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Después de tanto champagne...


2009-01-02T12:12:00.001-05:00

Algo para chupar este fin de año

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2008-12-30T14:44:00.001-05:00

Lo mejor y peor de mi 2008

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Lo mejor que viví:
Vivir con mis papás un año más. Día a día. Sentarme a la mesa. Echarme por ratitos en su cama para ver la televisión al lado de ellos. Que me pregunte mi mamá qué es lo que quiero comer. Atendernos mutuamente. Meter mi ropa a la lavadora y de paso, lavar lo que ellos tengan pendiente. El jugo de la mañana que prepara mi papá. Con todas las deficiencias totalmente superables que trae la convivencia, el saldo es positivísimo.

Lo peor que viví: ver sufrir a quienes amo. Por enfermedades graves. Por rupturas. Por malas rachas. Por vacíos existenciales. Y yo, sin poder hacer nada más que amarlas con mis palabras incompletas y mis gestos pasajeros; sintiéndome impotente y cuestionándome el sentido del sufrimiento. Pero aquí estamos, despidiendo un año más, planeando y con la Esperanza bien puesta en la mirada.

Mi mejor logro: Mi trabajo. Mis cursos en la Universidad y en algunas empresas son un escenario exigente, pero donde me siento patrono de todas mis capacidades profesionales. Cómo no reconocer a mi trabajo si es el que me ha demostrado que se es feliz cuando se cumple con la humilde vocación que tenemos todos. Ahí siento que sirvo. Me da para comer. Paga mis gastos. Y sobre todo, me enriquece en todas mis dimensiones. Mis alumnos no son sólo mis alumnos, son los destinatarios de mi vida.

Mi peor error: Haber vuelto a fumar. Después de casi 4 años. Sin comentarios.

Mi mejor compra: Mi IPod que en mi camino largo hacia el trabajo me abstrajo de la bulla y músicas repugnantes que se escuchan por las calles. Las canciones escogidas por mí, en mis oídos me dieron lo que más me gusta: sentir a solas, volar, imaginar y recordar. Me separaron del tiempo común y me transportaron a un mundo sólo mío, donde no cabe nada que yo no decida.

Mi gran fracaso: En términos simples, para los demás, lo fue: Intenté un romance, me di casi sin reparos, me arriesgué un poquito. Me tembló el terreno por donde piso. Di. Pero al final, me corrieron agresivamente la cortina y no había nada, todo había sido un vil engaño, un muchachito aprovechado que pobrecito él, simplemente necesitaba que lo saque de un hueco. Con el paso de las semanas concluí que no fue fracaso para mí. Fue una lección y por sobre todo, fue una entrega sincera de mi parte, quien se la perdió fue el mencionado muchachito innombrable.

Mi mejor época: definitivamente, mi fin de año, cuando hago mucho y no hago nada. Esa rara combinación que es parte de mi naturaleza. Una libertad que no tiene precio. Sin premuras económicas: comprar lo que me seduce, pagar mis gustos, disfrutar a la hora que mis apetitos se despiertan. Y encima, con una expectativa espiritual que solo el camino a la Navidad puede darme. Dios que se me presenta a cuentagotas.

Mi mayor susto: Una enfermedad pasajera de mi papá. Mi mente un poco tremendista y fatalista por ratos, en algún momento creyó que podría ser algo más grave. Otra lección y otro guiño de ojo que finalmente me dio Dios. La vida tiene altibajos. Nuestra salud y la de los que amamos no es una línea recta, menos cuando hay años acumulados…

La persona más cercana: Absolutamente increíble, es quien está más lejos. Mi querida Toñi. Al otro lado del océano, pero por ondas invisibles se hizo presente con sus detalles generosos, sus palabras oportunas, su oído siempre presto, su acogida, su preocupación, su delicada insistencia, su constante inyección de ánimo. Ella dice que soy su ángel para momentos difíciles que le toca vivir, yo le respondo que simplemente es parte de la amistad construida. Los amigos nos somos ángeles, somos humanos muchas veces defectuosos pero útiles que representamos la mano efectiva y bondadosa de Dios.

La persona a quien he extrañado: A los que hace mucho tiempo ya vengo extrañando porque se fueron para siempre, como a Francisco, a Laurito, a Charito. Y a otros que he visto poco en este año por circunstancias involuntarias y traviesas de la vida: El abrazo de los reencuentros recientes me lo hizo saber: a mi prima Maritza, a mi amiga Techu, entre otros.

Mi mejor alegría:
Tito. Lo he visto crecer en estos 12 meses. Me he divertido con él. Me saca lo más puro que tengo. Lo amo hasta el cielo y aún, un poquito más. Vivo escondidamente en todo lo que él vive. Soy niño con él, por él y en él. Varios fines de semana, fue la luz en la casa.

Mi mejor entretenimiento.
Mi blog. Éste mismo. Es mi caverna solitaria y concurrida. Mi mensajero y mi palabra comunicada. Mi obra vistosa y sincera. Mi desfogue y carta de presentación al mundo.

Mi mejor aventura sexual: Carlos. Unas semanas vividas durante el verano pasado rompiendo parámetros. Incitándome a salir de las normas. Hincándome el instinto descosido y el selectivo corazón que tengo. Carlos, un churro con harta crema, pero quedó en eso, en un bocadito de estación. Y hoy, lo reconozco como el mejor partido de futbol jugado durante el 2008. Carlos está sentadito en la banca de suplentes. ¿Pasará a ser titular para meterme unos cuantos goles?


2008-12-29T11:55:00.005-05:00

Una vez llegado al fin del camino

He terminado el camino a la Navidad, quien llegó poco a poco, abriéndose paso entre mis hábitos y mis labores habituales. Él fue iluminándose delicadamente. Por ratos, cansándome físicamente, ahuyentándome de personas que no me comprenden ni comprenderán ni me importa que lo hagan o también, apurándome todos los ensueños; pero nunca, adormeciéndome el ánimo.

La Navidad me trae una felicidad hondísima. Va como una flecha directamente a mis cuencas del espíritu. Me aviva la vida. Le devuelve el sentido a millones de cosas que hago durante el resto del año. Me riega el espíritu. Me colma de amores sencillos.

Pero muy especialmente, lo que Ella consigue es aproximarme a quienes tienen mi mismo compás, una disposición similar. Todo aquel que no encaja, lo desecho. Nadie es capaz de bajarme la llanta. Avanzo veloz por la carretera del misterio navideño. Amo a los que se dejan amar.


Es por tanto, oportunidad de dar las gracias:

1. A mi familia. Ellos me soportan desde inicios de Diciembre con mis villancicos y mis aires coloreados. Me secundan afablemente. Me apoyan incondicionalmente.

2. A mis amigos. Los verdaderos que son muchos. También me comprenden bien. Me perciben en mi esencia más notoria. Me buscan y consumen. Y yo, feliz de ser un ingrediente más de su golosina pascual.

3. A mis lectores. En esta época sólo quedan los fieles, los que han descubierto que puedo servirles humildemente de camino y trocha hacia un mundo más allá del visible, del evidente y del cotidiano. Muchos, ni se asoman por mi blog, hasta que se me vaya esta ventolera de fin de año. No me soportan. Les resulto empalagoso. Piña. Qué chucha. Mala suerte para ellos. Me sacudo los pies. No cambio por nadie, aunque me quede como Juan el Bautista, comiendo grillos y gritando como loco en medio del desierto.

4. Al que me mueve por dentro y por fuera: el Espíritu Santo quien es, absolutamente libre de volar por donde quiere y como quiere. Y cada año, me revolotea el espíritu. Me mueve a escribir, a prorrumpir, a hablar, a cantar, a propagarme y expandirme desmedidamente.

Lo más maravillosamente absurdo es que al final de este camino, uno se encuentra con el comienzo de otro...



2008-12-26T19:48:00.006-05:00

Los Papá Noel que se metieron por las chimeneas



2008-12-25T22:04:00.002-05:00

Dios con nosotros

«Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor» (Lc 2, 11)
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2008-12-24T12:56:00.001-05:00

Hoy estaré contigo, María.

Falta apenas un día para la Navidad y quiero dedicarme a hacer todo lo que tenga que hacer, mis últimos preparativos y detalles, pensando, reflexionando en la Madre, María.

Hasta tú, la Elegida,
sufre de dolores para dar vida.

María, tu humildad,
tu pureza, tu entereza, tu pobreza, tu Fé.

Te acompaño en la espera.
Ante tu ejemplo, hoy, me detendré.


2008-12-23T10:25:00.004-05:00

Seguimos siendo peregrinos

Está a punto de llegar. Anochece. El Cielo empieza a cambiar de color, no son las luces que ponemos en nuestras ventanas. Los ruidos que hacemos los hombres se van suavizando, sólo va quedando un eco lejano e indescifrable. Es que una presencia distinta puebla nuestras ciudades. Es el clima de Dios. Su tiempo. Su Pascua.


Se repite la historia de Belén. Una y otra vez. Seguimos siendo peregrinos. ¿Dónde nacer? ¿Dónde recomenzar en este mundo adverso que nos cierra las puertas?

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Tú buscaste posada. Y hoy, nosotros, igual que tú, seguimos buscando. Detrás de todas nuestras complicaciones y muy adentro de nuestros corazones, queremos solamente amar. Queremos solamente que nos amen. Buscamos abrazos de mil maneras. Buscamos consuelo. Buscamos dulzura. Un regazo y unas manos tibias. Te buscamos a Ti.


Nace Dios. Él es la Esperanza. Gritan los corazones. Callan nuestras bocas.


Viene el Salvador.


2008-12-22T11:42:00.005-05:00

Lo siento. Ahora, Papá Noel es sólo mío.

Bajó por la chimenea. A pesar de estar mi habitación iluminada a medias, sólo con las luces tenues que entraban desde la calle, lo distinguí bien. Aunque su silueta lo hacía ver un poco consumido...
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Era él. El personaje de mi niñez y de mis sueños navideños. Me emocioné, prendí la lamparita de la mesa de noche y apareció radiante. De inmediato, me dió la espalda y comenzó su baile. Fueron 20 minutos de movimientos refinados que me pusieron sencillamente, al palo. Me comeré este Papá Noel…pensé
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...así que niños del mundo, no lo esperen para esta Navidad. Está secuestrado. Estamos dándonos juguetitos y jugando a cada ratito...

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2008-12-20T11:37:00.003-05:00

Quisiera callar. Quisiera guardar absoluto silencio.

Anoche he recibido una lección: Estuve en una reunión familiar con motivo de un cumpleaños. La velada se estaba desarrollando entretenida, con temas variados y sensibles, acordes con esta época navideña. Hasta que alguien tocó un tema político. Una afirmación categórica punzante e irritada encendió los ánimos. Traté de detenerme, de no intervenir, de mantener mi espíritu apacible. Pero no lo logré.

Estallé. Argumenté con esa vehemencia que bordea con la soberbia que tanto aborrezco. Descargué mi armamento verbal que temo tanto usarlo porque suele ser tan nocivo. Empecé a reputar, a declarar la guerra, a perder la reserva. Las voces se convirtieron en bramidos, algunos se sentaron al borde de los sillones, aleteando los brazos, otros se pusieron de pie simulando que se retiraban porque no veían otra salida para detener el incendio. Yo intenté reaccionar y aquietarme, proponer ideas comunes, bajar el tono, minimizar el énfasis.
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Se hizo un silencio pero las miradas estaban cargadas de pólvora. Las respiraciones siguieron agitadas. Los colores de los rostros iban del carmesí al morado. Nadie quería quedarse con la sensación de derrota. Todos querían decir la última palabra.

-No hablen de política- rogó una tía.
-Hablemos, pero sin arrojarnos piedras- propuse. En el fondo, yo no estaba dispuesto a dejar la reyerta a medias, sin definir al victorioso. Quería mi corona de laureles.

Al final, alguien más oportuno y atinado, cambió intempestivamente de tema. Y con la lentitud de una cortina que va resbalándose de arriba a abajo, cubriendo el escenario y presentando un nuevo acto, se logró aplacar el incendio.

Quedamos chamuscados todos los invitados, con olor a papel quemado. Pero yo, aún más. Regresé a casa decepcionado y frustrado conmigo mismo, con la tristísima comprobación que tengo demonios que me dominan. Que no hay Advientos ni Pascuas que me corrijan. Soy incapaz de domar mis arrebatos. Tengo un animal furioso que de vez en cuando se avienta desde dentro del encierro y con los dientes afilados de mis palabras, posiciones y argumentaciones, descalabra a quien más cerca tengo.

Quisiera accionar algún botón que me apague. Quisiera escuchar y callar. Dejar de ser superlativo, intenso, arrebatado, justiciero barato, cacareadamente razonado.

Y me digo a mí mismo. Me alecciono: ¡Navidad no es razón!. Es silencio, es corazón. La razón es posesión e imposición, carrera, porfía, especulación y cálculo. El Amor es elipsis, supresión de lo innecesario y sin importancia, del alarde, de la exhibición, del triunfo y especialmente de la jactancia.

Quiero ser como María en Navidad. Según lo explica bien Moratiel: Hablan los ángeles, y María permanece en silencio. Hablan los pastores y María calla, adora, acoge. Hablan los reyes, y toda la ciudad, y María sigue sumergida en su recogimiento. Habla Simeón y Ana la profetisa. Y María, inundada de asombro, abraza al niño en su ser silencio.

2008-12-19T12:10:00.001-05:00

Si estás peleado antes de la Navidad...

Conozco varios casos de familias que por estas épocas empiezan a estresarse porque tendrán que lidiar con problemas familiares irresueltos: padres que no se hablan con hijos y viceversa, hermanos distanciados, esposos recién divorciados, familias que se llevan mal entre sí.

Los hombres somos espinosos. Nos cuesta mucho convivir. El Amor no es un regalo gratuito que crezca en los jardines de nuestras casas. Nos solemos hacer daño. El odio es una realidad humana. Las heridas, algunas tardan en cicatrizar, y otras, estarán en carne viva para siempre. Muchas broncas duran hasta la muerte.

Y la Navidad viene a señalarnos con el dedo índice. Nos interpela y desnuda. Pone de manifiesto nuestras escabrosidades familiares. Nos pone en compromiso. Altera la aparente tranquilidad de nuestros mares.
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¿Qué hacer en esos casos? Simplemente doy dos sugerencias. A ver si les ayuda.

1. Si el problema familiar es producto de un malentendido. Si es una discrepancia de percepciones. Si es un altercado arrastrado en el tiempo. Si es una cuestión de orgullos, inflexibilidades o terquedades, entonces es algo totalmente manejable. Difícil, pero posible de solucionar.


En estos casos los psicólogos -y yo que no lo soy- recomiendan no llegar a la Nochebuena, al momento mismo de la Navidad para alisar la relación maltratada, para pedir disculpas, para extender brazos y entre dientes pretender esclarecimientos. Se puede preparar el camino -para eso está el Adviento que tanto promuevo- con señales contundentes que muestren que se tiene la voluntad de corregir, perdonar, aclarar, respetar, cauterizar, olvidar sucesos pasados.

2. Pero hay otros conflictos personales que no es cuestión de perdonar ni de voluntades. Si el abismo entre dos o más, es irreconciliable, entonces habrá que hallar con todos los recursos posibles, la Paz en el alma, habrá uno mismo que hablarse al corazón y solicitarse serenidad. Habrá que voltear la mirada a las cosas bellas que aún persisten. En estos casos no forcemos comportamientos ni nos impongamos nada. Dejar las cosas así, pero con una útil, sabia, armoniosa y bien lograda ponderación. Habrá que firmar un acuerdo de concordia con nosotros mismos y si eso nos suena demasiado exigente, firmar una tregua con nosotros mismos.

Cualquier otro estado intermedio, cualquier otra actitud de barrer la basurita debajo de la alfombra nos seguirá lastimando por dentro, nos hará pasar una Navidad incompleta, que es señal, finalmente, de una vida emocional y espiritual también incompleta.



«Yo he venido para que tengan vida
y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10)

2008-12-18T10:21:00.005-05:00

Danilo y su Piñatita

Tuve que asistir al funeral de un tío, primo de mi mamá. Como siempre, me detuve a observar detalles que me ayudaran a entender significados, realidades y pasajes oscuros de dicho momento.

La gente llega muy seria, discreta, mayormente vestida de colores oscuros. Se acercan a los deudos, en este caso a su hija y a sus tres nietos, ponen gestos inciertos en sus rostros, abrazan ligeramente, rozan espaldas con sus manos, murmuran alguna que otra frase sensible y luego, algunos se aproximan al ataúd para contemplar al difunto. Otros, como yo, que preferimos quedarnos con la imagen vivaz y pasada, simplemente, se detienen en frente, en silencio para articular una oración que nos enlace con ese más allá desconocido, con la presencia escondida de Dios, con lo inmaterial del momento y con nuestras propias emociones.

Como en muchos eventos sociales o familiares donde se forman grupos que conversan en círculos, yo, nunca sé como comportarme bien. Me es difícil introducirme en conversaciones que en verdad no me interesan o donde no hay mucho que decir más que frases superficiales. Doy vueltas por los alrededores como buscando algo o alguien cautelosamente, mi presencia es solapada. De cuando en cuando saludo, sonrío pero hago notar que no quiero conversar con nadie.
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Danilo es el último de los nietos, abogado, bien apuesto y bastante dulce en su trato, quien vivió sus 28 años al lado de su abuelo, a quien cariñosamente le llamaba Piñatita. Mantuvieron una relación estrechísima. Era muy gracioso escucharlos cómo se bromeaban jovialmente como dos de la misma edad, pero a la vez, ejemplar cómo el abuelo asumió un rol de amor servicial pues hasta que su salud se lo permitió, le preparaba dedicadamente el desayuno y lo besaba por las mañanas antes de irse Danilo a la universidad. Fue para sus nietos uno de esos abuelos que es más que una figura o una presencia a quien venerar; fue un alma cercana, una piel tibia, un protagonista tierno, una dosis diaria y constante de ternura y amistad. A pesar que terminó postrado y ciego, nunca dejó de intervenir sabia y delicadamente en la vida de los suyos.

Cuando llegó la hora de despedirnos porque era hora del cierre del velatorio, me fijé en Danilo. Y esta escena es la que me traje a casa. La que me quedó flotando en la mente y en el corazón. La que me dio respuestas a mis enigmas más disimulados sobre la muerte. Sin llorar, se acercó al cuerpo dormido y a través del vidrio lo acarició por un largo rato. Observé su mirada que evidenciaba sus miles de recuerdos y su ofrecimiento de amor eterno.

Esa escena me demostró que el amor va más allá de la muerte. Que ésta no entorpece lo más precioso, porque todo lo vivido se queda en las venas y en lo que somos, en nuestras acciones y en nuestra personalidad. Que la separación es sólo un nuevo estado. Que la vida trae nuevas formas de vida. Que es cierto eso que nos han dicho, que sólo muere el cuerpo.

Danilo, igual que sus hermanos, vivirá con su Piñatita para siempre.

2008-12-17T11:45:00.003-05:00

Un Adviento para las Prostitutas



Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios.

Me encanta esta afirmación. Para algún despistado por ahí, parecería salida de la boca de algún libertino, de un inmoral, de un disoluto o de un demente. Nada de eso. Es nada menos que Palabra de Dios. Evangelio puro. Anuncio de Jesús mismo.

Si hay una condición humana que me conecta inminentemente con la figura de Jesucristo es la de los marginados sociales en general. Los mal vistos. Los repudiados. Los desheredados. Ando por las calles, de día y de noche y de madrugada, entro a mil lugares y miro rostros a media luz. Veo con perfección la presencia misteriosa de Dios y leo con perfección el mensaje.

Cuál es el mensaje concreto. El Reino no tiene nada que ver con los que se llenan la boca diciendo que son creyentes, que son predilectos feligreses. Sino muy especialmente tiene que ver con todos aquellos que a pesar de que en algún momento le dijimos voluntariamente No a Dios, poco a poco y de mil maneras, hemos vuelto a Él. Con los que humildemente nos hemos inclinado ante Él, los que a pesar de la vergüenza o la estrechez de espíritu, necesitamos del Amor de Dios.

Justamente para todos estos, donde me incluyo perfectamente, viene, nace y se queda Jesús. Ese es el motivo de mi alegría por estos días. Dios viene a mi vida a colmármela. A darle un valor que muchas veces yo mismo no le doy. A encumbrarme a pesar de que otros puedan discriminar o mirar por debajo de los hombros.

Dios me promete el Cielo. Me lo asegura.

2008-12-16T10:52:00.003-05:00

Santa Claus también compra en Sex Shops

De paso, a ver si me compras algo para mí. Si la vida no me da uno de carne, hueso y cartílago; qué importa, tú tráeme “uno” hecho de siliconas y a pilas.


2008-12-15T12:10:00.001-05:00

Por favor, ropa como para mí.

Acompañé a mi amiga la Corchis a comprar en el "Cierrapuertas" de Ripley. Según la publicidad, los precios estarían con un 30% menos sobre los precios ya rebajados.

Quise ir, a pesar de que en estas épocas le huyo a las montoneras desesperadas de compradores. Después de una media hora de mirar por el segundo piso, conseguí lo único que me llamó la atención: unas zapatillas que para mi desgracia, no estaban en oferta. Eso no es sorpresa, lo que me gusta siempre es lo más caro, nunca lo rebajan.

Luego, me dediqué a acompañar a la Corchis. La encontré en el primer piso con unas diez prendas sobre el hombro. Los probadores tenían unas colas impresionantes. Veinte o cuarenta mujeres sudorosas y ansiosas abanicándose con las palmas de las manos y con jeans, blusas, shorts, capris, polos y vestidos multicolores entre los brazos.

La Corchis, con esa desvergüenza natural, graciosa y práctica que le caracteriza empezó a probarse todo lo que le gustaba en plenos pasillos. No estaba dispuesta a hacer cola en los probadores. Buscaba cualquier espejo y sobre el buzo que tenía puesto, superponía todas las prendas para asegurarse que le quedaran. Además de carcajearme estridentemente como siempre lo hago con ella, de comentar las novedades y los detalles como si fuéramos dos amigas íntimas en medio de nuestro variadísimo walking closet , yo le acercaba todos los trajes que a mí también me llamaban la atención. Me sentí cómodo entre todas esas mujeres ansiosas de comprar y comprar, chequeando los precios, calculando las rebajas, combinando, desesperándose, hurgando entre miles de atuendos.

Concluí que las mujeres son “traperas” por naturaleza. Son poquísimas las que conozco que no les gusta la ropa. Mientras que en el segundo piso, en la sección de caballeros, donde no suelo transcurrir más de media hora porque me aburro con la poca variedad, la formalidad y los colores tradicionalmente apagados, en el primer piso, me siento simplemente como un pez en el agua, como un niño en una jueguetería.

No. No se asusten queridos lectores. No me voy a convertir en travesti. No voy a negar que de reojo divisé ciertos modelitos que podría usar y que me harían ver, digamosle así, un tanto temerario y nada más. La experiencia me hizo recordar mis épocas pasadas cuando me cruzó por la mente el dedicarme a diseñar ropa para esos que como yo, no compramos en el segundo piso porque nos disgusta lo clásico de los "caballeros", pero tampoco en el primero, porque no somos loquitas desfachatadas.

Espero que pronto, mi sección de ropa esté ubicada en una mezanine entre los dos pisos. Para ese entonces, ahí sí que correré a todos los cierrapuertas que existan, reventando la tarjeta y abanicándome con las palma de la mano.

2008-12-13T14:11:00.004-05:00

¡Feliz Navidad Ricky Martin!

Luego del método de subrogación gestacional, Ricky es como sabemos, todo un padre de familia, aunque siempre ha sido un Papacito. Hace unos días mostró para la revista Hola algunas fotografías de sus dos hijos gemelos, Valentino y Matteo.
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El cantante ha confesado: "Es cierto, estoy exhausto, pero nunca he sido tan feliz". Por ser tal como es, siempre me ha encantado Ricky Martin, no sólo es bello físicamente, talentoso, carismático y generoso. Sobre todo, se le nota un hombre centrado. A pesar de la fama, el dinero y la gloria que tiene, no descuida otras de sus dimensiones humanas para sentirse completo y realmente feliz.

No sólo es un hombre espiritual, hoy en día es fecundo. Ahora tendrá un universo mucho más extenso aun por conquistar y para prodigar amor.

Además ha señalado que está dispuesto a extender su familia. Esta vez podría ser a través de los métodos tradicionales. Así que querido, aquí estoy a tu disposición, tú ya tienes mi email y mi número de celular. Cuando dispongas, voy a Puerto Rico, que me gusta tanto y donde quieras, intentamos e intentamos, como dice tu canción “…por arriba, por abajo” hasta que lo logremos. Hasta que yo pueda darte un hijo.
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Cuando quieras, podemos pasar una Noche buena. Buenísima, te lo aseguro.




2008-12-12T00:13:00.006-05:00

Regalitos navideños de carne, hueso y cartílago

Escoja, están en oferta. Listos para llevar...

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2008-12-11T12:05:00.000-05:00

No tienes que estar alegre en Navidad

¿Acaso es obligatorio estar feliz en Navidad?

Es una buena pregunta. Durante la vida parece que nos exigieran que seamos exitosos y felices. Y durante este tiempo de Navidad parece que se hace más aguda la presión que tenemos que ser personas dichosas. Pareciera que el que anda triste, el que anda de duelo, el que está aquejado, el que anda desanimado fuera un amargado y desadaptado. Un anticristiano.

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Y rotundamente digo No. No “hay que” estar alegre. Que esté gozoso el que lo esté. Que cante el que quiera cantar. Que salte el que su cuerpo y su ánimo lo permita. Nada es peor que a uno le impongan una emoción que a uno no le nace. Eso redobla nuestros sufrimientos.

Muchos dolores humanos y torceduras de corazón no se resuelven con decoraciones, ni villancicos, ni buenos deseos, ni regalos costosos ni mensajes de ángeles. Lo sé bien. En muchas ocasiones sufrimos legítimamente de lo que llaman adenomia, que es una apatía para hacer las cosas. Nadie debe forzarnos a sonreir porque nos saldrá una mueca horrorosa en la cara. Nadie debe violentarnos.

Pero lo que sí planteo es entrar por sí mismo a la Navidad con la delicadeza de la escena del pesebre. No tener que cambiar de ánimo, pero sí recordar que existe Esperanza. Dios no es un Dios de ilusión, sino, primordialmente de Esperanza. Es una compañía real a nuestros propios pesebres, a nuestras propias pobrezas y carencias. Acercarse al acontecimiento en silencio profundo. Saberse amado, comprendido, acogido ya no desde el Cielo lejano; sino, desde el Dios encarnado que se ofrece a cada uno de nosotros.

Si quieres llorar, llora. Si quieres ausentarte de las lucecitas y de los abracitos corteses, hazlo. Si prefieres la melancolía, quédate con ella. Pero aloja en un rincón de tu memoria y de tu corazón el mensaje de la Esperanza. Que esto que vives y sufres, pasará. Y lo mejor de todo y que sí puede ser motivo de una alegría misteriosa es que cuando los hombres fracasamos, Dios no. Que cuando los hombres nos fallan, Dios no. Cuando los demás no están, Dios Sí.

Habrá que tenerlo en cuenta, ¿No?


2008-12-10T11:13:00.004-05:00

Adviento en familia: un reto inicial y un gozo final.

Los miembros de mi familia no son tan "ritualeros" como yo. Y es que cada uno tiene su estilo propio para expresar su religiosidad, sus personales formas de vivenciar un acontecimiento como la Navidad.

Tengo que agradecerles que me aguantan con todos mis manifestaciones religiosas churriguerescas. El domingo pasado los invité a todos a una tarde de Adviento. Sólo les adelanté uno a uno por teléfono que quería hacer un pequeño lonche por la celebración del segundo domingo. A mis sobrinas que ya son jóvenes, les indiqué que quería que vengan con sus enamorados.

Después de encender una vela de la corona y de una Oración sencilla a media luz, con la ayuda de mi querido sobrino Tito, el menor, de 7 años, les repartí, a cada uno, un paquetito sorpresa al azar. Uno a uno fue abriéndolo. Se trataba de una pequeña imagen de arcilla de los personajes del nacimiento, con una breve descripción redactada en primera persona que tenían que leer en voz alta.



Aquí se los dejo por si lo quieren utilizar:


Yo soy la cuna del Niño Jesús. Quiero ser un lugar suave, acogedor, cómodo y abrigado. Quiero servirle al mismo Dios recién nacido y a todos los que me necesiten.

Yo soy el Niño Jesús. El mundo entero espera mi nacimiento. Vengo a salvar a todos los que sufren, con una buena y sencilla noticia: que el Amor es lo más importante para todos.

Yo soy la Virgen María. Acepto humilde y dócilmente el encargo de ser la elegida Madre de Dios y la Madre de todos ustedes. Vengan a mí para arrullarlos y darle todo mi Amor.

Yo soy San José. A pesar de estar viejo y ser un modesto carpintero y a pesar de muchas veces no comprender los designios de Dios, seré su padre querido que trabajará para que no les falte nada.

Yo soy el Ángel.
Soy mensajero de las buenas noticias. Me gusta anunciar el Amor de Dios con pequeños detalles a todos los sitios que voy y a todas las personas que necesiten mi intercesión. Cantaré muchos coros por la Navidad.

Yo soy una humilde oveja.
Seré testigo del nacimiento de Dios. Con mi lana podrán cubrir al niño en las noches de invierno. Además, quiero dar calidez a todo aquel que pase frío por las calles.

Yo soy el Pastor.
A pesar de ser pobre, de no tener un hogar, de que sólo me acompañen las ovejas, yo seré el primero en llegar al pesebre. Correré a adorar al Niño Dios.

Yo soy la Mula. A pesar de ser un animal que todos llaman tonto, serviré para transportar a María, a José y al Niño hasta Belén. Seré muy feliz de presenciar el nacimiento del mismo Dios.

Yo soy el Buey. Un animal de carga. Soy fuerte para el trabajo. Pero en la noche fría, con mi aliento calentaré al niño recién nacido que apenas tiene unos pocos pañales.

Soy la estrella de Belén. En la noche oscura, mi luz brillante guiará a todos hacia el pesebre, donde el milagro más bello ocurrirá: Dios mismo nacerá para todos los hombres.



Hubo al comienzo, cierto desconcierto. Pero como una habitación que poco a poco se va iluminando gracias a la entrada del sol a través de una ventana pequeña y desapercibida, se fue haciendo la Luz entre nosotros. Todos sonrieron. Fueron entendiendo la nitidez del significado de sus personajes.

Por breves segundos olvidamos nuestros rígidos roles sociales, nuestros personajes reales y nos llevamos no sólo nuestro personaje de barro en el bolsillo, sino, también, el mensaje oculto, el susurro íntimo y sencillo de la Navidad en el corazón.


2008-12-09T13:02:00.005-05:00

Como María, espero


Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Y el ángel dejándola se fue.

(Lucas 1)


María es la gran protagonista del Adviento. En el futuro, Jesús será el centro del Evangelio, pero mientras tanto, en este tiempo, la Virgen María me sirve de arquetipo, de mensaje sencillo, de lección de vida.

Ella es la mujer del Sí.


Apenas identificó a Dios como el emisor del mensaje, le dijo Sí, acepto.
Aunque todos los demás no comprendieran su vida, ella dijo Sí, acepto.
Por nueve meses de embarazo, dijo Sí, acepto.
En una noche de invierno, con todas las puertas cerradas, dijo Sí, acepto.
A sus dolores de parto, dijo Sí, acepto.
A darle vida al mismo Dios, dijo Sí, acepto.
Y en sus brazos, acunándole y mirándole dormir, le dijo Sí, acepto.

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Difícil decirle Sí, siempre, en toda circunstancia a Dios. Yo suelo reconocer con facilidad que es Dios quien me está pidiendo algo. Pero la Aceptación no viene igual de fácil. Me rehúso. Acudo a mi sensatez. Me estaciono en la costumbre. Me inunda la autosuficiencia.

En mi vida, Dios me ha indicado diferentes caminos, aún esos que “los demás” no admitían como los tradicionales, que eran “mal vistos”, que quizás pertenecían a otros mundos. Dudé. Me negué al comienzo. Pero pasado un tiempo, el encargo se hizo más evidente, eran los caminos ex profesos para mí, los que me conducirían a la dicha completa. Dios actúa a mediano y largo plazo.

Dios me ha anunciado caminos de difícil acceso, de soledad, de dolor, de contracorriente o de cuestas arriba. Y di la espalda. Me he hecho el sordo. Fui indiferente. Pero al final, he comprendido que Dios separa en dos los mares para dejarme pasar, que me pone las estrellas y el Cielo enteros a mi disposición para guiarme.

Igual que María, igual que un vitral, quisiera que la luz de Dios pase a través de mí.

Sí, acepto.







2008-12-08T12:31:00.005-05:00

Tendremos una Feliz Navidad, J.


J. es ateo. O como él se denomina, “agnóstico”. Hmm. Así que ya se imaginan los roces y controversias que vengo teniendo con él. Anoche me propuso viajar a Panamá, apenas unos días antes de Navidad para hacer unas últimas compras. Le enumeré la cantidad de reuniones que tengo programadas con mi familia y amigos. Especialmente por estas épocas, decenas de ellos vienen del extranjero a pasar las fiestas. Se rió de una forma que me sentí realmente incomodado. Se estaba riendo de mí. De lo que soy. De lo que tiene importancia para mí.

Quise aplicar mis técnicas de negociación racional que dicto en un curso. El famoso win-win, pero fue imposible. Para él ninguna de esas celebraciones tienen sentido. No entiende cómo puedo preferirlas a estar con él a solas en playas tropicales y a comprar hasta llenar cinco maletas cada uno. Quise exponerle sensatamente que durante todo el año espero impaciente estas fechas, que sin exagerar, le dan significación y valor a todo lo que hago comúnmente.
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Claro, como ya es usual, terminamos respetándonos. Pero creo que fuimos intransigentes. Nos pusimos mutuamente, trancas con avisos de “no traspasar”. Yo le planteé como alternativa, viajar al comienzo de enero y arguyó encendidamente que para entonces ya no tenía sentido, que no quería. La zona de regateo fue estrechísima. Al dejarme en casa, leí en su sonrisita cachacienta lo que parece cada vez más evidente. Ambos nos consideramos inteligentes y lo sabemos bien. Que somos agua y aceite. Que somos dos ingredientes diferentes, que sólo nos podemos revolcar en una ensalada: acompañándonos, dándonos placer, divirtiéndonos superficialmente, pero sin ahondar en nuestros valores ni creencias, que no podríamos fundar jamás una relación seria y completa. Aún así, por el momento, no quiero que desaparezca J. de mi vida. Y tengo la seguridad que tampoco quiere que yo desaparezca de la suya. Algo nos damos cada uno.

Además, jejejeje, poquito a poquito le voy endosando detallitos que se le han de quedar prendiditos. Anoche, inserté uno de mis cds en el reproductor del auto. Fue una hora de puro villancicos como fondo musical. Después, en el supermercado, durante 10 segundos, le escuché tararear uno bien bajito.

Aunque separados por el espíritu, sé que pasaremos juntos la Navidad...

2008-12-06T11:24:00.006-05:00

Ni el Grinch ni la nostalgia perturban mi Navidad

Siempre fui muy anómalo en estas épocas pre navideñas. Es como si se produjese un cambio en mi alineación existencial y en mi batería de gustos. Salgo de mi eje. Lo único que canto y escucho son canciones de Navidad, los colores que veo por todo lado, son sólo los brillantes pero especialmente el verde y el rojo y hasta en los rincones oscuros veo lucecitas que prenden y apagan. Paseo por tiendas aún sin comprar. Planeo mil reuniones. Me meto en mil actividades.

Soy muy tildado de cursi y empalagoso por muchos que le tienen cierta ojeriza a la Navidad. Estos individuos mejor que ni se me acerquen en esta temporada. Son los grinch que siempre existen por ahí. Les aburre los villancicos y el ambiente. Pero entreveo que la razón principal es que les fastidia tomar contacto con el niño que llevan dentro. Allá ellos.
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La Navidad personal -no la comercial- es para volver a lo sencillo, a lo cardinal, a nuestros orígenes aunque nos resulten nostálgicos. En mi caso por ejemplo me remonta a mi casa de Orrantia. Yo, encerrado en la sala grande escuchando discos de vinilo de un coro escolar del norte del país. Repetía y repetía palabras que no entendía porque mayormente los villancicos tradicionales son compuestos con modismos españoles. Revivo la sensación de las tardes de diciembre con mis cuatro hermanos arreglando la casa antes de que mis papás llegaran de la calle y sorprenderlos. Recuerdo a todas mis tías y a todos mis primos que llegaban a casa, a las empleadas sonrientes y amorosas lustrando los pisos y lavando interminablemente la vajilla, a mis perros ladrando por los cohetes, a mis vecinos saludando desde lejos.

Todo eso ha cambiado. No hay más la casa grande, ni los discos de vinilo, ni mis primos jugando en casa, ni mis hermanos alrededor, ni los perros. Todos pertenecen a otros mundos. Porque así es la vida, ligera y cambiante. Pero a pesar de eso, la Navidad subsiste intacta. Ella no cambia. Sigue apuntando y apuntalándome el espíritu. Me sigue encantando sensorialmente. Simplemente porque Cristo nace todos los años y nos visita en medio de todos los cambios personales y circunstanciales. Nos acompaña en nuestras evoluciones y desarrollos, en nuestros envejecimientos y deterioros.
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Mi voz no es la misma mi inocencia tampoco, pero sigo cantando villancicos infantiles. So what ?.

2008-12-05T11:31:00.004-05:00

Miremos los rostros de los niños.

“...la navidad es insoportablemente triste cuando se es pobre...”

Una amiga me lanzó esa afirmación regañándome con fuerza, con el resentimiento hirviéndole en los ojos. Argumentaba que yo era un desconectado de la realidad peruana hablando en esta época de lo espiritual y de regalos bonitos mientras cerca de la mitad de la población vive en situación de pobreza material.

No quise contestarle nada. En primer lugar porque ella tampoco es pobre, nunca lo ha sido y no puede hablar de algo que no lo ha vivido en carne y hueso. Y en segundo lugar, porque ya he aprendido a no discutir sobre ejes vitales de mi vida, sobre mis convicciones como es la vivencia de mi Fe cristiana.

La Navidad es una celebración humana, cierto. Y cuanto más dinero se tiene en la billetera, seguramente se escalará esa celebración en magnitud y precio. Pero precisamente mi búsqueda personal y cometido es que en esta fiesta escalemos en espíritu, que a partir de lo que inevitablemente tenemos a nuestro alrededor, tomemos contacto con otro tipo de tesoros que no tienen nada que ver con montos ni posiciones sociales.

Sí puedo hablar -y escribir- por haber tomado contacto cercano con miserias humanas en épocas de navidad, en las que apenas se tiene un techo de cartón y en la que menos se puede tener un arbolito adornado con lucecitas. Sí puedo hablar de sufrimientos y soledades. Pero a pesar de ello, he sido testigo de que se puede aspirar a otro tipo de alegría gratuita y profunda, de que se puede dar un baño de Esperanza, de que se puede vivir el Amor.

Confío en el Hombre. Ya sea pobre o rico. De Oriente u Occidente. Creo en su esencia escondida. En su semilla, aunque diminuta a veces, pero depositada en su corazón al nacer . En su categoría de criatura hecha por el Amor y para el Amor. Y es que Dios al final de la Creación, supo que todo lo creado era bueno, muy especialmente sus hijos.

Justamente por eso, Dios mismo quiso nacer como hombre. Padeció penurias y abandono, pobreza y exclusión, sangró y fue objeto del odio extremo proveniente de la sociedad organizada por nosotros. Pero a pesar de eso, quiso compartir nuestra humanidad. Amar es estar al lado de quien se ama.

Aquí viene. A este mundo. Aquí llega un año más. ¿Seré un poquito más acogedor y le haré mejor su estadía?
Los niños en esta época son el mejor rostro de la Esperanza:
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2008-12-04T11:16:00.007-05:00

Sí que multiplicas mis panes

Acudió a Él mucha gente…Los discípulos le preguntaron: "¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?". Jesús les preguntó: "¿Cuántos panes tenéis?". Ellos contestaron: "Siete y unos pocos peces".

Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas.
Mateo 15

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Esta escena del Evangelio no sólo me habla del milagro de la multiplicación de los panes. Me habla por un lado de la magia del Dar, a pesar de que no se tiene lo suficiente. Y también, del agradecer por ese poco que se posea y que en verdad puede saciarnos completamente la vida.

Voy por la vida pidiendo milagros: Para mi cuerpo, para mi bolsillo, para mis seres queridos, para mi estado de ánimo. Clamando. Buscando alimentos desde que amanece. Queriendo satisfacer necesidades urgentes, insufribles. Pero no me doy cuenta que tengo a la mano, ante mis ojos ciegos, panes y pescados que me pueden parecer insuficientes, pero que pueden ser transformados en alivio preciso para caminos de desierto y aflicción.

Ante la escasez, debo girar el cuello y mirar hacia todo lo que me rodea. Saber esperar el milagro. Y mientras tanto, agradecer por otras riquezas fieles, silenciosas que están aquí, a mi disposición y a la de muchos que me rodean.

Pan y pescado, fieles alimentos para cruzar el desierto. Signos sencillos de la presencia de Dios en mi vida.


2008-12-03T13:51:00.006-05:00

Os anunciamos el gozo de Adviento


2008-12-02T14:46:00.002-05:00

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