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Fecha Publicación: 2015-06-07T22:07:00.001-07:00
Abro los ojos. Me sentía hecho mierda, no podía moverme, no sabía lo que me estaba pasando, lo único que podía descartar era que estaba resaqueado o peor aun, seguía ebrio. Estaba acostado en una habitación y había una gran luz que me cagaba la vista, amigos, cultos lectores, debo confesar que soy fotosensible.

Luego de unos minutos escuché sonidos extraños, mis ojos se movieron a todas partes para localizar de quien provenia. Dos tipos sumamente indescriptibles aparecieron, acercándose cada vez más a mi. Puta madre, haré el intento, tenían tres ojos, no tenían nariz ni labios, sus dientes eran filudos, sus ojos eran negros como la oscuridad. No podía gritar. Esos hijos de puta me habían sacado la lengua.

Mis ojos se dilataron. Uno de ellos tenía una especie de arma punzo cortante en el brazo, lo levantó, observé el foco y mi vista empezó a ver lucesitas de colores, moviéndose como gusanos. "No, eso no, la concha su madre", pensé. Podía dolerme la cabeza, el estomago, el brazo, las piernas, cualquier cosa, pero no había nada que detestaba más que eso. Cuando recuperé la visión a la normalidad, observé que esa arma caía, la acción fue todo en cámara lenta, el filo perforó mi pecho.

"Christian, levántate", me dijo Audrey. Ella era la chilena más bonita de todo el programa de Work and Travel. Me desperté y vi alrededor, había muchos norteamericanos, Audrey, su amiga la más puta de todas, mi roomate Leonardo y un par de muchachos peruanos que me extendieron su puño para que se choquen con los mios en señal de despedida. "Qué huevada, soñé una mierda bien pastrula", les dije. Agarré un par de chupetes de la cajita que estaba al costado de la cafetera y me dirigí hacía la cola, para cobrar mi pay check.

Un trío de tipos entraron, tenían peinados tipo los personajes del Padrino, sin duda alguna eran italo americanos. "This is a fucking assault, don't do nothing or shot", dijo uno de ellos. Acto seguido apuntó a la amiga de Audrey. No entendía como en esos bancos rurales de Estados Unidos no habían policías en las puertas.

"Take it easy bro", dijo Leonardo y continuó: "Don't do nothing stupid, we lost, you know". Uno de los criminales gritó: " Zitto fottuto sudaca". Una bala salió de su revolver, era dirigido para él, lástima que tuvo una puntería de cagada y me cayó en la cabeza. Estaba al costado de Leo.

Escuchaba la canción In heaven everything is fine. "¿Pero qué carajos sucedió", dije mirando la ventana. Me di cuenta que estaba ya en la estación La Cultura. Veo que la puerta del tren se abre y salgo corriendo, empujando a la gente. Bajo la escaleras y llego primero a esas máquinas del infierno, paso mi tarjeta y sigo corriendo. Luz roja. Me detuve. "Esto es más aterrador que Eraserhead", pensé. Las nubes tenían formas indefinidas. Las personas no tenían rostro, parecían que hubieran borrado sus caras.

Luz verde. Seguí corriendo. En el camino me choco con dos chicas, eran tan hermosas que parecían que fueran ángeles que habían venido para llevarme a su reino y evitarme el dolor mundano. "Disculpen", dije. Extendí mi mano y levanté a la chica que estaba más cerca de mi. Ella tenía los ojos verdes y cabello castaño. Esos preciosos dientes mostrados por su incomparable sonrisa, producieron como especie de flash. "Hey, me olvido de alguien, ah, lo siento", dije poniendo de pie a la otra chica. Tenía el cabello rubio, ojos azules y un piercing en la ceja. "¿Por qué tanta prisa?", me preguntó la rubia. "Estoy huyendo de mis propios miedos", dije. Ambas se rieron. "¿Y a qué le temes?", dijo la otra, la de cabello castaño. "A chicas tan hermosas, la verdad no sé que decir, soy malo con las palabras", respondí.

Pareció que el tiempo regresó atrás unos minutos. Ambas chicas estaban en el piso. Extendí las dos manos para que se pararan, esta vez no dije ni mierda. ¿Acaso fue solo una imaginación de un futuro no muy lejano? Ambas me sujetaron el brazo con una fuerza animal, se aproximaron y rápidamente me sacaron la piel de los brazos. Me desangraba lentamente, iba a morir, me sentía débil, sabía que era el fin. Solo podía ver muy borroso como se comían mi piel.

Grité. Estaba en mi cama. Eran las tres y media de la madrugada. "Ni más vuelvo a ver esas películas surrealistas", dije. "¿Me estaré volviendo loco?.. al menos aprovecharé esta huevada para escribirlo y subirlo al blog, hace años que no subo ni mierda".
Etiquetas: [work and travel]  
Fecha Publicación: 2015-03-12T20:09:00.000-07:00
7


Luego de la charla con mis padres, me levanté de la cama y me fui a la cocina. Al bajar las escaleras me topé con el caos y el desorden: la cocina-comedor estaba hecha basura. El piso estaba con barro y huellas, la mesa estaba lleno de vasos, latas y envolturas. La sala estaba en el mismo estado. “¡Puta madre!, qué tal tonito”, dije mientras regresaba a la cocina. Me calenté un vaso de sopa Maruchan y regresé a mi dormitorio. Luego prendí la televisión, puse el canal house a todo volumen y entre a Facebook mediante mi Tablet. Me comuniqué con algunos familiares y amigos. Era ya el 31 de diciembre. Por lo que veía, todos mis conocidos se preparaban con ansias para el año nuevo; mientras yo me duchaba para irme a trabajar. El turno que me tocó ese día fue de 4 de la tarde hasta la media noche. Una vez listo, uniformado, me fui hacia el resort caminando. No hacia tanto frío ni tampoco era de mañana para irme con el shuttle. La distancia de mi casa hacia mi trabajo era más o menos una milla, así que tenía tiempo para ver el paisaje y sentir el aire congelado de Pennsylvania. Cuando salía del barrio tenía que bajar hacía el paradero, de ahí tenía que caminar la pista que me llevaba a la carretera. Estando ahí, me colocaba detrás de la línea que separaba el camino de los carros con el lado de los peatones locos y pobres, como yo. Estoy seguro que mucho de ustedes se preguntaran lo de locos y pobres, bueno, digo locos porque en cualquier momento te puede matar un auto y pobres porque en Estados Unidos el que menos tiene auto propio. El cielo permanecía celeste, un celeste tan intenso, era un cielo tan diferente al que acostumbraba ver en mi querida Lima, la gris. Las nubes se movían a gran velocidad, así como los autos, en especial esos camiones gigantes que cada vez que pasaban desprendían un viento tan fuerte que podía empujarme contra las rocas adornadas de nieve, sin problemas, gracias a Dios nunca pasó eso. 

Luego de casi media hora llegué al resort. Abrí la puerta del sótano y entré. En el camino me encontré con algunos muchachos que ya salían de sus turnos, cansados y aun con resaca. Nos saludamos con un “hola”. En la máquina de asistencia, vi la hora, eran ya las 4:03. Aún estaba a tiempo, poncho y entro al ascensor. Como la rutina manda me fui a la cocina donde Andy hace las reuniones antes de cada turno, pero no lo encontré. Encontré a uno de sus chacales, un gringo alto con lentes hípsters y de monturas color negro. Me miró.

–There’s no meeting today. Go to work. 

Lo miré con cierta extrañeza.

–Go ahead! 

Di media vuelta y me fui a Autumn, la cocina que me iba a tocar por el resto de mi estadía en ese resort. Lo único bueno es que ya no tenía que irme a otros lugares, lo malo era que había mucho trabajo en ese lugar. En la cocina ya estaba Frankie. Era un tipo de cabello rubio y ojos verdes, de estatura mediana y que sufría un ligero retardo. Muchos de los puertorriqueños se burlaban de él y lo llamaban “tostao”, que era algo así como loco. Después de todo era de puta madre trabajar con él ya que me brindaba ayuda incondicional y podía platicar en inglés a la vez, eso me ayudaba a hablar más fluido. Dentro de él no había maldad, no había poses del más pendejo ni nada por el estilo, era una de las pocas personas que se mostraban tal y cual era. 

Cuando sacaba los racks con vasos escuché gritos y sonidos de juegos artificiales. Ya era medianoche, ya era año nuevo y yo seguía trabajando. Salí de la cocina y en el pasillo vi a muchas familias, niños jugando, abrazando a sus padres, parejas brindando con licores caros. Me sentí miserable. Entré a la cocina y me despedí del gran Frankie.

–Hey, It’s 12:10, I’ll go home.
–Ok, ok Christian –me dijo mientras seguía trabajando duro– Take care
–See ya tomorrow. 

Bajé rápidamente y llamé por teléfono para que el shuttle me recoja. Vino Miguel, el chofer del shuttle. Era puertorriqueño pero a pesar de eso, era de los pocos que no tenía corte regueatonero, seguro era porque ya estaba en la base 4 y sería ridículo vestirse así. Conversamos. Me dijo que todos se habían reunido en dos casas, la mitad en la de los argentinos y los otros en la mía. “¿En mi casa?”, dije. Recién me enteraba. Llegamos. Me despedí del viejo y toqué la puerta. Me abrió Alberto y nos saludamos, pasé y vi a muchos chicos del programa work and travel en mi sala y cocina-comedor, no me detuve a saludarlos uno por uno, sino solo atine a decir: “Hola, qué tal, Feliz año” mientras subía a mi cuarto a encerrarme para dormir sin importar qué día era.
Etiquetas: [work and travel]  
Fecha Publicación: 2015-01-03T09:47:00.006-08:00
6


Al día siguiente de primer día de trabajo, la pasé en casa, chilleando en internet. El segundo día de trabajo fue diferente: tenía que entrar a trabajar a las 8 am. Ese día, y como el resto de los días que me tocaba trabajar en la mañana, me levanté a las 6:50. Medio zombie me cambié y vestí con el uniforme de trabajo: aquel pantalón ancho de color crema, un polo plomo que tenía el logo del resort y mis zapatillas negras de Perú; la gorra la guardé en el bolsillo de mi jacket. Bajé al baño, me lavé la cara y me afeité. Acto seguido guardé mi máquina de afeitar en el cajón de mi cuarto. ¿Qué chucha iba a dejar esa huevada en el baño?, luego alguien lo usaba y me pegaba alguna enfermedad de transmisión sexual y me iba al carajo. Ya aseado, me fui a la cocina a servirme mi desayuno. Siempre desayunaba un par de panes blancos con jamonada y queso amarillo y tomaba leche. Después de desayunar hacía hora en el mueble hasta las 7:40, hora en que pasaba el shuttle a la esquina de mi barrio. Había gente impaciente que esperaba el shuttle en el paradero; yo, en cambio, esperaba en mi casa para recién salir. Cuando era hora estaba atento en el mueble mirando la ventana. 

Desde ese día empecé a trabajar dentro del hotel. Aprendí que antes de comenzar a laborar, tenía que ir a la cocina principal a reunirme con el manager y los demás dishwashers. El manager se llamaba Andy, era un viejo pelado, blancón, de ojos verdes y de estatura mediana. Siempre hacía preguntas de cuál es el tiempo que se debe poner en el agua caliente las ollas o qué valores debe tener el dishwasher ideal. Aunque antes consideraba que era pérdida de tiempo, debo confesar que esas palabras que decía, lejos de ser clichés, lograban identificarte con la empresa y con tus funciones, además de motivarte. Nunca podré olvidar aquella frase que marcó mi vida: “nothing is imposible” y eso lo aprendí más tarde cuando tenía que trabajar solo o lavar las cosas de tres restaurantes o quedarme a doblar turno y hacer dieciséis horas de trabajo. 

Y sí, ese día me tocó trabajar solo y en el área que más odié: Pots. En ese lugar no había máquina ya que no se lavaba platos ni vasos ni tasas; solo tenías que lavar ollas, recipientes, bandejas y demás huevadas de tamaño colosal. A la hora y media, mis manos se quedaron hechas mierdas, a pesar de que usaba guantes. Las yemas de mis dedos se pusieron como gelatina. Maldije ese día. Me prometí que si me volvían a ubicar en esa área agarraba mis cosas y me iba a New York con mi tía, ¡al carajo todo! Gracias a Dios eso no sucedió. 

El tercer día fue más relajado: me tocó trabajar en Autumn y con Frankie. Luego de trabajar llegué a mi casa, me bañé y mi cambié para el cumpleaños de mi roomate Lalo. Esa fiesta fue demencial. Hubo tragos en exceso: abrías la puerta del fridge y veías latas de cerveza en cantidades respetables, en las mesas no faltaban las botellas de vodka y ron Bacardi, ícono del trago boricua. Vinieron todos: los argentinos, chilenos, peruanos, puertorriqueños, hasta tres norteamericanos y un mexicano. Fue de puta madre. Jugamos Flip cup. Para los que no saben, para jugar tienes que ubicarse en una mesa, dividir la gente en dos grupos de siete jugadores, preferentemente, servir cerveza en vasos descartables, ubicar los vasos llenos cerca a cada jugador y en poner en el filo de la mesa. Cada jugador tiene que esperar su turno, una vez que le toca tiene que tomar el vaso de cerveza, una vez que este vacío, debe ubicarlo en el filo y voltearlo con la palma de la mano. Ganamos dos juegos de tres rondas. 

Fue un descontrol total: rompieron el baño, la puerta del cuarto de mis roomates y vomitaron. No me acuerdo muy bien, pero creo que yo también buitré en la cocina, luego de zamparme shots de Bacardi, luego de haber jugado el flip cup. Lo malo de ese inolvidable party, fue que tuve un problema con el cumpleañero. Ese huevón a pesar de que cumplió 24 se puso pedo y empezó a romperme las bolas. Pero bueno, nada es felicidad completa, ¿no? 

Al día siguiente, Lalo me despertó. Me dijo que me llamaba mi viejo por teléfono. Seguía ebrio, me daba vueltas la cabeza y no coordinaba las palabras. A diferencia de la navidad, ya me encontraba más tranquilo ya que ya trabajaba y estaba empezando a acostumbrarme a vivir solo, lejos de casa. De todas maneras, la conversación que tuve con mis padres fue algo feeling. Al despedirme mandé saludos a los demás y les dije que cuidaran a mi fiel y mejor amigo perruno llamado Black.
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Fecha Publicación: 2014-12-15T15:25:00.002-08:00
Estaba con media hora de retraso y aun me encontraba en el bus, atascado en plena av. Abancay. Maloko y Miguel me reventaban el celular con sus llamadas y mensajes. Decidí bajar e irme corriendo hacía el parque de la exposición. A cinco cuadras del local observé una cola inmensa. Cientos de jóvenes vestidos de negro y con peinados extraños, caminaban como en procesión. Crucé la pista y decidí darle la vuelta a la cola.

Cerca de la puerta principal observé a Dennis, un brother que conocí en el 2007 cuando empecé a tomar trago basura en plena vía pública; él estaba con una flaca y un pata, medio preocupados. No llegaron a comprar entradas y estaban buscando al mejor postor, aquel que no sea tan rata y no les cobre más del doble. Seguí de largo ya que vi a Maloko en la esquina.

–Oe sorry por la demora
–Ya, ya –dijo Maloko luego de estrecharnos la mano- Acá tengo Russkaya combinado con frugo.
–Chucha –respondí– bacán.
–Oe casi no compro la entrada huevón –me dijo Maloko mostrando su ticket–, cuando vi el precio dije: “Ta huevón, ¿60 lucas?, no seas pendejo”.
–Sí, una huevada –dije sonriendo– todo por Panda.
–Todo por esos emos de mierda.

Reímos, mientras nos pasábamos los vasos de alcohol.

–Oe alucina que a la vuelta escuché entradas a 180, qué pendejos…

En eso, pasa un grupo de gente vociferando y peleándose. A los segundos más personas se unían al tumulto.

–Seguro le han vendido una entrada falsa a un huevón y ahora le quiere sacar la mierda al tío.
–Qué chucha será.

A los minutos llega Miguel y seguimos conversando hasta terminar los dos cajas de Frugo mezclados con vodka barato. Antes de entrar compré una clásica cajetilla Marlboro y un encendedor. Sin importar nada, como buenos chikipunks, nos llegó al pincho las reglas establecidas y nos colamos a tres metros de la puerta. Sorry gente que hizo una hora de cola, así son las cosas…

Entramos cuando estaba terminando de tocar el Tri. Ya que no bastó el vodka, nos dirigimos a la caseta donde vendían chelas. Miguel como estaba en falta, compró cinco vasos de cerveza, de los cuales dos boté debido a mi estado etílico, según lo que me contó Maloko una semana después. En plena presentación de Libido nos dirigimos lo más cerca posible al escenario. No entendía como había gente que había llegado a las 6 de la mañana pensando que iban a estar todo el tiempo adelante. Nosotros entramos cerca de las 8 de la noche y estábamos a tres metros del escenario. “Salim lárgate, aburres conchatumadre”, decía la gente. Todos querían ya deleitarse con las canciones de Panda. Libido abandonó el escenario sin pena ni gloria.

“Pepe, hazme un hijo”, dijo una flaca. Ya estaban en el escenario Pepe, Ricky, Arturo y Kross. Panda empezó con Saludos desde Turquía. Luego siguió con Huésped en casa propia. La histeria colectiva se apoderó del lugar. Varias chicas se iban desmayando una por una. Una muchacha de polo blanco fue la elegida de robarse la atención de los Panda y Ricky pidió que la apoyaran, que no iba a comenzar la tocada hasta que ella salga del tumulto. Una vez resuelto el problema, reanudaron su presentación con Enfermedad en casa. Esas tres canciones son de los últimos discos. Debo confesar que yo sigo a Panda hasta el álbum Amantes sunt amentes, luego de ese álbum hay tres más.

Los nuevos oyentes de Panda estaban felices cantando y otros grababan; mientras Miguel, Maloko y yo nos mirábamos las caras esperando a que suene alguna canción antigua, esas old school, las de los viejos tiempos. Pepe decidió complacer a su gente antigua y tocó Quisiera no pensar. Cuando se escuchó el riff de Cita en el quirófano, nos metimos al pogo. Era increíble que en los 3 minutos que duraba la canción nos teletransportamos a la época de secundaria, cuando veíamos MTV, los 10+ pedidos. Luego tocaron 3+1, el pogo seguía. Decidí tomar un poco de aire en Los malaventurados no lloran. Cuando tocaron No tienes oportunidad contra mi antipática imaginación parecía que estábamos muertos, esperando en el purgatorio si irnos al paraíso o al infierno. De repente, sonó Promesas-Decepciones y se armó un pogo más brutal. Luego de eso tocaron Procedimientos para llegar a un común acuerdo. Se oía como la gente coreaba: “Sensual, la depravación en mi es sensual”. En So violento, so macabro una flaca agarró a su gane y le cantó: “Si no es conmigo, con nadie vas a estar”. La gente estaba más feeling. Volví a descansar cuando tocaron Usted. Sin mayor presentación se escuchó Narcisista por excelencia y la cerró con Disculpa los malos pensamientos. Al final de la presentación se tomaron un selfie con la bandera peruana y el público. Fueron interrumpidos por Chabelos, pero no importaba, ya que la magia había estado presente.

Realmente valió la pena volver a los conciertos chikipunks peruanos. Ese mismo día era el Life in Color Perú y no fui solo por Panda. Debo confesar que me perdí de algunos detalles de la presentación ya que entré mamadazo y la seguí adentro, como pueden apreciar en mi intento de relato. Gente, somos el siguiente año. Panda es uno de esos grupos que merecen ser vistos una y otra vez. Gracias por todo, genios.
Etiquetas: [work and travel]  
Fecha Publicación: 2014-12-07T12:48:00.001-08:00
5


El 27 de diciembre empecé a trabajar, por fin. La tristeza y desesperación que sentía mutó en un júbilo indescriptible. En el Shuttle, que era un bus que nos llevaba al trabajo y nos traía a casa, conocí a Gaby, era un moreno de estatura baja, el único puertorriqueño que le gustaba el metal. Me pareció buena onda, a fuego como dicen ellos. Me indicó donde me tocaba trabajar. 

“Aquí es Ski Londge”, me dijo. Me despedí de él con un apretón de manos y bajé del shuttle. Ingresé al establecimiento y observé a puros niños de entre ocho a quince años, estaban jugando al bowling o a los juegos de mesa tipo pinball. “¿Ahora dónde carajos voy?”, pensé. Me acerqué a una gringa que parecía trabajar ahí.

–Hi, I’m the new dishwasher. It's my first day at work. Could you tell me how can I go to the kitchen?

La chica me respondió amablemente y le dijo a un tío que me lleve hacia la cocina. Antes de eso le dije para ponchar mi dedo en la máquina que controla la asistencia. Dicha máquina estaba ubicado en un pequeño cuarto donde también había mucha ropa de ski y snowboarding. Coloqué mi dedo pero no lo reconoció. El tío me dijo que no importaba, que ya habrá otra oportunidad de grabar mi huella digital. Subimos en ascensor hacia la cocina. Cuando entré, me sorprendí, nunca había visto una cocina tan grande. Habían muchos chefs, meseras y dos dishwashers.

–Hey you! I’m Christian, the new dishwasher.
–Oye no tienes que hablar en inglés con nosotros –dijo el más tío– somos puertorriqueños.
–¡Ah! –dije– mejor.
–¿De dónde eres? –dijo el gordo– ¿De Chile?
–No – respondí– Soy de Perú, Lima. 
–Bueno, ya que viniste –dijo el tío– me voy, ya es hora.

Yo era el relevo de ese tío. Me quedé con el gordo, su nombre era Mauricio. Debo confesar que ese día Mauricio fue el único que lavo todos los platos, vasos, tazas, ollas y demás huevadas; mientras yo estaba parado sin saber qué hacer, luego lo ayudé en ubicar las cosas en su lugar. Ese día solo trabajé seis horas, pero debo confesar que terminé hecho mierda. No estaba acostumbrado a trabajar. Lo mejor de ese día fue que uno de los chef nos invitó pizza, hamburguesa y un vaso enorme de coca cola, fue algo traído del cielo, ya que estaba con un hambre de la concha su madre. 

También intercambiamos algunas palabras. Y típico de los puertorriqueños no hablamos de fútbol, ni religión, ni temas de actualidad, si no solo de mujeres. 

–¿Y has ido a los parties? –me dijo el gordo mientras ponía un par de platos en la máquina.
–Sí –respondí– a algunos. Mucha destrucción.
–Si me pareció verte en el grupo de los peruanos, en especial, con la gente del mago. 
–Ah, sí.
–Oye y que jeba te gusta más, hay unas que están…
–Hay flacas simpáticas. Pero han venido unas chilenas, que, asu, están buenazas. 
–Ah, sí, una de ellas es argentina.
–¿Lana?
–Sí, la rubiecita, bien linda ella. Todos le han puesto el ojo.
–Sí, es la más rica del barrio. 

Llegó las doce de la noche y salimos de la cocina. Acompañé a Mauricio a botar la basura y nos fuimos en shuttle hacía el barrio. Cuando llegué a casa, Alberto y Frank me estaban esperando, me preguntaron qué tal había sido mi primer día de trabajo y si había traído algo de comer, a lo que les dije que no, que había comido allá. Al saber esto, continuaron con lo que estaban haciendo: ver TV o chatear en Facebook.
Etiquetas: [blog]  [youtubers]  
Fecha Publicación: 2014-11-10T15:54:00.002-08:00
¿Quién carajos iba a pensar que esta aventurilla literaria duraría tanto tiempo? Nadie, ni yo. Hoy el blog cumple cinco años y después de pensar tanto, no se me ocurrió mejor idea, que dejar de contar historias (solo por hoy) y hacer un Top 10 de los mejores Youtubers del mundo. Sí, el youtube también está dentro de la comunidad blogger. Y bueno, déjenme confesarles que yo pensaba que eran unos monos detrás de una cámara que hablaban huevada y media, pero no todo es mierda. En mis tiempos de ocio, me di cuenta que también hay calidad.


PUESTO 10: La habitación de Henry Spencer

Es uno de los pioneros de los youtubers en Perú. Era un estudiante de la U. de Lima que estudiaba Comunicaciones y decidió hacer videos entrevistando gente. Los mejores videos, para mí, son cuando se va a las universidades y entrevista a los alumnos. También es interesante cuando entrevista a bandas de la escena subterránea local. 



PUESTO 9: What the chic

Supe de ella en el Social Day 2013, cuando ganó la categoría Moda y Tendecias. Debo confesar que no soy fanático de ella porque sus videos están orientados a un público femenino, pero es necesario mencionarla en este ranking porque está llevando el nombre del Perú a otros lares, se está codeando con los youtubers más influyentes, viaja a muchos países, es un éxito. Además que es físicamente atractiva y tiene una voz dulce, puntos que le dan plus para un youtuber. 



PUESTO 8: Werevertumorro

Werevertumorro no es solo Gabriel Montiel, si no todo un equipo de youtubers. Debo confesar que tampoco soy muy fanático del werever pero es necesario ponerlo en este top porque es un ícono en esta plataforma virtual. Sus videos no son nada del otro mundo, hasta el estilo y contenido lo ves en Hola soy German, Caeli, Yosstop y esas mamadas. No he visto muchos videos de él, pero para mí lo mejor fue cuando dejó sus guiones cojudos e hizo un par de videos parodiando a otros youtubers, fue un éxito; también, las veces que entrevistó al escorpión dorado fueron muy jocosas. 



PUESTO 7: Tuiwok Zine

Son unos españoles que hacen rankings de películas, series, personajes y otras cosas. Son interesantes porque siempre descubres algo nuevo. Además que coincido, muchas veces, con ellos. 



PUESTO 6: Soy Daniela bos 

Es un personaje bien hecho, el cual trata de una flaca bonita y hueca que habla cojudeces y media y utiliza para todo el hashtag. Muy divertidos sus videos, altamente recomendables. 



PUESTO 5: Mexivergas

Este es el rey de los trolls, hay muchos que lo intentan copiar pero este huevón es el único que con sus declaraciones hace que países enteros lo odien, ganándose dislikes, pero a la vez muchas reproducciones. Sin duda, logra su cometido. Lo malo es que sobrepasa los límites y solo se dedica a echar mierda a otras personas. Otra cosa, sobreactúa demasiado, me llega a la pichula cuando mueve sus brazos como enfermo mental.



PUESTO 4: El Jiots

Es un loco entrevistador que asiste a todo tipo de eventos de música, desde raves hasta conciertos post hardcore. Es un troll de los buenos, siempre trata de joder a los entrevistados con alguna pregunta fuera de lo común. Sus videos son un éxito. 



PUESTO 3: Drossrotzank

De este señor debo destacar sus rankings acerca de cosas de terror, misterio y similares. Aunque muchas veces exagera un poco, hay cosas que llaman la atención y hasta llega a darte un mínimo miedo, cosa que a estas alturas es algo muy aplaudible. No lo pongo en una mejor posición porque me llega al pincho su etapa de troll, lo único gracioso que hizo fue un review a los caballeros del zodiaco. Es una lástima que Dross no deje insertar sus videos a los blogs, de todas maneras les recomiendo el video “la carta más devastadora de la historia”. 


PUESTO 2: Enchufe TV

Este canal cuenta con actores profesionales que personifican a toda clase de humanoide, guiones bien hechos, sketchs muy cómicos, son un éxito. Son de Ecuador. Aunque muchas veces abusan de las jergas locales, logran robarte muchas risas, ya que el humor es universal. Dicen que también pasan sus videos a la televisión de su país. 



PUESTO 1: El escorpión dorado @pelucheenelestuche

Alex Montiel personifica al típico latino machista, que se cree el más pendejo, el que disfruta joder a otra gente, hablar de sexo todo el tiempo y creerse lo mejor. Al comienzo se dedicaba a ver videos y burlarse pero con buena onda. Luego empezó a salir a la calle, ir a eventos, viajar por el mundo, a entrevistar gente y joderlos. Actualmente hace ambas cosas. El escorpión dorado es de puta madre: humor negro y comentarios ácidos en su máxima expresión. Es cierto que este año no ha sido el mejor para él, pero basta ver sus videos antiguos para considerarlo el número 1 de este ranking. 



Etiquetas: [viaje]  [work and travel]  
Fecha Publicación: 2014-10-21T18:11:00.000-07:00
4


Cuando dije que todas las casas eran idénticas, lo eran, tanto por fuera, como por dentro. Todas las casas tenían dos pisos: en el primero había una pequeña sala con una TV antigua, un baño y una cocina-comedor; en el segundo piso se encontraban las habitaciones, que eran dos, cada una tenía tres camas y un TV antiguo, también había otro baño. 

En la primera noche dormí en el cuarto de los jamaiquinos. Recuerdo que uno de ellos roncaba como mi perro, me llegó al pincho. Las siguientes noches dormí en la sala, en un inmenso sofá que se convertía en cama, tipo Transformers. 

Al día siguiente hablé con Taylor y me ubicó en la misma casa, o sea el 901. También me hicieron el drug test y firmé contrato. Yo iba a dishwasher, como muchos, pero fui el único que se quedó con ese puesto, los demás fueron cambiados a laundry. El otro grupo iba a trabajar como housekeepers. Ese día también conocí a mucha gente peruana, algunos chilenos y argentinos. 

Una semana después fue mi orientation. Me indicaron dónde iba a trabajar, que iba a ser, cuales eran mis horarios y otras cosas. Se suponía que al día siguiente del orientation iba a ser mi primer día de empleo, pero no fue así, fui el único de todo ese grupo que tenía que comenzar la siguiente semana, ya que no salía en el horario de los dishwasher. Volví a hablar con Taylor, la directora de Human Resources, pero fue en vano. 

Esas dos semanas que estuve sin trabajar, en casa, me parecieron eternos y tristes. Extrañaba mi familia, mi casa, mis amigos, todo lo que me hacía recordar a una vida de comodidad en mi país. Ahora me encontraba en un país lejano, donde se hablaba otro idioma, con otras costumbres, con un frío que hasta ese momento llegaba a los -10 C°, solo, triste y perdido. Quise abandonar ese lugar de mierda e irme a vivir con mi tía que vive en New York, pero salir de allí y llegar no iba a ser nada fácil. Encima tenía que tener el social security para poder trabajar allá, o si no me podían deportar.

Aunque no todo fue una mierda, casi todas las noches había reuniones o fiestas en algunas casas y como hueveando iba a veces. Recuerdo que en una fiesta llegaron dos chicas rubias que se robaron las miradas masculinas de deseo y de envidia, por parte de las mujeres. La más alta era chilena y la otra era argentina pero estudiaba en Chile. Debo confesar que las dos eran guapas, las más guapas de todo ese inmundo barrio de latinos. Todos querían ligar con la argentina, pero personalmente la chilena me pareció más atractiva, la otra era muy Barbie. 

El día de navidad fue sumamente extraño, era la primera vez que lo celebraba sin mi familia, esta vez lo hacía con gente que recién conocía. Fue duro. Lo más raro para mí fue que experimenté esa navidad con nieve y con hermosas estrellas en el cielo. 

Los jamaiquinos me llegaban al pincho. Me fue difícil entender lo que decían, pues su inglés era asqueroso. Como decía Lalo: “si entiendes a los jail (jamaiquinos), entiendes a quien sea”. Como les conté antes, vivía con dos jamaiquinos: uno gordo y uno flaco. No me acuerdo como se llama el gordo, pero qué chucha, no interesa. Lo que sí es digno de contar es que ese gordo a pesar de ser callado, solía llamar por teléfono a los vecinos y joderlos. Me acuerdo un día llamó a los argentinos y como ellos eran los únicos que tenían una registradora de llamadas se dieron cuenta que la llamada era de la casa donde yo vivía. Vinieron en seguida. Yo abrí. 

–Acaban de llamar a mi casa de un teléfono de aquí. Estaban boliudeandonos
–¿Sí? –le respondí– qué raro.
–Ya, cuidado, dile a ese payaso que deje de joder –reconociendo que mi voz no era la de la llamada–No quiero problemas. 

Se fueron. Cada pisada se hundía en la blanca nieve, dejando huella. Cerré la puerta.

Ese gordo siempre me reventaba las bolas diciéndome que no robe las cosas del refrigerador. Qué mierda iba a ser choro si ellos mismos, los peruanos, me dijeron que agarre lo que quiera del refrigerador. La condición era que todos íbamos a poner cuotas iguales para comprar alimentos. Aparte de eso, una vez me jugó una broma. Estaba bañándome, relajado, cuando de pronto escuché la puerta. Alguien estaba tocando. “Open the door, I wana pum pum”, dijo el gordo ese. Pum pum es tener sexo, es como decir fuck para los jamaiquinos. “¿Qué?”, dije. Siguió tocando. Me puse la toalla y abrí la puerta. Vi a Lalo y al gordo riéndose. Los peruanos siempre bromeaban que ese gordo era el negro ese de la cárcel que dice: “recoge el jabón”. No sé cómo lo convencieron de hacer esa broma. Volví a entrar al baño, furioso, para cambiarme. 

Durand, el jamaiquino flaco, era más buena onda, más amigable. “Hey youuuu”, decía el hijo de puta ese, siempre gritaba la misma mierda. Me ayudó a comunicarme con mi tía de New York. Lo malo es que molestaba a la gente cuando veía algo sucio o algo no ordenado en la casa. 

Un día después de navidad se fueron los jamaiquinos. Debo confesar que me alegró un montón el enterarme de esa noticia. Ahora la casa era solo de peruanos. Subí a la otra habitación y me apoderé del lugar, yo solo dormía en un cuarto; mientras los otros tres peruanos dormían en el del costado. Sin lugar a dudas, después de la navidad más fría que haya vivido en toda mi vida, mi suerte empezó a cambiar y la vida, a sonreír.
Etiquetas: [viaje]  [work and travel]  
Fecha Publicación: 2014-10-03T16:08:00.002-07:00
3


El aeropuerto de Dallas era gigantesco. Era más de tres veces de grande que el aeropuerto de Lima: el “Jorge Chávez”. Tenía de todo: restaurants, tiendas de ropa, tiendas de accesorios, entre otras cosas. Hasta había trenes para poderte movilizar.

En el camino me encontré con un peruano que me ayudó a matar el tiempo unas horas. El muchacho venía de Arequipa, tenía veinticuatro años e iba a Colorado, por tercera vez. Buena honda el brother ese. A eso de las 10 am se fue a su gate, mientras yo me dirigí a la estación de tren.

Subí al tren de la ruta C. Estaba súper vacío. Era la primera vez que subía a uno. Saqué mi cámara digital y me tomé unas cuantas fotos. A pesar de no haber desayunado, no tenía hambre. 

Subí al avión y lo que siguió carece de sentido. Plan de las 6:30 pm llegué al aeropuerto de Pittsburgh. Después de un agotador viaje llegué a Pennsylvania, estado el cual no me iba a mover hasta marzo. 

Inmediatamente me fui a la sala donde entregan los equipajes de bodega. Busqué como loco donde quedaba dicho lugar. Mientras caminaba, mi vista no pudo encontrar a otra persona que no sea norteamericana. Una vez que llegué, cogí mi maleta y me fui al teléfono más cercano. 

-Hola, ¿Carlos? –Dije medio asustado y nervioso- soy Christian, amigo de George, ya llegué al aeropuerto de Pittsburgh, ¿dentro de cuánto tiempo estarás aquí? No te demores.

Me contestó. Me dijo que iba a llegar en veinte minutos. El tiempo pasaba lentamente. Maldije la hora en la cual me lancé por esa idea. Tenía dos opciones: pagar alrededor de 190 dólares para que el bus del resort donde iba a trabajar me recoja del aeropuerto o pagarle 80 dólares al amigo de un pata que me había contactado en el grupo de facebook de los muchachos sudamericanos de work and travel. “La puta madre", dije. Volví a llamar. 

-Hola, ¿Carlos?, te estoy esperando en el lugar donde se recoge las maletas.
-Ok, ok.
-¿Cómo me vas a reconocer? –Pregunté, ya que nunca nos habíamos visto- estoy vestido con una casaca azul.

Colgué y me senté con mis maletas. No había duda que me había ido a los Estados Unidos a la aventura. Quizá se me hubiera hecho más fácil y entretenido el ir acompañado con algún amigo de Lima. 

Me acordé de la descripción de George: “es bien fácil de reconocer, Carlos es jamaiquino”. No se me ocurrió otra cosa que un negro alto. No me equivoqué. 

En el momento menos esperado, escuché una voz que decía: “¿Christian, eres tú?”. Era Carlos. Me levanté del asiento y le estiré la mano. Conversamos cualquier estupidez que no me acuerdo y nos fuimos a su auto. Nunca me podré olvidar el momento en que pisé la calle de Pittsburgh, mis piernas se inmovilizaron, nunca había sentido tanto frio, era peor que estar en un fridge. Cometí un grave error: el no haberme puesto calentador dentro del pantalón. 

Carlos metió mi equipaje dentro de la maletera. Dentro del auto, estaba sentada una morena que vestía un abrigo típico de las chicas de los barrios peligrosos que salen en las películas gringas. Le dije: “hola” y me senté en el asiento trasero. 

El viaje duró alrededor de una hora y media. El lugar donde iba a vivir si estaba jodidamente lejos de la civilización. En el camino miraba por la ventana y todo era diferente a lo que conocía en mi país, aparte de los letreros en inglés, claro, las calles hasta el cielo era diferente.

Antes de llegar a Farmington, paramos en Uniontown y entramos a Wallmart. Dicho establecimiento era un supermercado inmenso que tenía de todo. Una de las cosas raras que vi era que tenían, aparte de las cajas registradoras la cual atendía una chica, otras que no había nada y el cliente metía su dinero o su tarjeta en la máquina y lo registraba por su cuenta, by yourself como dirían ellos. Me quedé sorprendido. Estoy seguro que en Perú sería un fracaso, la gente se iría sin pagar. “No way”, dije. 

Salimos de Wallmart y seguimos con el viaje. A los minutos llegamos a un barrio desolado que tenía casas idénticas. “Acá es donde vive George, pasarás la noche allí y luego hablas con Taylor para que te ubique en una casa”, me dijo Carlos. Tocó la puerta de una casa que tenía el número 910. Salió otro jamaiquino, igual de alto pero más flaco: era Durand. Me miró mal pero me dejó entrar. Dejé mis maletas en la sala y me fui a la cocina, donde había gente. “¿Eres peruano?”, me dijo el más bajito de ellos. “Sí”, le contesté y seguí respondiendo el interrogatorio. En esa casa vivían tres peruanos y dos jamaiquinos. Los peruanos me vacilaron un toque y uno de ellos me preparó sopa Maruchan. No me imaginé que esa casa de madera iba a ser mi hogar durante más de tres meses.
Etiquetas: [concurso]  [sobrenatural]  
Fecha Publicación: 2014-09-01T13:37:00.000-07:00
Mis calificaciones eran deplorables. Cursaba el quinto ciclo de ingeniería civil pero llevaba cursos de tercero y cuarto. Nunca quise estudiar esa carrera, solo lo hacía porque mi papá es ingeniero civil y gana un sueldo nada despreciable, además que cuando estaba en el colegio él siempre me reventaba las bolas con que nada lo haría más feliz que continúe su legado. Para ser honestos, nunca quise entrar a la universidad. Siempre soñé con ser futbolista. Cuando era chibolo jugaba en las divisiones menores de mi club querido, Alianza Lima. Jugaba de volante ofensivo. Me destacaba por dar pases precisos a la cabeza o a la pierna del compañero, esos llamados pases gol; de vez en cuando también pateaba al arco, mucho remates terminaban en gol. Con respecto a la marca, nunca fui muy bueno, por eso jugaba en esa posición. Al terminar el colegio tuve discusiones con mi viejo y terminé estudiando algo que no me llama la mínima atención. 
Era el primer día de clases. Escuchaba un set recontra achorado de Disclosure, puse mi mirada en la ventana del bus. Este se detuvo unas cuadras antes de llegar a la av. Chimú. En el otro lado, o sea en la calle, en pleno parque corría una chiquilla de mi edad. No era la gran cagada pero tenía algo que me causaba atracción. Trotaba a buen ritmo. Parecía feliz, llevaba una inmensa sonrisa en el rostro. Cuando ella se esfumó, el bus empezó a moverse con lentitud. “Avanza oe chantón”, le dijo al cobrador, el tipo que estaba sentado al costado de mí. Ese sujeto era el sudor en persona, aparte de eso olía a mierda. El set de Disclosure acabó e inició Sun and moon de Above & Beyond. 
De lunes a viernes, a la misma hora, en el mismo parque, veía desde el mismo bus a la chica de siempre. La curiosidad de saber quién era ella nació y creció a lo largo del tiempo. Debo confesar que hasta me empezó a gustar. Nunca había visto en mi miserable vida a una persona que siempre esté feliz. “¿Será humana?”, dije sonriendo estúpidamente. Mientras tanto, una vieja que tenía a un chibolo malcriado entre sus piernas me miró como diciendo: “Pobre loco” o “cojudo de mierda que habla solo”. No me importó. 
Si las cosas me iban mal antes, ahora ya estaba sumergido en la mierda. Me habían votado de las prácticas pre profesionales que hacía, aduciendo que era un incompetente y que si se demoraron tanto en decirme eso, fue que le tenían un gran aprecio a mi padre. Eso me bajó un poco pero lo que si fue un baldazo de agua fría en pleno invierno del día más frío fue que vi a mi flaca besándose con otra, en plena universidad. Al día siguiente le increpé aquella imagen imborrable y me confesó que era leca, que se metió conmigo para utilizarme de pantalla, que nunca me amó y que la disculpe. 
Pasaba con el mismo bus, a la misma hora y no veía a la chica de siempre. Al quinto día al fin la volví a ver. Me levanté del asiento, me dirigí atrás y toqué el timbre. Bajé y me acerqué caminando hacia ella. “Oye, chica misteriosa, ¿puedes detenerte un momento?”, le dije. Ella no me hizo caso. Dejé de caminar y corrí detrás de ella. Estaba a punto de alcanzarla pero, amigos, no creerán, suena un toque idiota pero desapareció. Se metió como a una especie de portal desconocido. Sin pensarlo también me metí en el mismo agujero y fui transportado al puente Javier Prado, no sé cómo explicarlo pero se me acabó el camino y caí, caí en cámara lenta. Amigos, fue anecdótico porque no morí por paro cardiaco, era obvio, no caí de un edificio de muchos pisos, la distancia fue corta. Caí como un saco de papas y me estampé en la pista. Morí desangrado. Menos mal que el chofer del auto que se aproximaba, se detuvo y no me arrolló. Ocasioné un tráfico del carajo. 
Al fin pude comprender que aquella chica misteriosa que veía trotando era nada más y nada menos que Miss Murder. Siempre estuvo ahí, llamándome sin querer, induciéndome a acabar con mis problemas.

Etiquetas: [viaje]  [work and travel]  
Fecha Publicación: 2014-08-13T21:04:00.000-07:00
2


      La sociable chica se alejó y se sentó donde le correspondía, mientras yo seguía avanzando. Mi asiento era uno de los últimos, quedaba ubicado al medio del avión, en la parte trasera. Nadie reservó asientos a los costados de mí. Ya eran más de las dos de la madrugada y no sentía hambre ni sueño, solo miedo, miedo a lo desconocido, miedo a no saber qué hacer en los próximos días. Debo confesar que me llené de una cantidad increíble de mala vibra y no disfruté el viaje de ida. 
      Era la primera vez que viajaba, así que fue una experiencia que quizá jamás olvide. Mientras el avión se deslizaba por la pista, las flight attendant entregaron audífonos a los pasajeros. Las flight attendant de mi vuelo de ida fueron unas señoras que bordeaban la base cuatro, eran dos rubias y una morena, todas norte americanas. Ya desde el avión podías respirar un poco de Estados Unidos: naturalmente ellas no hablaban ni una palabra en español, todo era inglés. 
      El avión empezó a moverse con más velocidad y a los minutos despegó. La subida fue una cosa de aquellas. Una vez que el avión alcanzó una altura considerable pareció que se detuvo y es que cuando estás arriba, pareciese que estuvieses sentado en cualquier lugar, normal, con tus pies pegados al piso. “¿Para qué chucha es esto?”, dije, sacando los audífonos de la bolsa. Miré a los demás. La mayoría tenían la vista fija a la televisión, como si hubieran sido hipnotizados. Lo extraño era que no había sonido. Me fijé bien y tenían los audífonos puestos. Revisé mi asiento y en una parte había un hueco, coloqué el audífono y me lo puse. Al fin pude escuchar los diálogos de aquella película hollywoodense. Pasó el tiempo y junto a los minutos, el frío aumentaba. Saqué la colcha de su bolsa, esa que te obsequian en el avión, y me tapé. No pude dormir bien: el motor del avión hacía un ruido infernal. De vez en cuando cerraba los ojos y los abría. Se podría decir que mi sueño duraba entre 40 a 50 minutos y luego me levantaba y así fue toda la puta noche. La comida y la bebida que entregaban las flight attendant me supieron a mierda. Esa noche mi estómago se cerró. 
      Plan de 6:30 el avión aterrizó en el aeropuerto internacional Dallas Fort Worth. Salí del avión y miré a las demás personas: nunca me había sentido tan perdido. Seguí a un grupo, hasta que me topé con el baño. Entré e hice un tributo a Nicolas Cage. Nunca encontré el tacho o recipiente para botar el papel higiénico, así que lo tiré en el inodoro. Tiempo después me enteraría que en Estados Unidos, a diferencia del Perú, no acostumbran a tener un tacho en el baño, ya que eso almacena y desprende mal olor. Por eso botan el papel higiénico al inodoro, de frente. Luego de lavarme las manos, agarré mi maleta de mano y salí del baño para buscar la de bodega. En el camino me encontré con el mismo grupo del avión y los seguí.
      Me ubiqué en una interminable cola, parecía que eran esas colas de fin de mes del Banco de la Nación. Había gente de todo el mundo: asiáticos, norteamericanos y árabes. Una señorita vestida de azul empezó a llamar a algunos muchachos peruanos y yo me desconcerté, sin saber qué hacer, salí de la cola y le pregunté si yo estaba entre esos nombres, a lo que me dijo que no. Regresé donde estaba. La cola me llevó hacía los oficiales de Dallas, el cual uno de ellos me pidió mi pasaporte y me hizo algunas preguntas. 
      -¿Para qué vienes a los Estados Unidos? –me dijo en inglés, mirando mi pasaporte.
      -Para trabajar –le dije, fue lo primero que se me vino a la mente. 
      -Trabajar… ¿y? –me preguntó.
    -Y viajar, conocer los Estados Unidos –respondí, dándome cuenta que me preguntaban sobre la situación de mi visa J1: work and travel (trabajar y viajar). 
      El gringo estampó en mi pasaporte su aprobación de ingreso al país. Me lo entregó y seguí mi camino. 
Etiquetas: [viaje]  [work and travel]  
Fecha Publicación: 2014-07-27T09:10:00.001-07:00
1



      Abrí los ojos. Empecé a observar aquel dormitorio el cual iba a dejar por más de tres meses. Me levanté de mi cama, fui al baño e hice toda la rutina mañanera. Era increíble que ya había llegado el día, el día D, el día el cual iba a dejar mi país para enrumbarme a una aventura sin precedente alguno. Luego de desayunar saqué la Tablet, que me había comprado solo para el viaje, de su caja y empecé a practicar. No entendía como se usaba esa huevada pero seguí intentando hasta que se apagó por la baja batería. Salí de mi cuarto y me quedé haciendo cariño a mi perro Black. Entré de nuevo y prendí la computadora. “Haz tus maletas”, me dijo mi papá, mientras esperaba que se cargué la pc.
      Antes de irme, tenía algo que hacer: ver si había salido invicto en el ciclo. Con la mayoría de cursos no tuve problemas, a excepción de uno: Contabilidad Gerencial. Ese curso de mierda sí me fue imposible aprobarlo por mí mismo. Entré al intranet y vi la nota de dicho curso. “No puede ser”, dije. El hijo de puta me desaprobó. Golpeé el escritorio y subí corriendo al tercer piso de mi casa. Acto seguido, llamé a Sonya.
      -Han colgado las notas de Conta –dije sin saludar- me jaló ese reconchasumadre.
      -¿Estas bromeando? –Respondió.
      -Hoy me voy de viaje –añadí- ¿tú crees que voy a perder el tiempo en esto? Habla con ese hijo de puta y dile que me apruebe, que me cambie la nota, no sé, métele un florazo. No puedo jalar. Jódele todo el día.
      -Ya, a las 12 lo llamo –terminó- ¿ok?
      Ustedes se preguntarán, cultos lectores, ¿por qué llamé a esa chica? Ahora, agárrense de sus asientos porque les contaré aquella historia. Era mitad de ciclo, casi todos estábamos cagados, con notas desastrosas, unos más que otros. Sonya tenía peores notas que yo, encima había faltado a una práctica. Un día bajó a la oficina del profesor de Contabilidad y le metió un floro y le dijo que por favor la ayude, que quiere aprender y todo. El viejo enfermo ese, le miró las tetas y le prometió que la iba aprobar de todas formas, que le hacía recordar a su hija, pero que lo iba a hacer si ella lo visitaba más seguido, a lo que ella aceptó. Desde ese día, ella iba a visitarlo una o dos veces por semana, se comunicaban hasta por whatsup, ya habían agarrado confianza. Él le dijo en dos oportunidades que le diga el nombre de sus amigos para aprobarlos también. En la primera le dijo solo mi nombre, a lo que él le preguntó si éramos enamorados. Ella le dijo que no, que ella tenía enamorado y no era yo. En realidad no somos ni amigos, pero bueno, sigamos con esta mierda. En la segunda, ella le dijo mi nombre y el de dos chicas, para que no le pregunte lo mismo. No sé la verdad que habrá hecho ella, que el profesor le cambió un 03 por un 19. Dudo mucho que alguien ayude a otra persona sin conocerla solo porque te hace recordar a su hija, algo más habrá pasado; sí, amigos, yo también lo pienso. Además que el último día de exámenes ella nos confesó a mí y a Kim que el decrépito ese le enviaba mensajes recontra arrechos. Saquen sus propias conclusiones.
      Era lo último que podía hacer. Decidí voltear la página y empecé a buscar mi ropa para alistar mi maleta. Empaqué polos, pantalones jean y calentadores, poleras, un par de casacas impermeables, zapatillas, medias, ropa interior y demás artículos indispensables para un viaje de varios meses. En la noche me bañé. No tenía ganas de comer, a pesar que me habían preparado uno de mis platos favoritos: papa rellena.
      Una vez que mi hermano llegó a la casa nos fuimos al aeropuerto. En el taxi miraba con nostalgia las húmedas calles de Lima. El cielo permanecía más gris que nunca.
      Llegamos. Cogí la maleta de mano y caminé con ella. En el camino vi muchas caras, diferentes, que mostraban naciones distintas y sus ropas, costumbres distintas. Adentro estaban esperándome mi abuela y la mayoría de mis tíos y primos. Estuve con ellos un rato hasta que tuve que despedirme de ellos y seguir avanzando. Llegamos hasta la puerta de acceso solo a pasajeros y me despedí de mi hermano y de mi madre. Mi madre se llenó de lágrimas por la emoción. Teníamos que ser fuertes, seguí avanzando. Mi padre, que trabaja en el aeropuerto, me ayudó hasta la mitad del proceso de inspección. Una vez que ya había pasado lo “difícil”, nos abrazamos y me despedí de él.
      Me senté frente al gate, esperando junto a los demás. Miré a todos lados y vi que habían muchos como yo que viajaban por Work and travel, pero a diferencia de mí, ellos viajaban acompañados de sus amigos o enamoradas. Luego de unos minutos, vi que la gente se paraba y se formaba en una larga cola. Me puse en la cola y una chica que estaba detrás de mí me hizo el habla, dialogamos un toque, me contó que era la segunda vez que viajaba a Estados Unidos con el programa, que la primera vez se fue a Miami con todo el calor de ahí, las playas y la gente latinaza; ahora se iba a California a conocer el frio de verdad, la nieve, hacer un toque de Ski y snowboarding. Yo le conté que era la primera vez que iba a Estados Unidos y que me iba a Pennsylvania, que no conocía mucho de ese lugar. La cola terminó en la última inspección, dos oficiales me dijeron que abra las maletas para revisar. Las mías estaban con llaves. Me puse un poco nervioso, me acordé que una estaba en mi canguro y abrí mis maletas antes de que ellos rompan los candados, al ver que no tenía nada ilegal, pasé y entré al avión.
Etiquetas: [crónica]  [Dimitri Vegas and Like Mike]  [raves]  
Fecha Publicación: 2014-06-25T21:46:00.003-07:00
A penas el taxi abandonaba La Molina, ya se podía apreciar a revendedores levantando tickets, mientras decían: “Vip y general pal tono”. El cielo permanecía gris aquella noche de junio. Las afueras del estadio Monumental lucían plagadas de gente ingiriendo alcohol, revendedores gritando como placeros y gente esperando a sus amigos. Era un ambiente totalmente diferente a los raves normales en Hebraica o en otros locales de siempre. Por cosas que carecen de sentido, mi hermano y yo cambiamos nuestras entradas vip por unas club, ya que su flaca no pudo comprar una vip y compró club de preventa. En el quilombo de la indecisión permanecimos afuera, rompiéndonos la cabeza para ponernos de acuerdo en qué hacer; mientras tanto, Rodrigo Lozano pinchaba el elegante tech house que ya nos tiene acostumbrados. Según me enteré por fuentes confiables, a la gente no le gustó para nada su performance y se aburrieron de él a los minutos de empezar el set. Era algo predecible porque la mayoría que fue a ese tono era su primer rave y mucho de ellos piensan que música electrónica es igual a decir EDM o electro comercial y no existe otro sub género. Pero bueno, considero que Lozano para warm up es recontra aceptable, lo he visto varias veces ya sea solo o tocando como Deaf Pillow y nunca ha defraudado.

A los minutos que escuchamos un sonidillo diferente, entramos. Estaba tocando Wolfpack, un duo EDM que mezclaba temas de DJ’s conocidos como Nervo, entre otros. En la cola, vi a un grupo de aproximadamente seis chibolos de entre quince y diecisiete años. Los gorilones los veían extrañados y les pidieron DNI. Ellos mostraron sus respectivos documentos, que de seguro eran falsificados. A raudos pasos nos acercamos al sector club. Ya había gente saltando como canguritos todo el fucking tiempo. Nadie bailaba, todos saltaban y saltaban. A pesar de eso, las vibras eran alucinantes. Los chibolos coreaban las canciones con un inglés super asqueroso, pero bueno, sabían la letra de algunos tracks, lo que era rescatable. Hasta hacían los cánticos mismo Tomorrowland, cuando vi eso dije: “mucho internet ven estos webelos”. Por otro lado, el set de Wolfpack no me gustó, no empalmaban las canciones y a veces se escuchaba un vacío recontra malazo; había mucha canción parecida, del mismo estilo. Aunque tuvieron algunos chispazos que la subían con una canción movida y BOOM, silencio. Lo peor de todo eran esos cojudos aullidos que metían en su set, ya me pinchaban las bolas con su huevada. Ya sabemos que son WOLFpack, pero no jodan.

La noche fue salvada cuando subió aquel dúo belga llamado Dimitri Vegas and Like Mike. Comenzaron su set con el intro de Smash the house. La gente gritaba como loca. Algunas flacas movían cosas fosforescentes, tomaban fotos, grababan; hasta empezó a oler a hierba. Lo que me encantó fue que metieron de todo, desde EDM y canciones recontra feeling hasta trap. Fue un locurón. Su música, a diferencia del dúo anterior, sí incitaba al baile. De las canciones que me puedo acordar, tocaron: Calvin Harris & Alesso vs SESA - Bring Control (Showtek Beijing Mashup), Calvin Harris & Ellie Goulding vs. DV&LM & GTA - Turn Your Love (Christopher Ramirez Edit), Major Lazer feat. Busy Signal & The Flexican & FS Green - Watch Out For This (Bumaye) (DV&LM Tomorrowland Remix), Coldplay - Paradise (Fedde Le Grand Remix), Wakanda, DV&LM, Tujamo & Felguk - Nova w/ Eat Sleep Rave Repeat (acapella), Kanye West feat. Big Sean & Pusha T & 2 Chainz - Mercy (Acappella), LMFAO feat. Natalia Kills - Champagne Showers (Acappella), Martin Garrix & Jay Hardway – Wizard, Swedish House Mafia vs Avicii - Don't Wake Me Up (mashup), Alesso vs. OneRepublic - If I Lose Myself (Alesso Remix), Kid Cudi feat. MGMT - Pursuit Of Happiness (Steve Aoki Remix), Dimitri Vegas, Martin Garrix, Like Mike – Tremor

En pleno set, el cielo cambió de color: el triste gris se mezcló con chispitas de rojo y azul, provocados por los fuegos artificiales. Otra cosa que debo añadir es que este dúo aparte de tocar un set potente y equilibrado a la vez, tienen un gran dominio del público, animaban al crowd a ser parte del show, a no dejar de saltar y bailar. Fue anecdótico cuando uno de ellos dejó de hablar en inglés y con un español recontra amexicanizado alentó al público a detenerse y cuando caiga el bajo (drop the bass), formar un pequeño pogo, en plena canción Tremor. Nunca me hubiera imaginado que aquel dúo de DJ’s haría suya aquella noche, realmente me sorprendieron. La entrada valió la pena. Me animaría a decir que si es que vuelven algún día, los vería de nuevo, sin pensarlo.


PD. Debo confesar que me perdí algunos detalles como cuando lanzaron vodka al público o cuando se tomaron foto ellos y Wolfpack en pleno set. Pero bueno, lo bailado nadie me lo quita. 
PD2. Si van a opinar háganlo sin insultar o sin pedirme cosas, yo nos soy el Chino Ruiz ni ningún representante de LOOP para que me estén increpando. Solo escribo por amor a la literatura y a la música. 
Etiquetas: [crónica]  [raves]  
Fecha Publicación: 2014-06-03T10:20:00.001-07:00
Desde la ventana del taxi podía apreciar un número considerable de personas que estaban fuera de un local. Las chicas lucían atrevidos vestidos, ceñidos al cuerpo, con zapatos de tacones altos; otras tenían un look más relajado, medio hipster, con el cabello pintado de azul, verde o con peinados estrafalarios y sus infaltables lentes enormes, demasiado retro. Los muchachos eran más casuales, vestían camisas o blazers. 

-Aquí es –dijo el taxista.
-¿Aquí? –nos preguntamos.
-Sí, esto es Plaza Butters –respondió- de acá otra discoteca está lejos. 
-¿Y qué tal la otra calle? –dijo Miguel.
-No se los recomiendo, ayá es muy peligroso –siguió advirtiendo el taxista- además solo esto es Plaza Butters, lo demás ya es otra dirección, otra calle, otro lado. 

Miré la calle y sí, esa era Plaza Butters, había estado ahí cuando fui al Iguana Rana por el tono de una amiga de colegio y unos años después cuando fui al Barranco Bar por el concierto de diazepunk por sus 10 años. No sabía que ese mismo local tenía muchos nombres según días y fechas. 

-¿Ese no es el Barranco Bar? –le dije a Miguel- aunque esa gente no luce salsera, ni cagando, estos huevones son más de la honda de Noise. 

Miguel le dio cinco soles al taxista. Bajamos. Decidimos darnos una vuelta por la Plaza Butters, llegamos a Noise y antes de entrar, compramos una cajetilla de Marlboro de 20 y un encendedor. Vimos que había dos puertas, una se entraba con lista y la otra con invitaciones. Saque las mías e hicimos cola. Un sujeto que estaba en la puerta pedía DNI. Supuestamente el ingreso era para mayores de 21, yo no tenía problemas porque había cumplido 22, pero Miguel tenía 20. Como estamos en Perú, esas restricciones son un saludo a la bandera, es más, vi a gente que a duras penas tenía 18 años y disfrutaba del tono. Entramos, las huevas. Una chica de sonrisa angelical, estaba parada en la puerta, desglosando las invitaciones y entregando pines. Más allá, se encontraba un señor medio gordo que tenía entre sus manos un botellón enorme con un líquido medio negruzco, la botella tenía el logo de la discoteca. “¿Qué es eso?”, le pregunté. El sujeto respondió que era un combinado de varios tragos. Miguel y yo nos miramos y decidimos probarlo. No sabía tan mal, pero estaba un poco fuerte. Sentía como que mi garganta ardía. Seguimos de frente. 

Nos ubicamos al costado de la barra. En ese momento Pyramids eran los encargados de poner a bailar a la gente, aunque a esa hora había pocos asistentes. La noche recién empezaba. La gente se aproximaba a nosotros para comprar trago en la barra, en el momento menos inesperado se acercó una chica medio alta, de contextura delgada y cabello marrón. “Hola, brother, ¿puedes regalarme un pucho?, porfa”, me dijo mostrando sus perlas brillantes. Busqué entre mis bolsillos y no tenía la fucking cajetilla, le pedí a Miguel y se la entregó, la chica delicadamente sacó uno, agradeció y se esfumó con su grupo de amigas. 

Había pasado un tiempo considerable. “Oe, ¿sacamos chelas?”, le dije a Miguel. Asintió con la cabeza, le entregué veinte soles e hizo cola. Luego de unos largos minutos me entrega un vaso grande lleno de chela. “Vamos adelante, brother”, le dije. Nos fuimos hasta el escenario y pusimos nuestros vasos en la madera del estrado. 

I am Genko subió al escenario y metió unas bombas alucinantes, se lució de principio a fin. La gente empezaba a motivarse y sacaba sus pasitos de baile. Los fotógrafos subían y capturaban los mejores momentos. Entre los que bailaban, había un tipo vestido de negro, que estaba stoned, subía al escenario a hacer sus huevadas. A los minutos varias chicas, no queriendo quedarse atrás, lo imitaban, bailando como taboleras. La locura bajó cuando subió Danny Em y con su techno monótono, dio un respiro a la audiencia. Ya nos habíamos acabado las chelas. “Oe sacamos otras”, le dije a Miguel. Me respondió que sacara solo una, dándome un billete de veinte soles, me fui a la barra, volteé y vi que Miguel me seguía, “oe, anda aya para que guardes sitio”, le dije. Regresó mientras yo seguía caminando rumbo a la barra. Decidí sacar dos, total, you only live once. Son esas huevadas que nunca olvidaré, cuando me entregaron las chelas, se escuchó a lo lejos: “Hi Peru, we are Designer Drugs”. Volteé y regresé al sitio inicial, levantando las chelas para no derramarlas en el camino. 

Designer Drugs fue una locura, tocó Drop down, Drugs are in control, Zombie, Fuck the system (Designer Drugs remix), The Bloody Beetroots feat. Gigi Barocco - Volevo un gatto nero (you promised me) y otras canciones que ya ni me acuerdo, ya que mi cabeza explotó del indescriptible placer producido por aquellos deliciosos sonidos. También le metió de todo, desde Trap, dubstep hasta mixes chikielectro (EDM). En pleno set, un huevón se me acercó y me grabó haciendo mis pasitos recontra ravers, por fin, podía ser yo mismo. Aquella noche, sin dudas, me encontraba en el paraíso y el sonido que salía de esos parlantes era sinfonía que alimentaba mi júbilo.

Sin avisar se fueron. Acto seguido, los reemplazó la sur-koreana Jumi Lee y le metió un rico e interesante techno. Ya eran cerca de las 4 am y estaba cansado hasta las huevas, terminamos nuestras chelas y como las cosas que suceden, abandonamos el lugar. Faltar a la universidad ese día y al siguiente, valió la pena, tremenda fiesta, inolvidable. Increíble Noise, felicitaciones por su primer aniversario, fue un golazo traer a tremendos DJ’s. De ahora en adelante, los tendré en cuenta para pasar mis solitarios viernes nocturnos.


Etiquetas: [crónica]  [raves]  
Fecha Publicación: 2014-03-26T20:40:00.005-07:00
A pesar de haber estado más de tres meses en Estados Unidos, no tuve la oportunidad de ir a un rave aya. No cabe duda que en Perú, mi tierra querida, tenía que quitarme el clavo.

Eran las 2:35 pm y recién llegabamos al boulevard de Asia. "Putamadre, tenemos las entradas de club 2 -que nos permitia el ingreso hasta esa hora- ¿nos dejarán entrar?", nos preguntabamos mi hermano, su pata Nacho y yo. Tomamos un taxi que nos dejó cerca a la playa El Rosario, pagamos 15 lucas entre los tres. Desde la ventana del auto podíamos apreciar a la gente sentada, vestidos muy veraniegos y el colorido escenario. No eramos los únicos con el problema de las entradas, así que le preguntamos al de seguridad y nos mandó a la boleteria, el que atendía nos dijo que teníamos que hablar con el administrador de Loop que estaba a escasos metros de nosotros. Nacho habló con él y quedó en que íbamos a ingresar si pagamos la diferencia de la otra entrada (club 4:30), volvimos a la boleteria y el Nacho pago 60 soles por los tres, osea 20 por cada uno. Entramos. Al principio no había mucha gente. La música era muy chill out y pensamos que así iba a ser todo el día, vaya que nos equivocamos. Sacamos tres cervezas, Miller, para comenzar. Entre trago y trago todo mejoraba, entrabamos en ambiente. Más gente ingresaba, más pinches drogadictas de mierda hacían el ridículo y mostraban sus lujuriosos cuerpos. Subió Rodrigo Lozano a pinchar y no decepcionó, dejó su pastrulo deep house y le metió hartas bombas. En medio set llegó otro amigo de mi hermano, Arturo. El sol aun no se iba, sacamos mas chelas. Alcohol, puchos, buena música y variedad de género, flacas ricas, hartas vibras y un rico verano que se despedía hacía especial aquel día.

El tono se armó cuando subió Hector, ese brother fue un hijo de puta, la gente no dejaba de bailar. Rendido me fui a comprar hamburguesa a diez soles, un sucio pan con una carne sin papas. Había una chica de cabello morado, crespo, que tenía el peinadito frikie de Skrillex, cerca de nosotros, que no dejaba de bailar, en una de esas, un fotógrafo cual ninja capturó la imagen. Joris Voorn y Nic Fanciulli destrozaron cráneos con su techno intenso. Ya estaba cansado en esos momentos, solo bailaba en mi sitio; todo estaba super chilling hasta que vino una fémina de unos dieciocho-diecinueve años, vestida con un top blanco y un shorcito azul que empezó a bailarme de la nada, traté de seguirla pero no pude estar a su level, peor que me agarró frío (en fin, si lees esto aqui estoy :B ya sabes -risas-). El muchachón Nacho también tuvo algo anecdótico, dos flacuchas adictas pasaron por nuestro lado y al verlo bailando como un droguie le preguntaron si tenía MD, ayayay, está juventud, carajo. Cerca de las 11 nos fuimos al boulevard de Asia a seguirla a un antro llamado Nórdico, pero eso ya es otra historia, mis fieles lectores.


Etiquetas: [Santo Domingo de Guzmán]  
Fecha Publicación: 2014-02-24T10:47:00.001-08:00
       Habíamos pasado de ronda a octavos de final en el torneo de fútbol de cuarto año de secundaria, ganándole a la sección D por 1-0, gracias al gol de penal de Echia. Todo era felicidad, nunca habíamos llegado tan lejos, aunque déjenme confesarles que llegamos hasta las semifinales perdiendo estúpidamente por la actuación de nuestro intento de portero, pero amigos, cultos lectores, eso ya es otra historia. 
     Fuimos al restaurant más cercano a comer un rico ceviche. El cansancio era apaleado por un rico y sabroso vaso con chicha morada. Mis amigos y yo no dejábamos de sonreír y recordar aquel partido, mientras guardábamos piernas para el siguiente, que era dentro de una hora aproximadamente, era como especie de torneo relámpago. Esta historia no sería memorable y por ende, no hubiera sido contada en este blog, si no hubiera sido porque mi padre se encontró afuera del restaurant con mi profesora de Literatura. Mi papá estaba en pleno sol conversando con otros padres de familia, cuando de repente se aproxima una señora de estatura baja y contextura gruesa pero con un rostro simpático que escondía una mirada maligna pero pícara a la vez. “Ella es la profesora de Literatura”, dijo uno de los padres de familia. La saludaron y mi papá decidió interrogarla.
       -Hola, profesora, ¿Cómo está mi hijo en el colegio? Él es Rodriguez.
       -¿Quién?
       -El muchacho de allí –y me señalo mientras yo comía con mis amigos.
      -¿El? Él es un vago, no lee –contestó la vieja de mierda esa, con una expresión como de irritada.
        Todos mis compañeros se empezaron a reír, mientras yo me sentía avergonzado.
      Al llegar a casa tuve una conversación muy seria con mi padre, en la que me mostraba su insatisfacción que había sido originada por esa miserable noticia. Prometí leer los libros que me iban a pedir en el siguiente trimestre, pero tenía que empezar con el actual, el último que me había comprado, con la plata de mi papá, en la tienda ubicada estratégicamente en frente de mi colegio. Aquel libro era muy gruesa y se podía apreciar que tenía muchas páginas, era nada más y nada menos que “El amor en los tiempos del cólera” de Gabriel García Márquez. Al día siguiente decidí abordar aquel viaje intenso que es la lectura y al leer las primeras páginas supe que la historia era divertida, el estilo no era muy difícil de entender, los diálogos eran geniales, en conclusión, me agradó la obra. Cada día que pasaba me enamoraba más de la obra, me imaginaba en mi inocente mente a la Diosa coronada, Fermina Daza, y al taciturno y poético muchacho llamado Florentino Ariza. En un par de meses terminé de leer la obra y me sentí contento porque era mi primer libro que había terminado y había leído de inicio a fin, di un examen estupendo sin la necesidad de buscar el argumento por internet. Desde esa vez mis notas en los cursos de letras fueron mejorando notablemente y hacían que saque un ponderado alto que me permitiera estar siempre entre los diez primeros de mi salón (que eran más de treinta), a pesar de que mis notas en los cursos de números eran deplorables, notas aprobatorias pero a las justas, raspando. 

PD. Espero que no los haya aburrido mis fieles amigos, pero era algo que necesitaba contarlo, eso fue el origen de todo, posteriormente, luego de tres años me cree el blog y comencé a escribir, pero esa historia ya la deben saber porque ya fue contada en una entrada llamada Primer aniversario del blog. Permítanme contarles que en menos de tres semanas dejo los Estados Unidos y regreso al lugar donde me vio nacer, a mi querido Perú, este viaje me ha dejado muchas cosas positivas y también he pasado por cosas no tan agradables, pero así es la vida y de todo se aprende, me dedicaré a escribir aquellas aventurillas que estoy pasando aquí así que ese viaje será resumido minimo en cinco entradas, vamos a ver que sale. Nos vemos en la próxima entrada y ya saben, La mente maestra is not dead, I came back motherfuckers!