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Viajeras y veraneantes
En Montañita, la diferencia entre viajeras y veraneantes se hace evidente.
Las viajeras cargan grandes mochilas; las veraneantes, bolsos de playa. Las primeras almuerzan chuzo y encebollado; las segundas, hamburguesas y papas fritas. De un lado, se toma cerveza nacional; del otro, caipiriñas.
Las viajeras llegan a Montañita en busca de personas, historias, culturas. Las veraneantes, de playa, drogas y alcohol. Por eso, las primeras se mezclan con los pobladores locales y las segundas forman pequeños círculos para evitarlos.
En resumen: para algunas viajeras yo podría ser un tipo interesante. Pero para la mayoría de veraneantes, un chato, feo y aburrido.
2010-03-07T11:27:00.006-05:00
playas Amores perros
Aquella noche, la segunda en Máncora, me dormí pensando en lo mucho que extrañaba dormir con una mujer a mi lado.
Un dios pillo debe haber oído mi lamento pues poco antes del amanecer sentí cómo alguien empujaba la puerta de mi habitación y avanzaba en la oscuridad. Tenía el andar ligero y la respiración agitada. Tras dar algunas vueltas, se detuvo a mi lado. Cuando finalmente me animé a abrir los ojos, un dogo grande y negro como un caballo saltó sobre mí.
Al borde de un paro cardiaco, me tiré de la cama y corrí a despertar a Lucho.
-¡Hay un perro en mi cama! –grité desconcertado mientras el animal se estiraba feliz sobre las sábanas.
Lucho, somnoliento pero no menos genial que de costumbre, sentenció: "Lástima que no haya sido una perra".
Aquella noche, la segunda en Máncora, terminé durmiendo en la terraza del hotel.
2010-02-22T18:06:00.003-05:00
playas Boca salada
-¿Te has dado cuenta que la carretera pasa por la mitad del pueblo? –le dije a Lucho en nuestra primera noche en Máncora.
-Sí, qué peligro –coincidió conmigo-. Es más, fíjate, pasa por entre los bares.
-Apuesto a que todos los días atropellan a algún idiota…
¡¡¡¡¡AAAAAAAAAHHHHHHHHHHH!!!!!
-Compadre, ¿estás bien? –corrió Lucho a auxiliarme.
-¡Cómo voy a estar bien si me acaba de atropellar un camión! –grité desconsolado.
-Una moto-taxi.
-Para estos efectos da lo mismo –me lamenté-. ¡Mírame!
-Estás sangrando.
-Ayúdame a levantarme.
A duras penas avancé hasta el borde de la vereda y me dejé caer. La sangre del pie se había hecho barro con la arena.
-¿Quieres que volvamos al hotel? –preguntó Lucho.
-Mejor vamos a una tienda por algo de agua para lavarme.
Compré una botella de agua y lavé la herida con cuidado. Ya con calma el corte no se veía tan mal. Hasta había dejado de sangrar.
-Mejor vamos por unas cervezas –le digo a Lucho-. Total, ¿ya qué me puede pasar?
Nunca, jamás, vuelvo a decir eso: una moto-taxi pasó a mi lado a toda velocidad lanzándome un baldazo de agua. Qué gente de mierda. Lucho no podía parar de reírse.
-¿Ahora si volvemos al hotel, C.N.?
-Mejor no: no vaya a ser que estén lloviendo ranas sobre la terraza.
2010-02-15T18:29:00.002-05:00
playas Balneario
Me gusta Colán: sus aguas esmeraldas, sus aves bulliciosas, su mar temperamental. Pero, sobre todo, me gustan sus viejas casas de madera que miran atardeceres al borde del mar; casas con zancos que esperan de pie a que suba la marea.
Esta noche me hospedo donde un anciano pescador de merlines negros, en una casa de estilo republicano cuyo piso cruje a cada paso. La marea ya ha subido y las olas revientan con fuerza sobre la terraza. Basta cerrar los ojos para sentirse en altamar. Y aunque quisiera escribir sobre las hordas de gaviotas, las rayas que acechan en la orilla o las puestas de sol en cinemascope, sólo encuentro fuerzas para abrir otra cerveza y dejarme arrullar por el ruido de Colán. Porque más que una playa, este lugar es un balneario: un espacio dedicado al reposo y la sanación.
2010-02-09T13:25:00.004-05:00
playas La tierra prometida
-Mal día han venido, muchachos. Acá la noche se arma el fin de semana. Todos los bares se llenan de chibolas de diecisiete años. Son bien liberales las flacas. Se te abren de piernas facilito. Les enseñas un poco de grifa y te ponen el calzoncito de sombrero –nos cuenta el salvaje del taxista que nos conduce a Colán-. ¿Por qué no vinieron el fin de semana?
-Queríamos pasarlo en Máncora –respondo algo incómodo.
-¡¿Se van a Máncora?! –exclama excitado-. Pero, ¿para qué se van a quedar acá, entonces? ¡Si me han contado que las de allá son peores!
Está advertido: si va a Colán, lleve grifa... perdón, evite los taxis.
2010-02-04T23:23:00.002-05:00
playas Primera estación
A primera vista, Puémape es una ciudad perdida al lado del mar: caminos enterrados, escombros, casas a medio construir. Sin embargo, si uno llega al final de la larga trocha que conduce al acantilado, descubrirá un par de hospedajes y unas pocas viviendas que –a duras penas- componen el pueblo.
Me quedo en Puémape Lodge, un lugar amable, acogedor y menos pretencioso que su nombre, que ha rescatado del olvido el viejo vagón de tren que por estos días me sirve de habitación. Don Carlos –un mil oficios local- es el encargado de la atención. Me invita un vaso de ron que saca cual mago de una caja de whisky, y me habla de exóticos cebiches de lagartija, de un hijo tablista que ya no quiere ir a la escuela, de ciudades inalcanzables que ha conocido a través del relato de los viajeros. También promete una de las mejores puestas de sol de mi vida. Y el sol no lo defrauda.
Sólo los domingos Puémape renace. De pronto en sus construcciones a medio hacer aparecen esteras, ruido y cerveza. Y en el mar, decenas de bañistas remojan su semana. Más allá, cerca a la zona de pescadores, otros visitantes no tan divertidos recogen almejas, conchas de abanico y caracoles para vender.
Está oscureciendo. Se sacuden las toallas, se guardan las sombrillas, se encienden los camiones y las cuatro por cuatro. Porque a Puémape, los domingos, se llega en camión o en camioneta del año. Reynoso tenía razón: los extremos se tocan.
2010-02-01T18:28:00.006-05:00
playas Comunicado
Se informa a la comunidad que, por razones de salud mental, el Chico Nube se encuentra de vacaciones por el norte del Peru, con direccion al Ecuador. Se espera una entrada por cada playa visitada (que no seran pocas).
Se agradece su comprension.
La Administracion.
(Posteado desde un Blackberry, prestado)
2010-01-20T13:18:00.001-05:00
playas Días lluviosos
Paseo matutino por el malecón. El cielo no existe. Y en el suelo, agua y barro. Verano meón sin chicas en falda corta. ¿Alguien sabe cómo anda el clima en Copenhague?
Información para los turistas: Lima está a cincuenta metros sobre el nivel del mar, arriba del acantilado. Abajo: sólo la autopista, los surfers y, por las noches, las chicas de la vida alegre. Y, claro, el mar. Para Lima el Océano Pacífico es sólo un rumor. Un mar que no se ve pero se intuye. Como aquello que no decimos en un post.
Retomando: ahora sí que se jodió el planeta, Zavalita. Eso entre otras tantas cosas. Habría que caminar de espaldas por el malecón. A lo mejor hasta nos devuelven los pasos. Aunque dime, con honestidad, ¿sobreviviremos? Ya sé, olvídalo: el bochorno… ay, el bochorno. Y, así, cualquier otro tema. Por ejemplo, algo sobre el clima o esa idea tan bonita sobre los árboles que nos miran con envidia. Todo vale. Menos nuestros nombres.
Sigue lloviendo. Cada vez más fuerte. Es como si Lima -costanera, capitana, cucufata- hubiera aprendido a somatizar mi pena.
2010-01-14T01:09:00.015-05:00
malecón Lima Escaleras y serpientes
La vida es como un juego de escaleras y serpientes. Le apuestas todo al azar con la esperanza de encontrar esa escalera que te conduzca hacia la meta. Y los dados te sonríen, muchacho. Pero no te fíes: cuando estés por llegar, a tan sólo unas casillas, ya verás cómo una serpiente se las arregla para regresarte al fondo del tablero.
(La pregunta es si estás dispuesto a jugar)
2010-01-07T18:24:00.002-05:00
1986
¡Cuetecillo, ratablanca, silbador…! ¡Cuetecillo, ratablanca, silbador…! Es un grito largo, cansado, ausente, sin convicción, como el rumor de las beatas saliendo de misa de gallo. ¡Cuetecillo, ratablanca, silbador…! ¡Mariposas…, tronadores…! Dos chicos preguntan: ¿calaveras? Calaveras a cincuenta céntimos. Compran. Luego colocan papel periódico dentro de una llanta vieja y le prenden fuego. Arde La Victoria. ¡Cuetecillo, ratablanca, silbador…!
-¡Cierra esa ventana, niño! Todo se llena de humo.
Mamá Concho sale de la cocina vestida de grasa de pavo y me obliga a cerrar la ventana. Después, paciente, me explica que cuando la aguja grande del reloj alcance a la pequeña será navidad. Dulce navidad. Y recién entonces podremos encender la corona de adviento, hacer una oración por los que no están, y abrir los regalos.
-Y despreocúpate, niño, que tú papá ya debe estar por llegar con tus hermanas –me dice antes de irse a terminar de la cena.
Sí, despreocúpate, niño. Ve con tu mamá al cuarto de la abuela. Despreocúpate, pregúntale que te van a regalar por navidad. ¡Mamá, Mamá...!
Mamá está ocupada. Lee el rosario a oscuras, casi en silencio. Cada vez que desliza una cuenta, apenas si murmura una oración. Y a ratos llora. Debería decirle: despreocúpate, mami, ya llega mi papá. O tal vez: despreocúpate, vamos a comer puré de manzana delicioso de Mamá Concho. Pero tengo miedo. De sus rezos, de sus llantos. De esta casa que huele a cañerías, a agua de florero. De este barrio peligroso donde todo explota, donde todo se viene abajo, donde no puedes salir a la calle, donde los perros no paran de ladrar.
Arde La Victoria. La aguja grande ya debe haber alcanzado a la pequeña. Mi papá no llega. Mi mamá llora de nuevo. Y afuera alguien grita: ¡Cuetecillo, ratablanca, silbador…! ¡Cuetecillo, ratablanca, silbador…!
2009-12-30T14:50:00.009-05:00
Lima Setenta veces siete
Engreído
Egocéntrico
Inseguro
Inmaduro
Orgulloso
Complicado
Raro
Bipolar
Acomplejado macho chauvinista
Pobre tarado
Pelele
Falso
Hipócrita
Idiota
Infeliz
Pendejo
Cobarde
Imbécil
Patán
Mal parido
Hijo de puta
Perro
Ruin
Eres de lo peor
Poco hombre
No vales la pena
2009-12-26T13:57:00.001-05:00
Constant concept
Portazo. Dos perros callejeros huyen asustados y se pierden al final de la calle desierta abriéndose paso entre los autos estacionados. De los postes cae una luz tenue como una garúa. Siento una brisa tibia en las mejillas. En lo alto, las palmeras se agitan levemente como diciendo adiós. Adieu tristesse. Bonjour tristesse. La ciudad duerme. Son casi las dos de la mañana. Mis pasos resuenan sobre el asfalto como en una película de vaqueros.
Detrás de la ciudad, el Océano Pacífico. Detrás de los edificios, el mar. El cielo está despejado hoy. Se acerca el verano. Arriba, la Cruz de Chorrillos se impone sobre el malecón como un faro que guía a los navegantes hasta la entrada de un puerto inexistente. Debajo, el agua arrulla su luz y la devuelve al cielo en ofrenda. Es un espectáculo hermoso y triste a la vez. Habría que buscar una botella donde esconderse y lanzarse al mar.
Cae el amanecer. Baja de los árboles antes que de las montañas. Trina. El malecón, sin embargo, continúa desierto. Sólo el mar, los pájaros y yo. Saco de mi bolsillo un papel arrugado y lo estiro contra mi cuerpo. Querida Sofía. Tiemblo. No quise hacerte daño. Y en mi ojos, neblina. Y lluvia sobre mis zapatos.
Despierta, Lima durmiente. Despierta.
2009-12-21T02:10:00.011-05:00
malecón Sofía Lunes por cinco
I
Blanco. Leche caliente. Despertar a rayas. Persiana inútil. Afuera, los obreros aguardan las ocho con maca, emoliente y pan con tortilla. Adentro, un cuerpo –el mío- se esconde bajo las sábanas. Huye de la luz de la mañana y el pin-pin-trac-trac de los martillos.
II
Ni golondrinas ni verano. Sólo bruma y polvo de construcción. En el malecón: obreros. En el balcón: obreros. En mi cama: nadie.
Son casi las once en la cocina.
III
MIGRA
DORIXINA
CLONIXINATO DE
LISINA 125 mg
ERGOTAMINA
TARTRATO 1 mg
Vía Oral
Comprimidos recubiertos
Colombia: INVIMA
2001M-0000431
Industria Uruguaya
IV
-¿Qué dices? ¿Sobreviviremos? –pregunté.
-Eres bueno con las palabras –respondió el espejo.
V
Matiné. Función de las cuatro. Elijo el punto medio de la sala (como me gusta). En la pantalla: Bruce Willis. Yo duermo (más allá del dolor).
La paz se halla en los lugares más insospechados.
2009-12-16T02:56:00.003-05:00
depresión malecón Lima ¿Qué es el infierno?
"¿Qué es el infierno? El infierno comienza cuando los actos sencillos y necesarios de la vida se tornan monstruosos... Ahora es temible caminar, respirar, ver, pensar."
Howard Fast
2009-12-13T21:02:00.003-05:00
El círculo
Una vez más mi boca sangra, mis piernas tiemblan. No puedo dormir, no puedo pensar. Un pájaro carpintero golpea día y noche en mi cabeza (el estúpido no conoce de migradorixinas). Y en el trabajo: "sí, ya sé, para ayer".
Pero tú: tan lejos, tan molesta. Pero yo: tan cerca, tan pobre.
Después de todo, soy un viejo conocido del destino: ¿Qué comeremos? Comeremos mierda.
2009-12-04T19:26:00.002-05:00
soledad enfermo Epidemia
Acabo de enterarme que una amiga con la que salí hace algún tiempo está embarazada. De un tipo que apenas si conoce.
En realidad, en menos de dos meses, tres chicas con las que he salido antes de conocer a Sofía han salido embarazadas. Todas de manera "intespestiva".
Es como si el destino estuviera pisándome los talones.
2009-11-27T12:00:00.002-05:00
Piedra
-¿No eres absolutamente feliz en este momento? -me dice Sofía sentados al borde de un río en la selva amazónica.
-Soy absolutamente feliz, mi amor -respondo con cara de profesor Jirafales-. Aunque para serte honesto, los zancudos me arruinan un poco la postal.
-Quiero llevarme algo de recuerdo.
-¿Cómo qué? -pregunto preocupado.
-Como esta piedrita.
-¿Qué tiene de especial?
-Es linda, mira -me dice entusiasmada.
Sofía acerca su mano y me muestra una piedra de color verde.
-Mi amor, el verde de tu piedrita -le digo en tono aguafiestas- son hongos.
Sofía mira bien la piedra y termina lanzándola al río. Luego agrega: "Mejor vámonos de aquí". Yo la sigo contento. Y es que es difícil ser romántico cuando diez zancudos te andan picando el culo.
2009-11-21T11:42:00.003-05:00
Snob
Hablando con una amiga sobre relaciones de pareja, le dije:
-Tienes que ver Annie Hall, es estupenda.
Entusiasmada, me respondió al instante: "¿Sabes si sigue en cartelera?".
No pude evitar escapar una sonrisa (pues es una película de 1977). Por supuesto, mi amiga lo tomó a mal y terminó acusándome de snob.
-¿Por qué tendría que saber de esa película? -me increpó.
-No tienes, es cierto -le di la razón.
-Es como si yo te preguntara si sabes qué tipo de música hace Zion.
-Ah, pero eso es fácil -le respondí con sorna-: música infame.
Mi amiga, desconcertada, entrecerró los ojos con desconfianza y me preguntó bajito: "Y ese género musical, ¿de qué va?".
Como bien dice Ribeyro, no hay que exigir en las personas más de una cualidad.
2009-11-16T15:56:00.002-05:00
Farmacia de turno
-Hola, ¿en qué te atiendo? -me recibe un vendedor bastante amanerado en una farmacia cerca a mi oficina.
-Dame dos cajas de Durex Ultra Sensitivo.
-A ver -abre un cajón y saca los dos paquetes-. Hecho.
-Y una caja de Durex Tropical.
-Listo, ¿algo más? -me pregunta con una mirada cómplice.
-Ah, sí -recuerdo-. Diez migradorixinas.
El vendedor se sonríe y agrega genial: "Claro, para el dolor".
2009-11-12T18:57:00.003-05:00
Lima Cena soviética
Santiago de Chile, Providencia. Restaurante ruso Olivié.
-¿Puedo hacerle una pregunta? -me interrumpe un mozo mientras ceno un vareniky de papas.
-Sí, claro. Dígame.
-¿Armani?
Pongo cara de no entender nada (porque, claro, de Armani mi cara no tiene nada).
-Su perfume: ¿Acqua di Giò?
-Ah -respondo confundido-, creo que sí.
-Bueno -sonríe satisfecho-. Era eso.
Y sigue su camino.
Ya lo dijo el poeta ruso Fiódor Tiútchev: "Con la razón no se entiende a Rusia".
2009-11-05T23:19:00.002-05:00
Santiago de Chile ¿Cachái?
-¿Me podrá tomar una foto? -le pregunto a un tipo que está de visita conmigo en el Palacio de La Moneda.
De mala gana coge mi cámara y me saca una foto que sale movida.
-Quedó bien -le agradezco resignado.
Pero el tipo se despide con una frase de antología: "¿Voh no cachái el disparador automático de tu cámara?".
Si había un solo mala onda en Santiago, tenía que cruzármelo yo.
2009-10-29T19:58:00.005-05:00
Santiago de Chile Santiago (travesía)
El taxi que pedí para ir al aeropuerto llegó tarde. Media hora tarde. Sin embargo, corrí y corrí y corrí por todo el Jorge Chávez y logré abordar de último. Desgaste inútil pues el vuelo se retrasó en la pista y despegamos (sí) media hora tarde. La nube recién asomaba.
Lo supe en Santiago, en migraciones, cuando me hicieron notar que había olvidado el nombre de mi hotel. Y, por supuesto, la dirección. Además, la esperanza de que alguien haya ido a recogerme al aeropuerto se desvaneció apenas crucé la puerta de salida.
-Menos mal que traje mi laptop -me dije-. Cuestión de buscar el correo.
Pero el Wi-Fi no era libre. Si quería acceder a una conexión, tendría que tomar algo en algún café.
-Señor, ¿me podría indicar dónde puedo cambiar dólares? -le pregunté al primer tipo que vi.
-Lo lamento pero todas las casas de cambio están cerradas a esta hora -me respondió con un acento chilenísimo.
Qué cara habré puesto que luego agregó:
-Pero puede pagar el taxi en dólares si desea.
El señor llevaba en las manos un cartel de taxi oficial.
-¿A qué hotel va? –preguntó.
-¿Windsurf? ¿Windex? ¿Windsor? -renegué-. Sólo sé que queda en el Centro.
-Windsor Suites -sentenció-. No se preocupe, no hay otro hotel con ese nombre.
Me llevó por veinticinco dólares. El hotel se veía tan mal como en las fotos. Y lo peor: en su lista de reservas no figuraba yo. Recién después de quince minutos de susto, encontraron una copia del correo con mi reserva.
El encargado del hotel se disculpó por el error pero descubrió un nuevo problema: mi reserva comenzaba al mediodía y recién eran las cuatro. Era oficialmente una pesadilla. Tuve que pagarle veinte dólares para que, casi de favor, me dé la habitación más fea del hotel.
A la mañana, para coronar mis desgracias, cuando bajé se había agotado el desayuno.
-¿Sabe dónde puedo cambiar dólares? –pregunté en recepción con ganas de regresarme a Lima.
-Hoy los bancos están cerrados –me explicó-. Pero hay algunas casas de cambio por el Palacio de la Moneda.
El detalle era que para ir hasta allá necesitaba al menos unos cuantos pesos con los que pagar el taxi o el metro. Era mejor salir a caminar, despejarme y desayunar en algún lugar donde acepten tarjetas de crédito. Luego de dar un par de vueltas me encontré un McDonald’s abierto.
-Me da un barros jarpa, un café y dos medialunas, por favor –ordené guiándome por uno de los carteles de desayuno que tenían.
-Ya terminó la hora del “buen día”, señor -me respondió el chico de la caja.
No pude más. Comencé a transpirar, a hiperventilar, a relinchar. Estaba a punto de dejar salir el Michael Douglas en Un día de furia que todos llevamos dentro. Tenía ganas de asfixiar al chico con su estúpida gorrita.
-Señor, señor –se apresuró en decirme asustado-, voy a pedir que hagan una excepción y le preparen su orden.
Me hicieron mi desayuno. Y les juro que me supo a gloria.
2009-10-26T19:13:00.008-05:00
Santiago de Chile No abras los ojos
Cierro los ojos. Dos luces se disparan dibujando formas caprichosas y fluorescentes que se desvanecen en segundos. Aprieto los ojos. Esta vez una pantalla blanca y luminosa como el cielo de Lima estalla dando paso a cientos de luciérnagas (estrellas fugaces acaso) que revolotean en mi mente hasta perderse entre mis pensamientos. Una luz negra lo cubre todo.
La oscuridad parece ser una exclusividad de los muertos. Y sin embargo: no quiero abrir los ojos.
2009-10-21T15:56:00.001-05:00
La ciudad y los días
Existen días en los que la ciudad parece estar en perfecta armonía con nuestros deseos. Días particularmente felices en los que hasta los mendigos parecen sonreírnos de manera desinteresada. En las esquinas: parejas de enamorados. En las ventanas: flores (o chicas bonitas). En los parques: verde, verde, verde. Todo parece jugar a nuestro favor; aun el terrible tráfico de la gran Lima.
Existen otros días, sin embargo, en los que es mejor no salir de casa. Días particularmente malos en los que en las aceras, en los balcones, en las plazas e incluso en las cabezas de algunos hombres, tus ojos no hallarán más que caca de pájaro. La razón es simple: tu novia te ha dejado la noche anterior.
2009-10-16T18:48:00.002-05:00
Amadeus
-Gonzalito, ¿qué escuchas? -le pregunto a mi sobrino de cuatro años.
-Mozart -me responde concentrado en sus juegos.
Afino el oído y efectivamente parece ser una sonata de Mozart lo que sale de la radio.
-¿Y tú qué sabes de Mozart, pulga?
-Wolfgang Amadeus Mozart fue un compositor y pianista austriaco -me dice mientras corre por el pasadizo.
-¿Dónde has aprendido eso? -pregunto sorprendido.
-En el colegio -interviene orgullosa mi hermana-. Mi hijito ahora escucha a Mozart, a Brahms y a Vivaldi.
Y pensar que hace sólo unos meses ese mismo niño se comía la plastilina.
2009-10-12T17:21:00.002-05:00
Gonzalito