a otra de sus hijas: hallan a mujer estrangulada en Lote Bravo.

Estas son apenas tres de las cientos de historias que arrastra como una cadena doliente Ciudad Ju�rez. Aunque generalmente son mujeres de origen humilde, trabajadoras de las llamadas maquiladoras, tambi�n se hallan entre las v�ctimas camareras o estudiantes. No importa la edad, el f�sico, el color de piel. Ser mujer en Ciudad Ju�rez es un peligro.
Casi todas son halladas con signos de severa tortura, mutiladas, violadas y lanzadas a terrenos abandonados. Eso, como digo, cuando son halladas. En otros casos las v�ctimas nunca son encontradas y sus familiares tiene que vivir con la angustiante incertidumbre de no saber el paradero o destino de sus seres queridos.

Todo esto comienza en enero del a�o 1993, fecha en que se documenta el primer asesinato, el de la ni�a Alma Chavira Farel. Con el paso del tiempo, el n�mero de muertes, donde se aprecia la misma brutal violencia, va aumentando a�o tras a�o, debido, dicen los pobladores, a la desidia de las autoridades y polic�as, que no hacen nada por impedir que contin�en los asesinatos y desapariciones. Se sabe la fecha en que comenz� todo esto. La pregunta es cu�ndo terminar�.

�Qui�n o qui�nes est�n detr�s de estas muertes? �Qui�n oculta a los culpables? �Qu� mueve a estos asesinos no s�lo a matar, sino tambi�n a torturar con desmedida crueldad a sus v�ctimas? Se han tejido diversas hip�tesis al respecto, desde los rituales sat�nicos hasta las org�as de narcotraficantes, y hay quienes incluso se aventuran a decir que se trata de sacrificios humanos para el rodaje de filmes-realidad (snuff movies) donde la v�ctima es violada, torturada y asesinada ante la c�mara.

Lo �nico real es que las mujeres siguen siendo asesinadas de forma impune, a pesar de las capturas de aparentes culpables, que han servido m�s para calmar a la poblaci�n que para detener los homicidios. La polic�a y el Gobierno Municipal act�a de manera negligente, seg�n testimonio de madres que han acudido a denunciar una desaparici�n. �Nos dijeron con iron�a que a lo mejor se hab�a ido con otras amigas o por su voluntad y ellos no tomaron el caso en serio. No respetaron nuestra denuncia y no pusieron el inter�s necesario�, relata do�a Manuela Simental, que perdi� a su hija de 19 a�os en 1997. Su b�squeda contin�a, al igual que la de otras muchas madres que no pierden la esperanza de encontrar a sus hijas con vida. Afortunadamente estas personas han encontrado ayuda en organismos de derechos humanos internacionales. Se han creado movimientos y grupos que brindan apoyo y abren un nuevo camino para esas mujeres que s�lo piden justicia.

Hay que acabar con ese silencio c�mplice que rodea estas muertes. Debemos de terminar con estas muertes y desapariciones que enlutan a familias enteras. No seamos indiferentes. Abre los ojos antes de que sea tu turno. No necesariamente se puede llamar Ciudad Ju�rez la ciudad donde pierdas a una hija, a tu madre, a una hermana. No hay que permitir una sola muerte m�s. Ni una m�s.

2009-03-21T17:28:00.002-05:00

ensalada rusa

contaba con veinte primaveras m�s o menos vividas, porque valgan verdades siempre he sido medio monse, aburrido para que me entiendas, ya sabes, no bailo, no me gustan las fiestas, ese tipo de cosas, un nerd, okay, pero te dec�a que ten�a veinte a�os cuando me met�, perd�n, me metieron a trabajar como vigilante en una cooperativa, algo as� como un banco, una mutual, la verdad no s� qu� diablos era, pero yo cuidaba las oficinas en la noche, felizmente adem�s, porque no me cruzaba con nadie, cuando yo llegaba ya todos se hab�an ido a sus respectivas casas a maldecir por la vida que les hab�a tocado en suerte, aunque una que otra vez s� me cruzaba con alguien, sobre todo los viernes, que era el d�a en que los empleados m�s borrachos usaban de cantina las oficinas, empezando por el gerente general, a quien por cierto, y aqu� entre nos, le ten�a un odio visceral porque era un pobret�n con poder que se alucinaba el m�s importante de los seres humanos y miraba a todos por debajo del hombro, y eso que era casi enano, pero que en paz descanse, un c�ncer a no s� d�nde se lo llev� al m�s all�, y yo muy triste no me puse por la noticia, la verdad ante todo, dir�a que hasta una leve sonrisa se dibuj� en mi rostro, pero es que no saben ustedes lo que es detestar a tan detestable ser, o quiz� s� y hasta me entienden, seguro que tambi�n conocen a alguien as� a quien secretamente le desean un mal, no se me hagan los santitos, si ya hasta est�n sonriendo recordando ese rostro de quien tanto desprecian, no los conocer�, odiar es humano, no se averg�encen, y los que puedan, como yo, disfruten, odiar no es un delito porque hasta dios odi�, y si no preg�ntenles a los mercaderes del templo, a quienes les esparci� toditas sus mercader�as por el suelo, sin contar a los animales que solt�, y ah� s� hay que aplaudirlo, por fin se hizo una, dej� en libertad a esos desafortunados animales que ten�an como seguro final el sacrificio, la muerte, innecesaria por lo dem�s, s�lo para aplacar la sed de sangre de dios, o al menos eso dec�an los sacerdotes, que a su vez citaban las santas escrituras, pero habr�a que preguntarse si son muy santas esas escrituras si te conminan a matar a un indefenso animal para calmar a un dios que probablemente no exista, o sea que tampoco nos vendan gato por liebre, si dios existe d�jenlo que hable, bastante grandecito debe estar, y si no, no hablen por �l, no se aprovechen de su nombre, raz�n ten�a el fil�sofo alem�n al decir que la religi�n es el opio del pueblo, que qu� fil�sofo era ese, karl marx, mi tocayo ten�a que ser, y no me digas que no lo conoces, disimula aunque sea, di que s� y quedas bien, ya despu�s vas y lo buscas en tu enciclopedia, o en internet, da igual, la cosa es buscar y encontrar, leer y aprender, s�, leer, qu� flojera, pero no me cansar� de repetir que es necesario, importante, b�sico, vital, casi una obligaci�n que leas algo, cualquier cosa, aunque sea esto, que ya ves, como jugando te lo est�s leyendo completo, palmas compa�eros, y te apuesto que a la hora de almuerzo, en el receso del trabajo, vas a tener otro tema de conversaci�n que no sea el vacuo comentario, de pronto le saldr�s a tus compa�eros con lo de la religi�n es el opio del pueblo y te van a mirar como diciendo deja de fumarte el opio, el perejil, el or�gano o lo que sea que te est�s metiendo para decir esas cosas, pero t� tranqui, el que no la debe no la teme, a no ser que tambi�n, de vez en cuando, en busca de solaz y divertimento, te fumes alguna hierbita m�s sana que el tabaco pero menos mejor vista, que esas injusticias tiene la vida, y si �se es tu caso, bien por ti, qui�nes somos para juzgar, cada quien hace con su cuerpo lo que le venga en gana, derecho intr�nseco que ya va siendo hora que sea respetado, sobre todo por los gobernantes que se creen con autoridad para decirte qu� te puedes llevar a la boca o no, a la nariz o no, o a otros orificios menos visitados, para no hablar de la libre decisi�n de la mujer a decidir qu� hacer con su sexualidad y el fruto de ella, en todos se meten las autoridades, y tambi�n, c�mo no, los sacerdotes y su moralina, que si no es delito es pecado, acab�ramos, visto as� tan libres no somos, pero en fin, este mundo est� m�s revuelto que este art�culo, en el que empec� a contar que ten�a veinte a�os cuando entr� a trabajar de vigilante como pretexto para lanzarme a decir todas estas cosas, y porque valgan verdades, siempre quise escribir cualquier cosa que pudiera titular ensalada rusa.

2009-03-15T20:49:00.006-05:00

Turbulencias (o la cr�nica semanal del infortunio pasajero)

Esta semana no ha sido nada amistosa: me qued� sin trabajo de la noche a la ma�ana; han aparecido deudas hasta por debajo de mi cama; el reencuentro con una amiga de la juventud revivi� infundados temores en mi novia; y encima, para colmo de males, el equipo de f�tbol de mi hermano, el pundonoroso Sport Inka, no levanta cabeza y a duras penas ara�a un empate. Nunca una alegr�a. �Una pistola por favor!

Ya son casi dos semanas desde que mi jefe me llam� temprano y cort�s para decirme que no vaya a trabajar porque no hab�a trabajo, as� de simple, as� de f�cil. Lo tom� con calma, un descanso no le viene mal a nadie, menos si -como yo- es alguien perezoso que prefiere quedarse en cama leyendo mientras el mundo sigue su ritmo endiablado all� afuera. Si no hab�a trabajo por un d�a estaba bien. Claro que no sospech� que ese descanso se prolongar�a por tanto tiempo. Lo llamo y lo llamo y siempre la misma respuesta de su parte: paciencia, la situaci�n est� lenta. �Como si yo no supiera que la situaci�n est� lenta y fea y dura! �Creer� que lo llamo para que me diga las noticias? Me dice que lo siga esperando, que ser� el primero al que llamar�. Encima florero, chamuyador, hablador me result� el jefe, y ya imagino que estar�n diciendo que es peruano, pero no, es un americano de siete suelas que dice que ser� el primero al que llamar� cuando ya a otros los ha llamado. As� las cosas, comienzo a ir a cuanta agencia de empleos conozco o a enviar mi resum� por internet. A lo Per� pero en ingl�s. La misma huevada. S�lo que ahora se pronuncia �huivauda�.

El d�a jueves fui con mi hermano a tentar suerte en una de estas agencias. Nos tomaron los datos, llenamos mil formularios, y luego hablamos con el supervisor, quien nos dijo que nos llamar�a en cuanto tenga alg�n puesto disponible. Callados pero no derrotados, heridos pero no vencidos, nos fuimos a almorzar a un acogedor restaurante peruano. Disfrutaba de un delicioso Arroz Chaufa cuando de pronto ingresan dos amigos de mi hermano y a los gritos lo saludan y se bromean con el mesero y se sientan al costado de nuestra mesa. Se pudri� todo. Digamos que su conversaci�n oscil� entre la broma barata y el comentario vulgar. Nada digno de rescatar. Yo me dediqu� a acabar con cuanto arrocito hab�a en mi plato mientras dejaba a los amigos molestar al mesero, por ejemplo. Y estaba viendo el estacionamiento, pensando en mis problemas, cuando de pronto uno de ellos, faltos�n, me espet� la siguiente pregunta, como quien lanza una exigencia:
-�Y ya vas a aprender a manejar? - como diciendo cu�ndo pues, huev�n.

A mi cu�ado (porque me conoce) y a mi hermana (porque es mi hermana) les aceptar�a una conminaci�n de esa clase, pero no a un desconocido impresentable. Le respond� lac�nicamente que no, para que entendiera, adem�s, que no deseaba conversar. Luego me aconsej� que aprendiera, que en este pa�s no se hac�a nada sin carro. Todo consejo se agradece, por supuesto, pero, me parece, son mejor acogidos aquellos que pedimos. Traducido: si no te piden tu consejo u opini�n, m�tete la lengua al culo. Cuando terminaron de almozar se levantaron y se depidieron de mi hermano, entre risas; despu�s se despidieron de m�, espero que para siempre. Mi hermano y yo nos encaminamos a hacer lo que hace la mayor�a de peruanos desempleados: emborracharse. No se gana pero se goza, se�ores.�

Esta semana no ha sido muy atenta. No conforme con todos los problemas que tengo en mi haber, debo, adem�s sumarle el que se cre� a ra�z de un mensaje que le escrib� a una vieja amiga, de la que alguna vez estuve enamorado. La encontr�, despu�s de a�os, a trav�s de internet y me aventur� a escribirle un e-mail lleno de afecto y nostalgia. A los pocos d�as me contest� con el mismo cari�o de siempre. Me cont� que estaba a punto de ser mam� por segunda vez, que la vida la hab�a tratado bien, y que tambi�n ella me recordaba con afecto. Cuando se lo cont� a mi novia Patricia, sin embargo, el cari�o fraternal se convirti� en amor solapado, la nostalgia en ardientes ganas de revivir el pasado, y mi amiga en casi una amante. In�til fue todo intento por explicarle que no hab�a ning�n inter�s subalterno en mis deseos de reanudar esa antigua amistad. Me dijo que no le agradaba la idea de que removiera sentimientos aquietados, que lo mejor ser�a que olvidara a esa amiga de la que estuve, en una etapa confundida de mi vida, muy enamorado. Aunque comprendo la reacci�n y el temor de Patricia, esta vez no doy mi brazo a torcer. Lo que siento por mi amiga es s�lo afecto y agradecimiento por tantos y tan buenos recuerdos, mientras que a Patricia la amo. El amor y la amistad son sentimientos que no tienen porqu� entrar en competencia. Luego de una larga conversaci�n, Patricia me sorprende con una frase que me demuestra la gran mujer que es. Me dice, simplemente: Yo conf�o en ti. Y yo, claro, siento que la amo un poquito m�s.

Esta semana estuvo algo movida. S�lo me queda esperar la mejor�a.

2009-03-15T20:49:00.005-05:00

La venganza

El sargento, desde su oficina, ve�a al cabo Rond�n abrazado a Erika, su novia, quien, aprovechando el d�a de visita, fue a llevarle un poco de comida y frutas y cigarrillos, tambi�n besos y caricias que, por discreci�n de los amantes, no detallaremos aqu�. El sargento, medio oculto tras las cortinas, se relam�a imaginando el cuerpo desnudo y joven de Erika. Ten�a las manos en los bolsillos.

Era el segundo domingo que el cabo Rond�n se quedaba castigado sin saber porqu�, pero como buen soldado, no cuestionaba las decisiones de sus superiores. Acataba �rdenes y cumpl�a con sus obligaciones con responsabilidad, y siempre lo mejor que pod�a, por eso le extra�aba esa dureza inclemente del sargento para con �l. Pero el hecho de que sus recientes castigos coincidieran con la primera visita de Erika al cuartel no significaba nada para �l, aunque no as� para el sargento, que desde el domingo en que vio a Erika por primera vez plane� la forma de verla m�s seguido. Cada domingo el sargento se duchaba, se recortaba meticulosamente las u�as, buscaba entre sus camisas blancas la m�s blanca y la planchaba con tanta paciencia que no se ve�a arruga ni doblez alguno, y, finalmente, se perfumaba de manera excesiva, aunque esto �l no lo sab�a, es un comentario nuestro. Esta pulcritud de soldado hab�a hecho que su matrimonio fracase; confund�a a su esposa con una empleada a la que le exig�a mantener el hogar limpio, la ropa bien lavada, y todo en perfecto orden. Le exacerbaba sobremanera el desorden, por eso, no pocas veces, tuvo reacciones violentas en las que agredi� a su esposa. Esa fue la raz�n por la que, un buen d�a, cansada de tanto maltrato, �sta lo abandon�. De eso hac�a casi tres a�os.

El sargento sale de su oficina y va directamente donde los novios. Le notifica al cabo Rond�n que ma�ana mismo deber� integrarse al pelot�n que saldr� a peinar la zona en emergencia, poblados alejados de la ciudad que est�n en manos de terroristas.

- Pero sargento, yo...

- �Sin peros, cabo! -grita el superior.- Le recomiendo que prepare sus cosas ahora mismo. El deber de todo militar es estar siempre a disposici�n de la patria. �Comprendido?

- �Comprendido, mi sargento! - se cuadra y saluda el cabo Rond�n.�

- La visita se termin�, se�orita - dice el sargento, mirando a Erika con encendido inter�s, quien, t�mida, baja la mirada. - Perm�tame escoltarla a la salida.

Los novios se despiden de manera apresurada. Metros m�s all�, el sargento espera impaciente.

El cabo Rond�n est� dentro de su barraca, preparando la ropa que va a llevar al d�a siguiente, lustrando sus zapatos y separando las botas de caucho para cruzar r�os. Limpia y revisa su arma una vez m�s, sabe bien que es mejor prevenir que lamentar, no quiere sorpresas al d�a siguiente. Toma un retrato de su madre y una foto peque�a de su novia y las mete dentro de su maleta. El cabo Rond�n, dentro de su barraca, no oye los gritos de Erika cuando es violada por el sargento.�

Al d�a siguiente el pelot�n al mando del sargento est� listo para partir a luchar contra los terroristas. En fila, uno a uno, van subiendo al cami�n militar que los llevar� por sendas peligrosas. Arengando y haciendo vivas a la patria, los soldados se sienten invencibles. S�lo uno siente una extra�a tristeza, como quien sabe que va directo a la muerte. Es el cabo Rond�n.�

Pasada una semana de intensa b�squeda, los soldados, exhaustos, solicitan licencia al sargento. Necesitan descanso, diversi�n, y, por supuesto, mujeres. Saben de un local, kil�metros m�s adentro, donde podr�n mitigar esas y otras necesidades. Es en ese local donde no pocos se embriagan, incluido el sargento, a quien se le ve abrazando a una muchacha, y relatando lo bien que la pas� entre las piernas de la novia del cabo Rond�n, entre risas y comentarios de los dem�s, detallando pormenores, excitando a los oyentes, quienes, ya borrachos, hacen bromas que lindan con la pornograf�a. S�lo se calla el sargento cuando el cabo Rond�n arremete contra �l lanzando insultos, pero es detenido por dos soldados. El sargento dice que todo es una broma, cosas de hombres, pero que si igual quiere arreglar esto a los pu�os �l no tiene problemas. Los �nimos se calman, suena otra vez la m�sica, las muchachas, coquetas, divierten a los hombres. Todos, sin embargo, saben que lo relatado por el sargento es verdad. �

Es saliendo de ese poblado donde fueron emboscados. Primero se oyeron tiros lejanos y luego, m�s cerca, r�fagas de metralleta. Los soldados, desprevenidos, y algunos con resaca, reaccionaron tarde. Ese fue su error. Muchos murieron dentro del cami�n, baleados mientras buscaban el percutor de sus armas. Otros, entre ellos el sargento, y, m�s all�, el cabo Rond�n, se tiraron a tierra, se atrincheraron, disparaban sus armas ocultos y no sin miedo. Los terroristas, en r�pido c�lculo, ser�an treinta o cuarenta. Los peri�dicos, al d�a siguiente, dir�an que una feroz emboscada terrorista hab�a terminado con la vida de quince soldados, dejando s�lo cuatro sobrevivientes. Pudieron ser cinco.�

Agazapado, el cabo Rond�n vio que los terroristas segu�an ganando terreno. Supuso que ese era el final. Corri� y dispar� y rez�, todo a la vez. Lleg� a unos matorrales y ah� esper�. Pens� en su madre, en su novia, en que deseaba estar en casa y no en medio de esa sangrienta balacera. Los disparos se fueron distanciando en tiempo y espacio. Tal vez todo hab�a acabado. Con el arma en ristre, sali� a explorar el campo. Nada. Apenas un silencio fr�o. Pasos m�s all�, oy� una voz.

-�Cabo! �Aqu�! �Ay�deme!

Reconoci� la voz. Era del sargento. Estaba ensangrentado, con la pierna herida.�

-�Ay�deme, cabo!

El cabo Rond�n lo mir�. Vio la herida, la sangre.�

-�R�pido, antes de que regresen!

- �Sabe, mi sargento?, hay dos cosas que no se le debe hacer a un hombre. Una es mancharle su honor; la otra es burlarse de haberle hecho eso. - Luego de eso, dispar� sobre la cabeza del sargento.

2009-03-15T20:48:00.002-05:00

Una dif�cil decisi�n

Mi novia Patricia me llama cerca de las ocho de la noche para comentarme que desea ser madre. Me dice que lo que m�s desea es poder sentir c�mo crece dentro suyo una nueva vida. Nada la har�a m�s feliz que quedar embarazada y cr�ar a ese ni�o o ni�a con mucho amor y esmero. Me quedo perplejo. Me toma por sorpresa. Le digo que nada me gustar�a m�s que cumplir sus deseos, pero que tenemos que sopesar la situaci�n, no es una decisi�n f�cil de tomar, menos teniendo en cuenta lo mal de la situaci�n econ�mica y la distancia que nos separa. Como broma, le digo que ser�a m�s f�cil y mejor criar un perro, ya que no hay que darle educaci�n y, sospecho, no nos traer�a tantos problemas ni dolores de cabeza como un hijo. Ella, llena de ilusi�n, esperanzada en un futuro mejor, hace planes, arregla problemas financieros r�pidamente, acerca continentes por arte de magia, s�lo para convencerme de ser padres. Todo se puede si realmente se quiere, me dice, y siento que casi me pone una pistola en la sien. Le suplico que me d� tiempo para buscar soluciones, trato de no hacerle perder la ilusi�n y le digo que si bien es cierto que estamos en momentos nada f�ciles, tal vez, y recalco ese tal vez, m�s adelante podamos cumplir ese y otros sue�os. Se queda contenta y yo cuelgo lleno de incertidumbre.

No s� si desee ser padre. Es una opci�n que nunca me ha tentado hasta ahora. Traer a un ser para que viva en este mundo que me parece deplorable y triste, lleno de violencia, siempre me ha parecido m�s un castigo que una bendici�n. Temo que ese ni�o, cuando tenga capacidad para pensar, me saque en cara haberlo tra�do a un mundo tan feroz. Me invade la idea, adem�s, de no estar a la altura de ser un buen padre. Yo soy muy ego�sta como para compartir mi tiempo con alguien m�s. Me he esforzado poco para forjarme un futuro asegurado y me da una flojera infinita esforzarme para darle algo a alguien m�s. Tener un hijo, formar una familia, es una tarea complicada que siempre me ha espantado por las responsabilidades y obligaciones que conlleva. Todas estas particularidades me han mantenido alejado de preocupaciones paternales. Y, para agravar m�s el asunto, soy un pesimista recalcitrante que le da a este mundo un diagn�stico de vida muy corto. Las guerras, la escasez de agua, el calentamiento global, la estupidez humana en general acabar�n con este planeta, al parecer sin remordimiento alguno por parte del ser humano promedio, que parece no darse por enterado del problema, preocupado m�s en �xitos inmediatos pero pasajeros. Entonces me pregunto, �por qu� alargar la cadena reproductiva?

Quiz� la respuesta pueda ser porque vale la pena tomar el riesgo. Porque yo puedo cambiar ciertos conceptos e ir aprendiendo en el camino a ser un padre como el que, por suerte, me toc� a m�. Y tambi�n porque se puede modificar ese aciago futuro, que, como todo tiempo venidero, es una predicci�n y no una afirmaci�n. No lo s�. Pero ahora veo la sonrisa de mi novia y no puedo evitar imaginarla contenta por ser madre y a m� esperando ser abrazado por ese hijo que a�n no ha nacido. Esbozo en mi cabeza situaciones que, aunque me llenan de pereza, hoy las veo con agrado, como asistir a una actuaci�n por el D�a del Padre donde act�a mi hijo disfrazado de pollito o desvelarme una noche entera cuidando de �l porque est� enfermo. Ense�arle a leer, dejarme ganar en todos los juegos a los que me rete, leerle alg�n cuento antes de que duerma, quiz� sean acciones que constituyen una felicidad que a�n no conozco.�

Quiz� la pr�xima vez que Patricia aborde el tema de la paternidad, est� un poco mejor preparado y la sorprenda con una respuesta positiva y no le d� m�s largas. El tiempo y el amor que siento por ella han hecho que d� mi brazo a torcer en muchas cosas. Tal vez �sta sea una m�s. Ahora s� que, si antes no me tentaba la opci�n de ser padre y ve�a el futuro muy oscuro, hoy me seduce la idea de arriesgarme y apostar por un porvenir incierto donde lo �nico seguro ser�a la felicidad junto a mi hijo y mi novia. Y si es que alguna vez este hijo se aventura a sacarme algo en cara, siempre me queda la opci�n de agarrarlo a correazos.�


2009-02-19T23:25:00.000-05:00

C�mo odio a los Pitufos

Nunca dejes que el odio se quede dentro de ti. S�calo, vu�lcalo todo sobre el papel. Aqu� el r�nking de odios de su, tal vez, m�s odioso columnista. Porque odio quiero m�s que indiferencia. Porque el rencor duele menos que el olvido.�

Odio a esa clase de gente que piensa que todo se puede obtener mediante la viveza. S�, esos mismos que tienen como filosof�a de vida la criollada barata, facilona. Me enoja, me enerva, me subleva la vulgaridad. Odio la traici�n. Odio a las tipitas que se creen sensuales y coquetas y se r�en por la m�s p�lida pelotudez. Odio usar terno y corbata. Odio cualquier tipo de ceremonia pero sobre todo las bodas y sobre todo si soy yo el protagonista. Odio que me pidan que sonr�a para las fotos. Odio encontrar en una discoteca a esos t�os de camisa manga corta que bailan peor que yo. Sospecho que encajar�an mejor en un bar, en una cantina. Odio estar casado. Odio los concursos de ni�os porque por lo general van ni�os sin talento y los enga�an con premios inmerecidos. Odio el ceviche. Odio el mediocre f�tbol de la selecci�n peruana porque siempre nos entusiasma con una posible victoria pero despu�s rompe todas y cada una de nuestras ilusiones con un 6-0 en contra.�

Odio haber tenido que abandonar el Per� para venir a trabajar a un pa�s totalmente diferente. Odio la insulsa conversaci�n de muchos de mis compa�eros de trabajo. Odio a los atorrantes que usan el hands-free cuando no tienen las manos ocupadas. Odio que me digan "escribe sobre m�" cuando comento que no tengo idea de qu� escribir. Odio a los payasos que no dan risa. Odio a los curas pero m�s a los polic�as peruanos que, en gran n�mero, se venden por cinco soles o una gaseosita. Odio los tallarines tanto como a cualquier platillo hecho en base a pescado. Odio las manchas que tiene mi espalda porque me averg�enzan cuando voy a la playa. Odio mis errores. Odio no saber tocar guitarra. Odio el fr�o �rtico que padece esta ciudad. Odio estar lejos de mi novia. Odio a los que sesean. Odio, sin excepci�n, a todos aquellos que necesitan estar en mancha para atreverse a lanzarte una broma que, evidentemente, a solas no te har�an.

Odio a los que despotrican contra Magaly Medina o Laura Bozzo pero a solas se soplan enteritos sus programas. Odio el programa de radio "El Vacil�n". Odio a Daddy Yankee y su Gasolina. Odio a esa se�ora que aparece en S�bado Gigante y se hace llamar La Cuatro. Odio que los amigos no me duren m�s de tres meses. Odio leer a Jaime Bayly porque me doy cuenta que �l escribe maldito y yo hasta las patas. Odio afeitarme. Odio el uniforme de colegio gris-triste que llev� por a�os. Odio mis deudas. Odio no saber manejar un auto, no haber aprendido a montar bicicleta, no saber patinar ni usar nada que lleve ruedas. Odio a mi vecino porque habla solo y, sospecho, es un psic�pata asesino. Odio tener panza. Odio vomitar porque, no s� por qu�, me causa un p�nico terrible. Odio pasarme las pastillas reci�n al tercer o cuarto intento. Odio la impuntualidad. Odio el olor del mondongo sancoch�ndose. Odio so�ar reiteradamente que una ola gigantesca me va a ahogar mientras yo huyo despavorido.�

Odio el racismo de las p�ginas de sociales donde salen s�lo los rubios y ojiverdes y rosados. Odio tener treinta a�os y seguir revent�ndome los granos como si tuviera quince. Odio que me llamen por tel�fono s�lo para conversar cuando yo estoy ocupado. Odio que lean lo que escribo mientras escribo. Odio a Barney, a Hannah Montana y a Dora la exploradora porque los veo hasta en los lugares m�s insospechados. Odio a RBD. Odio la pose insufrible de los emos. Odio a esos mortales que se crean una p�gina de Hi5 o Facebook y ponen fotos posando como galanes. Odio escuchar una y otra vez la famosa fracesita "amor de lejos, amor de pendejos". Odio que me digan Carlitos. Odio al c�ncer porque se llev�, tras una larga y penosa agon�a, a mi abuela. Odio todas las pel�culas de Semana Santa. Odio las cadenas de correo electr�nico donde, bajo amenaza de mala suerte o cierre de tu cuenta, te conminan a seguir enviando el e-mail a todos tus conocidos. Pero lo que m�s odio es pasarme una semana con la hoja en blanco y luego, a �ltima hora, de manera apresurada, tener que escribir sobre las cosas que odio para salir del paso.


2009-01-25T13:15:00.000-05:00

Camino a la locura


La locura, a veces, no es otra cosa que la raz�n�
presentada bajo diferente forma.
Goethe.

El microb�s iba repleto. Juli�n lament� haberse ofrecido a acompa�ar a su t�a al manicomio para visitar a un primo del que apenas se acordaba. Hubiese preferido estar escuchando m�sica en su habitaci�n, leyendo alg�n libro, o en casa de Tere, su mejor amiga. Aunque iban sentados uno al lado del otro, Juli�n y su t�a apenas se hablaron en el trayecto. Uno iba pensando en la fiesta del fin de semana y el otro en qu� preparar�a de comida al d�a siguiente. Juli�n mir� la hora. Tres y media de la tarde. S�, lamentaba haberse ofrecido a acompa�ar a su t�a.�

Cuadras m�s all�, su t�a se par� del asiento y le avis� al chofer que bajar�a en la siguiente calle. Hab�an llegado al manicomio puntuales: la hora de visitas empezaba a las cuatro. Luego de registrarse, entraron y fueron a buscar el pabell�n donde viv�a el primo loco. Juli�n no sab�a bien qu� tipo de enfermedad ten�a ese primo, s�lo hab�a escuchado cosas extra�as sobre �l (que hablaba solo; que sufr�a ataques de violencia; que a veces se encerraba en un mutismo inquebrantable). Toda familia tiene un loco, se ri� consigo mismo. Su t�a, pasos m�s adelante, iba viendo los n�meros de las habitaciones. Juli�n se desvi� a ver otros pasillos, donde algunos enfermos mentales inofensivos caminaban acompa�ados de familiares o de enfermeras.

Sigui� caminando hasta llegar a un gran patio con �rboles y bancas y gente paseando o conversando. Le pareci� un parque cualquiera. En su camino, hab�a cruzado por otros corredores donde vio, esta vez s�, seres m�s agresivos encerrados quiz� de por vida. Los ve�a desde la peque�a ventana que pose�a cada puerta. Los ve�a golpe�ndose la cabeza contra las paredes (que afortunadamente estaban acolchadas), otros gritando y maldiciendo contra Dios, y no pocos peleando contra s� mismos para quitarse la camisa de fuerza que los aprisionaba. En esas cosas estaba pensando cuando decidi� sentarse en una banca y esperar no sab�a bien qu�. Quiz� a su t�a.

- �Tienes un cigarrillo?
La pregunta lo despert� del letargo. Estaba a punto de quedarse dormido.
- �Tienes un cigarrillo? - volvi� a preguntar la muchacha.�
Juli�n busc� en sus bolsillos. Luego record� que �l no fumaba. Con cara de disculpa le dijo que no ten�a. Por qu� diablos no fumo, se dijo para s� mismo. Ma�ana mismo empezar�.
- No importa. Fumar� despu�s. - Sonri� y a Juli�n le pareci� que era la chica m�s guapa que hab�a conocido en toda su vida.�
- �C�mo te llamas?
- Teresa, pero me dicen Tere.
- �De verdad? Yo tengo una amiga que se llama igual que t�. Yo me llamo Juli�n.
- �Me puedo sentar? Estoy tan cansada...
- Por supuesto - respondi� Juli�n, arrim�ndose hacia un extremo de la banca.

Conversaron y se rieron y el tiempo pas� r�pidamente. Le parec�a mentira haber hablado de arte, de filosof�a, de m�sica y hasta de f�tbol con una muchacha tan guapa. Juli�n mir� su reloj: eran las cinco y cincuenta.�
- Tengo que ir a buscar a mi t�a.�
- Ya se acab� la hora de visitas, �verdad?
- S�. - Juli�n estaba a punto de pararse cuando un enfermero lo tom� del hombro.�
- Qu�date sentado, amiguito; s�lo queremos ayudarte - le dijo.
- �Ayudarme con qu�? �Su�ltame! �Y no te atrevas a tocar a Teresa!
- �A qui�n? - El enfermero mir� alrededor. No vio a nadie.

Forcejearon. Lleg� otro enfermero y entre los dos redujeron a Juli�n, quien gritaba y lanzaba improperios a todos. Luego de ponerle una camisa de fuerza, le inyectaron un sedante. Entre ambos lo cargaron. Medio dormido, vio a su t�a hablando con un se�or vestido de blanco. Cuando pas� frente a ellos, Juli�n escuch� que su t�a dec�a:
-Ya lo vio, doctor: habla solo, sufre ataques de violencia, a veces se encierra en un mutismo inquebrantable...


2009-01-25T13:11:00.002-05:00