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La niña en el cristal

¡Listo! Ahora imagina un espejo del tamaño que quieras, pero no más pequeño que tu cabeza. Se encuentra colgado en un pasadizo con paredes cremas, en una parte de tu casa que cruzas por lo menos siete u ocho veces al día, así que hay momentos de sobra para echarle al menos un vistazo. Apenas lo tengas en tu mente entenderás de qué va la cosa.

La tercera vez que vas por el pasadizo durante un día cualquiera te detienes frente al espejo y notas algo que no estaba ahí antes. Pero tras segundos de inspección comienzas a considerar la posibilidad de que sí lo haya estado y que, en todo caso, lo pasaste por alto cada vez anterior. Con la cabeza hecha un meollo decides prestarle atención finalmente.

Al inicio te divierte sus movimientos, los sigues como jugando, sonríes y aplaudes. Al rato, más relajado, te concentras en sus características, lo encuentras conocido en seguida, pero pronto pierde cualquier rastro de familiaridad. Ya aburrido y tú casi a punto de seguir tu camino, te preguntas cómo será la vida en ese otro lado. ¿Por qué seguir con la duda?

No pasa mucho tiempo hasta que te encuentras del otro lado y tu reflejo en donde tú comenzaste. Desencantada con lo que este nuevo lugar presenta, decides volver, pero ya no depende de ti. Ya no hay espejo, lo que antes era tuyo ahora no es más que una vaga imagen de lo que pudo haber sido, como tus recuerdos, como tus sueños. Y listo.


Hay quienes viven a través de ti, y quienes lo hacen por ti.

2010-03-09T21:51:00.003-05:00

A mi manera

De nuevo te escapaste, sin saber cómo regresar o si alguien volverá a traerte de vuelta. Pero a veces pienso que eso es exactamente lo que te gusta, salir al mundo sin noción alguna de lo que hay tras la puerta, sin conocimiento de lo que el siguiente paso te mostrará. Quizás porque siempre has encontrado la manera de volver o lo han hecho por ti, quizás porque la ignorancia que te llevas es la misma cuando vuelves. Nada perdido, nada ganado.

El valor de un riesgo yace en aquellas dos cosas, en la facilidad con que algo puede perderse por el deseo de ganar algo más. No es miedo, y cobardía menos, sino algo muchísimo más grave, la falta de un propósito que enrumbe los mismos pasos que te sacan de este lugar al que no quieres regresar y al que, inevitablemente, seguirás regresando. Porque cuando escapas decides rendirte. Y, cuando esto ocurre, no haces más que dejarme ganar.


Si la vida es un juego, ¿quién gana y quién pierde?

2010-02-20T21:07:00.004-05:00

Señor cebolla

Edgardo era conocido por la maravillosa forma en que tocaba el violín. Desde muy chico llevó clases, participó en conciertos y ganó premios, lo cual definió su vida por completo. Durante años se le reconoció como una figura legendaria en cuanto al violín se trataba, y él, a pesar de amar lo que hacía, nunca consideró que todo ello fuese de importancia. Mientras pudiese tocar y expresarse nunca se sentiría más que un humilde artista, y eso sería suficiente para él. Solía decir que el dinero y la fama no significaban nada, que esas cosas no lo convertían en el "simple músico" que se hacía llamar, y que su único deseo era inspirar a los jóvenes con sus composiciones. Lamentablemente para él, desde el día que dejó de tocar, el día que su cuerpo dejó de funcionar, no se le conoció como nada más que "un viejo loco con un horroroso aliento a cebolla que solía tocar el violín".


Para el mundo un error vale más que mil aciertos.

2010-01-22T22:54:00.004-05:00

Cuando la vi pasar

La vi correr entre los carros detenidos, no conseguí ver su rostro en un principio pero apostaba que llevaba una sonrisa en él, avanzaba rápidamente al otro lado de la calle al encuentro de algo que yo apenas y podía imaginar.
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Cuando pasó delante de mí tuve una extraña sensación, como si conociese a esta mujer, como si supiese la historia de su vida, como si alguna vez en el pasado nos hubiésemos encontrado en la banca de un parque para conversar sobre las alegrías y los pesares del mundo. Imaginé que había sido así, que efectivamente la conocía y que después de ese encuentro tuvimos muchos otros en los que pudimos ahondar ya no en el resto sino tanto en ella como en mí, un par de desconocidos que buscaban entenderse contándose sus vivencias y que esperaban encontrar paz al compartir sus experiencias.
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Al verla pasar sonreí como si lo hiciese ante alguien a quien no he visto en mucho tiempo y cuya presencia me es sinónimo de calidez, de seguridad. Pero antes de que esta pudiese alcanzar la otra vereda, un motociclista avesado se abrió paso entre la hilera de carros y chocó contra ella sin que ninguno de los dos lo anticipase. Y así fue como tan pronto como la hallé la perdí, una existencia fugaz, almas gemelas solo por un instante, casi como si una parte de mí también hubiese muerto. ¿Qué la esperaba al otro lado de la calle?, pues no lo sé, pero a veces pienso que ese día ella simplemente quiso escapar.
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El valor de un momento no está limitado por su duración.

2009-09-02T11:11:00.004-05:00

Algo más que lo supuestamente aparente

Queríamos jugar fútbol, así que fuimos a buscar el balón a mi casa. Entramos a mi habitación y nos topamos con tres sorpresas.

La primera fue ver a una chica durmiendo en mi cama, una completa desconocida acurrucada entre las sábanas y babeando sobre las almohadas. La segunda la encontramos en el armario, donde el balón estaba partido en docenas de pedazitos, como si no fuese más que un dibujo de papel. Y la tercera la descubrimos mientras veíamos las dos primeras y a la misma vez que reparábamos en el lugar donde nos encontrábamos.

Hoy me río, pero no dejo de pensar cómo fue que conseguimos entrar en una casa que no era la nuestra, con un juego de llaves que no tendría por qué haber servido en la cerradura y sin notar que los pasadizos y las estancias no eran para nada familiares. Seguro estábamos borrachos, mi amigo imaginario y yo. Quién sabe.

Cuando decían que las apariencias engañan tenían razón.

2009-08-10T20:44:00.005-05:00

Adiós aleteos

Tenías cabeza de pato, de eso estoy muy seguro, hacías "cuac, cuac" al andar y a veces batías las alas como queriendo asustarnos. Una vez alguien amenazó con aplastarte con un martillo de construcción, de esos bien grandes y pesados, alguien se cansó de tus graciosas maneras. Y un día simplemente dejamos de verte, ya no más "cuac, cuac" ni una sonrisa en nuestro pico favorito, pero hasta hoy te recordamos. Y lamentamos que no hayas podido saborear el suculento pato al limón que sirvieron el día que desapareciste; te habría gustado. Te extrañaremos.

Decir adiós puede ser doloroso. No decirlo puede serlo aún más.

2009-07-28T13:30:00.001-05:00

Aprehensión

Una vez escuchó decir que algunas cosas son mejor vistas en tinieblas.

Lo primero que entendió de esto fue que a veces vale la pena lanzarse a lo nuevo, probar, algo así como descubrir y experimentar sin un plan de por medio.

También se le ocurrió que podía referirse a algo más ligado a lo literal, que quizás debía esperar la salida de las estrellas y tratar de ver lo que durante el día no es visible.

Una tercera explicación se la dio a los estados emocionales negativos, la sensación de miseria o pesar en el corazón como métodos de ver un mundo diferente.

Pero prefirió quedarse con su última ocurrencia, la de cerrar los ojos y dejarse guíar por su imaginación, simplemente soñar a su medida. Han pasado tres años desde que escuchó esto y puso en marcha este proyecto, tres años y parece dispuesto a seguirlo por unos cuantos más.

La inspiración llega de todos lados, solo hay que saber cómo utilizarla.

2009-07-24T17:42:00.003-05:00

Eres parte de ella

Primero te obligan a realizar una evaluaciones para las que no te otorgan tiempo de preparación. De acuerdo a los resultados te y asignan en uno de los cinco grupos, ninguno más especial que el otro. Pero solo a los mejores se les da la oportunidad de elegir una posición dentro de La Compañía, aunque es obtener la que se quiere, ya que los puestos suelen estar copados de antemano. Es como intentar caber en un cuarto que ha alcanzado el límite posible de personas, pero esto es de poca importancia para "ellos". Si se tiene la suficiente suerte o se habla con la gente indicada y se obtiene un puesto, las cosas se tornan borrosas.

Todo este tema de La Compañía nunca lo entendí bien, tan solo sé que te eligen para desempeñarte en algo que no es para ti, para lo que no has nacido y para lo que no tienes las habilidades necesarias. Pero a "ellos" poco les importa esto con tal de aumentar el número de empleados y convertirse en la organización mundial más grande y poderosa que alguna vez se haya visto, más allá de su utilidad o su supuesta necesidad. Pero, bueno, ¿quiénes somos nosotros para criticar un sistema que parece funcionar casi a la perfección? Yo solo quiero un plato de comida para mí y para mi familia y con eso me contento.

El precio de la conformidad humana anda medio bajo estos tiempos.

2009-07-14T09:53:00.002-05:00
Luna Llena  

Sublime princesa

La primera vez que la vi supe de inmediato que alguien como yo jamás sería suficientemente interesante para alguien como ella, y a pesar de ser amiga de varios de mis compañeros, a pesar de haber viajado todos juntos en el mismo taxi un par de veces, nunca tuve mucho valor como para hablarle, además de que no tenía idea de qué podría decirle a una chica así.

Pero el destino, enigmático como ninguna otra cosa conocida, quiso un cambio.

Por dos años la veía acercarse a saludar a algún amigo que me acompañara, y por ese lapso de tiempo dejé que el silencio hablará por mí. Hasta que un día en el que no esperaba nada emocionante, saliendo de una nutriente clase de filosofía en la que el profesor había hablado de Platón y de su Caverna, se me acercó de repente y me saludó al reconocerme. Pareciera que que me había equivocado no una sino dos veces. Esta chica era más de lo que imaginaba, y tal vez existía oportunidad para mí.

Dos años más han pasado, al igual que una serie de sucesos aleatorios de los que no podría quejarme pero tampoco llamar grandiosos. Ella nunca dejó mis pensamientos, ni siquiera cuando otra chica los ocupó por un tiempo, y ahora solo puedo decirme que no quiero que pasen otro par de años antes de que algo magnífico tome lugar. Me encuentro tan cerca de ella, y tan lejos a la vez, y frente a mis ojos se encuentra el odioso velo de la inseguridad que no me permite distinguir las señales con la facilidad que me gustaría.

Hoy puedo decir con seguridad una sola cosa, pero la vida y el destino me demuestran que, a veces, callar puede traer mejores resultados. Diez días me separan de ella, y luego nada nunca más. O así lo espero.

Los más grandes placeres de la vida no llegan ni rápido ni fácil.

2009-07-10T09:21:00.002-05:00
Luna Gibada Creciente  

Primer avistamiento

Selene estaría orgullosa, y aunque por el momento me falten las palabras para dedicarle uno o dos poemas, prometo tener listos muchos más para cada una de sus visitas. Por el momento sonrío con su presencia y ante su eterna belleza. Y me despido con un dulce beso, regreso a mi sueño, vuelvo a dormir bajo la luna. Y así es.

Si la felicidad depende de un deseo, pediré lo que ya tengo.

2009-07-07T00:00:00.002-05:00
Eclipse  

El plan perfecto

Nunca llegaría a comprender qué locura lo había llevado a participar en el desfile, y, peor aún, tocar un instrumento que nunca antes había ni sujetado. Lo único que sabía es que debía hacerlo, debía pararse frente a miles de rostros desconocidos con la intención de captar la atención de uno en particular, uno perteneciente a la persona que por mucho tiempo se había propuesto conocer, y vaya manera de querer hacerlo en esta ocasión.

Le dieron la flauta dulce que pidió, la inspeccionó como si supiese qué hacía, dio su visto bueno y lo pusieron en su lugar, detrás de un carro alégorico con payasos danzarines. Él iba al final de la fila encima de uno con forma triangular y decoraciones musicales al estilo rock pesado, muy desentonado con el instrumento músical que llevaba en las manos, al igual que su atuendo conservador. Ya no había vuelta atrás.

Los carros avanzaban y él tocaba -o intentaba tocar- la flauta, de la que solo salían sonidos incoherentes, sin melodía, sin sazón. La alegría de los payasos de adelante se pegaba en el público para luego resbalarse cuando pasaba él con el patético espectáculo que daba, pero nada lo detenía, no tenían en mente rendirse ni mirar atrás. Estaba decidido a ser visto por la chica de sus sueños, y nada lo detendría.

Sorprendentemente, su acto causó la impresión que buscaba -o algo así. No solo por ser último sino también por llevar al festival un concierto nunca antes escuchado, los ojos de la multitud permanecían pegados en él, aunque no tanto por placer y sí tanto por ligero desprecio. Fue así como la chica lo vio, lo vio y él la vio a ella, el rostro brillante en medio de otros miles opacos.

Cuando el desfile hubo terminado, y completamente seguro de sí mismo, se dijo que la próxima etapa de su plan ahora podía ser llevado a cabo con el propósito de hablar con la chica, un paso más cerca de poder enamorarla. Solo tendría que dedicar unos meses al estudio de la guitarra eléctrica, desear que aquella no se olvidara de él y esperar lo mejor. Nada podía salir mal.

Solo hacen falta las ganas, el resto llega inmediatamente después.

2009-07-06T09:21:00.001-05:00
Cuarto Creciente  

El país de los ciegos voluntarios

Sé que te conocían como a un hombre que sabía qué era qué, pero nunca realmente pude comprender por qué. ¿Será, tal vez, porque la humanidad se encuentra tan absorta con lo que conoce que una vez que se presenta algo diferente no tiene idea de qué hacer con ello, y solo tú puedes ver las cosas como son? Eso explicaría -solo un poco- la razón por la que el ser conservador tiene sus beneficios traslapados por los perjuicios, pues de nada sirve la vista si vamos a andar con las manos cubriendo nuestros ojos, ¿verdad? Hombre que sabe qué es qué, dime qué es el cambio y luego ayúdame a contárselo a todos aquellos que lo buscan, de tal manera que la ceguera voluntaria y el miedo a lo nuevo cesen de existir. El miedo, principalmente.

Conocer es entender, y este a su vez aceptar.

2009-07-02T11:28:00.003-05:00
Luna Creciente  

A borbotones

Me creían muerto, y con justa razón.

Mi nombre es Rodrigo Díaz, alguna vez hijo, por el momento otro pobre diablo con muchas cosas en las que pensar y en busca de circunstacias para regresar a mi pasado olvidado. Alguna vez actor, pero de esa historia solo quedan cicatrices. Alguna vez estudiante, y arrepentido de ello por razones que no me atrevo ni a pensar.

Me he perdonado a mí mismo de crímenes por los que debiera cumplir condenas más grandes que mi propia culpa incrustada en el pecho, pero sé bien que pedir disculpas equivale a demostrar error de mi parte, y el orgullo impide que cometa tal traición a mi persona. Soy culpable, sí, de muchas cosas, pero basta con que solo yo lo sepa.

Como dije, me creían muerto, y debería estarlo. Lo acepto. Pero de nada sirven palabras sin contexto al cual adherirse, sin historia a la cual llamar escenario, por lo que me propongo relatar los hechos que me han conducido a este camino por lealtad al pasado del que provengo. Todo sea por encontrar perdón, y, quizás, por alcanzar la fama que por escurridiza nunca logré atrapar. ¿Por dónde comenzar?

A veces el principio no es el mejor punto de partida.

2009-06-28T11:28:00.001-05:00
Luna Nueva  

Cruzados y estrellados

Era la primera vez que portaba un arma, y ni siquiera sabía cómo había llegado a mí. Al principio las balas me parecieron pilas, no sabía cómo ponerlas en el cargador, no sabía ni para qué las necesitaría. Hasta que llegó el día.

Nunca entendí a mi profesora de Literatura, nunca. Sus métodos siempre llamaban la atención de sus colegas, y a nosotros sus alumnos nos tenía cansados con las locuras que preparaba. Esta vez quiso terminar el año con una obra muy conocida, pero con un vuelco en la forma de entenderla. Romeo y Julieta, dijo que se llamaba.

Tuvimos que leerla dos veces antes del proyecto. La primera para conocer la historia. Para la segunda nos pidió que enfocásemos nuestra atención en uno de los personajes a lo largo de la obra y que luego eligiésemos una escena en la que apareciese. Luego entendimos sus motivos.

El día de la asignación nos llevó a un estudio de películas en donde tenían armado todo un escenario medieval al lado de la playa. Fue entonces que nos dijo que debíamos interpetrar al personaje que habíamos elegido y encontrar a otros que quisieran formar parte de la escena que habíamos elegido. De inmediato me perdí entre el grupo de alumnos y me dije que no formaría parte de esto.

Pero no pude escapar. Estuve viendo a los demás actuar hasta que me topé con dos mocosos que decían ser Mercucio y Teobaldo y que me querían como Romeo. Al diablo, acepté para terminar de una buena vez, a pesar de haber elegido, en realidad, al Boticario. Se efectúa el duelo entre ambos personajes y, como es mi rol, busco vengar la "muerte" del alumno que hacía de Mercucio.

Todo este tiempo el juego de actuar como los personajes había sido pura imaginación. Algunos llevaban pequeñas ramas como espadas, otros simplemente usaban sus dedos índices. Yo, por mi parte, fui un tanto más lejos. En el momento de la muerte de Teobaldo, saqué la pistola que me había acompañado desde hacía unos días y disparé sin pensarlo demasiado. El chico cayó al mismo tiempo que los gritos de mis compañeros comenzaron a invadir el lugar.

No entendía por qué, pero sentía que no había hecho nada malo. Después de todo, en la película, con Leonardo DiCaprio y John Leguizamo, así había sido la escena, con pistolazo incluído. A mi parecer, una nota máxima era adecuada por tal excelente interpretación. Pero luego entendí mi error, mi grave equivocación. Tenía que haber leído el libro y no guíarme por la película. A veces no sé lo que hago.

El tramposo paga doble.

2009-06-24T19:35:00.001-05:00
Luna Vieja  

Te nos vas de nuevo

Con el cielo en tus narices, atorado patas arriba. Una palabra basta para darle una vuelta al mundo y regresar a la normalidad a la que te has acostumbrado, pero el pronunciarla es solo el principio, hace falta entenderla, decirla con pleno conocimiento de su significado y de lo que realmente trata de decir entre líneas. ¿Puedes hacer eso, encontrar la esencia de una palabra que salvará tu vida, o que en todo caso la enderezará un poquito? ¿O es más cuestiones de 'querer' antes que de 'poder'? ¿Quieres volver a lo anterior? Tan solo dilo.

Pensar antes de actuar, y a veces simplemente pensar.

2009-06-20T19:35:00.002-05:00
Cuarto Menguante  

Metamorfosis

La pareja camina por el pasadizo luego de haber sido invitados a pasar por una amable anciana. El manicomio blanco con tonalidades de gris se expande ante ellos ofreciéndoles cientos de puertas de dónde escoger, una de las cuales mantiene prisionero a quien, esperan, los ayudará en lo que sigue del plan.

Cuarto tras cuarto buscan al posible apoyo, y luego de cuatrocientas habitaciones exploradas, luego de visitar a cuatrocientas almas atrapadas por la locura, dan con la chica que querían. En sus manos logran ver un instrumento musical, una especie de cruce entre una cítara y una guitarra eléctrica, algo que aquella presenta como su arma secreta, el objeto que la liberará de esta prisión.

Por más que la pareja intenta convercerla, la muchacha no cree que exista otro medio posible de escapar sin su instrumento, y añade que aún le falta cerca de dos años para poder terminarlo. No cree en lo que le dicen, en que convencieron a la anciana que custodia la puerta principal, y comenta que lo más problable es que hayan sido engañados.

Preocupados, ambos regresan a la entrada. Sus sospechas se hacían realidad. La amable mujer que los había dejado entrar los miraba con una sonrisa malévola en los labios y con un dedo les indicaba el cuarto al que estaban siendo asignados a pasar el resto de sus días. Antes de ser encerrados, la chica con el objeto musical promete sacarlos pronto. Dos años no es demasiado tiempo.

Las apariencias engañan, y las ancianitas también.

2009-06-16T22:15:00.000-05:00
Luna Gibada Menguante  

La sociedad de Los Sucios

Esta mafia duerme en el suelo, con colchones, pero en el suelo. La primera vez que escuchó esto no lo pudo creer, incluso se río en la cara del que llegaría a ser su jefe. Un par de golpes lo volvieron un tanto más crédulo, pero no fue sino hasta que le tocó el lugar junto al baño que tomó las cosas de forma más seria. El olor proveniente del inodoro no era motivo de sonrisas, especialmente durante las noches.

El primer trabajo fue simple. Estuvo parado fuera del estacionamiento casi dos horas bajo la luz de la luna, fumaba uno que otro cigarillo para mantener la calma, y veía cómo cada uno de los carros iba saliendo minuto a minuto sin que otro tomara el lugar del anterior. Pronto no hubo razón para seguir vigilando y regresó con el grupo con las esperanzas de conseguir un auto para él mismo. A la cama sin postre.

La segunda asignación resultó ser el reto que esperaba. Esta vez le tocó un puesto más protagónico, y disfrutó cada puñetazo que propinó a un miembro que, dijeron las malas lenguas, era un potencial soplón. Lo felicitaron de sobremanera y hasta le compraron el hielo para desinflamar los nudillos, pero la cama junto al baño siguió siendo el final del camino.

Pero el tercer acontecimiento probó convertirse en la más difícil tarea. Debía mantenerse vivo. Para este trabajito se necesitó a poco más de la mitad de la organización, entre ellos los más confiables y los más útiles, por lo que le pareció curioso formar parte del plan. Entraron en el edificio exactamente a la medianoche con armas en mano, arrasaron con todo aquel que cruzó su camino y asesinaron a los más altos funcionarios de la compañía que en ese momento saqueaban. Consiguieron el botín, los grandes billetes por los que arriesgaron sus vidas, pero el grupo sufrió bajas tremendas. Por suerte se trataba de mafiosos de mala suerte que nadie extrañaría.

El resto de esa noche, la madrugada y parte de la mañana celebró con sus compañeros, y se dio con la gran sorpresa de que le habían comprado un nuevo colchón, aunque su lugar seguía estando al lado del apestoso lugar. Pasó el día intentando dormir, pero el olor, a pesar de ser tan insoportable como siempre, no lo dejó esta vez. Resignado a quedar en el mismo lugar para siempre, decidió arreglar de una vez por todas la cañería. Se encerró en el baño y no dejó pasar a nadie hasta que hubo terminado, ni siquiera le interesó la oleada de balazos que escuchó en cierto momento.

Cuando salió, sus compañeros yacían muertos en el suelo, producto del contraataque del mafioso soplón al que tuvo que golpear días antes y su nueva organización. Quedó en su lugar en silencio por unos minutos hasta que supo lo que debía hacer. Caminó procurando no pisar los cuerpos y se lanzó encima del colchón más alejado del baño, el cual declaró suyo. La pestilencia de los cadáveres no fue comparable con el nauseabundo inodoro. Y cuando lo fue, salió del lugar, tomó todo el dinero que pudo encontrar, subió a uno de los autos robados y no se le volvió a ver más en la localidad.

Cosa curiosa, la suerte.

2009-06-12T22:15:00.000-05:00
Luna Llena  

No más basura, gracias, ya no tengo hambre

U
Un destello de luz, una brillantez que se opone al sol, la salida bloqueada por la inseguridad de las propias ideas. Alguien tomó una foto, en mi opinión no muy buena, y por más que en ella no se reflejó tu verdadero ser, puedo atreverme a decir que ahí estás. ¿Qué esperas para escapar? Otra luz, otra foto, y de nuevo la oscuridad cegadora que le sigue. Cobarde.

Algunos odiamos posar, con o sin cámara delante.

2009-06-08T18:12:00.005-05:00
Luna Gibada Creciente  

De cerca

Los cuatro pares de ojos contaron su historia, su paso por este mundo y el roce con un alma en particular que les llamó la atención.

El primer par apenas y la observó, apenas y pudo mirar más allá de lo inmediato y superficial, aunque ello fue suficiente para llegar a la definitiva conclusión de que esta alma era una de aquellas que era mejor olvidar y dejar a su propia suerte.

El segundo pudo llegar un poco más profundo, vio cosas que nadie tendría que haber visto, no por ser prohibidas, sino por su enorme vileza. Consiguió encontrar todo lo que la humanidad llama maldad, y por eso tomó la misma decisión que el primer par.

El tercero vio lo que sus predecesores, y fue justo por ello que no eligió irse, sino ayudar y curar. No hubo mejoras al principio, pero con los años el alma fue consiguiendo pureza. Sin embargo, antes de llegar a la perfección, abandonó a este par de ojos.

Dos generaciones de ojos pasaron sin dejar huella, al menos no una visible. Con sus decisiones enseñaron a esta alma que aquello que se encuentra perdido es mejor dejar así, y aunque la tercera trató de mostrarle lo contrario, la enseñanza ya estaba fuertemente aprendida.

Fue con el cuarto par de ojos que las cosas cambiaron. Este No vio ninguna de las tres cosas anteriores, no vio ni lo superficial ni la maldad ni la bondad. Lo único que vio, y que en última instancia le llevó al enamoramiento, fue un alma, solo un alma. Y eso bastó.

Mirar no es suficiente, hace falta ver.

2009-06-04T18:12:00.000-05:00
Cuarto Creciente  

En retrospectiva

Nos has matado, Rodrigo Díaz, y al hacerlo has muerto con nosotros.

Recuerdo sus palabras otra vez, como si dos días sin descanso no fuese suficiente para sentirme suficientemente culpable, o innecesariamente aterrado. He llegado a perdonarme a mí mismo el haberme presentado de esa manera, tras tantos años, pero me cuesta aceptar que haya habido alguna forma distinta de arreglar las cosas. Recuerdos sus palabras. Todavía tiemblo.

Este hombre a quien nunca había visto me sujetó de ambos brazos con fuerza y, quizás, con desesperación. Su mirada atacó la mía y pronunció las palabras como cuchillos, palabras que me convirtieron en este saco de inseguridades, en este cuerpo que se esconde y espera los últimos días, si no momentos, de su corta vida. Me encontró fuera del auditorio, escapando, sangrando, patético yo.

Tal vez debí haber hallado otro refugio, o tal vez nunca fue buena idea abalanzarme contra quien portaba la pistola, o  tal vez mi plan estaba destinado al fracaso desde el minuto en el que puse pie en ese auditorio. El asesino iba tras de mí, siguió mis pasos hasta el lugar y me tenía acorralado entre su arma y el resto de personas que asistían a la reunión. Cuando la bala penetró en mi hombro supe que ya nada sería igual.

En el momento que escuché el grito mis sentidos dejaron de responder, mi cabeza se hizo un lío entre la realidad y los recuerdos, las caras conocidas y esta gente que ahora me miraba como un fantasma. "¡Aquí está Rodrigo Díaz!," gritó un viejo amigo perdido por el tiempo con el que me topaba casi finalizando mi gran escape. Quise caminar a su lado esperando que no me reconociese, reírme en silencio de su ignorancia, pero el que no sabía nada era yo. El miedo que vino entonces me hizo correr al auditorio.

Vi la invitación en el periódico, meses antes. Mi primer pensamiento lo ocasionó el desinterés, y por varias semanas olvidé el asunto. Sin embargo, los días previos a la reunión, la curiosidad se hizo de fuerzas y venció a mi indecisión, por lo que me vi vistiéndome para este evento. El plan era entrar al lugar, dar unas vueltas sin hablar con nadie, tomar un par de tragos e irme tan silencioso como llegué. Las cosas cambiaron cuando la vi a ella, más vieja de lo que la recorbada, con ojos cansados, pero tan hermosa como nunca. Las cosas fueron en picada en ese preciso instante. Me acerqué, me presenté, me abrazó, me moría de miedo. Conversamos de los viejos tiempos en los que nunca estuvimos juntos, de las aventuras que jamás dijimos que tendríamos y de las pocas palabras que alguna vez cruzamos. Poco a poco fui entendiendo que no era solo yo el extraño, sino ella también. ¿Quién era esta mujer que conocí años atrás? Antes de caer en otro precipicio mental, me despedí y supe que no volvería a verla. Iniciaba mi gran escape.

Recuerdo sus palabras, las mismas que dijo ese hombre fuera del auditorio. Recuerdo el último brillo de sus ojos antes de apagarse, mis manos en su cuello, mi cabeza muy lejos. No debí haberla visitado. "Nos has matado, Rodrigo Díaz, y al hacerlo has muerto con nosotros". Es cuestión de tiempo antes de que me encuentren, muerto como estoy.

Los errores del pasado pertenecen al pasado.

2009-05-31T03:22:00.000-05:00
Luna Creciente  

Contemplaciones

La mezcolanza entre paisajes no podía ser vista como nada menos que otra peculiar añadidura a este ya absurdo viaje. Pasado y presente combinados engalanadamente intentaban expresar dos sensaciones no del todo distintas y a la vez aturdir al viajero con imágenes incoherentes que solo podían hacerle llegar a la desestimada conclusión de que debía estar soñando.

Como todo aventurero con un poco de garbo, un viejo amigo tomaba el puesto de escudero sin necesariamente cargar objeto alguno ni quedar relegado a un puesto inferior al aventurero mismo. Juntos habían decidido emprender una búsqueda antes de que sus pasados crímenes los hubiesen obligado a elegir una huida en contraposición, aunque ambos sabían casi a la perfección que no tarde los buscados serían ellos.

Viajero y escudero, amigos al fin y al cabo, tenían un largo camino por delante. El único problema con el que irremediablemente se toparon, luego de días a la deriva en esta cascada de colores bizarros, era que sus pasos iban delante de ellos, y como todo ser humano que escapa de su destino, estos fueron completando el círculo y los llevaron a donde la aventura comenzó. La horca saludaba a la distancia.

Podrás mirar atrás, pero el cuerpo empuja hacia adelante.

2009-05-27T12:11:00.003-05:00
Luna Nueva  

Ella lo sabía

Es la "amiga" de tu amigo, y aunque acabas de conocerla no parece haber dado su nombre. Los nombres no son importantes, te dices, y luego ella dice exactamente lo mismo como si hubiese leído tus pensamientos. Los tres han tomado asiento en uno de los sillones del bar, ella al medio, tú nada lejos a su izquierda. Hablan.

La música y el licor nunca fueron tu fuerte, pero que no se diga que jamás te brindaron fuerzas, y menos ahora que la tienes tan cerca como si veinte minutos de conversación hubiesen sido suficientes para hacerla "amiga" tuya. Ese vestido negro es asesino, pero lo que atrae tu mirada no es el escote revelador ni las piernas seductoras, sino la forma en la que cierra los ojos al sonreír. Eso es lo que te mata. Hablan.

Cuando tu amigo se levanta para ir al baño, y no antes, te decides a actuar. Sin nada de titubeos escabulles tu mano hacia la suya y entrelazas los dedos con los de ella. El plan era sacarla a bailar, hacer el ridículo en la pista de baile como siempre lo has hecho pero atreverte a causar una impresión en ella, cualquiera. No quiere bailar. Pero no suelta tu mano. Hablan.

Pronto es un mar de lágrimas, hunde el rostro en tu hombro y confiesa sus pecados como si le hablara al mismo Dios, como si creyese que hallará la salvación contigo. El amigo parece estar tardándose demasiado. Estamos solos, te dices, y luego ella dice exactamente lo mismo como si hubiese leído tus pensamientos. Te mira. La miras. Ya no hay música, ya no hay gente, ya no hay alcohol en tu sangre, ya no hay distracciones. Ahora es el momento. Vomitas.

La primera impresión cuenta, pero la última cuenta más.

2009-05-23T12:11:00.001-05:00
Luna Vieja  

Criatura de hábitos incongruentes

Movido por una fuerza mayor, una suerte de poder que rodeaba a tantos otro como él, se levantó de su asiento, salió del salón y comenzó a caminar hacia el sudoeste. Cruzó puentes, visitó pueblos, atravesó ciudades, pasó junto a montañas y ríos, pisó bosques. En ningún momento se detuvo y en ningún momento dejó de caminar hacia el sudoeste.

En el camino fue encontrando otros como él, personas impulsadas por la misma fuerza y llamadas hacia el mismo lugar, cualquiera que éste fuese. No eran muchos los que iban, apenas unas cuantas docenas, pero con el pasar de los días uno a uno fueron cayendo por inanición o deshidratación, por cansancio o pérdida de un sentido. Él, sin embargo siguió.

Luego de quince días bajo el mismo constante andar, llegó a donde nunca creyó que llegaría vivo. Otros dos iban con él. Subieron una pequeña colina y bajaron por las escaleras de piedra situadas en el otro lado hasta encontrar un jardín lleno de flores diente de león, las cuales soplaron sin motivo aparente hasta llegado el anocher, momento en el que vieron algo nuevo, una edificación pequeña hecha de madera. Subieron la rampa que los llevó hasta la puerta y tocaron juntos.

Una anciana los hizo pasar y los sentó en una mesa preparada para tres personas, para ellos. Les sirvió una sopa, luego un plato de fondo, un postre y, cuando el trío se preparaba para levantarse, irse y regresar a las vidas que habían dejado atrás, la mujer les dijo que esto apenas comenzaba. Colocó otra sopa, seguida por otro plato de fondo, seguido por otro postre. Y así comieron lo que por quince días no metieron a su boca, hasta que uno a uno fue cayendo por empachamiento. La anciana llamó a su gato: "Bigotes, la cena está servida".

La inexplicabilidad humana no es inherente al ser humano.

2009-05-19T07:26:00.000-05:00
Cuarto Menguante  

No era un árbol

Salieron de madrugada, con la luna aún en el cielo, dispuestos a hacer de este día el mejor de la temporada. Cruzaron los pantanos con no poco trabajo, pero una vez que los dejaron atrás el resto del camino fue mucho más ligero, tanto así que en menos de tres horas ya tenían un buen botín de diez aves diferentes. No conformes con eso, querían perfección, así que extendieron su recorrido poniendo como límite el oceáno.

Faltando un par de kilómetros para llegar a la playa, escucharon pisadas en los matorrales de enfrente y pronto vieron la majestuosa figura del cérvido. Portaba astas enormes, cuernos como ramas del árbol más tupido en existencia, un ciervo macho que no podría sentirse satisfecho con ser nombrado alfa o alfa prima o algún alfa que no lo posicionase como el animal por excelencia. Torció el cuello y les dirigió una mirada que pareció durar horas, una mirada que pesó en sus cuerpos y tocó sus almas. Instantes después desapareció.

Tres de los cazadores tomaron esta aparición como sagrada, como signo de que debían regresar al campamento y dar por terminado un día no perfecto pero sí muy bueno. Sin embargo, el cuarto tomó la presencia del ciervo como un reto, la presa ideal, la criatura que adornaría su sala y lo coronaría como cazador alfa entre cientos de cazadores alfa. Se vio reflejado en el animal, se sintió él por unos momentos y se decidió a matarlo, el único acto que lo haría elevarse por encima de aquél, lo único que demostraría que era el mejor y nada menos que eso. Se separó del grupo a pesar de los intentos por sacarle la estúpida idea de compararse con una bestia de la naturaleza y caminó hasta la playa. Nadie volvió a verlo. Se cuenta que un oso polar lo devoró.

El día perfecto será el último.

2009-05-15T07:26:00.003-05:00
Luna Gibada Menguante  

Estudiando para ser ninja

Abro los ojos, pero la oscuridad en la que me encuentro no cambia las cosas. ¿Dónde estoy y por qué tengo una pistola en la mano? Juego con las posibilidades, trato de recordar los eventos que me han traído aquí, a lo que parece ser un armario tan repleto de ropa que apenas puedo mantenerme de pie y evitar chocar con la puerta. Intento pensar, pero la persona que se encuentra a mi lado comienza a hablar, lo cual presenta nuevas preguntas. ¿Por qué no me sorprendió su presencia?

Lo primero que dice no suena muy coherente, pareciera que narra partes de su vida para tranquilizarme, para hacerme olvidar que estamos en quién sabe dónde haciendo quién sabe qué, pero en realidad es él quien busca calmarse. Luego pasa a repetir el plan. ¿Qué plan? Esperamos que Darusiel (¿qué clase de persona con un poco de respeto por sí misma puede llamarse Darusiel?) entre en la habitación, lo amenazo con la pistola mientras mi compañero lo ata a una silla, le sacamos la información por la que vinimos y le disparo en la frente. Simple.

De pronto, como si hubiese esperado que terminásemos de repasar lo planeado, la luz es encendida y la puerta se cierra. Un chico de no más de quince años camina por el cuarto con un maletín que pone sobre el sofá y del que extrae una computadora portatil, la cual prende. ¿Voy a matar a un niño? Mi compañero no dice nada, parece tan confundido como yo, pero aliviado de no ser él quien apretará el gatillo. Tremenda suerte la mía. Los minutos pasan, el adolescente sigue frente a la máquina, escribe algunas cosas, no muestra señal de habernos descubierto.

Entonces, sin esperar a decírmelo, mi compañero abre la puerta del armario y se tropieza con la ropa mientras intenta salir y aprovechar el elemento sorpresa. Sorpresa, idiota. Salgo junto a él, lo ayudo a levantarse, pero en ningún momento dejo de apuntar el arma hacia la cara del mocoso, odiándolo sin siquiera conocerlo, temiéndole sin saber por qué. La computadora cae al suelo mientras el chico atraviesa el cuarto esquivando cada una de mis balas. Diablos, o este niño es Superman o tengo una puntería de mierda. Pronto no queda nadie más en la habitación que mi compañero y yo, asustados, temblorosos e indecisos. Es en ese momento en el que recuerdo algo, una frase, algo que escuché en la televisión la noche anterior. "A estas alturas Albert Einstein ya hubiese conquistado el mundo". Seguramente.

Si sale en la televisión debe ser verdad.

2009-05-11T04:01:00.003-05:00
Luna Llena