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So�ando

�La vida es una gran obra de teatro�
Caminabas vaci� pensando en la nada, porfin de vacaciones luego de un desafiante ciclo de universidad acabado con satisfacci�n, junto a tu padre; cuando de pronto en medio de ese agujero negro de pensamientos, te encuentras en medio de una escena propia de una pel�cula; te detienes como idiota observando a la chica que te vuelve loco, a la que juraste amar toda la vida en el interior de tu alma; as� como esperarla a pesar de los a�os y pese a todo, contra todo. Ella, caminando con su mam�, por su lado, tambi�n se detiene observ�ndote sorprendida por que no esperaba encontrarte luego de aquella complicada conversaci�n virtual de aquel lunes por la noche. Atinaste a simplemente actuar con normalidad, a pesar de que ella segu�a sorprendida; de pronto tanto su mam� como tu pap� hab�an desaparecido del lugar; era como si aquella acera de la calle fuese el mundo sin otras personas. Solo ustedes 2. De pronto un abrazo, un �perd�name� y otro abrazo, sellaron la escena.
�Una mirada puede decir m�s que mil palabras�
Luego de aquel encuentro, se despiden y buscan desesperadamente, t� a tu padre y ella a su madre. Es curioso pues comienzas a caminar de nuevo y ahora no te sientes en un hueco mental, sino m�s bien consumido en pensamientos complicados y profanos acerca de todo lo que rodea tu persona (salidas, estudio, trabajo�) y en �qu� diablos estar� pensando en ese momento ella? Ese tipo de encuentros te recuerdan que tu cerebro tambi�n puede cumplir la funci�n de molestoso �rgano de curiosidad y esperanza. Llegas al auto y no manejas pensando en la ruta o en el camino que debes tomar sino en �Volver� a verla? �Cu�ndo? En eso escuchas como el viento silencioso contra ti contesta a tus preguntas sin saber las respuestas, con un sonido propio del silencio de una noche de dudas mortales. Llegas a tu casa, intentas leer un poco, pero te duermes al poco rato, sin esperanza de encontrar las respuestas.
�Un sue�o te muestra siempre tu inconsciente�
Al despertar te aseguras de que todo no fue un sue�o. Es curioso que al abrir los ojos justo se acabe una escena de regocijo similar a la cual viviste en realidad, es como si un sue�o fuera realidad o la realidad se volviera un sue�o. Vivir la felicidad en un par de segundos y sentir como si tu vida tuviera otro sentido. A�orar esos instantes en los cuales te sent�as en otro lugar, perplejo, en el cual todo se mov�a de acuerdo a lo que pasaba, todo parec�a planificado, pero no lo estaba. Es curioso como con el pasar de los d�as contin�a la imagen de aquella noche en la cual se dio esa escena tan perdurable� incluso inmortal�
Pap� se fue

�Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.�
Cabellos blancos, magnos ojos marrones jadeantes, que atesoran sabidur�a y sacrificio, zapatos a�ejos fruto de todo lo que recorriste por llegar a lo que eres, todos ambicionan seguir tus huellas, que permanecer�n cinceladas en el camino de cada uno.
Mientras el reloj de la vida avanzaba r�pidamente, los ni�os tan peque�os y c�ndidos juegan con el abuelo, se enganchan en los brazos, algunos muy hambrientos le piden una manzana de aquel viejo �rbol que descansa en el patio, que fue atm�sfera de muchas aventuras, juegos, risas, alegr�as y penas.
-Alexito, alc�nzame tu manzana para que pueda pelarla �dijo Vidal, con una gran sonrisa delineada en su rostro a uno de sus nietos tan queridos que tenia 8 a�os.
- �Abuelito Vidal, me desplom� del �rbol, no quiero que mam� se entere por que se alarmara mucho por mi culpa, soy muy traviesa!- vociferaba Claudia, una ni�a de 5 a�os, tan peque�a pero conversaba como una mujer de 40 a�os, su abuelito querido coleccion� el secreto en su vieja memoria.
Pas� el tiempo, y los nietos empezaron a crecer, Vidal muy orgulloso de sus hijos que poco a poco lograban las metas que �l alguna vez quiso para ellos, todos lo quer�an mucho, comparti� momentos inolvidables hasta con el �ltimo nieto de esta gran familia, siempre integr�ndola no le gustaba la desuni�n.
-Pap�, te compramos una hacienda como s�mbolo de agradecimiento por todo lo que hiciste para cada uno nosotros- dijo Margarita, la hija mayor de Vidal, una mujer muy fuerte y decidida, madre de Alexis y Claudia.
-Muchas gracias hijitos, yo gusto mucho de las flores y los �rboles, admiro la naturaleza, realmente transitar� gran tiempo en esta hacienda- respondi� Vidal, muy feliz pues su ilusi�n siempre hab�a sido poseer un campo donde sienta libertad y felicidad junto a su esposa que no lo desertaba ni un solo segundo.
Vidal marchaba todos los d�as a su hacienda, por eso sus nietos m�s cercanos part�an a visitarlo, no interesaba la edad de �stos sino los sentimientos hac�a su abuelo que perennemente les narraba historias asombrosas de la ciudad del Cusco mientras pelaba con una navaja blanca alguna fruta para compartir, sentado en su viejo mueble donde los rayos de sol retra�dos iluminaban algunos fragmentos, d�ndole un aspecto arcaico.
-Vida, vidallay, Vidalito querido �C�mo est�s? Perd�n por no venir antes, el colegio absorbe la totalidad de mi tiempo, el ICPNA y otras cosas imposibilitan que venga a visitarte m�s seguido- dijo Claudia muy triste, pero pocos segundos despu�s la alegr�a volvi� a su vida, pues su abuelito no se hab�a fastidiado con ella, muchos s�bados Vidal estuvo acompa�ado de Claudia, y en uno de esos soleados s�bados...
-Hola abuelito, te traje muchas cosas para que puedas comer con mi abuelita, descansa m�s � dijo Claudia.
- Claudita, ojos de Capul�, muchas gracias hijita por venir; quer�a hablar algo muy importante contigo, es un secreto que quiero que t� sepas- expres� Vidal, cerrando los ojos lentamente.
- Espero que no sea nada malo abuelito, haber dime �En qu� te ayudo?- pregunt� Claudia muy preocupada, mientras reclinaba su cabeza en el hombro de su abuelo como frecuentaba hacerlo.
- Mira hijita, en esta hacienda enterr� un gran tesoro, cuando ya no est� aqu� quiero que vengas con todos tus primos y lo busquen- a�adi� Vidal.
- Abuelito, si t� te ir�as no se que ser�a de nosotros, eres el eje de la familia- replic� Claudia derramando muchas l�grimas y abrazando su abuelo.
Los d�as transcurr�an muy r�pidamente, y en un fr�o mi�rcoles uno de los trabajadores de la hacienda de Vidal fue raudamente a la casa de Margarita, pues su padre hab�a sufrido un accidente.
-Se�ora Margarita, el se�or Vidal resbal� de las gradas de la hacienda mientras cosechaba unas frutas, se fractur� toda la pierna y ahora est� en el hospital- dijo Pedro, un empleado muy querido de Vidal.
- �Dios m�o! �Vamos Claudia! tu abuelo sufri� un accidente- dijo Margarita muy preocupada.
Ambas fueron al hospital siempre con Eva, la madre de Margarita que era la base de la existencia de Vidal.
Vidal se hab�a roto la pierna y tuvo una operaci�n muy riesgosa, pero sali� victorioso.
- El se�or Vidal se encuentra estable, pero sus huesos demorar�n en osificar, ser� improbable que Vidal camine nuevamente, residir� en cama por mucho tiempo, despu�s debe andar en silla de ruedas y finalmente si hallamos mejora puede usar el andador; a�n no le indicamos a su padre, se que ser� muy dif�cil, pues �l viv�a en su hacienda trabajando con la tierra, ahora su vida cambiar�- dijo el m�dico muy apenado.
Todos apoyaron a Vidal, as� como �l les ayud� antes cuando ten�a las posibilidades para hacerlo.
Debilitado en una cama sin poder mover m�sculo alguno durante 2 a�os estuvo Vidal, muy triste se localizaba a�orando su hacienda, la tierra, el agua y las flores.
Eva, su fiel esposa lo atend�a siempre, nunca lo dejaba solo.
Vidal pudo utilizar la silla de ruedas y finalmente el andador.
A pesar de su incapacidad para caminar, Vidal un fiel devoto al Se�or de Huanca pudo ir caminando con ayuda de su esposa a la Iglesia, ya que no permit�an el acceso de autos en esos tiempos por que los obreros estaban refaccionando el lugar.
Siempre sentado en la silla de ruedas, contemplaba a sus nietos crecer, aconsejaba a sus hijos, participaba en todos los compromisos de la familia, nunca perdi� su carisma. Mostrando una sonrisa alentaba a cualquier miembro de la familia a salir adelante con humildad, sencillez y fortaleza.
Claudia, recostaba en el hombro de su abuelo, escuchaba la historia de duendes, ella ya estaba en la Universidad pero no importaba, por que las historias de su abuelo eran sorprendentes, escuchaba latir su coraz�n e imaginaba lo que su abuelo le narraba siempre pelando con su navaja alguna fruta que ten�a a pesar de que fuera la �ltima en su hogar, �l solo quer�a compartir o cantaba algunas sinfon�as antiguas que ten�an como contenido al Se�or de los Temblores.
Fue la �ltima vez que Claudia pudo o�r la voz de Vidal, que lentamente se consum�a con el tiempo y el viento.
Al d�a siguiente, Margarita recibi� una llamada del hospital, su padre hab�a sido v�ctima de una peligrosa hemorragia interna y se hallaba en cuidados intensivos.
Muy preocupados esperaban constantemente el informe del doctor despu�s de cada visita, solo una hora para ver a tu ser querido, hablarle al o�do sin esperar respuesta alguna solo teniendo fe de que �l te pueda o�r, Claudia acompa�aba a su madre al hospital, se olvidaba de otros asuntos personales solo por estar con su abuelo querido que muchas veces le ayud�.
Las noches se hac�an m�s largas y la angustia se apoderaba de cada uno de los integrantes de la familia �Qu� dif�cil era esperar una respuesta positiva entre tanto mar de l�grimas!,
El m�dico dijo que si Vidal empeoraba ingresar�a en una operaci�n muy delicada donde solo 1 de 500 ten�a la posibilidad de vivir.
Un viernes despu�s de clases universitarias, Claudia fue con su madre a visitar a su abuelo esperando alguna mejora, por que la respuesta que siempre encontraban era �Vidal est� estable�.
-Se�ora Margarita su padre empeor� y tuvo que entrar en la operaci�n, ahora solo debe rezar y dejar todo en manos de Dios- dijo el m�dico.
Inmediatamente llamaron a todos los hijos de Vidal que se encontraban en diferentes lugares del Per�.
Rezaban y rezaban, Claudia no pod�a contener las l�grimas pero sab�a que si lloraba, su madre perder�a la fortaleza que tanto necesitaba en esos momentos, as� que conten�a su dolor y consolaba a su madre y abuela.
Toda la familia se encontraba reunida, as� como le gustaba a Vidal, la uni�n familiar que tanto cultivaba; hermanos, primos, nietos, padrinos, ahijados, hijos y dem�s rezaban por la salud de Vidal.
- El se�or Vidal pudo resistir la operaci�n, esto es un milagro sinceramente ahora debemos esperar que pueda estabilizarse- dijo el m�dico con una sonrisa en su rostro.
Las semanas pasaban y Vidal segu�a en el mismo estado, hasta que un d�a tuvo una reca�da, y entr� en una segunda operaci�n, es incre�ble como con las pocas fuerzas que pose�a soportaba dos operaciones, tambi�n hab�a sido victima de una pulmon�a.
Los m�dicos nunca daban esperanza a la familia, llevaron a un sacerdote para la Unci�n de los enfermos, momentos muy dif�ciles y tristes, Claudia recordaba todas las cosas que hab�a pasado con su abuelo, cada vez que iba a visitarlo su abuelo derramaba muchas l�grimas intentando abrir los ojos, era muy extra�o Vidal siempre aparec�a en los sue�os de Claudia, caminando en un campo muy verde.
Se cumpl�a un mes de agon�a de Vidal y la madre de Claudia recibi� una llamada del hospital, muy asustada fue a ver.
Vidal hab�a fallecido, despu�s de un largo sufrimiento, era un golpe muy fuerte para la familia, un mar de l�grimas inundaban los ojos de cada uno, los recuerdos empezaban a invadir la mente de Claudia.
Pasaron los d�as llenos de pena, se empezaba a sentir el vac�o, la madre de Claudia lloraba constantemente por su �viejo�, ella intentaba calmar su pena, hasta que record� lo que alguna vez le dijo su abuelo, el tesoro escondido.
Llam� a todos sus primos, juntos fueron a la hacienda a buscar ese tesoro, muy fatigados perd�an la esperanza de encontrarlo, hasta que Alexis encontr� una peque�a caja.
- �brelo, queremos saber que guarda- gritaban los primos.
- Est� bien, ah� solo una hoja- dijo Alexis muy consternado.
- �SIEMPRE DEBEN ESTAR JUNTOS NIETOS QUERIDOS�- dijo Claudia, mientras le�a el contenido de aquella hoja.
Vidal siempre quiso la uni�n de su familia, y el tesoro m�s grande que deben poseer es la integridad.
Siempre ser� parte de la vida de cada uno de sus familiares, por que cal� de una forma maravillosa en sus corazones.
La peor muerte es el olvido, no le dieron un adi�s sino un �Nos volveremos a encontrar Vida Vidallay�, siempre lo recordar�n y sus huellas no se borrar�n a pesar del tiempo que pase.
�El relojito cucu sonaba, pap� bes� mi frente, me dijo buenas noches hijito y me apag� la luz. Oye cuc� pap� se fu� prende la luz que tengo miedo ,oye cuc� pap� se fue, prende la luz y apaga el tiempo.Esta canci�n de amor va para mi pap� ,se escap� al viento nos dej� solitos,esta canci�n de amor va para mi mam� que aguant� todito le doli� hasta el hueso. Es por eso que mam� lloraba en silencio ,lloraba en las noches y como aguant� por las ma�anas�- Man� � El reloj Cuc��
El coronel que crey�
Night - DeviantArt
�Ser Peruano es un acto de fe�
Alonso Cueto
Se encontraba aquella noche por el antiguo bar Queirolo de la esquina de las calles San Mart�n y Vivanco en el coraz�n de Pueblo Libre. Soledad del fr�o invierno lime�o. Ya se hab�a hecho costumbre comer una inmensa papa rellena antes de saludar a las queridas y fr�as botellas que le hac�an compa��a todos los viernes por la noche. Lo �nico que llevaba en ese tipo de noches eran sus ganas de tomar y su vieja billetera repleta de billetes, 20, 50, a veces, muy raras, 100; la pensi�n que le dejaba sobrevivir a�n en su peque�o departamento de soltero, comiendo el men� del d�a en restaurantes distintos a diferentes precios cada d�a, con una lata de frijoles en la despensa y una coca cola de litro en el refrigerador.
Once de la noche. Comenz�, como siempre, con su copita de pisco sour, porque el coronel, pese a todo, a�n cre�a en el patriotismo, a�n ten�a fe en su pobre y maltratado pa�s y �Viva el Per�, Carajo! Luego, continuaba con algunas cervezas; en otras ocasiones, vino; todo, pero nunca ron, lo odiaba. S�lo �l sab�a el porqu� de ese rechazo. Esta semana, Carlos, el barman, que ya lo conoc�a despu�s de un par de a�os de constante visita le sugiri� un Whisky, un Johnny verde. El coronel simplemente movi� la cabeza relajadamente de lado a lado dej�ndole claro a Carlos su respuesta.
- Prefiero chelitas nom� compradre.
- Lo que diga Coronel.
Casi siempre tomaba s�lo, se controlaba para poder irse a horas prudentes y evitar complicaciones en la calle; aunque a veces se daba sus trancazas con alg�n compa�ero en descans� o en retiro para tener compa��a al regresar a casa; siempre ten�a presente aquella paranoia hacia la calle y la oscuridad. Pero esta noche su orgullo pesar�a m�s. Esta noche, justo una noche como esta. �l ya se lo present�a� lo sab�a�
- �Coronel Pedraza? � escucho el Joaqu�n a sus espaldas. Al voltear no lo pod�a creer.
- �Ram�rez! �Cu�ntos a�os han pasado? Por el amor de Dios � se exalt� el coronel.
- Dir�a que unos� �Diez? Que importa �C�mo ha estado Coronel?
- Sobreviviendo, �te tomas unas chelas?
- �Gracias!
- �Salud!
Ram�rez. Sebasti�n Ram�rez, sargento en retiro del ej�rcito peruano; gran amigo y compa�ero de tropa del coronel Joaqu�n Pedraza se encontraba de pasada y despu�s de un par de cervezas y una conversaci�n hist�rica opt� por retirarse; otro tipo de deber lo llamaba: una familia. El coronel siempre se mantuvo soltero y no conoc�a el peso de aquella palabra, se cas� con su carrera militar y termin� con la vida desecha. El coronel ya estaba acostumbrado a encontrarse con viejos compa�eros y subalternos; estos encuentros lo animaban, pero pocas veces la compa��a pod�a durar hasta el final de la noche y por terminar una buena cantidad del licor.
Esa noche, la melancol�a destroz� al coronel. Era 10 de Septiembre, un d�a como ese lo hab�an humillado despu�s de haber sacrificado la vida por el bien de su pa�s. �Pedraza corrupto? Nunca. Por culpa de unos cuantos pago pato. Se paso de tragos. Una y media de la madrugada. El coronel estaba descompuesto, fuera de s�. Ese d�a en el bar se encontraban dos grupos de amistades de edad no tan avanzada, cuando el coronel escuch�:
- Escucha, cumpa. Esos perros del ej�rcito y la polic�a ganan m�s de lo que se merecen, la verdad que nosotros nos rompemos el lomo pa� llevar el pan a la casa y esos concha�susmadres comen lomo fino con nuestra plata y pa� concha no hacen ni mierda.
Normalmente, el coronel, y todav�a en ese estado, hubiera enfurecido y col�ricamente le habr�a roto los huesos del rostro al tipo que habl�; sin embargo, contra todo pronostico, Joaqu�n Pedraza opt� por exclamarle ir�nicamente:
- Oye �Cumpa�, �Sabes que pasar�a o qu� ser�a de ti si no existiera la fuerza armada o la polic�a en nuestro pa�s?
- Y t� �quien eres? � respondi� el sujeto
- Resp�ndeme �amigo�, no quiero bronca, no te preocupes, ya tuve suficiente en toda mi vida � dijo el coronel.
- Pues no s� D�ganoslo usted �se�or�?
- Joaqu�n Pedraza
Para ese momento en el bar hab�a como 13 personas rodeando al coronel, el ambiente no era de tensi�n. S�lo Carlos hab�a percibido lo que hab�a disgustado tanto al coronel, �l conoc�a su historia.
- Antes necesito saber �tiene usted perro amigo? �Hijos? �Esposa? � Se�alo el coronel ante el hombre y el p�blico en total expectativa y atenci�n al di�logo.
- Si, tengo un perro. Tambi�n tengo esposa, un hijo de 16 y otra hija de 17 �Por qu� esa curiosidad? � se extra�o aquel extra�o hombre.
- Sabe� si la polic�a y el ej�rcito no hubieran existido desde antes que usted naciera, probablemente la violencia de la sierra en los a�os ochenta habr�a penetrado completamente en Lima; adem�s, su perro hubiera terminado colgando de un poste en alguna calle; probablemente su hija y su esposa estar�an violadas y su hijo habr�a sido forzado a ser senderista; y usted probablemente estar�a muerto � expres� sin asco el coronel.
Las palabras del coronel no hirieron a aquel hombre, simplemente, lo dejaron fr�o y reflexionando. Sus pu�os se cerraron, pero luego volvieron a abrirse con suavidad. La mirada de todas las personas se volvi� cabizbaja. Verg�enza. Todos sab�an c�mo hab�a sido ese tiempo. Sin embargo, desde el fondo del bar, se escuch� una voz fuerte perdida entre la multitud del bar, una voz joven:
- En esa �poca, tambi�n ustedes mataron personas inocentes.
En ese momento el coronel estall� y exclam� en voz alta:
- �Amigos reunidos aqu� en este bar! Si pudiera me gustar�a retar a cualquiera de ustedes a ir a un pueblo de la sierra en plena �poca de senderismo; cuando entre m�s de 50 campesinos observas rostros inocentes, pero, sabes, que entre ellos se encuentran refugiados los terroristas; cuando en las noches no se dorm�a con el temor de no despertar o encontrar a tus compa�eros muertos y degollados como gallinas; cuando se escuchaban los murmullos entre la gente diciendo chismes o pasando la voz del plan senderista. Apostar�a la vida a que la mitad de ustedes se orinar�a de miedo en plena zona de terror. No justifico las malas acciones del ej�rcito, pero me parece que era dif�cil la situaci�n �o no?
Luego de un vaso de cerveza, prosigui�:
- O tambi�n los retar�a a ir a la frontera con los ecuatorianos en plena guerra del Cenepa. Los invitar�a a camuflarse en plena vegetaci�n, a confiar en hojas, ramas y arbustos para que no les atraviese un pedazo de plomo; a cruzar r�os desconocidos de la selva y a guiarse por su sentido com�n y una br�jula; a no ver un camino concreto y a cagarse de miedo nuevamente hasta mojar el �ltimo pantal�n seco que les quede; a ver a sus compa�eros morir tras pisar una mina escondida o ver sus miembros esparcidos por todo lado; a tener la cara salpicada de sangre y pensar todo el tiempo en su futuro: �un d�a? �dos d�as? �una semana?
Para ese rato, todos en el bar prestaban atenci�n a las palabras pronunciadas por el coronel en voz alta.
- Salud �amigos� � pronunci� el coronel luego de tomar su vaso y secar su cerveza.
Justo en ese instante� todo fue silencio.
Afuera continuaba el roc�o matinal. Despu�s de tanta palabra y trago se harto del pasado. Se dispuso a abandonar el antro y el orgullo retenido dentro de �l, aumentado por sus hist�ricos relatos, as� como el licor, le imped�an pedir ayuda, era una se�al de debilidad seg�n �l. Como dicen los j�venes: el coronel estaba en otras.
Ning�n peruano de coraz�n demuestra debilidad, concha�sumare pens� el coronel.
- �Ya me voy Carajo! y d�jenme s�lo- grito el coronel mientras abandonaba el piso de cer�mica dura hacia el pavimento; las risas fueron generales. Y tristemente, nadie se dispon�a a ayudarlo.
Sin embargo, �l sab�a lo mal que se encontraba. Tambaleando de lado a lado, se aproxim� a la puerta y se dispuso a continuar� Las sombras lo cubr�an todo, las tenues luces amarillas de los faroles de la calle no alumbraban lo suficiente, ni para poder caminar sobrio. Las 3 de la madrugada y una sola alma en la calle Vivanco: la suya. De pronto, el coronel empez� a confundir las cosas. Disparos lejanos, la bocina de un auto, una marcha f�nebre, m�s disparos, una procesi�n, una explosi�n de granada, insultos y el mar.
Contin�o caminando, todo estaba oscuro y su visi�n se confund�a a cada paso m�s, se mareaba, pero no importaba. El coronel se defiende s�lo y, como sab�a, �l pod�a contra cosas peores. Sin embargo, no pens� en aquellos pira�itas que salieron de la nada de las transversales de Vivanco, provenientes de quien sabe que barriucho de Lima. Primero lo interceptaron y luego comenz� lo peor.
- �Qu� chucha quieren? � les grito el coronel con los efectos del alcohol.
Despu�s de sus palabras, sorpresivamente, un pira�a lo agarr� por la espalda inhabilit�ndolo totalmente; tan s�lo un par de golpes lograron que terminara en el piso, luego lograron extraerle la vieja billetera, su contenido y el viejo celular que portaba. Despu�s de patearlo al ver el corto contenido de la billetera, le quitaron la ropa y lo dejaron desnudo en plena calle. Uno de los rateros, al encontrar su carnet militar, subi� la mano a su sien, la bajo y le estiro el dedo medio alej�ndose en la oscuridad. El coronel se paro contra todo pron�stico, pese al alcohol y el orgullo herido, y record�... una vez m�s
Al final de todo, creo que nadie se hubiera imaginado que el gran coronel del ej�rcito, h�roe de guerra y soldado inmutable, Joaqu�n Pedraza, juzgado incorrectamente, iba a terminar borracho y calato en una esquina vac�a de Pueblo Libre cantando, bajo la lluvia lime�a rala y h�meda, el himno nacional�
El Carguyoq

�Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas�.
�Encomi�ndate a Dios de todo coraz�n, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que est�n m�s secas las esperanzas�.
Los Andes Peruanos nos presentan variedad de costumbres y festividades, realizadas en meses espec�ficos siempre con un objetivo positivo.
El mes de Mayo es muy importante en las diferentes zonas que integran el Cusco as� como en la misma ciudad ya que en este mes se recogen todas las cosechas realizadas en los campos m�s lejanos y sobretodo se celebra la fiesta de �Cruz Velacuy" o �Velaci�n de la Cruz�, como su nombre indica esta fiesta consiste en hacer vigilia a la Cruz toda la noche con mucha fe.
Su umbral se remonta a las primeras d�cadas el siglo XVIII se realiza todos los 3 de mayo con la bajada de las cruces desde los m�s altos cerros o santuarios donde se hallen, antes era una celebraci�n privada y reservada sin la fastuosidad que hoy exhibe. La Cruz simboliza el cristianismo y la pasi�n de Jes�s, tambi�n se debe recordar que en estas �pocas muchos condenados, almas que no han sido recibidas en el para�so buscan el cobijo de Jes�s para poder ser perdonados por eso abundan en los lugares donde se realizan estas festividades.
Generalmente se posee un mayordomo o "carguyoq" es decir la persona que accedi� voluntariamente a organizar y cubrir la mayor parte de los gastos para la celebraci�n; se dice que este carguyoq es escogido por Jes�s para llevar dicho compromiso con responsabilidad y fe.
Un primero de mayo del a�o 1845, en el distrito de Ccapi, los altos nevados cubiertos de nieve mostraban su esplendor, el sonido del r�o correr se o�a como una bella sinfon�a y la paz que mostraba en esos momentos el campo no se pod�a comparar con nada, ah� se encontraba Juan muy tranquilo tarareaba algunas canciones que hab�a escuchado cantar a su abuelito mientras cuidaba de las ovejas que pac�an en los verdes pastos.
-Blancas ovejitas m�as, puras como el coraz�n de mi papito, vengan ya, para poder cuidar a mi viejecito que muy triste y enfermito se encuentra en mi peque�a y humilde chocita- entonaba Juan muy triste, pues su abuelito se hallaba muy enfermo, solo un milagro pod�a salvarlo.
Caminaba y caminaba rumbo a su morada, derramando muchas l�grimas rezaba para que su abuelito querido pueda salvarse, a la vez perd�a esperanza alguna de su recuperaci�n, era un momento muy dif�cil pues su abuelito Vidal hab�a calado de una forma impresionante en su vida, era la �nica persona con quien viv�a ya que sus padres murieron asesinados cuando �l era muy peque�o.
Al llegar a su choza, guard� al reba�o y corriendo fue a ver a su abuelito.
-Vidalito �C�mo est�s? No quer�a dejarte ni un segundo solo papito, hoy rez� mucho para que mejores, no quiero que te vayas- dijo Juan muy melanc�lico.
- Hijito, ya estoy muy viejo, t� haz crecido eres un joven muy inteligente y se que puedes salir adelante solo, Dios es el �nico que puede salvarme ahora, si El quiere llevarme, yo te cuidare desde el cielo, ser� la estrella que te guiara � con intensos ojos azules como el mar profundo balbuceaba aquel anciano, que se encontraba enfermo en un humilde catre.
- �No digas eso papito! Yo se que Dios te dejara conmigo, rezar� mucho para que est�s bien, aun no es tu hora, tengamos fe- exclam� el pobre muchacho.
Ya era muy tarde y Juan terminaba de decir sus �ltimas oraciones, apag� la vela y viaj� al mundo de los sue�os.
Dios siempre escucha nuestras s�plicas cuando las decimos de coraz�n, Dios nos habla a veces tan claro que parecen coincidencias, Dios es muy misericordioso solo debemos atenderlo.
El r�o corr�a y Juan caminaba solo por el campo, se o�a a lo lejos el canto de la lluvia que se acercaba.
-Es muy tarde, debo ir a mi choza, mi abuelo estar� preocupado- dijo aquel muchacho tan sencillo y bondadoso.
En esos instantes vio pasar a un hombre, muy alto, llevaba puesto ropa muy vieja, se encontraba descuidado y sucio, no ten�a zapatos.
-�Hola? �Qui�n eres? �Necesitas algo?- pregunt� Juan muy curioso.
- Voy de un lado para otro, cuando el viento sopla, yo silbo con �l pero nadie me siente, nadie me escucha- respondi� aquel extra�o joven.
- Lo siento mucho, me gustar�a ayudarte, pero soy muy pobre quiz�s lo que te pueda dar no cure tu tristeza- dijo Juan.
- Ll�vame a tu casa, l�vame los pies, v�steme con ropa limpia y vamos a vivir juntos- exclam� el muchacho.
- Yo le ayudar� joven con todo lo que pueda- pronunci� Juan lentamente.
-Entonces cuando me veas de nuevo, no te tapes los ojos ni los o�dos, no te olvides de esta promesa- respondi� el muchacho mientras caminaba sin rumbo, con los pies sangrando.
-�Juan! �Juan! Saca a las ovejas, m�s tarde llover�- dijo una voz.
-�Papito?- pregunt� Juan, mientras los primeros rayos de sol alumbraban su rostro, todo hab�a sido un simple sue�o, un sue�o muy extra�o o quiz�s una se�al.
El sol cada vez se hac�a m�s fuerte y Juan traicionado por el cansancio fue al r�o a tomar agua, en esos momentos escuch� un ruido muy extra�o; subi� hasta el inicio del r�o, mientras el ruido se hac�a m�s fuerte ahora se escuchaba un llanto, como el de un beb� que no encuentra el regazo de su madre para dormir y vio algo muy infrecuente.
-�Que haces? Deja eso, te haces mucho da�o �Qui�n eres?- preguntaba Juan muy asustado.
-�Ay! �Dios m�o! �Perd�name por todos mis pecado! �Quiero estar en paz mi se�or!- exclamaba aquel espectro, solo se pod�a apreciar la espalda de aquel hombre, llevaba un h�bito negro y estaba abrazando una cruz de madera.
-�Jesucristo! Es un condenado!� Vete de aqu� alma del mal!�Deja a esta cruz!� Vete alma del demonio! �Paga tus culpas en la tierra eternamente! � gritaba Juan mientras golpeaba a ese condenado con una pita que llevaba en su pantal�n.
-�Muchas gracias papacito! �Me haz salvado!- dijo el espectro volteando la cabeza, era una calavera.
Juan dio un grito y al mirar de nuevo, aquel condenado hab�a desaparecido.
Muy r�pidamente cogi� la cruz, se persign� y sinti� en la sangre toda la herida del miedo, baj� con prisa del monte llevando en sus manos la cruz.
-�Papito! �Papito! Encontr� una cruz muy hermosa en el r�o, vamos a rezar papito, es Jes�s que nos visita- exclam� Juan con mucha alegr�a.
Su abuelo no respond�a, y Juan muy triste se acerco al catre.
-�Papito! �Papito! Despierta por favor, no te vayas papito, t� eres fuerte, por favor papito no me dejes solo- gritaba el pobrecito derramando muchas l�grimas.
�Jesucito, no permitas que mi abuelito muera; yo lavar� tus pies, te cambiare de vestimenta para que no tengas fr�o y vivir� por siempre contigo�- dijo Juan.
En esos instantes se acerc� a la cruz y empez� a rezar con mucha fe.
-�Hijito! No siento dolor alguno, estoy curado hijito, es un milagro- exclamaba el anciano mientras se paraba, ya pod�a dar pasos.
-�Dios!�Muchas gracias!- gritaba Juan.
Pasaron los d�as y Juan hab�a olvidado las promesas que hizo a la cruz, ya era momento de dormir y mientras navegaba en el mar de las fantas�as escucho una voz.
-Juan, tengo mucho fr�o; yo conozco tu coraz�n eres un hombre muy bueno, pero quiero que me abrigues, mira mis pies, est�n sangrando por buscar a mucha gente, nadie me miraba, t� eres el �nico, no quiero sentir m�s dolor-dijo aquel joven que Juan hab�a visto en su sue�o anterior.
Al despertar, la cruz ya no estaba en el mismo lugar, Juan busc� con ayuda de su abuelo y encontraron a la cruz que se encontraba rodeada de velas y adornada con rosas muy hermosas, llevaba colgado muchos alimentos.
-�Se�or m�o!�Perd�n por no cumplir mi promesa! De ahora en adelante, tendr�s una fiesta muy bonita, todos rezaremos con mucha Fe- exclamaba el pastor Juan mientras se arrodillaba y derramaba l�grimas.
Pasaron los a�os y Juan fue nombrado carguyoq por todo su pueblo, siempre organizaba las ceremonias y amanec�a en la iglesia donde se encontraba la cruz. Hasta que un d�a�
-�Tengo mucho sue�o!�Dormir� en el confesionario!-dijo Juan muy cansado.
Cerraba los ojos para poder concebir el sue�o y vio que una sombra blanca se acercaba al confesionario, asustado empez� a gritar pero no pod�a articular palabra alguna, no pod�a moverse simplemente se qued� sentado.
-Juan, ven conmigo, t� me diste abrigo ahora es tiempo de que yo te invite a mi casa- dijo aquel joven que vio en sue�os.
Juan empez� a caminar, al salir del confesionario divis� a su abuelito que llevaba velas blancas al altar de la cruz.
-�Vidalito? �Qu� haces? Esp�rame �No te vayas!- gritaba Juan.
- Juan, �vamos!Tu abuelo ir� con nosotros, Se�or Vidal �Vamos!�Ya es muy tarde!- dijo aquel extra�o muchacho.
Los tres desaparecieron mientras las velas se consum�an en el altar de la Sagrada Cruz.
Desde ese d�a, el carguyoq aparece solo en los 3 de mayo para honrar a la Sagrada Cruz que salv� a su abuelo y para ayudar a las almas en pena que buscan el perd�n de Dios.
En Llakillaqta

�Yo no soy un aculturado; yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en espa�ol y en quechua.�
Jos� Mar�a Arguedas - �Yo no soy un aculturado�
Era de d�a cuando el sol de la ma�ana, color amarillo profundo, comenzaba a iluminar con su suave calor las tejas dispuestas entretejidas en lo alto de las casas de adobe. Aquel sol que ingresaba a la ventana como en sue�os profundos que te abrumaban debajo de las sabanas y las frazadas de lana, a�n calientes. Imaginabas que el fr�o de afuera era insoportable a esa hora; pero de igual manera, asomaste la cabeza para ver a los primeros caminantes que emprend�an el camino; algunos de vuelta a casa despu�s de una amanecida en alguna chicher�a; otros yendo a sus respectivos trabajos en aquel lindo y peque�o pueblo.
Las calles a�n con luces de la noche anterior encend�an t�midamente el brillo de las rocas que empedraban las calles de la hist�rica cuadra donde viv�as. El n�mero veintid�s de la calle Amauta luc�a como siempre, en esa �poca del a�o. En realidad como luc�a siempre. Era hora de levantarse e ir a comprar el pan, en la vieja bodeguita de la esquina; lo sab�as. Diez panes por una moneda a las seis de la ma�ana. Fr�o viento de la sierra profunda. Un par de peque�as cuadras y�
-�C�mo est� don Jos�?
-�Y c�mo va el negocio se�ora Juana?
-�Luis cuando una pichanga?
-El lunes te entrego el cachorro, Pedrito.
Pues en pueblo chico todos se conocen, se saben tu vida: en donde vives, con quienes te juntas, quien es tu enamorada, quienes son tus padres; la privacidad es algo que no existe en un lugar como Llakillaqta, alejado de todo, tan cerca de nada. Queda a varios kil�metros desde el desvi� de la carretera que lleva a la �felicidad�, lejos del puente �esfuerzo� dejando atr�s la cuadra �melancol�a�; aqu� la vida es la de siempre, pero se vive entre todos con alegr�a y jubilo.
Luego de comprar el pan retomas los deberes en casa, limpiar, ayudar, barrer, lavar, tender; teniendo siempre algo que hacer. Si no es eso, entonces haces tus labores escolares, anhelando que sea lunes, no por la larga caminata a tu aula escolar, sino por tu futuro recreo de juegos y diversi�n; con los patas de siempre, esperando que alguno pierda algunas canicas o le revientes el trompo a alguien. Pues las clases con libros viejos y cuadernos usados son s�lo por obligaci�n, tu vocaci�n est� en los juegos y en la chacra, ayudando a tu padre con el ganado y las verduras.
En un pueblo as�, lo que sobran son motivos para celebrar, que la fiesta del patroncito, que comadres, que compadres, que carnaval, que nuestro d�a, que cumplea�os de fulano, que cumplea�os de mengano, que la buena cosecha, que bautizo del ahijado del amigo de la hermana de tu cu�ado, cualquiera es escusa; todo es alegr�a, excepto las calles de madrugada, que s�lo le pertenecen al roc�o, los apus y al viento fr�o.
Es curioso que un siti� as� irradie tanta alegr�a cuando s�lo se vive con unas cuarenta casas, un ciento de vecinos, diez manzanas distribuidas tal tablero de ajedrez irregular, cada casa de barro s�lido, tejas anaranjadas desgastadas por el sol, puertas y cuadros de ventanas azules, verdes y marr�n, tonos �picos de uniformidad, paredes blancas irregulares; ya a nivel de conjunto: una escuela de pabell�n y medio, patio descuidado, dos arcos de palos y la ilusi�n de los ni�os; una plaza principal con Iglesia y municipalidad, �rbol hist�rico y punto. Se acabo el sue�o; sin embargo, la vida aqu� no necesita m�s.
Los ni�os aqu� juegan con su bola de trapo o Vinibol, carros de madera, trompos y matachola en el poste de luz. Las ni�as juegan con ollitas de barro o de lata, mu�ecas tra�das de muy lejos vestidas con ropa creativa dise�ada por sus madres y ellas mismas. Los j�venes juegan pelota de tanto en tanto con su manchita unos con polo, otros sin el; el que gana pone el �premio�, o cerveza o chicha en jarr�n. Previo anticucho o chonchol� en las esquina de alguna de las cuadras perdidas del viejo Llakillaqta.
Las horas pasan volando pues todos se divierten: es su mundo, un mundo diferente, totalmente distinto, no es raro es diferente; diferente vida, diferente cielo, diferente pueblo, diferente gente, diferente diversi�n; todo en uno y en paquete peque�o; as� te ves distante�
y m�s�
lejano�
-�Juan Manuel! �Despierta! � escuchas exaltado el grito de tu madre.
En ese momento despiertas a tu vida de enga�o, con celular en la mano, televisi�n todos los d�as, laptops e Internet inal�mbrico, libros de primera, canchas sint�ticas, pizza, zapatillas nike, donde sales a pasear y simplemente te encuentras con la indiferencia, un cielo gris, donde mandas a comprar a la empleada y ni siquiera te dignas en conocer tu ciudad por ser tan grande�
En ese momento despiertas de aquella horrible pesadilla en el que eras tremendo mocoso cholazo mugriento en un pueblucho de la sierra.
Pero en la que eras feliz�
Las Velas Negras

�Acepta este Esp�ritu joven para que la magia del agua,
del viento, la tierra y las cosechas, se re�nan
y haya prosperidad en a�os pr�ximos,
que todo est� en su balance natural
y haz que todo sea paz y que exista armon�a
entre el reino de los vivos y de los muertos.�
Desde el inicio de los tiempos el hombre siempre ha estado dispuesto a relacionarse con dioses y esp�ritus, incluso con aquellos de naturaleza malvada con el fin de vivir m�s en la tierra, ya que solo ellos pod�an darles lo que necesitaban. Alianzas y ofrendas para obtener riqueza, poder, salud y bienestar. Aunque en muchos casos la entidad maligna exige el alma eterna de la persona para acceder a las peticiones de los que realizan estas ceremonias.
A lo largo de la historia, se oy� hablar mucho de los sacrificios humanos, �stos fueron practicados por muchas culturas antiguas, se mataban a las victimas para calmar la furia de los dioses o para que los sacerdotes puedan predecir el futuro; los sacrificios mas destacados y crueles en Sudam�rica fueron los realizados por la cultura Mochica y los sacrificios Incas.
Numerosas y misteriosas monta�as del Per� han sido escenario de los sacrificios Incas, que generalmente se daban utilizando ni�os, el llamado �Capacocha�, estos ni�os deb�an ser adornados con ropa fina y adem�s deb�an ser perfectos ya que eran educados en centros especiales ( Acllawasi) que ten�an como �nica finalidad ser parte fundamental del sacrificio humano; hermosas princesas y bellas v�rgenes eran ofrecidas a los "Apus", ya que de esta forma entraban m�s r�pido al reino de los Dioses. Esto acontec�a dos veces al a�o, concordando con los solsticios de verano e invierno.
Pero en estos tiempos, los sacrificios han sufrido muchas transformaciones ya que generalmente se hacen para conseguir malos fines o simplemente por el placer de ver gente morir, tienen como materia prima a las velas negras, ya que se asocian esencialmente con aspectos negativos de la vida, con la maldad y los malos deseos.
Una familia lime�a muy adinerada conformada por una pareja de esposos con un solo hijo, iba rumbo a la ciudad enigm�tica del Cusco para conocer los diversos centros arqueol�gicos que presenta.
Camino a esta ciudad decidieron descansar un momento y pararon en la zona de Silkinchani, que se encuentra a nueve kil�metros al sur de la ciudad del Cusco, antes era considerada como un centro de adoraci�n donde los incas hac�an sacrificios humanos al dios Sol, sobre todo de ni�os.
-�Pap� estoy muy cansado, ser�a misericordioso que busquemos alguna caba�a y pasemos la noche aqu�!- dijo Carlos, un ni�o de 8 a�os de edad, muy guapo, educado en el mejor colegio de Lima; aquel muchacho se encontraba muy jadeante.
- Carlos, buscaremos alguna casa que nos acoja esta noche, al parecer no hay personas aqu�, si nos adentramos quiz�s hallemos a alguien- dijo Diego, el padre de Carlos mientras arreglaba su oscura barba.
-�Hijo! Caminemos para poder descansar �Ven! �No seas holgaz�n!- exclam� Jackeline, la madre de Carlos, una mujer muy hermosa e inteligente.
A medida de que la familia caminaba, el sol se estaba escondiendo y el miedo se iba apoderando de cada uno de los integrantes.
- �Iman sutiki? (�C�mo te llamas?)- dijo una voz a lo lejos.
- �Pap�! �Hay alguien detr�s de los �rboles de Eucalipto! �Vamos! Creo que es un habitante- grit� Carlos muy emocionado pues hab�a perdido fuerzas al caminar y el hambre ya empezaba a nacer.
- Hijo, no escuch� nada; no hay viviendas por aqu�, ser�a una buena idea acampar- dijo su padre ignorando lo que Carlos hab�a escuchado.
- Diego, aqu� est�n las cosas, arregla todo y pasaremos la noche en este bosque- dijo Jackeline con una sonrisa en su rostro que utilizaba para dar �nimos a su familia que se hallaba perdida entre la oscuridad de aquella fr�a noche.
Mientras la familia estaba en lo profundo del sue�o, Carlos escuch� un sonido de tambores, tan claro que lo despert�, pensando que se trataba de un sue�o, encendi� la vela, tom� un sorbo de agua del vaso que siempre colocaba por un lado; sus padres estaban muy dormidos..
Apag� la vela y se dispuso a seguir durmiendo, pero una tenue luz se filtraba por la peque�a entrada de la carpa; terminaba de cerrar los ojos cuando los volvi� a abrir completamente, sinti� un espasmo, aquel sonido que crey� que era un simple sue�o, lo estaba oyendo claramente; levant� un poco la cabeza para o�r mejor� No hab�a duda, aquella m�sica se originaba en los interiores del bosque.
Muy curioso, se levanto y fue en busca de aquel sonido, abri� la peque�a entrada de la carpa sin hacer ruido alguno y sali�.
Caminaba y caminaba, cada vez el sonido se hac�a m�s fuerte, hasta que par�.
-�Rimay quechua?(�Hablas quechua?)- dijo un jovencito que llevaba una mascaipacha muy hermosa, un escudo con su bander�n, un topaco y una t�nica, a la que llamaban en tiempos antiguos �uncu�.
- No te entiendo, yo no conozco tu idioma �Qui�n eres? nunca vi a una persona igual a ti �Qu� impresionante! �No sabes hablar mi idioma?- dijo el pobre ni�o tan ingenuo.
- �Rimamuy kjan, mana waquichinichu quechuata rimaspa! (yo hablo un poquito, pero hablo mal)-exclam� aquel joven, tenia un aspecto maquiav�lico.
Ambos caminaron por el bosque, Carlos simplemente quer�a conocer mas de aquel extra�o joven con quien hab�a hablado, llegaron a una cueva, lo ins�lito era que el lugar estaba completamente vac�o, pero al entrar a esa cueva se sent�a el olor de velas y el ni�o observ� a mucha gente, entre ellos a ni�os, ancianos, se�oras y se�ores, todos llevaban puesto unos trajes muy extra�os, se encontraban alrededor de una gran plataforma de piedra.
- Ya tengo que irme, ya est� amaneciendo � dijo el ni�o con una voz temblorosa.
- �Manan! (�No!)- respondi� el misterioso joven.
- Es demasiado tarde, mis padres se preocupar�n, no quiero incomodar en esta ceremonia tan extra�a- exclam� el ni�o llorando.
En ese momento sali� un sacerdote, era un hombre muy viejo llevaba puesto una m�scara.
-No puedes irte, te quedaras con nosotros hasta el solsticio de verano- respondi� aquel �sacerdote�.
En ese momento muchos de los que estaban presentes ataron al inocente ni�o en la plataforma, y cerraron la cueva.
El ni�o gritaba pero no se pod�an o�r sus llantos pues la cueva estaba muy bien sellada.
Los padres de Carlos, al levantarse, no lo encontraron, muy preocupados salieron a buscar en todo el bosque, pero solo hallaron la linterna de su hijo.
Pasaron los d�as y lleg� el esperado solsticio de verano.
Un fuerte rayo de luz cay� sobre los d�biles ojos de Carlos que se encontraba moribundo en aquella cueva.
-Muy bien ni�o, haz soportado el hambre y la sed eso significa que los Dioses te aceptar�n- dijo el sacerdote, en sus manos llevaba unas prendas muy hermosas cubiertas de oro pero tambi�n ten�an sangre.
- Entonces �Qu� esperamos? Vistamos a este ni�o privilegiado para la ocasi�n- dijo una mujer, que levant� a Carlos y empez� a vestirlo.
Cada vez las cosas eran m�s extra�as, pues ahora estas personas no llevaban aquellos trajes como la mascaipacha o el uncu; al contrario, ten�an puesto unas extra�as vestimentas negras.
Terminaron de vestir al pobre ni�o y lo llevaron a la cumbre m�s alta de una monta�a, 7 mujeres llevaban 7 velas negras prendidas mientras repet�an unas frases muy extra�as.
-Acepta este Esp�ritu joven para que la magia del agua, del viento, la tierra y las cosechas, se re�nan y haya prosperidad en a�os pr�ximos, que todo est� en su balance natural y haz que todo sea paz y que exista armon�a entre el reino de los vivos y de los muertos- dec�a el �sacerdote� mientras re�a hip�critamente.
Llegaron a la cumbre y procedieron a prender mas velas negras, pues estas est�n relacionadas con la noche, la oscuridad y la muerte. El negro representa a los esp�ritus da�inos y a los poderes del lado oculto. Es el color con que nos entierran, significando la muerte y la tierra de la alquimia. Es la putrefacci�n y tambi�n el florecimiento a la nueva vida que se mueve en las profundidades y la oscuridad. Simboliza la tristeza y luto, la p�rdida, la maldad y confusi�n.Mientras el �sacerdote� sacaba el cuchillo, el pobre ni�o empez� a suplicar por su vida, pero la maldad y el odio se apoderaron de aquel hombre que empezaba a realizar aquel acto tan cruel.
-�Oh gran se�or de las tinieblas, te ofrecemos este cuerpo tan inocente para que nos concedas m�s a�os de vida!- grit� el �sacerdote� y empez� a penetrar el cuchillo en el coraz�n del ni�o.
- �Tengan piedad!-dijo el ni�o tartamudeando, mientras miraba consumirse la temible vela negra.
En ese momento tiraron las velas en el cuerpo, y aquellos hombres que acompa�aban al sacerdote empezaban a cantar un himno a la muerte y a la oscuridad, burl�ndose de las sagradas costumbres incas.
Al finalizar, todos descendieron de la monta�a y se fueron.
Pasaron los d�as y los huesos del pobre ni�o fueron arrastrados por el viento y llegaron al lugar donde antes se encontraba la carpa.
La polic�a del Cusco se encargaba de investigar el misterio hasta que hallaron los huesos y algunos pelos de ese ni�o.
-Se�ora Jackeline, es muy triste para m�, informarle que su hijo fue asesinado- dijo el polic�a con l�grimas en sus ojos.
- �Es imposible! �Qui�n podr�a matar a mi hijo a esas horas de la noche? Si no hab�a persona alguna- respondi� su madre mientras lloraba inconsolablemente por la p�rdida de su �nico hijo.
- Muchas veces a este lugar vienen personas de sectas que honran al demonio , enga�an a los turistas haci�ndoles creer que son los incas , se burlan de las costumbres antiguas, hace 4 a�os sucedi� algo similar y no pudimos atraparlos- dijo el polic�a.
- �Mi hijo muri� en un sacrificio humano? �Eso quiere decir!� Es tan cruel!- dijo Jackeline con los ojos llenos de furia y tristeza.
- �Lo siento mucho se�ora, pero no descansaremos hasta atrapar a estos desalmados asesinos!- exclam� el polic�a.
Los d�as se hac�an m�s largos, y la pareja de esposos solo quer�a hacer justicia por la muerte de su pobre hijo, hasta que oyeron que en la cueva encontraron muchas velas negras y a un joven que hab�a sido enga�ado atado a la plataforma.
Este joven cont� a la polic�a lo sucedido, describi� a las personas que se encontraban en este ritual.
Los polic�as tendieron una trampa a esta secta, y fueron capturados.
El cabecilla de esta banda cont� todos los asesinatos que hab�a cometido y fue castigado con los dem�s integrantes de la secta diab�lica.
Pero la tristeza de la pareja de esposos no pod�a terminar solo con el castigo de los asesinos, pues el agujero que deja un hijo no se puede llenar con nada.
Pasaron los a�os y Silkinchani fue reconstruido por los trabajadores del INC.
Jackeline y Diego tuvieron otro hijo, a quien amaron y cuidaron siempre recordando a Carlos, apoyaron a la reconstrucci�n de Silkinchani pues no quer�an que otras familias sufrieran lo mismo que ellos pasaron.
El Cementerio
Imagen Deviantart�Al d�a siguiente no muri� nadie�
Jos� Saramago - �Las intermitencias de la muerte�
�Dust in the wind. All we are is dust in the wind�
Kansas � �Dust in the wind�
Juan comenzaba a perder la paciencia. Normalmente, en aquel lugar no faltaban personas, para el, clientes; sin embargo, ya hab�an pasado d�as y el cementerio parec�a un espacio de tierra y piedras abandonado en el tiempo y en el espacio. Pese al espantoso oficio que ejerce un campo santo, �l lo consideraba un lugar sagrado de reposo perpetuo en el cual por unas cuantas monedas se trae una esclare, se preparan flores o, simplemente, se limpian un par de l�pidas.
Jes�s Gallegos Hern�ndez �
12 de Junio de 1934 � 18 de Enero de 1995
Cuando Juan limpiaba una tumba, le�a con inter�s los nombres y fechas del difunto. Luego trataba de imaginar como hab�a sido la vida de aquel personaje; a veces, tambi�n se guiaba por las reliquias que los familiares dejaban dentro de cada l�pida, desde peque�os portarretratos hasta peque�as cajas de cerveza; del mismo modo, en otras l�pidas se encontraban carritos, mu�ecas y otros juguetes. Al observar estos detalles, Juan imaginaba fragmentos de sus vidas e, incluso, como hab�a sido su muerte.
Violeta Romero Tisoc �
16 de Octubre de 1998 � 29 de Febrero del 2008
- Pobrecita, esta ni�a s�lo conmemora su muerte en a�os bisiestos cada cuatro a�os � pens� Juan un d�a mientras sacaba brillo a su l�pida.
Atr�s, los familiares comentaban suavemente, entre sollozos, acerca de la ni�a mientras �l realizaba su trabajo. Justo en ese momento al voltear la cabeza hac�a ellos, una brisa fr�a recorri� toda esa zona, fue entonces cuando Juan observ� a aquella peque�a ni�a junto a la se�ora sollozando, pronto llego una figura difusa de color blanco con enormes alas y se la llevo elev�ndola suavemente por los aires. Juan pens� que fue una simple ilusi�n creada por su mente, el cansancio y el trabajar en un lugar como ese para ganar un poco de dinero. Luego se persign� y continu� con su trabajo.
Ram�n Mendoza Quiroga �
24 de Enero de 1965 � 8 de Noviembre de 1996
Sin embargo, a lo largo de sus d�as de trabajo continu� viendo personas raras alrededor de sus clientes y a la gran figura blanca llev�ndolas por los aires; experiencias a las cuales respond�a, un tanto intranquilo, solamente persign�ndose.
- Gajes del oficio de alguien que trabaja en un lugar lleno de muertos y misterio, dolor y pena � Siempre dec�a.
A pesar de esa temporal tranquilidad, un d�a no pudo ocultar su asombro y terror; se encontraba dando los �ltimos toques a una l�pida negra y plateada cuando de pronto detr�s de los dos j�venes que le solicitaran realizar aquel trabajo de limpiar y pulir aquella l�pida. Juan no pudo observar a un se�or que corr�a escapando de una gran figura negra difusa, al igual que la blanca, que iba a caballo. Esto lo sorprendi�; dejando la l�pida inconclusa sali� corriendo tras el hombre y la dos terr�fica figura, ante el asombro de los dos j�venes, al alcanzarlos logr� ver como la figura negra atrap� a aquel hombre y saltando con el caballo negro se sumergi� en el suelo. Al volver donde los j�venes, Juan se atrevi� a preguntar:
- Disculpen mi atrevimiento, pero �De quien es la tumba que estoy limpiando?
- De nuestro padre � contest� uno de los j�venes.
- Lo lament� � contest� apenado y arrepentido Juan.
- No te preocupes, fue su voluntad. Se suicido al ser declarado culpable de un caso de violaci�n y maltrato - contest� el otro joven.
Juan se qued� en silencio, se disculp� y luego continu� con su trabajo.
H�ctor Salda�a Aedo �
21 de Mayo de 1960 � 7 de Diciembre del 2002
Y todo segu�a igual, ni un alma visible por el cementerio. As� pasaban las horas. Juan decidi� recorrer los fr�os y silenciosos pasajes del campo santo. Observando los distintos pabellones, tumbas llenas o por llenar, tumbas m�s peque�as, osarios, mausoleos, y peque�os espacios para urnas con cenizas. G�rgolas de piedra de �ngeles y arc�ngeles que parecen tener vida cuando las observas de reojo. Las extra�as figuras hab�an desaparecido hace ya bastante tiempo, no aparec�an, ni rastro de ellas. Sin embargo, en ese momento, el cementerio estaba vac�o, ni los compa�eros de Juan parec�an encontrase ah�.
Fernanda Cavero Tello �
9 de Noviembre de 1945 � 15 de Marzo del 2004
Despu�s de esa experiencia, Juan se desesper� al seguir observando en distintas ocasiones estas extra�as figuras llevarse personas. Hasta que un d�a Juan fue a la capilla cerca al cementerio a consultar con el padre Luis, la capilla ten�a estilo g�tico antiguo con pulpitos de madera y antiguos cuadros coloniales; al observar que la luz del confesionario estaba encendida se aproxim�, se arrodill� y se escucho una grave voz:
- Ave mar�a Pur�sima.
- Sin pecado concebida, padre � respondi� Juan.
- Cu�ntame tus pecados, hijo m�o � le cort� el padre.
- Padre, no son pecados por lo que me encuentro aqu�, desde hace un tiempo he estado teniendo visiones.
- Entonces, debes ir al m�dico en vez de arrodillarte en un confesionario, hijo.
- No padre, creo que son visiones religiosas � le solt� el limpia tumbas.
- �De qu� clase de visiones estamos hablando? � pregunt� curioso el padre.
- De �ngeles y Demonios.
El padre, saliendo del confesionario a toda prisa, invit� a Juan a pasar a conversar en otro lugar, llev�ndolo a la sacrist�a.
- H�blame m�s sobre estas apariciones � le pidi� el padre.
- Son una figura grande blanca con alas y otra figura igual de grande negra a caballo; la blanca se lleva las figuras volando hacia el cielo y la negra se sumerge en el suelo saltando con su caballo. Ambas se ven difusas � le cont� Juan.
- Parece que el se�or te ha dado un don, hijo. Puedes ver a los �ngeles llev�ndose a los buenos cristianos y a los demonios de la muerte llev�ndose a los pecadores - interpret� el padre.
- Pero� que tengo de especial para tener este don.
- Eso s�lo t� y Dios lo saben, hijo m�o.
Juan Abarca Quispe �
23 de Junio de 1975 � 13 de Abril del 2000
Ya eran iban a ser las seis de la tarde y nadie aparec�a; entonces, Juan se dijo a si mismo que aquel d�a de trabajo ya hab�a acabado; sin embargo, al aproximarse a la puerta norte con sus herramientas de trabajo, el port�n de metal de dos puertas se cerr� ante sus ojos de manera estrepitosa y un fuerte viento sopl� desplaz�ndolo y haci�ndolo caer por la subida hac�a la puerta. Juan comenzaba a asustarse. Al levantarse y voltear se encontr� cara a cara con las dos figuras que lo ve�an y a la vez luchaban con dos espadas, por primera vez Juan pudo escuchar sonidos provenientes de las figuras. El sonido de las espadas chocando una con otra. De pronto, Juan comenz� a correr por los pasajes del cementerio, dejando caer sus herramientas: un trapo y l�quido para pulir. Fue entonces cuando se dejaron de escuchar las espadas para escuchar los pasos pr�ximos de un caballo y el alete� de unas enormes alas. Juan segu�a corriendo sin rumbo, pensando en qu� hacer para perder a las dos figuras que, al parecer, lo persegu�an.
�Por qu� a m�? �Qu� hice? Se�or a�n no ha llegado mi hora � pens� Juan mientras corr�a.
Continu� corriendo con su sombra en los talones y dos figuras cazadoras queriendo llev�rselo. As� record� sus visiones, trato de analizar su situaci�n, record� la conversaci�n con el padre Luis, la charla con los hijos del violador, la peque�a ni�a entristecida. Sin embargo, no encontraba respuesta. Al llegar a la zona de mausoleos, no supo que hacer, era un camino sin salida. De pronto sinti� como un aura misteriosa invadi� su cuerpo, lo gu�o hasta un mausoleo sencillo, sin g�rgolas, ni inscripciones, al cual entr� de manera estrepitosa r�pidamente por las escaleras.
Al entrar en aquel peque�o mausoleo al cual hab�a sido arrastrado por el miedo de aquellas dos figuras cazadoras, se sinti� s�lo, fr�o, acorralado, sin salida. Se cay�. A pesar de ese peque�o percance, alcanz� la fuerza suficiente para levantarse de su ca�da, apoyarse ante las viejas l�pidas doradas y observar. El asombro lo dejo petrificado y por poco casi cae de nuevo; observ� lo que menos hubiera esperado ver en ese instante, algo imposible: su nombre escrito en aquella fr�a l�pida. En ese preciso momento, lo �nico que qued� en ese lugar fue el polvo y la brisa fr�a propia de un cementerio de soledad y de penas inconclusas.
Castillos en el Cielo

�Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta�.
Desde peque�as, la mayor�a de mujeres so�amos con encontrar al legendario pr�ncipe azul, aquel que cumpla con todas las expectativas que una joven adolescente quiere, que sin necesidad de poseer alas, nos har� volar para construir castillos en el cielo y nos convertir� en las princesas que alguna vez ansiamos ser.
La inocencia nos hace creer que ese pr�ncipe llegar� y nos salvar� de aquella oscura torre en donde pasamos muchos a�os esperando, pero a medida de que pasan los a�os nos damos cuenta de que ese pr�ncipe puede ser la persona que nunca idealizamos tener, llega en el momento menos esperado y no nos salva de aquella oscura torre al contrario, juntos construimos un castillo inventando as� nuestro propio cuento.
Era una ma�ana como todas, la vida de Sof�a segu�a con la rutina de siempre a excepci�n de que ese d�a cumpl�a 4 a�os con la persona m�s amada por algunos, la soledad.
Mientras ella iba caminando por los pasillos de la universidad pensaba en las exposiciones, en los trabajos, en las lecturas, nunca pens� en iniciar una nueva relaci�n amorosa con alguien, su tiempo �nicamente era entregado al estudio.
-�Demasiadas actividades! Descansar� cuando llegue a casa � dijo Sof�a.
Ella caminaba muy lento y choc� con un joven que corr�a en lado contrario; todos los f�lderes, los libros, las copias que llevaba en la mano cayeron a un charco de agua.
-�F�jate por donde caminas! �No sabes que en la vereda no debemos correr? �Eres un tonto! �Mira lo qu� hiciste con mis materiales de estudio! � exclam� Sof�a muy furiosa mientras levantaba sus cosas.
- Lo siento, no soy de esta ciudad, ando buscando a la amiga de mi madre- dijo aquel muchacho que ayudaba a Sof�a a poner las cosas en su bolsa.
- �Est� bien! Espero no volver a verte, ahora desaparece- expres� Sof�a, bastaba ver sus ojos llenos de amargura para interpretar los sentimientos que pose�a hac�a ese joven.
A menudo hallamos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo.
Sof�a al llegar a su hogar vio a un muchacho que esperaba en la puerta, muy preocupada se acerco para ver quien era.
-�T� de nuevo? �Qu� haces aqu�? Seguro me haz seguido, ya te dije que todo lo que pas� qued� en el �lbum del olvido � dijo Sof�a en un tono desp�tico e hiriente.
- Disculpa, creo que te equivocas de persona, yo no te segu�, te dije que buscaba a la amiga de mi madre y vive aqu�- respondi� el muchacho mostraba una sonrisa en su rostro.
- Bueno, espero que no sea la direcci�n que buscas, no creo que las amigas de mi madre tengan hijos tan groseros- se�al� Sof�a.
En ese instante la madre de Sof�a abri� la puerta.
-�Renzito! �C�mo est�s? Veo que ya conoces a mi hija �Entra! �Esta es tu casa! Hija se amable y lleva a Renzo a la habitaci�n de hu�spedes- dijo la madre de Sof�a que abr�a lentamente la puerta de la casa.
Mientras Sof�a llevaba a Renzo a su habitaci�n, no pod�a controlar los nervios.
-Aqu� es, espero que cuides las cosas; a�n no estoy convencida, quiz�s no eres el hijo de la amiga de mi madre- dijo ella indicando la puerta de la habitaci�n de Renzo.
- No te preocupes Sof�a, alg�n d�a tendr� que irme y tu mundo rosado seguir� siendo el mismo- explic� Renzo muy molesto.
Pasaron los d�as y pese a las diferencias que exist�an entre Renzo y Sof�a, el lazo de amistad empez� a nacer.
Asomada en su ventana, Sof�a recapacitaba sobre muchas cosas.
-Un d�a alguien dijo que el amor llegaba en el momento menos indicado, que est� m�s cerca de lo que parece, pero jam�s vi a Renzo como la persona que complementar�a mi vida , sigo esperando mi pr�ncipe azul, aquel que sea igual a mi , adem�s �l se ir�- dijo Sof�a en voz silenciosa.
En ese instante, Renzo toc� la puerta de su habitaci�n.
-�Sof�a? �Puedo pasar? - pregunt� el joven muy entusiasmado.
- �Claro! Pasa Renzo �Qu� necesitas?- dijo Sof�a, muy ruborizada pues pens� que Renzo hab�a escuchado lo que ella expres�.
- �Quieres salir a caminar? Es una noche muy estrellada y a veces los astros nos conceden los deseos m�s profundos, esos que se encuentran en el coraz�n- exclam� Renzo extendiendo la mano.
- �Claro! �Vamos! � dijo ella recibiendo la mano de Renzo.
Aquella salida marc� en la vida de aquellos muchachos, que eran opuestos; Sof�a so�aba con el pr�ncipe azul en pocas palabras, con el hombre perfecto y Renzo opinaba que Sof�a era una joven encerrada en los estudios, una mujer que jam�s se fijar�a en �l.
Bajo el cielo azul, iban caminando ninguno pod�a articular palabra alguna, hasta que Renzo decidi� dar el primer paso.
-Sof�, fue muy extra�o nuestro primer encuentro, realmente �ramos polos opuestos- dijo aquel muchacho riendo.
-Exacto, pero nos conocimos m�s y a pesar de las diferencias creo que llevamos una buena amistad- respondi� Sof�a, mirando al suelo, no tenia fuerzas para ver los ojos de Renzo.
- Sof�a �A�n recuerdas t� primer beso?- pregunt� Renzo muy nervioso.
- Sinceramente, recuerdo todos mis besos, siempre han ocupado un lugar muy especial en mi vida; mi primer beso fue a los 14 a�os, sent� que mil estrellas reventaban en mi cabeza, fue una sensaci�n �nica �Por qu� preguntas? �C�mo fue el tuyo?- dijo Sof�a.
- Yo nunca di un beso, jam�s me arriesgue, pero ahora�- respondi� �l
- �Ahora? �Ahora qu�?- dijo Sof�a mientras se acercaba a Renzo
- Ahora siento que es el momento- dijo �l.
Renzo logr� vencer esa barrera que lo separaba de Sof�a, una barrera de miedo y timidez, fue su primer beso con la mujer que menos esperaba; sin embargo todo sucedi� de coraz�n, ocurri� frente a las estrellas que alumbraban esa noche, Sof�a sent�a que en el mundo exist�an solo los dos.
Aquel beso fue el pre�mbulo de una nueva historia. Tomados de la mano caminaron sin rumbo solo se dejaron guiar por sus sentimientos.
Al d�a siguiente, llam� la madre de Renzo informando que ya deb�a irse de la casa de Sof�a, pues el tiempo hab�a concluido.
-Sof�a, tengo que irme no quiero dejarte sola aqu�, es muy dif�cil para mi y muy doloroso- dijo Renzo, derramando muchas l�grimas.
- Renzo, t� fuiste aquel pr�ncipe que siempre espere, muchas veces no se presenta como queremos o en las circunstancias que deseamos, pero descubr� que estoy lista para amar de nuevo, es muy triste saber que te ir�s- exclam� Sof�a mientras abrazaba a Renzo.
- Me haz ense�ado a ver la vida de otro color- dijo Renzo.
Al salir, muy distra�dos ambos no se dieron cuenta que un auto iba a una velocidad m�xima, al voltear solo se escuch� el grito de la gente que miraba aquel accidente.
La madre de Sof�a sali� muy preocupada y divis� a su hija con Renzo sin vida, desesperada llam� a la ambulancia y a la madre de Renzo.
Pero as� no termina esta historia, Renzo y Sof�a construyeron un castillo en el cielo, en el cual habitaron y disfrutaron muchos momentos juntos.
Pr�ncipes azules, verdes, rojos; lo importante es hallar a la persona que nos har� feliz, esos cuentos de nuestra infancia solo nos hacen imaginar que encontraremos a la persona perfecta pero no nos damos cuenta de que la persona ideal para nuestra vida muchas veces es la que menos pensamos. Debemos abrir nuestro coraz�n a nuevas oportunidades y escribir nuestro propio cuento.
Vuelo para dos
Por: Javier Murillo y Sandra Luna
Imagen de Deviantart
"La casualidad nos da casi siempre lo que nunca se nos hubiere ocurrido pedir."
Alphonse de Lamartine (1790-1869) Historiador, pol�tico y poeta franc�s.
Es de noche cuando escuchas las �ltimas frases de los fantasmas del tiempo. �C�mo puedes destruir las cenizas de una vida pasada? Contemplas el coqueteo de la luna inmensa y profunda con las estrellas profanas en un cielo oscuro de la ciudad en la que vives ahora. Recuerdas a pedazos lo que te dijo aquella noche de interno fr�o �seo que la brisa del viento te produjo en la plaza, pero ya no es dolor lo que sientes sino �un sentimiento? Extra�o y bizarro, entonces comienzas a preguntar al vac�o y no encuentras respuesta.
-Te obsequio mis l�grimas, con un poco de las tuyas, podr�s hacer correr un r�o- dije mientras escuchaba una canci�n triste, a quien no le ha pasado que cuando sufre una decepci�n amorosa, lo primero que hace es o�r la canci�n mas dolorosa que encuentra, es como un instinto, algo que buscas sin cesar; pero record� una frase: �Eres joven, no escuches m�sica deprimente, cuando tienes una vida por delante� y levant� la cabeza, pensando que la acci�n m�s correcta es apagar la emisora y salir corriendo, sin embargo sent� un supuesto peso en las piernas; no pude pararme, as� que segu� sentada hasta que el sufrimiento desaparezca.
- �Animo! -te dicen todos- sal de esa nube triste. Lo piensas y sientes que haces lo correcto, exploras tu vida un segundo consiguiendo ver nada m�s que profundidad en el hueco de tu coraz�n. Sin embargo, te proyectas, piensas en tu futuro. �Desde cuando te haz deprimido tanto por un amor contrariado? � piensas mientras recorres el parque cercano a la casa de la cual fuiste prisionero por mucho tiempo, tres semanas para ser exacto. As� la vida paso, y el tiempo continuo, sin ti. Sin tu presencia banal y contemplaste el cielo azul, morado, pensando, sin querer, en aquella futura alma que complementar�a tu ser en el futuro. �Existir�?
El sufrimiento hab�a desaparecido, segu�a caminando en las sendas que me llevar�an al olvido, aparentemente hab�a logrado hacerlo. Sin embargo, el mundo de las sombras siempre tiene las puertas abiertas para que un recuerdo perdido escape de �ste y te haga la vida m�s confusa creyendo que encontr� el lugar exacto para habitar.
Muchas veces el destino juega sucio, mientras estaba sentada viendo a las palomas comer las migajas de pan, volaba hacia otros mundos, hacia las memorias; muy distra�da no sent� quien se hab�a sentado a lado m�o.
-�Sandra! �Qu� tal?- dijo una voz que parec�a familiar.
Al voltear divise al protagonista de mis recuerdos, muy confundida con los nervios destrozados solo me limit� a decir �Hola�, �bien�.
Me par� y sal� de ese agujero en el cual hab�a ca�do al escuchar esa voz; camin� muy r�pido mientras ve�a desvanecer su sombra en medio de aquel parque.
Saber cuando es el momento para cada cosa no es f�cil. La vida es un pandemonio de tensiones e intereses; tantos aspectos mezclados, confinados en el entra�ado del alma; es decir, estudio, amor, dinero, deporte, familia, deudas, amistad, entre mil millones de cosas. Igual, te levantas del concreto fr�o, de aquella esquina de tu cuarto en la cual te sientas a pasar tus momentos de reflexi�n filos�fica adolescente, casi adulta. � �Desde cuando te preocupas por el mundo? �Est�s ah�? �Qu� es lo que quieres? No entiendo tus motivos, tus acciones, tu forma de ser � escuchaste a la lejan�a � no justificas tus porqu�s, ni la pizca de gotas que salen de tus ojos. En fin, todo acabo �verdad?
No pienses en el pasado, ni Carpe diem, ni nada. Piensa en tu futuro, tus viajes a Europa, tu viaje a Jap�n, tus sue�os e ilusiones. Todo esto acabo con el inicio, y ahora revive con el final.
Llegu� a casa e intente olvidar lo que hab�a sucedido minutos, en realidad horas, antes en el parque, aferrada en el sabor de sus besos, esos que antes constantemente tuvieron gusto a nada. Pens� en ese joven que alguna vez ocup� mis sue�os, aquel que mientras la gente indiferente se daba cuenta me enga�aba con supuestas promesas.
-El no volver�, la pena no puede crecer; todo lo que termina, termina- exclame mientras quemaba sus cartas, sus fotos, sus recuerdos.
Mientras pensaba en el olvido, algo nuevo, sent� algo diferente, la pr�xima vez que lo vea, talvez seamos simples extra�os.
-Estoy cansada de buscar, estoy herida, estoy cansada de esperar- dije cerrando los ojos para viajar al mundo de los sue�os.
Al despertar, el sol brillaba muy en�rgico, era un nuevo d�a y mi madre hab�a dejado una peque�a nota: �No llores por perder el sol, por que las l�grimas te impedir�n ver las estrellas�.
�Era todo! Era hora de que empieces a caminar, tomar vuelo, sentir nuevamente las alas de la libertad; hab�an pasado tan s�lo tres semanas, pero te sent�as diferente. Era hora de quemar la suela de los zapatos contra el asfalto y la vereda, comenzar a caminar para renovar tu vida. Lo piensas dos veces y decides. Recoges un par de soles de tu velador, quiz�s para una gaseosa o una galleta. Es probable que el d�a te sonr�a, un poco de niebla pues eran las cuatro de la ma�ana; cargas tu ipod�
Because maybe, you're gonna be the one that saves me
Por �ltimo, te peinas, arrancas, sales de tu cuarto, esperas� te olvidaste tu alma, espera, un nuevo comienzo�
Hab�a pasado un par de semanas despu�s de aquella nota, un �ngel toc� las puertas de mi coraz�n y sent� que derrochaba mi vida esperando a alguien, perdiendo la noci�n del tiempo y del lugar.
- �Puedo volver atr�s? �Puedo pegar mi coraz�n? �preguntaba a la luna que ya se escond�a, derramando un par de l�grimas que ser�an las �ltimas en huir.
-Est� saliendo el sol en mi vida, quiero abrir las alas y volar - dije a mi alma que estaba rota.
Sal� como un ave que escapa de su nido para buscar algo de comer para sus polluelos hambrientos, no me preocup� en la hora, solamente quer�a tocar las nubes, mientras caminaba dec�a: �Quiero empezar de nuevo�.
Es cierto que muchas cosas pasan por casualidad en la vida, es cierto tambi�n que hay momentos decisivos en la vida de una persona que cambian el rumbo de todo su entorno, personal o social.
Es curiosa la manera en que el destino de muchas personas se cruza justo en el momento preciso para comenzar algo que podr�a durar toda la vida; es impresionante la capacidad que tiene el porvenir de prever estas situaciones y ponerte en el momento justo, a la hora justa, en el lugar justo.
Curioso, tambi�n, es el juego en que dos almas unidas por un lazo metaf�sico inexistente se unen en actos inimaginables y totalmente improvistos�
-�C�mo me dijiste que te llamas? - Escuch�, mientras le hablabas.
El Reloj
"Patience" - Deviantart�El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto.�
Charles Chaplin
La conoc� un d�a de lluvia en la ciudad, llevaba un abrigo y una cartera, siempre con el cabello suelto y su particular sonrisa, pero lo que m�s me gusto de ella fueron sus ojos; fue entonces cuando me ofrec� a llevarla a casa despu�s de un agotador d�a de trabajo. Estudiaba en la universidad a la cual hab�a sido invitado para un curso de administraci�n; desde que la vi supe que no ser�a el mismo desde ese d�a. Le invite un caf� y conversamos un poco de aquello, un poco de lo otro y, sobre todo, un poco de los dos. Compartimos gustos, canciones y uno que otro libro. La dej� en su casa de Miraflores alrededor de las diez. Ese fue el d�a en que compr� el reloj. Un d�a que cambio la rutina diaria.
Desde aquel d�a, cambi�. Mi manera de ver el mundo se turno de forma distinta, parec�a que mi reloj cambiaba la velocidad del tiempo; mis ratos de la universidad, aburrido, se hac�an m�s largos; el lapso de dos de la tarde a dos y cuarto parec�a ser de una hora; luego cuando me ve�a con ella, despu�s de mis clases y el largo camino hasta su universidad, el tiempo pasaba volando, de cuatro de la tarde a ocho o nueve de la noche parec�a pasarse en cuarto de hora. Tenerla a mi lado era un vicio que se hab�a institucionalizado en m�, escuchar su voz, sus problemas, sus logros, me hac�a sentir que segu�a vivo. Ella hac�a que mis defectos cari�osamente desaparecieran y mejoraba mis talentos y habilidades con su apoyo, me inspiraba a escribir.
Supe que era para m� un martes de soledad eterna en el escritorio de mi departamento, cuando estudiando para dar un examen que sab�a que iba a aprobar, me distra�a pensando en ti; mis ojos se enfocaban en el libro y en las infinitas oraciones y palabras del compendio de derecho penal 1, pero mi mente volaba hacia donde se encontraba; ella en su cuarto, ella en el centro comercial, ella en la cocina, ella junto a mi. Nunca pude dejar de pensar en ella. Al d�a siguiente reprob� el examen, no me import�, pero a mis padres s�. Es curioso como la mente se puede llegar a concentrar en lo que de verdad le importa y dejar de lado otras cosas peligrosamente.
Fuimos al cine, a ver la pel�cula m�s triste de la cartelera, era un d�a particular; lo supe porque el reloj comenz� a fallar desde la ma�ana. Antes de irme a la Universidad lo iguale con la hora exacta anunciada en la radio justo antes de tocar nuestra canci�n favorita. Ya por la tarde, despu�s del tedio diario de las clases, supe que era el momento de dec�rselo, de admitir que estaba loco por ella, que mi vida cambi� para siempre cuando la conoc�, que cuando estaba con ella mi coraz�n romp�a el record mundial de palpitos por segundo, que no pod�a pensar en casos o leyes porque ella ocupaba todo mi pensamiento. Aquella tarde, cuando sus ojos color caramelo brillaron con la luz del �nico faro que iluminaba aquella calle, era la situaci�n perfecta, el momento preciso, pero simplemente las palabras no brotaron, se quedaron dentro de m� y entramos a aquella sala de cine como dos mimos sin imaginaci�n.
Al salir pudimos escuchar la canci�n que hab�a escuchado en la ma�ana juntos; fue en ese instante que todo a nuestro alrededor se detuvo, mire a mi reloj y avanzaba con normalidad, fue entonces cuando me di cuenta que los �nicos que nos mov�amos �ramos ella y yo; s� que exactamente ese rato pude agarrarla de la mano y decirle todo lo que sent�a por ella, pero no pude nuevamente porque contra todo pronostico, antes de mis palabras la agarr� entre mis brazos y logr� abrazarla con toda mi fuerza. La luz de la luna estaba sobre nosotros, el tiempo detenido y no pude ni siquiera murmurar un �te amo�.
El reloj se detuvo en ese momento; todo comenz� a moverse con normalidad. Ocho de la noche con cuarenta minutos; era un d�a de Abril. No pude evitar verla, estaba con los ojos cerrados, abraz�ndome. El viento susurraba y se mezclaba con el sonido de las olas rompiendo en la costa. Desde donde est�bamos se pod�a observar la oscuridad del mar hacia el horizonte y hac�a fr�o; pero no nos importaba porque aquel abrazo con los ojos llenos de l�grimas nos calentaba a pesar de todo; a pesar del momento que Dios me concedi� y desperdici�, a pesar del ambiente de amor que el destino arm� para m�; s�lo est�bamos concientes de ese momento, el mar y aquel beso que no pudimos darnos aquella noche.
Mi reloj nunca volvi� a andar...
�D�nde est�s Y�sica?

Los mitos populares indican que, una vez en su interior, en medio de las sombras y adentrados en el polvo y la suciedad, se pueden o�r las voces de las personas que alguna vez entraron a ese misterioso mundo.
-�La pintura se mueve!- grit� Y�sica mientras desaparec�a entre el color ocre rojizo.
Era de noche, no sabia si seguir caminando para llegar a casa o dormir en alg�n lugar del bosque, pero �Los animales salvajes? Quiz�s era mejor buscar una casa abandonada y pasar la noche, no creo en fantasmas, tampoco en almas que buscan una nueva v�ctima.
-�Qu� cansado! �Estoy aburrido de caminar �- dije mientras alumbraba los �rboles, camino hacia la supuesta casa que abriera sus puertas para que yo pueda dormir en uno de sus viejos muebles.
Segu�a caminando, no sent�a los pies, hasta que divise a lo lejos, una casa era muy grande y la luz de la habitaci�n m�s alta estaba prendida.
-�Al fin! Es una casa muy antigua, pero si la luz esta prendida es por que hay personas que habitan este lugar- exclam� mientras cruzaba una puerta muy extra�a, sent� un fr�o �nico, sarc�sticamente dije: �Prefiero dormir en el bosque, este lugar parece embrujado�.
Abr� el port�n que estaba cubierto de plantas secas por el tiempo, era imposible pensar que alguien pudiera vivir en esa casa.
-�Hola? � pregunte mientras sub�a las misteriosas gradas hac�a aquella habitaci�n que tenia la luz prendida.
Al llegar, se escuchaba el sonido de una caja musical; muy preocupado toque la puerta para que consiguiera hablar con la persona que estaba ah�, as� quiz�s podr�a pasar la noche en esa antigua casa.
-�Bienvenido!- dijo una ni�a, que ten�a puesto un vestido muy hermoso, era rosado y largo, parec�a una princesa salida del cuento m�s bello que un ni�o podr�a escuchar.
- �Hola! Siento mucho el subir a tu habitaci�n sin preguntar antes �D�nde est�n tus padres? �C�mo te llamas?- dije muy asombrado por la belleza de esta ni�a, pero sent�a que hablaba solo.
- Me llamo Y�sica, mis padres no vendr�n esta noche � dijo la ni�a, en ese momento par� el sonido que proven�a de la caja musical.
- Bueno, me gustar�a pasar la noche aqu�, estoy perdido en el bosque, espero que ma�ana pueda platicar con tus padres- exclam�, ya que me sent�a muy extra�o en ese lugar.
- Mis padres llegar�n, cuando El les deje venir; si deseas puedes dormir en los muebles de la sala, pero no toques nada- dijo la ni�a, muy triste pero a la vez se pod�a contemplar un rostro macabro.
Baj� las gradas, y al voltear la luz de la habitaci�n estaba apagada; sent� un viento muy fr�o, pero no preste atenci�n, podr�a ser una simple casualidad.
Mientras pensaba en la ni�a, preguntaba a mi alma por qu� sus padres la dejaban sola en una casa tan grande; ya estaba conciliando el sue�o cuando sent� que un bulto se acost� al lado mi�.Era un bulto muy pesado, me aplastaba. Recuerdo que palp� algo verdaderamente duro, pero conforme iba tocando sent�a que era como si una persona estuviera ah�.Empec� a rezar hasta quedar profundamente dormido.
Al abrir los ojos, lo primero que pude observar fue la luz del sol.
-�Qu� pas�? �D�nde estoy? �D�nde esta la casa? �D�nde est� Y�sica? � preguntaba al vac�o, esperando a que me de una respuesta.
Al observar muy bien el lugar, me di cuenta que no estaba en una casa, me encontraba en un cementerio.
Muy preocupado busqu� la forma de salir d ese lugar, mientras caminaba escuchaba una respiraci�n fr�a y lenta. Empec� a correr y tropec�.
-�Y�sica Calancho Tapia!- grit� mientras le�a el nombre de una de esas tumbas �Dios m�o! La ni�a de aquella casa ha muerto en 1876.
Segu�a caminando, muy asustado hasta que anocheci�, caminaba cada vez m�s r�pido; sin embargo no encontr� salida alguna.
-Aquella casa, la buscare nuevamente, seguramente todo es una simple casualidad- dije, hasta que divise ese lugar, las luces estaban apagadas y toqu�.
- �No entres! �Qui�n eres? �Sal de este lugar! �Nunca mires los ojos de la ni�a! �Ella mat� a sus padres! �No te acerques al cuadro! � dec�an unas voces que se escuchaban desde las habitaciones de esta enigm�tica casa.
No prest� atenci�n, segu�a tocando hasta que la ni�a me abri� la puerta.
-�Hola Manuel! �Por qu� te haz ido tan r�pido ayer?- me preguntaba la ni�a.
- Lo siento Y�sica, pero pas� algo muy extra�o, despert� en un cementerio; creo que todo fue un mal sue�o- dije mientras segu�a a la ni�a que cada vez caminaba mas r�pido, pero �C�mo puedo decir qu� caminaba? cuando no pod�a observar sus pies.
- �Quiero que mires algo muy bonito que pint� para ti! � exclamaba la ni�a, cogiendo mi brazo muy toscamente.
- Est� bien, pero no seas muy torpe conmigo- expres� mientras Y�sica me llevaba hac�a una habitaci�n muy oscura.
- �Mira! Es algo que hice para ti y para las personas que tambi�n me visitaron alguna vez- grit� la ni�a.
Pude observar una pintura hecha con colores muy oscuros, era una vivienda, dentro de ella se apreciaban a diferentes personas; hab�an ni�os, ni�as, se�oras y ancianos.
-�Otras personas tambi�n te visitaron peque�a?- cuestion� mientras apreciaba aquel cuadro , me llamaba mucho la atenci�n el color ocre rojizo de una puerta, al divisar muy bien, descubr� que era Y�sica , presentaba un rostro muy amargo y melanc�lico, llevaba el mismo vestido que pose�a en ese momento.
- Manuel, yo tengo 80 a�os �Quiero qu� seas parte de mi pintura!- dijo la ni�a, su voz era muy fuerte, pero tambi�n pude o�r muchas voces en una palabra que ella articulaba.
- D�jame ir, no quiero ser parte de tus dibujos �Qui�n eres?- exclam�.
- Ya no puedes irte, el que entra a mi habitaci�n, no sale nunca m�s- dijo la ni�a, en realidad dijeron las voces que escuch� en ese momento.
- �La pintura se mueve!- grit� mientras desaparec�a en el color celeste del cielo de aquella pintura.
Desde ese d�a, se escuchan gritos de las personas que quedaron atrapadas en la pintura; Manuel est� esperando por ti, para poder salvar su alma.
Ocaso frente al mar
�Todo lo que se hace por amor, se hace m�s all� del bien y del mal�Friedrich Wilhelm Nietzsche
�Pr�cticamente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor�
Erich Fromm � �El arte de amar�
Observabas el mar crudo y tranquilo� Sentado en una fr�a roca, pensando en la incre�ble cantidad de peces que estaban nadando libres en aquella agua azul te�ida de rojo por el ocaso. �Hay muchos peces en el mar�, que ir�nico. El viento te roza y escuchas recordando dentro de ti�
- �Qu� tiene de malo? �pregunt�-
- Es menor que t�.
- �Y? -insist�-
- �No te parece mal?
- Para el amor no hay edad.
Desde aquella tarde cuando inicio, todo ha cambiado�
Era una tarde normal de prisioneros, hombres g y soda stereo, en el reproductor de m�sica. Tirado en la cama bocabajo entre sue�os y atenci�n a una lectura de ciencias sociales, son� el tel�fono celular.
- Al�
- Hola � escuche por el auricular- �Qu� haciendo?
- Hola Pao, ac� aburrido entre lectura y ronquidos.
- Jaja �Por qu� no vienes a mi casa?
- �A tu casa? � me extra�e- �Para qu�?
- No lo s�, estoy aburrida y no hay nadie en mi casa.
No sab�a que contestar en ese momento. Paola era mi amiga desde hacia mucho tiempo, pero, era curioso, nunca hab�a ido a su casa, pero sab�a en donde quedaba; adem�s, no sab�a nada de su familia; en cambio ella si conoc�a a mis pap�s y a mi peque�o hermano. Por lo general siempre sal�amos al cine o simplemente a alg�n parque cercano a caminar y re�rnos de la vida o a chismear de nuestros fracasos amorosos, como siempre. Era como si alg�n tipo de barrera m�gica o el destino no quisieran que conozca a su familia y su hogar.
- Excepto mi hermana � a�adi� de repente-
- �Tienes hermanos? � le pregunte confundido-
- S�lo una hermana menor, ven para que la conozcas.
- Bueno �me anime-
- OK, te espero.
- OK, nos vemos Pao- me desped�.
Apague la voz de Cerati en el reproductor. Me cost� demasiado levantarme de la cama, entrar a la ducha y luego vestirme apropiadamente para salir en condici�n de �visita�; sin embargo, luego de unos cuantos minutos me encontr� cambiado, un poco de colonia por aqu� otro por all� y listo.
- Adi�s �grite-
- �A d�nde vas? � escuche la voz de mi madre lejana-
- A donde Pao- grite nuevamente-
- Ahhh le mandas saludos � contesto-
- Ya, no te preocupes, ya vuelvo.
Luego de bajar los cinco pisos del viejo edificio donde viv�a, a pie para hacer un poco de tiempo y ejercicio, porque como se sabe la hora peruana es regla en este pa�s; llegue por fin a la avenida que deb�a seguir para llegar a casa de Paola. El paisaje era pintoresco; la avenida se extend�a con sus largas pistas grises; al medio, vegetaci�n en la separaci�n de ambos sentidos, algunos �rboles crecidos hac�an sombra cada diez pasos; y la vereda transitada por unas cuantas personas y alguno que otro vigilante del serenazgo. Todo estaba demasiado tranquilo en ese instante. Era demasiado raro, sent�a emoci�n y una curiosidad enorme por ir por primera vez a la casa de Paola.
Al cabo de unos veinte minutos m�s o menos llegue a su puerta. Toque el timbre y al cabo de un tiempo sali� a abrirme mi amiga Paola llena de alegr�a como siempre, con su cuidado cabello rizado marr�n oscuro, ojos caf� que combinaban con su cabello, muy linda Paola, pero nunca la vi como �algo m�s�.
- �Se�or! �Por qu� tardo tanto?
�Al diablo con la hora peruana� �pens�-
- Te conozco mujer, te di tiempo para que te arregles -trate de excusarme-
- Tu siempre �sonri�-
- Bueno la cosa es que ya estoy aqu�
- Si, pasa de una vez
Por primera vez atravesaba aquel portal y entraba a aquel chalet en el que viv�a Paola, el cual s�lo hab�a visto en su cumplea�os n�mero diecisiete cuando fui a recogerla para ir a cenar con nuestros amigos. Por fin pude observar a sus padres en retratos colgados o puestos en marcos de cer�mica se parec�an mucho a ella; cuando entre sent� el aroma familiar del horno. Galletas -pens�- genial� En ese momento pasamos a la sala, Pao me invito a sentarme en sus c�modos sof�s verdes y sali� para la cocina. Ese momento observ� que hab�a un televisor bastante grande, lo encend�, puse el canal de m�sica y, apocal�pticamente, el d�o de Sin Bandera comenz� a cantar, lo recuerdo bien:
�Buenas noches mucho gusto eras una chica m�s,
- Miguel, te presento a Lucero �escuche la voz de Paola a mis espaldas-
Volte� y observe anonadado a Lucero. Desde aquella vez, se imprimi� en mi mente su imagen como una fotograf�a instant�nea. Una ni�a demasiado linda, cabello negro lacio, ojos pardos, demasiado perfecta de facciones tiernas e indescriptible blancura.
despu�s de cinco minutos ya eras alguien especial
- Ho-ola � conteste todav�a un poco bobo-
- Hola, �c�mo est�s? � me dijo con voz de angelitos-
sin hablarme sin tocarme algo dentro se encendi�
- �Est�s bien? �me pregunto Paola extra�ada-
en tus ojos se hacia tarde y me olvidaba del reloj
En ese instante me di cuenta del papel�n que estaba haciendo y me recupere un poco sonrojado.
- Si, estoy bien �simul�-
Ment�a, no estaba bien, estaba embobado, �enamorado a primera vista�, completamente idiota. La canci�n segu�a lentamente, pero nada importaba en mi mente. En ese instante not� que Lucero tambi�n se sonrojo.
- Micky, hicimos galletas, espero que te gusten.
- Seguro que si te gustaran, hay de chocolate y vainilla �a�adi� Lucero- ya las traemos.
La mire de nuevo, esta vez recib� una sonrisa. En ese momento salieron ambas hermanas hacia la cocina. Me qued� pensativo, reflexivo, casi so�ando despierto, mientras terminaba la canci�n�
Te comenc� por extra�ar, pero empec� a necesitarte� luego�
Lucero y yo nos volvimos mucho m�s que amigos, iba m�s seguido a su casa, charl�bamos y nos entreten�amos juntos. As�, poco a poco, nos fuimos conociendo, la invite un par de veces a comer un helado, a pasear y luego�
- Ten�as que ser hermana de Paola �le dije-
- Ja ja, que gracioso �me contesto Lucero sarc�sticamente-
- Al fin llegaste. Bueno �Qu� quieres ver? -le pregunt�-
- Algo rom�ntico �me dijo con tono de ni�a engre�da-
- Veremos que hay �contest�-
Al final entramos a ver una pel�cula rom�ntica como Lucero quiso; sin embargo, no import� la pel�cula� Import� lo que pas� viendo la pel�cula� Con tanto �amor en el aire� o en la pantalla, mi mano se junto con la suya y nuestros dedos se entrelazaron. No necesite ver su rostro en la oscuridad, sent� como su calor se transportaba a sus mejillas para tomar el color rojo que observ� en ella aquella tarde en que la conoc�. Al terminar la pel�cula nuestras manos segu�an juntas y as� siguieron hasta en el restaurante en el cual tomamos �milkshake� de chocolate y de vainilla como las galletas de aquel d�a. Curiosamente, no hab�amos abierto la boca para hablar desde que entramos al cine. Terminamos de tomar nuestras bebidas en silencio y salimos caminando a ver el mar esa noche al borde del mirador de aquel centro comercial que se convertir�a en nuestro lugar preferido desde ese momento.
- �En que piensas? �rompi� el silencio Lucero-
- En ese mar, el cielo y las estrellas �respond�-
- Lindo todo �no? �me dijo- Gracias por la salida Micky-
- De nada chiquita
Ambos mir�bamos el horizonte, s�lo nos iluminaban los faroles del centro comercial y la luz de la luna. En ese momento se reinici� el silencio de aquella noche de luna, noche perfecta para�
- Lu� -le dije-
- Dime� -pronuncio curiosa e inocente-
Justo despu�s de esas palabras nos miramos cara a cara, nuestros rostros se un�an poco a poco y sent� en ese momento que las palabras brotaron naturalmente. Y en ese momento empez� nuestro amor junto con sue�os e ilusiones, pero tambi�n los riesgos y el secreto, el rechazo y los problemas. Sin embargo, en ese momento lo �nico que importaba era aquel beso, el roce continuo de nuestros labios; sus brazos alrededor de mi cuello y mis manos en su cintura; en ese momento no importaba nuestra edad, Paola, su hermana y mi amiga, tus padres, los m�os, no importaba nada. S�lo aquel momento�
- Soy feliz �dijo Lucero mientras me abrazaba con todas sus fuerzas-
�Yo tambi�n, Lu, yo tambi�n��
Con el paso del tiempo, cumpl� dieciocho, Lucero trece y ambos un a�o en el amor de anonimato. Por ese tiempo me regalaron un Toyota negro, me encantaba manejarlo. Era incre�ble, pero lo manejaba siempre que consegu�a dinero para la gasolina; los mejores paseos los hac�a con Lu, ella y mi auto �Qu� m�s pod�a pedir? Los dos sab�amos lo que quer�amos cuando est�bamos juntos: tomarnos de la mano, unos cuantos besos y disfrutar del paseo. Nos am�bamos y eso era lo importante, lo meritorio hasta ese momento era que nadie lo sab�a, ni siquiera Paola quien juraba que Lucero estaba en actividades extracurriculares del colegio y yo en clases de Franc�s, claro que hubo ocasiones donde tuvimos que elaborar m�s nuestras excusas para salir porque Paola quer�a salir conmigo a pasear o a contarme de sus amores� Entonces Lu se molestaba conmigo porque era una completa celosa, pero as� la amaba, mi infantil y preciosa ni�a.
Un d�a despu�s de un paseo por el centro comercial, nos dirig�amos a su casa, en realidad a una cuadra antes para que no vieran a Lucero conmigo. �bamos llegando�
- Miguel� -me habl� t�midamente Lucero-
- Dime Lu �le dije manejando-
- Puedes detenerte un momento.
- Normal �le aclare mientras estacionaba el auto- �Pasa algo?
- No, nada. S�lo que�
��Lucero! �Miguel!� escuchamos desde afuera del auto. Era Paola� �Diablos, piensa piensa� en ese momento nuestras manos se soltaron de golpe.
- Pa-ola �dijimos al un�sono muy impresionados los dos-
- �Qu� hacen aqu�?
Entonces, mis recuerdos se interrumpieron con el sonido de la bocina de mi auto, me par� de la roca sobre la cual me encontraba pensando volte� y volv� a ver a Lucero como la vi aquella tarde, pero ahora sentada en el asiento del auto, determinada a irse conmigo hacia alg�n lugar donde podamos ser felices juntos; yo y ella con su cabello negro y sus ojos pardos mir�ndome con ternura...
Reflejos

Los espejos siempre han sido objetos temibles al no saber muy bien lo que reflejan ni quien los habita cuando nadie mira.
Los espejos tienen un misterio, ocultan secretos que quiz�s nosotros no podemos percibir. Desde tiempos remotos, los espejos han sido siempre un enigma y han producido temor, los espejos siguen siendo considerados por muchos, puertas de conexi�n con otros mundos alej�ndose de la realidad o quiz�s sean medios para poder robar el alma de los mortales.
El tiempo pasaba muy r�pido y las cosas ya estaban listas, la abuela solo se encargaba de guardar al perro.
Era la primera vez que compraban una casa fuera de la ciudad y Rayza se sent�a muy emocionada, pensaba en las cosas que encontrar�a, ya quer�a estar ah� y divisar el campo, dormir en medio de la soledad tan s�lo escuchando el cantar de los p�jaros, pensaba y pensaba hasta que qued� profundamente dormida.
-Hija, ya llegamos a Urubamba �Lev�ntate! � exclam� su madre mientras sacaba las cosas del auto.
Rayza, empez� a observar el lugar y vio una extra�a casa, era muy grande pose�a infinidad de puertas y ventanas, parec�a que en el lugar solo exist�an la casa y el campo.
Arreglaron la casa completamente, se encontraba llena de polvo, pero el simple hecho de ver los hermosos cuadros que guardaba en su interior, animaban a aquella familia a seguir trabajando en la limpieza.
El aburrimiento se cura con curiosidad. La curiosidad no se cura con nada.
Rayza, estaba muy cansada as� que decidi� investigar que cosas hab�an en esa casa, era muy antigua y eso aumentaban las ganas de saber que secreto podr�a guardar esta morada.
Baj� las viejas escaleras, hac�an demasiado ruido; vio una puerta y decidi� entrar.
-Qu� extra�a habitaci�n, quienes habr�n habitado antes este lugar- dijo Rayza, mientras observaba las cosas que se encontraban en la habitaci�n, hasta que vio un espejo; era colosal, conservaba un marco de madera muy viejo.
- �Este espejo es muy hermoso, lo llevar� a mi habitaci�n para poder utilizarlo!- Repet�a Rayza- �Pap�! �Pap�! Necesito que lleves este lindo espejo, ser� m�o.
Pasaron los d�as y Rayza miraba su rostro constantemente en el espejo, viv�a obsesionada con su imagen, no quer�a salir de casa, no participaba en fiestas familiares, solo observaba la belleza que guardaba el espejo. Mientras se miraba en el espejo empez� a observar unos fen�menos muy extra�os; vio una especie de sombra redonda peque�a que sali� del espejo y salt� a su cama; asustada corri� y no dijo nada a sus padres de lo sucedido.
Las noches para Rayza se hac�an muy largas, pues sent�a que alguien sal�a del espejo y se sentaba a observarla.
Una noche Rayza quiso saber quien era la persona que sal�a del espejo, pensaba que era una broma hecha por sus padres para dejar la vanidad.
Son� el reloj y marcaba las 3 de la ma�ana y Rayza sinti� que alguien se sentaba en sus piernas, mir� cuidadosamente y divis� a una ni�a, ten�a cabello muy largo y ondulado, era de tez blanca pero no pose�a ojos ; llevaba en sus manos una mu�eca muy vieja, llevaba puesto un vestido azul manchado de sangre.
Rayza temblorosa empez� a dormir, rezaba para que aquella ni�a no le haga da�o.
Fue un viernes de 1994, era cumplea�os de Rayza, ella intent� olvidar lo sucedido la noche anterior, pero los recuerdos siempre estar�n marcados en nuestras mentes.
-Hijita, hoy cumples 11 a�os y me siento muy emocionada- dijo su madre mientras arreglaba el cabello de Rayza.
Es cierto, Rayza cumpl�a 11 a�os, la fiesta hab�a terminado y ella muy cansada subi� a su dormitorio, pero sent�a temor pues no quer�a encontrar nuevamente a aquella ni�a.
-El mundo gira y gira sin parar, cuando se detenga yo vivir�- dijo una voz muy triste.
Rayza, muy curiosa ,quiso saber quien cantaba, sali� de su habitaci�n y buscaba de donde proven�a esa voz que cada vez se hac�a mas fuerte, cada vez se hac�a mas d�bil, hasta que ella volvi� a su dormitorio, al cerrar la puerta vio a la ni�a sentada .
-Hola Rayza, hoy cumples 11 a�os, me gustar�a jugar contigo- dijo la ni�a, con una sonrisa maquiav�lica dibujada en su rostro.
- �Qui�n eres?- pregunt� Rayza, muy asustada.
- No me extra�a que no me conozcas, eres una simple mortal, siempre te ve�a a trav�s del espejo, fueron tantas veces que llamaste mi atenci�n y sal� de mi mundo para conocerte � dijo la ni�a
- Es de noche y nadie nos molestar�, esta bien �Vamos a jugar!- dijo Rayza- Pero no demoremos mucho, por que mi madre puede enojarse.
- Tengo muchas piedras de colores, debes adivinar que colores son y te las voy a regalar, pero si no adivinas seguir�s jugando hasta adivinarlas- dijo la ni�a, mientras sacaba las piedras.
Jugaron por mucho tiempo, hasta que amaneci�; la madre de Rayza empez� a llamarla.
-Oye, ya es muy tarde debo ir a desayunar- dijo Rayza muy cansada.
- Tienes que ganar si realmente quieres salir de tu habitaci�n �Vamos Rayza!� Sigamos jugando!- exclamaba la ni�a.
- Est� bien- dijo Rayza.
Jugaron y jugaron, hasta que Rayza gan� y quiso retirarse.
-Quiero irme, d�jame salir, cumple tu promesa- dijo Rayza, lloraba inconsolablemente.
-No solo que el alma de los muertos queda atrapada en los espejos sino que, adem�s, el anima en transito de quien acabara de fallecer puede arrastrar con ella el alma de los vivos hacia el misterioso universo de las sombras. �No sabes lo que te aguarda Rayza? Pobre mortal, todo el tiempo que haz jugado conmigo, fueron 48 a�os de tu vida �Quien crees que era la que aparec�a en la superficie del espejo cuando te pones frente a el? Era yo, yo he muerto aqu� y me rob� tu ni�ez- dijo la ni�a mientras reia.
Rayza quiso salir de su habitaci�n, pero se dio cuenta que estaba encerrada en el espejo.
Rog� mucho a la ni�a, hasta que logr� escapar.
-�Mam�! �Pap�!- gritaba la pobre ni�a.
Rayza se encontraba en otra casa, con otras personas, empez� a llorar y solo pidi� que si su destino era quedar atrapada en el espejo, su �ltimo deseo era despedirse de sus padres.
Los duendes y almas del espejo le permitieron cumplir este deseo.
Toc� el timbre de una casa extra�a, aun llevaba la vestimenta de aquel d�a, del d�a de su cumplea�os.
Una anciana le abri� la puerta, era su madre consumida por la tristeza y los a�os.
-Hija m�a �D�nde te haz perdido? A�n tienes 11 a�os � dijo su madre con los ojos llenos de l�grimas, mientras abrazaba a su hija que aun era una ni�a.
- Fue muy grande la curiosidad y la vanidad que tuve, ahora vivir� eternamente detr�s del espejo, los duendes me dejaron venir, yo te amare por siempre mamita, quiero que nunca te olvides de mi- dijo Rayza mientras desaparec�a en la oscuridad de la noche.
Ese espejo sigue en aquella casa, es temido por todos los habitantes y nadie quiere mirarlo.
Viniendo...

�No volver�s a mirar tu reloj, ese objeto inservible que mide falsamente un tiempo acordado a la vanidad humana, esas manecillas que marcan tediosamente las largas horas inventadas para enga�ar el verdadero tiempo, el tiempo que corre con la velocidad insultante, mortal, que ning�n reloj puede medir�.
�Aura� � Carlos Fuentes
�Caminante son tus huellas el camino y nada m�s.
Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar�.
�Caminante no hay camino� - Joan Manuel Serrat (Poema de Antonio Machado)
Sientes el aire que comienza a entrar por la ventana del asiento que ocupas; as� descubres que te encuentras ah� y no en otro lugar, a�n vives al parecer. Cada cierto tiempo, tambi�n, piensas en lo extra�a y pasajera que se ha vuelto tu vida. Vives en dos ciudades, piensas doble y en todo lo que eso implica, dos realidades dentro de ti, un coraz�n dividido. Edificios, casas; piedra, cemento. Autobuses, aviones; lecturas, m�sica. Respirar, vivir. Sin embargo, todo se reduce al camino, a ese largo camino que ahora recorres.
Comienzas tu recorrido pasando los puentes, conexiones entre el aqu� y el all�, San Luis, Aviaci�n, Guardia Civil. Que importa, todos tan iguales, pero diferentes. As� esta ciudad no parece tan grande, es el comienzo. Observas, entre ambas v�as p�blicas, una especie de zanj�n por donde los autom�viles peque�os y particulares, cada uno con su historia, Cortazar y autopista al sur, todo lo que implica la universidad y sus miles de lecturas; autos, cientos, miles, empiezan la lucha de todos los d�as por tratar de llegar a tiempo a sus destinos, algunos lo lograr�n, otros, como es obvio, no. Pasas por alto los diversos paneles de publicidad, te aburren; Observas sin atenci�n el cielo m�s gris y t�trico de todo el mundo, como dicen.
Miras las calles cuesta arriba, de casi ochenta grados, San Blas de calles empedradas y estrechas se abre, al menos lo que puede, para dejarte pasar. Ves la �paccha� y tus sue�os de ni�o vuelven como pinceladas de un cuadro en blanco de la mente; la capilla de tu bautizo, los paseos con tus padres, la vendedora de picarones, remolino desordenado de recuerdos. Interpretas tu melancol�a como quieres, se te humedecen los ojos y se te hace agua la boca. Crees dormir; pero el sonido de los fuertes vientos duerme aquel pensamiento, idea fugaz de un d�a complicado, lleno de complejos recuerdos, al estilo socr�tico plat�nico de la clase de filosof�a: reminiscencias del alma que nacen de uno mismo.
Te arrepientes profundamente. El viaje te sumergi� en un tremendo tr�fico. Lo sabes, est�s en el centro, centro apretado, colonial por completo, criollo, de ambulantes y sem�foros art�sticos mal pagados. Alfonso Ugarte, Bolognesi, Plaza San Mart�n. Alma, coraz�n y vida. Del puente a la alameda. Logras observar el Palacio de gobierno, central del problema. Actual sede de patrimonialismo, centralismo y dem�s males; de b�squeda del salvador de este pobre, pero rico pa�s. Te detienes demasiado. �Maldito tr�fico! Disculpen las molestias� Obras en construcci�n. �Al carajo! Todo te parece irreal, conflictivo. Triste y resignado, te lo callas, pero lo gritas, en tu interior.
Dejas de sentir el smog de los veh�culos del centro; hace fr�o. Sientes que el aire se hace m�s puro conforme te vas alejando del mestizo centro de la ciudad del sol. As� te das cuenta, te encuentras bajando por la avenida El Sol. Parte de una ciudad que debieron pisar tambi�n los caballos de los conquistadores de los que hablaba Chocano. Inmuebles diversos, multiuso. Bancos, centros comerciales, tiendas, hoteles, de todo. Luego, en medio de todo, un palacio, no de reyes, sino de los s�bditos de la ley. En medio de la calle, te impresiona un cuadro que viste a trav�s de la ventana; carajo. Una se�ora cansada sentada en el piso con sus dos hijos y una lata en el piso.
Percibes Miraflores y el olor del mar, la larga avenida Arequipa, no ves el Misti; empieza la avenida Larco. Llegas al borde del abismo, observas el mar crudo y tranquilo, agitado y azul, celeste, como los ojos de tu madre. Cierras los ojos por un momento y te trasportas a la mitad de la playa, playa que jam�s te gusto tocar, arena, sol y todo lo que detestas, por eso huyes en verano, por eso te gusta m�s tu fr�o andino que un verano capitalino. Neutralizas tu mente y emprendes la marcha nuevamente. El recorrido que nunca acaba, el recorrido de lado a lado. De arriba abajo, de abajo a arriba. De aqu� para all�, de all� para aqu�, a ning�n lado.
Vislumbras lejanos los cerros que abrigan la ciudad, tiemblan tus sentidos; sientes un escalofr�o, hace m�s fr�o. Dejas de distinguir el este, oeste, �D�nde era el sur? El norte ya no te importa. La avenida de la Cultura se extiende a lo largo de tu vista, una universidad, el billar preferido, fotocopiadoras, restaurantes, casas. T� observas pensando, reflexionando de mil cosas que se te vienen a la mente, el amor, llegar, leer, el amor. Entonces, empieza en tus aud�fonos Pensando en ti. Mago de Oz, tu preferido, el �nico. Espa�oles, cabrones. Pobres Incas, mazos contra arcabuces, desigualdad que perdura.
El pasar del tiempo no te preocupa, s�lo piensas en lo larga que esta autopista, Javier Prado, en lo largo que es el camino para llegar all�, en las distintas calles de San Isidro con nombres de vegetaci�n que la atraviesan, Pinos, Robles, Geranios, �Cochayuyo? El largo tiempo que duran los distintos sem�foros que detienen el tiempo en la autopista. Sin embargo, tu vida no se detiene y contin�a lineal y eterna mientras as� Dios lo permita. Contin�as ah�, metr�poli de los sue�os, vida r�pida, totalmente distinta a la que tuviste durante once largos a�os, tranquila, pueblerina, de rumores, amores y desencantos, pero feliz. Escuchas las cuerdas de la guitarra, Todos vuelven a la tierra en que nacieron, una colaboraci�n. Un sol por la m�sica.
La ventana te muestra Santo Domingo, aquella iglesia colonial donde hiciste tu comuni�n cuando eras chico, plantada sobre cimientos de una cultura milenaria que vivi� hace muchos a�os por donde t� pasas en ese momento. Miras la calle Zetas, la m�s estrecha que haz visto en todo el recorrido; cruzas con temor, a los costados antiguas casonas a punto de caer por la antig�edad del adobe de sus muros. Como cae la lluvia repentina del momento que luego para, y luego contin�a por tandas, como l�grimas de Dios. Sientes tristeza, recuerdas aquel d�a en que te llego la llamada de tu madre despu�s de un devastador temblor en tu maltratado pa�s, se te viene a la mente Cerati, Cuando pase el temblor; y luego esperanza, Color esperanza con tu hermana en medio de la sala, guitarra y voz.
Contin�as por la Javier Prado, te das cuenta lo larga que es, observas los edificios de grandes compa��as pasar como gigantes modernos de vidrio y cemento paseando por la Ciudad de los Reyes, que, podr�as apostar, nunca en sus tiempos, ni en sus sue�os, pensaron en ellos. Sin embargo, los tiempos cambian; como cambia tu pensamiento, las im�genes y todo dentro de ti en este largo recorrido en el cual est�s metido, sin otra opci�n. Desde la canci�n que escuchas, en ese momento Every rose has its thorn, en tu reproductor hasta la lectura que tienes pendiente en casa, las lecturas, Fundamentaci�n de la metaf�sica de las costumbres, El problema del mal en San Agust�n, La casa de cart�n, Manual de relaciones internacionales; primero piensas locazo �no? Luego, preocupado, simplemente dices �mierda!
Llegas, al cabo de un rato, al pueblo dentro de la ciudad, San Sebasti�n. Observas a trav�s de la ventana. Calles empedradas, casas de barro con puertas azules o marrones de madera, bodeguitas y unas cuantas cantinas, lo sabes por las bolsas rojas colgadas en largos carrizos que sobresalen de las puertas o, simplemente, por una antigua mesa de madera corro�da por el tiempo con un gran balde de chicha blanca o frutillada encima. Y observas, como en todo el trayecto, con placer el cielo azul de tu querida ciudad manchado con una que otra nube gris o blanca como el humo blanco del cigarro de tus amigos. En fin, observas tu ciudad natal, pero siempre en tu mente explota el centralismo y tu incapacidad de quedarte por m�s tiempo, la constante infortuna de vivir con la mente en un lado y el coraz�n en otro.
No sabes a donde vas, no sabes si estas en camino o est�s de regreso. El camino te ha confundido. �Maldici�n! No lo sabes. Todo se acelera, Ves varias cosas, La avenida Brasil, el Condor, la Marina, el Quinto paradero, Sacsayhuaman, San Felipe, Procuradores, im�genes confusas, comienzas a dudar y piensas: �D�nde diablos est�s?

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Fantas�a Herida
Amar es correr el riesgo de no ser correspondido.
Todos pensamos que existe el amor verdadero, �ste har� que nuestros corazones se abran lentamente, sonr�es sin pensar en absoluto, estas nerviosa cuando no sabes nada acerca de esa persona, te sientes triste por el simple hecho de no verlo/la, en pocas palabras, en el mundo s�lo existen los dos.
Pero que pasa si esto no es rec�proco.
A�n recuerdo una frase muy peculiar: �Si te equivocas, no importa, hay que levantarse y empezar de nuevo, no hay nada peor que no haber amado nunca, y no abrir los brazos cuando necesitamos el abrazo�.
Era un martes, una noche muy fr�a, como suelen caracterizarse las noches cuzque�as, pero un martes muy especial, pues era su cumplea�os. Ella iba caminando por un barrio tradicional �San Blas�, muy afligida por que minutos antes hab�a peleado con su mejor amiga, muchas veces la tristeza hace que perdamos noci�n del tiempo o quiz�s no sabemos hac�a donde caminamos, pues este fue el primer motivo de toda esta historia.
Rocio s�lo pensaba en caminar, y choc� con un joven.
-Lo siento, ando muy distra�da- dijo ella, muy sonrojada mientras una l�grima recorr�a todo su rostro, no pod�a pronunciar m�s palabras.
- No te preocupes, �Por qu� lloras? - dijo aquel muchacho, muy sonriente �No creo qu� mi golpe haya sido muy fuerte? �C�mo te llamas?
Ella se sinti� muy avergonzada y no respondi�, simplemente contin�o su camino, recordando la sonrisa de aquel muchacho, nunca lo hab�a visto y sinti� curiosidad por saber quien era.
Rocio se froto los ojos llenos de l�grimas y dijo:
-Fue muy extra�o aquel encuentro- mientras re�a incontrolablemente.
Nadie sabe porque las cosas suceden, ni cuando, si no que se siente algo m�gico y especial.
Pasaron los d�as y el recuerdo que ten�a Roc�o de aquel muchacho desaparec�a poco a poco.
El destino no es lo que te va a pasar, sino lo que t� quieres que te suceda.
Rocio no quiso olvidar a aquel joven tan r�pidamente, ya que de una u otra forma sent�a algo extra�o cuando pensaba en �l; as� que decidi� buscarlo.
Curiosa, camin� por San Blas como aquel martes, ya eran las 11 de la noche y no ve�a al Joven, muy triste y desilusionada bajo las gradas de Carmen Bajo, escuch� un ruido muy extra�o y al intentar divisar, resbal�.
-Ten m�s cuidado, no busques morir antes tu hora indicada- dijo el joven, que hab�a ayudado a Rocio a levantarse.
Ella muy adolorida, no vio qui�n hab�a sido el que la auxili�.
-Muchas gracias- dijo Rocio, pero al ver muy bien al joven, reconoci� que era el mismo muchacho de aquel martes, �l que presentaba la sonrisa m�s linda dibujada en su rostro, aquel que indirectamente la ayud� a no seguir llorando por su amiga.
-�Espera! �C�mo te llamas?- pregunt� Rocio, muy emocionada por que hab�a hallado a aquel muchacho que con tanta intranquilidad y curiosidad buscaba.
- Mi nombre es Samael- dijo el joven, con un tono muy suave, tan suave que Rocio qued� impactada.
Ya era muy tarde y Rocio tenia miedo de llegar a su casa sola, as� que Samael la acompa��.
Mientras caminaban, ella sent�a que volaba, que su esp�ritu iba a otros planetas y regresaba a la tierra en una estrella fugaz, jam�s le hab�a pasado algo as�; no pod�a articular palabra alguna, solo escuchaba la voz melodiosa de aquel joven.
Al llegar a casa de Rocio, el joven muy educado se despidi�, pero ella quedo desconcertada y busc� formas para seguir en contacto con �l.
Pasaron los d�as y ella no pod�a olvidar a aquel joven, parec�a que lo conociera por mucho tiempo cuando solo hablaron un d�a.
La amistad entre ellos contin�o por un tiempo, pasaron momentos muy felices, Rocio jam�s hab�a sentido algo as�.
Como toda joven de la edad de Rocio, escrib�a todo lo sucedido en el diario que siempre llevaba bajo la almohada. Escrib�a cosas tan hermosas.
-Fue amor a primera vista, si, de esos que te duran para siempre. Me enamor� de su forma tan particular de sonre�r. Me enamor� de su piel blanca y suave, de su ropa casual y alegre, de su forma de ser, tan generoso con los dem�s y tan comprensivo conmigo- dijo Rocio en voz silenciosa, mientras anotaba todas sus ideas en el diario.
Qued� dormida entre el diario y los lapiceros de colores que ten�a, al despertar empez� a agradecer a Dios por la persona tan maravillosa que hab�a encontrado.
Mientras caminaba rumbo a San Blas, una nostalgia llen� su alma y empez� a llorar, ella no sab�a por que lo hac�a, sigui� caminando y no encontr� a Samael; muy triste retorno a su cobijo.
Transcurrieron muchos d�as y Rocio no sabia nada de Samael, lloraba d�a tras d�a, rezaba por �l para que Dios nunca lo deje solo y para que pueda encontrarse nuevamente con �l.
Muy triste qued� dormida, la libertad existe tan s�lo en la tierra de los sue�os. Rocio so�� con Samael, pero �l ten�a inmensas alas, eran blancas como la nieve y muy hermosas; alrededor tenia un jard�n de rosas que solo los Dioses pueden poseer, se encontraba en un lugar donde la calma y la paz eran reyes, donde solo el amor era el fin de todas las cosas.
-�Samael? �Qu� haces aqu�?- pregunt� Rocio muy aturdida.
- Rocio , tus constantes oraciones hicieron que Dios permita que me despida de ti, yo siempre estar� contigo , solo debes rezar , yo soy tu �ngel guardi�n, el d�a que llorabas por tu amiga , Dios me mand� para consolarte por que era tu cumplea�os , nunca dejes de tener fe , yo estar� para ti todas las veces que me necesites ,no ser� f�sicamente pero si espiritualmente- dijo el Arc�ngel Samael con una sonrisa en su rostro , pero tambi�n se pod�a apreciar tristeza.
Rocio corri� y le dio un abrazo, fue el abrazo mas triste que dio en su vida, pues se hab�a enamorado de alguien que nunca estar�a con ella.
Ella despert� y empez� a llorar inconsolablemente, abri� su diario y encontr� una imagen del Arc�ngel Samael.
Muy triste fue rumbo a San Blas, pens� que todo hab�a sido un simple sue�o, al llegar a la plazoleta vio a un tumulto de gente, curiosa se acerc� a ver.
-Es un joven de 19 a�os- dijo una mujer con los ojos llenos de l�grimas.
Rocio dio un grito, era Samael aquel joven, hab�a muerto atropellado minutos antes de que ella llegara.
Ella empez� a llorar y corri� sin un destino solo dec�a: �Comenzar de nuevo una y otra vez, como aquella noche, comenzar de nuevo, ya sin reproches; comenzar de nuevo, ya no hay nada atr�s�
Pasaron muchos meses, y Rocio no quer�a enamorarse nuevamente, ten�a miedo de que el amor que alg�n d�a entregara sea no correspondido.
Sin embargo, su madre la ve�a muy triste, quiso acercarse a ella, pero Rocio solo se alejaba; hasta que un d�a, su madre pudo establecer una conversaci�n.
-Hija, fue muy triste para ti la p�rdida de Samael, pero tienes una vida muy bonita por delante- dijo su madre, mientras la abrazaba.
-Mam�, es muy dif�cil superar todo esto, se que Samael me cuida, pero no puedo- respondi� Rocio, con una mirada de melancol�a.
-Despu�s de haber sufrido tanto, deber�as de darle la oportunidad a alguien que te ame; tu bien sabes que lo desea intensamente y tambi�n yo se que tu te lo mereces- exclam� su madre, dejando sola a Rocio.
Rocio, pens� en todo lo que hab�a sucedido y decidi� iniciar su vida, por que amar es correr el riesgo de no ser correspondido.
Presentaci�n
"Letters" - DeviantartMi nombre es Javier, soy un escritor principiante que gusta del g�nero del cuento; que comienza en un mundo de miles de historias y narraciones; espero, con el tiempo y al embarcarme en este gran viaje junto a Sandrita, poder perfeccionar poco a poco mis letras, plasmando en ellas mi imaginaci�n y las im�genes de mi mente en un espacio de creaci�n imaginativa que se extiende hacia el infinito�
Disfruto escribir. Necesito m�s que una historia y personajes; m�s que una l�nea a seguir o una t�cnica precisa; trato de sentir el cuento como si fuese yo quien la protagoniza. T� en la narraci�n, esa �foto mental� es ideal; a pesar de que todo quede en la ficci�n; trato de vivir lo que escribo.
Algunos nacemos con las letras impresas en la sangre que fluye por el cuerpo, otros quiz�s tengan de particularidad los n�meros, el arte, la m�sica, etc.
Nosotros nos guiamos por la magia de escribir, mi nombre es Sandra, y comienzo a ser parte de todo este mundo tan maravilloso, donde los �nicos habitantes son las letras, la forma de expresi�n m�s interna que puede poseer una persona, es muy interesante imaginar que hay detr�s de lo escrito, ver como los protagonistas empiezan a tomar vida propia, nos sumergimos en un mundo diferente, escapando de la realidad.
Empezamos as� un viaje al m�s all�, sin rumbo fijo�
Con ustedes y con el compromiso de continuarlo por mucho tiempo:
Un vuelo para dos...