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Etiquetas: [Extinción]  [Notas varias]  [Periodismo ambiental]  [Problemática socioambiental]  
Fecha Publicación: 2015-07-23T22:16:00.001-05:00

Continuando con la entrega anterior, en la cual se habló sobre la necesidad imperiosa que existe de buscar que la información científica trascienda más allá de descansar en revistas especializadas, va lo siguiente. El fin de todo esto es buscar que los resultados de las investigaciones puedan ser incorporados de manera más activa en la construcción de políticas públicas y en la toma de decisiones. Además, necesitamos lograr que la información generada tenga impactos perceptibles que permitan asegurar un desarrollo sostenible y un bienestar que vaya de la mano de acciones basadas en conocimientos adquiridos por el hombre para el hombre. Suena fácil, pero no lo es. Vayamos al grano. No tenemos mucho tiempo para estar perdiendo el tiempo en discusiones como esta.  

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Este tema podría enfrascarnos en una discusión casi interminable y además tiene varias aristas, pero por ahora solo apunto a buscar puntos de apoyo para tres aspectos. El primero de ellos, se basa en la necesidad de recalcarle a los científicos e investigadores que debería haber un mayor esfuerzo para lograr que la información que producen llegue a más personas. Urge que se comparta información científica procesada para motivar y explicarle a los de a pie por qué debemos actuar y esforzarnos para generar cambios en el planeta en aras de anhelar un mejor futuro. Los resultados y conocimientos de los especialistas deben tocar más tiempo el piso de lo cotidiano y ser la génesis para apoyar la elaboración de políticas públicas y la puesta en marcha de acciones concretas a favor del entorno.

El segundo aspecto intenta justificar la necesidad imperante de que las comunicaciones y el periodismo se despercudan de su accionar tan condicionado a acumular y a encantar lectores, oyentes y espectadores, así como a actuar según lo que dictan los intereses económicos y políticos. Es necesario que se fajen más en la construcción de nuestro destino. No se les puede exigir que publiquen todo lo que la ciencia produce o sobre lo que alerta, propone y sugiere hacer, pero sí es necesario darle más espacio y buscar acercarse más a ella. Urge también capacitarse para no “patinar” en el intento y para poder entender medianamente la información especializada.

El tercer aspecto recae en los tomadores de decisión y en los encargados de elaborar y poner en marcha las políticas públicas y privadas que dirigen parcialmente nuestro destino y que generan repercusiones en la sociedad con los consecuentes impactos en el medio ambiente. Debería ser evidente que para tomar acertadas decisiones, se debe contar con información técnica que sea veraz, actual y que provenga de especialistas, pero no lo es. Esta información debería traducirse, total o medianamente, en políticas que sean favorables y necesarias para el desarrollo humano en armonía con el medio que lo rodea.

En resumen, no se debe actuar de manera egoísta y altanera, así como aislados de la realidad; ni tampoco de manera facilista, interesada y sin valores éticos, prescindiendo de realizar verdaderos esfuerzos para construir una mejor sociedad; ni tampoco cumpliendo funciones sin conocimiento de causa, apelando irresponsablemente a la improvisación y al beneficio propio. Esto vale para los científicos, comunicadores y políticos respectivamente, para todos igual o en el orden que quieran darle. Todos debemos “mojarnos”.

Ciencia, comunicación y política

Escarbando entre mis papeles, me topé con un par de artículos que nos pueden ayudar en este entripado. El primero es de Peter Weingart[1]y se titula: “Comunicación científica en los medios de las sociedades democráticas”. En él, el autor afirma que “(…) Existe una brecha entre el grupo directamente involucrado con la ciencia y el dedicado a la investigación de la comunicación científica. En el primer grupo estarían incluidos los investigadores, editores de revistas científicas y periodistas especializados en temas científicos; mientras que el segundo grupo estaría formado por los “especialistas” que estudian las ciencias y los medios de comunicación. Si bien esta clasificación puede sonar algo extraña para nuestra realidad, veamos que estaría alejando a estos dos grupos, en base a tres suposiciones.

La primera indica, según Weingart, que el público tiene una escasa comprensión de las ciencias, y ello explica su resistencia a nuevos conocimientos (…). En cambio, si el público contara con más información, estaría más predispuesto a aceptar el progreso científico y sus productos. La segunda indica que el conocimiento científico debe ‘mediatizarse’ ya que es demasiado complicado para que el ciudadano promedio lo entienda. Esta mediatización debe cumplir ciertas condiciones: captar el interés del público (…) y la transmisión veraz de la información difundida por los científicos. Las múltiples formas de mediatización (…) involucran a periodistas científicos (…) y otros, que pueden llamarse sumatoriamente ‘los medios’.

En el tercer supuesto, Weingart anota que existe una clara distinción entre ciencia (…) y los medios (…). La ciencia (…) produce conocimientos nuevos y autorizados y está separada de la política. Difunde su conocimiento sin más interés que decir la verdad. Los medios, por otra parte, transmiten este conocimiento al público de un modo comprensible, pero carecen de profundidad (…). Tienden a aplicar ciertos criterios de selección y representación inadecuados, concentrándose en lo sensacional, en lo emocional, lo irracional, y así sucesivamente. En base a todo lo anterior, ¿Qué es lo que tenemos? Tenemos un modelo comunicacional unidireccional y lineal que va desde el emisor (la comunidad científica) hacia un receptor pasivo (el público), donde los medios hacen la transferencia y son responsables de las “distorsiones”, omisiones y tratamiento poco serio que pudiesen darse en el camino. 

Dicho lo anterior, lo ideal sería contar con una estrecha relación entre la ciencia, los medios de comunicación y la clase política, en la cual, los riesgos particulares se vean aminorados y se empuje el coche hacia una misma dirección. Así, dado que cada uno de estos tres “actores” actúa según sus propios criterios de pertinencia, conveniencia, percepción y según la billetera, encontrar puntos de congruencia es algo complicado. Y es que la información que ofrecen los científicos puede ser interpretada erróneamente o ampliada y sobrevalorada llegando a la deformación de la misma; o puede ser tan mal tratada (por los medios de comunicación) que pasa totalmente desapercibida, creando frustración en ambos lados, porque puede ser incluso ignorada por el público. 

Así también, las motivaciones económicas harán que los medios de comunicación utilicen la información científica (y en general, toda a la que tengan acceso) según su conveniencia, lo cual podría ser bueno, pero a su vez, podría ser peligroso. Finalmente, los políticos y los tomadores de decisión pueden procesar la información de manera distinta y errónea en contextos y formas que podrían diferir de los mensajes y de los fines originales. Por ello, es probable que los responsables de las políticas, intenten controlar a su antojo y conveniencia la manera de presentar la información para que no afecte su credibilidad (o desnude su ignorancia), lo que podría dar pie a posibles tergiversaciones y usos incorrectos.

Por último, los científicos podrían comprometerse y desviar su atención hacia temas alarmistas, a temas que respondan a intereses económicos o a otros que estén mal planteados y que sean repetitivos, con el objetivo de intentar mantenerse vigentes y no perder credibilidad (y tal vez dinero). Esto, tarde o temprano, podría mellar su compromiso con la ciencia y hacer tambalear sus capacidades, lo que finalmente se convierte en un “harakiri”. En el caso de los medios de comunicación, estos son más resistentes a los embistes del dinero, pero son más porosos y permeables, por lo que, si no se ejerce un control constante y se vela por los contenidos (sin exagerar), pueden convertirse en los medios perfectos para ejercer una influencia no deseada (o todo lo contrario) y vender “sebo de culebra”. Además, los periodistas son flojos y no les gusta leer mucho y tener que “empaparse” con temas complicados y poco “atractivos”.

Y bueno, hablar de la clase política, sobre todo de la peruana, nos demandaría mucho esfuerzo; y además no sabríamos por dónde empezar ni por dónde acabar. Lo único que, momentáneamente, debemos anotar al respecto es que nuestros muy venido a menos políticos deben recibir información científica y especializada (procesada, claro está) para poder tomar mejores decisiones. Debemos asegurar que la reciban y —sobre todo— que la entiendan. Por eso, así como diversas religiones tocan tu puerta a llevarte la palabra del “Señor” y la de sus similares, debemos (y me incluyo) convertirnos en una religión y empezar a evangelizar con la palabra de la ciencia. No se me ocurre otra opción por ahora.

¿Divorcio entre ciencia y sociedad?

El segundo artículo al que hice referencia líneas arriba es de Sergio Escobar-Lasso de la Fundación RANA (Restauración de Ambientes Neotropicales Alterados) de Colombia, titulado: “Los biólogos de la conservación en Latinoamérica: el papel del biólogo anfibio en el divorcio entre ciencia y sociedad”, aparecido en la Revista Latinoamericana de Conservación, volumen 4, número 1 en el 2014 (págs. 52-55). Escobar-Lasso utiliza una clasificación para ilustrar los tipos de biólogos que, en su opinión, existen: a) el biólogo dinosaurio y b) el biólogo anfibio. Extrapolando a los biólogos, podríamos referirnos a los científicos en general. Y vale la pena aclarar que el uso del término anfibio utilizado por el autor, se basa en las raíces de la palabra Amphibia que viene del griego amphi (ambos) y bio (vida) que significa “ambas vidas”. Es decir, este tipo de biólogo puede (o debe) moverse en dos ambientes distintos, el científico y el no científico.

Para Escobar-Lasso, el biólogo dinosaurio se caracteriza por generar importantes avances en el conocimiento y entendimiento de la biota latinoamericana, plasmándolos en numerosos libros y artículos científicos, generando y transmitiendo conocimientos en una sola dirección, enriqueciendo únicamente el mundo al que se adaptó: ‘el científico’. Mientras que el biólogo anfibio “(…) al igual que el dinosaurio, genera importantes avances en el conocimiento de la biota latinoamericana, plasmándolos en numerosos libros y artículos científicos; pero se diferencia de él, ya que sabe adaptarse a los códigos culturales correspondientes a diversos medios y a diversas tradiciones, puede tomar fragmentos de un ambiente (científico) e introducirlos en otro (político) después de haberlos transformado. Por lo tanto (…) es un interlocutor reciproco del conocimiento generado por la comunidad científica y la no científica”.

Claro, yo podría decir que para los “biólogos anfibios”, asumiendo que son en su mayoría los más jóvenes, es más fácil hoy en día transmitir y recibir información con la ayuda de la tecnología y de las redes sociales. Pero, el tema es que, en primer lugar hay que querer y convencerse de la necesidad que existe de transmitir información. Seguidamente, se debe estar en la capacidad de transformar esa información a un lenguaje más simple y amigable (y entretenido si es posible) para, por último, saber cómo difundirlo y tener claro a qué público se apunta. Y en todo esto, lo más complicado es velar para que esa información pueda ser usada e incluida en actividades y acciones concretas a favor del entorno (para ya no decir que sea exclusivamente para el bien de los animalitos y de los arbolitos).

Para Escobar-Lasso, los biólogos anfibios deben ser “(…) buenos interlocutores y recontextualizadores del saber biológico” y estar capacitados para “actuar en el marco de la diversidad cultural propia de América Latina”. Asimismo, en su concepción, el autor menciona que “el biólogo anfibio, debido a que puede desenvolverse bien en diferentes ambientes tanto científicos como políticos y sociales (…) toma el saber científico y lo transforma de manera tal que pueda ser utilizado por comunidades no científicas”.

Esta clasificación de los biólogos latinoamericanos en dos modelos claramente establecidos es ampliamente discutible, pues no todo es blanco o negro. Sin embargo, estos anfibios y dinosaurios nos ofrecen una plataforma para el debate y para ir tocando puntos interesantes que refuercen la necesidad de reflexionar sobre el hecho de que la información científica por sí sola no genera acciones de conservación. 

 Julio 2015

Artículo aparecido en la versión online de la Revista Rumbos:

 
 

[1] Scientific Committee on Problems of the Enviroment (SCOPE). 2007. Communication global change science to society: an asseessment and case study studies. Edited by Holm Tiessen et al.

Etiquetas: [diversidad biológica]  [Periodismo ambiental]  [Problemática socioambiental]  [SINANPE]  
Fecha Publicación: 2015-07-08T16:15:00.000-05:00
Por cuestiones de espacio, al título del presente artículo le suprimí lo siguiente: ¡necesitamos escribir y publicar más artículos científicos y sobre todo hacer que sirvan para algo! Si bien pude haber borrado la frase, no lo hice porque resume lo que quiero decir. Ambos puntos son necesarios, es decir, escribir y publicar, por un lado y por el otro, lograr que lo escrito sea utilizado para mejorar como sociedad. En mi opinión, lo segundo es trascendental. Pero, ¿a qué viene todo esto? Es una explicación algo larga, pero en resumen se trata de lo siguiente: estoy convencido de que nos urge, como país, producir más información, documentarla, publicarla y hacer el esfuerzo para buscar que lo que es publicado en revistas que leen cinco gatos reciba un tratamiento especializado y abandone el complejo y (a veces conflictivo) mundo científico y académico para poder ingresar, tanto al desenfrenado y mundano mundo “de  la calle y del ciudadano de a pie”, como al tan venido a menos y carroñero mundo político. Hace tiempo quería escribir y publicar esto, ahora, lo importante es que sirva para algo.

Esperando entonces que estas líneas sirvan para algo, paso a sustentar algunas ideas. Para ello, debo informar que hace unos meses llegó a mis manos el artículo de Oscar Gonzalez[1]titulado: “Sobre la producción y revisión de artículos en revistas científicas”, publicado en el 2012 en la revista peruana The Biologist. En este manuscrito, el autor lanza algunos argumentos que justifican, según su punto de vista, la importancia de producir, publicar y revisar literatura científica desde la visión de la biología; e intenta alertar sobre algunos conflictos de intereses que surgen en el camino. Gonzalez trae a colación una frase que parece ser cierta en el mundo científico: “publish or perish”, es decir, ¡Publica o pereces! Y al parecer, si te dedicas a las ciencias (en este caso, a las naturales) y no tienes publicaciones, no eres nadie. Por ende, muchas veces, bajo esa presión y esa premisa, algunos estarían tentados a publicar textos de pobre calidad y lo peor es que estarían sucumbiendo a esa tentación.

Así también, Gonzalez indica que “es por esto que los resultados de una investigación se deben presentar con calidad e integridad. No es lo mismo una publicación científica que una publicación periodística; la cual puede ser espuria, falsa, injuriosa y totalmente deleznable. Lamentablemente ha habido casos y puede seguir habiéndolos de publicaciones científicas sin calidad alguna, repitiendo y hasta copiando información sin reconocer su fuente, inventando datos, forzando la estadística para producir resultados predeterminados que favorezcan a ciertos grupos o para ganar reputación”.

En teoría, debería entrar en cólera y arremeter contra este señor que deja al periodismo mal parado y como un vil oficio, pero no es esa la intención de estas líneas. No voy a hacer un escándalo por eso (aunque, ¿debería?). El tema acá es que, según indica Gonzalez, existirían científicos que estarían incurriendo en malas prácticas. Y es que en todos los rincones del planeta se “cuecen habas”. Gonzalez añade que “lamentablemente estas críticas pueden interpretarse como injurias personales; fue muy sonado el caso en nuestro país el caso de un biólogo llevando a juicio a un colega por, según una parte, criticar un resultado científico y por la otra parte por difamación (…)[2].    

Dicho lo anterior, en este “mundito” de las ciencias peruanas (naturales, pues no conozco lo que sucede en las ciencias sociales), existirían algunas pugnas y broncas menores que irían alejando a los involucrados de los fines que, creo yo, deberían ser puestos por encima de todo. Es decir, debemos lograr que los resultados y los nuevos conocimientos generados puedan ser incorporados a las políticas públicas destinadas a la conservación y al uso sostenible de nuestra diversidad biológica y en general, a todo el engranaje del sector público y privado que decide y dirige nuestros destinos. Me parece que a veces, el fin supremo de todo esto es publicar, hacer que se conozca el trabajo realizado (lo cual, no está mal), enrostrarle lo escrito a los colegas y sumar publicaciones como trofeos de guerra o galeones en el uniforme militar, sin dedicar esfuerzos para buscar que lo escrito sea asumido por los que toman decisiones trascendentales para el resto de los mortales.

En este punto podríamos hablar de dos culpables. Por un lado están los científicos e investigadores que se manejan muchas veces como una cofradía y que no quieren hacer el esfuerzo por difundir sus resultados a un público más amplio porque temen que no se les entienda o dudan que los “otros” puedan hacer algo con “sus” conocimientos. Y por otro lado están los flojos, facilistas y algo ignorantes periodistas o comunicadores que prefieren temas más banales o que todo les llegue “masticado” para no tener que investigar, procesar y pensar. Es cierto, a veces estos temas científicos “no venden” y se debe lidiar con verdaderos “plomazos” bastante aburridos. Pero también tenemos el caso de periodistas a los que les interesa un pepino estos temas porque no entienden nada. Por eso, todo esto debe cambiar por los clavos de Cristo.  

Ahora, antes de continuar, es necesario velar para que los artículos científicos a ser publicados, pasen por una buena, objetiva y seria revisión, la cual a su vez, deje de lado las pasiones, odios y favoritismos. Para ello, Gonzalez anota que “el proceso de revisión de artículos científicos por peritos en el tema (“peer review”) se supone debería ser independiente pero en nuestro caso, con lo pequeña que es la comunidad científica en nuestro país, puede que no lo sea”. Esto es cierto. Falta potenciar este tema en el país, pero felizmente vamos mejorando día a día. Sin lugar a dudas, este es un camino tortuoso que debe motivarnos a seguir bregando para que los profesionales de todas las ciencias (naturales y sociales) sigan aumentando en número (y en calidad) y dejen un legado contundente para los que vienen más adelante y para que, vuelvo a repetir, sea entendido y adoptado por los que dirigen el destino del país.

Revisión por pares

Para detenerme en lo referido a la revisión de los artículos científicos y en un acto de “auto plagio”, de flojera, de boicot personal, de propaganda para el Boletín de la Unión de Ornitólogos del Perú (que usted puede leer acá[3]) e incluso de falta de elegancia y estilo por “autocitarme”, reproduciré parte del editorial del último número (Volumen 10 Nº 1 – 2015) del mencionado boletín. Este acto cuestionable y bochornoso tiene una explicación. Y es que quiero abordar tangencialmente la modalidad más usada para estos fines, la misma que es también utilizada en el Boletín de la UNOP. 

Y dice así, “para llegar a sacar un nuevo número del boletín, a veces no se sabe cuánto trabajo hay detrás de todo el proceso de revisión y corrección de los artículos científicos bajo la modalidad de la revisión por pares (peer review) que es la que utilizamos en el Boletín UNOP. En algunos casos, la revisión puede tardar meses, varios meses. La revisión peer review asegura la calidad de los artículos mediante una revisión a cargo de los “colegas”. Con ello, se supone que se mantienen los estándares internacionales y la rigurosidad científica. Sin embargo, las demoras y los vaivenes ya han causado miles de dolores de cabeza. Además, se debe tomar en cuenta que este trabajo es casi siempre ad honorem”.

Tras este bochornoso incidente del cual soy yo el único culpable, quiero apuntar lo siguiente: ¿qué es lo que se debe evaluar para obtener un buen artículo científico? Al respecto, existen varias respuestas y discusiones. Los revisores científicos anotan que se debe revisar, entre otros, los métodos utilizados para llegar a los resultados, analizar la hipótesis o enunciados que se quiere demostrar o sobre los cuales se parte, identificar si se ha utilizado todas las referencias y trabajos previos existentes sobre el tema, definir si el tema es relevante o no y si aporta al conocimiento científico y otros detalles que mejoran el producto. Asimismo, se debe poner énfasis en los resultados, conclusiones y en las recomendaciones para redondear un producto de calidad.

Y justamente en el caso de las recomendaciones, creo yo, se podría ahondar un poco más. Sin embargo, sé que los autores alegan generalmente que no sería parte de su responsabilidad proponer medidas para utilizar la información entregada, dado que ellos “ya cumplieron” con presentarla. Puede ser que en parte tengan razón. El solo hecho de producir estos textos es ya un gran esfuerzo. En la mayoría de los casos, se debe trabajar contra el tiempo, sacrificando horas de ocio e invirtiendo incluso dinero propio, pues, para variar, son pocos los que reciben un estipendio económico para dedicarse exclusivamente a este rubro.

¿Cómo haríamos?

No pretendo presentar un ensayo ni una disertación al respecto, pero sí creo que debemos buscar la manera de, insisto, “llevar” los resultados científicos a terrenos menos técnicos y (lamentablemente) más políticos. Por ejemplo, cómo podemos hacer para que un trabajo que reporta el aumento del rango de distribución en el país de determinadas especies ornitológicas que ocupan y aprovechan lugares deforestados e intervenidos por el hombre, pueda ser trascendente para tomar medidas contra el cambio del uso del suelo en la Amazonía peruana. Por un lado, estarán los que opinen que tal vez es bueno que una especie de ave, que antes solo era registrada, por ejemplo, en Brasil en zonas deforestadas, ahora “entró” al Perú, porque en nuestro país encontró nuevos espacios (deforestados) para colonizar. ¡Es una nueva especie para el Perú! ¡Aleluya!

Es cierto, pero ¿qué implica este hecho? Implica, entre otros y en cristiano, que estamos destruyendo parte de nuestra Amazonía (esto no es nada nuevo) y potenciando los efectos del cambio climático en el planeta; y que siempre hay especies biológicas que se benefician y otras que se ven perjudicadas con el cambio climático. ¿Qué puede aportar el científico que reporta esta situación? En este caso, podría aportar muestras tangibles de que estamos

tumbándonos el monte de manera descontrolada, podría reportar tal vez algo sobre las especies que han sido perjudicadas con la deforestación (aunque eso sería material para otro trabajo) y podría tal vez hacer un llamado de alerta sobre el hecho y sugerir que se tome cartas en el asunto para detener el cambio de uso del suelo.

Por otro lado, ¿a quién corresponde hacer algo con la información presentada? Sin lugar a dudas, los llamados a hacer algo, en primera instancia, son las autoridades nacionales, regionales o locales, según el espacio donde se den los hechos. Es decir, en este caso, si hablamos de áreas naturales protegidas (fronterizas), el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) debería enterarse de esto. Si estamos en terrenos establecidos para una concesión forestal, para conservación o para otros usos, el Servicio Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) y el Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (OSINFOR) deberían, por lo menos, saber qué está pasando. Y si son terrenos comunales o del Estado, los gobiernos regionales y locales (provinciales y distritales), según corresponda, deberían tomar cartas en el asunto.

Y si esto sucede en territorios indígenas o en reservas territoriales establecidas para poblaciones indígenas no contactadas o en aislamiento voluntario, el Ministerio de Cultura debería estar informado. Si esto sucede en terrenos privados, bueno a ponerse las pilas. Finalmente, el “simple” reporte de una nueva especie de ave en “nuevos” territorios puede (y debería) desencadenar una serie de medidas para saber qué está pasando, dónde, cómo, qué consecuencias trae el hecho consigo y poner a los responsables en autos para que no se les ocurra decir “yo no sabía nada”. La idea es entonces hacer una bola de nieve que empiece a rodar cuesta abajo con las consecuencias lógicas y necesarias.

Es decir, urge denunciar lo que haya que denunciar (aunque digan que no es función de los artículos científicos, sino del periodismo, pero no del que hace mención Gonzalez), aclarar y explicar lo que no se conoce, ofrecer cabos sueltos para futuras investigaciones, proporcionar información para construir y aplicar medidas de conservación y de desarrollo y finalmente, también para dar buenas noticias, pues no todo es negativo. Y bueno, lo siento mucho pero esto continuará en una siguiente entrega.


Julio 2015

Artículo publicado originalmente en la versión online de la Revista Rumbos:

Etiquetas: [Problemática socioambiental]  [Región Tumbesina]  [Santuario Histórico Bosque de Pómac]  [SINANPE]  
Fecha Publicación: 2015-05-29T10:03:00.003-05:00

En pleno Santuario descansan los dos policías asesinados cobardemente en el desalojo. Foto: Enrique Angulo Pratolongo
Para poner punto final a estos tres artículos sobre lo sucedido en el Santuario Histórico Bosque de Pómac (SHBP), es necesario conocer algo más sobre los antecedentes y sobre lo que se sabía de los invasores. De esta manera, veremos qué tanto se asemeja lo sucedido en el Santuario con lo que está pasando en los últimos años en el Perú. Invadir terrenos ajenos se ha vuelto una práctica común que debe ser sancionada con todo el rigor de la ley. Se trata de respetar, simplemente de eso. Por eso, lo sucedido en Pómac nos debe dejar algunas lecciones. Sí, claro, están los Derechos Humanos, pero estos deberían estar omnipresentes y limitar las acciones de todas las partes por igual. Valen para todos. No por eso vamos a mandar a policías sin armas y vamos a tolerar que unos delincuentes metan bala y piedras impunemente. En mi opinión, necesitamos inteligencia, testículos y mano fuerte. Como comentó César Hildebrandt en esos días, “no podemos ser un Estado en el que se vulneren los derechos fundamentales de los demás, pero tampoco, en nombre del paternalismo, dejar que los califatos y el desorden cunda en el país”. Finalmente, vale la pena incluir una pequeña lista de algunos de los actores que estuvieron metidos de pie a cabeza en toda este proceso que marcó un precedente importante en la historia del país. 


Sobre el desalojo final del SHBP se habló mucho en su momento y por supuesto hubo una serie de opiniones a favor y en contra de la intervención realizada. Si entramos a analizar profundamente todos los detalles de este suceso, no acabaríamos nunca. En ese sentido, veamos algunas aristas de lo sucedido. Y es que en el Perú existen invasiones por doquier y en todos los niveles socioeconómicos. Somos expertos en (por lo menos intentar) sentarnos en los demás y en querer sacarle la vuelta a la ley. El respeto por el otro es algo que a veces parece muy lejano e innecesario.

Dicho esto, me preocupa que estemos (casi todos) tan encrespados y que ello conlleve a que reaccionemos violentamente frente a cualquier “chispa” en el camino. Siento que estamos construyendo el futuro de esta tierra a puros empujones, atropellos, indiferencia, fundamentalismos y polarizaciones ideológicas e infestados de corrupción y vandalismo político. Lo sucedido en Pómac es solo una pincelada en este gran mural multicolor,  diverso y violento llamado Perú. Esperemos que lo que aún estemos por pintar sea algo agradable a los ojos y que no sea un esperpento del que sintamos vergüenza.

Así, para continuar con este hecho, recordemos que los invasores del SHBP se asentaron desde principios de este siglo en terrenos protegidos por el Estado sin importarles que se trataba de un lugar con una alta diversidad biológica y cultural. Por ende, en el 2003, las autoridades competentes iniciaron los tramites para su desalojo, el cual debió suceder en el 2008, pero las condiciones no se dieron para su ejecución. Veamos algo más al respecto.

Falta de garantías

Uno de los reportes a cargo de la defensa del patrimonio del SHBP indicaba que la Jueza del Juzgado Civil de Ferreñafe le exhortó a los invasores a que desalojen el Santuario el 19 de febrero de 2008. No obstante, pese a las notificaciones, a la emisión de mensajes radiales y a la publicación de edictos en los diarios oficiales, los invasores se rehusaron a irse de manera pacífica. Posteriormente, la Jueza a cargo de la diligencia del desalojo señaló como siguiente fecha el 13 de mayo de 2008. Sin embargo, dado que para esas fechas se celebraba en Lima la V Cumbre de América Latina, el Caribe y la Unión Europea (ALCUE), las fuerzas del orden se encontraban en estado de alerta frente a este hecho por lo que no se podía contar con las garantías necesarias; y así, la diligencia fue suspendida. Lo mismo habría sucedido en noviembre de ese año con la realización del Foro de Cooperación Económica Asia – Pacífico (APEC). ¡Exacto! Ambas reuniones eran en Lima, pero así es nuestro país de centralista y de poco oragnizado.
Cambio radical del uso del suelo en el SHBP. Foto: Enrique Angulo Pratolongo

Acto seguido, se tomó nota que frente a estos hechos, los invasores —coludidos con los representantes de la Coordinadora Nacional de las Rondas Campesinas— estuvieron coaccionando a las autoridades del Gobierno y del en ese entonces Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA) para que no se realice el desalojo final. Y no solo eso. Se llegó a saber que los invasores se reunieron con otros invasores, en este caso con aquellos que ocuparon ilegalmente parte de la Empresa Agroindustrial Pucalá. El fin era claro: resistir con violencia el accionar de los jueces, fiscales y de la Policía Nacional del Perú (PNP). En este caso, la unión (de los invasores) hace la fuerza contra los “malos” de la película. 

Una muestra de lo anterior, fue el hecho de que conocidos traficantes de tierras de la zona, en colusión con los invasores del Santuario, pretendieron dos veces (en marzo y abril de 2008) invadir el sector Salinas del SHBP utilizando armas de fuego y municiones de guerra. Producto de lo anterior, las autoridades policiales de Chiclayo y Ferreñafe elaboraron un informe de riesgo en relación a las garantías policiales relacionadas al desalojo. En él se indicaba que, entre otros, los invasores daban la impresión de ser de escasos recursos económicos y que ante cualquier intento de desalojo no dudarían en usar la violencia, armas de fuego y explosivos.

Asimismo, el informe mencionaba también que los invasores y los traficantes de tierras, en colusión con sus “aliados”, contaban con un buen nivel de organización por lo que estaban en la capacidad de bloquear y minar carreteras, realizar voladuras de puentes, obstruir rutas alternas, ocasionar incendios forestales e incluso de utilizar niños y ancianos como “escudos” humanos. A ello, se le debe sumar la presencia comprobada de delincuentes comunes e incluso de presuntos terroristas (esto es debatible) que se camuflaban y eran cobijados por los invasores. Por todo lo anterior, el Juzgado a cargo del proceso le solicitó al Director General de la PNP un contingente de 1500 policías para la nueva fecha propuesta a partir del 08 de julio de 2008.

Pese a los reiterados pedidos de garantías policiales hechos por los encargados del INRENA y del SHBP a las autoridades competentes, no se obtuvo una respuesta concreta en el supuesto entendido de que el país tenía otros problemas más graves que atender. Adicionalmente, la Jueza del Juzgado Civil a cargo le ordenó al Director de la Dirección Regional de Educación y a la Unidad de Gestión Educativa Local (UGEL) de Ferreñafe la reubicación del Colegio La Palería Nº 11580 construido ¡en pleno Santuario! Y como se sabe, esto nunca se dio. Así, en medio del desalojo, lo que se pudo rescatar del mencionado centro educativo (mobiliario) fue reubicado en la I.E. Nº 10254 del caserío Santa Clara y en otros centros educativos de la zona. Lo mismo sucedió con los alumnos y los docentes.

De esta manera, pese a que los invasores sabían que estaban dentro de un área natural protegida construyeron la escuela de material rústico y lograron (¿cómo?, ¿coima?) que la Dirección Regional de Educación les autorizara dicho cometido en el 2005, pese a que algunos profesores ya habían alertado a sus superiores de la irregularidad. Además, los invasores apelaron para que el desalojo no se realizara en pleno año lectivo utilizando diversos artilugios legales. No obstante, la Jueza declaró improcedente dicho argumento afirmando que los lanzamientos (desalojos) se deberían realizar al final de los años lectivos cuando se trataba de inmuebles arrendados a centros educativos estatales.

Mientras que en el caso del Santuario, la materia del litigio es un área que forma parte del patrimonio de la Nación, el cual es de dominio público, de carácter inalienable e imprescriptible. Por ende, se dictaminó también que el mandato judicial de desalojo es de carácter vinculante y de obligatorio cumplimiento; y que su ejecución no debería retardarse pues existía responsabilidad civil, penal y administrativa.

Por otro lado, al enterarse los invasores de las fechas planeadas para el desalojo en abril de 2008, estos empezaron a tomar control de los lugares de acceso al Santuario portando armas de fuego. Para ello tuvieron el apoyo reconocido de ronderos provenientes de Piura, con el fin de controlar el acceso a la zona invadida, permitiendo exclusivamente el ingreso (¡previa revisión del DNI!) a los invasores. Incluso, se llegó a amenazar de muerte a los que querían ingresar y no eran de la zona, cuando el SHBP es de todas y todos los peruanos. A todo ello, se registró también el ingreso de camiones con alimentos y de personas con antecedentes penales y requisitoriadas por delitos graves.

   Los invasores habían construido hasta reservorios de agua en pleno Santuario.
En ese sentido, se tenía al frente a un grupo humano bastante violento que había sembrado el terror en Batangrande. Una muestra de ello fue el asesinato de un adolescente —el 10 de abril de 2008— por el solo hecho de haber querido transitar por los terrenos invadidos. Para las autoridades, las invasiones habrían sido realizadas con la autoría intelectual de personas de gran poder económico y de influencia. Se logró saber incluso que muchos de los invasores habrían sido comerciantes del Mercado Mayorista de Mochoqueque en Chiclayo que tenían extensos terrenos sembrados en el Santuario. Tal poder económico les habría permitido poder financiar la presencia de cerca de 500 ronderos de la Base Ronderil de Piura.

Recordemos que finalmente, el Ministro del Interior de ese entonces —Remigio Hernani— precisó que los homicidas eran francotiradores ocultos entre los algarrobos del bosque, quienes abrieron fuego contra los policías y que se detuvo a 22 personas que fueron investigadas por la División Contra el Terrorismo (Dircote) y por la División de Investigación Criminal (Dirincri). Posteriormente, la justicia determinó que Wilder Delgado Toro debía purgar 12 años de cárcel tras ser hallado culpable del delito de homicidio calificado de los efectivos policiales. Asimismo, los comuneros Misael Torres Ochoa, Adán Acuña Vásquez y Noé Mendoza Altamirano recibieron una condena de seis años de prisión efectiva en el penal de Chiclayo.

Personas claves

Y pese a que existiría alguna resistencia en la gestión actual del Santuario por reconocer la gran labor realizada por aquellos peruanos y peruanas que apostaron por una recuperación pacífica del SHBP, vale la pena incluir una pequeña lista nominal como pequeño homenaje. Esta es una manera de darles las gracias y de que otros compatriotas sepan quiénes se fajaron por el país (pido perdón por adelantado si me olvido de alguien). Como suele suceder en estas tierras, somos desagradecidos y entre nosotros nos ponemos cabe sacando a relucir esa capacidad tan peruana de no reconocer lo hecho por los que nos anteceden (cuando es algo bueno, por supuesto) y de querer cambiar casi todo porque “yo no lo hice”. Espero que eso no esté sucediendo en el Santuario.

Entonces, va la mencionada lista con los nombres (en orden aleatorio) de los que lucharon por la integridad del Santuario. Gracias a Vicente Córtez, Segundo Román, Antonio Brack, Patricia Medina, Anibal Calderón, Dante Alemán, Favio Ríos, Leonidas Suasnabar, Odile Sánchez, Martín Alcalde, Fernando Angulo, Fabiola Riva, Nery Saldarriaga, Juan Sandoval, Camila Germaná, Henry Carhuatocto, Manuel Castañeda, Elvira Rojas, Jesús Antonio Sono, Carlos Elera, José Ubaldo, Ismael Burga, Willy Díaz, Mari Carmen Vargas, Antonio Ríos, Gonzalo Romero, Elmer Rojas, José Castillo, Carlos Mendoza, Mariela Céspedes, Luis Alfaro, Jonás Soria, Rosa Saavedra, Dina Aquino, Alberto Cisneros, Luis Castañeda Ponce, Leoncio Navarrete, William Zeña, Edilberto Montalván, Alejandro Benites, Pedro Coronado, Mauro Vidaurre, Ramón Paredes, Leonor Benites, José Lluncor, Wilmer Guevara, Elio Vásquez, Edwin Sánchez, así como a todos los Guardaparques oficiales y voluntarios del SHBP, a los miembros del Comité de Gestión; y a todas y todos los que también tuvieron que ver con este suceso fundamental para entender parte la historia ambiental y jurídica del país. Y por supuesto el reconocimiento merecido a los dos policías caídos y a sus familias.

Ahora que llego al final, me parece que tal vez debí iniciar los tres textos con esta lista, pues creo que finalmente, todas estas líneas han sido un pretexto para este pequeño reconocimiento.

Mayo 2015

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos:

Etiquetas: [Problemática socioambiental]  [Santuario Histórico Bosque de Pómac]  [SINANPE]  
Fecha Publicación: 2015-05-20T20:34:00.002-05:00
¿se imaginan si la profecía de la Cámara de Comercio de Lima se cumple? Es decir, ¿cómo será el Perú si es que se llega a convertir, en el año 2027, en un país del “Primer Mundo”?. Habría que alucinar cuál sería el estado de conservación de nuestros bosques tropicales, de nuestros páramos andinos, de toda nuestra geografía en general y en especial (creo yo) de nuestro mar. Ser un país “desarrollado” nos costaría un “ojo de la cara” sin lugar a dudas. Esto, en especial, si no existe un cambio de actitud en la mente de nuestros compatriotas por valorar nuestra diversidad biológica, por buscar la institucionalidad, por dejar de practicar la asquerosa y contraproducente “criollada”, por cambiar de actitud y por dejar atrás la informalidad. No podemos detener el crecimiento, pero crezcamos bien y pensando en los que vienen más adelante. Dejemos también de repetir la frase: “dejemos un mejor planeta para las futuras generaciones”. Lo que debemos dejar son mejores personas.     

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos:

 Octubre 2014
Etiquetas: [Notas varias]  
Fecha Publicación: 2014-10-02T12:23:00.000-05:00
[1]de Aliaga-Roseel et al. (2012), aparecida en la Revista Latinoamericana de Conservación, existen en Bolivia algunos conflictos —ocasionados por los perros silvestres— entre depredadores nativos, como el Zorro Andino (Licalopex culpaeus) y el Puma (Puma concolor) y los pobladores locales.

Según Aliaga-Roseel et al., “en Bolivia se ha registrado varios casos de muerte o de mutilaciones causadas por perros a ciervos andinos (Hippocamelus sp.) y a otros ungulados (animales con cascos o pezuñas) silvestres (…). También existen registros dispersos de ataques a animales domésticos como ovejas, chivos, burros y ganado vacuno, matando o dejando muy maltrechos a los mismos (…). Esto ha ocasionado que el Cóndor, el Zorro y el Puma Andino sean culpados por las comunidades locales de las pérdidas de sus animales domésticos”. Además,  a diferencia de otros predadores que cazan generalmente en solitario o en pequeños grupos y que atacan al cuello y matan por asfixia a sus presas, los perros silvestres atacan en jaurías y matan a su presa a mordiscos para destriparlas y empezar a tragárselas por el abdomen. Por eso, es fácil detectar cuando un animal es atacado por los canes.

Lo mismo estaría sucediendo en el Perú, pues se le estaría echando la culpa a los depredadores nativos de ser los malos de la película. Tal situación estaría obligando a muchos pobladores a agarrar su escopeta y dispararles o a darles veneno para evitar más pérdidas. Con esto se estaría mermando su población sin saber que los culpables no son ellos, sino los perros silvestres o asilvestrados.

Una manada de perros salvajes a punto de matar a un Buitre Leonado
(Gyps fulvus) en Segovia, España.
Foto: La Crónica Verde, por César Javier Palacios.
Y no solo están los animales domésticos en el menú de estos cánidos, sino también figuran los camélidos sudamericanos como la Vicuña (Vicugna vicugna), la Alpaca (Vicugna pacos) y el Guanaco (Lama guanicoe). En ese entendido, los pobladores andinos piensan que son los zorros y pumas andinos los comensales, pero, como sucedió en Bolivia, según Aliaga-Roseel et al., “(…) los pobladores locales amenazaron con organizarse para matar a estos animales (pumas y zorros). A los pocos días y después de un seguimiento por técnicos y guardaparques, se determinó que los verdaderos causantes del conflicto era un grupo de cuatro perros provenientes de una comunidad vecina. Una vez que estos perros fueron eliminados, cesaron inmediatamente los ataques a las alpacas en la zona”.

Según estos autores, “la información publicada sobre las implicaciones negativas de los perros sobre fauna nativa en revistas científicas es casi inexistente, sin embargo, son abundantes los registros de ataques por perros a la fauna nativa y con diferentes categorías de amenaza en diversos lugares del mundo; por ejemplo ataques de perros a Buitres Leonados (Gyps fulvus) en España, ataques a ciervos en Estados Unidos (…); la depredación de primates en Brasil (…) o ataques y daños ocasionados a tortugas, iguanas, pingüinos, y otras aves de la frágil fauna en Galápagos, Ecuador (…)”.  En el Perú no nos quedamos atrás.

El Perú y los perros

En nuestro terruño, se habría reportado ataques a la fauna local por perros silvestres en Sechura y en la Zona Reservada Illescas (a propósito, ¿cuándo serán categorizadas Illescas y la Zona Reservada Sierra del Divisor? ¡ya es hora!); en la Reserva Nacional San Fernando, donde los cánidos son la pesadilla de los pocos guanacos que bajan a la costa; en Arequipa, donde también se ha reportado la presencia de perros silvestres en zonas aledañas a la “Ciudad Blanca”, los que estarían persiguiendo (y cazando) guanacos y posiblemente interfiriendo con el anidamiento y descanso de algunas aves que utilizan los desiertos y zonas remotas para tales fines; y en la Reserva Nacional de Lachay, donde los zorros andinos y costeños estarían casi desapareciendo de la zona ante su presencia y donde los proyectos de reintroducción del Venado de Cola Blanca (Odocoileus virginianus) estarían amenazados por su presencia pues ya han ingresado a la Reserva a hacer de las suyas y a querer darle curso a los venados. Y seguramente hay más casos.

Como también sostienen Aliaga-Roseel et al., “normalmente, los perros domésticos no solo atacan para alimentarse, los ataques en jaurías usualmente llevan a la mutilación de sus víctimas. (…) Sin embargo, la natural simpatía de los humanos hacia los perros domésticos (…) impide la objetividad en casos de muertes, depredación y ataques sobre la fauna nativa”. No es mi intención satanizar a los cánidos, pero creo que debemos pensar en este problema y exigir a las autoridades que se haga algo al respecto. Tampoco es que deben salir cuadrillas de cazadores improvisados e ilegales a disparar al primer perro que se le aparezca en el campo. Se debe realizar una investigación seria para determinar el grado de amenaza y cuáles serían las medida a tomar y además ¡se debe publicar y comunicar los resultados!

Veamos el caso chileno

Recientemente se ha desatado en Chile una interesante discusión en torno a un proyecto de ley que permitiría que las personas puedan cazar perros silvestres en zonas rurales o aisladas, bajo la premisa de que las jaurías de cánidos atentan contra las especies nativas. Esto ha desencadenado un intercambio de ideas interminable entre las autoridades y los grupos que defienden la vida animal. Para los primeros, la presencia de perros silvestres puede llevar a la extinción (local y/o global) de especies que ya se encuentran amenazadas y en bajas densidades. Y debido a la irresponsabilidad en la tenencia de mascotas y a la débil fiscalización en este aspecto, el número de perros abandonados ha aumentado exponencialmente.

En la otra esquina, los defensores de la vida animal argumentan que la mencionada ley arruinaría y traería abajo todos los avances que se habrían dado en el país sureño en cuanto a la protección animal y que se desataría una cacería infernal. Además argumentan que ninguna especie debe ser cazada y que existen opciones para mantener el equilibrio ambiental sin violar los derechos y la libertad de los animales. El mencionado reglamento le daría luz verde a la caza o captura en cualquier época del año de los llamados perros salvajes y de otras especies calificadas como dañinas en todo el territorio chileno y sin limitación de número de piezas o ejemplares.

Cría de Guanaco devorado por perros silvestres en Chile, en el
Parque Nacional Pan de Azúcar. 
A todo esto, según el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) chileno, uno de los casos más estudiados es el de los perros silvestres que podrán ser controlados, siempre y cuando se encuentren en jaurías y en sectores rurales. Así por ejemplo, en la Región de Coquimbo, en Chile, una epidemia del virus distemper provocó la muerte de zorros cerca a la Reserva Fray Jorge. Asimismo, poblaciones de guanacos y de pudúes (ciervos pequeños) en el sur del país sufren una fuerte depredación por parte de perros. Por ello, frente a perros silvestres y a otras especies exóticas e invasoras, para las autoridades chilenas la caza es un método efectivo de control o erradicación para detener o disminuir la expansión de estas especies y para mitigar su impacto.

Continuando con la discusión en Chile, los que defienden a los animales traen a colación que se intenta incluir dentro del reglamento de caza a los perros asilvestrados, siendo este un concepto que no existe, pues los perros son animales domésticos y la ley busca controlar animales silvestres, con lo cual toda esta persecución sería ilegal. También se apela a un punto de vista ético, tildando a la caza como un método ineficiente que gran parte de la población rechaza, pues percibe que se trata de una matanza injustificada. Para ellos, la solución es la esterilización masiva de los cánidos y la educación basada en la tenencia responsable de animales.

También se escuchan voces discrepantes que indican que los perros salvajes son los que rompieron todo contacto con su mejor amigo bípedo y que se han aislado de ellos, por lo que deben valerse por sí mismo y cazar para sobrevivir y asegurar a sus cachorros. En ese sentido, es normal que los “animalistas” busquen evitar la cacería de perros, pero los argumentos científicos en este caso son más poderosos.  

Uno de los puntos que resalto de esa discusión mapocha es el hecho de la exigencia de la opinión pública de tener que contar necesariamente con profesionales competentes en estos temas tan complejos que requieren una cuota de interdisciplinariedad. No es cuestión simplemente de agarrar a todos los perros abandonados, vacunarlos, esterilizarlos y castrarlos o de reclutarlos en refugios donde las condiciones son paupérrimas.

Por todo lo anterior, es imprescindible que nuestras autoridades piensen en emprender alguna campaña educativa en las zonas afectadas y en buscar alianzas para emprender campañas de esterilización con estos perros. En el peor de los casos, habrá que eliminar a muchos de ellos. Además, como en el Perú está de moda hacer planes de conservación de especies, planes de acción y estrategias nacionales de diversidad biológica, de humedales y otras, sería bueno introducir este tema y no dejarlo de lado. ¿Qué opinan ustedes?

P.D. Quiero dedicar estas líneas, con mucho aprecio y estima, a Javier Barrio Guede, investigador y mastozoólogo de CORBIDI, quien está delicado de salud. Estoy seguro que se repondrá y que aportará mucho a este tema. Javier es una de las voces más autorizadas en lo que se refiere a mamíferos en el Perú. ¡Fuerza Lobo! Te esperamos para discutir al respecto.     

Mayo 2014

Artículo aparecido en la versión online de la Revista Rumbos: 
http://www.rumbosdelperu.com/los-perros-demasiado-hambrientos-ii--V1633.html



[1]Aliaga-Rossel E., Ríos-Uzeda B. & Ticona H. 2012. Amenazas de perros domésticos en la conservación del cóndor, el zorro y el puma en las tierras altas de Bolivia. Revista Latinoamericana de Conservación 2 (2) – 3(1): 78-81.
Etiquetas: [diversidad biológica]  [Extinción]  [Problemática socioambiental]  
Fecha Publicación: 2014-05-23T00:03:00.001-05:00
Los perritos pueden traer problemas ambientales. Ante eso, debemos
preguntarnos: ¿cómo así? ¿por qué? y ¿qué debemos hacer?
Sé que lo que viene sonará, para muchos, como una herejía, como una salvajada o como una locura. Por supuesto sé también en qué terrenos pantanosos me estoy metiendo. El simple hecho de deslizar por ahí que, en circunstancias especiales, es necesario matar perros (u otros animales), puede generar que (yo) sea visto, sin duda alguna, como un ser insensible e inhumano. Pero señoras y señores, me estoy refiriendo a tener que mandar a la otra vida a perros que ya no son más domésticos y que se han convertido en perros asilvestrados (semi salvajes) o silvestres (salvajes). En algunos lugares, los caninos que fueron poco a poco alejándose del que lo considera su mejor amigo —es decir, del hombre— se han convertido en una amenaza para algunos animales silvestres. Por eso, algo debemos hacer al respecto.      

Es casi imposible imaginar un mundo sin perros. Ya sea un San Bernardo o un Chihuahua; o un Pastor Alemán o un Bulldog Francés, estos incomparables mamíferos son los mejores amigos del hombre. El Perro Doméstico (Canis familiaris) ha acompañado al ser humano desde hace ya más de 15,000 años. Para ello, los primeros hombres tuvieron que domesticarlo; y en el ínterin, lo han llevado consigo a todos los rincones del planeta. Hoy en día, el perro es el canido más abundante en el mundo y su distribución es cosmopolita. Su “mejor amigo” de dos patas lo hizo dependiente de él y lo ha tratado de diversas maneras. Por supuesto existen los que aman a los perros y los que los maltratan.

Sin embargo, en algunas ocasiones, existe un comportamiento humano casi enfermizo de sobreprotección al perro (y a otros animales) que, para mí, linda ya con la exageración y con una mirada poco objetiva de la realidad. Yo defiendo a ultranza la vida silvestre, pero en algunos casos, se debe hacer algunos sacrificios (en varios sentidos) y actuar con sangre fría. No es cuerdo pensar que el hecho de tener que sacrificar a algunos animales nos convierta en unas bestias sanguinarias e insensibles. En determinadas ocasiones, esta medida se torna justificada, ya sea porque una especie animal puede haberse convertido en una plaga o en un depredador de especies locales; o porque son vectores de enfermedades o porque podrían poner en peligro el equilibrio natural.

Para declarar a algunos animales como amenazas al entorno deben existir —claro está— suficientes argumentos científicos que avalen la puesta en marcha de acciones para eliminarlos, ya sea cazándolos, con trampas, con medidas de control biológico (aunque esto a veces es más dañino que la enfermedad) o con algún otro artificio. Existen diversos ejemplos que evidencian que tales medidas son necesarias. Y ojo, no confundamos lo que acá se plantea con el maltrato y la violencia innecesaria con los animales. Una cosa es tener que sacrificar a algunas especies animales de la manera menos dolorosa y con medidas bien planificadas; y otra totalmente distinta es ejercer un trato repudiable contra los animales. Esto último parece obvio, pero para muchos, no lo es.

Los perritos

Existen algunos detalles que podemos conocer sobre los perritos para entender mejor qué es lo que esta pasando. Según el libro “Zoología Pintoresca” de Ángel Cabrera[1], en cuanto al perro, “lo evidente es que se trata del primer animal domesticado por el hombre, pues su imagen, como auxiliar en la caza, aparece ya en las pinturas prehistóricas del sudeste de España, y hallazgos hechos en las antiguas poblaciones lacustres de Suiza revelan que en la Edad de Bronce ya existían distintas razas, lo que parece indicar que su domesticación hubo de ser muy anterior. Es igualmente indudable que alguno de los pueblos primitivos que desde Asia pasaron a poblar América en los tiempos prehistóricos, llevaban ya el perro consigo, pues cuando los españoles descubrieron y conquistaron el Nuevo Mundo encontraron ya en poder de los diferentes pueblos indígenas perros con las mismas variaciones raciales que presentan los del Antiguo Mundo, con la única diferencia que no saben ladrar”.

Continúa Cabrera afirmando que “hay quien dice que tampoco ladraban los perros cimarrones[2]que, hasta no hace muchos años pululaban en algunos puntos de las pampas argentinas, siendo el terror del ganado y de los viajeros perdidos. No se conoce bien el origen de estos perros; según unos autores, descendían de los que se le escapaban a los pobladores españoles, pero es igualmente posible que procediesen de los que dejaban abandonados los indios de las pampas al ir desapareciendo sus tolderías ante el lento avance de la civilización”. Este testimonio revela que han existido perros salvajes desde hace siglos y que eran una amenaza latente para otros animales y para los humanos.
Perros salvajes devorando un guanaco en
Chile. 

Adicionalmente, Charles Darwin, en su obra “Viaje de un naturalista alrededor del mundo”, nos narra en uno de los capítulos de su travesía desde Chile septentrional hacia el Perú (del 11 de junio de 1835)  que en el valle de Copiapó en Chile (cerca al desierto de Atacama), “se acababa de ordenar que todos los perros vagabundos fuesen muertos y vi un gran número de cadáveres de ellos en el camino. Muchos perros habían sido atacados por hidrofobia (rabia) y no pocas personas habían sido mordidas y sucumbieron a tan horrible enfermedad. (…) Esa enfermedad llegó a Arequipa en 1807 (…) en Ica, cuarenta y dos personas perecieron desgraciadamente”.

Según el testimonio de Darwin, ya existía un conflicto entre el hombre y su mejor amigo, lo que ocasionó que se tuviera que hacer una matanza de perros enfermos para evitar (más) desgracias. Claro, las condiciones de salubridad no eran las mismas que las actuales, sin embargo, en algunos casos, la historia se repite.         

Los hechos

He escuchado diversos testimonios y comentarios de expertos que mencionan la existencia de perros salvajes en algunos lugares del país. Agrupados en jaurías, estos carnívoros estarían cazando venados, zorros, camélidos y otros animales. Si bien no tengo una prueba fotográfica de ello, si es que sobreviven, es porque algo deben estar cazando para alimentarse. Su presencia, en el país y bajo estas condiciones, estaría poniendo en riesgo parte de la fauna local, ya sea por ser “nuevos” depredadores de especies que no están acostumbrados a ellos, lo que les confiere cierta ventaja; por competir por el acceso al alimento con los depredadores locales; porque estarían interrumpiendo el ciclo reproductivo de algunas aves que anidan en el piso o en lugares accesibles para los perros; por ser especies agresivas, lo que hace que desplacen a otras especies; y tal vez porque, como los perros son bastante resistentes, pueden comer carroña, basura y otros desperdicios, lo que los hace inmunes a la escasez permanente o temporal de alimento.

Así por ejemplo, según la nota científica “Amenazas de perros domésticos en la conservación del cóndor, el zorro y el puma en las tierras altas bolivianas”[3]de Aliaga-Roseel et al. (2012), aparecida en la Revista Latinoamericana de Conservación, la existencia de perros asilvestrados o silvestres  en áreas periurbanas y rurales (en general) “es un tema de preocupación, no solo en términos de salud humana, sino también en temas de conservación, ya que son numerosos los efectos negativos de estos animales a la vida silvestre, como son: la competencia por recursos con otros carnívoros; la depredación sobre pequeños vertebrados nativos; o también la transmisión de enfermedades como la rabia, el parvovirus, el distemper canino y los parásitos externos (ej. garrapatas, pulgas, piojos, sarna) e internos (ej. nematodos, echinococcus y otros)…”.

El trabajo anterior reporta observaciones casuales entre perros (que serían asilvestrados) con Cóndores Andinos (Vultur gryphus) y con el Zorro Andino (Lycalopex culpaeus). Las observaciones fueron hechas entre julio y setiembre del 2005 dentro del Parque Nacional Madidi y del Área de Manejo Integrado Apolobamba al noreste de Bolivia. En él se indica que “en todas las interacciones observadas (entre perros y cóndores), los perros fueron muy agresivos, aproximándose de manera violenta, espantando a los cóndores con ladridos y persecuciones, con el fin de apoderarse de la carroña y alimentarse de esta, impidiendo acercarse a cualquier otro animal, con un constante y agresivo acoso, causando que todos los cóndores se alejaran de la zona”.

En el mismo reporte se indica también que se registró las interacciones entre el Zorro Andino y el Cóndor Andino, donde estas “fueron muy poco agresivas. No se observó comportamiento violento, ambas especies se limitaban a mantener cierta distancia y a alimentarse de la carroña en forma intercalada (…) Estas interacciones no violentas (…) sugieren que ambos animales, al haber coevolucionado en los mismos ecosistemas (…) podrían ser más tolerantes (…) aunque no se descarta que ocurran ataques de manera natural (…)”.       

Por otro lado, según Daniel Cossíos (2010)[4], puede ser que ya haya habido casos de perros asilvestrados desde “tiempos prehistóricos”, pues no debemos olvidar que cuando los españoles llegaron a nuestro continente, ya habían perros por estos lares. Sin embargo, según Cossíos, con los españoles también vinieron estos caninos como animales domésticos. Además, indica que “se ha registrado perros probablemente asilvestrados en los alrededores de la Reserva Nacional de Lachay, en Lima (…) pero no se ha demostrado aún su reproducción en libertad”.

Todo lo anterior (y lo que viene en la segunda entrega) nos indica que la relación que tenemos con los adorables perrunos y estos a su vez con el entorno puede verse alterada bajo algunas circunstancias. Si bien no podemos hablar de un problema ambiental de grandes magnitudes, es necesario que conozcamos esta problemática, que entendamos lo que está sucediendo y que analicemos qué es lo que deberíamos hacer.   

Mayo  2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: http://www.rumbosdelperu.com/los-perros-demasiado-hambrientos-i-V1613.html

[1] Cabrera A. 1960. Zoología pintoresca. Barcelona, España.
[2]Según la Real Academia de la Lengua Española, una de las acepciones para cimarrón es “un animal doméstico que huye al campo y se hace montaraz”.
[3]Aliaga-Rossel E., Ríos-Uzeda B. & Ticona H. 2012. Amenazas de perros domésticos en la conservación del cóndor, el zorro y el puma en las tierras altas de Bolivia. Revista Latinoamericana de Conservación 2 (2) – 3(1): 78-81.
[4] Cossíos, Daniel E. 2010. Vertebrados naturalizados en el Perú: historia y estado del conocimiento. Revista Peruana de Biología. 17(2): 179-189. Lima.    

Etiquetas: [calentamiento global]  [cambio climático]  [diversidad biológica]  [mar]  
Fecha Publicación: 2014-05-01T19:15:00.000-05:00
Tiburón blanco. Una especie clave en los océanos del mundo.
Foto: Tim Davis - CORBIS
Dado que está de moda hablar del cambio climático y que hoy en día casi todos son expertos en el tema, no puedo quedarme atrás. Por eso, debo parecer un experto. Y como a casi todo le echamos la culpa al calentamiento global, debo hacer algo al respecto; bueno, en este caso, debo escribir algo al respecto. Entretanto, no es que no quiera hacer nada para evitar las amenazas que significa que el planeta se esté calentando cada día más; pero así el Perú reduzca casi a cero la cantidad de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que emite a la atmósfera, ¡no pasa nada!, seguiremos jodidos. Solo nos queda (por ahora) adaptarnos y mitigar la pesadilla que se nos viene. Insisto, eso no significa que no debamos hacer algo. En ese entendido, ese algo es, entre otros, enterarnos y entender mejor este menudo problema y algunas de sus aristas. 

En diciembre de este año tendremos en Lima la “tan esperada” Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climáticos, es decir, la ya (para algunos cuantos) conocida COP 20. Del 01 al 12 de diciembre de 2014, el Perú —y específicamente, Lima, como suele suceder para bien o para mal— estará en la mira de casi todo el planeta. Y es que esta reunión convocará a más de 20 mil delegados de 190 países. Así, los representantes mundiales que algo tienen que ver con el medio ambiente en sus respectivos países se sentarán a negociar las medidas que “debemos” tomar como planeta para reducir la emisión de GEI y con ello paliar los efectos del cambio climático, producto del calentamiento del planeta.

Para tal fin, presidentes, ministros, empresarios, científicos y expertos ambientales se agarrarán de las mechas (¡eso espero!) en el intento de ponerse de acuerdo sobre qué debemos hacer para asegurarnos un destino más digno, así como para postergar nuestra inevitable extinción y la cada vez más cercana y necesaria fuga hacia Marte. La cosa se ve difícil sabiendo que existen países en vías de desarrollo, como China, India y Brasil, que no ven con buenos ojos que se les pida reducir sus GEI porque ellos “están creciendo” y tienen el derecho de hacerlo para llegar a ser países del “Primer Mundo” como justamente lo son algunos de los países que reclaman (y que a su vez no asumen muchos compromisos). Estos últimos tienen el poder de decisión y podrían cambiar las cosas si quisieran, pero parece que no quieren.

En este “tira y jala”, el Perú cumple un rol protagónico este año. Además de mostrarse al mundo como un supuesto recinto de oportunidades que anhela dar algunos pasos firmes para convertirse en un país de vanguardia en lo referido al accionar medioambiental, es el encargado de dirigir las negociaciones y de buscar que se tome decisiones concretas y reales que puedan ir preparando el terreno para seguir construyendo en el planeta las bases necesarias para un cambio global en lo relacionado al consumo de energía, en especial aquella proveniente de los combustibles fósiles. ¡Tremendo encargo!

Pero el fin de estas líneas no es discutir sobre la COP 20 y sobre los efectos del cambio climático en el Perú y en el mundo. Para eso, hay centenares de artículos rondando por ahí. No obstante, me da la impresión que esta importante reunión es como si un equipo de mitad de tabla de la segunda división del fútbol peruano invite a un triangular al FC Bayern München y al Barcelona FC e intente imponer su estilo de juego (si es que tiene uno) para “mejorar” el fútbol mundial. Ojalá me equivoque y se tomen buenas decisiones.

Lo más urgente que tenemos como país es preocuparnos de cuidar nuestros bosques tropicales y adaptarnos a los cambios climáticos y a sus consecuencias. Sobre esto último, ya se ha escrito bastante. No olvidemos que, si bien la deforestación contribuye con un importante volumen de las emisiones antrópicas de GEI, en contraposición a ello, los ecosistemas forestales intervienen en la lucha contra el cambio climático a través de la absorción de grandes cantidades de CO2 gracias a la fotosíntesis. Por esto y otras razones más, el Perú debe no solo ser un buen anfitrión y buscar que se firmen acuerdos vinculantes, sino también preocuparse por proteger nuestra diversidad biológica con todo lo que ello implica.

Mi intención en lo que viene es dar a conocer un problema silencioso que se desliza permanentemente al vaivén de las olas en todos los mares y océanos del planeta. Me refiero a la acidificación de las aguas marinas.     

Aguas ácidas

En el mar está sucediendo algo que a simple vista no podemos detectar. Y es que, dado que el ser humano sigue emitiendo toneladas de GEI a la atmósfera, los mares absorben el CO2 en grandes cantidades. Así, las aguas marinas se van volviendo progresivamente más acidas. Se estima que los océanos absorben ¡20 millones! de toneladas al día y que cada vez se acelera la acidificación de estas aguas que albergan a un gran número de especies biológicas. Las más afectadas son especies como los corales, las ostras y todos aquellas que tienen un caparazón o concha; además de las que viven en las aguas polares, pues en el agua helada el ácido se disuelve mejor.  

Según estudios del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, desde la industrialización de la humanidad a la fecha, los océanos se han ido volviendo más ácidos. Esta acidificación estaría dándose de una manera más acelerada de lo que se pensaba y en contraposición con lo que se creía, pues los científicos asumían que los océanos “amortizarían” la absorción de dióxido de carbono evitando que el equilibrio químico de las aguas se vea alterado; pero no es así.

¿Y, cómo así?

Todos sabemos (o deberíamos saber) que el agua marina es alcalina con un valor promedio del pH de 8,2. Basta que esta cifra haya bajado a 8,1 para que las alarmas empiecen a sonar. Entretanto, si la cantidad de CO2, en comparación con los años de la revolución industrial, se duplica, tal como parecería que será a final de este siglo, el pH del agua marina podría descender a cerca de 7,9 (y si se triplica, podría bajar a 7,7). Vale la pena recordar que el valor neutral del pH es 7 (como el de la sangre y del agua pura) y que la escala va del 0 al 14, donde del 1 a 3 es bastante ácido y del 11 al 14 bastante alcalino.

Pero como la naturaleza siempre nos da sorpresas, existen bastantes algas que estarían reaccionando positivamente a esta situación. Así por ejemplo, la alga Emiliania huxleyi, de distribución global y de una abundancia tal que conforma casi la mitad de toda la masa de organismos conformados por calcita (cal) en los mares del planeta, ha demostrado —en el laboratorio— que frente a un medio más ácido del normal reacciona muy bien e incluso que produciría discos de calcita más grandes. Entonces, el dióxido de carbono no solo actuaría como “destructor” de formaciones calcáreas, sino también como fuente de energía. Algunos científicos afirman que la “sobredosis” de CO2 en los mares sería una ventaja para algunos organismos. Incluso, se ha reportado que desde la era industrial algunas algas marinas habrían aumentado su tamaño en casi el 40%.

No se sabe a ciencia cierta como los mamíferos marinos y peces
reaccionarán ante estos cambios en las aguas marinas.
Foto: AP - NDR
Es necesario anotar que muchos organismos viven plácidamente en medios ácidos. En algunos lagos y en las profundidades de los mares (sobre todo polares) el agua es ácida como la que se espera para el futuro si la cosa sigue así. Lo que sucede es que a algunos organismos no adaptados a estos cambios tan rápidos (como los cambios climáticos que siempre ha habido en el planeta) los van a agarrar “con los pantalones abajo”. Felizmente, también algunos corales han demostrado (en el laboratorio)  poder soportar un medio más ácido (pH de 7,3). Pese a perder su protección calcárea y dejar sus partes blandas al descubierto, cuando las aguas regresaron a sus valores normales, los corales pudieron reconstruir sus “esqueletos”. Esto explicaría también el porqué estos seres han sobrevivido en la historia del planeta con todos los cambios que ha habido. 

Otra vez la incertidumbre

Saber exactamente cómo reaccionará el mundo marino a la acidificación de los mares sigue siendo un misterio. Los organismos reaccionan de diversas maneras, incluso existen diferencias entre las distintas especies de un mismo género. Lo importante será que justamente esa gran diversidad biológica se imponga y que no se pierda. Algunas especies triunfarán, otras

sucumbirán. No lo sabemos. Todo esto podría ser una cuestión de “energía”. En un medio ácido, los organismos vivos necesitan más energía para construir su esqueleto, lo que le podría dar ventaja a otros organismos que “salen a flote” con poca energía.

Parte de la incertidumbre se debe a que este “problemita” ha salido hace poco a la luz. Recién empezamos a entender qué es lo que estaría pasando. El mayor inconveniente que debemos enfrentar es que muchas de las certezas que tenemos provienen del laboratorio y no han sido probadas en la naturaleza bajo otras condiciones. No se ha hecho los estudios en el “mismísimo” mar. Esto aumenta la incertidumbre. Un aspecto interesante en todo esto es que en la era de los dinosaurios, cuando el planeta era testigo de un gran “efecto invernadero”, es decir, la atmósfera contenía enormes cantidades de CO2 (mucho más que ahora), los organismos calcáreos la pasaban muy bien. Existen evidencias geológicas de enormes formaciones de estos organismos que comprueban lo anterior.

Dicho todo esto y un poco al margen de lo que sucede con las algas marinas y con la acidificación de los mares, no sabemos mucho. Un informe de la ONU sostiene que el medio marino se adapta muy bien a los cambios y que no se sabe finalmente cómo reaccionará ante lo que tenemos y ante lo que se viene. Adicionalmente, no sabemos tampoco a ciencia cierta cómo reaccionarán los mamíferos y peces ante la acidificación de las aguas marinas. Lo único claro es que los océanos están cambiando y que se espera consecuencias negativas, pero no sabemos cuál será el costo. Ojalá no nos ahoguemos en este mar de incertidumbres. 

Abril  2014

Artículo aparecido en la versión online de la Revista Rumbos:  
http://www.rumbosdelperu.com/la-cop20-y-mar-acido-de-incertidumbres-V1541.html

Etiquetas: [diversidad biológica]  [observación de aves]  [Pava Aliblanca]  
Fecha Publicación: 2014-04-14T08:56:00.000-05:00
Ostrero negruzco (Haematopus ater).
Foto: Fernando Angulo Pratolongo.
Lanzo algunas apuradas reflexiones antes de que empiece el IX Congreso Nacional de Ornitología. La cita es en la ciudad de Huamanga, en Ayacucho, del 20 al 25 de abril. Y es que, debo admitirlo, no podía quedarme sin escribir algo al respecto. Y además, como siento que estamos avanzando en la construcción de las bases para potenciar el estudio científico en el Perú y en este caso, el de la ornitología, es necesario también mirar para atrás para rescatar lo bueno, corregir errores y preparar lo que se viene. Felizmente, todo esto va de la mano de un avance prometedor de la observación de aves como una disciplina que cada vez motiva a más personas a conocer y preservar nuestra diversidad biológica.      

Parte de esta historia empezó —para mí— en el 2005, específicamente del 09 al 12 de octubre, en la ciudad de Chiclayo. En ese entonces, se realizó el VI Congreso Nacional de Ornitología en el campus de una universidad chiclayana. En aquella ocasión, se respiraba un aire universitario de afanosos emprendedores relacionados a la ornitología peruana que pugnaban por ampliar los horizontes y abrir más la paleta de posibilidades relacionadas al estudio y promoción de nuestra avifauna. Recuerdo que fue el otrora Presidente Regional de Lambayeque (y ahora vapuleado), Yehude Simon, el encargado de inaugurar el evento.

Aquella vez conocí a Thomas Shulenberg —uno de los “más capos” en cuanto a lo que nuestra diversidad ornitológica se refiere—, quien anunció que “pronto”, saldría una guía de aves para el Perú. Es decir, por fin habría una guía de campo digna de una potencia mundial en lo referido al número y variedad de aves (en especial, endémicas). Por supuesto, la aparición del “Aves de Perú” no desmerecía los trabajos anteriores hechos para estos fines. Sin embargo, lo anunciado por Schulenberg marcaría un importante repunte en la ornitología peruana. También recuerdo el justo y emotivo homenaje que se le dio a Gustavo del Solar y a John O’Neill, los “redescubridores” de la Pava Aliblanca (Penelope albipennis) en el año 1977.

Y recién caigo en cuenta que, con la viada y el ímpetu post congreso, inicié el 2006 —con un tal Fernando Angulo Pratolongo y otros expertos “pajarólogos”— una empresa que hasta ahora perdura: producir y sacar a la luz el boletín de la Unión de Ornitólogos del Perú (UNOP). Revisando los primeros números del boletín, debo confesar que me da un poco de vergüenza aceptarlos como tal. No obstante, ese sentimiento se desvanece cuando analizo el avance y progreso que ha tenido este importante medio de comunicación para la discusión y difusión de la investigación ornitológica en el país.

El gran esfuerzo y el continuo mejoramiento de la calidad científica del boletín no hubiesen sido posibles sin el apoyo de los expertos que conforman el actual Comité Editorial, es decir, Thomas Valqui, Javier Barrio, Mauricio Ugarte, Renzo Piana, Manuel A. Plenge, Alexander More, Irma Franke, José Tello y Fernando Angulo; de los miembros de la UNOP, revisores y colaboradores, como Grace Servat, Pepe Álvarez, César Chávez, Letty Salinas, Katya Balta, Horacio Zeballos, Armando Váldes, Nataly Hidalgo, Constantino Aucca, Alessandra Quiñones, Antje Chiu, Oscar Gonzales, Dan Lane, Thom Schulenberg, Alfredo Begazo, Barry Walker, Diego García, Ernesto Málaga, Carlos Zavalaga, Christian Devenish, Sergio Nolazco, Antonio García y otros; y —claro está— de todos los que han enviado sus artículos y colaboraciones para cristalizar y seguir consolidando esta imprescindible y poderosa herramienta que coadyuva a impulsar el desarrollo de la ornitología en el país. 

Además, no puedo dejar de agradecer a Ele (Wendy) Rojas, a Jorge Novoa y a Carolina Ostinelli, por ayudarnos con la inmensa e importante labor de diagramar el boletín y porque han soportado estoicamente los cincuenta mil cambios y correcciones que supone cada nuevo número del boletín. Mil gracias a todos. Y por todo esto, les recomiendo dar una mirada a todos los números aparecidos desde el 2006 a la fecha (ver notas al final) para conocer la evolución del boletín y revisar los diversos temas que han sido abordados en estos ya casi ocho años. Y aprovecho estas líneas para darle una primicia calientita: ¡se viene un nuevo número del boletín antes del congreso!

VIICNO

Dos años después, en el 2008 y del 27 al 30 de abril, la cita ornitológica se dio en la cálida ciudad de Piura. En aquella oportunidad y en las instalaciones de la Universidad Nacional de Piura, recuerdo haber asistido a diversas conferencias y charlas magistrales que fueron ampliándome el panorama en estos temas. No obstante, no dejó de atormentarme el número reducido de estudiantes que se hizo presente en aquella ocasión y el hecho de ver casi a los mismos del congreso anterior. Esto último, en realidad no es tan grave, pues sabemos que en nuestro reducido mundo ornitológico, no somos muchos.

Lo resaltante es que, pese a lo anterior, pude comprobar que este tipo de reuniones son de mucha importancia para intercambiar y actualizar información, para conocer emprendimientos nacionales y extranjeros que pueden servir de ejemplos o que aportan datos relevantes para lo que uno viene haciendo, para hacer relaciones públicas y para afianzar lazos de amistad y fraternidad. Claro, esto último, siempre y cuando no debamos toparnos con algunos impresentables que pululan por ahí como almas en pena sin aportar nada, creando conflictos y desinformando a despistados que defienden lo indefendible o que se hacen los de la vista gorda.  

El IX Congreso de Ornitología Neotropical y el VIII Congreso Peruano de Ornitología en Cusco

Tres años después, fue el turno del último congreso ornitológico nacional, realizado en Cusco, a la par del noveno congreso de ornitología neotropical. Del 08 al 14 de noviembre del 2011, alrededor de 1000 participantes inscritos abarrotaron las instalaciones destinadas para albergar a los expertos nacionales y extranjeros en torno a las aves. Esta vez hubo una mayor presencia de estudiantes, debido a —supongo— lo atractivo de la ciudad y a lo “bacán” de participar en dos congresos a la vez. Sean estas u otras las razones de una mayor afluencia de participantes, pude comprobar el crecimiento de la producción científica en torno a nuevos estudios sobre nuestra riqueza ornitológica.

Asimismo, en la “Ciudad Imperial” percibí un clima muy intenso y prometedor de intercambio de experiencias y de información científica. Conversando con varios “gringos” y expertos extranjeros, me convencí de que estábamos por buen camino pero que aún era insuficiente lo realizado. Es evidente que hay un despunte en la ornitología peruana y en el ejercicio de la observación de aves; pero aún falta descentralizar ambos aspectos y fortalecer nuestras capacidades. Así por ejemplo, como parte de las labores de producción y de edición del boletín de la UNOP, me he topado con algunos textos que tienen una calidad bastante cuestionable y reducida en cuanto a la redacción, la conexión lógica de las ideas que lo sustentan y a la manera de presentar, analizar, discutir y presentar datos. Es imperativo seguir trabajando al respecto para producir información de calidad que nos permita ofrecer argumentos científicos y técnicos que puedan sustentar la toma de decisiones en diferentes niveles.  

Huallata (Chloephaga melanoptera).
Foto: Fernando Angulo Pratolongo.
Pero, lo interesante en todo esto es que, tras el congreso en Cuzco a la fecha, ha habido bastantes mejoras y cada día nacen y se consolidan diferentes iniciativas en torno al mundo “pajarero”. Tenemos por un lado, la realización de diferentes actividades promocionales de la observación de aves, como los “Birding Days”, los “Birding Rally Challenge”, ferias y otras reuniones en torno a las aves; y por el otro, está aumentando la aparición de nuevas publicaciones técnicas y científicas sobre nuestra avifauna. Además, estoy seguro que podemos afirmar con certeza de que cada día crece el número de los aficionados a las aves. A eso hay que sumarle que tenemos la ventaja de contar con las redes sociales para promocionar el intercambio de información y la discusión de temas de relevancia, siempre y cuando no se conviertan en agentes para promocionar intereses propios.

Esto es seguramente, para los más “duros” en términos científicos o académicos, insuficiente, no obstante, es un avance y debemos unir esfuerzos. No estamos, a estas alturas del partido, para malgastar el tiempo y las energías en discusiones intranscendentes o  bizantinas que nos conducen a la nada. ¡Discutamos! No me opongo, pero saquemos a relucir argumentos técnicos que nos permitan cambiar las cosas y hacerle entender a los que toman decisiones que es vital apoyar la investigación científica para contar con información certera y con ello pasar a la acción. ¡Con ellos debemos discutir y si es necesario, agarrarnos de las mechas! 

Pajareros y ornitólogos en Ayacucho

Entonces, este año nos toca deliberar cómo seguir apostando por esta rama de la biología para aterrizar en acciones concretas que nos sigan despercudiendo del letargo en el que hemos estado. El desarrollo de la ornitología en el país debe pasar por una apuesta al compromiso de trascender más allá de publicar un artículo científico o de ser un experto en aves, es decir, debemos buscar “crear escuela” y llevar el apasionamiento e interés por las plumíferas a la toma de decisiones e intentar buscar alternativas de desarrollo en torno a ellas. Es decir, fomentar el cuidado y el buen uso de nuestra diversidad biológica teniendo a las aves como nuestro “Caballo de Troya” es una buena manera de exigir el cuidado del entorno y a su vez de sacar adelante iniciativas que conjuguen la pasión por la naturaleza con el tan mentado desarrollo que necesitamos y anhelamos.
  
Espero que en esta ocasión, la hermosa ciudad de Huamanga funja de catalizador para esta gran ola ornitológica que viene “azotando” a nuestro país. Tenemos la mesa servida y esta vez el menú estará al alcance de todos en la “Ciudad de las Iglesias”. Arrasemos con todo y sigamos remando en la misma dirección para convertir al país en una potencia mundial en el tema de aves. Y por último, dejando de lado los discursos aleccionadores y técnicos, disfrutemos de esta fiesta “pajarera” y aprovechemos al máximo el poder estar reunidos teniendo a las aves como protagonistas. Finalmente, dejo por escrito mi reconocimiento al gran esfuerzo desplegado por los organizadores y por todos los que han hecho que el epicentro de la ornitofauna nacional se traslade a Ayacucho.

Sobre el VI Congreso Nacional de Ornitología en Chiclayo (2006):
http://mitambordehojalata.blogspot.com/2009/06/el-vi-congreso-nacional-de-ornitologia.html
Para leer todos los números del boletín de la Unión de Ornitólogos del Perú (UNOP):
https://sites.google.com/site/boletinunop/
Sobre el VII Congreso Nacional de Ornitología en Piura (2008):
http://mitambordehojalata.blogspot.com/2009/06/se-acabo-el-viicno-y-ahora-que.html
Sobre el IX Congreso de Ornitología Neotropical y el VIII Congreso Peruano de Ornitología en Cusco (2011):
http://mitambordehojalata.blogspot.com/2011/11/de-esos-seres-alados-que-tomaron-cuzco.html
Sobre los congresos ornitológicos en el Perú (1995 – 2011), visitar el blog de la Dra. Irma Francke:
http://avesecologaymedioambiente.blogspot.com/2012/08/los-congresos-de-ornitologia-en-el-peru.html


Abril 2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos:  
http://www.rumbosdelperu.com/-no-se-pajareen-ni-se-olviden-el-ix-congreso-nacional-de-ornitologia-es-en-ayacucho--V1495.html
Etiquetas: [calentamiento global]  [cambio climático]  [diversidad biológica]  [Problemática socioambiental]  [Selva]  
Fecha Publicación: 2014-04-07T08:58:00.001-05:00
El río Huallaga cerca al pueblo de Shapaja en San Martín. y del Área de
Conservación Regional Cordillera Escalera. San Martín
es uno de los departamentos que más ha sufrido los embistes de la
deforestación en el país.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo
Ahora sí. Lo prometido es deuda, con estas líneas cierro momentáneamente esta seguidilla de artículos dedicados al Proyecto Conservación de Bosques Comunitarios (Proyecto CBC). Para ello, es necesario revisar algunos de los principales avances a la fecha, cuáles son los retos que se debe enfrentar y qué lecciones aprendidas ha arrojado este emprendimiento en su primera fase. Aún hay bastante camino por recorrer. Si no metemos el hombro, el panorama actual puede empeorar y podríamos ir despidiéndonos de gran parte de nuestros bosques amazónicos. Esperemos que eso no se dé y si se da, que Dios nos coja confesados.   

La primera fase del Proyecto CBC se ha concentrado en consolidar la implementación de las Transferencias Directas Condicionadas (TDC) como un instrumento para conservar los bosques de las comunidades nativas asentadas en nuestra selva amazónica. A su vez, ofrece la oportunidad de administrar dinero para emprender alguna actividad productiva sostenible que permita utilizar responsablemente el entorno, con el fin de generar beneficios económicos para los miembros de estas comunidades. Se ha logrado, mediante los convenios para acceder a las TDC y hasta el 2012, conservar cerca de medio millón de hectáreas de bosques comunitarios amazónicos y beneficiar a casi 3200 familias de seis provincias de Cusco, Pasco, Junín, Amazonas y San Martín. Como se ve, falta bastante aún.

Lo importante en todo esto es que se está gestando una manera de incentivar un mejor uso de lo que nos rodea para mantener a salvo nuestros bosques. No estamos hablando de no tocar y dejar todo tal cual, sino de utilizar nuestros recursos naturales inteligente y responsablemente mirando hacia el futuro. A estas alturas del partido, coincido con el astrólogo y genio Stephen Hawking en que, si no salimos de este planeta, nos extinguiremos. Mientras tanto, debemos hacer algo para preservar nuestra diversidad biológica. Para ello debemos cambiar varias cosas. Veamos algunas de ellas.

¡A ponerse las pilas!

Como parte del Proyecto CBC, se analizó el impacto de la piscicultura en la cuenca amazónica como una alternativa económica y alimentaria implementada por el Estado y algunas organizaciones. Para ello, se analizó el caso de dos comunidades nativas del distrito de Santiago, en la provincia de Condorcanqui, departamento de Amazonas. Se evaluó el impacto económico del autoconsumo versus la venta en el mercado y se comparó el estado nutricional y las características del consumo alimentario de las familias que cultivan peces versus aquellas que no se dedican a la piscicultura. Se trabajó en total con 20 familias (10 con piscigranjas y 10 sin piscigranjas).

El análisis arrojó, entre otros, que el nivel tecnológico en ambas comunidades es incipiente, a pesar de que la mayoría de piscicultores afirma haber recibido capacitación técnica. No obstante, esto no se traduce en un buen manejo de sus cultivos, ni en un adecuado manejo de la infraestructura piscícola. Aspectos básicos como la limpieza, desinfección y fertilización de las piscigranjas no son tomados en cuenta con la seriedad del caso. Además, se reportó la ruptura de diques y de aliviaderos, lo que indica la falta de mantenimiento periódico.

Adicionalmente, se reportó el bajo nivel de crecimiento y de los niveles de producción de los peces, problemas que están directamente relacionado al deficiente manejo alimenticio. Asimismo, la difundida práctica del policultivo y la alta preferencia de especies poco exigentes en cuanto a la alimentación (y más fáciles de criar), como el boquichico, carachamas, lisas y pequeños ciclidos (todos estos, peces detritívoros de agua negra) indican que no se está aprovechando eficientemente esta oportunidad de desarrollo local. 

Lo anterior explicaría el hecho de que no se cultive especies omnívoras de mayor valor económico y nutricional como la gamitana y el paco. Estas especies necesitan mayor dedicación y deben ser alimentadas regularmente. A esto, todas las familias encuestadas manifestaron que, pese a los bajos niveles de producción, la única actividad productiva que les genera buenos ingresos es la piscicultura y que el dinero lo emplean principalmente en alimentación, pasajes, vestuario, medicina y en útiles escolares.

Dicho lo anterior, ¿qué más se debe hacer? ¿por qué esta alternativa productiva no funciona en lugares donde debería ser una buena alternativa de desarrollo? ¿se debe a la desidia de los pobladores, a la mala capacitación hecha por los encargados de brindarla? ¿se debe a que se acabaron los fondos económicos en pleno proceso de implementación, al cambio climático, a “el calor” o a qué? ¿y ahora?

Por ende, es necesario adaptar y/o simplificar los paquetes tecnológicos que se deja en las comunidades, los mismos que deben estar adaptados al entorno, a la cultura local y en especial a la disponibilidad de recursos económicos y técnicos en la zona, para que puedan ser realmente aplicados. Es prioritario también elaborar manuales o guías técnicas simplificadas y de ser necesario, bilingües. No es cuestión de cumplir las metas de un proyecto, sino lograr que los pobladores interioricen y comprendan el fin de la iniciativa y los beneficios que de ella se desprenden. Así también, es imprescindible que los pobladores locales se empoderen del esfuerzo para que lo hagan suyo y crean realmente en él.    

¡Ojo con las semillas!

Como sabemos, en las últimas décadas, los bosques naturales amazónicos están siendo deforestados, ya sea mediante la tala y quema para la ampliación de la frontera agrícola, así como mediante la extracción selectiva de especies. Esta última “modalidad” se da generalmente en bosques que no tienen un manejo forestal. Desde el punto de vista ecológico, esta actividad limita las posibilidades de recuperación del bosque, lo empobrece y merma su diversidad biológica; y desde el punto de vista industrial impide el establecimiento de programas de mejora genética sobre las especies de mayor relevancia comercial, lo que origina que se tenga poblaciones arbóreas cada vez más escasas, menos diversas y de baja calidad.

Todo esto se traslada a los planes de manejo forestal y a los de reforestación; debido a que la demanda de semillas de buena calidad no se encuentra totalmente satisfecha, como consecuencia de la escasez de fuentes de suministro suficientes y oportunas. Esto obliga a utilizar semillas de dudosa procedencia y de calidad inferior, lo que podría mermar en las expectativas para los que en el futuro desean invertir en la actividad forestal, pues “sus árboles” no serían de muy buena calidad.
Por ende, para las autoridades nacionales, regionales y locales encargadas del tema forestal, es fundamental propiciar la investigación y generar información actualizada sobre la oferta actual y potencial de semillas forestales de especies nativas. Esto, con el objetivo de poder establecer un vínculo a futuro entre productores y comunidades en lo relacionado al manejo forestal, para lograr que esta actividad realmente traiga consigo beneficios y que pueda se considerada como una alternativa de inversión que genere dividendos.

La eterna ¿y eficiente? descentralización

Como sabemos, desde el año 2003, los gobiernos regionales cuentan, dentro de su estructura orgánica, con la Gerencia Regional de Recursos Naturales y de Gestión del Medio Ambiente. Esta estructura que prometía ser efectiva y operativa para los temas “ambientales”, no ha demostrado que realmente así sea, por lo que muchos emprendimientos reportan un avance lento en los resultado tanto físicos como financieros, debido en parte, a la burocracia “regional” y a la falta de capacidades técnicas. Dirigir los esfuerzos para tener autoridades regionales y locales bien capacitadas que ayuden a que las cosas funcionen, es uno de los mayores retos del proyecto y de toda la gestión ambiental en el país. Sin esto, podría haber mucha frustración innecesaria. 

La Selva Central, en este caso, Oxapampa vive una creciente e imparable
presión humana para "tumbarse" al monte y aprovechar sus tierras
en plantaciones como la maracuya.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo 
En base a lo anterior, el Proyecto CBC tiene pensado, entre otros resultados, lograr que los gobiernos regionales cuenten con mayores capacidades para ejercer sus competencias y funciones en lo referido a la conservación de sus bosques a través de diferentes mecanismos, donde uno de ellos es el de las TDC. Todo esto debe ir de la mano de una articulación real con los tres niveles de gobierno y con las organizaciones representativas de las comunidades nativas y campesinas para optimizar los esfuerzos destinados a la conservación de los bosques.

Según manifiestan algunos funcionarios, en los gobiernos regionales existe la buena costumbre de replicar experiencias exitosas de otros gobiernos regionales. ¿será verdad? Ojalá que sí, así podría ser que el modelo de las TDC u otros similares de conservación y desarrollo puedan ser aplicados en otros ámbitos en base a experiencias exitosas.

A ver de dónde chorrea 

Todo lo anterior puede sonar bonito y esperanzador, pero regresamos a una de las principales preocupaciones: ¿cómo financiar estos mecanismos, sus necesidades y las actividades pendientes? Como parte del Proyecto CBC, se ha realizado diversos estudios para garantizar la sostenibilidad de la política de conservación de bosques mediante el uso de las TDC o de mecanismos similares. Una de las alternativas analizadas fue la viabilidad de financiamiento con los recursos provenientes del canon minero que reciben los gobiernos regionales. “Felizmente” el Sistema Nacional de Presupuesto Público del Ministerio de Economía y Finanzas permite aplicar diversos esquemas de financiamiento de políticas públicas, en base a su impacto a largo plazo.

En ese entendido, se ha analizado la política nacional de conservación de bosques, el contexto internacional, las necesidades de fondos para financiar las TDC, los ingresos de los gobiernos regionales que concentran la mayor cantidad de bosques en comunidades indígenas y los saldos por transferencias del Tesoro Público. Con esto, se podría incorporar para el financiamiento requerido un porcentaje de los saldos por conceptos de explotación de hidrocarburos transferidos anualmente al Tesoro Público.

Y aunque suene paradójico, uno de los motivos que justifica la presente propuesta es que el concepto vinculante de la mitigación del cambio climático no sería ajeno al uso de combustibles fósiles y este, a la explotación de hidrocarburos. Los recursos provenientes de la explotación de hidrocarburos parecen ser permanentes en el país, dado que la gran mayoría de lotes en la actualidad tienen un buen horizonte de recursos por explotar. Adicionalmente, con el tiempo tendríamos nuevas operaciones comerciales en lotes que actualmente están en exploración, lo que aseguraría el ingreso de recursos económicos.

Por otro lado, también como parte del Proyecto CBC, se elaboró una propuesta normativa y técnica que permita al Ministerio del Ambiente y a determinados gobiernos regionales concertar una operación de endeudamiento para financiar la conformación de un Fondo Ambiental para la conservación de bosques a cargo del mencionado ministerio. Se analizó el escenario de un financiamiento que contempla una combinación de recursos nacionales y recursos provenientes del endeudamiento, de preferencia externo.

De este modo, una de las variantes para el financiamiento de proyectos forestales podría considerar la estructuración de un programa de proyectos para que sea financiado a través de transferencias monetarias directas. Esto implicaría un subsidio directo a los gobiernos regionales que serían los receptores y que deberían contribuir con una contraparte para, entre otros, respaldar el financiamiento parcial, su mantenimiento y la ejecución de los proyectos de conservación que estarían a  su cargo (por eso es imprescindible reforzar sus capacidades).

Para la implementación de una propuesta legislativa que permita viabilizar el esquema de financiamiento propuesto, se requiere que los gobiernos regionales y locales que son beneficiarios del canon, tengan la facultad de destinar una parte de los mismos para financiar la contrapartida de los proyectos de recuperación de bosques que son financiados, parcialmente, con recursos de endeudamiento público; y para realizar los estudios de pre inversión y el mantenimiento de dichos proyectos.

Además, para financiar un préstamos del gobierno nacional traspasado a los gobiernos regionales y locales, así como para financiar el endeudamiento interno mediante el uso de una parte de sus recursos determinados (canon, sobrecanon, regalías, exoneraciones tributarias, entre otros), es necesario adecuar el marco normativo vigente. Otro mecanismo sugerido es el fideicomiso para respaldar la sostenibilidad del financiamiento de un proyecto ambiental.

Como ven, hay bastantes posibilidades para “meter” plata en la conservación de nuestros bosques. A ver si de una vez nos convencemos que destinar fondos para estos temas no es un gasto, sino una inversión necesaria que no debemos seguir aplazando. ¡Manos a la obra! ¡Hay bastante chamba!    

Marzo 2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumnbos:


http://www.rumbosdelperu.com/el-proyecto-conservacion-de-bosques-comunitarios-y-las-transferencias-directas-condicionadas-iv--V1480.html
Etiquetas: [calentamiento global]  [cambio climático]  [diversidad biológica]  [Selva]  
Fecha Publicación: 2014-03-26T14:21:00.000-05:00
Plantaciones de soya en Mato Grosso en el 2008. ¿Eso podría suceder
en el Perú? Foto: Reuters. 
Para ir cerrando lo referente al Proyecto Conservación de Bosques Comunitarios (Proyecto CBC), veamos algunos de los principales retos de la iniciativa. Como se mencionó, una de las etapas más complicadas es cuando las comunidades nativas deben abandonar el mecanismo por el cual reciben las Transferencias Directas Condicionadas (TDC) como incentivo para conservar sus bosques, con el compromiso de poner en marcha un plan de inversión que permita utilizar sosteniblemente el entorno para salir adelante y obtener, entre otros, un capital humano que ayude a mirar el futuro con más optimismo. 

Retomando el artículo anterior, sabemos que para implementar el mecanismo de las TDC es necesario dar seis pasos. En primer lugar se realiza la focalización de las comunidades nativas que participan; luego se da el proceso de admisión, mediante el cual se difunde el mecanismo en las zona de intervención y en el cual, las comunidades “ponen en regla” la documentación necesaria para solicitar ser parte de los beneficiarios de esta herramienta de conservación promocionada por el Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio Climático (Programa Bosques) a cargo del Ministerio del Ambiente (Minam).

Seguidamente, si una comunidad nativa decide y puede entrar al mecanismo, esta es afiliada y debe cumplir diversos requisitos, entre ellos, formar sus comités de gestión y de vigilancia, así como elaborar participativamente su plan de inversión con la asesoría técnica del Programa Bosques y del Proyecto CBC. Seguidamente, la comunidad ya está en la capacidad de recibir el dinero correspondiente (S/. 10.00 por hectárea conservada por año) y de velar por el cumplimiento de las condicionalidades. Luego de la firma del contrato de compromisos por cinco años y de la puesta en marcha del plan de inversión, viene el sexto paso, el de la graduación. Es decir, la comunidad nativa deja de ser beneficiaria de las TDC y debe valérselas por sí sola, tal cual como lo venía haciendo antes de ser incorporada a este mecanismo.

La diferencia radica en que, tras esta experiencia, la comunidad tiene muchas más posibilidades, conocimientos, así como capital físico y humano. Y es que durante todo este proceso, además de abogar por la conservación de los bosques, por el buen uso de un dinero entregado directamente para ser invertido en actividades productivas sostenibles; y tras haber interiorizado la importancia de mantener el entorno como uno de los requisitos indispensables para salir adelante y vivir mejor; así como de conocer mejor el accionar del Estado y la dinámica socioeconómica en la que vivimos, los miembros de las comunidades nativas pueden enfrentar con más recursos y ganas (¡eso esperamos!) la realidad.

Si bien el proceso de graduación aún no se ha dado para ninguna comunidad nativa beneficiaria, se asume que es el más complicado porque supone para todos los involucrados enfrentar grandes desafíos. Por ende, es necesario asegurar que todo lo ganado y adquirido no se pierda, ni se vaya al tacho. Así, para afrontar este gran paso, los miembros de la comunidad deben cumplir con ciertos requisitos, tales como haber obtenido su Documento Nacional de Identidad (DNI); acceder al sistema de salud y a una educación digna para los niños y jóvenes; haber sido capacitados en temas financieros, técnicos, de conservación del medio ambiente, entre otros; poder implementar prácticas de prevención en salud pública; luchar contra el analfabetismo; así como buscar otros mecanismos de financiamiento para continuar con el plan de inversión o para ejecutar otras iniciativas similares de desarrollo local. Estas últimas pueden ser el turismo, la comercialización de artesanía, de frutos o de otros productos, así como otras alternativas productivas, siempre y cuando se tenga como norte el buen uso de los recursos naturales.  

Finalmente, es fundamental evaluar que los beneficiarios estén en la capacidad de articularse a programas sociales, de trabajar con el Estado y de aprovechar al máximo el apoyo de las organizaciones no gubernamentales. Todo esto debe darse de manera progresiva, pero sin mucha demora y sin caer en el asistencialismo.  Además, claro está, es necesario que todos pongan de su parte.

Siempre hay que monitorear

Y como siempre es necesario evaluar, supervisar, notificar, corregir, enrumbar, enmendar y mejorar, también es imprescindible monitorear todo este proceso. Para ello, el proyecto ha desarrollado un interesante sistema de monitoreo y evaluación, mediante el cual se evalúa los aspectos técnicos y financieros relacionados a la implementación del plan de inversión. Adicionalmente, para verificar que efectivamente los bosques están siendo conservados según el convenio firmado, es necesario obtener diversas fotos satelitales de los bosques comunitarios en varios momentos. Para ello existe una línea base, es decir, la foto inicial o la foto de partida para ir viendo los cambios y lo que va sucediendo.
                                                                                      
Una herramienta importante es el sistema de alerta temprana de deforestación que utiliza las mencionadas imágenes satelitales e información de campo para detectar los p

osibles avances de la deforestación en sus momentos iniciales. De esta manera se puede combatir este mal a tiempo para no comprometer la integridad de los bosques y para cumplir con lo establecido entre las partes. Así también, se puede establecer, siempre y cuando se pueda verificar, otros acuerdos de buena voluntad entre los comuneros y el programa, tales como no cazar de manera indiscriminada, no hacer ni permitir minería ilegal y otros.     

Al perder los bosques tropicales,perdemos con ellos una enorme e
invalorable diversidd biológica.
Foto: DPA - Wildlife Conservation Society.
En cuanto al seguimiento y al monitoreo de las actividades del proyecto, urge articular esfuerzos con los gobiernos regionales y con los procesos de ordenamiento territorial, con el fin de manejar información actualizada y estandarizada, de tal manera que esta pueda ser utilizada para diversas iniciativas nacionales, regionales y locales. No siempre es necesario gastar dinero y tiempo en producir “nueva” información cuando esta ya existe. Señoras y señores debemos coordinar y optimizar nuestro accionar para ser más eficientes y eficaces. ¡No tenemos mucho tiempo para hacer las cosas!

Por otro lado, ¿cuántas veces es necesario ir a las comunidades nativas o campesinas, a los caseríos, anexos y a donde viven los “beneficiarios” o “grupos focales” de los proyectos para hacer mapas parlantes, los benditos análisis FODA, los árboles de ideas y decenas de talleres aburridos? A veces sí es necesario hacerlo para actualizar datos o para temas muy puntuales, pero todo esto le cuesta tiempo y dinero a todos y si no existe una retroalimentación y no se comparte la información, estaremos avanzando lentamente. Toda este trajín cansa y desgasta. En repetidas ocasiones, solo se hace este tipo de “dinámicas” para obtener una lista de participantes con sus respectivas firmas y así poder justificar los gastos. Ya es hora de optimizar nuestros procedimientos.    

Algunos retos en el país de las maravillas

Ojalá que se pueda ir teniendo progresivamente más comunidades nativas beneficiarias de este mecanismo, pero claro, necesitamos también que más gente se involucre y, en especial, garantizar el financiamiento de estos procesos. Sobre todo y en especial ahora que se le está trasladando diversas funciones (para bien o para mal) a los gobiernos regionales. Es imprescindible que se entienda que invertir en este u otros tipos de mecanismos similares no es un gasto, sino una inversión necesaria. Adicionalmente, es indispensable capacitar a los funcionarios públicos; así como elaborar planes y políticas de desarrollo que trasciendan a los cambios de gobierno y a las pataletas de muchos de los trabajadores del Estado.   

Es lamentable reconocer que a veces se avanza bastante con una gestión regional o local (provincial y/o distrital) y que cuando entra una nueva gestión o cuando un funcionario clave es cambiado (o despedido), se tiene que empezar casi de cero o esperar meses para una aprobación o visto bueno, porque al nuevo funcionario no le parece que lo avanzado esté bien. Es penoso también saber que por inseguridad, celos profesionales o por la negligencia de una nueva gestión, se debe retroceder y cambiar las cosas (sin justificación técnica), echando todo lo avanzado por la borda. Esto trae consigo frustración y nos pinta de cuerpo entero como cómplices de la situación actual.    

Y claro, también hay que hacer un llamado a las comunidades nativas, a los indígenas, a los colonos, a los pobladores rurales y en resumen a todas y todos los peruanos para que sepamos que también hay que poner el hombro. Debemos trabajar y no esperar que te vengan a tocar la puerta para ofrecerte un apoyo, cuando tú ni siquiera has agotado todas tus posibilidades y sigues pensando que la pacha mama o el espíritu del bosque te solucionarán todos tus problemas y que ellos “proveerán”.

Existen muchos proyectos que han invertido bastante dinero en infraestructura, en investigación, en capacitación y en otros aspectos para beneficiar a pobladores rurales amazónicos, serranos y costeños; para que luego todo lo realizado no sirva para nada. Así también, tenemos en el país bastantes “elefantes blancos” que adornan varios poblados y que muestran desidia, ineficiencia y oportunidades perdidas. Un ejemplo de ello es lo que vi en Tumbes y comparto líneas abajo (ver post data).     
                                                                                                    
Pero regresando al Proyecto CBC, prometo concluir con el tema en la siguiente y última entrega para conocer un poco más sobre algunos avances y aportes de interés. Además, daré algunas pinceladas sobre la segunda fase del proyecto, la cual está enfocada a desplegar una estrategia de descentralización y articulación territorial de las TDC.

PD: Pueden revisar un texto mío del 2010: “Oportunidades perdidas en Tumbes: fabricas secas en el bosque fantasma” que narra algunas oportunidades perdidas.
http://mitambordehojalata.blogspot.com/2010/02/oportunidades-perdidas-en-tumbes.html

Marzo 2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: 
http://www.rumbosdelperu.com/el-proyecto-conservacion-de-bosques-comunitarios-y-las-transferencias-directas-condicionadas-iii--V1445.html
Etiquetas: [calentamiento global]  [cambio climático]  [diversidad biológica]  [Selva]  
Fecha Publicación: 2014-03-13T20:23:00.000-05:00
La selva amazónica es un ecosistema bastante frágil que, de desaparecer,
lamentaremos la pérdida de la alta diversidad biológica que alberga. Este
afluente del rió Huallaga en Loreto debe ir soportando la tala de los
territorios que la circundan, los cuales son transformados en zonas
para la agricultura.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo
Como se vio en la entrega anterior, el Proyecto Conservación de Bosques Comunitarios (Proyecto CBC), ejecutado por la Cooperación Alemana al Desarrollo (GIZ), le brinda un importante apoyo técnico al Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio Climático (Programa Bosques) a cargo del  Ministerio del Ambiente (Minam). 

El fin supremo del proyecto es lograr que las Transferencias Directas Condicionadas (TDC) sean herramientas eficientes y eficaces para conservar bosques comunitarios en varias partes del país; y con todo ello, contribuir a mitigar los efectos del cambio climático. 

Como ya se explicó, las TDC son, en resumen, transferencias monetarias sin intermediarios que les son entregadas a determinadas comunidades nativas que voluntariamente aceptan conservar parte de sus bosques comunitarios. Mediante este y otros mecanismos, el Programa Bosques busca cumplir con su objetivo principal: conservar 54 millones de hectáreas de boques tropicales en el país. Dicho todo esto, pasemos a ver cómo funciona este instrumento que fusiona tres magnitudes difíciles de engranar en una herramienta de conservación: la ambiental, la económica y la social.

Mezclar en un mismo mortero la conservación de los bosques; la generación de iniciativas económicas sostenibles que brinden beneficios tangibles para los involucrados; y las medidas necesarias para lograr que se avance en la inclusión social, con el fin de disminuir los índices de pobreza y de mejorar la calidad de vida, es un experimento complejo pero no imposible. Sin lugar a dudas, a mi parecer, cualquier actividad de conservación de especies o de ecosistemas debe traer consigo alguna retribución de cualquier tipo (claro, de preferencia económica) a corto plazo para los dueños del espacio y para los que trabajen en ella. Este pago inmediato no debe impedir que también se fomente, a mediano y largo plazo, un manejo responsable de lo que se desea proteger para generar beneficios duraderos. Pocas son las medidas de conservación exitosas basadas en el romanticismo o en la necesidad solidaria de conservar y proteger las almas de los árboles o el espíritu de los animalitos.   

Dicho esto, para que una comunidad determinada reciba las TDC existe todo una serie de requisitos y de pasos a seguir. Por un lado, el Proyecto CBC debe aplicar diversos criterios que permitan filtrar un gran universo de comunidades nativas, con el fin de obtener un número limitado de ellas, las cuales son priorizadas por el proyecto. Por otro lado, los mismos beneficiarios deben cumplir determinadas obligaciones para acceder a las TDC. En esa dirección, parte de los esfuerzos del proyecto se concentran en poner en marcha seis pasos para la implementación de las TDC —de acorde a lo aprobado por el Programa Bosques del Minam— y en hacer un monitoreo constante de cómo se van dando los impactos en las comunidades y en los bosques.

Paso a paso 

Como sabemos, nuestro país es bastante extenso, accidentado y complicado (en todos los sentidos). En ese escenario, es necesario utilizar determinados criterios y factores para elegir ámbitos específicos en los cuales se pueda aplicar las TDC. Por lo tanto, como primer paso, se debe realizar una focalización con dos momentos claramente definidos. En el primero, el proyecto se concentra, geográficamente a nivel provincial para identificar y priorizar ámbitos de intervención utilizando criterios tales como el tamaño de los bosques, así como los índices de deforestación y de  pobreza. 

En un segundo momento se hace una focalización más fina a nivel de determinadas comunidades nativas en una provincia. Para elegirlas se emplea como factores de decisión el estado de conservación de los bosques, la accesibilidad, la diversidad biológica de la zona, la construcción social y otros índices. Un factor importante es que la comunidad debe tener no menos de 3000 hectáreas de bosque primario.

Una vez identificadas las comunidades que podrían acceder (si desean) a las TDC, se debe dar el proceso de admisión, mediante el cual se hace la difusión del proyecto a través de talleres con las autoridades regionales, locales, con las organizaciones de la zona y con los comuneros. Paralelamente, el personal técnico del proyecto asesora y acompaña a las comunidades en la obtención de los documentos administrativos que son pre requisitos y en la presentación de su interés de participar en el Programa Bosques. Luego, de ser el caso, prosigue la afiliación de los beneficiarios y la comunidad define qué cantidad de bosque va a ser conservado y cuánto de bosque necesita para sus actividades comunales.

Asimismo, en esta etapa, la comunidad debe cumplir con los requisitos legales y administrativos que le permitan obtener una cuenta corriente en el Banco de la Nación. Para ello, los dirigentes comunales deben tener vigente su Documento Nacional de Identidad (DNI), la organización comunal debe tener su Registro Único del Contribuyente (RUC) vigente y la comunidad nativa debe estar inscrita en los Registros Públicos. Este aporte del proyecto es interesante, dado que todos estos requisitos les servirían también para postular a otros proyectos e iniciativas de desarrollo. Además, de esta manera se busca exigir mayor presencia del Estado en algunas zonas del país para, entre otros, ir cerrando brechas en cuanto a la formalización y a la falta de oportunidades.

Así entonces, las comunidades identificadas y admitidas por el proyecto deben elaborar un plan de inversión destinado a mejorar la calidad de vida de los comuneros con el dinero que reciben de las TDC por conservar sus bosques. Para esto, se debe evaluar qué actividad económica sostenible traería beneficios económicos a la comunidad.
Poblador en el río Mayo, en San Martín.
Foto: Enrique Angulo Pratolongo

Planeando la inversión en base a la conservación

Es necesario especificar que el dinero que la comunidad recibe no puede ser gastado en alguna obra que no traiga beneficios concretos a los pobladores involucrados. El plan de inversión es para iniciar un proyecto de desarrollo local. Es decir, como ya se dijo, no se puede pretender construir una piscina, un estadio, un local comunal, un monumento a la pituca, al aguaje, al achiote o a la gamitana o cualquier otra obra similar, como se ha hecho en algunos lugares con dinero proveniente del canon minero y/o gasífero. Sin lugar a dudas, algunas obras de infraestructura son necesarias, no obstante, hacerlas es función y responsabilidad de los gobiernos regionales y/o locales. Y en ello, los pobladores locales deben exigir obras que realmente sirvan por lo que su participación y fiscalización es fundamental.

En este proceso, las comunidades deben elaborar con el dinero recibido y de manera participativa un plan de inversiones y cumplir con los compromisos acordados. El plan debe contener un componente ambiental que garantice la protección de los bosques; uno social que apoye a la salud, a la educación y a la capacitación de los comuneros; uno de gestión destinado a fortalecer gradualmente las capacidades organizativas y administrativas de la comunidad; y uno productivo para que, mediante la ejecución del plan, se pueda generar ingresos para la comunidad.

En esta etapa se conforma dos comités imprescindibles para el cumplimiento de las condicionalidades y el otorgamiento de los beneficios del proyecto: el comité de gestión y el comité de vigilancia. Los miembros de ambos comités son elegidos y conformados por los mismos comuneros. Además, reciben permanentemente asesoría técnica del Programa Bosques y del Proyecto CBC. El primero está conformado por un presidente, un tesorero y un secretario; y tiene como misión elaborar los planes de inversión y manejar toda la parte financiera. El segundo tiene como máximo tres personas que deben ser una mujer, un profesional y una autoridad y no deben formar parte del primer comité. Son los “veedores” y fiscalizadores de todo el proceso.  

Plata en mano

Una vez que todo lo anterior está en marcha, el Programa Bosques autoriza la transferencia de dinero a la cuenta bancaria de la comunidad en base al número de hectáreas que son conservadas. Con ello, existe una serie de compromisos entre las comunidades nativas participantes con el Programa Bosques y viceversa. Entre los principales figuran, por parte de la comunidad beneficiaria, la debida ejecución del plan de inversiones, informar sobre los cambios de la directiva comunal, administrar correctamente los fondos monetarios y por supuesto conservar los bosques comunales. Por su lado, el Programa Bosques debe brindar la debida y permanente asistencia técnica, transferir oportunamente los incentivos económicos, realizar trimestralmente reuniones de evaluación de avance, así como velar por la preservación de los bosques.

En resumen, todo esto conduce a la firma de un contrato de cinco años entre la comunidad y el Programa Bosques para la transferencia de fondos y el posterior cumplimiento de todo lo acordado, resumido básicamente en la conservación de los bosques y en la puesta en marcha del plan de inversiones. Posteriormente, se da el sexto paso denominado “la graduación”. Es decir, luego de que la comunidad nativa ha sido beneficiaria de las TDC, debe “caminar sola” pues sale del mecanismo para vérselas con la realidad.   

Pero cuando la comunidad nativa debe abandonar el mecanismo, no se va con las manos vacías. Para ese entonces, ya cuenta con varias cosas a su favor, como por ejemplo una serie de activos (maquinarias, locales, capital productivo u otros), dinero en su cuenta bancaria y lo más importante, pobladores capacitados y motivados. A eso, claro está, la comunidad cuenta con parte de sus bosques comunitarios en buen estado de conservación. Con todas esas herramientas y conocimientos es más fácil combatir la desigualdad y la pobreza, así como ejercer plenamente sus derechos fundamentales. No obstante, esta etapa es la más difícil. Ya veremos por qué.

Marzo 2014

Artículo publicado en la versión online de la Revista Rumbos: 
http://www.rumbosdelperu.com/el-proyecto-conservacion-de-bosques-comunitarios-y-las-transferencias-directas-condicionadas-ii--V1422.html