Miro mi celular, pues me doy cuenta que mi reloj que tiene como símbolo el “Cavallino Rampante” de Ferrari, se le ha acabado las pilas y no funciona. Son las 4:30 de la madrugada. Mis ojos aún me arden, me siento cansado, pero no logro conciliar el sueño. Otra vez, vuelvo a sufrir de aquél insomnio tan peculiar en mí. Ya puedo escuchar los carros que pasan por mi calle y la gente que con pasos raudos se lanzan a alcanzarlos para llegar a sus respectivos trabajos. Prendo el televisor. Como siempre hay malas noticias, puras muertes y asesinatos ocurridos en la madrugada. “Mientras todos dormían”, fueron las palabras del buen conductor televisivo, que todos admiran no por su sobresaliente nariz, sino por su gran carisma. Me levanto sin más remedio. Me ducho. Vuelvo a la cama. Observo más noticias. Me aburro. Me voy a la computadora. Abro mi correo. No hay nada interesante. Pongo las canciones de Andrés Calamaro de fondo. Me animo a cantar algo, eso me hace sentirme despierto. Aunque sé que todo el día estaré con una cara de zombi. Me leo los periódicos nacionales e internacionales. Miro mi blog, para saber cuántas personas han entrado a leerme, no hay muchas, ni siquiera puedo llegar a la lista de los 512 blogs más leídos del país, menos estar entre los 100.000 páginas más vistas de la Web. Todo un desastre pero no pierdo las esperanzas de algún día estar entre los más leídos y así hacerme más conocido, aunque tenga que luchar contra el blog de “las nenitas supercalientes de Lima online”. No soporto más el calor que ahora se siente en la ciudad, aunque en las noches siga haciendo el mismo frío de siempre. Salgo a la calle en contra de mi voluntad, soy más hogareño, pero a veces uno necesita respirar aires frescos y sé que en mi casa no conseguiré nada. El sol es mi peor enemigo, siempre se me irritan mis ojos. Por eso trato de no salir de día, la noche es más amable con mi cuerpo, me siento como un pez en el agua. Mis pasos ahora son lentos. Salgo con mi pequeña cámara fotográfica. Tomo fotos de personas mendigando, de chicos limpiando parabrisas de los carros, mujeres con sus pequeños hijos en sus brazos vendiendo caramelos y todo lo que rodea la gran Lima, “la Horrible”. Fotografío a esas personas, pues viéndolas puedo sacar una historia detrás de cada una. Aunque no soy muy detallista en mis escritos, soy muy observador con la gente, y me gusta deducir qué les intriga, qué les pasa, algo medio detectivesco, pero me funciona para mis personajes que vagan en aquella huerta perdida que he creado para que puedan ver la luz, aunque ficticiamente. Tengo hambre. Entro a un restaurante del centro. Pido un menú de 7 soles. Justo están dando el partido del Barcelona español, mi equipo favorito. Sin prisa, para alcanzar a ver completo el juego, comienzo a devorar lentamente la comida que me había traído el mozo. En la mesa del costado, una chica con una cabellera roja y vestimenta de trabajadora bancaria, mira impaciente el reloj. Parece que espera a alguien, pues observa siempre a la entrada del local. La mirada de los comensales ya le resulta incómoda, encima que varios tipos que están tomando, no le quitan los ojos de encima. Y no es por nada, pero la chica tenía una belleza desbordante. Claro que también se sentía incomoda cuando la miraba. Pero sus problemas se resolvieron cuando el impuntual de su enamorado, por fin llegó, pero ella no lo recibió mal, más bien esbozó una linda sonrisa y lo llenó de besos. Él con gestos cariñosos le hablaba del tráfico y sus problemas que hicieron que demorase. Ella coquetamente jugaba con aquella falta, cometida por el hombre de su vida, se hacia por ratos la engreída y buscaba una respuesta cariñosa que le hiciera creer todo lo que decía el novio, sin dudar en ninguna palabra. Se nota que cuándo uno está enamorado los defectos de la otra persona parecen graciosos, hasta comprensibles y perdonables, pero cuando ese amor se va por diversas razones, uno ve como algo sorprendente las cosas a las que estaba acostumbrado y piensa cómo pudo soportarlas o aguantarlas tanto tiempo. Puede incluso, llegar a sentir que no eran propias de una persona de su altura y que merecía más de aquella persona, que ahora se le puede ver sobre los hombros, cuándo antes solo se le encontraba en el cielo. La muchacha pelirroja, saca ansiosa de su bolso un pequeño regalo, le dice que se lo compró con mucho cariño y esperaba que le gustara. Él sonrojado no entendía el motivo del regalo pues no cumplían ningún aniversario. Ella riéndose le dice que lo abra y se deje de preguntar tanto. Era un mp4 color plateado. Me encanta le dijo él, pero ¿A qué se debe esta sorpresa? le preguntó. Ella con un fuerte abrazo le dijo: “Feliz día del periodista, tontito”.No era el único despistado en aquellas celebraciones, a mí también se me había olvidado por completo. Antes lo tenía muy presente y claro, vivía en ese ambiente. Ser parte de los “cronistas” del Congreso, tenía muchas ventajas. Los “padres de la patria” se esmeraban por hacer cumplidos a la prensa, nos daban pequeños presentes y a sus engreídos más cosas, por supuesto, pues por ellos, aquellos congresistas eran conocidos por el público y no quedaban mal con sus votantes, claro que las cosas cambiaban cuando eran asediados por la prensa, no por cometer acciones buenas, sino por alguna falta grave. Era de suponer que a mí no me tocaba gran cosa, pero tampoco me lo esperaba, pues trabajaba para un medio de provincia que se limitaba tan solo a las noticias de los congresistas de la localidad, que a decir verdad, no daban mucho material para redactar una noticia sobre sus planteamientos. Por eso se ponían contentos cuando los entrevistaba para el diario. Después, bastante molestos con mi nota, ellos me mostraban que sus respuestas eran aprovechadas por el director del periódico para hacerlos quedar mal.
Recordando esas buenas épocas me dieron ganas de celebrar este día. Tan mal no me podía ir, además aún conservo las credenciales de los medios por los que he pasado. Y para eso están los amigos. No busqué a mis colegas pues ya sabía dónde los podía encontrar, en la “Isla del Paraíso”. Es el único local que entras sin pagar ni un sol, tan solo te piden tu carnet de prensa. Asistí a aquellas fiestas en esas épocas, nunca en mi vida observé a tantos periodistas juntos, bailando y haciendo una interminable cola para conseguir la jarra de cerveza. A la mayoría no los conocía, pero no faltaba uno a quién reconocer, por el medio o por pertenecer a la misma facultad de comunicaciones. Aunque solo nos conocíamos de vista nos saludábamos como si hubiéramos compartido miles de anécdotas. Bueno, uno con cerveza es amigo de todos, las diferencias que antes había se disipaban en esos instantes y claro el tema siempre era el medio en que trabajabas, si te pagaban bien o qué tipo de jefe te tocó. Después de esas reuniones las relaciones entre nosotros eran más cercanas, conocías a la chica creída y más bonita de la redacción o al chico tímido que solo se limitaba a escribir y se iba directo a su casa. Se formaba buen ambiente, claro, hasta que llegaba el editor y nos ponía como hormigas a trabajar. Es raro, siempre me pasa cuándo necesito de algún amigo. Al llamarlos, ellos estaban haciendo otras cosas. Es de suponer pues ninguno está en un medio de comunicación y por supuesto ni se acuerdan de que hoy es el día del periodista. Por eso cuando miraba mi celular por si había algún mensaje o una llamada perdida, no encontraba nada. Aunque les mandé mensajes de texto, para ver si nos podíamos reunir, cómo quién no quiere la cosa, ninguno me respondió. Pero se me dio por ver la agenda telefónica y ahí de casualidad leí el número de una de mis ex enamoradas. No la veía desde el día de mi cumpleaños. Me encantó verla esa noche, pues nos divertimos cómo nunca, bailamos a más no poder y tomamos como si fuéramos vikingos. A pesar que nuestra relación duró medio año, nos conocíamos desde pequeños. Vivíamos en el mismo barrio, así que no era difícil buscarla y encontrarla. Por eso creo que tuvimos muchos reencuentros con ella. A veces nos volvíamos a ver en una fiesta de algún amigo en común y sentíamos que el tiempo no había pasado, pues las miradas cómplices eran cómo en nuestros mejores tiempos. Cuando bailábamos, nos agarrábamos de las manos, entrelazados los dedos intentaba acercármela para sentir su cariño. En silencio aceptaba mis afectos y me abrazaba. Creo que el abrazo es muy necesario en una relación, significa un apoyo de la pareja, un consuelo, un sentimiento que cualquiera te lo puede dar, pero si alguien a quién amas te lo brinda, sientes una sensación de alivio y comodidad. Tanto sentía su ternura, que me provocaba quedarme dormido en sus delgados hombros para siempre. Quizás sienta esos deseos de protección, no por falta de cariño o de afecto, pues estoy acostumbrado desde pequeño a recibirlo, sino es que me gusta darlo y que buenamente me lo brinden, en algunos momentos se necesita sentirlo, para saber que no estás tan solitario en esta vida tan dura que te tocó vivir. No solo nos quedábamos en abrazos, manifestábamos nuestros sentimientos al besarnos apasionadamente. Sentíamos que en el mundo solo existíamos los dos, pues muchas personas estaban en contra de nuestra relación. Sembraron dudas en el camino de ambos, pero a pesar de todo, el cariño que nos brindábamos seguía intacto. Aunque al menor descuido o pequeña discusión, decidíamos terminar. Y eso pasó muchas veces. Con idas y vueltas, con pareja o sin pareja, siempre llegábamos al mismo punto. Huir de las personas y disfrutar de, al menos, un pedacito de cielo en medio de tantas dificultades. Debo confesar que nunca luché por ella, por aquel amor que muchas veces le insinuaba sentir. En ese tiempo dejaba pasar las cosas tal y cómo vengan, sean malas o buenas. Por ello, muchas cosas importantes perdí, personas que hoy recuerdo con cariño, aunque sé que nunca volverán, ni tendré la oportunidad de decirles cuánto lo siento. Me fui siempre de su lado, porque también notaba en ella esa falta de ánimos, no me ponía las pilas ni me retenía. La frialdad siempre me dañó. No me gusta que las personas me muestren ese lado de su ser. Menos una persona que me demostró tanto cariño y una acogedora felicidad. Me siento dolido cuando noto que la frialdad otra vez me ataca, con diferente rostro, en distintas personas, pero con el mismo deseo y objetivo. Mandarme al destierro, al frío invierno del polo norte, para que recuerde mis errores y me flagele con la pena de haber perdido algo maravilloso que nunca lo supe retener. Después de cada beso con ella, sabíamos que ambos teníamos que recorrer un camino distinto. Nuestras vidas eran completamente opuestas, las metas diferentes y los amores también. Al partir de su acogedor nido, siempre me iba con la cabeza agachada, pensando que si me sentía mal, ella se podría sentir peor. Pues los besos y abrazos se desvanecían al amanecer. Hasta que el día de mi cumpleaños, ella me buscó y no me arrepiento de encontrarla, pues después de mucho tiempo no me divertía tanto junto a ella. Al terminar la velada y dejar a todos en sus casas, nos encontramos solos, frente a frente, parados en el mismo lugar en el cuál, renacía nuestro más logrado secreto y nos dejábamos llevar por nuestros sentimientos. Pero me dijo, algo que siempre recordaré, mirándome a los ojos “Gracias, por estar ahí cuando siempre te necesitaba”. En esos momentos no pude contener las lágrimas, pero ella no lo notó, pues me abrazaba fuertemente y no dejaba de decirme lo mucho que me quería, que era una persona especial y que siempre quería decirme estas cosas, por eso aprovechaba en decírmelas pues sabía que era el día y el momento de decirlo. Es ahí, cuando llegué a entenderla. Las veces que nos juntábamos, no era solo porque yo la necesitaba, sino que ella sentía lo mismo. Por eso que me dejaba irme sin retenerme, pues sabía bien que volvería y otra vez, me iba a necesitar.
La llamé, no con ánimos de volver a besarla, sino por querer tener una grata compañía, además las cosas para mí estaban muy claras. Era momento de conocer a la amiga que me tenía que ver en ella y que ahora recién se mostró cómo tal. Me respondió muy sorprendida, pues sabía muy bien que no soy de llamar a las personas. Le dije para salir, ella dudó por un momento, pero ante tanta insistencia de mi parte, aceptó. Me sentí aliviado, pues por fin iba a empezar a celebrar este día. Fui a su trabajo, me pidió que la esperara, ya que se le había presentado un imprevisto. Pasó una hora y no salía, yo seguía escribiendo mi relato que ya empezaba a tomar forma. No aguanté más y la volví a llamar. Con voz tímida, me dijo que no iba a poder salir conmigo, pues no acababa de hacer sus cosas. Tratando de no ser irónico, le respondí que “no se preocupe” (siempre digo esta frase, mi mamá se ríe muchísimo al escuchármela, pues cree que todo lo tengo planificado y sé solucionar las cosas y yo me río con ella, pues sí supiera la verdad no se estaría riendo tanto) que ya otro día será y colgué. La verdad es que no sentía cólera, sentía desilusión, pues según ella, estaba cuando la necesitaba y cuándo yo la necesitaba, no estaba. Caminé unas cuadras, esperaba que el semáforo cambiara. En eso una camioneta 4x4, se estaciona al frente de un restaurante. No me sorprendí al ver bajar del auto a la chica, que me había hecho esperar una hora y que tenía mucho trabajo, de la mano de su jefe, desbordando felicidad. Ya era tarde, me compré cerveza para llevar a mi casa y ahí acabar con el relato que me propuse hacer desde temprano. Es curioso, ahora se me da por escribir en fechas importantes para mí. Aunque sé que la mayoría de mis amigos más cercanos (por no decir, ninguno) no han leído las tonterías que escribo, a pesar que les comento algo ilusionado y con muchos ánimos, lo emocionante que fue escribir aquella historia que ellos no se deben perder en leerla. Se interesaban, pero al encontrarlos por el MSN, les recordaba que visiten mi página, pero nunca tenía tiempo para leer mis cosas, más bien tenían sus propios problemas, más importantes que una historia ficticia y que ya les había comentado de qué trataba. Ahora me empezaban a contar sus cosas, y yo no dejaba de escucharlos o leerlos, para ayudarlos. Pero en venganza, a sus insolencias ante mis humildes relatos, ahora escribo sobre ellos, sobre sus problemas, total, ni se darán cuenta y cuándo lleguen a reclamarme por algo que aquí he dicho, pues recién sabré que al menos me leyeron. Abro las botellas, me encuentro al frente de la pantalla de mi PC. Hace poco, una amiga que se interesó tanto en mis escritos, me preguntó que parte de mis relatos eran realidad y cuales eran ficticios. Le respondí que trataba de escribir lo que se me venga a la mente, algún suceso que me ha pasado pero cambiándole siempre el final o el comienzo, el personaje o el momento. Que no me creyera nada, que a veces trataba de mezclar las cosas para llegar a una realidad que nunca viví. Al leer mi última crónica publicada, algo preocupada por el tema que se trataba, me volvió a preguntar tímidamente, si lo que contaba en esa historia que parte era verdad o y cuál parte era ficción. Le dije que lo que había leído era todo cierto, que así era mi vida, que así había pasado mi cumpleaños. Se quedó callada y algo consternada por mi respuesta, me dijo: “Cuánto hubiera querido que ese relato fuera ficción”. “¿Sentiste alguna vez lo que es, tener el corazón roto. Sentiste a los asuntos pendientes volver, hasta volverte muy loco?...” se escucha la voz aguardentosa y con mucho sentimiento de Andrés Calamaro por toda mi habitación, acompañada de mis aullidos que pretenden llegar a las notas pobres de aquél cantante que no es famoso por su melódica garganta, sino por sus tristes canciones, que no solo habla de drogas, sino de desamores y malos pasos. En esos momentos sentía que esas canciones, eran mías, pues relataban tal cuál mis vivencias. Eso me pasa al escuchar todo tipo de canciones, siempre digo que puede una canción sonar y ser un éxito de temporada, pero solo se le toma de moda, pero hay canciones que son para toda la vida, pues al escucharlas sientes que puedes ser tú el de la historia, y cuándo las vuelves a escuchar después de tiempo, se te viene a la mente un sin fin de historias y relatos, que los creías olvidados. Una persona recientemente me dijo que no le gustaba mi pesimismo, que me sentía muchas veces derrotado antes de emprender una competencia, que me aferraba a una botella de cerveza para olvidarme de las cosas y que muchas veces, ella trató de sacarme de ese hueco en el cuál me atrincheraba cada vez que no tenía fuerzas. Ahora ella se cansó de apreciar tal espectáculo del cuál prefirió con mucha tristeza y buen tino alejarse. Es curioso, escuchar esas palabras de aquella persona, pues cuándo estaba con ella, siempre me sentí un ganador. “Estoy vencido porque el mundo me hizo así, No puedo cambiar. Soy el remedio sin receta y tu amor mi enfermedad. Estoy vencido porque el cuerpo de los dos es mi debilidad. Esta vez el dolor va a terminar…” y sé que terminará, porque ya mis lágrimas empezaron a secarse, porque el amor se puede sentir de un solo lado, pero es triste y se sufre mucho. Me sentía orgullo cuando me pasaba, pero ahora que llegué a sentir que por fin alguien me amaba, me gustó tanto estar en ese estado, que ahora no concibo la idea de sufrir más. Sigue resonando en mis oídos aquella estupenda canción y otra vez la hago mía. Y me pongo contento, no por recordar a la persona que se la dedico, sino porque me doy cuenta que ya he terminado mi relato. Busco alguna foto que vaya con el tema y listo. Le doy “clic” en publicar y soy feliz, al verla ahí, junto a mis otros escritos. Sé que casi nadie lo leerá, pero me nace escribir. Es lo único que trato hacer bien y soy conciente que me falta mucho, pero por eso no dejo de redactar. Es mi naturaleza. No sé si por esto me metí a estudiar para periodista, aunque muchas veces no ejerza esa profesión. Pero creo que aún sin tener un título que me avale como tal, me siento uno de ellos, aunque ellos muchas veces, no se sientan parte de mí. Veo a mí alrededor. Hay varias botellas vacías esparcidas por todos lados. Es ahí cuando me doy cuenta que ella está a mi lado. La noto ahora resplandeciente, luminosa, como renovada. Me queda mirando a los ojos. Le sonrío. Le hago un gesto para brindar nuestro reencuentro. Me enamoro más de ella. La extrañé. Tanto tiempo sin verla y ahora sin que la llame está ahí, a mi lado y con muchas ganas de quedarse, pero esta vez para siempre. Sabía que iba a venir, tarde o temprano, hubo un momento en mi vida que me hicieron olvidarla completamente. Pero a mí, los sueños bonitos no me duran nunca. Y la realidad me choca una vez más, contra la pared. Resignado y con el último sorbo de la botella de cerveza, ella me dice: “¡Feliz día del periodista!” y yo le respondo: “¡Bienvenida, Soledad!”.
Salgo de casa. El camino es largo. Pero me voy con una sonrisa que se desvanece al cerrar la puerta. No soy de las personas que demuestran sus momentos malos ante mi familia o seres queridos, siempre quise mantener mi hogar limpio y protegido de los problemas que me han aquejado, son muchos, pero ellos nunca se han enterado. Al menos tengo la suerte de no haberme pasado nada grave, pero a veces, siento la tentación de gritar todo, de decir lo que siento, de acurrucarme en sus brazos y sentir ese apoyo que tanto necesito. Todos estos pensamientos se me pasan al ver cuando me sonríen, a pesar de que me cuentan que también tienen problemas y que para su tranquilidad me notan calmado, disfrutando de mi vida. Recuerdo mucho que mi padre me dijo alguna vez, que ellos no se preocupaban por mí, pues confiaban mucho en lo hacia y deshacía, en mis decisiones que llegaban a distanciar de mi existir, todo los males. Casi se me salen las lágrimas en ese instante, pero mantuve ese temperamento que me ayuda a no caerme frente a ellos. La pista está mojada, desde las primeras horas del día no ha dejado de llover. Estoy acostumbrado a tener que soportar este clima, de la famosa “panza de burro” que siempre ha cubierto Lima, desde que tengo uso de razón. Incluso al escuchar las historias que cuenta mi padre al hablar de mí. Creo que siempre recordará con cariño el día que me conoció, pero también, no se le borra de la mente ese día de lluvia y de baja temperatura. Ahora, se vuelve a repetir, con mucha más crudeza, pues la neblina y el grado de humedad habiendo llegado al 100%. Todas estas características juntas hacen de este un horrible día. Al pasar por aquel callejón que tengo que cruzar para acortar distancias, yendo al paradero de buses. Me decido abrir el pequeño sobre que me entregó mi madrina. A pesar de los años y de las inclemencias, siempre ha venido a visitarme. Claro, antes ella venía acompañada de mi abuelita, que hasta el último año de su existencia, no dejó de estar presente para saludarme. Hoy se ha sentido su presencia y creo que no he sido el único que lo notó. Mi mamá estaba acostumbrada a verla este día. Y ahora mira con nostalgia a mi abuelo que ha tomado la posta de su mamá. Quizás, quiera grabar en su mente estos pequeños momentos de felicidad, para recordarlos toda la vida. Desde pequeño no he estado acostumbrado a festejar este día. Fue por propia decisión. Creo que mis padres nos enseñaron a valorar las cosas pequeñas de la vida. No me moría por tener a todos mis amigos de la escuela metidos en mi casa, revoloteando, haciendo bulla o embutiéndose todos los dulces que encontraban en la mesa, esperando tan solo que acabe el show del payaso para irse raudos a sus casas, con su pastel en la mano. Aunque tenía esa tentación, pues podía tener más de un regalo. Me acostumbré a pasarlo en familia, en vez de dulces, mi mamá me preparaba la comida que más me gustaba. No había una torta de chocolate con mi nombre dibujado, pero no faltaba un delicioso pastel de manzana. Tampoco tenía de regalo el juguete de moda, pero recibía una cantidad considerable de dinero, que para un niño de mi edad o de mi barrio era más que suficiente. Hasta llegué a sacar una cuenta bancaria. Creo que con esa plata, me hubiera comprado lo que quería, ropa, algún juguete nuevo o una pelota de fútbol, pero ya en ese tiempo, se hacia notar mi personalidad indecisa. Claro que después de años y en momentos de escasez económica que pasó mi familia, contribuí a palear en algo las cuentas familiares.
Ya siendo adolescente y cursando secundaría. La costumbre y las chacotas de todo chico de esa edad, hizo que ocultara este día. Pues cuando teníamos conocimiento de que un compañero de aula, cumplía años, no por propia boca del cumpleañero, sino que nunca falta en la escuela la niña chismosa o la profesora orgullosa de su alumno, siempre lo esperábamos a salida del colegio. Todos nos dispersábamos en grupos para hacer cada movimiento. Unos compraban el kilo de huevos, con el dinero que habíamos dado en el salón para, de cierta forma festejar con nuestro propio estilo, al amigo que cumplía años. Otros se quedaban esperando en la puerta de salida y por sea caso, en los posibles escapes que podía tomar al sospechar nuestra actitud. Las chicas también hacían lo suyo, eran el toque de distracción y las encargadas de llevar al cumpleañero a la cueva de lobo, en donde lo esperábamos ansiosos y con mucha risa, al imaginarnos lo que le esperaba. Ni bien lograba pasar el umbral de la puerta de salida. Una lluvia copiosa de huevos caía directo a su cabeza. Algunos corrían desesperados, llegando a escapar, pero siempre volvían por las chicas. Sabiendo el destino que me esperaba y conocedor de que muchos querían vengarse por estamparle un huevo en su frente, siempre oculté este día. Y todos esos años, de tanto mentirles y aprovechando sus frágiles mentes, para ellos, nunca supieron que mi cumpleaños caía un día de clase, sino un sábado o domingo, alejado de las aulas. En esa época y con el trascurso de los años, dejando de lado un poco las bromas y los excesos que cometíamos antes e influenciados por las costumbres de las chicas, tomamos más importancia al día en que nacimos. Además, ellas querían saberlo, ya que se empezaban a interesar más por nosotros, quizás ya no nos veían como compañeros de clase, sino como posibles parejas. Incluso, se venía el año de las quinceañeras, trayendo como consecuencia los famosos “Slam”, que eran unos cuadernos de hasta 100 hojas, en donde se hacían distintas preguntas, con el solo propósito de hurgar en el pensamiento de aquellas mentes jóvenes y ansiosas de vivir, que les interesaban. Todos los participantes agarraban un número y tenían tan solo 2 reglones para responder. No podía faltar la pregunta que todas querían saber y que le daba prestigió al famoso cuadernito ¿Quién te gusta del colegio? Muchos la dejaban en blanco, pero cuando alguien se animaba a ser sincero, era cuestión de horas nada más, para molestarlo por su respuesta. Siempre ponía en ese campo el nombre de la profesora más joven y hermosa del colegio, lo cuál me costaba muchas críticas, pero me ceñía a lo que me preguntaban y era válida mi respuesta, pues querían que ponga el nombre de una compañera de clase. Por eso no me preocupaba responderla, aunque no fuera cierta, me servía para ocultar lo que sentía. Lo que si no podía solucionar, fue cuando llegué a la pregunta ¿Cuándo es tu cumpleaños? Cuando me animé a responderla, fue la sensación del salón, y todas me miraban con caras de ternura, pues por fin me animaba a debelar el misterio del día de mi cumpleaños, lo que no sabían era que puse “8 de septiembre”. Desde ese momento, todos me saludaban ese día. Lo cuál, me hacia sentir bien, pues no me preocupaba tanto de esa fecha. Además que podía festejar con ellos, por fin mi santo, el cuál ya había pasado unos días antes, para esos momentos. Hasta ahora, que ya todos saben en realidad mi verdadera fecha de nacimiento, no falta amigos de colegio que me saludan el 8.
En la universidad fue distinto, pues no tenía muchos amigos. Conformé un pequeño grupo de, paradójicamente, cinco amigos. Nunca me gustó el número 5, hasta ahora mis numerales de la suerte son pares, no impares, pero el día, el mes y el año en que nací, están compuestos de números impares. Supongo que fue rebeldía ante el destino y escogí como número de suerte el 8. Andábamos por todos lados, tratando de apoyarnos para sobrevivir en aquel centro de estudios, pues sabíamos que solo pocos lograban terminar la carrera. Solo dos, lograron esa meta, los otros, encontraron otra forma de solventarse la vida. En ese tiempo, se acostumbraba a invitar a todos los conocidos y los más populares de la universidad a la casa del cumpleañero. Era muy importante saber quién iba asistir a la reunión, pues de ello dependía el éxito de la fiesta. Por eso evitaban invitar a los que no eran muy conocidos en la universidad, los huraños o antisociales, por eso creo que no recibía invitación alguna. Claro que no era muy importante para mí aquel acontecimiento, además, sabía de antemano, que a mis amigos los habían invitado y con ellos podía asistir a la gran reunión. Pero, como les había contado, dependía mucho de las personas que asistían, los chicos populares o las chicas hermosas, sino nadie se animaba a ir, prefiriendo marcharse en grupo a gozar y rumbear más en una discoteca de moda. Cuando nos tocaba festejar nuestros cumpleaños, la mejor forma que teníamos para pasarlo bien con mi grupito era, ir a las galerías de la Av. Brasil, en donde alquilábamos un par de horas y jugábamos Play Station, después nos íbamos a tomar a un bar, maloliente, característica primordial de todo bar limeño, donde nos recibía con cara de pocos amigos la “Tía Cucaracha”, acostumbrada a ver pasar por su local a toda clase de borrachos y sacarlos a punta de escobazos de su pequeño recinto.
Un repentino freno que dio el bus, me hizo despertar. Debo haber dormido al menos 20 minutos. Era un alivio, pues estoy sufriendo de un insomnio que me dejaba como zombi en el transcurso del día. Observo a través de la ventana empañada de humedad del carro que aún me falta un tramo por recorrer para llegar a mi destino. Noto que la gente camina toda apresurada, con sus abrigos que los cubría del fuerte frío y de la lluvia abundante que descendía esa noche. Ya ni siquiera se podía distinguir las casas del Cerro San Cristóbal, la neblina ocultaba todo el paisaje y las casas. Solo dejaba traspasar levemente las luces amarrillas de los postes, que tenuemente alumbraban las calles. Se hacia difícil manejar en aquellas pistas llenas de agua. En algunas partes se producían aniegos y pozos, que los carros maltrechos tenían como obstáculo. Y era una suerte que las llantas desgastadas pudieran servir en esos momentos. Ni siquiera pude apreciar aquella casa que tiene pintada el escudo en forma de “U”, que tiene el equipo del cuál soy hincha. Volviendo mi mirada hacia las personas que viajaban conmigo en el bus, sorpresivamente encontré la mirada de una chica simpática que me examinaba con atención. Incluso me llegó a sonreír, pero al ver la tristeza dibujada en mi rostro, se incomodó y prefirió mirar todo el espectáculo siniestro de las calles limeñas.
Miro la hora. Me doy cuenta que como siempre, llegaré tarde a mi propia reunión. Preocupado saco mi celular, para ver si no estaba apagado, pues no había recibido llamada alguna. No me sorprendió verlo funcionando como si nada estuviera. Ni siquiera me habían llegado mensajes de texto. Esbocé una pequeña sonrisa. Recordaba que desde que logré tener un celular, siempre lo apagaba este día. Todos mis amigos, hasta mis familiares, me reprochaban aquella actitud y aún me siguen criticando por ello. Aunque sé que ni siquiera intentaron llamarme, pues desde el año pasado que dejé aquella actitud contra mi celular. Mi argumento para tamaño acto de asesinato comunicacional, era que no quería recibir llamada alguna, pues a pesar que he estudiado comunicaciones, soy muy tímido y a la vez parco. Ahora pienso que si elegí esta carrera, era como una forma de grandes sesiones siquiátricas, para aprender a relacionarme mejor con las personas, al comienzo no me sirvió de nada, pero ya con la ayuda de mis amigos, pude afrontar mejor la realidad. Para colmo, me refugié en la lectura y en la escritura, que son dos cosas que se disfrutan al máximo, cuando estás completamente solo. Se me hace difícil recibir las llamadas de mis propios familiares, llámese tíos, que no estoy acostumbrado a verlos tan seguido, y claro por el cariño que desde pequeño me tienen, algunos se acuerdan de este día. Cuando me llaman, siempre me recuerdan que estarán ahí para brindarme todo su cariño y que no deje de confiar en ellos, expresándome muchos deseos para el año que se avecina. Al cuál respondo con mucha gratitud, pero después de ello, ambos nos quedamos en silencio y es preferible despedirse. La verdad, que no soy muy allegado a mis familiares. Los veo solo en las fiestas o reuniones que organizan. Tampoco llego al extremo de ponerme a un lado, trato de fraternizar con ellos, pues, a pesar de no verme seguido, siento ese cariño fraterno. Si sé de ellos es por mis hermanos mayores, que me ponen al tanto de los acontecimientos con tintes pintorescos que rozan los límites del chime. Y es que el tema del celular, se me hace gracioso. Pues casi nunca hago llamadas, no me pregunten por qué, pues no lo sé. Creo que es la costumbre. Es por eso, que ni siquiera me preocupo por tener salgo para comunicarme. Solo mando mensajes que ahora son bastante cómodos, y cuando no tengo saldo, siempre doy una “timbrada misia”, para que me llamen. Ojo, no es porque tenga avaricia o tacañería, pero prefiero gastar esa plata en otras cosas. Además, se nota que no me gusta llamar, pues tengo el teléfono fijo de mi casa y nunca lo utilizo. Eso me trajo muchos problemas con anteriores relaciones, pues ellas esperaban hasta el último momento que las llame, y como nunca ocurría eso, decidían que ese era un problema fundamental y me dejaban. Después de varios años y reencontrándome con chicas que llegué a conocer en una fiesta y que por diversos motivos no nos seguimos frecuentando, siempre me enteraba, por ellas mismas, que por no llamarlas, después de conocernos y pasarla genial, perdí la oportunidad de tenerlas como pareja, pues les había llegado a gustar y ellas creían que no las había llamado porque me aburría con ellas, lo cuál no era cierto, pues me gustaban mucho, es más me sorprendía y me alegraba que sean honestas. Lamentablemente, todas me dijeron lo mismo, cuando ya tenían una relación estable en esos momentos y con planes de casarse. No sé si era para liberarse de todo su pasado y dejar limpia su conciencia o por el licor, que hasta llegaban a declarar su amor oculto hacia mi persona, pensando que hubiera sido lindo y precioso estar conmigo, pero que el destino les tenía preparado otro hombre. Cuando se terminaban de secar sus lágrimas, por tamaña confesión, me preguntaban por mi estado actual, si es que tenía pareja. Al notar que mi respuesta era negativa, me miraban con un cierto aire de lamento, tratando de consolarme con la frase: “Ya encontrarás una persona que valga la pena y te merezca”.
Al pasar los años, me di cuenta que apagar mi celular era una forma de restringir y limitar la buena voluntad de las personas que se acordaban de este día. Y les daba importancia a aquellas, que no tenían en su agenda este acontecimiento. Creo que es parte del crecer y de la experiencia, la cuál me hizo darme cuenta a tiempo de las cosas que valen la pena. Por eso, el año pasado, decidí mantenerlo prendido. Y voy a Tratar de seguir con esta costumbre por muchos años más. Porque el año pasado fue especial. Ahora puedo darme cuenta que el destino hizo que tomara la decisión, justo en aquel momento, de tenerlo prendido para esperar las llamadas de mis amigos y familiares. Las cuales no llegaron nunca a realizarse, pues acostumbrados a encontrar siempre el mensaje de la contestadota, decidieron lógicamente no llamarme. Pero, en cambio, recibí solo una llamada, que fue el comienzo de algo que nunca olvidaré. En realidad me sorprendió recibir ese llamado. Pero fue tan natural la forma cómo hablamos, como si nos conociéramos de años. Hablamos poco, es cierto, pero fueron momentos muy gratos. Desde ese instante pasé con ella, muchas cosas hermosas. Me logró enseñar algo muy especial, que siempre guardaré en mi corazón. Pero ahora, después de un año, sé que no recibiré más esa llamada. Me duele en el alma no haber podido cuidar todo lo que me brindo. Sé, también, que le he dicho muchas cosas horribles, que eso ha hecho que se aleje mucho más de mí y confirme su decisión de no verme nunca más, pero si las dije fue porque estaba dañado, pero nada justifica mi actitud. Y que si habría una oportunidad de volver a ser los mismos de antes, hoy, con mis palabras y mis promesas siempre incumplidas, han desaparecido por completo. Es duro saber, que ni siquiera tendré la oportunidad de acercarme a ella y poder abrazarla, me hace mucha falta en estos momentos, la necesito. Hoy, siento que mi corazón se encuentra fúnebre con su partida, no noto reacción de su parte. Mis pensamientos están en su regazo, pero quizás ella no lo necesite por eso trata de olvidarse de este ser, tenebroso y sombrío que me he convertido y que no le sirve de nada tenerme a su lado, pues causo pesar y mis palabras dañan como azotes a la espalda. Tan solo quisiera decirle que ella sabe muy bien lo que siento, va ser difícil olvidarla, nunca pensaré mal de ella y guardaré como un tesoro todos los momentos felices que pasamos. Quizás ya no creas más en mis palabras, por eso solo me queda pedirte, perdón. Entro al edificio. Subo el ascensor, aprovecho la oportunidad para secar mis lágrimas. Trato de darme ánimos, pero no puedo solo. Toco el timbre. Al abrir la puerta, todos mis amigos más cercanos, felices de verme, con cerveza en las manos, se acercan cada uno a felicitarme. Sonrió. Me hacen brindar con ellos, me dan su cariño y me siento contento de saber que están aquí. Sé que tomaré, bailaré, haremos cualquier cosa para pasarlo bien y divertirnos, como estamos acostumbrados hacerlo. Les agradezco por estar ahí. Pero ellos nunca sabrán qué me pasa, así como lo hago con mi familia, les ocultaré los momentos difíciles que estoy pasando, pues me quieren ver feliz y no sería justo para nadie ponerme mal. Esto me lo guardo para mí, para poderlo afrontar y volver a empezar. Sé que pasarán cosas después de la reunión, tomaré hasta poder por fin, emborracharme, pero, soy conciente, que mientras tenga alcohol en mi cuerpo y pase por las venas, me olvidaré de todo. Lástima que no duré todo el tiempo. Ya que mañana también amanecerá nublado y con lluvia, así como en mi vida.
Es otro día más. El amanecer es hermoso, pero el frío se hace sentir hasta en los huesos. La pequeña carpa que me sirve de morada, ya se está rompiendo de a pocos. A pesar que me ha servido por un buen tiempo, los continuos cambios de clima han hecho deteriorar el material. Aún no me quiero levantar de mi cama, hecha de paja y cubierta de colchas y las típicas frazadas con dibujos de tigre, no puedo conciliar el sueño. Desde que empezó todo, no encuentro esa paz que da el descansar bien. No solo porque perdí a la mayoría de mis seres queridos en aquel terremoto que azotó Pisco y parte del territorio peruano. Destrozando todas las ciudades principales, dejándolas en escombros, y con más de 500 personas muertas y miles de damnificados. El lugar parece como si fuera un campo de guerra, que ha sido bombardeado por los enemigos. Todas las noches sueño con lo mismo. Ese día en casa, habían llegado mis padres que se disponían ir a misa. Mis hijos los querían mucho, pues ellos los engreían. Descansando con mi esposa, aprovechamos en tomarnos con ellos una botella de Pisco, la bebita que siempre me gustó tomar y para estas ocasiones especiales, brindaba con mis familiares y empezamos a charlar con ellos, sobre algunos proyectos que teníamos pensado, íbamos a poner una tienda en la casa, para que ayude con la situación económica de la familia. Ellos se fueron a misa. Me quedé con mi señora, veíamos televisión y mis hijos jugaban afuera fútbol con sus amigos de barrio. Al caer la noche, se escuchó un ruido intenso, salté de la cama, nos alarmamos, sentíamos los primeros movimientos de tierra. Mis hijos entraron a la casa desesperados, les decía que se calmen, que no iba a durar mucho. Siempre pasaba lo mismo, los temblores en la región era un tema que todos sabíamos manejar, por eso estábamos acostumbrados, algunos eran solo ruido y los otros se sentían pero, no duraban mucho. Pensé que esta vez iba hacer igual, pero pasaban los segundos y no dejaba de temblar la superficie. Salimos con mi familia a la calle, me di cuenta que todas las personas estaban afuera de sus casas. Algunas ni siquiera lo pensaron dos veces, se iban corriendo hacia la plaza que quedaba a dos cuadras, dejando todas las pertenencias que tenían en sus casas. Los niños lloraban aterrorizados. Sus llantos ni si quiera se escuchaban, eran opacados por el escalofriante ruido que producía y acompañaba al sismo. Los ladrillos empezaron a caer, el movimiento no cesaba, todo era un caos. Las casas de adobe no tardaron en desplomarse, no importando si es que había gente que estaba dentro o fuera. Cuando la gente notó que las casas se caían, las lunas se rompían, el suelo se abría, solo atinaban a correr a campo abierto. Lo peor de todo, es que las personas trataban de escapar de ese fenómeno, pero se encontraban con paredes que se derrumbaban a su costado, que les cerraba el paso. Incluso el tumulto que formaban, hacía que ellos mismos se estorbaban, los más débiles caían y eran aplastados por la turba que ni se daba cuenta que los pisoteaban, pues en ese momento solo atinaban a salvar sus propias vidas, no importando cuál era el costo. El suelo se sacudía cada segundo con mayor intensidad, era dificultoso correr y hasta quedarse en pie. Agarré con todas mis fuerzas a mis dos hijos, no mirando hacia atrás. Solo me importaba llegar a la plaza y seguir a toda la turba que buscaba escapatoria. La sensación era terrible, era como si durara horas el movimiento, no paraba y se hacia una eternidad. Mientras tanto, la humareda que levantaba todo lo que se caía, nublaba la visibilidad, todo era una nube de polvo. Las casas de material noble se venían abajo como piezas de domino, una a una se derrumbaban, trayendo consigo todo lo que se encontraba a su alrededor, los postes de energía eléctrica y sobre todo los ladrillos que se convertían en proyectiles fatales. A mi paso, solo veía muchos obstáculos, incluso había personas sepultadas por paredes enteras. Cabezas, brazos, piernas, se confundían con todo lo que se desmoronaba de las casas, creando así muchos montículos de material noble y arena. Por ahí tenía que pasar para salvar la vida de mis hijos, que no dejaban de llorar y gritar al ver tal espectáculo tan horrendo. En esos momentos sentí que algo me cayó en mi brazo, no me importó el dolor. Ahí recién sentí lo que el ser humano es capaz de hacer siguiendo su instinto de sobrevivencia, además si decaía, mis hijos perdían las esperanzas de salvarse. Cuando logré escapar de las calles estrechas del barrio, que se convirtieron en una trampa para muchos que no lograron salir, recién pude respirar. Ya había parado el terremoto. Las personas estaban muy asustadas en la plaza, algunos entraban en pánico. Miré a mis dos hijos, dejaron de llorar, a pesar que estaban cubiertos de polvo, creo que los impactó ver tanta gente reunida en aquella plaza, donde tantas tardes jugaron con sus amigos. Felizmente, no les había caído nada, salieron ilesos. En esos momentos, miré hacia atrás. No estaba ella. El más pequeño de mis hijos, también se había dado cuenta de que faltaba su mamá y me preguntó por ella. Le dije que estaba detrás de nosotros, que no sabía por qué tardaba tanto. Se puso a llorar. No sabía qué decirle, por primera vez no tenía palabras para consolarlo en esos momentos. Su hermano mayor, lo abrazó, le dijo, no te preocupes, papá irá a buscarla, él la encontrará, cálmate. Cuando ambos me miraron, me di cuenta que debía volver. Busqué entre la multitud a una persona conocida, encontré a mi vecina, ella también buscaba a sus seres queridos. Los dejé con ella y le pedí que no se movieran de aquel lugar. Corrí lo más rápido que pude. Con mucho miedo, regresé por el mismo sitio, del cual había salido con mucha suerte. Las personas que salían de ahí trataban de detenerme, sabían que todo estaba perdido, pero me escapaba de sus intentos, algunos me decían que estaba demente, que por hacerme el valiente iba a encontrar la muerte. No me interesó nada. Con mucha dificultad saltaba los escombros, gritando el nombre de mi esposa. Cada vez que avanzaba, descansaba para respirar profundo y agarrar ánimos para seguir hasta el lugar donde se suponía que estaba mi casa. La llamaba. Me contestaban personas que me pedía auxilio. No podía respirar bien, las fuerzas se me iban, pero seguía porque no reconocía la voz de mi señora. Llegando a la casa, de la cual solo seguía en pie un pequeño cuarto, el de los niños, traté de gritar su nombre, pero ya ni voz me quedaba en ese instante, pero al parecer ella sí me escuchó y me respondió algo fatigada, casi inconciente. Estaba entre los escombros, encima tenía un grueso tronco de madera, que coloqué artesanalmente para hacer más resistente mi techo. Cómo pudo haber resistido a tal impacto, pensaba, hasta ahora me sorprendo, pero siempre supe que ella era una mujer fuerte. Me dijo que no trate de rescatarla, que vaya con los niños, pues eran lo que más le importaba. Me rehusé a dejarla ahí sola y pedí con desesperación que alguien me ayude. Le dije que no desperdicie aliento, que de esto se iba a salvar. Me hizo prometerle que pase lo que pase, cuide como un tesoro a nuestros hijos, como si ella misma los cuidara, que nunca viviera por ellos, que los apoyara en todo y que vele por su bienestar, ella sabía que eran mi adoración, pues nos iba a cuidar desde el cielo. No supe que decirle en eso momentos. Solo atiné a buscar la forma cómo sacarla de ahí. Cuando de pronto, sentí otro ruido, empezó otra vez a temblar la tierra, con la misma intensidad, me caí al suelo, miré hacia donde estaba mi esposa, nunca olvidaré esa escena. A parte de caer los otros troncos de madera del techo, cayó sobre ella la pared de ladrillos que la había salvado hace pocos minutos. Al derrumbarse lo que quedaba de mi casa, vino hacia mí, todo el polvo que había levantado la pared y el techo al caer, empañando mi visión, ahogándome en un grito de desesperación que produje.
La botella de Pisco 7.9, que se pretendió dar a los extranjeros que vinieron a ayudar, creo mucha polémica su creación.
Pensé en quedarme ahí y esperar la muerte, la tierra no dejaba de temblar, parecía una réplica de la anterior, escuchaba hasta los gritos de las personas que estaban en la plaza. No podía creer que había perdido a mi esposa, a pesar que grité su nombre, ya no volví a recibir nunca más una respuesta de ella. Creo que esos gritos, sirvieron para que vengan a salvarme, porque se dieron cuenta de mi presencia en el lugar. Como notaron que podía caminar, me agarrón con fuerza y me sacaron. Llegando a la plaza, con todos los malestares en mi cuerpo y sin ganas de nada, llorando como nunca lo había hecho en mi vida. Se produjo el tercer movimiento en el terreno. La gente se arrodillaba, empezaba a orar, pedían perdón y suplicaban que parase todo este castigo que estaban afrontando. Otros lloraban al no encontrar a sus familiares. Los niños gritaban y sollozaban a más no poder. Recién al ver la cara de desesperación de los pequeños, me acordé de las palabras de mi mujer y corrí en la búsqueda de mis nenes. Para mi suerte, no se habían desplazado del lugar, a pesar que la vecina con las que los dejé, había desaparecido, me dijeron que le agarró el pánico y prefirió dejarlos sin mediar palabra alguna. Ellos solo atinaron a abrazarse y rogar para que los encontrara. Al parecer ambos eran concientes de mi estado calamitoso que llevaba encima, me vieron las huellas que dejaron mis lágrimas. Creo que por eso, no volvieron a preguntar por su mamá. Solo en el entierro, preguntaron si ella los había recordado, les dije sí, ella estará siempre con Uds. cuidándolos. Ambos me demostraron el temple y la personalidad que llevaron consigo, ante tal delicada situación, me sentí muy orgulloso de ellos, pues fueron mi fortaleza en esos momentos. Pasamos la noche aguantando las demás replicas que se dieron ese día y que continuaron por casi todo un mes. Nadie sabía lo que pasaba, se recuperaban, tomaban fuerzas para rescatar personas, pero venía otro movimiento telúrico a atemorizándolos hasta dejar lo que estaban haciendo, porque sus vidas también corrían riesgo. Incluso ya habían perdido las esperanzas de volver a ver a sus familiares que no lograron escapar de las casas totalmente destruidas. Lo mismo pensé cuando noté que la iglesia estaba derrumbada, solo quedaron en pie las dos torres que tenía a cada lado. Supe en esos momentos, que tampoco vería con vida a mis padres y que solo me quedaba con mis dos pequeños y adorados hijos. Los días siguientes a la tragedia, fueron muy duros para toda la población. La tarea principal era la de recuperar los cuerpos inertes de los escombros. Se pedía mucha ayuda, nos sentíamos solos en esa labor, las maquinarias pesadas que el gobierno prometió, llegaron a la semana. La ayuda internacional fue la que reaccionó mejor. En esos momentos todos se dieron cuenta que el Perú no estaba preparado para afrontar ésta catástrofe y quedaron en ridículo muchas autoridades pues no supieron cómo solucionar las cosas. Todo era un caos, la gente no tenía los principales productos para su supervivencia. Todo escaseaba, las tiendas al ver que había mucha demanda, vendían los productos al doble costo. Lo mismo sucedía con el agua. Era lamentable ver, cómo las mismas personas se aprovechaban de la necesidad de las personas. No tenía otra opción que comprar cosas sobrevaluadas para poder darles de comer a mis hijos. Lo peor fue, que empezaron a venir varias personas de otras provincias, que aprovechaban la oscuridad de las calles y de la noche, ya que ni teníamos electricidad, a robar y saquear las casas que seguían en pie. Toda la población se encontraba viviendo en carpas que se levantaron en las plazas, formando así, pequeñas aldeas y ni tiempo tenían para revisar que pertenencias habían resistido al sismo. Estos cobardes no les importaba nada, reunidos en grupos de más de 20 personas, arrasaban con todo lo que veían que tenía valor. La policía no podía contener a los asaltantes. Con los vecinos tuvimos que organizarnos y hacer rondas para proteger nuestro barrio de saqueos. Por este motivo y con temor, varias de las personas volvieron a sus derrumbadas viviendas a tratar de arreglarlas un poco y poder vivir, pero al irse de la plaza, no llegaban a tiempo a las reparticiones de víveres que hacían las diferentes organizaciones. La viveza hacia que hasta se hiciera doble cola para así acaparar productos y poder venderlos. Hubo mucha desorganización, caos y descontrol. La ayuda llegaba pero no era suficiente. Ahora, me doy ánimos para ir como todos los días al cementerio que, desde ese día aumentó su población, dejando copados casi todos los nichos que estaban disponibles, para arreglar la tumba dónde se encuentra mi mujer y las de al costado, en donde se encuentran mis padres. Siempre recuerdo con cariño las vivencias compartidas que pasamos juntos, incluso con mis propias manos, he construido una pequeña capilla con sus respectivas fotos y en donde he puesto diversas imágenes de santos católicos, para que siempre los acompañen en sus eternos descansos. Lo que me extraña y me causa indignación, es que otra vez, como hace un año, están viniendo los políticos de siempre, a tomarse sus fotos respectivas e irse a sus escaños de oro que tienen en el gobierno. Nos prometieron de todo, hasta un bono para construir nuestras viviendas, eso me alegró mucho, hice todos los trámites hasta me entregaron una tarjeta Visa, para cobrar el dicho dinero, cuando llegó al banco con todas las ilusiones a cuestas, pues un día anterior había planeado cómo reconstruir mi casa. Me dicen que no tenía fondos mi cuenta. Reclamé, pero fue en vano, lo mismo le pasaba a la mayoría de personas. Los que llegaban a cobrar algo, les imponían como condición comprar en una sola ferretería, de la cuál, subía al triple los precios de sus productos, con ello, no se podía arreglar nada, la plata era insuficiente. Se creo un ente para planificar las cosas y dirigir los fondos que tenía el Estado para gastar, FORSUR desde el comienzo, no llegó a funcionar nada, el peor error era tener una oficina en Lima, ni siquiera sabían qué necesitábamos. Los periodistas colaboraron en informar y fiscalizar todo lo que pasaba, pues venía ropa que la gente, no solo del Perú, sino de otros países. Se donaban casacas, carpas, etc. Pero cuando esa ayuda se repartía, encontrábamos ropa mal oliente, rota, con hongos, zapatos con huecos en la suela, en otras palabras, inservible e inutilizable. La prensa descubrió que los encargados de los municipios que repartían la ropa, se la llevaban a sus propias casas, para después venderlas al mejor postor, todo era un desastre. Incluso los ómnibus que tenían como destino nuestra ciudad, subieron el precio de sus pasajes, según ellos, porque había mucha demanda. Todos los que tenían familiares aquí, querían saber si aún estaban vivos. Esto causo mucho malestar en la población. Cuando ya no era de interés nacional lo que nos había pasado, la prensa dejó de venir a apoyarnos, abandonaron la ciudad y esto se quedó desprotegido para que los corruptos hicieran su agosto, con las personas que más necesitaban. Es penoso notar, que los que más ayudaron fueron las personas de otros países, ellos sí se pusieron la mano al hombro y apoyaron mucho en la reconstrucción de las viviendas, pero, claro, no podían quedarse siempre por aquí. Tanto era la desesperación de las personas por tener algo que llevarse a la boca y sobrevivir un día más, que los más pequeños se vieron en la necesidad de ir a pedir limosna a los pasajeros de los buses que venían repletos de gente o que pasaban por las carreteras a otros lugares del sur. Se ingeniaron en acoplar a un palo de escoba un pequeño bolso, para así poder llegar a las altas ventanas de los ómnibus para recaudar plata. Claro, no tardó en hacerse una mafia que tomó la carretera para seguir dando lástima. A pesar de ello, las personas colaboraban. Mis hijos también tuvieron que estar en las carreteras, siempre traían algo de plata y hubo días en que ganaban más que mi trabajo de albañil. Eso no les gustó a los familiares de mi difunta señora, presionándome a dejarlos ir a residir con ellos, ya que allá tendrían un mejor futuro y podían olvidar todo lo que vivieron. Me costó alejarme de ellos tan repentinamente, me despojaron de los únicos dos seres que me alumbraban la mañana y que me daban las fuerzas necesarias para no dejarme caer, otra vez. Aunque han venido a visitarme un par de veces, no ha cambiado en nada sus sentimientos hacia mi persona. No me miran con resentimiento, son unos chicos estupendos y sé que les ha hecho bien ir a Lima, para tratar de estar bien. Cuando me dicen te extraño mucho, se me rompe el corazón, se me hace difícil respirar normal, pero aguanto las lágrimas, para que no se den cuenta que cada día los añoro más. Me dicen siempre que vaya con ellos a Lima, les digo que no puedo, porque mi destino es quedarme aquí, defendiendo el terreno y la casa que levantaron mis padres, que ahora me toca a mí levantarla. Me miran con orgullo, es ahí cuando aprovecho en decirles, que en diciembre, cuando vengan para navidad, ya habré edificado al menos un cuarto, para que ellos se queden a jugar como siempre futbol con sus amigos. Con esa ilusión encima, vuelven a Lima contentos, pero con la esperanza de que algún día, su viejo padre pueda hacer su casa y vivir por fin con él, como antes lo hacían felices. Esos pequeños hacen cosas imposibles en mí, pues cuando ellos están, dejo mi botella diaria de Pisco y me olvido que me he convertido en su inseparable amigo.
Cuando escuché y leí los comentarios tan buenos que recibía la nueva película del “Caballero de la Noche”, no dudé en ir al cine a verla. Lo primero que me pareció extraño y de muy mal gusto, hasta discriminadoramente, es que casi en todos los cines de Lima, la película está doblada al español. Ya no es fácil encontrar un film subtitulado. Solo los puedes encontrar en cines que se encuentran en distritos económicamente acomodados o en los cines no tan populosos, pero funciones en altas horas de la noche. Lo que da a pensar es que si no estás en esa clase de gente que puede pagar más dinero y vivir por buenos sitios, pues te jodiste, la tendrás que ver doblada, sin gozar de la verdadera calidad de la película. Sé que muchos pensarán que está doblada, pues va dirigida a un público mayoritariamente joven y quizás infantil, pero vamos, no se trata de una trama como Kung Fu Panda o Wall-E, que sí tienen todo el derecho de presentarlas dobladas, hasta hacer marketing con la voz de un conocido conductor de un programa de Cine, que solo se para Escapando de ellos, pero no hace ninguna crítica a las películas, pues las vende como pan caliente. Ya cuando ha pasado la temporada y ya las ha publicitado hasta por gusto, recién dice que no le pareció tan buena, pero en son de broma, pero ya pues, le hiciste caso, fuiste a verla, llevándote un verdadero fiasco de película. La trama no está dirigida para el público infantil, a pesar que sea una adaptación de un Cómics. Ni siquiera en esos cines, llamémoslos “para el pueblo”, se brinda la oportunidad para elegir si quieren verla doblada o subtitulada. Claro, por eso que te cobran un poco menos que los demás, pero con el mismo nombre y prestigio que tienen los Multicines que encuentras por toda la capital. Una verdadera vergüenza. A pesar que salí a la 1:30 de la madrugada y que duró 150 minutos, la verdad es que, me pareció muy entretenida y a la vez, encontré una historia basada en la historieta, que plantea un héroe más oscuro, solitario y misterioso. Batman, que vuelve hacer interpretado por Christian Bale, regresa a continuar la guerra contra los criminales y la delincuencia organizada que tenía tomada la ciudad de Gotham, proponiéndose acabar con ella, con la ayuda del teniente Jemes Gordon (Gary Oldman) y un nuevo personaje que aparece como un buen aliado, persona confiable y recta para acabar con el crimen, el Fiscal de Distrito Harvey Dent (Aaron Eckhart). Los tres, toman acciones arriesgadas y muy frontales contra estas mafias, dándoles buenos resultados y apresando a la mayoría de ellos. Hasta que se ven sorprendidos por una serie de asesinatos a conocidas autoridades, poniéndolos en aprietos, amenazas de bomba, destrucción de hospitales, secuestros. Solo una mente anárquica intentará apoderarse de la ciudad, el cuál se hace llamar, el Joker (Heath Ledger), un peligroso psicópata que trata de imponer el caos de una forma malévola. Esto fuerza al hombre murciélago, a decidirse entre ser el héroe que todos esperaban o ser un villano del cuál todos temen y odian.
Esta nueva saga de The Dark Knight o El Caballero de la Noche, está basada en uno de los personajes más misteriosos de DC Comics, Batman. Dirigida por Christopher Nolan, que impregan una visión mucho más realista a las actitudes y costumbres del hombre murciégalo. Siendo la secuela da la película que el mismo Nolan dirigió en el 2005, Batman Begins. Curiosamente, aplicarán un método muy vendedor, con resultados positivos. Tendrán una antología animada en DVD, Titulada Batman: Gotham Knight, que estará compuesta por seis cortometrajes cuya acción se ubicará entre los filmes Batman Begins y The Dark Knight. Como lo hace Lucas Films con su taquillera producción, Star Wars. Actúan en esta película, Christian Bale (Batman y Bruce Wayne), Michael Caine (Alfred Pennyworth, mayordomo y amigo de Bruce Wayne), Gary Oldman (James Gordon, teniente de la policía de Gotham City), Aaron Eckhart (Harvet Dent, Fiscal del distrito), Morgan Freeman (Lucius Fox, encargado de las Empresas Wayne), Maggue Gyllenhaal (Rachel Dawes, ayudante del Fiscal) y Heath Ledger (The Joker). Consiguiendo y batiendo todos los récords de taquilla, superando a películas como Star Wars Episodio III: La venganza de los Sith y ganándole a otro super héroe taquillero, Spiderman 3, obteniendo ganancias de 155,3 millones de dólares.
La actuación que se resalta y llega a robarse la película, es del actor australiano, Heath Ladger, fallecido meses antes que se estrene la cinta. Personifica con un estilo muy particular a The Joker (Guasón). Es uno de los archienemigos del Caballero de la Noche, siendo uno de los villanos más influyentes, siniestros y peligrosos en la historia de los Cómics, gozando de un reconocimiento popular. Es un genio criminal retratado como un payaso, pero con personalidad psicópata que no duda en asesinar para lograr sus objetivos o sentirse mejor consigo mismo. Su imagen está inspirada en la película “El hombre que Rie” de Paul Leni, 1928, basada en la novela del mismo nombre de Víctor Hugo, en la que un ladrón deja una carta comodín (Joker, Bufón) en todos sus crímenes. Aunque al comienzo, este villano casi muere en su segunda aparición, sus creadores decidieron salvarle la vida y tenerlo como referente en la vida de Batman. No solo Ledger ha sido el encargado de interpretar al Guasón, sino que también lo hicieron, César Romero, en la serie de televisión Batman, en los años 1960 y el muy reconocido actor, Jack Nicholson, en Batman (1989), del cuál se decía que hasta el momento era la mejor caracterización de éste personaje. Aunque debo añadir, que el Joker de Nicholson era mucho más bromista, más juguetón, más cómico. En cambio el de Ledger, es mucho más psicópata, con tics de por medio. Logrando con su maquillaje una caracterización que lo hace ver mucho más veterano, y con las cicatrices en sus mejillas, que trasmiten temor. Claro, que hay pasajes en dónde no deja de ser bromista, no perdiendo así su esencia. Dicen algunos críticos de cine, que con la actuación de Ledger, se puede ganar el segundo Oscar póstumo en la historia de los premios de la Academia, otros en cambio, ven la película fuera del contenido sentimental o de enseñanza, que pudieron tener, Titanic, El Aviador o Pandillas de New York, que es lo que busca Hollywood, para vender sus grandes producciones y lanzar a sus nuevas figuras al estrellato de la fama. Creo que lo tendría merecido, al menos una nominación, pero quizás la presión de la gente influya en algo para que se galardone a Ledger, convirtiéndolo así en una leyenda para el cine. Lamentablemente, sucede esto, solo cuando te mueres, como el caso de los cantantes, Kurt Cobain, Elvis Presley o John Lennon, espero que no siga estos pasos la cantante Anny Winehouse, aunque no creo que esté muy lejos de lograrlo. Sí llegan los premios de la Academia y ni siquiera está nominado Ledger, pues aquí, al menos, en este pequeño pero humilde espacio, desde ahora le damos un caluroso reconocimiento por interpretar tan estupendamente a The Joker. Sí hay una tercera versión u otras películas de Batman, se le extrañará al Guasón de Ledger.
Resumen del partido en el cuál se consagró la "U" Campeón del Torneo Apertura del 2008
Debo confesar que hace tiempo que no pensaba asistir al estadio. Cuándo era más joven, iba muy seguido, pues tenía amigos del colegio que también eran hinchas de aquel equipo con camiseta color crema. Incluso, cada uno se identificaba con los jugadores de esa época, comprándose su remera con un número distinto, para que no existiera riñas ni peleas. Hasta nos batíamos en grandes duelos, en una cancha de tierra, que estaba llena de rocas y pequeñas piedras que hacían que el balón diera extraños rebotes y confundiera a todos los jugadores. Con un único objetivo, meter la pelota entre los tres endebles palos de madera, que era el único atractivo de ese campo de juego, contra el grupo de hinchas aliancistas, que también defendían ardorosos su camiseta, todos éramos compañeros del salón de clases. En esas años, de los 90’s, fuimos muy felices, comparados con los del equipo rival, pues la “U”, no paraba de ganar títulos en el ámbito local, pues en la Copa Libertadores ya empezaba a declinar su juego y a pesar que le ponían mucho esfuerzo, éste no alcanzaba para derrotar a esas instituciones que tenían un planteamiento muy definido y un trabajo a largo plazo, lo que no se daba en la tienda crema.
Y así fue creciendo mi fanatismo hacia el equipo que llevaba como único escudo la letra “U”. Hasta que pasaron algunos años y fui creciendo. Por medio de unos amigos, empecé a ir al viejo Estadio Nacional. En esos tiempos, se programaban mucho partidos uno seguido del otro, hasta habían tripletes en ciertas ocasiones. El país aún no contaba con otros estadios para jugar los encuentros del campeonato local, además que la mitad eran equipos de la capital, que no contaban con su propio escenario deportivo, teniendo a la mano un estadio céntrico, le salía más barato para los dirigentes, jugar de preliminar a un equipo llamado grande. Incluso, como tenían un porcentaje de la taquilla, pues les resultaba factible, ya que, sus equipos no contaban con más de 50 aficionados. No era tan mala la idea, pero solo pensaban en no juntar en un mismo día a los hinchas de Universitario con los de Alianza Lima, claro, solo se daba éste acontecimiento en los clásicos. No contando que aquellos denominados “equipos chicos”, como Cristal, Cienciano, Municipal y Boys (los primeros mencionados, iban a escribir momentos de gloria para el fútbol peruano, y los dos últimos, aumentarían sus aficionados, no por ganar grandes cosas, sino más bien por tradición de sus familias o del barrio). Puedan tener una cantidad de seguidores que pueden llenar estadios.
La Trinchera Norte siempre presente apoyando a la "U"
Solía ir a la temida “Trinchera Norte”, claro, acompañado de un grupo de amigos, nos vacilaba todo el entorno, nos creíamos invencibles, pues éramos capaces de todo por ayudar a ganar a nuestro equipo, desde la tribuna. Siempre nos pedían saber todas las canciones, con el corazón en la mano y saltando, nos hacíamos sentir en el estadio. Era una sensación increíble, pues alentábamos sin cesar al equipo de nuestros amores, a tener un resultado contundente y victorioso. Cuando las cosas no salían bien, el ambiente se enrarecía, empezaban los pleitos, se empujaban unos a otros. Incluso fuera del estadio, algunos grupos asaltaban a las personas que tenían la desdicha de cruzarse, ese día, en su camino. Mis amigos, iban siempre a las reuniones que hacia la barra para que les vendan las entradas a mitad de precio (después de tiempo, me enteré que la misma institución les entregaba gratis los boletos para que lleven gente a alentar, pero claro, los cabecillas de cada grupo, las vendían a mitad de precio, teniendo ahí su negocio y su forma de existir en la sociedad. Ahora entiendo por qué se peleaban tanto por tener el liderazgo de la barra). Es por eso, que dejaron de ir familias enteras al estado, las barras crecieron, todo era vandalismo, no se respetaba a nadie, menos al rival, a ellos había que exterminarlos.
Eso me alejó de la barra Norte, me esmeré para juntar un poco más de plata y me fui a la Tribuna Oriente, la más añeja de Universitario. La gente era más calmada, no te exigían saber todos los cánticos posibles y ahí si te nace apoyar, pues apoyas, sin recibir amenaza alguna. Pero, a pesar de que todo iba bien, noté que el campeonato local estaba decayendo en su calidad. Los equipos peruanos solo reinaban en nuestro territorio, podían ganar todo, tener las mejores hinchadas, pero cuando iban a jugar a otros lugares de Sudamérica, regresaban con las cabezas agachadas, no solo pasaba eso en los clubes, sino también en la selección. Teniendo que recordar siempre aquél cántico de los años 80’s, “Perú campeón… es el grito que repite la afición” o viendo hasta la hartazgo los goles de “Cachito” Ramírez, en la Bombonera, en los años 70’s.
Esos fueron los motivos fundamentales por los cuales me fui, poco a poco, separando del ambiente de las tribunas, desde el año 1999, cuando salió bicampeón Universitario. Ni la construcción espectacular del nuevo y moderno estadio de la “U”, el “Monumental”, me hizo regresar a las gradas. Salió Tricampeón, al siguiente año, pero, de ahí, entró en una seguía de títulos, pero aún así, hasta ahora, no le pueden quitar el calificativo del “equipo más ganador en el Perú” (digo bien, pues es el que más títulos locales ha conseguido, no es así, si hablamos de títulos internacionales). Incluso, ni clasificaba a la Copa Libertadores, pues aquellos equipos que antes eran llamados “chicos”, crecieron y desplazaron en el juego al tan querido equipo crema, haciéndolo cada vez más un equipo de compañía o de media tabla. Ya ni la garra, esa característica tan famosa que lo hizo Subcampeón de la Libertadores, en el año 1972 existía, a los jugadores les pesaba la camiseta, sentían presión, para colmo se contrataba mal a los extranjeros, ni los ídolos merengues que quedaban en esos tiempos, podían salvar al equipo.
El equipo Crema, que en todo el Apertura solo empetó un partido de local, los demás lo ganó y esa noche no fue la excepción.
Notaba que el equipo no andaba bien, solo tuvo un pequeño esplendor en el año 2002, al ganar el Torneo Apertura, pero no pudo clasificar ni ganar el campeonato nacional. Ahora, después de 6 largos años, sin gozar de un título, aquél equipo de la “U”, vuelve a estar en boca de todos, no porque tenga un papel vergonzoso en el campeonato, sino porque está en la cima de la tabla y jugando mejor que sus rivales, con ventaja de 7 puntos de Cristal y de 20, de Alianza. Con la posibilidad de salir campeón ante su gente y en su estadio lleno de hinchas cremas, con ansias de sentirse campeones.
Siempre es bueno tener ese tipo de alegrías en el alma, claro que no cambia de manera extraordinaria tu vida, pero por un momento de hace olvidar todas tus dificultades que enfrentas en esos instantes, añorando ver una luz al final del camino. Me hallaba ante tal incertidumbre y quería olvidar todo. Regresando a las tribunas para alentar al equipo de mis amores. Era una decisión que me costó mucho, pues, no había ido al “Monumental” anteriormente, y ahora estaba solitario, sentado en el micro, que pasaba cerca de aquel escenario. La sensación fue primero de admiración, ante tal obra arquitectónica y segundo, de sentirme orgulloso de poder asistir a mi hogar, que por años deje de visitar. A pesar que caminaba solo por las diez cuadras que separaban el paradero, en donde me dejó el microbús, del estadio, veía que a mí alrededor, la gente que caminaba apresurada y otra calmada, pero que tenían el mismo destino, ir al Monumental.
Personas de todo tipo de razas, que venían de diferentes partes de Lima, algunos iban con sus remeras de barristas que se identifican por distritos y otros con su camiseta original o “bamba”, pero eso no importaba, total, iban de crema. Se confundían, en ese mar de multitud que llenaba de tope a tope esas diez cuadras, individuos de distintos niveles socioeconómicos, algunos llevaban a su familia entera. Notaba entusiasmado, al padre que le compraba una chompa a su criatura o una gorra y éste, se la ponía con toda la ilusión del mundo. Me quedé pensando que en el futuro, cuando tenga mi propio hijo repetiré esa misma escena. Pero, lo que me llamó bastante la atención (lo cuál era algo lógico), era ver una muy buena cantidad de féminas, con sus camisetas cremas, en grupo o acompañadas de algún hombre. Algunas demostraban la belleza de la mujer que era hincha de la “U”, cuándo veía pasar a una, recordaba mucho ese cántico de años atrás, que entonaban en la Trinchera Norte, cuando se deleitaban al ver contornearse una linda chica: “ése culo… es crema”.
Ya dentro del escenario, las tribunas se teñían de un solo color en sus cuatro lados, ese era el crema. Cada persona tenía una especie de bolsa en forma de tubo, que al llenarla de aire se transformaba en un globo. Los lanzaba cuándo salía el equipo a la cancha. Volví a encontrarme con la histórica barra en la tribuna de Oriente, ya no reconocí a los personajes que antes pululaban por el Estadio Nacional, sino que había más jóvenes que de costumbre. Pero ahora, ya no me encontraba con la misma disposición de saltar todo el partido, de gritar todos los 90 minutos que duraba, hasta quedarme completamente sin voz.
Vista desde la Tribuna Oriente, dando la vuelta olímpica celebrando el campeonato
Creo que al pasar los años, uno se va dando cuenta que puede ser un aficionado al fútbol y no un hincha irreverente que no entendía de razones ni circunstancias, sufriendo por su equipo, como antes lo era. Esos tiempos ya pasaron por eso, respetando mis ideales, me busqué un asiento para disfrutar el partido, alejado de la barra. Y lo llegué hacer apreciando el encuentro sentado y cuándo era hora de alentar, pues uno gritaba a todo pulmón. Me impresionaba ver el estado lleno, con gente que quería ver a su equipo dar la vuelta olímpica, tan anhelada por años. Era todo un espectáculo, sacaban sus cámaras fotográficas, retratándose con el fondo de la aún temida barra de la “Trinchera Norte” o el campo de juego, todos orgullosos de ser hinchas Cremas. En pocas palabras se vivía una fiesta en las tribunas. Me sentía en familia, claro que también aproveché para captar en mi celular algunos recuerdos de aquella visita al hermoso estadio que tiene la “U”. A pesar que el equipo de Cienciano, nos hizo pasar un sobresalto a todos los presentes, el equipo Crema, se supo imponer en su juego y acabó triunfando por el marcador de 3 a 1, para felicidad y el festejo de toda la hinchada.
Otra vez, pude tener la dicha de observar en directo, desde el mismo escenario deportivo, la vuelta olímpica del equipo del cuál me hice hincha hace más de dos décadas y que lo acompaño desde siempre. Es el título número 25 en la historia del club, pero tengo que tener presente que aún falta otro torneo el Clausura y luchar por el campeonato Nacional. Se nos viene la Sudamericana, la Libertadores para el 2009. Espero de corazón, que se llegué muy lejos en ambos torneos internacionales y que la “U”, recuperé su nombre y prestigio, que antes se le tenía a bien reconocido. No solo en el ámbito local, sino afuera también. Quizás éste sea un buen comienzo de la recuperación, no solo del equipo crema, sino del fútbol peruano, que tanto necesitados. Salí de lo más contento del estadio, ni siquiera me importó caminar más de 20 cuadras para encontrar mi micro, ni estar cansado, ni llegar de madrugada a mi casa con hambre. Volví a tener esa sensación de felicidad, que solo un aficionado del fútbol puede comprender y más sí es hincha Crema. No creo que éste haya sido mi último encuentro con las tribunas, ni tampoco espero que sea el último título de la “U”, pero lo que sí tengo presente es que éste sentimiento que me mantiene unido al equipo sigue intacto y que a pesar de los años y de las circunstancias, no cambiará nunca. Ese mismo sentimiento, hoy me permite decir: ¡Dale “U” Campeón!
- ¡Detengan el elevador! Se escuchó la voz algo desesperada y agitada de una linda dama que venía corriendo. Derrumbando toda la tranquilidad que había en el pasillo del hotel. Gabriel, que ya se encontraba dentro del ascensor, lo detuvo sin pensarlo dos veces, hasta esperar a la apresurada mujer. Ella le agradeció el gesto y rápidamente apretó el botón para ir al primer piso. A pesar de que él tenía sus pensamientos en otras cosas que le agobiaban, le atrajo mucho la atención ver a la joven mujer. La examinaba de reojo a través de los espejos del elevador. Notó que ella era bastante menor de lo que aparentaba ser, pues traía una vestimenta muy formal. No entendía, como una mujer de su edad, no utilizaba ropa que estaba a la moda. Gabriel se dio cuenta que la conocía, pero no recordaba dónde la había visto, se mortificaba mucho, pues una mujer así, es muy difícil de olvidar. Al costado, Carolina, repasaba mentalmente lo que tenía que decir ante la prensa que la estaba esperando muy impaciente por su demora. Se encontraba nerviosa, no le gustaba el acoso de las cámaras ni las preguntas de los periodistas. Se sentía presionada. Es más, sentía las miradas libidinosas de los fotógrafos. Le dolía pensar que solo llegó al Congreso, no por sus ideas de cambiar la política y la administración pública, sino que tan solo votaron por su belleza física. Tenía que demostrar lo contrario, pues era una mujer de ideas fijas, pero sus miedos la traicionaban. Los pensamientos de ambos ocupantes del ascensor, se diluyeron de una forma violenta, pues en esos precisos momentos el elevador dejó de funcionar. Se prendió la luz roja de emergencia. Por unos segundos se miraron las caras, y al unísono de sus voces, pidieron auxilio. Cada uno por su lado, sacó su celular, llamaron a los bomberos, a sus familiares para que sepan que se encontraban en buen estado. Es ahí cuando se enteraron que estaban atrapados entre dos pisos. La operación de rescate iba a durar un par de horas. Estaban haciendo todo lo posible, pero se les pedía paciencia. Además que estaban pasando en vivo este acontecimiento por la televisión, ya que la prensa se había enterado que ella estaba atrapada. Cuando Carolina, colgó el celular, se vino abajo, se derrumbo y se puso a llorar como una niña indefensa. Gabriel, la abrazo, pero paradójicamente, dejó que siga llorando, que sacara toda la presión que en ella habitaba. Así él calmaba a su pequeña hija.
Aquella niña que hoy le hacia falta. Pensaba en qué sería de ella sí es que le llegara a pasa algo. Se le vino todo de golpe. Había olvidado por unos minutos por qué se encontraba en ese edificio. Recordaba los momentos maravillosos y no tan felices, que había pasado años atrás. Era su centro de labores. Derramó unas cuantas lágrimas al pensar que ya no iba asistir a su trabajo. Se encontraba en la peor situación de un Publicista. No tenía ideas geniales. Antes todo fluía con total normalidad. Era el mejor de todos, el más listo. El mismo gerente que lo felicitaba por sus inventivas, hoy le acaba de dar entre sus manos su carta de despido.
Carolina sintió que lloraba, le preguntó si se sentía mal. Él mintió al decirle que estaba bien, como lo hacía con su hija, cuando lo sorprendía llorando al sentirse completamente impotente, pues las ideas no se le venían a la cabeza. Ella, había visto muchas veces ese gesto en su papá. Se contemplaron mejor, bajaron la mirada. Es ahí cuando Gabriel, se sorprendió al escuchar el relato de Carolina. Contó que era senadora del Congreso. La más joven e idealista entre todos sus colegas. Decidió postular por que provenía de una familia muy vinculada a la política. Su padre había sido senador. Todos esperaban que, como hija única, siguiera los pasos de su papá. Le gustaba la idea. Siempre tenía la obligación de ser la primera en su clase. Ella asistía los fines de semana al partido, con su papá, para empaparse y comprender su ideología. Nunca faltaba a las campañas para ayudar a los más necesitados. Su familia se alegró mucho al enterarse que había sido elegida Congresista. Lamentablemente, esa alegría fue efímera. Pues su padre, el mismo que le dijo que iba a estar a su lado, apoyándole en todo momento y enseñándole el camino para que sea mejor que él legislando, falleció. Su pequeño mundo se le vino abajo. Se sentía sola, a pesar que tenía mucha gente a su alrededor. Pero ella no conocía nada de legislaturas, se sentía mejor en la calle, ayudando personas. Se dio cuenta que los que se le acercaban para enseñarle las cosas de una congresista, solo lo hacían por interés de acostarse con ella. Y ahora, el partido no tuvo mejor idea que organizar una conferencia de prensa, para que ella exponga sus proyectos de ley. Ella se sentía obligada, pues no eran sus pensamientos, no lo había hecho, se lo imponían. No sabía qué hacer, por eso se demoró en ir a la reunión.
Gabriel, escuchó sorprendido su relato. Él como una forma de agradecimiento a la confianza vertida en él. Le dijo, que él tampoco pasaba por una buena época. La relación con su esposa cada vez empeoraba más, si seguían unidos era por su pequeña hija. Justo ahora, acababa de recibir su carta de despido de la empresa de publicidad, en donde laboró varios años. Le acusaban de no tener más ideas y ahora lo habían dejado afuera. Ya no iba a fiestas, ni siquiera se encontraba con amigos, su aspecto había cambiado mucho desde ese entonces. Incluso se estaba refugiando en el alcohol. Se sentía mal por todo. Pensaba muchas veces en suicidarse, pero no era tan valiente para quitarse la vida. Su luz era su pequeña hija. Por ella daba todo.
Gabriel tuvo que interrumpir su relato, pues los bomberos ya habían abierto la puerta del ascensor. Y se veía el tumulto de personas que pugnaban por tener la mejor imagen del rescate. Carolina fue acosada por los hombres de prensa, que no la dejaban mirar qué pasaba con el hombre que se había encontrado en el elevador. Le hacían preguntas de todo tipo. Gabriel, no pudo resistir más. A empujones logro acercarse a Carolina, la abrazo, la cubrió con su saco. Se armó de valor y les dijo a todos. Que la dejarán en paz, pues en estos momentos no iba a declarar. Por tal motivo la conferencia se había suspendido y que de todos modos sus proyectos de ley iban ser presentados, para el conocimiento de la sociedad. Es ahí, cuando se la llevo. Un periodista, alcanzó a preguntarle a Carolina, antes que subieran al auto, junto con Gabriel, quién era aquél tipo que la acompañaba y se atrevía hablarle así a la prensa. Ella, con una pequeña sonrisa le respondió: “Es mi nuevo asesor”.
Ya no puedes estar así. Mírate Jessica. No te das cuenta que sí sigues en ese estado, no vas a solucionar nada. Arréglate. Te encuentras toda despeinada, teniendo un cabello hermoso, debes cuidarlo, se te nota maltratado. Esos ojos, tan bellos, negros y grandes. No pueden seguir sin ningún color. Esas ojeras, duerme a tus horas, no te desveles viendo novelas o películas cursis y lloronas. Maquíllate. Para que resaltes esa belleza que la natural. Ponte buena ropa. Bota al tacho esos harapos que tienes. Algo más apretado. Sé más mujer. ¿Por qué tienes miedo de mostrar toda tu belleza? Mira esos rollos. Haz ejercicio. Métete a un buen gimnasio. Hoy en día los tratamientos de belleza están a la orden del día, así que no tienes excusa para no someterte a ellos. Come a tus horas. No te olvides de la dieta que siempre practicabas, claro que no te gustaba, pero te sentías bien con los resultados obtenidos. En realidad, creo que no necesitas de nada, eres muy bella. Ya deja esa depresión de lado. Eres fuerte. No te dejes caer por algo tonto. Lee libros. Infórmate de los hechos que pasan, para que tengas al menos un tema de conversación. Nunca dejes de sonreír. La alegría atrae mucho. En cambio con esa cara, con esos gestos de tristeza que tienes, alejas a todos. ¿Quién se te va acercar para charlar contigo? ¿A qué personas piensas impresionar con esa actitud? Jessica, despierta. Es hora de afrontar el mundo, con todos sus defectos y virtudes. Si te vas a quedar todo el día en tu cuarto, encima de la cama sin arreglarla. Comiendo pura comida chatarra. Pensando que nadie te va a querer así. Claro si andas como una loca por tu casa. Ya ni siquiera contestas las llamadas de tus amigas.
A ti que te gustaba ir de compras. Disfrutar de la vida. A ti que poco te importaba lo que digan los demás. Y hoy, te encuentras sumergida en un mundo sin salidas, sin esperanzas. Pero eso solo lo piensas tú. Sola te pones obstáculos. Es más, cuándo vez algo que no puedes hacerlo o se te va hacer difícil lograrlo, te das media vuelta, sin pensarlo dos veces. Dejando atrás un sin fin de posibilidades para tu mejoría. Todos siguen esperándote Jessica. Levántate, sal de tu cuarto. Ponte bella. Saca del armario aquellos jeans que te quedaban apretados y que enloquecían a los hombres al mirar tu andar. Utiliza ese escote que te quedaba precioso. Ya deja de pensar que todos te pueden tratar como un objeto sexual. Ya tienes tu edad. Utiliza esa madurez que dan los años y la experiencia para encantar, no para esconderte en tu cuarto, como si fuera un convento. Qué importa que piensen que a tu edad nunca vas a conseguir una persona que te ame, si para el amor no hay edad. No seas pesimista, amargada. Déjate querer. Dale una oportunidad a tu vida amorosa. Solamente porque tuviste una anterior relación tormentosa, no vas a ponerles la cruz a todos los hombres. Que esa mala experiencia no te hunda más, que te sirva de estímulo tomar mejores decisiones y no caer en el mismo error.
Te encuentras solo esta vez Andrés, porque es tu decisión. Si pudieras ser más valiente. Y dejar de lado, aquella importancia que le das a las opiniones negativas de la gente. Haz lo que siempre te ha gustado sin pensar en los demás. Sé libre en tus actos, sin dañar a los que te rodean. Sé más observador. Que no te agarren de tonto. No tienen derecho a hacerte sentirte menos. Trata que tu aspecto físico no sea un obstáculo para que logres cosas que te hagan feliz. ¿Qué importa si eres el más feo? Andrés, sabes muy bien que la belleza está en los ojos de cada persona, y siempre tienen diferentes tipos de percepciones. Sé que se te está cayendo el cabello. ¿Acaso eso es importante? Rápate la cabellera y listo. El ser el más bajo de tus compañeros que no sea motivo para no conversar con las chicas. Claro que tu físico tampoco ayuda mucho que digamos. Pero al menos, con que salgas a correr por las mañanas alrededor de tu cuadra, ayudará mucho. Ya deja de vestirte tan anticuadamente. Ya tú mamá no te compra la ropa. Si no te gusta lo que está de moda, al menos cómprate cosas que te hagan sentirte liviano, fresco. Lo principal es que te sientas bien contigo mismo, para que puedas trasmitir esa sensación a los demás. Empieza con quererte. Y reírte de los apodos que te puedan decir. Tómalos como una broma y respóndeles con sutileza. Ahí sabrán que eres gracioso. Dime Andrés ¿A qué chica no le gusta los tipos graciosos? Tú eres inteligente, por las puras no has ido a la universidad, no te has quemado las pestañas estudiando. Utiliza esa misma inteligencia para levantarte. Tienes un trabajo estable, claro que la paga no es la que desearías. Pero al menos te das tus gustos de vez en cuando. No le temas a las reuniones por que no sabes bailar. Nadie va a notar que bailas bien o mal, sólo la pareja con quién estás en esos momentos, pero para eso, tienes que conversarle algo interesante. Preguntar por sus datos. Así, ella solamente se fijará en tus palabras, en tus ojos, en tu rostro y no le tomará importancia a tus pies. Además, es difícil bailar y conversar a la vez.
Llama a tus amigos, ellos no solamente están para ir a tomar. Acepta la invitación de ir a jugar el partido de fútbol del domingo. Ya sé que no sabes jugar, pero eso no importa. Estar entre amigos, siempre es divertido reírse de lo malo que pueden ser al jugar. Al menos que quieran apostar, eso sí, mejor salte, ya que te pueden romper una pierna por 2 soles. Salte de esa rutina que tienes. De la casa al trabajo y viceversa. Anda a sitios donde se encuentre lleno de personas. Busca interactuar con ellas. Charlar con una persona a veces es una experiencia agradable. No descartes conocer gente de todo tipo. Sé siempre humilde, pero tampoco abuses. Que las personas siempre buscan engañarlas. Siempre van a buscarte hacerte mal, pero estate preparado para todo. No tengas miedo a las mujeres. Siéntete seguro. Si te rechazan, pues recuerda que siempre habrá otra oportunidad. Siempre habrá una mejor que otra. Créete único en tu especie. Y deja de tomar tanta cerveza que eso te saca más panza. Bueno, pensándolo bien, no la dejes, pues hay mujeres que les gusta los hombres con panza. Solo es cuestión de encontrarlas. Andrés. Pero hazlo de una buena vez. Sino te quedarás así por toda tu vida.
Jessica y Andrés, no solamente tienen en común sus temores. Tienen una conciencia que trata de hacerlos reaccionar. Por un lado, Jessica se hace todos esos cuestionamientos de su vida, sola frente a un espejo. Andrés, se da fuerzas, en un bar, frente a un vaso de cerveza. Lamentablemente, hasta que no se decidan a actuar, siempre se repetirán estas dos historias.
Es inevitable que nos pongamos temerosos frente a una situación que desconocemos. Y aún más, cuando vamos a conocer a una persona que, de la cuál, sólo sabemos su nombre. Esto ocurre muy a menudo en las citas a ciegas. Siempre nos ponemos nerviosos, pensamos en cómo será la persona, incluso nos ponemos a analizarnos a nosotros mismos. Cuáles serán nuestros defectos y virtudes, qué es lo que anhelamos tener. Todo este trance acaba, cuando ya estamos inmersos en esta realidad y curiosamente, todo lo que pensábamos no se cumple o no lo teníamos previsto. Ahí es dónde vemos la verdadera personalidad que tenemos. Faltan solo pocos minutos. Me muero de miedo, ¿Cómo será? Espero que sea agradable y de buenos tratos. Porque no me gustaría que sea un amargado, que solo piense en él, que me trate como un objeto sexual. Creo que ya me estoy arrepintiendo de estar en esta cita a ciegas. Si todo sale mal, nunca más le hablaré a Gina pues, es la culpable de que esté aquí sentada en esta librería esperando, según ella, al hombre de mi vida. Ahora que me pongo a pensar, ¿Mi amiga me habrá notado desesperada por tener una relación? Yo no he dado signos de estarlo, claro, sé que hace tiempo que no tengo un amorío pero ¿Eso es normal, no? Además aún estoy joven, bueno, siendo sincera, no estoy tan chibola que digamos pero, al menos parezco de menos edad. Todo lo tengo en su sitio, la “ley de la gravedad” aún no me alcanza, además siempre voy al GYM, por que me moriría si tengo celulitis y me veo toda gorda llena de grasa por todas partes. No, qué horror. Ya es la hora, y no llega. Siempre será así de impuntual, no me gusta los hombres así, pues dan a entender que una no le interesa y que prefieren otras cosas. Después están que nos dicen, eres solo mía. Claro cuándo les conviene. Ya Carolina, deja de pensar en esas cosas, que va a decir, que eres una amargada, que siempre ves las cosas negativas, que soy rebelde porque el mundo me hizo así. ¿Eso no era una canción? Bueno, no importa. Tengo que causarle buena impresión ¿Estaré bien vestida? ¿Le gustará mi peinado? Mira que hasta ondulación me hice. ¿Este escote estará muy provocador? Y este jeans, que me está apretando demasiado, un poco más y no me deja respirar. Es que a los hombres todo les entra por la mirada, y con lo mañosos que son, fácil que se fijará en mis curvas. Pero, eso sí, no quiero que llegue a pensar que soy una chica fácil y liberal. Espero al menos que sepa mantener una buena conversación, pues si es aburrido, me largo inmediatamente. Pero, si me ha citado en una librería, es porque debe ser todo un intelectual. Recién ahora me arrepiento de no haberle hecho caso a mi profesor cuando me decía que lea por lo menos un libro al año. Carolina eres una “calabaza”, me dirá. ¿Pero si es todo un Nerd?
Otra vez llegando tarde. Esto ya es costumbre en mí, pero ahora no es culpa mía, el tráfico ha esta hora siempre es un caos en ésta bendita ciudad. ¿Qué estará pensando la flaca? Que soy un impuntual. Bueno, al menos ya sabe algo de mi personalidad, espero que no le incomode. Pero, ¿Cómo será ella? Ojalá que sea alta, flaca y que tenga un cuerpazo, mínimo. Claro que tampoco quiero que me pase de talla, pues no soy tan alto. Qué vergüenza. Ni tan flaca, al menos que esté rellenita, pero eso si, sin barriga. Aunque no estoy muy autorizado para hablar de panzas, pues tengo la mía. Pero ni modo, o es tener panza o dejar de tomar. Prefiero lo primero. Solo espero que no le gusten los fortachones, pues estoy fuera de forma. Mi trabajo es muy sedentario, todo el día sentado en una oficina del banco. Aunque te la pasas entretenido chateando por el Messenger.
A pesar que las chicas me coquetean y me animan para salir, no quedo en nada, pues tengo la sensación que solo me buscan para que les invite algo. No soy tan atractivo, pero ese dicho de “Billetera mata Galán”, siempre pasa conmigo. ¿Por qué no seré tan popular entre las chicas? ¿Será por mi peinado? Ya ni cabello tengo, creo que me quedaré calvo. Por eso me lo dejo crecer hasta que me tape las entradas que tengo. ¿Tal vez será por los lentes? Pero, ¿A qué mujer no le gusta un hombre intelectual? Uno que sepa hablar de todos los temas, que esté enterado de las cosas que suceden cada día en el mundo, hablar de política, de deportes. Bueno, creo que ya me di cuenta de mi error. Es muy preocupante ver como las chicas se alejan de mí, solamente por mi aspecto, creo que estoy condenado a buscar pareja en el Chat. Ahí al menos, la pinta es lo de menos, más se fijan en cómo escribes, de qué temas hablas y cómo te defiendes cuando te atacan. Claro, que después de ver mi foto, me bloquean de sus correos. Creo que tendré que practicar más el Adobe Photoshop. Ahí está sentada, esperándome. Tiene “buen lejos”, creo que me saqué la “Tinka”. Ya hasta me sudan las manos, espero que no sea superficial y que al menos tengamos una buena charla para quedar bien y al menos llegar a conocernos, salir como amigos y quizás algo más. Deseo que esta vez no me rompan el corazón, como ya lo han hecho muchas veces. ¿Ese es? Ay, lo que me temía, tiene una onda intelectual, ¿Ahora qué diré? ¿Cómo debo comportarme en estos casos? Ya me puse muy nerviosa, al menos se nota que tiene estilo para vestirse y es más alto, pero ¿Sí se da cuenta que no soy de mucho hablar y más me gusta la acción? Ya sé, le pido que me invite un par de tragos, así nos desinhibimos y charlamos mucho mejor de cosas graciosas y capaz que nos vamos a una discoteca. Ese sí es mi ambiente. - Hola, ¿Eres Carolina? Discúlpame por llegar tarde. Espero que no te hayas aburrido. Noto que eres una chica muy linda. Me llamo Juan y estoy a tus órdenes para lo que desees. Sí quieres, podemos ir a un lugar donde mejor te sientas.- Hola, Juan. Gracias por tus halagos, creo que nos quedamos aquí, para charlar mejor y conocernos más. Ya después se verá si nos vamos a divertirnos por allí, ¿Qué te parece?
El ganador del duelo protagonizado por los pilotos de McLaren, entre inglés Hamilton y el español Alonso, fue el tercero en discordia, ese mismo que no tuvo ninguna publicidad antes ni después de la carrera. Aquél piloto parco, que esboza rara vez una sonrisa en su rostro. Conocido también como el “Hombre de Hielo”, Kimi Räikkonen, al mando del coche de Ferrari, ganó el GP de Interlagos, en Brasil. Con ello obtuvo 110 puntos, en el campeonato de Pilotos, sumando así su primer campeonato mundial. Dándole una alegría inmensa a todos los hinchas “Tifosis” que nunca dejaron de apoyarlo aún cuando se encontraba con pocas posibilidades de lograr esta gran hazaña. La escudería Ferrari ya había celebrado el titulo del campeonato de Constructores. Esto se debió a que el Comité de la FIA, determinó como castigo al Team McLaren-Mercedes, quitarle todos sus puntos ante un caso de espionaje. En un final de infarto en la última carrera del año en Brasil, fue el finlandés el que se quedó con el título del campeonato de pilotos en la Fórmula Uno. Pero no fue fácil conseguirlo. En ese mismo circuito un año antes, la Ferrari sufría una de las más dolorosas derrotas frente al español Alonso, que se encontraba al mando un coche Renault, coronándose bicampeón, dejando en el camino al 7 veces campeón mundial, el alemán Michael Schumacher y forzándolo al retiro de las pistas, sin logran tan codiciado e histórico título. Pero aún así, los “Tifosis” de la Ferrari, abarrotaron las graderías del circuito brasileño. Soñaban aún con la posibilidad de ver al sucesor de alemán Schumacher, terminar con la hegemonía impuesta durante los dos últimos años por el español Alonso y acabar con los sueños e ilusiones de la sorpresiva amenaza del inglés Hamilton.
No podía ser mejor el comienzo de la carrera y la más emocionante del año. Todo parecía ir viento en popa para la escudería del “Cavallino Rampante”, pues en la Pole, se encontraba el brasileño Felipe Massa, que relegó al segundo puesto al piloto de McLaren, Lewis Hamilton. Quedando tercero, en la grilla el finlandés Kimi Räikkonen con su monoplaza de la Ferrari y detrás de él, el español Fernando Alonso, con su coche el conocido “Flecha de Plata”. Los cuatro partían en iguales condiciones, las fuerzas estaban parejas. La primera curva de la “S” de Senna, iba hacer determinante para la carrera. Al partir, Massa le mete el carro a Hamilton, que disminuye su velocidad. Es ahí dónde Kimi se aprovecha para alcanzarlo y luchar por el puesto. Hamilton trata de maniobrar su coche ante la arremetida del finlandés, pero ve que sus espejos retrovisores se llenan completamente de la figura del monoplaza de Alonso, que viene con unas ansias locas de quitarle su puesto. Es ahí, donde Hamilton, aturdido y desesperado por no chocar frena, haciendo una mala maniobra se despista, felizmente para él, pudo regresar a la carrera, pero en el octavo lugar. Pero las cosas no terminaban ahí para el joven piloto de McLaren, buscando recuperar posiciones y sabiendo que sus principales contrincantes habían tomado una pequeña ventaja. Solo le quedaba tranquilizarse y buscar pacientemente un 5to lugar, para asegurarse el campeonato mundial pero, en la vuelta número ocho, tiene un problema electrónico en su vehículo. Bajando de velocidad, mientras todo el pelotón que iba detrás de él, lo pasaban sin mayor esfuerzo. La principal carta de Ron Dennis, se quedaba fuera de la pelea. Las tribunas explotaban, unas de alegría y otras de tristeza al ver como se le escapaban de las manos el título al inglés. Pero de pronto, el monoplaza empieza a funcionar. Aún tenía esperanzas, pero ya se encontraba en el puesto 18 y muy lejos de la punta.
Hamilton, sin otra alternativa que cambiar de estrategia sobre la marcha, decide hacer tres paradas, no llenar mucho de combustible y cambiar de llantas intermedias a lisas, para intentar al menos llegar a la quinta posición. Se la jugó todo por el todo, tenía coche para lograr la proeza. Pasaba sin mayor problema a los vehículos que se encontraban delante de él. Se convirtió por un momento en el Michael Schumacher del año pasado, esquivando coches, teniendo amor propio por alcanzar su objetivo y dar lucha hasta el final. Pero fue en vano, quedó séptimo, tan solo logrando 2 puntos y quedando segundo en el campeonato general.
Ahora solo quedaba ver qué pasaba adelante, aunque de reojo apreciar lo que hacía Hamilton para no llegar en el quinto lugar. Massa se encontraba imparable, con el aliento de su público, era el hombre clave para las aspiraciones de la escudería Ferrari y sobretodo de Kimi. Ya se sabía que en las paradas que tenían que hacer ambos coches, la punta iba a cambiar de dueño. Claro, sin ser tan obvios y no lograr sanciones de los comisionados, que andaban de veedores, no por los boxes de Ferrari, sino por el de McLaren-Mercedes, por el problema de favoritismos hacia inglés, dejando de lado al español. Ya Räikkonen, tenía en sus manos el liderazgo de la carrera, pero Massa era fundamental para sus aspiraciones, ya que si se colocaba en segundo lugar, entre el finlandés y Alonso, el título se quedaba en manos del “Hombre de Hielo”. Claro, siempre y cuando Hamilton no llegara al quinto lugar, pero eso solo iba a pasar si sucedía algo imprevisto, como lo fue los sucesos del Gran Prix de Interlagos.
Al Final, Kimi vio primero la bandera a cuadros, que lo proclamaba ganador de la carrera y campeón mundial de pilotos. Título que se vio manchado por las denuncias de espionaje de parte de la escudería Ferrari en contra de McLaren-Mercedes. Pues esos mismos monoplazas plateados, iban con ventaja a las carreras, dejando mal parados a los de Ferrari. Pero, curiosamente, los de Maranello, tuvieron su despegue cuando se dieron cuenta que algo no funcionaba mal, y fue por ello que decidieron elevar su reclamo al comité del máximo organismo del automovilismo mundial, la FIA. Premio para Ferrari, que siguió apostando por sus pilotos haciendo caso omiso a las críticas, que les reclamaban conductores con mucho más coraje, y menos sangre fría. En clara alusión al finlandés Kimi, incluso añoraban al múltiple campeón Schumacher. Ahora la escudería del “Cavallino Rampante”, está mucho más encaminada a lo que piensa hacer la próxima temporada. Sin las presiones y los problemas personales que ha tenido en todo este año, su principal competidora, McLaren-Mercedes y por esas pugnas internas, dejaron escapar un título que ya lo tenían en el bolsillo.
Fue la última vez que la encontré en el bar. Se encontraba sola, alejada sentada en la mesa del rincón, parecía tan distante, sumergida en sus propios pensamientos. Estaba mirando el vaso de cerveza, moviéndolo en forma de remolino, quizás para no tener que tomar la espuma. No la quise molestar pero, el reloj me decía que andaba retrasado, y que sería un error hacerla esperar más de la cuenta. Al acomodar la silla para sentarme a su lado, me miró, con una ternura que sólo ella podía irradiar. Sonriéndome, y sin ningún reclamo sobre mi tardanza, me dijo: “Sorry, pero ya te llevo ventaja al tomarme este vaso de cerveza”. Le respondí, algo aliviado al notar que andaba de buen humor: “No te preocupes, ahora pido otro vaso de cerveza y te alcanzo”. Conversamos diversos temas, de cómo estaban los amigos en común, a quién habíamos visto después de tiempo, cómo estaba su familia, y esas cosas que en esos momentos parecían algo banales y triviales, pero que uno comenta, para hacer larga la conversación y para evitar el tema principal, del cuál nos tenía sentados aquella noche, en la misma mesa de siempre en aquél establecimiento, repleto de gente, que conversaban en voz alta, para así lograr comunicarse, pues la música del lugar estaba bastante alta. Uno parecía que se iba a quedar ronco de tanto gritar, pero igual, se divertían. En el fondo, deseaba no estar pasando por esta situación y creo que ella pensaba lo mismo.
Cuando nos veíamos, la mayoría de las veces, resultaba una experiencia muy encantadora, la pasábamos bien. Paula trataba de conocerme, de analizar mis pensamientos, lo mejor de ella era que, entendía todas mis bromas, que trataban de ser sutiles, irónicas y hasta sarcásticas, sin lograr nunca su objetivo. Ella se reía a más no poder, no sé si disfrutaba mis locuras por lo bien que las hacía o por lo tontas que se veían, yo creo, que era por la segunda opción. A Paula, eso no importaba, se divertía, se sentía segura a mi lado, me amaba y eso era lo único que le interesaba. Y para mi, verla contenta era lo mejor que me podía pasar, disfrutar cad