Te encuentras en la páginas de Blogsperu, los resultados son los ultimos contenidos del blog. Este es un archivo temporal y puede no representar el contenido actual del mismo.

Comparte esta página:

Etiquetas: [Mr Dopp]  
Fecha Publicación: 2015-05-10T21:21:00.000-05:00
Madre tiene dos alas que sanan,
dos brazos y labios que aman,
tiene paciencia para escuchar
y el incansable gusto de perdonar.

Madre tiene una receta que cura el alma,
sopa de pollo calentita que nos calma
el asma imprudente de todas las mañanas
y las medias pequeñas tejidas con lana.

Madre trabaja y nunca su cuerpo se cansa,
madre administra el tiempo y todo alcanza,
madre decide por mí, decide mi vida
mientras juego y ahorro en mi alcancía.

Madre, se queda despierta a que duerma,
espanta al diablo y otros que acechan,
tiene la fuerza de mil hombres fuertes
que mecen suave mi destino y suerte.

Madre está influyendo mucho en mi ser,
madre a veces parece no quiere entender,
madre me ha mandado infeliz a estudiar,
madre me privó de ser feliz, de poder soñar.

Madre, ¿ella me romperá el corazón?
madre, ¿es hora de salir del cascarón?
madre, recuerda que ya no soy un niño,
madre, no me ha robado, yo me he ido.

Madre, me he vuelto escritor y poeta,
perdón si no fui el doctor o un famoso atleta,
madre no tienes por qué preocuparte,
hoy soy el hombre que tal vez no soñaste.

Madre, ¿por qué me duele tanto?
madre, ¿por qué es que me ha dejado?
madre, acaricias tanto mi cabello liso,
y recuerdo hoy tu dulce regazo cuando niño.

Madre, ha pasado tanto, y poco has cambiado,
tal vez un poco de arrugas y el cabello plateado,
pero me sigues amando, aún cuando ingrato me fui,
aún cuando arrepentido yo una vez más volví.

Madre, ¿por qué has dormido tan temprano?
¿por qué yo te cuido del monstruo del armario?
madre, ¿por qué me preguntas sobre el Cielo?
madre, ¿por qué no recuerdas el nombre del perro?

Madre, tienes sueño, ¿por qué te has cansado?
¿por qué tan tranquila te vas y no me has avisado?
no respetas acaso todo el buen rato que solíamos pasar,
a ti o a Dios, dime tú, ¿a quién debo reclamar?

Madre estoy solo, realmente has osado irte,
¿cómo pudiste dejar así a papá tan triste?,
madre, ¿por qué me has abandonado?,
ya no tengo alma y aun así te has marchado.

No me dejes, por favor, no me dejes
me ves desde arriba, y por favor, no me sueltes,
que ya no sé que está bien o está mal,
ya no sé, si a esta vida... pueda continuar.

Mr. Dopp

Fecha Publicación: 2015-03-26T01:48:00.001-05:00
Tu cuerpo desnudo sobre ese baúl con tantas espinas, que rozan tu piel pulcra y morbosa, rasgan tus senos firmes y deja la marca del llanto, tus labios rojos escrupulosos, tus ojos llenos de locura y perdición, tu vientre terso que declara tu independencia como mujer, como flor, como vida, como pájaro.
Mujer escrita y descrita en una cama apartada, él la luna fucsia, sobre una roca púrpura.
Mujer de la forma perfecta, hastiada del rocío que brota de tu frente y tu pecho.
Mujer con espíritu dulce y sanguinario como la inocencia de los pensamientos esculpidos de tus pies, los que detuvieron su paso en este suelo que ya no se condensará jamás.

Etiquetas: [Mr Dopp]  
Fecha Publicación: 2015-02-12T15:46:00.002-05:00
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir por ejemplo, que hoy de ella soy un fantoche
codiciado en la negra penumbra de su alma vana.

Los suspiros que me robó, corren y me matan.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche,
yo pude haberla querido con abrazos enormes
que hoy conversan con la almohada día tras día.
Yo la quise, y a veces pensé, me quería.

No pensaba que mis sueños condescendieran
a mis desvelos de poeta que por escribirla desesperan.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
No recuerdo si alguna vez ella me quiso.

Pero tenía una historia con ella, una que no escribí,
y  muero por escribir. Y ante esto, versos prolijos
de su sátira maquiavélica que gozas cada noche.

Versos que la tinta baila y su boca callan,
y su sonrisa halagada, me bastan.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Se me agota el orgullo de haberla perdido,
de no tocarla, de no ser los mismos.

Tengo una lágrima al borde que no puede salir,
un Dios dolido que no me otorga el placer de morir.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Tal vez me quiso, y no la supe querer como ella quiso;
éste es el último dolor que ella me cause,
y estos son los últimos versos que yo le escribo.

Mr. Dopp
Etiquetas: [Mr Dopp]  
Fecha Publicación: 2014-10-29T12:57:00.000-05:00
Y cada que te sueño despierto,
y cada que despierto te sueño;
y cada vez que me arrullas
con tu figura muy desnuda.

Y cuando te pienso me pierdo
y me pierdo porque te pienso
tan cálida como sábana
¡Líate en mí hasta mañana!.

Y te imagino y me acaricio
y me acaricio porque te imagino
con tus uñas ven a desgarrarme
y hasta el fin masturbarme.

Mr. Dopp
Etiquetas: [Mr Dopp]  
Fecha Publicación: 2014-10-09T01:25:00.003-05:00
Poema de amor,
que de una razón malvada
haces nacer estas palabras
macabras llenas de dolor.
Poema de amor,
que cantas sin razones
y a mis pesares te impones
cambiándoles de color.
Poema de amor,
que nunca aceptas flores
y te alimentas de dolores
insomnios de sabor atroz.
La vida es así y verás,
te inspira cual niño ser
a un camino oscuro sin ver
que en un final te perderás;
pero a veces el amor
es un río profundo y lejano
que te esperanza en vano
y te entregas al dolor;
y aunque veces el amor
cae como silencioso trueno
que te despierta de ensueño
y te inspiras en su sabor,
y si piensas que a ti no llegó
solo recuerda que en otra luna
alguien piensa en ti, ¡Fortuna!
será cuando encuentres amor.
Poemas de amor,
que de un infierno te salvan
y a los males por uno acaban
cuando sientes amor.

Mr. Dopp
Etiquetas: [El Pueblerino]  
Fecha Publicación: 2014-05-17T16:05:00.001-05:00
Te busco y no te encuentro.¿Donde moras?
¿Lates sin realidad? ¿Eres un mito,
una ilusión , un ansia de infinito?
Y si amaneces ¿Donde tus auroras?

¿En que tiempo sin tiempo van tus horas
desgranándose plenas? ¿Nunca el grito del
dolor humano quiebra el bendito
silencio que te envuelve? ¿ Nos ignoras?

Partículas de ti fueron llegando;
mi mar inquieto se convierte en río;
Hay trinos en el aire, canta el viento.

Canta la vida toda. Por fin siento
que estés ; pero dime... Dime ¿Cuanto puedo
saberte para siempre mio?

Fecha Publicación: 2014-05-14T10:48:00.001-05:00


Etiquetas: [El monseñor]  
Fecha Publicación: 2014-05-11T15:34:00.002-05:00
¿Quién soy? Me miré al espejo y me toqué.
Agarré una tijera y corté mi cabello largo.
Volví al espejo y me dije, ¿Quién soy?
¿Qué somos? ¿A caso decidimos cómo ser? ¿A caso el espejo muestra lo que hemos sido? ¿A caso es producto de nuestra imaginación? ¿Quién soy?
Me quité el polo y vi mi cuerpo. ¿Quién soy?
Agarré pintura negra y me eché en todo el cuerpo. Volví al espejo y me dije,
¿Quién soy?
Quizás nunca sepa como es mi verdadera forma. Quizás mi ser aún está intentando moldearse a la imagen que nosotros buscamos.
Agarré un sombrero maltratado de color negro. ¿Quién soy?
Quizás somos la imagen que formamos en el mundo. Quizás nosotros decidimos como ser ante nosotros.
Agarré pintura blanca y me eché en el rostro. Cogí un lápiz labial rojo y remarqué mis labios. Usé delineador para mis ojos. ¿Quién soy?
Quizás es lo que siempre quise ser. Quizás el mundo decidió que sea esto.
Agarré unos guantes blancos y me los puse. Abrí la puerta de mi hogar y salí a las calles oscuras a dar mi ritual. Me decían ¿Quién eres?
Quizás soy su alegría para todos. Quizás soy una necesidad para el hombre.
Los niños enviados por sus madres le daban monedas para dármelo. Se acercaban y algunos me preguntaban. ¿Qué eres?
Quizás sea un desecho en el mundo. Quizás sea la burla del hombre.
De noche, regreso a mi hogar, entro a la bañera y me ducho. Me veo al espejo y veo como todo mi maquillaje se va chorreando. ¿Quién soy?
Quizás sea solo un enigma para el hombre. Quizás solo sea lo que el mundo no quiere que sea.
Salí con un nuevo color. Era rosada mi piel. Mis ojos azules, mi cabello cortado, pero marrón. ¿Qué soy?
Soy a lo que todos llamamos humanos, pero también ser.
Fui a mi cuarto y me puse una camisa, una corbata negra, un terno, pantalón de vestir y zapatos bien lustrados. Me peiné y me eché loción. Limé mis uñas, me puse mi reloj de plata, me afeité. Me miré al espejo y me dije ¿Quién soy?
Quizás soy lo que no quise ser. Quizás soy alguien importante para el mundo.
Salí de mi hogar, me fui a una florería. Pedí las flores más caras y los chocolates más deseados. De mi billetera saqué una Tarjeta Visa. ¿Qué era?
Quizás era el futuro del mundo. Quizás era alguien importante para la sociedad.
 Salí de la tienda, me fui a una joyería. Me llamaron “Don”. Compré el collar más caro. ¿Qué soy?
Quizás una persona que se llena de baratijas. Quizás me gusta malgastar lo que me dieron de Don.
Salí del lugar con una bolsa de regalo. Fui a una casa hogareña y me abrió mi madre. Me miró, sonrió y lloró. Mi hizo pasar, le di sus obsequios y me agradeció. Me miró a los y me dijo, ¿Qué eres?
Quizás sea un desperdicio para el mundo. Quizás una pieza importante. Quizás sea un miserable. Quizás sea un empresario. Quizás sea un pobretón. Quizás sea un millonario. Quizás sea lo que no quise ser. Quizás sea lo que siempre quise ser. Quizás sea lo que madre siempre quiso. Quizás sea un SER.
Miré a mi madre y le pregunté. ¿Quién soy? Y ella respondió: Mi hijo.
Ese concepto no existe para mí. Quizás sea muchas cosas, pero para esta mujer que dio luz, soy su HIJO.

Me despido de mi madre, y una vez más, 364 días trabajaré para darle los mejores lujos a mi madre aunque sea lo que el mundo quiso que sea… Un mimo.



RELATOS DEL INCONSCIENTE - MONSEÑOR

Etiquetas: [Mr Dopp]  
Fecha Publicación: 2014-05-07T00:26:00.002-05:00
Mira palomita que te haces extrañar,
yo aquí y ,¡Qué sé yo dónde estarás!,
lee mi canto palomita perdida
para que sufras de igual mi desdicha.

Dolor que de huésped hoy vienes,
a consumar mi vida, en tus manos me tienes,
dolor hoy que callándome me gritas
tus mal albores que de un infierno citas.

Amor y dulce mío,
que de entre tus amores estoy perdido,
hoy que te me has ido,
me pesa no haber primero huido.

Dime si cuando lo lees, llorarás,
o si te divierte mi llorar y gozarás,
porque perro escrito tienes rendido,
dime qué te place, que igual te escribo.

Mr. Dopp
Etiquetas: [El Pueblerino]  
Fecha Publicación: 2014-04-19T15:35:00.001-05:00


 Yo tuve un príncipe azul
que desteñía en la cama,
un Don Juan que me olvidaba
siete veces por semana....


Una cita que me dio
en el bar de los olvidos,
a la que nunca llegué,
a la que él no habrá ido.


Un ladrón que me robaba
el aliento y la razón,
margaritas que fallaban
y un trébol de cotillón.

Un zapato de cristal,
un ratón y calabazas,
un cuento que andaba mal
(Cenicienta no se casa).

Un infierno con tormentas,
un fuego que se apagaba,
entre el hueco de sus piernas
cuando él lo deseaba.

Un corazón resistente
que se rompió en mil pedazos,
el afán de un improbable,
el más hermoso fracaso.

Una ilusión de los martes
que hasta el miércoles duró,
un noviazgo que empezaba
pero antes se terminó.

Tuve un amante de a ratos
(uno que no sabe amar),
fabricante de mentiras
y excusas para guardar.

Tuve un dios algunas noches
que un día no encontré más,
tuve un deseo hecho hombre
y tuve "nunca" y "jamás".

Tuve todo que perder,
tuve un "tú", un "yo, "los otros",
tuve nada por ganar,
pero me faltó un "nosotros".

Una moneda estropeada,
con la cruz a cada lado,
una suerte mala suerte,
un mañana malogrado.

Un flechazo de ficción
que sólo duró segundos,
un galán de folletín
que pulverizó mi mundo.

Tuve un amor imposible,
un sueño que se frustró.
hijos que nunca vinieron
y un Romeo de cartón.

Yo tenía un paraíso...
y ahora tengo un mal de amor.

El pueblerino
Etiquetas: [Mr Dopp]  
Fecha Publicación: 2014-04-15T03:19:00.000-05:00
Cuando era niño papá dijo:
"Ve las mejores cosas, hijo,
pero con la que te hace vivir,
y que te hace sentir
ésos momentos de fotografía
que rogarás a Dios se repitan".

Una dama,
que se encuentra con su amante
después de tanto desvelarse,
a revelar el amor que se prometieron
al menos sea por un momento.

Una excepción,
Dios permitió a que los distantes
se junten demostrando el amor sangrante
que arde a fuego infernal perdiendo
la razón por el carnal sentimiento.
Un caballero,
que a su dama abraza y le hace brillar
y a felicidad de colores le hace cambiar,
le hace temblar, nos hace creer y me hace pedir
una pluma dubitativa de que el amor pueda existir.
Un amor,
que todos veremos brillar en la noche
que hará maravillas, y revivirá sueños de trasnoche
y  el eterno sentimiento germine,
hasta que el amor divino fulmine.
Un poeta,
que se sienta al pie de la escalera
esperando a su amada y no sabida pareja,
pues éste solitario escritor consciente
sangra esperándola cuando nunca viene.
Una luna,
que de amor se ha vuelto pelirroja
y que a pétalos del alma me deshoja
cuando presume su amor al cielo
y yo sigo muriendo en el infierno.

Mr. Dopp
Etiquetas: [Mr Dopp]  
Fecha Publicación: 2014-03-31T16:29:00.000-05:00
Señor Omnipotente
hoy te rezo  más,
que entre miles de gentes
la vuelvo a encontrar,
Omnipotente Señor
sabe que orgulloso soy
de infundir el primal amor,
y en eso todavía estoy;

¡Entonces!, ¡Señor!, pido
sin permiso un perdón,
pues mi cabeza ha sido
perdida en mi corazón.
¡Intercede, María!,
pues el Padre me castiga
sin razón a cada día
y la siento más indigna;
¡Perdona! Señor mío,
pero me tiene que escuchar
o reclamo mi albedrío
o con Lucifer he de tratar.
Resalta el fuego ateo
que queman mi fe
cuando su baile veo
y mucho más cuando me ve.
Me llamó una vez, Dios,
y una sotana me vestí
pero débil mortal soy yo
que a un ángel perseguí,
y si jamás yo he de amar
entonces qué hacer Señor,
si al verla dejo de respirar
y pierdo todo el fervor.
Ten piedad de mí,
ten piedad de ella,
y en otra vida o muerte,
hazme un ser fuerte.

Mr. Dopp


Etiquetas: [Mr Dopp]  
Fecha Publicación: 2014-03-10T03:27:00.001-05:00
Soledad,
otra vez vienes a auspiciar
mi charla sabatina con la almohada,
una vez más fumas
el humo de mi euforia desatada,
y otra vez avalas
mis ganas de volverme nada.
Soledad,
me esperas en casa
para escuchar la queja silenciosa
que te excita y sueles
seducirme con tu pena lujosa,
y yo en la nada
me pierdo en la nostalgia deliciosa.

Soledad,
haces que albergue
mi alma en las puertas del averno,
haces que dude
y me pregunte quiénes fueron,
si todavía están,
o si por lo menos estuvieron.
Soledad,
te haces la dama
más deseada de los transeúntes
que pierden la calma
tomando la droga que infundes,
que te comparas
a la muerte lenta que me unges.
Soledad,
tu curiosa presencia
logra exhortando que me reconozca
cuando me desconozco,
que con mórbidas ganas me retoca
la niebla negra de tu aire, y
así vas, con mi cordura que dislocas.

Mr.Dopp
Etiquetas: [El espíritu de rama]  [El monseñor]  
Fecha Publicación: 2014-02-23T14:52:00.000-05:00

"ESTA OBRA ES GRATUITA GRACIAS AL AUTOR"

TODOS LOS CAPÍTULOS : AQUÍ


CAPÍTULO 7:  Ramas

Elías se levantó y lo primero que dijo fue <<Mi cabeza>> y sin entender que pasaba a su alrededor. Parecía un túnel sin fin y trataba de explicarse que era aquel sitio.

-          Padre ¿Qué ocultabas? – dijo Elías.

Caminó lentamente porque la caída había dejado un gran golpe en su pierna derecha. Recordó que su padre le contaba la historia de un túnel secreto el cual tenía un gran tesoro del cual le pertenecía a la familia. Para llegar a ella tenía que pasar un gran foso que podía costarle la vida, luego un gran camino demasiado oscuro y que tenía que seguir la luz de la piedras de color azul. Al caminar más de un kilómetro, apreció varias piedras en el suelo de diferentes colores; Azules, Rojas, Amarillas, Verdes. Recordó aquel cuento y comenzó a andar hacia las piedras azules. Cada vez se concentraban las piedras y los caminos se iban separando de las otras. Todo comenzó a volverse muy intrigante porque su padre nunca le dijo que encontraría al final del camino, pero Elías siguió adelante como un guerrero buscando su victoria, un príncipe buscando su princesa; pero su camino comenzó a tornarse interminable porque sintió que caminaba en círculos.

Después de dos horas llegó al final del camino en una pared de piedra y todo exhausto tan solo dijo “¿Esto es todo?”; Elías veía a su alrededor y no entendía. Quizás su padre nunca le contó el final porque no terminó el camino. Rendido en el suelo busca una explicación rápida porque estaba siendo perseguido. Miró al suelo y vio que las piedras azules rodeaban una puerta de madera muy disimulada. Comenzó a buscar los bordes de la puerta para de alguna manera lograr abrirla. Teniendo todo limpio, en la puerta decía su nombre, Elías. De un borde levantó la puerta y vio otro camino con las mismas piedras azules. Bajó y vio una luz blanca a lo lejos.

-          Padre ¿Qué ocultabas? – Dijo.

Intentó correr con su pierna herida y de a poco se iba acercando a esa luz tan potente. No veía la hora en llegar y descubrir el final de la historia que le contaba su padre. Al llegar lo único que hizo fue mirar el gran espacio. Se sentía tan pequeño que se enfocó la potente luz que salía de arriba. En las paredes se veían grandes ramificaciones de árboles, como si fuera su sostén para que no se derrumbara. Su apariencia era como una cápsula. A parte, las paredes solo estaban hechas de la misma naturaleza. La mayor parte del suelo estaba cubierto de agua y en medio sobresalía una base circular con 2 metros de alturas al piso normal. Elías tenía que caminar por escaleras de piedra para llegar hasta la base circular. Cuando pisó el primer escalón, comenzó a moverse como si fuera a hundirse. Miró la profundidad del agua y estaba muy oscuro. Subió lentamente cada grada y presintiendo demasiado peligro. No dejaba de mirar al frente porque había un libro en un altar. Cuando llegó apreció a su alrededor la belleza del lugar, el sonido calmante del agua, las paredes tan acogedoras que resaltaban la misma naturaleza, y en el centro, una potente luz que daba una tonalidad de paz.
Elías se acercó lentamente al altar y vio que estaba cubierto por una manta transparente. Lo destapó y vio un cuaderno viejo. Con su mano quitó el polvo para apreciar la portada. Decía “Mi Rama”. Elías lo agarró se sentó y se apoyó en el altar. Abrió el libro y las primeras palabras que leyó fue “Ahora te entrego esta rama, depende de ti si aprendes a quererla como yo te he querido”. Dio giro a la siguiente hoja y encontró un pedazo de rama. Lo agarró con mucha delicadeza y lo miró detenidamente. Lo dejó a su costado y siguió leyendo.
Pasaron 5 horas que leyó el libro y en el transcurso de la lectura, sonreía, lloraba, dudaba, se preguntaba, y a las finales, entendió y lo único que hizo fue alzar la mirada y decir “Te entiendo padre. Cuidaré mucho de ti”.
Elías se dio cuenta que aún tenían hojas en blanco. Se asomó en el altar y encontró un lápiz. Agarró y comenzó a escribir. En las 2 horas que se la pasó escribiendo, terminó escribiendo la misma frase de su padre, pero con una ligera modificación. “Ahora te entrego esta rama, depende de ti si aprendes a quererla como yo te he amado. – Elías.”

Cerró el libro y se paró. Dejó el lápiz en su sitio y solo dijo:
-          Ahora tengo mi razón para sonreír. – Gritó.

Miró a su alrededor y buscaba otro camino para salir. Vio una salida al otro extremo, pero no había forma de llegar porque no había escaleras. Bajó por las mismas escaleras y estando a la altura del agua, se sumergió manteniendo el libro en el aire. Nadó lentamente hasta llegar a la otra salida. Apoyó el libro sobre la superficie y luego subió él. Cuando estaba a punto de irse, recordó la rama. Lo había dejado en el suelo. Nadó muy rápido y llegó a las gradas. Subió y cogió la rama. Alzó la mirada y vio a Igor entre las primeras gradas.

-          ¿Qué quieres de mí? – Gritó Elías.

Igor comenzó a subir lentamente.

-          Tú sabes que quiero de ti y no descansaré hasta que tu alma sea mía.

Elías retrocedía hasta chocar con el altar.

-          ¿A qué temes Elías? – Sonrió – Somos amigos y lo único que quiero es ayudarte.
-          No. – Se lanzó al agua.

Igor alzó las manos y dio una carcajada.

-          Eres un tonto Elías. Solo harás que las cosas empeoren para ti. Al final de todo, morirás en mis manos y nadie tendrá el valor de salvarte.

Comenzó a temblar y las paredes comenzaron a destruirse. Las raíces se quebraban. El lugar estaba colapsando. Nadó, subió, cogió el libro e intentó correr lo más rápido. Aguantó el dolor de su  pierna. Se escuchaba tan cerca la risa siniestra de Igor. A una cierta distancia de correr por el túnel, dejó de colapsar.
Elías se echó en el suelo y descansó. Cansado de todo, se quedó dormido y entró a un sueño profundo.
Regresó al mismo escenario que había soñado antes. Elías se sentó en la misma banca. Se dio cuenta que el paisaje no era el mismo. Veía un paisaje desierto muy a parte del ambiente de donde estaba. Había casco de guerras tirado y muchas armas en el suelo.

-          ¿Qué habrá pasado aquí? – Se preguntó muy arrogante.

Un hombre con traje de soldado muy maltratado y con un puro en la boca se sienta dónde estaba Elías. Como era costumbre, Elías solo era un espíritu en ese sueño. Elías se paró y lo quedó observando como fumaba y a la vez se aguantaba esas ganas de llorar. Un niño pasa llorando lentamente y sin cesar, era como un cachorro que solo buscaba amistad y no la halló. El hombre que fumaba tan solo lo vio y le habló.

-          ¿Por qué lloras niño? – preguntó el hombre con mucha desesperación por su tristeza.
-          Mis amigos no quieren jugar conmigo. – se sentó el niño a su costado del hombre.

El hombre apagó su puro con la madera de la banca y lo tiró entre las ramas del suelo.

-          Eso ya no va a importar cuando crezcas niño. Ya debes de pensar en madurar. – su frialdad le ganó al hombre.
-          ¿Cómo te llamas? – Entusiasmado preguntó el niño.
-          Me llamo Dante. – Respondió.

El niño se paró en frente de él. Recogió su puro y le dijo con una voz de mando “présteme su encendedor”.

-          ¿Qué quieres hacer? – el hombre se sorprendió porque agarró lo que estaba fumando.
-          Quiero hacer cosas maduras. – Sonrió el niño.

Dante agarró el puro y lo tiró más lejos.

-          No hagas esas cosas. – le gritó – puede hacerte mucho daño.
-          ¿Y usted por qué lo hace? – dijo.

Dante mira atentamente a joven y le da un abrazo.

-          La vida es gris. Debemos adecuarnos a esa tristeza niño. Debemos madurar y hacer cosas de adulto. – lloró.

El niño lo cogió de la mano y vio el paisaje con él.

-          Mi padre murió. Me dijo que iba a regresar a jugar conmigo. Pero sabes, él aún sigue jugando conmigo a pesar que desde acá puedo observar su sombrero de batalla. Me dijo que las batallas no son las que luchamos con otras personas, sino las que luchamos por ver entre las tormentas. No me gusta que mis amigos estén triste porque sus padres ya no regresarán. Mírame, sé que mi padre está entre ese desierto, pero estoy aquí, queriendo jugar, sin perder mi espíritu de niño. Madurar no consiste en hacer cosas de grandes y mirar el mundo frio y cruel. Consiste en un juego, pero ¿Qué clase de juego? Nuestra felicidad y nuestra agonía. – el niño agarró una rama – mi papa siempre me dijo que cada vez que vea a un niño triste y que intente comportarse como adulto, le diera esta ramita. Ahora aprende a querer este pedazo de rama. Esto tan insignificante, pero tan valioso. Como tú. Tan insignificante para el mundo, y tan valioso para mí.
Dante agarra la rama y le dice al niño con lágrimas.
-          ¿Quieres jugar entre el desierto? – sonrió – Puedo cargarte y simular que estás volando.

El niño complacido, se deja alzar por el hombre y lo llevar cargado en el gran desierto.

-          Vamos hijo, juguemos. – sonrió.

Elías los vio alejarse lentamente en el desierto y sin saber, aún la guerra estaba activa. Dos disparos perdidos tumbaron a ambos. Elías se sentó en la banca y se quedó mirando la escena de guerra mientras dos niños o dos adultos solo intentaban… jugar.



"Relatos del Monseñor" 



©
1ª Edición: Editada y corregida.
Autor: Gustavo Ballena Rázuri, Lambayeque, Perú.
Todos los derechos reservados, prohibida su distribución no autorizada.
Quedan prohibidos, dentro de los límites establecidos en la ley y bajo los apercibimientos legalmente previstos, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito al autor.



Etiquetas: [Mr Dopp]  
Fecha Publicación: 2014-02-14T02:15:00.000-05:00
¡Ay! amigo mío
lo que tengo que contar,
que hoy celebrando el amor
del cual yo no gocé de tal don.
Y es que yo saliendo de lo más normal
la zorrita estaba en mi buscar,
y sus garritas me llevaron a tal lugar,
que ¡Ay! pobre de mí amigo,
besos a la deriva de mi cuerpo
con motivos para nada clandestinos,
y yo que quería zarpar
y ella las anclas volvía a tirar.
Débil, débil mi voluntad,
tan débil que le fui infiel a mi soledad,
y ella de mujer tan aventurera
después del dichoso ritual,
me echó de malas pa' afuera.
Amigo,
yo que quería un buen día
y pasarla con no cualquiera,
sino también con los amigos
y pasar buen rato contigo,
pero la zorrita tan astuta
me atrapó y todavía sus ayes
me resuenan como los de nadie,
ella bien sabía como jugar,
y yo hubiese preferido dormitar.
Pobre de mí,
que sin don de amar nací
y aprovechándose ella de mi Valentín,
de maestra ella, yo aprendí
que en el infierno,un segundo, se es feliz.

Mr. Dopp
Etiquetas: [El espíritu de rama]  [El monseñor]  
Fecha Publicación: 2014-02-10T23:15:00.000-05:00

"ESTA OBRA ES GRATUITA GRACIAS AL AUTOR"

TODOS LOS CAPÍTULOS : AQUÍ


CAPÍTULO 6:  Karla

-          Elías… Despierta. – Una voz dulce le hablaba.

Elías recuperaba su conciencia de a poco e iba recordando lo que le había pasado. Al abrir los ojos vio a una mujer que lo estaba ayudando. Llevaba traje de doctora y a su alrededor había policías y otros. Se paró lo más rápido y con su única energía se fue a sentarse al sofá.

-          Un niño entró de curioso y te vio tirado. Su padre fue quien nos llamó. – Dijo la doctora.

Elías aún estaba confundido por aquel nombre.

-          Igor. – Susurró Elías.

La doctora se acercó a escucharlo.

-          ¿Qué dijo? – preguntó.

Elías regresó la mirada a la doctora.

-          No, nada. – Respondió asustado.

Un policía se acerca a Elías y lo interroga.

-          Señor, somos la policía de esta zona. Si fuera tan amable, denos sus datos. ¿Cuál es su nombre?

Elías no sabía que responder.

-          Mi nombre es Daniel Guillot. – Tartamudeó Elías.
-          ¿Edad? – volvió a interrogar el policía.
-          34. – dijo.
-          ¿De dónde es?
-          París.
-          ¿París? Algo lejos. Entonces ¿Es extranjero?
-          Oui (Sí) – respondió Elías.
-          ¿Por qué  vino a España?
-          Necesitaba un cambio de vida. Que mejor comprando esta casa. – respondió.

El policía miró a su alrededor.

-          Nadie ha querido comprar esta casa por el simple hecho que fue el inicio de una batalla. La familia que vivía aquí eran terrorista.

Elías comenzó a apretar sus manos.

-          Bueno, eso es lo que cuentan. Un niño de esta familia aún lo siguen buscando. Fue el único sobreviviente. Se llama Elías Ponce Vera.

La doctora se paró y detuvo las interrogantes del policía.

-          ¿Puede esperar? Lo más importante es su salud. Las preguntas se pueden hacer más tarde.

El policía guardó su lista.

-          Está bien. No se demore que aún tengo muchas preguntas que hacerle.

El policía se fue sospechando de la doctora.

-          ¿Por qué mentiste? – preguntó en voz baja.

Elías no entendía su pregunta.

-          ¿Mentir? – preguntó.

La doctora sacó de su bolsillo la billetera de Elías.

-          Su carnet dice que usted se llama Elías Ponce Vera, de 34 años. Usted es el niño que huyó hace tiempo. – Susurró la doctora.

Elías tomó su carnet.

-          Lea los demás carnet. – dijo Elías.

La doctora comenzó a sacar todo tipo de documentos. Identidad, tarjeta de créditos, pasaporte, etc. En todas decía “Daniel Guillot”.
Elías le entregó su carnet de nuevo.

-          Elías Ponce Vera Murió hace mucho tiempo. Ahora soy Daniel Guillot, nacido en la ciudad de París, Francia.

La doctora se para sorprendida y sin palabras que decir. Comienza a dar vueltas alrededor de la casa para entender lo que pasaba y vuelve a sentarse junto a Elías.

-          ¿Por qué has regresado? Es peligroso. – Se exaltó en voz baja. – Debes de escapar de aquí.
Elías la mira  a los ojos muy decidido de sus actos.
-          Estoy aquí para recuperar mi vida. Para limpiar mí nombre.

La doctora lo toma de su hombro.

-          Se ve que ya no te acuerdas de mí. – La doctora toda decepcionada y con una sonrisa pícara le dijo.

Elías confundido y sin saber que era lo que pasaba le preguntó.

-          ¿Cómo se llama doctora?

Toda sonriente respondió.

-          Me llamo Karla. ¿Te acuerdas de mí? – Sonrió. – Yo me juntaba con tu hermana esos días de vacaciones cuando mi padre tenía tiempo libre.
-          ¡KARLA! – gritó Elías.

Karla le tapó la boca para que no se emocionara mucho.

-          Elías – susurró Karla – Este no es un buen sitio para conversar. Hay muchos policías y te pueden descubrir tu identidad con tu huella digital.

Elías miró a su alrededor y prefirió callarse. En ese momento, el policía se vuelve a acercar.

-          Doctora, ¿Puedo continuar con las preguntas?
-          Adelante, puede proseguir. – Respondió Karla.

Se quedó helado porque no sabía qué clase de preguntas.

-          Antes, quiero hablar personalmente con usted señor policía. – Dijo Karla.

Karla lleva a un costado al policía para hablar sin que escuche Elías.

-          Sí es él. Su madre es Elías… - Susurró al policía. – Se creyó el cuento que me llamo Karla.

El policía sonrió y susurró en voz baja.

-          Muy bien hecho oficial. – El policía la felicitó. – Ahora debemos llevarlo ante los jueces. Después de muchos años de búsqueda, hemos hallado al último terrorista.

Mientras Elías observaba, una voz le dijo en su mente: “Ella no es Karla”. Comenzó a sospechar y preparó un plan que consistía en descubrir sus apellidos e inventarle.
Cuando terminaron de hablar, la doctora se acercó y el policía se fue a hacer otro servicio.

-          ¿Qué pasó? – Preguntó Elías. - ¿Ya no va a preguntar?

La doctora le sonrió y le explicó.

-          Le dije que tenías un golpe y que eso iba a alterar muchas de tus respuestas. – Le tomó la mano. – Te salvé de una.
-          Gracias. – Agradeció Elías mirándola a los ojos.

De repente Elías se emociona y comienza a hablar en son de broma.

-          Siempre me ha dado risa tu apellido Karla. – Elías no paraba de reírse.

La doctora comenzó a reírse sin razón.

-          Sí, siempre te burlabas y no sé por qué. – Dijo la doctora muy sonriente. - ¿Por qué lo hacías?

Elías ya estaba seguro que no era Karla porque él nunca se burlaba de su apellido. Fue suficiente prueba para estar seguro que estaba siendo engañado. Así que ideó un plan.

-          Karla. – Elías agitó sus piernas – Quiero ir al baño.
-          Me hubieras dicho desde el principio. Anda, te espero aquí. – Soltó a Elías.

Elías se fue al baño del primer piso y se encerró. No dejaba de caminar de un lado a otro para saber la manera de poder escapar de aquel lugar. Comenzó a recordar que su padre había diseñado la casa con habitaciones secretas.

-          Mi padre me dijo de pequeño que cada sitio de la casa tenía un lugar secreto, el baño también debe de tenerlo. – Susurró.
Comenzó a ver si había algún secreto, hasta que descubrió que el suelo de la bañera emitía un sonido extraño.
-          Este piso suena vacío. Mi papa dijo que nunca usáramos esta bañera. Ahora entiendo por qué.
Cuando sacó el piso de madera con aspecto a concreto, entró y volvió a taparlo. Todo era oscuro y no había nada con que alumbrar.
-          Parece un tobogán. – Dijo Elías.

Dio unos pasos adelante y se resbaló por el gran agujero. Iba a tal velocidad que no sabía a donde se dirigía. Cuando llegó a piso, se golpeó la cabeza y quedó inconsciente.
Pasaron media hora y comienzan a sospechar. Los policías fuerzan la puerta del baño y ven que Elías ya no estaba. Todos comenzaron a revisar por el perímetro del lugar.

-          Oficial. – Vino corriendo el policía que interrogó a Elías. – Elías escapó.

La oficial se levanta de golpe y entra al baño para verificar.

-          Eso es imposible. – Revisó la ventana alta del baño. – Debió fugarse por acá. Búsquenlo, no debe de estar muy lejos.
-          Entendido. – Se fue con el resto de policía para buscarlo.

La oficial se quedó sola en casa y cuando pisó la bañera se dio cuenta del sonido. Revisó y lo alzó.

-          Así que este es tu secreto Elías. Vamos a ver qué tan lejos puedes llegar.

Entró y no podía avanzar por el gran tobogán. Sacó su radio e hizo una orden.

-          Coronel, necesitaré unas sogas y equipo de escala. – ordenó por la radio.
-          Oficial Mercedes, tendrá que esperar. La patrulla anda a una hora de su ubicación.
-          No se preocupe, yo espero. – Apagó la radio.

Elías aún estaba inconsciente y sin saber que la oficial Mercedes sabía su secreto.

-          Este es el túnel que tanto buscábamos. El tesoro de su padre. – Susurró la oficial Mercedes.



"Relatos del Monseñor" 



©
1ª Edición: Editada y corregida.
Autor: Gustavo Ballena Rázuri, Lambayeque, Perú.
Todos los derechos reservados, prohibida su distribución no autorizada.
Quedan prohibidos, dentro de los límites establecidos en la ley y bajo los apercibimientos legalmente previstos, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito al autor.







































Etiquetas: [El espíritu de rama]  [El monseñor]  
Fecha Publicación: 2014-02-03T13:11:00.000-05:00

"ESTA OBRA ES GRATUITA GRACIAS AL AUTOR"

TODOS LOS CAPÍTULOS : AQUÍ



CAPÍTULO 5:  Igor


-          Elías. Elías. – Una voz suave susurraba con mucha delicadeza.


Elías abrió los ojos y vio un mundo diferente a donde estaba. Había muchos árboles y él estaba apoyado sobre ramas. Se paró adolorido y observó su alrededor. Comenzó a escuchar la voz de un niño llorando y no dejaba de observar a su alrededor para encontrar al niño.

-          ¿Dónde estás? – Gritó Elías.


El niño dejó de llorar apenas habló. Elías comenzó a caminar y a pasar entre varios  árboles, hasta que encontró una banca y en él, estaba un niño con la mirada agachada.

-          ¿Por qué lloras? – Preguntó Elías mientras se sentaba.


Elías escuchaba detenidamente como su respiro era agitado y se aguantaba las ganas de llorar.

-          Tranquilo, todo estará bien. – Elías lo consoló.


Cuando se acercaba para darle un abrazo, lo atravesó al niño. Elías todo confuso se levantó exaltado y no dejó de observar al niño.

-          ¿Qué rayos está pasando aquí? – Se preguntó así mismo.


El niño se para lentamente y cae de rodillas al suelo de ramas y mira directamente al sol.

-          ¡Por qué! – Gritó desesperado el niño.


Elías lo único que hizo fue sentarse y se quedó observándolo. En unos segundos notó que la luz del sol comenzó a alumbrar directamente al niño y desde el cielo se escuchó una voz de poder.

-          ¿Qué deseas hijo? – dijo la voz desde los cielos.
-          Se hicieron tantas promesas de las cuales ahora solo el sol radiante lo desvanece. Oh bella vida que alumbra bajo las gotas de agua, ¿Cuánto tiempo más esperaré? – Gritó el niño.

Un gran viendo sacudió muchas ramas y al niño lo tumbó quedando echado entre las ramas. El sol dejó de alumbrarlo.

-          ¿Esperas que te dé una señal o que te diga que escoger? ¿Piensas que caerá un gran cometa y guiará tu camino? – Se burló la voz de los altos cielos. – Son tus propias palabras y decisiones las cuales tienes que saber. No esperes que alguien escoja por ti o te mencione que debes de elegir. Además, todo camino tiene sus dificultades. ¿Piensas que encontrarás sin moverte de aquel sitio?

Se escuchó una gran carcajada.
-          ¡NO! – sopló fuerte. – Si no estás dispuesto a luchar por ti, no lo hagas. Así de simple.


Elías se levantó preocupado por el niño y se detuvo en mitad del camino al observar que el joven se levantaba por sí mismo

-          ¿Por qué?


Y el sol volvió a alumbrar al niño que estaba frustrado por sus ideas.

-          Si aún no sabes luchar por ti, ¿Cómo lucharás por otro? – Un viento suave rozó sus mejillas. – Muchas personas te pueden ayudar en tu luche, pero ten en cuenta que no estarán esperándote eternamente con su mano extendida. Muchos llegarán al grado de humillarse ante ti, llorarán ante ti, te abrazarán y te dirán “si puedes”; Pero ellos tienen sus límites.


El niño se levantó enojado y gritó de furia.

-          Se supone que iban a estar siempre conmigo. ¡EN LAS BUENAS Y EN LAS MALAS! – Sus lágrimas recorrían todo su rostro.


Y una gran tormenta tapó la claridad del cielo y se tornó oscuro.

-          Ellos lo hacen y lo harán siempre. Pero debes saber que eres TÚ el que no lo aprecia. No solo pienses en ti. Ellos tienen sentimiento y algunos, como te dije, son capaces de matar su orgullo por una persona tan INSIGNIFICANTE COMO TU. Pero ellos no siempre andarán atrás de ti. Si los rechazas, ¿Qué esperas? 


El niño se postró y alzó la mirada al cielo.

-          Quiero cambiar. – Dijo con una voz dulce y de dolor.


La tormenta paró y vio de nuevo la luz radiante.

-          Anda, recoge de nuevo aquella rama, porque ese eres tú. Y así como yo te la he dado, depende de ti cuidarla.


Y del suelo agarró una rama, lo guardó en su bolsillo, y se fue sin un rumbo. Elías seguía observando cómo se alejaba el niño lentamente.

-          Elías. – Una voz volvió a susurrar.


Un gran temblor comenzó a sacudir todo el ambiente. Comenzó a aparecer neblina y Elías intentaba huir. Corría desesperadamente. No sabía para donde ir porque solo había árboles a su alrededor.

-          Elías. – Gritaron su nombre desde los cielos.
-          ¡DÉJAME EN PAZ! – gritó.


Por andar observando de dónde provenía la voz, se tropieza con una piedra cayendo entre muchas hojas y ramas. El temblor paró y Elías se levantaba lentamente. Comenzó a escuchar pasos como si alguien se acercara a él. Elías no quiso levantar la mirada por miedo.

-          Elías, mírame. – susurró.


Elías alzó la mirada y vio a lo lejos a un hombre parado con una túnica negra que sostenía una hoz. Elías se quedó frío porque presenciaba a la “muerte”.

-          ¿Qué quieres de mí? – preguntó muy asustado.
-          Tu alma. – Dijo.


Elías se paró y lo miró detalladamente. Vio que había niños a su alrededor y estaban felices.

-          Ven, no te haré daño. – Dijo con una voz amable.


Elías no confiaba en él.

-          ¿Por qué quieres mi alma? – Gritó – Yo soy libre y he venido a afrentar mi pasado.


El hombre misterioso se burló.

-          Tú has huido de tu destino hace muchos años. Te escapaste de mis manos y decidiste afrentarme como si tuvieras poder de tu destino. Te he perseguido durante años. Ahora estas aquí, en donde inició mi búsqueda.


Elías dio un paso hacia atrás.

-          No. Estoy acá para cambiar y ser feliz así como un día mis padres me enseñaron a sonreír.


El hombre misterioso comenzó a caminar alrededor de él junto con los niños.

-          Tienes dos caminos que escoger. El primero está en venir junto a mí y acabar con todo esto, o, puedes regresar a tu mundo real y buscar lo que tanto anhelas. Pero en tu segundo camino no descansaré hasta verte destruido y que llegues a ser mío. Te perseguiré y haré tu vida un caos. El mundo estará en tu contra, y si es necesario, ellos mismo te matarán. Ahora… ESCOGE…. ¿Morir ahora, o, morir después 7 veces más doloroso que antes?


Elías no sabía que escoger.

-          Tú decides por tu alma. – Dijo el hombre misterioso.


Elías retrocedió y lo señaló.  

-          Tú no tienes mi destino. Yo lo creo y lo formaré. Yo soy el quien decide cuando morir o no. Yo decido cuando sufrir o no. Yo soy el único responsable de mis decisiones y de mis actos que vaya a tomar a partir de ahora.


El hombre lo miró con una sonrisa fingida.

-          Ya veremos Elías. Tu alma será mía, pequeña rama.


Elías se sintió mareado y cayó al suelo perdiendo la conciencia. El hombre se acerca ante él y le toca la mano.

-          Acuérdate de mi nombre Elías. Me llamo Igor.


"Relatos del Monseñor" 



©
1ª Edición: Editada y corregida.
Autor: Gustavo Ballena Rázuri, Lambayeque, Perú.
Todos los derechos reservados, prohibida su distribución no autorizada.
Quedan prohibidos, dentro de los límites establecidos en la ley y bajo los apercibimientos legalmente previstos, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito al autor.









Etiquetas: [Mr Dopp]  
Fecha Publicación: 2014-01-23T14:51:00.001-05:00
Y aquí están los chicos,
esos que sin emoción que no se sentían vivos
y se fueron a la deriva a buscar diversión
con unos cigarrillos y unas botellas de alcohol.
De pronto perdidos en la locura
jovial de la bohemia inicua,
aumentan la dosis a la negra noche
para ser del diablo los fantoches.
Los chicos destrozan el barrio de los perdidos
con canciones nostálgicas del olvido,
van a guitarra y a voz del rock
mientras se pierde el odio y el amor.
Ellos que fueron exiliados del cielo
e hicieron disturbios en el averno,
se cansaron de ser los chicos buenos
y se volvieron los jóvenes del momento.
Entre parejas se intercambiaban,
porque uno besaba mejor
y otro era un donjuán en la cama;
eran los locos del placer y del dolor.
Ya los azules empezaban a aullar
y los chicos riendo se esfuman ;
" No hables amor, deja de hablar,
porque sino con mi boca te he de callar".
Los chicos regresaron en madrugada
ya cada uno tirados en sus camas,
los chicos disfrutan todas las salidas,
no desperdician las noches de sus vidas.

Mr. Dopp





Etiquetas: [Mr Dopp]  
Fecha Publicación: 2014-01-06T01:02:00.001-05:00


Luego separarte un día de ellos, salir por la puerta y pensar que todo estará bien y mañana los volverás a ver, pero qué pasará cuando mañana uno no regrese; tenían razón, mis amigos, en eso de que yo sin ellos no era nadie, era tan obvio ser la nada entre los nadies, ser el blanco de algún malandrín que te tenía los peores castigos para enriquecer su vanidad u hombría ¡Qué se yo!; los sucesos que recorren a la deriva de esta carrera a la que llamamos vida eran tan peligrosas, causaban el miedo de hasta el más fuerte de las bestias asesinas de la lista que encabeza el mismo hombre; esos nervios que te avisan a fuego lento con el sudor que sientes atravesando la carne hasta los huesos recorriendo toda tu espina dorsal, ¿Quién osó a traernos al mundo sin siquiera nuestro consentimiento?, si somos la obra de la felicidad por qué están infelices mis hermanos, por qué no se están amando como ese amor que alguna vez un Carpintero enseñó, sí ése el buena gente al que todos aclamaban porque Él sabía amar y sabía como hacerse amar, de ése, del que valió la pena escribir.

Mis amigos decían que estábamos rodeados de demonios, de miles de demonios, pero que teníamos un ángel guardián, ése el que nos enseñaron de pequeños, que nos cuidaba, no de los problemas cotidianos con la vida, sino de las fuerzas malvadas del maldito ángel caído que Dios desterró del Edén, tal y como dicen los libros de las religiones. Pero yo sabía que tal vez un ángel guardián no era suficiente para estar a salvo, a ellos también los necesitaba para mantenerme cuerdo cuando la locura desafiaba mi estupidez e inteligencia del momento.

Salir por la puerta y pensar que todo estará bien y mañana los volverás a ver, salir por la puerta y algún bastardo te verá la cara y entonces se te aprovechará y entonces tú inmaduro niño llorarás y refunfuñarás que en dónde estuvieron tus amigos cuando los necesitaste, dónde estuvo tu ángel si ya lo tenías olvidado cuando empezaste a crecer y creer que lo de niños ya es inmaduro; el hombre atacándose entre su misma especie, el hombre es la única especie que causa su propia extinción, el hombre que es nada sin sus amigos, el hombre que perdió hace mucho la luz, el hombre que se olvidó de Jesús.

Mis amigos tenían razón, yo sin ellos no era nadie, ellos sin mí eran nada, nos complementábamos naturalmente tal vez ellos eran mis ángeles ¡Qué se yo!.


Mr. Dopp