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Fecha Publicación: 2015-12-27T13:47:00.000-05:00

Uno de mis vecinos me pidió intercambiar nuestras cocheras. La razón era que su camioneta no entraba en el sitio que tenía junto a otra camioneta en la cochera que compartimos. En una de estas dos camionetas se transporta una pareja y su hija y en la otra, mi vecino y su soledad. Todos los fines de semana veo las camionetas estacionadas, por lo que sospecho que no salen a hacer off-road por ricas montañas, cumbres nevadas, ríos o quebradas.

Cuando mucha gente, con una inocencia que me hace recuperar la fe en la humanidad, comparte un supuesto sorteo de una Range Rover, pienso que si realmente necesitan un carro del tamaño de un departamento. Una Range Rover tiene doble tracción y un motor 3.0. Lima es una ciudad mayormente plana y, a menos que vivas en el cerro San Cristóbal, no requiere este tipo de vehículo. No voy a hablar ya del espacio que ocupan los autos frente al transporte público o las bicicletas, porque eso ya ha circulado mucho por internet.

Hace unos años me compré un auto. No la calificaría como la mejor decisión de mi vida. Si bien me da muchas facilidades, también implica muchos contratiempos. El carro te da un poquito de la libertad que te ofrece la publicidad de convertibles rojos en la carretera, pero también te vuelve dependiente de los sitios para estacionar, del precio de la gasolina, a veces limita tu diversión (el famoso “no tomo, estoy manejando”). Pese a ello, he podido encontrar ciertas ventajas en tener un carro chico o aquello que algunos llaman un “carro de flaca”. En muchos casos he podido meterme por espacios donde no entran los carros grandes (ya sea en la pista o en las cocheras), puedo moverme dentro de mi carril y darle espacio a las motos o bicicletas y, lo mejor, es que cuando alguien quiere sacarle plata a un automovilista (ya sea ladrón, vendedor de Centro Victoria o, peor aún, policía en Navidad), al último al que recurre es al auto pequeño. Y lo mejor de todo es que no tuve que endeudarme años para comprarlo, pese a que las campañas más fuertes para los créditos vehiculares corresponde a los camionetones. Lo otro es la gasolina. Mi motor consume menos de la mitad de lo que haría una Range Rover, por ejemplo. Ahora, bien, si te da lo mismo lo de la plata, piensa en la contaminación que dejas de emitir con un auto más pequeño.

Este post no va en contra de la gente que tiene una camioneta. Quienes ya la tienen, probablemente les costaría acostumbrarse a otro tipo de auto. Algunos quizá la necesitan, ya sea porque salen de la ciudad con frecuencia; tienen hijos y deben llevar asientos de bebé; o parientes mayores con sillas de ruedas o similares, o quizá se la compraron porque les da la gana, que también es una razón válida. Por el contrario, va para que, si quieres comprarte un auto, pienses si es una buena idea tener un vehículo tan grande para esta ciudad tres veces congestionada y contaminada. Pin It Tweet

Fecha Publicación: 2015-10-01T09:56:00.000-05:00

1. Clark Kent, porque era medio marciano, volaba maleado y fue el precursor del hipsterismo.
2. Peter Parker, porque un gran poder conlleva una gran responsabilidad
3. Tin Tin, porque es el único que podía llevar a su perro a la chamba.
4. Vicente Chambón, porque descubrió que Pedro Galante seguía vivo.
5. El hermano de JB cuando imitaba al corresponsal de la Cadena Caracol de Colombia, porque era lo único que entendía del sketch.


6. Mikael Blomkvist, porque así como ustedes leían a Sontag a los cuatro años, yo me leí toda la trilogía Millenium 15 años antes de que fuera escrita.


7. Will McAvoy, porque antes fue el Tonto (o el Más Tonto).
8. Bruce Nolan, porque pudo ver a Morgan Freeman cara a cara.
9. Borat, por su cartografía de las estructuras del poder.
10. La niñita que cuando le pregunté algo a los cuatro años me respondió: "tú qué eres: sapo, curioso, periodista..."
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Fecha Publicación: 2015-07-08T20:26:00.000-05:00
Llega un momento en que te vuelves adulto. Pagas impuestos, te afilias a una AFP, te comienzan a llamar día y noche para venderte tarjetas de crédito y seguros.
A veces me han ofrecido seguros de vida, donde da la impresión de que se hubieran leído el diccionario de sinónimos y antónimos. Yo, que odió los eufemismos (porque siento que esconden la letra pequeña) pregunto:
- Entonces, si muero, ¿qué pasa?
Lo que sigues un silencio incómodo.
- Bueno, si -dios no quiera- le sucede algo.
- O sea, si me muero.
- (Risa nerviosa)

En verdad, no hay nada malo. Sé que me voy a morir. Que me queda poco tiempo... es decir, poco tiempo comparado al día que llegué sufriendo y llorando a este valle de lágrimas.

Yo no me río de la muerte, simplemente sucede que no tengo miedo de morir. Tengo miedo de otras cosas, como quedarme paralítico (ya que las únicas dos ruedas en las que me gusta transportarme es en mi bicicleta). Tengo miedo de depender de mi familia, de los hijos que no tendré o de la pensión mínima que me dará mi AFP.
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